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Ecuador


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Geografía
 
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CULTURA

Etimológicamente del latín COLERE,

significa CULTIVAR en el sentido agrícola.

Proceso en el que interviene el hombre para transformar todo aquello que se da, de manera natural, y lograr un mejoramiento cuantitativo pero por sobre todo cualitativo.

SERES CULTIVADOS

CULTOS

SERES NO CULTIVADOS

INCULTOS

Antiguamente las personas ubicadas en la cúspide de la pirámide social, debían someter su conducta externa a refinadas reglas que diferenciaban su actuar de las otras personas que se encontraban en posiciones más bajas de esa pirámide.

Ej. : Las Cortes Reales.

Esta división se vincula a la aparición, desarrollo y difusión del lenguaje escrito al que accedían muy pocas personas;

si tenían acceso a fuentes de información variada podían superar las limitaciones de la transmisión de ideas y creencias de las culturas orales.

Ej. : Edad Media Los Monasterios.

Para ingresar a ellos y llegar a ser Sacerdote era necesario saber leer y escribir.

CULTURA.

CONCEPTOS VARIOS.

D.R.A.L.E.

El resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos

y de afinarse por medio del ejercicio de las

facultades intelectuales del hombre.

CARMEL CAMILLERI.

Es el saber que le permite al hombre ir más lejos

en el conocimiento de todos los aspectos de lo real,

atribuyéndole posibilidades de profundizar en la Ciencia,

en el campo de lo imaginario,

donde llegó a ser capaz de comprender

y gustar de formas artísticas, inaccesibles a otros,

y de crear otras nuevas formas de arte.

Este tipo de cultura abarca un cuerpo de información y de valores privilegiados por el grupo a los cuales el individuo accede gracias a un sistema de aprendizaje particular que le brinda, la posibilidad de incrementarlos.

CATEDRA.

Son aquellos conocimientos, ideas, gustos y modos de actuar

que poseen algunas minorías de seres humanos,

que han tenido la posibilidad de educarse

con pautas admitidas como superiores

y muy diferentes a las de otros seres comunes,

ya sea en el mundo o en una pequeña colectividad.

NIVELES CULTURALES.

Según la cantidad de ideas y conocimientos acumulados

y su posibilidad de actuar dentro del grupo humano

del que forma parte.

PERSONAS + CULTAS

PERSONAS - CULTAS

Una persona considerada como el hombre más culto de una población pequeña y marginal; talvez deje de serlo en un medio más amplio e integrado

Un hombre inculto de una población grande e integrada, talvez pase a ser considerado como persona culta en un medio marginal.

CULTURA

SÍNTESIS.

Es una creación del ser humano organizado colectivamente.

No es heredada por mecanismo genético.

La crea el hombre, pero a la vez depende de ella.

Es un comportamiento sujeto a las ideas, creencias y pautas de conducta del grupo en que el hombre se desarrolla.

Ningún niño escogerá el idioma que hablará para comunicarse, aprenderá aquel que predomine en su medio cultural

y por sobre todo el que usan sus familiares íntimos.

Las formas de comportarse frente a los demás,

los modales que deben observarse,

han echado mano de la palabra Cultura.

Ideas, gustos y modos de actuar de algunas minorías de seres humanos que han tenido la posibilidad de educarse con pautas admitidas como superiores y muy diferentes a la mayoría de los otros mortales.

En este sentido,

CULTURA es sinónimo de sectores minoritarios especialmente cultivados;

su carencia es la INCULTURA, propia de las grandes mayoría.

CULTURA

CONCEPCIÓN MODERNA.

Todas las manifestaciones humanos son productos culturales, desde las formas de organización social, hasta las más triviales expresiones comunes del

ser humano.

Hay que pensar en la cultura como una construcción social que no debe estar al margen de los sujetos y actores sociales que la construyen.

La cultura solo es posible en la medida que los seres humanos concretos la producen desde su propia vida diaria y como respuesta a una realidad que continuamente se transforma.

QUÉ ES LA CULTURA POPULAR?

No hay expresión cultural sin actores sociales.

Es el resultado de una apropiación desigual del capital cultural, con la elaboración propia de sus condiciones de vida y la interacción conflictiva con los sectores hegemónicos.

Néstor García Canclini.

Antropólogo

Es la “cultura de la resistencia” que se sirve de todos los medios a su alcance y que no se da el lujo de desperdiciar ningún vehículo ni oportunidad de expresión.

“El descubrimiento de América que todavía no fue.”

Eduardo Galeano.

La cultura popular es:

“el conjunto de valores y elementos de identidad que el pueblo preserva en un momento de su historia y los que éste sigue creando para dar respuestas actuales a sus nuevas necesidades;

es una cultura solidaria y compartida, y por lo mismo, más colectiva que individual.”

Por ser colectiva está sujeta a mayores riesgos frente a las tendencias privatizadoras y “globalizantes” ya que, “ella responde a las aspiraciones históricas de un pueblo - nación, en un momento determinado de su desarrollo histórico, y está íntimamente ligada al derecho de autonomía y libre expresión.”

PROBLEMÁTICA DE LA CULTURA POPULAR.

La problemática de la Cultura Popular

es inseparable de la Identidad Popular,

porque sin memoria histórica

ningún pueblo hallará su identidad.

“Cultura Popular”

no es un sinónimo de

“Cultura del Pueblo.”

La “Cultura del Pueblo” encierra lo que ese pueblo ha incorporado a su visión del mundo durante todo el proceso de dominación del que ha sido objeto, incluyendo la llamada “Cultura de Masas”.

La “Cultura de Masas” tiene ciertos elementos retardatarios y es toda aquella basura que la cultura dominante le impone para alienarlo

socio - culturalmente,

Ej: la música,

ciertos programas de televisión, algunas manifestaciones denominadas fiestas,

entre ellas “ el día de brujas”, etc. entre otros.

EL ARTE PRIMITIVO

Todo “arte primitivo” es un oficio de las manos, perfeccionado por la destreza.

Es muy necesario indicar que el artesano (el pintor y el escultor primitivo era más artesano que artista), también tenía un conjunto de reglas que cumplir en su oficio, las mismas, que indudablemente eran menos flexibles que aquellas que rigen el arte contemporáneo. La decoración de una vasija precolombina requería de destreza, pero los motivos dibujados o pintados obedecían igualmente a un conjunto de reglas determinadas por la estructura sociocultural para los ámbitos domésticos, social y religioso.

Se exige, entonces, abordar el arte precolombino del territorio del actual Ecuador justamente desde la perspectiva de la habilidad técnica en coordinación con las reglas establecidas por la sociedad. Aunque ello implica un punto de vista muy parcial de la vida de los pueblos precolombinos, tiene la virtud de resaltar la poderosa creatividad y el notable ingenio de los antiguos pobladores del territorio ecuatoriano, que, ciertamente, dieron muestras de que, el goce estético no es de ningún modo patrimonio de las grandes civilizaciones.

LA TALLA DE LA PIEDRA.

El territorio del actual Ecuador fue poblado hace unos 10.000 años por cazadores - recolectores quienes vivían en pequeños grupos, denominados bandas. Ellos traían consigo una riqueza cultural relativamente simple, con una tecnología orientada al trabajo de la piedra, la madera y el hueso. Por eso, el utillaje más notable, por haber resistido el paso de miles de años, consiste en varios instrumentos de piedra, principalmente de obsidiana, basalto y horstenso. En los asentamientos paleoindios de la Sierra, se han encontrado raspadores, raederas, buriles, perforadores, piezas estranguladas, cuchillos, escotaduras y puntas de proyectiles. La técnica utilizada para producirlos era la percusión con martillos de piedra sobre pedazos de materia prima, para la obtención de lascas o láminas que luego eran transformados en utensilios por medio del retoque en sus bordes.

Es muy probable que todos los miembros de una banda hayan fabricado alguna vez un artefacto. Sin embargo, dadas las características de la talla de la piedra, la misma que requiere de una dedicación constante (para no olvidarse del arte), es muy probable que unos pocos artesanos se convirtiesen, por su habilidad, en los proveedores de utensilios para la banda. Ciertamente, la mayoría de los artefactos paleoindios encontrados en el territorio del actual Ecuador eran de fácil elaboración si el artesano conocía la técnica para fracturar sus rocas preferidas. En realidad, sólo las puntas de proyectil, usadas para matar animales, requerían de un control técnico más riguroso, por tratarse de piezas delgadas y relativamente grandes, con un tamaño de 5 y 7 centímetros.

CULTURA LAS VEGAS.

Los cazadores - recolectores de esta cultura, ubicada en la costa, quienes ocuparon la región hace 7000 años AC., se caracterizaron por el uso de artefactos líticos de simple tecnología y poco estandarizados, a extremos que es difícil identificar utensilios destinados a un uso específico. Los recipientes se hacían de materiales perecederos, a juzgar por las huellas dejadas en el suelo de un ejemplar de mate hecho de la calabaza vinatera; se hallaron algunos objetos de hueso, que sirvieron tal vez como dardos, o posiblemente como elementos de anzuelos compuestos. La concha, en cambio, se utilizó con mayor frecuencia para fabricar cucharas, trompetas, adornos y recipientes.

Muchos de estos artefactos han sido encontrados en enterramientos, de donde también se han recuperado dientes de zorro y sahíno, así como conchas de varias especies junto a esqueletos, particularmente femeninos, alguna fusayola, elementos que sugieren la presencia de ofrendas funerarias, cuyo simbolismo aunque desconocido, no puede ser ignorado.

En efecto, la gran cantidad de enterramientos primarios y secundarios (cerca de doscientos individuos) demuestran que, en la cultura Las Vegas estaban bien establecidos los ritos funerarios, incluyendo la exhumación y posterior re-enterramiento.

EL ARTE DE LA CERÁMICA.

Hacia el IV milenio AC. Surgió la sociedad agrícola, cuyo desarrollo determina el período Formativo, que se prolongó hasta el año 500 AC. El largo proceso de domesticación de plantas comienza ha hacerse evidente en la cultura Las Vegas, donde se ha demostrado la presencia del maíz desde el año 5000 AC.

Con la cultura Valdivia se produjo una verdadera revolución social, caracterizada por el decaimiento de la caza, la practica de la horticultura estable (con todo aquello que ello implica en términos del cuidado de las huertas, organización del trabajo y ritos agrícolas), la sedentarización creciente de las poblaciones humanas y, por correlación, el establecimiento de las primeras aldeas.

LA CULTURA VALDIVIA: La aparición de la cerámica en el Ecuador.

Una de las invenciones tecnológicas que suele acompañar a la agricultura es la cerámica, artesanía por la cual, a menudo, se mide el desarrollo artístico de los pueblos precolombinos. La cerámica surgió en Nuevo Mundo y en el Ecuador justamente en el contexto de la cultura Valdivia, hace aproximadamente 5.500 años. Su origen es uno de los más grandes enigmas para la arqueología ecuatoriana. En efecto, está demostrado que, cuando la cerámica aparece en el registro arqueológico esta ya se encuentra en pleno desarrollo, sin que hasta la presente fecha haya sido posible ubicar un complejo más primitivo.

