Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura española del Siglo de Oro. Narrativa y novela renacentista. Caballerías. Salidas. Argumento. Juicio del yelmo. Ambientación social

  • Enviado por: Muerte Al Hombre Del Tiempo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Las dos salidas de Don Quijote:

- 1ª salida de don Quijote. III

- 2ª salida de don Quijote. IV

- Comparación de las dos salidas. VI

Juicio por el yelmo:

- Estado de la cuestión. VII

- Personajes: identidad, clases social y función. VII

- Técnica narrativa. VIII

- Visión del mundo: qué representa. VIII

Significado de los personajes protagonistas: don Quijote y Sancho VIII

Bibliografía IX

1ª salida de don Quijote

En este libro se narran las aventuras y desventuras de Alfonso Quijano, hidalgo de mediana posición de unos cincuenta años de edad, quien consumía sus menguadas rentas en la compra de libros de caballería, cuya lectura le entusiasmaba tanto que le llevó a la locura.

Pues bien, éste es el punto de partida a las aventuras de don Quijote de la Mancha, que no es más que el nombre que así mismo se da Quijano como caballero andante, quien una vez ataviado con los viejos utensilios de guerra encontrados en su desván, se dispone a salir sin rumbo fijo junto a su fiel caballo Rocinante con el fin de emular las hazañas de los héroes que nunca se cansaba de leer; pero en su salida al mundo de las aventuras descubre que aun no ha sido armado caballero, situación que solucionará cuando llega a la venta por primera vez, venta que en la mente de don Quijote es un espléndido castillo, y confundiendo al ventero con el alcaide del castillo le pide que le nombre caballero, a lo que el ventero acepta sin dudar con el fin de reírse a costa del hidalgo; tras la ceremonia (parodia de las ceremonias caballerescas) y una serie de consejos de corte caballeresco, de los que el de Triste Figura toma buena nota, don Quijote decide partir hacia su aldea en busca de dinero y un escudero, atendiendo a los consejos ofrecidos por el ventero.

Una vez en camino escuchó un quejido, se acercó hacia él y encontró a un muchacho atado a un árbol y a un hombre dándole azotes; situación que don Quijote trata de remediar diciéndole que no le corresponde el castigo que le está dando al muchacho, y que en compensación debe darle una cantidad de dinero; el señor queda en darle el dinero al muchacho en su casa, por lo que don Quijote queda totalmente satisfecho de su primera labor como caballero, pues la autoridad impuesta por el hidalgo infunde gran respeto sobre el agresor. Pero esta victoria de don Quijote se verá deslucida por la siguiente batalla en la que, al encontrase con unos arrieros, les hará jurar fidelidad a Dulcinea (la dama imaginaria por la que se siente enamorado) para poder pasar ilesos de aquel lugar, lo que desencadenará una disputa en la que nuestro héroe será sin duda el peor parado, quedando tendido en el suelo, donde comienza a recitar el romance de Valdovinos; un vecino de su aldea al que don Quijote toma por Marqués, le socorre y lo lleva de regreso a su aldea, donde su ama, su sobrina, el cura y el barbero llevan a cabo el escrutinio y destrucción de la biblioteca que ha le ha llevado a la locura.

2ª salida don Quijote

Una vez repuesto, don Quijote decide salir de nuevo en busca en busca de aventuras, pero esta vez acompañado de un escudero que le sirva y le atienda, deseo que se verá acentuado cuando se disponía a leer de nuevo sus libros y se encuentra con que el cuartillo donde los almacenaba ha desaparecido como por encantamiento, lo cual corroborarán el ama y su sobrina; ésta situación será la que acabe de convencer a don Quijote de emprender de nuevo el camino de la aventura.

