Economía argentina

Sistema económico argentino. Peso argentino. Billetes. Monedas. Falsificaciones. Casa de la Moneda

  • Enviado por: Mauricio
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 42 páginas
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HISTORIA DEL PESO ARGENTINO

Introducción:

La historia del peso fue muy movida desde sus inicios. En el siglo que termina hubo cinco signos monetarios diferentes. La Revolución de Mayo usó unos vales que no llegaron a ser billetes. Fue el Banco de Buenos Ayres, después Banco Nacional, el primero en mandar imprimir verdaderos billetes. Una curiosidad: el valor de cada uno de esos papeles se dejaba en blanco, para que lo llenase con la leyenda 1, 5 o 10 pesos fuertes, la autoridad que también lo firmaba.En la época de Rosas los billetes ostentaban leyendas políticas: ~Viva la Confederación Argentina! ~Mueran los salvages unitarios!.Después de la crisis económica de 1890, el presidente Carlos Pellegrini creó la Caja de Conversión. Con ese instrumento, en 1899, el Estado nacional asumió el monopolio de la emisión monetaria. Y así nació el peso moneda nacional, convertible en oro. Con intermitencias, esa convertibilidad rigió hasta 1929, para reaparecer 62 después. DiseñoEn 1935, el recién creado Banco Central tomó a su cargo la emisión de moneda. Los billetes que hizo imprimir llevaban el retrato de San Martín adulto y de uniforme, aunque en algunos casos se lo reemplazó por un San Martín anciano y de civil. En 1944 salieron a la circulación los billetes de $ 1.000 que llevaban la imagen de la Fragata Sarmiento, que pronto se conocieron como las fragatas. En 1952 hubo billetes que llevaban la efigie de la justicia pero sin los ojos vendados.A fines de los 40 empezó a acelerarse la inflación. Para 1969, se había hecho muy incómodo el manejo monetario, con billetes cuyo mayor valor alcanzaba los 10.000 pesos m/n. Entonces se lo reemplazó por el peso ley. Esta línea unificó el tamaño imitando al dólar norteamericano: hasta entonces, a mayor valor también era más grande el tamaño de los billetes.El nuevo peso tuvo como diseño paisajes turísticos, lo que fue toda una novedad. Y le correspondió el honor de ser la línea monetaria que tuvo billetes del mayor valor histórico en el país: 1.000.000. Del peso ley al peso argentinoLa línea del peso ley duró 13 años y medio. Pero recrudecieron los problemas de manejo monetario por las altas denominaciones. Así, en junio de 1983 se reemplazó el peso ley por el peso argentino, equivalente a 10.000 pesos moneda nacional: se eliminaron cuatro ceros.Para el peso argentino, en lo que hacía al diseño, se volvió a los próceres y presidentes. Pero eran años de fuerte inflación (en 1983 fue del 433% y en 1984 de 688%) y la nueva moneda sólo tuvo vigencia por dos años.El 15 de junio de 1985 entró en vigencia del Plan Austral. El peso fue reemplazado por el austral, a razón de 1.000 pesos argentinos por un austral. Esto se realizó de improviso y por lo tanto hubo que resellar los billetes viejos.Al principio, el austral valía más que un dólar: 85 centavos equivalían a un dólar. Pero volvió la inflación: 4.900% en 1989 y 2.300% en 1990, y esa moneda también fue devorada por la vorágine de precios.En 1991 arranca el Plan de Convertibilidad. Y se practicó otro cambio de línea. Nació la moneda actual, denominada Peso Convertible a razón de 10.000 australes por un peso o un dólar desde 1992. Es la vigente y la que va a terminar el milenio.

Primeros Billetes
El Peso Moneda Nacional (Símbolo: $) fue la moneda vigente en la Argentina en el período 1881-1969. Fue creada mediante la Ley 1.130, sancionada el 5 de noviembre de 1881 con el objetivo de unificar el sistema monetario en el país, que hasta ese entonces, era bastante caótico, ya que habían varios tipos de moneda (pesos moneda corriente, pesos fuerte y además circulaban libremente monedas extranjeras. Esta ley determinó que la unidad monetaria de la Argentina fuese el peso de oro y plata y que los bancos de emisión debían renovar toda su emisión de billetes a moneda nacional.

'Economa argentina'
Los años entre 1881 y 1884, se caracterizan por emisiones estipuladas por el Banco Nacional, sobre una serie de billetes en pesos moneda nacional oro (ver billetes provinciales).
El 3 de Noviembre de 1887, el Congreso sanciona la ley de Bancos Nacionales Garantidos, con el fin de nivelar la circulación monetaria que sufría un desconcierto por las emisiones locales de las provincias. La Ley de Bancos Garantidos establecía que cualquier banco estaba autorizado a emitir billetes con la condición de realizar un depósito en oro en el tesoro nacional, por el cual recibiera una determinada cantidad de bonos públicos.
El 7 de Octubre de 1890, el Doctor Carlos Pellegrini, Presidente de la República Argentina, crea la Caja de Conversión, que nuclea la impresión, habilitando y emitiendo todo el papel moneda nacional. Los primeros billetes son emitidos con fecha 5 de septiembre de 1890.
En 1891 se liquidó el Banco Nacional y se fundó el Banco de la Nación Argentina.
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Fotos:

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Moneda Nacional: Serie del Progreso
Vigencia: 1899 - 1935
Símbolo monetario: m$n
Emisión 1899-1935
La Ley 3.505, sancionada el 20 de septiembre de 1897, autorizó a la Caja de Conversión a renovar toda la moneda circulante de la época. Se decidió hacer un diseño exclusivo, llamado "Efigie del Progreso", donde aparece una mujer sentada, que sostiene una antorcha encendida y apoya su brazo sobre una versión del Escudo Nacional.
Estos billetes originalmente fueron creados de gran tamaño e impresos en la Casa de Moneda, usando papel de origen francés. Debido a su tamaño y a que el papel no resultó de buena calidad, comenzaron a deteriorarse rápidamente. Por lo que se suspendió la impresión y se eligió un nuevo proveedor. Los nuevos billetes —de menor tamaño— comenzaron a emitirse en 1903, utilizando como método de impresión el sistema de tipografía.
La "Efigie del Progreso", acompaña casi medio siglo, las emisiones argentinas. Esta imagen tiene como finalidad, eliminar del papel moneda, las figuras de personalidades políticas.
Esta serie tan importante, continúa hasta poco después de creado el Banco Central de la República Argentina, en 1935.
Fotos:
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Moneda Nacional
Vigencia: 1881 - 1969
Símbolo monetario: m$n
Emisión 1942-1969
En 1942, el Banco Central decide emitir sus primeros billetes propios, con un diseño más moderno y seguro, abandonando la clásica Efigie del Progreso.
Por problemas de momentánea falta de capacidad, algunas series fueron impresas en Inglaterra, pero luego se retomó la impresión en la Casa de Moneda.
Se utilizaron los sistemas de impresión Offset (0,50 $ y 5 $) y para el resto, el sistema calcográfico.

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Peso Argentino
Vigencia: 1983 - 1985
Símbolo monetario: $a
Equivalencia: 1 $a = 10.000 $Ley
El Peso Argentino (símbolo: $a) fue la moneda vigente en la Argentina en el período 1983-1985. Fue creada mediante el Decreto 2270 y entró en vigencia el 1° de junio de 1983.
Cada Peso Argentino equivalía a 10.000 $ (Peso Ley 18.188). A diferencia del anterior cambio de moneda, esta vez no hubo resellado de billetes.
Sin embargo, la inflación en este periodo siguió en ascenso y en junio de 1985, es reemplazada por una nueva moneda, el Austral.
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Austral
Vigencia: 1985 - 1991
Símbolo monetario: A
Equivalencia: 1 A = 1.000 $a
El Austral se convirtió en moneda de curso legal de la República Argentina el 14 de junio de 1985, cuando el entonces presidente Raúl Alfonsín firmó el decreto 1096, anunciando un nuevo plan económico (llamado Plan Austral) del entonces ministro de Economía Juan Vital Sourrouille para contener una inflación que venía siendo creciente. Su símbolo era una A con el detalle de que la línea horizontal era doble (analogía de $).
El plan incluyó la creación de una nueva moneda, equivalente a 1.000 $a (Peso Argentino). En un principio el plan pareció exitoso para contener la alzada inflacionaria, pero hacia 1986 comenzó a desvalorizarse con respecto al dólar y nunca más logró reposicionarse. El austral se llegó a depreciar un 5.000% anual con respecto al dólar hacia 1989. En 1992 fue reemplazado por una nueva unidad monetaria, el Peso convertible, a razón de 10000 australes por peso.
Originalmente se emitieron monedas por 1/2, 1, 5, 10, 50 Centavos y billetes por 1, 5, 10, 50 y 100 Australes. Pero a medida que la inflación fue avanzando, se empezaron a emitir valores muchos más grandes. Se llegaron a emitir monedas de 1.000 australes y billetes de 500.000 australes.
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El Peso Convertible o Nuevo Peso Argentino

(Símbolo: $, ISO 4217: ARS) es la actual moneda nacional de la República Argentina. Esta moneda reemplazó en 1992 al Austral; cada peso equivalía a 10.000 australes.

Comenzó a circular el 1 de enero de 1992 bajo la llamada Ley de Convertibilidad de 1991. Desde entonces y hasta el 7 de enero de 2002, tuvo un valor monetario igual a 1 dólar estadounidense por peso. Pero a partir de la derogación de la Ley de Convertibilidad bajo el gobierno de Eduardo Duhalde, debido a la fuerte crisis política y económica, se ha visto devaluado su valor hasta el tipo de cambio actual, cercano a los 3 pesos por dólar, con un máximo histórico de 4,01 el 26 de junio de 2002.

Actualmente se emiten monedas de 1, 5, 10, 25, 50 centavos, y 1 peso, y billetes de 2, 5, 10, 20, 50, y 100 pesos. Esta línea monetaria es la vigente desde el año 1992. Los billetes de un peso fueron sustituidos en 1994 por monedas del mismo valor. La línea de billetes tiene dos versiones. La primera que dejó de tener vigencia en diferentes fechas según los valores, $2 el 26 de noviembre de 1997, $5 el 22 de junio de 1998, $10 el 14 de enero de 1998, $20 el 18 de enero de 2000, $50 el 19 de julio de 1999, $ 100 el 3 de diciembre de 1999.En el nuevo diseño, que fue apareciendo a medida que salían de circulación los diferentes valores, tienen todos el mismo tamaño. Se rediseñó todo el billete, manteniendo la imagen de los próceres elegidos, con un fondo cada uno donde se insertan réplicas de manuscritos o escenas alusivas al personaje. En la mayoría de los casos, es difícil encontrar monedas de 1 centavo, más aún si estas se buscan fuera de la ciudad de Buenos Aires.

A partir de la derogación de la Ley de Convertibilidad se dejó de llamar a la moneda de argentina "Peso Convertible de curso legal" para ser llamada simplemente Peso. La Ley N° 25.561,[1] del 6 de enero de 2002, en su art. 3° deroga los arts. 1° y 2° de la Ley de Convertibilidad (que fijaban que el peso fuera convertible en dólares estadounidenses en paridad uno a uno), por lo que se dispuso suprimir el vocablo "convertibles" en los billetes de la actual línea monetaria.

La calidad de impresión de los billetes de Peso Convertible o Nuevo Peso Argentino está al mismo nivel de calidad técnica y artística que los producidos en las mejores casas de moneda del mundo. Todas las medidas de seguridad están presentes en los billetes: marca de agua, tinta ópticamente variable (los billetes de $20, $50 y $100 cuentan con una roseta a la derecha de la marca de agua, impresa en tinta que cambia del color verde al azul si se inclina el billete), motivo complementación frente-dorso (realizado en offset); microletra ; identificación para ciegos; imagen latente; hilo de seguridad; impresión en tinta invisible (en los billetes de $50 y $100, solo visible con luz ultravioleta). Esta moneda tuvo dos etapas bien diferenciadas donde su diseño cambia ya que después se empezaron a utilizar mejores papeles, tinta, grabados, etc.


