Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura española del Siglo de Oro. Renacimiento literario español. Novela. Narrativa. Contraposición fantasía y realidad. Caballerías

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  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 57 páginas
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ÍNDICE

  • Primera parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

  • Capitulo I: Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo II: Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso Don Quijote

  • Capítulo III: Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero

  • Capítulo IV: De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

  • Capítulo V: Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero

  • Capítulo VI: Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo

  • Capítulo VII: De la segunda salida de nuestro buen caballero Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo VIII: Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

  • Segunda parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo IX: Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron

  • Capítulo X: De lo que más le avino a Don Quijote con el vizcaíno y del peligro en que se vio con una turba de yangüenses

  • Capítulo XI: De lo que le sucedió a Don Quijote con unos cabreros

  • Capítulo XII: De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote

  • Capítulo XIII: Donde se da fin al cuento de las pastora Marcela, con otros sucesos

  • Capítulo XIV: Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos

  • Tercera parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo XV: Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó Don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses

  • Capítulo XVI: De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba castillo

  • Capítulo XVII: Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo Don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal, pensó que era castillo

  • Capítulo XVIII: Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas

  • Capítulo XIX: De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos

  • Capítulo XX: De la jamás vista ni oída aventura que con más peligro fue acabada del famoso caballero en el mundo, como la que acabó el valeroso Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo XXI: Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro valiente caballero

  • Capítulo XXII: De la libertad que dio Don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir

  • Capítulo XXIII: De lo que aconteció al famoso Don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan

  • Capítulo XXIV: Donde se prosigue la aventura de Sierra Morena

  • Capítulo XXV: Que se trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros

  • Capítulo XXVI: Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo Don Quijote en Sierra Morena

  • Capítulo XXVII: De cómo salieron el cura y el Barbero, con otras cosas dignas que se cuenten en esta gran historia

  • Cuarta parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

  • Capítulo XXVIII: Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y al barbero sucedió en la mesma sierra

  • Capítulo XIX: Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia en que se había puesto

  • Capítulo XXX: Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo

  • Capítulo XXXI: De los sabrosos razonamientos que pasaron entre Don Quijote y Sancho Panza su escudero, con otros sucesos

  • Capítulo XXXII: Que trata de lo que le sucedió en la venta a toda la cuadrilla de Don Quijote

  • Capítulo XXXIII: Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente

  • Capítulo XXXIV: Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente

  • Capítulo XXXV: Donde se da fina a la novela del Curioso impertinente

  • Capítulo XXXVI: Que trata de la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta sucedieron

  • Capítulo XXXVII: Que trata donde se prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras

  • Capítulo XXXVIII: Que trata del curioso discurso que hizo Don Quijote de las armas y las letras

  • Capítulo XXXIX: Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos

  • Capítulo XL: Donde se prosigue la aventura del cautivo

  • Capítulo XLI: Donde todavía prosigue el cautivo su suceso

  • Capítulo XLII: Que trata de lo que sucedió en la venta y de otras muchas cosas dignas de saberse

  • Capítulo XLIII: Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos

  • Capítulo XLIV: Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta

  • Capítulo XLV. Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la alabarda y otras aventuras sucedidas, con toda verdad

  • Capítulo XLVI: De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen caballero Don Quijote

  • Capítulo XLVII: Del estraño modo en el que fue encantado Don Quijote de la Mancha, con otros famosos sucesos

  • Capítulo XLVIII: Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio

  • Capítulo XLIX: Donde se trata del discreto coloquioi que Sancho Panza tuvo con su señor Don Quijote

  • Capítulo L: De las discretas alteraciones que Don Quijote y el canónigo tuvieron, con otros sucesos

  • Capítulo LI: Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a Don Quijote

  • Capítulo XLII: DE la pendencia que Don Quijote tuvo con el cabrero, con la rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor

PRÓLOGO

Cervantes pide a los lectores que opinen lo que quieran de su libro, puesto que él no les va a pedir que no lo critiquen.

Estando un tanto distraído, un amigo suyo le vio y le preguntó que qué le pasaba, Cervantes le contestó que su libro no tenía sustancia, anotaciones al margen, notas al final del libro y gente importante que escribiese sonetos para él al principio del libro (aquí se trasluce una crítica a Lope de Vega), y que por eso no iba a escribir la novela.

Su amigo le respondió que no se preocupase: en lo referente a los sonetos bastaría con que los escribiese él mismo y luego dijese que pertenecían a personajes importantes; en lo que se refería a las acotaciones al margen basta con usar frases que supiese o que fuesen de la Biblia, pero afirmando que son de autores latinos y griegos importantes; en lo que tenía que ver con las notas al final del libro basta con nombrar lugares o personajes muy conocidos y hacer un pequeño comentario de ellos o por otro lado servirse de los que aparecen en las obras de autores de la talla de Virgilio, Ovidio, etc. Su amigo también le comenta que lo que debería hacer era usar un libro en el que apareciesen muchos autores y colocarlos al final del libro (aquí vuelve a criticar a Lope de Vega puesto que algunas de sus obras obras, El Isidro y La hermosura de Angélica, aparecen al final del libro una gran cantidad de autores y Cervantes piensa que la mayoría son inventados por Lope).

Su amigo le advierte que todo esto no importa, puesto que es una crítica de las novelas de caballerías, pero que lo realmente importante es que haga divertirse al triste, que la obra sea alabada y que consiga destruir a las novelas de caballerías por lo que tienen de falsedad y artificiosidad.

Cervantes concluye diciendo que habla de Don Quijote, conocido por todos, pero que lo que realmente se le debe agradecer es que cuenta todas las cosas que hizo Sancho Panza.

Resumiendo, este prólogo critica las novelas de caballerías, a Lope de Vega y pide al lector una opinión libre sobre el libre, es decir, sin condicionamientos de ningún tipo.

CAPÍTULO I

QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EJERCICIO DEL FAMOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

En un lugar de la Mancha vivía un hidalgo pobre, el cual tenía una ama de llaves de unos cuarenta años, una sobrina de veinte y un mozo de campo y plaza. El hidalgo tenía cincuenta años, era delgado, gran madrugador y aficionado a la caza. Se dudaba si su apellido era Quijada, Quesada o Quejana, aunque al final los autores se decidieron por Quijada. Era un gran aficionado a los libros de caballerías y esto le condujo a descuidar su hacienda, perder la afición por la caza y a vender parte de sus tierras para comprar más libros.

Nuestro protagonista se enzarzaba en discusiones con el cura y el barbero de su pueblo acerca de quién fue el caballero más importante de todos los tiempos: Amadís de Gaula, Palmerín de Inglaterra o el Caballero del Febo.

Tanto leyó, que enloqueció y empezó a creer que las aventuras y personajes que aparecían en los libros de caballerías eran verídicas.

Decidió que iba a convertirse en caballero andante para deshacer agravios y enderezar entuertos, con la única finalidad de permanecer en la memoria colectiva por su fama. Decidido a emprender este camino cogió la armadura y armas de sus bisabuelos. Para tener una celada que le protegiese la cara se fabricó una de cartón y hierro.

A su caballo, flaco, le puso por nombre Rocinante y juró que sería el caballo más famoso de todos los tiempos. El protagonista decide ponerse por nombre Don Quijote, y para ser como el resto de los caballeros andantes, que tenían el nombre de su reino o lugar, se impuso el de Don Quijote de la Mancha. Por último se dio cuenta que le hacía falta dedicarse a una dama, para este fin escogió a una labradora llamada Aldonza Lorenzo, pero para que el nombre de la dama estuviese en concordancia con el de los libros de caballerías, la llamó Dulcinea del Toboso.

CAPÍTULO II

QUE TRATA DE LA PRIMERA SALIDA QUE DE SU TIERRA HIZO EL INGENIOSO DON QUIJOTE

Don Quijote se marchó a ser caballero andante en julio. Él creía que tenía que luchar contra las injusticias que hubiese en el mundo. Don Quijote se dio cuenta de dos cosas: no había sido armado caballero, y por tanto no se podía enfrentar contra otros caballeros; y su escudo debía estar limpio, como corresponde a los caballeros noveles. Don Quijote lo resolvió de la siguiente manera: en cuanto pudiese se haría armar caballero y limpiaría su escudo.

