Edificación

Arquitectura. Edificios. Construcción. Historia. Propiedad horizontal. Altura. Economía. Modo de vida. Escuela de Chicago. Rascacielos. Catedrales neogóticas. Consumo. Influencia europea. Ciudad. Urbanismo. Modernidad. Época moderna

  • Enviado por: Flavio Gorelik Zonis
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 27 páginas

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EDIFICIOS DE PROPIEDAD HORIZONTAL

Ubicación en el tema.

Si hiciésemos un breve inventario de la terminología que empleamos cotidianamente y que constituye una especie de folklore lingüístico aceptado, encontraríamos, entre las expresiones más conspicuas del mismo, los términos “propiedad horizontal”. Con ellos se abarca una determinada zona del amplio espectro de tipos arquitectónicos que integran nuestro paisaje urbano y de este modo, con tácito acuerdo, hablamos de la “propiedad horizontal” sin cuestionarnos la propiedad de la expresión.

Esto es así, porque tanto se ha generalizado el uso de una nomenclatura que define un régimen legal de propiedad de inmuebles, aplicándola a un determinado tipo constructivo encuadrado en él, que actualmente, el uso habitual identifica “la propiedad horizontal” (así con articulo determinante) con la construcción de edificios de departamentos en altura, destinados a vivienda.

De tal modo, se soslaya en la práctica el hecho de que, bajo la misma denominación, cabe la propiedad subdividida de edificios en altura destinados a oficinas comerciales, profesionales, locales comerciales, etc., como así también que el mismo régimen se aplica a construcciones bajas, tales como, los departamentos de una planta edificados en línea en el sentido de la profundidad de un lote urbano, típico de una época de la construcción en Santa fe.

Sin lugar a dudas, la identificación no es gratuita. Puede decirse, en efecto, que la Ley de Propiedad Horizontal, en tanto y cuanto instrumento jurídico aplicable a ciertos aspectos de la propiedad urbana, produjo la proliferación de un tipo constructivo netamente definido (no queremos decir con esto que la legislación originó el tipo, lo que seria una real falacia, ya que existía previamente).

Otros factores contribuyeron además al desarrollo de este fenómeno. La mencionada ley no nació por generación espontánea, sino en un contexto político, social y económico dado, en el que se involucra un creciente complejo de concentración urbana, con sus secuelas de especulación sobre los valores de los predios, intensificación del negocio inmobiliario y creciente subordinación al mismo de la industria de la construcción y de los profesionales del ramo. Paralelamente, ocioso es recalcar la ausencia de una acción planificadora que ubicase todos los aspectos, Ley de Propiedad Horizontal inclusive, en su debido lugar, dentro de una línea de desarrollo urbanístico coherente.

De tal modo, es dable afirmar que la multiplicación de la especie de edificios de la que se trata y su elaboración hasta cristalizar en estereotipos cuya difusión llego a convertirlos en características de ciertos sectores urbanos, se entronca en la promulgación de la ley susodicha.

Es así entonces, que a pesar de que el fenómeno “propiedad horizontal” abarca un campo más extenso que aquel con el que se lo identifica habitualmente, el hecho de que el mayor porcentaje de las construcciones de esta clase estén dedicadas a viviendas permite enfocar el tema desde una perspectiva en la que este uso particular ocupe el punto focal.

ANÁLISIS

a) Análisis histórico, económico, cultural y sociológico de los edificios en altura.

a.1.) Desarrollo en el tiempo.

La aparición de edificios de vivienda colectiva en altura con caracteres asimilables a aquellos que hoy involucramos en los términos “propiedad horizontal”, es consecuencia indirecta de las causas que originan el crecimiento urbano y secuela directa de este y de la concentración de población y actividades que le son propias.

Como antecedente histórico, dejando de lado las aglomeraciones constructivas producto de la arquitectura espontánea a lo largo del tiempo que puedan asemejarse en forma aparente al tipo en cuestión, se lo puede rastrear ya en la antigüedad clásica. En efecto, cuando por ejemplo Roma llega a ser la gran urbe, centro de poder, junto a la “domus” tradicional, tipo de casa patriarcal, con atrio, propiedad de una familia, aparece y se extiende la “ínsula”. Esta constituyo un tipo de vivienda intensiva, desconocido hasta entonces, en el que las habitaciones y patios se multiplican en serie. Tenían tres y hasta cuatro plantas con departamentos para varias familias, con balcones.

Estas unidades se abrían a la calle y no ya, como era usual, hacia el patio interior, generando una relación con el medio urbano enteramente distinta.

Este mismo hecho, consecuente con el crecimiento de las ciudades, se manifiesta a lo largo de las sucesivas épocas históricas, desde la ciudad medieval, pasando por el “rush” de la ciudad industrial de fin de siglo, hasta arribar a la metrópoli actual en la que alcanza su mayor magnitud a expensas de las modernas técnicas de construcción.

En nuestras ciudades latinoamericanas, producto de la colonización europea, la evolución mencionada adquiere caracteres particulares, en especial, por la ausencia de una tradición urbanística continuada. Pese al origen común, las pautas de desarrollo sin embargo, no fueron uniformes. En primer lugar cabe distinguir entre el desarrollo de las formas urbanas en las colonias de origen anglo-sajón en América del norte y el de las ciudades latinoamericanas. También corresponde, en estas ultimas, diferenciar las ciudades que crecieron en sitios con características y limites geográficos fuertemente diferenciados, de aquellas, como Santa fe y en casi todas nuestras ciudades de llanura, tuvieron como patrón de crecimiento la multiplicación horizontal de la cuadra española, en una topografía que parecería adquirir ilimitadamente este tipo de expansión.

Como es evidente, factores ajenos a la mera posibilidad de ocupación física del espacio, demostraron la imposibilidad de una progresión al infinito en tal sentido. De esta manera, el crecimiento vegetativo de la población; su aumento por migraciones internas y externas; la concentración de las actividades en determinadas áreas (generalmente la “city”, el casco primitivo de la ciudad, excéntrico con relación a la posterior extensión tentacular de la misma), la progresiva complicación de la redes de infraestructura, su dispersión, en grandes recorridos conjunta con su concurrencia hacia las zonas de congestión, etc., son eslabones finales todos, de una larga cadena de causas y efectos (religiosos, filosóficos, políticos, sociales, económicos) que condujeron inexorablemente al crecimiento en vertical de las ciudades.

Santa fe, como muchas otras ciudades del país, no han sido ajenas a tal evolución, por lo que forman parte de un fenómeno mucho mas amplio, propio hasta hace poco de la civilización occidental, pero extendido prácticamente al mundo entero; es entonces en este devenir cotidiano, donde como un elemento mas en medio del caos padecido a diario, con sus facetas positivas y negativas, vemos crecer sin orden ni concierto “las propiedades horizontales”, símbolos ejemplares de nuestro “progreso edilicio”.

a.2.) Significación en el plano económico y financiero.

Considerando la relación entre el tipo de producto ofrecido y el mercado de compradores, es evidente que en su mayor parte la actividad constructora privada se oriento, en este campo, hacia la ejecución de unidades obviamente dirigidas a compradores de capacidad adquisitiva media alta.

Ello condujo a la configuración de diseños de prototipos, función de las necesidades y expectativas a satisfacer, propia de los estratos sociales detentadores de tal capacidad adquisitiva; el mercado respondió a la oferta en la medida en que sus posibilidades de autosustetacion financiera y de crédito le permitieron adquirir unidades cuyos precios crecían vertiginosamente a favor del alza de los costos de la construcción y de la avidez especulativa de los vendedores. Obvio es decir que, en una jerarquía decreciente en beneficiarios (en particular monetareamente hablando), de todo el mecanismo, y teniendo en cuenta los beneficios obtenidos y el esfuerzo y riesgo aplicados, se debería ubicar primero al financiador (persona privada o jurídica, en particular entidades bancarias), luego a las empresas inmobiliarias y promotores de venta, después a las empresas constructoras, enseguida a los profesionales proyectistas y, en ultima instancia, al adquirente. Si se tiene en cuenta, además que todos los mencionados actúan organizados, salvo el comprador (exceptuado los consorcios) y que este enfrenta individualmente a esas organizaciones que muchas veces coinciden todas o algunas de ellas en una organización única, los comentarios huelgan.

El sistema funciono, sin embargo, hasta la creciente expoliación del sector al que iba dirigida la oferta por la vía de variados factores de distorsión del mercado y de una espiral inflacionaria en creciente expansión; esto perturbo la marcha de una maquinaria hasta el momento bien aceitada, llegándose al limite de que funcionaran solo sus engranajes extremos como la venta de unidades lujosas y de aquellas reducidas al mínimo compatible con la imagen originaria del producto. Esta situación que denota con claridad la falta de planificación controlada de una actividad económica de por si desmedida, tanto por los capitales comprometidos cuanto por el esfuerzo empeñado, se hace insostenible y conduce a una paulatina reorientación de la industria de la construcción, en función de su propia supervivencia y bajo una acción oficial, con extremas falencias, orientada hacia el campo de la vivienda de interés social.

