Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la Literatura española. Novela renacentista. Caballerías. Biografía. Contexto histórico. Resumen. Personajes

  • Enviado por: Tragaluz
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 14 páginas
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Introducción

Con este trabajo pretendemos analizar cuatro capítulos de la obra de Cervantes con profundidad y también destacar lo que a nosotros nos parece más importante o lo que nos llamó la atención, pues dentro de esta extensa investigación, hay cosas que nos parecen más relevantes que otras sobre esta entretenida y cómica obra del gran Miguel de Cervantes. También escribiremos acerca de su vida en la España del siglo XVII y sus obras, analizaremos los personajes aparecidos en los capítulos que se nos asignaron, profundizaremos en el contexto histórico y literario de El Quijote y finalmente expondremos la trascendencia histórica que marcó El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha en nuestra realidad.

El Quijote es la obra española más universal y valorada, una de las más admirables creaciones del espíritu humano. Es una caricatura perfecta de la literatura caballeresca. Nos dimos cuenta que el principal propósito de Cervantes era deshacer la autoridad de los libros de caballería, que estaban tan de moda en su época, y por ello, para combatir la figura del héroe, tan ideal que estos muestran, Cervantes nos presenta al antihéroe. Asimismo, a través de la ironía los alaba para en verdad ridiculizarlos. La grandiosa figura de El Quijote marcó el fin de las novelas de caballería, a pesar de que esta novela cervantina es considerada como la más perfecta novela de este género. En definitiva, nosotros nos percatamos que ésta obra se trata de una novela basada en el contraste existente entre el ideal caballeresco de la sociedad de su época y la realidad que el mismo Cervantes sufrió.

El campo de Cervantes fue la narración de casos fabulosos, la pintura de la vida humana, seria o jocosa, risueña o melancólica, el mundo de la pasión, el mundo de lo cómico y de la risa. Los medios que empleó Cervantes para realizar esta obra maestra del ingenio humano fueron de admirable y sublime sencillez. El motivo ocasional, el punto de partida, pudo ser una anécdota corriente. La afición a los libros de caballerías se había manifestado en algunos lectores con verdaderos rasgos de alucinación, y aun de locura. Por esto nosotros pensamos que Cervantes, por tener la intención de imitar y ridiculizar a ciertos escritores y estereotipos para la literatura que se habían impuesto en aquella época, logra crear, sin saberlo, un personaje que es muy profundo y complejo síquica y mentalmente, un tipo de personajes que jamás antes se había visto en la literatura.

Además, el Quijote oculta mensajes y refranes que se muestran en el interior de la historia, pensamos nosotros, con el fin de enmascarar la ridiculización e ironía que Cervantes incluía. Algunos proverbios tienen un origen literario, como este de don Juan Manuel: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Cervantes pone en la boca de Sancho Panza refranes como este que está arriba, modificando un poco la forma de decirlo, pero que tiene el mismo significado: “Dime con quién andas, decirte he quién eres”. Esto está en los capítulos X, XXI y XXIII. Otro sería, dicho también por Sancho: “Más vale pájaro en mano que buitre volando”. En este refrán también ocurrió un cambio, pues el original era “Más vale pájaro en mano que cien volando”, pero ambos quieren decir lo mismo, o sea, aconseja no dejar las cosas seguras, aunque sean pequeñas o escasas, por la esperanza de otras mayores pero inseguras, lo que una vez más nos demuestra que El Quijote es una obra un poco más compleja de analizar, puesto que envuelve una serie de elementos de distinto tipo.

En esta obra se produce un contraste entre el mundo real de Sancho y el mundo loco y desquiciado de Don Quijote, que mientras leemos la obra se van enlazando estos dos mundos, y ya al final de ésta, se produce un cambio de realidad, donde Sancho se introduce en el mundo fantástico de Don Quijote y Don Quijote se introduce en el mundo real de Sancho. A esto llamamos la “Quijotización” de Sancho y la “Sanchificación” de Don Quijote. Esta obra es muy importante para la literatura universal ya que rompe con los dogmas y esquemas de la época de Cervantes, este libro mezcla una suerte de locura con realidad, donde al final nos damos cuenta de que todos estamos locos en el mundo y soñamos aventuras para encontrar nuestra felicidad.

Vida y obra de Cervantes

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Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de La Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria”.

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(Auto-descripción de Miguel de Cervantes)

Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616), dramaturgo, poeta y novelista español, considerado como el más grande escritor español de todos los tiempos, fue autor de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Nació en Alcalá de Henares (Madrid, España), el 29 de septiembre de 1547, día de San Miguel, a lo que debe su nombre. Fue el cuarto hijo de Rodrigo y Leonor, familia de bajos ingresos, que se vio obligada a vagabundear por varias ciudades de España en busca de una suerte que nunca llegó. Se cree que Cervantes tuvo una infancia extraña, llena de cambios de cuidad, casa, y con falta de muchas cosas. Aprendió letras en el colegio de la Compañía de Jesús bajo la tutela del padre Acevedo.

En 1567 inicia su carrera literaria con un soneto dedicado a la reina, titulado Serenísima reina, en quien se halla, con motivo del nacimiento de la infanta Catalina, la segunda hija de Felipe II. A esto le siguieron cuatro poemas de corte garcilacista dedicados a la muerte de Isabel de Valois (Tercera esposa de Felipe II). Es posible que Cervantes se iniciara en la literatura bajo la supervisión y en la amistad del humanista y gramático López de Hoyos.

