Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Caballerías. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Alex Smith
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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Resumen de el argumento de los capítulos 31 al 45

CAPÍTULO 31

Sancho al no saber que decir no hacia más que decirle mentiras a su amo acerca de la supuesta conversación que mantuvo con Dulcinea. Sancho le decía a Don Quijote que nada mas llegar Dulcinea rompió la carta ya que al no saber leer no quería que nadie la leyera por ella, entonces Dulcinea insistió en que Don Quijote fuese a verla al Toboso. Don Quijote preguntaba constantemente que era exactamente lo que Dulcinea había dicho pues le interesaba la pura verdad. Llego un momento en el que Don Quijote dudó si ir con Dulcinea primero o ir primero a cortarle la cabeza al gigante. Ante esta duda Sancho le dijo que fuese primero a donde se encontraba el gigante, ya que Sancho veía peligrar el señorío que le había prometido.


CAPÍTULO 32

En este capítulo se nos cuenta como Don Quijote y Sancho vuelven otra vez a la venta donde ya habían tenido alguna aventura con anterioridad. En esta venta se encuentran también el cura, el ventero, y los habituales ocupantes de la venta. Estos personajes estuvieron discutiendo durante un largo periodo de tiempo acerca de la autenticidad o no de las historias de los libros de caballería. El cura y el barbero argumentaban que los libros de caballería eran mentiras e invenciones de unos escritores que lo único que deseaban era entretener a la gente. El ventero y los ocupantes de la venta argumentaban que estos libros eran historias verdaderas que le habían sucedido a unos personajes en el tiempo y contexto que en el libro se citaban. El cura y el barbero decían que todos los libros que había en la venta se debían quemar, además no mucho tiempo atrás habían encontrado en la venta una maleta con tres libros: “Don Cirongilio de Tracia”, “Félixmarte de Hircania” y la “Historia del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba”. Además de estos libros encontraron también unas hojas, de muy buena letra, en las cuales estaba escrita una novela llamada: “La novela del curioso impertinente”, la cual leyó el cura en voz alta para que todos la escucharan.


CAPÍTULO 33

En este capítulo se nos cuenta “La novela del curioso impertinente” tal y como se supone que se relataba en las hojas que encontraron en la venta. En esta novela se nos habla de dos amigos, Lotario y Anselmo el cual se casó con Camila, cuya amistad era tan grande que llegaron a llamarlos los dos amigos. Entre estos dos personajes se produjo un dilema ya que Anselmo, que se encontraba casado con Camila gracias a las mediaciones de su amigo Lotario para unirlos en casamiento, quería poner a prueba a su mujer, Camila, haciendo que su amigo Lotario ofreciera a Camila regalos y joyas para que se probase así la fidelidad que tenia Camila hacia su esposo Anselmo. Lotario en un primer momento se niega a hacer tal cosa ya que consideraba que Camila era una mujer muy pura y muy honrada como para acceder a estas ofrendas de Lotario y que lo único que se conseguiría con este plan es demostrar la honestidad de Camila y la poca confianza que tiene Anselmo hacia su mujer. Lotario tras ver que su amigo estaba dispuesto a utilizar a otra persona para poner en práctica su plan accede a ponerlo en práctica él mismo. Pero lo que hace es contarle a Anselmo conversaciones ficticias en las cuales Camila no accede a las ofrendas de Lotario. Anselmo al darse cuenta de este amenaza de nuevo a Lotario con buscar a otro, pero Lotario le jura que volverá a poner en practica el plan que había ideado Anselmo con anterioridad para lo cual Anselmo deja solos a Camila y a Lotario durante 8 días para que Lotario pusiera en marcha el extraño plan. Durante 3 días no ocurrió nada pero al cuarto día Anselmo se decidió y le dijo a Camila lo que acontece en el siguiente capítulo.