Este cambio de dirección, que para muchos partidarios del criterio liberal seria signo de la capacidad de auto acomodación de la actividad económica, solo sirve para poner en evidencia la esterilidad de los esfuerzos privados anteriores, no orientados por una sana política de vivienda, la que hubiera evitado el despilfarro de tanta energía en unidades económicamente onerosas y socialmente prescindibles, beneficiando en cambio a los sectores con mayores carencias en la materia.

De todos modos, de acuerdo a las experiencias vividas, deberá fiscalizarse rigurosamente el desarrollo en este sentido de la actividad edilicia, a fin de que cumpla con los verdaderos fines propuestos en los planes oficiales (insuficientes y siempre perfectibles, por supuesto) y no se convierta en un simple avatar de las deformaciones antes señaladas.

a.3.) Significación de un modo de vida.

Si partimos del conocimiento que la “propiedad horizontal” no ha nacido ni ha sido producto del azar, podemos afirmar que resulta respuesta a un determinado “modo de vida” y al mismo tiempo es condición para este. Es simultánea y alternativamente, causa y efecto, origen y consecuencia.

Y si ahora se intenta un juicio de valor sobre este hecho desde el punto de vista de su relación con la vida de los que están involucrados en él, las posibilidades se diversifican, se internan en disciplinas no específicamente arquitectónicas y los límites de la tarea se encontraran no ya en la extensión o la profundidad sino en el sentido con que se lo enfoque; porque una valoración de la significación de la “propiedad horizontal” como modo de vida implica una toma de posición con relación a la totalidad de un sistema.

Vivimos en una realidad “dada”, a cuyo hacerse contribuimos diariamente de grado o por fuerza, y en la que vivienda y ciudad entretejen su crecimiento, desplegando su dibujo en la trama, con valores dominantes. Seria bastante difícil resumir aquí en forma integral, ordenada y coherente los múltiples factores que integran esa realidad y anudan en ella una complicada red de causas y efectos que no se encadenan linealmente, sino conmutacionalmente, retroalimentandose.

Sin embargo, es posible abrir en rápido abanico la gama de situaciones que interactúan con relación al tema que venimos mencionando. Para comenzar, cabe la pena señalar que la vivienda en general, y esta en particular, lejos de encararse como un derecho al que todos deberíamos poder acceder, mas lejos aun de entenderse como función social, ha sido tratada como objeto de consumo, sujeta a la oferta y la demanda comercial, sometida a toda clase de manoseos en aras de la especulación financiera, lo que no debe extrañar a una sociedad que se ha venido estructurando de tal modo que sus edificios-símbolos mas notables no son ya el templo o la comuna, sino las redes bancarias o los locales de comida rápida.

Luego se puede señalar la existencia de un encuadramiento sociológico y de una escala de valores tácitamente aceptada, en base a los que se asume como pauta deseable vivir en las grandes concentraciones urbanas y por los que muchas personas que ya residen en ellas renuncian a la vida “de barrio” (todavía signada por el intercambio de persona a persona y por relaciones comunitarias aun vigentes) y abandona casas no muy “modernas” pero dotadas todavía de aire y sol, de verde y de locales de medidas generosas a favor de un departamento “céntrico” para quedar prisioneros en el anonimato de la aglomeración.

En la superficie de esta situación podemos encontrar razones aparentemente lógicas tales como mayor “confort”, menores trayectos, “menos para limpiar”, mayor tiempo en familia, etc., a cada una se puede contraponer una desventaja en general mas grave: pérdida de la independencia, servidumbres de vistas y de usos, ruidos y hollines, falta de libertad para los niños, etc. En las raíces profundas de este hecho pueden hallarse, en cambio múltiples motivaciones, menos explícitas pero no menos reales: los mitos generados por la propaganda, las imágenes “vendidas” por los medios de comunicación y por los espectáculos, la búsqueda de prestigio, la competencia en el ascenso de la pirámide.

A todo ello se puede agregar un rico inventario de padecimientos que excede los limites del hecho “propiedad horizontal” (en el que sin embargo encuentran su mas abundante fuente) para extenderse a la casi totalidad de la vida ciudadana: polución del aire, congestión del transito, polución audiovisual, dificultades de abastecimiento, interferencias de actividades, colisión con el prójimo, tensiones emotivas, diversiones alienantes, conductas agresivas, escapismos de “fin de semana”, etc.

Esta es la realidad que nos vamos fabricando, a pesar de las múltiples voces de advertencia, a pesar de que a diario ella misma se revela, incluso con violencia, contra sus propios gestores; la que reconocemos como llena de defectos, miserias y servidumbres, de la que no sabemos o no queremos desprendernos y a cuya subsistencia y afirmación contribuimos con nuestras infidelidades, con nuestros egoísmos, con nuestros sometimientos cotidianos; en la que algunos se sienten irredimibles prisioneros, otros sobrevivientes resignados, otros rebeldes imponentes, otros tolerantes cómplices, y la mayoría alternativamente todo ello; sin embargo esta también es la realidad en donde se pueden encontrar signos positivos para balancear los platillos, pero hechas cuentas, no es difícil vaticinar cual seria el saldo, cuya expresión mas evidente, y ella si es realmente un valor positivo, la constituye la percepción prácticamente universal de la necesidad de un cambio.

En efecto, actualmente se va haciendo conciencia en el mundo el hecho de que no podemos seguir el camino que vamos andando, de que una conversión sobre la marcha es imprescindible, bajo pena de catástrofe.

Breve síntesis de la historia y desarrollo de los rascacielos y los conjuntos de viviendas agrupadas, desde la Escuela de Chicago hasta los proyectos del CIAM.

a.4.) La deshumanización de la arquitectura: Arquitectura/Ingeniería.

Especulación del suelo e ingeniería arquitectónica.

Las raíces de la “rascacielomanía” en los Estados Unidos pueden descubrirse posteriormente al incendio en la ciudad de Chicago, como un fenómeno que se propago de allí al mundo. Todavía hoy los rascacielos de la “city” norteamericana producen una fascinación irreductible; dominan majestuosamente la línea del horizonte de las grandes ciudades y se han convertido en símbolo de poder económico y de prosperidad social.

A finales del siglo XIX en pocos años se crearon las condiciones fundamentales para la construcción de rascacielos de centenares de metros de altura y se resolvieron los complejos problemas técnicos y de estabilidad que planteaba a arquitectos e ingenieros el nuevo tipo de construcción.

Habían de tenerse en cuenta tanto las medidas de protección contra incendios como los problemas que implicaba la explotación de los rascacielos. Por muy intensa que fuera la fascinación estética que estos edificios producían en cuanto obras maestras de la ingeniería arquitectónica, su construcción no constituía una finalidad absoluta; todo lo contrario, fueron causas económicas las que determinaron casi obligadamente el desarrollo en altura progresivamente creciente de estas construcciones; el encarecimiento del suelo en los centros económicos norteamericanos en auge obligo a aprovechar cada metro cuadrado de los solares. Una vez resueltos los problemas técnicos de la construcción de rascacielos, se activo un movimiento económico en espiral: cuanto mayor era la efectividad de un solar como consecuencia de la altura cada vez mayor de los rascacielos, mas gigantescas eran las sumas alcanzadas en el mercado de los solares.

Junto con la palpitante metrópoli económica que era Nueva York, fue sobre todo Chicago la ciudad que centralizo este nuevo movimiento arquitectónico. El devastador incendio de los días de octubre de 1871 asolo amplias extensiones de la ciudad. Sin embargo, aunque sus consecuencias fueron terribles, las enormes llamas fueron en cierta medida el incendio inicial que puso en marcha la reconstrucción de una ciudad nueva y moderna, cuyos componentes emblemáticos mas importantes habrían de ser los rascacielos, que piso a piso se perdían en las alturas. Así se construyeron sorprendentemente pronto edificios altos como el MARSHALL FIELD WHOLESALE STORE de Chicago, utilizando en la fachada el arco de medio punto, obra de HENRY HOBSON RICHARDSON (1887), o la primera estructura de acero, el HOME INSURANCE BUILDING, que WILLIAM LE BARON JENNEY construyó también en Chicago (1885). Junto con ellos LOUIS SULLIVAN fue el protagonista de la era norteamericana de los edificios altos de aquella época y el representante más destacados de la Escuela de Chicago, designación que incluye a los arquitectos más importantes del nuevo Chicago.

