Economía argentina

Política económica argentina. Subdesarrollo. Mercado mundial. Sustitución de importaciones. Población pobre. Pobreza. Ingresos. Salud. Mortalidad. Desnutrición. Infancia. Educación. Analfabetismo

  • Enviado por: Marcela Laura Mercadante
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 46 páginas

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Universidad de Buenos Aires

Materia: Conocimiento Científico

Año: Junio de 1999

Hipótesis del Trabajo:

DEMOSTAR COMO LA POLÍTICA

ECONÓMICA

ARGENTINA, HA LLEVADO AL PAÍS AL

SUBDESARROLLO.

COMENTARIO:

A efectos de poder demostrar nuestra Hipótesis, consideramos necesario hacer un recorrido histórico y evolutivo de la política económica Argentina desde 1930 hasta la fecha.

Pensamos y evaluamos que nuestro país, se encuentra dentro de los países llamados del Tercer Mundo o Subdesarrollados y reafirma esto el grado de profunda pobreza en que se encuentra.

No es casual, el recorte presupuestario en los temas de Educación y Salud, dos pilares importantes y necesarios para humillar y dominar al pueblo con la complicidad y aceptación de las demandas provenientes del Fondo Monetario. Bien sabido es, que un pueblo que tiene hambre no puede pensar pero también sabido es, que es de fácil dominación.

Nuestra propuesta es: realizar un profundo cambio en la organización de las Instituciones y por ende en el macro contexto social, profundizar la prevención a través de la Educación, mejorar la calidad de vida desde la Salud y devolver la dignidad laboral a los hombres de nuestro país, alejándolos del lugar de esclavos, entonces podrán y podremos pensar y si pensamos, dejamos de ser dominados.

Constitución

de la

Nación Argentina

Preámbulo

Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunido en

Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las

Provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.

Funcionamiento de la economía y poder político en la Argentina:

La Argentina no sólo defrauda a quien vive en ella sino también a quienes tratan de entenderla. Lo que sucede en este país contradice tanto los conocimientos más aceptados como las tesis contrapuestas más discutidas sobre las sociedades y economías contemporáneas. La obstinada anormalidad de la Argentina constituye un desafío intelectual para buscar explicaciones.

Como la realidad Argentina rehusa ubicarse dentro de ciertos moldes implícitos y universalmente admitidos, en vez de insistir en acomodarla dentro de esos hechos, trataremos de revisar los supuestos que los inspiran mientras observamos, al mismo tiempo, cómo acontecieron los hechos. A tal efecto centraremos nuestra atención en dos fenómenos centrales: la inestabilidad política y el caos económico. Cuando estos dos fenómenos juntos se mantienen persistentemente en una sociedad desde distintos enfoques teóricos se los considera síntomas de una situación patológica. Una sociedad donde nadie en definitiva se beneficia y donde, al mismo tiempo, es difícil o imposible establecer reglas de juego para impedirlo, es vista como una sociedad enferma.

La idea de normalidad supone, estabilidad en el sistema político y el orden en la economía. Si ésas son formas normales en toda sociedad, puede pensarse que su búsqueda llevara en definitiva a un conjunto poderoso de fuerzas sociales para procurarla, puede ser a través de una propuesta de consolidar un régimen democrático de gobierno que no pretenda cambiar la estructura del país, aunque pueda reformarla en ciertos aspectos, puede ser a través de una propuesta revolucionaria provocando cambios estructurales, una revolución social para definir un nuevo equilibrio y un nuevo orden en el país. Pero si lo normal en la Argentina es lo anormal para nuestras concepciones subyacentes la ecuación de fuerzas serán muy distintas a la imaginada, la tarea de lograr la democracia o la revolución será mucho más ardua y sobre todo, quizás varíen sustancialmente las estrategias que se pueden concebir para lograr esos objetivos.

LA INESTABILIDAD POLÍTICA

Desde el 6 de septiembre de 1930 hasta el 10 de diciembre de 1983, la Argentina tuvo veinticuatro presidentes de la República - incluyendo al efímero general Rawson y al transitorio Lastiri -, dieciséis de los cuales fueron generales. En ese lapso se produjeron seis golpes de Estado triunfantes de las Fuerzas Armadas contra gobiernos elegidos. Las tentativas frustradas de golpes de Estado, así como los “planteos” castrenses, se cuentan por decenas sino por centenas. Como presidentes elegidos sólo Justo y Perón pudieron cumplir con el periodo establecido por la constitución y no es casual que en las ocasiones ambos fueran militares que previamente habían ejercido liderazgo en el Ejército.

La mera consideración de estos datos, sobre todo cuando se los examina al final de un régimen militar, subraya el papel desempeñado por las Fuerzas Armadas en la desestabilización del sistema político argentino.

La comprobación es correcta pero es pertinente señalar que también los regímenes militares fueron inestables. El general Uriburu, el primer golpista triunfante, se vio obligado a dejar el gobierno antes de lo que deseaba y en una forma en que no quería. El general Rawson, en 1943, no alcanzó siquiera a formar su gobierno. El general Ramírez, en 1944, fue relevado por sus camaradas. El general Farrell, en 1945, estuvo a punto de ser echado si no se hubiera producido la movilización popular del 17 de octubre a favor de Perón. El general Ongania fue derrocado en l970 por las mismas Fuerzas Armadas que produjeron el golpe de l966. Su sucesor el general Levington, sufrirá la misma suerte en l97l. Para sacar el general Viola de la Presidencia en l98l, la Junta Militar inventó una nueva fórmula verbal: declaró que “había cesado en sus funciones”.

El relevo del general Galtieri, en l982, fue más tradicional, se lo obligó a renunciar. De los generales que ocuparon la Presidencia en el periodo previo a una convocatoria a elecciones, Aramburu y Lanusse, sufrieron un destino similar al de Uriburu: en ambos casos las condiciones y por ende los resultados de los comicios fueron opuestos a las intenciones y deseos que los guiaba. Sólo Farrell asistió a una sucesión electoral, la de Perón, acorde con las preferencias de su gobierno, De esta larga lista sólo resta un ejemplo de estabilidad dentro de un régimen militar, el general Videla fue el único que cumplió el periodo previamente definido por las Fuerzas Armadas entre l976 y l881. Incluso esta afirmación tiene algunos ribetes discutibles, pero más interesante es comprobar que lo ocurrido durante la gestión de Videla, el solitario testimonio de estabilidad militar, ha comenzado a ser el período de los años recientes mas abominado por los mismos militares. La moraleja de esta largo recordatorio es la que anotamos al comenzarlo: la inestabilidad política en la Argentina, también incluye los mismos regímenes militares que rompieron la continuidad institucional.

En todas partes los sectores privilegiados han defendido por definición, el statu quo. En la Argentina conspiraron tradicionalmente contra los gobiernos elegidos. La conjunción de ambos datos indica que la vigencia de las reglas institucionales, establecidas por los sectores privilegiados del

País en la Constitución de l853 y la libre extensión de la voluntad popular dentro de ese marco atentan, por lo menos desde hace medio siglo, contra los intereses y las orientaciones de ciertos grupos minoritarios con poder económico y capacidad de acción política

Esto contrasta con los países capitalistas desarrollados donde los grupos privilegiados tratan de mantener las reglas políticas preexistentes, mientras que las iniciativas de reformularlas responden más bien a las demandas de los sectores populares. Tal diferencia ha llevado a ubicar a la Argentina entre los países aquejados por el subdesarrollo económico y el atraso social, en los cuales la emergencia de proyectos populistas, aprovechando las pautas políticas de la democracia liberal, tiende a amenazar la posición de los sectores dominantes tradicionales.

La Argentina no tiene ninguna de esas características cuando, en l930, los grupos privilegiados promovieron el primer golpe de estado. Por el contrarío, en ese momento se encontraba entre las naciones más prósperas del Mundo y había llegado sin grandes sobresaltos a abrir socialmente un régimen político que regia desde hacia casi siete décadas, prácticamente sin quiebras. A esta diferencia que existió en los orígenes se añade otra mantenida a lo largo de todo el período: sin desdeñar la importancia de los problemas sociales existentes en la Argentina, no puede ignorarse que su gravedad fue mucho menor que en los países subdesarrollados típicos; la formación temprana de una vasta clase media y la ausencia de cuestiones social-agrarias dominantes (como las que en otros países planteó una población mayoritariamente campesina), hicieron que los movimientos populares masivos no asumieran proyectos revolucionarios. De hecho, ninguno de los gobiernos electos con vocación popular, ni antes ni después de l930, pretendió explícita o implícitamente transformar de raíz la estructura capitalista de la sociedad Argentina, sino, a lo sumo, introducir algunas reformas sociales dentro de ella. Por lo tanto, no puede decirse que los sectores dominantes propugnaran la inestabilidad institucional como una defensa extrema contra propuestas políticas y sociales que amenazaban su existencia o, siquiera sus privilegios.

Observando más de cerca el comportamiento político de los sectores privilegiados, aparece otro rasgo interesante además de desestabilizar a los gobiernos electos, ellos intentaron también desestabilizar, en diversos momentos y en ocasiones con éxito, a gobiernos que surgieron en todos y cada uno de los regímenes militares. Esa historia comenzó con el mismo Uriburu en l93l, continuó con Ramírez y Farrell entre l943 y l945, resultó exitosa con Lonardi en l955, con Levingston en l97l y con Viola en l98l.

Podemos sostener en que estos sectores privilegiados, además de ser incapaces de ejercer o controlar a los gobiernos elegidos, no fueron aptos para establecer alianzas permanentes y perdurables con los militares que los ayudaban a derribarlos. Además los grupos sociales dominantes prefirieron y estimularon sistemáticamente la ruptura de toda estabilidad política en el país.

Se puede inferir: 1) o bien en los grupos dominantes, incapaces de engendrar soluciones políticas estables, encontraron que las otras soluciones que podían darse eran más dañinas para ellos o que la inestabilidad permanente y 2) bien la inestabilidad política no amenazaba realmente la preservación de su posición privilegiada.

Por lo tanto parece evidente que la inestabilidad política efectiva resulta una forma de funcionamiento más normal y más satisfactoria par algunos que la estabilidad posible, invirtiendo las nociones usuales al respecto. La conclusión: es cuando se comprueba como han ido acentuando el caos y el estancamiento económico de la Argentina durante las últimas décadas. Vale la pena señalar algunos benéficos proporcionados por la inestabilidad política a las posiciones de siertos grupos influyentes en el ámbito del poder.

Gracias al golpe de Uriburu, la antigua oligarquía recuperó los resortes del poder y denominó el gobierno de la República entre l930 y l943. La revolución militar de ese año y el gobierno peronista la desalojaron en gran medida hasta l955, aunque el auge del peronismo, en rigor, solo se ubica entre l945 y l952. A partir de l955, los grupos sociales dominantes, herederos biológica y socialmente de la oligarquía se adaptan a las nuevas condiciones económicas del país y del mundo, recuperaron su influencia sobre los gobiernos. Desde entonces, ese influencia prevaleció, aunque con interrupciones, sobre la que pudo tener el resto mayoritario de los demás sectores argentinos.

Tomemos como indicador sugestivo, el papel desempeñado durante estos últimos veintiocho años por cuatro personas estrechamente ligadas con los grupos privilegiados: Adalbert Krieger Vasena, Álvaro Alsogaray, Roberto Alleman y José Alfredo Martinez de Hoz (h). Los cuatro nombrados son miembros de familias tradicionales de larga actuación en el país y han cumplido roles decisivos en la evolución nacional de las últimas décadas. Asumieron funciones claves en el gobierno durante diecisiete de los casi veintiocho años transcurridos desde septiembre de 1955 hasta la actualidad ellos fueron, los artífices principales de una política económica que sacrifico sistemáticamente a los sectores populares. Son los únicos que tuvieron la capacidad para retornar una y otra vez a la conducción económica gracias a sus contactos con factores de poder. En repetidas ocasiones gobernaron con regímenes que habían suprimido las garantías constitucionales, prohibido las huelgas y eliminado el congreso.

Dispusieron de un poder mayor que el de sus colegas en gobierno constitucionales, quienes estaban sujetos a las críticas en los medios de difusión, a la protesta de los sectores sociales que se consideraban afectados con sus medidas y a la necesaria discusión parlamentaria de las leyes y disposiciones que proponían para conducir la economía del país. Estos cuatro representantes de los grupos privilegiados, en cambio, pudieron obrar con la máxima libertad cuando estaban en el gobierno y con todos los derechos y libertades cuando pasaban a la oposición.

Durante las últimas décadas, gracias a un ambiente internacional propicio, al control de los medios de información, a la manipulación del sistema educativo y a la destrucción de los centros de pensamiento independiente se produjo un rápido corrimiento hacia la derecha en la difusión y discusión de ideas dentro del país. Posiciones que podían defenderse y difundirse con toda libertad en la década del veinte, medio siglo más tarde eran repudiadas, prohibidas y hasta podían ser motivo suficiente para exterminar a quienes la sostuvieran.

Dentro de ésa atmósfera intelectual enrarecida, el triunfo más espectacular logrado por las minorías dominantes consistió en crear una imagen a veces aceptada por amplios sectores medios, según la cual la inestabilidad y el caos en país eran originados por las demandas y presiones populares. De este modo, los grupos privilegiados se presentaron así mismos frente al resto de la sociedad como los defensores orden, tanto cuando conspiraban contra gobiernos a quienes acusaran de perturbarlo, como cuando reprimían, desde el gobierno a la oposición con el mismo argumento.

El caos en la economía:

La inestabilidad política durante las últimas décadas favoreció de hecho a los grupos privilegiados de la Argentina en el ámbito del poder, por lo tanto vemos que se asistía a una dinámica política que a mediano y largo plazo permitía ganar aún más poder a los grupos sociales y económicos dominantes. Es evidente que la inestabilidad política en la Argentina originó bruscos y permanentes virajes que alteraron sin cesar el funcionamiento de la economía. En efecto, cada golpe de Estado, cada planteo político y cada crisis política dentro de un mismo gobierno, fueron por lo general motivos para adoptar medidas que provocaban cambios agudos en el contexto económico.

Las devaluaciones de la moneda, la modificación repentina en los mecanismos de fijación de precios, desde los controles impuestos o acordados hasta la más amplia libertad de mercado, los cambios abruptos en la política de salarios, de impuestos y de subsidios, fueron todos factores que originaron variaciones en los precios relativos de los vienes y servicios dentro del país.

