Drácula

Cine. Mitología. Vampiros. Historia. Rumania. Transilvania. Literatura

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LAS LEYENDAS QUE DIERON ORIGEN AL MITO DE DRÁCULA

El origen del fascinante mito del no-muerto se remonta a la Edad Media, a las regiones eslavas y los estados bálticos de Europa del Este. El nacimiento de la configuración del mito podría tener su origen en varios hechos históricos, como la existencia de una rara enfermedad relacionada con la pigmentación de los glóbulos rojos que producía en el enfermo llagas sangrantes en la piel con sólo una breve exposición a la luz.

 

Hay leyendas que relacionan el origen de los vampiros a una secta cristiana cuya máxima residía en que proclamaban conocer el secreto de la resurrección de Cristo. Este grupo fue expulsado de Palestina para asentarse en Europa Central donde tomaron poder como señores feudales. Es aquí donde la versión histórica de nuestro personaje toma forma. El hijo de un príncipe transilvano conocido como Vlad Dracul, y que reinó durante el S.XV, fue apodado Drácula. Su padre fue un héroe para su país y destacó por defender su reino contra las invasiones Turcas. Sin embargo, pasó a la historia por demostrar su crueldad con sus enemigos, ganándose así el sobrenombre de Vlad Tepes (el Empalador). Así, los adversarios del Príncipe de Valaquia eran ensartados vivos en afilados mástiles una vez les había torturado cortándoles pies y manos. Estas historias fueron contadas por monjes que transformaban y enriquecían los hechos para hacerlas más aterradoras. Una de estas historias contaba cómo el Príncipe Vlad tenía costumbre de comer rodeado de cadáveres y moribundos. Mojaba el pan en la sangre de los cadáveres que sus sirvientes recogían en un cuenco. De esta manera fue forjándose el mito del no-muerto sobre una base de hechos reales.

 

 

LA REALIDAD DEL MITO

Vlad Tepes, "Vlad el Empalador", conocido en el mundo entero como Drácula, nació en Rumania (1428-1476). Hijo de Vlad Dracul (caballero de la orden del dragón - 1431) y nieto de Mircea el Grande, soberano de Velaquia (1368-1418) fue uno de los príncipes rumanos que por sus diversas hazañas y su nada corriente personalidad, llamó la atención y ocasiono el interés de forma muy especial no sólo de sus contemporáneos sino también de la historia y literatura actuales. Para algunos historiadores del tema, Drácula fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país y del cristianismo, mientras que para otros se trataba de un caso patológico, el de alguien que torturaba, atormentaba y por supuesto mataba para divertirse, por puro placer; así, muchas de sus atrocidades fueron motivadas solamente por una “corriente de irracionalidad”. Era muy duro con aquellos que juzgaba culpables de pereza o inmoralidad, especialmente si eran mujeres.

Fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad "El Diablo", príncipe de Velaquia (antiguo principado danubiano, que formo con Moldavia el reino de Rumania). Hoy en día, constituye dos regiones geográficas bien definidas: la Mutenia, situada al este del río Olt, y la Oltenia, al oeste. El viejo Vlad se gana por méritos propios el apodo de "Dracul" (El Diablo) por su afamada crueldad y sangre fría y que posteriormente heredaría su predecesor. No se conoce con exactitud la fecha y lugar de nacimiento, pero se estima que vio el mundo por primera vez allá por 1428 en la ciudad de Sighisoara (Transilvania, situada en la región de Brashov, y fundada en 1280). Su padre residía allí en una mansión que hoy todavía se conserva (Bran Castle). Ha pasado a la historia por su apodo Drácula (proviene de "Draculea". La terminación "ulea" en rumano quiere decir "hijo de", lo que podría traducirse como "El hijo del Diablo"). Reinó como príncipe de Velaquia en 1448; de 1456 a 1462, y finalmente en 1476, año de su muerte. El pueblo le puso como apodo también "Tepes" (Empalador) ya que esta era la pena capital a la que más era aficionado y que aplicaba con mas prodigalidad, aunque esta última expresión, hasta mediados del siglo XVI no aparecería en ningún documento.

