Economía española en la Europa del euro

Integración económica. Unidad monetaria. Perturbaciones. Flexibilidad salarial. UE (Unión Europea)

  • Enviado por: César Ramírez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 35 páginas
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Trabajo para la asignatura Economía Española II (4º de la Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Alicante (España)).

Por cierto, no estaría de más si citáis al autor, o sea a mí, en la bibliografía como signo de deferencia ante el `fusilamiento' del que va a ser, sin ningún género de dudas, el trabajo que tanto me costó hacer allá por Marzo del 2.000. ¡Que os sirva! Os aseguro que yo mismo me sorprendí con la calificación que me pusieron y por cierto, la portadita, muy fea para distinguirla de mi original, la tenéis al final del documento.

ÍNDICE

Página

  • Índice

  • Introducción

  • La Europa unida

  • Efectos de la integración económica

  • Efectos de la integración monetaria

  • Efectos sobre la economía real

  • ¿Qué nos espera con el euro? Costes y Beneficios

  • El problema de las perturbaciones

  • Los mecanismos de ajuste

  • ¿Algo más?

  • Conclusión

  • Tablas

  • Bibliografía e Internet

1

2

5

6

7

9

13

15

18

21

26

28

32

INTRODUCCIÓN

N

os encontramos ante una Europa de las oportunidades, del crecimiento y del bienestar. Nos encontramos ante la oportunidad negada durante décadas al aperturismo de la economía… Frases como “España es diferente” o “España, el último vagón de un tren llamado Europa” han pesado sobre nuestras espaldas demasiado tiempo. Y es que hablar de una España en Europa con mayúsculas es, en muchos aspectos, el anhelo de muchos españoles. Pero no hemos de olvidar que estamos inmersos en un proceso que se podría calificar de irreversible y eso tiene consecuencias que extralimitan lo meramente económico: Sin darnos cuenta estamos encaminándonos hacia un nuevo concepto de territorialidad y ámbito político; estamos embarcándonos en un cambio que en sus últimas consecuencias cambiarán el sentimiento de pertenencia a un país, de integridad territorial… tal vez esté considerando un futuro muy lejano, pero es un escenario posible. Y son cuestiones como éstas, el tipo de relaciones políticas, la orientación federalista de los estados, etc. las que están siendo desplazadas por el discurso económico.

Puede que el anhelo de crecer, lo atractivo de lo desconocido tenga mucho que ver con la idealización de este concepto llamado Unión Europea. Pero, ¿son los españoles conscientes de esto? ¿Cuál es el grado de integración que se desea? Es más, la bonanza económica parece cegarnos ante el esfuerzo que hemos de hacer para seguir con el proceso iniciado de integración económica. Las reformas estructurales son un tema pendiente y las consecuencias, al menos a un corto y medio plazo, pueden ser dolorosas.

En cualquier caso, estas consideraciones transcienden el objetivo del trabajo que se presenta a continuación: ”Los retos de la economía española ante la Europa del Euro”.

Parece de consenso que la integración va a potenciar el bienestar global de los países miembros debido a factores como la ampliación de los mercados (Rivera-Batiz y Romer -1991-, Taltavull -2000-), la intensificación de las competencia aumentando los incentivos a la inversión en I+D (Grossman y Helpman -1991-), la mejora de la eficiencia de los factores (Taltavull -2000-), el aprovechamiento de las economías de escala y la supresión de las duplicidades innecesarias de esfuerzos en la producción de bienes de carácter no rival (Romer -1990-), la difusión tecnológica (Coe y Helpman -1995-), la participación en los mercados internacionales de financiación, etc.

Cuantas veces a lo largo de los últimos años nos hemos encontrado frente a afirmaciones de dichas características. Pero, ¿por qué no abrir el debate? ¿Afectarán estos factores de igual manera a todos los países de la unión? ¿Podrá España aprovecharlos?

Los que empezamos a estudiar el tema de los retos de nuestra economía lo hacemos con el convencimiento de las bondades de la integración, pero pronto encontramos que nuestra perspectiva es una visión viciada, influenciada por el convencimiento de una mayoría de economistas españoles de lo apropiado del sistema que se nos propone. “Oponerse a la entrada de España en la UEM (como ya sucedió con el Mercado Común) se considera por muchos reaccionario” (Ibidem, p.39).

Pero es suficiente con levantar la cabeza hacia los países del norte de Europa para ver que el conflicto se plantea. Aún así parece que los economistas europeos se sitúan en una posición intermedia respecto a los efectos de la integración. Los economistas norteamericanos suelen ser aún más críticos respecto a la oportunidad que se nos presenta. Por todo esto no parece correcto aplicar un principio de autoridad cuando hablamos sobre el tema que nos ocupa.

Si este trabajo se hubiese desarrollado tan solo unos años atrás, la cuestión podría ser sin duda si la unión monetaria a fecha fija era o no una buena idea. Hoy el debate excede dicha cuestión, pero en absoluto está fuera de lugar por cuanto es una realidad en la que estamos completamente inmersos y nos puede servir como marco para entender la realidad económica y social que implica. Por esto, y a modo de indicación general de como el documento se desarrolla, señalar que en primera instancia trataré este tema, lo oportuno o no de pertenecer en un primer estadio a la Europa de Euro teniendo en cuenta lo que hasta ahora esto nos ha reportado; más tarde, dado que parece que no hay vuelta atrás en el proceso en el que estamos completamente inmersos, trataré de explicar cuales son los retos a los que nuestra economía tiene que hacer frente y cómo tratar de salir adelante en una unión, y no querría adelantar aspectos que serán posteriormente tratados, en la que la situación estructural y económica española no parece ser la idónea.

Como espero que quede claro al concluir la lectura de este artículo, confiar en las posibles bondades que parece que acompañan a la nueva moneda, dejando pasar el tiempo y esperando que todo ocurra por su propio peso es un acto de inocencia que no nos podemos permitir. El bienestar no está garantizado.

Recordemos, “…el interés general ya no está garantizado por el Estado, sino por el funcionamiento del mercado…” (Rodrigo Rato, Vicepresidente del Gobierno, Febrero de 1997).

Como se analizará más adelante, es del todo necesario que la economía española de un salto cualitativamente importante. Ya no tenemos una válvula de escape llamada tipo de cambio y el hecho de formar parte de la unión no implica que a partir de ahora todas las decisiones que se adopten serán las más adecuadas. Sólo una cosa está clara, necesitamos hacer frente a fuertes reformas estructurales: necesitamos aumentar nuestra competitividad y fomentar proyectos empresariales capaces de competir en los mercados internacionales. Y todo ello pasa por el adecuamiento de la política fiscal a la nueva realidad y tratar de forma prioritaria temas tales como la educación, el empleo y el funcionariado.

Hablaré por tanto de aspectos macroeconómicos y nominales, pero quede claro que mi verdadero interés a la hora de realizar mi investigación ha sido el efecto final sobre la economía real. La estabilidad macroeconómica, la ansiada estabilidad de precios puesta como objetivo del Banco Central Europeo no significan nada para mí si las condiciones de vida de los españoles no mejoran cada día. Se entenderá que por esto haya prestado especial atención al tema del empleo.

Por tanto, puestos en antecedentes sobre cuales son mis intenciones, sólo me queda apuntar que procuraré ser crítico en todos y cada uno de los aspectos que trate a lo largo de este modesto estudio; hablaré de las posibles ventajas y desventajas de la entrada en la comunidad, de cómo afectarán en particular las medidas a nuestra economía y como la literatura más reciente nos orienta acerca los pasos que debemos seguir cuando queramos formarnos una opinión.

De todas formas recordemos lo que siempre se nos dice desde que empezamos con el estudio de la economía en cualquier facultad: aquí no hay recetas.

