Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura española del Renacimiento. Siglo de Oro. Narrativa renacentista. Novela de caballerías. Locura. Razón. Personajes. Biografía cervantina

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INTRODUCCIÓN

Novela de Miguel de Cervantes Saavedra, una de las obras maestras de la literatura universal y la primera novela moderna. Su personaje central, Don Quijote, es de un extraordinario valor humano, superior al de cualquiera de los grandes mitos literarios, contrastado y puesto de manifiesto por el diálogo constante entre Don Quijote y su escudero Sancho Panza, personajes que polarización dos aspectos psicológicos del hombre: el idealismo generoso y apasionado y el materialismo matizado por un sólido y sano buen sentido, aspectos que se equilibran al finalizar la novela.

'Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes'
La época en que fue escrito el Quijote se caracteriza por ser la de las grandes crisis religiosas y a la obra no le es ajena la corriente que erasmista que tanta influencia tuvo en nuestra cultura. El Quijote es mucho más que una simple sátira de los libros de caballerías, aunque fuera éste el pretexto o la intención inicial del autor al empezar el libro. En la época de Cervantes este género había caducado y no justificaba un ataque de tamaña envergadura. Pero indudablemente se trata de una superación del espíritu de caballería, aprovechando los elementos salvables, ahogados por el convencionalismo de los siglos precedentes. La primera parte de la obra se publicó en Madrid en 1605; la segunda, apareció en 1615, y lleva una dedicatoria al conde de Lemos. Un año antes se había publicado en Tarragona una continuación de El ingenioso hidalgo bajo el nombre del licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo de un autor que no ha sido identificado. La obra cervantina conoció de inmediato el favor del público: en vida de Cervantes se hicieron dieciséis ediciones de la primera parte, incluyendo las versiones francesa e inglesa. El Romanticismo la sublimó, considerándola una de las obras cumbres del ingenioso humano. Está traducida a todos los idiomas cultos y sus ediciones son innumerables. La más feliz imitación es la obra de Juan Montalvo Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1885). Ha inspirado a pintores, dibujantes (Doré), músicos (Purcell, Richard Strauss, Manuel de Falla) y directores cinematográficos.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

  • VIDA:
    Miguel de Cervantes Saavedra nació el 29 de septiembre de 1547, en Alcalá de Henares, Madrid (España). Fue bautizado en la iglesia de Santa María el 9 de octubre de 1547. Hijo de Rodrigo de Cervantes, que fue médico de escasos recursos y de Leonor de Cortinas, fue el cuarto de siete hijos. Cervantes parece ser, estudió con los jesuitas de Córdoba o Sevilla y quizás en Salamanca. Con bastante seguridad podemos afirmar que fue discípulo de López de Hoyos, en el estudio de Madrid.
    Durante su adolescencia vivió en varias ciudades españolas (Madrid, Sevilla). Cuando cumplió veinte años, abandonó su país, para abrirse camino en Roma, ciudad donde estuvo al servicio del cardenal Acquaviva. Recorrió Italia, se enroló en la Armada española y en 1571 participó con heroísmo en la batalla de Lepanto, donde comienza el declive del poderío turco en el Mediterráneo. Fue en esta batalla, donde Cervantes perdió el movimiento del brazo izquierdo, por lo que fue llamado el Manco de Lepanto. Mientras regresaba a España, en el año 1575, fue apresado por los corsarios y trasladado a Argel, donde sufrió cinco años de cautiverio (1575-1580).

    Por fin le liberaron los frailes trinitarios, y partió hacia la ciudad de Madrid. A su llegada, se encontró a su familia en la ruina. Al poco tiempo contrae matrimonio en Esquivias (Toledo) con Catalina de Salazar y Palacios. Arruinada también su carrera militar, intenta sobresalir en las letras. Publica La Galatea (1585) y lucha, sin éxito, por destacar en el teatro. Sin medios para vivir, marcha a Sevilla como comisario de abastos para la Armada Invencible y recaudador de impuestos. Es allí donde le encarcelan por irregularidades en sus cuentas. Cuando es puesto en libertad se traslada a Valladolid. En 1605 publica la primera parte del Quijote. El éxito dura poco. De nuevo es encarcelado a causa de la muerte de un hombre delante de su casa. En 1606 regresa con la Corte a Madrid. Vive con apuros económicos y se entrega a la creación literaria. En sus últimos años publica las Novelas ejemplares (1613), el Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses (1615) y la segunda parte del Quijote (1615). El triunfo literario no lo libró de sus penurias económicas. Durante sus últimos meses de vida, se dedicó a Los trabajos de Persiles y Segismunda (de publicación póstuma, en 1617).
    Falleció el 22 de abril de 1616 en Madrid.