Peso Convertible (primera etapa)
Vigencia: 1992 - Hoy
Símbolo monetario: $
Equivalencia: 1 $ = 10.000 A
El Decreto del Poder Ejecutivo N° 2.128 del 10 de octubre de 1991 dispuso la puesta en vigencia, a partir del 1 de enero de 1992, de la LÍNEA PESO. Se estableció una paridad de un peso ($1) equivalente a diez mil australes (A 10.000). El peso era convertible con el dólar de los Estados Unidos, a una relación un peso ($1) por cada dólar, paridad ésta que se estableció continuando con lo legislado por la Ley de Convertibilidad del Austral N° 23.928 del 27 de marzo de 1991. Los billetes emitidos en esa oportunidad llevaban la leyenda “convertibles de curso legal”.
Los billetes tienen un tamaño uniforme de 155 mm de ancho y 65 mm de alto. El papel utilizado es 100 % de fibra de algodón, con un peso de 83 gr/m2, exento de fluorescencia a la luz ultravioleta, realizándose la impresión en tres etapas sucesivas, empleando sistemas de impresión offset, calcografía y tipografía.
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Peso Convertible (en su segunda etapa; nuevo diseño)
Vigencia: 1992 - Hoy
Símbolo monetario: $
Equivalencia: 1 $ = 10.000 A
A cinco años del lanzamiento del Peso Convertible, se efectuaron algunos cambios en la línea, que incluyeron mejoras en los grabados, papel de un gramaje superior (90 gr/m2), marca de agua de molde cilíndrico localizada, que reproduce el retrato del diseño orientado en el mismo sentido.
La Ley N° 25.561, de Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario del 6 de enero de 2002, en su artículo 3° deroga los artículos 1° y 2° de la Ley de Convertibilidad del Austral, por lo que se dispuso suprimir el vocablo "convertibles de curso legal" en los billetes de la línea peso.
Asimismo, los billetes que tienen esa leyenda y que continúan en circulación, conservan su curso legal.
Fotos:


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Billetes de curso legal

Denominación ($)

Retrato

Color principal

2

Bartolomé Mitre

Azul

5

José de San Martín

Verde

10

Manuel Belgrano

Marrón

20

Juan Manuel de Rosas

Rojo

50

Domingo Faustino Sarmiento

Negro

100

Julio Argentino Roca

Violeta

Monedas de curso legal

Denominación (5)

Acuñación

Reverso

Muestra

$0,01

1992-2001

Laureles

$0,05

1992-

Sol de Mayo

$0,10

1992-

Escudo de Argentina

$0,25

1992-

Cabildo de Buenos Aires

$0,50

1992-

Casa de Tucumán

$1,00

1994-

Escudo de las Provincias Unidas

Emisiones conmemorativas

Emisión conmemorativa por el centenario del nacimiento de Borges.

Moneda de 2 Pesos.

Monedas de peso circulantes en 2006

Motivo

Año

Valor facial (en pesos)

Convención Nacional Constituyente

1994

2 y 5 (Cuproniquel), 2 y 5 Pesos (Plata), 25 y 50 Pesos (Oro)

50° Aniversario de la ONU

1995

1 Peso (Plata), 5 Pesos (Oro)

50° Aniversario de UNICEF

1996

50 Centavos y 1 Peso

Cincuentenario del voto femenino

1997

50 Centavos y 1 Peso

Monedas del Mercosur

1998

50 Centavos y 1 Peso

Centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges

1999

2 Pesos (Cuproniquel), 1 Peso (Plata), 5 Pesos (Oro)

150° aniversario del fallecimiento del Gral. San Martín

1999

5 Pesos (Oro)

Conmemorativa del Gral. Martín Miguel de Güemes

2000

50 Centavos y 5 Pesos (Oro)

Centenario de la Fundación de Comodoro Rivadavia

2001

5 Pesos (Oro)

Bicentenario del nacimiento del Gral. Justo José de Urquiza (1801-2001)

2001

5 Pesos (Oro)

Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006

2004 y 2005

5 Pesos (Plata) y 10 Pesos (Oro)

Cincuentenario del fallecimiento de Eva Perón

2004

2 Pesos (Cuproniquel), 1 Peso (Plata) y 5 Pesos (Oro)

70º aniversario BCRA

2005

1 Peso (Plata)

Series iberoamericanas

1996,1998,2000,2002,2005

1 Peso (Plata)

Vigésimo aniversario del fallecimiento de Jorge Luis Borges

2006

1 Peso (Plata)

Vigésimo quinto aniversario de la Guerra de Malvinas

2007

2 Pesos

Centenario del descubrimiento del Petróleo Argentino

2007

2 Pesos (Cuproníquel)

Historia de la moneda metálica argentina:

Primeras monedas argentinas

Tras el pronunciamiento de Mayo de 1810, Buenos Aires y las demás provincias del Río de la Plata iniciaron la campaña de independencia, enviando expediciones al Alto Perú, foco de resistencia realista. Los argentinos tomaron la Villa Imperial con su casa de moneda en 1810, 1813 y 1815: las dos últimas ocupaciones fueron importantes desde el punto de vista monetario, pues se cambió el tipo que se emitía hasta entonces -con el busto real y emblemas hispánicos-, por nuevas monedas que ostentaban los símbolos patrios de Unión y Libertad.

Copada la ciudad por el ejército al mando de Manuel Belgrano, y recibida esta noticia en Buenos Aires, el diputado Pedro José Agrelo planteó a la Asamblea General Constituyente un proyecto de Ley de Moneda, que se aprobó el 13 de abril de 1813 y fue comunicado de inmediato a la ceca altoperuana. Allí se abrieron los nuevos cuños; desde allí se enviaron muestras de las flamantes piezas, que el Cabildo porteño recibía tiempo después.

Onza patriota acuñada en 1813.

Estas primeras monedas de la naciente Argentina se acuciaron en oro en los valores de 8, 4, 2 y 1 escudos, y en plata en 8, 4, 2, 1 y ½ reales. Las piezas de oro son hoy de gran rareza; las acusaciones de plata, en cambio, fueron abundantes en todos los valores. Muestran en el anverso un sol radiante, con ojos, nariz, boca y treinta y dos rayos rectos y flamígeros alternados. La leyenda circular comienza con PROVINCIAS DEL RIO DE LA PLATA  y continúa del otro lado con EN UNION Y LIBERTAD. En el reverso aparece un escudo nacional -entonces sello de la Asamblea-, sin sol y simple en las monedas de plata; con trofeos formados por dos cañones cruzados, dos banderas laterales y un tambor al pie en las de oro. Tienen también el monograma PTS que identifica a la ceca de Potosí. La inicial J. corresponde al ensayador José Antonio de Sierra. El canto de las monedas de plata tiene forma de hojas de laurel, mientras el de las piezas de oro es estriado oblicuo.Estas acuñaciones se extendieron hasta fines de 1813, cuando fue preciso evacuar las tropas argentinas, luego de los reveses de Vilcapugio y Ayohuma.

 Recuperada la ceca por los españoles, en 1814 se reinició la labración de monedas con el busto del rey. También se dio plazo para el canje del numerario batido por los "insurgentes" rioplatenses, pero la población se mostró reacia a su entrega, previendo una nueva ocupación argentina que, en efecto, se produjo en abril de 1815; entonces, las unidades al mando de José Rondeau reconquistaron Potosí y la vieja ceca volvió a acuñar monedas patrias. En esta oportunidad se emitieron únicamente piezas de plata con el valor en reales. Luego, a mediados del mismo año, se labró una serie similar pero con el valor expresado en soles.

El cambio coincidió con la entrada en actividad de un nuevo ensayador, pues no se pudo contar con Sierra, que había actuado en 1813. Por esta circunstancia los reales de 1815 muestran la inicial F. que corresponde a Francisco José de Matos; en los soles del mismo año, la F. aparece acompañada de una L. por Leandro Ozio. Ambos ensayadores eran improvisados y por ello las monedas de 1815 son de menor calidad de fino que la establecida en las ordenanzas.

 

Peso patriota de plata de 8 reales acuñado en 1813.

Series de monedas de plata de 8, 4, 2, 1 y 1/2 soles.

Tampoco pudieron hallar los patriotas a calificados grabadores y callistas, pues los que había huyeron con las tropas del rey y se debió improvisar la oficina de la talla con personal subalterno. En tal sentido, se notan errores en las piezas de 8 reales, conociéndose un ejemplar con PRORVINCIAS y otro con PROVICIAS.

Las monedas de 1815 son más abundantes que las de 1813. Su labración cesó con la derrota de Rondeau en Sipe-Sipe y la evacuación de Potosí, que cayó en poder de los realistas, y diez arios más tarde se convertía en una ciudad de la nueva República de Bolivia.

Al perderse la ceca de Potosí y las provincias del Alto Perú, se produjo en todo el Norte argentino una notable escasez de numerario. Desaparecieron del mercado las monedas con el busto del rey, quedando las antiguas macuquinas, posteriormente falsificadas en gran escala. Debe señalarse que, habiendo sido batidas por última vez en Potosí en 1773, estas monedas cortadas aún circulaban: sólo pudieron ser erradicadas en la segunda mitad del siglo pasado.

En la época de la Independencia, estas macuquinas eran a su vez fundidas en talleres clandestinos, agregándoseles una fuerte cantidad de cobre, y volvían a ser reacuñadas, imitando su estilo en la mejor manera posible. Nuevas macuquinas de baja ley y peso inferior al legal comenzaron a inundar Salta y las provincias vecinas, motivando la queja de los gobernadores, que se acusaban mutuamente de tolerancia con los falsificadores.

En Tucumán, Bernabé Aráoz señalaba que había visto con horror la invasión de monedas falsas, asegurando que ese cuño no salía de su provincia porque, en caso contrario, él habría tomado severas medidas para reprimir "el atentado más enorme que se conoce". Quejas similares se expresaban en Santiago del Estero, Córdoba y La Rioja, mientras que Martín Güemes, en Salta, daba cuenta al Congreso General Constituyente de, la aparición de monedas ilegítimas de baja ley. Sin embargo, la falsificación se había extendido a todo el Norte argentino, por la facilidad de la fabricación de moneda macuquina y la creciente demanda de los comerciantes para sus intercambios y transacciones.

 

Monedas salteñas que ostentan la contramarca "PATRIA", mandada colocar por Guemes para darles curso forzoso.

Si el gobernador de Tucumán liberaba de culpas a sus comprovincianos, el mismo coronel Güemes lo desmentía cuando, con motivo del arresto del falsificador Miguel Romero, de profesión platero, éste declaraba haber visto en Tucumán sellar monedas en casa de Sebastián Corro, y que él mismo lo había hecho allí. Poco tiempo después fue apresado Corro, en plena tarea de falsificación.

Peso de ocho reales de plata baja, imitación macuquino, circulante en el Norte argentino en la época de la Independencia.

Moneda tucumana de 2 reales acuñada durante el gobierno de Bernabé Aráoz.

Para dar a este problema un corte definitivo, Güemes dispuso recoger en Salta toda la moneda falsa y, previa aplicación de una contramarca, volverla a la circulación con curso obligatorio y forzoso. Esta medida fue desautorizada, y el propio Belgrano, en carta al caudillo salteño, la censura: como siempre se alegaba que la moneda falsa provenía de Salta, "si antes han dicho los inicuos que V. tenía parte en eso, ahora van a decir que va a asegurarse con la marca..."

La contramarca aplicada por Güemes -un monograma rodeado de laureles que formaba la palabra PATRIA- se estampó en todas las piezas falsas entregadas a las autoridades. La reacción oficial fue severísima: obligó al gobernador a retirar estas monedas de la circulación, lo que se hizo efectivo por bando del 24 de mayo de 1818. Las monedas reselladas por Güemes son muy raras; el grueso de la contramarca se aplicó sobre piezas de 2 reales, pero se conocen también algunos ejemplares de 4 reales y uno de ocho.