La hiperinflación que aqueja a la Argentina durante los últimos tiempos: en 1983 se superaron los ocho años consecutivos con una inflación anual de tres dígitos. El mercado no puede ofrecer ninguna señal para tomar decisiones a largo o mediano plazo cuando las variables económica fluctúan a ritmos tan elevados. La incertidumbre y la imprebisibilidad se esfuman e imposibilitan el manejo adecuado de los sectores productivos.

La inestabilidad política repercute en la esfera económica y ésta lanza reacciones reflejas sobre aquella, poco a poco el reino del caos quedo instaurado dentro del país. Como en cualquier sociedad es necesario mantener una estructura especifica de dominio social, pero los requisitos de funcionamiento que acabamos de ver, condicionan y alimentan las formas de dominación, que marcan la singularidad de la sociedad capitalista.

Su búsqueda se encuentra tanto en la raíz de las revoluciones liberales burguesas como en la formación de algunos gobiernos autoritarios modernos. La estabilidad, la impersonalidad y la prebisibilidad en las relaciones económicas son condiciones necesarias a fin de que una organización capitalista pueda desplegar su formidable capacidad para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, estimulando un crecimiento económico que beneficia ante todo a los empresarios capitalistas, pero que a su vez permite lograr consenso en los sectores sometidos e impone de este modo su hegemonía.

La base económica:

Cuando tratamos la economía de una sociedad tratamos, por lo menos, 3 fenómenos básicos: la producción de bienes y servicios, las formas que adquiere el proceso de crecimiento de dicha producción (a través de la aplicación de tecnología y la inversión productiva) y, finalmente, el mecanismo a través de los cuales se decide y concreta la distribución de los bienes económicos entre la población. Los tres fenómenos están indisolublemente vinculados entre sí. Precisamente, una de las características relevantes de la moderna sociedad capitalista reside en las formas que integran a los tres fenómenos mencionados en una sola y misma lógica global.

En primer lugar porque el propio proceso productivo incorpora desde su origen el mecanismo que asegura cierta distribución desigual de los excedentes a través de la retribución al capital, es decir, a los dueños de los bienes de producción. No esta de mas destacar la singularidad de ese rasgo que resalta, por contraste, cuando se compara la sociedad moderna con otros sistemas sociales conocidos en la historia en los cuales los grupo privilegiados no siempre estuvieron integrados de manera tan intima al proceso productivo. En esos casos la capitación de buena parte de la riqueza por una minoría se basaba, por ejemplo, en el uso de la fuerza física, que permitía realizar una exacción directa de los bienes generados por quienes trabajan y producían; otros mecanismos más sutiles e indirectos fueron los métodos de apropiación basados en el monopolio de instrumentos intelectuales, en la organización de espacios económicos controlados o en la supervisión de las transacciones mercantiles y/o financieras.

Lo mismo ocurre con la relación entre las formas productivas y los factores que impulsan la expansión cuantitativa y cualitativa de la producción. La intima producción de los propietarios de los medio productivos, por un lado, y la enorme competencia destacada entre ellos- en el mercado nacional, primero, y en el mercado mundial, después - generaron las condiciones por las cuales la hegemonía y la propia supervivencia de los empresarios capitalistas como tales propulsaban un formidable desarrollo de las fuerzas productivas. Jamás en la historia de la humanidad se había producido esta constelación de factores que abrió causes a una expansión continua creciente de la riqueza social. No es extraño que este fenómeno, tan ostensible en las naciones que lideren el proceso de desarrollo de las economías de mercado, halla colocado la cuestión de 18 producción, explícita o implícitamente, como centro y supuesto básico de todo pensamiento sobre la economía.

Sin embargo, la producción no surge de la nada. Existen otros fenómenos derivados de la formación histórica de cada realidad económica y social que explican el auge de los países centrales a partir de la revolución industrial. Existen, también, otros fenómenos en los países ubicados actualmente en la periferia del sistema internacional, en los que se aprecian rasgos específicos y lógicas económicas y organizativas diferente en las que predominan en los centros. Creemos que la Argentina es un ejemplo- quizás extremo- de los particulares resultados que puedan surgir de una combinación diferente de ciertos rasgos aparentemente “clásicos”; Nuestra hipótesis al respecto es la siguiente: buena parte del proceso económico argentino se origina en condiciones que alientan 18 captación de recursos en los circuitos de circulación, con preferencia sobre los circuitos de producción de riqueza.

En este fenómeno estructural, básico, surgido y consolidado a través de una larga historia, se apoyan “las anormalidades” que proliferan en el país y lo distinguen de las economías que privilegian la producción. Esto no significa que en Argentina no rija una organización de mercado, capitalista, en la producción y en la economía general, sino que los sectores productivos no han logrado la hegemonía en el sistema económico global a la inversa de lo que ocurre - al menos hasta comienzo de la década del ochenta - en las Naciones líderes del Occidente. El predominio histórico de los circuitos comerciales y financieros - a través del comercio exterior, del control de los mecanismos de distribución interna, como ha ocurrido una y otra vez con el manejo del dinero - ha impuesto una lógica diferente a lo que se observa cuando la hegemonía de la producción se combina con la competencia entre los empresarios para orientar la economía hacia una nueva dinámica económica.

Génesis y consolidación histórica:

Hay tres momentos claves que sucesivamente dieron origen, fortalecieron y otorgaron sus rasgos al modelo de funcionamiento económico. Esos momentos corresponden: 1°) al de la integración de la economía Argentina al mercado mundial (en las últimas décadas del siglo del siglo pasado). 2°) Al del cerramiento de la economía (desde la crisis mundial de 1930 hasta mediados de la década del 50`). 3°) Al de la apertura al circuito financiero internacional (desde fines de la década del 50`, con especial énfasis en el subperíodo iniciado en 1976).

La integración de la economía Argentina al mercado mundial y la formación del modelo (1880 - 1920):

La integración de la economía Argentina al mercado mundial se produjo gracias a un rápido crecimiento de la producción y exportación de granos y carnes, aprovechando las ventajas ofrecidas por la pampa húmeda, una de las grandes praderas templadas despoblada del planeta que se pudieron poner en explotación durante la segunda mitad del siglo XIX.

El primer hecho significativo: la acumulación de capital en la economía derivada fundamentalmente del uso de un recurso no producido por el hombre sino otorgado por la naturaleza. El trabajo y la inversión requeridos para poner en producción la pampa, aunque no fueron de ningún modo desdeñable, eran no obstante pequeños en relación con los beneficios obtenidos. Para las clases privilegiadas de la época, entre cuyos miembros se había repartido poco antes grandes extensiones de tierras, este hecho creó una noción subyacente de riqueza fácil, debido a mucho más al aprovechamiento de una oportunidad que al esfuerzo para ganársela.

Tomemos en cuenta que en la misma época también en otros países, como los Estados Unidos, el Canadá y Australia como la renta diferencial de la tierra a escala internacional contribuyo sustancialmente a la acumulación de capital que en ellos se produjo, pese a la cual su evolución posterior fue muy distinta.

El primer elemento que indujo la diferencia fue el sistema de producción adoptado en la pampa. El sistema provocó tres efectos que no tuvieron lugar en las praderas templadas de los Estados Unidos y del Canadá:

Otorgó una mayor eficiencia económica a las grandes explotaciones frente a las familias de colonos, lo cual permitió conservar extensas propiedades, consolidando una clase de grandes terratenientes y acarreando una fuerte concentración de los ingresos y de los excedentes generados en la pampa.

Acostumbró a esa clase empresaria a que, actuando con criterios de eficientes empresarios capitalistas, variara permanentemente el tipo de producción rural(agrícola o ganadera) en función de las oportunidades ofrecidas por el mercado. Esta posibilidad de acomodarse a circunstancias cambiantes les permitía disminuir riesgos y obtener ganancias superiores a las que podía lograrse incrementando la productividad.

Por lo tanto sé desestímulo la colocación de las ganancias obtenidas en inversiones productivas especializadas, favoreciendo en cambio en mantenimiento de activos líquidos o semilíquídos que podían ser destinados alternativamente a la producción más rentable.

Estas características del empresario rural, cuya importancia deriva del lugar central ocupado por la producción pampeana en la economía argentina de la época, se vieron enormemente reforzadas por las condiciones de contexto vigentes. La concentración de considerables excedentes líquidos en manos de un pequeño sector social tenia varia consecuencias además de estimular un consumo suntuario y ostentoso -fenómeno reiteradamente señalado de descripciones y estudios -, pudo articularse con circunstancias propicias que terminarían potenciándolo. En efecto, en esa época se asistía a un periodo de veloz crecimiento de toda la economía argentina, impulsada precisamente por la expansión de la producción pampeana, que habría innumerables oportunidades para colocar los excedentes líquidos generados en el sector rural.

Desde las construcciones urbanas hasta la naciente industria, pasando por el comercio, la banca y los trabajos públicos, múltiples actividades estaban ávidas por contar con fondos para desarrollarse. Surge una rápida diversificación de actividades por parte de un mismo núcleo de empresarios, mientras se reforzaban las ventajas de un comportamiento dirigido a aprovechar las oportunidades más que a aumentar la eficiencia productiva: en la febril expansión de las actividades urbanas iban apareciendo sucesivamente ventajas de unas sobre otras, y quienes pudieran aprovecharlas desplazándose con rapidez según conviniera, tenían la oportunidad de obtener excelentes ganancias.

Por esto se fue conformando un rasgo muy particular de la burguesía y del capitalismo en la Argentina: mientras en otros países una cierta especialización productiva impulsaba a los empresarios capitalistas a buscar la maximización de sus ganancias en loas aumentos de productividad, aquí la experiencia cotidiana les demostraba que lo más conveniente era aprovechar las oportunidades alternativas abiertas por diversas actividades, para lo cual la más importante era acumular capitales suficientemente líquidos. Es decir el empresario capitalista no estaba orientado a actual con el criterio de un productor sino más bien con los que correspondería al comerciante o al financista.

Durante el periodo de integración de la economía argentina al mercado mundial, ese rasgo no frenó sino que aceleró el crecimiento económico. Como la productividad de la pampa Argentina era comparativamente muy elevada en términos internacionales, resultaba mucho más provechoso ampliar la cantidad de tierras en explotación que aumentar su productividad por unidad de superficie. Por consiguiente, todas las actividades que directa o indirectamente estimularon el avance de la frontera agropecuaria quedaban “atadas” a la alta productividad relativa de la economía pampeana. Tanto el sistema de producción instaurado en la pampa como la posibilidad de propulsar la producción de bienes y servicios colocando con gran agilidad capitales líquidos, contribuían a la ampliación de la frontera agropecuaria con mayor eficiencia de la que hubiera tenido un sistema económico más compartimentalizado y rígido. En consecuencia, la expansión de la economía Argentina fue más velos que lo que se vio durante periodos similares en otros países con “fronteras abiertas”. Estas condiciones macroeconómicas son las que, en el trasfondo, dieron apoyatura a los comportamientos microeconomicos que tendían a privilegiar las demandas, requisitos y beneficios del capital comercial y financiero a costa de la inversión productiva, tal como enunciamos en la hipótesis.

En cuanto a la sociedad, quisiéramos subrayar un par de efectos que nos parecen esenciales. Mientras que el cuadro social generado por la expansión de la economía Argentina en esa etapa se asemejaba bastante al que podía encontrarse en otras “ sociedades abiertas” de la época ( Estados Unidos, Canadá y Australia), es decir, el de países en los que se verificaba una apreciable movilidad y la formación de importantes sectores medios, el modelo de comportamiento, el modelo de comportamiento predominante entre los empresarios otorgó características bastante diferentes y distintivas a los propietarios locales.1°) porque la diversificación de las actividades empresarias les impidió que se formaran netamente separadas (empresarios agrícolas, empresarios industriales de diverso tipo, comerciantes, financistas, etc.), que estuvieran impulsadas a defender sus intereses específicos frente a eventuales ventajas que podrían tratar de ganar los demás grupos. En otros términos, los empresarios Argentinos presentarían muchas menos divisiones internas que las que se verificaban en las naciones parecidas de la época o, dicho en forma inversa, una mayor homogeneidad interna que la existente en esos otros países. 2°) el modelo de funcionamiento favorecía una rápida y fuerte concentración de ingresos en su seno, creando un estrato superior en su cúspide que dispondría de un formidable poder económico y una poderosa influencia política dentro de la Argentina.

Las manifestaciones más visibles de ambos rasgos se verificaran, por un lado, en la temprana aparición de grupos económicos polifacéticos, verdaderos “conglomerados” avant la lettre, que ocuparía un lugar destacado en las más variadas actividades. Por su parte la concentración de riqueza y de poder se manifestaría en la temprana visualización de un grupo homogéneo aunque dispuso que detentaba una riqueza y un poder inconmensurablemente superiores a todo otro grupo social en la argentina, una “oligarquía” difícil de definir pero fácil de identificar en el seno de la sociedad, al que una visión por demás simplista supuso sólo terrateniente, en realidad, se abría paso en todas las actividades económicas.

Las dos características básicas de esta cúpula dominante diferenciada dentro de los grupos propietarios darían origen a un sistema de relaciones políticas sustancialmente distintas a las que se generaron en las otras sociedades abiertas de la época y, del futuro marcarían en gran medida la evolución tan diversa observada en la economía y la política de este país.

El cierre de la economía Argentina mediante la sustitución de importaciones (1930 - 1960):

La ocupación de la pampa se terminó de concretar hacia 1920. Los aumentos posteriores de la producción agraria ya no podían provenir de la explotación extensiva de la tierra. El mecanismo que había propulsado un largo periodo de auge había agotado su capacidad y, tarde o temprano, obligarían a reeplantear las bases sobre las que se asentaba la economía nacional.

Curiosamente, ese fenómeno, que marcaba el fin de la época, queda oculto a raíz de los efectos inmediatos provocados por la crisis mundial de 1929; El cierre de los mercados del exterior resto toda importancia al aumento de la producción agropecuaria puesto que con suerte se podía colocar la disponible. Lentamente, la economía nacional comenzó a cerrarse sobre si misma impulsada por las nuevas condiciones del mercado creadas por las crisis y luego acentuadas por la segunda guerra mundial (1943). En esta nueva etapa, la satisfacción de las demandas locales ofrecía oportunidades apreciables para el surguimiento y consolidación de ciertas actividades industriales que fueron tomando importancia a lo largo de las décadas siguientes.

La industrialización se oriento, casi exclusivamente, a atender el mercado local y que hasta entonces satisfacía su demanda durante el recurso de los bienes del exterior. La producción agropecuaria había crecido horizontalmente, ocupando los espacios vacíos del mercado interno dejado por el cierre de las importaciones.

