Drogadicción

Ciencias sociales. Enfermedad. Adicción. Drogodependencia. Síntomas. Ayuda. Consejos. Etapas. Consecuencias. Daños

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DROGADICCIÓN

Extensamente difundida en los últimos años, la drogadicción es una enfermedad estimulada por grandes intereses económicos, a menudo con la complicidad de altos funcionarios gubernamentales que entran en el reparto de los beneficios.

La víctimas son sobre todo los jóvenes que, rebelados contra una sociedad injusta que rechazan, sin estímulos laborales, culturales ni sociales que den razón a sus vidas, optan por refugiarse en la droga porque les placentera evasión.

La droga está asociada con el vacío interior, el hastió, aburrimiento, disconformidad, inadaptación, soledad, carencia afectiva, el miedo a vivir. Pero estos factores no son mero producto de una predisposición individual, sino la consecuencia de la crisis que toda la sociedad sobrelleva cuando se desliza sobre un desequilibrio estructural. Para ocuparse de la droga, pues, habría que analizar las condiciones de la familia, la escuela, el trabajo, la cultura, el tiempo libre, las relaciones sociales, etc.

Estadísticas recientes muestran que en la Argentina hay 20.000 drogadictos totales y cerca de 250.000 consumidores esporádicos. El 83 % de los pacientes tratados tienen entre 15 y 26 años de edad ( el 30 % de ellos tienen entre 15 y 18). El 80 % se droga con estupefacientes y psicotrópicos que se venden bajo receta en las farmacias y el 20 % restante es clientela del negocio ilegal, especialmente de marihuana (90 % de los casos). La mitad de los pacientes tratados no estudia ni trabajo, una tercera parte son hijos de padres separados.

No hay duda de que los factores predisponentes y condicionantes de la drogadicción deben buscarse en el marco social general, así como en la familia, la infancia, la relación con los padres, las amistades, el tipo de crianza y educación, las posibilidades laborales, pero el factor desencadenaste puede ser una crisis vital, una perdida familiar, la imposibilidad de conseguir empleo, la ausencia de proyectos. La crisis de identidad que caracteriza a la adolescencia pude ser el detonante que empuja hacia la droga.

Es cierto que todo puede empezar por simple curiosidad y deseo de experimentar, por presión de amigos mal encaminado, y hasta como un acto de osadía, de desafío al riesgo ya a lo prohibido. Pero detrás de una actitud circunstancial habrá que buscar las causas profundas que llevan a drogarse.

La recuperación del adicto es posible cuando se logra conquistar su voluntad para que se ayude a si mismo, aparte de contar con la natural solidaridad del grupo familiar.

La internación del joven para una cura de desintoxicación es solo una parte del tratamiento, ya que lo esencial es revertir las causas del mal. No nos referimos a las causas intimas, es decir, al marco general de una sociedad injusta y corrupta basada en el lucro y en la explotación del trabajo, porque ello escapa nuestras posibilidades individuales, sino a las motivaciones directas, a la intervención de la familia y al estimulo de las ideas, para que el joven se realice como persona.

Como descubrir si su hijo es drogadicto

En primer lugar conociendo los síntomas de cada adicción y en segundo término aprendiendo a descubrir los cambios de conducta. Las claves son muy sencillas:

Asumir el rol de padres realmente atentos a las reales necesidades de sus hijos. Mantener con ellos un diálogo no sólo construido con palabras.

Quien hace uso de heroína, por dar un caso, podrá tener las pupilas muy dilatadas o al contrario empequeñecidas fuera de lo habitual. En el caso de aplicarse la sustancia por vía endovenosa, se señala, los pinchazos sólo podrán ser descubiertos si se recurre a una revisión corporal.

Cuando los signos son más evidentes, es decir cuando el chico manifiesta una crisis y se le pone la piel de gallina, suda, se agita, le duele el estomago y bosteza permanentemente puede ser muy tarde: Estos son los síntomas de una crisis de abstinencia que revelan que el joven ya es dependiente de la droga.