Cervantes se va a Roma, donde estará por más de 20 años junto al cardenal Giulio Acquaviva, para luego iniciar su carrera militar. En Italia se pone en contacto con la literatura renacentista y conoce el marco artístico y cultural más rico de Europa. Milán, Bolonia, Florencia, Génova… son ciudades que visitará y recreará en obras posterior como El licenciado Vidriera y El Persiles. En 1571 participa junto a su hermano en la batalla naval de Lepanto («La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros», dice refiriéndose a este hecho en el prólogo a la segunda parte de El Quijote), en la que a pesar de sufrir de enfermedades luchó con valor, valor que no alcanzó para evitar los dos golpes en el pecho y uno en la mano izquierda, que la dejaría inutilizada para siempre. Gracias a esto, recibe el nombre que lo acompañaría hasta el lecho de su tumba “Manco de Lepanto”. Ya recuperado de sus heridas en 1572 se reincorporó a las fuerzas de los soldados, dispuesto a seguir luchando por su patria a pesar de tener una de sus extremidades inútil, tres años después se arrepiente de su decisión, pues debe pasar gran parte de su tiempo en los aburridos cuarteles de invierno de Mesina, Sicilia, Palermo y Nápoles.

Decide regresar a España, no sin obtener antes cartas de recomendación del propio don Juan de Austria, reconociéndole sus méritos militares, con intención de utilizarlas en la Corte para obtener algún cargo oficial. Así, en 1575 embarca en Nápoles en una flotilla de cuatro galeras que parten rumbo a Barcelona, con tan mala suerte que una tempestad las dispersa y, precisamente en la que viajaban Cervantes y su hermano, es apresada por unos corsarios “berberiscos” y todos los pasajeros son tomados como rehenes. Comienza aquí un cautiverio que Cervantes narra en La española inglesa. Miguel de Cervantes cae en manos de Dalí Mamí o “El Cojo”, quien viendo las cartas de recomendación de Cervantes, ofrece una oferta a su familia: una cantidad por su libertad, cantidad obviamente inalcanzable para la familia. Así se inicia el periodo más terrible de su vida: cinco largos años de cautiverio en las mazmorras o baños argelinos, que dejarían una huella indeleble en la mente del escritor, que se refleja en prácticamente todas sus obras posteriores a estos cinco años (El trato de Argel y Los baños de Argel). Intentó escaparse en varias ocasiones, sin éxito, y al final fue liberado gracias al rescate pagado de 500 escudos por el fraile trinitario fray Juan Gil, con las monedas obtenidas de sus recorridos pedigüeños por la geografía española.

Dedicado de lleno a las letras, mantiene relaciones amistosas con las más altas plumas de la época: Laýnez, Figueroa, Padilla, entre otros, y se dedica a redactar La Galatea, que vería la luz en Alcalá de Henares, en 1585. Sigue también muy de cerca la evolución del teatro, y se empapa de las obras de Argensola, Cueva, Virués, etcétera, llevando a cabo una actividad dramática muy fecunda no ajena al éxito. Compone hasta 20 ó 30 comedias, de las que se conservan muy pocas (El trato de Argel y La Numancia). Se casó en 1585 con Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano, lo que no fue impedimento para seguir viajando, pues hasta principios del siglo XVII no volverá a verse con ella.

Cervantes vagabundea por España en busca de un empleo descente, sin lograr más que disgustos, excomuniones, denuncias y algún encarcelamiento (1592 y 1597), al parecer, siempre injustos. Con todos estos vagabundeos Cervantes adquiere una experiencia humana que le servirá luego para redactar sus innumerables obras literarias.

En 1592 se compromete con Rodrigo Ososrio a entregarle 6 comedias, que él no cobraría si no tenían éxito. Como novelista, redacta varias novelas cortas (El cautivo, Rinocete y Cortadillo, entre otras). Esboza la primera parte del Quijote. En 1605, termina El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha y lo lleva a una imprenta. En Madrid causa éxito de inmediato (se reimprime cinco veces en ese mismo año y pronto comienzan las traducciones a otros idiomas) y aparecen rápidamente varias ediciones falsificadas, por lo que la imprenta comienza la segunda edición. Todo este éxito viene acompañado por un nuevo encarcelamiento, debido a un asesinato en la puerta de la casa de Cervantes, en el cual él no tenía nada que ver.

Durante su tiempo en la prisión, su novela comienza a ser cada vez más conocida, tanto así que un aprovechado señor llamado Alonso Fernández, apodado con el seudónimo “Avellaneda” se le adelanta y escribe la segunda parte del Quijote, llamado también “El Quijote apócrifo”. Cervantes, que nunca quiso escribir una segunda parte, se vio obligado a hacerlo para rectificar la imagen de Don Quijote, hasta que en 1615 pública la segunda parte de Don Quijote de La Mancha. Ya convertido en un prestigioso novelista, entre 1613 y 1617 redacta gran parte de su producción literaria.

  • Novelas ejemplares

  • Viaje del Parnaso

  • Ocho comedias

  • Ocho entremeses nuevos nunca representados

Luego de su muerte su esposa Catalina pública dos obras que dejó su esposo en el tintero:

  • Los trabajos de Persiles

  • Segismunda, historia septentrional

Muere en 1616 de hidropesía (accidente vascular con posible parálisis). El 19 de Abril, un día después de recibir los últimos sacramentos, escribe la sobrecogedora dedicatoria de Pusiles. El 22 de Abril, una semana después de Shakespeare, muere Miguel de Cervantes, quien en la conmovedora dedicatoria al Conde de Lemos decía:

«Puesto ya el pie en el estribo,

con las ansias de la muerte

gran señor, ésta te escribo»

Sus restos mortales se perdieron, y hoy permanece en la memoria de todos los que aman la buena literatura y el idioma castellano en su más puro acento.

