Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura Universal española. Narrativa renacentista del Siglo de Oro. Novela de caballerías. Crítica social

  • Enviado por: Martina
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 19 páginas
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'Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes'

1º Bachillerato A

La obra Don Quijote de la Mancha fue escrita por Miguel de Cervantes y es la obra cumbre de la literatura española. Consta de dos partes, la primera publicada en 1605 y la segunda publicada en 1615.

PRIMERA PARTE:

Prólogo

Cervantes nos revela en el prólogo de la obra las finalidades que persigue. La principal de ellas es hacer una parodia de los libros de caballerías y en el título ya se percibe esa intención humorística. El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha recuerda a los títulos de los libros de caballerías, pero todos sus términos tienen un doble significado. Los caballeros destacaban por su fuerza y valentía, y no por su ingenio, como nos dice Cervantes sobre don Quijote. El término <<hidalgo>> también tiene un doble significado: para ser caballero había que pertenecer a las clases sociales más altas y no ser un hidalgo, que en definitiva es un persona perteneciente a la clase social mas baja de la nobleza. Esto sucede también con el termino <<don>>, que se usaba para tratar de forma respetuosa a las personas mas ilustres. Pero en donde mas se nota esa intención burlesca es en el nombre del personaje, que toma su apellido (Quijano) como base y añade el sufijo -ote queriendo imitar de esta forma a los caballeros mas ilustres, como por ejemplo Lanzarote. Al escoger <<de la Mancha>> como sobrenombre ridiculiza mas aun al personaje ya que en los libros de caballerías se elegían lugares desconocidos o, incluso, lugares inventados como sobrenombre de los caballeros. Por tanto, el título ya nos anuncia la parodia de los libros de caballerías.

Pero la verdadera intención de la obra es conseguir el reconocimiento de que en este mundo es imposible que los ideales caballerescos triunfen. Así, Cervantes nos presenta a Alonso Quijano: un hombre obsesionado por conseguir que triunfe el bien y fracase el mal y eso le lleva a enfundarse en la piel de un caballero andante y a recorrer las llanuras manchegas con el propósito de imponer lo que él considera necesario en este mundo, como la justicia y la verdad, pero solo consigue fracasar una y otra vez.

Capítulo I

La novela comienza presentando el lugar en donde se desarrollan los hechos, Castilla la Mancha, y al personaje principal de la novela que tiene como nombre Alonso Quijano. Se le describe como un hombre de aproximadamente cincuenta años, no excesivamente rico, con unos hábitos alimenticios no muy lujosos (“Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos”), muy delgado (“seco de carnes”), madrugador y aficionado a la caza. También era un gran aficionado a leer libros de caballería y llegó a tanto su afición que descuidó la administración de su hacienda e incluso vendió algunas tierras para poder comprar más libros. Tal era su obsesión por este tipo de libros que perdió el juicio y decidió convertirse en un caballero andante para ir en busca de aventuras y deshacer cualquier agravio que encontrase a su paso. Para ello, tuvo que limpiar y reparar las armas de su bisabuelo y, siguiendo al pie de la letra lo que indicaban los libros de caballería, buscó un nombre para él mismo y para su caballo y una doncella a la que dedicar sus triunfos. Esto último puede compararse con los libros de caballería. Los auténticos caballeros disponían de caballos jóvenes y sanos y sus triunfos se los dedicaban a princesas de reinos lejanos. Por el contrario, don Quijote tenía un caballo viejo y enfermo y la persona a la que dedicaba sus victorias era una simple labradora.

El narrador esta en tercera persona y alude a supuestos autores de la historia en el momento de decidir cual es el verdadero nombre de don Quijote, ya que según dice el narrador unos decían que se llamaba Quijada y otros decían que se llamaba Quesada, pero finalmente dice que “por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana»”.

Capítulos II al VI

Al convertirse en caballero andante, don Quijote imita el habla de éstos y emplea un lenguaje grandilocuente y plagado de descripciones retóricas (“Non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran”) y hace alusiones a la mitología (“Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos…”). El lenguaje que don Quijote usaba era muy poco frecuente en la época en la que vivía este personaje.

En su primera salida don Quijote llega a lo que él cree ser un castillo, pero que en realidad es una venta. Su locura le hace modificar la realidad y de esta forma cree que el sonido del cuerno de un porquero que recoge a su piara es la bienvenida del señor del castillo, que al llegar a la puerta habla con unas hermosas doncellas, cuando en realidad lo hace con unas prostitutas, y también le hace creer que el dueño de la venta es el castellano que sale a recibirle.

Cuando don Quijote abandona la venta encuentra en su camino a un hombre que está azotando a un muchacho. Don quijote, que intenta que triunfe el bien, se acerca a Juan Haldudo, que así se llama el hombre, y le dice que deje de pegar al niño. El hombre, que se da cuenta de la locura de don Quijote, le miente y le promete no seguir azotando al muchacho pero en cuanto se marchó don Quijote, Juan Haldudo siguió castigando a Andrés, que así se llamaba el niño.

Don Quijote prosigue su camino y se topa con unos mercaderes a los que se dirige para hablarles sobre la belleza de su amada Dulcinea y les hace jurar que es la mujer más bella que existe. Los mercaderes le responden que si no la ven no pueden hacer tal cosa, ya que puede ser jorobada o tuerta. Don Quijote les contesta enojado que no es jorobada sino más recta que una tabla y que del ojo solo la manan perfumes. Finalmente, don Quijote decide atacarlos con tan mala suerte que Rocinante tropieza y queda malherido en el suelo.

Por suerte para don Quijote, pasó por allí un vecino que le reconoció y al ver el estado tan lamentable en el que se encontraba decidió llevarlo hasta la aldea. Por el camino, este buen hombre le preguntaba por el estado en el que se encontraba, pero don Quijote solo le respondía con versos que había leído en sus libros y su pobre vecino quedó tan desconcertado por la locura de don Quijote, que incluso llegó a decirle en aquel estado que él sabía quien era, lo que resulta bastante ridículo.

Cuando llegaron a la aldea le curaron las heridas y el cura y el barbero pidieron las llaves de la biblioteca de don Quijote para quemar todos sus libros y terminar así con la locura de este personaje. En el escrutinio de los libros se salvaron algunos, como Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, don Belianís de Grecia e Historia del famoso caballero del Tirante Blanco, porque al parecer del cura y del barbero eran unos libros muy bien escritos.

Capítulos VII al X

Cuando don Quijote se recuperó de las heridas planeó una segunda salida, pero para completar su imagen de caballero andante necesitaba un escudero y acudió a Sancho Panza. Éste era un hombre de condición baja, pobre y poco inteligente, que acepta servir a don Quijote porque le promete una ínsula para que la gobierne.

Estos dos personajes viven juntos la aventura de los molinos y más tarde la aventura del vizcaíno, historia que se ve interrumpida por el narrador para explicar como encontró el final de esta historia. El narrador nos cuenta que un día estaba en Toledo y encontró a un muchacho que vendía unos papeles en árabe y como él era un gran aficionado a la lectura decidió comprarlos. Al estar en árabe le era imposible entenderlos y, por ello, pidió a un morisco que se los tradujera. De esta forma descubrió que aquellos papeles eran el final de la historia del vizcaíno, que concluye con el triunfo de don Quijote.