Para esta segunda salida, y haciendo caso de los consejos del ventero, don Quijote se busca un escudero, que Cervantes describe como un labrador, hombre de bien, pero con muy poca sal en la mollera, o lo que es lo mismo, una persona demasiado inocente, lo que aprovechará el hidalgo para convencerle de que sea su escudero; y este no es sino Sancho Panza, quien no puede resistir la tentación de verse gobernador de una ínsula. Éstas características son perfectas para el juego que Cervantes hará entre la locura del señor y la inocencia del escudero, como más adelante se comprobará.

Se pusieron en marcha sin que nadie lo advirtiera, y pronto llegarían a un campo lleno de molinos de viento, que don Quijote confunde con gigantes; Sancho intentará hacer ver a su señor que no son gigantes sino molinos, pero el de la Triste Figura hará caso omiso de las palabras de su escudero y se lanzará al ataque, saliendo muy mal parado. Esta historia será una de las pocas en las que Sancho no se deje influenciar por la locura de su amo. Así en el capítulo de los frailes su codicia vencerá a su sentido común, lo que le acarreará que le muelan a palos. En estos primeros sucesos la personalidad de Sancho se irá amoldando a la locura del hidalgo hasta tal punto que su percepción de las cosas se acabará semejando bastante a la de su señor.

Tras este episodio sufrirán otro duro revés en la aventura con los yangüeses, en el que hidalgo y escudero salen quebrantados, por lo que podemos ver sus respectivos temples anímicos. Sancho se muestra pesimista por los últimos acontecimientos acaecidos, y cobarde e interesado sólo a lo que él le toca, aunque parece que empieza a acostumbrarse a las desdichas y ya no le da tanta importancia; don Quijote, por el contrario, mantiene su actitud luchadora y ve éste incidente como un golpe de mala suerte a espera de tiempos mejores, además de achacar este infortunio a que se trataba de gente baja y ruin, por lo que no deberían haberse metido; una vez repuestos de la paliza propinada por los yangüeses prosiguieron su camino.

Pronto se hallaron frente a una venta que don Quijote creyó castillo, donde se sucederán hechos inauditos, como la paliza que recibirá don Quijote de manos del ventero debido a una terrible confusión, o el manteo de Sancho tras intentar irse sin pagar, de lo que deducirá don Quijote que se trata de un castillo encantado.

Poco después surgirá el encuentro con la feísima Maritormes, a quien la alucinación de don Quijote convertirá en una bellísima dama. Seguramente la intención del autor es la de hacernos ver a los niveles de locura que llegaba don Quijote, quien creía estar viendo a la doncella de un castillo.

En este capítulo podemos ver que la ideología amorosa de don Quijote se basa en el tradicional amor cortés, espiritual, un amor idealizado que ha de ganarse por méritos que asombren a la amada.

Las siguientes aventuras del hidalgo y su escudero serán el robo del yelmo de Mambrino (que en realidad no es más que la bacía de un barbero) y la desafortunada liberación de unos galeotes que estaban presos y que no supieron agradecer el gesto hasta el punto de que apedrearon a don Quijote.

Tras este nuevo incidente reemprendieron el viaje a Sierra Morena; una vez allí conocerán la historia de un loco enamorado, Cardenio, con el que don Quijote tendrá sus más y sus menos, pero del que tomará la idea de encerrarse en la serranía para cumplir penitencia al modo de Beltenebros, mientras mandaba a Sancho con una carta para su amada, Dulcinea del Toboso.

Preocupados, el cura y el barbero deciden ir a por don Quijote para sacarlo de la serranía. Allí conocerán la historia de una bella muchacha, Dorotea, que, junto a Cardenio, les ayudará a cumplir su cometido. Haciendo que Dorotea se pase por la princesa Micomicona, obligarán a nuestro hidalgo que le preste sus servicios, con lo que consiguieron sacar a don Quijote de Sierra Morena. Se dirigieron entonces a casa del hidalgo parando antes en la venta ya de sobra conocida. En ésta, el cura leerá a todos la historia del “Curioso Impertinente” y don quijote pronunciará un curioso discurso sobre las armas y las letras.