Contexto histórico y literario

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Histórico:

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Remontándonos a los siglos XVI y XVII, en cuanto a la política y sociedad, debe destacarse la figura del monarca Carlos I de España y V de Alemania, quien tenía una gran importancia por ser nieto de los Reyes Católicos (que iniciaron el dominio de las colonias americanas) y del Emperador Maximiliano de Austria. Su poder era enorme pues tenía muchos territorios bajo su mando: territorios españoles heredados por parte de su madre en Castilla, Aragón y sus dependencias en el mediterráneo, Italia y América; y por el lado del padre el territorio Habsburgo en Austria, Francia, Flandes y partes de Alemania. Carlos I combatió por unir todos los reinos bajo su corona y combatir a los enemigos de la fe Católica, garantizando la homogeneidad religiosa en Europa. Se le recuerda como uno de los reyes más importantes y admirados por su gran energía, sus sueños de gloria y por haberse identificado hasta el fin de sus días con España.

Felipe II fue hijo del Emperador y de Isabel de Portugal, y subió al trono en 1556. Llegó a gobernar sobre el vastísimo conjunto de territorios integrado por las coronas de Castilla y Aragón, Navarra, el Rosellón, el Franco Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, el Milanesado, Nápoles, diversas plazas norteafricanas (Orán, Túnez), Portugal y su Imperio afroasiático, toda la América descubierta y Filipinas. Se le reconoció con el nombre de “el Rey prudente” y también se preocupó por mantener la unidad religiosa de sus dominios. Bajo su gobierno se erigió una de las obras cumbres del arte español de todos los tiempos, el monasterio de El Escorial. Fue protector de las artes y coleccionista de las obras maestras de la pintura del siglo XVI, lo que nos demuestra que bajo su reinado se expandieron las ansias y el desarrollo por las artes. De su último matrimonio, con Ana de Austria, es fruto el futuro rey Felipe III nacido en Madrid.

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Felipe III fue un joven de no muy esmerada preparación y poca laboriosidad. Subió al trono en 1598, pero nunca le interesaron los trabajos de Estado, dejando a cargo de todo a fieles amigos, y por eso su balance en el trono puede considerarse algo negativo y no tan enriquecido como el de su padre Felipe II y su abuelo Carlos I. Sin embargo, durante el reinado de Felipe III culmina en madurez el teatro de Lope de Vega, ve la luz El Quijote, escriben Quevedo, Saavedra Fajardo, Góngora, entre otros grandes escritores. Se casó con Margarita de Austria y de ese matrimonio nació Felipe IV.

Felipe IV subió al trono en 1621. Durante el reinado de Felipe IV el proceso de decadencia española como potencia internacional se aceleró. Sin embargo, la pérdida de la supremacía en Europa no se deterioró en el aspecto cultural, y España vivió la etapa más importante de su denominado “Siglo de Oro”. El propio soberano fomentó la actividad cultural de la corte ya que era un aficionado a la música, el teatro, la poesía y la pintura. Esto favoreció la creación literaria, teatral y artística en el momento culminante del Siglo de Oro.

Siguiendo con el contexto, el ámbito de la sociedad tenía rigurosa organización y jerarquía. Situaba en la cima a la alta nobleza, a “los Grandes”, muchos vinculados con la monarquía por vía sanguínea y que poseían grandes extensiones de terreno. Luego venían los condes y marqueses, que eran más numerosos y vivían con lujo, riquezas y privilegios, lo que contrastaba drásticamente con la mala situación de amplios sectores de la sociedad. Los hidalgos, siguiente escalón de la pirámide social, residían en las ciudades pequeñas o medianas y aunque tenían pocos recursos, su “hidalguía” les impedía trabajar con las manos (recordemos que Don Quijote pertenecía a este rango, y aunque no poseía mucho, contaba con criadas que atendían su hacienda). Luego viene la burguesía reunida en asociaciones que perseguían el ideal de vivir de las rentas. Siguiendo con la escala, continúa el campesinado que se inclina hacia un alto grado de pobreza ya que su actividad no daba para el sustento familiar diario. Finalmente están los esclavos en la escala social de aquella época. A los esclavos negros se les suman muchos moriscos a partir de la conquista de Granada por los Reyes Católicos.

El papel de la mujer en el Siglo de Oro estaba bien definido: ellas debían ordenar el trabajo doméstico, perpetuar la especie y satisfacer las necesidades afectivas del esposo. Sobre todo en las clases hidalgas, el fin de la mujer era el matrimonio. Para ello, la mujer debía aportar una dote. La soltería tenía un sentido despreciativo entre las mujeres de las clases medias. Esa es la razón por la que las mujeres se preparaban casi exclusivamente para el matrimonio, convirtiéndose en doncellas. De ellas se esperaba que fueran obedientes, castas, retraídas, vergonzosas y modestas. Debían ser calladas y estar encerradas en casa. Una de sus escasas vías de escape era el templo, por lo que las iglesias acabarían convirtiéndose en punto de cita.

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En lo que se le ha denominado “el siglo del Quijote”, en el campo la agricultura constituía la principal fuente de producción económica. Una parte de los campesinos se ciñen al sistema de rotación por el cual cosechan un año y descansan dos. La disponibilidad económica del campesinado era muy pobre, puesto que de la cosecha sólo quedaban con cuatro o cinco veces lo sembrado. De eso, la quinta parte era reservada para la próxima siembra y otra décima parte iba para el diezmo eclesiástico (obligación de pagar la décima parte de la producción agrícola y ganadera a la Iglesia). Además se debían pagar los impuestos reales y señoriales.

Las casas y viviendas en el tiempo de “el Quijote” eran construcciones hechas a medida de su morador y variaban unas de otras según su capacidad económica y la necesidad de espacios.

