Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura Española del Siglo XVI. Siglo de Oro español. Narrativa. Novela renacentista. Novela de caballerías. Aventuras. Hidalgos. Locura de Don Quijote. Amor platónico. Argumento

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1º B

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN HISTÓRICO LITERARIA

2. AUTOR, OBRA E INTENCIÓN

3. RESUMEN DETALLADO, ESTRUCTURA Y TEMAS

4. RETRATO DE LOS PERSONAJES

5. ESPACIO Y TIEMPO

6. EL ESTILO

7. FUENTES LITERARIAS Y POSTERIDAD

8. INTERPRETACIONES

9. NARRADORES DEL LIBRO

10. LAS NOVELAS DE DON QUIJOTE

11. OPINIÓN PERSONAL

1. INTRODUCCIÓN HISTÓRICO LITERARIA

En el siglo XVII, los reyes españoles innovaron en las tareas gubernamentales con el nombramiento de sus validos, miembros de la aristocracia, en los que depositaban su total confianza. Los monarcas se desentendían de las labores de gobierno y los validos tomaban las principales decisiones.

Dos razones explican su aparición: las labores de gobierno eran cada vez más complejas y los monarcas españoles del siglo XVII, los Austrias Menores, no destacaron por su espíritu laboriosos.

No fueron un fenómeno exclusivamente español. Figuras similares aparecieron en otras monarquías europeas. Los mejores ejemplos fueron Mazarino o Richelieu en Francia. Los validos gobernaron al margen del sistema institucional de la monarquía, al margen de los Consejos. En su lugar, como órganos de asesoramiento, crearon Juntas reducidas compuestas por sus propios partidarios.

El nuevo sistema significó un aumento de la corrupción. Los validos aprovecharon su poder para conseguir cargos, pensiones y mercedes para sus familiares y partidarios, lo que provocó críticas generalizadas por parte, sobre todo, de los letrados que formaban los Consejos y los miembros de la aristocracia que no gozaban del favor del valido.

Otro fenómeno que se generalizó en la administración española del siglo XVII fue la venta de cargos. Lo inició en épocas anteriores la Corona como medio para obtener dinero rápido. Su uso se extendió con Felipe III.

En principio, se pusieron en venta cargos de regidores en las ciudades, escribanías y otros oficios menores. Sin embargo, se llegaron a vender puestos en los Consejos.
Estos cargos se convirtieron en hereditarios, lo que en la práctica significó que la Corona cedía parte de su poder a los que detentaban los cargos. Pese a los muchas protestas que hubo, esta costumbre se mantuvo durante todo el siglo XVII.

Los Reyes Católicos habían construido el nuevo estado que se había estructurado como un conjunto de reinos unidos por tener los mismos monarcas pero que mantuvieron sus propias leyes e instituciones. Desde el siglo XVI se manifestaron conflictos entre una tendencia centralizadora, que trataba de homogeneizar los territorios de la Corona siguiendo el modelo de reino más poderoso, Castilla,  y una tendencia descentralizadora que buscaba el mantenimiento de las las leyes (fueros) e instituciones particulares de cada territorio. A estas tensiones de tipo político se les vino a unir en el siglo XVII las derivadas de la dura crisis económica y social que sufrió la monarquía hispánica.

Felipe III continuó la política de intolerancia religiosa: en 1609 decretó la expulsión de los moriscos. Esta medida afectó especialmente a los reinos de Aragón y Valencia y provocó el despoblamiento de determinadas zonas y falta de mano de obra agrícola.
El valido de Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares, trató de que los demás reinos peninsulares colaboraran al mismo nivel que Castilla en el esfuerzo bélico que agobiaba a una monarquía con graves dificultades financieras. España participaba en esos momentos en la guerra de los Treinta Años. Este proyecto de Olivares, conocido como la “Unión de Armas” desencadenó la crisis más grave del siglo XVII, la crisis de 1640.
La negativa a colaborar de las Cortes Catalanas (1626 y 1632) no impidió que Olivares decidiera llevar tropas para luchar contra Francia a través del Principado. Muy pronto los roces de las tropas castellanas e italianas con el campesinado alentó el descontento que terminó por estallar en el Levantamiento del Corpus de Sangre, el 7 de junio de 1640.

La muerte del Virrey fue solo el inicio de una guerra de Cataluña entre los rebeldes catalanes, dirigidos por la Generalitat con el apoyo de Luis XIII de Francia y las tropas de Felipe IV. La guerra civil concluyó cuando Barcelona fue recuperada por las tropas españolas en 1652. Animadas por la rebelión catalana, los estamentos dirigentes portugueses se lanzaron a la rebelión. Las Cortes portuguesas proclamaron rey al duque de Braganza. Los rebeldes fueron apoyados por Francia e Inglaterra, potencias interesadas en debilitar a España. Finalmente, Mariana de Austria, Madre-regente de Carlos II, acabó reconociendo la independencia de Portugal  en 1668.

En plena crisis de la monarquía, hubo levantamientos de tinte separatista en Andalucía, Aragón y Nápoles.

Pese a ser aplastadas todas las rebeliones, excepto la portuguesa, Felipe IV mantuvo los fueros de los diversos reinos.

El siglo XVII fue testigo de la aparición y consolidación de un nuevo orden internacional en Europa. Las guerras fueron una constante del que ha sido denominado Siglo de hierro. La cruel Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y, ligada a la anterior, la Guerra Franco-Española que culminó en 1659 son buen ejemplo de ello.

La Paz de Westfalia de 1648 puso fin a la Guerra de los Treinta Años. Este tratado significó el triunfo de una “Europa horizontal”, basada en monarquías independientes y en la búsqueda del equilibrio diplomático y militar, y la derrota de la idea de una “Europa vertical” , en la que los reinos estarían subordinados al Emperador y al Papa. Más que esto, La Paz de Westfalia supuso el fin de la hegemonía de los Habsburgo (Austrias) en sus dos ramas, la de Madrid y la de Viena, en Europa.

El reinado Felipe III (1598-1621) fue un reinado pacífico. Agotada España y sus enemigos tras las continuas guerras del siglo anterior, se paralizaron los conflictos con Francia, Inglaterra y los rebeldes holandeses, con los que se firmó la Tregua de los Doce Años. Con Felipe IV (1621-1665) y su valido, el Conde-Duque de Olivares, España volvió a implicarse en los grandes conflictos europeos. La monarquía española participó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), apoyando a los Habsburgo de Viena (Emperador del Imperio Germánico) y a los príncipes católicos alemanes. El fin de la Tregua de los Doce Años (1609-1621) añadió un nuevo frente al conflicto.

El conflicto se inició con victorias de los Habsburgo, como la toma de Breda a los holandeses y las victorias de Nordlingen y la Montaña Blanca en el conflicto germánico. Pronto cambió el signo del conflicto y las derrotas se repitieron, como en Rocroi ante Francia, mientras que franceses e ingleses atacaban las posesiones americanas. La impotencia de los Habsburgo llevó finalmente al Tratado de Westfalia (1648) por el que se ponía fin a la Guerra de los Treinta Años y en el que España reconoció la independencia de Holanda.

La Paz de Westfalia no marcó el fin de las hostilidades. La guerra continuó hasta 1659 contra Francia. Finalmente en la Paz de los Pirineos (1659), Felipe IV aceptó importantes cesiones territoriales, Rosellón y Cerdaña, Artois... en beneficio de la Francia de Luis XIII.

La débil monarquía de Carlos II (1665-1700) fue incapaz de frenar al expansionismo francés de Luis XIV, España cedió diversos territorios europeos en las Paces de Nimega, Aquisgrán y Ryswick. Su muerte sin descendencia provocó la Guerra de Sucesión (1701-1713) al trono español en la que al conflicto interno se superpondrá un conflicto europeo general. La Paz de Utrecht en 1713 significó el fin del imperio español en Europa.

El siglo XVII fue un siglo de crísis económica en Europa en general, en el Mediterráneo, muy especialmente, en la Península Ibérica. En la Corona española la crisis fue más temprana y más profunda que en el resto de Europa.

En la primera mitad de siglo aparecen serios problemas demográficos: epidemias de peste, que se repitieron periódicamente, coincidiendo con épocas de escasez y hambre; la expulsión de los moriscos en 1609, que supuso la pérdida del tres por ciento de la población del reino, con una especial gravedad en Valencia y Aragón; las frecuentes guerras exteriores y el incremento de los miembros del clero que redundó en descenso de la tasa de natalidad. Castilla sufrió la crísis más que los reinos periféricos.

En la segunda mitad de siglo, la crísis se agudizó, ya que, a la decadencia de la agricultura, agravada por la expulsión de los moriscos, se le unió la de la ganadería lanar, que encontró graves dificultades para la exportación, y la de la industria, incapaz de competir con las producciones extranjeras.

El comercio también entró en declive. Las competencias francesa, en el Mediterráneo, e inglesa y holandesa en el Atlántico, agravaron una coyuntura marcada por el creciente autoabastecimiento de las Indias y el agotamiento de las minas americanas. Consecuencia de la crisis comercial fue la disminución de la circulación monetaria.

La incorrecta política económica de los gobiernos de la Corona, con medidas como el envilecimiento de la moneda (menos plata en su contenido), la devaluación monetaria y el aumento impositivo, agravaron la situación.

Con la crisis económica, la sociedad estamental española vivió un proceso de polarización marcada por el empobrecimiento del campesinado, la debilidad de la burguesía y las clases medias, y el crecimiento numérico de los grupos sociales improductivos como la nobleza y el clero, en un extremo, y los marginados, pícaros y mendigos, en otro.

La mentalidad social, marcada por el desprecio al trabajo agravó la crisis social y económica. El hidalgo ocioso y el pícaro se convirtieron en arquetipos sociales de la España del Barroco.

El barroco es un movimiento artístico y cultural extendido por toda Europa y que entraña una evolución de las ideas del Renacimiento, que en algunos casos supone cambios drásticos en la forma de pensar.

En principio el término barroco no se utilizó más que para las artes plásticas, es en los años 1920 cuando se empieza a hablar de barroco literario, dando la idea de que el movimiento afectó no sólo a la forma y a la plástica, sino también a las formas literarias. Aún más importante, asumir la existencia de un barroco literario supone asumir el barroco como un movimiento de tipo ideológico, no sólo formal y ver su profunda relación con la Contrarreforma. Sin embargo, esto llevó a algunos mucho más allá, negando su relación con el Renacimiento y presentándolo como un movimiento enfrentado, lo que tampoco es cierto.

El barroco trae consigo una renovación de técnicas y de estilos. En Europa, y sobre todo en España la Contrarreforma influye en gran medida sobre este movimiento; las expresiones italianas que llegaban desde el Renacimiento se asimilan pero al mismo tiempo se españolizan y las técnicas y estilos se adaptan aún más a la tradición española. Los poetas barrocos del siglo XVII, siguieron mezclando estrofas tradicionales con las nuevas, así cultivaron el terceto, el cuarteto, el soneto y la redondilla. Se sirvieron de copiosas figuras retóricas de todo tipo, buscando una disposición formal recargada. No supone una ruptura con el clasicismo renacentista, sino que se intensifican los recursos estilísticos del arte renacentista, en busca de una complicación ornamental, en busca de la exageración de los recursos dirigidos a los sentidos, hasta llegar a un enquistamiento de lo formal.

Es en España donde el barroco se da con mayor intensidad y donde adquiere mayor originalidad. El cambio de mentalidad en las personas y una cierta conciencia de inseguridad y de crisis hacen que se extienda una gran preferencia por las características propias de este movimiento. Los escritores del siglo XVII se inspiran en una filosofía de renuncia que es la filosofía estoica de Séneca y al mismo tiempo tienen muy en cuenta el sentido religioso de la vida.

Los escritores españoles del siglo XVII aportan en sus obras la doctrina del desengaño y del pesimismo. No se dejan embaucar por la belleza de la Naturaleza; creen que es falsa y engañadora. Todas estas tendencias se hallaban incipientes en el periodo anterior, en el renacimiento y en el barroco no hacen otra cosa que intensificarse hasta llegar a la exageración.

A finales del siglo XVI, la situación social y política de España predispone a los escritores a imbuirse de lleno en este movimiento: el hambre, la peste, la desigualdad social, los pícaros, los mendigos, las miserias, los sueños de grandeza, etc. Todos estos temas son llevados a la literatura; es una situación apropiada para que nazca esa literatura cuyos cimientos están en la decepción, en el desengaño, en lo poco que valen las grandezas humanas.

A esta época se le llamo "El Siglo De Oro" en España y solo en España debido a su resplandor literario y al surgimiento de importantes artistas líricos.

Esta época surgen 3 tendencias literarias y cada una destaca con su representante o máximo exponente:

-Culteranismo: Solo la élite de la época en cuanto a lírica entraba en esta corriente, que se caracteriza por centrar su atención en la forma de la obra y en la parte estética de ésta, su maximo exponente y representante fue Luis de Góngora.

-Conceptismo: Se caracteriza por centrar su atención en el mensaje y la profundidad de las palabras, su máximo exponente o representante fue Francisco De Quevedo.

-Clasicismo: Se caracterizó por centrar principalmente su atención en entregar un mensaje moral a el lector, sus máximos exponentes o representantes fueron: Rodrigo Caró, Bartolomé y Lupercio Leonardo De Argensola.