Aunque Sullivan adorno parcialmente sus edificios con decoración ornamental, coincidiendo con el cambio de siglo formuló una idea capital de la arquitectura moderna con la rigurosa articulación reticular de las fachadas de sus edificios altos. Por la forma oblonga de sus ventanas y por el efecto adicional de los finos listeles que enmarcaban cada eje de ventanas, la fachada del GUARATY BUILDING DE BUFFALO (1895) parecía lanzarse hacia el cielo. Por el contrario en el CARSON, PIRIE & SCOTT de Chicago (1904) Sullivan logro un equilibrio pleno de tensión entre los elementos horizontales y los verticales. Mientras los elementos arquitectónicos de las fachadas de los almacenes formaban una retícula constituida por series horizontales, la solución redondeada de las esquinas acentuaba la verticalidad.

Las catedrales neogóticas del consumo.

Aunque supuso una novedad increíble el hecho de que, de repente, en un solo edificio pudiesen trabajar y hacer sus compras tantas personas como las que podía haber en una pequeña ciudad norteamericana, sorprendentemente en un primer momento no se desarrollo ningún lenguaje arquitectónico nuevo y autónomo para el nuevo tipo de construcción que representaba el rascacielos.

La mayoría de los arquitectos norteamericanos más destacados no se preocupo demasiado de los debates mantenidos en Europa sobre las reformas arquitectónicas, los cuales se calificaban despectivamente de intelectuales. En consecuencia, la evolución de la arquitectura norteamericana entre 1900 y 1925 siguió, con pocas excepciones, sus propias vías. En lugar de relacionarse con los movimientos modernos europeos, recurrió al repertorio de modelos históricos y revistió los edificios altos, tan innovadores desde el punto de vista de la ingeniería técnica, con una fachada historicista que hoy resulta anacrónica. Aun cuando en Chicago Sullivan inicio la arquitectura moderna de los rascacielos, otros arquitectos norteamericanos mezclaban sin ningún rubor elementos modernistas con un lenguaje formal afín al clasicismo, al románico y al gótico.

En definitiva esta evolución dio lugar a que algunos rascacielos norteamericanos no se diferenciasen demasiado de sus predecesores históricos, las catedrales góticas europeas que en cuanto “rascacielos de la Edad Media” disponían de la misma decoración ornamental con sus ventanas de tracería, sus gárgolas y sus copetes.

Esta arquitectura eclecticista de rascacielos tuvo su punto culminante durante muchos años en el WOOLWORTH BUILDING que CASS GILBERT construyó en 1913 en Nueva York para el consorcio de grandes almacenes. Con sus 260 metros de altura fue durante 17 años el edificio más alto del mundo. Esta torre no solo dominaba visiblemente la ciudad por su altura, sino que reflejaba la enorme riqueza y el poder económico de la empresa propietaria. En la consumista sociedad norteamericana los rascacielos no eran solo una señal de progreso técnico y social, sino que en los años sucesivos serian un importante símbolo de categoría social y servirían de soporte publicitario e incluso, como sucedió con el CHRYSLER BUILDING, estaban formados con partes de los elementos que publicitaban.

El concurso del Tribune de Chicago.

En 1922 el periódico Chicago Tribune convocó a un concurso para su nueva sede en la metrópoli norteamericana. Las pretensiones de la nueva construcción no eran precisamente modestas. Según las condiciones de la convocatoria debía ser uno de los más bellos edificios del mundo y, obviamente, tenia que ser un rascacielos.

Sorprendentemente en el concurso tomaron parte arquitectos europeos. En efecto, también en Europa, donde en muchos casos las estructuras urbanas de origen medieval impedían la construcción de rascacielos, tras la I Guerra Mundial se despertó el afán por los rascacielos. Fueron muchos los representantes de la nueva construcción que vieron en el concurso norteamericano una ocasión de aprovechar en la construcción de un rascacielos el lenguaje formal de la modernidad europea. El finlandés ELIEL SAARINEN, la sociedad de arquitectos de WALTER GROPIUS y ADOLF MEYER, ADOLF LOOS, BRUNO y MAX TAUT y finalmente HUGO HÄRING fueron algunos de los arquitectos más conocidos que concibieron un proyecto para la sede del periódico.

Sin embargo, aunque las aportaciones de los arquitectos europeos modernos hiciesen época, se discutieran en muchas publicaciones especializadas y sirvieran a otros arquitectos como propuestas para sus obras, los norteamericanos se decidieron por un proyecto absolutamente conservador. RAYMOND HOOD y JOHN MEAD HOWELLS construyeron en 1925 un rascacielos con reminiscencias góticas cuya ornamentación de tracería lanzada hacia las alturas parecía un insulto a la evolución de la arquitectura europea. Con todo, el segundo premio concebido al proyecto de SAARINEN significaba el reconocimiento de un representante de la arquitectura europea.

Del gótico a la modernidad: los rascacielos de RAYMOND HOOD.

En los años siguientes HOOD se las ingenió para convertirse en el rey sin corona de los rascacielos norteamericanos. En el RADIATOR BUILDING (1924), con 21 plantas, de gran fuerza expresiva, volvió a dar rienda suelta a sus fantasías góticas. Sin embargo, el lenguaje formal con reminiscencias góticas del pictórico y elevado cuerpo de edificio, coronado una vez más por una estructura en forma de torre, era claramente más abstracto que el del Chicago Tribune. La estructura de acero del MCGRAW HILL BUILDING (1929) es una demostración de la versatilidad del lenguaje arquitectónico de HOOD. De pronto desaparecieron de su obra todas las reminiscencias góticas y, en su lugar, HOOD, utilizo el repertorio de la arquitectura europea contemporánea. La renuncia a una ornamentación rica de la fachada, el apaciguamiento del lenguaje formal y el escalonamiento del cuerpo de edificio cúbico respondían a las ideas de los arquitectos modernos, al igual que las bandas horizontales de ventanas, que fue la característica mas representativa de la practica urbana vanguardista de los años veinte.

Todo ello pudo ser decisivo para que el MACGRAW fuera el único rascacielos norteamericano que mereciese ser incluido en la exposición “EL ESTILO INTERNACIONAL”, organizada en 1932; poco después en el DAILY NEWS BUILDING de Nueva York (1930) HOOD volvía a modificar de nuevo su principio de configuración. En lugar de la estratificación horizontal del MACGRAW, HOOD acentuó la verticalidad del edificio y dio vida a la luminosa fachada del rascacielos escalonando las masas de la construcción, según las propuestas de SAARINEN en el proyecto del Tribune.

La influencia europea.

Hasta finales de los años veinte no se registraron en las obras de HOOD ni una reacción a la evolución de la arquitectura europea moderna ni un distanciamiento del lenguaje formal neogótico. Por aquellos años fueron dos jóvenes emigrantes austriacos, SCHINDLER y NEUTRA, quienes contribuyeron a que la modernidad se fuera instalando paulatinamente en América. Inspirados en las casas de campo de WRIGHT, en cuyo taller trabajo algún tiempo SCHINDLER, no se internaron en los ámbitos norteamericanos de los rascacielos, sino que desarrollaron sus viviendas privadas, que en cierto sentido superaban las obras contemporáneas de LE CORBUSIER o de MIES VAN DER ROHE.

SCHINDLER estaba muy influido por el lenguaje formal cúbico-abstracto de su maestro OTTO WAGNER y por las obras de la Secesión vienesa.

Con sus viviendas los dos austriacos no solo se limitaron a actuar de receptores de la obra de su maestro WRIGTH, sino que la desarrollaron con un lenguaje arquitectónico individual y al mismo tiempo dieron entrada en la arquitectura producida en los Estados Unidos a la evolución europea contemporánea.

Aparece un nuevo gusto.

En 1925 tuvo lugar en Paris la Exposition Internationale des arts décoratifs et industriels modernes. Fue una exposición internacional de muestras que reunía las distintas manifestaciones contemporáneas del diseño, de la artesanía y de la arquitectura. Esta apretada presentación de las nuevas corrientes artísticas origino un cambio del panorama artístico. El hecho de que la exposición de Paris diera nombre a una nueva tendencia artística, el art decó, es una demostración de su enorme influencia sobre el arte de los años veinte y de los primeros treinta.

Las formas cúbicas del art decó, con sus ángulos redondeados y sus segmentos de arco, se utilizaron tanto en cubiertos de mesa y vestidos como en arquitectura y pintura, pasando por las joyas y los automóviles. Un soplo de cubismo, una pizca de expresionismo, un punto de objetividad de la nueva construcción y algo de estética maquinista de carácter tecnicista: he ahí la mezcla de la exitosa receta del art decó que capto el espíritu de la época. En muchos casos no fue solo la elegancia de la característica peculiar de las formas compactas del art decó, sino también una cierta pesadez, derivada entre otras de la preferencia por los materiales pesados como el acero, la plata y sobre todo el latón.