Las monedas en el  Norte

Como consecuencia directa de la invasión de macuquinas falsas, el gobernador Aráoz decidió, en 1820, fundar un Banco de Rescate y Amonedación, uno de cuyos fines era emitir moneda propia, lo que coincidía, además, con la decisión de independizar la provincia bajo el nombre de República de Tucumán.

 

Diferentes tipos de pesetas tucumanas con fecha anómalas.

Las acuñaciones comenzaron hacia julio de 1820, con la cooperación del tallista potosino Pedro Benavídez, quien abrió los cuños para las nuevas piezas, y el fundidor José Rubira. La primera partida no excedió de los 500 marcos de plata en piezas de a 2 reales, que ostentaban el tipo de la macuquina de Potosí, aunque con diferencias notables en los castillos y leones, mucho más esmerados.

La revolución del 28 de agosto de 1821 terminó con la República de Tucumán, y si bien las emisiones continuaron algún tiempo más a cargo de Luis Basail, el Banco fue disuelto. Las monedas tucumanas circulantes eran en su mayoría de baja ley, con destacada proporción de cobre o estaño que, en muchas, llegaba al cincuenta por ciento.

Aráoz vuelve al poder en marzo de 1822, y dicta varias medidas para solucionar el abuso, imponiendo penas de destierro a los falsificadores v curso forzoso a toda macuquina, va fuera federal auténtica o falsificada. Pero más tarde se limita la circulación solamente a piezas de buena ley, prohibiéndose las que a simple vista aparentasen ser de cobre o estaño. En 1823 la moneda federal se había depreciado en un cien por ciento, situación que se reconoció oficialmente al año siguiente cuando el nuevo gobernador, Javier López, decretó su retiro de la circulación.

Todas las macuquinas tucumanas llevan fechas anómalas. Las más abundantes son las que muestran los números 752; otros ejemplares más escasos ostentan 577, 257 y 758. Al parecer, sólo fueron acuñadas en el valor de 2 reales.

Por su parte, Santiago del Estero -que también sufría la circulación de macuquinas falsas- resolvió en 1823, durante el gobierno de Juan Felipe Ibarra, establecer un cuño provincias. Si las monedas falsas más abundantes eran las pesetas tucumanas, en Santiago se pretendía batir plata de buena ley, pues el gobierno entendía que la mala moneda había perturbado gravemente todas las relaciones comerciales.

La acuñación santiagueña se inició así, en medio de grandes perspectivas, con un primer aporte de plata proveniente del extinguido Convento de la Merced. Aunque todas las piezas llevaban la fecha de 1823, se sabe que las labraciones continuaron en los dos años ulteriores, por lo menos, aunque existen indicios de que, en pequeñas partidas, se siguió troquelando hasta 1827. No obstante, la rareza de estas monedas parece indicar que la emisión santiagueña fue exigua, y aunque se deseaba acuñar reales y medios reales de plata buena, en verdad las piezas contenían sólo un veinte o treinta por ciento, a lo sumo, de plata fina, afectando así un subido color plomizo.

Tampoco se libraron los santiagueños de las falsificaciones: el francés Michel Sauvage, que la intentó en 1825, fue detenido al encontrárselo en plena tarea; el gobernador lo condenó a la pena de azotes en la plaza pública.

Aunque las emisiones santiagueñas eran admitidas con reservas por su baja ley, al parecer no fueron retiradas de la circulación, lo que se demuestra por el excesivo desgaste de la mayoría de los ejemplares.

Tostón de 4 reales atribuido a la ceca de Mendoza de fecha 1823 y forma casi circular.

Moneda de 2 reales de 1823 atribuido a la casa de Moneda de Mendoza.

En 1836, durante el segundo gobierno de Ibarra, se insistió en la conveniencia de una nueva emisión. Esta vez sólo se batieron monedas de 1 real, que fueron retiradas -junto con las acuñaciones febles (moneda falta de peso o ley) anteriores- sólo en 1846.

Las monedas santiagueñas muestran en su anverso un sol dentro de una guirnalda de laurel, y en el reverso dos flechas en sotuer; a la izquierda S y a la derecha E, la fecha debajo y el valor arriba.Las de 1836 presentan una variación en el anverso: un gorro sostenido por una pica dentro de una guirnalda de laurel abierta en la parte superior; en lo alto, un sol radiante.

Legales y falsas en 1820.

A principios de la década de 1820, la angustiosa carencia de numerario se había extendido por el interior, exhaustos los erarios provinciales por las guerras de la Independencia. En las provincias cuyanas el mal se había tornado crónico. El gobernador de Mendoza, Pedro Molina, decidido a solucionar el problema, el 6 de agosto de 1822 envió a la sala de Representantes un proyecto que fue aprobado en el día, creando un cuño provincial. Allí serían troqueladas monedas de buena ley y peso exacto, "tomando como modelo el signo de la cortada", o sea, el diseño de las antiguas macuquinas. Más tarde se hace extensiva la labración a ochavos de real de cobre con las armas de Mendoza, lo que en la práctica no pudo ser llevado a cabo por las dificultades técnicas que planteaba la acuñación de tales piezas.

En enero de 1823, el cuño ya estaba en condiciones de iniciar su trabajo, pero el gobernador y los legisladores aún no se habían puesto de acuerdo sobre el tipo y valores de las monedas a emitir, proponiéndose no sólo fabricar ejemplares de plata sino también de oro, en un exceso de optimismo. A modo de ensayo se batieron, en noviembre de 1822, treinta y seis monedas de plata con la fecha del año siguiente. La ceca actuaba bajo la dirección de José Arroyo; se desempeñaba como tallista el potosino Pedro Miranda. En febrero de 1823 se habían emitido algunos miles de pesos en macuquinas, utilizándose vajilla de plata entregada por particulares. Casi inmediatamente, los monederos falsos comenzaron también su labor.

Esta facilidad para fabricar macuquinas en talleres clandestinos, movió al gobierno a proponer la acuñación de oro y plata imitando el modelo patrio de Potosí, con el mismo peso, ley y diámetro, pero con la marca de la ceca de Mendoza, compuesta por sus iniciales; estas monedas no llegaron a emitirse. Mientras tanto, las falsificaciones se extendían desmesuradamente.

En septiembre de 1823 ya nadie mandaba labrar plata al cuño y la ceca languidecía, mientras las autoridades estudiaban la forma de prohibir y recoger las piezas ilegales, lo que produjo una gran inquietud en el pueblo, que sólo utilizaba este numerario. Por otra parte, la norma que penaba con la muerte a los monederos clandestinos, no se aplicaba, y el descontento general crecía.

El mes de diciembre fue de enorme agitación; culminó con la decisión oficial de aplicar una contramarca a toda moneda de buena ley, lo que se hizo efectivo desde enero de 1824. En la Legislatura seguían, mientras tanto, las discusiones y los proyectos para remediar la grave crisis que afectaba al comercio, especialmente con las provincias limítrofes, donde la moneda falsa mendocina había sido vedada.

En marzo de 1824, Molina resuelve sacar de circulación todas las falsificaciones, incluyendo las piezas reselladas que se estaban imitando en Chile. Los tenedores de tal moneda habrían de sufrir una pérdida que, estimada en el 25 por ciento, se redujo luego al 12, del cual la provincia tomaba a su cargo un 2 por ciento. Ello produjo en Cuyo un aumento de los artículos de primera necesidad, y la negativa del comercio a admitir estas piezas. Se inicia un motín popular, el gobernador es destituido, y se elige en su lugar a Juan Agustín Maza. Al poco tiempo, este es reemplazado por José Albino Gutiérrez, quien impone el cambio de moneda con la pérdida del 10 por ciento para los tenedores y la entrega de vales por toda suma que excediera los tres pesos.

Con esto termina el primer episodio de acusación de moneda en Mendoza. Aún hoy es difícil determinar cuáles fueron las monedas macuquinas emitidas por esa provincia. Se conocen piezas de 2 y 4 reales, imitación de las macuquinas de Potosí, con las letras P-A-M-A en cada cuartel del reverso, que se clasifican habitualmente como de esa procedencia. Son también mendocinas las monedas contramarcadas o reselladas con un punzón, que muestran una pequeña balanza y la palabra FIDELIDAD.

Contramarca "FIDELIDAD" con una balanza en el campo, aplicada en Mendoza a las monedas macuquinas provinciales de buena ley.

La troquelación de macuquinas se extendió también a La Rioja, favorecida por la existencia de las minas del Famatina, explotadas desde la época colonial. Su gobernador, Nicolás Dávila, intentó en 1821 una emisión propia de monedas redondas que imitaban las piezas patrias de Potosí, del valor de 2 reales. El ensayo se hizo en Chilecito, pero la falta de material técnico adecuado no permitió continuar esta labración experimental. En cambio, prosperó la más fácil tarea de batir macuquinas de imitación.

En la improvisada ceca de Chilecito se hicieron las acuñaciones macuquinas de la Rioja, desde 1821 hasta 1823.

Las primeras monedas labradas en la ceca de Chilecito tenían una fecha anómala. Más tarde sustituyeron el antiguo PLVS VLTRA por la palabra RIOXA, que indicaba su procedencia. Con este tipo se conocen piezas de 1821, 1822 y 1823. Se acuñaron monedas de ½, 1, 2 y 4 reales; estas últimas, son extremadamente raras.

Primera moneda de oro de 2 escudos acuñada en la ceca de La Rioja en 1824

Poco se sabe de las macuquinas riojanas, salvo el hecho de que su labración concluyó al trasladarse la Casa de Moneda a la ciudad capital de la provincia, y que las piezas de Chilecito fueron retiradas de circulación en 1824.

Las acuñaciones riojanas

El gobierno riojano veía con sumo interés la instalación de una casa de moneda, pues ese era el único medio de progreso que vislumbraba para sus habitantes. Esa provincia contaba con las pastas de plata procedentes del Famatina, pero carecía de recursos para abonar los primeros gastos del establecimiento. Por ello el gobernador Baltasar Agüero dispuso establecer la ceca mediante una suscripción de acciones entre particulares, por valor de 1000 pesos cada una, integrada en dos cuotas trimestrales, por un término de cinco años ampliado luego a diez. Esto ocurría en agosto de 1824. Ya entonces se encontraban en La Rioja nuevos útiles y herramientas enviados desde Buenos Aires, y se había podido construir una máquina de amonedar, con bronce obsequiado por la provincia de Córdoba. El 31 de marzo de ese año se conocieron las muestras de las primeras monedas redondas de cordón, del valor de 2 escudos de oro, así como de 2 soles y de 1 real de plata.

'Economa argentina'

Recibo otorgado por la Comisión de Accionistas del Banco de Rescates y Casa de Moneda de La Rioja.

La suscripción inicial de acciones despertó poco interés, aunque participó en ella una sociedad de financistas porteños cuya cabeza visible era Braulio Costa. Al no reunirse los fondos necesarios, se decidió refundir la primitiva asociación en una nueva, en la que intervino además Juan Facundo Quiroga y donde los capitales porteños formaron mayoría. La sociedad se denominó Banco de Rescates y Casa de Moneda de la Rioja; sus estatutos fueron aprobados el 30 de julio de 1825.

Las acuñaciones de la primera etapa imitaban a las monedas patrias de Potosí: mostraban un sol radiante y un escudo nacional sin sol, incluyéndose las iniciales RA como marca de ceca. A partir de 1826 ostentaron además la letra P del ensayador Manuel Piñeyro y Pardo. En el mismo año se lanzaban a la circulación las primeras onzas de oro de 8 escudos, y se emitían también piezas de plata de 8 reales, todas de excelente factura.

Las labraciones en oro y plata continuaron durante los años siguientes, variando, en los patacones, la cantidad de hojas de laurel y el tamaño del sol. A las abundantes piezas de 2 soles batidas en 1826, sucede un período de interrupción de las acuñaciones de este valor, que sólo reaparecerá en 1842; en cambio, en 1828 y 1832 se troquelan las primeras monedas de 4 soles. Los realitos riojanos (1 real), profusos en 1824, fueron escasos en 1825, cuando se acuñan, por última vez, piezas de dicha denominación.