Don Quijote se pregunta que cómo reproducirá este episodio el historiador que recopile su vida y hazañas. El protagonista se imagina que su vida será digna de homenajes y reconocimiento. Por último, Don Quijote le habla a Dulcinea del Toboso y le cuenta que ella va a ser la causa de sus sufrimientos. Don Quijote, cansado y hambriento, llega a una venta.

Don Quijote ve dos prostitutas a la puerta de la venta y se imagina que las prostitutas son doncellas y que la venta es un castillo. Al oír un toque, el de un porquero, se convence todavía más de que la venta es un castillo. Don Quijote advierte a las mujeres que no las va a hacer nada, pero ellas, ajenas a los arcaísmos que emplea Don Quijote, no le entienden. El ventero le ofrece posada pero no lecho.

Don Quijote se quita toda la armadura, salvo la parte del yelmo. El protagonista pidió de comer, en la venta le dieron el peor pescado y el peor pan. Para darle de beber, el ventero utilizó una caña.

Don Quijote vuelve a oír el silbato del porquero y se imagina que en el castillo le están sirviendo el mejor vino y la mejor comida mientras sonaba la música del castillo.

CAPÍTULO III

DONDE SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA QUE TUVO DON QUIJOTE EN ARMARSE CABALLERO

Don Quijote le pide al Ventero que le arme caballero. Éste acepta. Don Quijote le pide al Ventero que le arme caballero al día siguiente y que él velará sus armas en la capilla del castillo.

El Ventero, para seguirle la corriente, le cuenta que fue caballero andantes por los lugares más picarescos de España, aunque en realidad lo que dice, empleando un juego de palabras que don Quijote no capta, es que allí fue un ladrón más. El Ventero le indica que no hay ermita, por supuesto en su venta no hay ninguna capilla, pero que puede velar las armas en el patio de la venta.

El Ventero le pregunta a Don Quijote si tiene dinero, éste le responde que no porque los caballeros andantes no pagan. El Ventero le aconseja que lleve dinero, por lo que pueda pasar; camisas limpias; ungüentos para curar las heridas y un escudero que le lleve todo eso. Don Quijote le promete que seguirá sus indicaciones.

Don Quijote está velando las armas cuando un arriero le tira las armas para coger agua del pozo; Don Quijote le llama la atención, el arriero no se da por aludido y Don Quijote le golpea dos veces en la cabeza con la adarga. Un segundo arriero volvió a tirar las armas de Don Quijote y éste, en represalia, le golpeó tres veces con la adarga. Esto provocó que los huéspedes de la venta tiraran piedras a Don Quijote. La lluvia de piedras cesó como consecuencia de las palabras amenazantes de Don Quijote y a las persuasiones del Ventero. Éste, para evitar males mayores, decide nombrarle caballero.

El nombramiento es una auténtica parodia de las novelas de caballerías: el ventero coge un libro y murmura para que Don Quijote piense que son las palabras del nombramiento, le da el pestorejazo y el toque de la espada en la espalda. Pero la verdadera parodia es que las dos prostituta son las doncellas que le ciñen la espalda y le ponen las espuelas.

Don Quijote en agradecimiento, sube de categoría social a las prostitutas y las permite utilizar el tratamiento de doña de forma que pasan a llamarse doña Tolosa y doña Molinera.

Don Quijote nombrando ya caballero se marcha, sin pagar, a buscar aventuras.

CAPÍTULO IV

DE LO QUE LE SUCEDIÓ A NUESTRO CABALLERO CUANDO SALIÓ DE LA VENTA

Don Quijote siguiendo los consejos del ventero se dirigía hacia su casa para coger dinero, camisas y un escudero (se refiere a Sancho Panza), pero de repente oyó unos gritos y se imaginó que se le presentaba su primera aventura.

Los gritos procedían de un chico que estaba siendo azotado por su amo. Don Quijote preguntó la razón de los azotes. El amo responde que es porque todos los días le pierde una oveja, y que no le vale el argumento del mozo de que hace nueve meses que no le paga su sueldo.

Don Quijote le dijo al amo (que luego se supo que era el rico Juan Haldudo) que pagase al criado si no quería morir. Juan Haldudo le respondió que le tenía que descontar por los zapatos que le compró y las sangrías que le hizo. Don Quijote le respondió que el precio a descontar lo eliminaban los azotes dados.

El amo respondió que el mozo fuese con él, pues aquí no tenía dinero. El mozo, Andrés, se negaba, pues decía que en cuanto se alejase Don Quijote su amo le azotaría más. Don Quijote le respondió que no, pues su amo había jurado por las Leyes de la Caballería. Juan Haldudo tranquiliza a Andrés diciéndole que no le hará nada al haber jurado por las Leyes de la Caballería. Don Quijote advierte a Juan Haldudo que se prepare si no cumple lo jurado.

En cuanto se alejó Don Quijote, Juan Haldudo azotó al mozo y riéndose le decía que fuese a buscar a Don Quijote. Mientras, Don Quijote hablaba a Dulcinea del Toboso y se imaginaba que había resulto una gran injusticia.

De camino para su casa Don Quijote se encontró con unos mercaderes toledanos. Para dejarles continuar su viaje (iban a Murcia a comprar seda) hizo que jurasen que Dulcinea del Toboso era la mujer más hermosa del mundo. Los mercaderes le contestaron que sin nunca haberla visto no podían afirmar tal cosa. Don Quijote les responde que el valor de esa afirmación residía en hacerla sin ver a la persona. Los mercaderes, para poder continuar su viaje, le dijeron que lo afirmarían aunque Dulcinea fuese la mujer más fea y maloliente del mundo. Don Quijote, al oír esto, se lanzó, adarga en ristre, contra ellos, pero la mala suerte quiso que Rocinante tropezase y Don Quijote cayese al suelo. Un mozo de los mercaderes le rompió la lanza y le dio tal cantidad de palos que nuestro protagonista no pudo levantarse del suelo.

CAPÍTULO V

DONDE SE PROSIGUE LA NARRACIÓN DE LA DESGRACIA DE NUESTRO CABALLERO

Don Quijote se imagina que es el personaje de un romance, Valdovinos, y que el Marqués de Mantua va ir a recogerle.

Se dio la casualidad de que por ahí pasaba un vecino de Don Quijote. Éste se imagina que su vecino es el Marqués de Mantua. El labrador, ajeno a los disparates de su vecino (todos ellos extraídos del Romance de Valdovinos y el Marqués de Mantua), le cogió y le puso sobre su burro, las armas, o lo que quedaba de ellas, las colocó sobre Rocinante.

De camino al pueblo, Don Quijote se cree un personaje de la Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa y también considera así al labrador. Éste le contesta que es Pedro Alonso, un vecino suyo, y no uno de esos personajes que cuenta.

Por la noche llegan a casa de Don Quijote. Una vez allí, el Ama de llaves despotrica contra los libros de caballerías. La Sobrina comienza a contar las locuras que le produjeron a su tío dichos libros y afirma que deberían ser quemados. En la casa también se encontraban el Cura y el Barbero, Nicolás, que ,sin embargo, no dijeron nada.

Metieron en la cama a Don Quijote. Le preguntaron muchas cosas, pero éste sólo quería comer y dormir. Al día siguiente, el Barbero y el Cura fueron a casa de Don Quijote.

Es de interés señalar que esta primera salida tiene una duración de tres días.

CAPÍTULO VI

DEL DONOSO Y GRANDE ESCRUTINIO QUE EL CURA Y EL BARBERO HICIERON EN LA LIBRERÍA DE NUESTRO INGENIOSO HIDALGO

El Cura y el barbero llegaron a casa de Don Quijote con intenciones de quemar sus libros, más de cien. El Ama de llaves y la Sobrina querían que se quemasen todos los libros, pero al final sólo se quemaron aquellos que no fueron perdonados por el Cura y el Barbero. La hoguera se colocó en el corral.