Capítulos XI al XIV

Al anochecer, don Quijote y Sancho Panza deciden acampar junto a unas chozas, pero encuentran a unos cabreros que les ofrecen comida y un sitio para pasar la noche. Cuando se sentaron todos a la mesa para cenar, don quijote pronunció un célebre discurso de la Edad de Oro. En él se refería a una época idílica en la que predomina la honradez y la libertad, valores que se han perdido en la época en la que vive don Quijote. De alguna forma con este discurso don Quijote pretende denunciar la corrupción que existe en la sociedad que le ha tocado vivir.

Poco después llegó un hombre anunciando la muerte de Grisóstomo, un hombre que se había enamorado de la pastora Marcela y murió al no soportar más el no estar junto a ella. Don Quijote pidió mas detalles sobre esta historia y le contaron que Marcela era una joven rica y muy hermosa que vivía en soledad en aquellos parajes sin interesarse por los pretendientes que iban tras ella. Grisóstomo era uno de los más persistentes y murió por no estar junto a ella.

Esta es la primera historia que se intercala en el argumento de la obra y recuerda a las historias del género pastoril. Se aprecia la visión idealista y poco realista, típica de las novelas pastoriles, y el tema amoroso, también muy característico de este subgénero.

Capítulos XV al XXII

Después del entierro de Grisóstomo don Quijote y Sancho fueron en busca de Marcela por aquellos parajes y al cabo de un par de horas pararon a descansar. En aquel lugar había un grupo de yeguas custodiadas por unos arrieros y al ver que Rocinante se acercaba a ellas los arrieros empezaron a golpear al pobre caballo. Don Quijote y Sancho, al ver esto, fueron hacia ellos para defender a su caballo, pero también los apalearon.

Esta aventura se diferencia del resto en que no es don Quijote quien va en su busca, sino que surge espontáneamente.

Pasado un tiempo, estos dos personajes llegaron como pudieron a una venta en la que fueron atendidos por el ventero y la sirvienta Maritornes. Cuando terminaron de curarles las heridas, don Quijote y Sancho fueron a su habitación, en la que se alojaba también otro hombre. Este hombre había quedado esa noche con Maritornes en la habitación y cuando la sirvienta entró en la estancia, don Quijote pensó que se trataba de una doncella y empezó a alabarla. El arriero escuchó a don Quijote y comenzó a darle golpes. Poco después llegó el ventero, que se había despertado con tanto alboroto, y se formó una gran pelea en la que don Quijote y Sancho acabaron molidos. Cuando las cosas se calmaron don Quijote recordó la receta de una poción mágica que curaba todos los males y pidió que le llevaran los ingredientes necesarios para fabricarla. Una vez terminada la poción, ambos personajes la tomaron, pero a Sancho no le sentó nada bien aquel brebaje y don Quijote dijo que le había sucedido eso porque él no era caballero.

Cuando Sancho y don Quijote estaban dispuestos a marcharse de la venta surgió otro conflicto. El ventero le decía a don Quijote que tenía que pagarle la estancia, pero éste, al pensar que la venta era un castillo y siguiendo con las tradiciones de la caballería, se negó a hacer tal cosa. Esta escena fue presenciada por un grupo de hombres que se alojaban en la venta y cogieron a Sancho y comenzaron a mantearle. Al ver esto, don Quijote intentó entrar de nuevo en la venta para ayudarle, pero no lo consiguió y no puedo hacer otra cosa que insultar a los que manteaban a su escudero.

La siguiente aventura que viven Sancho y don Quijote es la de los rebaños. Mientras continuaban su camino, don Quijote divisó a lo lejos dos polvaredas e imaginó que se trataba de dos ejercito que iban a luchar. Cuando las polvaredas estaban mas cerca Sancho se percato que no se trataba de dos ejércitos sino de dos rebaños de ovejas. Don Quijote no le escuchó y se abalanzó sobre las ovejas. Los pastores al verlo empezaron a tirarle piedras y don Quijote quedó malherido.

Al anochecer vieron en el camino a un grupo de religiosos que portaban un cadáver e iluminaban el camino con unas antorchas. Don Quijote pensó que eran fantasmas que llevaban el cadáver de un caballero y se plantó ante ellos para vengar su muerte y les ordenó detenerse. Después don Quijote arremetió contra ellos y los religiosos huyeron.

El hidalgo y el escudero estaban sedientos porque no habían conseguido agua en todo el día y cuando en su camino escucharon el sonido del agua se alegraron mucho, pero además del sonido del agua se escuchaban unos grandes ruidos que asustaron a Sancho y propuso que esperaran al amanecer para ver de donde provenían aquellos golpes. A la mañana siguiente se acercaron al lugar de donde provenían aquellos ruidos y al ver que se trataba de un simple batán Sancho empezó a reír y don Quijote enfadado golpeó a Sancho con su lanza.

En el capítulo XXI se nos narra la historia del Yelmo de Mambrino. Mientras continuaban su camino estos dos personajes, don Quijote divisó a lo lejos a un hombre que llevaba en la cabeza un objeto reluciente y pensó que se trataba de un caballero que llevaba en la cabeza el Yelmo de Mambrino. Sancho le dice que no sacara conclusiones precipitadas, pero el hidalgo no le hace caso y arremetió contra aquel hombre para arrebatarle el supuesto Yelmo de Mambrino, que no era más que una bacía de barbero.

En el capítulo XXII se cuenta una de las aventuras más famosas, el episodio de los galeotes. Don Quijote y Sancho Panza proseguían su camino cuando se toparon con un grupo de galeotes y don Quijote al ver que iban encadenados se interesó por su situación y los presos empezaron a contarle uno por uno su historia. El hidalgo al considerar injusta la condena de aquellos hombre decidió liberarlos.

Los presos hablan en argot con palabras que don Quijote no conoce, como por ejemplo gurapas.

Capítulos XXIII al XXXI

Tras la liberación de los presos, don Quijote y Sancho huyen de la Santa Hermandad que les persigue y se refugian en Sierra Morena. Allí encontraron una maleta que tenía en su interior un librillo. Don Quijote al leerlo se interesó por saber quien podría ser su dueño y junto con Sancho se dispuso a buscarlo por aquella sierra. Al cabo de un tiempo se encontraron con un cabrero que les contó todo lo que sabía sobre el dueño de aquel libro.

Aquí aparece de nuevo otra historia intercalada y su argumento es el siguiente:

Cardenio era un noble que iba a casarse con Luscinda, pero antes de que eso ocurriera Cardenio tuvo que marchar a otro lugar para prestar sus servicios. En aquel lugar se hizo muy amigo de don Fernando, el hijo del duque. Fernando estaba enamorado de una labradora, pero al no poder comprometerse con ella, se fue a casa de Cardenio. Allí conoció a Luscinda y se enamoró de ella. Ambos pretendían casarse, pero para eso era necesario mantener alejado a Cardenio y de eso se encargó don Fernando. Al enterarse de esta noticia Cardenio huyó a Sierra Morena en donde conoció a Dorotea. Dorotea era la mujer con la que Fernando no quería casarse. Estos dos personajes deciden regresar para recuperar sus amores.

Siguiendo con el argumento principal de la obra, don Quijote realiza una penitencia, imitando de esta forma a los caballeros más famosos, que consiste en hacer algún gesto de amor para que luego Sancho Panza se lo contara a su amada Dulcinea.