En muchos casos, la conducta esquiva y rebelde de los jóvenes fue la pista que abrió los ojos de los papas. Pero el comportamiento de los adolescentes debe ser evaluado con prudencia.

Una de las señales clásicas es el cambio en el ritmo del sueño. Hay que estar atentos si el muchacho trasnocha, nunca quiere ir a dormir y a la mañana le cuesta despertarse.

También debe preocupar, se agrega, el hecho de que el joven se muestre apático, que con frecuencia falte al colegio, y a la vez, demuestre creciente desinterés por el estudio, mal humor, nerviosismo, agresividad o una rebeldía persistente, cierra con llave sus cuartos, gavetas o cajas.

Necesidad permanente de dinero, llamadas telefónicas a “amigos” misteriosos, nuevos conocidos que nada tienen que ver con el grupo habitual de amistades, son circunstancias que podrían indicar peligro, así como la desaparición injustificada de dinero o de objetos de valor de la casa. Una injustificada “caída” física que no tiene una explicación común, extrañas marcas en los brazos, agujas, jeringas, cucharas quemadas, Papeles para enrollar o liar cigarrillos, pipas y pinzas que se usan para consumir marihuana, Frascos pequeños de medicinas, espejos, o cuadritos de vidrio que se usan para consumir cocaína, Calcetines que huelen a spray para el pelo, latas o recipientes vacíos de pegamento, o latas vacías de spray para el pelo, que puede ser restos del consumo de inhalantes son, en fin, otros datos que pueden confirmar los temores.

Consejo útiles para los padres

La primera y fundamental advertencia es no romper el dialogo con el hijo que se droga. No ayuda a nada recriminar, discutir con él. Tampoco es útil que los padres asuman la actitud de víctimas y usen frases del estilo de “así nos pagas todo lo que hicimos por vos” evidentemente, expulsarlo de la casa es una pésima decisión.

Establecer un dialogo franco con el hijo, sobre todo si se trata de padres que antes no dedicaron el tiempo y las ganas suficientes para ocuparse seriamente del hijo o si es el caso de esas familias que accedían a los caprichos del chico para desembarazarse de el.

Es necesario ayudar al chico a sentirse bien consigo mismo. Una baja autoestima favorece conductas autodestructivas. Ante los fracasos es bueno que los padres valoren los esfuerzos de sus hijos.

No es conveniente indagar sobre los inútiles detalles de cómo se droga, en todo caso los padres deberían preguntar solamente cuanto y desde cuando se drogan. No buscar aparentar aire doctoral en algo que se ignora.

No es bueno asumir un tono inquisitivo ni tampoco demasiado moralizante. Mucho menos tener compasión por el hijo. De nada sirve aceptar las excusas que pondrá el chico para justificar su conducta.

Tampoco conviene darle consejos inútiles. Cada uno, desgraciadamente, sabe equivocarse solo.

Los padres no se deben ilusionar con que es fácil restablecer con el hijo una buena relación. Es prudente que los papas busquen ayuda en quienes saben mas que ellos. Por ejemplo, de otros padres que han pasado por esta experiencia o del medico de familia, si se tiene uno, o de los expertos de los centros de ayuda públicos y privados.

No ceder nunca a los pedidos de dinero del hijo o a sus extorsiones con la ilusión de evitar lo peor. Es común que los padres se dejen engañar por las “escenas” de una crisis de abstinencia, que generalmente están cargadas de “arte”. No hay que olvidar que si ya depende de la droga, no querrá cambiar sus hábitos hasta que ha tocado fondo.

Una vez que los padres han enfrentado el tema con su hijo, debe plantearse como ayudarlo de modo concreto, especialmente informándose sobre todas las terapias de recuperación existente.

Es fácil fomentar actividades recreativas. Jugar con los hijos puede favorecer el entendimiento con ellos.

LA PREDISPOSICIÓN PSICOLÓGICA

En todo grupo humano, aquellos que son marcadamente depresivos tienen más probabilidades de volverse farmacodependiente. El drogarse representa para ellos un alivio para su "mal vivir", la fórmula más fácil para huir de una situación de sufrimiento que casi siempre tiene sus raíces en la niñez. Para estas personas la dependencia puede ser, al principio, un descubrimiento maravilloso porque invade su campo de conciencia para ya no ver sus verdaderos problemas y pensar únicamente en la droga.