En 1829 la ceca sufre las primeras consecuencias de la guerra civil: sus instalaciones son desmanteladas y sólo emite unas pocas onzas de oro, de las cuales en la actualidad se conocen nada más que dos ejemplares. Derrotado Quiroga en La Tablada y después en Oncativo, el general Gregorio Aráoz de Lamadrid ocupa la provincia y se proclama gobernador. Trata de poner en funcionamiento la ceca, pero las labraciones se inician apenas a fines de septiembre de 1830. Por esta razón, las onzas de ese año son realmente raras, como así también los pesos de plata. Este tipo, imitando las piezas patrias de Potosí, se batirá casi sin interrupciones hasta 1837, pero el año anterior había tenido lugar una importante variación en las monedas de oro.

En efecto, después del asesinato de Quiroga en 1835, el brigadier Tomás Brizuela -hombre fuerte de La Rioja- propone a la Legislatura la acuñación de piezas con el retrato de Juan Manuel de Rosas. La iniciativa tiene el apoyo del gobernador Juan Antonio Carmona y los diputados resuelven favorablemente el proyecto. Las monedas llevan el busto del mandatario porteño, con una leyenda debajo: ROSAS. En su circunferencia se lee: "REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA". El "gran sello" de la provincia (el cerro de Famatina, con trofeos en su base) aparece estampado en el reverso, acompañando la inscripción: "POR LA LIGA LITORAL SERA FELIZ".

El 12 de septiembre de 1836 se comunica la novedad a Rosas, a quien se le envían además, por mano del teniente coronel Juan Antonio Maurín, seis ejemplares de la onza de oro. El gobernador de Buenos Aires contesta por oficio del 16 de noviembre, señalando, entre otras cosas, "la inexplicable sorpresa que ha producido en el ánimo del infrascripto un anuncio de tanta magnitud... cuanto jamás pudo imaginarse que la benemérita provincia de La Rioja, por muy grande que fuese el aprecio que hiciese de sus servicios, llegase ni remotamente a darles un valor correspondiente a tan alta e inestimable demostración". Más adelante protesta su fidelidad y deberes de buen argentino, y dice no hallar otra forma de manifestar su gratitud que "rogando encarecidamente a S.E. el señor gobernador de La Rioja quiera llamar nuevamente la atención de los señores representantes de la provincia... restableciendo en el tipo de la expresada moneda los símbolos de Unión y Libertad... y expresando cuanto más en las respectivas inscripciones los objetos que se ha propuesto en la variación sancionada."

Insisten los riojanos, ratificando la ley anterior el 19 de enero de 1837, pero Rosas se mantiene inflexible y, por oficio del 27 de febrero, vuelve a rechazar el homenaje, alegando, entre otros argumentos, que "su razón y conciencia no permiten al infrascripto, variar el juicio que se ha formado sobre tan grave y delicado negocio".

En 1838 se incluyó en las leyendas la frase adulatoria "ETERNO LOOR AL RESTAURADOR ROSAS"

Así fue como la Sala de Representantes, el 19 de junio, abroga la cuestionada ley y dispone al mismo tiempo grabar en la moneda el sello de la provincia con trofeos militares, y la inscripción: REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA, mientras en el reverso aparecía la leyenda laudatoria ETERNO LOORAL RESTAURADOR ROSAS.

La ley entró en vigor en 1838; se acuñaron entonces, con el nuevo modelo, pesos de plata y onzas de oro, que también fueron emitidos en 1839 y 1840.

Preciso es explicar, a esta altura, que las autoridades de La Rioja querían algo más que rendir tributo a don Juan Manuel: buscaban crear una moneda nacional -como uno de los pasos tendientes a la fundación del Estado Nacional-, y para eso se necesitaba la aceptación de quien era el virtual jefe supremo de la Argentina. Una carta de Brizuela a Rosas ilustra, con meridiana claridad, los alcances de la iniciativa fiduciaria: "Decidió más mi intento la consideración, que me lisonjeaba, de que con este proyecto nos acercábamos más y más a una Constitución Nacional... " La negativa del caudillo bonaerense se explica, así, en todo su sentido: no le disgustaba tanto el homenaje como la posibilidad de ir organizando política y jurídicamente a la Argentina.

Un final melancólico

En 1840 se produjo un acontecimiento político de envergadura: la Coalición del Norte (La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy) abrió guerra contra Rosas, quien, además de gobernador de Buenos Aires, era encargado de las Relaciones Exteriores y Asuntos de Paz y Guerra de la Confederación.

El brigadier Brizuela tomó el mando de las fuerzas coligadas, con sede en Tucumán, e introdujo variaciones en las leyendas de las monedas riojanas de aquel año, sustituyendo la frase laudatorio de Rosas por el clásico lema EN UNION Y LIBERTAD. De esa fecha se conocen los dos tipos de moneda: el erróneamente llamado unitario -erróneamente, porque la Coalición se basaba sobre la defensa de las autonomías provinciales-, y el federal.

La suerte de las armas fue adversa a los opositores de Rosas. Los federales recuperaron " Rioja, aunque la Casa de Moneda no pudo acuñar durante 1841 por la caótica situación. Al asumir el gobierno el coronel Hipólito Tello, este decidió, de acuerdo con la junta de Representantes, labrar nuevas monedas con el busto de Rosas, a partir del año siguiente.

Acuñación de 1842 nuevamente realizada con el busto de Rosas, a quien se denomina RESTAURADOR DE LAS LEYES

El gobernador bonaerense, por oficio del 20 de mayo de 1842, anunció estar "firme pero irrevocablemente resuelto a no admitir jamás distinciones ni honores incompatibles con los invariables principios republicanos que profesa". Pero ya había La Rioja troquelado piezas de 2 reales de plata y de 8 y 2 escudos de oro. El busto llevaba debajo el nombre ROSAS, y en el perímetro el título RESTAURADOR DE LAS LEYES; en el reverso aparecía el escudo nacional con la leyenda: REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA.

En septiembre de 1843 la provincia firma un contrato con el sanjuanino Rafael Fragueiro, concediéndole privilegio por diez años para rescatar plata y remitir las pastas a la Casa de Moneda para su acusación. Igualmente se le autoriza a emitir piezas de ley de 6 dineros, o sea, 500 milésimos de fino, para circulación interna de la Provincia durante un período de seis años, como medida de emergencia.

Esta moneda, que se denominó "provincial" frente a la de buena ley o "nacional", debía ser cambiada por monedas de plata fina al vencer el plazo acordado. El monto total de la acuñación se fijó en 20.000 pesos. Las piezas se emitieron con fechas de 1843 y 1844 en pesetas (2 reales), y también se labraron algunas de medio real. Todas muestran un escudo argentino sin sol, y en el reverso, el cerro de Famatina con la cima rodeada por un gran sol naciente en forma de roseta.

Ultima onza federal acuñada en La Rioja en 1845

La moneda riojana, con el contrato Fragueiro, obtiene un total desprestigio, pues aunque al principio las piezas de 6 dineros iban a ser de circulación interna, los comerciantes no vacilaron en volcarlas a las provincias limítrofes. Cundieron las críticas y protestas. Córdoba vedó la circulación de moneda riojana en general y otro tanto hicieron Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán.

Esta situación, que tanto perjudicaba al comercio riojano, suscitó la reacción oficial: el 20 de abril de 1844 se dan por finalizadas las emisiones de plata baja, creándose una nueva moneda de 2 reales, con buena ley de once dineros (916,66 milésimos de fino), a las que se estampó como fecha el año anterior, en un afán por recuperar el prestigio perdido.

Las nuevas emisiones llevaban en su anverso el escudo nacional, y en el reverso el cerro de Famatina, al que los riojanos habían rebautizado CERRO DEL GENERAL ROSAS, acompañando además la frase laudatorio de rigor. En 1846 el gobierno riojano toma medidas judiciales contra el concesionario, a quien llama "ambicioso agiotista Rafael Fragueiro" y "autor de la malísima moneda cobre del 44", desterrándoselo de la provincia, mientras se arbitran los medios para retirar de circulación las piezas cuestionadas.

'Economa argentina'

Moneda riojanas de 2 reales de 1843

 Entre tanto, para reafirmar la confianza en sus emisiones, La Rioja acuñó en 1845 las últimas onzas de oro de buena factura y ley. Desde 1843 todas las monedas traían marcada una B, por el ensayador José Barros Quintero.

A partir de 1846, los riojanos decidieron batir monedas de 4 reales (medio peso); las de ese año muestran la inicial V del ensayador Severo Antonio Vallejo. Las emisiones de este valor se repiten en 1849 y 1850, esta vez con la letra B de Barros, quien además se desempeñaba como tallista de la ceca, siendo autor de varios cuños notables.Después de Caseros (3 de febrero de 1852), La Rioja introduce una importante modificación en sus labraciones: los medios pesos de 1852 muestran el cerro de Famatina, cuyo nombre restituido aparece grabado en una cinta plisada, debajo. 

Las emisiones se hacen a nombre de la REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA y PROVINCIA DE LA RIOJA. A partir de 1854 se reinician las labores de la ceca, subordinada al gobierno federal con sede en Paraná. De ese mismo año se conocen cuatro leyendas diferentes, dos a nombre de la REPUBLICA ARGENTINA CONFEDERADA y dos a nombre de la CONFEDERACION ARGENTINA. Las acuñaciones se interrumpen hasta 1859, en que se fabrican piezas de 2 reales en exigua cantidad; al año, la Casa bate monedas de 2 y de ½ reales.

Ultima moneda de 1/2 real acuñada a nombre de la Confederación Argentina en 1860

Estas son las últimas que emite la ceca, aunque en 1861 se acuñan algunas unidades de 4 reales para ser remitidas al Dr. Martín de Moussy, con el fin de obtener la autorización del Gobierno Nacional para troquelar monedas de ese valor, permiso nunca logrado.

José Barros Quintero, que había ingresado en la ceca en 1829, desempeñando los oficios de grabador, ensayador, fiel y balanzario, ocupó en los últimos años el cargo de director de la institución. Según sus informes, desde 1824 hasta 1860, la ceca había emitido en oro y plata por un importe de 597.570 pesos. Después, el edificio de la Casa de Moneda fue desalojado para ubicar allí al Colegio Nacional; las antiguas maquinarias se depositaron en el Cabildo, quedando muchas a la intemperie y perdiéndose otras por oxidación y quebraduras. El balancín más importante fue destrozado en 1875 y su material se usó en la campana del reloj público; el resto se vendió como chatarra.

Así, melancólicamente, terminó la historia de la más importante ceca provincial de la Argentina.

Los concesionarios cordobeses

La provincia de Córdoba había fundado en 1815 su primera ceca - la primera netamente argentina- que no llegó a emitir regularmente: sólo se conocen algunos raros pesos de 8 soles en peltre, intento de una acuñación en plata que no se realizó. Esa entidad ya estaba clausurado en 1818, y durante largos años la provincia, que padecía de falta de numerario, dio curso a las monedas riojanas y a las piezas hispanoamericanas oriundas, fundamentalmente, de Potosí, ya fueran "de rostro" -o sea con el retrato de los reyes españoles- o "de la patria", y también a bolivianas independientes.

Aunque se consideran como primeras monedas cordobesas a los cuartillos de 1833, existe una pequeña moneda anepígrafe que se conoce con el nombre de “cuartillo de Rondeau" y que algunos atribuyen a esa provincia. Se ignora su época real de circulación. De los cuartillos de 1833 tampoco hay mayores datos y muchos numismáticos dudan de que fueran labrados realmente en esa fecha. De pobrísimo diseño, muestran un primitivo escudo cordobés formado por el castillo con banderas replegadas, y en el reverso un sol. Bastante similares a los del mismo valor acuñados en 1838, de ahí se deduce que son obra de una sola mano.

Proyecto de moneda de 8 reales acuñado eb la primera Casa de Moneda de Córdoba en 1815

No parece lógico, sin embargo, que transcurrieran cinco años entre una y otra emisión; se piensa entonces que los de 1833 puedan ser ejemplares defectuosos de las acusaciones posteriores, pero la falta de documentación de este período no permite sacar conclusiones definitivas.