A continuación, don Quijote pide a su escudero que vaya a entregar una carta a Dulcinea. Además, pretende que le cuente todas las aventuras y peligros que ha vivido por ella. Sancho para poder entregar la carta pregunta al hidalgo quien es Dulcinea y descubre que es una simple labradora con mala fama.

Sancho fue a llevar la carta de don Quijote a Dulcinea, pero por el camino se encontró con el cura y el barbero que le reconocen y le preguntan por el hidalgo. Sancho les cuenta todo lo que les había sucedido incluyendo la carta que tenía que entregar a Dulcinea. Cuando los dos hombres le pidieron la carta Sancho para leerla éste se dio cuenta de que no la había perdido e intentó recordar lo que decía, pero Sancho tenía poca memoria y decía cosas sin ningún sentido.

El cura y el barbero, que lo que querían era llevar a don Quijote de regreso a la aldea, aprovecharon la situación para tramar un plan. El señor cura se vestiría de doncella y fingiría estar en apuros para que don Quijote fuera a ayudarla y de esta forma poder llevarlo de nuevo a la aldea. Pero aún les quedaba convencer a Sancho para que les ayudase, cosa que no fue demasiado complicada porque le dijeron que mas tarde reemprenderían el camino en busca de la ínsula que don Quijote la había prometido.

Mientras Sancho iba a buscar a don Quijote, el cura y el barbero encuentran a Cardenio y a Dorotea. Poco después llegó Sancho e informó a los dos hombres de que don Quijote no se presentaría ante Dulcinea hasta haberse convertido en un caballero digno de su amada. Entonces cambiaron de planes. Dorotea hizo el papel de princesa Micomicona que fingía estar perseguida por un gigante. Cuando se presentó ante don Quijote y le pidió ayuda éste aceptó caballerosamente y Sancho, que no estaba al corriente del nuevo plan, estaba muy contento porque pensaba que si don Quijote vencía al gigante ganaría los terrenos que le había prometido.

Capítulos XXXII al XLVI

En el capítulo XXXII Sancho y don Quijote regresan a la venta en la que el escudero fue manteado y allí encuentran al cura, al barbero y al ventero. Estos personajes discutieron sobre la novelas de caballerías y no a todos les gustaba este tipo de novelas. El cura y el barbero decían que las novelas de caballería eran mentiras que los autores escribían con el fin de entretener a la gente. Sin embargo, el ventero pensaba que este tipo de novelas reflejaban historias autenticas que algunos personajes habían vivido tiempo atrás.

Después de discutir, el cura leyó una historia que estaba escrita en unas hojas que había encontrado y que se titulaba El curioso impertinente. La historia trataba sobre dos buenos amigos, Lotario y Anselmo. Este último se casó con Camila y para comprobar su fidelidad pide ayuda a Lotario. Éste debe intentar seducir a Camila, pero Lotario le miente y le dice que Camila no quiere saber nada de él, aunque realmente no lo sabe, ya que no ha puesto en práctica el plan que ambos acordaron. Un día Anselmo se da cuenta de que es mentira lo que le había dicho su amigo y decide poner otra vez en práctica el plan. Lotario comienza a ir todos los días a casa de Camila y al final se enamoran, pero consiguen engañar a Anselmo que se queda tranquilo porque piensa que Camila es fiel. Un día Anselmo encuentra a la doncella Leonela con su amante y amenaza con matarla, pero esta le dice que si la deja vivir le contará un secreto. Camila se entera y temiendo que Leonela le cuente la verdad a Anselmo huye a un monasterio. Lotario poco después tuvo que ir a luchar a la guerra y murió. Anselmo se vio solo y murió de pena, y Camila al enterarse de esta noticia también murió de tristeza.

En el capítulo XXXVI se pone fin a la historia de Cardenio y Luscinda, y de Fernando y Dorotea:

Dorotea y Cardenio se encuentran en la venta cuando llega un grupo de gente entre la que se encuentra a Fernando y a Luscinda. Cardenio al verla va hacia ella y Dorotea ruega a Fernando que vuelva con ella y deje a Luscinda que con quien realmente quiere estar es con Cardenio. Fernando acepta y de este modo Cardenio y Luscinda acaban juntos y Fernando y Dorotea también.

En el capítulo XXXVIII don Quijote pronuncia un discurso sobre las armas y las letras. En él pone de manifiesto la superioridad de las armas frente a las letras “porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura”.

La venta sirve de punto de encuentro de diversas gentes y aparecen nuevos personajes, como el cautivo que cuenta su historia a los huéspedes que le escuchan atentamente. El cautivo cuenta como su padre antes de morir repartió su hacienda entre sus tres hijos. Éstos deberían dedicarse uno a las armas, otro a las letras y otro a la navegación. El cautivo se encargó de las armas y marchó a Argel para combatir en la guerra. Allí fue apresado y estando en la cárcel empezó a recibir dinero y cartas de una mujer, Zoraida, que quería convertirse al cristianismo, pero para ello necesitaba la ayuda del cautivo para ir a tierra de cristianos. El cautivo aceptó y salió de la cárcel, pero cuando fue a buscar a Zoraida, el padre de la mujer los descubre y no le queda mas remedio que llevarle de nuevo a la cárcel, pero a petición de su hija lo deja libre y tras varias aventuras llegan a España.

Cuando el cautivo terminó de contar su historia llegó a la venta un oidor y una doncella. El cautivo al ver a esta hombre se dio cuenta que era su hermano y pidió ayuda al cura. Éste se acercó al oidor y le comentó que conocía a un hombre que se llamaba igual que él y le contó la historia de su hermano. El oidor se emocionó y el cura, finalmente, le dijo que el hombre del que le hablaba era su hermano. Después de este feliz encuentro todos se fueron a la cama.

Esa noche Dorotea se despertó porque un muchacho estaba cantando una canción. Dorotea despertó a Clara, la hija del oidor, que al escucharle se dio cuenta de que se trataba de don Luis, del cual estaba enamorada. A la mañana siguiente, el oidor reconoció a don Luis y le preguntó porque les había seguido. Éste contestó que estaba enamorado de si hija y quería casarse con ella. El oidor tranquilizó al muchacho y le dijo que arreglaría todo para que se pudieran casar.

En sucesivos capítulos se cuenta como llegaron unos caballeros de la Santa Hermandad a la venta y al reconocer a don Quijote intentaron apresarlo. Don Quijote no cree haber hecho nada mal y acusa de mentiros a los caballeros.

Cuando llega el momento de partir hacia la aldea, el cura, el barbero, don Fernando y los criados de don Luis traman un plan para llevar a don Quijote con más facilidad a su casa. Estos personajes se disfrazan y encierran al hidalgo en una jaula. Don Quijote cree estar encantado y Sancho que sabe que todo es un engaño intenta explicárselo a don Quijote, pero éste no entra en razón.

Capítulos XLVII al L

Una vez que todo estaba a punto para emprender el camino hacia la aldea, el ventero se acercó al cura y le entregó unos papeles que un huésped había olvidado en la venta. El cura miró los papeles y que resultaron ser una de las Novelas Ejemplares de Cervantes, Rinconete y Cortadillo. El cura, que ya había leído una de las novelas, agradeció al ventero que le entregara esos papeles y supuso que le gustaría tanto como la que ya había leído.