Muchos psicoanalistas coinciden en reconocer los siguientes rasgos de personalidad que al parecer predisponen a la farmacodependencia:

a) falta de confianza en sí mismo (pobre autoestima) y pasividad;

b) dificultades de interrelación y de socialización ;

c) poca capacidad de decisión, confusión o falta de valores;

d) vulnerabilidad a toda influencia externa;

e) intolerancia a las frustraciones (dolor, fracaso).

Los expertos en farmacodependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) definen este estado del individuo como un "retraso en su desarrollo" (es decir: la incapacidad de desarrollarse con arreglo a lo que esperan de él los padres y la sociedad, y lo consideran como un factor decisivo en el desencadenamiento de la toxicomanía. El educador que conoce a sus alumnos puede detectar a tiempo estos rasgos o "señales de alarma" y actuar preventivamente.

SALUD: UNA ALARMANTE PRACTICA QUE PUEDE TERMINAR EN ADICCION

Los peligros de automedicarse para rendir en los exámenes

Algunos estudiantes universitarios recurren a riesgosos derivados de las anfetaminas · Otras sustancias son inofensivas, pero ineficaces

El examen se acerca y todavía falta mucho por estudiar. El cansancio y el estrés aumentan y, por lo tanto, la concentración disminuye. Todos los estudiantes —especialmente los universitarios— conocen la sensación: cada vez queda menos tiempo y es crucial aprovecharlo al máximo, aunque sea sacrificando salud y horas de sueño.

La salida toma forma de estimulantes varios. Desde los clásicos mates y enormes tazas de café hasta productos farmacéuticos que prometen renovar la energía, estimular la memoria y espantar el sueño. Pero los expertos advierten sobre los peligros de automedicarse. Y recomiendan métodos más naturales para aumentar el rendimiento sin comprometer la salud.

"Los estudiantes que buscan un producto para mejorar su rendimiento, porque se cansan o les cuesta memorizar, en realidad no lo hacen porque quieren rendir más, sino porque notan que están rindiendo menos —advierte el neurólogo Alejandro Andersson, presidente del Instituto de Neurología Buenos Aires—. Esto sucede especialmente después de mitad de año. Notan que lo que antes leían en una hora, ahora les lleva cuatro. Esos chicos que advierten una disminución del rendimiento intelectual son estudiantes que por el ritmo del año y otros factores, como no tener un adecuado régimen de actividad física u horas de sueño, se cansan y estresan. El estrés es una respuesta de defensa muy importante, es un mecanismo de adaptación. El problema es cuando se hace crónico. Cuando estás cansado y agotado, descansás peor a la noche y rendís menos intelectualmente. Esto no se soluciona con productos farmacéuticos: no hay una pastilla para el cansancio", advierte el especialista.

Entre los productos a los que recurren los estudiantes los hay de venta bajo estricta receta, como las anfetaminas y sus derivados. Los controles, de todas maneras, no impiden un mercado paralelo ilegal. También los hay de venta libre, como las vitaminas o tónicos, que además de vitaminas reúnen minerales y aminoácidos.

"Las anfetaminas puras son difíciles de obtener —explica Antonio Somaini, ex presidente del Colegio de Farmacéuticos de la Capital— porque hace falta receta médica oficial en duplicado. Pero hay algunos derivados de anfetaminas que todavía están en el mercado y que pueden provocar serios problemas de adicción. Algunos estudiantes empiezan tomándolos para no dormirse y terminan haciéndose dependientes. El riesgo es que deterioran las neuronas y terminan afectando la conducta y el rendimiento. Estimulan durante unas 5 horas, pero después hay una caída. Entonces, toman más para sentirse en actividad y, cuando están muy excitados, recurren a los psicotrópicos tranquilizantes. De allí a la drogadicción hay un paso", concluye Somaini.