El sistema de acusación por concesionarios fue adoptado por el gobierno cordobés, que carecía de fondos para tomar a su cargo la instalación de una ceca. Los primeros cuartillos labrados por este sistema son los de 1833-38, si bien es cierto que ya en 1831 un minero de Achala había solicitado permiso de acuñar. Los cuartillos que citamos son anónimos y sólo en 1839 aparecen los concesionarios con sus nombres y apellidos. Las emisiones más abundantes de ese ario corresponden al sargento mayor Pedro Nolasco Pizarro, quien al parecer había obtenido en pública subasta el derecho de acuñar. Las labraciones de este concesionario se inician con cuartillos y se extienden luego a medios y reales, continuando ininterrumpidamente hasta mediados de 1841.

Cuartillo de Rondeaun ; cuartillo de 1838 y cuartillo de copones de 1839

Las primeras monedas de Pizarro mostraban el escudo provincial adornado en su base con moharras, rosetas, estrellas y puntos, pero luego se abandonó este tipo Para labrarlas únicamente con el escudo nacional, de modo de prestigiar a las emisiones. En el anverso de casi todas las piezas aparece la leyenda PROVINCIA DE CORDOVA, y en el reverso generalmente se completa con CONFEDERADA. Son raros aquellos ejemplares que llevan el lema EN UNION Y LIVERTAD (con v). Los cuartillos muestran las letras PP como marca del acuñador, y PNP los reales y medios.

En 1841, al salir nuevamente a remate el derecho a acuñar, el mejor postor fue el coronel José Policarpo Patiño, quien identificaría sus labraciones con las iniciales JPP. Las piezas de este concesionario muestran únicamente el escudo nacional que, a su vez, ha sido tergiversado con numerosas variantes. A la leyenda PROVINCIA DE CORDOVA, del anverso, responde en general el CONFEDERADA del reverso, aunque en algunas piezas Patiño incorporó el mote LIBRE YNDEPENDIENTE. Sus últimas acuñaciones datan de 1844.

Los cuños utilizados por los concesionarios han sido numerosos; solamente en los reales del año 1843 pueden clasificarse alrededor de 70 diferentes de anverso y unos 30 de reverso que, a su vez, se combinan entre sí dando un intrincado panorama de piezas distintas. Esto se debió a la participación de numerosos plateros subarrendatarios, que marcaban con las iniciales del concesionario original.

Realitos cordobeses de los concesionarios PNP (Pedro Nolasco Pizarro) y JPP (José Policarpio Patiño) acuñados entre 1840 y 1843

La influencia política de la época se refleja en muchas monedas, especialmente en el escudo nacional, que pasa a ostentar un gorro de manga en lugar del tradicional gorro frigio. También se ha suprimido el azul, color de los unitarios. La pica y el gorro están flanqueados por puntos, estrellas, cruces, rosetas y moharras. Numerosas son también las especies de cuartillos: al castillo simple siguen otros coronados por una roseta o una cruz, para finalizar mostrando banderas laterales. Todos los soles del reverso tienen ojos, nariz y boca, y sus rayos aparecen bien diferenciados en algunas piezas, o en forma de estrella o roseta en otras. Es común que el nombre de la provincia figure con v, y es curioso observar algunos ejemplares en que, por mal cálculo de los grabadores, el nombre aparece sin terminar por falta de espacio. Leemos así CORDOV y CORDO. La mayoría de las monedas de los concesionarios, pese al control oficial, fueron acuñadas con plata de baja ley.

Estas amonedaciones son, no obstante, las más atractivas entre todas las emisiones monetarias argentinas, por su gran variedad y porque, además, permiten apreciar el arte un poco ingenuo y primitivo de los plateros cordobeses del siglo XIX.

El balancín de París

El 2 de febrero de 1844, con la aprobación de la Sala de Representantes, el gobernador Manuel López instituye la Casa de Moneda de Córdoba, poniéndola bajo la dirección del contador José María Aldao y obligando a los particulares a entregar los cuños, troqueles y herramientas de amonedar que tuvieran en su poder. Si bien se preveía que la ceca habría de emitir todo tipo de monedas -incluso onzas de oro-, en la práctica sólo se acuñaron piezas de plata.

Los implementosfueron encargados a Buenos Aires, entre ellos, un balancín -que desde sus inicios funcionó defectuosamente-, dos máquinas para cortar monedas, dos para acordonar (esto es, para hacer los cordoncillos), punzones para troqueles, matrices y dos cuños grabados por Pedro Miranda; lo que ascendió a la suma de 1.845 pesos, incluido el transporte hasta Córdoba. La prensa sirvió ese año de 1844 para acuñar pesetas (2 reales) en forma abundante y muy pocas piezas de 4 reales.

Primera moneda de 4 reales acuñada defectuosamente en la Casa de Moneda de Córdoba

Como hubo inconvenientes para asegurar la máquina al piso, la misma tenía algún movimiento, lo que se refleja en las piezas de 2 reales, muchas de las cuales muestran la doble acuñación. En los años siguientes salió de la prensa una apreciable cantidad de monedas de 2 reales con el escudo de Córdoba en su anverso y en el reverso un sol con numerosas variantes de haces, rosetas, placas, etc.

 Las monedas tenían una ley de 9 dineros, o sea, 750 milésimos de fino, y en varias oportunidades las labraciones debieron ser suspendidas por desperfectos en las maquinarias, a las cuales fue necesario renovar parcialmente en 1848. En tal sentido se hicieron conexiones para adquirir un balancín -con sus útiles- existente en Montevideo, solicitándose permiso a Rosas para desembarcarlo en Buenos Aires y trasladarlo a Córdoba. Se ignora si esta gestión llegó a feliz término, pero -háyase o no adquirido el balancín- es interesante señalar la influencia que las monedas uruguayas de cobre ejercieron sobre las piezas cordobesas, especialmente las de 4 reales, que ostentan el mismo sol. El dibujo de este es similar al empleado en las medallas para la jura de la Independencia del Perú, en 1821.

Peso de 8 reales acuñado con punzones confeccionados en París

Siendo necesaria la renovación de maquinarias, se presentó al gobierno de Córdoba en 1850 el ingeniero francés Juan Roqué, quien, debiendo viajar a París y al tanto de las continuas interrupciones de trabajo que sufría la ceca por defecto de sus maquinarias, propuso encargarse en Europa de la contratación de balancines de acuñar, tarea que haría personalmente en base a sus conocimientos en la materia.

Ultimos cuartillos anepigráficos acuñados en la casa cordobesa de 1853 y 1854

Para ello solicitaba que, en compensación de sus servicios, se le permitiera introducir en Córdoba mercaderías de procedencia europea, sin abonar derechos de aduana.

La locación de los servicios de Roqué fue aceptada por decreto del 22 de julio de 1850. Según el convenio -firmado en agosto de ese año-, Roqué debía traer a Córdoba un volante para sellar toda clase de monedas; una máquina de cortar cospeles, una de acordonar, dos cilindros para estirar la plata, rieleras, punzones, troqueles y crisoles. Las tratativas en París llegaron a buen término, y en marzo de 1852, máquinas y útiles estaban en Córdoba.

Con este aporte, la modernización de la ceca fue un hecho, y ese año se labraron las primeras y únicas monedas de 8 reales, según matrices y cuños grabados en Francia. Con las antiguas maquinarias, los mayores valores troquelados habían sido los de 4 reales o medios pesos, fabricándose, además, piezas grandes de 2 reales entre 1844 y 1846, y del mismo valor, más pequeñas, entre 1848 y 1850, así como reales en 1848 y medios reales en 1850 y 1851. Además de las monedas de 8 reales, entre 1852 y 1854 se batieron unidades de 4, 2, ½ , ¼ reales.

Los pesos de 1852 son considerados las monedas más hermosas de las emisiones cordobesas, y muestran un novedoso sol formado por haces superpuestos. De estas piezas se conocen 9 cuños de anverso, uno de ellos con un error de leyenda: PROVINCIA DE CORDOVA en lugar de Córdoba, una verdadera rareza. También en 1852 se labraron dos tipos diferentes de 4 reales, uno con cuños franceses similares al peso, otro de fino y elegante diseño, grabado en La Rioja por José Barros Quintero. Mientras tanto, la situación provincial después de Caseros había cambiado. La plata escaseaba y los precios de la ceca habían sido superados por la realidad. En diciembre de 1853, el gobernador autorizó un aumento de fondos, pero el establecimiento sólo concreta exiguas adquisiciones de plata en enero del año siguiente; en marzo realizó sus últimas acuñaciones. En diciembre de 1854, las máquinas sirvieron para garantizar un empréstito negociado por la provincia.

El gobierno de la Confederación Argentina, con sede en Paraná, ordenó el cierre de la Casa de Moneda de Córdoba, "hasta otra resolución", por decreto del 19 de junio de 1855. La ceca, sin embargo, no volvió a operar.

De Birmingham a Buenos Aires

La provincia de Buenos Aires consideró en 1814 la primera iniciativa para establecer una ceca en esta ciudad, y al año siguiente estudió la conveniencia de acuñar monedas de cobre, con dictamen favorable de Damián Castro, justo Lynch y Mariano Tagle, quienes aconsejaron dar a las nuevas piezas el nombre de "argentinos".

El proyecto quedó sin resolver hasta que Juan Martín de Pueyrredón, director supremo del Estado, lo elevó al Congreso en 1818 con una Memoria de Miguel Lamberto de Sierra, quien proponía acuñar 19 millones de monedas de cobre en tres diferentes valores en la ceca de Potosí. No pudo ser, pues ese establecimiento estaba en poder de los españoles. Mientras tanto, la falta de monedas en Buenos Aires se acentuaba; los pulperos y otros comerciantes utilizaban fichas de latón para subvenir a las necesidades del cambio menor.

Durante el gobierno provincial de Martín Rodríguez, su ministro Bernardino Rivadavia obtuvo la anuencia de la junta de Representantes para hacer fabricar en el extranjero piezas de cobre, con el fin de suplir el medio circulante del país, "que es insuficiente en el día". Entonces, octubre de 1821, se instruyó a la casa londinense Hullett Hermanos para que mandasen acuñar 50.000 pesos de la nueva monedas.

Casa de moneda de Robert Boulton

Los valores se habían establecido en 1 y 2 sueldos, al estilo del sistema monetario, francés, con la diferencia de que eran emitidos a nombre de la PROVINCIA DE BUENOS AIRES. Los contratistas se dirigieron a Robert Boulton, famoso industrial especializado en la troquelación de monedas y heredero de la firma Boulton y Watt, inventores de la acuñación a vapor.Boulton, radicado en Soho, Birmingham, estudió la propuesta y sugirió acuñar piezas de igual perfección a la moneda británica de cobre, incluyendo en su presupuesto la confección de los cuños y el envase y traslado hasta Londres. 

Al mismo tiempo envió muestras de la moneda de medio penique que se batía en sus talleres para circular en la isla de Santa Elena, sugiriendo Hullett un diseño similar para los cobres argentinos.

Esta moneda, con las variaciones correspondientes del escudo de Buenos Aires, se tomó como modelo. Así fue como en marzo de 1823 se embarcaron 177 barriles conteniendo cuatro millones de piezas de un décimo de real, que entraron en circulación por decreto del 23 de julio de ese año. Una segunda partida de décimos fue labrada por Boulton en 1823, pero el gobierno suspendió su envío, por la necesidad de "poner lentamente en circulación la nueva moneda".

Estos últimos décimos, que llevan fecha de 1823, fueron embarcados en Londres en diciembre de 1824. Llegaron al país en 1825, en tres remesas que sumaban otros cuatro millones de piezas. Los cobres porteños de Birmingham muestran en su anverso el escudo de Buenos Aires y son de excelente factura. Fueron retirados del mercado por decreto del 20 de abril de 1827.