En aquellos tiempos, el trono de Velaquia estaba amenazado desde el exterior por los turcos y húngaros, y en el interior por los nobles ávidos de poder que luchaban entre ellos con un salvajismo y ferocidad mas que bestial. La trágica muerte de su padre, que fue ejecutado por Iancu de Hunedoara en 1447, obligó al joven Vlad a ponerse al lado de los turcos, adversarios de Iancu, con cuya ayuda accedió al trono de Velaquia en Septiembre de 1448, y aunque el príncipe Vladislav II, pretendiente al trono, y apoyado por los húngaros y la población de origen alemán, fue derrotado en Kossovo (al norte de la actual Macedonia junto al río del mismo nombre) éste sólo consiguió conservar el trono unas pocas semanas.

La vida y gracia de Vlad se conoce muy poco hasta el año 1456. Durante estos años, Vlad fue separándose de los turcos y estrechando las relaciones con su enemigo Iancu de Hunedoara, lo que sí era moralmente recusable, era sin embargo muy práctico. No era nada extraño durante esa época el hecho de cambiar las ideas y conveniencias políticas de una manera un tanto extraña y del todo inesperada, sólo hay que echar un vistazo a la historia de los grandes y diversos reinos de la Europa Occidental. Este repentino viraje político se manifestaba solo en una cosa: el deseo para Vlad de volver a reinar en Velaquia. Seguía atentamente las crecientes desavenencias entre Vladislav y Iancu hasta que el 23 de Abril de 1452, Iancu iniciaba la guerra, arrebatando a su rival las ciudades y propiedades que poseía en Transilvania, circunstancia que aprovechó Vlad para ofrecerse al vencedor como pretendiente al gobierno de éstas, solicitando su ayuda y prometiéndole una "fidelidad inquebrantable". Pero, el 6 de Abril de 1545, Vladislav, negado y resignado al hecho de ser derrotado, irrumpía en Transilvania arrasando, matando, quemando y saqueando. Draculea, deseando conservar su trono, solicitó y obtuvo el mando de un pequeño ejército aprovechando la intervención en la guerra del monarca húngaro Ladislao V de Habsburgo, Archiduque de Austria y Rey de Bohemia, que veía amenazados sus intereses en la región. La pugna le fue favorable, logrando apresar a Vladislav al que hizo decapitar en la ciudad de Tirgusor (cerca de Tirgovisthe, la antigua capital de Velaquia). El 3 de Julio, fue una fecha importante para Vlad puesto que volvería a reinar y garantizaría a sus súbditos la protección contra los turcos y el libre comercio allende de las montañas de Velaquia, a cambio de que éstos le prestaran ayuda en caso de guerra.

El hecho de que el nuevo príncipe obraba con "demasiada independencia" dio la voz de alarma a los húngaros y alemanes los cuales fueron modificando su actitud, llegando a solicitar el 14 de Febrero de 1457 a sus súbditos que apoyaran a otros pretendientes. No tardaron en iniciarse una serie de alianzas e intrigas, acompañadas (como podía esperarse) de lealtades y traiciones. En el año 1459, Draculea ordenó empalar a algunos rebeldes destacados y arrojar al fuego a otros, siendo este el macabro y tortuoso inicio de su carrera de crueldades. Favorecido por la suerte, logró atrapar al más peligroso de sus adversarios, Dan Voeivod en la primavera de 1460, al que obligó a cavar su propia tumba y asistir a sus funerales antes de hacerlo decapitar. El 24 de Agosto redujo a los últimos rebeldes; hizo empalar a algunos pero curiosamente se mostró excesivamente generoso con otros.