Se salvaron algunos libros de caballerías, novelas pastoriles y obras poéticas: entre los libros de caballerías se salvaron el Amadís de Gaula, Palmerín de Inglaterra y Tirant lo Blanc. De novelas pastoriles se salvaron: La Diana, Los diez libros de Fortuna de Amor y Pastor de Fílida. De las obras poéticas se libraron: Cancionero, Tesoro de varios poetas, La Araucana, La Austríada, El Monserrate y Las lágrimas de Angélica. También quedaron en suspenso Don Belianís de Grecia y La Galatea.

CAPÍTULO VII

DE LA SEGUNDA SALIDA DE NUESTRO BUEN CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Al día siguiente de la quema, Don Quijote se levantó de la cama muy agitado, pero tras darle de comer se volvió a dormir. Al despertarse se cree un personaje literario, Reinaldos de Montalbán.

El Cura y el Barbero les advierten al Ama de llaves y a la Sobrina que si Don Quijote pregunta por sus libros, le dijesen que un encantador se los había llevado. Efectivamente, así se hizo cuando Don Quijote se levantó y Don Quijote sugiere que va a volver a marcharse.

A los quince días, le pidió a un vecino suyo, pobre y no muy inteligente, que le acompañase como escudero. Éste aceptó porque Don Quijote llegó a ofrecerle el gobierno de una ínsula.

Don Quijote, siguiendo el consejo del Ventero, reunió bastante dinero y camisas limpias, de cuyo transporte se encargaría Sancho, que así se llamaba el vecino. Sancho tuvo como medio de transporte un burro, que Don Quijote aceptó con la condición de que en la primera ocasión que tuviesen lo cambiase por un caballo.

Por la noche, salieron del pueblo. Esta fue la segunda salida de Don Quijote. Sancho le recordó a su señor que no se olvidase que le había prometido una ínsula. A esto, Don Quijote respondió que era costumbre entre los caballeros andantes, y él lo era, dar a sus escuderos ínsulas o reinos. Tras conversar sobre el título nobiliario que también se le concedería, se decidió por el de conde, pues el nombre de condesa le sentaría mejor a su mujer que el de reina.

CAPÍTULO VIII

DEL BUEN SUCESO QUE EL VALEROSO DON QUIJOTE TUVO EN LA ESPANTABLE Y JAMÁS IMAGINADA AVENTURA DE LOS MOLINOS DE VIENTO, CON OTROS SUCESOS DIGNOS DE FELICE RECORDACIÓN

Caminando en busca de aventuras Don Quijote y Sancho Panza ven al fondo unos molinos de viento, que mientras para Sancho son molinos de viento para Don Quijote son gigantes. Éste se dirigió con todas sus fuerzas a atacar un molino, pero la mala suerte hizo que el viento soplase y las aspas se pusiesen en movimiento. Esto hace que se rompa la lanza de Don Quijote y caigan al suelo él y su caballo. Sancho acudió a auxiliarle y le dijo que tenía que haberle hecho caso, puesto que eran molinos y no gigantes. Pero Don Quijote le responde que todo había sido obra de un encantador.

Siguieron su camino y Sancho le preguntó a su amo que cómo no se dolía de sus heridas. Don Quijote respondió que era debido a que los caballeros andantes no se duelen, Sancho no entiende esta postura.

Aquella noche durmieron en un bosque y Don Quijote arrancó una rama para utilizarla como lanza. Por la mañana Don Quijote advierte a su escudero que no le ayude si es atacado por caballeros y que a su vez él tampoco podría ayudarle si fuese atacado por gente que no fuese caballero. La explicación que le da es que eso aparece en las Leyes de la Caballería.

Siguiendo su camino se encontraron con un par de frailes que acompañaban a una señora vizcaína que iba a embarcarse para América. Don Quijote ordena a los frailes que dejen en libertad a esa dama, pero los frailes loe contestan que le han hecho ningún daño a la dama. Al oír esto, Don Quijote ataca a uno de los frailes, mientras que el otro huyó corriendo. Sancho se lanzó a robar lo que tenían las mulas de los curas, esto fue el desencadenante de la paliza que le propinaron los demás miembros del séquito de la dama vizcaína.

Un criado vizcaíno de la señora ordena a Don Quijote (en un castellano propio de los vascos de la época) que deje paso a su señora si no quiere morir. Don Quijote le advierte al Vizcaíno que no es un caballero y que no va a luchar contra él. El Vizcaíno lo toma como una afrenta y comienza la lucha.

En un primer momento el Vizcaíno golpea a Don Quijote en el hombro. Después de esto se produce el desenlace del combate, Don Quijote y el Vicaíno se lanzan en carrera el uno contra el otro para jugarse la pelea a un solo golpe.

Cervantes suspende la acción con la excusa de que se le han acabado los manuscritos de Anales de la Mancha, libro histórico donde están recogidas las hazañas de Don Quijote, todo esto es falso, dicho libro no existe. Cervantes continúa diciendo que la historia la continuará otro autor (Cide Hamete Benengeli) con otros manuscritos sobre las aventuras de Don Quijote. Todo lo dicho por Cervantes es falso, ni los autores ni los manuscritos existieron, son recursos que inventa Cervantes.

CAPÍTULO IX

DONDE SE CONCLUYE Y DA FIN A LA ESTUPENDA BATALLA QUE EL GALLARDO VIZCAÍNO Y EL VALIENTE MANCHEGO TUVIERON

Cervantes se dirige al lector y le explica que no pudo continuar con la batalla del Vizcaíno porque no encontró en ningún libro la continuación de la misma.

Prosigue, refiriendo que en Toledo encontró un manuscrito en árabe. Se lo tradujeron y le dijeron que en él se hablaba de Dulcinea del Toboso. Al oírlo, pensó que allí podría encontrar las aventuras de Don Quijote. Cervantes pidió al traductor que leyese el título, éste le dijo que era Historia de don Quijote de la Mancha, y que fue escrita por un historiador árabe llamado Cide Hamete Benengeli.

Cervantes compró todos los manuscritos compuestos por Cide Hamete Benengeli y le pidió al árabe que actuó de traductor que le tradujese los manuscritos. Éste aceptó a cambio de comida. A los quince días los manuscritos ya estaban traducidos.

Todo esto es un recurso de Cervantes, el libro es enteramente suyo.

En uno de los manuscritos aparecía una ilustración en la que se veía a Don Quijote, a Sancho Panza (Sancho Zancas) y al Vizcaíno (Sancho de Azpeitia). En ese manuscrito se cuenta que en la batalla entre Don Quijote y el Vizcaíno, éste golpeó a Don Quijote en el hombro y le quitó un trozo de oreja. Don Quijote se revolvió y le golpeó al Vizcaíno en la cabeza, de tal forma que le tiró al suelo y éste empezó a sangrar por la nariz, los oídos y la boca.

Las señoras que iban en el carro le pidieron a Don Quijote que le perdonase la vida al Vizcaíno. Don Quijote aceptó a cambio de que fuesen a referirle a Dulcinea del Toboso la batalla que había llevado a cabo.

CAPÍTULO X

DE LO QUE MÁS LE AVINO A DON QUIJOTE CON EL VIZCAÍNO Y DEL PELIGRO EN QUE SE VIO CON UNA TURBA DE YANGÜESES

Sancho le pide a su amo que le conceda la ínsula prometida en premio a la batalla que acaba de ganar. Don Quijote le responde que este tipo de aventuras no proporcionan ínsulas. Sancho le aconseja as u amo resguardarse en una iglesia por si viene a buscarles la Santa Hermandad por lo sucedido con el Vizcaíno. Don Quijote le responde que cuándo ha visto que la justicia prenda a un caballero andante.

Sancho le va a curar la oreja a su amo cuando éste empieza a hablarle sobre lo fantástico del bálsamo de Fierebrás.

Don Quijote jura solemnemente no parar hasta conseguir el yelmo de Mambrino. El juramento incluye no comer. Sancho, nada idealista sino realista, le dice que puede morir de hambre puesto que por estos caminos sólo circulan arrieros y carreteros. Don Quijote le responde que se equivoca, pues no tardarán nada en conseguirle. Sancho vuelve a pedirle la ínsula y Don Quijote le contesta que no se preocupe que no le va a faltar.