LA EUROPA UNIDA

E

stados Unidos es el paradigma que nos muestra qué significa la culminación de la idea de unión económica que ahora se nos presenta en Europa. Pero dejarse llevar por el idealismo y creer que basta con proponer abstracismos para lograr la mejora que en última instancia se pretende no es el camino. Y no estoy hablando sólo de que la macroeconomía no tiene la respuesta ideal, sino que hay muchos factores que debemos tener en cuenta al hablar de una posible Europa unida.

Lo primero es dejar a un lado los EEUU como modelo a seguir. El contraste con la situación europea es considerable: una lengua común, un mercado laboral flexible, facilidades a la movilidad geográfica, un presupuesto federal suficiente para hacer frente a shocks asimétricos, una concepción común sobre el papel económico del estado y un fuerte sentimiento de identidad nacional. ¿Cuándo estaremos dispuestos a escuchar el himno de la UE en vez del Español? ¿Cuándo nos emocionaremos con él? Por lo tanto no podemos esperar que las medidas aplicadas a la Europa de hoy tengan los mismos efectos que si fuesen aplicadas en EEUU; cuidado al hablar de términos como flexibilidad laboral, estado del bienestar, etc.

Y esas no son las únicas razones que pueden ir en contra del proceso de una Europa unida como se nos propone (Diego Hidalgo):

  • Una falta general de entusiasmo por el ideal europeo.

  • La noción de que Europa está basada en una serie de distorsiones económicas, por ejemplo, la PAC.

  • La cesión de soberanía por las legislaturas nacionales al Parlamento Europeo será contraproducente porque los ciudadanos no elegirán ya a sus representantes por los partidos a los que pertenecen, sino por sus nacionalidades (Prof. Juan Linz, Universidad de Yale).

  • Una unión política parece irrealizable, como muestran las diferencias de posturas ante temas como Bosnia o la guerra del fletán entre España y Canadá en 1995.

  • Las posibles perturbaciones asimétricas, el grado de integración o diferenciación productiva que determina su importancia y los mecanismos de compensación propuestos, es decir, la política fiscal y el presupuesto disponible para atenuarlas.

De todas formas y a su pesar, parece que el proceso sigue su curso y que los efectos netos del mismo han sido claramente beneficiosos para la economía española: en un marco de acelerada apertura a la competencia exterior, la economía española ha sido la segunda que más a crecido, en la última década y media, de entre las comunitarias.

Las reglas que se han ido instaurando en nuestra economía son más abiertas, oponiéndose al intervencionismo que había sido tradicional en España y en gran medida causa de nuestro retraso y del sobreesfuerzo que nos hemos visto obligados a acometer.

Veamos en la situación que nos ha dejado la integración económica y monetaria (distinguiré entre ambas) en términos de relaciones económicas internacionales, nuestra estructura productiva o los equilibrios macroeconómicos, bienestar y crecimiento.

EFECTOS DE LA INTEGRACIÓN ECONÓMICA

A

nte todo ha sido un proceso de apertura al exterior, a los flujos de mercancías, personas y capitales.

  • CREACIÓN DE COMERCIO:

  • Esto supone la sustitución de nuestra producción nacional menos eficiente por importaciones. Si bien en el corto plazo esto se traduce en la desaparición de empresas, el aumento del desempleo y el desequilibrio comercial, a medio y largo plazo el efecto debería llevar a que los recursos productivos se dirijan hacia aquellas producciones en las que tengamos ventajas comparativas y competitivas, impulsando su crecimiento y las exportaciones.

    Según Rafael Myro, esto es lo que ha supuesto la integración de España a la Europa comunitaria, todo ello con una importante ayuda de capital extranjero.

    Es interesante destacar que la estructura productiva se ha dirigido hacia sectores más avanzados y no los tradicionales como cabría esperar. Y cabría esperar esto por la obra de mano abundante y determinados recursos naturales que podrían ser también considerados como ventaja comparativa. La razón es que también estamos integrados en un proceso de globalización mundial y desde esta perspectiva España pertenece a los países más desarrollados, con lo que estas ventajas desaparecen en favor de terceros países de industrialización emergente y mano de obra muy barata. En cualquier caso los flujos de capital extranjero muestran la necesidad de afirmar la competitividad de las empresas españolas en un plano internacional.

    Sobre este aspecto también se ha de comentar el esfuerzo del entramado empresarial español por adaptar la calidad del producto nacional al comunitario.

  • MAYOR CERCANÍA DEL CICLO ECONÓMICO ESPAÑOL AL COMUNITARIO:

  • Esto es explicado por la mayor interdependencia de la economía española con las restantes (Jeffrey A. Frankel y Andrew K. Rose). Sin duda, estableciendo una política monetaria común, la integración financiera en un solo mercado y estrechando la coordinación de las políticas fiscales se incrementará aún más la cercanía al ciclo.

    EFECTOS DE LA INTEGRACIÓN MONETARIA

    C

    on poco más de un año desde nuestra integración el 1 de enero de 1999, puede parecer un tanto precipitado hablar de los efectos de la misma, pero no hemos de olvidar que una decisión del calibre de la que hablamos tiene unas repercusiones que en toda regla se anticipan a la aplicación efectiva de la medida.

    Cabría referirse también aquí a los efectos que tuvo nuestra incorporación al Sistema Monetario Europeo, puesto que se trató de una anticipación incompleta a la integración monetaria, pero tal vez sea más apropiado acotar el horizonte temporal a la etapa de transición hacia la moneda única, puesto que lo que nos encontramos hoy en día en nuestra economía es, evidentemente, consecuencia más relacionada con este aspecto.

    Los cinco años comprendidos entre la entrada en vigor del Tratado de Maastricht y el 1 de Enero de 1999, fecha en que efectivamente se implantó la moneda única europea, la economía española puso todos sus esfuerzos en reducir sus desequilibrios macroeconómicos a fin de conseguir una convergencia nominal con las economías comunitarias más equilibradas. Básicamente se buscaba -se busca- el control de la inflación. Esto se hacía a través de los archiconocidos criterios de convergencia nominales: tipo de cambio, inflación, déficit público, deuda pública y tipos de interés nominales a largo plazo.

    Era necesaria además la creación de las instituciones y mecanismos fundamentales para regir la UEM, sobre todo el Sistema Europeo de Bancos Centrales con el Banco Central Europeo (BCE) a la cabeza. Consecuencia de esto fue que las Cortes Generales Españolas aprobasen en 1994 la Ley de Autonomía del Banco de España.

    A finales de 1995 pocos eran los países en los que se reflejaba que los resultados de sus planes de ajuste eran buenos. En cualquier caso, España consiguió importantes reducciones en su tasa de inflación y sin sacrificios de empleo a pesar del ascenso coyuntural en la tasa de paro de 1994.

    A pesar de estar aún lejos de lo exigido, esto colaboró en la creación un clima de europeísmo. Además, sumado a la credibilidad que inspiraba el primer gobierno del PP en su afán por conseguir los objetivos y las expectativas favorables de la inserción del euro en las fechas fijadas, se favoreció que los agentes económicos cooperasen y por ende, que se produjese un avance notable en el proceso de convergencia en 1996 y en la confianza de los mercados financieros.

    Nos beneficiamos de una prima de credibilidad financiera que nos permitió una rebaja sustancial de los tipos de interés, lo que a su vez impulsó el crecimiento económico a través del efecto riqueza y la reducción del déficit público debido al menor coste financiero de la deuda y por el alza bursátil que facilitó la privatización de las empresas públicas.

    La política llevada a cabo durante 1997 y 1998 nos dejó en condiciones de acceder desde el comienzo a la nueva fase de la integración europea. Se cumplían todos los criterios nominales. No obstante deberían realizarse algunas matizaciones:

  • Se cumplían los criterios a excepción, bien es sabido, del de la deuda pública, un objetivo que será difícil de alcanzar en menos de diez años incluso en el escenario más favorable (Álvaro Anchuelo, Universidad de Salamanca).

