Don Segundo Sombra; Antonio Güiraldes

Literatura hispanoamericana contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Novela rural argentina. Moralidad

  • Enviado por: Sabrina Furlong
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 9 páginas
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Capítulo 1:

Bagrecitos por golosinas, cigarrillos o unos centavos en "La Blanqueada" (pulpería)

Compañeros de huelga y baño

Catorce años de chico abandonado, de "guacho", como seguramente dirían por ahí.

Cuarenta manzanas del pueblo, sus casas chatas, divididas monótonamente por calles trazadas a escuadra, siempre paralelas o perpendiculares entre sí.

Tías (Asunción - panzuda, tetona y voraz en todo placer - y Mercedes - flaca, angulosa, nariz de pico de carancho, ojos hundidos -) = prisión (casa)

Primero lo trataban bien pero después le echaban la culpa de todo, lo llevaban a la Iglesia, después no le prestaban atención sólo para llevarlo a misa los domingos y hacerle rezar de noche el rosario. Se sentía prisionero y las advertencias se redujeron a un simple coscorrón. Se hizo indiferente, vagabundo. Se hacía el grande pasando sobre los demás

Protector don Fabio Cáceres, lo llevó a conocer su estancia

Lo separaron de su “mamá” con el pretexto de llevarlo al colegio, estuvo 3 años y las tías lo mandaron a hacer comisiones con las que vivía en la calle conquistando simpatía y popularidad

Tenía doce años y se aburrió de ser popular. Fabio Cáceres se acercó más a él y le hizo regalos (por un año duró, ya que dejó de verlo seguido), pasó a una soledad mayor, se fue para el río, aprendió a nadar, pescaba.

Capítulo 2:

Se encontró volviendo del río con un jinete, más le parecía una “sombra”, y sintió más deseo por irse del pueblo. Llegó a “La Blanqueada” (patrón Don Pedro), el tape Burgos siempre tomando algo ahí. Le contó al patrón sobre el pajuerano, era moreno, “grande”, fuerte… Don Segundo Sombra, de San Pedro, había tenido una mala partida con la policía (un cristiano), era hombre valiente, de voz aguada, pecho vasto, coyunturas huesudas, pies cortos, manos gruesas y cuerudas, tez aindiada, ojos ligeramente levantados hacia las sienes y pequeños, flequillo cortado como crin a la altura de las cejas, hombre de pocas palabras. Llegó a la pulpería buscando trabajo, según el patrón en lo de Galván había yeguas para domar. El tape Burgos lo provoca, al salir lo estaba esperando, lo ataca y sin dar en su objetivo rompe su facón, Don Segundo no atacó y le devolvió los retazos de su facón, Burgos dijo recomponerlo para estar a su disposición. El chico se fue junto a Don Segundo en la noche.

Capítulo 3:

Se despidió de Don Segundo y llegó a su casa, las tías lo retaron y se encerró en su cuarto a pensar que quería seguir a Don Segundo. Decidió llegar antes que él a lo de Galván, preparó sus cosas, su petiso, y aún de noche salió, fue a la cochera de Torres para hacerse de su otro petiso, y se dirigió para lo de Galván sintiéndose libre ya de madrugada. Llegó al galpón, un viejo lo hizo pasar, y al mediodía se encontró entre 4 o 5 hombres a Goyo López, que lo conocía del pueblo (y no dijo nada comprometedor), el mayordomo Jeremías le dio al petiso Sapo y trabajo para hacer. A la hora de la cena se lució riéndose todos de otro peón rememorando sus épocas de vagabundo, pero el más viejo de los presentes lo hizo callar. Finalmente durmió en un catre en la pieza de Goyo.

Capítulo 4:

Horacio lo despierta, matean y salen a trabajar. Almorzaron. El domador Valerio Lares era un tape forzudo, callado y risueño. Se quedó ayudando al cocinero y al mediodía llegó Don Segundo Sombra, Valerio lo hizo pasar y conversaron sobre las yeguas a domar, el chico se hizo notar ante Don Segundo, pero él prefería no reconocerlo. Matearon y a la hora de la comida Goyo y Horacio se pelearon hasta que llegó el Patrón (Don Leandro, de aspecto ríspido) y salió con Don Segundo a hablar del trabajo, a la tarde haría la doma. Se las arregló para verla y la última yegua costó más. Siguió su trabajo y mateó con el patrón contestando preguntas. Tenía 15 años a esa altura. Al día siguiente sería domingo, se acercó al grupo de Valerio, Don Segundo y Goyo y terminó dormido.

