Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Primera y segunda parte

  • Enviado por: Oli
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
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* El Quijote:

PRIMERA PARTE DE LA NOVELA

Capítulo I

1. El hidalgo protagonista, Don Quijote de la Mancha, es un hombre de complexión recia, seco de carnes, enjuto de cara, alto, delgado, gran madrugador, amigo de la caza, soltero, colérico y culto.

2. En su casa vivían con él una ama que pasaba de los cuarenta, una sobrina que no llegaba a los veinte y un muchacho de campo y plaza que ensillaba al rocín, que más tarde será el caballo de Don Quijote al que llamará Rocinante.

3. Alonso Quijano perdió el juicio debido a la lectura de los libros de caballerías convirtiéndose en Don Quijote, según como relata Cervantes “con mucho leer y el poco dormir se le secó el cerebro” en un caballero andante que va por el mundo en busca de aventuras.

4. Lo primero que hace nuestro hidalgo es limpiar las armas, recubiertas de moho y orín, que estaban guardadas en un rincón. A continuación como no tenía celada, tan solo un morrión, hizo una de cartones en forma de media celada, con unas barras de hierro para que pareciera una entera. Luego buscó un nombre para su caballo, al cual le llamo Rocinante, un nombre al parecer de Don Quijote, alto, sonoro y significativo. También buscó otro para él, como caballero, para lo que tardó ocho días hasta que por fin se decidió por Don Quijote con su lugar de procedencia detrás: de la Mancha. Por último buscó una amada a la cual le puso el nombre de Dulcinea del Toboso, basándose en una simple labradora de la cual estuvo enamorado y con la que no habló nunca.

Capítulo II

5. El pensamiento que se le vino a la cabeza a Don Quijote fue que no era caballero, y que, conforme a la ley de caballería, ni podía, ni debía tomar armas con ningún otro; y aunque lo fuera, tenía que llevar armas blancas, como novel caballero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase.

El lenguaje que utiliza Don Quijote no es natural ni sencillo, sinó que utiliza un lenguaje arcaico caballeresco, con un estilo oratorio y coloquial en muchas aventuras.

6. Lo confunde con un castillo, con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle el puente levadizo y la cava.

7. El hidalgo caballero confunde a las jóvenes que estaban en la venta con dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, al ventero con el alcaide de la fortaleza y al porquero que tocó un cuerno para llamar a los cerdos, con un enano que estaba anunciando su llegada.

8. Don Quijote llegó a la venta, vio a dos distraidas muchachas y un criador de cerdos que tocó un silbato, los que a Don Quijote le parecieron dos hermosas doncellas y un hombre que estaba anunciando su llegada. Las dos muchachas al verlo entrar con su gran lanza, llenas de miedo se fueron alejando. El protagonista al darse cuenta de esto, no dudó en alabarlas y decirles que no se fueran pero ellas que no le entendían, se reían. Entonces apareció el ventero que al ver al protagonista le ofreció comida y posada. Con mucha dificultad, el hidalgo bajó del caballo y acomodando a este en la caballeriza, Don Quijote le pidió al ventero que se ocupara del animal. Las doncellas comenzaron a quitarle el armamento al hidalgo, pero no lograron sacarle de la celada y así se quedó toda la noche. Durante la cena ( pescado con pan negro), no daba comido por lo que le tuvieron que dar de comer, pero lo que más le fatigaba era que no podía realizar ninguna aventura si no era nombrado caballero.

Capítulo III

9. Don Quijote se encerró con el ventero en la caballeriza y le pidió que le nombrara caballero, el dueño de la venta aceptó por lo que el nombramiento se produjo al amanecer. Para que este suceso fuera posible, el hidalgo debía velar sus armas en la capilla, como allí no había ya que supuestamente se estaba construyendo, al final las veló en el patio donde el protagonista permaneció toda la noche. El ventero, dentro de la venta le contó a todos lo que iba a suceder, entonces dos hombres fueron a molestar a Don Quijote. Al ventero le pareció mal por lo que puso paz.

A la mañana siguiente todo sucedió tal como estaba previsto, Don Quijote fue nombrado caballero (con la ayuda de dos mujeres a las que llamó doñas). Después se marchó sin pagar debido a su locura, pero no sin antes recibir los consejos del ventero con los que decidió regresar a casa.