Don Quijote y Sancho Panza conversan acerca de la comida, del tipo de comida que preferían los caballeros andantes y con qué frecuencia comían. Ellos duermen esa noche en la choza de unos cabreros.

CAPÍTULO XI

DE LO QUE LE SUCEDIÓ A DON QUIJOTE CON UNOS CABREROS

Estando con seis cabreros, Sancho Panza y Don Quiote se dispusieron a cenar con ellos. Don Quijote le ordenó a su escudero que comiese con él sentado y comiese y probase lo mismo que él. Sancho declinó el ofrecimiento diciendo que prefería comer de pie y a su modo, pues de esta manera podría cometer todo tipo de groserías.

Don Quijote, en un soliloquio, describe el tópico clásico y renacentista de la Edad de Oro: era una época en la que el hombre vivía en armonía con la naturaleza; ésta era idílica, el reflejo del Locus Amoenus; la Tierra proporcionaba todo lo necesario; los vestidos eran sencillos y cubrían lo estrictamente necesario; el amor era directo y sincero, no existían los rodeos y el artificio; la malicia era desconocida; la arbitrariedad no había aparecido; y las mujeres no tenían que preocuparse continuamente por su honra. Este parlamento le termina diciendo que cuando esto desapareció se instituyó la Orden de la Caballería, a la cual pertenecía él.

Para que Don Quijote viese lo bueno y sincero de su agasajamiento, unos de los cabreros (Antonio, de unos veintidós años) toca el rabel y canta una canción en la que se narraba el amor de un hombre hacia una mujer y cómo éste había dejado todo por ella.

A todo esto Sancho estaba comiendo hasta reventar. Se disponía a curar la oreja de su amo, pero un cabrero le dijo que el mejor remedio eran hojas de romero mascadas y mezcladas con un poco de sal.

CAPÍTULO XII

DE LO QUE CONTÓ UN CABRERO A LOS QUE ESTABN CON DON QUIJOTE

Un cabrero que venía a traer provisiones les informa de que el pastor Grisóstomo ha muerto por culpa de los amores de la pastora Marcela y que será enterrado mañana, en el mismo lugar donde vio a Marcela por primera vez.

El cabrero, Pedro, a petición de Don Quijote, cuenta quién era Grisóstomo: era hijo de un hidalgo rico, Guillermo, y estudiante de Astrología en la universidad de Salamanca; al regresar, se hizo pastor con un amigo suyo, Ambrosio, como posteriormente se supo, Grisóstomo se hizo pastor para estar cerca de Marcela. Era un gran poeta.

Pedro comienza a hablar sobre Marcela: era hija de alguien más rico que el padre de Grisóstomo, pero su madre murió en el parto y su padre la dejo al cuidado de un sacerdote tío suyo; a medida que Marcela crecía aumentaba su belleza, que procedía de su madre, y le venían pretendientes continuamente; el tío no la quería casar con nadie si no era con su consentimiento y un beneficio económico; un día Marcela se marchó con otras zagalas al monte.

Pedro critica a Marcela por su forma de ser, que atraía a los hombres, pero que ante el menor viso de requiebro amoroso se alejaba de ellos. El narrador de esta historia cuenta que por el monte se pueden escuchar los lamentos de los enamorados de Marcela y que todos ellos desean que alguien domine a ese ser tan terrible, Marcela. Pedro le aconseja a Don Quijote que duerma pues le entierro va a ser algo irrepetible.

Sancho, ajeno a todo esto, se va a dormir donde están el burro y Rocinante.

CAPÍTULO XIII

DONDE SE DA FIN AL CUENTO DE LA PASTORA MARCELA, CON OTROS SUCESOS

Cinco de los seis cabreros, junto con Don Quijote y Sancho, fueron al entierro de Grisóstomo. En el camino se encontraron con un grupo de seis pastores y dos jinetes, acompañados por tres mozos a pie.

Uno de los jinetes, Vivaldo, le preguntó a Don Quijote que porqué iba vestido así. Don Quijote le respondió que porque era caballero andante. Vivaldo le pregunta qué es un caballero andante. Nuestro protagonista le responde que si no ha leído las historias sobre el Rey Arturo, Amadís de Gaula, Tirant lo Blanc y otros héroes de los libros de caballerías. Tras esto, todo los caminantes se convencieron de que Don Quijote estaba loco.

Vivaldo le pregunta a Don Quijote por lo estricto de los caballeros andantes. Don Quijote le responde que porque son el brazo ejecutor de Dios.

Vivaldo le pregunta por la razón según la cual los caballeros andantes se encomiendan a sus damas y no a Dios. El protagonista le contesta que porque tiene que ser así y que sólo se encomiendan a ellas al principio de una batalla o hazaña, puesto que luego lo hacen a Dios.

Tras esta conversación sobre las damas de las novelas de caballerías, Vivaldo pregunta a Don Quijote por su dama, éste le responde que es Dulcinea del Toboso, que es muy hermosa y que su linaje será origen de ilustres familias.

A pesar de todas estas conversaciones, Sancho creer todo lo que dice su amo.

Los caminantes se encontraron con el séquito que llevaba el cuerpo de Grisóstomo. Uno de los de la comitiva fúnebre era Ambrosio, gran amigo del difunto. Éste describe al fallecido como un compendio de virtudes que chocaron con la malicia de Marcela y refiere como su amigo mandó que se quemase toda su obra sobre Marcela. Todos le dijeron que no lo llevase a cabo, pues se perdería una gran muestra de literatura, le ponen el ejemplo de que hubiese ocurrido si se hubiese hecho caso a Virgilio (el divino mantuano) y se hubiese quemado la Eneida.

Vivaldo cogió al azar uno de los poemas de Grisóstomo (Canción desesperada), que además coincidió por casualidad con una de las últimas composiciones del difunto, y se dispuso a leerlo (el poema será recitado en el siguiente capítulo).

CAPÍTULO XIV

DONDE SE PONEN LOS VERSOS DESESPERADOS DEL DIFUNTO PASTOR, CON OTROS NO ESPERADOS SUCESOS

En el poema, Grisóstomo, se queja por el amor de Marcela, considera la queja inútil; quiere morirse; considera que la causa es Marcela; y que la hora de su muerte se acerca. Grisóstomo lamenta por último que la causa de su mal no se desaparezca con su muerte.

Los que lo escuchaban se quedaron anonadados y no lo podían relacionar con las virtudes de Marcela. Ambrosio les responde que su amigo compuso esto al imaginar unos celos y describe a Marcela como una chica cruel, un poco arrogante y muy desdeñosa.

Cuando Ambrosio estaba diciendo esto apareció Marcela. Ésta les habló a todos y les dijo que porque fuese hermosa y todos la amasen, ella no tenía porque amarles. Por último les dice que ella es feliz sola y en compañía de la naturaleza y que no se explicaba porque la criticaban tanto en relación con la muerte de Grisóstomo si ella no le había dado ningún motivo para enamorarse de ella y que si se suicidó fue por su culpa. Marcela tras decir todo esto se marchó.

Algunos de los estaban enamorados de Marcela se dispusieron a seguirla, pero Don Quijote (actuando de caballero andante) se lo impidió diciendo que no se les ocurriese por dos razones: ella había dicho claramente que no tenían ninguna posibilidad amorosa y que si se atrevían a seguirla se arriesgarían a su furia.

Los caminantes le pidieron a Don Quijote que les acompañase a Sevilla, por haber allí gran cantidad de aventuras. Don Quijote declina el ofrecimiento diciendo que primero tiene que limpiar de ruines esta sierra.

CAPÍTULO XV

DONDE SE CUENTA LA DESGRACIADA AVENTURA QUE SE TOPÓ DON QUIJOTE EN TOPAR CON UNOS DESALMADOS YANGÜESES

Don Quijote y Sancho Panza pararon en un lugar con hierba y un arroyo para comer. Dejaron al asno y a Rocinante paciendo, pero de repente Rocinante se dirigió hacia las yeguas de unos gallegos con ánimos reproductivos.

Las yeguas recibieron con coces a Rocinante. Además de esto, los arrieros le propinaron una tremenda paliza. Don Quijote y Sancho se enfrentaron con los arrieros los cuales, tras darles una fuerte paliza, se marcharon.