Cuando ya estaban de camino, encontraron a un canónigo que preguntó la causa por la que don Quijote estaba enjaulado. Don Quijote le dice al canónigo que estaba encantado porque tenían envidia de su fama, pero los que llevaban al hidalgo le dijeron al canónigo que don Quijote había leído demasiados libros de caballería y que se había vuelto loco. Sancho, que sabía que todo era una farsa, se apresuró a decir a aquel señor que su amo no estaba ni encantado ni loco, sino que le habían enjaulado por la envidia que algunos tenían de él.

Después de oír esto el canónigo, empezó a discutir con el cura sobre las novelas de caballería. Decía que este tipo de libros no enseñan nada bueno y que todo lo que en ellos se dice es mentira. También decía que son historias repetitivas, ya que todos los libros tienen el mismo argumento, y que resultan absurdas. A pesar de haber hecho esta crítica sobre los libros de caballería, el canónigo confesó haber empezado a escribir una historia de este tipo, pero al pensar que ese no era su trabajo la dejó sin terminar.

Más tarde surgió el tema del teatro. Entonces el cura comenzó a criticar la comedia. Según su punto de vista, en las comedias se mezcla la realidad con la ficción y resultan disparatadas al atribuir a los personajes cualidades fantásticas, con el simple objetivo de llamar la atención del público. También comentaron que el publico que acudía a estas obras eran personas sin cultura que solo buscaban divertirse y el cura propuso que alguien debería controlar la representación de estas obras para que además de divertir al publico también les enseñe algo.

Mientras el cura y el canónigo discutían, Sancho intentaba explicar a don Quijote que no estaba encantado sino que el cura y el barbero habían montado un teatro para llevarlo de regreso a casa. Pero don Quijote cree lo que le dice su escudero y justifica todo los que Sancho le dice.

Cuando pararon a descansar, el canónigo se acercó a don Quijote e intentó convencerle de que los libros de caballería eran historias ficticias y sin sentido que le habían vuelto loco, pero don Quijote le contestó con tantos argumentos sobre caballeros que el canónigo vio que era imposible sacarlo de su locura.

Capítulos LI y LII

Por el camino encontraron a un pastor que les contó la historia de Vicente y Leandra. Esta historia es la última historia intercalada y tiene mucho parecido con la historia de Marcela y Grisóstomo. Ambas tienen un comienzo muy parecido. En este caso, una pastora muy bella es deseada por muchos hombres. La pastora un día se enamora de un soldado que llega al pueblo y se va con él. Al final sale perdiendo la pastora, porque el soldado huye con tota su riqueza. Podemos decir que en esta historia se ha producido un cambio de papeles: Grisóstomo, en este caso, sería la pastora, y el soldado sería Marcela.

En el capítulo LII se produce la última aventura de don Quijote antes de regresar a la aldea. El hidalgo arremetió contra unas personas que iban en procesión. Dan Quijote quedó malherido y Sancho al verle pensó que había muerto y comenzó a lamentarse y a alabar a su amo.

La entrada en la aldea se produjo un domingo cuando todos estaban en la plaza. La gente al ver aquella comitiva se acercó para ver que pasaba y descubrieron a don Quijote con un aspecto penoso. Sancho también se reencontró con su mujer, Juana Panza, que se apellidaba así no porque fueran parientes sino porque era costumbre recibir el apellido del marido al casarse.

Para terminar esta primera parte, el autor nos anuncia una tercera salida de la que no tiene demasiados detalles. Se cree que en esa salida don Quijote se dirige a Zaragoza. Además, el autor nos dice que la finalidad de esta salida la entró escrita en unos papeles que estaban en una vieja ermita.

SEGUNDA PARTE:

Prólogo

En las primeras líneas de este prólogo resalta el tono de familiaridad empleado por el autor, al utilizar la segunda persona del singlar (“…con cuánta gana debes de estar esperando ahora…”).

Los lectores esperan encontrar en este prólogo una contestación de Cervantes ante los insultos de Alonso Fernández de Avellaneda, que escribió El Quijote apócrifo, y así lo hizo, pero de tal forma que los lectores no se dieran cuenta y así evitar ser culpado de mofarse de Avellaneda.

Cervantes, a continuación, comenta las cosas que Avellaneda dijo sobre él en El Quijote apócrifo:

El primero de los comentarios trata sobre su vejez. Cervantes no niega ser viejo y le dice a Avellaneda que “no está en él detener el paso de los años”. También dice que la vejez aporta sabiduría y que eso es lo que hace falta para escribir (“y hase advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años”). Con estos argumentos Cervantes destaca la crueldad de los comentarios de Avellaneda.

El siguiente asunto que trata es su manquedad. Cervantes se siente molesto por los comentarios de Avellaneda sobre su manquedad y por eso dedica unas líneas en las que intenta reforzar su imagen y de esta forma hacer ver a los lectores que se siente un hombre honrado al haber participado en la defensa de su tierra aunque ello le hubiera costado una mano.

Por último, Cervantes comenta lo que dijo Avellaneda sobre la envidia que sentía de Lope de Vega. Dice que las únicas envidias que conoce son “la santa” y “la noble y bien intencionada”. Esto hace que Cervantes solo puede sentir envidia de alguien superior a él y, por eso, Cervantes no tiene envidia de Lope de Vega que según él no se merece su respeto, y menos perteneciendo a la Inquisición. Pero Cervantes agradece que haya dicho de sus Novelas Ejemplares “que son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas”.

Después de comentar estos aspectos, Cervantes dice sobre la segunda parte del Quijote que “es cortada del mismo artífice y del mismo paño que la primera”, lo que garantiza al lector la calidad de la novela al estar escrita por la misma persona que la anterior. También dice que don Quijote morirá para que nadie pueda mofarse de su locura.

Capítulos I al VII

Pasado un mes desde la segunda salida de don Quijote, el cura y el barbero fueron a visitarle y comprobar el estado de su locura y para no correr riesgos innecesarios decidieron no hablar sobre temas de caballería. En un primer momento pensaron que don Quijote había recuperado la cordura y para comprobar si en realidad era así, el cura olvidó el plan y le contó que el reino estaba siendo invadido por un ejército. Don Quijote al oír esto contestó al cura diciendo que el rey debería de pedir ayuda a los caballeros andantes y, puesto que él creía ser uno de ellos, se ofreció a ayudarle. De esta forma el cura y el barbero comprobaron que don Quijote aun estaba loco.

Al acabar la conversación, llego Sancho a la casa de don Quijote. El ama y la sobrina no querían dejarlo pasar, pero el hidalgo oyó a su escudero y mandó que le dejaran entrar. Una vez dentro de la estancia empezaron a hablar los dos personajes y don Quijote se interesó por saber la opinión de la gente sobre sus hazañas. Sancho le informó de que la mayor parte del pueblo pensaba que él y su amo estaban locos. Además le contó que había conocido a un bachiller que le dijo que había visto escrita la historia de don Quijote, que tenía por titulo El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y cuyo autor es un tal Cide Hamete Benengeli. Don Quijote se sorprendió y mandó a Sancho a buscar a ese bachiller, pero antes comenta que el autor tiene pinta de ser moro. Eso no le gusta demasiado a don Quijote porque los moros tenían fama de ser unos mentirosos y temía que no hubiera contado toda la verdad sobre sus aventuras.