Capítulo IV

10. Porque le vinieron a la memoria los consejos del ventero, acerca de las prevenciones tan necesarias que debía llevar con él, en especial la del dinero y camisas, así que decidió volver a casa y buscar también un escudero.

11. De regreso a su casa, se le presentó la primera oportunidad de cumplir con su profesión. En la espesura de un bosque escuchó voces que pedían auxilio. Se andentró en él, vio a una yegua y a un niño de aproximadamente quince años, atados a unos árboles. Había un labrador dandole latigazos al muchacho. El hidalgo intervinó en la acción, dialogando con el labrador, preguntándole porqué hacía eso. El labrador se vio muerto y le contestó a Don Quijote de buena manera, éste no le creyó, mandó dejar libre al muchacho, que le pagara lo que le debía y que si no ocurría así volvería para castigarle. Cuando el hidalgo se marchó el labrador no sólo no le pagó sino que siguió atizándole. Cuando el niño se soltó fue en busca de Don Quijote casi llorando.

12. De camino hacia la aldea, el hidalgo iba pensando en su amada, Dulcinea del Toboso, cuando se encontró por un camino que se dividía en cuatro, después de pensar un poco dejó que Rocinante tomara la iniciativa. Cogió un camino por el que tras recorrer dos millas, se encontró con unos mercaderes toledanos que confundió con caballeros, a los que hizo jurar que Dulcinea era la más bella. Los mercaderes le dijeron que no la conocían pero que reconocerían su belleza aunque fuera tuerta. Esto no gusto nada a Don Quijote, que emprendió una batalla contra ellos. El hidalgo cayó del caballo lo que aprovecharon los mercaderes para escapar, menos uno que le propinó una paliza al protagonista.

Capítulo V

13. Después de la paliza que le había propinado el mercader, Don Quijote que no se podía levantar, empezó a recordar historias de los libros de caballerías. En su memoria se le paró una que iba perfecta para su situación la cual empezó a recitar. Por aquel lugar pasó un labrador, que venía de recoger trigo, se detuvo para preocupase del hidalgo, al que tras un pequeño tiempo lo reconoció como su vecino, el señor de Quijana. El campesino ayudó a Don Quijote a sentarse sobre el borrico, levantó las armas y pusieron rumbo hacia la aldea mientras el caballero seguía relatando la historia pensando que su vecino era el Marqués de Mantua. Cuando por fin llegaron al pueblo, al anochecer, esperaron para entrar en él, para que nadie observara al protagonista con las heridas. Al llegar a su casa, estaban allí el ama, la sobrina, el cura y el barbero lamentándose y maldiciendo los libros de caballerías. Cuando lo vieron, lo subieron a la habitación, le curaron las heridas y le hicieron muchas preguntas, las cuales no respondió, tan solo dijo que le trajeran algo de comer y le dejaran dormir.

Capítulo VII

14. Cervantes caracteriza a Sancho Panza como hombre de bien, con poca sal en la mollera, labrador, casado y con hijos.

15. La promesa que movió a Sancho a servir a Don Quijote, es que si ganaba alguna ínsula, le dejaría a él ser gobernador de ella.

Capítulo VIII

16. La historia comienza cuando Don Quijote y Sancho observan desde lejos treinta o cuarenta molinos. El hidalgo piensa que son gigantes y se inventa en su cabeza una nueva aventura por lo que decide comenzar una lucha contar ellos. Este da la vuelta a su caballo y empieza a correr contra ellos, desoyendo las voces de Sancho que le alertaba de que eran molinos, mientras grita encomendandose a Dulcinea. Al golpear contra el primer molino, al que el viento mueve las aspas, dandole en su lanza por lo que el caballero salió disparado cayendo en un campo en donde siguió rodando. Sancho al ver lo que le ocurre a su amo va a socorrerle y tras intercambiar varias frases sobre lo que había pasado siguieron su camino hacia Puerto Lapice, pues Don Quijote pensaba que allí era imposible que no hubiera aventuras.