Consolidado su trono, "El Empalador" se alzó contra los turcos a los cuales no les pagaba los tributos que éstos exigían desde hace tres años. El sultán Muhammad II, el conquistador de Constantinopla, conociendo el temple de su enemigo y el coraje y bravura de sus guerreros, prefirió utilizar la cabeza antes que la fuerza. Le envió como mensajero al colaboracionista griego Catavolinos, citándole en Giurgiu (fortaleza y puerto danubiano, no lejos de Bucarest) para solucionar un "pequeño problema fronterizo", apostando cerca de la población un destacamento de tropas escogidas al mando de Hamza Beg. Vlad fingió caer en la trampa, (ya se había olido que dicha citación no era normal y menos tratándose de un asunto aparentemente de tan poca importancia) e incluso se presentó con parte de los tributos pendientes y algunos presentes para el Sultán pero a su vez traía consigo un fuerte contingente de caballería que derrotó a los turcos (puesto que éstos eran muy inferiores en número) tras apoderarse del lugar, haciendo prisioneros además al griego y al general otomano, los cuales junto con el resto de los apresados fueron conducidos a Tirgovisthe, capital de Velaquia, y posteriormente empalados. Animado por el éxito, Vlad se pasó a la orilla derecha del Danubio, incendiando y saqueando tras derrotar a las tropas turcas. El 11 de Enero de 1462, en una carta que estaba dirigida al nuevo soberano húngaro Matías Corvino, daba cuenta de haber acabado con más de 24.000 enemigos habiendo hecho amontonar sus cabezas y contarlas, con la excepción de los que murieron en los incendios de sus casas. Consecuencia de estas incursiones, estaban tan desmoralizados que muchos de ellos prefirieron abandonar Estambul ante el temor de que este pudiera apoderarse de la ciudad, conquistada hace pocos años y en la que aún quedaban gentes que recordando el espléndido periodo bizantino, no hubieran dudado en levantarse contra sus dominadores.

Enfurecido, Muhammad II dispuso de un gran ejercito de unos 250.000 hombres y una flota dispuesta a remontar el Danubio. Vlad no podía oponer más de 10.000 hombres y recurrir a tácticas como la guerrilla y la "tierra quemada" (primavera/verano de 1462). Tras sufrir muchas bajas, haberse declarado una importante epidemia de peste y no poder apoderarse la flota turca de la ciudadela de Kilia (al sur de Moldavia), el Sultán ordena la retirada de sus tropas y una vez en Estambul valiéndose de su genio y astucia, le opuso a uno de sus propios hermanos, Randu "el Hermoso" que se había pasado al bando otomano, arrastrando algunos de los principales boyardos. Finalmente, tras una serie de intrigas (falsificación de documentos incluida) muy de la época y del lugar, Muhammad logra que el Rey ordenara el arresto de Vlad que fue encerrado durante doce años, primero en Visegrado (cerca de Sarajevo, a orillas del Drina) y posteriormente en las inmediaciones de Budapest, donde recibía un trato especial, es decir, era tratado con mayores consideraciones. Mientras tanto, entre 1462 y 1475, Randu, hombre débil y carente de personalidad, se sentó en el trono de Velaquia casi como un títere de los turcos.

Las circunstancias que permitieron a Vlad, librarse de la prisión no están muy claras, pero es sabido que tomó parte en la batalla de Vaslui (en la región de Jashi, Moldavia), el 10 de Enero de 1475, formando parte del contingente enviado por el Rey de Hungría al príncipe transilvano Esteban Báthory contra los turcos. Lo curioso y por otro lado cierto, es que Draculea volvía a ocupar su trono el 11 de Noviembre de 1476. Semanas más tarde, los turcos le sorprendieron desprevenido con una escolta de sólo 200 hombres (de los cuales sólo sobrevivieron 10 para contarlo) y le dieron muerte. La cabeza de Vlad fue enviada a Estambul y exhibida públicamente. Le sucedió su hermano Randu, pero siempre supeditado a la "Sublime Puerta", que reino hasta Septiembre de 1500.

SIMBOLISMO Y EVOLUCIÓN

La idea del vampiro como ser reviniente de la tumba que vuelve de entre los muertos para atormentar a los vivos surge, como ya hemos explicado, en la Europa central de entre los siglos XV y XVII. Nace con unas características tanto físicas como de comportamiento muy distantes de la imagen que hoy en día tenemos del vampiro, pues en tanto en aquellos tiempos se trataba de un ser repugnante y temible, hoy en día la imagen que de él se tiene es mucho mas refinada, asociándole al aristócrata elegante que perpetuarán Bela Lugosi o Christopher Lee, e incluso al seductor ultraterreno encarnado por Tom Cruise. Es por esto por lo que merece mencionarse el hecho de que el cine, en sus cien años de historia, ha hecho evolucionar la imagen del mito mucho más que las leyendas que corrieron de boca en boca durante los cuatrocientos años precedentes.