CAPÍTULO 34

En este capítulo se continuó la novela del Curioso Impertinente. Tras esos días de incertidumbre Camila se da cuenta de los sentimientos de Lotario y le escribe una carta a su marido contándole lo que esta sucediendo, Anselmo viendo que el plan funciona responde a su esposa diciéndole que no se preocupara de nada que él llegaría pronto. Cuando este llega le pregunta a su amigo Lotario que es lo que sucede y este le confirma la pureza de su mujer la cual no cesa de rechazar sus proposiciones. Camila le cuenta todo a su criada Leonela la cual utiliza esta información para llevar a la casa de Camila todas las noches a su amante, sabiendo que si Camila decía algo a Anselmo esta se lo contaría todo acerca del verdadero amor de Lotario hacia Camila. Lotario le cuenta a Anselmo que ha visto salir a un hombre de la casa pensando que este había estado con Camila, habiendo estado en realidad con la criada, Leonela. Entre Lotario, Camila y Leonela consiguen que Anselmo se esconda como quien no quiere la cosa en una habitación de la casa para así poner en funcionamiento un plan para que tanto Camila como Lotario pudieran quedar bien y resolver todo el entuerto que se había formado. Al acabar con este plan Anselmo sale a hablar con Lotario para manifestarle su alegría tras ver que su esposa es tan pura y sincera como creían en un primer momento y para
felicitar a Lotario por lo buen amigo que era y lo bien que se había portado con él.


CAPÍTULO 35

Antes de que hubiera acabado el cura de leer la novela apareció Sancho por la puerta haciendo que Don Quijote estaba librando una gran batalla contra el gigante enemigo de la señora princesa Micomicona. Al oír esto el cura se levanto con rapidez cuando oía un gran ruido acompañado de las voces amenazantes de Don Quijote. Cuando entraron en la habitación de Don Quijote vieron que este se encontraba a cuchillada limpia con los cueros de vino. Lo más extraño de la situación eran las pintas que tenía Don Quijote y que además de tener los ojos cerrados, ya que se encontraba soñando y no despierto, estaba con una camisa que apenas le cubría los muslos, las piernas no excesivamente limpias y llenas de vello, y ademes en el brazo izquierdo tenia envuelta la manta de la cama. Al ver todo revuelto y lleno de vino, el ventero se abalanzó sobre el pobre Don Quijote propinándole gran numero de golpes a puño cerrado, tan fuerte le daba el ventero que si no llega a ser por Cardenio y por el cura Don Quijote se hubiera quedado hay de por vida. Tras un corto espacio de tiempo el barbero consiguió despertarle echándole un cubo de agua fría en la cabeza. Después de que Don Quijote se hubo quedado dormido de nuevo continuaron leyendo la novela del Curioso impertinente. Continuando por donde nos habíamos quedado en la lectura de esta curiosa novela Leonela se había escapado con Camila y Lotario dejando a Anselmo solo en la casa. Cuando Anselmo descubrió que le habían dejado solo decidió irse a una de las casas que tenia un amigo suyo en el campo, donde murió una vez hubo escrito un epílogo de su vida, en la cual explicaba como moría por Camila. Una vez acabaron de leer el libro el cura la califico de poco creíble ya que no se explicaba como alguien que lo tenia todo como Anselmo pudo liar tanto las cosas para comprobar la sinceridad de su mujer, la cual al final le acabo abandonando.


CAPÍTULO 36

Se encontraban en la puerta de la venta el ventero que divisó como se acercaban a la venta una tropa de huéspedes. Le pregunto Cardenio al ventero cuantos eran los posibles visitantes, a lo que respondió el ventero diciéndole que eran cuatro a caballo, dos a pie y una mujer vestida de blanco. Al oír esto Cardenio entro en la habitación de Don Quijote. Cuando llegaron los caballeros a la venta se apearon de los caballos y trasladaron del sillón a una silla, que estaba próxima a la habitación de Don Quijote, a la misteriosa mujer. Todos se preguntaban quien seria esta extraña mujer pero nadie daba respuesta a las preguntas que Dorotea hacia a los mozos. Cuando Cardenio se entero de quien era esa misteriosa mujer se dio cuenta que la conocía y comenzó una larga conversación con ella, pareciendo que se la estaba disputando con Fernando, el caballero que la había trasladado del sillón a la silla. Al poco tiempo se descubrió que la mujer se llamaba Luscinda y no Micomicona como había dicho Sancho con anterioridad.