17. Después de la aventura de los molinos, pasaron la noche bajo unos árboles, donde Don Quijote arrancó una rama de un árbol para hacerse una lanza, como había leído en los libros de caballerías puesto que la suya se había perdido en el enfrentamiento con el supuesto gigante. A la mañana siguiente salieron hacia su destino, mientras Don Quijote le iba explicando a Sancho cual debía ser su posición en combate. De pronto, de lejos se encontraron a dos frailes de la orden de San Benito y un coche con una señora vizcaína, su marido, un escudero y unas acompañantes. En la mente de Don Quijote surgió otra aventura, pues pensó que los frailes eran encantadores que llevaban prisionera a una princesa. El caballero fue a hablar con los frailes para que soltaran a la mujer, desoyendo como siempre los consejos de su escudero. Como el primer fraile no le hizo caso lo atacó cayendo este de su mula mientras el segundo salió corriendo y Sancho después de ver esto siguió los consejos de Don Quijote, se fue a desnudar al hombre que estaba en el suelo. Al poco tiempo llegaron los muchachos de los frailes que se lanzaron contra Sancho mientras que el caballero, que estaba delante del coche de los vizcaínos les dijo que fueran al Toboso. El escudero de estos se negó por lo que se desencadenó una pelea de espadas entre los dos.

Capítulo IX

18. La aventura del vizcaíno termina al finalizar la pelea entre este y el hidalgo. El escudero del coche fue el primero en descargar el golpe sobre la espalda de Don Quijote pero este la torció y sólo se le desgarró la mitad de la celada. A continuación el caballero descargó otro golpe sobre su contrincante, después de lazarse con su caballo, acertandole en la cabeza por lo que este empezó a echar sangre por la nariz y las orejas. Este cayó de la mula, el hidalgo saltó de su caballo, le puso la espada entre los ojos y le dijo que se rindiera. Las criadas de la señora del coche le pidieron que le perdonara, Don Quijote muy a su pesar aceptó con la condición de que lo llevaran junto a su amada Dulcinea del Toboso Para que hiciese todo lo que mandara.

Capítulo XVI

19. La muchacha asturiana llamada Maritormes es ancha de cara, llena de cogote, de nariz roma, con un ojos tuerto y el otro no muy sano. La gallardia del cuerpo suplía las demás faltas, no tenía siete palmos de pies a cabeza y la espalda que le cargaban le hacia mirar al suelo mas de lo que ella quisiera.

20. La imaginó como había leído en sus libros de caballería, con una princesa que iba a ver al mal herido caballero vencido por sus amores, como la diosa de la hermosura.

21. La aventura termina cuando llega la hora de que la asturiana, vestida en camisa y con el pelo recogido acudiera a su cita con el arriero. Don Quijote la sintió, se sentó en la cama para recibir a Maritormes, a la que abrazo fuertemente mientras le decía cosas. El arriero estaba despierto, con malos deseos y celoso de que le hubieran fallado a la cita, se fue hacia el lecho del protagonista donde comenzó una pelea, clavándole este un puñal al hidalgo. Al oír tanto estruendo apareció el ventero insultando a la asturiana que estaba acurrucada al lado de Sancho. El escudero a causa de las voces se despertó dando puñaladas de un lado al otro algunas de las cuales alcanzaron a Maritormes. Estaba Don Quijote tirado en el suelo, tras la puñalada cuando se inició una pelea entre todos hasta que al ventero se le cayó el candil. Como había tanto estruendo entró un cuadrillero que intentó encender un candil para encontrar a los culpables, momento que aprovecharon la criada y el arriero para escapar, mientras el caballero se quejaba.

Capítulo XVII

22. El bálsamo se confecciona a partir de aceite, vino, sal y romero. Su preparación consiste en hacer un compuesto mezclando los ingredientes, cociéndolos hasta que estén en su punto. Después se echa en una alcuza y luego se recitan ochenta padres nuestros y otras tantas avemarías, credos, salves, acompañando en cada bendición el símbolo de la cruz.

23. Cuando Don Quijote tomó el bálsamo, este le produce vómitos, de una manera que después no le queda nada en el estómago, se queda dormido y tras horas se despierta aliviadísimo de cuerpo. Sin embargo a su escudero, de estómago más delicado, el bálsamo hizo que vomitase, le dieran ansias, trasudores y desmayos, pero al cabo de dos horas quedo como su amo.