Poco después Sancho se presentó en casa de don Quijote con el bachiller, Sansón Carrasco. Se describe como un hombre “no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas”. Le contó a don Quijote que se había escrito la historia en árabe pero que había sido traducida al castellano y que se habían editado doce mil libros, impresos en Portugal, Valencia y Barcelona.

Después comentaron los errores que había en el libro. El bachiller comentó a don Quijote que en el libro estaba descrito como un hombre valiente y que había distintas opiniones sobre las aventuras que habían vivido. Para la gente algunas de las mejores aventuras del hidalgo y de su escudero eran la de los molinos, el manteamiento de Sancho o el episodio de la liberación de los galeotes. También comentó la crítica sobre algunas historias intercaladas como la de El curioso impertinente, ya que ésta no tenía nada que ver con la aventura de don Quijote. Por último dijo que algunas historias no estaban del todo claras porque faltaban pequeños detalles, como por ejemplo que hizo Sancho con el dinero que encontraron en la maleta de Sierra Morena o como apareció su burro después de que se lo hubieran robado.

En el capítulo siguiente aparece un dialogo de Sancho con su mujer. Antes de esto el narrador nos dice que piensa que este es un capítulo apócrifo porque el lenguaje que utiliza Sancho es más propio de don Quijote que del escudero. Sancho emplea un lenguaje culto y su mujer, al oírle hablar de esa forma, se queda un poco extrañada y apenas entienda lo que su marido la dice. En la conversación Teresa Panza, antes Juana Panza, deja ver que no le gusta que su marido salga de aventuras con don Quijote y tampoco quiere que el hidalgo le entregue la ínsula prometida porque eso supondría convertirse en gente de mas categoría y ella no aguantaría las criticas y las murmuraciones de todo el mundo.

Tras la conversación, Sancho acude de nuevo a casa de don quijote para ultimar los preparativos de la salida. El escudero le dice a su amo que le fije un sueldo, pero éste, al no haber leído nada semejante en sus libros de caballería, no sabia que hacer. Solo tenía conocimiento de que cuando un caballero ganaba una batalla entregaba a su escudero una tierra para gobernar y eso era lo único que don Quijote podía ofrecer Sancho. El hidalgo no obligó a Sancho a seguir siendo su escudero y le dijo que el podía disponer de tantos escudero que como quisiera. En ese momento apareció el bachiller y se ofreció a ser su escudero, pero Sancho se arrepintió y pidió disculpas a su amo para seguir acompañándole en sus aventuras.

Capítulos VIII al X

Don Quijote y Sancho emprendieron el camino hacia el Toboso para recibir “la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea” con la que el hidalgo piensa “acabar y dar felice cima a toda peligrosa aventura”.

Cuando llegaron al pueblo, don Quijote preguntó a Sancho, ya que éste supuestamente acudió a su palacio para entregarla una carta, por donde quedaba el palacio de su amada, pero Sancho le dice que jamás ha hablado con Dulcinea y que no sabe donde está su palacio. Mientras buscaban el palacio de Dulcinea se cruzaron con un labrador que iba a labrar el campo y que les dijo que no creía que en el Toboso hubiera una princesa. Como era muy tarde Sancho y don Quijote salieron el pueblo y al amanecer el escudero fingió que volver al pueblo, mientras don Quijote esperaba en una arboleda. Supuestamente, Sancho tenía que volver al pueblo para ver a Dulcinea, pero éste tiene miedo de que don Quijote descubra lo que pasó con la carta y, además, teme ser apaleado por la gente del Toboso (“¿Y paréceos que fuera acertado y bien hecho que si los del Toboso supiesen que estáis vos aquí con intención de ir a sonsacarles sus princesas y a desasosegarles sus damas, viniesen y os moliesen las costillas a puros palos y no os dejasen hueso sano?”). Por eso, Sancho inventa un plan que le sale a pedir de boca, porque vio que por el camino se acercaban unas labradoras. Sancho avisó a don Quijote de que Dulcinea venía a verle y ambos salieron al camino para recibirla. Pero don Quijote no veía a ninguna doncella hermosa sino que veía a tres labradoras viejas y feas. Sancho empezó a alabar a la supuesta Dulcinea y las labradoras intentaban huir. Al final, las aldeanas se fueron corriendo y don Quijote intentaba explicarse porque no había podido contemplar la belleza de su amada y la respuesta que dio fue que los encantadores le habían cegado.

Capítulos XI al XVI

Camino de Zaragoza surgieron nuevas aventuras. La primera de ellas fue la del grupo de teatro que iba a representar una obra y en la que finalmente no hubo enfrentamiento porque Sancho no se le permitió a su amo. Tras esta aventura anocheció y pararon a descansar en un bosque, y en este tiempo don Quijote oyó a un caballero que hablaba sobre su amada, Casildea de Vandalia. El hidalgo se acercó hasta este caballero para presentarse y mantuvieron una conversación sobre la belleza de sus doncellas. Hubo una cosa que sorprendió mucho a don Quijote y fue que aquel caballero afirmó haberle derrotado en una batalla y le hizo jurar que su amada era la más bella del mundo. Esta conversación les llevó a enfrentarse en la mañana siguiente y acordaron que el vencedor de la batalla podría hacer lo que quisiera con el vencido siempre que se respetaran las órdenes de la caballería andante. Al final don Quijote venció al Caballero del Bosque, que así se llamaba el caballero, y le hizo jurar que Dulcinea del Toboso era la mujer más bella del universo. Al quitarle la celada descubrió que el caballero era el bachiller Sansón Carrasco y cuando apareció su escudero de entre la maleza del bosque Sancho vio que se trataba de su vecino Tomé Cecial. Al ver esto, el hidalgo pensó que eso era obra los encantadores que ayudaron al caballero convirtiéndole en Sansón Carrasco para que de esa forma sintiera pena de él y no lo matara.

Capítulos XVI al XVIII

Cuando emprendieron el camino hacia Zaragoza se encontraron con un hombre al que don Quijote invitó a realizar el camino junto a ellos.

El narrador dice de él que “la edad mostraba ser de cincuenta años; las canas, pocas, y el rostro, aguileño; la vista, entre alegre y grave; finalmente, en el traje y apostura daba a entender ser hombre de buenas prendas”.

Este nuevo personaje mantiene una conversación con don Quijote en la que se describe con estas palabras: “soy un hidalgo […] medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda; paso la vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza y pesca […]. Tengo hasta seis docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción otros; los de caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas […]. Oigo misa cada día, reparto de mis bienes con los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria […]; procuro poner en paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de Nuestra Señora y confío siempre en […] Dios Nuestro Señor”.

Mientras que Diego de Miranda prefiere una vida tranquila, estar en su casa junto a sus familiares y leer libros de romances, a don Quijote le gusta vivir recorriendo caminos deshaciendo cualquier injusticia que se le presente. Además prefiere leer libros de caballería y es de los que opina que la mejor profesión es la de las letras.

En cambio, Diego de Miranda cree que esa profesión no tiene futuro y que es mucho mejor dedicarse a la teología o el derecho.

Continuando con la historia, iban los dos hidalgos conversando cuando don Quijote vio acercarse a una carreta de la que sobresalían unas banderas y llamó a su escudero para que se preparara para una nueva aventura.