No solo en Europa, sino también en América las obras del art decó se convirtieron rápidamente en el símbolo de los roaring twenties, de su atractiva elegancia y también de su decadencia. Asimismo el mundo de líneas aerodinámicas y el brillo del cromo del art decó llego a la publicidad, que acompaño al despliegue económico de Estados Unidos en los años veinte. La publicidad provoco el interés por los nuevos productos en las clases adineradas, sobre todo en los centros urbanos. Era un interés que encauzo la demanda y elevo la producción y la salida de mercancías; ahora bien, junto a este mundo brillante estaba la América de la pobreza. La pobreza existía sobre todo en los barrios bajos, surgidos como fenómeno marginal de las urbes que crecían a un ritmo vertiginoso y en los que cientos de miles de emigrantes y de norteamericanos negros confiaban vanamente en un futuro mejor.

En Estados Unidos eran los años de la ley seca y del ininterrumpido ascenso de la industria cinematográfica de Hollywood, que hacia la competencia al cine europeo y que poco a poco reemplazaba el cine mudo con las nuevas estrellas del cine sonoro. El auge provocado por la gigantesca demanda de coches, en cuyo principio se sitúa el nombre de Henry Ford (a cuyas ordenes trabaja el arquitecto ALBERT KAHN), se prolongo en el consorcio automovilístico de WALTER P. CHRYSLER. El CHRYSLER BUILDING será la expresión mas clara del poder aparentemente ilimitado de los magnates del automóvil. Respondiendo inicialmente a la demanda de otro cliente, WILLIAM VAN ALEN construyó un rascacielos que, con sus 77 plantas y 319 metros de altura, no solo se alzaba contra el cielo de Nueva York y fue durante algún tiempo el edificio más alto del mundo, sino que sobre todo creo un icono, miles de veces reproducido, del art decó.

Este encanto le garantizo aun hasta hoy su singular posición entre los rascacielos de Nueva York, aunque a los pocos años de su terminación el EMPIRE STATE BUILDING lo reemplazase en su condición de edificio más alto del mundo. Por su efecto de cierta frialdad y por su utilización de materiales nobles, el EMPIRE STATE BUILDING constituyo el punto final de la versión norteamericana del art decó. Dada las crecientes dificultades económicas registradas en este país a finales de los años veinte, fue toda una aventura construir un edificio de tanta prosopopeya; durante mucho tiempo no hubo gente dispuesta a alquilar sus despachos, por lo que en el lenguaje irónico del pueblo el edificio llego a llamarse “EMPTY STATE BUILDING”.

Bailando sobre el volcán.

La crisis económica mundial demostró estremecedoramente la gran fragilidad, no solo en Estados Unidos, sino en el mundo entero de la prosperidad trabajosamente alcanzada después de la I Guerra Mundial. En todo el mundo, desde el punto de vista económico y social los años veinte fueron un “baile sobre el volcán”, un intento por mantener el equilibrio sobre el abismo, sin cables y sin red.

El desastre financiero tuvo repercusiones en todo el mundo y, como consecuencia de la crisis económica mundial, se registro un aumento del paro, tan trabajosamente combatido, y de la inflación. Fueron sobre todo las clases medias y obreras las que vieron comprometida su economía, lo cual dio lugar a una radicalización política adicional, frente a la cual en muchos países no se adoptaron las medidas de re-conducción adecuadas. El breve auge de la posguerra termino en una depresión profunda; la “danza sobre el volcán” termino en el abismo.

El hecho de que en esta situación tan tensa, política y económicamente, se realizasen a pasar de todo proyectos tan ambiciosos como los antes mencionados, se debió en cierto modo, a que empezaron a construirse antes del afamado Viernes Negro (así se designó al quiebre de la bolsa en Wallstreet) y a que para su realización se introdujeron cambios radicales de concepción.

Nuevo reparto.

A partir de 1933, Estados Unidos, con Roosevelt a la cabeza, intenta con éxito superar la crisis económica a que dio lugar el desastre de la bolsa aplicando un catalogo de medidas públicas. El catalogo en cuestión tuvo perentorias consecuencias de orden económico, político y social. El núcleo de este programa económico consistía en la adopción de medidas urgentes para combatir el paro, tanto en la industria como en el campo. Al mismo tiempo se activo la lucha para resolver el problema de la falta de viviendas y de barrios bajos (estrategias que serian extrapoladas posteriormente sin filtrado a las distintas naciones americanas y europeas).

Con las medidas de fomento de la economía del nuevo reparto, el presidente Roosevelt sentó las bases de la marcha triunfal del país del norte hasta su consolidación como la nación industrial más importante del mundo tras la II Guerra Mundial, y como colorario de esta realidad el futuro de muchas otras naciones de allí hasta nuestros días.

La forma como instrumento de la competencia.

La situación de las “exageraciones” no se modificaría, incluso hasta nuestros días.

Toda obra debía producir asombro y de ser posible, desconcierto y estupor; no sólo el tamaño se usaba para producir ese asombro, también lo hacia la silueta de los colosos de más de sesenta pisos. En realidad toda la oferta visual estaba infectada. La imagen reflejaba una guerra por el dominio del espacio, y de las alturas, que había pasado a ser un lugar propicio para la lucha, y como antes mencionamos, no solo las escalas abrumadoras de los rascacielos formaban parte de la lucha, sino también las formas caprichosas, arbitrarias y extravagantes que adoptaban: unos eran cilíndricos, otros escalonados, sesgados con aristas agudas o con curvas ampulosas, con mil intersecciones o con inmensas paredes lisas de cristal y acero.

Todo aparecía insignificante ante semejantes dimensiones. Esto es justamente lo que se propusieron los arquitectos e instigadores: arquitectura como expresión del poder económico del sistema, con formas escultóricas - arquitectura del gigantismo, ideal del poder.

Un repertorio formal inacabable. Su utilidad práctica pasaba a ser puro elemento absolutamente secundario como en los templos antiguos: lo que importaba es lo que representan. Ejemplo: hoteles con vacíos centrales (hall) con ascensores transparentes pasando por grandes cascadas.

El poder ha ido poniendo a su servicio a la arquitectura y ha generado mecanismos y procedimientos que han invadido a toda disciplina. El gigantismo, el “arte que llama la atención”, la competencia por lo diferente, pasó a ser parte inseparable de la arquitectura.

¿Podremos finalmente producir una arquitectura que sea capaz de representar a todos y no sólo a los poderosos, a los dioses omnipotentes, a los ricos; es decir, sin odiosas exclusiones que es lo que ha producido nuestro insoportable aislamiento actual? Tal vez esa sea la gran tarea que nos espera.

a.5.) Un mundo fragmentado.

Si los estragos de la I Guerra Mundial introdujeron un cambio profundo en las relaciones políticas, económicas y sociales, al término de la II Guerra Mundial la situación fue más dramática. Después de 1945 el mundo ya no era lo que había sido en 1939, antes de que estallara la guerra. El régimen de terror implantado en Alemania por el nacionalsocialismo extendió millones de veces la muerte por todo el mundo y culmino en el crimen del holocausto. Nunca jamás había sacrificado una guerra tantas vidas humanas como la II Guerra Mundial y jamás una guerra había arrasado con tal intensidad ciudades y campos, con la consiguiente destrucción de las condiciones básicas de la vida de la población; la tecnificación del mundo en el siglo XX comporto la tecnificación de la guerra, que alcanzo su terrible punto culminante en el lanzamiento, a cargo de Estados Unidos, de las primeras bombas atómicas sobre Hiroshima y, pocos días después, sobre Nagasaki.

Pero al término de la guerra mundial en 1945 tampoco llego la paz al mundo. Mientras las ciudades y los campos estaban todavía reducidos a escombros, sobre todo en Europa, Japón y la URSS, las expulsiones y las emigraciones dieron lugar a gigantescos desplazamientos de la población. Se trataba de desplazamientos políticos que obligaron a modificar los mapas del mundo; por un lado existía un bloque occidental, de orientación capitalista, formado por países de orden democrático de los cuales Estados Unidos estaba al frente; y por el otro lado un bloque oriental, marcado por una ideología comunista, en cuyo frente se encontraba la URSS.

Hasta el final de los regimenes comunistas en 1989, el Este y Occidente se enfrentaron irreconciliablemente en una guerra silenciosa denominada “guerra fría” que, como sucedió en los casos del bloqueo de Berlín o de la crisis de Cuba, corrió grave peligro de llegar al conflicto abierto. Se extendió el miedo a una tercera guerra mundial.