    • Retrato físico:
      Se ha hecho famosa la descripción que de sus rasgos físicos escribió el propio Cervantes en el prólogo de las "Novelas ejemplares": "Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no ha 20 años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros, el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies". Pero pese a que se han propuesto varias obras pictóricas como retrato auténtico del inmortal novelista, siempre buscando el apoyo de esa autodescripción, no se conoce por ningún documento visual digno de fe la apariencia física de Cervantes. Aparte esos supuestos retratos auténticos, son innumerables las obras (grabados, pinturas, esculturas) que, basadas en ese autorretrato literario, han pretendido crear una ilusión de la imagen real del gran escritor.

    • Carácter moral:
      Hemos visto cuánta sordidez rodea la vida del novelista. Punto central para comprender a Cervantes ha de ser, precisamente, el contraste entre su heroísmo indudable, lo mismo en la gloria de un día, en Lepanto, que en la miseria de cinco lentos años en Argel, su honestidad como comisario (pues nada aparece en los trabacuentas y reclamaciones de la Hacienda que resulte deshonroso para el escritor) y ese ambiente familiar -desventuras amorosas de tantas mujeres de su familia, compensadas en dinero, y quizá, alguna vez, en ellas, manejos de garduña picaresca-; ambiente poco limpio, que él tuvo que soportar o quizá consentir. Nótese que es el mismo contraste entre alto ideal y dura necesidad material que la Humanidad ha ido descubriendo como tema central del Quijote. Y no olvidemos que este libro es un producto de experiencia vital: cuando se publica la primera parte, Cervantes tenía 57 años; cuando salió la segunda, tenía ya 68.

  • OBRAS:

    • Poesía:
      Fue el primer género que cultivó, en 1566, cuando la familia estaba asentada en Madrid, Miguel escribió un soneto a Isabel de Valois, así como otras composiciones sobre la vida y muerte de esta reina. La poesía está así ya en el comienzo de la vida literaria de Cervantes que le acompañó hasta su muerte. Dos intentos más importantes son "El Canto de Caliope" escrito en octavas reales, el otro poema de mucho más valor es el "Viaje del Parnaso" (1614) en el que Cervantes dice lo que quiere con descripciones animadas y graciosas regadas con el típico humor cervantino que carga de interés los numerosísimos pasajes autobiográficos. Entre las poesías burlescas podría citarse el "Soneto a la entrada del Duque de Medina en Cádiz".
      También mucha de la poesía de Cervantes hay que buscarla en sus novelas, preferentemente en "La Galatea" (1585) y en "El Quijote" (1605/1615), en "La Gitanilla", en "El celoso extremeño" y en "La ilustre fregona". Cervantes no es un gran poeta; pero en muchas de sus composiciones se vierte la inmensa humanidad de su carácter; y su técnica, cuando no escribió por mero compromiso social, era excelente. Prueba de ello son, la ya citada, "El Viaje del Parnaso" (1614) y "Epístola a Mateo Vázquez".

    • Teatro:
      Su interés por el teatro resulta patente en las muchas veces que en sus escritos se habla de comedias y comediantes. En la obra "Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados", Cervantes se alaba de haber reducido a tres las jornadas y de haber introducido personajes que representen figuras morales.
      De su primera época existen dos comedias: "Los tratos de Argel" (1582) y "La Numancia" (1582). En "Los tratos de Argel", obra inspirada en su cautiverio en Argel, Cervantes narra la historia de Zahara e Izuf, que están enamorados de sus cautivos Aurelio y Silvia; pero éstos se aman entre sí. El rey reclama a ambos cautivos y les da libertad bajo fianza. Lo que da interés a esta obra son las escenas de cautiverio, que constantemente interrumpen esa acción, llenas de emoción.
      "La Numancia" escenifica la destrucción de la ciudad soriana, según relatos históricos y legendarios, los defensores, terriblemente aquejados por el hambre y la enfermedad, matan a sus mujeres y a sus hijos y se suicidan. Cuando entra Cipión sólo encuentra a un muchacho en lo alto de una torre: pero éste se arroja desde ella para impedir que el vencedor pueda obtener el triunfo de Roma. Se trata de un extenso poema dramático impregnado de hermosura y sostenido por una intensa emoción, varias veces ha sido representado para dar ánimos en momentos de peligro a los españoles.
      En 1615 se publicó el libro que lleva por título "Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados", en él aparece la obra "El rufián dichoso" basada en la vida de Fray Cristóbal de la Cruz. En el volumen de las “Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados” hay tres obras cuya acción está inspirada en la cautividad que vivió Cervantes en Argel, que son: “Los baños de Argel”, “El gallardo español” y “La gran sultana”.
      Cervantes hizo un ensayo de comedia titulado "Casa de los celos", obra en la que aparecen elementos caballerescos y pastoriles. "El laberinto de amor", donde el autor está más cerca de conseguir una trama continua.
      Otras obras a destacar son “Pedro de Urdemalas” y “La entretenida”
      Si hay algo por lo que se caracteriza Cervantes en el teatro es por sus entremeses en verso y en prosa. En verso, escritos en endecasílabos libres: “El juez de los divorcios” y “El rufián viudo”. En prosa destacan obras como: “La guarda cuidadosa”, “La cueva de Salamanca” y “El retablo de las maravillas”.
      Los entremeses de Cervantes, junto con “El Quijote” y las “Novelas ejemplares” (1613) están entre lo más animado y eficaz de su producción literaria. No falta el humor y el ingenio que caracteriza al autor.