Desde los inicios de la cerámica valdiviana son tres sus tipos de vasijas claramente discernibles: una olla grande de cuello alto, otra globular con cuello corto pero bien marcado, y un cuenco hemisférico. Estas vasijas a menudo tienen engobe rojo e incisiones en el cuello. En las fases subsiguientes se desarrollan variaciones de estas categorías con nuevos elementos decorativos y la introducción de otras categorías de vasijas. Los cuencos se presentan más grandes, con incisiones grabadas y patas en las bases, o adquieren la formas de mates cortados por la mitad, con decoraciones incisas de rostros humanos que se tornan más complejos en las fases finales.

Un importante desarrollo artístico del Formativo es la tradición de las figurinas, que surgió en la cultura Valdivia y se difundió hasta Meso América y los Andes centrales. Como su nombre lo indica, son pequeñas figuras humanas modeladas en arcilla. En el caso de Valdivia, esta tradición ponía énfasis sobre todo, en la representación de la mujer; las primeras fueron hechas en pequeñas placas de piedra, con la figura humana dibujada o ligeramente esculpida.

Posteriormente, la piedra se sustituyó por la arcilla, cuya plasticidad permite una mejor representación de los atributos corporales.

En las más antiguas, el cuerpo humano aparece relativamente bien esbozado, y a menudo el sexo no puede ser identificado, a no ser aquellos casos en los que una definición más clara de los pechos sugiera que se trata de una mujer. Aún así, algunas figuras tempranas llevan también un abultamiento en la región púbica.

Es importante la sugerencia de la presencia de ambos sexos en una misma figura, en tanto que el hecho se constituye en símbolo de la fertilidad, lo cual le otorgaría a estas piezas un cierto carácter ritual. En las fases más tardías estas figuras adquieren mayor volumen y mejor delimitación de los caracteres sexuales secundarios, particularmente de los senos, los mismos que se vuelven voluminosos. Digno de notarse es el tratamiento elaborado del tocado de la cabeza.

MACHALILLA: la continuación.

La cerámica de Machalilla, que continuó a la de Valdivia, siguió con las formas básicas valdivianas, agregando como decoración un ahumado o bruñido negro con líneas grabadas después de la cocción de las vasijas. Las figurinas machalillas, al igual que las valdivianas, son sólidas, aunque más grandes y curiosamente de sexo masculino; su aspecto general es mas bien tosco y estilizado, con narices prominentes y ojos en granos de café. Frecuentemente con filas de perforaciones a lo largo de la cabeza o de las orejas, que acaso alojaban plumas de adorno.

CHORRERA: el perfeccionamiento.

La cerámica de la cultura Chorrera, de finales del Formativo, trajo innovaciones formales y decorativas tales como el uso de engobe blanco leonado o rojo, la pintura negativa a base de ahumado negro y la pintura iridiscente. La cerámica doméstica continuó con las formas de la machalilla; en tanto que las de uso social, religioso y funerario alcanzó grandes niveles de variación y sofisticación plástica y decorativa.

Su perfeccionamiento lo podemos apreciar en la botella silbato con pico y asa; se trata de vasijas finamente acabadas con tricromía, bruñido rojo, ahumado e incisiones, con representaciones fitomorfas y zoomorfas, y con un largo pico acompañado de dos silbatos. El efecto acústico es impresionante: mientras se vierte el liquido de la botella suenan los silbatos con tonos debidamente controlados.

Las figurinas son sólidas y huecas, con caras simétricas y que lucen un tocado a modo de casco, frecuentemente decorado; las figuras van generalmente desnudas, aunque a veces se observa pintura corporal que sugiere el uso de vestuario.

LA DIVERSIFICACIÓN DEL ARTE.

El periodo del Desarrollo Regional ( 500 aC. - 500 dC. ) se caracteriza por el surgimiento de numerosas culturas locales que se desarrollan en relativo aislamiento, como Jama-Coaque, Guangala, Chone, Bahía, La Tolita, etc.

Por lo tanto no debe sorprendernos que las manifestaciones culturales sean muy diversas y que la tecnología esté adaptada a los recursos locales.

La cerámica adquirió nuevas formas, las técnicas decorativas se incrementaron y apareció una gama de objetos pequeños, principalmente adornos personales. La presencia de figurinas hechas en molde, con representaciones de seres humanos en varias esferas de la vida diaria, sugiere, por un lado, la existencia de especialistas, y, por otro, la demanda creciente de estos objetos.

Aparece la metalurgia y el trabajo de piedras semipreciosas, y se generaliza el comercio a larga distancia, demostrado por el intercambio de obsidiana y de la concha Spondylus. La estratificación social se manifiesta arqueológicamente en el uso diferenciado del espacio (con la ocupación de montículos por gente de alto rango, y de los terrenos aledaños por los individuos del “estado llano” ), en la aparición de grupos ocupacionales o artesanales y en la vestimenta que se observa en las figurinas.

JAMA-COAQUE: nuevas tradiciones.

En la costa central, la cultura de Jama- Coaque inicia una tradición de vasos compuestos y recipientes polípodos de tres, cuatro y hasta cinco pies, a veces con piedrecillas en su interior que producen un sonido muy similar al sonajero.

Las figurillas están elaboradas en moldes, sobre todo su cara anterior, y llevan narigueras, orejeras y bezotes, lujosos vestidos ceremoniales y en algunos casos hasta armaduras.

La principal característica de esta cultura es la representación de los ojos en forma de < D >, u “GRANOS DE CAFÉ”.

En las figurillas de la cultura Chone, el tocado de la cabeza es ancho y rodea completamente la cabeza; la vestimenta es un traje de mangas largas que deja solamente los brazos y los pies al descubierto; hay quienes sugieren que ese traje estaba hechos de plumas. A las mujeres se las representa desnudas o con una falda corta, generalmente en posición parada o de rodillas. Algunas figurinas combinan rasgos humanos y animales.

La cultura Bahía, tuvo un incipiente desarrollo urbano en torno a montículos artificiales. Su producción cerámica es de gran exhuberancia: comprende sellos, silbatos, placas rectangulares, orejeras, vasijas con pintura roja sobre otra de color café, apoya nucas y modelos de casas, en los que algunos especialistas han tratado de ver influencia asiática.

Las figurillas son grandes, ricas en ornamentos y en vestidos; muchas de ellas reflejan claramente el status social de los personajes representados: cazadores, artesanos con sus productos, guerreros, consumidores de coca, etc.

En las costas del sur de Manabí floreció la cultura Guangala. Su cerámica tiene antecedentes en la Chorrera; de color leonado, negro o rojo, las vasijas están decoradas con pintura policroma, bruñido, pintura en bandas paralelas hechas con los dedos y a veces hasta pintura iridiscente.

Las figurillas muestran amplia gama formal, que va desde el realismo hasta la estilización; el tipo más común es una representación humana sin sexo, desnuda, a excepción de un ancho collar que se extiende hasta los hombros y con un silbato ubicado en la región púbica. Entre los objetos se encuentran sellos, fusayolas, silbatos en forma de pájaro, agujas de cobre, flautas de hueso y asientos de arcilla.

FLORECIMIENTO DE LA CERÁMICA Y LA METALURGIA.

La cultura La Tolita, participa de muchos de los rasgos característicos de la cultura de Jama-Coaque. El sitio epónimo ha sido considerado como un centro ceremonial constituido por numerosos montículos, de los cuales la mayoría ya han desaparecido.

La cerámica consta de botellas de dos picos, cántaros y vasos con trípodes bulbosos, compoteras pintadas de blanco y rojo sobre leonado, a veces combinados con pintura negativa.

Las figurinas están completamente erosionadas en la superficie, pero no se descarta que hayan sido pintadas de diversos colores; su tamaño es variable, encontrándose desde figurinas pequeñas hasta grandes, las mismas que constituyen verdaderas esculturas de cerámicas. Hay representaciones de animales mitológicos, felinos con legua larga colgante, y animales comunes, sacerdotes, hombres y mujeres en actividades cotidianas, figuras con máscaras, enfermos y ancianos.

La cultura de La Tolita también es conocida por la impresionante cantidad de objetos de metal que ha producido, particularmente de oro y platino: anillos, narigueras, máscaras, agujas, tachuelas, cuentas y anzuelos. El trabajo de piedras semipreciosas como la esmeralda, la turquesa o el ágata es de muy buena calidad, tanto en objetos aislados como en monturas de joyas.

LA MASIFICACION DEL ARTE.

El Desarrollo Cultural logró su máxima expresión en el período de Integración, esto fue entre el 500 y 1500 d.C., con el surgimiento de extensos cacicazgos, como los de Manta, Milagro-Quevedo y Caranqui. Por todo sitio se levantaron montículos con fines religiosos o habitacionales y se construyeron obras de infraestructura agrícolas, tales como los camellones, pozos, albarradas y terrazas.

Los poblados se multiplicaron y adquirieron la fisonomía de verdaderos centros urbanos, como la muy antigua < ciudad de Jocay> , que yace bajo las casas de la moderna ciudad de Manta. En la sierra el fenómeno urbano tuvo menor envergadura, mas en el norte del país se han encontrado importantes centros como Cochasquí, Zuleta, etc.

Este periodo marca un importante momento de expansión demográfica del Ecuador aborigen; en consecuencia, la tecnología se diversificó más y se especializó para responder al cúmulo de necesidades, inexistentes en épocas anteriores.

La Alfarería, por ejemplo, debía satisfacer la masiva demanda de vasijas y otros enseres, lo que se resolvía sacrificando la calidad artística y reduciendo la producción de objetos menores, los mismos que pasaron a manufacturarse en metal.

En efecto, la metalurgia alcanzó su apogeo tecnológico al resolver problemas relativos al manejo de ciertos metales como el cobre y la plata. Al mismo tiempo, la necesidad de mantener e incrementar los intercambios a larga distancia indujo a algunos señoríos, especialmente al manteño, a mantener <flota de embarcaciones>, y asegurar así la distribución de productos a lo largo de las costas del Pacífico.

LA CULTURA MANTEÑA.

PROSPERIDAD MATERIAL Y DESARROLLO ARTÍSTICO.

La cultura más conocida de este período, no sólo por sus vestigios arqueológicos, sino también por la información escrita dejada por los Cronistas; ellos controlaron sus recursos hídricos construyendo pozos y reservorios y las terrazas con fines agrícolas y habitacionales de las colinas costeras.

La producción de objetos ceremoniales de piedra, se generalizó a gran escala. Columnas, estelas y sillas de piedra en forma de “U” con relieves de figuras humanas, pájaros o animales, demuestran lo que rodeaba a las ceremonias religiosas y civiles de los manteños.

EL ARTE, TESTIMONIO DEL PASADO.

Por razones de preservación desigual de los vestigios arqueológicos, las manifestaciones artísticas precolombinos del actual Ecuador se comprueban solamente en el trabajo de la piedra, la cerámica y la metalurgia.

Los cazadores-recolectores crearon una variada industria lítica, la misma que incluye no menos de cincuenta diferentes tipos de utensilios, algunos finamente tallados, como las puntas de proyectil de obsidiana; lamentablemente, nada sabemos acerca del arte en madera o hueso, el mismo que no ha sobrevivido al paso del tiempo.

Con el surgimiento de la sociedad agrícola se generalizó el uso de nuevas materias primas, pero la piedra continuó siendo utilizada en la fabricación de hachas (ahora finamente pulidas), morteros, metates, figurinas y otros artefactos, para finalizar, seguidamente, en el arte de las estelas y las sillas elaboradas por la cultura Manteña.

La cerámica precolombina alcanzó importantes logros, como la pintura iridiscente y las botellas silbato de la Costa. La metalurgia precolombina aún causa asombro, primeramente por haber resuelto el problema técnico relativo al manejo de metales como el oro, la plata, el cobre y el platino y luego por la gran variedad de joyas y adornos.