El doctor Alberto Calabrese, comisionado general de Prevención y Asistencia de la Secretaría de Drogas, recuerda que "en el año 67 se hizo un estudio y se descubrió que el ochenta por ciento de los 5.000 alumnos de la Facultad de Medicina consumía anfetaminas para aumentar su rendimiento. Después, las anfetaminas cayeron en desuso y no hay datos actuales sobre si se siguen empleando para estudiar más. Según observamos, los estudiantes sí usan psicofármacos del grupo de los tranquilizantes menores para aliviar las tensiones. Suelen estar presionados por la frustración frente a la falta de expectativas o la incertidumbre sobre si van a poder insertarse en el mercado laboral", explica Calabrese.

"Las anfetaminas no favorecen el aprendizaje. Hacen que el organismo trabaje de una manera muy superior a lo que debería, y eso se termina pagando. Si bien en apariencia aumentan la memoria, se caracterizan por ocasionar lapsus. El estudiante se presenta al examen muy acelerado, con un montón de cosas en la cabeza, pero tiene lagunas durante el examen y no las recuerda", explica Andersson.

También existen productos de venta libre, fundamentalmente vitaminas y tónicos, usados con la ilusión de aumentar las energías y el rendimiento en el estudio.

"Desde el punto de vista científico, no es cierto que una persona pueda mejorar su rendimiento tomando vitaminas. Las vitaminas son nutrientes que necesitamos para funcionar y un exceso no garantiza un mejor funcionamiento", afirma el nutricionista y docente de la UBA Daniel De Girolami. "Es cierto que una persona que tiene una dieta insuficiente o no aprovecha algunas sustancias debido a alguna enfermedad, necesita un suplemento vitamínico. Pero con una alimentación normal, por lo general la gente cubre sus necesidades como debe", agrega.

Además de no servir a los propósitos de mejorar la performance, un exceso de vitaminas puede ser peligroso. Los expertos recomiendan tomarlas solamente cuando las indica un médico. "Las vitaminas hidrosolubles, es decir, que se disuelven en agua, no son peligrosas. Pero las liposolubles, es decir la A, D, E y K que se disuelven en grasa, sí porque se forman depósitos en el organismo. Un exceso puede ocasionar hipervitaminosis y generar trastornos orgánicos", dice De Girolami.

"El consumo de vitaminas y suplementos dietarios ha aumentado considerablemente de la mano de publicidades engañosas. El riesgo sanitario es bajo en ese tipo de consumos, pero hay que evitar la automedicación", sostiene Norberto Pallavicini, interventor de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (ANMAT). Y advierte: "Ninguna sustancia puede aumentar la capacidad intelectual".

"Entre el grupo de los tónicos hay cosas como el ginseng cuyo poder energizante es muy discutido. Tampoco es dañino. Esta clase de productos no son adictivos en sí, pero pueden ser placebos", dice Andersson. Calabrese coincide: "El riesgo de los productos de venta libre no es tan alto. El problema es la asociación en la imagen de cada quien de que necesita una sustancia determinada para rendir de determinada manera".

Efectos de las drogas en general:

Los efectos producidos por el consumo de cualquier droga varían en función de la interacción de numerosos factores, entre los que se encuentran:

a) Las características de la sustancia ingerida (tipo de droga, calidad, pureza química, cantidad)

b) Las características individuales del consumidor (edad, peso corporal, metabolismo, estado de salud general, rasgos de carácter, personalidad, formación, conocimiento, creencias, etc..)

c) Las circunstancias y el medio en que se consume (estado de animo, experiencia previa, expectativas, la razón por la que se toma la droga, ambiente social y cultural, etc...)

Tal diversidad de factores hace imposible predecir con absoluta seguridad que tipo de reacciones provocara el uso de una droga en determinada persona.

Daños de las drogas en general:

Un grupo de científicos norteamericanos logró, por primera vez, tomar imágenes que muestran cómo estas sustancias tóxicas sacuden la actividad cerebral y logran transformar la química del órgano inteligente del cuerpo humano. Se ha demostrado que el uso de drogas, multiplica el principio generador de la sensación del placer en los seres humanos. Entre más placer produce una droga, más peligrosa es esta también. Se podría pensar que la idea de que las drogas dañan al cuerpo es una idea que ha ido de boca en boca y no a ciencia cierta científica. La diferencia es que científicos en Nueva York han demostrado con pruebas que esta idea es cierta.