Pocos mitos hay tan universales e inquietantes como el del vampiro. En todas las culturas, la sangre es percibida como una forma de energía vital y hasta la propia Iglesia Católica tiene como dogma la transubstanciación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo ("Quien lo coma y beba, adquirirá sus propiedades, es decir, la Gracia Santificante"). Una especie de canibalismo ritual, según la escuela Psicoanalítica de Freud.

Drácula es un paradójico "muerto vivo" que reposa en su ataúd, condenado eternamente sin reposo. Vive protegido por las tinieblas de la noche, dueñas y señoras del espacio infernal, pero no puede hacer nada ante la luz solar, símbolo de Dios. Se trata de la lucha eterna entre el bien y el mal.

El vampiro también representa al seductor depravado que penetra sus caninos fálicos en la carne de la doncella virgen y la desflora haciendo manar su sangre. Cae entonces en un letargo postorgásmico, pasado el cual desea de nuevo succionar sangre fresca. Perdida su inocencia, las víctimas, doncellas vírgenes, se transformarán también en depredadoras sexuales.

Sin embargo, el vampiro, no es tan omnipotente como se presenta. Se asemeja mucho al protagonista de la tragedia griega, porque él también es víctima de su destino, cosa que asume con toda dignidad. En realidad, la sangre no es otra cosa que la vida misma con atributos que va más allá de los físicos. En el "beso" del vampiro literario, radica el veneno que succiona la vida y la voluntad de la seducida.

Las características del vampiro se asemejan mucho, en sus aspectos depredadores, a la sombra interna, y este aparece como símbolo del inconsciente (en su aspecto más instintual) que seduce y devora al consciente (el aspecto luminoso).

Lo significativo es la versatilidad de ese ser que ha sido dibujado en diversas culturas y en diferentes tiempos hasta nuestros días. Pero su fama y su glamour, y la imagen que todos conocemos, llegó con las novelas de Bram Stoker y las versiones retocadas de su Drácula en Hollywood. Su figura cobró popularidad y fuerza, tanto que se instaló en el imaginario colectivo, se formaron grupos o clubes de fans y hasta ejerció una influencias nefastas sobre psiquismos enfermos que creyeron encarnar al famoso vampiro, convirtiéndose algunos de ellos, en asesinos seriales.

LA NOVELA

Los relatos contados fueron ciertamente populares durante los siglos XV y XVI. Pero no fue hasta el S.XIX cuando el escritor irlandés Bram Stoker realizó su particular versión del mito del príncipe rumano. El relato de Stoker es básicamente una historia de amor que combina la esencia de las leyendas del personaje histórico con el folklore transilvano, todo aderezado con tintes sobrenaturales en un texto escalofriante que ha servido de inspiración para un sinfín de obras inspiradas tanto en el relato o el personaje original como en el mito vampírico que originó.

 

El texto escrito en 1897 por Bram Stoker, fue publicado originalmente en Inglaterra y, hasta la fecha ha estado disponible, reedición tras reedición, en las estanterías de cualquier librería. La historia del Conde Drácula no se ha limitado a existir en las páginas impresas sino que ha pasado por todos los medios de comunicación existentes, desde el formato original como novela, hasta la producción cinematográfica más elaborada, pasando por los videojuegos o los cómics; bien adaptando la historia de Stoker o bien sobreviviendo como un personaje independiente.

 

DRÁCULA MODERNO

AÑOS 90 y 2000

En la década de los 90 el mito parece que resurgió de sus supuestas cenizas a través de sendas películas: Bram Stoker's Dracula (Dracula de Bram Stoker), dirigida en 1992 por Francis Ford Coppola, proponía, una vez más, la adaptación definitiva de la archinombrada novela, autodesmintiéndose desde la primera escena, en la que Drácula se nos propone como un cruzado de la cristiandad que se rebela ante su dios al descubrir que sus enemigos, los turcos, han acabado con su amada Elizabetha, siendo esta rebelión el desencadenante de su condena a vagar eternamente como un vampiro. Es así como la película se convierte en una improbable historia de amor, en la que el vampiro busca redimir sus pecados a través del mismo, y se permite incluso soltar alguna que otra lágrima. Y es aquí donde, después de años (siglos incluso) de arquetipo vampírico, éste es radicalmente reescrito. A pesar de ser promocionada como la adaptación definitiva de la obra de Stoker, Coppola realizó una versión estrictamente personal del texto.