Pero el arte precolombino creó una gran riqueza de formas y decoraciones, que no solamente hablan de su fino sentido estético, sino también de su compleja organización social.

EPOCA PREHISPÁNICA.

LAS TRADICIONES ORALES.

Según parece desprenderse de las antiguas tradiciones orales, durante la etapa prehispánica floreció en el territorio del actual Ecuador una poesía indígena de la mano los amautas y aravicos, que entonaban versos al compás del yaraví. Esta expresión poético-musical de la sensibilidad aborigen tuvo decisiva importancia en las celebraciones agrícolas solares (Yamor, Solsticio de verano, etc.) y en otros rituales vinculados a creencias míticas. Sin embargo, no se han conservado testimonios escritos de estas manifestaciones por razón del carácter eminentemente oral e las culturas autóctonas; tampoco se ha encontrado evidencia de las mismas en las noticias de los Cronistas hispanos de la época.

Ya en el siglo XVIII, en la obra histórica del Padre Juan de Velasco se registran varias ideas acerca de la vida cultural de lo que él dio en llamar << Reino de Quito >>, anexado al imperio inca tras duras luchas.

Los indígenas celebraban numerosas fiestas cargadas de intenso espíritu ritual, que incluían la música, los bailes, las gesticulaciones y el canto. Estas celebraciones guardaban relación con el Sol y la Luna, el maíz, los difuntos, las hazañas y proezas de los antepasados de las comunidades.

En la medida en que se desconocen las pautas para dar a esta rica producción simbólica una denominación estética autóctona, se la ha considerado, desde moldes occidentales, como lírica coral, épica funeraria y teatro.

“EL ATAHUALLPA HUAÑUY”

“ELEGIA POR LA MUERTE DE ATAHUALPA”

Hasta ahora se ha establecido que la obra más importante de la tradición quichua, dentro de lo que llamaremos el género lírico, es el Atahualpa huañui (Rucu cuscungu), o <<Elegía a la muerte de Atahualpa>>, del que se cree autor a un cacique de Alangasí, de nombre Luis Cordero.

El poema -que describe el cambio de vida al que se enfrentan los nativos tras el establecimiento del dominio español y lamenta la presencia de los conquistadores, que ha roto el orden de la sociedad aborigen hasta el punto de eliminar al último soberano Inca- establece elementos de la visión del mundo andino que han desempeñado hasta el presente un decisivo papel en la cultura ecuatoriana.

La simbología del texto se sustenta en importantes pilares de esta cosmovisión indígena, razón por la cual el poema puede ser considerado como una de las expresiones artísticas en las que se fundamenta una sensibilidad que ha llegado a convertirse en motivo recurrente de la literatura del país.

No se ha determinado, a ciencia cierta, si este canto fue creado por un indígena bilingüe que conocía la métrica hispana o por un mestizo que conocía el quichua. La estudiosa Regina Harrison ha revelado recientemente que, por el uso de cierta terminología quichua, la voz que declama los versos, de este lamento, pertenecen a una mujer. Por el carácter del idioma utilizado, la pieza inaugural de la poesía oral ecuatoriana y su posible fecha de composición podrían situarse en el siglo XVIII, según lo refiere el investigador John Schechter, quien ha encontrado que estos versos se cantan aún en los funerales de las comunas quichuas en las faldas del monte Cotacachi.

En cuanto a lo que se podría denominar teatro, se sabe de ciertas expresiones de supervivencia cultural aborigen, las mismas que se manifestaban en forma de juegos y pantomimas.

En algunas importantes relaciones históricas se asegura que Jacinto Collahuazo, un cacique con educación formal, escribió en el siglo XVIII, en quichua, una narración en verso acerca de la guerra entre Atahualpa y su hermano Huáscar; así como también que el Corregidor de Ibarra quemó el manuscrito. Collahuazo fue encerrado en la cárcel, porque según los jueces que intervinieron en su contra, él se entrometía en cosas que no convenían a un indígena; posteriormente los rehace y se publican en el siglo XVIII.




El Atahualpa huañui:

La elegía por un mundo perdido.

El viejo búho /

en el huabo alto /

un llanto de la muerte lloraba, sí /

una palomita tierna también /

arriba, en otro árbol /

triste, triste /

lloraba, sí.

Como nube, nube /

los viracochas /

se dice, con el oro /

se llenaron, sí.

Al líder Inca /

lo agarraron, /

mientras le extendía, /

lo mataron, sí.

Con coraje de puma /

con la fuerza del zorro /

como con una lluvia /

le terminaron la vida /

mientras el granizo caía /

brillaba el rayo /

el sol se ponía /

oscurecía, sí.

Los sabios amautas /

tenían miedo /

los hombres aún vivos /

se enterraron.

¿ En qué manera /

no lamentará /

que mi pueblo /

del otro parece?

Entre hermanos/

nos reunimos /

en el llanto de la sangre /

lloramos.

Líder inca /

en el sitio de arriba /

mi tristeza /

vea nomás.

No obstante estos pesares /

¿cómo es que no me muero? /

Con el corazón decaído /

vivo, nomás!

LA CULTURA EN LOS INICIOS DE LA COLONIA.

Debido a que las expresiones indígenas fueron reprimidas de modo sistemático, la cultura que floreció en las colonias americanas fue de clara matriz hispánica, y estuvo muy estrechamente ligada con las órdenes religiosas, lasa mismas que asumieron el papel de transmisoras del conocimiento, de las bellas artes y del pensamiento en general.

Ya en la época colonial, y a lo largo del siglo XVI, se inició un período de fundaciones y asentamientos urbanos, puesto que la preocupación central <<cultural>> en esos momentos era el ordenamiento de las ciudades, en la consideración que la conformación de la ciudad evidenciaba la forma de un orden social. En este ambiente florecieron escritos que versaban fundamentalmente sobre guerras y hazañas de conquista. Entre ellas aparecieron el Cid, Don Quijote, Juan Tenorio, las mismas que encarnan el alma de su raza.

Algunos españoles realizaron un intenso trabajo en el ámbito de las letras, a través de variados registros de escrituras: relaciones y memorias de viajes, crónicas de descubrimientos y hazañas, oratoria sagrada, pastorales y epístolas.

Tras la creación de la Real Audiencia de Quito, en 1563, la producción poética siguió los cauces de la lírica cortesana y de circunstancia, por otra parte, se conoce que hubo una lírica popular y otra devota, lo cual nos permite suponer la existencia de hábiles poetas en esta época.

En la poesía ecuatoriana de la colonia, es por demás clara la influencia del gongorismo; se vive bajo la política española; su religión ha venido a ocupar los “lararios indígenas”: por lo tanto, es explicable que su literatura se posesione del espíritu de América.

CULTURA UNIVERSITARIA.

A partir de 1594, con la fundación del Colegio Seminario de San Luis, confiado a los Jesuitas, Quito pasó a convertirse en una <<ciudad universitaria>>; en 1606 se fundó la universidad de San Fulgencio; en 1621, la de San Gregorio de Quito, y, en 1688, la de Santo Tomás; en ella se enseñaba latinidad, teología moral, teología escolástica, filosofía, etc. Este fervor por las ciencias y las artes contribuyó para darle a la ciudad un muy buen ambiente intelectual, aunque es preciso subrayar que el acceso estaba vedado a los indígenas, los mulatos o los mestizos, prohibición que produjo una clara diferenciación entre una cultura intelectual e ilustrada -determinada por las verdades religiosas- y otra manual, práctica y humanista.

En el siglo XVII se consolidó de géneros que afirmaban principalmente el carácter utilitario y no poético, de las letras del período: prosa documental (relaciones, actas del cabildo), historia y crónica, prosa social (memoriales, cartas a la Corte), prosa filosófica y teológica (casi toda en latín), prosa hagiográfica y prosa de espiritualidad; a la vez, prosperaron la oratoria, la lírica y el teatro.

Es muy noble resaltar, el frecuente uso político que se hacía del mensaje artístico, y el hecho de que tanto la escritura como la lectura eran, un privilegio del grupo letrado, del que formaban parte los miembros de la jerarquía eclesiástica, abogados, escribanos y burócratas de la administración.

En la fase temprana de la Colonia destacó Fray Gaspar de Villarroel, autor de una gran cantidad de obras en prosa, de diverso carácter, que, entre otros temas, trató acerca de las relaciones del Estado y la Iglesia. Abordó tópicos eclesiásticos y morales; también escribió sermones matizados de anécdotas, compuso piezas de oratoria sagrada y produjo literatura de tipo testimonial.

“La escuela permanece entre las sombras. La enseñanza es muy rudimentaria, ella se reduce simplemente a leer, escribir, contar y aprender la doctrina cristiana. La cultura se refugió en los conventos. Al pueblo apenas le llegan pálidos resplandores; en un ambiente así, de opresión, de tinieblas, imposible que florezca la poesía... El Ecuador del siglo XVI fue de silencio y lágrimas.”

HACIA UNA NUEVA IDENTIDAD.

Con el paso del tiempo el contexto político y cultural de la Colonia impuso una cosmovisión específica y generó un debate en torno al complejo tema del criollismo americano. Este hecho trajo consigo el desarrollo de una nueva fase de la conciencia intelectual americana, la misma que empató con la influencia de la obra de Luis de Góngora y del culteranismo.

Fue en esta etapa que se publicó en Madrid, el Ramillete de varias flores poéticas (1675), donde se recogen poemas de carácter culterano del clérigo Jacinto de Evia y del jesuita Antonio Bastidas (1615 - 1681). En realidad, se trata de una antología que contiene además, poemas del granadino Hernando Domínguez Camargo.

Lo más original de este volumen es, sin lugar a dudas, la producción de Bastidas, quien reconoce la fugacidad de la vida en medio de un tono funerario de reminiscencias gongorinas. Evia, por su parte, se deja influir por Calderón de la Barca e introduce en su obra elementos tomados del ingenio rápido de lo popular, del humorismo e incluso del erotismo.

Lo más trascendente de toda esta producción radica en atestiguar que, en el ambiente de la Real Audiencia ya se sentía cierta voluntad y vocación de <<ser americano>> , en la que el mestizaje racial demandaba la búsqueda de nuevos y distintos destinos en estas tierras.

LECTURA:

Modales de mesa en la región interandina.

MANUEL ESPINOSA APOLO*

Se denominan maneras de mesa a los diversos comportamientos que observan las personas a la hora de servirse los alimentos. En la región interandina muchos de estos hábitos presentes en los campesinos y los sectores populares urbanos tienen un origen autóctono, es decir, son de carácter prehispánico. Pues intelectuales como el Inca Garcilaso y letrados españoles como Lope de Atienza, a finales del siglo XVI, así lo destacaron.

Estos escritores llamaron la atención acerca de dos comportamientos, sumamente generalizados y vigentes hasta la actualidad en los andes ecuatorianos. El primero tiene que ver con el orden o la sucesión de alimentos sólidos y líquidos en la mesa y el segundo con la persona encargada de repartir los mismos.

En el mundo andino, desde la época de los incas, siempre se acostumbró a servir las bebidas luego que habían sido consumidos los llamados "platos fuertes". Al respecto, Gracilaso de la Vega en sus Comentarios Reales, refiriéndose a los incas escribe: "en las comidas ordinarias, les traían de beber después que habían comido (que mientras comían nunca bebían)". Lope de Atienza refiriéndose a los indios de la Audiencia de Quito, señala: "No beben hasta haber acabado de comer de propósito.” Costumbre totalmente diferente a la observada por las sociedades europeas, en las cuales se suele tomar agua o vino al mismo tiempo que se ingieren los alimentos sólidos.

