Educación de los Sentimientos

Filosofía. Psicología. Sociología. Sentimentalismo. Influencias. Control. Traumas

  • Enviado por: Familia García Vergara
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 8 páginas
publicidad

Universidad Diego Portales.

Facultad de Humanidades.

Programa de Bachillerato.

Cátedra de Filosofía.

Sección 02.

27 de junio de 2000.

¿Qué son los sentimientos?

Los sentimientos son nuestra reacción al mundo que nos rodea, son la respuesta a todo aquello que nos llega a través de los sentidos. Y, como nuestro conocimiento siempre comienza en lo sensible, los sentimientos nunca dejan de estar presentes.

¿Cuál es su importancia?

Gracias a los sentimientos, el mundo y las personas no nos resultan neutras, indiferentes u amorfas. Por el contrario, los sentimientos colorean la realidad conocida con una carga de atracción o repulsión, de placer o de dolor. Así, ellos pueden contribuir positiva o negativamente en la conducta y en el desarrollo de la personalidad.

¿Cómo manejarlos?

Porque somos seres humanos, los sentimientos deben perfeccionarse con la inteligencia y la voluntad, de manera de crear hábitos y virtudes. Ya que por el contrario, la preponderancia de los sentimientos como principio rector en la vida y en la actuación llevan a: hacer las cosas sólo porque tienes ganas, a dejar de hacerlas porque se ha pasado el entusiasmo; se cae en la dependencia casi exclusiva de los estados de ánimo y de los caprichos.

¿Porqué educarlos?

Educar los sentimientos es hacer que ellos se rijan por la voluntad y la inteligencia, es transformarlos en virtud. Esta integración trae como consecuencia equilibrio y unidad de conducta, estabilidad y madurez. Los sentimientos modelados no sólo llevan a querer el bien sino que a quererlo “de corazón”. La persona con sentimientos bien encausados es capaz de gozar, de sufrir, de superar los altibajos, de odiar el mal y de enojarse cuando hay motivo. En definitiva, es dueña de sus sentimientos.

La Clave: Dejar influir.

Este ejemplo, que para muchos puede no tener importancia, demuestra cómo a diario e incluso sin darse cuenta, los padres no dejan que los sentimientos fluyan, por el contrario los aplastan.

Las normas de un buen comportamiento dicen que un niño no puede decir que odia a su hermano y si así lo expresa es digno de castigo inmediato. Esto es la tendencia a una enseñanza encasillada que no permite errores y que, por lo tanto, frena la expresión de aquellos sentimientos que no son vistos como correctos.

Por el contrario en un caso como este, la mejor forma de actuar sería, no escandalizarse sino que favorecer un diálogo de manera que el niño cuente lo que pasa con su hermano y pueda, en vez de acumular su rabia, buscar una solución a sus celos.

La clave entonces es dejar fluir. Y en esto son los padres quienes deben incentivar a los niños a expresar lo que sienten de manera de poder orientarlos correctamente.

No por simple sentimentalismo.

Estar atento a lo que los niños dicen y dispuestos a no opacarlos cuando la expresión es negativa, es fundamental. Esto porque muchas veces, el no expresar los sentimientos, lleva a que se busque refugio a la desolación en conductas nocivas.

A primera vista esta tarea parece abstracta y se piensa que los sentimientos son un mero sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. Pero, por el contrario, ellos son una poderosa realidad humana que es preciso educar, pues son ellos los que con fuerza, los que habitualmente impulsan a actuar.

Pero, la tendencia más común es que los sentimientos no se encienden como previos a la acción sino que como sinónimo de ella. Es decir, “la mamá piensa que el niño que dijo que no quería a su hermano, en realidad dijo que le iba a pegar y eso no es así”. La acción es posterior, por eso lo recomendable es dejar expresar el sentimiento, que aunque sea negativo, rabia, celos o enojo, evita la acción que sí puede ser peor.