El campesino, mayoría de La Mancha en aquel tiempo, construía edificaciones pequeñas pero en las cuales la oferta y la demanda (de productos) era muy importante. Lo que se pretendía era que la “patria chica” de estos hombres contuviera la mayor cantidad de servicios posibles, para el autoabastecimiento del pueblo. En estas villas había viviendas dedicadas desde las ocupaciones en el ámbito textil hasta la fragua de los metales para armas y herramientas de labranza.

Para la edificación se utilizaban materiales de la tierra que se adecuaban perfectamente a las condiciones regionales. Se empleaba el adobe, ladrillo, trozos de piedra o pizarra superpuestas, entre otros. El centro de la vida en estas viviendas era el “hogar”, en el que se encontraba la chimenea para cocinar. En el caso de las casas humildes, número mayoritario, bajo el mismo techo se encontraba la vivienda, el pajar, el granero y las bodegas para al cosecha.

En villas más altas las construcciones eran diferentes. Las casas solían tener dos plantas y se disponía todo en torno a un patio empedrado. Abajo estaba el hogar y la cocina, y si se daba el caso, las caballerizas (donde se encontraban los caballos). Arriba se reservaba el espacio para los dormitorios, el costurero y la biblioteca. El mobiliario estaría de acuerdo con el nivel económico y social de los habitantes, aunque los objetos no eran muy abundantes. Una mesa y algunos bancos eran las piezas fundamentales. Las sillas apenas aparecían ya que lo habitual era sentarse sobre el suelo o en cojines. Las camas podían ser de madera pero eran casi un escaso lujo por lo que lo normal era dormir sobre redes que se colgaban sobre clavos o colchones tendidos en el suelo. Los nobles habitaban en amplios caserones en cuyo exterior aparecía siempre el escudo familiar tallado en piedra. A pesar de la riqueza de los moradores, las casas solían carecer de cuartos de baño y retretes, haciendo las necesidades en unos recipientes llamados “servidores” que eran arrojados a la calle por la noche. Esta era una de las razones por las que no había en absoluto higiene en las calles.

Lo que ha llegado hasta nosotros por medio de la literatura es la tradición que impera en los casamenteros de construir casa propia. El agricultor construía su casa antes de contraer matrimonio. De ahí un refrán muy popular: “Antes de casar, ten casa en que morar, tierras en qué labrar y viñas en que podar”.

En la ciudad, Madrid y Sevilla son las dos grandes e importantes ciudades de la España de aquel tiempo. La primera por ser la Corte, con todo lo que significa la presencia del Rey; la segunda, por ser el puerto de Indias, con una actividad floreciente. Por su parte, Barcelona y Valencia son ciudades con importantes puertos y actividad comercial. Toledo mantenía el recuerdo del esplendor de haber sido capital del Imperio y también su importancia religiosa. El teatro de Madrid tuvo un gran desarrollo, en Toledo fue activa la vida de academias poéticas e importante la vinculación de pintores como Velázquez, Murillo, Ribera, El Greco, etcétera.

El vestuario era confección de la mujer campesina, que utilizaba el cáñamo. Se inclinaban por 'Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes'
los colores pardos y oscuros que se utilizaban para hacer los paños que se ponían encima del cuerpo. En la ciudad se comercializaban otro tipo de telas como la seda (proveniente de Damasco) y la gasa (tejida en Gaza).

En los pueblos las mujeres se vestían con la saya parda, faldas no muy largas y camisas. En caso de que la mujer fuese hidalga, los paños eran más finos y los acompañadas de medallones y collares. En cuanto al hombre, su vestimenta constaba del capotillo abierto a los costados, calzones anchos y medias de paño pardo, así como la camisa y las características alpargatas. Espada y capa, para quien podía permitírselo, denotaban hidalguía.

Los españoles del siglo XVII prefirieron el color negro para su vestuario, tal vez porque acentuaba la seriedad que requería este periodo. La mujer siguió llevando el corsé en forma de cono. Los artificios barrocos femeninos alcanzaron en la cabeza su máxima expresión, adornándose con plumas, cintas y colgantes. Los sombreros, como una añadidura más del peinado, fueron muy corrientes en las clases adineradas, mientras las viudas cubrían sus cabezas de aspecto monjil. Las mujeres pertenecientes a la monarquía se vestían pomposamente, con ricas diademas de perlas y complicadas golas de encaje almidonado.

En este tiempo se impusieron los cabellos largos con numerosos rizos y las barbas quedaron reducidas a perillas. Perfumes y aguas (de azahar, cordobesa o de rosas) se usaban con abundancia, para disimular los olores. Las joyas, siempre que fuera posible, completaban el panorama de la vestimenta. Los anteojos fueron muy usados, así como otros complementos, lo que levantó críticas a la ostentación y el derroche. Guantes cortos y abrochados a las muñecas y medias cortas de seda cruda completaban la vestimenta femenina adinerada.