La circulación de los décimos de Birmingham había dejado una buena diferencia al gobierno provincial, que al solicitar a Boulton en 1823 un nuevo presupuesto para la acuñación de oro, recibió del fabricante la sugerencia de instalar una casa de moneda en Buenos Aires, como negocio muy conveniente para el país. El industrial acompañaba un cálculo aproximado del costo, y proponía instalar dicho establecimiento con maquinarias provistas por él, asumiendo el gobierno el acondicionamiento de un edificio para tal fin.

Con ese motivo se comisionó al ingeniero Santiago Bevans, quien poco tiempo después ofreció tres lugares diferentes como futura sede de la ceca. Así fue como el gobierno, deseoso de llevar adelante el proyecto, consiguió la sanción de un decreto, el 15 de noviembre de 1824, por el que se lo autorizaba a invertir hasta 80.000 pesos en la compra de maquinarias y útiles para la troquelación de moneda.

John Miers, botánico y metalurgista inglés

En estas circunstancias, febrero de 1825, pasó por Buenos Aires -en viaje de Londres a Santiago de Chile- el naturalista inglés John Miers; anoticiado del asunto, propuso a las autoridades tomar a su cargo la instalación de la ceca, con mayor rapidez y menor costo que el solicitado por Boulton, y ocupándose en persona de los trabajos.

Medalla de cobre labrada para conmemorar el primer ensayo de la maquinaria de la Casa de Moneda de Buenos Aires

Luego de algunas tratativas se concluyó el contrato, por el cual Miers se comprometía a importar de Gran Bretaña cuatro prensas de acuñar, tres máquinas de laminar, una para cortar cospeles y todos los demás elementos necesarios para la ceca. El gobierno porteño debía, por su parte, construir la casa de piedra, ladrillos y madera donde funcionaría el cuño.

Miers recibiría la suma de 60.000 pesos en tres cuotas, la primera de 12.000 a la firma del contrato, 25.000 al recibo de las maquinarias y el resto al dejar la casa en funcionamiento.

Si bien la ceca iba a ser instalada por cuenta del gobierno porteño, ínterin (28 de enero de 1826) se había fundado el Banco Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuyos estatutos lo dotaban de la facultad de acuñar moneda. Por esta razón las autoridades le endosaron la delicada tarea de abrir y operar el troquel. En noviembre de 1826, se ensayó la maquinaria en presencia de Miers y del Directorio del Banco. A partir de 1827, se comenzaron a emitir las primeras monedas de cobre en los valores de 20, 10 y 5 décimos, más una pequeña de 1/4 de real. Las dos piezas más grandes llevaban un ave fénix entre llamas, con la leyenda circular ARDESCIT ET VIRESCIT. Para la acuñación de los 5 décimos (medio real) se utilizaron como cospeles los décimos de 1822 y 1823, que habían sido desmonetizados, lo que puede observarse por los rastros que aparecen en estas piezas.

En 1827, Miers hizo un segundo viaje a Inglaterra para traer herramientas y útiles y también una nueva máquina, pues la encargada en 1825 había quedado en Río de Janeiro, bloqueada por la guerra argentino-brasileña. Tras su partida, las acuñaciones de la casa continuaron regularmente, pero en 1828 surgieron problemas y el Banco suspendió el trabajo en septiembre, dejando cesante al personal: por esa razón tampoco se hicieron emisiones de cobres en 1829. En agosto de ese año, Miers llegaba con las nuevas maquinarias; las tareas de acuñación se reanudaron en 1830, prosiguiendo en 1831, cuando Miers abandonó el país definitivamente.

Pequeñas partidas de 5 décimos siguieron fabricándose hasta 1835, con cuños anteriores. En esa fecha cesaron todas las operaciones, habiéndose acuñado monedas por un valor total de 448.000 pesos; el edificio quedó a cargo del grabador Pedro Miranda. El Banco Nacional fue disuelto en 1836 y reemplazado por una institución similar llamada Casa de Moneda. Es interesante señalar que una buena parte de aquellas emisiones pasó a la Banda Oriental, especulación que dejaba sólidas ganancias a los traficantes, lo que movió al gobierno a prohibir la exportación de cobres en 1838.

Emisión de cobres federales del valor de 2 y 1 real

En 1840, la escasez de numerario era tan fuerte que el gobierno, por decreto del 11 de febrero, autorizó a la Casa de Moneda a emitir hasta 400.000 pesos en cobres de 2, 1 y 1/2 real. Todas estas piezas llevan la leyenda ¡VIVA LA FEDERACION!

Los troqueles fueron abiertos por el grabador José Rousseau. La acuñación con fecha 1840 continuó el año siguiente, suspendiéndose hasta 1844, en que reaparecieron los cobres, pero únicamente en el valor de 2 reales, batidos sobre delgadas láminas de metal.

 

Cuatro centavos de cobre con fecha 1854

La ceca reiniciaría su actividad sólo en 1853, con planchas de cobre remitidas desde Londres: las labraciones abarcan el período de segregación de Buenos Aires. En dicho año se acuñaron monedas de 2 reales, valor que tornó a ser emitido en 1854 -cuando la entidad pasó a denominarse Banco y Casa de Moneda-, 1855 y 1856. 

En 1854 se batió por única vez una pieza de 1 real, hoy bastante escasa. En ese lapso se troquelaron monedas por casi 700.000 pesos, resolviendo el Directorio que, por ser suficiente tal suma para la circulación, se paralizaran las acusaciones.

En 1860, fue reabierta la ceca, emitiéndose unidades de 2 reales con fecha 1860 y 1861. Los cuños, cuya confección se atribuye al artista Pablo Cataldi, serían los últimos utilizados en el establecimiento. Las maquinarias quedaron inactivas en la sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires -título del Banco y Casa de Moneda desde 1863, que en 1867 -al iniciar la construcción de un nuevo edificio- las mandó a los talleres del Ferrocarril del Oeste, donde el material fue depositado a la intemperie, para luego ser vendido como metal en público remate. Así terminó la primera ceca de Buenos Aires.

Cobres federales y emisiones privadas

A consecuencia de la revolución del 11 de Septiembre de 1852, Buenos Aires se escindió de la Confederación, que fijó su capital en la ciudad de Paraná, según lo anotáramos. Mientras los porteños emitían billetes y monedas de cobre, los federales se veían obligados a restañar su penosa situación financiera. Con tal fin, el 9 de Diciembre de 1853 se aprobó el Estatuto para la Organización de la Hacienda y Crédito Público, obra de Mariano Fragueiro, ministro del ramo, que creaba el Banco Nacional de la Confederación Argentina, autorizado a emitir billetes y acuñar metálico, y, más tarde, a recibir moneda cordobesa y riojana.  

El Departamento Occidental ocupado por los argentinos después de la Guerra de la Triple Alianza, fue zona en litigio con el Paraguay. Sometido a arbitraje, fue perdido por nuestro país en 1878. A falta de moneda nacional, se resellaron cobres paraguayos con un escudo argentino

El 26 de Enero de 1854 se dispuso la confección de monedas de cobre, lo que era imposible de realizar en las dos cecas de la Confederación; por ello se contrataron en Europa, por un importe de 100.000 pesos. Los valores a acuñar eran de 4, 2 y 1 centavos, denominación que por primera vez aparece en la historia de la moneda argentina. Las piezas llevaban, en su anverso, un sol con la leyenda circular CONFEDERACION ARGENTINA; en el centro del reverso, el valor y la leyenda perimetral TESORO NACIONAL-BANCO.

El artista italiano Pablo Cataldi abrió los cuños para esta pequeña moneda de plata de 1/2 real

Estas monedas fueron lanzadas a la circulación el 18 de Enero de 1855, remitiéndose a partir de entonces a las demás provincias argentinas. En 1856, los cobres se utilizaban en todo el territorio de la Confederación -excepto, obviamente en Buenos Aires-, por lo que estas monedas son las primeras de verdadero carácter nacional desde las acuñaciones patrias de 1813 y 1815.

La historia de estas piezas se perdió lamentablemente con el Archivo de la Confederación, pero se sabe que no fue ajeno a ellas un antiguo prestamista brasileño, José de Buschenthal. Parte de estas labraciones se hizo en Inglaterra, presumiblemente en alguna de las manufacturas de fichas y botones de esa época. Sin embargo, existe una partida de cobres de 4 centavos, que quizá fue troquelada en Brasil.

Entre 1860-61 -últimas emisiones riojanas, últimas de Buenos Aires- y 1881 no hubo acuñación de moneda metálica en nuestro país. La escasez de numerario se fue paliando con divisas de los países limítrofes, especialmente de Bolivia. Pero aparecen también emisiones privadas dignas de mención.

La primera de ellas fue realizada en la Colonia San José, establecimiento fundado por justo José de Urquiza en 1857, en parte de sus tierras, con colonos procedentes de Suiza e Italia. Estos, que se afincaron en la zona, dieron origen a una floreciente ciudad agrícola-ganadera. Hacia 1867, sin embargo, la penuria de monedas en la colonia producía graves inconvenientes en las transacciones, ya que los habitantes, de origen extranjero, no alcanzaban a comprender las fluctuaciones del papel moneda y los vales emitidos entonces en Entre Ríos y otras provincias argentinas.

Urquiza concibió la idea de labrar piezas de plata del valor de medio real, con lo que pretendía solucionar el problema. Para ello pidió el concurso del grabador italiano Pablo Cataldi, quien acuñó pequeñas monedas con el escudo de Entre Ríos en el anverso, y en el reverso, en seis líneas: MONEDA CIRCULANTE DE SAN JOSE, UN MEDIO, 1867; las piezas tenían canto estriado y un peso de 1,7 gramos.

Moneda eminentemente local, se utilizó en forma restringida, avalada sobre todo por el prestigio de su emisor, quien tal vez desconocía la famosa Ley de Gresham. Ella nos enseña que cuando dos monedas se encuentran en circulación, siendo una buena y otra mala, la primera desaparece casi de inmediato, quedando en circulación sólo la última. Eso fue lo que ocurrió en Entre Ríos: las moneditas de plata fueron acaparadas por el público y se llegó a pagar por ellas hasta dos reales, cuatro veces más.

Es curioso señalar que Cataldi, gravemente afectado en su salud mental, utilizó luego los cuños de San José para troquelar diversas piezas de fantasía, combinando sus anversos y reversos con otros, imaginarios, de su invención.  

Peso de plata y moneda de 2 centavos de cobre realizados en 1874 a nombre de la Nouvelle France

Otra acuñación privada fue hecha por el francés Orélie-Antoine de Tounens, autotitulado rey de Araucania y Patagonia. Este personaje, procurador en Périgueux y aficionado a las aventuras, desembarcó en 1860 en el Sur de Chile.

Al tomar contacto con los indios mapuches -que conservaban su soberanía sobre una extensa zona-, pudo convencerlos de fundar un reino y se hizo proclamar monarca con el nombre de Orélie-Antoine. Poco tiempo después se anexaba por decreto toda la Patagonia argentina.

Los gobiernos de nuestro país y de Chile intervinieron rápidamente; Tounens fue detenido y enviado a Chile, donde quedó bajo la protección del cónsul francés, quien consiguió salvarlo, enviándolo de retorno a su tierra.

En París, mediante una hábil publicidad, Tounens logró conmover a la opinión pública en su favor, y organizó una expedición a su lejano reino. Hubo tres intentos de llegar al Sur; en uno de ellos, fue reconocido y detenido en Bahía Blanca, volviendo definitivamente a Francia. En 1874 acuñó monedas de plata y cobre con el nombre del rey de Araucania y Patagonia, que distribuyó entre sus amigos, y que nunca vinieron a nuestro país.

Más tarde, Tounens creó la Orden de la Constelación del Sur, que otorgó a diversas personalidades. En la actualidad existe también un pretendiente al trono de Araucania y Patagonia. Tounens falleció el 19 de Septiembre de 1878.

La tercera acuñación privada que se vincula con nuestra historia monetaria, es la realizada por Julio Popper en Tierra del Fuego. Este ingeniero rumano llegó a Buenos Aires en 1885, y al año siguiente realizó exploraciones y cateos en Tierra del Fuego, donde se habían descubierto ricos yacimientos auríferos.