La segunda manera de mesa, destacada por el clérigo Lope de Atienza, es la costumbre de la repartición de los alimentos por parte de la mujer en la mesa. Hábito consecuente con el rol que asume la mujer en la institución familiar andina: ser responsable de la nutrición y de la administración alimenticia. El clérigo español, a finales del siglo XVI, anota: "Las mujeres que allí administran (los alimentos), se sientan detrás, y de mano en mano lo reciben los varones", idénticamente como sucede en actualidad.

Un tercer hábito en la manera de consumir los alimentos, presente sobre todo en las sociedades indígenas quichuas del centro-norte de la Sierra, es la supresión de platos individuales en las fiestas o banquetes de las reuniones comunales. En estas ocasiones se forma un solo y descomunal plato que se tiende en el mantel de una mesa alargada. Allí se pueden encontrar todas las golosinas andinas: papas, mote, tostado, canguil, cuy, gallina, ocas, mashuas, etcétera. Los convidados circulan en torno a la mesa cogiendo lo que más les apetece, directamente con las manos, es decir, prescindiendo de cucharas o tenedores.

Esta tradición se llama tandanacushpa al norte de Quito, palabra de origen quichua que significa reuniéndose. En el centro de la Sierra se denomina mizay palabra derivada del español "mesa". La formación de este gran plato sólo es posible gracias a las contribuciones individuales, llamadas "jochas" que entregan los participantes o comensales. Dicho en otras palabras se trata de un plato preparado y consumido colectivamente o en minga.

  • Historiador cultural.

Investigador de la cultura popular andina.

La disolución del sistema colonial y la Independencia.

El último período de dominación colonial española en la Audiencia de Quito (segunda mitad del siglo XVII) se caracterizó por una serie de cambios en la economía, la política y la sociedad que se manifestaron con características particulares en las diferentes regiones del espacio colonial. Así, en el centro-norte de la Audiencia se produjo una profunda crisis económica asociada a la decadencia del sector manufacturero textil, producción que estaba relacionada con la explotación de las minas de Potosí, en el Alto Perú.

La economía de la Sierra sur gozaba de una cierta estabilidad conseguida gracias a la extracción y exportación de la cascarilla, a la producción de diversos tejidos de menor calidad (bayetas, tocuyos), a precios más competitivos (se realizaban en unidades de menor capacidad que los obrajes de la Sierra norte), a su comercio con Guayaquil, el Perú, Chile y Panamá, y a la producción agrícola y ganadera, cuyo mercado se centraba en la ciudad de Cuenca y la Costa.

El Litoral, como consecuencia de la bonanza cacaotera iniciada en 1765, entró en una etapa de crecimiento económico y expansión demográfica que permitió su inserción en el mercado mundial. Este proceso fue posible gracias a varios factores, como la legalización de la venta del cacao en Nueva España y la reducción de los derechos aduaneros. Otro factor de crecimiento económico lo constituía la industria de astilleros, importante hasta 1840.

Estas características regionales incidieron, a inicios del siglo XIX, en la diferenciación de las posiciones políticas adoptadas por los sectores dominantes de cada región respecto de la independencia de España. Además de los cambios habidos en las relaciones del mercado de la Colonia, otro factor propició el derrumbe del sistema colonial: la agresiva política española encaminada a recuperar un espacio perdido, a través de la aplicación de un amplio conjunto de reformas fiscales y administrativas, conocidas como Reformas Borbónicas.

Como resultado de este proceso, el poder de la Corona y de los funcionarios de la Audiencia se debilitó en beneficio de una participación más directa de los criollos en el poder. Por otra parte, la aplicación de las medidas económicas promovidas por la Corona dio lugar a múltiples manifestaciones de descontento de la población, y desencadenó una serie de levantamientos indígenas y de criollos y mestizos, estos últimos en las ciudades.

A estos factores de cambio se unieron la intensa vida cultural e intelectual de la época -de la que es emblemática la figura de Eugenio Espejo- y el surgimiento de una «conciencia criolla» que reivindicaba lo americano.

El derrocamiento del sistema colonial.

La desarticulación del sistema dominante durante la Colonia implicó una ruptura de las relaciones comerciales. La crisis económica afectó a la región mas integrada al mercado colonial, es decir, el centro-norte. A pesar de que se trataba de una crisis regional, el deterioro del centro político y administrativo afectó al sistema colonial en su conjunto. La segunda mitad del siglo XVIII fue descrita por cronistas y viajeros como una época de decadencia social, de gran pobreza, de miseria e, incluso, de una depresión económica jamás vistas con anterioridad en esta región.

Fueron muchos factores los que determinaron el proceso de decadencia del sistema colonial. El ocaso de la producción de plata en Potosí fue uno de los más importantes. Este centro minero constituía el principal mercado para los textiles producidos en Quito, razón por la cual su decadencia incidió directamente en la economía de la región. A pesar del comercio mantenido con Nueva Granada, la elaboración de productos textiles se redujo considerablemente.

Esta producción se vio también afectada por la introducción de efectos europeos, propiciada por la liberación del comercio con las colonias españolas, establecida por la Corona.

En el ámbito político, las reformas introducidas limitaron el poder de las elites criollas agrupadas en instancias de poder como el Ayuntamiento, en conflicto con las autoridades coloniales.

A este hecho se sumaron una serie de catástrofes naturales (terremotos, cambios bruscos de estaciones) y epidemias, además de la disminución de la población indígena a causa de la migración hacia la Costa y el abandono de sus comunidades de origen. Este proceso migratorio, conocido como «forasterismo», tenía por finalidad evadir el pago del tributo y la sobreexplotación por la carga excesiva de trabajos y contribuciones.

La crisis del sistema colonial no fue un fenómeno aislado. En vísperas de la Independencia, España se encontraba en una situación de decadencia económica y política: las arcas reales estaban vacías; el comercio con las colonias había disminuido; el proceso de industrialización se había debilitado por la competencia de los productos de Francia, Inglaterra, Italia y Holanda, lo que dio lugar al cierre de numerosas fábricas textiles.

España se había convertido en un espacio de mediación comercial entre los países industrializados de Europa y las colonias americanas y, además, se enfrentaba a la ocupación de su territorio por las tropas de Napoleón Bonaparte y a la usurpación del poder por su hermano José (1808-1813).

La exigencia de ingresos económicos para la Corona hizo que la escasa moneda que circulaba en el espacio quiteño fuese enviada a la metrópoli para solventar sus necesidades y financiar a los jesuitas que habían sido expulsados de la Audiencia de Quito en 1767.

En esta situación, la Audiencia vivía un momento propicio para plantear la autonomía y la independencia de la metrópoli, procesos que fueron iniciados por los criollos de la región centro-norte.

La Emancipación Americana.

El proceso de Independencia se llevó a cabo entre la última década del siglo XVIII y las dos primeras del XIX. En ese período se sucedieron tres momentos, que se diferencian entre sí por los planteamientos políticos así como por las propuestas, las acciones y los objetivos.

  • La Rebelión de los Estancos y las sublevaciones indígenas.

  • El primer momento de la Independencia lo marca La Rebelión de los Estancos o Levantamiento de los Barrios de Quito (7 de mayo-28 de junio de 1765), que se inició a raíz de la aplicación de medidas de control por parte del régimen colonial a la venta de alcohol y tabaco, que se realizaba mediante el sistema de «asentamiento» y era administrada por el Cabildo civil. Con este movimiento, la aristocracia criolla trataba de defender sus intereses y participar del poder político.

    Las elites criollas -obreros latifundistas, y comerciantes- se habían fortalecido económicamente y, a raíz de esta rebelión, lograron concesiones que les permitieron obtener una cuota importante de poder político, lo que incidió en el resquebrajamiento del poder colonial.

    Por otra parte, las sublevaciones indígenas, numerosas a finales del siglo XVIII, se convirtieron también en un factor que, por momentos, hizo tambalear el régimen colonial. Estos sectores se rebelaron ante las modificaciones y excesos que permitían las reformas: la realización de censos o numeraciones, los cambios en el sistema de tributación y del cobro de diezmos, los malos tratos y abusos, etc.

  • El movimiento autonomista y la fidelidad al rey de España.

  • El segundo momento, que va de diciembre de 1808 a noviembre de 1812, tiene una relación estrecha con los acontecimientos políticos de España en ese período; la abdicación de Carlos IV, la matanza de mayo y la abdicación de Fernando VII, la formación de una Junta de Gobierno y de juntas provinciales, la usurpación del trono por parte de Bonaparte y la lucha contra los franceses.

    Las noticias de estos sucesos llegaron a Quito en diciembre de 1808. El día 25 de ese mes se reunieron algunos miembros de la aristocracia criolla -Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre; José Luis Riofrío, cura de Píntag; el capitán Juan de Salinas, y los abogados Juan de Dios Morales y Manuel Rodríguez de Quiroga- para analizar la situación y las posibles consecuencias que estos sucesos podían tener para las colonias; una de ellas era el riesgo de caer bajo la dominación de Bonaparte.

    Esta reunión es conocida como la Conspiración de Navidad. Los conspiradores fueron tomados presos por el presidente de la Audiencia, Manuel de Urriez -conde Ruiz de Castilla-, pero quedaron en libertad, tras lo cual se organizaron nuevamente y se reunieron, el 10 de agosto de 1809, en la casa de Manuela Cañizares, donde decidieron deponer a las autoridades españolas y formar una Junta Suprema, al mando de Montúfar.

    La junta quedó conformada por miembros de la aristocracia en calidad de representantes de los barrios de Quito; Ruiz de Castilla y otros funcionarios coloniales fueron arrestados.

    El 16 de agosto se reunió el Cabildo Abierto en la Sala Capitular del convento de San Agustín de Quito y se ratificó lo actuado: se juró fidelidad a Fernando VII y a la religión católica, apostólica y romana, se determinó la adhesión a la Junta Central y se desconoció a Bonaparte o a cualquier otro intruso.

    El movimiento encontró muchas dificultades extenderse a otros espacios de la Audiencia. En Cuenca se contó apenas con el respaldo de un pequeño número de adeptos, cuyas acciones fueron m reprimidas por el gobernador Melchor Aymerích y por el Obispo Andrés Quintián y Ponte. El 12 de octubre, Montúfar renunció a la presidencia de la junta en favor de un criollo realista, Juan José Guerrero y Matheu, conde de Selva Florida.

    El 24 de octubre, Ruiz de Castilla asumió nuevamente la presidencia y transformó a la junta en provincial y subordinada a la central de España. La Junta fue disuelta en diciembre y los comprometidos fueron apresados. Ruiz de Castilla asumió nuevamente el poder, con ayuda de las tropas del virrey del Perú, José Fernando Abascal y Souza, que permanecieron en Quito, cometiendo toda clase de atropellos y abusos hasta el 2 de agosto de 1810, fecha en que la población atacó los cuarteles para liberar a los presos y la violencia se propagó por tuda la ciudad. Los gestores del movimiento fueron asesinados.