24. Después de tomar el bálsamo y de que Sancho se recuperase, el hidalgo quiso salir a realizar nuevas aventuras. Así, con ese deseo, ensilló él mismo a Rocinante, salió fuera de la venta montado a caballo recogiendo su lanzón que estaba en la puerta. Toda la gente que estaba allí, miraba para el hidalgo y después de agradecerle su hospitalidad al ventero, salió a toda prisa porque no quería pagar. El dueño de la venta, al ver esta escena, le pidió el dinero a Sancho, él respondió que no se lo daba por lo que la gente lo metió dentro de la venta y lo empezó a mantear. Sancho daba voces las cuales escuchó su amo, que regreso para ver si podía rescatar a su escudero, pero se encontró con la puerta cerrada. Maritormes apenada por lo que estaba sucediendo le llevó a Sancho un vaso de agua, que lo bebió con mucho gusto aunque Don Quijote le dijera lo contrario. El escudero pidió un poco de pan y agua que la asturiana pago de su dinero, este salió de la venta muy contento aunque el ventero le quitara las alforjas por lo que el hidalgo debía.

Capítulo XXII

25. Don Quijote alzó los ojos y vio que venían por el camino doce hombres a pie con cadenas de hierro al cuello, con esposas en las manos. Los acompañaban dos hombres a caballo ( llevaban escopetas) y a pie ( llevaban dardos y espadas). Sancho le explicó a su amo que eran galeotes y que iban a galeras forzados por el rey debido a sus delitos. Esto no le gusto nada al hidalgo y decidió ir hasta ellos. Después de hablar con el guardián le fue preguntando uno por uno porque los habían condenado. Cuando llegó al último, el más encadenado, entablo una larga conversación con él, acerca de su libro, de cómo se llamaba y como a los otros porque lo mandaban a las galeras. El guardián quiso pegar al galeote porque no le gustaban las repuestas que daba y Don Quijote pidió que no lo hiciese. Después de que el caballero reflexionara, pidió a los guardianes que los desataran porque no le parecían razones tan graves para mandarlos a galeras y que si no lo hacían voluntariamente lo harían por la fuerza. Ellos le dijeron que se fuera desencadenante que provoco una pelea en la cual el caballero se cayó del caballo, lo que aprovecharon los galeotes para escapar, ya que Ginés de Pasamonte ( el último preso) le quito la escopeta a un guardián atacando al comisario que estaba en el suelo. Cuando terminó la pelea, el hidalgo les pidió que fueran al Toboso a ver a Dulcinea para contarle la aventura, Gines respondió que no irían que era muy peligroso quedarse por aquella zona.. A Don Quijote no le gustó nada la respuesta por lo que los insultó y ellos comenzaron una lluvia de piedras sobre él y su escudero.

Capítulo XXX

26. Los argumentos que le da Sancho a su amo son que Micomicona es una alta princesa, que iba a tener una gran fortuna y que Dulcinea no llegaba a la mitad de su zapato.

27. Don Quijote alega a Sancho para no casarse que mientras tuviera ocupada la memoria, cautiva la voluntad y perdido el entendimiento por Dulcinea que no pensaba en casarse aunque fuera el Ave Fénix.

28. Los insultos que aparecen son: majadero, bellaco, mal nacido, hideputa, puto, traidor, blasfemo, ruin, gañan...

Capítulo XXXI

29. Sancho explicó a su amo que cuando halló a la señora Dulcinea para entregarle la carta, estaba echando dos hanegas de trigo en el corral de su casa. Cuando le dio la carta, ella dijo que la dejara sobre el costal que no podía leer hasta que acabara de cribar todo. Dulcinea era muy alta y olía a hombre debido a todo el ejercicio que hacía ya que estaba sudaba. La carta no la leyó porque no sabía ni leer ni escribir y no la quería que la leyese nadie. No le dio ninguna joya solo un trozo de pan y queso y le contó que el vizcaíno había ido por allí. Don Quijote al oír esto fue corrigiendo a Sancho punto por punto: dijo que la hallara insertando perlas o bordando alguna empresa con oro de canutillo; los granos de trigo que había visto eran perlas tocados de sus manos, la carta la dejo en aquel lugar porque la quería leer despacio y recrearse con ella; cuando llegó olía bien, que el mal olor debía proceder de él, porque ella huele a rosas de espinas, licio del campo, ámbar desleído y que no le dio joyas porque seguramente no las tendría a mano.