2. AUTOR, OBRA E INTENCIÓN

Miguel de Cervantes Saavedra fue un novelista, poeta y dramaturgo español. Supónese que nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares y murió el 22 de abril de 1616 en Madrid, pero fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte. Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal. Se le ha dado el sobrenombre de Príncipe de los Ingenios.

Su padre, de ascendencia cordobesa y de antepasados gallegos, Rodrigo de Cervantes, era cirujano. Su madre era Leonor Cortinas. Según distintas fuentes, Cervantes tiene ascendencia conversa por ambas líneas familiares.

Tuvo seis hermanos, uno de los cuales, Rodrigo, también militar, lo acompañó en el cautiverio argelino.

El apellido “Saavedra” comenzó a usarlo al volver de Argel, posiblemente para diferenciarse de un homónimo Miguel de Cervantes Cortinas, desterrado de la corte.

Hacia 1551, Rodrigo de Cervantes se trasladó con su familia a Valladolid. Por deudas, estuvo preso varios meses y sus bienes fueron embargados. En 1556 se dirigió a Córdoba para recoger la herencia de Juan de Cervantes, abuelo del escritor, y huir de los acreedores.

Los primeros estudios de Miguel de Cervantes no llegaron a ser universitarios. Parece ser que pudo haber estudiado en Valladolid, Córdoba o Sevilla. También es posible que estudiara en la Compañía de Jesús, ya que en la novela El coloquio de los perros elabora una descripción de un colegio de jesuitas que parece una alusión a su vida estudiantil.

En 1566 se establece en Madrid. Asiste al Estudio de la Villa, regentado por el catedrático de gramática Juan López de Hoyos, quien en 1569 publicó un libro sobre la enfermedad y muerte de la reina doña Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II. López de Hoyos incluye en ese libro tres poesías de Cervantes, Nuestro caro y amado discípulo. Esas son sus primeras manifestaciones literarias. En estos años Cervantes se aficionó al teatro viendo las representaciones de Lope de Rueda.

En 1569, Felipe II manda prender a Miguel de Cervantes, por lo cual éste se ve obligado a pasar a Italia. Llegó a Roma en diciembre del mismo año. Allí leyó los poemas caballerescos de Ludovico Ariosto y los Diálogos de amor del judío sefardita León Hebreo (Yehuda Abrabanel), de inspiración neoplatónica, que influirán sobre su idea del amor. Cervantes se imbuye del estilo y del arte italianos, y guardará siempre un gratísimo recuerdo de aquellos estados, que aparece, por ejemplo, en El licenciado Vidriera, una de sus Novelas ejemplares.

Entra al servicio de Giulio Acquaviva, que será cardenal en 1570, y a quien, probablemente, conoció en Madrid. Le siguió por Palermo, Milán, Florencia, Venecia, Parma y Ferrara. Pronto lo dejará para ocupar la plaza de soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina, del tercio de Miguel de Montcada. Embarcó en la galera Marquesa. El 7 de octubre de 1571 participó en la batalla de Lepanto, "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros", formando parte de la armada cristiana, dirigida por don Juan de Austria, «hijo del rayo de la guerra Carlos V, de felice memoria», y hermanastro del rey, y donde participaba uno de los más famosos marinos de la época, el Marqués de Santa Cruz. De ahí procede el apodo de el manco de Lepanto. La mano izquierda no le fue cortada, sino que se le anquilosó al perder el movimiento de la misma cuando un trozo de plomo le seccionó un nervio. Aquellas heridas no debieron ser demasiado graves, pues, tras seis meses de permanencia en un hospital de Messina, Cervantes reanudó su vida militar, en 1572. Tomó parte en las expediciones navales de Navarino (1572), Corfú, Bizerta y Túnez (1573). En todas ellas bajo el mando del capitán Manuel Ponce de León y en el regimiento de Lope de Figueroa, que aparece en El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca. Después, recorrería las principales ciudades de Sicilia, Cerdeña, Génova y la Lombardía. Permaneció finalmente dos años en Nápoles, hasta 1575. Cervantes siempre se mostró muy orgulloso de haber luchado en la batalla de Lepanto.

Durante su regreso desde Nápoles a España, a bordo de la galera Sol, una flotilla turca comandada por Arnaut Mamí hizo presos a Miguel y a su hermano Rodrigo, el 26 de septiembre de 1575. Fueron capturados a la altura de Cadaqués de Rosas o Palamós, en la actualmente llamada Costa Brava, y llevados a Argel. Cervantes es adjudicado como esclavo al renegado griego Dali Mamí. El hecho de habérsele encontrado en su poder las cartas de recomendación que llevaba de don Juan de Austria y del Duque de Sessa, hizo pensar a sus captores que Cervantes era una persona muy importante, y por quien podrían conseguir un buen rescate. Pidieron quinientos escudos de oro por su libertad.

En los cinco años de aprisionamiento, Cervantes, un hombre con un fuerte espíritu y motivación, trató de escapar en cuatro ocasiones. Para evitar represalias en sus compañeros de cautiverio, se hizo responsable de todo ante sus enemigos. Prefirió la tortura a la delación. Gracias a la información oficial y al libro de fray Diego de Haedo Topografía e historia general de Argel (1612), tenemos posesión de noticias importantes sobre el cautiverio. Tales notas se complementan con sus comedias Los tratos de Argel; Los baños de Argel y el relato de la historia del Cautivo, que se incluye en la Primera parte del Quijote, entre los capítulos 39 y 41. Sin embargo, desde hace tiempo se sabe que la obra publicada por Haedo no era suya, algo que él mismo ya reconoce. Según Emilio Sola, su autor fue Antonio de Sosa, benedictino compañero de cautiverio de Cervantes y dialoguista de la misma obra. Daniel Eisenberg ha propuesto que la obra no es de Sosa, quien no era escritor, sino del gran escritor cautivo en Argel, con cuyos escritos la obra de Haedo muestra muy extensas semejanzas. A ser cierto, la obra de Haedo deja de ser confirmación independiente de la conducta cervantina en Argel, sino uno más de los escritos del mismo Cervantes.

El primer intento de fuga fracasó, porque el moro que tenía que conducir a Cervantes y a sus compañeros a Orán, los abandonó en la primera jornada. Los presos tuvieron que regresar a Argel, donde fueron encadenados y vigilados más que antes. Mientras tanto, la madre de Cervantes había conseguido reunir cierta cantidad de ducados, con la esperanza de poder rescatar a sus dos hijos. En 1577 se concertaron los tratos, pero la cantidad no era suficiente para rescatar a los dos. Miguel prefirió que fuera puesto en libertad su hermano Rodrigo, quien regresó a España. Rodrigo llevaba un plan elaborado por su hermano para liberarlo a él y a sus catorce o quince compañeros más. Cervantes se reunió con los otros presos en una cueva oculta, en espera de una galera española que vendría a recogerlos. La galera, efectivamente, llegó e intentó acercarse por dos veces a la playa; pero, finalmente, fue apresada. Los cristianos escondidos en la cueva también fueron descubiertos, debido a la delación de un cómplice traidor, apodado el Dorador. Cervantes se declaró como único responsable de organizar la evasión e inducir a sus compañeros. El bey (gobernador turco) de Argel, Azán Bajá, lo encerró en su «baño» o presidio, cargado de cadenas, donde permaneció durante cinco meses.

El tercer intento, lo trazó Cervantes con la finalidad de llegar por tierra hasta Orán. Envió allí un moro fiel con cartas para Martín de Córdoba, general de aquella plaza, explicándole el plan y pidiéndole guías. Sin embargo, el mensajero fue preso y las cartas descubiertas. En ellas se demostraba que era el propio Miguel de Cervantes quien lo había tramado todo. Fue condenado a recibir dos mil palos, sentencia que no se realizó porque muchos fueron los que intercedieron por él.

El último intento de escapar se produjo gracias a una importante suma de dinero que le entregó un mercader valenciano que estaba en Argel. Cervantes adquirió una fragata capaz de transportar a sesenta cautivos cristianos. Cuando todo estaba a punto de solucionarse, uno de los que debían ser liberados, el ex dominico doctor Juan Blanco de Paz, reveló todo el plan a Azán Bajá. Como recompensa el traidor recibió un escudo y una jarra de manteca. Azán Bajá trasladó a Cervantes a una prisión más segura, en su mismo palacio. Después, decidió llevarlo a Constantinopla, donde la fuga resultaría una empresa casi imposible de realizar. De nuevo, Cervantes asumió toda responsabilidad.

En mayo de 1580, llegaron a Argel los padres Trinitarios (esa orden se ocupaba en tratar de liberar cautivos, incluso se cambiaban por ellos) fray Antonio de la Bella y fray Juan Gil. Fray Antonio partió con una expedición de rescatados. Fray Juan Gil, que únicamente disponía de trescientos escudos, trató de rescatar a Cervantes, por el cual se exigían quinientos. El fraile se ocupó de recolectar entre los mercaderes cristianos la cantidad que faltaba. La reunió cuando Cervantes estaba ya en una de las galeras en que Azán Bajá zarparía rumbo a Constantinopla, atado con «dos cadenas y un grillo». Gracias a los 500 escudos tan arduamente reunidos, Cervantes es liberado el 19 de septiembre de 1580. El 24 de octubre regresó, al fin, a España con otros cautivos también rescatados. Llegó a Denia, desde donde se trasladó a Valencia. En noviembre o diciembre regresa con su familia a Madrid.

En mayo de 1581 Cervantes se trasladó a Portugal, donde se hallaba entonces la corte de Felipe II, con el propósito de encontrar algo con lo que rehacer su vida y pagar las deudas que había obtenido su familia para rescatarle de Argel. Le encomendaron una comisión secreta en Orán, puesto que él tenía muchos conocimientos de la cultura y costumbres del norte de África. Por ese trabajo recibió 50 escudos. Regresó a Lisboa y a finales de año volvió a Madrid. En febrero de 1582, solicita un puesto de trabajo vacante en las Indias; sin conseguirlo. En estos años, el escritor tiene relaciones amorosas con Ana Villafranca (o Franca) de Rojas, la mujer de Alonso Rodríguez, un tabernero. De la relación nació una hija que se llamó Isabel de Saavedra, que él reconoció.

El 12 de diciembre de 1584, contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios en el pueblo toledano de Esquivias. Catalina era una joven que no llegaba a los veinte años y que aportó una pequeña dote. Se supone que el matrimonio no sólo fue estéril, sino un fracaso. A los dos años de casados, Cervantes comienza sus extensos viajes por Andalucía.

Es muy probable que entre los años 1581 y 1583 Cervantes escribiera La Galatea, su primera obra literaria en volumen y trascendencia. Se publicó en Alcalá de Henares en 1585. Hasta entonces sólo había publicado algunas composiciones en libros ajenos, en romanceros y cancioneros, que reunían producciones de diversos poetas.

La Galatea apareció dividida en seis libros, aunque sólo escribió la «primera parte». Cervantes prometió continuar la obra; sin embargo, jamás llegó a imprimirse. En el prólogo la obra es calificada como «égloga» y se insiste en la afición que Cervantes ha tenido siempre a la poesía. Se trata de una novela pastoril.

El matrimonio con su esposa no resultó. Se separó de la misma a los dos años, sin haber llegado a tener hijos. Cervantes nunca habla de su esposa en sus muchos textos autobiográficos, a pesar de ser él quien estrenó en la literatura española el tema del divorcio, entonces imposible en un país católico, con el entremés El juez de los divorcios.

En 1587, viaja a Andalucía como comisario de provisiones de la Armada Invencible. Durante los años como comisario, recorre una y otra vez el camino que va desde Madrid a Andalucía, pasando por Castilla-La Mancha. Ese es el itinerario de Rinconete y Cortadillo.

Se establece en Sevilla. Posteriormente, trabaja como cobrador de impuestos, empleo que le acarreará numerosos problemas y disputas puesto que era el encargado de ir casa por casa recaudando impuestos, que en su mayoría iban destinados para cubrir las guerras en las que estaba inmiscuida España. Es encarcelado en 1597 en la Cárcel Real de Sevilla, tras la quiebra del banco donde depositaba la recaudación. Supuestamente Cervantes se había apropiado de dinero público y sería descubierto tras ser encontradas varias irregularidades en las cuentas que llevaba. En la cárcel «engendra» Don Quijote de la Mancha. El otro encarcelamiento documentado de Cervantes fue muy breve, en Castro del Río (Córdoba). No consta que haya estado nunca en la cueva de Medrano, en Argamasilla de Alba, que según estudios, podría ser la ciudad de la que Cervantes “no quiso acordarse”. Desde 1604 se instala en Valladolid (por aquel entonces —desde 1601— Corte Real de Felipe III), y en 1605 publica la primera parte de la que será su principal obra: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ello marcó el comienzo del realismo como estética literaria y creó el género literario de la novela moderna, la novela polifónica, de amplísimo influjo posterior, mediante el cultivo de lo que llamó «una escritura desatada» en la que el artista podía mostrarse «épico, lírico, trágico, cómico» en el crisol genuino de la parodia de todos los géneros. La segunda parte no aparece hasta 1615. Ambas obras le ganan un puesto en la historia de la literatura universal y convierten a su autor, junto con Dante Alighieri, William Shakespeare, Michel de Montaigne y Goethe en un autor canónico de la literatura occidental. Un año antes, aparece publicada una apócrifa continuación de Alonso Fernández de Avellaneda. Una novela escrita, al parecer, por un discípulo y amigo de Lope de Vega de origen aragonés o por un grupo de amigos de Lope.