Don Quijote se puso la celada y detuvo el carro, que se dirigía al palacio del rey para entregarle dos leones que el general Orán le había regalado. Don Quijote en acto de valentía mandó liberar a las fieras. Don Diego quedó atónito antes las palabras de don Quijote y comprobó que realmente estaba loco aunque en algunos momentos pareciese que estaba cuerdo.

El narrador nos dice cuales eran los pensamientos que rondaban por la cabeza de don Diego de Miranda en aquel momento y nos dice que “quisiera el del Verde Gabán oponérsele, pero viose desigual en las armas y no le pareció cordura tomarse con un loco, que ya se lo había parecido de todo punto don Quijote”.

Capítulos XXII al XXI

Cuando se pasaron los cuatro días que estuvieron en casa de don Diego descansando de sus andanzas, don Quijote y su escudero emprendieron de nuevo su camino hacia Zaragoza. No muy lejos de la casa de don Diego hallaron a unos estudiantes y a unos labradores que se dirigían a una boda. Don quijote se acercó a ellos y les propuso, como a don Diego, a hacer el camino juntos. Éstos invitaron al caballero y a su escudero a que les acompañasen a la boda de Quiteria y Camacho.

En este momento se interpola la historia de estos dos personajes, que corresponde al género pastoril. Esta historia trata de lo siguiente:

Quiteria era una joven labradora muy hermosa que se iba a casar con Camacho. La joven había crecido junto a otro muchacho, Basilio, que se enamoró de ella. Cuando se enteró que Quiteria iba a casarse dejó de comer y apenas dormía. El día de la boda, Basilio se presentó en la fiesta, fingió clavarse una espada y convenció a Quiteria para que se casara con él, ya que ésta pensaba que a Basilio no le quedaba mucho tiempo de vida. Cuando el cura les dio la bendición, Basilio se levantó del suelo y toda la gente que había en la fiesta quedó muy sorprendida y pensaba que se trataba de un milagro. Camacho y sus amigos intentaron matar a Basilio, pero don Quijote se interpuso y, finalmente, Basilio y su esposa se fueron a su aldea.

Capítulos XXII al XXIV

Tras pasar tres días en casa de Basilio, don Quijote, su escudero y un guía, que se ofreció a llevarlos, partieron hacia la cueva de Montesinos, que se encontraba cerca de las lagunas de Ruidera, para comprobar si era cierto todo lo que había leído sobre ese lugar. Cuando llegaron al lugar, Sancho y el guía ayudaron a don Quijote a bajar a la cueva con unas cuerdas. Cuando le subieron descubrieron que don Quijote se había dormido y le despertaron. El hidalgo había quedado muy sorprendido con lo que vio allí abajo y se lo contó todo a sus dos acompañantes. Les dijo que allí abajo estaban en un palacio de cristal Montesinos, Durandarte y Belerma porque el mago Merlín les había encantado. También dijo que en la cueva se encontraba Dulcinea y que presentaba el mismo que aspecto que Sancho le había descrito. Según don Quijote, las acompañantes de Dulcinea se le acercaron para pedirle unas monedas, pero como el hidalgo no tenía dinero no se las pudo dar.

Sancho al oír esta historia se dio cuenta de la locura de su amo y pensó que habría sido mejor que don Quijote no hubiera bajado a la cueva.

Al principio del capítulo XXIV el narrador nos dice que junto a este capítulo encontró unas anotaciones de Cide Hamete en las que decía que, al ser tan fantástico lo que le sucedió a don Quijote en las cuevas, podría pensar la gente que se trate de un capitulo apócrifo o que el hidalgo esté mintiendo a sus compañeros de viaje. El “autor” de la historia niega que se trate de un capítulo apócrifo y además desmiente que don Quijote esté mintiendo porque los caballeros andantes nunca mentían. Finalmente dice que el lector juzgue por si mismo la veracidad de esta aventura.

Capítulos XXV al XXVII

Dejando la cueva, llegaron hasta una venta a la que llego un titiritero con un mono adivino y un teatro de marionetas. El titiritero, que se hacia llamar maese Pedro, represento su teatrillo ante la gente de la venta. El teatrillo trataba sobre un caballero que iba a liberar a su esposa que se encontraba prisionera en un castillo. Cuando el caballero la liberó, los que vigilaban a la dama fueron tras ellos para cogerlos y hacerlos prisioneros otra vez. Al llegar a este punto, don Quijote desenfundo su espada y, pensando que la historia era real, arremetió contra el tenderete, que quedó destrozado.

En el capítulo siguiente, el narrador nos dice que en realidad el maese Pedro no era otro que Gines de Pasamonte. No cuenta como después de ser liberado por don Quijote, huyó al reino de Aragón en donde se convirtió en titiritero, compró un mono, al que entrenó para su espectáculo, y se fue por toda Castilla haciendo si espectáculo de títeres.

La siguiente aventura es la del pueblo de los rebuznos, tras un discurso del hidalgo, en el que dijo que las razones por las que se iban a enfrentar con el pueblo vecino eran unas niñerías sin importancia, Sancho imitó el rebuzno de un asno, y un aldeano, al pensar que el escudero se estaba burlando de ellos, le golpeó con una lanza. El resultado de esta aventura fue que don Quijote huyó del pueblo para evitar ser apaleado, Sancho acabó malherido y los aldeanos se retiraron al anochecer porque el pueblo con el que se iban a enfrentar no se presentó en el campo de batalla.

Capítulos XXVIII al XXIX

En el capítulo XXVIII vemos como Sancho reclama su salario a don Quijote. También le reclama la ínsula que la había prometido hace “veinte años”. Resulta curiosa la exageración de Sancho Panza, puesto que solo hacia dos meses que se la había prometido. Llegados a este punto, los dos personajes mantienen una discusión airada en la que se aprecia el enfado de don Quijote, ya que este piensa que Sancho le acompaña en sus aventuras solo por dinero y le dice que coja su dinero y se marche a su casa. Sancho, arrepentido, le pide disculpas.

La siguiente aventura estos dos peculiares personajes es la del barco encantado. Cuando llegaron a la orilla del río Ebro vieron amarrado un barco y, dejando sus cabalgaduras atadas aun árbol, subieron al barco y dejaron que la corriente del río los llevase. Don Quijote pensaba que en aquel barco llegaría hasta el castillo en donde se encontraba prisionero un caballero. Pensando don Quijote que habían recorrido medio mundo, aunque el escudero intentaba sacarle de ese error, llegaron hasta unos molinos de harina que se encontraban en la ribera del río, que al hidalgo le parecieron el castillo que buscaba. A partir de aquí don Quijote deforma la realidad de tal manera, que pensó que los molineros que salieron para parar el barco, eran los señores que tenían preso al caballero. Finalmente, don Quijote dijo que estaba cansado de esta aventura y pagando los desperfectos del barco a los pescadores, que habían llegado hace poco, se volvió a por su rocín junto con su escudero.