El crecimiento industrial avanza rama por rama la expansión del conjunto reflejaba la suma de avances esporádicos de corta duración en ramas diferentes que no lograban dinamizar el conjunto de la misma manera que en los procesos clásicos de industrialización.

Otro rasgo importante de la industrialización Argentina de esas décadas consiste en grandes grupos industriales, nacidos en general a comienzos del siglo por obra del modelo de funcionamiento empresario que estimulaba la concentración, tomaron la delantera en la ocupación del mercado local y contribuyeron a mantenerlo bajo un control relativamente estrecho.

El cierre del mercado local y su ocupación prematura por grandes grupos industriales tendió a conferir el crecimiento industrial un carácter particular. Los precios de los bienes se fijaban casi independientemente a las estrictas reglas de juego que impone la competencia; los empresarios industriales tenían la oportunidad de elevar sus precios hasta captar parte de los excedentes generados por el agro. Dicha estrategia resultaba mucho más redituable que la deriva de un posible incremento de la productividad - como lo hubiera exigido en competencia internacional para conquistar nuevos mercados fuera del país -. Se fue generando así una situación en la cual los precios relativos y, por lo tanto, los ingresos reales de los agentes económicos, se formaban en un mercado distorsionado y separado de las influencias externas. la “astucia” y el control del mercado ofrecían una base más sólida para la riqueza que el proceso de inversión productiva y de innovación tecnológica.

Lo curioso de la Argentina es que este proceso no quebró sino que dio nuevo aliento al modelo de funcionamiento empresario formado en la etapa anterior. En otros países “jóvenes” de la época en los que también se habían registrado una rápida expansión económica gracias a la ampliación de la frontera agropecuaria dentro de los espacios despoblados- como el Canadá y en particular Australia -, la protección forzosa creada por la crisis mundial abrió una oportunidad a los empresarios industriales para consolidar sus posición y transformarse irreversiblemente en los promotores de una nueva fase de crecimiento a largo plazo. En Argentina la tendencia a manejarse con alta liquidez y la implantación previa de los empresarios “multifacéticos” en la industria facilitó en un primer momento, el cambio de frente para aprovechar las oportunidades ofrecidas a esta oportunidad por un mercado interno ya formado. Pero las mismas características del nuevo contexto, en le que sucesivamente aparecían ventajas para diferentes ramas de la industria, demostró una vez más la conveniencia de mantener una gran liquidez para desplazarse de una rama a otra en lugar de especializarse y buscar el aumento de las ganancias realizando inversiones que aumentaran la productividad del conjunto.

A la permanencia y consolidación del modelo de funcionamiento empresario, se manifestaba la continuidad dentro del cuadro novedoso generado por la crisis, se agregó sin embargo la aparición de un nuevo elemento que sí marcaría la historia posterior de la Argentina: la acción del Estado sobre las condiciones que enmarcan el quehacer económico.

En efecto, a partir de esos años el Estado comenzó paulatinamente a jugar un papel clave en el proceso de distribución e ingresos. Las necesidades ineludibles creadas por la carencia de divisas, y la presión de grandes intereses económicos lo llevaron a controlar desde el comienzo de 1930 las importaciones. A través de aranceles diferenciales y de diversos mecanismos de control, el sector público comenzó a actuar en la relación con el mercado externo, definiendo que bienes podían entrar y a que precio. Una protección elevada, o la prohibición de importar un producto eran suficientes para aumentar el surgimiento de la producción local sustitutiva, salvo en los casos de mayor sofisticación tecnológica o de elevados requerimientos de inversión. La inversa también era cierta: las facilidades para importar ciertos productos resultaban suficientes para desalentar la producción local de dichos bienes.

Las decisiones del sector público definían la evolución de la balanza comercial y, a través de ella el perfil de la evolución industrial, la estructura de los precios relativos y las características de la distribución del ingreso. El Estado adquirió un papel relevante en la nueva estructura economía. Con el tiempo, el manejo del tipo de cambio se convirtió en uno de los elementos básicos de la política económica. Es bien sabido que una devaluación genera una transferencia de ingresos hacia los productores agropecuarios y que una revaluación revierte ese proceso. Al mismo tiempo, ambos sectores presentaban una elevada flexibilidad a la variación de sus precios que acentuaba los efectos de las políticas públicas. Los precios agropecuarios tenían una elevada flexibilidad a la baja debido a sus ventajas comparativas; los industriales también debido a que desde el origen se fijaban en niveles muy altos gracias a las condiciones del mercado interno. Por ello, la fuerza relativa de cada sector, la capacidad de acceso y presión sobre el sector público, la movilización social y política, se fueron convirtiendo en factores más importantes que el “mercado” y la propia “producción” para la apropiación de ingresos.

El panorama se complico a medida que surgieron nuevos grupos a la vida social reclamando su porción en el reparto. A fines de la década de cuarenta ese fenómeno social encontró su correlato político en el surgimiento del peronismo, que aplico una fuerte redistribución del ingreso en beneficio de los sectores asalariados. La experiencia demostraba que el aparato del Estado podía ser utilizado a favor de grupos diferentes y agravó los frentes del conflicto en el sistema. A partir de entonces las transferencias de ingresos mostraron desplazamientos vertiginosos y cruzados: del campo a la ciudad y viceversa; de los propietarios - agrarios o industriales - a los asalariados - y a la inversa; del sector privado al público y de éste al primero. Las estrategias que afectaban a los precios y a los ingresos lograban resultados tan drásticos y rápidos que hacían palidecer toda perspectiva de progreso basada en la expansión de la economía.

El cierre del mercado local impedía la aplicación de las estructuras de precios relativos prevalecientes en los mercados mundiales. La constante variación de precios, e ingresos, anulaba la aplicación de un criterio “histórico”, ya que cada participante reclamaba su parte del producto tomando como base el momento de mayor precio relativo de su experiencia anterior. La consolidación del proceso inflacionario a partir de la posguerra no paree ajena a este fenómeno y colaboró, asimismo, para hacerlo más difuso e irresoluble.

A largo plazo, una puja de estas características solo puede encontrar una salida a través del desarrollo de las fuerzas productivas que modifique las posibilidades de la economía de atender las demandas sectoriales. Pero la propia puja dificultaba esta solución. La incertidumbre de precios desalentaba a los empresarios a invertir en activos fijos industriales de larga maduración. Agotada la etapa “fácil” de la industrialización sustitutiva aparecían una y otra vez limitaciones a su desarrollo posterior que no pudieron removerse por falta de políticas estables y consecuentes. El desarrollo económico relativamente lento comenzó a convertirse en un dato para la Argentina.

Otra salida podría encontrarse a través de la victoria decisiva de un sector social sobre los otros. Los grupos privilegiados tenían capacidad económica pero no lograban la fuerza política y social necesaria para mantenerse en el poder. Los sectores mayoritarios necesitan de su organización y del control del aparato del Estado para imponerse, pero una y otra vez fueron desalojados de éste a poco de iniciadas sus experiencias.

Esto fue llevando a un nuevo modelo del funcionamiento de la economía argentina. Los sectores privilegiados ensayaron distintos tipos de respuesta frente a las experiencias que vivían en el frente político y en el económico. A medida que no lograban imponer su hegemonía sobre la sociedad fueron tanteando y diseñando una tendencia a evadirse de la puja de ingresos a través de nuevas formas de canalización de los excedentes. Se abrió entonces la etapa de apertura al circuito financiero internacional, que continúa hasta la actualidad

La apertura al circuito financiero internacional desde 1960:

En este ciclo los cambios se fueron consolidando de manera gradual y alcanzaron y alcanzaron su forma más acabada a partir de 1975 en adelante. Sin embargo, el modelo debe dibujarse a partir de los rasgos diseñados varios lustros antes.

Se debe puntuar que las características del modelo anterior llevaron a los empresarios a reforzar la prioridad dada al manejo del dinero liquido y a la salida de capitales del país. Ellos recurrieron a ambas estrategias para protegerse de los riesgos creados por la puja de ingreso y encontraron simultáneamente en esas estrategias poderosos mecanismos para obtener y canalizar la acumulación de beneficios fuera de la esfera de la producción.

Las intensas variaciones de ingresos representaban un elevado riesgo para los sectores ligados a estructuras productivas fijas. Los empresarios ligados exclusivamente a la producción de un cierto bien sufrieron permanentemente los efectos cíclicos de las fluctuaciones de precios e ingresos. Por ello se consolidó una corriente que tendió a canalizar los excedentes de forma de disminuir el riesgo. Una ves más, productores agrarios e industriales retiraron beneficios y disminuyeron inversiones tendiendo a mantenerlos en la forma más liquida posible; de esa manera podían saltar de una a otra oportunidad de inversión en busca de las alternativas más rentables en cada momento y, en última instancia, fugarse del país exportando divisas para invertirlas en economías más estables.

Cada ves que los grupos privilegiados asumieron el control de la política económica facilitaron esos movimientos a través de las estrategias aplicadas. Desde 1955 ellos ensayaron sucesivamente la liberación del mercado financiero y la eliminación de las restricciones al flujo de divisas con el exterior. El privilegio acordado a esas actividades alimentaba los movimientos hacia la liquidez en detrimendo de las inversiones fijas en sectores productivos.

La escasez relativa de inversiones tendía a disminuir las posibilidades de crecimiento de la economía de la argentina. El estancamiento incrementaba la intensidad de las pujas sectoriales que se reflejan en la evolución económica y política. Esos conflictos servían para convencer a los grupos privilegiados de las ventajas de insistir en su estrategia de fuga hacia las actividades especulativas. La presencia de la inflación ofrecía nuevas alternativas de beneficios a través de la variación de los precios relativos. El circulo vicioso alcanzo su culminación en la segunda mitad de la década del setenta, cuando dichos grupos avanzaron profundamente en esta estrategia.

Los aspectos más característicos del modelo fueron la inflación, la variación de precios e ingresos relativos, la tendencia a la hipertrofia de las actividades financieras y la creciente intensidad de los flujos de divisas con el exterior. Los resultados fueron la acumulación de beneficios en actividades ajenas a la producción, el estancamiento acentuado del producto, el deterioro de ingresos de los sectores asalariados y la consolidación de los mecanismos de funcionamiento del modelo.

La inflación Argentina es un fenómeno característico. El incremento de los precios locales tiene una velocidad y una persistencia que lo diferencias netamente de cualquier otra economía moderna. Durante un cuarto de siglo de 1950 a 1970 la inflación registro un promedio anual de 25 %, las tasas de aumento de precios oscilaron entre un minino de 6 % y un máximo del 100 %. El proceso de aumento de los precios avanzó hacia un nuevo escalón a partir de 1975. Desde entonces, la inflación registro un promedio superior al 200 % anual, con un máximo de 800 % y sin descender del 100 % anual. No se conocen otros ejemplos de procesos inflacionarios de esta magnitud y duración.

Una inflación de estas características tiende a modificar el comportamiento de los agentes económicos y afecta a todo el funcionamiento del sistema, desde su dinamismo hasta las formas de reparto de la riqueza. En ese sentido, y cualquiera haya sido su origen, la inflación se instalo como un factor funcional de los aspectos más perversos de la economía argentina sin que nadie lograra o quisiera, ponerle término.

La hiperinflación Argentina tiene efectos considerables sobre la evolución de los precios relativos. Si bien la inflación influya es a relación, la experimentada por la economía argentina es tan intensa que provoca efectos que no se pueden desdeñar. La intensidad de la modificación de los precios relativos se ve acompañada por su brusquedad; las relaciones se modifican en proporción significativa de un día a otro en función de las actitudes y estrategias de los agentes económicos. Esto provoca, en primer lugar, un ritmo inédito en las transferencias de ingresos. Al 10 % promedio de inflación mensual, los sectores que no pueden modificar sus precios pierden el 10 % de sus ingresos reales por mes; aquellos que pueden modificar sus precios más rápidamente pueden ganar varios puntos mensuales. En los sucesivos momentos de aceleración inflacionaria esas relaciones se hicieron aún más agudas dando lugar a modificaciones sorprendentes de la estructura de los ingresos internos que no llegaban a consolidarse en plenitud debido al impacto sucesivo del continuo proceso inflacionario.

La variación de los precios relativos ofrece una oportunidad especial para la valorización del capital liquido, capaz de trasladarse de un sector a otro. La compra venta de ciertos bienes claves, divisas, propiedades inmuebles y bienes durables en particular, genera beneficios muy elevados en la medida en que se realicen en la oportunidad más favorable de variación de los precios relativos. La entrada y salida de capitales en cada uno de estos sectores multiplicaba beneficios sin producción y orienta a toda la estructura de mercado hacia la captación de ganancias por es vía.

La posibilidad de apropiación de beneficios extraordinarios no hubiera sido tan aguda, quizás, si no fuera porque las políticas ensayadas a partir de 1976 tendieron a estimular la mayor liquidez posible del dinero en condiciones de elevada inflación. La política oficial creo diversos instrumentos financieros que operan como cuasi - moneda; todos esos bonos permiten conservar el valor, al contrario que la moneda fiduciaria, que ve recortado su poder adquisitivo por la inflación y ofrece el medio para mantener la liquidez y concretar la apropiación de beneficios en el mercado.

La apertura financiera externa facilito el acceso de las divisas a este juego y ofreció la posibilidad de la fuga de capital en los momentos de riesgo. Es probable que ninguna actividad productiva en el país haya dejado beneficios comparables a los que brindó la combinación de la inflación, el desarrollo del mercado financiero y la apertura al flujo de divisas con el exterior.

Es obvio que las nuevas condiciones de funcionamiento del sistema financiero internacional ofrecieron un marco adecuado para la aplicación de estas políticas y la cosecha de los resultados mencionados. La integración de la economía argentina al mercado financiero se realizó en condiciones y a ritmos que sólo se explican en función de la consolidación del modelo que hemos reseñado. Esta experiencia ha marcado profundamente a los grupos privilegiados, que tendrán fuerte influencia en los destinos futuros del país. Los resultados que obtuvieron, en términos de beneficios y facilidad de apropiación, condicionan la evolución del país tanto o más quizás que la experiencia de fines del siglo pasado y adelantan nuevas dificultades para un desarrollo productivo tan necesario como difícil de llevar a cabo.