    • Novela:
      Cervantes está considerado por todos como el creador de la novela moderna. En este campo logró cuajar sus títulos más grandiosos: tras la concesión a la moda pastoril de “La Galatea” (1585), “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” (1605), las “Novelas ejemplares” (1613), la Segunda parte del ingenioso caballero (1615) y, póstumamente, la Historia de los trabajos de “Persiles y Sigismunda” (1617). Fue capaz de renovar todos los géneros narrativos de su tiempo (caballeresca, pastoril, bizantina, picaresca, cortesana, etc.), y esto lo hizo con su indudable genio creativo, pues la novela se entendía por entonces a la italiana, como relato breve. La fórmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, que se caracterizan por un verismo poético de los hechos, admiración de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro lingüístico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja mágica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficción, la moral y la libertad.

      • “Las Novelas ejemplares”
        Los "doce cuentos" incluidos en el tomo de las Novelas ejemplares de 1613 recogen una tarea narrativa que arranca muy de atrás; al menos algunos de ellos, “Rinconete y Cortadillo” y “El celoso extremeño”, estaban ya escritos hacia 1600. Pero el Cervantes que los agrupa, retoca y completa, cuatro años antes de su muerte, es ya el autor del Quijote. Seguro de su talla como prosista de creación, despliega en ellos un muestreo novelesco de lo más variopinto. La obra comprende doce títulos (“La Gitanilla”, “El amante liberal”, “Rinconete y Cortadillo”, “La española inglesa”, “El licenciado Vidriera”, “La fuerza de la sangre”, “El celoso extremeño”, “La ilustre fregona”, “Los dos doncellas”, “La señora Cornelia”, “El casamiento engañoso” y “La de los perros Cipión y Berganza”). Los títulos incluidos están pensados como muestreo genérico dentro de la tradición italiana del relato breve. En sus páginas se recrea y se pasa revista a la práctica totalidad de las modalidades propias de esa corriente: bizantina, picaresca, gnómica, cortesana, lucianesca, etc. Aparentemente, son relatos independientes, escritos al margen de la colección, que suelen clasificarse por sus planteamientos idealistas o realistas, por sus temas (amor, matrimonio, picaresca) o por su lenguaje más o menos culto.

      • “Persiles y Segismunda”
        Aunque publicados póstumamente (1617), “Los trabajos de Persiles y Sigismunda” bien pudieran ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la última década del XVI. La novela se cierra en el lecho de muerte, lo que viene a significar que está acabada por quien se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo; sin duda, Cervantes pretendía desquitarse de la fama de novelista "cómico" que le había deparado el carácter risible del Quijote y se adentra en el "género bizantino" dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Persiles y Sigismunda son dos príncipes nórdicos enamorados que, haciéndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el Septentrión hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje está entretejido de multitud de "trabajos" (raptos, cautiverios, traiciones, accidentes, reencuentros, etc.), enriquecidos y complicados hasta el delirio por las historias de los personajes secundarios que van apareciendo en el trayecto y por las jugosas descripciones de los escenarios.

      • “Don Quijote de la Mancha”

PRIMERA PARTE DE “EL QUIJOTE”

La primera parte del Quijote (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha) fue impresa en Madrid, en 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta (en la calle de Atocha): el editor fue Francisco de Robles. La dedicatoria está dirigida al Duque de Béjar.

La idea central que del Quijote hoy tiene el hombre moderno es la de una parodia de un libro de caballería: un hidalgo (Quijada, Quesada o Quijana), enloquecido por sus lecturas caballerescas, se sale de su lugar, un pueblo manchego, y busca aventuras por el campo, en defensa de la justicia y en honor de su dama Dulcinea (en realidad una moza de un pueblo cercano); va montado en un rocín al que ha llamado Rocinante; en un asno le acompaña su escudero Sancho, muy atento a las necesidades materiales, si bien tocado de la locura de su amo, pues cree en la “ínsula” que Don Quijote le promete como premio. Se trata, pues, de una imagen sencilla y homogénea.