Coppola no sólo se permitió contar con una larga fase de pre-producción donde perfeccionó concienzudamente el guión original del guionista de Hook (1991), James J. Hart. El aspecto artístico jugó un papel de relevancia desde el primer momento, así reunió a Jim Steranko y Eiko Ishioka para definir el aspecto visual general y el vestuario respectivamente. Gregg Cannon se encargó del maquillaje mientras que los efectos especiales se confiaron al supervisor de Terminator 2 (1991), Alison Savitch.

Todos los personajes que aparecen en esta película concuerdan con los descritos por Stoker a excepción de Mina, a quien se le otorga el importante detalle de ser la reencarnación del amor perdido del Conde Drácula. Coppola obvió lo que hasta el momento había sido la iconografía del mito, ataviado con smoking y capa de ir a la opera sustituyéndolo por un sofisticado aspecto que varía en las distintas fases del film.

 

El elenco de actores elegidos por Coppola no pudo ser más acertado. Compuesto por actores jóvenes conocidos por haber participado en una u otra producción, los papeles protagonistas fueron adjudicados a Gary Oldman (El quinto elemento, 1997) como Drácula, Wynona Rider (Poseídos, 2000) como Mina y, recién salido del éxito de El silencio de los corderos (1991), Anthony Hopkins como Van Helsing. En el resto del reparto aparecen actores como Keanu Reeves (Matrix, 1999), Cary Elwes (La princesa prometida, 1987) y Bill Campbell (Rocketeer, 1991).

Una de las decisiones más acertadas de Coppola fue el realizar una puesta al día de la cinta maldita de Murnau. De hecho muchas de las escenas se calcan de la producción alemana, como la particular forma de levantarse del ataúd o el utilizar la sombra del vampiro como manifestación del personaje.

En conclusión, nos encontramos ante una magnífica película del vampiro transilvano de la que muchos criticaron el no ser totalmente fiel al texto original tal y como rezaba su título.

Como el propio Coppola reconoció, las novelas de la escritora estadounidense Anne Rice, tuvieron un peso específico a la hora de tomar la decisión de humanizar a su Drácula. Rice con su novela Interview with The Vampire (Entrevista con el vampiro), y con las continuaciones de una trilogía que a la hora de escribir estas líneas va por el sexto volumen, redefinió el mito del vampiro como nadie antes había logrado hacerlo. Por primera vez el vampiro, el ser corrupto por antonomasia, el hijo de Lucifer, lloraba, reía y disfrutaba de los placeres de la no-vida. Se humanizaba, acercándole bastante más al concepto de superhéroe propuesto por la editorial Marvel que al de Nosferatu.

Sea como fuere, las novelas de Rice tuvieron un impacto tremendo en la idiosincrasia del mito, que salpicó a muchos de sus contemporáneos, tanto en el plano literario como en el cinematográfico, y que por supuesto, tuvieron su plasmación fílmica en 1994 de la mano de Neil Jordan en Interview with the Vampire (Entrevista con el vampiro), película que tan sólo parecía prometer un desfile de guapísimos galanes de Hollywood (Brad Pitt, Tom Cruise o Antonio Banderas). La película fue un auténtico éxito de taquilla (como la de Coppola), y con el paso del tiempo, va ganando adeptos. Lestat se convierte así en el segundo vampiro más "importante" de la imaginería del género, después del excelentísimo conde Drácula.

Roger Corman, maestro profesional de Coppola, aprovechó el tirón de la taquilla vampírica para producir dos películas sobre los señores de la noche. En la segunda de ellas, Dracula Rising (1992), Corman tomó la historia romántica que tan buen resultado dio a Coppola y se las ingenió para realizar este producto de serie B. Christopher Atkins, el protagonista de El Lago Azul (1980), interpreta al no muerto en esta historia de amor donde, según sus creadores "el horror es algo secundario".

 

El resto es tan confuso como lo fueron los mismos años noventa. Desde vampiros gamberros y pistoleros, herederos quizá de los jóvenes ocultos de Schumacher de From Dusk 'Till Down (Abierto hasta el amanecer), dirigida en 1996 por Robert Rodríguez y cuyo trepidante guión escribió Quentin Tarantino, pasando por los vampiros drogadictos de The Addiction de Abel Ferrara, o las mas recientes y exitosas Blade, protagonizada por Wesley Snipes y la particular visión del mito que nos dejó el genio del género John Carpenter en su Vampires de 1998.