El funcionamiento del sistema político:

Este análisis nos servirá para comprender por qué y cómo la inestabilidad política que imperó en el país, por debajo de una apariencia desconcertante, también responde a una lógica profunda. Hemos evaluado que hay cuatro cuestiones que resultan decisivas en éste ámbito:

  • la tendencia a frenar el crecimiento económico y sus consecuencias:

  • cesado el impulso externo a la expansión de la economía argentina, y agotadas las posibilidades de ampliar la frontera agropecuaria, la prioridad otorgada por los empresarios argentinos a las actividades comerciales y financieras sobre las productivas tendió a enfatizar las decisiones coyunturales y los beneficios rápidos y a largo plazo, a frenar el crecimiento económico de país. La manifestación más notoria de esta situación es la puja cada vez más descarnada por la distribución de los ingresos respecto de un total que apenas aumenta; todos y cada uno de los sectores pretenden incrementar su participación neta a costa de los demás. La forma más habitual en la que se expresa esa contienda es a través de variaciones del los precios relativos, progresivamente más abruptas y profundas.

    En los países capitalistas avanzados la emergencia de este tipo crisis estimuló por lo general la aparición de mecanismos de corrección dirigidos a resolverlas, no solo por las tensiones políticas que originaba si no también porque las fluctuaciones de los precios relativos causaban perjuicios directos y graves a la mayor parte de los sectores propietarios. En la argentina en cambio, la peculiar forma de comportamiento de los empresarios permitían no solo atenuar los daños, si no incluso, a menudo, transformarlos en beneficios para los grupos dominantes. Por lo tanto, la búsqueda de mecanismos para restablecer equilibrios resulto mucho más débil, incierta e insuficiente haciendo que la crisis se prolongara y profundizara hasta un punto incomprensible donde se la observa desde otras sociedades. En esas condiciones, sorprende que se haya apelado cada vez más a la violencia como método final para controlar y resolver los conflictos, métodos sin embargo, incapaz de corregir las causas originarias de la crisis e inviable para permitir que otros mecanismos lo hagan.

  • la homogeneidad de la clase dominante y la crisis de la legiti-midad política:

  • paralelamente al fenómeno anterior y nacido del mismo origen, el comportamiento peculiar del empresario, la homogeneidad de las capas más concentradas de los sectores propietarios argentinos daría lugar a ciertos rasgos característicos del sistema político que se añaden a los que acabamos de anotar, en ocasiones complementándolos y en otras no. En el rápido desarrollo capitalista producido en el país a partir del último tercio del siglo XIX abrió paso a la formación de una sociedad abierta, en la imperaba una pronunciada movilidad y un alto grado de autonomía individual. Esto se adecuaba a los requerimientos de la expansión económica que acontecía en un territorio prácticamente despoblado. En comparación con los países europeos y a semejanza de los países nuevos de la época, es posible afirmar que socialmente la argentina era democrática, lo cual contrastaba con el cuasi monopolio del gobierno por parte de un grupo social reducido durante casi toda esa primera fase muy rápidamente se perfilaron con creciente fuerza demandas y presiones orientadas a lograr una participación política congruente con la nueva composición social del país. No sin lucha, algunas bastantes arduas, se consiguió imponer finalmente la reivindicación de que los gobiernos fueran elegidos mediante el sufragio universal y secreto. También contribuyó a ello la similitud entre la evolución social que se había producido en la Argentina y la ocurrida en los Estados unidos, modelo de las naciones jóvenes de la época, similitud que incitaba a considerar casi natural e inevitable la apertura del sistema político. Por eso una fracción importante dentro del antiguo gobierno elitista entendió prudente aflojar las tensiones que se habían acumulado y aconsejable sancionar una democratización política amplia en el país.

    Sin embargo, debajo del cúmulo de conflictos y presiones que forzaban a la distensión y de la semejanza que iluminaban la forma de llevarla a cabo, quedaron en la penumbra diferencias básicas entre los Estado Unidos y la Argentina. La concentración del poder económico y la unidad multisectorial de los sectores propietarios dominantes creaban condiciones sustancialmente distintas a las que imperaban en otros “países jóvenes”. Ante todo, porque la ausencia de fracciones propietarias con interese diferentes y, por lo tanto, con conflictos entre ellas, dificultaba la creación de dos o más partidos policlasistas al estilo norteamericano, susceptible de canalizar cada uno de ellos alianzas que atravesaran la sociedad de arriba abajo y en las que se agrupaban ciertos representantes de los estratos más altos, junto a grupos empresarios menores, miembros de los sectores medios y porciones significativas de obreros urbanos y rurales. De manera inversa, al polarizarse los conflictos políticos en torno a la cúpula dominante y si bien esta podía ampliar sus bases de apoyo captando algunos sectores empresarios y de la clase media, le era muy difícil dejar de ser minoría en un régimen político en el que imperara el sufragio universal.

    Así surgió, el drama de la legitimidad del poder en la argentina, porque resultaba evidente que la disputa por el gobierno quedaba encerrada en una encrucijada irresoluble. Si se pretendía mantener un régimen de democracia restringida, en el que la oligarquía pudiera instrumentar políticamente su poder económico se engendraba una obvia y a la larga, incontrolable contradicción con la vigencia de una estructura democrática, que por lo demás, correspondía a las necesidades sociales y económicas de la argentina. Pero sí se admitía, que los gobiernos fueran elegidos mediante el sufragio libre y universal de la mayoría de los ciudadanos, las fuerzas políticas que podía representar los intereses de esa oligarquía quedaban inevitablemente en minoría. Con lo cual el grupo social y económico más poderoso del país quedaba excluido del acceso legal al gobierno.

    La respuesta histórica a esta situación, nos dice que fue imposible consolidar un régimen político legal, único, viable y universalmente aceptado. La alternancia se dio entonces por la sucesión entre periodos en los que funciono un sistema democrático amplio de elección de gobiernos y otros en los que las elecciones se limitaban o los gobiernos se imponían por la fuerza. La alternancia entre gobiernos libremente elegidos y gobierno impuestos casi siempre se asocia con políticas opuestas de distribución de ingresos.

    Sin embargo, quizá por esa misma complementación, la oposición entre ese sector dominante visualizaba ayer oligarquía y denominada ahora “patria financiera”, y pueblo resultan tan notoria y deslumbrante que tiende a dejar en la penumbra las razones más profundas por las cuales los sectores privilegiados argentinos son incapaces de propulsar un crecimiento económico satisfactorio.

    Puede ser que se observe en esto el origen de algunas confusiones bastante difundidas en la argentina. 1°) la desmesurada importancia adjudicada a la influencia de intereses extranjeros, primero británicos y luego norteamericanos, para explicar el atraso del país, seria la oligarquía argentina una gente servil de las grandes potencias imperiales que trataban y tratan por todos los medios de impedir que la argentina crezca. No se entiende, por ejemplo, por que las clases privilegiadas argentinas tuvieron que ser más “cipayas” que las australianas o canadienses o por que los Estados Unidos pudieron estar menos interesados en frenar el desarrollo industrial de Japón, Taiwan, etc., que preocupados por impedir el de la argentina.2°). otra confusión habitual es pensar que la concentración económica en manos de un grupo relativamente pequeño, agro, industria, comercio y en la banca, provoca por sí una misma tendencia a frenar el desarrollo económico y mantener el atraso social y político.

    La influencia de los interese extranjeros resultó particularmente perniciosa porque los empresarios argentinos desarrollaron el comportamiento peculiar que ante se describió y no a la inversa. Por ejemplo, mostrando la presión que ejercieron para abrir la argentina al sistema financiero internacional privilegiando la posibilidad de colocar los excedentes líquidos acumulados en el país antes que el estimulo al arribo del capital productivo. La concentración económica que aquí existe no es una causa sino un efecto de la forma de funcionamiento de los funcionarios argentinos.

  • La manipulación del poder del Estado:

  • Deseamos señalar como algunos aspectos del análisis anterior influyeron sobre el papel desempeñado por el Estado Argentino y cuales fueron sus consecuencias sobre el sistema político.

    Desde la crisis mundial de 1930 y durante las dos décadas siguientes, el accionar del Estado y el uso del poder de que dispone adquirieron rasgos novedosos respecto de la historia anterior del país. En primer lugar, se verificó que a través del Estado podían fijarse condiciones de funcionamiento de la economía (tipos de cambios, precios, etc.) que modificaban la distribución del ingreso entre diferentes sectores productivos y, correlativamente entre los distintos grupos y clases sociales del país.

    Ese poder podía manejarse tanto a favor como en contra de los interese de los grupos privilegiados. por consiguiente, la captura del gobierno, el control de aparato de decisión estatal, capaz de distribuir prebendas y otorgar castigos, pasó a constituir una cuestión política esencial no ya en términos generales sino en relación con los beneficios o perjuicios inmediatos que podían sufrirse.

    El rol central que así pasó a ocupar el Estado en la vida económica, social y política argentina, unido a la destrucción de las instituciones que normaban y aseguraban el control del aparato social por parte de la sociedad civil, otorgó a los funcionarios estatales una creciente autonomía política, en particular en las Fuerzas Armadas, cuya intervención servía para derroca y ocupar gobiernos.

    En el escenario del político argentino se fue perfilando, un nuevo actor que comenzaría a acumulara tratar de acumular poder propio. Más allá de la ambigüedad originada en la propia naturaleza de las fuerzas Armadas, más allá de la perturbación que introdujeron en el sistema institucional argentino, aquí nos interesa señalar un par de aspectos de la relación que se creó entre ellas y los sectores dominantes.

    Ante todo, cabe señalar la dualidad a la que quedó sometida la oligarquía respecto de los militares. Por un lado le era indispensable contar con ellos para desplazar gobiernos electos en los que no tenía cabida. pero al mismo tiempo esta apelación dio nacimiento y consolidó - al repetirse - a un nuevo personaje político que iría definiendo intereses propios y en ocasiones opuestos a los de la clase dominante.

    En efecto, en la medida en que las Fuerzas Armadas comenzaron a ejercer político no pudieron evadirse de los problemas que se planteaban a ese poder en la Argentina, empezando naturalmente por los que generaba el lento crecimiento económico. Si los grupos privilegiados no eran capaces - como no lo fueron - de dar respuesta a la cuestión, los militares estaban obligados a buscarla por sí mismos, tanto para justificar si intervención en el gobierno como - sobre todo - para permanecer en el ejercicio del poder. Y la buscarían en el único lugar donde podían actuar, es decir, en el seno del Estado.

    No es extraño que las Fuerzas Armadas hayan impulsado la intervención del Estado en la economía, desbordando sus funciones reguladoras e incorporando una participación activa en la producción de bienes y servicios. Al hacerlo entraban en contradicción con la oligarquía, tanto por competir en la distribución del ingreso nacional y de los excedentes generados, como por introducir en esta disputa a un actor económico dotado de atribuciones especiales y privilegiadas para dirimirla.

    Así se fueron acumulando contradicciones que, determinaron sistemáticamente los grupos privilegiados acabaran oponiéndose a los regímenes militares y conspirando contra su estabilidad. Esa oposición, sin embargo, llevaba inevitablemente a que los regímenes militares trataran de formar una alianza con los sectores populares o llamaran a elecciones para designar un nuevo gobierno, y en ambos casos aquéllos quedaban excluidos.

    Esta dinámica también encerraba a las fuerzas Armadas en un dilema insoluble que les impedía mantenerse en el gobierno. Desde ya lo perdían si llamaban a elecciones, pero también en definitiva les ocurría lo mismo si ensayaban una alianza con los sectores populares. Porque en éste último caso el monopolio de la fuerza física que los militares detentaban dejaba de ser imprescindible para ejercer el gobierno, con lo cual su control pasaba poco a poco a la organización política de los sectores populares. La experiencia peronista fue para las Fuerzas Armadas tan instructiva como traumática: el discutido liderazgo de Perón dentro del Ejército fue suficiente, sin embargo, para asumir el liderazgo de un gran movimiento popular que, a su turno, utilizó para revertirlo en un control político personal sobre las Fuerzas Armadas.

    En otros términos la oligarquía, que ha promovido reiteradamente la intervención política de los militares, siempre termino por hacerles imposibles el ejercicio del gobierno, mientras que la reversión de alianzas de los militares hacia los sectores populares acabo por hacerlos innecesarios.

  • La tendencia a destruir las formas de organización social:

  • En la Argentina el caos económico producido por la inestabilidad política perjudica - a la corta o a la larga - a todos menos a la clase dominante, precisamente por su peculiar forma de comportamiento empresario que le permite obtener beneficios en este tipo de situaciones.

    Al ser éste el único sector que no sufre perjuicios, la perspectiva del caos económico no sólo no la obliga a cambiar su comportamiento - más bien lo refuerza -, sino que además le otorga grados de libertad de la que los demás carecen y que, por añadidura, se reducen progresivamente. En virtud de esta asimetría, la clase dominante va ganando poder a lo largo del tiempo y del desorden. Ante todo, porque la inestabilidad política y la exacerbación de los conflictos comenzaron por romper las reglas institucionales de juego político y terminaron por pulverizar el complejo tejido de organizaciones sociales que directa o indirectamente intervienen en la disputa por el poder y estructural el cuerpo social. La destrucción es muy visible en el caso de las instituciones y formas republicanas de gobierno - la organización y desempeño del poder Ejecutivo, la desaparición del parlamento, la degradación del poder Judicial -, menos ostensible en los partidos políticos y los sindicatos, y casi imperceptible en el cúmulo de asociaciones de todo tipo que organizan la vida de corporaciones profesionales, ámbitos de trabajo y núcleos poblacionales. Sin embargo, todas esas organizaciones se debilitan, se deterioran hasta quedar destruidas cuando la inestabilidad se prolonga, cuando la violencia y la manipulación acaban por erigirse en los últimos y únicos métodos para dirimir los conflictos.

    En el fondo a lo que asistimos es a la desaparición progresiva - en medio de vaivenes - de todas las formas preexistentes de control social sobre el ejercicio del poder. Durante el último cuarto de siglo éste fenómeno fue haciéndose cada vez más nítido en la Argentina, hasta que resultó abrumador desde el golpe militar de 1976. A partir de entonces se comprobó hasta que punto tal situación favorecía a un grupo privilegiado que pudo actuar con un mínimo de trabas y desplegó con toda la naturaleza profundamente especulativa de su comportamiento.

    Por supuesto, dicho sector no fue un mero beneficiario pasivo de este proceso de desorganización social. Al contrario, si alguna línea clara surge de su actuación política - más allá de los proyectos positivos que pudieron imaginarse - es precisamente la intensa labor demoledora que desarrolló. 1°) En el ámbito estrictamente político, al exacerbar conflictos y ahondar rupturas dentro del resto de la sociedad. Así lo testimonian, por ejemplo, el aliento y estímulo que presentó a la represión desatada por el gobierno militar, circunstancia que creó un profundo foso político entre las Fuerzas Armadas y los sectores populares.