Sin embargo, esa idea, por lo que respecta a la primera parte del Quijote, dista mucho de corresponder a la realidad de la obra. Es probable que Cervantes, primero, no se propusiera escribir una novela larga; es evidente que luego titubeó y cambió de plan; en fin, tal vez no comprendió entonces la gran creación de la inmortal pareja, Don Quijote y Sancho: temeroso quizá de que la repetición de aventuras de parodia caballeresca pudiera cansar, convierte el argumento principal -hacia el final de la obra- en hilo que sigue para engarzar una serie de novelas originalmente independientes, aunque casi todas las lleva, con extraordinaria habilidad, a enlazarse o trabarse con los hechos de Don Quijote y de otros personajes de la acción principal.

El titubeo inicial afecta a los siete u ocho primeros capítulos y va unido a una cuestión muy discutida por la erudición moderna: la del influjo sobre el Quijote de una piececita teatral anónima, llamada “El entremés de los romances”. Cervantes, en el prólogo, asegura que su propósito era “deshacer la autoridad cabida que en el mundo y en el vulgo” tenían los libros de caballerías. Y que ese deseo estuvo en su mente desde la iniciación lo prueba el mismo primer capítulo: el hidalgo se vuelve loco leyendo novelas de caballerías, y en su primera salida se lanza solo (¡Sancho no ha sido inventado aún!) en busca de aventuras. Armado caballero burlescamente por un ventero, ayudado por dos mujeres de mala vida, su primer intento, fallido, es el librar del castigo a un niño azotado por su amo; el segundo, hacer que unos mercaderes reconozcan la belleza sin par de Dulcinea; pero cae del caballo y un criado de los mercaderes le apalea con la propia lanza del caballero. El pobre Don Quijote queda tendido, recitando romances que le parecen venir al caso. Un labrador de su mismo lugar le recoge: Don Quijote entonces se cree el Valdovinos del romance del Marqués; luego -cuando el labrador le lleva a su pueblo- pasa en su desvarío al mundo de la ficción morisca y se cree Abindarráez y que el labrador es el alcaide de Antequera; llegan al pueblo y la familia de Don Quijote le acuesta.

Conducta extraña: es el único caso en que la locura de Don Quijote le lleva a desconocer u olvidar su propia personalidad. En “El entremés de los romances”, Bartolo enloquece de leer el romancero, es apaleado con su propia lanza, se cree Valdovinos, saluda a quien le viene a ayudar, tomándole por el Marqués de Mantua, es llevado hacia su pueblo y entonces pasa al mundo de la ficción morisca: se cree Abindarráez y que su interlocutor es el alcaide de Baza; llegados al pueblo, acuestan a Bartolo. El parecido extraordinario entre los capítulos IV-V de la primera parte del Quijote y “El entremés de los romances”se remacha aún cuando en el capítulo VIII Don Quijote, despertándose, prorrumpe en gritos, llevado de su locura, lo mismo que Bartolo en el Entremés. La relación en innegable. Pero, ¿cuál de estas dos obras ofreció inflijo sobre la otra?. La anterioridad del Entremés es la única hipótesis con la que nuestros datos sobre este problema se organizan en sistema coherente: Cervantes en los comienzos de su obra (o tal vez desde antes de iniciarla) sufrió el influjo de ese pobre “Entremés”. Los cervantistas, en general, no lo quieren admitir. Ignoran lo que son los misteriosos caminos del arte; y que la gloria del genio no se merma, sino que se aclara, cuando vemos cómo, sobre lo más baladí, él salta a una máxima creación estética.

En esos mismos comienzos (capítulo VI) ocurre el famoso escrutinio de los libros de Don Quijote (la mayor parte, de caballerías) por el cura y el barbero del pueblo: muchos de ellos condenados al fuego. En el capítulo VII aparece por primera vez Sancho; un labrador que se deja seducir por las fantásticas promesas de Don Quijote: será su escudero. Con la creación de Sancho, Cervantes había completado la invención de lo esencial. Y ocurre la segunda salida del héroe: Don Quijote y Sancho en busca de aventuras. Se van iluminando, ante nuestros ojos, la de los molinos, la de los frailes, la señora y el criado vizcaíno... (capítulo VIII).

Una pequeña interrupción aquí. Pero el autor ha encontrado, nos dice, unos papeles de Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo, y la historia prosigue: vencimiento del vizcaíno, aventura de los rebaños de ovejas, del cuerpo muerto, de los batanes, de la bacía de barbero, liberación de los galeotes, aventura de los pellejos de vino y, ya encantado Don Quijote, hacia su pueblo, aventura de la procesión de rogativas. En la mayor parte de estos casos, el héroe (que ahora no olvida su propia personalidad) convierte en fantasmagoría lo que ve (los molinos o los pellejos de vino, gigantes; los rebaños de ovejas, ejércitos; la bacía, yelmo de Mambrino, etc.). Sancho, por su parte, ve la realidad, pero, a veces, es seducido por las alucinaciones de su amo.