CAPÍTULO 37

Mientras tanto el propio Sancho se creía que la Dorotea era una princesa, que el famoso gigante era Fernando. A todo esto Don Quijote seguía durmiendo en sus aposentos. En la venta se encontraban todos muy contentos ya que al estar prácticamente llena la venta las ganancias para el ventero eran bastante considerables. Entre tanta felicidad solo Sancho era el triste pero al poco rato se despertó Don Quijote y comenzó a hablar con él. Don Quijote le contó a Sancho la aventura, imaginaria claro esta, que había tenido este con el famoso gigante al cual había liquidado de tal forma que llego a comparar la sangre del gigante con enormes ríos de agua. Sancho al oír esto le corrigió diciéndole que más que ríos de agua eran ríos de vino tinto, haciendo alusión a los cueros de vino que había destrozado Don Quijote. Al oír esto Don Quijote le pidió una explicación a Sancho de porque decía ríos de vino tinto, a todo esto Sancho le explico lo que había sucedido y también le explicó lo que estaba sucediendo actualmente en la venta. Don Quijote bajo al salón y comenzó a hablar con Dorotea la cual en alguna ocasión quiso cortarle, mas Fernando no se lo permitía ya que le interesaba todo lo que allí se hablaba. Una vez hubo acabado la conversación Fernando se comprometió en llevar a Don Quijote a su, casa quedando de este modo, los venteros, enormemente aliviados y alegres.


CAPÍTULO 38

En este capítulo se ve como Don Quijote habla del soldado, de cómo es la persona más pobre que hay en el mundo ya que tiene que sobrevivir con los mínimos recursos existentes y aun así consigue sacarle el mayor partido a cualquier situación dificultosa. También les dijo que los menos premiados en la guerra y los más importantes en ella son los pobres soldados, que además suelen morir en ellas. También comparó el trabajo de los letrados con el trabajo de los soldados ya que trabajan muchísimo mas los soldados que los letrados y en realidad es muchísimo menor la recompensa que recibe un soldado. También afirmo que es necesaria la presencia de los letrados ya que sin ellos no habría leyes y sin leyes no se podrían defender los reinos y sin las leyes no se podrían defender los caminos y sin esto no habría seguridad ni la gente podría ir tranquila por las calles. Una vez hubo concluido la conversación de Don Quijote el cautivo dijo que ahora iban a oír el verdadero discurso y cuando todos estaban dispuesto a oír tal conversación dijo lo que se viene a decir en el siguiente capítulo.


CAPÍTULOS 39,40 Y 41 HISTORIA DEL CAUTIVO

El cautivo nos cuenta como su padre dividió su hacienda en tres partes, una par él y las otras para sus tres hijos. Los cuales deberían dedicarse uno a las armas, otro a las letras y el otro al comercio. El cautivo nos cuenta que él fue quien se dedicó alas armas y que tras unos cuantos viajes fue apresado y hecho cautivo por el rey de Argel. El cautivo tras ser apresado en una prisión de Argel recibió por una ventana de la cárcel dinero y una carta de una mujer que le decía que quería fugarse con él y casarse con él. Con el dinero de la muchacha el cautivo consiguió escaparse de la cárcel y junto a unos amigos fue a buscar a la chica y allí consiguieron el tesoro que contenía escudos de oro. Tras múltiples aventuras, entre ellas el haber perdido gran parte del tesoro de camino a Mallorca, consiguieron llegar a montañas leonesas para junto a su amada buscar si todavía sobrevivía alguno de sus parientes.


CAPÍTULO 42

En este capítulo se nos narra como al acabar el capitán Viedma su relato llegó a la venta un coche en el cual estaban un Oidor y una doncella muy hermosa de dieciséis años. El cautivo descubrió que ese Oidor era su hermano y la hermosa doncella que le acompañaba era su hija, este hermano suyo, Juan Pérez de Viedma, iba a embarcar hacia Sevilla donde había sido nombrado Oidor de Audiencia. Mediante el cura se presentaron los dos hermanos y la hermosa hija del Oidor con Zoraida. Al acabar esto decidieron que el capitán y Zoraida se fuesen con el Oidor y su hija Sevilla y una vez allí avisarían al padre de la mora, Zoraida, para que asistiera al bautismo y a las bodas de su hija. Todos decidieron irse a la cama menos Don Quijote que decidió quedarse haciendo guardia al castillo para que nadie se acercase ha hacer mal alguno a la gente del castillo. Cuando faltaba poco para el alba escucharon todos a un mozo que cantaba de tal manera que su voz encantaba a todo aquel que le escuchaba, según palabras de Cardenio.