Entre las dos partes de Don Quijote, aparecen en 1613 las Novelas ejemplares. Son un conjunto de doce narraciones breves, compuestas algunas de ellas muchos años antes. Su fuente es propia y original. En ellas explora distintas fórmulas narrativas como la sátira lucianesca (El coloquio de los perros), la novela picaresca (Rinconete y Cortadillo), la miscelánea (El licenciado vidriera), la novela bizantina (La española inglesa, El amante liberal) o, incluso, la novela policíaca (La fuerza de la sangre). De algunas de ellas, como por ejemplo El celoso extremeño, se conserva una segunda redacción testimoniada por el manuscrito llamado de Porras de la Cámara, descubierto en el siglo XIX. Sólo esta colección de novelas habría podido en sí misma haberle creado un puesto muy destacado en la historia de la literatura castellana.

La crítica literaria fue una constante en su obra. Aparece en la Galatea, en Don Quijote y a ella le consagró el Viaje del Parnaso (1614), extenso poema en tercetos encadenados. En 1615, publica Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, pero su drama más popular hoy, La Numancia, además de El trato de Argel, quedó inédito hasta el siglo XVIII.

Un año después de su muerte, aparece la novela Los trabajos de Persiles y Segismunda,

en la cual se incluye una conmovedora dedicatoria a Pedro Fernández de Castro y Andrade, su mecenas durante años, escrita dos días antes de su muerte. La segunda parte del Quijote y las Novelas ejemplares, también le están dedicadas.

El Persiles es una novela bizantina que pretendía competir con el modelo clásico griego de Heliodoro; tuvo éxito pero fue olvidada y oscurecida por el triunfo de Don Quijote. Cervantes utiliza un grupo de personajes como hilo conductor de la obra, en vez de dos.

Anticipa, además, el llamado realismo mágico dando entrada a algunos elementos fantásticos. Esta obra tiene una estructura e intenciones muy complejas.

La influencia de Cervantes en la literatura universal ha sido tal, que la misma lengua española suele ser llamada la lengua de Cervantes.

Cervantes fue un escritor prolífico. Gran parte de sus obras son consideradas maestras y se conocen internacionalmente. Aquí se hace un recuento de toda su producción literaria:

Novela:

- La Galatea

- Don Quijote de la Mancha

- Novelas ejemplares: La Gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso Extremeño, La ilustre fregona, Las dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros.

- Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Teatro:

- Piezas sueltas:

- El trato de Argel

- La Numancia

- Ocho comedias y ocho entremeses nuevos:

-Comedias:

El gallardo español, La casa de los celos, Los baños de Argel, El rufián dichoso, La gran sultana, El laberinto del amor, La entretenida y Pedro de Urdemalas.

- Entremeses:

El juez de los divorcios, El rufián viudo, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso.

Poesía

- Poesías sueltas

- Viaje del Parnaso

Obras atribuidas a Cervantes:

- El buscapié

- La conquista de Jerusalén

- Los habladores

- Las semanas del jardín

- La tía fingida

Una de las intenciones de Cervantes al escribir El Quijote fue criticar los libros de caballerías, los cuales aborrecía profundamente. Para ello, además de burlarse en cualquier ocasión en que habla Don Quijote de su estilo artificioso y recargado, las caracteriza como portadoras de un mal, pues su protagonista se vuelve loco a causa de las mismas.

Los ideales góticos, fuertemente estilizados en dicha literatura, chocan con la realidad del mundo nuevo, dando lugar a un conflicto cultural que (todavía presentado en los términos sumarios de una sátira contra un determinado género de ficción y el gusto por él) es ya el propio conflicto cultural encerrado en la Contrarreforma, con su profunda incongruencia histórica. Presenta el problema en toda su hondura y plenitud, y si vincula los ideales góticos a un demente de apariencia ridícula, hace de él, al mismo tiempo, el héroe a quien asiste una razón superior sustraída a toda demencia.

3. RESUMEN, ESTRUCTURA Y TEMAS

Primera parte:

-Capítulo 1:

En este capítulo se presenta a Alonso Quijano como un hombre casi pobre, de 50 años. Es un hombre de complexión recia y le gusta la caza. Su obsesión por los libros de caballería le lleva a decidir convertirse en caballero. Para ello se cambia el nombre por el de Don Quijote de la Mancha, idea que se le ocurre por Amadís de Gaula, y le pone a su caballo el nombre de Rocinante.

-Capítulo 2:

Don Quijote parte al amanecer, y por el camino se hace preguntas sobre él mismo y su futuro como caballero, llegando a la conclusión de que es perfecto como tal.

Al anochecer se mete en una venta para dormir y allí encuentra a dos mujeres a las que elogia y alaba, pero ellas se ríen de él. Don Quijote se enfada, pero llega el ventero y le da comida y un sitio para dormir.

-Capítulo 3:

Don Quijote le pide al ventero que le arme caballero, y éste acepta. Después Don Quijote se pone a velar sus armas. Las coloca cerca de un pozo y unos arrieros queriendo sacar agua las apartan, entonces Don Quijote se enfada y los arrieros acaban malheridos, de modo que sus enfadados compañeros le tiran piedras a Don Quijote. Tras este incidente, el ventero arma caballero a Don Quijote y así éste puede proseguir su camino. Se dirige a la aldea, ya que el ventero le recomienda proveerse de camisas y dinero, además de que Don Quijote piensa tomar como escudero a algún vecino suyo.

-Capítulo 4:

Por el camino oye unas voces y se acerca a ellas. Entonces ve como un hombre está azotando a un niño y Don Quijote le ordena al hombre que pare de hacerlo. Éste para y le explica a Don Quijote que le está azotando porque el niño le había perdido unas ovejas, y el niño dice que el hombre lleva 9 meses sin pagarle. Don Quijote ordena que le page y se va. Se encuentra con unos mercaderes, que al hablarles Don Quijote de Dulcinea, ellos se mofan de ella, a lo que Don Quijote se enoja mucho y se pelea con ellos, dejando los mercaderes a Don Quijote maltrecho. Entonces los mercaderes se van.

-Capítulo 6:

La ama de llaves, su sobrina, el cura Pero Pérez y el barbero Nicolás queman todos los libros de Don Quijote, que le habían provocado la locura.

-Capítulo 7:

Deciden tapiar la biblioteca para que Don Quijote no pudiera acceder a los libros, y en caso de que éste preguntase por ellos le dirían que se los llevó un mago.

Don Quijote se propone encontrar un escudero y ganar dinero, para ello empeña cosas suyas. Encuentra a un hombre llamado Sancho Panza, al que le ofrece ser gobernador de alguna ínsula, a cambio de que le acompañe en sus aventuras. Sancho Panza acepta y toma consigo un mulo.

-Capítulo 8:

Cuando van caminando Don Quijote y Sancho, se encuentran con unos molinos de viento, y Don Quijote cree que son gigantes y se dispone a enfrentarse con ellos. Cuando va a atacar a uno, se cae. Sancho Panza le socorre y Don Quijote se da cuenta de que era un molino, pero encuentra una explicación, y es que el mago que se llevó sus libros a transformado el gigante en un molino.

Prosiguen su camino hacia Puerto Lápice. Por el camino encuentran unos frailes de San Benito que acompañan a una dama vizcaína. A Don Quijote le parece que la dama está secuestrada por unos encantadores y se enfrenta a ellos. Los mozos de los frailes arrementen contra Sancho y cuando Don Quijote va a retarse con el escudero vizcaíno, se interrumpe el relato, alegando el autor que no había más escritos.

-Capítulo 15:

Se despiden y se van del entierro. Por el camino paran en un claro a descansar. Rocinante sale detrás de unas yeguas que ve, pero los dueños de éstas y las mismas yeguas empiezan a golpearlo. Don Quijote al darse cuenta va a enfrentarse con quienes golpean a su caballo, pero tanto él como Sancho salen mal parados, pues los dueños de las yeguas son mayoría.

Tras irse de allí encuentran una venta la cual Don Quijote cree que es un castillo. Sancho le corrige y discuten.

-Capítulo 16:

En la venta, la hija y la mujer del ventero, además de la asturiana Maritornes les curan las heridas. Por la noche, Maritornes, que había prometido tener relaciones sexuales con un arriero alojado en la misma habitación que Don Quijote y Sancho, va a visitarlo, pero Don Quijote, que esperaba a una hermosa joven existente en su imaginación, la toma de la mano y la lleva a su lecho, creyendo que es esa joven hermosa. El arriero les oye hablarr, apuñala a Don Quijote y se sube a la cama, que se rompe por sobrepeso.

El ventero oye el jaleo y va a la habitación. Maritornes se esconde en la cama de Sancho, y éste comienza a pegarla. El arriero y el ventero buscando a la moza la golpean a ella y a Sancho. Todo el jaleo cesa por la intervención de un cuadrillero que lo oye todo y va a ver que ocurre.

-Capítulo 17:

Don Quijote le pide a Sancho ingredientes para preparar una poción para curarse, el bálsamo de Fierabrás. Don Quijote lo toma y le produce vómitos. Tras dormir, se encuentra recuperado de todas las heridas y Sancho lo bebe para curarse también, a éste también le produce vómitos, pero no le cura. Don Quijote le dice que es porque esa poción es sólo para caballeros, y él no lo es.

Se van sin pagar de la venta, ya que según Don Quijote en los castillos los caballeros no pagan, y según Sancho los escuderos tampoco. Así que mantean al pobre Sancho.

-Capítulo 21:

Don Quijote y Sancho ven a un hombre montado en asno con algo que reluce en la cabeza. Don Quijote lo identifica como Mambrino con su yelmo. El hombre es un barbero que viendo que llovía se coloca su bacía en la cabeza. Don Quijote va hacia él, entonces el barbero se tira del asno y deja la bacía en el suelo, la cual coge Quijote con gran satisfacción.

Tras esto Don Quijote y Sancho fantasean sobre su futuro como caballeros.

-Capítulo 22:

En el camino, se topan con una cadena de galeotes, de los cuales el más bellaco es Ginés de Pasamonte, que está haciendo su biografía. Al advertir Don Quijote que el destino de los galeotes no es deseado por ellos, pide a los guardias que los acompañan que los suelten, lo cual no es obedecido. Entonces Don Quijote arremete contra ellos y libera a los galeotes, a los cuales pide que vayan a contarle a Dulcinea esa hazaña. Los galeotes no aceptan tal petición y Don Quijote enfurece. Viendo esta reacción, los galeotes apedrean a Don Quijote y destrozan su “yelmo”.

-Capítulo 23:

Don Quijote y Sancho se refugian en Sierra Morena para huír de sus perseguidores, la Santa Hermandad. Mientras Don Quijote y Sancho están durmiendo se acerca uno de los galeotes a los que liberaron y le roba el asno a Sancho para venderlo.

Después de que Don Quijote consuele a Sancho y le prometa más asnos, se van a seguir su aventura. Poco después se topan con una maleta con ropa, un libro, y dinero. Don Quijote lee el libro y se interesa por saber quién es el propietario, así que le buscan. Al cabo de un tiempo se encuentran a un cabrero que les cuenta que el hombre que buscan está loco. El cabrero había acordado junto con unos amigos el llevar al hombre a la villa de Almodóvar para que le pudieran curar y también para que tanto el cabrero como Don Quijote se pudiesen informar de quién era.

-Capítulo 24:

Cardenio, el hombre loco, les cuenta su historia de amor con Luscinda. En un momento del relato, Cardenio nombra a Madasima, y entonces Don Quijote le empieza a tratar como un mentiroso y un loco. Se pelean.

-Capítulo 25:

Sancho le dice a Don Quijote que quiere regresar a casa porque está harto de tantas aventuras y que no sabe por qué quiere encontrar a Cardenio. Don Quijote dice que debe impedir que un hombre tan loco ande suelto. Llegan a un lugar donde Don Quijote se pone a hacer penitencia imitando así a Amadís de Gaula. Tras acabar su penitencia por Dulcinea, le dice a Sancho que tiene que ir a pasar 3 días con Dulcinea para contarle todo lo que había hecho por ella, y además llevarle una carta. Sancho le pregunta quién es Dulcinea y Don Quijote le dice que su verdadero nombre es Aldanza Lorenzo. Al enterarse Sancho, comienza a hablar mal de ella y se pelea con Don Quijote. Tras esto escribe la carta y se la da a Sancho para que la lleve.

-Capítulo 27:

El cura, el barbero y Sancho se visten con ropa apropiada para ir a buscar a Don Quijote y contarle que Dulcinea requería su presencia. Sancho va a buscar a Don Quijote. Mientras el cura y el barbero esperan, Cardenio se acerca a ellos y les cuenta su historia entera. Entonces oyen un llanto.