Wes Craven, uno de los más innovadores realizadores del cine fantástico, puso en marcha Drácula 2001, pero sólo como productor de la cinta. La película fue dirigida por Patrick Lussier (Angeles y demonios 3, 2000).

 

LA SOMBRA DEL VAMPIRO

Ficha técnica

Dirección: E. Elias Merhige.
Países:
Reino Unido / USA / Luxemburgo.
Año: 2000.
Duración: 93 min.
Interpretación: John Malkovich (F.W. Murnau), Willem Dafoe (Max Schreck), Cary Elwes (Fritz Arno Wagner), John Aden Gillet (Henrick Galeen), Eddie Izzard (Gustav von Wangenheim), Udo Kier (Albin Grau), Catherine McCormack (Greta Schröder), Ronan Vibert (Wolfgang Müller), Ingeborga Dapkunaite (Micheline), Nicholas Elliott (Paul).
Guión: Steven Katz.
Producción: Nicolas Cage y Jeff Levine.
Música: Dan Jones.
Fotografía:
Lou Bogue.
Montaje: Chris Wyatt.
Diseño de producción: Assheton Gorton.
Dirección artística: Chris Bradley.
Vestuario: Caroline de Vivaise.

Sinopsis

Año 1921. F.W. Murnau está rodando Nosferatu en la Europa del Este. El director está decidido a hacer la película más auténtica jamás vista. Para este fin Murnau ha contratado a un vampiro auténtico, Max Schreck, como protagonista. Explica el peculiar comportamiento de Schreck diciendo a su equipo que es el no va más de la nueva generación: unl actor con método, formado por el mismísimo Stanislavsky. Si Schreck realiza la actuación que Murnau busca tan desesperadamente y controla hasta el final de la producción sus necesidades más indecorosas, el premio de Schreck será el sabroso cuello de la estrella de la película, Greta.

Referencias

Está dirigida por Elias Merhige, autor de numerosas obras de teatro que realizó su debut en el cine con Begitten, película de culto que es desconocida en Españaí. También ha realizado videos musicales de músicos como Marilyn Manson.

Se trata el primer guión escrito para el cine por Steven Katz, quien ya redactó un primer borrador de Entrevista con el vampiro. El asesor histórico es Luciano Berriatua, autor del magnífico libro Los proverbios chinos de F.W. Murnau, editado por la Filmoteca Española. Esta película consiguió una Mención especial del jurado en el Festival de Cine de Sitges 2000.

En la trama de esta película se contempla la antigua leyenda urbana que propone que realmente su utilizó un vampiro como protagonista de la cinta muda Nosferatu, dirigida por F. W. Murnau en 1922. Como no se sabe prácticamente nada acerca del actor que lo interpretó y hasta se duda de que su nombre (Max Schreck) haya sido real, la hipótesis que anima La sombra del vampiro se vuelve un excelente punto de partida: así como insistió en utilizar locaciones reales y algunos actores no profesionales, Murnau habría contratado para protagonizarlo a un vampiro de verdad. Desde allí, Merhige y su libretista Steven Katz elaboran una extraña comedia cinéfila con alegoría: el cine no es muy distinto del vampirismo y un director (o por lo menos un director-autor) es algo así como un conde Drácula aceptado en sociedad, que extrae toda la energía vital de sus actores y técnicos para hacer su film. O mejor, para permanecer inmortal en su film..

La sombra del vampiro sólo quiere tomar algunos datos de la realidad para elaborar una síntesis más abarcadora. El Murnau imaginario de ésta película es un compendio de los directores autócratas del período: Stroheim, Sternberg, Cecil B. DeMille o Fritz Lang tuvieron conductas no muy lejanas a las que se describen aquí y tanto DeMille como Lang, en particular, llegaron a provocar en sus rodajes la muerte de extras. Merhige y Katz se toman sus licencias en lo que respecta a equipamiento y condiciones de rodaje del período, pero capturan de manera general y convincente el clima que podía rodear a un realizador en la turbulenta Alemania de la primera posguerra. A diferencia de lo que pasaba en la industria norteamericana, allí el director tendía a ser el amo de su obra.