30. Camino hacia la aventura con la supuesta princesa Micomicona, se detuvieron en una fuente y comieron un poco de lo que había traído el cura de la venta. De repente apareció un muchacho que se agarró muy fuerte a las piernas de Don Quijote. El chico era Andrés, el que se había encontrado en un bosque cuando regresaba a casa para seguir los consejos del ventero. Después de contarles la aventura a los presentes, Andrés relató que cuando el hidalgo se fue, el villano no solo no le pagó sino que siguió dándole azotes y que después estuviera en el hospital recuperándose de los golpes. El niño le echo la culpa de todo al caballero, reconociéndola este, por lo que dijo que se tenía que haber quedado allí hasta que el labrador le hubiera pagado todo y decidió ir a buscarlo como le había prometido a Andrés. Él no pudo marcharse porque tenía un compromiso con Dorotea y pidió a Andrés que tuviera paciencia. Este no le creyó, pidió un poco de comida y al hidalgo, que si lo volvía a encontrar no le ayudara. Después el muchacho se fue corriendo.

Capítulo XLVI

31. Deciden llevárselo con la invención de liberar a la Reina Micomicona, para intentar curar su locura en su casa. La manera de llevarlo acabo fue dirigida por el cura y el barbero que ordenaron primero concertar con un carro de bueyes que acertó a pasar por allí para que lo llevase. Después hicieron una jaula de palos, enrejados de forma que pudiese coger en ella de una forma holgada. Luego los cuadrilleros, el cura y don Fernando se disfrazaron cubriéndose el rostro. Hecho esto entraron en el lugar donde dormía Don Quijote, le ataron las manos y los pies. Cuando se despertó el caballero pensó que todas aquellas figuras eran fantasmas de aquel castillo encantado. Lo metieron en la jaula y comenzaron el camino.

Capítulo LII

32. El cuento del cabrero había causado mucho interés entre todos los que allí estaban. Don Quijote se dirigió a él y por causa de la burla del cabrero y los insultos del hidalgo el primero cogió del cuello al segundo intentando ahogarlo. Los dos tenían la cabeza llena de sangre y seguían dándose golpes mientras había una risa generalizada de los presentes, menos Sancho que no podía acudir a su amo porque alguien lo estaba agarrando. De repente se oyó una trompeta y el hidalgo interrumpió el combate puesto que vio una nueva aventura. Al protagonista le pareció que llevaban a una dama a la fuerza, se encamino hacia ella y cuando llegó empezó a decir razones incoherentes a causa de su locura lo que provoco risas entre todas las personas. Al hidalgo no le gusto nada y atacó a uno, otro dejando la carga se fue contra el caballero al que le clavó un cuchillo provocándole la caída del caballo. Sancho llegó jadeando al lugar, pensó que su amo estaba muerto y comenzó a decir un discurso cuando Don Quijote se despertó hablando de Dulcinea, y pidió a su escudero que lo metieran en el carro y lo llevaran a su pueblo. Al final solo quedaron en el carro el cura, el barbero, Sancho y su amo. Tardaron seis días en llegar a su pueblo, entraron un domingo, al mediodía, cuando todo el mundo estaba en la plaza. A Sancho lo recibió su mujer y a Don Quijote cuando entró en su casa lo desnudaron y lo pusieron en su lecho.

SEGUNDA PARTE DE LA NOVELA

Capítulo X

33. Sancho llegó hasta donde estaba su amo y le anunció que venían de camino del Toboso, la princesa Dulcinea y dos doncellas para verle. Don Quijote desconfiado pensó que no era cierto y le dijo a Sancho que eran tres labradoras. El escudero convenció a su amo de que no era así y este se adelanto a recibir a las tres aldeanas. Cuando llego junto a ellas, se bajo del caballo y las empezó a tratar como princesas e imitándolo, Sancho hizo lo mismo. Las labradoras sorprendidas miraban atónitas a aquellos dos hombres mientras que se produjo un silencio que rompió una de ellas para pedirles que les dejaran paso. Sancho les dijo que no, pero su amo se levantó hablando con Sancho para convencerlo de que se levantara. Este las dejo pasar y continuaron su camino hasta que una de ellas se cayo. El hidalgo fue a ayudarla pero ella ya se había levantado, mientras Sancho y el caballero de la Triste Figura comentaban lo sucedido.