Sancho le pide a su amo el bálsamo de Fierebrás. Éste le responde que no le tiene, pero que en dos días lo tendrá. Don Quijote le dice a Sancho que la causa de paliza no fue otra que el haber atacado él a personas que no eran caballeros, y que la próxima vez que ocurra algo parecido él no peleará. Sancho le contesta que es un hombre pacífico que es capaz de perdonar todo tipo de agravios, pues tenía mujer e hijos. Su señor le contesta que así no podrá ser caballero, y por ende gobernador de la ínsula prometida.

Sancho le pregunta a su amo si estas palizas son propias de los caballeros andantes. Don Quijote le responde que sí. Sancho le replica que mejor que no se repita porque a lo mejor con la tercera mueren. Don Quijote le expone ejemplos de gente importante que a pesar de serlo recibieron palizas (Amadís de Gaula, Caballero del Febo). Don Quijote continúa hablando y comenta que el consuelo que les queda es que no fueron humillados, puesto que las armas de los arrieros no eran las propias de caballeros (espadas y puñales). Sancho, pragmático, le responde que puede ser verdad, pero que a pesar de no estar humillados los golpes le duelen.

Tras una serie de consideraciones sobre lo apropiado de ir sobre un burro, Don Quijote es colocado por Sancho en el suyo. El resto de los aparejos iban sobre Rocinante.

A una legua de distancia (5572´7 metros) de donde se encontraban, observaron una venta, que Don Quijote creía castillo.

CAPÍTULO XVI

DE LO QUE LE SUCEDIÓ AL INGENIOSO HIDALGO EN LA VENTA QUE ÉL IMAGINABA SER CASTILLO

Don Quijote y su escudero llegaron a la venta, que él creía castillo. En ella, se encontraban en ventero, su mujer, su hija (joven y hermosa) y la criada (asturiana, alta, ancha de espaldas y cara, encorvada, nariz achatada, calva y de nombre Maritornes), un arriero, Don Quijote y su escudero. La cama del arriero se encontraba delante de la de Don Quijote.

Maritornes le preguntó a Sancho que qué le había pasado a su amo, él le respondió que se cayó por una peña con muchos entrantes y salientes. La criada también le preguntó que quién era su amo, Sancho respondió que Don Quijote de la Mancha, caballero andante. Maritornes, poco letrada, le preguntó qué era un caballero andante, Sancho le contesta que es alguien que en un principio lo pasa mal y después llega a lo máximo.

Don Quijote se despierta y empieza a agradecer todo lo que están haciendo por él. Las mujeres de la venta, que sólo supieron captar agradecimientos y ofrecimientos entre tantos arcaísmos, se lo agradecieron.

Maritornes había quedado esa noche con el Arriero para holgarse con él. Maritornes se encaminaba hacia allí. Don Quijote, al oír los ruidos de Maritornes, se imagina que una doncella del castillo se le acercaba para pasar la noche con él, esto le produciría un gran dilema, Dulcinea o su impulso, y estar esa noche con la doncella del castillo. Don Quijote al sentir a Maritornes a su altura, se imagina que es la doncella del castillo, la coge y la sienta en su cama.

Don Quijote transforma los defectos físicos de Maritornes en virtudes y le dice que si no fuese porque está prometido a Dulcinea del Toboso, le pagaría el gran favor que le está haciendo.

El Arriero, que estaba escuchando la conversación, golpeó a Don Quijote, haciéndole sangrar y rompiendo su cama. Maritornes, viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos, se escondió donde dormía Sancho, es decir, al lado de Don Quijote. El Ventero, al oír ruidos, piensa que es una de las aventuras amorosas de Maritornes y marcha hacia donde les escucha para castigarla.

Sancho siente que algo le toca (Maritornes) y la golpea sin querer. Maritornes golpea a Sancho. El Arriero acude en ayuda de Maritornes. El Ventero acude a donde está Maritornes para castigarla.

El cuadro de la acción es el siguiente: el Arriero golpea a Sancho, Maritornes a Sancho y el Ventero a Maritornes. La situación se tranquiliza en el momento en el que un cuadrillero de la Santa Hermandad afirma que ha muerto alguien (pues siente a Don Quijote inmóvil). El Ventero y Maritornes vuelven a sus habitaciones mientras que el Arriero regresa a su cama. Hay que indicar que el Ventero apagó el candil para que nadie pudiese ser visto.

CAPÍTULO XVII

DONDE SE PROSIGUEN LOS INNUMERABLES TRABAJOS QUE EL BRAVO DON QUIJOTE Y SU BUEN ESCUDERO SANCHO PANZA PASARON EN LA VENTA QUE, POR SU MAL, PENSÓ QUE ERA CASTILLO

Don Quijote le pregunta a Sancho si ha dormido. Sancho Panza le responde que unos diablos se han peleado con él. Don Quijote le responde que eso es así porque el castillo está encantado, por último, le pide que le guarde el secreto. Sancho jura hacerlo.

Don Quijote le cuenta que estaba hablando sobre amor con la hija del alcaide de la fortaleza cuando de repente un golpe le hizo sangrar la boca, de lo cual dedujo que un moro encantador tenía guardada a la hija del alcaide del castillo. Sancho le responde que a él los golpes se los dieron cuatrocientos moros.

Por otra parte, el cuadrillero que creía muerto a Don Quijote al verle vivo se convence de que nadie ha muerto. Sancho al verle le considera el moro encantador.

Don Quijote le pide a su escudero que vaya a pedirle al Ventero romero, aceite, vino y sal para fabricar el bálsamo de Fierebrás. Sancho hizo lo que su amo le mandó. Don Quijote mezcló y coció los ingredientes, tras esto, los vertió en una aceitera. Ingirió el brebaje, esto le obligó a devolver, además de producirle una gran sudoración que le duró dos horas, tras las cuales se sintió muy recuperado. Sancho también bebió, pero le sentó peor, vomitó, la gran sudoración le duró una hora más que a su amo, a esto hay que añadir que durante tres horas tuvo un gran descontrol de la vejiga y sintió morirse, al día siguiente sintió un cansancio muy grande. Don Quijote le explicó a su escudero que esto le había pasado por no haber sido armado caballero.

Don Quijote cogió un lanzón y se disponía a salir de al venta. Antes de marchar le dijo al Ventero que en agradecimiento a los servicios prestados le enderezaría cualquier entuerto o le desharía cualquier agravio. El Ventero, realista, le responde que sólo quiere que le pague. Don Quijote se sorprende de que la venta no sea castillo y le responde que nunca se ha visto que un caballero andante pague. Tras esto se marcha de la venta.

El Ventero se dirige entonces a Sancho. Le pide que le pague lo que le debe. Éste se niega a pagar diciendo que si su amo no paga por las Leyes de la Caballería, él tampoco pagará por ser su escudero. El Ventero, junto con otros huéspedes, mantean a Sancho. Éste grita. Su amo se acerca, pero no puede hacer nada porque está sin fuerzas.

Al final, Sancho se marcha contento, aunque molido, porque no ha pagado. No se ha percatado de que el Ventero se ha quedado con sus alforjas.

En este capítulo, el pasaje del bálsamo de Fierebrás es una parodia acerca de este brebaje y de otros que aparecen con frecuencia en los libros de caballerías.

CAPÍTULO XVIII

DONDE SE CUENTAN LAS RAZONES QUE PASÓ SANCHO PANZA CON SU SEÑOR DON QUIJOTE, CON OTRAS AVENTURAS DIGNAS DE SER CONTADAS

Sancho Panza y Don Quijote discuten sobre el manteamiento de Sancho, el cual se queja de que Don Quijote no hizo nada, a lo cual responde éste que la venta estaba encantada.

Sancho le aconseja a Don Quijote volver a casa porque está harto de recibir palos, a lo cual su señor le responde que no se desanime que ya ganarán batallas.