La visión extremadamente occidental de la historia de la arquitectura se caracteriza por el hecho de que la arquitectura del bloque oriental y de sus fases sucesivas solo penetro en el campo de visión del gran publico a partir de la apertura de los países del bloque oriental, al empezar la década de los noventa, y que solo entonces se inicio el estudio de la misma.

Reinicio y continuidad.

La II Guerra Mundial supuso el desmoronamiento de todas las visiones sociales que en la década de los veinte activaron los resortes del arte y de la arquitectura moderna. En su lugar aparecieron rápidamente los nuevos ideales de una sociedad pacifica y justa, cuyos limites, sin embargo, chocaban demasiadas veces con la realidad de la guerra fría y de sus confrontaciones. A pesar de las terribles experiencias de la guerra, después de 1945 no había un “punto cero” ni en política ni en arte. Al caer en descrédito el clasicismo monumental, recurso utilizado por el nacionalsocialismo para establecer su representatividad, resurge el estilo internacional de la modernidad ya desarrollado antes de la guerra. Fue sobre todo en Estados Unidos donde algunos arquitectos alemanes emigrados, como GROPIUS y MIES VAN DER RHOE, pudieron enlazar con su obra anterior y desarrollarla.

Sumado a esto a través de sus clases en la universidad se convirtieron en modelos de una generación de arquitectos jóvenes. A pesar de las fracturas culturales y sociales originadas por la II Guerra Mundial, el lenguaje formal del estilo internacional en la arquitectura supuso un importante elemento de continuidad con el periodo prebélico.

El hormigón y las fachadas de vidrio fueron la señal característica de la nueva época, y lo fueron no solo en los países destruidos que había que reconstruir. Desde Sudamérica y desde el sureste asiático un estilo unitario se extendió sobre la arquitectura y estampó su sello parcialmente determinante sobre las ciudades, mientras que en ciertos lugares las evoluciones regionales típicas de la arquitectura pasaban a segundo plano o incluso desaparecían del paisaje urbano.

CIAM - La nueva comunidad: la Unité d´habitation.

Aunque la edificación del área de la ONU se remonta a un proyecto de LE CORBUSIER, la realización de los edificios corrió a cargo de otros arquitectos. Sin embargo, LE CORBUSIER, el gran planificador y abanderado de la vanguardia, se presento en la Europa de posguerra con otros proyectos que lo consagraron como el arquitecto más importante del siglo.

Dada la generalizada falta de viviendas, en los años veinte el problema de la construcción de viviendas y de colonias concentro el interés de numerosos arquitectos. Además de la apertura de las viviendas al aire y a la luz y de la nacionalización del proceso de construcción, pasaron a primer plano aspectos sociales, que se concretaron en la creación de espacios comunes, como lavaderos y azoteas jardín en los edificios de la urbanización.

También LE CORBUSIER se planteo los problemas de la vivienda colectiva en sus teorías sobre el urbanismo, como por ejemplo en su libro La Ville radieuse, de 1935.

Con la Unité d´habitation de Marsella surgió entre 1947 y 1952 un complejo que pretendía satisfacer en un solo edificio las necesidades más diversas de los inquilinos. Con su hotel, su jardín azotea, su piscina para niños, su guardería infantil y su centro comercial, la Unité disponía de una infraestructura única. No es ninguna casualidad que el edificio y las construcciones de la cubierta evoquen un gigantesco trasatlántico, a cuyas formas, tan funcionales como estéticas sugestivas, había recurrido ya LE CORBUSIER en sus primeras obras. Como un gran barco en los aledaños del puerto de Marsella: esta era la imagen de la Unité, que con sus comercios y sus instalaciones comunes podía hacer frente autárquicamente a las necesidades de los inquilinos durante un largo periodo de tiempo y, de este modo, constituía un modelo del sistema de vivienda colectiva propuesto por LE CORBUSIER.

Las 370 viviendas de la Unité, cada una de las cuales disponía de secciones de una o varias plantas, encajaban entre si a través de un complejo plano reticulado, perfectamente visible en la articulación de la fachada. En lugar de la fachada reticulada de los rascacielos norteamericanos, con su tendencia a la monotonía, en la Unité aparece una fachada casi gráficamente configurada. En ella el núcleo de comunicaciones, que en el interior de la Unité estaba en función del abastecimiento de los inquilinos, constituía un corte evidente claramente destacado del resto de la fachada. El expresivo paisaje de la azotea daba una nota marcadamente técnica al edificio, que se alzaba sobre soportes de hormigón.

La ciudad de la época moderna.

“Ciudad Moderna: se caracteriza por la gran densidad urbana (especialmente en el centro) y la utilización de rascacielos o edificios elevados rodeados por plazas desiertas y amplios estacionamientos”. ALFREDO AMBRIZ TAPIA

Mientras los proyectos de la ciudad jardín se asentaban en el campo, existían otros que planificaban hasta el último detalle de una ciudad industrial moderna. El sistema de circulación incluía vías diferentes para los vehículos y para los peatones y calles de transito y de urbanización. Las superficies verdes suponían más de la mitad del área urbana. En ellas había grupos poco compactos de viviendas independientes, sencillas y construidas industrialmente con hormigón armado, que garantizaban una ventilación y una iluminación aceptables.

Esta nueva concepción de la ciudad preparo el camino a los modernos, convirtiéndose en los principios básicos de la modernidad. No obstante, fueron los grandiosos proyectos abstractos de LE CORBUSIER los que dieron solidez ideológica a tales ideas y contribuyeron a que las mismas acabaran imponiéndose. El ámbito en el que se sentaron las bases teóricas de estos proyectos fue el cuarto CONGRÈS INTERNATIONAUX d´ARCHITECTURE MODERNE (CIAM) de 1933 y fueron publicadas en 1943 por LE CORBUSIER y el grupo francés del CIAM.

Si la ciudad tradicional marcaba sus limites frente al campo, se basaba en la división de trabajo de esferas de influencia pública y privada, establecía una distinción clara entre las plazas y los parques y los edificios privados y separaba el urbanismo de la arquitectura, la ciudad moderna se asentaba en una urbanización unitaria, publica y con zonas verdes organizada por un poder planificador de carácter central y estatal. Frente a la mezcla de aprovechamientos y frente al sistema viario común a todos los medios de transporte de la ciudad tradicional, la ciudad moderna establecía una separación funcional y una concepción jerárquica del tráfico. El problema de la vivienda, que consolido la crisis de la ciudad antigua, no debería quedar en manos de la especulación privada, sino que debía resolverse con barrios masivos construidos por el estado, cuyas viviendas estandarizadas garantizarían luz, aire y sol a todos sus inquilinos.

Este manual de instrucciones fue utilizado en las décadas siguientes para remodelar y construir ciudades en todo el mundo. La idea de lo nuevo atrajo sobre todo a los Estados creados después de la II Guerra Mundial. Como sucedió en Berlín Este, se construyeron centros urbanos nuevos destinados a la colectividad. Sobre todo en las ruinas existentes a ambos lados de la vieja Avenida de Francfort, entre 1959 y 1965, se construyeron los primeros complejos de viviendas socialistas. No obstante, también en Occidente se construyeron hasta muy entrada la década de los setenta grandes urbanizaciones, no menos discutibles, con decenas de miles de viviendas, mientras se derribaban los viejos barrios de grandes casas de vecindad; superado el sistema, se remodelaron los centros históricos lanzando el grito de guerra de la ciudad autorregulada y se trazaron vías rápidas por los cascos antiguos. Es indudable que los planes urbanísticos que construyen lo nuevo en sustitución de lo que ha tenido un desarrollo histórico se privan de la oportunidad de una evolución sostenida.

La situación actual, hacia finales del siglo XX, plantea que a partir de la gran individualización de la sociedad, se vuelve a presentar el problema del proyecto comunitario que es la ciudad. La liberación de la economía socava el monopolio planificador de los municipios que, como consecuencia de la crisis económica resultante, han perdido su papel activo en la evolución de las ciudades, y acentúan la influencia de los inversores privados. Ahora bien, donde la planificabilidad de la ciudad es problemática, los conceptos estéticos pasan a segundo plano.

En la actualidad las ciudades del sureste asiático constituyen el campo de experimentación del nuevo modelo de metrópoli: la ciudad del caos. Esta “ciudad” ya no se construye a partir de las comunidades de sus habitantes, que se reflejan en una forma unitaria de construcción, sino desde la confrontación de intereses opuestos, que explotan un campo de oportunidades muy abierto, pero fugaz. La planificación no cuenta con ninguna posibilidad en el proceso de cambio y crecimiento permanentes a que esta sometida la ciudad.

b) Análisis tecnológico de los edificios en altura.