    El día 4 se reunió la Asamblea del Real Acuerdo, conformada por los miembros de la Audiencia, delegados de la Iglesia, el Cabildo civil y demás instituciones, y se acordó la creación de una Junta Superior de Gobierno, subordinada al Consejo de Regencia de España, que empezó a funcionar el 22 de septiembre de 1810. Ruiz de Castilla continuó como presidente de la Junta, reconocida por el Consejo de Regencia y rechazada por el virrey y los gobernadores.

    Por fin, en diciembre de 1811 se reunió el Consejo Constituyente, o Soberano congreso de Quito con representantes del Cabildo, la Iglesia, la nobleza, los barrios y las poblaciones de Ibarra, Otavalo, Latacunga, Ambato, Riobamba y Alausí.

    El 11 de ese mes se proclamó la Independencia, y el 15 de "Febrero de 1812 se promulgó la Constitución, llamada Artículos del Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre las Provincias que forman el Estado de Quito.

    El movimiento autonomista manifestaba dos tendencias, rivales y opuestas entre sí. Una moderada, de corte monárquico, fiel al rey y aglutinada alrededor de Montúfar, que planteaba una mayor autonomía de acción y de decisión, a través de la inclusión de un incipiente liberalismo dentro del modelo monárquico y de autonomía de las regiones. La otra, radical y liderada por Jacinto Sánchez de Orellana -marqués de Villa Orellana-, planteaba la independencia de España y la adopción del sistema republicano. Ante la falta de fuerza y la escasa viabilidad de ambas propuestas, el día 8 de noviembre de 1812 las tropas realistas restablecieron de nuevo la autoridad de la Corona.

  • El movimiento independentista.

  • Entre finales de 1812 y 1820 se vivieron años de relativa calma, en los que se sucedieron tres presidentes de la Audiencia y se acumularon razones para buscar la emancipación de España y madurar el proyecto, hecho que constituye el tercer momento de la Independencia. En 1813, en España, Fernando VII recupero el trono y empezó una etapa de absolutismo, en la que se desconoció la Constitución liberal de Cádiz, aprobada en 1812.

    Mientras tanto, las ideas independentistas lograron extenderse al resto de regiones de la Audiencia de Quito, dando como resultado varios intentos de conspiración; éstos fueron reprimidos y sus líderes apresados y enviados al exilio. En la segunda década del siglo XIX la situación cambió tanto para Guayaquil como para Cuenca, cuyas elites, antes opuestas a las ideas de independencia, se plegaron a la causa.

    En el caso del puerto principal, las razones para esta transformación radicaban en el cambio de política de España respecto de las exportaciones; el cacao volvió a ser afectado con nuevos impuestos y sometido al control del Consulado de Lima. En su interés por reforzar las alianzas en América, la metrópoli emprendió una campaña de acercamiento a la aristocracia limeña a través de una serie de prebendas económicas.

    A esto se sumaron los fenómenos naturales, sequías e inundaciones que terminaron con el auge cacaotero. Con la Independencia se buscaba la solución a estos problemas y la recuperación del libre comercio.

    En el caso de Cuenca, la situación económica cambió como consecuencia de la disminución de la exportación de textiles, así como por la pérdida de mercados de la cascarilla a causa de las guerras napoleónicas en Europa; a partir de entonces empezó un período de contracción económica, propicio para una salida independentista.

    El proceso de Independencia se inició con la proclamación libertaria en Esmeraldas el 5 de agosto de 1820, y luego en Guayaquil, el 9 de octubre del mismo año. El movimiento contó con la participación de oficiales, hacendados y comerciantes; entre ellos estaban José de Villamil, Luis Fernando de Vivero, José Joaquín Olmedo, Jacinto Bejarano, Francisco Antonio Elizalde, Lorenzo de Garaicoa y Francisco de Paula Lavayén, que estuvieron respaldados por tres militares venezolanos: León de Febres Cordero, Luis Urdaneta y Miguel Letamendi.

    Olmedo se convirtió en una figura política importante y recibió el mando de la nueva provincia de Guayaquil, al tiempo que se formó una Junta Gubernativa integrada por Gregorio Escobedo, Vicente Espantoso y Rafael Jimena. Cuenca proclamó su independencia el 3 de noviembre y se nombró a José María Vásquez de Noboa como jefe civil de la ciudad.

    El 24 de mayo de 1822, luego de intensos combates al pie del Pichincha y del triunfo de los ejércitos americanos al mando del mariscal Antonio José de Sucre frente a las tropas realistas, Quito fue liberada y se proclamó definitivamente la Independencia.

    El movimiento de Independencia, en todas sus fases, fue liderado por las elites (terratenientes, comerciantes, intelectuales, clero, militares) y contó únicamente con la participación de éstas, sin que los sectores subordinados desarrollaran acciones favorables a la causa. En esta etapa, así como durante las luchas entabladas en el período gran colombiano, los indígenas y los mestizos de las ciudades fueron tomados a la fuerza para integrar los ejércitos.

    En algunos casos, como en Pasto, los indígenas se plegaron a la causa realista y, en otros, como en la independencia de Cuenca, participaron al lado de los independentistas.

    Con la Independencia no se buscaba, en ningún momento, un cambio del orden socioeconómico ni una mayor participación de los sectores dominados en la economía ni en la política. Las elites criollas perseguían una autonomía respecto de los virreinatos vecinos y de la metrópoli, y el usufructo, sin participación de España, de los beneficios que generaban el trabajo y el tributo de los indígenas.

    Los móviles de la Independencia.

    El proceso de Independencia del continente americano, y en consecuencia también el del Ecuador, tuvo influencias externas y causas internas en cada uno de los espacios coloniales. Se han considerado influencias externas las ideas propagadas por la Revolución Francesa, a través de la difusión de los documentos revolucionarios entre los intelectuales criollos de América.

    Su manifestación más tangible fue la incorporación, en la Constitución republicana, de los principios de igualdad jurídica, soberanía popular, separación de poderes, derecho a la propiedad, etc. A pesar de ello, no todos los planteamientos revolucionarios fueron aceptados y considerados como válidos para las sociedades americanas. Así, por ejemplo, la independencia de Haití, primera colonia que proclamó su liberación, constituía un ejemplo que, sin embargo, por estar involucrada activamente la población esclava, se suponía que acarreaba riesgos para las sociedades americanas, cuya estructura social se mantenía sobre la base de una numerosa población indígena sobre explotada que, en múltiples ocasiones, había manifestado ya su descontento.

    La fidelidad inicial a Fernando VII estaba en estrecha relación con el temor de los criollos a una posible radicalización del movimiento y a una insurrección popular e indígena; hechos que, por supuesto, no llegaron a producirse, al asumir el liderazgo y el mando la aristocracia criolla.

    La francmasonería fue otra de las influencias externas. Muchos de los líderes independentistas fueron miembros de logias: Simón Bolívar, José de San Martín, el marqués de Selva Alegre. El pensamiento francmasón incorporaba planteamientos democráticos y republicanos. En fin, la independencia de Estados Unidos (4 de julio de 1776) también sirvió de ejemplo para el proceso de Independencia de América del Sur.

    Entre las causas internas, en el caso del Ecuador hay cuatro elementos que pueden ser considerados fundamentales para el planteamiento del movimiento autonomista quiteño de 1809 y el posterior proceso de Independencia: la decadencia económica de la región centro-norte; los cambios administrativos; la pérdida de poder de los criollos y el surgimiento de una «conciencia criolla» y, relacionado con ésta, de un sentimiento anti-español.

    La caída económica de la región centro-norte.

    La pérdida del principal mercado de los textiles de Quito y la aplicación por parte de España de medidas sobre el comercio colonial -como la libre introducción de textiles europeos, el desplazamiento de las rutas hacia el cabo de Hornos, al sur del continente, la supresión de las ferias de Portobelo (1737) y del sistema de flotas (1740)- dieron lugar a la decadencia de muchos obrajes; pero, al mismo tiempo, la expectativa de una reactivación económica con el fortalecimiento de las relaciones comerciales de Quito con Pasto, Popayán, Barbacoas y Panamá estimuló a los criollos a proponer soluciones autonomistas y de independencia.

    Los cambios administrativos.

    La política administrativa de los Borbones restaba importancia al sistema de audiencias favoreciendo al Ministerio de Indias, a los virreinatos y a las intendencias. La Audiencia de Quito entró en un proceso de inestabilidad política y de dependencia administrativa en razón de los numerosos cambios de jurisdicción realizados hacia finales del siglo XVIII.

    La política de la Corona respecto de Quito se volvió vacilante e incierta, e intentó reducir el poder adquirido por las autoridades locales criollas.

    La región costanera del norte de América del Sur había adquirido una mayor importancia para España, por sus necesidades de defensa marítima frente a los piratas y a los intentos de colonización por parte de las potencias extranjeras.

    En 1717 se creó el Virreinato de Santa Fe (Nueva Granada), y Quito pasó a depender de él; entre 1720 y 1722 se restableció la Audiencia de Quito, subordinada a Lima; en 1723 se suprimió el Virreinato de Santa Fe, que en 1739 fue restablecido, reincorporándose la Audiencia de Quito a su jurisdicción. Por otra parte, la Audiencia de Quito sufrió una serie de recortes jurisdiccionales.

    El 15 de Julio de 1802 se crearon el Obispado y la Comandancia General de Maynas, que pasaron a depender de Lima. El 7 de julio de 1803, el gobierno militar de Guayaquil pasó a depender de Lima, y en 1806 sucedió lo mismo con los asuntos comerciales. De Quito dependían los asuntos de justicia y de hacienda.

    El presidente de la Audiencia de Quito, Luis Francisco Héctor, barón de Carondelet (1799-1807), pidió la restitución de aquellos territorios y la elevación de Quito a Capitanía General, independiente de los virreinatos del Perú y de Nueva Granada, planteamiento que luego fue como una propuesta de la junta quiteña.

    La pérdida de poder de los criollos.

    La Corona se preocupó poco por la calidad y la capacidad de los últimos gobernantes de la Audiencia, manifestando de esta manera su escaso interés por esta región. En 1808 asumió la presidencia de la Audiencia Manuel de Urriez, conde Ruiz de Castilla, quien fue descrito por la Junta Suprema de 1809 como (un anciano con más de 75 años, decrépito, enfermo de por vida, blando y sin autoridad y que se dejaba manipular por sus cercanos colaboradores.

    Con él, la aristocracia criolla mantuvo relaciones tensas y perdió su injerencia y la participación en el poder, lograda con Carondelet. Los movimientos de 1809 y de independencia trataron de recuperar el ejercicio autónomo del poder.

    La revalorización de la conciencia criolla.

    El surgimiento de una conciencia de valoración de lo criollo americano y el consecuente sentimiento anti-español podrían considerarse como otra de las causas de la independencia ecuatoriana.

    En este aspecto fueron importantes las historias, narraciones y crónicas que se hicieron sobre distintos aspectos del territorio de la Audiencia. Se ha mencionado a la obra “La Historia del Reino de Quito en la América Meridional”, del padre Juan de Velasco, como un hito fundamental en el desarrollo de la conciencia histórica. Éste fue un proceso durante el cual la sociedad ecuatoriana se abrió paso al conocimiento de lo autóctono, a la descripción de la naturaleza, de la realidad política y social, al conocimiento del pasado; todo ello dio lugar a un sentimiento de valoración de lo propio.

    En el desarrollo de este sentimiento antieuropeo y anti-español incidieron las ideas peyorativas que se difundían en Europa sobre América, lo que provocó el fortalecimiento de un ideal de independencia cultural.