En 1887, en el paraje llamado El Páramo (Bahía de San Sebastián), fundó los "Lavaderos de Oro del Sur", para explotar racionalmente los recursos de la zona. Popper y sus mineros consiguieron extraer interesantes cantidades de oro aluvional, compuesto en un 86,4 por ciento de fino y un 13,6 por ciento de plata.

Para facilitar las transacciones que se hacían en pepitas u oro en polvo, y con el fin de alimentar al mismo tiempo su leyenda de empresario poderoso, Popper acuñó discos de oro con el peso de 1 y 5 gramos, que llevan su nombre y el de su establecimiento, al estilo de los emitidos en California durante la fiebre del oro. También estableció un sistema de correos con estampillas propias, situaciones que dieron lugar a la intervención judicial.

Aunque Popper señaló en el juicio que se trataba de simples medallas, las piezas fueguinas deben ser consideradas monedas en el sentido más primitivo del término: piezas de oro cuyo peso y ley fue garantido por una autoridad, en este caso, privada. Las más antiguas se fabricaron en El Páramo con cuños grabados por el Propio empresario. Son de tipo tosco y primitivo, debido a la precariedad de medios, y constituyen hoy una rareza. Una segunda emisión, más perfecta, se encargó a la Casa de Moneda de la Nación. Ambas series llevan fecha de 1889. El fallecimiento de Popper, en 1893, truncó el impulso de esta empresa.

La Casa de Moneda

Se ha dicho que a partir de 1860-61 y hasta 1881 no se acuñó ni emitió moneda metálica   en el país: la ceca riojana cesaba en sus troquelaciones en 1860 (dos reales y medios reales de plata, a nombre de la Confederación Argentina), y la de Buenos Aires lo hacía en 1861 (cobres de a dos reales).

La anarquía en materia de circulante se agravó entonces, hasta límites increíbles, por la casi absoluta escasez de numerario metálico propio y la subsiguiente oscilación en el valor de los billetes de Banco. De ahí el profuso empleo, en las transacciones -y la profusa falsificación-, de divisas extranjeras, especialmente plata boliviana y, en menor medida, chilena y peruana.

Salvo las labraciones de 1813 y 1815 en Potosí, apenas si había vuelto la Argentina a contar con una moneda nacional: es que tampoco tuvo Estado Nacional verdadero de 1810 a 1853, en realidad, hasta 1862. Los cobres del Banco Nacional de las Provincias del Río de la Plata (1827) fueron aquella moneda solamente en la teoría; más cerca estuvieron las piezas de plata de Córdoba (1854), y aun más las riojanas (1854-60), pues, según se ha visto, esas emisiones dependían del Gobierno de Paraná. Quedan así en lugar eminente los cobres de 1, 2 y 4 centavos lanzados a la circulación en 1855, que, a diferencia de aquellas emisiones, se utilizaron en todas las provincias, como se anotara.

El Gobierno de Paraná -al que, es sabido, no respondía Buenos Aires- quiso remediar la falta de una moneda nacional creando, con la venia del Congreso General Constituyente, por la ya citada ley del 9 de Diciembre de 1853, el peso de plata de una onza castellana de peso y 10 dineros de fino (esto es, de 23,963 gramos de plata pura); sobre esta base expidió billetes del Banco Nacional de la Confederación Argentina, cuya suerte fue desastrosa. En cuanto a piezas metálicas, sólo emitió los cobres mencionados, por un total de 100.000 pesos.

A fines de 1854, el Congreso Federal sancionaba la Ley 15 autorizando al Poder Ejecutivo a acuñar monedas de plata de 1 peso y de 50, 20, 10 y 5 céntimos. La unidad, que recibió el nombre de colón, era un peso similar al de 1853 (en lugar de los 16 adarmes de la onza castellana de plata, se fijaron 14 adarmes de peso; la ley seguía siendo de 10 dineros de fino, o sea, 833,33 milésimos). Pero la angustiosa situación económica impidió la troquelación de estas piezas.

Por ello, el Congreso de Paraná optó en 1855 por considerar al peso plata como moneda de cuenta, tomándolo por base para fijar el valor de las piezas de oro más usadas en el país (onzas de España y las repúblicas iberoamericanas, libras esterlinas, águilas estadounidenses, etc.). La provincia de Buenos Aires estableció el mismo sistema de paridades en 1857. Estas cotizaciones serían revisadas en 1860, 1862 y 1863.

La Ley 733, del 29 de Septiembre de 1875, avanzó más, estatuyendo como unidad monetaria al peso fuerte, moneda de oro de un gramo y dos tercios de peso, y 900 milésimos de fino (o 1,5 gramos de oro puro), que sería acuñada en piezas de 5 pesos, denominada medio colón, de 10 (colón) y de 20 (doble colón). También creaba monedas de plata, desde cinco centavos a un peso (definido como de 27,110 gramos y 900 milésimos de fino), y piezas de cobre de 2 y 1 centavos. La unidad así determinada se inspiraba en la que aconsejara el Congreso Europeo de Economistas reunido en París en 1867, y que adoptara Japón en 1873 (en efecto, 5 pesos fuertes equivalían a 5 yen de aquel país). La Ley 733, en fin, ordenaba la instalación de dos cecas, una en Buenos Aires y otra en Salta.

Ninguna de las estipulaciones de esta norma llegarían a ejecutarse, salvo una. A mediados de 1879, el Poder Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de ley para acordar un nuevo sistema, cuya moneda principal sería una pieza de oro, el argentino, de 8,064 gramos y 900 milésimos de fino; la moneda Mayor de plata, el peso (25 gramos y 900 milésimos de fino), representaría la quinta parte del argentino. Pero el Congreso se limitó a aceptar el peso plata de 25 gramos (Ley 974, 16 de Septiembre), manteniendo su resolución de 1875 sobre las monedas de oro. Tampoco hubo emisiones de aquella pieza, que concordaba con el régimen implantado en Europa por la Unión Monetaria Latina.

Detrás de la iniciativa gubernamental de 1879 estaba el ministro de Hacienda, Victorino de la Plaza. A él y al Presidente Nicolás Avellaneda se debe la Comisión Especial de Monedas, organismo que en 1877 presentó, entre otros trabajos encomendados, los informes y planos del ingeniero Freund relativos al montaje de una ceca en la ciudad de Buenos Aires, como lo disponía la Ley 733.

A consecuencia de tales estudios, fue sancionada el 15 de Octubre de 1877 la Ley 911, que autorizó al Poder Ejecutivo a invertir hasta 267.000 pesos fuertes en la instalación de una Casa de Moneda en Buenos Aires, y a enviar a Europa a uno de los ingenieros del Estado para que examinase los procedimientos y maquinarias de acuñación.  

Proyecto de moneda acuñado de acuerdo a la ley del 25 de Septiembre de 1878 por Carlos Würden

De este modo, el ingeniero Eduardo Castilla recorrió - en 1878- cecas inglesas, belgas y francesas, celebrando algunos contratos ad referendum para la adquisición de implementos. En París, acordó el grabado de cuños con el famoso artista A. Barré, cuya firma aparecía en las monedas francesas de entonces; el fallecimiento de Barré, al poco tiempo, obligó a la búsqueda de otro grabador.

'Economa argentina'

Primera Casa de la Moneda de la Nación

De este período data una serie de muestras y ensayos de piezas, propuestos al Gobierno Argentino, destacándose por su elevada calidad los acuciados en Bruselas por Carlos Würden, el más alto valor de los cuales se denominaba "un patacón". Mientras Castilla hacía su gira por Europa, la Municipalidad de Buenos Aires donaba un terreno en la esquina de Defensa y México. Licitada la parte de albañilería, comenzaron los trabajos en Julio de 1879; la Casa de Moneda fue inaugurado el 14 de Febrero de 1881, con el ingeniero Castilla como director.

Cinco meses después, en Julio, el Presidente Julio A. Roca planteaba al Congreso una iniciativa monetaria, que esta vez tendría fortuna.

Casa de Moneda de la Nación construida en 1879

Proyecto de moneda de plata acuñado en 1886 con la denominación "Un peso Fuerte" por el artista Fabricio Zuccotti

Argentinos y medios argentinos

Sin modificaciones sustanciales, las Cámaras se expidieron el 3 de Noviembre de 1881, convirtiendo el proyecto en la Ley 1130, que establecía como unidad monetaria el peso de oro de 1,612 gramos y 900 milésimos de fino, y el peso de plata de 25 gramos y 900 milésimos de fino.

 Las piezas de oro serían el argentino (8,064 gramos, como en la iniciativa de 1879), con valor de 5 pesos, y el medio argentino (4,032 gramos), de 2 ½  pesos. Las piezas de plata, además del peso, incluirían monedas de 50, 20, 10 y 5 centavos. En cuanto a los cobres, se los fijaba en 1 y 2 centavos.

La ley 1130, promulgada el 5 de Noviembre, terminó con la anarquía monetaria en el país.

Del oro al cuproníquel  

Muerto el escultor Barré, el ingeniero Castilla contrató con el grabador más renombrado de la época, el francés Eugéne André Oudiné (1810-1887), el tallado de los cuños para la moneda creada. Tanto las piezas de oro como las de plata y cobre mostraban en su anverso un escudo argentino cargado de banderas, con dos cañones al pie, y en el reverso una elegante cabeza de la Libertad, con los cabellos sueltos al viento bajo el gorro frigio.

En su época se consideró al argentino, acertadamente, una de las más bellas monedas nacionales. Emitida sin interrupción desde 1881 hasta 1889, se acuñó una nueva y última partida en 1896: desde entonces, no se amonedó oro en la Argentina. Las piezas de 2,50 pesos fueron troqueladas en 1884, aunque por tratarse de una moneda de difícil ejecución sólo se hicieron circular 421 ejemplares (el total de argentinos, en cambio, fue de 6.343.022).

Las labraciones de plata, iniciadas a fines de 1881, cesaron en 1884, sin que se hubiera acuñado el valor de 5 centavos. Las monedas más raras de la serie fueron las de 10 y 50 centavos batidas en 1881; de ellas se fabricaron 1.020 ejemplares por cada una. Le siguen en escasez las de 20 centavos, con 2.018 unidades. Mientras tanto, en 1885 fue decretada la inconversión y el curso forzoso de los billetes, medida que se levantó en 1889, después de que el Congreso (Ley 3871, del 31 de Octubre) asignara al peso papel valor de 44 centavos de oro en lugar de los 100 centavos que tuviera a partir de 1881. Así, 1 peso oro se cotizó a 2,27 pesos papel (moneda nacional).

Las monedas de cobre, de gran tamaño, se troquelaron en abundancia entre 1882 y 1896. En general, son mucho más escasas las de un centavo, pues este valor representaba sólo la tercera parte de lo fabricado en piezas de dos centavos. Es interesante señalar que estos cobres, por ser de igual tamaño, peso y aspecto que los acuñados en Europa por la Unión Monetaria Latina, aunque de menor valor, eran exportados en altas cantidades a Francia, Italia y España, motivando su escasez en nuestro país.

Interrumpidas todas las acuñaciones en 1896, por antieconómicas, sobrevino una abrumadora demanda de numerario menor para las transacciones. El Gobierno emitía entonces billetes fraccionarlos de 5, 10 y 20 centavos; pero no sólo eran costosos, sino que por su empleo excesivo se deterioraban con facilidad, lo que obligaba a renovar continuamente las impresiones. La solución fue dada por la Ley 3321 del 4 de Diciembre de 1895, que dispuso la acusación de monedas de cuproníquel (75 por ciento de cobre y 25 por ciento de níquel), en los valores de 5, 1 0 y 20 centavos y con un peso de 2, 3 y 4 gramos respectivamente.

La duración de estas monedas se estimó en cuarenta años y su circulación resultó profusa, extendiéndose, con algunas interrupciones, entre 1896 y 1942. Se denominaban vulgarmente "níqueles", y los cospeles eran importados de Alemania y los Estados Unidos, lo que suscitó problemas de aprovisionamiento durante la primera y segunda guerras mundiales.