Tras contar la historia del cautivo en Argel (basada en el propio Cervantes) sucedió que tuvieron que evitar a la justicia por la liberación de los galeotes y algunas otras cosas más, hasta que tras el juicio por el yelmo del barbero (o de Mambrino) enjaulan a don

Quijote con el fin de llevarlo de vuelta a casa haciéndole creer que estaba bajo un encantamiento; así, y tras una serie de enfrentamientos e infortunios, don Quijote regresó

a su hogar, donde le esperaban el ama y su sobrina, quines cuidarían de él hasta que de nuevo partiese en busca de aventuras junto a su fiel escudero Sancho.

Comparación de las dos salidas

En la primera parte, la estructura la podríamos organizar así:

Don Quijote realiza el sólo y sin que nadie lo vea los preparativos para la salida. Busca una armadura, un caballo y un nombre para sí. En su salida nadie le verá. Irá la mayoría del camino sin rumbo fijo dejando que Rocinante le guíe donde quiera. Pronto se encontrará con una venta en la que él verá un castillo y su oportunidad para nombrarse caballero. Tras las muestras de su locura volverá a las andadas, esta vez como caballero, de las que no saldrá muy bien parado. Tras la paliza propinada por los mercaderes toledanos, lo encontrará un vecino suyo el cual lo llevará de nuevo a su casa.

En la segunda salida ocurre más o menos lo mismo. Don quijote vuelve a irse sin que nadie se percate, tras haberse preparado él mismo todo lo necesario. De nuevo sus aventuras resultan ser desastrosas y solo consigue vencer en una de ellas; de nuevo marchará sin rumbo fijo y la posada volverá a ser castillo. En cuanto a las diferencias éstas son claras: la segunda salida es mucho más larga y don Quijote ya no está solo, sino que le acompaña su escudero sancho Panza, y esto es lo que motiva la gran diferencia entre las dos salidas: la narración; así la primera salida es muy pausada, monótona, no hay diálogo, sólo monólogos de don Quijote, el cual es prácticamente el único protagonista, cosa que no pasa en la segunda salida donde siempre le acompaña Sancho y aparecen muchos otros personajes que le dan más vida y dinamismo a la novela y consiguen que en algunos episodios don Quiote no sea más que un mero espectador o que incluso no participe.

Estado de la cuestión

Se encontraban don Quijote y sus amigos en la venta, la misma en la que el hidalgo estuvo aposentado y sufrió no pocos percances, descansado en el largo camino desde sierra Morena hasta el hogar de don Quijote, en lo que apareció el barbero a quien en su día Quijote atacó al creer que la bacía que portaba era en realidad el legendario yelmo de Mambrino, por el que tantas veces suspiró el de la Triste Figura. La disputa que surgió tras el encuentro de don Quijote y el barbero propició la intervención de los amigos de éste en una disputa por dilucidar si el susodicho objeto se trataba en realidad de la bacía de un barbero (como en realidad así es) o del yelmo de Mambrino (como defendían don Quijote y sus amigos; éstos por divertirse un rato, el primero por total convencimiento). Finalmente el cura le compra la bacía al barbero por ocho reales sin que don Quijote se enterase de dicho acto.

Personajes participantes

En torno a la opinión defendida por don Quijote se sitúan Sancho, maese Nicolás (el barbero amigo de don Quijote), don Fernando, Cardenio y el cura; mientras que al barbero agredido apoyaron con su palabra don Luis, los cuatro criados del padre de don Luis y tres cuadrilleros que allí se encontraban por casualidad y que resultaron ser miembros de la Santa Hermandad (al igual que el ventero), los cuales buscaban a don Quijote para ajusticiarle por la liberación de los galeotes. Los defensores de don Quijote eran buenos amigos suyos y por tanto conocedores del humor del hidalgo, por lo que le siguen el juego para pasar un buen rato, mientras que los defensores del barbero no conocían a don Quijote y por lo tanto les parecía el mayor disparate del mundo, por lo que, con buen criterio, defendían que el objeto en disputa era claramente la bacía de un barbero.