  • La reducción del déficit puede resultar algo sospechosa: El mayor aumento de la Deuda Pública frente al déficit hizo pensar que el gobierno estaba trasladando déficit a deuda con las consabidas consecuencias para las generaciones venideras (José Borrel, “El País”, 29 de noviembre de 1998).

  • EFECTOS SOBRE LA ECONOMÍA REAL

    A

    nalizamos este punto a través de las cinco variables propuestas por la catedrática de la UCM, Carmela Martín: PIB per cápita, empleo, capital humano, capital tecnológico y la proporción de los gastos de protección social sobre el PIB.

    Atendiendo a estos factores parece que España ha avanzado con respecto al conjunto de los países de la UE, si bien también hemos de concluir que no queda demostrado que esta convergencia se haya producido por el proceso de integración hacia la UEM. En cualquier caso, la situación no es tan buena como la que harían imaginar los logros alcanzados en materia nominal.

    Como ya dijimos, parece de consenso que la integración potenciará el bienestar en términos de PIB per cápita, pero los resultados teóricos de los distintos modelos de crecimiento no son concluyentes a la hora de determinar los efectos de la integración en el proceso de convergencia.

    En cualquier caso, una vez repasado el marco teórico y las consideraciones econométricas, el trabajo desarrollado por la profesora Cuñado parece el que más se acerca a la realidad. Su conclusión es que si bien se ha producido un efecto positivo significativo de la integración de España en la UE, la evolución cíclica sigue siendo más que notable con lo que ”la convergencia real de la economía española en el seno de la Unión Europea no tiene porqué darse de una forma espontánea ni acelerarse con nuestra integración en la Unión Europea. (…) aunque las diferencias entre los niveles de producto per capita de España-UE y España-Alemania han disminuido a lo largo del período de estudio, no hay evidencia suficiente como para suponer ni que esta diferencia va a tomar un valor igual a cero en el largo plazo, ni para suponer que esta diferencia va a seguir disminuyendo de forma gradual. (…) podemos decir que el acercamiento de nuestro país en el seno de la UE es cíclico, lo que indica que en la próxima fase recesiva del ciclo las diferencias pueden volver a aumentar.”

    En cuanto al empleo, la existencia de una elevada y persistente cifra de paro ha convertido la creación del mismo en un reto básico. Como se verá más adelante, el éxito de las medidas adoptadas para aumentar el número de empleos depende en gran medida de los comportamientos y actitudes de los agentes económicos y de los responsables políticos.

    De entrada, el caso español no presenta un panorama muy halagüeño. En palabras de Carmela Martín (UCM), “la posición relativa de España en términos de la tasa de paro se ha mantenido prácticamente estancada durante el periodo en torno a un diferencial que supone una tasa de desempleo de alrededor del 20%… no es ni comparable con la media europea. Tenemos un gran exceso de trabajo temporal, la tasa más baja de empleo a tiempo parcial, costes de despido muy altos, el mayor número de parados de larga duración y unos costes laborales que crecen deprisa. Además, todo indica que la próxima década la población activa española crecerá a tasas superiores a las de la mayoría del resto de países de la unión” Si bien algunos aspectos son matizables, en general el escenario no nos permite autocomplacernos.

    Pero sin duda podemos identificar una serie de efectos positivos de la unión sobre el mercado de trabajo español, al menos a largo plazo y siempre que la economía española sea capaz de aumentar su densidad de trabajo por unidad de output. De todas formas, las políticas de convergencia han tenido hasta ahora un efecto mixto. Los ajustes presupuestarios pueden estar resultando contractivos, pero menos de lo que se suponía, sobre todo en lo que se refiere a los recortes de la inversión pública en términos reales (Jordi Sevilla, Grupo Parlamentario Socialista).

    Con la mayor transparencia en la fijación de precios y los menores costes de transacción se refuerza el mercado interior y se incrementa la competencia; los efectos previsibles son una mejora de la eficiencia y de la renta a corto plazo y una mayor tasa de crecimiento a largo plazo con el correspondiente aumento del empleo (Fina -1996-). Además, el incremento en el nivel de competencia, al reducir los factores autónomos del alza de precios, se reflejará en una menor tasa de paro de equilibrio (Layard, Nickell y Jackman, 1991).

    De igual manera podemos inferir que la reducción de la incertidumbre sobre los tipos de cambio se concretará en unos tipos de interés reales más bajos al desaparecer la prima de riesgo cambiario. También se espera la caída y estabilización de la inflación y la disciplina presupuestaria derivada del Pacto de Estabilidad... Parece sensato pensar que todos estos factores tendrán un efecto positivo sobre el nivel y la tasa de empleo.

    Pero no hay que olvidarse de la importancia del funcionamiento global del mercado de trabajo para asegurar una adecuada adaptación de la mano de obra a las exigencias de crecimiento o a la contención de las presiones inflacionistas.

    En cuanto a los efectos potencialmente negativos encontramos al menos tres derivados de participar en la unión:

    • Los derivados de la política macroeconómica europea en el ámbito monetario y de gestión del tipo de cambio, por su carácter restrictivo para una economía con las características de la nuestra: alta tasa de desempleo, presiones inflacionistas latentes y equilibrios aún precarios en sus finanzas públicas.

    • Los asociados a la dinámica salarial: presiones a escala europea tendentes a igualar los niveles retributivos. Descartado que este efecto se produzca por flujos migratorios desde las regiones de bajos salarios hacia las que ofrecen altas remuneraciones, nos queda el de los mecanismos de tipo institucional (presión sindical...), alejados de la lógica del mercado.

    El riesgo existe y podría suponer grandes pérdidas de competitividad, de output y de empleo en los países de bajos salarios. En cualquier caso, puede esperarse que las diferencias de tipo cultural, histórico y lingüístico puedan frenar este proceso de alguna manera.

    • El problema de los shocks asimétricos, derivados de la renuncia a una política cambiaria autónoma. Este tema, por su importancia, será tratado más adelante con detalle.

    De todas formas tendamos una mano al optimismo. Con la Cumbre de Luxemburgo y el compromiso de un Consejo Europeo anual dedicado al empleo, se inició un cambio cualitativo en la forma de considerar el aspecto que nos ocupa dentro de la unión, contrarrestando el imperante monetarismo de su esquema. Y doy pie al optimismo por cuando las ideas que se propugnaban iban en el mismo sentido que las que concluyo en este estudio:

    • Mejorar la “empleabilidad” de los trabajadores, englobando básicamente las políticas activas orientadas a la formación.

    • Estimular el espíritu empresarial, considerando la simplificación del acceso al mercado de pequeñas empresas.

    • Facilitar la adaptabilidad de las empresas y sus empleados, basándose en la negociación entre los interlocutores sociales.

    • Fortalecer las políticas de igualdad de oportunidades que favorezcan la inserción laboral de las mujeres y los discapacitados.

    Pero a pesar de ser la propuesta una posible política de empleo eficaz, ha de ser este un optimismo contenido. Por un lado, por la falta de compromiso declarada en su momento por el presidente español en la Cumbre de Luxemburgo y por otro, nunca se llega de forma decidida a compromisos concretos.

    Tasa de paro, en porcentaje

    1974-85

    1986-90

    1991-95

    1994

    1995

    1996

    1997

    1998 (P)

    BÉLGICA

    7,7

    8,7

    8,5

    10

    9,9

    9,7

    9,2

    8,3

    DINAMARCA

    6,4

    6,4

    8,6

    8,2

    7,1

    6,8

    5,5

    4,2

    ALEMANIA

    4,2

    5,9

    7,3

    8,4

    8,2

    8.9

    10,0

    9.7

    GRECIA

    3,8

    6,8

    8,3

    8,9

    9,1

    9,6

    9.4

    9,1

    ESPAÑA

    11,3

    18,9

    20,9

    24,1

    22,9

    22,2

    20,8

    18,9

    FRANCIA

    6,4

    9,8

    11,1

    12,3

    11,5

    12,4

    12,4

    11,7

    IRLANDA

    10,6

    15,5

    14,5

    14,3

    12,4

    11,6

    10,1

    8,7

    ITALIA

    7

    9,6

    10,3

    11,4

    11,9

    12,0

    12,1

    12,0

    LUXEMBUR.