He enumerado las principales de las aventuras típicas (todas, menos la del vino, en campo abierto). Ésta es la principal y ejemplar actividad del héroe: acción física para imponer la justicia en el mundo o hacer reconocer en él la belleza de Dulcinea. Añadamos algunas otras que no son, en este sentido, aventuras: el apaleamiento por los yangüeses, o imitaciones caballerescas como la confección del bálsamo de Fierabrás, la penitencia de Don Quijote en Sierra Morena por remedar a Amadís, etc.

Acciones de loco. Pero, curiosamente, hay otra acción puramente intelectual y moral, en sus palabras, las cuales, salvo cuando tocan en lo caballeresco, son de enorme sensatez; a veces su pensamiento se condensa en largos discursos: de la Edad de Oro (capítulo XI), de las armas y las letras (capítulos XXXVII - XXXVIII).

Quedan, de otra parte, las novelas episódicas: casi todas se agrupan entre los capítulos XXIV y XLVII. Una es una novela que encuentran en la segunda venta y el cura lee a los otros personajes, “El curioso impertinente” (en ella Anselmo, para probar la virtud de su mujer Camila, obliga a su amigo Lotario a que la pretenda: adulterio; Anselmo comprende su error). Otras suceden en el argumento mismo de la obra: Cardenio prometido con Luscinda; ésta, obligada a dar la mano a Don Fernando, el cual ha gozado a Dorotea. Dorotea huye a la Sierra, Donde se ha refugiado, fuera de sí. Allí, Cardenio primero y Dorotea luego, se van encontrando con los personajes de la acción principal, con los que van a la segunda venta. A ella llegan también Don Fernando y Luscinda: todo se arregla. La trabazón con la acción principal ocurre así: cuando, para reducir a Don Quijote, el cura y el barbero deciden inventar la historia de una princesa que pide justicia, el encuentro con Dorotea les resulta muy útil: ella fingirá ser la princesa Micomicona, desposeída de su reino. Otra historia es la del capitán cautivo y sus amores con la mora Zoraida; logran escapar de Argel y llegan a la venta cuando en ella está Don Quijote y los otros personajes. También llegan el Oidor y doña Clara; enamorado de ésta, les sigue Don Luis; luego llegan los criados del padre de Don Luis con encargo de volverle a su casa. Todavía Cervantes ha necesitado trabar de algún modo estas dos historias: el Oidor y el Capitán excautivo son hermanos; en favor de Don Luis intervienen todos los otros personajes. Aparte estas cuatro novelitas enlazadas, hay otras dos historias semipastoriles, colocadas la una muy al principio, la otra casi al final: historia de la desamorada Marcela (capítulos XII - XIV), de quien todos los pastores están enamorados y por quien muere el pastor - poeta Grisóstomo; pero ella defiende su derecho a amar libremente. Y la historia de Leandra (capítulos L - LII), de quien todos están también enamorados, pero que prefiere las galas y gracias de un soldado que la saca de su casa y la deja robada y abanDonada en el monte.

Fuera de estas dos categorías (aventuras caballeresca de Don Quijote y novelas intercaladas), queda en el gran cuadro de la obra el fondo, todo lleno de acciones y personajes, en que, quizá mejor se evidencia la genial capacidad de evolución realista del autor (venteros y venteras, criadas de mesón, mozas de partido, caminantes, arrieros, cuadrilleros, mozos de mulas, caballeros, canónigos,..). De vez en cuando, esta realidad se traba de tal forma que produce nódulos de la más viva y gruesa comicidad: confusiones nocturnas en la primera visita a la segunda venta; Maritornes, que buscaba la cama del arriero, cae en la de Don Quijote; éste la retiene creyéndola Doncella de él enamorada, pero lamenta no perderla corresponder por la fidelidad a Dulcinea; es aporreado por el arriero, que esperaba a la moza; ésta se refugia en la cama de Sancho, el cual despierta despavorido y golpea a Maritornes, y es golpeado por ella, etc. Otra concentración de comicidad -ocurre en la última estancia en la misma venta, con la llegada del barbero desposeído de albarda y bacía, y la discusión de la albarda - jaez y el baciyelmo. Todavía, como materia conjuntiva de todas las demás, hay que poner los extensos diálogos de Don Quijote y Sancho, siempre renovados a lo largo del libro, en los que Cervantes derrochó gracias y poesía: en ellos se pintan la ingenuidad de amo y escudero y sus distintas reacciones ante la realidad, y ofrecen una gran cantidad de filosofía, ciencia de la vida, crítica literaria y gramatical, noticias folklóricas, etc.

SEGUNDA PARTE DE “EL QUIJOTE”

En el año 1615, en Madrid, por el mismo librero y en la misma imprenta que la primera, apareció la auténtica segunda parte del Quijote.