Capítulo 5:

A los 15 días había dejado mansas a las yeguas Don Segundo (hombre práctico y paciente). En en pueblo se habían enterado q el chico estaba allí, entonces decidió irse de resero junto a la tropilla que saldría al día siguiente, con Valerio de Capataz, y Horacio, Don Segundo, Pedro Barrales y Goyo de peones. Valerio le consiguió la autorización del patrón. Horacio le indicó que en la chacra de Cuevas encontraría el potrillo que necesitaba a buen precio. En el camino una chinita morocha lo saludó asustándolo. Al llegar encargó su potrillo para el día siguiente. Al regresar se cruzó con la chinita llamada Aurora con la que forcejeó y terminaron en el suelo, él le dijo que ella lo quería y la misma se fue enojada murmurando.

Capítulo 6:

Se despertó tipo 3 de la mañana y comenzó a preparar sus cosas para el viaje, salió a la noche y ensilló su petiso. Al entrar mateó junto a Goyo, Pedro Barrales, Don Segundo, Horacio y Valerio. De peones de estancia habían pasado a ser hombres de pampa. Estaban todos serios, al rato la noche se iba, salieron y la orden de Valerio daba pie al arreo (500 novillos). Sacaron a la tropilla y él se ubicó por delante cumpliendo con “el más macho de lo oficios”. Recordó a Aurora, quien en los forcejeos había perdido una sortija y la madre la había regañado, él se ofreció a buscarla y terminaron jugando, ella le había dicho “mañana te espero”. Siguió su camino cruzando un río y se sintió con los haberes de un buen gaucho con una chinita que llorara su partida.

Capítulo 7:

Siguieron la marcha, él se volvió para atrás de la tropilla, y hablaban que en el oficio para empezar todos eran buenos (contaron la historia de un tal Venero Luna que los había acompañado hasta Las Heras), lo que hizo pensar al chico que resolvió ensillar a su petiso potro en la primer parada. Llegaron a una pulpería tipo 8 para comer, luego al estar más alegres Segundo y Valerio mudaron caballo. Este último sostuvo una bellaqueada con su codiciado colorado gargantilla. Luego ensillaron al nuevo potrillo del chico quien le dio una mala jineteada y calló al suelo teniendo que seguir su camino montando al petiso de Festal chico.

Capítulo 8:

Continuaron la marcha, pesada por el calor. Tipo 12 llegaron a la estancia de don Feliciano Ochoa, descansaron la tropa y entraron a comer junto a los peones del lugar. Conversaron de quedarse a descansar y del episodio del chico con el potrillo. Un chico de 12 años lo admiró y le enseñó un lugar aparte para descansar. Tipo 4 continuaron la marcha en mejores condiciones. Dos horas más tarde fueron con Goyo a un rancho a carniar un cordero, quedando el chico como inútil ya que Goyo era un experto; luego se unieron a la tropa nuevamente y se dio cuenta que todavía tenía mucho que aprender. Cenaron a campo abierto, no tenían agua, sentía dolores. Prosiguieron viaje hasta llegar a los locales de una feria a orillas de un pueblo.

Capítulo 9:

Goyo despertó al chico al que le dolía todo. Fue a encontrarse con Don Segundo el que lo ayudó a ensillar y montar a su potrillo sin que nadie los vea, y victorioso desmontó a la vista de los demás, se había lastimado las manos, Horacio se ofreció a ayudarlo con el potrillo, y Goyo lo invitó a tomar unos tragos. Media hora después continuaron su rumbo con las primeras gotas de lluvia cayendo. Luego se largó la lluvia, y a la media hora estaban hechos sopa. Luego una abertura se hizo en el cielo, el sol salió y continuaron con vitalidad caminando, caminando, caminando.