CAPÍTULO 43

Dorotea despertó al oír el canto de este extraño muchacho, esta a su vez despertó a Clara para que escuchase también a este muchacho. Al oír Clara a este joven le reconoció como Don Luis, hijo de un caballero de Aragón, del cual se había enamorado desde el momento que lo vio. Este muchacho al enterarse de la partida de Clara, decidió seguirla y cantarle todas las noches los poemas que él mismo componía para Clara. Dorotea, al ver el temor que Clara tenía de que su padre se enterase de los deseos que tenían ambos, decidió tranquilizar a Clara prometiendo que al día siguiente se le ocurriría algo para solucionar el problema. La hija de la ventera y Maritormes decidieron gastarle a Don Quijote una broma y desde un agujero del pajar llamaron a Don Quijote, que se encontraba velando por la seguridad de sus amigos. Don Quijote miro por el agujero que era, según él, una ventana con rejas de oro y pensando que era la hija del señor del castillo la persona que estaba al otro lado declarándole su amor a Don Quijote, este le dijo que haría todo lo que ella quisiese menos corresponderle su amor. Maritormes le pidió a Don Quijote que le diese la mano para que así pudiese desahogar todo el deseo que sentía hacia Don Quijote. Don Quijote aceptó a darle la mano diciendo que esa mano había sido usada para combatir en grandes batallas. Mientras Don Quijote se subía a la silla de Sancho Maritormes le ataba la mano con el cerrojo de la puerta del pajar.


CAPÍTULO 44

Al amanecer debido a un extraño movimiento de Rocinante Don Quijote quedó colgado de la mano, Maritormes al oír los grandes gritos que este daba le desato la mano. Al desatarle la mano Don Quijote se cayó delante del ventero y de los cuatro jinetes que llegaban a la venta.
Estos caballeros eran enviados del padre del muchacho, Don Luis, que había estado cantado la noche anterior en honor de Clara. Estos hombres venían en busca de este muchacho ya que su padre deseaba verle. Poco después el Oidor, padre de Clara, le pregunto al muchacho, que se encontraba en la venta, quien era y este le dijo que era un vecino suyo que iba siguiéndoles porque amaba profundamente a su hija Clara y deseaba casarse con ella. El padre al oír esto acepto siempre y cuando el padre del muchacho estuviese conforme. Acabado esto decidieron irse a Andalucía Don Luis, Don Fernando, el Oidor, Clara y uno de los criados. Mientras que el resto de los criados fuesen a ver si el padre de Don Fernando estaba conforme con esta boda.
En ese momento tuvieron Don Quijote y Sancho la mala suerte de que apareció por allí el barbero al que Don Quijote le había arrebatado el yelmo de Mambrino, el barbero al ver a Sancho arremetió contra él llamándole ladrón por haberle saqueado. Al ver Don Quijote como su escudero peleaba por defender su honor le prometió que le nombraría caballero en la primera ocasión que tuviera. Durante el resto del capítulo estuvieron discutiendo sobre si el famoso yelmo de Mambrino era yelmo o una simple bacía como afirmaba el barbero.

CAPÍTULO 45

Después de una gran discusión sobre de quien era la famosa vacía, el cura pagó al barbero ocho reales por la famosa vacía. Obviamente el cura pagó al barbero los ocho reales sin que Don Quijote se enterase ya que si esto sucediese se enfadaría tremendamente. En esta pelea participaron también unos caballeros. Uno de los caballeros de la Santa Hermandad, después de confirmar que era Don Quijote la persona a la que buscaban, le apreso acusándole de salteador de caminos. Al ver esto sus amigos corrieron en su ayuda y Don Quijote al verse liberado comenzó a insultar al caballero ya que le estaba apresando por cumplir los códigos de la caballería.