Capítulo XLI

34. Apareció en el jardín de los duques el caballo Clabileño. La Dolorida cuando lo vio le pidió a Don Quijote que subiera. Este aceptó, pero su escudero no estaba muy convencido de aquella aventura y se negó a subirse al caballo ya que temía que tardarían mucho en regresar o que cuando volviera no habría ínsula. El Duque observando la preocupación de Sancho intentó tranquilizarlo, pero éste todavía dudaba, por lo que le preguntó a la Trifaldi si se podía encomendar a Dios, respondiéndole esta que sí. El hidalgo viendo la temeridad de su escudero lo apartó a los jardines donde mantuvieron una conversación, en la cual Sancho aceptó para participar en la aventura. Así que subieron al caballo en el cual le taparon los ojos primero al caballero y después al escudero aunque éste se los volvió a destapar para observar a la gente. Comenzó la aventura, el Duque, la Duquesa y el mayordomo la tenían muy bien trazada por lo que se empezó a sentir viento lo que pensaron los aventureros que era la primera región. Llegaron a la segunda, donde en el aire estaba el granizo, las nieves los trueno, los rayos... Llegaron a una tercera región, la del fuego, donde Sancho pidió a su amo que si se podía quietar la venda respondiéndole este que no. Todos los comentarios de los aventureros eran escuchados por los duques que para terminar la aventura prendieron fuego en la cola del caballo por lo que el hidalgo y el escudero salieron volando por los aires. Cuando se levantaron, maltrechos, se quedaron sorprendidos de estar en el mismo jardín sin nadie alrededor tan solo un pergamino que ponía la resolución de la aventura. Después de leerlo fueron a ver a los duques que después de ver el pergamino, él fue a abrazar al hidalgo y ella mantuvo una conversación con Sancho.

Capítulo XLII-XLIII

35. Don Quijote después de que se enteró de que Sancho iba a gobernar una ínsula lo subió a una habitación y le dio una clase de consejos. Le dijo: que debía tener miedo de Dios porque la sabiduría era fuente de temer a Dios; que debía de saber quien era procurando que se conociera a si mismo; que los de no principios nobles debían acompañar la gravedad del cargo que ejercitaban; que hiciese gala de la humildad de su linaje y que no despreciara que venía de una familia labradora; que se preciase más en ser humilde virtuoso que pecador soberbio; que la virtud vale por si misma lo que la sangre no vale; que si le iba a visitar uno de sus parientes no lo desechara que antes lo tenía que acoger, asajar y regala; que si llevaba a su mujer le enseñara, doctrinara y la devastara en su natural rudeza porque todo lo que puede adquirir un gobernador discreto, lo suele perder una mujer rústica y tonta; que si enviudara y con el cargo mejorase de consorte no la tomara porque le servia de anzuelo y caña de pescar; que nunca se dejase llevar por el encaje que suele tener mucha cabida por los ignorantes que presumen de agudos; que no cargara con toda la ley al delincuente, que no era mejor la fama de juez riguroso que la de compasivo; que no le cargara la causa ajena; que si alguna mujer hermosa le fuera a pedir justicia quitara de sus ojos las lagrimas y de sus oídos los gemidos y considerada despacio lo que pide; si tuviera que castigar con obras no le tratase mal con palabras pues le basta al desdichado la pena del suplicio.

Sancho escuchaba muy atento todos los consejos sobre el gobierno de su ínsula pero su amo le siguió diciendo: para gobernar la casa y su persona tenía que ser limpio, cortarse las uñas, tomar con descripción el pulso del oficio, no comiera ajos ni cebollas, que fuera templado al beber, no eructara, no mezclara en sus hablares los refranes, que cuando subiera al caballo no fuera echado para delante ni llevara las piernas tiesas ni desviadas de la barriga del animal, que fuera moderado con su sueño y que nunca se pusiera a disputar linajes pues por fuerza una ha de ser mejor.

Capítulo XLV

36. Antes de tomar posesión de la ínsula a Sancho Panza se le presentan tres casos de litigio. El primero trata sobre un labrador que llegó a la tienda de un sastre con un paño en las manos y le preguntó si podía hacer una caperuza. El sastre le contesto que si y así hasta llegar a cinco caperuzas. Un día el labrador las fue a buscar, el sastre se las dio pero el primero no quería pagarle. Después de explicárselo a Sancho, el labrador le pidió al sastre que mostrase las caperuzas, este lo hizo con una en cada dedo. El escudero sin muchas dilaciones y con risa de fondo de los presentes, decidió que el labrador se quedara sin el paño, el sastre sin el dinero y que las caperuzas se las llevaran a los presos de la cárcel.