-Capítulo 28:

Los llantos eran de una mujer que también tenía una historia que contar. La mujer dice que se llama Dorotea y que estaba allí porque un hombre, Don Fernando, la prometió matrimonio, pero la dejó. Se enteró de que Don Fernando iba a casarse con Luscinda, pero ésta amaba a Cardenio, y al final los dos se fueron.

-Capítulo 30:

Al poco tiempo Sancho les cuenta a todos que había sido Don Quijote el que había liberado a los galeotes. Don Quijote dice que su misión como caballero era ayudar a los desgraciados y no descubrir si sus penas eran verdaderas o falsas. Para calmar la rabia de Don Quijote, Dorotea comienza a inventar la historia de la princesa Micomicona, su supuesta historia. Ella era hija del rey Tinacrio el Sabedor y de la reina Jaramilla. El rey predijo que el gigante Pandafilando le pediría matrimonio a la princesa Micomicona, pero como esta no se quería casarse con el gigante partió a buscar a un caballero que la salvase del gigante y que posteriormente se casase con ella. Al oír esto Don Quijote se lo dice a Sancho, y éste se alegra al saber que ya tenían un reino al que mandar. Pero Don Quijote le dice que él le cortaría la cabeza al gigante pero que no se casaría con ella porque estaba enamorado de Dulcinea. Tras oír esto Sancho se enfada y dice que Dulcinea no merecía a Don Quijote, por lo que éste se enfada y le pega. A lo lejos ven venir a un hombre montado en el asno de Sancho y éste comienza a gritar al hombre que lo montaba escapando y dejando al asno libre. Sancho al volverse a encontrar con su asno comienza a besarle. Don Quijote dce que todavía mantenía la promesa de regalarle tres asnos más. Al poco rato Don Quijote le dice a Sancho que le cuente todo lo que había sucedido en el viaje que tuvo hacia la casa de Dulcinea.

-Capítulo 36:

En la venta el ventero ve como se acercan unos huéspedes. Cardenio le pregunta cuántos son, y el ventero le dice que son cuatro a caballo, dos a pie y una mujer vestida de blanco. Al oír esto Cardenio entra en la habitación de Don Quijote. Cuando llegaron los caballeros se bajaron de los caballos y trasladaron del sillón a una silla, cercana a la habitación de Don Quijote, a la misteriosa mujer. Todos se preguntan quíen es la mujer pero nadie daba respuesta a las preguntas que Dorotea hacía a los mozos. Cuando Cardenio se entera de quien era esa misteriosa mujer se da cuenta de que la conoce y habla con ella, pareciendo que se la está disputando con Fernando, el caballero que la había trasladado del sillón a la silla. Al poco tiempo se descubre que la mujer se llama Luscinda y no Micomicona como había dicho Sancho con anterioridad.

-Capítulo 37:

Mientras tanto Sancho cree que Dorotea es una princesa y que el famoso gigante es Fernando. Mientras Don Quijote sigue durmiendo. En la venta están contentos porque está llena y así el ventero ganará mucho. Cuando Don Quijote despierta habla con Sancho. Le cuenta la aventura (imaginaria) que había tenido con el famoso gigante al cual había liquidado de tal forma que compara la sangre del gigante con enormes ríos de agua. Sancho al oír esto le corrige diciéndole que más que ríos de agua son ríos de vino tinto, haciendo alusión a los cueros de vino que había destrozado Don Quijote. Al oír esto Don Quijote le pide una explicación a Sancho, éste le explica lo que había sucedido y también le explicó lo que estaba sucediendo actualmente en la venta. Don Quijote baja al salón y comienza a hablar con Dorotea la cual en alguna ocasión quiso cortarle, pero Fernando no se lo permitía ya que le interesaba todo lo que allí se hablaba. Cuando acaban de hablar Fernando se compromete a llevar a casa a Don Quijote.

-Capítulo 38:

Don Quijote habla de los soldados, cuenta que son personas muy pobres que sobreviven con los mínimos recursos, que son los menos premiados en la guerra y los más importantes en ella. También afirma que los letrados son muy importantes para el cumplimiento de la ley. Una vez acaba la conversación Don Quijote, el cautivo dice que van a oir el verdadero discurso.

-Capítulo 47:

Cuando emprenden el viaje de nuevo se encuentran con unos jinetes, y uno de ellos es canónigo de Toledo. Éste se acerca y pregunta por qué llevan a ese hombre enjaulado. Don Quijote responde que es un caballero que tiene que ir enjaulado debido a un encantamiento. El cura le explica al canónigo la locura de Don Quijote, entonces el canónigo empieza a criticar los libros de caballería.

-Capítulo 52:

Don Quijote le dice al cabrero que iría a buscar a Leandra, pero que no pueden empezar otra aventura. Cuando el cabrero se entera de quién es Don Quijote, le dice que está loco, entonces Don Quijote se enfada, se pelean y Don Quijote sale perdiendo.

Después Don Quijote ve a un grupo de personas en procesión que llevan una imagen cubierta por un paño para pedir por la sequía. Don Quijote arremete contra ellos y parte con su espada un palo que lleva un hombre, pero éste le tira al suelo. Sancho cree que está muerto y se lamenta. Pero Don Quijote vuelve en sí y dice que deben volver a casa y esperar un tiempo antes de volver a salir.

Cuando Don Quijote llega a su casa le están esperando la ama y su sobrina.

Segunda parte:

-Capítulo 1:

El barbero y el cura estuvieron un tiempo sin visitar a Don Quijote, pero el ama y la sobrina decían que había recobrado el juicio.

Cuando van a visitarle hablan con él de diversas cosas pensando que está cuerdo, pero en cuanto le hablan de una posible invasión al rey, para comprobar si en verdad está bien, Don Quijote vuelve a desvariar.

-Capítulo 2:

El cura y el barbero se van mientras escuchan al ama y la sobrina acusar a Sancho, que quería entrar, de haber engañado a Don Quijote. Éste lo oye y deja pasar a Sancho, al cual pregunta qué opina la gente de sus hazañas. Sancho le cuenta que todos dicen que está loco y que se puso el “Don” sin derecho. Don Quijote dice que es por envidia. Sancho le cuenta también que el bachiller Carrasco, había visto impresa la historia de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, escrito por Cide Hamete. Entonces Don Quijote manda a Sancho a buscar al Bachiller.

-Capítulo 3:

Don Quijote se queda pensando cómo alguien podía haber escrito sus aventuras si no había pasado apenas tiempo desde que comenzó. Le preocupaba también que se hubieran inventado algo sobre Dulcinea.

Cuando llega el bachiller le dice a Don Quijote que sus aventuras le han gustado mucho.

-Capítulo 4:

Deciden realizar una nueva salida. Don Quijote le pide al bachiller que componga unos versos para Dulcinea, y que no diga nada ni al ama, ni a la sobrina, ni al cura, ni al barbero.

-Capítulo 5:

Sancho Panza habla con su mujer Teresa y le cuenta que van a volver a sus aventuras y que Don Quijote ha renovado su promesa de darle una ínsula al acabar. Luego discuten si cuando sea rey de la ínsula su hija deberá casarse con un igual o con otro monarca. Sancho obedece a su mujer y la dice que nombrará condesa a su hija lo más tarde posible. Después Sancho se va a ultimar los detalles del viaje.

-Capítulo 6:

La sobrina y el ama temen que Don Quijote vuelva a las andadas, y le dicen que se vaya a servir al rey y deje de ser un caballero andante. Don Quijote compara a los caballeros andantes con los caballeros cortesanos. Su sobrina le dice que los caballeros andantes son tonterías y que él no podía serlo porque sólo los hidalgos y los ricos pueden serlo, y él es pobre. Don Quijote hace caso omiso. Llega Sancho y se mete con él en su habitación.

-Capítulo 7:

El ama llama al bachiller para impedir que Don Quijote y Sancho se vayan de nuevo, el bachiller le dice que se tranquilice y que se vaya a casa.

Cuando Sancho y Don Quijote están a solas, Sancho le pide un salario porque su mujer se lo dijo. Pero Don Quijote no accede porque sería romper una tradición de caballeros, y le dice además que si no quiere continuar ya se buscará a otro escudero. Luego aparecen el ama y el bachiller y éste le anima a Don Quijote a seguir sus aventuras y se ofrece como escudero, entonces Sancho llora y dice que quiere seguir siendo su escudero. Don Quijote y Sancho se abrazan y deciden salir en tres días.

La sobrina y el ama desesperan al ver que el bachiller está de su parte. Sancho consigue tranquilizar a su mujer y Sancho a su sobrina y al ama. A los tres días parten hacia el Toboso, y Sancho lleva una bolsa con dinero que le ha dado Don Quijote para gastos.

-Capítulo 8:

Antes de comenzar sus aventuras Don Quijote quiere ir a ver a Dulcinea al Toboso para que le de su bendición. Sancho le dice que la última vez que la vio estaba recogiendo trigo, pero Don Quijote no hace caso. Sancho se pregunta si el libro le habrá tratado bien. Llegan a Toboso y Don Quijote decide entrar por la noche. Sancho tiene miedo de que le mande a buscarla.

-Capítulo 9:

A media noche Don Quijote y Sancho entran al Toboso buscando el palacio de Dulcinea, el cual no encuentran debido a su inexistencia. Tras buscarlo un tiempo llegan a la conclusión de que ninguno la conoce, ya que Don Quijote se enamoró de ella por su buena fama y Sancho la conoce por habladurías.

Sancho convence a Don Quijote de que se quede esperando en el encinar y él busque a Dulcinea y le diga dónde le espera su amado.

-Capítulo 10:

Antes de comenzar su búsqueda, Sancho se sienta a pensar en la locura de su amo, y en que si le llevase otra persona que no fuera Dulcinea, su amo diría que está encantada.

Al atardecer, Sancho ve pasar a tres labradoras, y va corriendo a decirle a Don Quijote que Dulcinea llega con dos sirvientas, y Sancho sabe que su amo creerá que están encantadas. Las tres salen corriendo al escuchar las alabanzas de Don Quijote. Entonces él y Sancho increpan contra los encantadores. Después continúan su camino hacia Zaragoza.

-Capítulo 12:

Don Quijote y Sancho pasan la noche bajo unos árboles. Don Quijote compara la vida con una comedia, y Sancho le dice lo mucho que está aprendiendo a su lado.

En la noche Don Quijote se despierta porque oye como un hombre (que se hace llamar “El Caballero del Bosque” y que es caballero andante) baja del caballo y explica como su amada, Casildea de Vandalia, no le corresponde. Ve a Don Quijote, se presentan y hablan de sus amores.

-Capítulo 13:

Sancho y el escudero del Caballero del Bosque hablan, éste dice que su amo le había ofrecido un canonicato. Sancho deduce que El Caballero debía ser un caballero eclesiástico. Luego conversan sobre sus respectivas familias y tras un comentario del escudero no apropiado, Sancho le dice que esas no son formas para gente que acompaña a caballeros andantes. Hablan también sobre las amadas de sus amos y las cualidades de éstos. Comen y beben y se quedan dormidos.

-Capítulo 14:

Mientras tanto El Caballero y Don Quijote hablan sobre sus aventuras y sus amadas.

El Caballero del Bosque afirma que venció a Don Quijote de la Mancha, y Don Quijote se hace el tonto para que el otro confiese. Como no confiesa le reta a un duelo. Avisan a los escuderos, y Sancho antes de empezar se sube a un árbol, ya que teme al Caballero. Don Quijote vence en el duelo. Al caer al suelo El Caballero, descubren que es el bachiller Carrasco, y que el escudero es el vecino de Sancho Tomé Celial. Sancho le pide a Don Quijote que no mate al bachiller. Don Quijote obliga al bachiller a ir al Toboso a decirle a Dulcinea que no ha matado a Don Quijote de la Mancha. Después, él y Sancho prosiguen su camino hacia Zaragoza.

-Capítulo 15:

El bachiller había cordado con el cura y el barbero animar a Don Quijote a hacer su tercera salida y así cuando “El Caballero del Bosque” venciera a Don Quijote, éste regresara al pueblo. El bachiller quiere apalear como venganza a Don Quijote, y Tomé se va a casa.

-Capítulo 20:

Al amanecer, Don Quijote, al ver que Sancho duerme, empieza a hablar del sueño de su criado. Luego Sancho se despierta al oler el aroma de la comida que se está preparando para la boda de Camacho, y el cocinero le dice que coma lo que quiera. Mientras él comía, Don Quijote se entretenía con las danzas. Sancho y Don Quijote siguieron hablando de la muerte.

-Capítulo 21:

En la boda aparece Basilio diciendo que si Quinteria no se podía casar con él, se mataba, y se saca una espada y se la clava. Entonces acceden a casarse, pero en cuanto están casados, Basilio se levanta diciendo que había sido un truco. Los demás quisieron anular la boda, pero Quinteria dijo que era válida. Tras esto se van a la aldea.

-Capítulo 22:

Se quedan tres días en casa de Basilio, y en ese tiempo Don Quijote le aconseja sobre los negocios, y hablan de diversas cosas. Cuando se van, van a la cueva de Montesinos. Compran cien brazas de cuerda para bajar a la cueva, y cuando llegan, el estudiante (que les había acompañado para hacer de guía) y Sancho bajan a Don Quijote a la cueva.