    LA ILUSTRACIÓN EN EL PROCESO CULTURAL POR LA INDEPENDENCIA

    El último periodo de dominación española en la Audiencia de Quito, (segunda mitad del siglo XVIII), estuvo caracterizado por una serie de cambios en la economía, la política y la sociedad, que tuvieron características especiales en las diferentes regiones del espacio colonial. Así, en el centro - norte de la Audiencia se produjo una profunda crisis económica asociada a la decadencia del sector manufacturero textil, la misma que estaba relacionada con la explotación de las minas de Plata en Potosí, el Alto Perú.

    La economía de la Sierra sur gozaba de una cierta estabilidad conseguida gracias a la extracción y exportación de la cascarilla; a la producción de diversos tejidos de menor calidad (bayeta, tocuyos), a precios más competitivos, a su comercio con Guayaquil, Perú, Chile y Panamá, y a la producción agrícola y ganadera, cuyo principal mercado estaba centrado en la ciudad de Cuenca y la Costa.

    El Litoral, como consecuencia de la bonanza cacaotera iniciada en 1765, entró en una etapa de crecimiento económico y expansión demográfica, que permitió la su inserción en el mercado mundial; otro importante factor de crecimiento económico lo constituía la industria de los astilleros navales, importante hasta 1840.

    Estas características regionales incidieron, a inicios del siglo XIX, en la diferenciación de las posiciones políticas adoptadas por los sectores dominantes de cada región respecto de la Independencia de España; otro de los factores que propició el derrumbamiento del sistema colonial: la agresiva política española encaminada a recuperar un espacio perdido, a través de la aplicación de un amplio conjunto de reformas fiscales y administrativas, conocidas como las Reformas Borbónicas.

    La aplicación de medidas económicas, promovidas por la Corona, dio lugar a múltiples manifestaciones de descontento de la población, y desencadenó una serie de levantamientos indígenas y de criollos y mestizos, de estos últimos en las ciudades; a estos factores de cambio se unieron la intensa vida cultural e intelectual de la época -de donde es emblemática la figura de Eugenio de Santa Cruz y Espejo-- y el surgimiento de una conciencia criolla que reivindicaba lo americano.

    DERRUMBE DEL SISTEMA COLONIAL.

    La desarticulación del sistema dominante durante la Colonia implicó la ruptura de las relaciones comerciales; la crisis económica afectó a la región más integrada al mercado colonial, es decir al centro - norte. A pesar de que se trataba de una crisis regional, el deterioro del centro político y administrativo afectó al sistema colonial en su conjunto.

    La segunda mitad del siglo XVIII fue descrita por Cronistas y Viajeros como una época de decadencia social, e gran pobreza, de miseria e incluso, de una depresión económica jamás vista con anterioridad en esta región.

    La crisis del sistema colonial no fue un fenómeno aislado:

  • La víspera de la Independencia, España se encontraba en una situación de decadencia económica y política: las arcas reales estaban vacías, el comercio con las colonias había disminuido;

  • El proceso de industrialización se había debilitado por la competencia de los productos de Francia, Inglaterra, Italia y Holanda, lo cual dio lugar al cierre de numerosas fábricas textiles;

  • Se enfrentaba a la ocupación de su territorio por las tropas de Napoleón Bonaparte y a la usurpación del poder por su hermano José (1808 1813).

  • La necesidad de ingresos para la Corana hizo que la escasa moneda que circulaba en el espacio quiteño fuese enviada a España, para solventar sus gastos y financiar a los jesuitas que habían sido expulsados de la Audiencia de Quito en 1767.

  • A partir de esta situación, la Audiencia vivía un momento propicio para plantear la autonomía y su independencia de la metrópoli, procesos que fueron iniciados por los criollos de la región centro - norte.

    LA INDEPENDENCIA.

    El proceso de Independencia se llevó a cabo entre la última década del siglo XVIII y las dos primeras del siglo XIX. En este período se sucedieron tres momentos, que se diferencian entre sí por los planteamientos políticos, así como por las propuestas, las acciones y los objetivos.

  • LA REBELIÓN DE LOS ESTANCOS Y LAS SUBLEVACIONES INDÍGENAS.

  • El primer momento de la Independencia lo marca la Rebelión de los Estancos o levantamiento de los barrios de Quito, que se inició a raíz de la aplicación de medidas de control a la venta de alcohol y tabaco, que se realizaban mediante el sistema de asentamiento y era controlado por el Cabildo civil.

    Con este movimiento, la aristocracia criolla trata defender sus intereses y participar del poder político. Las elites criollas (latifundistas, obreros y comerciantes) se habían fortalecido económicamente y, a raíz de esta rebelión, lograron concesiones que les permitieron obtener una cuota importante de poder político, lo cual incidió en el resquebrajamiento del poder colonial.

    Las sublevaciones indígenas, que fueron numerosas a finales del siglo XVIII, se convirtieron en un factor que por momentos hizo tambalear al régimen colonial. Estos sectores se rebelaron ante las modificaciones y excesos que permitían las reformas; la realización de censos; los cambios en el sistema de tributación y del cobro de diezmos, los malos tratos y los abusos.

  • EL MOVIMIENTO AUTONOMISTA Y LA FIDELIDAD AL REY DE ESPAÑA.

  • Este segundo momento va de diciembre de 1808 a noviembre de 1812, con relación estrecha a los acontecimientos políticos de España: la abdicación de Carlos IV; la matanza de mayo y la abdicación de Fernando VII; la formación de una Junta de Gobierno y de juntas provinciales; la usurpación del Trono por parte de Bonaparte y la lucha contra los franceses.

    Los partícipes decidieron deponer a las autoridades españolas y formaron una Junta Suprema al mando de Juan Pío Montúfar; juraron fidelidad a Fernando VII, y a la religión católica, apostólica y romana y se desconoció a Bonaparte.

    Durante este período de produce, la matanza de los gestores del movimiento, en el Cuartel Real de Lima ubicado en Quito, el 2 de agosto de 1810; como producto suyo en diciembre de 1811 se reunió el Congreso Constituyente, o Soberano Congreso de Quito, con los representantes del Cabildo, la Iglesia, la nobleza, los barrios y las poblaciones de Ibarra, Otavalo, Latacunga, Ambato, Riobamba, Guaranda y Alausí. El 11 de ese mes se proclamó la Independencia, y el 15 de Febrero de 1812 se promulgó la Constitución, llamada “Artículos del Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre las Provincias que forman la Provincia de Quito”.

  • El Movimiento Independentista.

  • Entre finales de 1812 y 1820, se vivieron años de relativa calma, en los que se sucedieron tres presidentes de la Audiencia y se acumularon razones para buscar la emancipación de España y madurar el proyecto, hecho que constituye el tercer momento de la Independencia. En 1813, en España, Fernando VII recuperó el trono y empezó una etapa de absolutismo, entre otras cosas desconoció la Constitución liberal de Cádiz, aprobada en 1812.

    Mientras tanto, las ideas de libertad lograron extenderse al resto de regiones de la Audiencia de Quito, dando como resultado varios intentos de conspiración, los cuales fueron reprimidos y sus líderes apresados y enviados al exilio. En la segunda década del siglo XIX la situación cambió tanto para Guayaquil como para Cuenca, cuyas elites, antes opuestas a las ideas independentistas, plegaron a la causa.

    En el caso de Guayaquil, las razones para esta transformación radicaron en el cambio de la política española respecto de las exportaciones; el cacao volvió a ser el más afectado por los nuevos impuestos y controles del Consulado de Lima a que fue sometido, esto como una prebenda económica, a manera de campaña de acercamiento de los realistas para con la aristocracia limeña. A esto se sumaron las catástrofes naturales, sequías, inundaciones y erupciones que terminaron con el auge cacaotero. Al independizarse se buscaba la solución a estos problemas y a la recuperación del libre comercio.

    En el caso de Cuenca, la situación económica varió como consecuencia de la disminución de la exportación de textiles, así como por la pérdida del mercado de la cascarilla a causa de las guerras napoleónicas en Europa; a partir de entonces comenzó un período de contracción económica, muy propicio para una salida independentista.

    Este proceso se inició con la independencia de Esmeraldas el 5 de agosto de 1820, y luego Guayaquil, el 9 de octubre del mismo año. El 24 de mayo de 1822, luego de intensos combates al pie del Pichincha y del triunfo de los ejércitos americanos al mando del Mariscal Antonio José de Sucre frente a las tropas realista, Quito fue liberada y se proclamó definitivamente la Independencia.

    El movimiento de Independencia, en todas sus fases fue liderado por las elites y contó únicamente con la participación de estas, sin que los sectores subordinados, desarrollaran acciones favorables a la causa.

    Es en esta etapa, así como durante las luchas entabladas en el período gran colombiano, que los indígenas y los mestizos de las ciudades fueron tomados a la fuerza para que integren los ejércitos.

    QUIÉNES HICIERON LA INDEPENDENCIA EN EL ECUADOR.

    La Junta Quiteña (1808 - 1812)

    La invasión de Napoleón Bonaparte y su intervención en la Madre Patria, provocó un cambió en la totalidad de las autoridades de la Audiencias y Virreinatos por representantes del usurpador. De esa manera surgió en América la idea de sustituirlas por Juntas, que estarían integradas por criollos, los mismos que gobernarían a nombre del Monarca Legítimo”.

    En Quito, es descubierto un intento de este carácter en 1808. Sin desanimarlos el fracaso, los conspiradores resolvieron integrar la llamada Junta Soberana, la misma que se hizo cargo del mando el 10 de Agosto de 1809. Don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, fue nombrado Presidente. En el acto tuvo destacada participación Doña Manuela Cañizares.

    La vida de la Junta fue extremadamente transitoria, pues el apoyo que se esperaba de Guayaquil, Cuenca y Pasto no se logró conseguir. En las dos primeras ciudades las autoridades españolas lograron controlar la situación. En Pasto la ciudadanía se pronunció por la causa realista. Las milicias quiteñas no lograron atraer a los grupos populares y tampoco alcanzaron un nivel de organización aceptable.

    Entre tanto, el Virrey de Lima trasladó una fuerza militar que cercó la ciudad de Quito. El de Santa Fé de Bogota, por su parte, dispuso la invasión desde el Norte. Al verse débil y vencida, la Junta Soberana prefirió disolverse. Las autoridades españolas ofrecieron en principio “perdón y olvido”, pero apresaron a más de un centenar de revolucionarios, a los que castigaron con sentencias de muerte y expulsiones.

    La reacción del pueblo quiteño no se hizo y el 2 de agosto de 1810 se lanzó a la toma de los cuarteles y cárceles, donde se encontraban detenidos los patriotas. Este fue el pretexto para la carnicería que realizó el ejército realista.

    La llegada a Quito de Don Carlos Montúfar - hijo del Marqués de Selva Alegre- quien había sido nombrado Comisionado Regio por el Consejo de Regencia español, motivó la conformación de una nueva Junta de Gobierno en la que fue nombrado Gobernador efectivo. Un Congreso expidió los “Artículos del Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre las Provincias que formaban el Estado de Quito”.

    Esta, que es la primera Carta Constitucional, establecía la división de poderes; un gobierno electivo, representativo y responsable, y el principio de la alternabilidad en las funciones públicas. Pero, pese a los elementos “republicanos” que contenía, ella reconocía como Monarca a Fernando VII. Esta Junta también duró muy poco tiempo. Fue vencida por las fuerzas españolas. A finales de 1812, el país estaba, de nuevo, firmemente controlado.