Además de los materiales de construcción habituales desde hacia siglos (madera, ladrillo, piedra) que se venían utilizando en los edificios, a partir del siglo XIX se fueron incorporando progresivamente a la arquitectura nuevos materiales tales como el hierro, el zinc, el acero y el vidrio. Ahora bien, con estos materiales no siempre se aplicaban de un modo visible, podía suceder que en el interior del edificio que exteriormente parecía histórico estuviese presente la arquitectura moderna mediante una audaz cubierta de hierro o de una claraboya de cristal.

A parte del vidrio, el hierro y el acero, lo que realmente revolucionó la arquitectura fue una mezcla de arena, grava y cemento: el hormigón. El hormigón hizo posible una arquitectura totalmente nueva que ha venido configurando hasta el momento actual la imagen de nuestras ciudades tanto en lo positivo como en lo negativo.

b.1.) El acero como “esqueleto” estructural. Aceleración en los tiempos de la construcción y ductilidad de formas.

El perfeccionamiento de los métodos de producción industrial de los materiales ferrosos fue, quizá, el acontecimiento más importante de todos los producidos en la gran revolución industrial del siglo XIX. Una manifestación memorable de ese acontecimiento fue la Exposición Universal de París de 1889, que marcó el triunfo de las construcciones metálicas. La construcción que deslumbró al mundo y marcó el verdadero punto de partida en la historia de las construcciones fue la Torre Eiffel.

Después de ella se han construido muchos edificios de gran tamaño y notable alarde técnico, pero ninguno la superó en su atrevimiento innovador.

Lo que le sucedió a esta torre, fue el proyecto realizado también por Eiffel, la Torre de París, en el Campo de Marte, integrando la Exposición Universal destinada a festejar el primer centenario de la revolución.

Después de construido esta torre se consideró que todos los demás prodigios eran realizables y se proyectaron obras metálicas de todos los géneros. Se construyeron edificios de varios pisos para depósitos, oficinas y casas-habitación, empleando esqueletos completamente de acero.

En Norteamérica las construcciones con esqueletos metálicos tuvieron y siguen teniendo gran difusión. Nacieron así numerosos edificios de gran altura llamados rascacielos. Los más célebres son el Woolworth Building, el rascacielos Chrysler y el Empire State Building, todos ellos construidos en Nueva York.

La difusión de dichas construcciones ha obligado a los estudiosos a elaborar métodos de cálculo adaptados a las estructuras de muchos pisos, como así también al uso del ordenador o computadora para facilitar los mismos.

A fines del siglo XIX, mientras con las grandiosas manifestaciones de París se celebraba la victoria del hierro, comenzaba ya a difundirse un nuevo sistema de construcción que permitía asociar el hierro al cemento. En Francia, después de las primeras y tímidas tentativas de Monnier, se pasó bien pronto a las notables construcciones de Ennebique, y el sistema s difundió rápidamente. Estas estructuras no pueden considerarse como rivales de las de acero porque exigen un notable empleo de hierro para la armazón. Pero el sistema constructivo llamado de “hormigón armado” obtuvo muy pronto el favor de los constructores, porque permite obtener casi las mismas cualidades de resistencia y audacia de las estructuras metálicas conservando, además, la monumentalidad de las construcciones con muros.

En Italia, al ser proclamada la autarquía, en 1935, el hierro quedó prohibido y se construyeron en hormigón armado hasta los rascacielos, contra toda conveniencia, como es fácil de constatar si se tiene en cuenta que en una construcción de ese tipo la sección de las pilastras en la base se hace tan grande que absorbe una parte considerable de la superficie utilizable en los pisos bajos. En Bari, excluyendo las industrias para los cuales se han construido numerosos galpones metálicos, puede afirmarse que el empleo de los esqueletos de acero para las construcciones civiles se reduce a dos casos: el palacio del Renacimiento y la sede actual del U.P.I.M; y el de la casa del estudiante, de 10 pisos, con un ala enteramente construida en esqueleto metálico.

En las últimas décadas, la situación ha cambiado mucho, y la elección entre ambos sistemas se inclinó mucho hacia el hormigón (en nuestro medio), debido al alto costo del acero en la construcción.

b.2.) Hormigón armado: “el material”.

Los nuevos materiales de construcción se fueron imponiendo progresivamente. Lo que inicialmente solo tenía aplicación en los edificios industriales y utilitarios, poco a poco fueron conquistando los dominios arquitectónicos tradicionales. Las insospechadas posibilidades del hormigón, sobre todo revolucionaron la arquitectura.

A partir de obras como el Pabellón del Centenario (1913) se dio acabadas muestras de los enormes vanos que podían construirse utilizando el nuevo material, sin necesidad de incluir pilares adicionales de sustentación que reducirían notablemente la visibilidad en el interior de la sala.

Cuanto más penetraba en su campo de visión las enormes posibilidades que alumbraba el hormigón como material de construcción, más se modificaba la actitud del arquitecto frente a este material, al que se atribuyó progresivamente una estética propia en su forma desnuda.

Si en un edificio de apartamentos de la calle Franklin de París, Auguste Perret recubrió con mosaicos los soportes de hormigón, su garaje del año 1905, también en la capital francesa, dejaba encubierto el entramado de hormigón, sobre el que se aplicó simplemente una capa de color para proteger el edificio de las inclemencias metereológicas que pudieran deteriorarlo. Los vanos de la fachada existentes entre las columnas se cerraron totalmente con cristales. La retícula de hormigón permitió a Perret lograr una disposición del espacio interior relativamente libre, que podía adaptarse plenamente a las necesidades de estacionamiento y maniobras de los coches.

El arquitecto de origen suizo conocido con el nombre de Le Corbusier, pasaría a la posteridad quizás como el arquitecto más importante de la época moderna, y que trabajando durante algún tiempo en el despacho de Perret, trató de utilizar en la construcción de viviendas la arquitectura del hormigón impulsado por este. Para construir una Flandes destruida por las batallas de la Primera Guerra Mundial, desarrolló en 1915 el sistema dom-ino.

b.3.) Calculo estructural: la casa “domino”.

Este desarrollo llevado adelante por Le Corbusier se trataba de un proyecto de fabricación de casas en serie que permitiría realizar en pocas semanas una estructura de hormigón. De ahí el juego con la palabra Dom-Ino como nombre industrial patentado para denotar una casa tan estandarizada como un dominó. La distribución en zigzag de una agregación de estas casas se parecía a las formaciones de una partida de dominó.

Para ello se partía de una amplia tipificación de las partes fabricadas, sobre todo de los elementos de encofrado de hormigón.

En sus casas Dominó el arquitecto formuló por primera vez de una manera consecuente los conceptos de racionalidad y funcionalidad totales; Le Corbusier deseaba ver el Dom-Ino como una pieza de equipo análoga en su forma y modalidad de construcción, a una pieza típica de diseño de producto (la casa máquina o máquina de vivir).

Aunque no superaron la fase de simples proyectos no realizados, ya que esta producción sólo podía ser obtenida a través del ejercicio de unas capacidades de alto nivel bajo condiciones de fábrica y la utilización de mano de obra especializada, estos planes caracterizaron la posterior evolución de las ideas arquitectónicas y urbanísticas de Le Corbusier.

b.4.) Los nuevos sistemas de construcción. Montaje de elementos.

La Prefabricación se define como el intento de sistematización y coordinación entre los distintos elementos constructivos destinado a facilitar su puesta en obra, lo cual de una forma u otra siempre a estado presente en la construcción.

La aparición masiva recibe su gran impulso debido a la gran necesidad de construir viviendas de una forma numerosa, barata y rápida, necesidades originarias en las guerras, migraciones, centros urbanos y la explosión demográfica.

Los ensayos realizados hasta la fecha han alcanzado resultados no satisfactorios o contradictorios, ya que la necesidad de crear grandes infraestructuras y la imposibilidad de que la prefabricación total tenga cabida fuera de grandes operaciones edificatorias, “pone en evidencia la imposibilidad de generalizar los sistemas e incluso la economía de los métodos”.

El desarrollo de estos elementos ha llevado a un gran avance en cuanto a la industrialización de elementos y a la incorporación de técnicas a la edificación convencional. La construcción de almacenes y naves industriales se hace casi enteramente a través de la puesta en obra de este tipo de materiales.

La tendencia en otro tipo de edificaciones es creciente a la hora de incorporar elementos estandarizados y coordinados, lo cual no repercute en los aspectos de calidad y versatilidad de la edificación.

c) Análisis de las limitaciones del “habitar en altura”.

c.1.) Rigidez del “tipo arquitectónico”.

…” hay que convencer al cliente que “la buena arquitectura es un buen negocio”.