Cuando le suben Don Quijote estaba dormido, y cuando despierta comienza a contar historias que Sancho no se cree.

-Capítulo 23

Don Quijote cuenta su encuentro con Montesinos, dice que vió a su primo y amigo, Durandarte, en un sepulcro de mármol por un encantamiento del mago Merlín, y que también estaban encantados allí su dama, su escudero (convertido en río) y otros muchos amigos de Durandarte convertidos en lagunas. Sancho no le creía, y le entró la risa cuando dijo que vio a Dulcinea y sus damas y que éstas le pidieron seis reales por un pañuelo. Don Quijote le dice a Sancho que la razón por la que no le cree es que no tiene conocimientos.

-Capítulo 33:

Mientras Don Quijote duerme, las doncellas y la Duquesa hablan con Sancho, y éste les cuenta que nunca había visto a Dulcinea, que mintió a su amo con lo de las tres doncellas. Entonces la Duquesa decide engañar a Sancho y le dice que era verdad. Sancho la cree porque es una Duquesa, y ésta y el Duque acuerdan gastarles a Sancho y Don Quijote una gran broma.

-Capítulo 34:

Los Duques llevan a Don Quijote de montería. Cuando anochece montan las tiendas en torno al fuego. Al cabo de un rato se acerca una procesión de carros, y según uno que iba en una de las primeras carretas, era el diablo, y viene a avisar de que un grupo de encantadores tiene hechizados a Montesinos y Dulcinea.

-Capítulo 35:

Llega un carro con Merlín, con la apariencia de la Muerte, y dice que el encantamiento de Dulcinea se romperá si Sancho se da tres mil trescientos azotes. Sancho no quiere, pero acaba aceptando.

-Capítulo 36:

Sancho le explica a la Duquesa que sólo se dio unas palmadas en la espalda, y la Duquesa le dice que eso no sirve de nada. Luego le enseña una carta para su mujer en la que dice que está a punto de irse a gobernar la ínsula. La Duquesa le dice que es codicioso y eso no es de un buen gobernador.

Cuando están comiendo llega un hombre llamado Trifaldín, escudero de la condesa Trifaldi, que en realidad es el mayordomo del Duque (el Duque se había hecho pasar por Merlín). Trifaldín dice que la Condesa Trifaldi está esperando fuera y que quiere hablar con Don Quijote de asuntos caballerescos.

-Capítulo 41:

Llevan a Don Quijote y Sancho hacia el caballo y les dicen que se tapen los ojos para no marearse por la altitud.

Se montan y los nobles les hacen creer que están volando. Encienden la cola de Clavileño (así se llamaba el caballo) y explota tirando al suelo a Sancho y Don Quijote. Cuando se levantan y ven a todos a su alrrededor. Hay una lanza donde pone que Trifaldi y sus doncellas ya no están encantadas, y que Dulcinea sería desencantada cuando Sancho cumpliera lo prometido. Después Sancho comienza a contar lo que ha visto mientras “volaban”.

-Capítulo 42:

Como los Duques ven que las bromas surten efecto y se las creen, deciden seguir engañándoles. El Duque le dice a Sancho que al día siguiente irían a ver su ínsula. Entonces Don Quijote le aconseja sobre cómo ser un buen gobernador.

-Capítulo 43:

Don Quijote sigue dando consejos a Sancho para ser buen gobernador y tener buena apariencia.

-Capítulo 44:

Sancho se va y se da cuenta de que el mayordomo es Trifaldi, se lo cuenta a Don Quijote y éste se sorprende y dice que es una gran contradicción.

Como Sancho se ha ido Don Quijote está solo, y la Duquesa le ofrece doncellas, pero él las rechaza porque un caballero no las necesita según él. Cuando Don Quijote se va a dormir se asoma a la ventana y ve como una doncella, Altisidora, le canta de forma burlesca. Entonces él habla de Dulcinea.

-Capítulo 45:

Sancho llega a la ínsula y es nombrado gobernador. Comienza a ejercer con unos juicios que le presentan.

El primer juicio consistió en: un señor que le fue a pedir a un sastre que le hiciera una caperuza con un tipo de tela que él le llevaba, pero como era tan desconfiado y temía que el sastre se quedara con un trozo de tela, le dijo que le hiciera las máximas posibles, al final el sastre le dijo que le podía hacer cinco caperuzas. Pero el hombre hace unas caperuzas diminutas haciendo caso a que el hombre quería cinco. Entonces el sastre le exigía al hombre el dinero que se había ganado haciendo esas caperuzas, mientras que el hombre le exigía al sastre el trozo de tela que le había dado. Entonces Sancho decide que ninguno de los dos obtuviera lo que pedía porque ambos habían sido muy desconfiados.

El segundo juicio consistió en: un hombre había recibido prestados diez ducados y no se los quería devolver a su dueño original porque decía que ya se los había devuelto. El primer hombre le dio al segundo una caña que tenia en la mano y juro ante todos que ya se los había devuelto y entonces se fue recuperando su caña antes. Sancho al darse cuenta de esto le manda que le de la caña al hombre que le había dejado los diez escudos y le dice que con la caña ya estaba pagado. Pero el hombre rompe la caña, y dentro de ella estaban los diez escudos.

El tercer juicio consistió en: una mujer llega ante Sancho diciendo que un hombre la había forzado en mitad de un camino y no la quería indemnizar. El hombre decía que la mujer se le había ofrecido y que ya le había pagado lo justo por esos trabajos. Sancho le dice al hombre que le de una bolsa que tiene llena de dinero, y cuando se va la mujer le manda salir detrás de ella para recuperar la bolsa. Al cabo de un rato regresan el hombre y la mujer, ambos unidos a la bolsa ya que la mujer no la quiere soltar. Sancho al ver esto le dice a la mujer que si hubiera puesto tanto empeño en defenderse como lo estaba poniendo ahora en agarrar la bolsa nadie la habría forzado en el campo. Les manda marcharse y le devuelve la bolsa de dinero al hombre.

-Capítulo 47:

A la hora de comer, sus sirvientes llevan a Sancho al palacio donde le sirven platos de comida. Pero cada vez que va a comer algo un médico se lo impide. Llega una carta del Duque diciendo que no coma nada por precaución contra posibles conspiraciones, entonces sólo come un racimo de uvas y pan. Mientras está comiendo aparece un labrador y le cuenta su vida. Cuando termina de hablar Sancho le pregunta qué es lo que quiere, y el labrador le pide trescientos o seiscientos ducados para la boda de su hijo, y una carta para que accediese a la boda su futuro consuegro. Sancho se enfada muchísimo y el médico promete dejarle comer.

-Capítulo 49:

Por la noche Sancho sale a hacer una ronda. Se encuentra a un muchacho que dice que nadie conseguiría hacer que él durmiera una sola noche en la cárcel, porque se pasaría toda la noche sin dormir. Después encuentra a una niña vestida de niño porque su padre no la dejaba salir. Entonces Sancho la lleva a casa.

-Capítulo 51:

Sancho vuelve a ejercer de juez. Se le presenta un caso que consistía en: un terreno dividido por un río, el río era atravesado por un puente, al final del puente había una horca y una casa en la cual se juzgaba a todo aquel que pasara de forma que aquel que mintiera al preguntarle a donde iba sería ahorcado. Todos solían decir la verdad pero un día apareció un hombre que dijo que únicamente venia a morir en la horca. Pero los jueces no supieron que hacer ya que si le ahorcaban el hombre habría dicho la verdad y no habría merecido morir, pero si le dejaban ir el hombre había dicho mentira y merecería ser colgado en la horca. Entonces Sancho recuerda que Don Quijote le dijo que cuando la ley estuviese en duda, se decantase por la humildad, y así Sancho ordena que le dejen ir. Días después Sancho recibe una carta de Don Quijote. En la carta Don Quijote le daba nuevos consejos sobre cómo gobernar correctamente. Sancho le contestó contándole el problema con el doctor y la comida.

-Capítulo 53:

De noche despiertan a Sancho diciéndole que están siendo invadidos. Le arman y salen a la batalla.

Nada más salir Sancho se cae al suelo sin poder moverse. Los que estaban fingiendo la batalla apagan las antorchas y comienzan a pisotearle. Después le levantan y felicitan por la batalla, entonces Sancho se desmaya. Al día siguiente Sancho se va diciendo que no sirve para ser gobernador.

-Capítulo 57:

Para despedir a Don Quijote, Altisidora le dedica un romance, burlándose de él, diciendo que no le había dado nada de cariño. Luego Don Quijote y Sancho parten hacia Zaragoza.

-Capítulo 60:

Cuando Sancho y Don Quijote descansaban en un bosque, éste coge las riendas de Rocinante para azotar a Sancho y así desencantar a Dulcinea. Sancho se lo impide y se aleja por precaución. Encuentra en unos árboles a unos bandoleros ahorcados, y eso demuestra que están cerca de Barcelona, donde se impone ese castigo.

Por la mañana se ven rodeados de unos bandoleros, cuyo jefe es Roque Guinart. Al cabo de un rato se les acerca una muchacha que era hija de un amigo de Roque. Le pide que la pase a Francia y que en su ausencia defenda a su padre. La muchacha cuenta que Vicente, hijo del principal enemigo de su padre y de Roque, le había dado palabra de matrimonio a ella, pero ésta se entera de que ya estaba casado y lo mata. Después de su muerte se entera de que en realidad no estaba casado. Después de esto los bandoleros traen ante Roque a varias personas a las cuales robó una parte de su dinero, pues no necesitaba más. Uno de sus hombres al ver esto dice que Roque debería ser más samaritano que bandolero. Entonces Roque mata a su hombre y deja libre a Don Quijote y a Sancho.

-Capítulo 61:

Don Quijote y Sancho llegan a un lugar desde el que ven el mar por primera vez. Al cabo de un rato se les acercan unos caballeros que invitan a Don Quijote a su casa. Este hombre se llamaba Antonio Moreno y dice que es amigo de Roque Guinart.

-Capítulo 64:

Un día, mientras Don Quijote paseaba armado por la playa, se encuentra a un hombre que se hace llamar “Caballero de la Blanca Luna” (en realidad es Carrasco). Le dice que su amada es mas hermosa que Dulcinea, y se baten en duelo, a condición de que el que pierda deberá dejar las armas un año y llevar una vida tranquila. Don Quijote pierde.

-Capítulo 65:

Don Antonio persigue al Caballero de la Blanca Luna hasta un mesón y descubre que en realidad era el Bachiller Sansón Carrasco que quería que Don Quijote volviese a casa a curarse de su locura. A los pocos días del vencimiento Don Quijote y Sancho vuelven a su pueblo ya que debía de cumplir su palabra. Don Quijote va a caballo y Sancho andando ya que el asno lleva las armas de Don Quijote.

-Capítulo 67:

Sancho dice que no entiende que tiene él que ver con el desencantamiento de Dulcinea, pero que se dará los azotes cuando quiera. Al pasar por un prado y ver a unos pastores a Don Quijote se le ocurre la idea de convertirse en pastores durante el año que tendrá que estar parado. Hablando de ser pastores Sancho y Don Quijote comienzan a ponerle a todos sus amigos y parientes unos nombres pastorescos muy extraños y burlescos.

-Capítulo 71:

Don Quijote y Sancho paran en un bosque. Don Quijote le dice a Sancho que le va a dar un cuarto de real por cada azote y Sancho accede. Al cabo de un rato azotándose Sancho le dice a Don Quijote que suba el precio a medio real y Don Quijote accede. Al cabo de unos azotes Sancho comienza a azotar a los arboles y de vez en cuando se queja para que Don Quijote no sospeche nada. Al poco tiempo Don Quijote le pide a Sancho que pare, pues no quiere que muera.

-Capítulo 72:

Al cabo de unos días entran en un mesón donde encuentran a un personaje del Quijote de Avellaneda, Don Álvaro de Tarfe, que acaba reconociendo que aquellos que tiene delante son los verdaderos Don Quijote y Sancho, y no los que describía el autor de su libro, Avellaneda. Don Quijote le pide a Don Álvaro que haga una declaración que diga que el Quijote de Avellaneda es totalmente falso. A la noche siguiente Don Quijote y Sancho ven la aldea donde viven a lo lejos.

-Capítulo 73:

De camino al pueblo Don Quijote y Sancho encuentran al Cura y a Sansón Carrasco. Éstos de alegran mucho de que Don Quijote y Sancho estén de vuelta. Una vez en el pueblo, Don Quijote se va a su casa con el Ama y su sobrina. Sancho va a su casa con mucho dinero para su mujer. Don Quijote les cuenta a sus amigos que va a hacerse pastor durante ese año y les pide que le acompañen. Asienten para que no se vuelva a ir.

-Capítulo 74:

El médico va a casa de Don Quijote y le dice que seria mejor que se fuese confesando porque no le queda mucho de vida. Don Quijote hace llamar a sus amigos y les dice que es consciente de todos los peligros en los que se ha metido pero que ya había vuelto en sí y que era otra vez Alonso Quijano. Sus amigos le dicen que pronto iban ser todos pastores y que Dulcinea ya estaba desencantada para animarlo, pero Alonso Quijano les dice que lo dejen, que ya estaba cuerdo. Tras hacer testamento comienza a criticar la actitud de Avellaneda, que había escrito un libro falso acerca de estupideces como las que él había vivido. Antes de morir le dice a su sobrina que, por favor, no se case con un hombre que conociera las novelas de caballerías, ya que estas le acabarían llevando a la locura. Y tras decir esto Alonso Quijano muere.