Capítulos XXX al LVII

Prosiguiendo su camino encontraron a una bella mujer, que era duquesa, y ésta les invitó a pasar unos días en su castillo. Tanto la duquesa como su marido conocían la historia de don Quijote y durante toda la estancia de este personaje y de su escudero en su castillo se rieron y se burlaron de ellos disimuladamente. A pesar de esto, recibieron al caballero con una fantástica bienvenida y es por eso que don Quijote se sentía mas caballero que nunca. Ese día estuvieron comiendo con un señor eclesiástico que al oír las sandeces y las historias tan fantásticas que contaba don Quijote y Sancho Panza no pudo evitar decirle a don Quijote que en vez de ir por el mundo creyendo esas historias debería estar en su casa cuidando de su familia. Don Quijote respondió airadamente diciendo que él era caballero andante y que su deber era ir por el mundo.

Cuando el cura abandonó la habitación, la duquesa preguntó a don Quijote como era Dulcinea. Éste no contesto a esa pregunta.

Cuando don Quijote se retiró para dormir a siesta, Sancho fue con la duquesa para hablar un poco. La duquesa se interesó por la carta que don Quijote le escribió a Dulcinea. El escudero, además de eso, la contó la verdad sobre el encantamiento de Dulcinea. La duquesa, para burlarse de Sancho, le acaba convenciendo de que el encantamiento había sido real y que en vez de engañador había sido el engañado.

Pasados seis días, los duques, don Quijote, Sancho y otros acompañantes salieron de caza, que fue parte del teatro que montaron los duques y sus sirvientes para reírse del caballero en ese tiempo. Cuando empezó a anochecer, los cazadores acudieron al campamento para comer y descansar. Cuando todos estaban ya en él, comenzó la farsa que los duques habían preparado a don Quijote y su escudero. Se empezaron a oír unos ruidos muy fuertes y de entre la espesura del bosque apareció una procesión de carros. En el primer carro iba un hombre disfrazado de diablo y se dirigió a don Quijote para decirle en nombre de Montesinos la manera de desencantar a Dulcinea. Después de este carro pasaron otros muchos que iban dirigidos por encantadores que llevaban a una doncella, que supuestamente era Dulcinea, y en el último de los carros iba el mago Merlín que se conmovió al ver tan horrible a la doncella y le dio a don Quijote el remedio para desencantarla. Tal remedio consistía en que Sancho tenía que azotar su trasero tres mil trescientas veces.

Sancho al principio se negó rotundamente a azotarse, pero los que allí estaban presentes le persuadieron, sobre todo el duque que le dijo que si no lo hacía no era un hombre merecedor de gobernar una ínsula.

En los capítulos siguientes se cuenta la aventura de la condesa Trifaldi. Esta aventura no era más que otra burla de los duques y consistió en lo siguiente:

El día siguiente de regresar se sentaron todos juntos a comer en el jardín cuando irrumpió un mayordomo que se hacia pasar por el escudero de la condesa Trifaldi. Tras hablar un momento con don Quijote, fue en busca de su condesa, que necesitaba la ayuda del hidalgo. La condesa o dueña Dolorida, como también la llamaban, había ayudado a una doncella, Antonomasia, a conseguir el amor de un caballero, don Clavijo. Estas dos personas se casaron y cuando la madre de la doncella se enteró de que su hija se había casado con un hombre de clase mas baja que la suya, se enfado tanto que murió días mas tarde. Al día siguiente de la muerte apareció el primo de la mujer que había muerto, el gigante Malambruno, que para vengar la muerte de su prima convirtió en estatuas a los que habían provocado su muerte y encantó a las doncellas del castillo para que les creciese barba.

Tras haberle contado toda la historia del encantamiento de las doncellas, la condesa Trifaldi suplico a don Quijote que luchara contara el gigante Malambruno para deshacer el encantamiento. Don Quijote aceptó y entonces le dijeron que el gigante mandaría un caballo de madera, llamado Clavileño, que así se llamaba porque funcionaba activando una clavija que tenía en el cuello, que les llevaría hasta el lugar donde él se encontraba. Por la noche fueron hasta donde el caballo se encontraba y subieron en él con lo ojos tapados, como les recomendaron. Don Quijote y Sancho pensaban que iban flotando en el aire, pero en realidad no se movieron del jardín de la cada del duque. Los que estaban alrededor del caballo prendieron fuego a la cola de éste y come estaba lleno de explosivos, don Quijote y su escudero salieron volando por los aires. Al levantarse comprobaron que no se habían movido de lugar y encontraron una lanza clavada en el suelo con un mensaje que decía que don Quijote había vencido al gigante y que las doncellas se habían desencantado.

Mas tarde Sancho mantuvo una conversación con la duquesa en la que aseguró haber visto desde el caballo la tierra muy lejana. Cuando esto lo escucho don Quijote no le creía, pero el escudero le replico que si es había creído las historias de la cueva de Montesinos porque no iba a creer el lo que le estaba diciendo.

Los duques a ver que sus burlas funcionaban decidieron continuar mofándose de estos personajes. Lo siguiente que hicieron fue avisar a Sancho de que todo estaba preparado para que gobernase la ínsula. Antes de partir hacia el lugar, don Quijote da algunos consejos a Sancho en los que hace mucho hincapié el tema de la justicia. Le dice que debe tratar a todos por igual, incluso a los reclusos que ya tienen bastante con su condena.

En el capítulo XLIV el narrador nos dice que el “autor” ha decidido no escribir historias intercaladas, como en la primera parte, y centrarse más en las aventuras de don Quijote porque muchas personas las rechazaban.

En este mismo capítulo vemos cono Sancho parte hacia la ínsula de Barataria, que así se llamaba, y como la doncella Altisidora canta un romance a don Quijote en que se declaraba fingidamente al caballero. Don Quijote le dice a la doncella que ya tiene una amada, Dulcinea de Toboso, y que por nada del mundo la sería infiel. Esta fue otra de las bromas de los duques, como la de los gatos. Los duques llenaron la habitación de don Quijote de gatos y pensó que se trataba de encantadores. Al final, don Quijote terminó magullado y tuvo que estar en reposo unos días. Cuando estaba precisamente reposando, entró en la habitación doña Rodríguez y le contó que tenia unos problemas con su hija y quería que el le ayudase a resolverlos. Cuando la mujer estaba en ello entraron la duquesa y Altisidora, que se pusieron a dar golpes a la mujer y al caballero, que pensó de nuevo que eran unos encantadores.

Los aristócratas parecen buenas personas, pero en el fondo son crueles ya que disfrutan mofándose de un caballero fuera de sus cabales y de se escudero, a los que hacen creer una serie de historias falsas para divertimento suyo y de sus sirvientes.

Por otra parte, se cuanta la historia de Sancho en los capítulos impares. El escudero tampoco estuvo libre de bromas, como la que le hizo el duque al mandarle un comunicado que decía que existía un complot contra él y que no aceptase nada que le ofreciesen. Pero no todo fue malo para Sancho, que logró resolver algunos problemas que se le presentaron, como el del sastre. Este problema trataba de un hombre que acudió a un sastre para que le hiciera unas caperuzas, pero para evitar que éste se quedara con un trozo de tela le dijo que hiciera las máximas posibles. El sastre hizo unas caperuzas diminutas, para que fueran cinco como el hombre le dijo, y reclamó el dinero que costaban las caperuzas, pero el otro hombre reclamaba su trozo de tela. Ante este problema, Sancho decidió que ninguno de los dos recibiría lo que pedía por ser tan desconfiados el uno del otro.

Sancho cambió su forma de comportarse y, además de gobernar la ínsula de Barataria, que se llamaba así porque el lugar se llamaba Baratario, con gran sensatez y juicio, cambió su forma de hablar y se expresaba de una forma mas culta, aunque sin dejar a un lado los refranes.