Beneficios de la expresión.

Estimular la expresión de los sentimientos en la etapa infantil es crucial, por varias razones.

1.- Si el niño dice lo que siente, los padres y el colegio pueden educar esos sentimientos de manera de fomentar los que son positivos y erradicar o encausar los negativos.

La confusa relación de que los sentimientos son una realidad innata, oscura, misteriosa y ajena a nuestro control, provoca la sensación de que los sentimientos difícilmente pueden ser educados. Incluso se dice que las personas son tímidas o desvergonzadas, generosas o envidiosas, cariñosas o frías, como si fuera algo que responde a una inexorable naturaleza. Y aunque si bien es cierto que las disposiciones sentimentales tienen un componente innato, ellas también pueden modelarse y educarse. La educación consiste en que ellos, gracias a la inteligencia y voluntad, se transforman en virtud.

2.- Además la expresión de los sentimientos, sobre todo cuando estos son negativos, es fundamental para el bienestar y felicidad de las personas. Viscott, dice: “a medida que expresamos nuestros sentimientos, tendremos mayor energía para hacer frente a nuestros problemas”. Y también agrega que: “el objeto de permitir que los sentimientos fluyan es que lleguemos a sentirnos tan abiertos y libres de sentimientos negativos, que podamos convertirnos en personas creadoras y más productivas”.

Peligros de ocultarlos.

Por el contrario cuando sentimientos como el dolor, la pena o la rabia no se expresan y comienzan a acumularse, surgen algunos peligros.

1.- De tanto ocultarlos, finalmente los verdaderos sentimientos se inhiben y por lo mismo dejan de sentirse.

Por ejemplo, Alejandra tiene 12 años y es la mayor de 3 hermanos. Por la mala situación económica de sus padres ha tenido que cuidar a sus hermanos chicos, compartir pieza con ellos... Al preguntarle si a veces sentía rabia, mucha responsabilidad, o ganas de gritar, siempre respondía: “No, ya estoy acostumbrada”. La psicóloga que la trató se dio cuenta de que lo que expresaba no era cierto: ella había perdido el contacto con su verdad y el hilo con sus sentimientos, lo que a la vez implica perder el contacto con las cualidades más humanas.

2.- Por otra parte cuando los sentimientos, no se expresan, estos pueden explotar, pero de muy mala manera y “el resultado es mucho peor al que se tendría si el malestar se hubiera expresado en su momento”. Además la persona que lleva adentro una gran dosis de enojo no resuelto, por ejemplo, puede tender a hallar que el mundo es también un mundo lleno de enojo.

3.- Finalmente otro riesgo, es el que al guardar y acumular los sentimientos, estos igualmente buscan expresarse y pueden hacerlo a través de distintas molestias físicas. Es decir, terminan por somatizarse y las personas pueden sentir algunos malestares como dolor de cabeza o de estómago, colon irritable, tensión en los músculos del cuello o incluso estrés.

Herramientas indispensables.

Uno no tiene obligación de demostrar todo lo que siente. De hecho cuando esto llega a un extremo, y el niño es muy extrovertido “lo más probable es que haya que frenarlo en la expresión de sus sentimientos o mejor dicho ayudarlo a que exprese bien las cosas, sin insolencias y con respeto”.

Por otra parte, los niños que son introvertido generalmente lo son, por temor al castigo, al ridículo o a ser rechazado.

Para evitar ambos extremos es importante considerar ciertas herramientas claves:

  • Los padres deben preocuparse de que sus hijos no les tengan miedo. Sólo así es posible establecer conversaciones sinceras donde el niño se sienta a gusto.

  • Para corregir y encausar los sentimientos hay que buscar el momento oportuno: sin público y con tiempo para una buena conversación.

  • Enseñar modos de expresión. Esto es, intentar ampliar el vocabulario de los niños. Si ellos saben expresar adecuadamente lo que sienten, para los padres la solución del problema es más fácil.