En nuestra labor siempre tratamos de brindar flexibilidad, dando la mayor cantidad de soluciones a una planta, para no obligar al comprador a ajustar sus necesidades a un esquema rígido”. ARQ. MARIO ROBERTO ALVAREZ

Es frecuente que en los concursos de los barrios FONAVI se soliciten prototipos que “crezcan” de dos o tres dormitorios, hecho que supuestamente sucederá en el tiempo real; el primero se construirá, por ejemplo, a los cinco años, el segundo a los diez, de modo que el cambio anticipado previamente en realidad vuelve a insistir en las mismas ideas del tiempo congelado porque la condición esencial del tiempo es su imprevisibilidad; y como muchas circunstancias de la vida, que se desarrollan en el tiempo real son igualmente imprevisibles, se puede concluir que estos proyectos son esencialmente limitados.

Es posible que alguien califique a este tiempo previsible como un “tiempo sin sobresaltos”; para nosotros “la vida está llena de sobresaltos”, de imprevistos, de modo que toda anticipación temporal demasiado rígida la condiciona y la paraliza, e ignora su natural complejidad.

Resulta pues más lógico que, a partir de un proyecto inicial, destinado a resolver las necesidades inmediatas, el tiempo futuro sea pensado libre de todo condicionamiento.

Ese espacio residual - el patio, el fondo, el jardincito del frente - ha sido usado exhaustivamente y de los modos más diversos; puede afirmarse que en muchos casos ha servido para completar las necesidades no resueltas en la vivienda primitiva.

Pero esta ventaja no existe en los edificios en altura: no hay espacios remanentes a los que se pueda recurrir para crecer. Al menos, en los edificios conocidos. En ellos no existe la posibilidad de incorporar la casualidad temporal, porque todo está tan rígidamente dispuesto que intentarlo significaría destruir paredes, tabiques no siempre posibles debido al diseño estructural; resulta preferible entonces mudarse.

La filosofía de estos procedimientos es sencilla: “cuando algo deja de prestar un servicio, se lo reemplaza. O sea se lo tira a la basura”. Obsolencia de uso, que le llaman.

Estereotipos “funcionales”.

En la urbanística hubo un crecimiento desmesurado de las grandes mayorías, y se vio volcado por la expansión de las periferias. Fue cuando surgió el funcionalismo, que buscaba minimizar las superficies de las viviendas a partir del análisis científico de rígidas formas de vida, absolutamente simplificadas, minuciosamente viviseccionadas, con el fin de aumentar las posibilidades de acceso a la vivienda del mayor número posible de gente. Anónima, desde luego. Esto sucedía por primera vez en la historia de la arquitectura; constituyó un fenómeno absolutamente inédito y esperanzador: el arquitecto metido en la casa anónima.

Pero esta revolución duró poco; porque la simplificación funcional, aunque ideológicamente estaba asentada en corrientes sociales progresistas fue descubierta alborozadamente por uno de los sectores más reaccionarios de la sociedad: los especuladores inmobiliarios. Y desde luego la aprovecharon sin ningún tipo de inhibiciones.

Los operadores lo ofrecen porque la gente lo pide, y la gente lo pide porque los operadores lo ofrecen como la mejor respuesta.

Pero en realidad estos negociantes no hacen otra cosa que respetar las leyes del mercado. Y el mercado, en este caso, encontró que el funcionalismo le venía como anillo al dedo.

El funcionalismo que constituyó una esperanza para aquellos que creían que con ella se terminaría la abyecta subordinación de la arquitectura de los poderosos, apareció inesperadamente en manos de operadores totalmente alejados de estos objetivos y como instrumento de la educación académica que de ese modo limitó de manera insoportable cualquier atisbo de creatividad verdadera.

No sucedió lo mismo con el otro vértice de la dupla forma-función: porque a diferencia de la funcionalidad, que fue rápidamente aceptada como instrumento del poder, la estética moderna, despojada, ascética, jamás fue plenamente incorporada a la imagen del “hogar”. Si lo fue en las torres y los edificios de oficinas.

c.2.) La compacidad inviolable y la ausencia total de la “naturaleza”: aislamiento.

La planta compacta constituye, por un lado, el compendio más preciso y atractivo de una forma “económica” de habitar, condición concluyente para tentar a los actuales canones culturales basados en la eficiencia, eficacia y utilidad; y por otro lado, esta “economía” permite multiplicar los objetos y de este modo resolver políticamente los posibles requerimientos de los sectores populares.

Así la compacidad se erigió en un fenómeno universal, más allá de las ideologías, que pueden encontrarse en las construcciones de la ex URSS o de Cuba, tanto como en los planes masivos de Alemania, Francia o América Latina.

Por supuesto que, de acuerdo a la gran operación de especulación inmobiliaria, a las torres se les extirpo el predio amplio y verde que las complementaba, y en su lugar se les asigno la calle, cada vez mas atestadas de vehículos ruidosos y productores de contaminación. En definitiva, un lugar cada vez mas inhabitable que no puede nunca reemplazar a esos espacios amplios y colectivos pensados por el primer racionalismo.

c.3.) Indiferencia/individualidad.

Lo realmente incongruente es que la expansión del departamento compacto en torres especulativas entre medianeras coincidió con el aumento cuantitativo de la “carga” vehicular en las calles que lo servían, y al mismo tiempo, con la perdida de poder convocante que otrora tuviera el barrio, como prolongación de la vivienda: la ciudad perdió lugares de encuentro al tiempo que la vivienda perdió riqueza y plenitud.

Como gran consecuencia de estos factores, el hombre esta cada vez más solo y despojado, aunque la propaganda le demuestre que pertenece a la “aldea global” a la que todos tienen acceso.

No creemos que nadie pueda negar que la reducción de alternativas reales de la vida a la que se ve obligatoriamente sometido el ciudadano erosione fuertemente la psicología colectiva. Precisamente la mayor crítica que pueda hacerse de las unidades compactas es su esencial reducción de alternativas vivénciales que, por supuesto, no pueden resolverse a través de cambios estilísticos.

Un edificio cuyo exterior sea de ladrillos o de mármol, con alfeizares rectos o inclinados, con ventanas cuadradas o escalonadas, con cocinas o comedores sesgados, curvos o quebrados no solo no alcanza para modificar su sustancial “pobreza”, sino que frecuentemente, sirve para escamotear completamente el núcleo del problema. Y lo que es peor tiende a convertir a la forma, el arte y la estética en un elemento ajeno a la naturaleza del objeto, como en la industria, el diseño de los exteriores de los mecanismos.

Ahora bien, oponerse a esta situación desde la vertiente de un regionalismo paisajista y nostálgico, seria lo mismo que aceptar que no existe respuesta posible para esta encrucijada; no resultarían convincentes a las bajas densidades obtenidas con casitas aisladas que rememoran atmósferas antiguas de barrios, apacibles y tranquilas; el mundo quiérase o no establece caminos sin retornos. Uno de ellos lo constituye el crecimiento de las ciudades y el correlativo aumento de densidades.

Los edificios en altura son una realidad inevitable; también, quiérase o no, lo es la especulación inmobiliaria asentada en ciudades de vieja traza que producen lotes angostos y profundos. Estas realidades son inmodificables; el único campo posible que aun admite variaciones lo podemos encontrar en las unidades de departamento.

Se trata de ver que respuesta da a este problema el nuevo regionalismo.

c.5.) Ventajas??? Confort: un producto cultural.

El confort, una idea supuestamente universal, desde luego no lo es. Resulta tan impuesta como cualquier otra forma cultural que a menudo pasa desapercibida por lo habitual.

Confort funcional.

El confort lo ha entronizado el funcionalismo: pasillos cortos, minúsculas zonas neutras (que son aquellas que aparecen enlazando los dormitorios y los baños) y circulaciones simplificadas.

Una buena iluminación es un complemento insustituible del funcionalismo. Todo ha sido concebido como un contenedor que encierra pequeñas cajas contiguas intercomunicadas con los “bordes” ordenados.

Nada de sorpresas, pasiva aceptación de la oferta, confort convencional adecuado a sus disponibilidades económicas.

Pero como ya se dijo, esa convincente respuesta que es capaz de dar el funcionalismo occidental está muy lejos de ser universal.

En una de las formas mas duras del funcionalismo, el llamado racionalismo, cualquier esfuerzo en la casa ha sido minimizado, sea este referido a la accesibilidad (“tener todo a mano”), se trate de la sencillez del mantenimiento higiénico o de la preparación de la comida, todo ello unido al aumento del confort en muebles, camas y acondicionamientos térmicos a la manera occidental.

Aceleración del envejecimiento.

La vivienda como los objetos de uso cotidiano se construían y se pensaban para permanecer un tiempo prolongado, es decir, se aceptaba como lógico el arraigo.

Si un departamento resulta pequeño o no alcanza a cumplir con algunas exigencias de la familia, no es nada: se busca otro.