En sus preliminares llama la atención la entusiasta "Aprobación" del licenciado Márquez Torres. Cuenta que unos caballeros franceses le preguntaron por Cervantes y Márquez tuvo que contestarles que el gran novelista era "viejo, soldado, hidalgo y pobre". A lo que uno de los preguntantes comentó: "Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?".

En el "Prólogo", Cervantes, con el delicioso humor de todos los suyos, contesta moderadamente -como ya dijimos- a los insultos de Avellaneda, y acomoda dos cuentos de loco: uno, el del que hinchaba perros; otro, el del que deslomaba perros dejándoles caer una losa. Contra las amenazas del falsario, de quitarle la ganancia, afirma su fe en la caridad del conde de Lemos y del arzobispo de Toledo, que le protegen.

También está llena de humor la "Dedicatoria", que esta vez va dirigida al conde de Lemos. Dice en ella que le han invitado de la China para ser alto rector de un colegio Donde se leyese la lengua castellana, y que el texto fuese el Quijote, pero que no puede ir por "estar enfermo" y "muy sin dineros".

El argumento de la segunda parte del Quijote, en esquema, podría enunciarse así: un bachiller, Sansón Carrasco, vecino del lugar de Don Quijote, viendo que éste persiste en su locura, con oculta intención de curarle, le anima a una tercera salida; el caballero, con Sancho, se echa de nuevo al camino. El bachiller, fingiéndose caballero, se le hace encontradizo en un bosque y le desafía; pero es derrotado por Don Quijote. En un segundo intento, fingiendo ser otro caballero ("de la Blanca Luna"), el bachiller vence a Don Quijote en la playa de Barcelona, y le impone como única condición que se retire a su aldea y durante un año no se meta en caballerías ("en el cual tiempo podía ser... que sanase de su locura", pensaba el bachiller). Pero el vencido muere poco después de llegar a su pueblo: antes, recobra la razón. La invención ocurre al principio de ella (capítulo II) y es decisiva para el plan de esta parte.

Tiene también gran importancia estructural el tema del encantamiento de Dulcinea, invención de Sancho. Éste hace creer a su amo que una lugareña que encuentra en su camino es Dulcinea, a la cual Don Quijote quería ver antes de comenzar las aventuras de su tercera salida. Los Duques, unos aristócratas aragoneses, cuando tienen hospedado en su palacio a Don Quijote, inventan que Dulcinea será desencantada si Sancho se da 3300 azotes. Sancho se resiste, pero acepta al fin, porque el Duque, que le había prometido el gobierno de la ínsula, le dice que no será gobernador sino se azota. Esto ocurre casi a la mitad de la segunda parte: de ahí adelante el tema de los azotes (Don Quijote pide a Sancho que se los dé y Sancho se resiste) reaparece una y otra vez, con más frecuencia hacia el final de la obra.

Don Quijote encuentra muchas aventuras: la de Las Cortes de la Muerte; la del Caballero del Bosque (o de los Espejos); la de los leones; la de la Cueva de Montesinos; la del rebuzno; la del retablo Maese Pedro; la del barco encantado; Clavileño, y toda la serie de aventuras que le preparan, con sus bromas, los Duques; la de Tosilos, la de los toros, la de la cabeza encantada, la del Caballero de la Blanca Luna... Un rasgo diferenciador con relación a la primera parte une a casi todas las de la segunda: allí, en la primera parte, Don Quijote llevaba la realidad a su mundo quimérico: las ventas eran castillos; los rebaños de corderos, ejércitos; los molinos, gigantes... Aquí, en la segunda, Don Quijote suele ver la realidad como tal (las ventas, como ventas; las dos manadas - una de toros y otra de cerdos- que arrollan al caballero y al escudero, como tales manadas) y cuando se le presenta la carreta con los comediantes disfrazados para representar Las Cortes de la Muerte, en seguida se desengaña y los reconoce como tales comediantes. En la aventura del rebuzno, Don Quijote, lleno de sensatez, interviene para calmar a los dos pueblos excitados, aunque todo lo estropea la mala idea de ponerse a rebuznar que le da a Sancho. Son otros personajes de la novela los que adoban la realidad para acomodarla el mundo imaginativo de Don Quijote: el bachiller, con intención de curarle, se le presentará dos veces como caballero andante; los Duques forman un entramado de falsa vida caballeresca, en la que hay damas que proteger (la Trifaldi y Antonomasia), Doncellas que se enamoran del caballero (Altisidora), ínsulas para Sancho; colabora también en el juego la misma simpleza de doña Rodríguez y su hija, y el desafío con Tosilos...; Don Antonio Moreno, en Barcelona, añade a ese mundo de fingidas fantasmagorías su invento de la Cabeza Encantada. Otras veces el camino le depara estupendas ocasiones de aventura: así, los leones. Don Quijote bien sabe que son leones y en esa ocasión su locura no es sino un extremado alarde de valentía.