De repente, Don Quijote ve dos polvaredas y se imagina que son dos ejércitos que se van a afrentar, aunque en realidad son dos rebaños de ovejas y carneros. Don Quijote empieza a enumerar los caballeros, príncipes, reyes, etc que se imagina que van a participar en la batalla. Don Quijote se introduce en la polvareda, mata a siete ovejas y es apedreado por los pastores. Sancho además de atenderle y curarle le recuerda que si hubiese considerado a la polvareda como rebaños, como él le dijo, nada de esto habría sucedido.

Sancho y su señor conversan acerca de la falta de comida, pero Don Quijote no se preocupa porque, según él, ya proveerá Dios. Al final del capítulo Sancho cuenta los dientes que su señor ha perdido tras el apedreamiento de los pastores.

CAPÍTULO XIX

DE LAS DISCRETAS RAZONES QUE SANCHO PASABA CON SU AMO Y DE LA AVENTURA QUE LE SUCEDIÓ CON UN CUERPO MUERTO, CON OTROS ACONTECIMIENTOS FAMOSOS

Don Quijote ve fuegos y encamisados y se imagina una nueva aventura, cuando lo que en realidad hay son clérigos. Casi todos ellos huyen al amenazarlos Don Quijote, pero el que se queda - bachiller Alonso López - le cuenta que trasladaban el cuerpo de un muerto de Baeza a Segovia.

Mientras Don Quijote ayuda al bachiller a bajar de su mula, Sancho se queda con la comida que había en el resto de las mulas.

Sancho llama a Don Quijote “el Caballero de la Triste Figura” porque de perfil tiene mala figura. Don Quijote acepta el sobrenombre.

El bachiller informa al de la Triste Figura que está excomulgado al golpear a un clérigo. Don Quijote no se considera excomulgado porque él no golpeó al clérigo sino que fue su lanzón.

CAPÍTULO XX

DE LA JAMÁS VISTA NI OÍDA AVENTURA QUE CON MÁS PELIGRO FUE ACABADA DE FAMOSO CABALLERO EN EL MUNDO, COMO LA QUE ACABÓ EL VALEROSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Don Quijote y Sancho pasan la noche en un bosque donde hay ruidos, pero a pesar de ello Don Quijote quiere adentrarse en él para saber que hay en los alrededores. Sancho intenta impedírselo, al final lo consigue ya que ató su asno a Rocinante y éste fue incapaz de moverse.

Para entretener a su amo le cuenta una historia hasta el momento en el que se deben trasladar unas cabras de un lado a otro de un río y si se pierde la cuenta de las que se han pasado el cuento se acaba, Don Quijote no recuerda el número de cabras que han pasado de una orilla a otra y el cuento acaba.

Al llegar la mañana Sancho desata a su asno y Rocinante ya puede moverse. Tras esto Don Quijote se adentra en el bosque y descubre que los ruidos eran producidos por palas que golpean paños (batanes). Este descubrimiento provoca la risa de Sancho, Don Quijote se enfada y le espeta que si el ruido lo produjesen gigantes no se reiría.

Don Quijote, para evitar futuras risas de su escudero, decide que a partir de este momento él y su escudero se tratarán con más respeto.

CAPÍTULO XXI

QUE TRATA DE LA ALTA AVENTURA Y RICA GANANCIA DEL YELMO DE MAMBRINO, CON OTRAS COSAS SUCEDIAS A NUESTRO VALIENTE CABALLERO

Don Quijote observa que un caballero tiene algo en la cabeza que reluce mucho. Se imagina que es el yelmo de Mambrino cuando en realidad es la bacía de un barbero. Obtuvo el “yelmo” al asustar al caballero, el cual del susto cayó de su asno y se marchó corriendo. Del asno del caballero huido Don Quijote y Sancho cogieron la comida y los aparejos.

Sancho le pregunta a su amo que qué sentido tiene acometer aventuras en lugares solitarios. Don Quijote responde que es para obtener fama y que todo el mundo le conozca, pueda casarse con la hija de un rey y ser considerado por éste como su mejor caballero.

Don Quijote y Sancho hablan acerca de lo que supone ser noble: poder pedir la mano de la hija de un rey y que mucha gente esté siempre detrás de uno.

CAPÍTULO XXII

DE LA LIBERTAD QUE DIO DON QUIJOTE A MUCHOS DESDICHADOS QUE, MAL DE SU GRADO, LOS LLEVABAN DONDE NO QUISIERAN IR

Don Quijote observa a un grupo de doce galeotes, condenados a galeras. Tras escuchar a cinco de los galeotes contar las causas de sus condenas llegó a Ginés de Pasamonte, el peor de los condenados y escritor.

Después de escuchar los relatos pide a los guardias que liberen a los galeotes. Éstos se niegan y Don Quijote ataca a uno de ellos. Los demás guardias le atacan a él, pero los galeotes se liberan y entonces los guardias centran su atención en los condenados. Al final los guardias acaban huyendo.

Don Quijote pide a los galeotes que como recompensa vayan a relatar este hecho a Dulcinea del Toboso, su señora. Los galeotes le responden que es imposible. Don Quijote se enfada con ellos. Los galeotes a su vez se enfurecen, apedrean a Sancho y Don Quijote y les dejan medio desnudos. Al final los galeotes se separan y Don Quijote y Sancho se internan en la sierra, todo ello lo hacen para evitar a la Santa Hermandad.

CAPÍTULO XXIII

DE LO QUE ACONTECIÓ AL FAMOSO DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA, QUE FUE UNA DE LAS MÁS RARAS AVENTURAS QUE EN ESTA VERDADERA HISTORIA SE CUENTAN

Don Quijote y Sancho se encuentran una maleta con dinero, ropa y un memorándum, donde aparece un poema y una carta acerca del desamor.

Don Quijote vio a un joven medio desnudo y descuidado y pensó que era el propietario de la maleta y que debía encontrarle como fuera.

Don Quijote observó una mula muerta. Se encontró después con un cabrero, al cual pidió que le contase todo lo que supiese acerca de la mula.

El Cabrero le contó lo que sabía: hace seis meses llegó un joven guapo y distinguido con una maleta que les preguntó a él y a otros pastores cuál era la zona más áspera de la sierra, ellos se la dijeron y el joven se marchó. Hace unos días golpeó y asaltó a un pastor. Tras varios días de búsqueda le encontraron, viviendo en un alcornoque. Le pidieron que les dijese dónde vivía por si algún día le ocurría algo, éste se negó diciendo que tenía que cumplir una penitencia en solitario. De repente, se volvió loco y empezó a golpear a todo el mundo mientras insultaba a un tal Fernando. El Cabrero cuenta que cuando está cuerdo es amable y cortés, pero cuando enloquece es agresivo.

El Cabrero les comenta a Sancho Panza y a Don Quijote que la maleta que han encontrado, en buena lógica, pertenece al que han visto medio desnudo, que es la persona de las que les ha hablado.

De repente, aparece el hombre medio desnudo del que les hablado el cabrero, “el Roto de la mala Figura”. Saluda a Don Quijote y empieza a hablar, aunque lo que dice aparece en el siguiente capítulo.

CAPÍTULO XXIV

DONDE SE PROSIGUE LA AVENTURA DE SIERRA MORENA

El Roto cuenta que se llama Cardenio, que es andaluz y que procede de un linaje noble y rico.

Cardenio está enamorado de una tal Luscinda, hija de una familia similar a la suya. Con el paso del tiempo su amor fue creciendo y ello provocó que el padre de su enamorada no le dejase entrar en su casa. Esto incrementó el amor de Cardenio por Luscinda y viceversa. Al final Cardenio se decide a pedirla en matrimonio, pero el padre de ella le responde que quien tiene que hacer esa petición es su padre y no él.

Cardenio fue a decírselo a su padre, cuando éste le informa que en dos días debe estar en presencia del duque Ricardo, que le quiere como compañero para su hijo mayor.

Llegó a donde estaba el duque y trabó más amistad con el segundo hijo del duque, Fernando, que con el primogénito, que era con quien en realidad debía tenerla. Se hicieron tan amigos que éste le confesó que estaba enamorado de una labradora. Cardenio se lo contó al padre de Fernando y entonces Fernando y Cardenio para alejarse de la labradadora decidieron ir a casa de Cardenio, la causa del alejamiento fue que Fernando gozó de la labradora y, tras ello, se cansó de ella.