    1,7

    2,1

    2,5

    3,2

    2,9

    3,0

    2,6

    2,4

    HOLANDA

    7,1

    7,4

    6,5

    7,2

    7,3

    6,3

    5,2

    3,7

    AUSTRIA

    2,5

    3,4

    3,8

    3,8

    3,8

    4,3

    4,4

    4,4

    PORTUGAL

    6,9

    6,1

    5,6

    7

    7,3

    7,3

    6,8

    5,7

    FINLANDIA

    5,3

    4,7

    14,8

    18,4

    17,2

    15.3

    13,1

    11,6

    SUECIA

    2,5

    2,1

    7,5

    9,8

    9,2

    9,6

    9,9

    8,3

    R. UNIDO

    6,9

    9

    9,5

    9,6

    8,8

    8,2

    7,0

    6,3

    EUROPA

    6,4

    9

    10,2

    11,3

    10,9

    10,9

    10.7

    10,0

    EEUU

    7,5

    5,9

    6,5

    6,1

    5,6

    5,4

    4,9

    4,5

    JAPÓN

    2,2

    2,5

    2,6

    2,9

    3,1

    3,4

    3,4

    4,2

    Fuente: Servicios de la Comisión Europea (Previsiones octubre 98)

    En lo que respecta a la dotación de capital humano, hemos reducido su desnivel respecto a la media europea, pasando del 86 al 96 del 58% al 64% del valor medio comunitario, si bien es menos de lo esperado.

    En cuanto al stock de capital tecnológico también se observa una aproximación notable a la media, aunque el desfase en aún espectacular. El ratio del stock de capital tecnológico sobre el PIB es sólo del 34% de la media.

    La proporción de los gastos de protección social sobre el PIB también ha experimentado una reducción en la diferencia con la media europea, pasando del 74% al 82% desde el 86 al 96.

    ¿QUÉ NOS ESPERA CON EL EURO? COSTES Y BENEFICIOS

    A

    lgunos de los beneficios potenciales del euro son los siguientes:

    • La reducción de la inflación favorecerá el ahorro y la inversión, evitando el efecto negativo de los impuestos no neutrales (cuyos tipos suben al aumentar la inflación), a la vez que disminuyen los costes de algunas empresas derivados del cambio de precios y de la búsqueda de refugios antiinflacionarios.

    • Reducción de los tipos de interés nominales y reales a largo plazo.

    • La desaparición de una nueva barrera al comercio, incentivando la especialización de las economías europeas, aprovechando mejor sus ventajas comparativas y sus recursos.

    • Desde un punto de vista marcadamente liberal, los beneficios de un mercado más grande, menos segmentado y más desregulado y por ende, más competitivo y que incentiva la innovación tecnológica, base del crecimiento.

    • Y en general: El plan de convergencia, estabilidad económica, estabilidad del tipo de cambio, eliminación de riesgos de tipo de cambio, eliminación de comisiones bancarias, agilización de los intercambios, reducción de los márgenes bancarios, mayores oportunidades de inversión, desaparición del aprendizaje en divisas, aumento de la inversión extranjera (si se crea el clima propicio) y un previsible aumento de la inversión interior.

    En el lado de los costes: la no existencia de armonización fiscal, los costos de adaptación, los efectos perjudiciales de redondeo, el proceso de canje de billetes y monedas, los precios duales, efectos psicológicos, pérdida de referencias en precios, alejamiento actual del ciudadano, recálculo de costes, distribución, transportes...

    En cualquier caso, y por eso se estudia de manera separada, gran parte de la bibliografía estudiada acerca de los efectos de la integración monetaria se basan en la idea de área monetaria óptima y en considerar los efectos de las posibles perturbaciones de demanda u oferta asimétricas.

    Eliminando el recurso del tipo de cambio impedimos el manejo interesado del mismo por parte de la clase política, el riesgo de sufrir periodos de sobrevaloración del tipo de cambio real, de realizar devaluaciones ineficaces que se pierdan en mayor inflación y además no hay que soportar sistemáticamente mayores tipos de interés reales que los que existirían en condiciones de estabilidad cambiaria. Pero eso sí, renunciamos a un recurso especialmente útil en determinadas circunstancias. El no poder usar las recurridas políticas de tipo de cambio ni los ajustes que ofrece una moneda propia acarrea un coste más que importante: que ante las mencionadas perturbaciones la economía española no tenga capacidad de reacción. Esta dificultad se magnifica si tenemos en cuenta las restricciones sobre el uso de la política fiscal.

    En este contexto parece que sólo la disminución de los precios podría llevar a resultados similares. Pero para eso es necesario el buen funcionamiento de los mercados; la flexibilidad de los mercados se hace necesaria, sobre todo en los sectores productivos estructurales como el mercado de trabajo y los servicios públicos. Además, en el mercado de bienes y servicios también hay que avanzar, a pesar de las privatizaciones y las intervenciones de la Comisión: farmacias, suelo urbanizable, colegios profesionales, servicios municipales… y no seamos inocentes, siempre existen grupos de interés y la naturaleza humana nos lleva a “cometer errores”.

    Una nota necesaria: no parece claro que dichos problemas encontraran una solución más fácil en ausencia del euro. Es más, parece que las políticas que deberíamos tomar en cualquier caso por el bien de nuestra economía no son contrarias a las adoptadas como consecuencia de nuestra voluntad de entrar en la unión. La flexibilización e incremento de la competencia se hacen en cualquier caso necesarias para una economía madura como la nuestra en un contexto de internacionalización que se produce con y sin UEM.

    Por otro lado, de acuerdo con Jordi Galí (Universitat Pompeu Fabra y New York University) y su trabajo para FEDEA, “La política monetaria europea y sus posibles repercusiones sobre la economía española”, “ los costes para la economía española de renunciar a una política monetaria propia deberían ser muy limitados, por lo menos en la medida en que (a) el BCE siga una política monetaria consistente con la regla de Taylor, y (b) el grado de sincronización del ciclo económico y la inflación española con sus homólogos europeos sea parecido al observado en el pasado reciente. Cabe esperar que los costes de la integración monetaria tomen la forma de una mayor volatilidad del producto y de la inflación, resultante de una mayor persistencia en los efectos de los shocks de oferta y demanda domésticos. ” aunque ”Dicha conclusión podría modificarse en un futuro si se produjese una disminución significativa en el grado de correlación entre los shocks domésticos (ámbito español) y shocks agregados (ámbito de la UME).

    EL PROBLEMA DE LAS PERTURBACIONES

    P

    resentado de manera breve en qué consiste el problema, pasemos ahora a explicar de forma detallada su probabilidad de ocurrencia futura, presente y sus posibles consecuencias. La importancia radica en que la forma de evitar sus consecuencias nos orienta también acerca de las medidas que la economía española debe tomar en cualquier caso si desea beneficiarse la potencial bonanza de la integración.

    No quisiera olvidar, antes de continuar, que el problema de las perturbaciones puede también generarse en el seno del propio país, reforzando las diferencias regionales ya existentes. Recordemos que aquí sí tiene sentido hablar de un presupuesto común compensatorio de regiones más activas como Madrid o el “Eje Mediterráneo” a otras más deprimidas como “Extremadura”. Téngase pues en cuenta que el riesgo de shocks asimétricos ha de ser considerado más bien por regiones. En cualquier caso y por razones de comodidad no haré distinción cuando hable de España si bien, como es lógico, la importancia de este aspecto es remarcable y es otro de los retos que se le presenta a la economía española.