Excepción relativa sería el retablo de Maese Pedro: pero en él, la plasticidad del mundo caballeresco y la vivacidad de la narración, explican bastante el que Don Quijote tome la fábula como realidad. También era muy excitante el barco solitario (aventura del barco encantado). En la de la Cueva de Montesinos, Don Quijote no hace sino tomar por realidad el sueño que tuvo.

Otro rasgo diferenciador de la parte segunda es el general respecto que rodea Don Quijote: es ya un caballero famoso. Los que han leído su vida (es decir, la primera parte) le tratan con consideración; así, por ejemplo, los Duques -aunque le den toda una serie de crueles burlas- no dejan de tenerle estima y, en cierto modo, respeto; así también los que le conocen por la segunda parte apócrifa, como Don Jerónimo o Don Álvaro de Tarfe. Pero ocurre que aun los que no saben de su vida les inspira Don Quijote cortesía o admiración: así al caballero del Verde Gabán (testigo del valor ante los leones) y a su mujer y su hijo el poeta; así a los estudiantes que van a las bodas de Camacho; así a Basilio y Quiteria, a quien él, y con estricto sentido de la justicia, defiende; así al Primo, literato que entra en absoluto en el mundo fantástico descrito por Don Quijote cuando le sacan de la Cueva de Montesinos.

Hace Cervantes que su propia ficción, o las consecuencias de ella, entren dentro del argumento de la segunda parte: al principio se le ve lleno de gozo por el éxito de la "Primera" (Don Quijote oye con asombro y orgullo la narración de ese éxito, que le hace el bachiller; y de tal éxito se alabará el propio caballero cuando hable con el del Verde Gabán). Un día, durante la redacción de la segunda parte, llegó a Cervantes la noticia de la publicación del Quijote apócrifo: su indignación la traslada a Don Quijote: ojea éste libro apócrifo y no encuentra más que disparates. Estaba Cervantes redactando el capítulo LIX: el tema del Quijote apócrifo, y su reprobación por el caballero, aparecen una y otra vez en muchos capítulos posteriores. Don Quijote decide no ir a Zaragoza (para desmentir al falsario) y un personaje del libro apócrifo, Don Álvaro de Tarfe, pasa a serlo de la segunda parte cervantina, para que atestigüe que el Quijote auténtico no es el de Avellaneda.

Éste prometía nuevas aventuras; Cervantes hace morir a su héroe: vencido por el caballero de la Blanca Luna, se dirige a su pueblo a cumplir el retiro de un año, impuesto por el vencedor. Durante el viaje insta muchas veces a Sancho para que cumpla la pena azotes que libertaría a Dulcinea; Sancho cumple interesada y chapuceramente: cobra un tanto por cada azote y muchos más da en los árboles que en su cuerpo. En otras conversaciones, propone Don Quijote a Sancho dedicarse ambos -y aun con los amigos del lugar- a la vida pastoril. Llega el héroe a su pueblo y -como hemos dicho- enferma y muere, no sin recobrar la razón y abominar el engaño sufrido por él con la lectura de los mentirosos libros de caballerías.

Diferencia notablemente la segunda parte, en relación con la primera, la escasez de historias episódicas de algún desarrollo: las que hay están tan bien entrelazadas en la acción principal que el lector no las nota como advenedizas: tal ocurre con los amores de Basilio y Quiteria, triunfantes sobre las riquezas de Camacho; y así también, hasta cierto punto, con la historia de los moriscos Ricote y su hija Ana María, y amor hacia ésta de Don Gaspar Gregorio. Una breve historia (la de Claudia Jerónima, quien mata por celos a su amante) está dentro del episodio de Roque Guinart y sus bandidos. Esta diferencia que señalamos fue notada y aun premeditada por Cervantes: así lo declara en una ocasión.

Todo en la segunda parte (y ese mismo cambio de técnica que acabamos de indicar) revela que el propio Cervantes tuvo, al escribirla, más respeto por sus personajes y más conocimiento del alto valor estético de la pareja inmortal.

Es imposible dar un juicio exacto sobre el valor comparativo de ambas partes: la primera tiene, sobre todo en algunas aventuras (los molinos, los rebaños, etc., y algunas de las escenas de las ventas), una mayor vivacidad imaginativa; ciertamente que esa vivacidad no se puede decir que se pierde en la segunda, la cual se desarrolla con una estructura más meditada y una mayor penetración psicológica, sobre todo en el carácter de los personajes principales. Las dos se complementan perfectamente.