El segundo litigio se produjo entre dos hombres ancianos.. El caso consistía en que uno de ellos le había dejado al otro diez escudos de oro con la condición que los devolviera cuando el se los pidiese. Pasaron muchos días antes de que el anciano se los pidiera pero como le pareció que se retrasaba en la paga se los pidió pero el otro no sólo no se los devolvía sino que negaba que se los había prestado. Sancho solucionó el problema quitándole el báculo al demandado y dándoselo al otro en vez de las monedas.

El último caso comenzó cuando entro en la sala una mujer agarrada por un ganadero, la cual venía dando voces diciendo que el hombre se había aprovechado de ella. Sancho le pregunto al hombre cual era su versión. Respondió que volvía a su pueblo después de haber vendido cuatro cerdos, se encontró a la dama, estuvieron juntos y le pagó, pero como la mujer no había quedado contenta lo llevo hasta allí. Sancho después de oír a las dos partes decidió que la bolsa del dinero se la llevara ella y se marchó de allí. Luego mandó al ganadero ir tras ella y que volviese con la bolsa y la mujer. Cuando regresó la mujer venía agarrada de la bolsa volviendo a dar voces, esta vez diciendo que para que le quitasen la bolsa la tendrían que matar. El hombre se rindió. Sancho al ver esto pidió la bolsa a la mujer y se la dio al labrador. La mujer se marcho cabizbaja y mal contenta.

Capítulo LXIV

37. Paseándose Don Quijote sobre su caballo, con sus armas, por la playa, vio de lejos a un caballero que venía hacia él. Este se dio a conocer como el caballero de la Blanca Luna lanzando después contra él para hacerle confesar que su dama era más hermosa que Dulcinea del Toboso. El caballero de la Triste Figura sorprendido por la arrogancia y el desafío del caballero, se negó a oír sus hazañas, defendió a su enamorada y aceptó el combate. El visorey que estaba allí pensó que era una aventura fabricada por Antonio Moreno para causar risas entre los presentes, acusación que negó mas tarde. En esto Don Quijote se dirigió a tomar el campo necesario para la batalla y él visorey dio comienzo al combate. Como el caballo del desafiante era mas ligero, cuando llego hasta el desafiado, este se encontró con mucha fuerza en la lanza lo que le provoco una aparatosa caída. Don Quijote aturdido, con voz debilitada dijo que Dulcinea era la más bella. Esto no lo escucho el otro caballero que cuando llegó hasta él le mando hacer lo que habían apostado. El perdedor acepto con la condición de que lo haría si no perjudicaba a su amada. El caballero de la Banca Luna se adentró en la ciudad de Barcelona. Sancho estaba triste veía a su señor sin tomar armas en dos años, mientras los caballeros allí presentes hicieron una silla de manos y lo llevaron a la ciudad a la orden del visorey, que se quedo pensando en quien era aquel caballero que había hecho tanto mal a Don Quijote.

Capítulo LXXIV

38. Don Quijote cayo enfermo debido a la melancolía de verse vencido, que le produjo una fiebre con la que estuvo seis días en cama. Durante estos días el hidalgo recibió visitas de muchos amigos, el barbero, el cura, el bachiller y su fiel amigo Sancho Panza. Estos llamaron al médico el cual les dijo que atendiesen a la salud del alma porque la del cuerpo corría grave peligro. Su sobrina, el ama y el escudero al oír esto empezaron a dejar caer lagrimas por la cara, pidiendo Don Quijote que se marcharan que quería descansar. Este durmió mucho, y cuando despertó estaba su sobrina al lado suya a la que empezó a decir que ya no era Don Quijote de la Mancha sino Alonso Quijano que todo era parte de su locura e hizo llamar al cura para que lo confesara. Después de esto, estando todos en su compañía, el bachiller fue a por el escribano. De ahí a un rato volvió con este y Sancho y subieron a la habitación para hacer el testamento. El famoso caballero de la Triste Figura le dejo unos dineros a Sancho y la casa a su sobrina.

Después de tres días llegó el último para don Quijote que después de recibir todos los Santos Sacramentos, murió en su lecho. El cura viendo al protagonista pidió al escribano que le diese testimonio como Alonso Quijano llamado comúnmente Don Quijote de la Mancha.