En esta película destacan unas sólidas actuaciones y un guión lleno de humor, pero mostrando apropiada reverencia por el Nosferatu original y sus talentosos creadores. Sin embargo, no es propiamente una comedia ni una cinta de horror, aunque derrama humor negro y sangre en igual proporción. En el fondo, se trata de un homenaje a los iniciadores del cine y a las ideas que entonces los motivaban.

Murnau (interpretado por John Malkovich) aparece como un torturado artista, obsesionado por el realismo y la inmortalidad de su obra. Sus diálogos son sumamente incisivos, y presenta varios monólogos a la vez absurdos por su pretensión, pero profundos en su significado sobre la importancia del cine como arte. Las actuaciones recuerdan la excesiva expresividad requerida por el cine mudo y ayudan a dibujar a los personajes con trazos grandes y burdos, pero llenos de sutilezas transmitidas por los hábiles actores.

Pero lo mejor de La sombra del vampiro es un humor sórdido que se parece bastante al de Nosferatu y que ya había sido evocado por Herzog y Klaus Kinski en su versión de ese film. La mayor parte de este humor proviene de la caracterización de Willem Dafoe, que construye a su vampiro con evidente placer, imaginando cómo se comportaría un vampiro que se esfuerza por actuar ante las cámaras porque le han prometido la sangre de la primera actriz. Inconsciente de su leyenda, éste nosferatu es incapaz de recordar sus orígenes porque ha pasado demasiado tiempo y declara que leer Drácula lo entristeció, porque la soledad del conde era también la suya. Uno de los momentos mejor logrados de todo el film sucede cuando el vampiro examina un proyector y comprende la analogía: la sombra del vampiro es el cine.

DRÁCULA 2001

Ficha técnica

Dirección y montaje: Patrick Lussier.
País:
USA.
Año: 2000.
Duración: 99 min.
Interpretación: Gerard Butler (Drácula), Christopher Plummer (Abraham Van Helsing), Jonny Lee Miller (Simon Sheppard), Justine Waddell (Mary Heller), Colleen Ann Fitzpatrick (Lucy), Jennifer Esposito (Solina), Omar Epps (Marcus), Sean Patrick Thomas (Trick), Danny Masterson (Nightshade), Lochlyn Munro (Eddie), Tig Fong (Dax), Tony Munch (Charlie), Jeri Ryan (Valerie Sharpe), Shane West (JT), Nathan Fillion (Padre David), Jonathan Whittaker (Gautreaux), Robert Verlaque (Dr. Seward).
Guión: Joel Soisson; basado en una historia de Joel Soisson y Patrick Lussier.
Producción: W.K. Border y Joel Soisson.
Producción ejecutiva: Wes Craven, Marianne Maddalena, Bob Weinstein, Harvey Weinstein y Andrew Rona.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía:
Peter Pau.
Diseño de producción: Carol Spier y Peter Devaney Flanagan.
Dirección artística: Elinor Rose Galbraith.
Vestuario: Denise Cronenberg.
Decorados: Peter P. Nicolakakos.

Sinopsis de la película

Una banda de ladrones abre una caja fuerte de alta seguridad en Londres esperando encontrar algún valiosísimo tesoro. Sin embargo, luego de burlar los sofisticados dispositivos electrónicos, se encuentran con una antigua cripta que sólo contiene un ataúd. Imposibilitados de abrirlo en ese lugar, deciden trasladarlo en un avión que parte rumbo a los Estados Unidos. Lo que desconocen es que el misterioso botín no contiene objetos de valor, sino al mismísimo conde Drácula (Gerald Butler).

Una vez vuelto a la vida, este noble rumano llega a Nueva Orleans en busca de una joven mujer, Mary (Justine Waddell). Una vez más, deberá enfrentarse a su eterno rival, Abraham Van Helsing (Christopher Plummer), quien cuenta con la ayuda del joven Simon Sheppard (Jonny Lee Miller).