Capítulo 10:

Mientras el bayo Comadreja (el potrillo domado) se alimentaba a orillas de un río, el chico rememoraba 5 años pasados, y su ida de la casa de sus tías. El mérito para él era de Don Segundo, su padrino, el que lo guió hacia todos los conocimientos de hombre de pampa, lo vigiló como médico, le enseñó de la vida, la resistencia y la entereza en la lucha, el fatalismo en aceptar sin rezongos lo sucedido, la fuerza moral ante las aventuras sentimentales, la desconfianza para con las mujeres y la bebida, la prudencia entre los forasteros, la fe en los amigos. También estuvo para la diversión (guitarreadas, zapateos, bailes, coplas y relaciones, etc.). Tenía amigos por todos lados, era querido y respetado, poco se quedaba en algún lugar. Era popular. Quería su libertad, era un espíritu anárquico y solitario. Como acción, amaba sobre todo el andar perpetuo; como conversación, el soliloquio. Habían corrido gran parte de la provincia: Ranchos, Matanzas, Pergamino, Rojas, Baradero, Lobos, el Azul, Las Flores, Chascomús, Dolores, el Tuyú, Tapalqué y muchos otros partidos. Conocían las estancias de Roca, Anchorena, Paz, Ocampo, Urquiza, los campos de "La Barrancosa", "Las Víboras", "El Flamenco", "El Tordillo", en que ocasionalmente trabajaron. Don Segundo era un admirable contador de cuentos, lo que introdujeron un cambio radical en la vida del chico, ya que por las noches su imaginación se poblaba de cosas embrujadas, magia negra, etc. Estaban en una estancia en día de Navidad en la que el patrón daba un gran baile para mensuales, puesteros y algunos conocidos del campo. Allí se encontró con Pedro Barrales con el que charló de sus vidas en ese tiempo sin verse y con el que decidió estar toda la noche.

Capítulo 11:

Entraron al lugar de baile y llegó el patrón (hombre fornido, de barba tordilla) dando pie al baile. Comenzaron a sacar a las mocitas, bailaban seriamente. El bastonero anunció la polca de la silla, una mocita de verde se sentó en una silla en el medio del salón, mientras Feliciano Gómez y Don Fabio Luna sufrieron el desprecio de la misma, este último llamó al chico quien terminó bailando con la chica. Luego sacó como 4 veces a la mocita de punzó que le gustaba. Siguió el baile con mayor alegría y se armó un gato con dos parejas. Luego con su morochita y Don Segundo con Doña Encarnación bailaron un gato con relación, en el que Don Segundo no tuvo suerte, luego un triunfo y un prado, y siguieron con los versitos. El chico apartó a su morocha pero ella ante un intento de beso se enojó. Por lo que intentó con la de verde sin éxito también. Finalmente tendió su recado y se fue a dormir.

Capítulo 12:

Esa noche después de la cena, mateando Perico incitó a Don Segundo a contar una de sus historias, después de centrar toda la atención (como era su habilidad), comenzó a contar la historia de un paisanito enamorado y de las diferencias que tuvo con un hijo del diablo. El paisanito llamado Dolores trabajaba a orillas del Paraná. Le gustaba espiar a las muchachas bañándose. Una tarde siguió a una moza que lo deslumbró, cuando la misma estaba por salir del río, de una flor surgió un flamenco y diciendo unas palabras en guaraní la redujo. Dolores corrió en su ayuda pero el ave se la llevó volando. Él había quedado tendido. Al volver en sí se dirigió a las barrancas y llegó a lo de una viejita que lo ayudó para que salve a su mocita (hija de una vecina suya), y le contó la historia del flamenco: Una mujer bruja entró en tratos con el diablo y de eso nació un hijo muy feo, cuando la misma estaba por morirse su hijo le pidió que, al no poder crecer, le dé algún gualicho para poder conseguirse muchachas. La madre le dijo que se arrancara 7 pelos de la cabeza, los tirara al aire y llamara al padre con unas palabras, y luego ya convertido en flamenco que diga otras palabras para reducir a la muchacha, que después se la llevaría a esa isla donde tendría 7 días antes de que se rompa el encanto. Luego murió. Dolores comenzó a llorar por lo que la vieja le dio un arco, flechas envenenadas y un frasco con agua blanca; tendría que dirigirse al río, en un bote remar hasta un remanso que solito lo llevaría a las islas del encanto, allí matar un caburé, sacarle el corazón y meterlo en el frasco con agua bendita, y arrancarle 3 plumas de la cola para colgarse en el pescuezo. El paisanito obedeció y al llegar al lugar durmió en una rama alta. Al día siguiente vio el palacio al que se fue dirigiendo entre penas y tormentos en 6 días buscando el caburé, finalmente logró hacer todo lo explicado por la vieja y se dirigió al palacio. Durmió a dos cuadras y al día siguiente se escondió tras una fuente a esperar al flamenco, al salir y transformarse Dolores se le tiró encima y lo castró, y el enano huyó corriendo a la selva. El palacio había desaparecido y un motón de mujercitas llegó a su encuentro, él arrancó su manojo de plumas del pescuezo, las roció con agua bendita y le dibujó una cruz en la frente, con lo que la paisanita llamada Consuelo creció y se hicieron novios, luego desembrujó a las demás y las fue cruzando en el bote. Años después es sabido que se han hecho ricos y tienen una gran estancia en la isla; y al enano atado al frasco con el corazón del caburé del que no podrá escapar ya que contiene todas las maldades del mundo.