    Como ya adelantamos, el efecto de las perturbaciones depende de dos factores:

  • De la capacidad del tipo de cambio para alterar positivamente el comportamiento de las variables de producción y empleo.

  • De la posibilidad de perturbaciones macroeconómicas que afecten sólo a España, así como de su frecuencia e intensidad.

  • España podría tener esta respuesta debido a diferencias nacionales en su estructura productiva, en las políticas económicas aplicadas o en la distinta reacción de los agentes ante el mismo shock. Se hace pues necesario revisar el grado de simetría entre la economía española, su mercado de trabajo y el resto de los países europeos, atisbar la similitud de la gestión económica y la similitud de la estructura productiva española.

  • Respecto al grado de simetría existente entre la economía española y su mercado de trabajo y el resto de países europeos podemos concluir gracias a trabajos como el de Viñals y Jimeno (1996) o Fatás (1997/747) que el componente nacional del ciclo del empleo ha perdido importancia a medida que la economía española se abría al exterior, se integraba en Europa y se sometía a la disciplina cambiaria del SME.

  • De esta conclusión también podemos destacar la mayor importancia de los shocks de ámbito regional y sectorial, así como su carácter marcadamente más asimétrico que los shocks nacionales.

    Con todo, la evidencia sobre el comportamiento macroeconómico de España y los restantes países europeos hasta el momento sugiere que las perturbaciones asimétricas a escala española no son escasas.

    En cualquier caso necesitamos un análisis del grado esperado de asimetría en el futuro, para lo que prestaremos atención a los otros dos factores explicativos que también indicábamos anteriormente:

  • La coordinación de las políticas macroeconómicas monetarias y cambiarias entre los países de la UEM, así como el estrechamiento de los márgenes de actuación en política fiscal por el Pacto de Estabilidad sugiere un mayor grado de coordinación macroeconómica.

  • No obstante esta homogeneización implica el riesgo de acrecentar la discrepancia cíclica entre España y los restantes países. Esto podría suceder si:

    - Si los movimientos en el tipo de cambio único afectaran de forma distinta a la economía española. Si la razón residiese en diferencias en la estructura productiva, el riesgo de asimetría tendería a desaparecer.

    - Si la uniformidad de políticas constriñese la capacidad de reacción de las autoridades españolas ante shocks específicos, aunque no parece que se dé el caso (Myro y López, 1997).

    Es decir, que parece que al aumentar el grado de coordinación de las políticas se limitará la magnitud de los shocks asimétricos nacionales.

  • Según la Comisión Europea (1990), la mayor parte del comercio entre los miembros de la UE es de carácter intraindustrial, lo que refleja unas estructuras industriales diversificadas y relativamente similares. Esto puede considerarse como resultado del proceso de integración y el estudio concluye que se incrementará esta tendencia de aproximación entre estructuras productivas, con lo que se reduce la probabilidad futura de shocks asimétricos.

  • Ya lo advierte Manuel Guitián, director del Departamento de Asuntos Monetarios y Cambiarios del FMI -1997: “Hay que reconocer que los desequilibrios económicos son una característica de la evolución de las sociedades humanas y que por lo tanto no desaparecerán”. Los nuevos enfoques teóricos de comercio internacional y localización industrial permiten sostener, no obstante, la posibilidad de que en el proceso de integración se genere una tendencia a la concentración geográfica de la actividad productiva, la población y la demanda basándose en el incremento de los rendimientos a escala. Krugman (1993) argumenta que la UEM, al acrecentar el grado de apertura, reducirá la diversificación industrial del territorio europeo, incrementando la especialización y por tanto la probabilidad de shocks asimétricos. No obstante, por las matizaciones que se pueden hacer a éste último modelo, podemos seguir manteniendo que todo indica que se limitarán las perturbaciones asimétricas que nos ocupan en el futuro.

    Ahora bien, ¿qué podemos decir del hoy y el futuro cercano teniendo en cuenta nuestras condiciones actuales? Las fuentes de shocks no radican sólo en la eventualidad de las mismas, sino también en las estructuras productiva y comerciales españolas presentes (del Río, 1994 y Martín, 1997) y en el comportamiento diferencial de los agentes económicos, sobre todo en el mercado laboral (Viñals y Jimeno, 1997). Después de lo dicho anteriormente, los riesgos sobre el mercado de trabajo se hacen evidentes y actuar para hacerlo eficiente es necesario, a modo de resumen, por lo siguiente:

    • Los efectos favorables de la UEM sobre el empleo dependerán en gran parte de su capacidad para traducir en puestos de trabajo los incrementos de inversión y renta y en sus tasas de crecimiento.

    • Su homologación con el mercado europeo y su funcionamiento eficiente eliminará los shocks asimétricos nacionales con origen en respuestas diferenciadas del mercado de empleo nacional ante perturbaciones comunes.

    • Como veremos, por la baja movilidad espacial de la mano de obra y la incapacidad estabilizadora del presupuesto comunitario, se necesita de un aumento de la flexibilación y la adopción de medidas que aumenten la competitividad.

    ¿Qué mecanismos de ajuste nos quedan pues para hacer frente a estas perturbaciones en España?

    La literatura económica ha centrado su punto de mira en tres potenciales mecanismos: la movilidad de factores, la flexibilidad de precios y salarios y el ajuste presupuestario.

    a. EL AJUSTE PRESUPUESTARIO (European Comission, cap.6, 1990):

    La ausencia de una política fiscal centralizada es en gran parte responsable de la escasa dimensión del presupuesto comunitario y la insensibilidad al ciclo de sus mecanismos de financiación y gasto limitan seriamente su capacidad para actuar de forma estabilizadora. Eichengreen (1990) habla de sólo un 1% de compensación de caída de renta nacional en la UE, frente al 30% de los EEUU. Este es uno de los motivos usados cuando se argumentó la pertinencia de aplazar la UEM.

    Existen propuestas para solventar esta limitación, pero hoy en día España no puede contar con un verdadero sistema fiscal estabilizador. En cualquier caso, aunque existiese una presupuesto central de la UEM, habría que cuestionarse si el mecanismo impuesto-transferencia retrasaría el ajuste inevitable en los precios relativos (Vicente Javier Fernández, Técnico Comercial y Economista del Estado)

    Y es que la política fiscal, aunque se considera de interés común y se articula a través del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), al final se encomienda a las autoridades nacionales. Éstas tienen autonomía y no existe apenas ninguna regulación común ni en lo relativo a la cooperación ni a la información fiscal entre las administraciones tributarias nacionales.

    La importancia de los PEC es indudable, pues en su marco se presentarán los Programas de Estabilidad, que sustituirán a los Programas de Convergencia de los países que participan en la UEM, además de establecerse un programa de compromiso que nos evitará presiones inflacionista, tan comunes para nosotros en la década de los noventa y nos ayudará a conseguir el objetivo de la deuda.

    b. LA MOVILIDAD LABORAL:

    Las diferencias culturales, lingüísticas, que no el modelo de pensiones y sanidades públicas, hacen que la movilidad en Europa sea notablemente reducida (De Grawe y Vanhaverbeke, 1991) y por tanto su capacidad para ajustar el nivel de empleo. En principio serían entonces las decisiones de participación laboral las que retornasen al equilibrio los mercados de trabajo regionales. Pero en España se da la baja movilidad y una lenta reacción de la población activa entrando y saliendo del mercado laboral, lo que repercute en una alta persistencia del desempleo regional.

    De todas formas existen ventajas derivadas de la escasa movilidad como el freno al proceso de concentración geográfica de la actividad económica, la pérdida de capital humano cualificado y el ajuste salarial entre países.

    c. LA FLEXIBILIDAD SALARIAL

    Nuestro mercado nacional funciona de forma deficiente, con una alta indiciación salarial y una gran insensibilidad de los salarios al desempleo. El resultado es una alta rigidez de los salarios y, por tanto, una incapacidad de los mismos para ayudar al empleo y a la economía en general a recuperarse en caso de perturbaciones recesivas.