    Paralelamente prosiguió con ardor y gran eficacia la tarea de desmantelar el poder del Estado, de manera que cada vez resulte más difícil manipularlo en su contra y más fácil manipularlo a su favor. Aparte de una formidable ofensiva ideológica emprendida en esa dirección, durante los últimos años se tomaron medidas prácticas de gran trascendencia para consolidarla en los hechos.

    La más importante, probablemente ha sido la de crear - usando el poder y los recursos del Estado - un sistema financiero que prácticamente despojó a los poderes públicos de su capacidad para manejar la moneda, transfiriendo dicha capacidad al sector privado y a los acreedores externos hasta reducir a muy poco la capacidad del Estado de regular el ciclo económico sin el apoyo de un circuito financiero altamente concentrado y límites poco precisos. Afianzados por la vinculación establecida con el sistema financiero internacional y garantizados por el peso de una enorme deuda externa que reduce sustancialmente la capacidad de maniobra de los futuros gobiernos, los grupos privilegiados han pasado a controlar un sector clave desde el cual pueden definir decisivamente sobre la determinación de los precios y la distribución de los precios del país.

    Lo que nos interesa destacar de este proceso, en suma, es como las dinámicas de la estabilidad fue destruyendo la organización y el poder de los demás sectores sociales y del mismo Estado, mientras permitió crear y consolidar nuevas bases de poder para el grupo dominante.

    Conclusión:

    El 30 de octubre de 1983 los argentinos eligieron el gobierno de la Nación, su Presidente y sus representantes en el Parlamento. Por doquier se alaban las ventajas de la democracia y la necesidad de instaurarla definitivamente en la Argentina. Sin embargo, al mismo tiempo es claro para nosotros - que frente a la oposición será más precaria que la que existió en 1973, mucho más que la que se presentó en 1963 e incomparablemente más complicada que la que se vivía en 1943.

    Por nuestra parte no nos cabe duda que, en las condiciones actuales, la tarea de instaurar la democracia será infructuosa mientras el funcionamiento de la economía este sometido al peculiar comportamiento que hemos intentado analizar. Examinar como podría llegarse a modificarlo exigiría otro trabajo y, posiblemente otro ámbito.

    Entretanto el caso argentino constituye a nuestro entender un ejemplo caricaturesco de lo que puede suceder cuando las pautas de comportamiento capitalista se apartan levemente del modelo canónico al que estamos acostumbrados. Aunque exagerado, ese ejemplo quizás sirva para prever los riesgos que se correrían en otros lugares cada vez que aparecieran fenómenos de este tipo.

    La situación de la población pobre en la Argentina:

    La sociedad Argentina, y en particular, sus segmentos más vulnerables se encuentra sacudida por la inédita crisis de ingresos cuya intensidad se patentiza al observar el sostenido crecimiento como tendencia de la población por debajo de la línea pobreza rehén y den que deciden cree en el Gran Buenos Aires.

    Equis/Indec:

    La última encuesta permanente de hogares de mayo do 1998, mostró que solo en el gran Buenos Aires donde habitan 11.700.000 personas, 2.840.000 conviven en lugares ubicados por debajo de la línea de pobreza; de las cuales, 620.000, no superan siquiera el estándar de indigencia que en mayo de 1998 impactaba sobre el 5,3 % de la población regional.

    Cabe acotar que se estima en el ámbito nacional suman 9 millones los habitantes considerados técnicamente pobres por ingresos.

    Cuadro n° 1:

    'Economía argentina'
    Evolución de la distribución del ingreso 1975 - 1998

    La regresividad y consecuente concentración distribución del ingreso en Argentina es notoria y legitima plenamente la advertencia del PNUD. Los últimos veintiocho años del país, el 10 % de la población más pobre cayó en su participación en el ingreso nacional en un 48 %, en tanto en igual período el 10 % más rico acrecentó su participación en un 51,6 %.

    La Argentina distribuye anualmente sobre su población más pobre $ 770 per cápita, muy por debajo de los más de $ 1.300 de Indonesia, o Chile y apenas un 18 % más que el ingreso anual per cápita del mismo tramo de población pobre residente en Bangladesh.

    Si la comparación internacional de la situación promedio de ingreso del 20 % de la población Argentina es preocupante, la crisis muestra toda su intensidad al analizar la situación nacional desagregada por aglomerados urbanos.

    El próximo cuadro muestra la distribución nacional promedio y por aglomerados urbanos de la disponibilidad de ingresos mensual por persona para el 20 % más pobre de la población de cada región analizada según la Encuesta Permanente de Hogares para el año 1998.

    Disponibilidad de Ingresos por Aglomerado:

    Como se observa en el cuadro, el 20 % de los argentinos integrantes de la franja más pobre de la población, según proyecciones de los datos del INDEC sobre cifras poblacionales actualizadas, 7.315.672 habitantes, disponen en promedio de $64,11

    para afrontar los gastos de un mes, un promedio de disponibilidad de $ 2,1 diario.

    Esta cifra corresponde al promedio nacional que, como todo promedio en un país social y regionalmente poco integrado, manifiesta fuertes dispersiones.

    Así las cosas, la mejor disponibilidad de ingresos se observa en Ushuaia donde el 20 dispone de $ 98 mensuales per cápita.

    En el Gran Buenos Aires, el mayor aglomerado urbano nacional, la disponibilidad cae respeto a la media Patagonia hasta alcanzar los $ 72 pesos mensuales por persona, en tanto el arco de dispersión respecto al promedio encuentra su extremo inferior en la provincia de Jujuy, donde para afrontar un mes, el 20 % más pobre de la población dispone de $ 33,3 por habitante, esto es 1,1 diario.

    Esta situación de alta criticidad en la disponibilidad de ingresos de la población pobre Argentina adquiere mayor significación si se la compara desagregada por aglomerados urbanos seleccionados, con los valores registrados en otros países.

    La mayor intensidad de la crisis de ingresos nacional imparta sobre el 20 % de la población de Concordia, Gran Resistencia y San Salvador de Jujuy donde los segmentos más pobres con promedio de ingresos $ 430 anuales per cápita, disponen de menos ingresos anuales que la misma proporción de población pobre de Nepal - cuyo índice de Desarrollo Humano según la PNUD lo ubica en el puesto 151 sobre un ranking de satisfacción decreciente de 174 países - con ingresos per cápita anuales que alcanzan los $ 464.

    Por otra parte, para medir la intensidad de la crisis de ingreso que imparta sobre el 20 % más pobre de la población Argentina, el cuadro siguiente muestra la evolución comparada de los valores mensuales requeridos para acceder a cubrir un presupuesto familiar básico para el Gran Buenos Aires estimado por FIDE, la valorización de la línea de pobreza oficial para un hogar tipo, estimada por la Secretaria de Programación Económica y la disponibilidad mensual de ingresos de un hogar tipo del Gran Buenos Aires integrante de la franja correspondiente al 20 % más pobre de la población regional estimada por la EPH del INDEC.

    Primer trimestre años 1997/1998 para el GBA:

    Las transformaciones económicas y sociales que caracterizaron a la década del ochenta tuvieron un notable impacto en las condiciones de vida de la población. Al igual que en el resto de los países de la región, la fuerte recesión, que tuvo entre sus principales desencadenantes el peso de la deuda externa, se tradujo en un notable deterioro de la capacidad que el sistema productivo tiene de generar empleo. En consecuencia, el aumento de la desocupación, la subocupación, el importante corrimiento de trabajadores hacia sectores de menor productividad y la consecuente consolidación del denominado sector informal derivaron en un notable deterioro en el nivel de los ingresos.

    Lo distintivo de la crisis ha sido el surgimiento de un nuevo grupo social: los nuevos pobres. Se trata de aquellos sectores medios de la población, que por el deterioro de sus ingresos, se encuentran ante la imposibilidad de acceder a los bienes y servicios básicos necesarios.

    Así, la pobreza se extendió y el universo de los pobres es ahora más heterogéneo.

    La llamada nueva pobreza suma a este universo un importante número de familias provenientes de los más diversos sectores de la sociedad, con historias culturales y económicas muy diferentes, por lo que sus necesidades y demandas conforman un amplio espectro que se traduce en una gran heterogeneidad de carencias.

    Los nuevos pobres son hogares que seguramente cuentan con una vivienda adecuada, acceso a servicios de saneamiento básico, etc., a los cuales pudieron acceder previo al deterioro de sus ingresos. Es precisamente este último aspecto el que los identifica, por lo que el criterio de Línea de Pobreza (LP) es el más adecuado para su captación.

    Para el análisis de la situación de pobreza en diferentes regiones del país se recurre básicamente a dos fuentes de información. Por un lado, los censos de población de 1980 y 1991, a través de los cuales e posible evaluar la incidencia y distribución de la pobreza estructural a lo largo de la década del ochenta.

    En efecto entre 1980 y 1991 el número de hogares con necesidades básicas insatisfechas muestra una reducción del 4 %, entretanto el número total de hogares se incrementó en un 20,5 %. De este modo, la incidencia de la pobreza pasa de ser 18,3 % al 14,5 %.

    Esta reducción relativa de la pobreza tuvo lugar en casi la totalidad de las provincias del país, siendo la Capital Federal y Tierra del Fuego los únicos distritos donde se verifica un leve incremento de la misma. Esto no implica que en todas las provincias se verifique una reducción del número de hogares pobres. Más aún, en 11 de los 24 distritos se verifica un incremento en el número de hogares con necesidades básicas insatisfechas, llegando dicho aumento al 10 % en cinco de ellas. Estos distritos son además de los dos ya mencionados: Misiones; La Rioja; Salta; Formosa; Santa Cruz; Neuquen; Mendoza; San Luis y Jujuy.

    Por otra parte, es de destacar que, pese a la reducción de la incidencia de la pobreza, en 7 provincias más del 25 % de los hogares tienen sus necesidades básicas insatisfechas. Estas son: Salta (32 %), Formosa (31,8 %), Chaco y Santiago del Estero (30, 7 %), Misiones (28,1 %) y Tierra del Fuego (25,3 %). Salvo esta última, todas pertenecen a la zona norte del país.

    En el otro extremo, provincias como La Pampa y Buenos Aires (excluido el Gran Buenos Aires) muestran una incidencia de NBI del 9,4 %, la Capital Federal tiene el 5,6 % de sus familias con necesidades básicas insatisfechas.

    En el transcurso de la década del ochenta, si bien se percibe un comportamiento relativamente estable del tamaño y la distribución de la pobreza estructural, el volumen total de la pobreza se ve fuertemente incrementado por la aparición de los nuevos pobres.

    Para el caso del Gran Buenos Aires entre 1980 y 1986 se produce un leve incremento de la pobreza. El proceso inflacionario que se inicia desde 1987, y que tiene su pico en 1989, repercutió en un incremento del 100 %, representado fundamentalmente por aquellas familias que, si bien tienen sus necesidades básicas satisfechas, el deterioro de sus ingresos las lleva a la situación de no poder cubrir el costo de una canasta básica de bienes y servicios.

    El análisis de la composición global de la pobreza hace visible el proceso de heterogeneización de la misma. Si se considera la situación en 1980, el 83 % de los pobres eran pobres estructurales, en tanto que en 1989, y como consecuencia del surgimiento de los nuevos pobres, dicho grupo representa el 43 %.

    Evolución de la pobreza (GBA 1980 - 1996):

    pobres

    11,6

    15,2

    25,5

    32,4

    47

    33,7

    26,2

    21,8

    19,4

    20,5

    23,9

    25,8

    26,5

    indigentes

    1

    1,6

    6,7

    8,4

    4,2

    4,2

    2,1

    1,8

    2,8

    2

    3,2

    3,6

    3,8

    Hasta 0,75 LP

    4,7

    6,2

    9,3

    12,6

    24,5

    19,3

    12,1

    11

    9

    11,1

    11

    12,3

    12,7

    De 0,75 a 1 LP

    5,9

    7,4

    9,5

    11,4

    10,2

    10,2

    12

    9

    7,6

    7.4

    9,7

    9,9

    10

    No pobres

    88,4

    84,8

    74,5

    67,6

    53

    66,3

    73,8

    78,2

    80,6

    79,5

    76,1

    74,2

    73,5

    Hasta 1,25 LP

    7,5

    9,7

    8,9

    10

    9,4

    9

    8,3

    7,6

    8,6

    8,6

    8,9

    8,3

    8,4

    De 1,25 a 2 LP

    22,5

    20,6

    20,6

    19,6

    19,1

    21,9

    20,8

    22,3

    20,4

    21,4

    22

    21,7

    20,7

    Más de 2 LP

    58,4

    54,5

    45

    38

    24,5

    35,4

    44,7

    48,3

    51,6

    49,5

    45,2

    44,2

    44,4

    Total

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    100

    Intensidad de pobreza

    0,28

    0,30

    0,37

    0,39

    0,45

    0,38

    0,32

    0,31

    0,35

    0,34

    0,34

    0,36

    0,35

    Oct-

    80

    Oct-

    86

    Oct-

    87

    Oct-88

    Oct-

    89

    Oct-

    90

    Oct-

    91

    Oct-

    92

    Oct-

    93

    Oct-94

    May-95

    Oct-95

    May-

    96

    A fines de 1993, tras más de dos años de estabilidad económica y social, la situación no es la misma en la que estaban entes de atravesar por el deterioro e incertidumbre con que terminó la década anterior. Si bien la estabilidad en los precios implica recuperación en el valor real de los salarios, los niveles de subutilización de la fuerza de trabajo son cada vez mayores y, como se destacó previamente, se incremento la brecha entre ricos y pobres, consolidándose pautas más inequitativas en la distribución del ingreso.

    A partir de 1990 se inicia una progresiva reducción del tamaño de la pobreza, a una velocidad que decrece de año en año, siendo la proporción de hogares bajo la línea de pobreza en 1993 del 19,4 %. Por último y en forma coherente con el deterioro del nivel de los ingresos familiares de los sectores medios y bajos más pobres que se verificó desde 1994, la pobreza muestra un incremento que se extiende hasta el año 1996. Hacia mayo de este año, el 26,5 % de los hogares era pobre.

    La clasificación de los hogares en una escala por de ingresos per cápita expresada en términos de valores de líneas de pobreza nos permita comprender la dinámica de este proceso, al mostrarnos como se posicionan los hogares en torno al límite de la pobreza. La proporción de hogares con ingresos comprendidos entre 0,75 y 1,25 líneas de pobreza, es decir, los que tienen sus ingresos en la proximidad de la línea por encima y por debajo, supera al 15 % desde 1987. Este grupo adquiere gran significación, pues aumenta la importancia del efecto que puedan tener políticas moderadas de empleo e ingreso en la incidencia de la pobreza y, por otra parte, es la más vulnerable al deterioro de los ingresos captados por parte de las familias.