Al llegar a casa de Cardenio, Fernando se enamoró de Luscinda, llegando a pedir a Cardenio que le pidiese a Luscinda que se casara con él. Cardenio empezó a recelar de Fernando.

Tras esto Don Quijote interrumpe a Cardenio y tienen una fuerte discusión sobre libros de caballerías. Cardenio pierde el juicio y golpea a Don Quijote, a Sancho y al cabrero. A su vez, Sancho Panza y el cabrero se pelean porque éste no había avisado a Sancho de lo que podía hacer Cardenio, el cabrero dice que sí le advirtió y, al final, Don Quijote tiene que separarles.

Para terminar, Don Quijote pregunta al cabrero si podrá volver a ver a Cardenio, puesto que quiere terminar de escuchar su historia. El cabrero le contesta que le volverá a ver si continúa por la sierra.

CAPÍTULO XXV

QUE SE TRATA DE LAS ESTRAÑAS COSAS QUE EN SIERRA MORENA SUCEDIERON AL VALIENTE CABALLERO DE LA MANCHA, Y DE LA IMITACIÓN QUE HIZO A LA PENITENCIA DE BELTENEBROS

Don Quijote le cuenta a Sancho Panza que se va a retirar a la sierra para hacer una penitencia. Su escudero le pregunta la razón de su penitencia. Don Quijote le responde que lo hace como consecuencia de los desdenes y engaños de su amada. Sancho le vuelve a preguntar que cómo es eso posible si no tiene ninguna prueba que indique que Dulcinea no le quiere o le engaña. Don Quijote le responde que lo hace para que ella vea que si es capaz de hacer eso por nada, qué no hará por ella teniendo motivos.

Don Quijote le pide a su escudero que le lleve a Dulcinea una carta que le va a escribir él. Sancho le pregunta a su amo que quién es su señora, para así poder entregarle la carta, Don Quijote responde que la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, Aldonza Lorenzo. Tras oír esto, Sancho, sabedor de lo trabajadora y recia que es la señora de su amo, no se extraña de que éste se haya enamorado de ella.

Sancho le pide a su amo que le escriba la carta y se la lea, para así poder memorizarla. Don Quijote en su carta, firmada por él bajo el seudónimo de “Caballero de la Triste Figura”, espera ser amado por Dulcinea y como muestra del gran amor que siente por ella su escudero, Sancho Panza, le relatará todas las aventuras y locuras que ha hecho por ella.

Para que Sancho Panza pueda relatarle a Dulcinea las locuras que ha hecho su amo, Don Quijote se desnuda de calzones para abajo y empieza a hacer volteretas en el suelo.

CAPÍTULO XXVI

DONDE SE PROSIGUEN LAS FINEZAS QUE DE ENAMORADO HIZO DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA

Don Quijote no sabía qué tipo de penitencia escoger, una salvaje como la de Roldán o una sosegada y melancólica como la de la Amadís de Gaula. Al final se decidió por la de Amadís, de esta forma empezó a rezar y a componer versos.

Sancho, mientras tanto, llegó a la venta donde le mantearon y observó que allí se encontraban el cura y el barbero de su pueblo. Éstos le pidieron que les contase dónde estaba su amo. Tras una breve discusión, les contó que estaba en la montaña haciendo penitencia por Aldonza Lorenzo. Además de esto les informa de que tiene una carta para la señora de su amo.

El Cura y el Barbero le pidieron que se la enseñase, pero Sancho, entre sorprendido y apesadumbrado, responde que la ha perdido, Sancho se lamenta mucho porque con la carta iba una cédula de Don Quijote para que cuando llegase a casa de éste le entregasen tres asnos. Sancho, un poco recuperado tras lo de los tres asnos perdidos, recita la carta de memoria, pero lo que en realidad recita son disparates encadenados.

Además de todas estas informaciones, les habla al Cura y al Barbero de que Don Quijote le va a entregar una ínsula o un reino. El Cura y el Barbero se quedan sorprendidos al comprobar que la locura de Don Quijote es contagiosa.

El Cura y el Barbero idean un plan para sacar a Don Quijote de la sierra: se disfrazarán de doncella y escudero; irán hasta donde está Don Quijote; y le pedirán que vaya con ellos para deshacer un agravio. Según el plan del Cura y el Barbero, Don Quijote aceptará seguro; puesto que, como caballero andante que era, tendría que ir a deshacer el agravio obligatoriamente.

CAPÍTULO XXVII

DE CÓMO SALIERON CON SU INTENCIÓN EL CURA Y EL BARBERO, CON OTRAS COSAS DIGNAS QUE SE CUENTEN EN ESTA GRAN HISTORIA

El Barbero y el Cura se disfrazaron y le pidieron a Sancho Panza que les llevase a donde estaba su amo. Le contaron que lo que hacían era para sacar a su amo de la sierra y así poder curar su locura. Le dijeron que si su amo le preguntaba por la carta le respondiese que Dulcinea le dijo que lo que tenía que contarle a su amo se lo diría más tarde. Sancho les llevó hasta la sierra, mientras el se fue a buscar a Don Quijote el cura y el barbero se quedaron a esperarles.

Mientras esperaban escucharon un lamento amoroso. Fueron a buscar al que cantaba y a quien encontraron fue a Cardenio, que terminó de contarles la historia de su desgracia: Cardenio recibió un billete en el que Luscinda le declaraba su amor, lo que le movió a pedirla por esposa. Pero el billete fue interceptado por Fernando, el cual para poder alejar a Cardenio y conseguir por esposa a Luscinda le envió a casa de su hermano con una excusa. Estando allí, le llega una carta de Luscinda en la que ésta le informa que se va a casar con Fernando a pesar de que no le ama. Cardenio, tras recibir la noticia, marcha a casa de Luscinda, a la que consigue ver soltera. Luscinda le dice que tiene una daga, la cual utilizará si es necesario. Cardenio, tras escuchar que Luscinda quiere a Fernando por esposo, se marcha a la sierra en mula.

Cardenio les comenta que una vez allí preguntó a los pastores cuál era el lugar más áspero de la sierra, para dejarse morir.

Para terminar les dice que cuando le vienen los momentos de locura empieza a insultar a Fernando y a Luscinda y que cuando vuelve a estar cabal se siente muy cansado. Como última cosa, les advierte de que sólo entiende su curación teniendo a Luscinda.

CAPÍTULO XXVIII

QUE TRATA DE LA NUEVA Y AGRADABLE AVENTURA QUE AL CURA Y AL BARBERO SUCEDIÓ EN LA MESMA SIERRA

Cardenio, el Cura y el Barbero escuchan a alguien lamentarse. Al intentar descubrir de dónde procede el lamento se dan cuenta que éste proviene de una hermosa mujer.

Le piden a la mujer que cuente quién es y a qué se debe su lamento. Ella responde que es andaluza, de un lugar (seguramente Osuna) en el que un duque tenía un hijo bueno y otro, el segundo, que era un traidor. Además añade que es hija de una rica familia de labradores.

Ella, Dorotea, les habla de que el segundo hijo del duque, don Fernando, se enamoró de ella, pero que ella no le hacía caso. Pero un día Fernando se introdujo en su habitación y tan bien juraba, prometía y lloraba que consiguió romper la tenacidad de Dorotea y gozó de ella, puesto que la engañó diciéndola que él iba a ser su marido.

Al día siguiente don Fernando se marchó y no volvió más. Dorotea se enteró de que don Fernando se había casado con una tal Luscinda, la cual nada más casarse se desmayó y le encontraron un billete en el que ella afirmaba que de quien realmente estaba enamorada era de Cardenio. Fernando al enterrarse de esto casi mata a Luscinda. Luscinda al día siguiente desapareció.

Poco después apareció un bando, en el cual se pagaba a quien capturase a Dorotea, por lo cual Dorotea tuvo que huir a la sierra. Una vez allí, tuvo que hacer frente a los hombres con los que se encontraba, puesto que todos la requerían en amores.

Durante toda esta historia, Cardenio estaba inquieto y furioso porque aparecían el traidor Fernando y su amada Luscinda, que en realidad le amaba a él.