    Los protagonistas de este proceso fueron poderosos latifundistas para quienes la burocracia española era el mayor impedimento que tenían para ejercer el control del poder político. Una vez instalados en el mando, no solamente que suprimieron las contribuciones que los blancos debían tributar, manteniendo las que los indígenas pagaban, sino que hicieron perpetuar las cuantiosas deudas que ellos habían contraído con la Corona por la compra de tierras.

    Es justo reconocer que los nobles criollos fueron muy consistentes de su papel de “usufructuarios de la libertad”; razón por la cual es imposible comprender el sesgo ideológico del proceso, sin la participación de intelectuales surgidos de las capas medias, los “radicales del proceso”, como lo fueron Quiroga y Morales.

    El fracaso militar de la Junta Soberana ha sido adjudicado a la muy poca respuesta popular que no logró conseguir el movimiento. No cabe duda que esta fue una causa de peso. El pueblo quiteño se dio perfecta cuenta que esa libertad, absolutamente en nada lo beneficiaba. Solo cuando la dirigencia revolucionaria logró imponer su propia visión de la independencia como una necesidad general o del bien común, es que logra conseguir cierta movilización de los artesanos y pequeños propietarios.

    En esta lucha por el control de las masas, dado entre los protagonistas de la Independencia, la burocracia eclesiástica en forma mayoritaria fue la fortaleza y soporte del imperialismo español.

    LA CAMPAÑA DECISIVA.

    Los notables guayaquileños proclamaron su independencia absoluta el 9 de octubre de 1820. Encabezados por el Gral. José de Villamil, que fue la figura más importante, estuvieron entre otros, José Joaquín de Olmedo, Febres Cordero, Jefe Militar de Guayaquil; Escobedo, Ximena, Roca y Espantoso, los mismos que formaron parte de las Juntas, Provincial y Suprema, que se sucedieron en el mando. El ejemplo porteño impulsó varios movimientos al interior del territorio. El más importante de ellos fue el de Cuenca, que proclamó su independencia el 3 de noviembre del mismo año 1820.

    Después de varios éxitos militares, el ejército guayaquileño sufrió una muy dura derrota que obligó a sus jefes a replegarse. Es en estas circunstancias, que es recibido el refuerzo enviado por Simón Bolívar, quien destacó a su mejor General, Antonio José de Sucre para que dirigiera las operaciones.

    A más del encargo militar Sucre traía la comisión de gestionar el ingreso de Guayaquil a Colombia, pero la resistencia manifestada por los guayaquileños obligó a postergarla.

    Después de un intento no muy exitoso, Sucre logró armar un ejercito con elementos guayaquileños, seguir a la sierra y llegar cerca de Quito. En la mañana del 24 de mayo de 1822, los ejércitos, realistas e independentistas, dirigidos por Aymerich y Sucre, se enfrentaron en las faldas del volcán Pichincha, situado junto a la capital. Los realistas fueron derrotados y obligados a capitular.

    Esta batalla selló definitivamente el curso de la independencia ecuatoriana.

    Ahora, solamente, quedaba pendiente en el Sur la independencia del Perú!!!

    ACTIVIDADES

  • Resuma los principales problemas de la primera Junta quiteña.

  • Quiénes fueron los protagonistas de estos episodios? ¿Por qué?

  • Cómo se llamaban los Virreyes de Lima y Santa Fe de Bogotá de esa época?

  • Cuál era el Nombre de la Primera Carta Constitucional?

  • En qué año se dictó esa Constitución?

  • Cuál fue la participación que tuvo la Iglesia en el proceso de Independencia?

  • A quiénes motivó la Independencia de Guayaquil?

  • Cuáles fueron las gestiones que Sucre debía gestionar en Guayaquil?

  • En qué fecha se independizó Cuenca?

  • Haga una comparación entre los dos hechos históricos analizados.

  • LAS MALDADES DEL Coronel PAYOL.

    Con la partida de este Jefe y la del Coronel Guido, que se embarcó el mismo día, terminó la actuación de aquellos militares que mandó el General San Martín para que coadyuvaran con su experiencia y buen consejo al mejor éxito de la campaña libertadora; pero está bien averiguado, que la más importante misión que traían, encomendada particularmente a Guido, como hombre político, era la de mover la opinión en el sentido de que la provincia hoy de Guayaquil se incorporara al Perú.

    Desde el primer momento en que supo el Libertador del Sur la revolución del 9 de Octubre, conoció la gran importancia que tendría Guayaquil independiente para el desarrollo de sus planes inmediatos y futuros, y puso el mayor empeño en conseguir la anexión de este territorio al Perú, que estaba aún por conseguir su completa independencia.

    Muchas fueron sus gestiones en este sentido, acerca de las cuales se dijo la última palabra en las celebres Conferencias de Guayaquil, entre Bolívar y San Martín; pero en cuanto a las gestiones del Coronel Guido, bien pronto pudo convencerse este comisionado de que no adelantaría nada en el sentido que se proponía, si bien logró formar un partido que defendiera abiertamente la anexión de Guayaquil al Perú, mientras, por otro lado, se desarrollaba otra corriente en favor de Colombia, ambas contrarrestadas por los partidarios de la independencia absoluta que según los escritores de la época era el más fuerte y popular.!

    En grave conflicto se vio la Junta de Gobierno de Guayaquil acosada por tan contrarias opiniones y aún hubo conatos peligrosos para el orden público: pero en fin, la patriótica corporación tuvo el acierto de declarar solemnemente que la provincia no podía incorporarse a estado alguno, por el hecho de que su Constitución, que era necesario respetar en lodos sus mandatos, la declaraba independiente.

    Así quedaron las cosas por el momento, y la Junta pudo entonces dedicarse con el mayor empeño a los asuntos públicos que requerían toda su atención y su cuidado.

    Suspendidas las operaciones sobre el interior por las desgracias y eventualidades que quedan detalladas, bien se puede imaginar que los realistas se aprovecharan del estado indefenso en que habían quedado las comarcas adictas a la causa republicana para ejercer sobre ellas las más duras represalias.

    El rigor de los realistas después de haber sometido a Guaranda, Ambato y Latacunga. se cebó de manera tan cruel en Riobamba. que en todas las relaciones históricas sobre este país, se hallarán reproducidas las páginas de horror que dejó escritas el continuador de las memorias de Ascaray y las cuales vamos a reproducir también nosotros por las vinculaciones que tienen con la Campaña Libertadora emprendida por Guayaquil.

    Dice así el cronista arriba citado, refiriéndose a Riobamba, que después de los desastres de Huachi y Tanizahua, había caído en manos de un tirano como el abominable Carvajal, llamado el Demonio de los Andes.

    "Ofrecí, dice, destinar un capítulo separado para hablar del Coronel Payol, que quedó con un regimiento, de guarnición en Riobamba. Este hombre (si, acaso, le podemos dar ese nombre), hijo de las lunas infernales, el más bárbaro de cuantos han nacido, superior á las furias y monstruos del averno, cruel, arbitrario y horrible hasta en su figura, se propuso perseguir á los americanos, al mismo tiempo que aumentar su escuadrón con los hijos del país."

    "Empezó por hacer una requisa de caballos en toda la provincia, y distribuyó su regimiento, repentinamente, por los pueblos y haciendas, con orden de que no dejasen un solo caballo, en ninguna parle; que á la persona ó personas que reclamasen, las lancearan en el acto; que si encontraban montado á algún hombre, lancearan al jinete para que el caballo no tuviera dueño; que en las haciendas colgasen de los pies á los sirvientes y les diesen látigo hasta que entregaran el último caballo; que. si en estas correrías encontraran á alguno que manifestara ser insurgente, lo mataran también."

    "Todo se cumplió exactamente, y á este pretexto se cometieron asesinatos, robos, estupros; forzaban á las mujeres casadas á presencia de sus maridos, que eran lanceados después de presenciar su deshonra; en fin, no hubo crimen que no se cometiese por aquella tropa autorizada y sin freno."

    "Enseguida, quiso su señoría incrementar su regimiento hasta ochocientas plazas; en los mismos términos se hizo una recluta sin excepción, de viejos, niños, casados é imposibilitados que fueron amarrados y conducidos al cuartel; y basta las mujeres, entre tanto perecieran sus maridos ó hijos ó daban un hombre a cambio de su libertad."

    "Todos fueron enrolados á las filas, para ser víctimas de la ferocidad de este español que se complacía en ver correr la sangre americana."

    "Si alguno no podía aprender el ejercicio difícil de caballería, era bañado al momento; esto es, atado á un pilar y muerto á pequeñas lanzadas por cada uno de los soldados, con prevención de que ninguno hiriere en la parte herida, ni introdujese la lanza más de un dedo de profundidad."

    "Si alguno tenia la desgracia de haber desertado, al soldado que le seguía en numero se daba el baño en público, colgándole en las ventanas de hierro de las casas de Santo Domingo, donde tenía su cuartel."

    "En suma, á varios infelices, porque reclamaron sus caballos, suplicando su devolución, por no tener otro patrimonio para la subsistencia, tuvo la inhumanidad de hacerles enterrar, dejándoles la cabeza afuera, y haciendo que pasara por encima la caballería tantas veces cuantas eran necesarias hasta que la cabeza desaparezca y que no queden señales de la víctima."

    "Cada soldado tenia tres caballos á su cuidado, y si alguno se dejaba arrastrar al conducirles á beber, ó caían estando montado, ó se descuidaba en su alimento, sufrían precisamente quinientos palazos, con lo que no hubo ejemplar que viviera ninguno. En fin, más gente mató Payol en el tiempo que estuvo en Riobamba de guarnición, que murió en las dos acciones referidas."

    "Tuve la desgracia de ser testigo de todos estos sucesos."

    Nuestro historiador Pedro Fermín Cevallos se resiste a admitir tan execrables maldades y presume que haya exageración en lo que se reitere; pero él mismo cita casos ocurridos bajo el régimen colonial, que son tan monstruosos como los del infame Payol.

    PARTE DE GUERA DE LA BATALLA DEL PICHINCHA

    POR EL GENERAL ANTONIO JOSÉ DE SUCRE.

    "República de Colombia.- Ejército Libertador.- Comandancia General de la

    "División del Sur.- Cuartel General en Quito, á 28 de Mayo de 1822.- 12.

    Señor Ministro:

    "Después de la pequeña victoria de nuestros granaderos y dragones sobre toda la caballería enemiga en Riobamba, ninguna cosa había ocurrido de particular. Los cuerpos de la División se movieron el 28, y llegaron á Latacunga el 2. Los españoles estaban situados en el pueblo de Machachi y cubrían los inaccesibles pasos de Jalupana y la Viudita, Fue necesario excusarlos haciendo una marcha sobre su flanco izquierdo; y moviéndose el 13, llegamos el 17 al valle de los Chillos (cuatro leguas de la Capital) habiendo dominado y pasado los helados del Cotopaxi. El enemigo pudo penetrar nuestra operación, y ocupó á Quito el mismo día 16, por la noche."