Capítulo 13:

Después de dos días de marcha llegaron un domingo a Navarro, donde Don Segundo se encontró con un viejo amigo, hasta el mediodía estuvieron en un almacén, cuando pasaron al comedor, la "Fonda del Polo", el la que habían españoles, irlandeses, alemanes, un gordo, criollos, etc., comieron lo que había y se fueron al reñidero de gallos. La pelea sería pareja. El bataraz tenía el pico quebrado, pero el giro no compensaba su mayor viveza. Se hicieron apuestas. El chico apostaba por el bataraz perdiendo plata, luego el mismo despicó al giro y terminó ganándole, por lo que ganó 195 pesos, y junto a Don Segundo se dirigieron a caballo a un puesto de estancia.

Capítulo 14:

A la mañana tipo 11 irían a una feria. Llegaron a un almacén porque Segundo quería comprar unas cosas, y apareció un policía que lo dio por preso, pero él hizo caso omiso y montó en su caballo. En la comisaría les hicieron unas preguntas por pasar galopeando frente a la misma, pero pronto fueron para la feria. Había asadores con diferentes carnes, ellos comieron cordero, luego del almuerzo el rematador y su comitiva comenzó el remate. Pasó la tarde y un viejito de barba blanca, petiso y charlatán que conocía a Don Segundo les habló para una arreada de 600 novillos destinados a un campo grande de las costas del mar. Les mostró la hacienda y les invitó una copa. En el galpón el chico compró un picazo por 50 pesos y Pastor Tolosa (conocido por Lasarte, vecino viejo del Carmen de Areco) aunque borracho lo reconoció a Ufemio Díaz (Don Segundo Sombra). Se habían conocido en una de las fiestas de Raynoso en la que lo tenía que cuidar y terminó armando él mismo el barullo. Luego de saludarse se fueron con la tropilla caída la noche. Casi un mes de arreo sin complicaciones llevaban, pero faltando tres días se les complicó. La hacienda estaba sedienta, a la noche pasaron una pesadez tremenda y por la mañana llovió, que desesperó a las reses. Tipo 10 enfrentaron una estancia y la hacienda pasó entre cosa que encontraron hasta que alcanzaron el agua, el patrón y los peones de la estancia los ayudaron y tuvieron que degollar un animal y curar otros. Luego todo siguió bien hasta el destino.

Capítulo 15:

Llegaron a la estancia, que parecía olvidada. Don Sixto Gaitán (seco y arrugado), patrón, la familia vivía en un puesto cerca de las casas y tenía un hijo embrujado. El chico salió al campo a ver a su tropilla, tomaron rumbo al mar desconfiados, llegaron a un cangrejal en el que la yegua Garúa (adquirida de un paisano del Rincón de López) y el bayo Comadreja habían quedado atrapados. La yegua salió solita y a Comadreja lo ayudaron, luego volvieron al rancho. Al atardecer comieron y luego Don Segundo tendió cama afuera y el chico con Don Sixto en su cuarto. No podía dormirse. Al rato Don Sixto comenzó a luchar contra fuerzas invisibles defendiendo a su hijo embrujado y fue debilitándose, el chico estaba tan asustado que no pudo moverse, hasta que apareció Don Segundo y juntos lo sacaron del cuarto. Durmieron afuera los 3. A la mañana tomaron unos mates y se fueron al potrero vecino a recoger su hacienda. El viejo se había ido a ver al hijo.