    Por eso, sin los mecanismos de ajuste a y b parece que la economía española se ve obligada a incrementar su nivel de flexibilidad laboral para garantizar que la integración monetaria genere efectos positivos. En general se habla de una flexibilización de salarios para reaccionar con agilidad. Pero hemos de señalar que no estamos hablando de una desregularización o flexibilización total del trabajo. Por un lado no se puede demostrar la necesidad de reducir los costes de despido ni la cuantía de las prestaciones por desempleo y por otro, nuestra necesidad de incrementar las actuaciones en el aspecto de políticas activas no puede considerarse en ningún caso como un acto de desregularización.

    ¿Cómo podemos aumentar la flexibilidad salarial?

    Encontramos varios argumentos (indicamos primero la teoría y luego que nos muestra la evidencia empírica):

    De un lado la teoría predice un efecto de signo positivo de los costes de despido sobre la rigidez salarial (Blanchard y Summers, 1986; OCDE, 1993) y la dificultad de los ajustes en las plantillas de las empresas (Carmela Martín). La evidencia en cambio nos indica que el efecto es prácticamente nulo y dos son las posibles explicaciones:

    • Una es de carácter metodológico en el trabajo consultado; las dificultades inherentes a la cuantificación de los mismos nos obliga a trabajar con estimaciones, a veces subjetivas.

    • El poder negociador basado en los costes de despido no es decisivo, y sí lo es la voluntad de las partes.

    De todas formas no podemos olvidar que este factor puede tener un efecto claro en un aspecto cualitativo como el de la calidad de los contratos. Se incentiva de alguna manera que se eleve la proporción de trabajo temporal con la consecuente segmentación del mercado y la reducción de la eficiencia.

    Por otro lado, cabe esperar una relación cuadrática (cóncava) entre el nivel de negociación y la rigidez salarial (Clamfors y Driffill, 1988; Calmfors, 1993). La negociación totalmente centralizada o totalmente descentralizada genera menos rigidez. Esto se confirma en la práctica. Una negociación de nivel intermedio va asociada a una mayor rigidez de salarios y es el caso de España.

    Parece que el grado de coordinación y el consenso entre los sindicatos y las asociaciones empresariales afecta positivamente a la flexibilidad y la capacidad de ajuste de los salarios (Bruno y Sach, 1985; Tarantelli, 1986). La práctica confirma la bondad de un clima de consenso y de equilibrio social.

    Pero la coincidencia de opiniones no siempre será fácil. Sindicatos y patronal coinciden en la necesidad de acometer reformas estructurales, pero las medidas que proponen son muy distintas en muchas ocasiones. UNICE (la patronal europea) habla de medidas para fomentar el empleo “aunque sean impopulares”; los sindicatos hablan de reducir las horas de trabajo. La discusión está servida: ¿Trabajar 35 horas semanales cobrando 39? ¿Duros a cuatro pesetas? ¿Quién hará frente a los costes? Evidentemente el compromiso y la responsabilidad pasa por todos, incluido en este caso el gobierno o las Comunidades Autónomas.

    Los otros puntos propuestos por los sindicatos son la extensión del trabajo a tiempo parcial con acceso a una pensión contributiva y protección asistencial garantizada, la extensión de contratos de relevo que favorezcan el acceso a los jóvenes, actuar frente a las horas extraordinarias y promover los permisos de media y larga duración que permitan la contratación de otra persona. ¿Se llegará al acuerdo?

    Seamos optimistas. Cándido Méndez invitaba de alguna manera a dicho optimismo en un artículo publicado el 20 de noviembre de 1997 en “El País”. Las patronales CEEP y UNICE y los sindicatos integrados CES han sabido consensuar unos criterios básicos comunes en la búsqueda del incremento del potencial de crecimiento económico con el objetivo cuantificado de crear empleo y en la lucha contra el desempleo de larga duración y juvenil (formación y orientación profesional).

    También cabe esperar un efecto de signo positivo entre la cuantía y duración de las prestaciones y la rigidez salarial. Bien, la práctica nos hace distinguir entre duración y cuantía por el efecto diferenciado de ambos componentes: Mientras que el alargamiento del periodo de percepción prolonga la búsqueda, el aumento de la cuantía actúa en dos sentidos que tienden a compensarse: por un lado se eleva el salario de reserva y reduce la posibilidad de aceptar un empleo y por otro, permite a desempleado dedicarse a la búsqueda de empleo, pues tiene garantizado el ingreso.

    Gemma García (Universitat de Barcelona) afirma no obstante que “una disminución de la duración máxima potencial (dos años) podría reportar efectos positivos en la probabilidad de salir del paro”, si bien “debería ir acompañada de un mejor diseño de la prestación asistencial (…) y un mayor control (…) para evitar el posible fraude”.

    Finalmente, la teoría y la práctica coinciden en la relación negativa entre las políticas activas y la rigidez salarial, si bien, llegado un cierto nivel de gasto, la relación puede invertirse.

    Hay que enfatizar el componente formativo en detrimento de otras como los empleos públicos para los parados, que acaban por desestimular el esfuerzo de búsqueda.

    Con la evidencia empírica en mente, cuatro son los puntos principales que debemos acometer en materia laboral:

    • Más coordinación y consenso social.

    • Más formación para los parados. Teniendo en cuenta que España se sitúa en el grupo de países con una baja participación de las políticas activas comparándonos con la media europea, mucho es el camino que podemos recorrer aquí.

    • Cambios en la negociación colectiva. Tal como se apuntó parece que nos encontraremos con crecientes shocks regionales, con lo cual podría resultar interesante avanzar hacia una descentralización de la negociación en este sentido. Así, además de hacer frente a los shocks, avanzamos en el grado de coordinación y consenso en el territorio.

    • Una reforma de las prestaciones de paro. El sistema español se sitúa en la banda media-alta de la UE, con lo que existe un margen, aunque muy limitado ya que no tenemos un sistema de garantía alternativo a las prestaciones por desempleo y carecemos de mecanismos suficientes de asesoramiento y reinserción laboral para nuestra elevada cifra de parados de larga duración.

    ¿ALGO MÁS?

    L

    a economía española en la UE y el comportamiento del empleo estará condicionado no sólo por la política laboral. También está el consabido efecto de la gestión macroeconómica de las autoridades de la UEM y las posibles actuaciones en la esfera de la política industrial, de la política tecnológica y de la formativa, responsable también de la capacidad competitiva. Ésta es la palabra clave; no sólo la que nos permitirá aprovechar los siempre potenciales beneficios, sino hacer frente a las amenazas de un entorno cada vez más competitivo: economía de escala, de experiencia y de aglomeración de procesos productivos, diferencias de calidad en bienes y factores de producción y la posesión de conocimiento y tecnología favorecerán a los países o regiones que partan en mejor situación.

    En palabras de Miguel Boyer hay dos condiciones de estricto cumplimiento: hacer coincidir las tasas de crecimiento de los precios y de los costes laborales unitarios. En definitiva, todo dependerá en gran medida de los trabajadores y empresarios.

    Centrando el tema en la cuestión de la competitividad de la empresa exportadora española, ¿qué podemos decir?

    Es importante que la empresa española introduzca políticas de abaratamiento de precios pero, que quede claro, no tanto basadas en bajos salarios, sino en otros medios que se exponen en el siguiente cuadro:

    FACTOR GENERAL

    FACTOR ESPECÍFICO

    EXTERNALIDADES

    • Transportes

    • Comunicaciones

    • Otras infraestructuras

    • Servicios a las empresas

    ECONOMÍAS DINÁMICAS

    • De experiencia

    • De aprendizaje

    ECONOMÍAS DE ESCALA

    - Internas a las empresas

    OTROS FACTORES DEL PRECIO

    • Costes laborales

    • Costes de inputs intermedios

    • Costes financieros

    • Tipo de cambio de la moneda

    ¿Cómo nos puede afectar la UEM en cada uno de estos aspectos?