Aunque parezca extraño, las bases ideológicas que sostienen este acelerado envejecimiento de los objetos llamado también obsolescencia son las mismas que se usan para exaltar el diseño competitivo y de ese modo dar la engañosa idea de la libertad. El modelo de hoy pasará rápidamente a ser antiguo. Una libertad basada en los prejuicios o, en el deterioro provocado en los materiales con los que fue intencionadamente construido, tras lo cual la gente corre por necesidad o simplemente por razones ajenas a las reales virtudes de los objetos.

Esta revolución económica se trasladó lentamente a la manera de entender el tiempo, la libertad y el uso que la gente hace de la casa.

La arquitectura debe intentar asociar lo cualitativo a lo cuantitativo. Esta última condición no debe excluir valores sin los cuales el hombre común queda reducido a una soledad abrigada. O simplemente al reparo de ciertas intemperies.

No podemos cerrar esta idea sin intentar aclarar ciertos conceptos que se transforman, curiosamente, en formas a veces decididamente antagónicas u opuestas entre sí. Ejemplo: anteriormente el arraigo es ponderado positivamente como una cualidad muy significativa para el hombre morador en la medida que permite establecer una simbiosis entre él y su casa; pero mas adelante veremos que, en sentido opuesto, se interpreta como un estigma propio de la reacción y el retroceso.

Curiosamente, la seguridad se afianza en la inseguridad: la costumbre del cambio permanente, de lo transitorio (hoy un modelo, mañana otro, pasado otro, hoy instalado aquí, mañana allá) pasó a reemplazar al concepto raíz, firmemente afianzado en un territorio seguro, capaz de provocar el arraigo.

¿Diversidad de la oferta?

La uniformidad aparece astutamente camuflada por una variedad engañosa de productos diferentes en el mercado. Alguien podrá decir que las ofertas de la sociedad de consumo basada en la competencia son tan variadas que resulta casi exagerada, es decir, una contrapuesta a la uniformidad. Un mismo objeto cotidiano es ofrecido de centenares de formas, colores y dimensiones diferentes; es verdad.

Sin embargo, analizando ese objeto más profundamente, indagando aquello que está más allá de la forma de presentación inmediata o packaging, podemos llegar a la conclusión que, en esencia, buena parte de ellos son idénticos o, al menos, muy parecidos. Que las diferencias en realidad son pequeñas. La uniformidad está disimulada por las variaciones del diseño que en general no modifica su naturaleza profunda.

En realidad, nosotros estamos convencidos de que las expresiones morfológicas, el aspecto exterior de los objetos debe obedecer a su constitución interior y por lo tanto el cambio en su forma se justifica cuando se modifica el objeto “por dentro”; se trata de una respuesta opuesta a la vana utilización del diseño que ha hecho y sigue haciendo el poder para ocultar el anzuelo con la lombriz.

d) Propuesta.

Sin lugar a dudas el principal objetivo de este trabajo es el de conocer y comprender la realidad que significa encarar la problemática de los edificios especulativos de propiedad horizontal. En realidad, mejor podríamos decir como motivo de polémica ¿por que todos saben que se reconoce una esencial incompatibilidad entre departamento, patio jardín y diseño? Al menos eso se cree; como también se cree que es imposible abrir la célula del departamento a usos no estrictamente domésticos, como ser un consultorio, un estudio o un pequeño negocio.

Una de las causas profundas de esa voluntaria mutilación tiene su origen en el innegable empobrecimiento al que se sometió la vivienda de la versión especulativa del racionalismo utilitarista. Señalamos que además de esta versión, aparece inscripta dentro de un proyecto nivelador que apunta a la idea de “aldea global”, y que estos estándares de habitabilidad construían el testimonio indiscutible de una unidad universal de intereses exclusivamente económicos y no de superación de cuestiones propias de la condición humana, como antaño se propusiera el primer racionalismo internacionalista.

Un ejemplo de lo que decimos lo constituye la paladina admisión de la gente que en un departamento, por el solo hecho de serlo, limita las múltiples alternativas que puede brindar una vivienda; y lo que es peor, acepta estas limitaciones desde un vago convencimiento que constituye formas superadoras de habitar, aunque inmediatamente después lo desmienta como lo demuestra la transformación del balcón o la manera libre y arbitraria de usar los ambientes específicos.

Sin embargo, existen aspectos o cosas que alimentan la esperanza de que aún exista el territorio libre incontaminado, que todavía no ha podido ser vulnerado. Precisamente este territorio es sobre el que trabaja el nuevo regionalismo y se vale, entre otros instrumentos, de las cadenas tipológicas. Por ella advertimos que existen ciertas permanencias que van caracterizando a los pueblos, a las regiones mas allá de la abrumadora uniformidad que imponen los estilos internacionales.

Edificio en altura que permite crecer, modificarse y transformarse.

“Partimos (en palabras del Arquitecto Cesar Luis Carli) de analizar el fenómeno desde una perspectiva mas humana, basada en un ser humano integral al que era necesario respetar en su vasta proyección antropológica. Se trata de un ejercicio desprejuiciado que no hace hincapié en los aspectos ni morfológicos, ni antropométricos, ni funcionalistas, sino, en lo que nosotros llamamos “genes” integrales basados en la memoria y los comportamientos sociales, individuales o colectivos.

Lo primero que hicimos fue romper la caja arquitectónica, es decir, olvidar la compacidad y paralelamente las superficies mínimas establecidas por los economistas. Además el organigrama inicial lo completamos con nuevas funciones permitiendo nuevas e imprescindibles comodidades a los miembros de la familia; por ejemplo incorporamos la flexibilidad funcional como dato, recordando nuestras viejas ideas de polivalencia o multiplicación de finalidades de un mismo objeto.

Allí nacieron tanto el “comodín” como las “esclusas”. El primero, un ambiente que por su ubicación puede ser indistintamente usado como dormitorio, como salita privada o como oficina o negocio público. Su accesibilidad es sencilla, desde el pallier, con lo que multiplica sus funciones hasta aceptar el “cuentapropismo” tan en boga en los tiempos que corren. En realidad se trata de un “desahogo” frente a una realidad muy condicionante que constituye la vida en un edificio de departamentos.

El segundo punto a considerar fue la creación de un patio con el fin de aproximar un edificio en altura a una vivienda unifamiliar; ya vimos que la manera con que la gente busca un espacio abierto a nivel de cada unidad de departamento resulta de transformar el balcón externo hasta convertirlo en un remedio de patio con plantas y flores.

Para el invierno, cuando el patio se vuelve inhabitable por la acción de los vientos y el frío, se pensó en una suerte de mampara corrediza, a la que se denominó “esclusa” y que tiene la particularidad de cerrar y abrir ambientes al mismo tiempo. En muchos casos cierra el patio y abre el comedor, o bien, abre el patio y cierra el estar. Este juego no constituye otra cosa que un paso hacia delante de la mampara de “la casa del gringo” o de los cerramientos producidos en los balcones que se observan en la ciudad. Puede decirse que, basado en un viejo concepto, se intentó “aggiornarlo” con nuevas técnicas, como por ejemplo incorporando la electrónica y usando conceptos propios de la polivalencia.”

En conclusión a llegado la hora de replantear los elementos de la arquitectura a partir de sus contenidos esenciales. Y uno de los caminos es ir indagando la vivienda colectiva tal como lo intentamos nosotros, poniendo en duda todo lo realizado hasta ahora.

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McGraw Hill Building (Hood 1929/ New York)

Radiador Building (Hood 1924/New York)

Daily News Building (Hood 1930/ New York)

Novell Beach House (Schindler 1926/Newport Beach)

Novell Health House (Neutra 1929/ Beverly Hills)

Chrysler Building (Van Alen 1930/ New York)

Empire Status Building (Shreve, Lamb, Harmon 1931/New York)

Crisis Económica de 1930

Hall Central Hillton Hotel

Torre Petronas (Pelli / Kuala Lumpur)

Segunda Guerra Mundial

Seagram Building (Mies 1958 / New York)

Unidad de Habitación (Le Corbusier 1952 / Marsella)

Torre Eiffel en pleno proceso de armado

Construcción en acero

Construcción en Hormigón Armado

Sistema estructural Dom-Ino

Sistemas Prefabricados

Casa Totalmente Prefabricada

Viviendas FONAVI - Barrio Centenario (Santa Fe)

Viviendas FONAVI - Barrio Centenario / Santa Fe

Conjunto Habitacional de alta densidad / Villa Lugano (Buenos Aires)

Proyecto de departamentos de Propiedad Horizontal con variantes de crecimiento y diversificación. Arquitecto Cesar Luis Carli

Departamento de Propiedad Horizontal con tratamiento de “esclusas” - Cesar Luis Carli

Vista del edificio de Propiedad Horizontal - Cesar Luis Carli