SOBRE LA GÉNESIS, INTERPRETACIÓN Y VALOR DE

“EL QUIJOTE”

La crítica ha expuesto a toda clase de opiniones sobre el Quijote. Respecto a su génesis, unos creen que Cervantes se inspiró para su héroe en algún ser vivo, por ejemplo, diversos personajes de apellido Quijada y Quijano (Apráiz, R. Marín, Astrana); aparte el mencionado Entremés de los romances, se ha indicado (D. Alonso) un estrafalario "hidalgo Camilote" en el Don Duardos, de Gil Vicente, que pudo sugerir, en parte, el tipo y la terminación del nombre de Don Quijote. Evidente es, en ciertos momentos, el influjo de los libros de caballerías parodiados (Amadises, Palmerines); grande debió de ser el de Tirante el Blanco.

También han sido muy varias las interpretaciones del libro. Se ha creído por algunos que todo él era una crítica de la religión, de la Inquisición, de Carlos V, del duque de Lerma, etc. La retahíla de críticos esoteristas aumenta siempre: hay quienes creen que el Quijote está escrito todo él como un anagrama, etc.

Cervantes salió contra los libros de caballerías; pero su libro pasó inmensamente del objetivo inicial. La crítica moderna -varía en perspectivas-coincide en considerarle una sátira de toda la humanidad, considerada en sus dos planos: alto ideal y necesidades materiales. El siglo XIX los vio representados en Don Quijote y Sancho, respectivamente. Hoy se piensa que Sancho entra en la esfera quijotesca (Papini, Unamuno) o que oscila constantemente entre la quijotesca y la materialista (D. Alonso); pertenecen a esta última el bachiller, los duques, el cura, el barbero, etc..

La universalidad del Quijote tiene dos aspectos:

  • la humanidad se ha visto representada en él

  • la difusión del libro es verdaderamente universal.

  • Con el Quijote, la novela de los tiempos nuevos no sólo quedaba creada, sino con dimensión universal, e incorporado a ella el humor moderno, que en Cervantes es irrestañable, amplio, humanísimo.

    ELOGIOS AL LIBRO DE
    “DON QUIJOTE DE LA MANCHA”

    AMADIS DE GAULA A “DON QUIJOTE DE LA MANCHA”

    Tú, que imitaste la llorosa vida

    que tuve ausente y desdeñado sobre

    el gran ribazo de la peña pobre

    de alegre a penitencia reducida;

    tú, a quien los ojos dieron la bebida

    de abundante licor, aunque salobre,

    y alzándote la plata, estaño y cobre,

    te dio la tierra en tierra comida,

    vive seguro de que eternamente,

    en tanto, al menos, que en la cuarta esfera

    sus caballos aguije el rubio Apolo,

    tendrás claro renombre de valiente;

    tu patria será en todas la primera;

    tu sabio autor, al mundo único y solo.

    DON BELIANIS DE GRECIA A “DON QUIJOTE DE LA MANCHA”

    Rompí, corté, abollé, y dije y hice

    más que en el orbe caballero andante;

    fui diestro, fui valiente, fui arrogante;

    mil agravios vengué, cien mil deshice.

    Hazañas di a la Fama que eternice;

    fui comedido y regalado amante;

    fue enano para mí todo gigante

    y al duelo en cualquier punto satisfice.

    Tuve a mis pies postrada la Fortuna,

    y trajo del copete mi cordura

    a la calva ocasión del estricote.

    Mas, aunque sobre el cuerno de la luna

    siempre se vio encumbrada mi ventura,

    tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!

    LA SEÑORA ORIANA A DULCINEA DEL TOBOSO

    ¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,

    por más comodidad y más reposo,

    y trocara sus Londres con tu aldea!

    ¡Oh, quien de tus deseos y librea

    alma y cuerpo adornada, y del famoso

    caballero que hiciste venturoso

    mirara alguna desigual pelea!

    ¡Oh, quién tan castamente se escapara

    del señor Amadís como tú hiciste

    del comedido hidalgo Don Quijote!

    Que así envidiada fuera, y no envidiara,

    y fuera alegre el tiempo que fue triste,

    y gozara los gustos sin escote.

    GANDALIN, ESCUDERO DE AMADÍS DE GAULA, A SANCHO PANZA, ESCUDERO DE DON QUIJOTE

    Salve, varón famoso, a quien Fortuna,

    cuando en el trato escuderil te puso,

    tan blanda y cuerdamente lo dispuso,

    que lo pasaste sin desgracia alguna.

    Ya la azada o la hoz poco repuna

    al andante ejercicio; ya está en uso

    la llaneza escudera con que acuso

    al soberbio que intenta hollar la luna.

    Envidio a tu jumento y a tu nombre,

    y a tus alforjas igualmente envidio,

    que mostraron tu cuerda providencia.

    Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre,

    que a solo tú nuestro español Ovidio

    con buzcorona te hace reverencia.

    11XII