Sancho abandonó su puesto de gobernador tras el fingimiento de la invasión de la ínsula porque en esa aventura tuvo mala suerte cayendo de su cabalgadura y acabo tan mal parado que vio que no esta hecho para ser un buen gobernador, sino un simple campesino.

Capítulos LVIII al LIX

Tras pasar algunas dificultades para reencontrarse con don Quijote, Sancho y su amo continuaron su camino hacia Zaragoza. La primera aventura que vivieron juntos desde su reencuentro fue la que sucedió con unos hombres que llevaban unas sabanas con imágenes religiosas. Al comprobar don Quijote que las imágenes retrataban a santos caballeros empezó a contar sus historias a los hombres. Para sancho este fue la mejor aventura que tuvieron en todo su viaje por ser tan agradable y haber podido disfrutar de las historias de su amo.

En el capítulo LIX se introduce el tema al Quijote de Avellaneda de esta forma:

Llegando don Quijote y su escudero a una venta descubrieron a unos caballeros que hablaban sobre la segunda parte del Quijote. El hidalgo al verlo quedo sorprendido y leyó algunas partes. Cuando terminó de leerlo dijo que era un libro muy malo y que solo decía mentiras. Y para demostrar que la historia era falsa decidió no seguir hasta Zaragoza como decía el libro que haría.

Capítulos LX al LXV

Pasados unos días, cerca de Barcelona fueros rodeados por unos bandoleros dirigidos por uno de ellos, que se hacía llamar Roque Ginart. Este hombre reconoció a don Quijote y lo defendió ante los robos que sus acompañantes le estaban haciendo. Ante este comportamiento del bandolero quedaron perplejos nuestros dos protagonista y muy agradecidos del trato que les había dado. Roque Ginart y sus hombres se dedicaban a atracar gente por los caminos para subsistir, pero decían que en ningún momento pretendían causarle daño a nadie.

Poco después llegó a donde ellos estaban una muchacha que tenía un problema y buscaba ayuda. En este momento se intercala una nueva historia, que corresponde con le problema que la muchacha tenía, y dice así:

Claudia, que así se llamaba la muchacha, estaba enamorada de Vicente, que era hijo del enemigo de su padre y de Roque. Los jóvenes se iban a casar, pero un día Claudia oyó como Vicente decía que quería casarse con otra mujer. A la chica le dio un ataca de celos, disparó a Vicente y huyó junto a Roque para pedirle ayuda. Éste la recomendó que comprobara si en realidad había muerto y así lo hizo la chica, que comprobó que Vicente estaba vivo y que era mentira lo que le escuchó decir. Poco después Vicente murió.

Al cabo de unos días llegaron a Barcelona donde vieron el mar por primera vez y así nos describe el narrador la escena: “Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos”.

Al cabo de un momento se acercó a don Quijote Antonio Moreno, amigo de Roque, que le invito a pasar unos días en su casa.

Este hombre se dedicó también gastar varias bromas a don Quijote. La primera que le hicieron fue colocarle un papel en la espalda que decía “Este es don Quijote de la Mancha”. Don Quijote al ver que la gente le reconocía se quedó muy contento de ser tan famoso. La siguiente burla fue la del busto que hablaba. Antonio Moreno decía que tenía un busto que te respondía las preguntas que le formulabas. En realidad no era otra cosa que el sobrino de este hombre que hablaba por un tubo unido al busto de forma que parecía que hablaba.

Las bromas que se le gastan a don Quijote y a su escudero son muy crueles, porque no esta bien reírse de nadie por las cosas que hace o dice y menos de un pobre hombre que cree ser un caballero andante.

En el capítulo LXIV aparece el Caballero de la Blanca Luna que va en busca de don Quijote para hacer jurar que su amada era más bella que Dulcinea. Cuando don Quijote le escuchó decir esto le retó a un combate en el que se acordó que si el vencido era don Quijote, éste juraría que la amada del Caballero era la mas bellas y dejaría las armas durante un año y si el vencido era el Caballero de la Blanca Luna sería él quien jurase y entregaría sus armas y su caballo a don Quijote.

En realidad, este caballero era Sansón Carrasco que fingía de nuevo ser caballero para derrotar a don Quijote y llevarlo de regreso a su hogar.

En la batalla resultó vencido don Quijote y cumpliendo con su palabra se pudieron en camino para llegar a la aldea.

Capítulos LXVI al LXXIV

De regreso a casa, don Quijote y Ancho vieron a unos pastores y pensaron en hacerse pastores, pero para ello tendrían que cambiar sus nombres. Así se pasaron un rato inventando nombre extraños para todo sus amigos y para ellos mismos. Este tema se trata de una forma un tanto burlesca.

Tras esta conversación, don Quijote sugirió a Sancho que se diese unos azotes para liberar a Dulcinea, pero este se negó y le dijo que se durmiera. Así lo hicieron los dos, pero fueron despertados por una piara de cerdos que les estaba pasando por encima. Tras pasar unos días en casa de los duques, emprendieron su marcha hacia la aldea y don Quijote le dijo a Sancho que le daba un cuarto de real por cada azote que se diese. Sancho accedió y cuando don Quijote no le veía empezó a golpear a uno árbol y de vez en cuando se quejaba para no levantar las sospechas del hidalgo.

En el capítulo LXII don Quijote encuentra a unos de los personajes de Quijote Avellaneda, don Álvaro de Tarfe. El hidalgo le pide a este personaje que haga unas declaraciones en las que diga que lo que en se dice en el Quijote apócrifo era mentira. Don Álvaro acepta a hacer tal cosa porque piensa que a la gente le resultaría muy extraño que existieran dos quijotes.

Don Quijote y Sancho llegaron por fin a su aldea en y allí encontraron al cura, al barbero, al ama y la sobrina. Don Quijote les contó la historia del Caballero de la Blanca Luna y les manifestó su deseo de convertirse en pastor. El ama le dice que ya esta muy mayor para trabajar en el campo y que la tarea del pastor era muy dura, puesto que había que soportar los calurosos días del veranos y los fríos días del invierno.

Llegamos ya al último capítulo de esta historia en el que don Quijote cae enfermo y recobra el juicio que las novelas de caballería le habían hecho perder. Don Quijote en su sano juicio reconoció los peligros a los que se había expuesto. También dijo que volvía a ser Alonso Quijano y que se arrepentía de haber leído aquellas novelas que le llevaron a meterse en el cuerpo de un caballero andante.

Antes de morir, Alonso Quijano hizo su testamento, se confesó y pidió perdón a Sancho por haberle hecho pasar por tantas aventuras. También recomendó a su sobrina que no se casara con un hombre que conocieras las novelas de caballería porque acabarían volviéndole loco. Tras decir esto, Alonso Quijano murió y el cura testificó su muerte para que solo Cide Hamete Benengeli, pueda dar testimonio de su muerte y de esta forma no poder escribir otras partes del Quijote.

Finalmente, el autor de la obra se reafirma en su propósito, expuesto en el prólogo, de conseguir que la gente se de cuenta de lo absurdas que resultan las novelas de caballerías y se dediquen a leer otro tipo de obras de las que se puede extraer alguna enseñanza.

Don Quijote de la Mancha