La serie se completó en 1941 con el valor de 50 centavos en níquel puro, pieza popularmente bautizada de "chanchita", que tuvo una breve vida. En efecto, el propio Banco Central -a cargo de las emisiones desde 1935-, que había acuñado casi once millones de piezas, hizo fundirlas a fin de vender el níquel en lingotes, debido a la demanda de este metal provocada por la guerra.  

Ensayos de 1 centavo de 1935

Junto a las monedas de cuproníquel seguían circulando, en la década de 1930, los viejos cobres de la Ley 1130, anticuados por su tamaño.

Moneda de cobre con el escudo nacional labrada entre 1939 y 1950

Como culminación de estudios realizados en la materia, se sancionaron en 1939 los decretos 29.159 y 45.560, que ordenaron reemplazarlos por nuevas piezas más modernas de este metal.

Los tipos propuestos, del valor de 1 y 2 centavos, se componían de 95 partes de cobre, 4 de estaño y 1 de zinc, mezcla considerada ideal. Las monedas llevaban el escudo nacional (simple) en el anverso y el valor entre laureles en el reverso. La aleación fue mantenida durante un tiempo, pero debió ser abandonada y las piezas se batieron en cobre puro electrolítico; el diseño, por esta razón, aparece generalmente en forma borrosa. Las monedas de dos centavos dejaron de ser acuciadas en 1950, mientras las de un centavo lo habían sido en 1948.  

Moneda de 20 centavos conmemorativa del "Año del Libertador General San Martín"

En 1942, se intensificó la demanda internacional de níquel por las necesidades bélicas y ello produjo sensibles mermas en las existencias de cospeles del Banco Central. A fin de no interrumpir las labraciones, y como medida de emergencia, el Decreto 119.976 dispuso emitir piezas de 5, 10 y 20 centavos en discos nacionales de bronce de aluminio. 

La nueva moneda mostraba un moderno busto de la Libertad, grabado en 1940 por el escultor francés Lucien Bazor para un proyecto monetario que fuera desechado entonces.

El centro del reverso, de diseño más pobre, consignaba el valor, flanqueado por una espiga de trigo y una cabeza de toro.

Estas piezas de bronce de aluminio se acuciaron desde 1942 hasta 1950, año en que, superado el problema, recomenzaron las labraciones en cuproníquel con una serie conmemorativa del centenario de la muerte del general José de San Martín. El prócer aparece en su ancianidad, tal como luce en el daguerrotipo de París de 1848. Todas las monedas ostentaban la leyenda AÑO DEL LIBERTADOR GENERAL SAN MARTIN, eran de excelente factura técnica y se batieron en cospeles importados de Alemania Federal.

En 1951, la Casa de Moneda -cuyas nuevas instalaciones, avenida Antártida Argentina 1385, fueron inauguradas el 27 de Diciembre de 1944- renovó sus maquinarias incorporando volantes de acuñación de alta velocidad, lo que permitió continuar hasta 1953 con las emisiones de cuproníquel sanmartinianas, suprimida la leyenda conmemorativa del centenario. En 1953 se reemplazó ese metal por acero enchapado.

Entre 1952 y 1956 retornan las monedas de 50 centavos, troqueladas con el retrato del Libertador. En ese último año, se graba en los cuños la antigua efigie de la Libertad del artista Oudiné y se baten monedas de un peso a partir de 1957. En 1960, la emisión corriente de este valor se alterna con una pieza en honor del sesquicentenario de la Revolución de Mayo.

La progresiva aunque lenta desvalorización de nuestro peso, condujo a la interrupción de las acusaciones de monedas de baja denominación. Utilizándose cospeles de las anteriores piezas de 20 y 50 centavos de acero enchapado en níquel, convertidos de circulares en dodecagonales, aparecen en 1961 monedas de 5 pesos con la Fragata Sarmiento y en 1962 de 10 pesos con la estatua El Resero, del escultor Emilio Sarniguet. En 1966, se emitió una moneda de 10 pesos conmemorativa del sesquicentenario de la Independencia, con vista de la histórica Casa de Tucumán.  

Proyectos de monedas de un peso acuñados en 1943

Moneda de 1 peso acuñada a partir de 1957

Moneda conmemorativa de 1 peso 1960 emitida en honor al Sesquicentenario de 1810

Dos años antes habían aparecido por primera vez monedas de un valor inédito: 25 pesos; se utilizaron cospeles dodecagonales y llevaban la reproducción de la primera moneda patria. En 1968 se hizo una pieza del mismo valor, recordatorio del centenario de la asunción presidencial de Domingo Faustino Sarmiento.

En esos años se había ahondado la depreciación de nuestra divisa obligando a trabajar con grandes guarismos. El ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, propuso y obtuvo la verificación de una reforma monetaria, basada en la simplificación de las transacciones; se alegaba el equilibrio económico logrado por haberse detenido el proceso inflacionario. "Tal circunstancia, que se refleja en la estabilidad alcanzada en los niveles de precios, ha permitido recuperar la solidez de la moneda argentina en el ámbito internacional", se decía en los considerandos de la iniciativa.

Bajo el signo del Austral

El Poder Ejecutivo sancionó la Ley 18188 el 15 de Abril de 1969; ordenaba la emisión de piezas metálicas y billetes canjeables por los antiguos en base a la paridad de 1 peso nuevo igual a 100 de moneda nacional. Esta supresión de dos ceros produjo serios inconvenientes de adaptación y durante muchos arios se siguieron utilizando las dos monedas en las transacciones cotidianas: pesos viejos y pesos Ley 18188, o sencillamente "pesos ley".  

Monedas emitidas a partir de 1970

La norma entró en vigencia el l de Enero de 1970 y con ella reaparecieron las monedas de valores pequeños, batidas durante 1969 con fecha de 1970.

Para las piezas de 1 y 5 centavos se usó por primera vez en nuestro país el aluminio al manganeso; las de 10, 20 y 50 centavos se emitieron en bronce de aluminio: todas ostentaban la conocida cabeza de la Libertad del artista Oudiné.  

Diferentes piezas de la década del 70

Las emisiones, nacidas con una optimista visión del estado económico argentino, no pudieron sustraerse a la realidad: la inflación de los años posteriores hizo desaparecer paulatinamente a las monedas chicas, reemplazadas cada vez por valores más altos, hasta llegar al de 100 pesos Ley 18188.

En los últimos tiempos de vigencia de esta reforma se lanzaron a la circulación varias emisiones conmemorativas: los bicentenarios del almirante Guillermo Brown (1777-1977) y del general San Martín (1778-1978), y el centenario de la Campaña al Desierto (1879-1979). Siendo insuficiente la producción de nuestra ceca, algunas acuñaciones fueron contratadas con la Casa de Moneda de Chile, país que ya nos proveía de cospeles.

Serie de monedas conmemorativas del Mundial de Fútbol

Al mismo tiempo, la Casa de Moneda de la Argentina adoptó como marca de ceca el monograma BAI, símbolo de los plateros porteños de fines del siglo XVIII. Entre las piezas cuestionadas emitidas al amparo de la Ley 18188 se cuentan las acuñadas para festejar el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978. En esta oportunidad se troquelaron monedas de plata de 1.000, 2.000 y 3.000 pesos, y de bronce de aluminio de 20, 50 y 100 pesos, dos partidas, con fecha 1977 y 1978 respectivamente, no destinadas a la circulación.

Era previsible que las nuevas emisiones fueran pronto devoradas por la inflación: con el régimen de la Ley 18188 se había llegado a emitir papel moneda de un millón de pesos, acaso la denominación más alta del mundo. El 6 de Enero de 1983 se sancionó la Ley 22707, que creaba el peso argentino, suprimiendo cuatro guarismos al creado en 1969. Así, el billete de 1.00.000 pesos pasó a canjearse por uno de 10 pesos argentinos. Dado el hecho de que la Mayoría de la población, aún utilizaba en sus expresiones cotidianas los valores señalados en pesos moneda nacional -anteriores a 1969-, la conversión de "pesos ley" a pesos argentinos se hizo sin inconvenientes y a corto plazo.

Emisión que conmemora la Campaña al Desierto

Si bien artistas del Banco Central habían diseñado una serie de monedas con representantes de la fauna autóctono, este proyecto fue desechado y las piezas se batieron repitiendo la clásica cabeza de la Libertad de Oudiné: reaparecieron entonces los valores de 1, 5, 10 y 50 centavos, juntamente con el peso papel, en vigor desde Junio de 1983.

En 1984 se emitieron monedas de 1 peso argentino con la figura del Congreso Nacional, de 5 pesos con el Cabildo de Buenos Aires, y de 10 pesos con la Casa de Tucumán, la primera en aluminio y las dos restantes en bronce. En Mayo de 1985 se pusieron en circulación piezas de 50 pesos argentinos, conmemorativas del cincuentenario del Banco Central.  

Monedas emitidas de acuerdo a la ley 22707

Pero el 14 de Junio, el Presidente Raúl Alfonsín y sus ocho ministros firmaban el Decreto 1096, que, entre otras derivaciones, dio un vuelco en redondo al sistema monetario. Fue una enérgica reforma destinada a contener la arrasadora inflación, antiguo azote de la economía. El Decreto 1096 incluyó la creación de una nueva moneda, el austral, representado por el signo A; cada austral equivale a 1.000 pesos argentinos, a 10 millones de pesos Ley 18188, y a 1.000 millones de pesos moneda nacional.

Antes de los billetes entraron en circulación, desde finales de Septiembre, las monedas metálicas. 

Emisión de monedas acuñadas como consecuencia del decreto 1096

Se comenzó con las de medio centavo, un centavo y cinco centavos, prosiguiéndose con las de 10 y 50 centavos; todas ellas son de una aleación de cobre y aluminio. Para las tres denominaciones más bajas se utilizó la iconografía faunística propuesta anteriormente; la moneda de medio centavo presenta un hornero en el anverso, la de un centavo trae un ñandú, y la de cinco centavos un puma; el diámetro de estas piezas es, respectivamente, de 19,5 milímetros, de 20,5 mm y de 23 mm.

La moneda de 10 centavos ostenta el Escudo Nacional, y la de 50 la cabeza de la Libertad de Oudiné; el diámetro es de 21,05 y 24 milímetros. Él espesor de las cinco piezas es similar: 1,5 milímetros.

Linea Peso convertible (actualidad)

La línea monetaria vigente en la República Argentina es la LINEA PESO CONVERTIBLE (Decreto del Poder Ejecutivo Nro. 2128 del 10 de octubre de 1991 y el Artículo 12 de la Ley de Convertibilidad Nro. 23928 del 27 de marzo de 1991).

'Economa argentina'

Todas las líneas anteriores se encuentran desmonetizadas y no se canjean. La entre la actual línea y su predecesora, la línea Austral, fue de 1 peso = 10000 Australes.

Los billetes correspondientes al diseño actual conservan un tamaño uniforme de 155 mm. de ancho y 65 mm. de alto. El papel utilizado es 100 % de fibra de algodón, con un peso de 83 gramos por metro cuadrado, exento de fluorescencia a la luz ultravioleta, con encolantes sintéticos que le otorgan mayor resistencia mecánica y al medio húmedo.

La impresión se realiza en tres etapas sucesivas, empleando diferentes sistemas de impresión complementaria: offset, calcografía y tipografía.

Como es habitual en países con economía estable, pasados cinco años desde su lanzamiento, se resolvió efectuar algunos cambios en la línea, los que comprenden mejoras en los grabados e incorporación de más elementos de seguridad.

Los billetes con los nuevos diseños, que se emitirán próxima y sucesivamente, contemplan diseños mejorados, papel de un gramaje superior (90 gramos por metro cuadrado) para otorgarle mayor promedio de vida útil, marca de agua de molde cilíndrico localizada, que reproduce el retrato del diseño orientado en el mismo sentido, así como otras características que podrán consultarse a partir de su puesta en circulación, tal el caso del billete de 2 pesos, emitido el 26 de noviembre de 1997.

Monedas

1 centavo

5 centavos

10 centavos

25 centavos

50 centavos

1 peso

Trabajo Práctico De Economía: Historia del Peso Argentino.

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