  • Respecto a las externalidades, nuestra posición geográfica y nuestro retraso histórico en infraestructuras nos penaliza. Debemos estar atentos a los recortes de la inversión pública en este aspecto.

  • En cuanto a las economías dinámicas: La situación de partida en cuanto a la acumulación de experiencia no nos es favorable en comparación con la media europea.

  • La empresa española bascula hacia la microempresa, lo que nos deja en desventaja en términos de economías de escala. De todas formas, si el compromiso de los gestores con los mercados internacionales es firme, la importancia del tamaño queda muy limitada.

  • En cuanto a los otros elementos, ya no controlamos el tipo de cambio con el consecuente riesgo de encarecimiento de las importaciones clave como equipo, energía… Por otro lado pero con matices, aún tenemos ventaja comparativa en los costes laborales, pero la brecha se irá cerrando.

  • En definitiva podemos concluir que:

    • España debe acostumbrase a competir con los medios de un país avanzado, descartando entonces la competencia en salarios con países en desarrollo.

    • Debemos tener en cuenta que España está lejos de disponer de mecanismos suficientes para una política de precios próxima a la de nuestros socios competidores, que en general son superiores.

    Tiene entonces más sentido tratar de potenciar nuestra competitividad estructural, donde la diferenciación deviene la variable clave y la elasticidad-renta la incógnita predictiva de la variación de los ingresos (pues compatibiliza crecimiento y equilibrio exterior). Se trata de que las empresas eleven la elasticidad-precio de sus exportaciones (que los consumidores consideren el precio menos importante) para competir tanto en los mercados externos como para poder defenderse de las importaciones sustitutivas.

    Como se mostrará, se trata de utilizar las variables de marketing con el ánimo de lograr un mejor posicionamiento del producto y que éste se convierta en un factor diferenciador que justifique un mayor precio.

    Las modalidades de diferenciación y su contenido se esquematizan en las siguientes tablas:

    DIFERENCIACIÓN VERTICAL O EN LA PRODUCCIÓN

    INSTRUMENTO

    FORMAS DE PRESENTACIÓN

    - Tecnología: producto, proceso, diseño

    • Nuevas funciones de uso

    • Superior calidad

    • Mejor diseño técnico

    DIFERENCIACIÓN HORIZONTAL O DE MERCADO

    INSTRUMENTOS

    FORMAS DE PRESENTACIÓN

    • Imagen de marca

    • Publicidad y promoción

    • Redes comerciales

    • Servicios postventa

    • Diseño estético diferente

    • Posicionamiento

    • Facilidades de compra y reparación

    Los indicios sobre las capacidades productivas y tecnológicas de las empresas exportadoras españolas nos permiten intuir su disposición para llevar a cabo estas prácticas:

    Respecto a la capacidad de diferenciarse por producción:

    • Las empresas declaran que ya diferencian sus productos para la exportación (el 23% es aceptable como base teniendo en cuenta el tamaño de la empresa exportadora española). Básicamente se hace por diseño -10%-, por calidad -7%- y por funciones -6%-.

    Además, un 66% modifica en alguna medida el producto cuando lo dirige a la exportación y un 20% lo hace como respuesta a la presión de la competencia.

    • El acervo tecnológico predominantemente español y la convicción de nuestro empresariado (55%) de que la tecnología que ellos usan el superior a la competencia.

    • Los gastos en I+D ascienden a un 5% de las ventas (comparado con el 0'79% del PIB del país dedicado a este asunto) y se destinan en un 66% al desarrollo de nuevos productos, en un 22% a adaptar nuevos productos y en un 11% a adaptar o desarrollar equipos.

    Respecto a la diferenciación horizontal o de mercado:

    • Un 75% del producto exportado lo hace con marca propia, pero son marcas que en la inmensa mayoría no tienen un reconocimiento internacional. La imagen genérica de España dificulta las operaciones comerciales de los sectores más modernos.

    • La cifra invertida en términos relativos o absolutos no es de ninguna forma suficiente en términos de promoción y publicidad. El papel de las oficinas comerciales no siempre puede considerarse óptimo, pero sin duda desempeñan una función importantísima.

    El aspecto más publicitado es la calidad (63%), seguido del producto (55%) y del precio (16%), lo que parece reflejar el positivo cambio de estrategia del sector exportador, más orientado hacia la tecnología y la calidad que a la gama o al precio bajo.

    • En cuanto a las redes comerciales el progreso ha sido notable, utilizando en su mayoría una red propia y mostrando con ello mayor presencia y compromiso con el mercado a pesar del también mayor riesgo financiero.

    Como conclusión a este último aspecto, el tejido productivo debería encaminarse hacia industrias modernas de productos diferenciados o tradicionales donde fuese posible revitalizar y diferenciar productos usando instrumentos, más bien de carácter de mercado, que sostuviesen nuestra competitividad. Debemos pues suplir nuestras carencias, muchas de carácter microeconómico como la falta de imagen de marca, la cortedad de los medios de promoción y publicidad y la exigua fuerza de ventas y de distribución.

    Un apoyo decidido de la administración y un aumento del papel de las oficinas comerciales en el extranjero serían, a mi parecer, más que positivos.

    CONCLUSIÓN

    Y

    a no nos encontramos ante una encrucijada entre la que elegir. Estamos metidos de lleno en un proceso irreversible en el que las cuestiones se han trasladado al modo en cómo nos podemos beneficiar del nuevo escenario.

    A lo largo de todo el trabajo hemos visto que las posibles ventajas de la integración son muchas. También hemos visto que las medidas adoptadas para entrar en el primer grupo eran necesarias no sólo por esto, sino por el devenir mundial de la economía. Pero también hemos observado todos los riesgos y no son pocos. El balance nos hace pensar que la opción de entrar ha sido la correcta por los potenciales beneficios a largo plazo. Pero si algo ha debido quedar claro es que la mera pertenencia al grupo no va a suponer una mejora de la economía real. Y eso es lo que importa al final: de qué sirve el esfuerzo si no nos lleva a una mejor calidad de vida.

    Creo que ha quedado claro también que para poder beneficiarse de lo que la unión conlleva hace falta partir de una posición favorable. Hemos visto que hoy en día España no dispone de esas “condiciones favorables” y es por esto que estamos expuestos a los peligros de las perturbaciones asimétricas más que otros países de nuestro entorno, que en caso de ocurrencia podrían llevarnos a una situación más que lamentable. Por lo tanto se hace imprescindible tomar las medidas oportunas, unas medidas que en última instancia nos llevarán a un aumento de nuestra competitividad. Y no hablo sólo de la necesaria puesta punto de los mercados.

    Para ello es necesario que los PEC sean efectivos y que mantengan el necesario clima de estabilidad. Una vez leída la “Actualización del Programa de Estabilidad del Reino de España” parece que va en la línea de lo expuesto en este artículo. Un marco de estabilidad económica y unas expectativas favorables, que es lo que nos ofrece básicamente la UEM, son necesarias… pero no son suficientes. En nuestras manos y nuestro esfuerzo radica aprovechar el inmenso mercado que se nos abre aplicando, aceptando y consensuando políticas fiscales, de empleo, de promoción de empresas y de bienestar social. Debemos entender las nuevas normas que adopta nuestro entorno, el proceso de internacionalización irreversible, debemos abrir para eso nuestra mente y ser capaces de trascender lo nacional.