    "La colina de Puengasi que divide el valle de Chillo de esta ciudad, es de difícil acceso; pero pudimos burlar los puntos del enemigo y pasarla el 20. El 21 bajamos al llano de Turubamba (que es el Ejido de la Capital) y presentamos batalla, que creíamos aceptarían los españoles, por la ventaja del terreno en su favor; pero ellos ocupaban posiciones impenetrables, y después de algunas maniobras, me preciso situar la División en el pueblo de Chillogallo, una milla distante del enemigo. El 22 y 23 los provocamos nuevamente á combate, y desesperados de conseguirlo, resolvimos marchar por la noche á colocarnos en el Ejido del Norte de la ciudad, que es mejor terreno, y que nos ponía entre Quito y Pasto, adelantando al efecto, el señor Coronel Córdova con dos compañías del batallón “Magdalena". Un escabroso camino nos retardó mucho la marcha; pero á las ocho de la mañana del 24 llegamos á las alturas del Pichincha, que dominan á Quito, dejando muy atrás nuestro parque cubierto con el batallón "Albión". Mientras las tropas reposaban, la compañía de “Cazadores de Paya", fue destinada á reconocer las avenidas: seguía luego el batallón "Trujillo" (del Perú) dirigido por el señor Coronel Santa Cruz, Comandante General de la División del Perú. A las nueve y media, dio la compañía de cazadores con toda la División española, que marchaba por nuestra derecha á la posición que teníamos; y roto el fuego, se sostuvo mientras conservó municiones; pero en oportunidad, llegó el batallón "Trujillo" y se comprometió el combate: muy inmediatamente las dos compañías del "Yaguachi" reforzaron este batallón conducido por el señor Coronel Morales, en persona- El resto de nuestra infantería á las órdenes del señor General Mires, seguía el movimiento, excepto las dos compañías del "Magdalena", con que el señor Coronel Córdova marchó á situarse por la espalda del enemigo; pero encontrando obstáculos invencibles, tuvo que volverse. El batallón Paya pudo estar formado, pero consumidos los cartuchos de estos dos cuerpos, tuvieron que retirarse, no obstante su brillante comportamiento. El enemigo se adelantó, por consiguiente, algún poco, y como el terreno apenas permitiese entrar más de un batallón al combate, se dio orden á "Paya", que marchase á bayoneta calada, lo cual ejecutó con un brío que hizo perder al enemigo, en el acto, la ventaja que había obtenido; y comprometido nuevamente el fuego, la maleza del terreno permitió, que los españoles aún se sostuviesen. El enemigo destacó tres compañías de Aragón á flanqueamos por la izquierda y á favor de la espesura del bosque conseguía estar ya sobre la cima, cuando llegaron las compañías del "Albión" (que se habían atrasado con el parque) y entrando con la bizarría que siempre ha distinguido este cuerpo, puso en completa derrota á los de Aragón. Entre tanto, el señor Coronel Córdova tuvo la orden de relevar á "Paya", con las dos compañías del "'Magdalena", y este jefe, cuya intrepidez es muy conocida, cargó con un denuedo admirable, y desordenando al enemigo y derrotándolo, la victoria coronó á las doce del día á los soldados de la libertad. Reforzado este jefe con los cazadores de "Paya", con una compañía del "Yaguachi" y con las del "Albión", persiguió á los españoles, entrándose hasta la Capital y obligando á sus restos á encerrarse en el fuerte del Panecillo."

    "Aprovechando este momento, pensé ahorrar la sangre que nos costaría la toma del fuerte, y la defensa que permitía aún la ciudad, ó intimó verbalmente al General Aymerich por medio del edecán O. Leary, para que se rindiese; y en tanto me puse en marcha con los cuerpos y me situé en los arrabales, destinando antes al señor Coronel Ibarra (que había acompañado en el combate á la infantería) que fuese con nuestra caballería á perseguir á la del enemigo, que observaba se dirigía á Pasto. El General Aymerich ofreció entregarse por una capitulación, que fue convenida y ratificada al siguiente día, en los términos que verá V. R. en la copia que tengo el honor de someter á la aprobación de S. R."

    "Los resultados de la jornada de Pichincha han sido la ocupación de esta ciudad y sus fuertes el 25 por la tarde, la posesión y tranquilidad de todo el departamento y la toma de 1.100 prisioneros de tropa, 160 oficiales, 14 piezas de artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cometas, banderas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el ejército español."

    "Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla; además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros. Entre los primeros contamos al Teniente Molina y al Subteniente Mendoza, y entre los segundos, á los Capitanes Cabal, Castro y Alzuro; á los Tenientes Calderón y Ramírez y á los Subtenientes Borrero y Arango."

    "Los cuerpos todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo. El Boletín que dará el Estado Mayor recomendará á los jefes y subalternos que se han distinguido: y yo cumpliré con el deber de ponerlos en consideración del Gobierno: en tanto, hago una particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá; pero el Gobierno de la República sabrá compensar á su familia los servicios de este oficial heroico."

    "La caballería española va dispersa perseguida por el cuerpo del Comandante Cestaris, que antes había yo interpuesto entre Quito y Pasto. El 26 han salido comisionados de ambos Gobiernos, para intimar la rendición, de Pasto, que creo será realizada por el Libertador: otros oficiales marchan para Esmeraldas y Barbacoas, de manera que, en breve, el reposo y la paz serán los primeros bienes de que gozarán estos países, después que la República les ha dado independencia y libertad."

    "La División del Sur ha dedicado sus trofeos y laureles al Libertador de Colombia."

    "Dios guarde á U. S. muchos años."

    A. J. de Sucre.

    Es admirable la sobriedad del documento que precede y la modestia del General Sucre, en el cual hace casi completa omisión de su personalidad insigne para poner de relieve la de sus compañeros de armas.

    Muy lejos estaría de imaginarse que la Victoria de Pichincha le abriría las puertas de la inmortalidad; que su majestuosa figura en bronce se alzaría en las plazas de Quito y Guayaquil para perpetuar la memoria de su triunfo y que en el campo de combate, llamado después la Cima de la Libertad, se levantaría también un monumento imperecedero a la batalla del 24 de Mayo que selló la independencia de la Patria.

    Después de la Batalla de Pichincha, el General Aymerich comprendió que era inútil proseguir la campaña contra las fuerzas republicanas y vio llegada la hora del fin del coloniaje. Se dispuso, pues, a capitular, que fue la medida más prudente de su parte, y lo hizo.

    La entrada del General Sucre en Quito con su victorioso ejército, dio lugar a grandes manifestaciones de entusiasmo y regocijo en el pueblo quiteño, que no se cansaba de aplaudir a sus libertadores- Cuatro días después de firmada la capitulación de Aymerich se convocó a una reunión de corporaciones y vecinos en la sala del cabildo para escribir el Acta de la Independencia el 29 de mayo de 1822.

    Dicho documento dice lo siguiente:

    ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE QUITO.

    "En la ciudad de San Francisco de Quito, Capital de las provincias del antiguo Reino de este nombre, representada por su Excma. Municipalidad, el venerable Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral, los prelados de las comunidades religiosas, los curas de las parroquias urbanas, las principales personas del comercio y agricultura, los padres de familia y nobles del país, dijeron:

    Que convencidos de hallarse disueltos los vínculos con que la conquista unió este reino á la nación española, en fuerza de los derechos sacrosantos de todo pueblo para emanciparse, si el bien de sus habitantes lo demanda; cuando la opresión, e) vilipendio y los ultrajes á los ciudadanos, por un gobierno corrompido y tiránico han rolo todos los lazos que por cualesquiera motivos ideales ligaron estas provincias á la Península; cuando los sacrificios de la América en las aras de la libertad, prometen á Quito la elevación de los destinos á la gloria y á la prosperidad; cuando los resultados de la guerra que ha sostenido el Nuevo Mundo por su Independencia, aseguran la suerte de estos países, guerra cuya justicia está reconocida por el género humano, y cuyos principios han proclamado en el siglo todas las naciones y todos los hombres que conocen su dignidad; cuando, en fin, los españoles, profanando el santuario, y sus ministros hollando la moral pública, cubriendo los pueblos de sangre y de luto, preparaban la completa ruina de estas regiones infortunadas; y cuando el Ser Supremo, creador de los bienes de la tierra, cansado del torrente de males que ha inundado al pueblo quiteño, dándole la victoria con que coronó la victoria de las armas de la Patria, en la memorable batalla del 24 del corriente, sobre las faldas del Pichincha, le ha puesto en posesión de sus derechos imprescriptibles, por medio del genio titular de Colombia, por la mano del inmortal Bolívar, que desde los más remotos puntos de la República, ha proveído, siempre infatigable, á la felicidad de estas provincias; ésta corporación, pues, expresando con la más posible y solemne legitimidad, los votos de los pueblos que componen el antiguo Reino de Quito, ofreciéndose al Ser Supremo, y prometiendo conservar la religión de Jesús, como la base de las mejores sociedades, ha venido en resolver y resuelve:

  • Reunirse á la República de Colombia, como el primer acto espontáneo dictado por el deseo de los pueblos, por la conveniencia y por la mutua seguridad y necesidad; declarando a las provincias que componían el antiguo Reino de Quito, como parte integrante de Colombia, bajo el pacto expreso y formal de tener en ella la representación correspondiente á su importancia política.

  • Presentar los testimonios de su reconocimiento á las Divisiones de Colombia y del Perú, que, á tas ordenes del General Sucre, han roto las cadenas que ataban á estos países al ignominioso carro peninsular; á este efecto, y considerando una obligación santa tributar á los libertadores de Quito una prueba de gratitud, y que éstos lleven una señal de sus sacrificios; autorizada la Corporación por el patriotismo y por los servicios de estas provincias á la causa de Colombia, impetrando la aprobación del Gobierno, conceden á la División Libertadora una medalla ó cruz de honor, pendiente al pecho, de una cinta azul celeste. La medalla será un Sol naciendo sobre las montañas del Ecuador, y unidos sus rayos por una corona de laurel; entre las montañas, en letras de oro, la inscripción: Colombia; y alrededor del Sol: Libertador de Quito, de esmalte azul, en el reverso: Vencedor en Pichincha.- 24 de Mayo de XXII y el nombre del agraciado. I respecto á que el pueblo regalará estas medallas, que serán, para los Generales, con esmaltes de piedras preciosas en los rayos, para los oficiales de oro y para la tropa de plata. I respecto á que el Ejercito Libertador que ha hecho la campaña por Pasto, ha tenido una parte tan importante en la libertad de Quito, se suplicará al Gobierno, que conceda el uso de estas medallas á aquel ejército, con las modificaciones que guste; i que el Excelentísimo señor Libertador Presidente acepte la que le presentará el pueblo quiteño, que también pondrá otra en manos de S. E, el Vicepresidente, como una pequeña significación del agradecimiento de éstas provincias á sus esfuerzos por libertarlas, y estando entendido el Cabildo y corporaciones que el señor General Sucre tiene la delegación de las facultades concedidas por el Soberano Congreso de la República al Excelentísimo señor Presidente, se le exigirán que, mientras apruebe el Gobierno la solicitud de este pueblo, permita á la División de su mando el uso de esta medalla, y que tome él sobre su cargo, en unión de la Municipalidad, dar las gracias al Gobierno del Perú por la cooperación de sus tropas á la libertad de Quito, suplicándole que éstas lleven la expresada medalla, como una manifestación de nuestro agradecimiento á sus sacrificios; y el expresado señor General remitirá, á nombre de este pueblo, la misma decoración, sin la inscripción al reverso y con cinta blanca, al Excmo. señor Presidente del Perú, y tendrá la facultad de hacerlo á los demás Jefes de aquel Estado, que hayan concurrido á la expedición libertadora de este país, y á los ciudadanos qu