En base a un estudio paciente, y a la TEP (Tomografía por Emisión de Posiciones). Es decir una cadena de fotografías reales que muestran lo que sucede en el cerebro de las víctimas de diferentes drogas, tales como el alcohol, el tabaco, la cocaína, etc..

Para entender esto es necesario hacer mención a como funciona el cerebro. Las neuronas se comunican entre si por medio de unas sustancias químicas que reciben el nombre de "neurotransmisores" y que viajan de célula en célula. Hay un neurotransmisor llamado dopamina, que se dirige a una parte en especial del cerebro -el nucleus accumbens-, y es el responsable del placer que transmiten las neuronas".

etapas en esta enfermedad


En la drogadependencia pueden identificarse las siguientes etapas:
a) euforia: de carácter patológico, es el resultado del juego artificial y morboso de la sustancia actuante sobre el organismo. Muchas veces las sensaciones despertadas por la droga son muy desagradables (por ejemplo: inyección intravenosa de cocaína), pese a lo cual el enfermo necesita su reiteración.
b) acostumbramiento: permite soportar dosis que resultarían fatales para un sujeto novicio. Este efecto es reversible y eventualmente un toxicómano sometido a un tratamiento desintoxicante, si reincide luego con una dosis equivalente a la última consumida, puede padecer un cuadro tóxico y aún mortal.
c) hábito: para originar el mismo efecto, el adicto necesita aumentar paulatinamente la cantidad de droga usada, con lo cual incrementa su intoxicación.
d) dependencia: puede ser de naturaleza orgánica (p. ej.: morfina, barbitúricos: se relacionan con el metabolismo celular hasta resultar imprescindibles al mismo), o psíquica (p. ej.: cocaína, anfetaminas, aspirinas). También hay dependencia mixta: orgánicas y psíquicas. La compulsión en todo tipo de dependencia es parecida y de una fuerza muy grande.
e) abstinencia: ocurre ante la supresión brusca de la droga en una persona habituada. Los síntomas sobrevinientes suelen ser antagónicos con respecto a aquellos que causa la sustancia toxicomanígena: en los morfinómanos, los síntomas son contrarios a los normales, evidenciando midriasis en lugar de miosis, intranquilidad y excitación en vez de lasitud, etc. La abstinencia trastorna la difícil personalidad del adicto, llevándolo a límites peligrosos de exacerbación psicopática.

Las consecuencias de las adicciones son perjudiciales no sólo para el propio individuo, sino también para su familia, su ambiente laboral y la comunidad entera. La célula básica de toda organización social, la familia, tiende a disgregarse rápidamente. El adicto generalmente termina por abandonar su familia, deja de cumplir sus obligaciones laborales y sociales, arrastrando a la miseria a quienes lo rodean. Aparecen entonces trastornos de conducta, abandono escolar, cambio de amigos por otras compañías marginales. Todos sus recursos monetarios son utilizados para conseguir la droga. En innumerables ocasiones, la necesidad de dinero impulsa al adicto a cometer delitos (incluso, son frecuentes los robos a miembros de la propia familia) o a caer en la prostitución. Así, el drogadicto se convierte en una persona que ha aprendido a moverse en un mundo ilegal, alejado del factor productivo. Por otra parte, la promiscuidad, la falta de higiene y de precauciones personales, son vías que favorecen la propagación de todo tipo de enfermedades infectocontagiosas. Todo esto produce un enorme consumo de recursos económicos para el Estado y para toda la cadena productiva de una sociedad. Estos simples ejemplos sirven para evidenciar el peligro social que representan los efectos de las drogas, y permite afirmar con absoluta certeza que, por un lado, no es moral ni lícito hablar de libertad frente a tan terribles consecuencias, y por otro, los daños sociales que se producen son inaceptables, y sus consecuencias son casi siempre irremediables.