Capítulo 16:

Al caer la tarde llegaron a la población y hablaron con la gente de ahí sobre los caballos. El alazán de Don Segundo lo había conseguido por unas tortas que cambió a uno en pedo. Hablando con un hombre le dijo que eran de San Antonio, y él comentó que había trabajado en los campos del general Roca en la estancia de Acosta. Llegaron al rancho. Habría unos 20 hombres y al día siguiente llegarían unos 10 más para la recogida. Comieron carne asada y el chico prefirió dormir afuera. Ya de madrugada el chico salió (con su Moro) junto a dos mocetones de unos 20 años. Uno alto, aindiado, lampiño (con un azulejo overo zarco, salvaje y espantadizo). El otro rubio y flaco, con ojos sesgados de gato pajero (con un alazancito malacara). Les tocó un lugar medanoso cerca del mar. Tuvo un inconveniente con una yaguanesa mientras los otros alejaban a un toro. Luego volvieron al campo con la recogida. En una lomada se juntó todo el arreo, debían ser unos 5000. Eran las 10 de la mañana y comieron y matearon. Luego mientras acomodaba a su bayo Comadreja un toro furioso fue en su dirección pero lo supo controlar.

Capítulo 17:

Empezó el torneo, y él con su bayo junto al rubio con su gateadito liviano, se dedicaron al aparte. Cada cual se esforzaba en lucir su crédito, su conocimiento y su audacia. Don Segundo con su alazán formó pareja con el viejito del petiso cebruno. Un hombre se cayó y lo ayudaron, se había lastimado la pierna izquierda. Aprovechando la distracción el animalaje armó un revuelo. Un toro barroso hirió al bayo y lo cambió por su lobuno Orejuela volviendo al rodeo que terminó siendo controlado volviendo al lugar. Al rubio se le había cortado el lazo lastimándolo. Continuaron el trabajo que finalizó no mucho después contando con unos 200 animales, lo demás quedaron en libertad. Patrocinio Salvatierra (el rubio) se ofreció a comprarle al bayo y al lobuno. Fueron a ver unos cangrejales. En un cañadón Patrocinio sacrificó a uno y los demás se lo comieron. Luego vieron los cangrejos rezadores y se volvieron para el puesto, pero en el camino se encontraron con el toro barroso que arremetió de nuevo contra el chico, lo que lo hizo enfurecer decidiendo quebrarlo junto a su amigo. A una arremetida del toro se le cortó el lazo y cayó quebrándose la eslilla. Patrocinio le puso el lazo al toro, y el chico acuchilló al toro quedando luego inconsciente.

Capítulo 18:

Había soñado que estaba en lo de Galván, que había ganado algo realmente grande pero que aún así estaba triste ya que se sentía otro. Recobró el conocimiento, estaba en una pieza junto a Patrocinio y una chica que lo cuidaba, se había quebrado la eslilla, lastimado la cabeza y tenía el costillar machucado. Lo habían inmovilizado. Durmió hasta el amanecer donde encontró en el cuarto al hombre caído en el rodeo. Patrocinio cebó unos mates y vino una curandera diciendo que se podía enderezar, que en 3 días lo vendría a ver. Luego fue a curar al otro hombre, que luego se lo llevaron para su rancho. Quiso ir a matear con los demás pero la mocita linda que había cautivado su atención lo interceptó, y le cebó mates. Le contó que el día que habían estado en lo de Don Sixto Gaitán se le había muerto un hijo, por lo que él le contó la historia vivida. Ella era hermana de Patrocinio y había venido a ayudar en esos días, se llamaba Paula. Patrocinio a la mañana siguiente se iría para su rancho por lo que el chico le vendió al bayo y al lobuno. Él, pensó, se iría con Patrocinio y Paula, pero luego descubrió que ella no se iría, por lo que se quedó.

