Doña Perfecta; Benito Pérez Galdós

Narrativa española del siglo XIX. Novela realista. Argumento. Temas de la hipocresía y de la muerte. Personajes

  • Enviado por: Pak
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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LA SOCIEDAD REFLEJADA EN DOÑA PERFECTA

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

10 de Enero del 2005

Introducción histórica

Cuando los diplomáticos españoles asistieron al Congreso de Viena en 1814, representaban un estado victorioso, pero una nación arruinada y dividida. La profunda crisis de España había minado profundamente el imperio español en América, porque muchas de las colonias americanas reclamaban su independencia en las primeras décadas del siglo XIX.

La historia del resto del siglo XIX estaba dominada por el dilema dinástico producido por la muerte sin heredero varón de Fernando VII. La hija subió al trono como Isabel II, pero su tío, el legendario Don Carlos, se opuso, dando lugar a la primera de las Guerras carlistas, que afectaron principalmente a Navarra, el País Vasco y El Maestrazgo, la región que se extiende entre Castellón, Tarragona y Teruel.

Las fechas más significativas del siglo XIX son la guerra d Independencia contra la dominación francesa de 1808 a 1813 y que culmina con la victoria sobre Napoleón con la ayuda de Inglaterra.

Durante el reinado de Fernando VII, de 1814 a 1833, las colonias españolas de América consiguen su independencia, excepto Cuba y Puerto Rico.

Y tras la muerte de Fernando VII se abole la ley Sálica para favorecer la subida al poder de Isabel II provocando la primera Guerra Carlista. En 1841 el General Espartero es proclamado regente, en 1843 el General Narváez y en 1854 se alternan O'Donell y Narváez como Primer Ministro.

En 1864 la revolución encabezada por el General Serrano y Prim derroca a Isabel II y en 1870 Amadeo de Saboya es elegido rey de España y el General Prim es asesinado. En 1873 abdica y las Cortes proclaman la República.

La Primera República es de 1873 a 1874 y más tarde se producirá la Restauración.

Benito Pérez Galdós enmarca esta novela en una población rural de marcado carácter tradicional: conservadora, alejada del ruido de la capital, de los avances, encerrada, en fin, en sí misma.

Este ensimismamiento nace del hondo sentimiento de creerse superiores, de saberse mejores en lo doméstico. Esto se ve en las palabras del Penitenciario nada más llegar Don José:

“más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena”1

Este sentimiento se manifiesta constantemente en las páginas del libro: ensalzando la producción de ajos, enorgulleciéndose de sus ondas y nobles raíces, creciéndose por ser sede episcopal. Los orbajosenses no hacen más que hablar de lo rica que es su villa, cuando los mendigos se cuentan por decenas en sus calles.

El extranjero, Pepe Rey, siente desde que llega que sus ideas madrileñas y puertorrealeñas no son bien acogidas en la ciudad de su prima.

No obstante esto le sucede a todos los extranjeros; el exacerbado orgullo del que hacen gala los habitantes de la susodicha ciudad afectará también al recibimiento que tendrán los militares gubernamentales a su llegada: los extranjeros no son bien recibidos y menos si son hombres de ciencia y en su cartera traen a Darwin o a los filósofos alemanes dispuestos a acabar con su santo pensamiento y su profunda fe.

La catedral no solo domina la ciudad arquitectónicamente, domina las ideas: la sociedad que se ve en la novela vive anclada en las ideas de la Biblia y de la Iglesia.

Si, como veremos, Doña Perfecta maneja las idas y venidas sociales, el Penitenciario y el Obispo se encargan de manejar los pensamientos, introduciendo en ellos un miedo que llega a rechazo cuando de ateos se trata.

Como si el peor de los monstruos se tratara, los ateos, o al menos los que no muestran la debida deferencia en su santísima catedral, tienen para los habitantes de la ciudad la intención de convertir el venerable edificio en fábrica de zapatos o alquitranes.

El cerramiento del que hablábamos lo ha querido representar Galdós en las primeras páginas donde el protagonista recibe sus primeras bofetadas y donde se enfrenta con el orgullo nacional, comprobando que llega hasta el eufemismo de los nombres irónicos que Licurgo presenta en el primer viaje (los Alamillos, el Cerrillo de los Lirios, Valleameno...)

Si para los extranjeros Orbajosa no es el bucólico lugar de retiro que el ingeniero soñaba en Sevilla para lo doméstico, la cerrada ciudad es un continuo burbujear de críticas, chismorreos, chismes, cotilleos, que empiezan pos la manía de las Troyas de apodar a todo orbajosense o

1 Pérez Galdós, Benito: Doña Perfecta. Madrid, ed. Cátedra, 2003, página 99.

extranjero que pase cerca de la ventana y llega hasta las reuniones nocturnas en el salón de Doña Perfecta donde se tejían las tramas de toda la ciudad: los grandes personajes que allí se daban cita eran animados por los tejemanejes de la señora para hacer lo que ella deseaba.

La sociedad de tan noble ciudad tiene su centro no en casa d Doña Perfecta como cabría suponer sino en el casino, se codeaban entre sí en ociosa tertulia. Las contadas incursiones de extranjeros por el lugar no darán sino críticas como fruto. La hipocresía será la actitud reinante: apretones de mano y buenas caras por delante y escondidas críticas despiadadas que podrían despellejar a Pepe Rey.

En esta sociedad tan cerrada a los extranjeros, dedicada a perpetuar tradiciones obsoletas, Don José Rey se gana sobre todo enemistades; pero habrá gente que sí sepa apreciar su conocimiento, su forma de ser, en fin, gente a la que puede considerar su amigo.

Esto se ve tras el fatal desenlace en la huerta de la casa, cuando el entierro, que la Iglesia y sus representantes niegan por lo cristiano, solo está acompañado de un admirador de la ciencia, Cayetano, y gente que le tiene simpatía, Las Troyas y Don Juan Tafetán.

La sociedad como ya se ha dicho, se vertebra en torno a dos pilares: el orgullo nacional del pueblo y el cerramiento a todo progreso perdido en una fe arcaica. A lo largo de toda la novela esto quedará patente y será causa de disgustos y disputas para el ilustrado señor que se atrevió a enfrentarse con el mundo rural.