Referencias

Entre la multitud de versiones en derredor al texto Drácula (1897) de Bram Stoker, existen dos vertientes. La primera, Nosferatu, de F. Murnau (1922), Nosferatu, el vampiro de la noche (1978) de Werner Herzog, verdadera relectura del mito, y La sombra del vampiro (2000), de E. Elías Merhige. Haciendo hincapié en estos tres, convergen en una mancomunión esencial, oscura, sòlida, macabra y ambigua entre el personaje, los actores y el realizador.

A la segunda variante pertenecen grosso modo, arbitrariamente seleccionados, los siguientes filmes: Drácula, príncipe de las tinieblas (1965) con Christopher Lee, actor que inicia la modalidad de un Drácula apuesto, dirigido por Terence Fisher; Drácula, fines de los 70, de John Badham, con Frank Langella y Drácula 2001, de Patrick Lussier (recordemos que George Hamilton hace el mismo rol, en tono de comedia, en Amor al primer mordisco, de Peter Medak). En esta segunda variante no hay un compromiso ni conexión entre los artistas y el personaje, generándose un resultado más ligero y menos auténtico con respecto a la primera vertiente.

Drácula 2001 tiene una producción de Wes Graven (dirigió la serie de filmes Scream y Música del corazón, un drama con Meryl Streep) y a Gerard Butler, con pose de galán, en el rol del inveterado vampiro, un Drácula asociado con Judas Iscariote que odia al cristianismo, más “fashion” e industrial, dirigido al público adolescente y a la taquilla segura. Aún así, este largometraje contiene una efectiva labor de dirección, fotografía y actuaciones, funcionales en relación al modelo antes mencionado, más un guión con diálogos no originales pero sí bien calculados.


Producción

Wes Craven aparece como uno de los productores ejecutivos de Drácula 2001, el primero de una serie de cuatro films que llevarán la denominación "Wes Craven Presents". Craven reunió un excelente equipo técnico para esta ocasión: el director Patrick Lussier trabaja como montajista de sus films desde hace diez años; Carol Spier (diseño de producción) y Denise Cronenberg (vestuario) tienen una amplia experiencia en este género, producto de su trabajo con el director canadiense David Cronenberg; Peter Pau, uno de los directores de fotografías más aclamados por su trabajo en El tigre y el dragón (Crouching Tiger Hidden Dragon, Ang Lee, 2000) es otro especialista en el terror, habiendo hecho una excepcional labor en La novia de Chucky (Bride of Chucky, Ronny Yu, 1998). A la aterradora partitura de Marco Beltrami se suman excepcionales temas interpretados por Endo, Slayer, Pantera, Marilyn Manson, entre otros.

Dentro de la producción de películas de terror para adolescentes, Drácula 2001 es uno de los mejores estrenos en los últimos años. A la combinación de los excelentes profesionales a cargo de los rubros artísticos enumerados anteriormente, se suma un guión muy divertido que incorpora una increíble pero muy verosímil explicación al origen del rechazo que experimenta el Conde hacia los signos de la cristiandad.

Por otra parte, esta película se propone ser un producto entretenido. En este punto se asemeja a la serie de Drácula producida por la Hammer y protagonizada por Christopher Lee y Peter Cushing; y al mismo tiempo se aleja de la pomposidad de la versión de Francis Ford Coppola (Bram Stocker's Dracula, 1992). No son pocas las referencias que hace Drácula 2001 a aquellas películas. Por ejemplo, la resurrección de este Drácula recuerda a la de Drácula, Príncipe de las Tinieblas (Dracula - Prince of Darkness, Terence Fisher, 1966): los restos del conde se mezclan con la sangre de alguna víctima produciendo un extraño vapor. Además, los ojos enrojecidos de Gerald Butler remiten indudablemente a los de Christopher Lee. Una última cita de las muchas que se pueden reconocer: el modo en que Drácula se levanta de su ataúd es similar al elegido por Freddie Francis para su Drácula vuelve de la tumba (Dracula has Risen from the Grave, 1968).

Drácula 2001, con sus carilindos protagonistas, sus espectaculares escenas de acción "a la oriental" y su partitura metálica, posee todos los atractivos de un film para adolescentes. Además, como toda película dirigida o producida por Wes Craven, se permite jugar con las rígidas convenciones genéricas y permite a los amantes del terror descubrir intertextualidades y "guiños".

Bibliografía

www.tumbaabierta.com

www.labutaca.net

www.filmonline.com