Estructura:

- Externa: consta de dos partes; la primera, de 52 capítulos, en la que se producen las dos primeras salidas de Don Quijote; y la segunda, de 74, en la que se narra desde la tercera salida de Don Quijote hasta su muerte.

- Interna: es una estructura circular, pues se basa en las tres salidas que hace Don Quijote. Al ser las tres regulares, se producen en secreto y en ellas se intercalan numerosos episodios, a menudo cómicos. Podemos considerarlas como eje estructural de la obra.

Temas:

- Conflicto entre la realidad y la ficción, perceptible en las alucinaciones de Don Quijote, que le hacen ver una realidad inexistente.

- Amor y su naturaleza, inspirado en el amor platónico, ya que Don Quijote no conoce a Dulcinea y se enamora al oir sus virtudes.

- La libertad, tratada en el episodio de los galeotes.

- Comparación entre el presente y el pasado, patente en el discurso que hace Don Quijote estando con los cabreros.

4. RETRATO DE LOS PERSONAJES

- Alonso Quijano:

Don Quijote de la Mancha, es el protagonista de la obra. Se trata de un hidalgo al cual su apasionada lectura de novelas de caballerías le hace perder la cordura hasta el punto de creerse un caballero. Tiene una importante evolución, pues al principio se ve su locura al máximo, siendo incapaz de diferenciar fantasía de realidad. Cada vez va diferenciando más lo real de lo ficticio, hasta su muerte, en la que ya ha recuperado la cordura. Esta evolución viene dada por la sanchificación de Don Quijote, ya que Sancho panza es el contrapunto a la locura de Don Quijote.

- Sancho Panza:

Escudero de Don Quijote. Es un labrador torpe y rudo, cuya falta de cultura le hace ver la realidad tal cual es. Al igual que Sancho influye en Don Quijote, Don Quijote influye en Sancho, produciéndose así una quijotización de Sancho, reflejada en la credulidad por parte del escudero de las fantasías de su amo.

- Aldonza Lorenzo:

Dulcinea del Toboso, personaje ficticio, existe en la imaginación de Don Quijote. Sin embargo, las disputas acerca de este personaje irreal provocan episodios conocidos de la obra, como son las disputas con Carrasco bajo sus dos apariencias.

- Sansón Carrasco:

Vecino de Don Quijote que, compinchado con el cura, decide fingir ser caballero andante con el fin de derrotar a Don Quijote, para que éste tenga que retirarse y recobre la cordura. Se reta en dos ocasiones con Don Quijote. Tras su victoria en la segunda de ellas, obliga al caballero a volver a casa y dejar las armas, así en el lecho de muerte recobra la cordura.

- Pero Pérez:

El cura. Compadecido de la situación de locura de Don Quijote, se compincha con el barbero y Carrasco para que deje sus aventuras caballerescas y recobre la cordura. Muchos episodios de la obra se llevan a cabo gracias a él. El cura intenta poner remedio a las locuras de Don Quijote por otros medios, como por ejemplo, quemando sus libros de caballerías.

- Juan Palomeque:

El ventero. Es un hombre agresivo y sin sentido del humor. En las dos veces que visitan su venta, los personajes acaban a golpes por su culpa. Es un personaje secundario, pero aparece en varias situaciones de la obra como un recurso que persigue la comicidad.

-Los Duques:

En vez de compadecerse de la locura de Don Quijote y ayudarlo, la explotan como entretenimiento. Con imaginación y medios, consiguen que el caballero crea lo que ve y no se percate de la farsa del caballo.

5. ESPACIO Y TIEMPO

-Campos de Montiel: primera y segunda salidas de Don Quijote; episodio de los molinos.

- Venta de Juan Palomeque: incidente nocturno con Maritornes, episodio de los cueros de vino.

- Aldea: situación inicial de la obra, vuelta tras la agresión de los mercaderes toledanos, regreso tras la derrota de Don Quijote.

- Alcaná de Toledo: el punto de enfrentamiento entre Don Quijote y el vizcaíno.

- El Toboso: van a buscar a Dulcinea para que Don Quijote la conozca.

- Cueva de Montesinos: va a visitarla Don Quijote tras dejar al Caballero del Verde Gabán.

- El palacio de los Duques: donde son recibidos para solucionar el problema de la princesa Trifaldi.

- La ínsula Barataria: ínsula que gobierna Sancho Panza durante un tiempo.

- Barcelona: a cuyas justas se dirigen y donde Don Quijote es derrotado.

6. ESTILO

El estilo cervantino es llano y sencillo, aunque el autor muestra una gran maestría en el uso de recursos como zeugmas, elípsis, enumeraciones y juegos de palabras.

El recurso predominante, no obstante, es el de la ironía, pues todo el relato se construye como una parodia. Con el habla enrevesada e inteligible de Don Quijote, se consigue la burla al lenguaje caballeresco.

El humor también es un rasgo característico de la obra, lo cual se puede observar en: los nombres de algunos personajes, totalmente ridículos (Alifanfarrón); la adulteración de fórmulas de tratamiento; la deformación de palabras cultas por parte de Sancho; juegos de palabras (“el Caballero de la Triste Figura había de ser aquel que había de desfigurar las mías”).

El rasgo más característico del estilo de Cervantes es la mezcla de diferentes formas de expresión, según la situación y el personaje:

- Con Don Quijote emplea un lenguaje caballeresco, arcaico; un tono ciceroniano en los discursos; un registro coloquial en las conversaciones con Sancho Panza.

- Para Sancho Panza escoge un lenguaje muy popular y rústico, muy expresivo, aderezado con una abundancia en el uso de refranes. También son frecuentes las deformaciones lingüísticas.

La gran obra que constituye el Quijote permite observar la perfección con que utiliza Cervantes las tres fórmulas textuales: la dinámica de la novela se desarrolla en torno al diálogo, de gran fluidez y vivacidad, pero también hay que alabar la capacidad de descripción de Cervantes, espectacular en momentos de peleas y tumultos.

7. FUENTES LITERARIAS Y POSTERIDAD

Le sugirió la idea inicial un Entremés de los romances anónimo, en que un ignorante labrador pierde la razón leyendo el Romancero viejo e intenta imitar las hazañas de aquellos héroes. Tal vez Cervantes se propuso escribir una novela corta para ridiculizar las novelas de caballerías. Pronto se dio cuenta de que su idea no cabía en aquel modesto marco y, manteniendo el propósito ridiculizador, le dio el desarrollo que el tema merecía.

Desde la novela artúrica, desde Monmouth, patrón y fuente de la ficción caballeresca, hay una evolución clara hasta que se convierte en un objeto merecedor de la parodia cervantina. Durante siglos la novela del alcalaíno se ha enriquecido con los  múltiples puntos de vista desde los que ha sido analizada, pero como muy bien dice Juan Manuel Lucía Megías en su artículo "Don Quijote de la Mancha y el caballero medieval", a costa de sacrificar su primera  naturaleza.

Así, la relación del Quijote con los libros de caballerías no sólo es de parodia, sino también de dependencia. Esta claro que el hidalgo no es un verdadero caballero andante. Desde que es armado con escarnio en la venta por un hospedero y, sin cumplir los requisitos externos y físicos de la Orden de Caballería, don Quijote es un loco trasnochado que vive en un  mundo paralelo. Pero, desde su singular visión, sí que es un caballero andante y en él se mantienen todos los preceptos del espíritu caballeresco. Él mismo dice en el capítulo XIX de la segunda parte:

Oficio de caballero es mantener viudas, huérfanos, hombres desvalidos, pues así como es costumbre y razón que los mayores ayuden y defiendan a los menores, así es costumbre de la Orden de Caballerías que, por ser grande y honrado y poderoso, acuda en socorro y en ayuda de aquellos que le son inferiores en honra y fuerza.

Es el mundo al cual se lanza en busca de aventuras el que no cumple los preceptos caballerescos, el mundo de los molinos y el de los campesinos, el de los galeotes y el del problema morisco, que no es el mundo por que el discurría Amadís ni Tirante. Es ahí, en la superposición obligada, donde se desarrolla la parodia cervantina. Una parodia que toma tintes épicos y filosóficos  y que explican la inusitada vigencia de El ingenioso hidalgo, lejos ya de la comparación primigenia con los libros de caballería, de los que no olvidemos, se sirve para enriquecerse.

En 1614, un año antes de la publicación de la segunda parte del Quijote, apareció en Tarragona una continuación apócrifa de la primera. Se declaraba su autor el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas (Valladolid).

En este libro, llegan a la aldea de don Quijote unos caballeros, que van a Zaragoza a participar en unas justas. Uno de ellos es don Álvaro Tarfe, que se aloja en la casa del hidalgo. Éste marcha también a participar en el torneo, acompañado de Sancho y haciéndose llamar el Caballero Desamorado, porque ha renunciado a Dulcinea. Don Quijote gana el premio y regresa. En Alcalá y en Madrid le suceden increíbles aventuras. Sancho se queda en la última ciudad sirviendo a un marqués. Por último, Tarfe hace recluir al caballero en el manicomio de Toledo.

Se ignora quién se ocultó bajo el seudónimo de Avellaneda. Era, sin duda, amigo de Lope de Vega y feroz adversario de Cervantes, de quien se creyó injuriado. Su obra es meritoria y a ratos divertida, pero ni de lejos resiste la comparación con el original. Cervantes sufrió mucho con este incidente, y, al publicar su segunda parte, arremetió justamente contra su émulo.

La obra se lee, incuestionablemente, con interés, puesto que el autor no carece de talento narrativo. Pero, claro es, no puede sufrir, como hemos dicho antes, la comparación con su modelo, y el lector, página a página, va sintiendo que aquel Don Quijote y aquel Sancho no son los que él conoce, y que se trata de una burda mixtificación.

Por otra parte, Avellaneda insulta a Cervantes en términos tales que revela algún resentimiento personal. Hoy se ignora quién pudo ser tal escritor; los datos que parecen ser seguros son estos: era piadosísimo; fue un aragonés; había vivido o estudiado en Alcalá: lo ofendió Cervantes en la primera parte del Quijote sin decir su nombre; y admiraba a Lope de Vega (el cual estaba resentido con Cervantes). Muy pocos datos para atribuirlos con seguridad a una persona concreta.

Cervantes estaba escribiendo el capítulo LIX de la segunda parte de su obra cuando le llegó el libro de Avellaneda. Como se advertirá al leerlo, responde allí desmesurada aunque energéticamente a su rival; y altera su plan para contradecirle: puesto que el falso Quijote fue a Zaragoza, él, que había pensado hacer ir al hidalgo a dicha ciudad, renuncia a ello y lo encamina a Barcelona.

El Quijote tuvo un éxito fulminante. En su época, se leyó como un libro preferentemente humorístico, cuya trascendencia quedaba tal vez limitada a ser una parodia regocijante de los libros de caballerías, tan difundidos entonces. Un siglo después, en el XVIII, extinguido ya dicho género narrativo, los lectores y los críticos empiezan a considerarlo como obra clásica y modelo de lenguaje. Se estudia la vida de Cervantes y se publica el Quijote en ediciones lujosas y con ilustraciones muy bellas. Los españoles se sienten orgullosos de la novela, que numerosos críticos extranjeros incluyen entre las máximas realizaciones del ingenio humano.

Pero es en el siglo XIX, con el advenimiento del Romanticismo, cuando el Quijote empieza a ser valorado profundamente. En aquella época valerosa e idealista, el caballero manchego se convierte en símbolo del hombre que lucha sólo por el triunfo del espíritu sin que le arredren los obstáculos. Parece el último caballero de la Edad Media generosa y noble, y, sin duda, es el primero de la nueva edad que debe conducir al hombre a vencer la opresión y la injusticia.

Desde el Romanticismo, las interpretaciones se han sucedido y se suceden: filósofos, historiadores de las ideas, críticos y políticos vuelven una y otra vez a él para desentrañar sus sentidos, que cada vez parecen más ricos y complejos. El hidalgo y su escudero encarnan, respectivamente, el impulso ideal y el tosco sentido común que coexisten en el corazón del hombre. Don Quijote se exalta, imagina las hazañas más portentosas, muchas veces no ve la realidad sino lo que inventa su fantasía. Es, in duda, un loco; pero su locura, en vez de alejárnoslo como sujeto risible y anormal, nos lo trueca en espejo, en modelo de comportamientos válidos para todos los hombres. Porque, contra viento y marea, lucha por el amor, por la justicia y por la libertad. Aunque ello le valga quebrantos y desventuras, nada puede doblegar su animoso corazón. Sancho, por el contrario, rudo, glotón y rústico, es la contrapartida de su señor, cuyas extravagancias no entiende. Pero lo sigue, dando un ejemplo de fidelidad que le permite llegar a participar oscuramente de los impulsos ideales y generosos de Don Quijote. En este sentido, se ha podido hablar de la progresiva quijotización de Sancho.