Puede ser chocante el hecho de que los nobles defiendan mayoritariamente a don Quijote y los criados y campesinos al barbero, pues bien, esto es porque en este episodio Cervantes hace una crítica a la nobleza y a la injusticia que se vive en el mundo real, donde los ricos defienden la injusticia y los pobres la verdad, como en esta situación, solo que con un fondo que explica porqué los ricos defendían la misma postura que don Quijote.

Técnica narrativa

En este episodio la escena se muestra de manera magnífica, con un ritmo de locución que va de más a menos, cuando la venta es una auténtica locura de gente, peleas, confusión y dinamismo, todo ello narrado con un humor exquisito y haciendo gala de una imaginación portentosa. Si todo el libro en sí es una maravilla de la narración, este capítulo destaca especialmente por su intensidad y sentido del humor. Bastantes diálogos junto con una excelente narración en tercera persona lo hacen posible.

Visión del mundo

En este episodio Cervantes nos enseña su visión del mundo en la época, las diferencias sociales, las injusticias, el atraso de España, etc. Como he comentado antes, en el episodio del juicio se hace una crítica a la nobleza, a las clases privilegiadas, que tan injustos son y tanto se aprovechan de los débiles, demostrando así su descontento, pero sin perder nunca el buen humor. Cabe destacar que en este episodio intervienen personajes de prácticamente todas las clases sociales, de los más variados oficios y de las más diversas opiniones, lo que permite enfrentar directamente a las más variopintas personalidades, de ahí el tumulto que se organiza finalmente en la venta; y esto es todo cuanto se puede sacar de la visión del mundo de Cervantes en este episodio en concreto.

En cuanto al libro completo no hay que olvidar las circunstancias personales de Miguel de Cervantes, que son muy características y sin duda han influido en la novela, como por ejemplo el episodio del cautivo, el cual está basado en su propia experiencia en las cárceles de Argel, o su recelo de los libros de caballerías, a los que considera disparatados y de ahí surgen las bases de la novela.

Significado de los personajes protagonistas: don Quijote y Sancho

Don Quijote es el prototipo de hombre bueno y noble que quiere imponer su ideal por encima de las convenciones sociales y de las bajezas de la vida cotidiana, como una especie de redentor humano de la vulgaridad de todos los días que le hiere y ofende para proclamarse en las más puras esencias del amor, el honor y la justicia. Es el representante en la novela del idealismo, de la defensa del honor, en contraposición a su amigo y escudero Sancho, quien representa la parte más materialista y razonable del ser humano.

Pero no son opuestos, sino complementarios, que muestran la complejidad de la persona, materialista e idealista a la vez. Sancho representa el apego a los valores materiales, mientras que don Quijote ejemplifica la entrega a la defensa de un ideal libremente asumido. Sancho, como auténtico hombre del pueblo, siente gran temor ante todo lo sobrenatural; está lleno de fe y al mismo tiempo de astucia, de interés por lo material y con gran capacidad de bondad, de ambición ingenua y de sentido común

- Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, edición de Justo García Soriano y Justo García Morales. Ed. Aguilar, Madrid, 1968

- Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, edición de Francisco Rico. Ed. Crítica, Barcelona, 1998

- Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha, edición de Martín de Riquer. Edición commemorativa del XXV aniversario de Círculo de Lectores, Barcelona, 1989

- Riquer, Martín de, Don Quijote de la Mancha, artículo en Diccionario literario Bompiani, Tomo VIII, Ed. Hora, Barcelona, 1992

- Valbuena Prat, A., Don Quijote de la Mancha; Sancho Panza, artículos en Diccionario literario Bompiani, Toma XI, Ed. Hora, Barcelona, 1992

II