Literario:

El Siglo de Oro fue el período entre el Renacimiento y el Barroco, la “Edad Dorada” de España que se extendió durante dos siglos (el XVI y el XVII) y es la etapa gloriosa de las Artes y las Letras españolas. La novela alcanzó su más alto nivel de universalidad y expresión con Don Quijote de Miguel de Cervantes y otros géneros claramente españoles como el de la novela picaresca (Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán). Sin embargo, la etapa de Renacimiento y Barroco son dos tendencias ideológicas y artísticas distintas. A continuación trazaremos las características de ambos movimientos, ya que los dos se encuentran reflejados en la obra cervantina:

-Renacimiento: este movimiento nace en Italia y se extiende rápidamente al resto de Europa. Como hechos más destacados dentro de España se considera las medidas drásticas para asegurar la unidad religiosa (expulsión de judíos y moriscos), multitud de guerras de religión contra Francia, contra los turcos (Lepanto), contra Inglaterra, etcétera, y la rápida conquista de América que dio a la Corona importantes cantidades de metales preciosos. Las particularidades estéticas e ideológicas que podemos mencionar son el retorno a lo “clásico”, subyace un cierto optimismo en España por la supremacía sobre Europa, el individualismo (momento en que aparece la narración en primera persona), subjetivismo, abundan los diálogos satíricos y los refranes (esto se puede apreciar en la gran cantidad de refranes que pueblan El Quijote). Se cree que hay una influencia de Erasmo en Cervantes, pues se dice que es posible que Cervantes, a la hora de escribir El Quijote, tuvo presente la obra de Erasmo El Elogio de la locura, en la que, entre otras cosas, se afirme que sólo a los bufones les está permitido decir las verdades (esto se ve en El Quijote y El licenciado Vidriera).

-Barroco: a la expansión general política, social e intelectual como había sido el Renacimiento, le sigue otra de retracción, el Barroco. En España comienza una marcada conciencia de decadencia como la despoblación en el campo, agobios fiscales y económicos, intensa sensación de crisis en los escritores de este momento. Como características literarias, en vez de que el autor se limite a copiar la naturaleza (como en el Renacimiento), en el Barroco se responde a la idea que el artista tiene sobre ella, proponiéndose sorprender a su lector con novedades nunca vistas. Algunas maneras de lograrlo son la distinta utilización del idioma y de las figuras literarias, utilizar procedimientos similares a la metáfora, entre otros. Cervantes muestra una tendencia hacia el Barroco con sus cambios de perspectiva y el contraste tragicómico entre un mundo ideal y un mundo real.

El Siglo de Oro fue una época de esplendor literario, político y militar. Los escritores del siglo XVI y de comienzos del XVII fueron conscientes muchas veces de estar viviendo una época de esplendor en todos los ámbitos, pero sólo ocasionalmente utilizaron la expresión “siglo de oro” para referirse a ella. El ejemplo más notable lo ofrece de forma tardía Bartolomé de Góngora en El corregimiento sagaz (1656): “Dejando yo ahora los varones heroicos en todo género de aquel siglo del prudente Rey don Phelipe, baste decir que en él floreció el mismo Rey en quien hago epílogo del talento más escogido (en su modo) de aquella edad a mi parecer Siglo de Oro”.

En este período destacan mucho la literatura del siglo XVI, la poesía, la novela, el teatro. Esta edad (desde Carlos I hasta Felipe IV) fue el Siglo de Oro de la poesía castellana; siglo en que no podía dejar de florecer la buena poesía, al paso que habían llegado a su aumento las demás buenas letras. Para los ilustrados, esta época dorada, de la que además se destaca la grandeza militar y política, a la que había seguido una de decadencia que se prolongaba hasta el presente, constituía un ejemplo para sus deseos de reforma literaria y un arma en la competencia cultural, ya iniciada en 1672 por Nicolás Antonio, con Italia y Francia.

La valoración de buena parte del siglo XVII se va a producir en el romanticismo. Los autores de esta época, aunque apenas hablan de siglo de oro, no ocultan sus preferencias, además de por la época medieval, por los dramaturgos y novelistas barrocos, también defensores de una literatura popular. Más reticentes se muestran frente a los poetas conceptistas y culteranos, a pesar de que Góngora, Quevedo y el conde de Villamediana se convierten ahora en personajes de algunos dramas. En el siglo XVI, Boscán y Garcilaso de la Vega adaptaron la poesía lírica italiana al castellano alcanzándose la máxima expresión en la poesía mística de Fray Luis de León y San Juan de la Cruz y en la prosa de Santa Teresa. Dos grandes figuras de los siglos XVI y XVII fueron Luis de Góngora, cuyo estilo difícil y complejo derivaba originalmente de un movimiento latinizante (culteranismo), y Francisco de Quevedo, maestro del “conceptismo”.

A la divulgación de la literatura de dicha época contribuyeron poderosamente las obras de August Wilhelm y Friedrich von Schlegel, cuyas ideas fueron divulgadas en España por Nicolás Böhl de Faber. Lo mismo ocurre con las historias de la literatura, en las que también se evita el término siglo de oro, de Bouterweck y Ticknor, donde se atiende preferentemente a Cervantes, Lope de Vega y Calderón de la Barca, y de Fitzmaurice-Kelly. En la traducción española de una obra del conde Schack, Historia de la literatura y del arte dramático en España, comenzada en 1839, se lee: “Es innegable que el espacio comprendido entre los últimos decenios del siglo XVI y los del XVII forman el periodo más rico y más brillante de su historia. Los reinados de los tres Felipes abrazan la verdadera Edad de Oro de la literatura española y, principalmente, de la poesía. Si no, ¿qué significan las aisladas, aunque preciosas producciones de la época anterior, cuando se comparan con la multitud de obras maestras que se escribieron desde Cervantes hasta Calderón?”.

También el Humanismo había florecido desde los principios de la Edad Moderna con Luis Vives y las obras monumentales en las que colaboraban varios autores, como la Biblia Políglota Complutense. Obras fundamentales en los campos de la historia y la política fueron las de Mariano Zurita, Hurtado de Mendoza y las crónicas de la colonización de América de varios protagonistas.