8. INTERPRETACIONES

Don Quijote ha sufrido, como cualquier obra clásica, todo tipo de interpretaciones y críticas. Miguel de Cervantes proporcionó en 1615, por boca de Sancho, el primer informe sobre la impresión de los lectores, entre los que «hay diferentes opiniones: unos dicen: 'loco, pero gracioso'; otros, 'valiente, pero desgraciado'; otros, 'cortés, pero impertinente'» (capítulo II de la segunda parte). Pareceres que ya contienen las dos tendencias interpretativas posteriores: la cómica y la seria. Sin embargo, la novela fue recibida en su tiempo como un libro de entretenimiento, como regocijante libro de burlas o como una divertidísima y fulminante parodia de los libros de caballerías. Intención que, al fin y al cabo, quiso mostrar el autor en su prólogo, si bien no se le ocultaba que había tocado en realidad un tema mucho más profundo que se salía de cualquier proporción.

Toda Europa leyó Don Quijote como una sátira. Los ingleses, desde 1612 en la traducción de Thomas Shelton. Los franceses, desde 1614 gracias a la versión de César Oudin, aunque en 1608 ya se había traducido el relato El curioso impertinente. Los italianos desde 1622, los alemanes desde 1648 y los holandeses desde 1657, en la primera edición ilustrada. La comicidad de las situaciones prevalecía sobre la sensatez de muchos parlamentos.

La interpretación dominante en el siglo XVIII fue la didáctica: el libro era una sátira de diversos defectos de la sociedad y, sobre todo, pretendía corregir el gusto estragado por los libros de caballerías. Junto a estas opiniones, estaban las que veían en la obra un libro cómico de entretenimiento sin mayor trascendencia. La Ilustración se empeñó en realizar las primeras ediciones críticas de la obra, la más sobresaliente de las cuales no fue precisamente obra de españoles, sino de ingleses: la magnífica de John Bowle, que avergonzó a todos los españoles que presumían de cervantistas, los cuales ningunearon como pudieron esta cima de la ecdótica cervantina, por más que se aprovecharon de ella a manos llenas. El idealismo neoclásico hizo a muchos señalar numerosos defectos en la obra, en especial, atentados contra el buen gusto, como hizo Valentín de Foronda; pero también contra la ortodoxia del buen estilo. El neoclásico Diego Clemencín destacó de manera muy especial en esta faceta en el siglo XIX.

Pronto empezaron a llegar las lecturas profundas, graves y esotéricas. Una de las más interesantes y aún poco estudiada es la que afirma, por ejemplo, que Don Quijote es una parodia de la Autobiografía escrita por San Ignacio de Loyola, que circulaba manuscrita y que los jesuitas intentaron ocultar. Ese parecido no se le escapó, entre otros, a Miguel de Unamuno, quien no trató, sin embargo, de documentarlo. En 1675, el jesuita francés René Rapin consideró que Don Quijote encerraba una invectiva contra el poderoso duque de Lerma. El acometimiento contra los molinos y las ovejas por parte del protagonista sería, según esta lectura, una crítica a la medida del Duque de rebajar, añadiendo cobre, el valor de la moneda de plata y de oro, que desde entonces se conoció como moneda de molino y de vellón. Por extensión, sería una sátira de la nación española. Esta lectura que hace de Cervantes desde un antipatriota hasta un crítico del idealismo, del empeño militar o del mero entusiasmo, resurgirá a finales del siglo XVIII en los juicios de Voltaire, D'Alembert, Horace Walpole y el intrépido Lord Byron. Para éste último, Don Quijote había asestado con una sonrisa un golpe mortal a la caballería en España. A esas alturas, por suerte, Henry Fielding, el padre de Tom Jones, ya había convertido a Don Quijote en un símbolo de la nobleza y en modelo admirable de ironía narrativa y censura de costumbres sociales. La mejor interpretación dieciochesca de Don Quijote la ofrece la narrativa inglesa de aquel siglo, que es, al mismo tiempo, el de la entronización de la obra como ejemplo de neoclasicismo estético, equilibrado y natural. Algo tuvo que ver el valenciano Gregorio Mayáns y Siscar que en 1738 escribió, a manera de prólogo a la traducción inglesa de ese año, la primera gran biografía de Cervantes. Las ráfagas iniciales de lo que sería el huracán romántico anunciaron con toda claridad que se acercaba una transformación del gusto que iba a divorciar la realidad vulgar de los ideales y deseos. José Cadalso había escrito en sus Cartas marruecas en 1789 que en Don Quijote «el sentido literal es uno y el verdadero otro muy diferente».

El Romanticismo alemán trató de descifrar el significado verdadero de la obra. Friedrich von Schlegel asignó a Don Quijote el rango de precursora culminación del arte romántico en su Diálogo sobre la poesía de 1800 (honor compartido con el Hamlet de Shakespeare). Un par de años después, Friedrich W. J. Schelling, en su Filosofía del arte, estableció los términos de la más influyente interpretación moderna, basada en la confrontación entre idealismo y realismo, por la que Don Quijote quedaba convertido en un luchador trágico contra la realidad grosera y hostil en defensa de un ideal que sabía irrealizable. A partir de ese momento, los románticos alemanes (Schelling, Jean Paul, Ludwig Tieck...) vieron en la obra la imagen del heroísmo patético. El poeta Heinrich Heine contó en 1837, en el lúcido prólogo a la traducción alemana de ese año, que había leído Don Quijote con afligida seriedad en un rincón del jardín Palatino de Dusseldorf, apartado en la avenida de los Suspiros, conmovido y melancólico. Don Quijote pasó de hacer reír a conmover, de la épica burlesca a la novela más triste. Los filósofos Hegel y Arthur Schopenhauer proyectaron en los personajes cervantinos sus preocupaciones metafísicas.

El Romanticismo inició la interpretación figurada o simbólica de la novela, y pasó a un segundo plano la lectura satírica. Que muelan a palos al caballero, ya no le hizo gracia al poeta inglés Samuel Taylor Coleridge. Don Quijote se le antojaba ser «una sustancial alegoría viviente de la razón y el sentido moral», abocado al fracaso por falta de sentido común. Algo parecido opinó en 1815 el ensayista William Hazlitt: «El pathos y la dignidad de los sentimientos se hallan a menudo disfrazados por la jocosidad del tema, y provocan la risa, cuando en realidad deben provocar las lágrimas». Este Don Quijote triste se prolonga hasta los albores del siglo XX. El poeta Rubén Darío lo invocó en su Letanía de Nuestro Señor don Quijote con este verso: «Ora por nosotros, señor de los tristes» y lo hace suicidarse en su cuento DQ, compuesto el mismo año, personificando en él la derrota de 1898. No fue difícil que la interpretación romántica acabara por identificar al personaje con su creador. Las desgracias y sinsabores quijotescos se leían como metáforas de la vapuleada vida de Cervantes y en la máscara de Don Quijote se pretendía ver los rasgos de su autor, ambos viejos y desencantados. El poeta y dramaturgo francés Alfred de Vigny imaginó a un Cervantes moribundo que declaraba in extremis haber querido pintarse en su Caballero de la Triste Figura.

Durante el siglo XIX, el personaje cervantino se convierte en un símbolo de la bondad, del sacrificio solidario y del entusiasmo. Representa la figura del emprendedor que abre caminos nuevos. El novelista ruso Iván Turgénev así lo hará en su espléndido ensayo Hamlet y Don Quijote (1860), en el que confronta a los dos personajes como arquetipos humanos antagónicos: el extravertido y arrojado frente al ensimismado y reflexivo. Este Don Quijote encarna toda una moral que, más que altruista, es plenamente cristiana.

Antes de que W. H. Auden eleve al hidalgo a los altares de la santidad, Dostoyevski ya lo había comparado con Jesucristo, para afirmar que «de todas las figuras de hombres buenos en la literatura cristiana, sin duda, la más perfecta es Don Quijote». También el príncipe Mishkin de El idiota está fraguado en el molde cervantino con un metal que procede del Cristo bíblico. Menos evangélicos, Gógol, Pushkin y Tolstói vieron en él un héroe de la bondad extrema y un espejo de la maldad del mundo.

El siglo romántico no sólo estableció la interpretación grave de Don Quijote, sino que lo empujó al ámbito de la ideología política. La idea de Herder de que en el arte se manifiesta el espíritu de un pueblo (el Volksgeist) se propagó por toda Europa y se encuentra en autores como Thomas Carlyle e Hippolyte Taine, para quienes Don Quijote reflejaba los rasgos de la nación en que se engendró. Pero ¿cuáles eran esos rasgos? Para los románticos conservadores, la renuncia al progreso y la defensa de un tiempo y unos valores sublimes aunque caducos, los de la caballería medieval y los de la España imperial de Felipe II. Para los liberales, la lucha contra la intransigencia de esa España sombría y sin futuro. Estas lecturas políticas siguieron vigentes durante decenios, hasta que el régimen surgido de la Guerra Civil en España privilegió la primera, imbuyendo la historia de nacionalismo tradicionalista.

El siglo XX recuperó la interpretación jocosa como la más ajustada a la de los primeros lectores, pero no dejó de ahondarse en la interpretación simbólica. Crecieron las lecturas esotéricas y disparatadas y muchos creadores formularon su propio acercamiento, desde Kafka y Jorge Luis Borges hasta Milan Kundera. Thomas Mann, por ejemplo, inventó en su Viaje con Don Quijote (1934) a un caballero sin ideales, hosco y un punto siniestro alimentado por su propia celebridad, y Vladimir Nabokov, con lentes anacrónicos, pretendió poner los puntos sobre las íes en un célebre y polémico curso.

Quizá, el principal problema consista en que Don Quijote no es uno, sino dos libros difíciles de reducir a una unidad de sentido. El loco de 1605, con su celada de cartón y sus patochadas, causa más risa que suspiros, pero el sensato anciano de 1615, perplejo ante los engaños que todos urden en su contra, exige al lector trascender el significado de sus palabras y aventuras mucho más allá de la comicidad primaria de palos y chocarrerías. Abundan las interpretaciones panegiristas y filosóficas en el siglo XIX. Las interpretaciones esotéricas se iniciaron en dicho siglo con las obras de Nicolás Díaz de Benjumea La estafeta de Urganda (1861), El correo del Alquife (1866) o El mensaje de Merlín (1875). Benjumea encabeza una larga serie de lecturas impresionistas de Don Quijote enteramente desenfocadas; identifica al protagonista con el propio Cervantes haciéndole todo un librepensador republicano. Siguieron a éste Benigno Pallol, más conocido como Polinous, Teodomiro Ibáñez, Feliciano Ortego, Adolfo Saldías y Baldomero Villegas. En 1967, la cabalista Dominique Aubier afirma que «Don Quijote es un libro que puede leerse a la vez en castellano y en hebreo». Según ella, Don Quijote (Q´jot en arameo significa verdad) se escribió en el marco de una preocupación ecuménica. En recuerdo de una España tierra de encuentro de las tres religiones reveladas, Cervantes propondría al futuro un vasto proyecto cultural colocando en su centro el poder del verbo.

A partir de 1925 las tendencias dominantes de la crítica literaria se agrupan en diversas ramas:

1) Perspectivismo (Leo Spitzer, Edward Riley, Mia Gerhard)

2) Crítica existencialista (Américo Castro, Stephen Gilman, Durán, Luis Rosales)

3) Narratología o socio-antropología (Redondo, Joly, Moner, Cesare Segre)

4) Estilística y aproximaciones afines (Helmut Hatzfeld, Leo Spitzer, Casalduero, Rosenblat)

5) Investigación de las fuentes del pensamiento cervantino, sobre todo en su aspecto «disidente» (Marcel Bataillon, Vilanova, Márquez Villanueva, Forcione, Maravall)

6) Los contradictores de Américo Castro desde puntos de vista diversos, al impulso modernizante que manifiesta El pensamiento de Cervantes de Castro (Ludwig Auerbach, Alexander A. Parker, Otis H. Green, Martín de Riquer, Russell, Close)

7) Tradiciones críticas antiguas renovadas: la investigación de la actitud de Cervantes ante la tradición caballeresca (Murillo, Williamson, Daniel Eisenberg); el estudio de los «errores» del Quijote (Stagg, Flores) o de su lengua (Amado Alonso, Rosenblat); la biografía de Cervantes (McKendrick, Jean Canavaggio)

8) Interpretación judía-cabalística, desde 1967: Don Quijote como obra mayor inspirada por el Zohar y criptada en clave hebrea (Dominique Aubier, Reichelberg, Baruch, Mac Gaha).

9. NARRADORES

Una lectura atenta del Quijote parece revelar que la «autoría» de los ocho primeros capítulos de la primera parte no corresponde al mismo personaje que se presenta a partir del capítulo IX como responsable de la escritura del manuscrito original arábigo (Cide Hamete), que comprendería los capítulos IX-LII de la primera parte y la segunda parte completa.

El personaje que actúa como Narrador y editor de las diferentes fuentes y manuscritos que constituyen la historia de Don Quijote advierte al final del capítulo VIII, a propósito de la brusca interrupción del encuentro entre los hidalgos castellano y vasco, que «está el daño de todo esto que en este punto y término deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas de don Quijote de las que deja referidas», y añade, refiriéndose a sí mismo: «Bien es verdad que el segundo autor desta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha, que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen». Al comienzo del capítulo siguiente, insiste de nuevo en que «en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba». Difícilmente el lector hallará en el Quijote notas intensivas más precisas acerca de este recurso estilístico, denominado convencionalmente «autor primero» por la crítica cervantina tradicional, que los aquí ofrecidos por el Narrador-editor de la historia.