Capítulo 19:

En el rancho eran: Don Candelario (dueño de la casa), Fabiano (un mensual), Numa (un muchacho rudo de su edad, pazguato sin gracia, nunca estaba en nada y era olvidadizo), Doña Ubaldina (mujer del patrón, chusca, afecta a la jarana), el puestero (hombre afable, de pocas palabras), Paula (hacendosa y risueña), las 3 muchachas de la casa (unas tarariras secas y ariscas que nunca salían de la pieza), y él.

Numa estaba atrás de Paula y él la celaba. Paula no lo miraba con disgusto al chico aunque le decía que no era su dueño.

Tenía pesadillas. Al tercer día volvió la curandera y le aflojó las vendas.

A los diez días se sentía sano del brazo y enfermo del alma. Los juegos de toma y traiga entre él y Paula crecieron, como también la antipatía por Numa. Este se burlada tomando valentía a causa de su manquera hasta que un día se enfrentaron y lo hirió con su puñal en la cabeza, con lo que se fue para el rancho al igual que Paula. En la cocina le dijo a Don Candelario que se iba. Paula no quiso hablar con él. Cenaron. Saludó hablando apenas con Paula. Se fue en la noche para encontrarse por la mañana con su padrino que estaría en un puestito.

Capítulo 20:

De mañana llegó al puestito y se encontró con Don Segundo, con el que siguió camino al norte. A los 6 días de marcha llegaron a un boliche donde habría esa tarde una carrera. Almorzaron en la pulpería en la que un “mamao” les dio datos sobre la carrera. Su padrino se encontró con dos amigos. La primera carrera era entre el un colorado y un ruano. Don Segundo apostó por el ruano para hacerle el gusto al “mamao”. El chico tenía 380 pesos y quería apostar. Le apostó 100 pesos contra el ruano a un perudo panzón. Perdió, y su padrino ganó 50 pesos. Tomó otra apuesta y ganó 30 pesos sin pensarlo. Apostó 100 pesos nuevamente frente al perudo y perdió (el del mano blanca frente al alazancito). Luego de a posturas chicas perdió 70 pesos. Su padrino perdía 50 pesos. Sus amigos iban ganando, por lo que les dio 100 pesos para que los jugaran, pero los perdieron. Le quedaban solo 5 pesos, le apostó al perudo 5 de sus caballos y perdió. Por lo que se quedó con Garúa, el Vinchuca, el Moro y el Guasquita. Se fue la tarde y siguieron su rumbo por el campo.

Capítulo 21:

Llegaron a una parte de un campo donde pudieron matear y cenar. Su padrino relató una historia: A Jesucristo en uno de sus viajes junto a San Pedro se le perdió la herradura de su mula cerca de un pueblo. Llegaron a un “errería” atendida por un viejito harapiento llamado Miseria, este hizo con una argolla de plata que encontró una herradura y se la puso a la mula sin cobrarles nada. Se fueron pero volvieron y Jesucristo le concedió tres Gracias: que el que se siente en su silla no pueda levantarse de ella sin su permiso, que el que se suba a sus nogales no pueda bajar de ellos sin su permiso, y que el que se meta en su tabaquera no pueda salir sin su permiso. Cuando se fueron dijo q entregaría su alma al Diablo si apareciera y le diera 20 años de vida y plata a discreción, en lo que este apareció y firmaron un contrato. Esos 20 años los pasó como un duque, y cuando se cumplieron estaba él en su rancho cuando apareció el diablo (caballero Lilí) y le exigió lo convenido. Miseria se fue a arreglar y Lilí se sentó en la silla sin poder levantarse, por lo que le tuvo que conceder otros 20 años de vida más y plata a discreción. Esta vez también la pasó como un rey, pero cumplidos los 20 años regresó a la herrería. Alertados esta vez fue Lilí con otro diablo, con el pretexto de arreglarse los dejó solos ofreciéndoles nueces de los nogales, el compañero fue y terminaron los dos arriba del árbol. Al no poder bajar el viejo les hizo firmar nuevamente 20 años de vida y plata a discreción. Cumplido el plazo volvió a la herrería, y ahora todos los diablos se le habían presentado, hasta el Rey de los Infiernos. Miseria hizo que probara su identidad haciendo que todos los diablos se metieran en su cuerpo y volviéndose una hormiga. Al hacerlo este metió a la hormiga en su tabaquera y todos los días le pegaba con un martillo. Así no hubo más desgracias en el pueblo y todo iba como Dios manda, pero luego, los que vivían de las desgracias y vicios de la gente comenzaron a morir. Por lo que fueron a pedirle ayuda al Gobernador (también afectado), quien les dio por única vez una plata. Después un procurador dijo toda la verdad y el Gobernador le exigió a Miseria que dejase libres a los diablos. Este lo hizo y los diablos prometieron no volver más por su casa. Luego el viejo se dejó morir. Fue a las puertas del cielo donde se encontró con San Pedro que no lo dejó pasar por haberlo tratado mal al momento de pedir sus Gracias. Fue al Purgatorio y tampoco pudo entrar, por lo que se dirigió al Infierno y los Diablos del miedo le cerraron las puertas. Es por eso que se dice que Pobreza y Miseria son cosas que nunca se irán de la tierra porque en ningún lado quieren admitir su existencia.