Por razones políticas y religiosas, los representantes de la España liberal, preocupados por analizar las causas de la decadencia española, procuraron evitar llamarlo “siglo de oro”. Aunque no niegan los elogios de la literatura de esa época, consideran que el esplendor del barroco artístico y literario no fue acompañado por el científico o el de la especulación filosófica. Se dice que “en el llamado siglo de oro, el ingenio español se desarrolló sólo bajo un parcial aspecto, que no fue el de la razón ni el del entendimiento”.

Breve resumen de los capítulos asignados

Capítulo X: Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos

Este capítulo empieza cuando el Quijote manda a su escudero Sancho Panza a buscar a su amada Dulcinea del Toboso. Éste va en busca del amor de su amo, pero en cuanto queda solo, se empieza a cuestionar su misión porque sabe que Don Quijote de La Mancha está loco y no tiene una lógica normal por las anteriores hazañas del caballero, así que Sancho decide que al ver a la primera campesina regresaría donde su amo para decirle que había encontrado a su amor. Así fue como Sancho encontró a tres campesinas y rápidamente fue a avisarle al Quijote que la señorita de sus pensamientos lo venía a ver, pero Don Quijote al ver a la supuesta Dulcinea se dio cuenta de que sólo era una

campesina maloliente y no tenía la belleza que él veía en su Dulcinea. Sancho se dio cuenta que su amo lo iba a descubrir así que fingió que él sí veía la hermosura de Dulcinea y que Don Quijote sólo estaba viendo visiones. Don Quijote, que le creyó a su escudero, se imaginó que los encantadores que estaban en su contra habían hechizado la imagen de Dulcinea a sus ojos y por eso él veía a una campesina. Sancho logra salirse con la suya y las campesinas, desconcertadas por lo que ocurría, se fueron y siguieron con sus labores. Después de esto, Sancho y Don Quijote descansan, y al despertar, Don Quijote se da cuenta que un sollozante caballero del Bosque proclamaba su amor por la doncella Casildea de Vandalia. Don Quijote lo oyó y se acercó para hablar con él. Estos se conocen al igual que sus escuderos y los cuatro comienzan a hablar y a contarse sus aventuras y amores.

Capítulo XIV: Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque

En este capítulo, el caballero del bosque empieza a hablar de las aventuras que ha tenido que sostener por su amor hacia Casildea de Vandalia. Él le cuenta que su ingrato amor le asigna misiones para que con esto demuestre su amor por ella, y así algún día se desposará con él. También le habla de sus batallas y dice que la más importante para él fue en la que venció a Don Quijote de La Mancha. Don Quijote, estupefacto, no podía concebir que él lo había vencido y le contestó que pudo haber sido un hombre que se parecía al Caballero de la Triste Figura, más no era él mismo. El Caballero del Bosque continuó diciendo que sí había batallado contra el verdadero Don Quijote e incluso lo describió y después prosiguió con que había llegado a tal punto de obligarlo a decir que Casildea de Vandalia era más hermosa que Dulcinea. Don Quijote, un tanto enojado, le dijo, empuñando su espada, que él era Don Quijote de La Mancha, y que ningún caballero del Bosque o Espejos lo habría vencido alguna vez. Después de esto, los dos se juraron batalla y fueron a buscar a sus escuderos, quienes dormían, para preparar la batalla. Al saber esto, el escudero del Bosque le dice a Sancho que en su ciudad los escuderos debían batallar al igual que sus amos, pero Sancho al ver la grandeza del hombre, se rehusa y dice que esto no es tradición de sus raíces así que no tiene razón para hacerlo. Al acabar esta discusión se van a descansar porque al amanecer sus amos debían batallar. En la mañana, cuando Sancho despierta, lo primero que ve es la gran y avasalladora nariz que poseía el escudero de los Espejos, y sintió un temor inmenso por dentro. Don Quijote ya estaba listo para la pelea, al igual que el Caballero de los Espejos, a quien no se le veía el rostro ya que usaba una celada. Don Quijote le pidió ver su cara, pero el caballero se rehusó. Luego los caballeros montaron sus caballos y comenzaron a trotar en sentidos opuestos. Sancho, quien se ve solo con el otro escudero, sale corriendo tras de Don Quijote y le pide que por favor lo suba a un alcornoque, para presenciar mejor la batalla. Don Quijote detuvo su caballo y lo subió, pero el Caballero de los Espejos, sin esperar nada, se lanzó a máxima velocidad contra su enemigo. Al ver que Don Quijote ayudaba a Sancho a subir, desistió y quedó a mitad de camino. Don Quijote, quien se dio cuenta que su enemigo se acercaba también, se lanzó a toda velocidad y cuando se percató que el Caballero de los Espejos se había detenido, él no alcanzó a parar y con toda la fuerza que llevaba, golpeó al caballero, quien cayó al suelo aparentemente muerto. Don Quijote, al darse cuenta de lo ocurrido, baja del caballo y socorre al herido, le saca la celada y se da cuenta que el Caballero de los Espejos era en realidad el bachiller Sansón Carrasco, mientras Sancho se da cuenta que el escudero era Tomé Cecial, un amigo suyo. Don Quijote piensa que esto nuevamente fue obra de los encantadores y después que Sansón despierta, Don Quijote se declara vencedor y se marcha junto a Sancho hacia Zaratoga.