Este personaje, en quien se identifica la fuente -que no el discurso, el cual corresponde al Narrador-, del contenido relatado en los ocho primeros capítulos, es una de las presencias textuales más fantasmagóricas del Quijote, dado que, si bien existe como personaje que forma parte de la historia (recibe notas intensivas y predicados semánticos por parte del Narrador-editor, quien recoge y compila sus fuentes y manuscritos; funcionalmente desempeña la labor de ser el primero de los «autores» o «sabios» en recopilar las aventuras de Don Quijote...), no es menos cierto que carece de nombre propio en la novela, lo que ha dificultado enormemente su identidad por parte de la crítica cervantina, de quien ha recibido la común denominación de «autor primero»; apenas experimenta transformaciones en el relato, ya que no vuelve a mencionarse desde el capítulo IX de la primera parte; no se sitúa, fuera del Quijote, en ningún otro intertexto literario o contexto social, y no ha sido objeto de transducciones literarias por parte de la interpretación crítica, que apenas le ha prestado atención, al contrario que Cide Hamete, al que se ha identificado con frecuencia con el narrador del Quijote, y del que se ha incluso discutido y negado su estatuto como personaje.

Desde nuestro punto de vista, el autor primero de la historia de Don Quijote es responsable del relato contenido en las fuentes manuscritas manejadas por el Narrador-editor en la narración de los ocho primeros capítulos de la primera parte, y constituye, desde el ámbito de los procesos elocutivos del discurso, la primera instancia o expresión discreta del «autor implícito», o autor textualizado, del sistema retórico de autores ficticios en que se sustantiva la pragmática del Quijote.

Cide Hamete Benengeli es presentado por el Narrador-editor del Quijote, en el capítulo IX de la primera parte, como el autor de un manuscrito arábigo que es traducido al castellano por un morisco aljamiado, y que comprende la historia de Don Quijote desde la aventura del vizcaíno en adelante. El resultado de la traducción del texto de Hamete es editado por el Narrador del Quijote, quien se comporta como «segundo autor» y editor de la obra. Cide Hamete es, como el resto de los autores ficticios, sólo un recurso estilístico, un personaje que sirve al diseño retórico del sistema narrativo; situado en una estratificación discursiva distinta a la de los personajes funcionales de la historia, actancialmente no significa nada, y, responsable con frecuencia de un discurso citado y entrecomillado por el Narrador, en estilo referido o sumario diegético, no posee un estatuto narrativo en el discurso del Quijote, sino una función retórica de profundas consecuencias en el conjunto del relato.

Otro de los personajes del Quijote que forma parte del sistema retórico de autores ficticios es el morisco aljamiado, al que el Narrador-editor de la novela encarga la traducción de los manuscritos arábigos que contienen los capítulos IX y siguientes de la primera parte y los de la segunda parte completa, redactados anteriormente por Cide Hamete.

Es cierto que «su intervención no constituye más que un aspecto muy accidental del recurso paródico a los pseudoautores, traductores e intérpretes de lenguas clásicas...», sin embargo, su presencia en el Quijote no es la de un mero personaje-fantasma, como Cide Hamete, sino la de servir de intermediario, de traductor, entre al manuscrito árabe y su redacción española, tal como la conoce el lector. Desde el punto de vista de la expansión polifónica y la estratificación discursiva en que se desglosa el autor textualizado del Quijote, el traductor morisco se sitúa en un nivel discursivo que envuelve al establecido por Cide Hamete, sobre cuya redacción y manuscritos actúa formal y empíricamente en los términos que declara el Narrador-editor.

El traductor morisco, del que desconocemos su nombre, y sobre el cual el texto apenas proporciona notas intensivas que esclarezcan su identidad, no se limita meramente a traducir el manuscrito de Hamete, sino que incorpora esporádicamente anotaciones y juicios que el Narrador menciona y cita cuidadosamente, de todo lo cual se desprende que lo escrito por un autor resulta discutido o enmendado por el que ha proseguido su labor.

El Narrador-editor del Quijote se desentiende incluso de algunas de las citas de Cide Hamete, atribuyéndolas directamente al morisco aljamiado que traduce la historia. En efecto, en el relato de Don Quijote sobre la aventura de la cueva de Montesinos, Cervantes no responsabiliza a ninguna de las instancias narrativas en que se dispone discrecionalmente el autor (implícito) textualizado, de modo que Don Quijote es el único responsable de su discurso, como así lo subraya el traductor.

El texto de Cide Hamete, traducido, transcrito y citado por el Narrador, no constituye el único testimonio ni la única contribución manuscrita al relato de Don Quijote -aunque sí la más extensa y reiterada-, pues, además de la redacción de los capítulos I-VIII de la primera parte, correspondiente al anónimo «autor primero», los últimos párrafos del Quijote de 1605 advierten que en el interior de una caja de plomo, hallada en los cimientos de una antigua ermita, que un médico pone en manos del Narrador-editor, se encuentran los epitafios y poemas con que este último cierra la primera parte del libro. La autoría de estos versos finales corresponde a los Académicos de Argamasilla, una más de las ficciones cervantinas «constructoras» del Quijote, y que podría considerarse como una más de las manifestaciones discretas del autor (implícito) textualizado.

El discurso que constituyen para la historia de Don Quijote los denominados Académicos de Argamasilla se sitúa horizontalmente en la misma estratificación discursiva que ocupan las intervenciones de Cide Hamete Benengeli y el traductor morisco, y representa, en coexistencia con ellas, una expansión polifónica nueva en el conjunto discursivo, y una manifestación discreta distinta en el sistema retórico de los autores ficticios; del mismo modo, los manuscritos de estos académicos se definen verticalmente por la relación de integración que adquieren en el discurso del Narrador, quien los introduce en su propio mensaje y los modaliza como cree conveniente.

El estatuto que caracteriza al Narrador del Quijote es doble, ya que no sólo pertenece como personaje al sistema retórico de autores ficticios, a los que construye intensionalmente (Cide Hamete), y con los que está en relación directa (morisco aljamiado), al introducir en su propio discurso las aportaciones manuscritas que aquéllos le proporcionan, sino que es además el único de todos los «autores ficticios» que real y verdaderamente narra lo que acontece en el Quijote, como discurso que transcurre in fieri, y cuya escritura es simultánea al acto mismo de enunciación que registra la voz del Narrador.

Forma parte del Quijote, pero no interviene en la historia que comunican los manuscritos que manda traducir, y cuya redacción dispone bajo sus propias modalidades y competencias. Organiza y compila debidamente las diferentes versiones y crónicas (autor primero, Cide Hamete, indicaciones del traductor, poemas de los académicos de Argamasilla...), y las edita como texto -destinado a un narratario, o lector implícito-, que en el mundo empírico es firmado (y elaborado) por Miguel de Cervantes, como autor real del mismo, destinado como es natural al conjunto de lectores reales en que nos situamos cada uno de nosotros.

Habitualmente, narra desde la tercera persona y no forma parte de la historia que cuenta (narrador heterodiegético), aunque a veces utilice la primera persona, especialmente para describir su implicación en el proceso de búsqueda y edición de los manuscritos (narrador autodiegético): «Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos...»; se sitúa en el nivel más externo de las diferentes estratificaciones discursivas que constituyen las diversas instancias locutivas del Quijote (narrador extradiegético), ya que representa la instancia narrativa más elevada del sistema de las diferentes estratificaciones discursivas que dispone la novela.

No es sólo un recurso estilístico y retórico, como Cide Hamete y el traductor morisco, sino que, como todo narrador, es una creación específicamente autorial, cervantina: en su constitución no interviene ni uno solo de los restantes personajes del Quijote, a los que él matiza, dispone, agrupa; carece de nombre propio y de dimensión actancial, apenas presenta notas intensivas salvo las que él mismo proporciona sobre sí, no presenta alteraciones sustanciales en sus relaciones con los demás personajes a lo largo del discurso, y se mantiene al margen de todo intertexto literario y contexto social; es él, y no Cide Hamete, quien enuncia el título de cada uno de los capítulos, porque con frecuencia Cide Hamete es citado en ellos -«De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee con atención»-, y porque el estilo del Narrador, irónico hacia Don Quijote y el cronista arábigo, es el dominante en los títulos, mientras que el discurso de Hamete es enfático, épico, heroico; es un personaje más del Quijote, el único personaje que narra in fieri, porque su rol actancial consiste en organizar el relato desde el interior, hasta el punto de ser responsable de la edición del propio relato que comunica, al declarar abiertamente todos sus compromisos e intereses en el acto de narrar la historia del ingenioso hidalgo. Es, en suma, el sujeto fundamental de la narración, cuyo discurso envuelve y dispone todo lo existente en el Quijote.

Al Narrador-Editor del Quijote corresponden en el texto de ficción las siguientes disposiciones:

1. La redacción del prólogo de la primera parte de la historia.

2. La organización de los contenidos narrados en los capítulos I-VIII de la primera parte, cuya fuente histórica es un narrador anónimo que en el texto se denomina Autor Primero.

3. La disposición formal de las fuentes y de los acontecimientos narrados desde el capítulo IX hasta el final, cuya fuente histórica es Cide Hamete, labor que implica el hallazgo de los manuscritos y el encargo de su traducción al morisco aljamiado.

4. La adición de los epitafios con que concluye la primera parte, hallados en una caja de plomo, en los cimientos de una ermita en reconstrucción, y que le son entregados por un médico al Narrador-editor.

5. Contraste y compilación de las diferentes fuentes, narración de los hechos y edición del texto tal como es destinado al narratario, o lector implicado en el texto de ficción.

Los tres últimos párrafos del Quijote de 1605 deben leerse detenidamente. Allí se habla con frecuencia del «autor desta historia», y en ningún momento del cronista o historiador de la misma, lo que hace pensar que la voz del que habla entonces -como sucede a lo largo de toda la narración- es la del Narrador-editor del Quijote, y no la de Cide Hamete, siempre citado o entrecomillado. De ser cierta esta hipótesis, los fragmentos finales del Quijote proporcionan importantes notas intensivas acerca de la identidad del Narrador-editor del discurso de ficción: se trata ante todo de un investigador, de un buscador de notas y fragmentos en archivos, bibliotecas y ferias manchegas, sobre la historia de Don Quijote.

Pero el autor de esta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas; sólo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza . Ni de su fin y acabamiento pudo alcanzar cosa alguna, ni la alcanzara ni supiera si la buena suerte no le deparara un antiguo médico que tenía en su poder una caja de plomo, que, según él dijo, se había hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita que se renovaba. Y los que se pudieron leer y sacar en limpio fueron los que aquí pone el fidedigno autor desta nueva y jamás vista historia. El cual autor no pide a los que la leyeren, en premio del inmenso trabajo que le costó inquirir y buscar todos los archivos manchegos, por sacarla a luz, sino que le den el mesmo crédito que suelen dar los discretos a los libros de caballerías, que tan validos andan en el mundo.

10. LAS NOVELAS DE DON QUIJOTE

Además del Segundo Tomo de Alonso Fernández de Avellaneda, existen varias Continuaciones del Quijote. Las primeras fueron tres obras francesas: las dos partes de la Historia del admirable don Quijote de la Mancha, escritas por Francois Filleau de Saint-Martin y Robert Challe, y la anónima Continuación nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable don Quijote de la Mancha.

Del siglo XVIII datan dos de las continuaciones españolas de la obra, que pretenden relatar lo sucedido después de la muerte de Don Quijote, como las Adiciones a la historia del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Jacinto María Delgado, y la Historia del más famoso escudero Sancho Panza, en dos partes (1793 y 1798), de Pedro Gatell y Carnicer.

En 1886 se publicó en La Habana la obra del gallego Luis Otero y Pimentel Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha, cuya acción transcurre en Cuba a fines del siglo XIX. En el XX aparecieron varias continuaciones más, entre ellas una muy divertida, La nueva salida del valeroso caballero D. Quijote de la Mancha: tercera parte de la obra de Cervantes, de Alonso Ledesma Hernández (Barcelona, 1905) y El pastor Quijótiz de José Camón Aznar (Madrid, 1969). Al morir don Quijote (2004), la más reciente novela que continúa la historia, es obra del español Andrés Trapiello. Hay también continuaciones hispanoamericanas, entre ellas Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, de Juan Montalvo y Don Quijote en América o sea la cuarta salida del ingenioso Hidalgo de La Mancha, de don Tulio Febres Cordero, libro editado en 1905 (edición conmemorativa 2005, ULA).

11. OPINIÓN PERSONAL

Creo que es un libro adecuado para este curso, ya que el alumno tiene ya ciertos conocimientos y nivel suficientes para entender sin demasiada dificultad el libro y poder realizar de forma correcta el trabajo.

La obra tiene toques de humor, lo que hace que la lectura no sea tan pesada y el alumno pueda disfrutar de ella.

Este es un libro que toda persona debe leer, ya que es una obra de gran importancia para la literatura.