Así terminó el relato y se durmieron.

Capítulo 22:

Despertaron y luego de 4 días llegaron a una estancia nueva, el joven patrón (Don Juan) tenía 12 potros bayos y regalaba 2 por al amansadura. El chico se ofreció por necesidad y Don Segundo lo ayudó con 5 baguales. El quinto que le tocó, parte del pago, fue más difícil que los demás, pero logró sobrellevarlo, aunque con el tobillo dolorido. El patrón elogió a Don Segundo. Ya eran las 10 de la mañana y se tomaron un descanso. El hombre que los había ayudado a enlazar los potros le ofreció trabajo de domador al chico de parte del patrón. Luego llegó el patrón, le preguntó sobre sus orígenes, por lo que el chico no sabía ni su nombre, ni de dónde venía, ni de sus padres, sólo que le llamaban “el Gaucho”. Descartó la oferta de trabajo por “tener compromisos” (porque no quería separarse de su padrino).

Capítulo 23:

Se quedaron en la estancia hasta dejar bien mansos y entrenados a los potros y el chico se hizo amigo de Antenor Barragán (muchachote grandote y delgado, ágil y fuerte, visteador invencible, su ocupación era cualquiera, su cara morena, fina y alegre, era bondadoso, y le gustaba meterse en apuros para probarse). Partieron un día domingo y fuero al boliche del arroyo y junto al pulpero “de mala bebida” tomaron unas cañas. Luego al salir Antenor apareció y se pusieron a tomar una copa. Un desconocido como de 50 años apareció, y luego de llamar la atención, parecía conocer a Antenor y lo incitó a pelear, en eso Don Segundo se mete y lo incita a “divertirse”, con lo que el extraño demostró cierto resentimiento. Antenor alegó haber sido una criatura y que a ella se la conocía como “la de aprender” y salieron al patio. Antenor terminó acuchillando al forastero y huyendo a caballo. Los presentes se calificaron de perros en vez de cristianos. Luego cayó la policía con un médico y ellos se fueron.

Capítulo 24:

El chico reflexiona sobre todo lo sucedido, “¿Somos como creemos, o vamos aceptando los hechos a manera de indicaciones que nos revelan a nosotros mismos?”. “La ley del fuerte es quedarse con la suya o irse definitivamente”, “Del suelo no voy a pasar” suele decir el domador, ante todo hay un límite y no hay que temer a él. Don Segundo era indiferente ante los hechos. Una semana anduvieron sin trabajo, hasta que se conchabaron para peones en un arreo de 600 novillos. Salieron al atardecer de un día caluroso y tormentoso teniendo 12 días por delante según decían. Después de cenar, ya bien de noche comenzó el viento y al largarse la lluvia disminuyó, la hacienda se había alborotado, tenían que evitar que cayesen en un zanjón que había por ahí, él mismo cayó pero con su redomón salieron, pasó la tormenta y sacaron a los caídos y cuartearon a los embarrancados. Mandaron un chasqui a ofrecer la carne de los quebrados y a informar al patrón de lo sucedido. Los animales seguían rebeldes por lo que sólo pararon para las comidas. En su tercera jornada ocurrió un episodio entre un tal Demetrio y un toro por el que tuvo que sacrificar su caballo. Seis días más anduvieron. A la tarde llegaron a un potrero donde dejaron la hacienda. Demetrio cayó de su mancarrón golpeándose la cabeza y durmiéndose al instante. Los demás matearon, arreglaron sus caballos y esperaron la noche.