Capítulo XV: Donde se da cuenta y da noticia de quien era el Caballero de los Espejos y su escudero

Este capítulo empieza contando quiénes y de dónde eran el Caballero de los Espejos y su escudero. Ellos eran verdaderamente Sansón Carrasco y Tomé Cecial, y habían llegado a encontrarse con Don Quijote por lo siguiente: el bachiller era de La Mancha, al igual que Don Quijote, incluso eran amigos, por eso el bachiller había inventado un plan para hacer regresar a Don Quijote a La Mancha, ya que le preocupaba la locura de éste. Por eso, se vistió de caballero, consiguió un escudero y siguió el rastro de Don Quijote hasta encontrarse con él en el bosque. El bachiller debía insultar al Don Quijote para que éste entablara combate y así, como lo más probable era que Sansón venciera, él iba a ordenar a Don Quijote que volviera a La Mancha y permaneciera allí por dos años y que no volviera a sus andanzas con el fin de que encontrara una cura para su locura. Pero no fue así y al final Tomé Cecial abandonó a Sansón en un pueblo donde él quedó solo, con sed de venganza y prácticamente molido por la derrota ante el Caballero de la Triste Figura.

Capítulo XVI: De lo que sucedió a Don Quijote con un discreto caballero de La Mancha

En este capítulo Don Quijote y Sancho siguen su camino, Sancho empieza a formar especulaciones acerca de si realmente el caballero y su escudero eran Sansón Carrasco y Tomé Cecial. Así es como le increpa a Don Quijote y éste le dice que ellos eran obra de los encantadores y que si los encantadores podían convertir a Dulcinea y su incomparable belleza en una descuidada campesina, podían también convertir al caballero de los Espejos y a su escudero en el bachiller Carrasco y en Tomé Cecial, respectivamente.

Sancho y Don Quijote siguen su camino cuando repentinamente aparece a toda velocidad un caballero. Don Quijote le dice que pare y que los acompañe en su trayecto para entretenerse. Don Quijote y el hidalgo del Verde Gabán comienzan a hablar sobre sus vidas. Primero, Don Quijote empieza a contarle que él es un caballero andante, que vive su existencia a través de aventuras, salvando doncellas y recogiendo fama. El caballero del Verde Gabán quedó sorprendido al percatarse que todavía quedaban caballeros andantes que luchaban por el bien en el mundo. Don Quijote, que se había dado cuenta que ni siquiera sabía el nombre de su compañero, lo preguntó y el hidalgo respondió que él era Don Diego Miranda, un hidalgo con fortuna, que poseía tierras y tenía una familia. También habla de que su fortuna la ocupaba en fiestas para los amigos y regalaba una parte de ella a los desdichados. Asimismo le contó que tenía un primogénito, el cual le provocaba muchas cefaleas, porque le gustaba escribir poesía y el no quería eso para él. Entonces le pidió un consejo a Don Quijote, quien se explaya y le explica que la poesía es un arte muy hermoso, que purifica el alma y es bien visto por la aristocracia, así que no debía preocuparse por él, sino incentivarlo pues quien tiene el don de la poesía será un genio. El hidalgo del Verde Gabán se sintió muy sorprendido por la inteligencia de Don Quijote y agradecido por haberle calmado el alma. Mientras Sancho había ido a buscar leche donde unos campesinos, Don Quijote se dio cuenta que una carroza real se acercaba, por eso Don Quijote llamó a Sancho para que le extendiese la celada, pero cuando Sancho llegó a pasarle la celada, se dio cuenta que su amo se había introducido en una aventura más.

'Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes'

Análisis de los personajes

Don Quijote: es el personaje central de la obra de Cervantes, y por lo que hemos leído, nos pareció un personaje interesante e intrigante, que produce un sentimiento de inseguridad ya que nunca se sabe lo que va a decir. El Quijote es un hombre ya entrado en años que vive en La Mancha, es un aficionado de los cuentos de caballería y de tanto leer estas escrituras pierde el sentido de la realidad y se vuelve loco. Entonces se consigue un escudero, Sancho Panza, y se embarca en miles de aventuras como un caballero andante. El Quijote esta loco, desquiciado y cada vez de que Sancho le muestra la realidad (que él está trastornado), este no la reconoce y se excusa diciendo que es culpa de los supuestos encantadores que están en su contra y que siempre tratan de engañarlo y hacerle su vida más difícil. Es aventurero y valiente, pero sólo por que cree que es un poderoso caballero que debe salvar a quien esté en problemas. Este personaje vive la vida en otro plano, no en el real, acopla las situaciones a su realidad y produce un efecto de dimensión desconocida ya que nos muestra su realidad con tal confianza que parece verdaderamente lo real. Él cree en sí y por eso es que el lector también lo cree. El lector sabe que está loco, pero la realidad del Quijote los seduce, porque todos quisiéramos hacer nuestros sueños realidad.

Sancho Panza: es el escudero de Don Quijote, quien acompaña al Caballero de la Triste Figura en sus hazañas y aventuras. Este es un personaje totalmente común y corriente que está cuerdo y que vive la realidad tal cual es. Este personaje sabe que Don Quijote está loco y lo demuestra en la obra, ya que cada vez que Don Quijote le impone una misión, Sancho no la completa y engaña al Quijote, ya que sabe que lo que él diga, Don Quijote lo va unir a su realidad, aunque sea mentira, porque si el Quijote se da cuenta que es mentira, Sancho lo convence de que completó su misión, hasta que el Quijote se convence de que en eso algo tuvieron que ver los encantadores. Sancho es un hombre un poco cobarde, débil y que sólo acompaña al Quijote, ya que éste le prometió riquezas, poder y estabilidad para su familia. Este personaje es la parte real de la historia que trata de cambiar al Quijote y curarlo, haciéndole ver su locura, pero al final la confianza del Quijote en sí hace que Sancho también se convenza de que la realidad es la del Quijote y no la de él. Sancho es un fiel escudero, que apoya a su amo.