    En el período comprendido hasta 1989 el crecimiento relativo de los grupos es mayor cuanto más bajo se encuentran en la escala de ingresos, lo cual se produjo en un aplastamiento de la pirámide social. En 1989 dos de cada tres hogares tenían sus ingresos por debajo de dos líneas de pobreza.

    En el período posterior, entre 1990 y 1992, el modo en que se da la reducción de la pobreza se representa como un “volver atrás” respecto a los años anteriores. Por otra parte la, proporción de los hogares indigentes - aquellos que, aún utilizaran la totalidad de sus ingresos para la alimentación no lograrían acceder a una canasta básica de alimentos - llega a 12,3 % en 1989, reduciéndose luego hacia 1992 valores cercanos al 2 %. Por último, en 1993 la proporción de hogares indigentes inicia un aumento, que llega al 3,8 % en 1996.

    Además de la heterogeneidad y el tamaño de la pobreza, hay un tercer factor considerado, y es su intensidad, ósea, cuan pobres son los pobres. La brecha de ingresos debe interpretarse como la distancia promedio del ingreso de los hogares pobres respecto a la línea de pobreza. Esto es, si un hogar fuera no pobre, la brecha tomaría valor cero, en tanto si un hogar carece totalmente de ingresos, la brecha sería igual a uno.

    Partiendo de 28 en 1980, llega a un valor máximo de 45 en 1989, lo cual indica un progresivo aumento en la pobreza, o dicho de forma, un aumento en déficit de ingreso a los hogares. Si bien se inicia en la década del 90 la reducción de la brecha en los ingresos, no logra pasar de 30, volviendo a crecer a fines del período observado.

    Un estudio realizado en UNICEF analiza la información correspondiente a un conjunto de hogares, entre los cuales la pobreza se reduce entre 1991 y 1992 desde un 23,3 % a un 20,3 %. Esto no significa, que solo un 3 % de los hogares atravesara la línea de pobreza en ese período, sino que por el contrario, este valor representa la resultante de dos flujos opuestos de hogares de hacia uno y otro lado de dicha línea.

    La evolución de la pobreza no da cuenta de un movimiento de entrada y salida de hogares a su universo que, en este caso, representa un 6,5 % y 9,4 % respectivamente. Esto es en el mismo período en casi el 40 % de las familias pobres logran una recuperación de sus ingresos que les permite superar la línea de pobreza, un grupo significativo, aunque menor, toma el lugar que aquellos dejaron.

    Si bien este movimiento desde y hacia la pobreza se da fundamentalmente en hogares que inicialmente se encuentran próximos a la línea de pobreza (el 54 % de los hogares que se encontraban en 1991 con ingresos entre 0,9 y 1 línea de pobreza al año siguiente ya no eran pobres, en tanto el 24 % de los que estaban inmediatamente sobre la línea descendieron por debajo de ellas), la participación de hogares más alejados a la línea es significativa en este flujo. El 8,5 % de los hogares con ingresos entre 1,25 y 2 líneas y el 4,2 % entre aquellos con ingresos superiores a 2 líneas en 1991 al año siguiente eran pobres (el último grupo representa el 15 % del total de hogares empobrecidos).

    La situación de las provincias aparece como mucho más crítica. En octubre de 1985, solo tres ciudades tenían una proporción de hogares pobres superior al 40 %; estas ciudades son Formosa, Salta y San Juan. Cinco años después, al menos diez ciudades capitales de provincias se encontraban en esta situación: además de las tres mencionadas, las ciudades de Corrientes, San Salvador de Jujuy, Posadas, Santiago del Estero, Catamarca, Paraná y La Rioja. Más aún, salvo en las tres últimas ciudades, en todas ellas la proporción de hogares pobres supera el 50 %.

    Hacia fines de 1992 y mayo de 1992, en la totalidad de las ciudades para las que hay información disponible se verifica una disminución en el tamaño de la pobreza, aunque en ningún caso vuelve a los niveles de 1985. En mayo de 1993 Corrientes, Formosa Y Jujuy muestran aún más de la mitad de sus familias con ingresos por debajo de la línea de pobreza, en tanto Salta, San Juan y Misiones tienen más el 40 % de sus familias pobres por ingresos.

    Salvo Paraná la totalidad de las ciudades nombradas corresponden a la zona norte del país, región donde se concentran las provincias con el más alto nivel de pobreza extrema.

    Resumiendo:

    Si bien la pobreza estructural se muestra relativamente estable, en tanto en su tamaño como en su distribución, a lo largo de la década pasada, hay provincias en las que la concentración de hogares pobres es aún muy alta. Y son precisamente esas provincias las que concentran además los niveles más altos de crecimiento de la pobreza como efecto del deterioro de los ingresos.

    La etapa del ciclo vital en que se encuentran las familias tiene especial incidencia en la probabilidad que estas tienen de quedar inmersas en el universo de la pobreza. La presencia de niños en la familia tiene el doble efecto de, por un lado, aumentar el número de personas que dependen del ingreso de los adultos, y por otro lado, disminuir el ingreso, al dificultar a la madre de los niños su participación en la actividad económica.

    En los hogares con niños la probabilidad de ser pobres aumenta significativamente. En tanto en 1994 en Gran Buenos Aires la incidencia de la pobreza para el total de los hogares es de 18,4 %, entre los hogares con niños menores de 15 años la misma se eleva al 32,9 %. Como consecuencia de ello, el 43 % de estos niños viven en hogares.

    Los defectos de la pobreza y la desocupación tienen espacial impacto en las familias con niños. Los datos presentados alertan además respecto a que la profundización de las carencias en los sectores más pobres viene acompañada por la consolidación de un amplio sector de la sociedad para la cual el futuro es cada vez más incierto. El flujo cruzado de familias hacia y desde la pobreza pone a la luz una cuestión central: en tanto un sector de familias pobres logran superar su situación una proporción de hogares pasan a ser pobres. Hay, en consecuencia, una dinámica masa de familias a uno y otro lado de la línea de pobreza que se rotan en sus lugares. La pobreza se extiende así sobre una franja de hogares vulnerables y la incorpora.

    En la primera mitad de la década del noventa, el paso de la inflación a la estabilidad y del estancamiento al crecimiento económico significó revertir dos situaciones que forzaban el empobrecimiento de los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero el funcionamiento del mercado de trabajo en este período no ofrece las condiciones para revertir los niveles de desprotección acumulados durante el período anterior, ya que genera nuevas fuentes de vulnerabilidad que contrabalancean los efectos positivos de aquellos logros. Las familias que más débilmente estaban relacionadas con el sistema productivo, por estar sus miembros en puestos marginales al sector de la economía, son las principales protagonistas del desempleo, lo cual acentúa su distanciamiento respecto de aquellos sectores de la sociedad que si pueden responder a las nuevas exigencias del mercado

    Es esperable que la demanda del empleo en un futuro tenga crecimiento lento, y que las exigencias de calificación y educación sean cada vez mayores. La inequitativa distribución de capacidades y conocimiento, que resulta del paso diferencial de los distintos estratos de la sociedad por el sistema educativo, crea un escenario en que la capacidad de competir por los nuevos puestos de trabajo esta dada solo a los miembros de la familia mejor posicionadas, cristalizando el límite entre los que participan de los beneficios del crecimiento y los que no.

    El mercado de trabajo continua sin funcionar plenamente como instrumento de cohesión social. Aún cuando las políticas que promueven su desregulación, la reducción de las contribuciones sociales o el incremento de la flexibilidad laboral, como formas de reducir obstáculos a la creación de nuevos puestos, puedan implicar un retorno a altos niveles de empleo, esto se hará estableciendo vínculos frágiles e inestables, y al costo de mayores inequidades y divisiones sociales. El pleno empleo no es un fin, sino un medio, y necesariamente debe aportar a la integración social.

    En el marco de desarrollo esperable del mercado de trabajo, es previsible un paulatino crecimiento del universo de los más vulnerables y más desprotegidos. Las necesidades se superponen, y al desempleo o empleo precario se suma la pobreza por la caída de los ingresos, el endeudamiento, el deterioro en la calidad de las viviendas, la crisis en la vida cotidiana de las familias. La pobreza es cada vez más un fenómeno de acumulación de carencias económicas, sociales, familiares y del medio.

    Este carácter multidimensional de la pobreza requiere cada vez más de políticas sociales que suponen las nociones de reaseguro frente al riesgo y de asistencia a los desposeídos, y que asuman claramente un rol de integración a la sociedad, mediante un abordaje de la realidad más abarcativo y estructurando en torno a metas de cohesión e inserción.

    Salud:

    Problemas y riesgos específicos:

    Morbilidad:

    Las enfermedades cardivasculares se mantienen entre los principales problemas del salud que tiene el país. La enfermedad hipertensiva y cerebrovascular a partir de los 55 años, y las enfermedades cardíacas después de los 65, representan el 20 % de los registros de egresos.

    Las enfermedades inmunoprevenibles se encuentran en general en un descenso progresivo y con importantes diferencias interprovinciales debidas a diferentes condiciones de vida. Persisten grandes diferencias de cobertura entre provincias, pese a los esfuerzos del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI). Por ejemplo, durante el año 1994, se encuentran coberturas en menores de un año para la triple en Santiago del Estero de 100 % y en Jujuy de 63 %, respecto a antisarampionosa en estas mismas provincias las coberturas alcanzadas fueron de 137 % y de 50,8 % respectivamente.

    La mayoría de las provincias sufrieron un brote epidémico de sarampión entre septiembre del 91 y febrero del 92, con el mayor número de casos presentes en Córdoba, Chaco, Chubut, Mendoza y San Juan. El total de los casos registrados en dos años fue de 62.644, con una tasa de aproximadamente 100 por 100.000 habitantes. A partir de una campaña de vacunación masiva de 1993, dirigida a menores de 15 años, se alcanzó una cobertura nacional promedio de 97 % en menores de un año, lo cual generó una franca reducción de la tasa, que llegó a ser del 2,2 % por 100.000 en 1994.

    Hasta 1991 la notificación sobre Tétanos no discriminaba entre Tétanos Neonatal y otras edades. En julio de 1994 se inicio el programa de erradicación del Tétanos Neonatal y en 1995 se notificaron seis casos. En 1995 hubo cuatro casos de difteria y 112 casos de parálisis flácida. La situación del coqueluche se mantiene alrededor de los 1200 casos por año después de 1987 que fue el último aumento importante. Durante 1992 hubo epidemia de rubéola en todas las provincias (85.026 casos). Durante 1995 hubo un incremento importante en el número de notificaciones respecto al año anterior (de 15.965 a 47.060).

    En cuanto al sistema de notificaciones de enfermedades transmisibles, durante el último decenio se incremento en un 75 %, en gran parte debido a la aparición del Cólera y el aumento de Meningitis. En general, las notificaciones por todas las causas han aumentado de año en año. Solo en el último año las notificaciones aumentaron en un 33 % respecto del período anterior (1995 - 1994). El Cólera que afecta fundamentalmente las provincias de Salta y Jujuy, experimento una disminución de los casos de 2.080 en 1993 a 188 en 1995, teniendo un aumento hasta mediados de noviembre de 1996, a 424 casos. La notificación de diarreas a partir del año 1992 a aumentado considerablemente, principalmente debido al mayor desarrollo del SINAVE, observándose para 1995 una tasa promedio nacional de 120,4 por 1000. La mayor incidencia se encuentra en las provincias del noroeste, que tienen graves problemas de abastecimiento de agua y eliminación de excretas.

    La enfermedad de Chagas sigue siendo la mayor endemia del país, aunque su prevalencia serológica esta disminuyendo. El mayor número de casos, en 1995 se presentó en la provincia de Santa Fe (140 de un total de país de 229). En 1990 se registraron 727 casos de fiebre hemorrágica argentina, duplicando esto la incidencia de 1988 y 1989, en 1992 el número de casos notificados disminuyo a 92 y en el año 1995 se conocieron solo 64 casos. La malaria se encuentra principalmente en el nordeste argentino con cifras alrededor de 100 casos autóctonos por año y con un total de 1.065 casos totales en 1995. Los casos de rabia animal se redujeron en un 99 % en el decenio, pero en 1994 se registró un caso de rabia humana, cuyo último registro era de 1985.

    La ocurrencia de Hepatitis ha descendido desde los episodios epidémicos sucedidos en 1989 - 1990 que presentaron tasas hasta de 130 y 110 por 100.000 respectivamente. En 1993 comenzó ha ascender nuevamente, encontrándose en 1994 una incidencia del 84,7 por 100.000.

    Durante 1994 y 1995 se han detectado focos de Leptospirosis y del virus Hantaan en diferentes puntos del país.

    La tasa de incidencia de tuberculosis tuvo un ascenso entre 1991 y 1995 de 15 a 38,6 por 100.000 habitantes, correspondiendo la tasa más alta en la provincia de Jujuy donde se alcanzó una tasa de 135,4 por 100.00 habitantes. Estos incrementos en el quinquenio se relacionan principalmente a la resistencia a múltiples drogas por una parte, y al HIV que al debilitar el sistema inmunitario permite una infección más fácil. Respecto a la incidencia del SIDA, ha aumentado y se estima que se presenta un promedio de 3 casos nuevos y entre 15 y 45 infectados por día. Hasta el 31 de marzo de 1996 el número de casos de SIDA notificados era de 8.198, siendo notificados 1.421 casos nuevos durante el año 1995. La epidemia afecta de una forma creciente a drogadictos mediante la transmisión sanguínea (44 %).

    Existe preocupación por el aumento de casos de alcoholismo, drogadicción y accidentes en los adolescentes y adultos jóvenes. Los trastornos mentales produjeron en 1990 el 5 % de los egresos de instituciones de salud. El porcentaje desde el grupo de edad de 25 a 29 años (3 %) hasta el de 45 a 49 años (7,5 %), con valores cercanos al promedio en los ancianos. Los hombres predominan en una relación de 2 a 1 en las internaciones por enfermedad mental.