Capítulo 25:

Se levantaron a la salida del sol y salieron. A alturas de Navarro le vinieron recuerdos a la mente y apareció Pedro Barrales quién traía una noticia y le entregó una carta, la cual estaba dirigida al “Señor Fabio Cáceres” mandada por Don Leandro Galván, en ella decía que su padre, Fabio Cáceres había muerto y que él sería su tutor ahora hasta su mayoría de edad dejando en sus manos la tarea de llevar a cabo lo que él siempre pensó… El chico tuvo una mezcla de sentimientos, ternura, tristeza, ira… Su padrino le dijo que lo reemplazarían en la tropa. Le explicó que su padre era rico, que no había mal en él, y dio a entender que su madre era digna de admiración. Le dio vergüenza que Pedro lo tratara con cierto distanciamiento y lo provocó, pero Don Segundo, al que lo llamó Tata, hizo que le pidiera disculpas. Luego pensó en rehusar la herencia, en huir, y un par de cosas más. Se sintió triste por las pobrezas que iba a dejar, por los recuerdos de resero vagabundo y la voluntad de andar. Se despidieron de los compañeros y marcharon al mismo rancho del día de la riña de gallos. Todo fue cordial, menos su silencio, se sentía ajeno. Tuvo pesadillas. A la madrugada ensillaban para marcharse y descubrió el fondo de su tristeza: había dejado de ser un gaucho. Matearon antes de salir para lo de Galván, donde “lo saludarían como a un recién nacido. Le entregarían sus bienes y su plata. Se haría cargo del establecimiento, se vestiría como un señor, mandaría a la gente, y se haría servir como un magnate”. Y su padrino le dijo que si era gaucho de verdad llevaría su alma por delante “como madrina e'tropilla”.

Capítulo 26:

Esa noche llegaron a Luján. Al día siguiente hicieron noche en “La Blanqueada” donde el pulpero los agasajó. A la mañana visitó al peluquero, el platero, los copetudos, quienes no mostraron señales de acordarse de su pasado. Al mediodía comieron en “La Blanqueada”, donde Don Pedro preguntó acerca de su ausencia. Luego fueron para lo de Galván. Antes de llegar pensó que él era lo que los ricos tienen por la deshonra de familia. Arribaron y se encontró con Don Leandro hablando revivió el sueño que había tenido al quedar inconsciente quebrando al toro barroso; se sentía como si fuera otro, que había ganado algo grande e indefinido, pero tenía asimismo una sensación de muerte. Luego llamó a Raucho, su hijo (curtido por la vida de campo, daba impresión de fortaleza, de confianza en sí mismo y de alegre simpatía, tenía una linda cabeza de facciones finas y una expresión de inteligencia franca), con el que se fueron haciendo amigos, le mostró su tropilla, su cuarto, y le consiguió un permiso para que comieran en la cocina con los peones. Matearon con Don Segundo y Valerio, y después hasta dormirse estuvo hablando con Raucho de su pasado.

Capítulo 27:

Habían pasado 3 años y como gaucho había sido más dueño de la pampa por fuerza y baquía. Se había quedado allí por los consejos del tutor reforzados por Don Segundo, y porque este aceptó quedarse en el campo. Los dos primeros años vivió en el rancho con su padrino, y continuó levantándose al alba y acostándose a la caída del sol. En el potrero a cargo de Don Segundo se reunían con Raucho y se hicieron muy amigos, intercambiaron potros. En la casa de su padrino pasaban los mejores ratos, mateando, guitarra por medio, mientras Don Segundo contaba fantasías, relatos o episodios de su vida. A raíz de esas charlas Raucho empezó a influenciarlo con sus aficiones. Sabía barbaridad de lecturas, libros, e idiomas, y le contaba sus aventuras y diversiones. Así fue formando un nuevo carácter y aficiones. La educación que le daban Don Leandro, los libros, y algunos viajes a Buenos Aires con Raucho, lo fueron transformando en un hombre culto, aunque algo le quedaba del pasado. Esa tarde a las 5 se fue a encontrar con su padrino que se iba, en la loma “del Toro Pampa” se despidieron sin hablar. Lo vio irse hasta desaparecer y luego se fue “como quien se desangra”.