    Eso implica formación, educación. Por fin puedo apuntar éste como uno de los aspectos fundamentales: España ha de invertir en capital humano. El hecho de que algunos países de nuestro entorno entendiesen eso hace ya mucho tiempo hace que ahora disfruten de una gran ventaja y partan de una posición favorable. Pequeños detalles muestran el esfuerzo de dichos países por seguir manteniendo, si no mejorando, dicha ventaja en la formación de sus ciudadanos: En algunos países la programación televisiva es ofrecida en versión original; lo normal es encontrar que la población joven y madura tenga conocimientos avanzados de, al menos, tres idiomas. En muchas universidades o escuelas de negocios es obligatorio cursar estudios o trabajar un año en el extranjero para obtener el título. El uso de sistemas de información y comunicación es enseñado en todas las escuelas a partir de un grado medio. Internet y sus posibilidades son explotadas con naturalidad y de forma extendida… Es decir, la solución está tanto en la aptitud como en la actitud.

    Y es que la cultura es el remedio de muchos males. Del retraso español, también.

    A continuación una serie de tablas que pueden ilustrar lo explicado a lo largo del documento. Datos actualizados pueden encontrarse, por ejemplo, en la siguiente página WEB: http://www.expansiondirecto.com/economia/base/index.html

    Producto interior bruto (PIB) *

    1974-85

    1986-90

    1991-95

    1994

    1995

    1996

    1997

    1998 (P)

    BÉLGICA

    1,7

    3,2

    1,2

    2,3

    1,9

    1.5

    2.9

    2.8

    DINAMARCA

    2

    1,4

    2

    4,4

    2,8

    3,4

    3,3

    2.4

    ALEMANIA

    1,7

    3,4

    2,2

    2,9

    1,9

    1.4

    2,2

    2,8

    GRECIA

    2,5

    1,9

    1,2

    1,5

    2

    2,6

    3,2

    3,4

    ESPAÑA

    1,9

    4,5

    1,3

    2,1

    2,8

    2,3

    3,5

    3,8

    FRANCIA

    2,2

    3,2

    1,1

    2,8

    2,2

    1,6

    2,3

    3,1

    IRLANDA

    3,8

    4,6

    5,7

    7,3

    10,7

    8.3

    10,6

    11,4

    ITALIA

    2,7

    3

    1,1

    2,1

    3

    0,7

    1,5

    1,7

    LUXEMBUR.

    1,8

    4,6

    2,3

    3,3

    3,4

    3.0

    4,8

    4,2

    HOLANDA

    1,9

    3,1

    2,1

    3,4

    2,1

    3.1

    3.6

    3.8

    AUSTRIA

    2,2

    3

    2

    3

    1,8

    1.6

    2,5

    3,2

    PORTUGAL

    2,2

    5,1

    1,1

    0,8

    2,3

    3.2

    3,7

    4,2

    FINLANDIA

    2,7

    3,4

    -0,7

    4,4

    4,2

    3.6

    6,0

    5,1

    SUECIA

    1,8

    2,3

    0,1

    2,6

    3

    1,3

    1,8

    3,0

    R. UNIDO

    1,4

    3,3

    1,2

    3,8

    2,4

    2,3

    3,5

    2,5

    EUROPA

    2

    3,3

    1,4

    2,8

    2,4

    1,8

    2,7

    2,9

    EEUU

    2,3

    2,8

    2,3

    4,1

    2

    3,6

    4,0

    3,3

    JAPÓN

    3,4

    4,8

    1,3

    0,5

    0,8

    3,9

    0,9

    -2,5

    Precios constantes. Var. anual (%) /Fuente: Servicios de la Comisión (Previsiones octubre 98)

    DÉFICIT PÚBLICO

    1974-85

    1986-90

    1991-95

    1994

    1995

    1996

    1997

    1998 (P)

    BÉLGICA

    -7,9

    -7,2

    -6,1

    -5,1

    -4,1

    -3,2

    -2,0

    -1,3

    DINAMARCA

    -2,8

    0,9

    -2,8

    -3,5

    -1,6

    -0.7

    0,5

    1,2

    ALEMANIA

    -2,8

    -1,5

    -3,1

    -2,4

    -3,5

    -3.4

    -2,7

    -2,6

    GRECIA

    _

    -12,4

    -11,8

    -12,1

    -9,1

    -7,5

    -4,0

    -2,4

    ESPAÑA

    -2,8

    -3,8

    -5,6

    -6,3

    -6,6

    -4,7

    -2,6

    -2,1

    FRANCIA

    -1,7

    -1,8

    -4,4

    -5,8

    -4,8

    -4.1

    -3.0

    -2,9

    IRLANDA

    -10,3

    -5,4

    -2,2

    -1,7

    -2

    -0.4

    0.9

    2,1

    ITALIA

    -9,6

    -10,8

    -9,1

    -9

    -7,1

    -6,7

    -2,7

    -2,6

    LUXEMBUR.

    1,9

    _

    1,7

    2,6

    1,5

    2,9

    3,0

    2,2

    HOLANDA

    -3,6

    -5,1

    -3,5

    -3,4

    -4

    -2,2

    -0,9

    -1,4

    AUSTRIA

    -2,4

    -3,2

    -3,8

    -4,4

    -5,9

    -3,7

    -1,9

    -2,2

    PORTUGAL

    -5,8

    -4,7

    -5,6

    -5,8

    -5,1

    -3.3

    -2,5

    -2,3

    FINLANDIA

    3,7

    4

    -5,4

    -6,2

    -5,2

    -3,5

    -1,1

    0,7

    SUECIA

    -1,7

    3,2

    -8

    -10,8

    -8,1

    -3,5

    -1,1

    0,7

    R. UNIDO

    -3,8

    -1,2

    -5,9

    -6,8

    -5,8

    -4,7

    -2,1

    -0.1

    EUROPA

    -4,1

    -3,7

    -5,3

    -5,4

    -5

    -4,2

    -2.3

    -1,8

    EEUU

    -2,3

    -2,9

    -3,6

    -2,6

    -2,3

    -1.2

    0,1

    1,4

    JAPÓN

    -3,2

    1,3

    -0,6

    -2,1

    -3,9

    -4.3

    -33

    -5,5

    Fuente: Servicios de la Comisión Europea (Previsiones octubre 98)

    Deuda pública*

    1985

    1990

    1994

    1995

    1996

    1997

    1998 (P)

    BÉLGICA

    122,1

    129,7

    135

    133,7

    126.8

    121,9

    117,2

    DINAMARCA

    72

    59,6

    76

    71,9

    68,4

    64,1

    58,8

    ALEMANIA

    41,7

    43,8

    50,4

    58,1

    60,4

    61,2

    613

    GRECIA

    51,6

    90,1

    110,4

    11,8

    112.2

    109,5

    108,7

    ESPAÑA

    43,7

    45,1

    63,1

    65,7

    70.2

    68.9

    67,7

    FRANCIA

    31

    35,4

    48,4

    52,8

    55.7

    58,1

    58.3

    IRLANDA

    101,9

    85,2

    87,9

    81,6

    71,4

    63,4

    53,3

    ITALIA

    82,3

    98

    125,5

    124,9

    124,0

    121,6

    118,8

    LUXEMBUR.

    12,9

    4,7

    5,7

    6

    6.6

    6.7

    7,1

    HOLANDA

    71,5

    78,8

    77,4

    79,7

    77.1

    71,4

    68,6

    AUSTRIA

    50,5

    58,8

    65,1

    69

    69.6

    64,3

    64,0

    PORTUGAL

    61,9

    65,2

    89,6

    71,7

    64,9

    61,5

    57,4

    FINLANDIA

    16,5

    14,5

    59,5

    59,2

    57,8

    55,1

    52,9

    SUECIA

    63,8

    43,5

    79,3

    78,7

    77.2

    76,9

    74,0

    R. UNIDO

    53,8

    35,3

    50,4

    54,1

    54.7

    53,5

    51,5

    EUROPA

    53,6

    55,3

    68,1

    71,3

    72,9

    71,9

    70,3

    * En % del PIB. //Fuente: Servicios de la Comisión Europea (Previsiones octubre 98)


    Saldo C/C *