    Indicadores de Mortalidad:

    indicador de jurisdicción

    1

    2

    3

    4

    Capital Federal

    14,3

    0,8

    9,5

    4,2

    Buenos Aires

    21,8

    2,4

    14

    7,5

    Catamarca

    29,8

    6,8

    19,6

    8,9

    Córdoba

    20

    2,3

    13,8

    6,1

    Corrientes

    26,1

    4,3

    16

    9,8

    Chaco

    31,4

    9,9

    18,7

    12,7

    Chubut

    18,4

    2,3

    10,5

    7

    Entre Ríos

    20,4

    2,6

    14,6

    5,6

    Formosa

    30,7

    14,1

    17,1

    13,6

    Jujuy

    25,2

    7,3

    14,9

    10,3

    La Pampa

    15

    3,5

    10,7

    4,2

    La Rioja

    22,8

    1,5

    15,6

    7,2

    Mendoza

    18,8

    7,2

    12,8

    6

    Misiones

    23,1

    3,2

    13,8

    9,4

    Neuquen

    15,3

    3,8

    9,7

    5,6

    Río Negro

    19,6

    12,6

    6

    Salta

    29,8

    9,2

    14,9

    14,1

    San Juan

    21,3

    6,7

    13,9

    7,4

    San Luis

    27,6

    6,1

    18,9

    8,5

    Santa Cruz

    15,9

    4,7

    9,7

    6,2

    Santa Fe

    17,8

    3,6

    11,3

    5,8

    Santiago del Estero

    29

    8,8

    15,6

    11,3

    Tierra del Fuego

    13,6

    8,4

    4,8

    Tucumán

    23,9

    4,7

    16,9

    6,8

    Total del país

    22

    3,9

    13,9

    7,6

    1 - Tasa de mortalidad infantil expresada por mil nacidos vivos (1994)

    MSAS número 38 serie 5. 1995

    2 - Tasa de mortalidad materna expresada por diez mil nacidos vivos (1994)

    MSAS número 38 serie 5. 1995

    3 - Tasa de mortalidad Neonatal expresada por mil nacidos vivos (1994)

    MSAS número 38 serie 5. 1995

    4 - Tasa de mortalidad post Neonatal expresada por mil nacidos vivos (1994)

    MSAS número 38 serie 5. 1995

    Mortalidad:

    La tasa de mortalidad general en 1994 fue de 7,5 por 1.000 habitantes. La misma continua su descenso. En Capital Federal 7 % de la población tiene servicios operados por sociedades anónimas. El restante 30 % es atendido por organismos o empresas provinciales o municipales. Todos los porcentajes se refieren a la población urbana concentrada. Argentina tiene cerca de 840 servicios urbanos de saneamiento básico.

    Sobre la organización del sector medio ambiente en lo general, su coordinación a nivel nacional es de responsabilidad de la Secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano (SRN y AH). Creado en 1991, como dependencia directa de la Presidencia de la República. En las 24 provincias, el 43,5 % posee una estructura que trata aspectos ambientales al nivel del gobierno, con atribuciones específicas. En otras 66,5 % de las provincias, éstas estructuras están dispersas en varias áreas de gobierno.

    Desnutrición:

    En la Argentina la desnutrición proteico - calórica ha tenido mucha menor magnitud que en la mayor parte de los países de la región.

    Las últimas evaluaciones promovidas por UNICEF en varias provincias Argentinas muestran la presencia de desnutrición crónica en las provincias del norte entre los niños que ingresan a primer grado y valores apenas más elevados que lo esperado en las jurisdicciones más pobladas. De tal modo por debajo de 2 desvíos estándar según el patrón internacional se encontró al 11,8 % en Jujuy y en alrededor del 4 % en Córdoba, La Pampa, Rosario, Mendoza y Río Negro. Estos resultados permiten afirmar que la Argentina no presenta problemas de desnutrición severa sino de desnutrición moderada y concentrada en algunas jurisdicciones.

    El bajo peso al nacer estimado a través de las estadísticas vitales - registro de nacimientos - es del 6,8 %, porcentaje que puede considerarse bajo. Sin embargo, es sabido que las estimativas basadas en esa fuente de información tiende a subestimar los niveles reales de la prevalencia del bajo peso al nacer. La investigación IPA - INDEC estimó para 1987 niveles promedio de bajo peso al nacer mucho más elevados (conurbano: 11 %; Gral. Roca: 13 %; Neuquen: 12,4 %) que la estimativa anterior, siendo que entre los niños de familias más pobres, la prevalencia es notablemente más alta (conurbano: no pobres=8,6; pobres estructurales=12 %). Adicionalmente, estudios realizados en diversas áreas del país han mostrado una alta prevalencia de anemia por carencia de hierro (40 %) y de déficit en calcio y vitamina C.

    Como consecuencia del empobrecimiento de la población, los gobiernos democráticos comenzaron a implementar una sucesión de programas alimentarios. Se comienza con la distribución mensual de alimentos a las familias de “riesgo” (Programa Alimentario Nacional, 1984 - 1989), se sigue con la entrega de bonos mensuales canjeables por alimentos, para substituirse por el procedimiento de transferir fondos a las provincias para la compra y distribución de alimentos a las carenciadas identificadas por la propia provincia. Actualmente, las principales acciones de asistencia nutricional y alimentaria son la entrega de leche en polvo a las embarazas y los menores de 2 años que concurren a los establecimientos del sector público (Ministerio de Salud), y el mantenimiento de comedores infantiles y escolares. Estos dos últimos programas son financiados por las provincias con los recursos que provienen de los impuestos co - participables. En ninguno de estos programas se efectúan acciones de seguimiento nutricional con el objetivo de identificar poblaciones en riesgo, focalizar las acciones y/o medir sus probables resultados de los programas implementados, representando un asignación de alrededor de U$ 500 millones para el año 1995 (Secretaria de Programación Económica).

    La eliminación de la desnutrición requiere modificar el enfoque de intervención. Centrado casi exclusivamente en la complementación alimentaria. Asimismo, mejorar la capacitación de las madres y del personal de los servicios de salud especialmente a los 6 meses, momento crítico en el que se inicia un proceso de transición con la complementación a la lactancia materna. Del mismo modo se requiere revisar los criterios de clasificación nutricional hasta ahora utilizados por los servicios que no incluye un análisis de la pendiente de la curva de crecimiento de cada niño.

    Un componente especial de preocupación lo tiene la lactancia materna exclusiva. La meta nacional que consiste en que más del 60 % de las madres alimenten exclusivamente a sus niños con lactancia natural hasta el cuarto mes de vida. Las campañas de comunicación social y la generalización de la iniciativa de Hospital Amigo parecen ser estrategias apropiadas para avanzar en la dirección pretendida. Sin embargo, también debe ser considerada la necesidad de avanzar en el desarrollo y cumplimiento de una legislación que facilite a la mujer trabajadora condiciones que favorezcan la lactancia.

    Infancia:

    Los niños y niñas de la calle, los niños y niñas trabajadores, los niños y niñas institucionalizados, los niños y niñas supuestamente “abandonados” o “sin hogar” son, en principio, los niños y niñas temporal o definitivamente de derechos fundantes de condición del niño, esto es: derecho a ser protegidos y provistos en sus necesidades por su propia familia y el derecho al que la escuela sea su principal actividad, además del juego y la recreación.

    Si bien, como se vio, los niños y niñas entre 6 y 12 años se incorporan masivamente al ciclo escolar, la inserción temprana en el mercado de trabajo de una gran cantidad de niños calculada es aproximadamente 200.000 entre los 10 y 14 años, afecta su permanencia en el sistema formal.

    En relación con los adolescentes, se observa que sobre las desventajas acumuladas en las etapas anteriores se agregan la fragilidad propia de este momento de la vida y la falta de estímulos sociales, culturales, económicos y educativos que le permitan al joven la construcción de un proyecto de vida y su inserción activa como ciudadano. El desempleo, la precarización en el trabajo y la desescolarización resultan un panorama que se agrava en el grupo de adolescentes económicamente activos. El abordaje a esta franja etérea, generalmente en el caso de los pobres, se centra básicamente en respuestas a “desvíos” en los que incurren los adolescentes tales como contravenciones, comisión de los delitos en los varones o embarazo precoz, prostitución en el caso de las mujeres.

    Valores muy fuertes de la cultura han tendido a responsabilizar y culpabilizar a las familias por el trabajo infantil, por el supuesto abandono, por la deserción y repetición escolar, por la deambulación callejera o por los problemas que atraviesan los adolescentes. Si bien se deben reconocer las responsabilidades y obligaciones de los padres, el análisis de sus déficits no es suficiente si no se lo contextúa en la situación de pobreza en la que se encuentra la mayoría de ellos y en los deberes del Estado definidos en la CDN. De acuerdo a estimaciones de UNICEF en base de datos del INDEC, en 1993, 360.000 niños menores de 15 años viven en hogares en los cuales el jefe del hogar se encuentra desempleado. De ese total 260.000 niños pertenecen a hogares dentro del 30 % más pobre y, su vez, aproximadamente 40.000 niños viven en hogares con jefa mujer. Aún cuando no se puede hacer una relación directa entre este indicador y los problemas que atraviesan los niños, niñas y adolescentes, es sabido que la pobreza y el desempleo de los adultos es fuente de desesperanza, complicando las relaciones entre padres e hijos y creando situaciones límites en la configuración familiar.

    Contrariamente a ello, en la Argentina la intervención del Estado para la protección de niños, niñas y adolescentes en riesgo, aún esta regulada por un marco jurídico ajeno a la CDN. El mismo transforma en categorías jurídicas problemas que derivan de la pobreza en que viven las familias, creando las condiciones para la intervención de la justicia sobre situaciones asistenciales violando, en muchas oportunidades, el derecho del niño a permanecer con su familia sea a través de su internación o colocación en familias sustitutas.

    Los niños de la calle en la realidad argentina:

    Aún cuando la problemática de los niños de la calle aparece ante la sociedad como un hecho crítico en aumento, su cuantificación resulta dificultosa. Ello se debe a los mismos niños en general deambulan de un lado a otro de la ciudad y al hecho de que gran cantidad de niños van al centro de las ciudades en calidad de trabajadores, solos o con sus progenitores, distorsionando la evaluación de su situación.

    A partir de datos obtenidos por UNICEF, en el año 1991, se puede estimar que en todo el país habría alrededor de 24.000 niños que trabajan en las calles y 6.000 que viven en la calle, es decir, sin vínculos familiares o con vínculos débiles. La gran mayoría (80 %) son varones y su distribución etérea es la siguiente: 15 % son menores de 8 años de edad, 50 % tienen entre 8 y 14 años y 35 % entre 15 y 18 años.

    Un elevado número de estos niños y adolescentes ya ha pasado por algún nivel de judicialización, presentando algunos un ciclo policía - juzgado - instituto - calle, proceso que los va deteriorando aún más.

    El abordaje a esta problemática lo efectúa tanto el Estado (nacional y provincial) como no gubernamentales (laicos y religiosos). Lamentablemente la perspectiva que en general ha primado es el trabajo con los chicos, aislado del contacto con la familia y la comunidad de pertenencia. Utilizando la metodología de las etapas (calle - patio - hogar) en los últimos 10 años se ha observado, principalmente en el conurbano bonaerense, un gran crecimiento de hogares para niños, niñas y adolescentes de la calle.

    Educación:

    En 1980 el ingreso en la educación primaria en la Argentina era prácticamente universal. Las tasas brutas de escolarización eran de 21,6 % - en 1991 - en educación preescolar; en 1993 la educación primaria era de 107 %, la educación secundaria 71 % y 43 % en educación superior. En el año 1991 se aprecia que el 92,4 % de los alumnos accede a educación primaria a tiempo y el 98,3 % lo hace en algún momento de su vida.

    Tasas brutas de escolarización por nivel (1993):

    Argentina

    Región

    Educación preescolar

    21,6

    1)

    Educación primaria

    107

    110

    Educación secundaria

    71

    54,8

    Educación superior

    43

    18

  • Año 1991

  • Analfabetismo de población adulta, por grupos de edad (1991 - miles y%):

    Grupos de edad

    Número de analfabetos (miles)

    Tasa de analfabetismo (%)

    Total

    Hombres

    Mujeres

    Total

    Hombres

    Mujeres

    -15 a 19 años

    44,1

    26

    18,1

    1,6

    1,8

    1,3

    -20 a 24 años

    45,7

    24,8

    20,8

    1,9

    2

    1,7

    -25 a 29 años

    52,2

    28,2

    24

    2,3

    2,5

    2,1

    -30 a 34 años

    61,5

    33,2

    28,2

    2,8

    3

    2,5

    -35 a 39 años

    71,3

    36,6

    34,7

    3,4

    3,5

    3,2

    -40 a 44 años

    79,5

    40,9

    38,6

    4,1

    4,2

    3,9

    -45 a 49 años

    75,3

    37,6

    37,7

    4,5

    4,5

    4,4

    -50 a 54 años

    72,7

    33,9

    38,8

    4,9

    4,7

    5,1

    -55 a 59 años

    70,3

    31,7

    38,6

    5,2

    4,9

    5,5

    -60 a 64 años

    75,7

    32

    43,7

    5,8

    5,3

    6,2

    -6 y más años

    247,2

    91,5

    155,7

    8,6

    7,6

    9,3

    Total 15 y más

    895,5

    416,5

    479

    4

    3,8

    4,1

    Entre 1980 y 1991 el porcentaje de analfabetismo de la población de 15 años y más, bajo de 6,1% a 4% estimándose en 3,6% para el año 2000. El analfabetismo se concentra en la población mayor de 40 años y más, siendo en general, un poco mayor en las mujeres (3,8%).

    Este problema en la Argentina se reduce de forma lenta. No obstante, existen diferencias entre las zonas de residencias: la declaración del analfabetismo en el censo de 1980 fue casi el triple en las zonas rurales (14,6%) que en las ciudades (4,1%). La gran mayoría de los argentinos viven en las zonas urbanas (85% en 1991).

    La nueva estructura de la educación:

    Educación inicial: constituida por el jardín de infantes (3 a 5 años de edad) siendo obligatorio el último año. Incluirá además los servicios de Jardín Maternal (niños menores de 3 años).

    Educación General Básica: (EGB). Es una unidad pedagógica integral organizada en ciclos y obligatoria, con una duración de nueve años a partir de los 6 años de edad.

    Educación Polimodal: posterior al cumplimiento de la EGB, de 3 años de duración como mínimo e impartida por instituciones específicas.

    Educación superior: Profesional y Académica de grado, cuya duración será determinada por las instituciones universitarias y no universitarias, según corresponda.

    Educación Cuaternaria: la ley federal señala que el sistema educativo también comprende otros regímenes especiales que tienen por finalidad atender las necesidades que no pudieran ser satisfechas por la estructura básica, tales como Educación Especial, Educación de Adultos y Educación Artística.