Caballero de los Espejos: este personaje es en realidad el bachiller Sansón Carrasco, quien era un amigo de Don Quijote. Estaba preocupado por su amigo, ya que sabía que estaba loco. Por eso, se embarca en una misión para encontrar a Don Quijote, ganarle en la batalla y hacerlo regresar a La Mancha. Era preocupado y honesto, y sólo fue a buscar a Don Quijote pues pensaba que algo peligroso le podía suceder, pero al final, cuando Don Quijote lo venció, se dio cuenta que El Quijote viviendo su realidad igual iba a sobrevivir y por alguna cosa del destino estaba “protegido”, pues estaba destinado a realizar su sueño. Sin embargo, este personaje no deja de buscarlo, ya que despúes de ser vencido se vuelve con mucho rencor y con ganas de venganza.

Escudero del Caballero de los Espejos: él es en realidad Tomé Cecial, un amigo de Sancho que se embarca en la búsqueda del Quijote y Sancho con el bachiller Sansón. La misión de este personaje es hacer regresar a Sancho a La Mancha. Este fue muy inteligente y se disfrazó para que Sancho no lo reconociera. Este personaje se muestra indeciso al embarcarse en la misión y después, cuando fracasa, demuestra su descontento y expresa que nunca quiso ir en busca de Sancho.

Hidalgo del Verde Gabán: este personaje se encuentra con Don Quijote en el camino y después de que cuenta la historia de su vida, el lector se da cuenta de que es un hombre frustrado, satisfecho con su vida, pero que sentía que en su vida no había cumplido su propósito, su hijo era una desilusión para él, ya que sentía que sus esfuerzos por hacerlo un hombre no habían funcionado. Pero, después de hablar con el Quijote, éste le da un nuevo sentido para ver su vida, le produce un cambio, ya que le dio esperanzas y lo convenció de que su hijo era feliz haciendo lo que le gustaba y que cada persona nacía para hacer cosas diferentes, por eso debía sentirse orgulloso de que su hijo había encontrado su vocación y que debía apoyarlo. Después de esto, el hidalgo queda sorprendido ya que la charla con el Quijote le dejó una paz interior, a la cual pensó que nunca llegaría.

Conclusión

Después de nuestra intensa investigación podemos concluir que el Quijote es una de las más grandes obras literarias de nuestro tiempo. También concluimos que Miguel de Cervantes, su autor, tuvo una imaginación inalcanzable al mezclar la relidad con la fantasía, la verdad con la locura, en una obra llena de entretenimiento y aventuras, donde siempre el Caballero de la Triste Figura sale con vida y con la sensación de que, una vez más, logró sembrar la justicia y el bien. Cuando se termine de leer estas ingenuas aventuras del trastornado Don Quijote, el lector queda con una mezcla de sentimientos: felicidad por el hecho de que Don Quijote está convencido que él es, y siempre será, el vencedor; y por otra parte una especie de tristeza por la locura de una persona ya mayor que lucha por sus ideales y trata de hacer las cosas bien. Nosotros pensamos (por los capítulos leídos en clases, lo comentado, los capítulos que se nos asignó leer y también lo que investigamos con afán) que, de todas maneras, El Quijote es un libro que entretiene y traslada a quien lo lea a un mundo en que todo puede ser posible, y que es maravillosamente especial por el hecho de mezclar, como ya mencionamos, la realidad de los personajes con la demencia y extravagancia de otros.

La trascendencia que esta obra tuvo en el mundo literario, demuestra que fue una obra maestra, que quedó separada de un mar de novelas caballerescas por su originalidad y la gracia de su autor para contar una historia alucinante e intrigante que nos introduce en el mundo de Don Quijote de La Mancha. Gracias a esta obra se pudieron inventar miles más de su mismo género, encantando al mundo con historias que nos reflejaban nuestros deseos más íntimos, pues todos quienes vivimos en esta época tan avanzada hemos deseado alguna vez remontarnos a siglos pasados, ver luchar a los caballeros o ser uno de ellos, ser una doncella y tener riquezas, o simplemente, vivir muchas aventuras como las que nos presenta Don Quijote. Los personajes de esta historia están envueltos en las historias del hidalgo Don Quijote y se van desarrollando a través de su locura, la que los deja sorprendidos, perplejos y solitarios meditando los discursos del enigmático Caballero de la Triste Figura, que regalaba paz en un mundo lleno de problemas y engaños.

Trasladándonos al tema del autor, podríamos decir que su vida fue una gran ispiración para su obra maestra, pues Cervantes fue una persona que desde su infancia “vagó” por España, en busca de una felicidad que nunca se supo si la encontró. Al igual que su protagonista, buscaba aventuras, en su libro creó una atmosfera mágica, en la cual hace una mezcla perfecta de una realidad y una fantasía que habitaba en la mente de Don Quijote. Él nunca pensó que su obra causaría tal impacto, ya que siempre la criticó y daba la impresión que consideraba que su obra era una simple ordinariez. En sus aventuras por España, conoció a mucha gente, entabló muchas relaciones que lo ayudaron en sus múltiples obras, y nos gusta saber eso, porque mientras leemos El Quijote, tenemos la certeza de que a través de sus entretenidas páginas hay, ocultos, mensajes que Cervantes quiso dejarnos y, hay también, partes de su inaudita vida. Cervantes muere triste y frustrado por no haber sido un “poeta reconocido”, sin jamás imaginarse que su obra tendría tal trascendencia histórica.

Nos gustaría finalizar este trabajo agregando que nos entretuvo mucho la búsqueda del intrigante mundo de Don Quijote de La Mancha, porque nos hizo meditar acerca de la esencia de la vida, del creer en nuestros ideales e ilusiones, y que cada persona dentro de su alma tiene cierto grado de locura. Don Quijote nos trasladó a su mundo, y tan fantásticamente lo hizo, que recordamos a este personaje con cariño y admiración.

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