    Los contenidos de la educación Argentina se organizan en tres niveles de especificación:

    1) Contenido básico comunes (CBC): todas las jurisdicciones provinciales aprueban en el Consejo Federal de Cultura y Educación los Contenidos Básicos Comunes. Estos son obligatorios en todo el país. Los Contenidos Básicos Comunes para el Nivel Inicial y para la Educación General Básica fueron aprobados en la XXIII Asamblea Extraordinaria del Consejo Federal de Cultura y Educación el 29 de noviembre de 1994

    2) Diseños Curriculares Provinciales: los CBC se contextualizan en términos de la realidad regional, se establece la secuencia y ordenamiento de los contenidos, se define la metodología de enseñanza y se explican criterios de evaluación. Rigen en cada Estado provincial.

    3) Proyecto Educativo Institucional (PEI): implica la formulación de un proyecto de cada institución que debe garantizar y enriquecer lo establecido en los niveles nacional y provincial, impulsando a su vez la correspondiente evaluación y revisión. Este nivel enmarca también los proyectos de aula desarrollados por cada docente.

    Abandono y repetición:

    Aún cuando la repetición en la Argentina es menor que el promedio de la región, la magnitud de las tasas correspondientes a cada grado pone en relieve que ésta constituye también su principal problema.

    De acuerdo con el Censo de 1991, el 7% de la población entre 15 - 19 años había comenzado la primaria pero no la terminó. Si esta estimación se la compara con la registrada por el Censo de 1980 es posible constatar que el abandono escolar en primaria descendió durante esa década en casi el 50%.

    Las estimaciones de las tasas que describen el comportamiento de una cohorte promedio en sistema educativo argentino, realizados por la UNESCO, indican que el problema más grave el la repetición escolar. Confirman también que la repetición afecta a los primeros grados del nivel primario (31,4% y 27%, respectivamente). Los datos del Censo de 1991 confirman en general esta apreciación. Es bien sabido que los altos niveles de repetición se reflejan en el desajuste entre la edad del alumno y el grado que cursa en la escuela. En consecuencia, y a modo de ejemplo, un cuarto de los niños de 8 años (164 mil) cursa algún grado inferior al que le correspondería de acuerdo a lo “esperado” por el sistema educativo, siendo este porcentaje un poco menor entre las niñas. Al llegar al último grado, la inadecuación hetaira afecta a más del tercio de la población infantil. Del total de los niños de 6 a 12 años que asisten a la escuela, un millón cursa al menos un grado atrasado con respecto a su edad.

    Síntesis de los problemas:

    Se puede pensar que en términos globales, la exclusión de la escuela, el ingreso tardío y la deserción temprana permanente son problemas prácticamente superados por el sistema educativo argentino. Sin embargo se constala la repetición y el rendimiento escolar condensan más nitidamente las deficiencias, desajustes y contradicciones de la educación básica argentina. Qué aprenden los niños en las escuelas y como se distribuyen socialmente esos conocimientos son los interrogantes que ocupan actualmente el escenario de la educación elemental en argentina.

    Si bien algunos de los indicadores educacionales mostraron durante la pasada década mejoras en niveles educativos más altos de la población, todavía resta un trecho significativo por ganar. Por ejemplo, aún cuando la proporción de la población entre 15 y 19 años de edad que no había completado la escuela primaria se redujo en un 50% durante el período 1980 - 1991, todavía un poco más del 10% de esa población no completa el nivel de educación primaria.

    Relación del trabajo de campo con nuestros apuntes - sobre la base del tema Mercado -:

    Consideramos:

    El mayor problema de la Argentina de hoy es que millones de personas no tienen trabajo por que la causa de hoy en día es que esta todo muy mecanizado, como si se tratase del modelo fordismo y en el cual no hay lugar para los que no tienen capacitación. Los empleos tienen paga que no resulta suficiente para asegurarles una vida digna, la automatización se aplica pausadamente en la actividad social y repercute sobre la vida subjetiva de los individuos. Por eso se considera necesario instrumentar una política que genere empleos productivos, estables y de calidad, más que nada a los jefes de familia y a los jóvenes que quieren incorporarse al mundo laboral. Una política que permita aprovechar las capacidades de todos los trabajadores del país y construir con ellas una economía con pleno empleo.

    Los objetivos principales son los de proteger y fortalecer la producción, la cual es impulsada por el desarrollo productivo de la economía y el empleo nacional, para lograr así un crecimiento parejo. Pero sólo se puede concretar esos objetivos construyendo una trama social y productiva que por sí misma dé una respuesta concreta a la demanda de aquellos que fueron perjudicados por la política económica de la gestión saliente: los desocupados estructurales, los sectores medios expulsados del ámbito productivo por deformas estructurales por la automatización de los servicios que se llevaron adelante con graves errores de insensibilidad social

    El sector privado - dependiente de las valorizaciones del mercado - debe mantener su papel crucial en materia de inversiones. Se necesita confianza y credibilidad para fortalecer la iniciativa privada, pero esta repercute en gran medida sobre el mercado y sobre el individuo; debido a que el mercado toma las decisiones y marca el rumbo sobre estos como factor económico. Para ello es necesario preservar los equilibrios macroeconónicos y crear previsibilidad a largo plazo. Sin embargo, confianza y credibilidad no bastan. Es preciso que el gobierno esté consciente de su papel en la promoción del crecimiento ya que el mercado es el que determina las significaciones sociales y que ponga en marcha políticas activas que utilicen adecuadamente los recursos disponibles a tal efecto.

    Hay que romper con la parálisis de los últimos años en lo que respecta a la capacitación - con la cual se debería cambiar el modelo establecido por uno que le permita al individuo tener acceso al conocimiento y no a la memorización - la innovación - muy avanzada por la tecnología y no todos cuentan con la capacitación para desarrollarlas - y las difusiones tecnológicas, porque todos esos factores deben estar en la base de una nueva política económica. En ella, un Estado debe apoyar y brindar asistencia a los esfuerzos que surjan desde el sector privado para promover una estructura productiva nacional más diversificada que estimule la producción y la incorporación de valor agregado local, aunque el valor privado domine sobre el público, aún hay gente que quiere restaurarlo.

    Los costos que enfrenta el sector productivo de nuestro país afectan de manera relevante a la competitividad de nuestra economía, bien claro esta que el mercado es universal y que actúa sobre los diferentes países incursionando sobre su economía, los equilibrios macroeconómicos, en especial en lo relativo a las finanzas públicas, generará un efecto positivo en el riesgo del país. Podría haber mayor competencia en todos los mercados, a través de la utilización intensiva de las políticas de defensa en la competencia, y asegurará precios más acordes a los costos y una mayor calidad en los servicios públicos privatizados. El Mercado es el encargo de manejar el dinero, pero una mercancía no esta en venta (no es producto) hasta que alguien decide adquirirla, es una cuestión inmediatista de compra - venta, en la cual los interesados son los sujetos.

    Habría que introducir mejoras directas en la productividad de toda la economía. Es necesario aumentar la productividad del gasto público a través de una reconstrucción del Estado.

    Las políticas de educación y de reentrenamiento para los desocupados generarán una mano de obra más capacitada y más versátil. Es necesario propiciar el desarrollo de un proceso colectivo de aprendizaje. Para ello, el Estado debe coordinar los esfuerzos del sector privado, priorizando y apoyando los proyectos que implique desarrollos tecnológicos nacionales, la integración de nuestras empresas a las cadenas productivas de las multinacionales y la vinculación de los sectores productivos regionales con las universidades, esto es un desarrollo no en forma económica sino en forma evolutiva, con la capacitación de los individuos para pensar y decidir un desarrollo en el cambio del sector público, basándose en el conocimiento de la gente. Estos mecanismos promoverán aumentos de la productividad en los sectores de nuestra economía, con la ayuda de la tecnología se lograra una avanzada productividad y un incremento en la competencia.

    Se debe generar empleo a lo largo de toda la argentina. Sin embargo, la puesta en marcha en el ámbito nacional de políticas de apoyo tecnológico exige conocer y tomar en cuenta las particularidades de la problemática de cada región. Para ello será necesario crear instrumentos de política e instituciones de implementación que tomen a su cargo el conocimiento y el trato con las especificidades locales.

    Metas Sociales esta en deuda con los ciudadanos, debido a que el sector privado influye más que el público y dado que la gente que trabaja para el público lo hace también para el privado, aunque en forma indirecta, ya que este domina en cierto sentido al público.

    Una de las metas de mayor importancia es erradicar a la pobreza, cuya solución como nombramos anteriormente, es planteando un cambio en la estructura de la educación y otorgando trabajo a los más necesitados.

    Se promoverá, para todo el sector salud, la utilización del avance tecnológico; y deben atenderse prioridades como los problemas de la madre y el niño

    Proyectar a la educación como base de la sociedad del conocimiento y la democracia. Igualdad de oportunidades educativas a todos los niños, jóvenes y adultos en forma democrática. Es necesario ese cambio en forma racional para que la educación sea la formación universalista y así poder introducir al sujeto en una Democracia política.

    Disminuir niveles de abandono y de repetición, e incorporar planes sociales y educativos que mejoran las condiciones iniciales de los alumnos

    La cultura es una herramienta fundamental para el desarrollo de los países y los pueblos y es además el principal elemento para formar parte de una sociedad, ética y/o convivencia. deben modificar y recuperar costumbres y usos cotidianos que influyen directamente en la calidad de la vida.

    La política cultural es también un instrumento para luchar contra la desigualdad social y la fragmentación de la sociedad.

    El gasto público se financia con el esfuerzo de todos y no cumple los objetivos del Estado sino que se dilapida o se desvía hacia personas o grupos con intereses ilegítimos. Esto tiene relación con lo que se denomina corrupción; pero esta corrupción no proviene del manejo del Estado sino, de la dinámica del mercado.

    El conocimiento de los ciudadanos acerca de las actividades del Estado constituye un pilar de país republicano. Por un lado, porque permite a los contribuyentes controlar en qué se gasta el dinero de las empresas. Y por otro, porque abre la posibilidad de que la sociedad en su conjunto reflexione sobre las políticas de gobierno y colabore, a través de la discusión y de la crítica públicas, a encaminarlas en la dirección del interés general.

    El financiamiento ilegal de la política también tiene lugar a través de los negociados y del manejo no transparente de fondos públicos.

    En la política de los Derechos Humanos se debe tomar en cuenta los siguientes principios:

    • Preservar y defender la democracia

    • Promover la paz.

    • Afirmar la dignidad de la persona y sus derechos esenciales.

    • Vigencia plena de los derechos civiles y políticos.

    • Desenvolvimiento prioritario de los derechos culturales, sociales y económicos.

    • Eliminar todos los vestigios de autoritarismo de las instituciones.

    Conclusión:

    Si bien el Mercado repercute en el Estado, podemos observar que ejerce corrupción en sentido Democrático.

    Lo que conocemos como Democracia es consecuencia del Mercado, al igual que el manejo de la economía. La economía permite la mediación con el dinero, siendo una relación de costo - beneficio, en la cual los individuos se encuentran atados por el dinero.

    De Democracia no se tiene una ideología definida, de tal modo que se puede ejercer en sentido autoritario.

    El aumento del Mercado produce un ascenso en la regulación del valor Privado, lo cual influye en las instituciones y repercute sobre los sujetos.

    Democracia y Mercado establecen una relación para valorizar el lugar público.

    A la enseñanza, si no se le establece un cambio sus políticas de educación, seguirá generando gente incapaz de estar en condición de desarrollar tareas; ya que educación y pobreza van acompañadas como factor de políticas de desarrollo que no se encuentran en vigencia en nuestro país.

    Como se observo la pobreza es consecuencia de la mala educación / capacitación; y a los ciudadanos solo les queda recurrir a trabajos mal pagos y con excesivas horas laborales, que les impiden la posibilidad de mejorar su nivel de educación.

    El valor de lo privado - mercantil modela las instituciones creadas para la cosa pública, debe conformarse un paso de la Democracia mercantil a la democracia pública para crear un avance en el sistema tecnocrático (relación entre Manejo - Maquina).

    Por lo realizado en nuestro trabajo de campo, se comprobó que comparando el nivel educacional de las personas, aquellas que han alcanzado mayor nivel de educación pueden definir con mayor precisión las preguntas a las cuales fueron sometidos. En cuanto a las categorizaciones aquellos que tienen mejor educación saben definir más claro los conceptos puntualmente establecidos sin establecer una relación entre dos categorías iguales, pero con diferente nombre (tienen más manejo de sinónimos y antónimos). La falta de nivel educativo se la podría tomar como carencia en relación con la pobreza - esto es un índice pero una determinación - ya que hay gente pobre que tiene educación (no siempre el que es pobre es ignorante) (según el modelo Fordismo).

    En los aspectos que hace a definir Democracia, Política y Constitución podemos inferir:

    1°) existe una carencia del ejercicio democrático en nuestra sociedad y como lo demostramos en nuestro trabajo son muy pocos los momentos democráticos en los que hemos vivido.

    2°) hacer política no es lo que hacen nuestros políticos por lo tanto la sociedad argentina cuando emite juicios sobre lo que es la política, lo define por lo que hacen los políticos, falta de escrúpulos, falta de moral, corrupción, enriquecimiento a breve plazo, etc.

    3°) la constitución, es decir nuestra carta magna, la sociedad argentina se ha olvidado por el poco ejercicio que es ella la que nos debe ampararen nuestro derechos y garantías.

    4°) si vivimos en una sociedad donde la política económica, la educación, la salud tienden a la pobreza y de hecho estamos en pobreza, estas ideas la gente la relaciona con democracia y política y pierde de vista el horizonte en donde el preámbulo dice " promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros y nuestra......."es decir, que en el malestar social que estamos incluidos hace que no podamos pensar y poco a poco perdamos de vista los significados de la palabra democracia política y constitución.

    Bibliografía:

    Videos:

    • La Historia del Mundo (Clarín)

    • La República perdida

    Base de Datos:

    • INDEC

    • CÁRITAS

    • UNICEF ARGENTINA

    • NACIONES UNIDAS

    • LOS SIN TECHO

    Diarios:

    • Clarín (8 - 9 - 97)

    • Clarín (5- 4 - 98)

    • Página 12 (7 - 6 - 98)

    Libros de refuerzo:

    • “Funcionamiento de la economía y poder político en la Argentina: trabas para la Democracia” - Jorge F. Sabato y Jorge Schvarzer.

    • “La clase dominante en la Argentina moderna, Formación y características”. - Jorge F. Sabato, Ed. CISEA, Buenos Aires, 1998.

    • Autoritarismo Democrático - Narciso Bembenaste - Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

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