CAPÍTULO XXIX

QUE TRATA DEL GRACIOSO ARTIFICIO Y ORDEN QUE SE TUVO EN SACAR A NUESTRO ENAMORADO CABALLERO DE LA ASPERÍSIMA PENITENICA EN QUE SE HABÍA PUESTO

Cardenio le cuenta a Dorotea que él es a quien Luscinda dijo que amaba. Además, le promete que no parará hasta verla con don Fernando. A esto el Cura y el Barbero responden que mejor podrán hacer eso en su aldea que aquí en la sierra.

Sancho Panza les cuenta a todos que su señor no quiere abandonar su penitencia. Dorotea, que conoce el plan del Cura y el Barbero, les responde que ella se vestirá de doncella y de esta forma podrán sacar a Don Quijote de la sierra. Sancho Panza pregunta que quién es esa dama, a lo cual le responden que es la princesa Micomicona, que le va a pedir a Don Quijote que le deshaga un agravio que le ha hecho un gigante. Sancho se alegra mucho, porque de esta manera logrará su sueño, una ínsula o reino. Dorotea le pide a Don Quijote el don y éste se le concede y abandona su penitencia.

Cardenio y el barbero se disfrazaron para no ser reconocidos por Don Quijote. Pero resultó que una de las mulas golpeó al barbero, Nicolás, y lo dejó sin barba postiza. Para solucionarlo, el cura dijo que con un conjuro se solucionará, pero lo que en realidad hizo fue coger las barbas de Cardenio y ponérselas al barbero.

Por último, el cura les dice a todos que están aquí porque iban a Sevilla a recoger dinero que un pariente suyo le había dejado, pero que fueron asaltados por unos galeotes, los cuales se rumorea que fueron liberados por una persona muy parecida a Don Quijote.

CAPÍTULO XXX

QUE TRATA DE LA DISCRECIÓN DE LA HERMOSA DOROTEA, CON OTRAS COSAS DE MUCHO GUSTO Y PASATIEMPO

Dorotea cuenta la historia de su “agravio”: su padre (Tinacrio de Sabidor) y su madre (la reina Jaramilla) murieron y un gigante - Pandafilando de Fosca Vista - destruyó su país y le propuso parar de hacerlo a cambio de casarse con él. Entonces se marchó a España a buscar a un caballero que su padre profetizó, el cual tenía las mismas características que Don Quijote, que mataría al gigante. La misma profecía afirmaba que dicho caballero se casaría con la princesa.

Sancho Panza al oír esto encuentra la forma de que su amo sea rey, y a su vez tener él un reino o ínsula. Don Quijote responde que sólo se casará con Dulcinea del Toboso. Sancho Panza le responde que está loco si no acepta el matrimonio. Don Quijote se enfada con él y le golpea con el lanzón. A pesar de una tregua, debido a la mediación de Dorotea, Don Quijote y Sancho Panza vuelven a discutir a causa de Dulcinea.

Dorotea, Cardenio y el Cura conversan acerca de la extraña locura de Don Quijote, razona perfectamente en todo aquello que no está relacionado con las novelas de caballería.

Don Quijote le pregunta a su escudero que qué sensación pridujo en Dulcinea su carta. Sancho le responde que no se la llevó, pero como la tenía memorizada pudo hacer que un sacristán la transcribiese, de esta forma pudo entregar la carta a Dulcinea.

CAPÍTULO XXXI

DE LOS SABROSOS RAZONAMIENTOS QUE PASARON ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA SU ESCUDERO, CON OTROS SUCESOS.

Sancho Panza y Don Quijote conversan acerca de la carta de Dulcinea. A todo lo que Don Quijote se imaginaba ideal de ella, Sancho Panza, mintiendo puesto que ni entregó la carta a Dulcinea ni había visto e ésta en su vida, le contestaba lo contrario. Cuando Don Quijote le preguntó que cómo reaccionó ella a la carta, Sancho, siguiendo las indicaciones del Cura y el Barbero, le contestó que ella le respondió que lo que tuviese que decirle a su amo se lo diría en persona.

Sancho Panza vuelve a insistirle en que se olvide de Dulcinea y se case con la Princesa Micomicona. Don Quijote le responde que no le hace falta ese matrimonio para concederle la ínsula o reino que le tiene prometido.

Estando en una fuente, se encuentran con el mozo que Don Quijote en su primera salida “salvó” de su amo, Andrés. Don Quijote, orgulloso, relata como fue la situación que vio, y como resolvió favorablemente el asunto a favor de Andrés, la promesa de su amo de pagarle los sueldos atrasados. Andrés le contesta que en cuanto se marchó su amo le azotó más y más fuerte. Don Quijote, al oírlo, tiene intención de ir a buscar al amo de Andrés para ajustarle las cuentas, pero la Princesa Micomicona le responde que le prometió no acometer ninguna aventura hasta resolver su problema.

Para acabar, Andrés le dice que por muy mal que le vea no se le ocurra ayudarle. Todo lo que afirma Andrés lo acompaña de maldiciones en contra de los caballeros andantes.

CAPÍTULO XXXII

QUE TRATA DE LO QUE SUCEDIÓ EN LA VENTA A TODA LA CUADRILLA DE DON QUIJOTE

Todos los que se encuentran en la venta, a excepción de Don Quijote y Sancho Panza, dan su opinión acerca de las novelas de caballerías.

El Ventero trae una maleta, en ella el Cura observa tres libros. Le pide al Ventero que queme los dos primeros, de caballerías, por mentirosos y fantasiosos. El ventero le responde que mejor quemar el otro, histórico.

El Ventero porfía que lo cuentan los libros de caballerías es cierto. El cura le contesta que no es cierto. El Ventero y el Cura se enzarzan en una discusión acerca de la veracidad de lo narrado en las novelas de caballerías, pero sin llegar a ninguna conclusión.

Al final del capítulo, Cardenio lee el libro que quedaba en la maleta, Novela del Curioso impertinente.

CAPÍTULO XXXIII

DONDE SE CUENTA LA NOVELA DEL CURIOSO IMPERTINENTE

La novela transcurre en Florencia. Allí, vivían dos grandes amigos: Anselmo y Lotario, el primero más inclinado al amor que el segundo.

Tras casarse Anselmo, con Camila, Lotario ya no iba tanto a casa de éste por temor al qué dirán. A Anselmo este hecho le preocupa muchísimo.

Un día, Anselmo le pide a Lotario que intente conquistar a su mujer, porque quiere comprobar que su mujer es realmente como él cree.

Lotario rechaza la misión porque no quiere ser un hombre sin honra y tampoco deshonrar a su amigo (porque si solicita a la esposa de su amigo, ésta quedará deshonrada y su marido también, puesto que él es parte de ella); le advierte que el ofrecimiento que le hace no es razonable, que para que quiere probar a su mujer si ya sabe que va a superar la prueba y que no va a obtener ningún beneficio, y que incluso podría salir perjudicado.

Anselmo le responde que con solicitarla un poco vale, pues ella le rechazaría. Al final, Lotario acepta con la condición de que Anselmo no le cuente a nadie su idea. Anselmo le da consejos a Lotario de cómo actuar así como dinero y joyas para poder conquistar a su mujer.

Anselmo dejaba a solas a su mujer y a Lotario. Éste le contaba que siempre la quería conquistar, pero que ella le cortaba. Anselmo pasó a darle dinero a Lotario para que se lo ofreciese a su esposa.

Una vez le dio por mirar por el agujero de una puerta y se dio cuenta de que Lotario le mentía. Lotario le promete que se va a tomar en serio la conquista de Camila. Anselmo decide ausentarse ocho días para dar un margen de maniobra a su amigo.

Durante tres días Lotario no le dijo nada a Camila. Lo cortante de ella hizo que Lotario se enamorara de ella. Al cabo de tres días de meditaciones tras la marcha de Anselmo, Lotario empezó a intentar conquistar con gran intensidad a Camila. Ésta, sin saber que hacer, envió un billete a su marido.

CAPÍTULO XXXIV

DONDE SE PROSIGUE LA NOVELA DEL CURIOSO IMPERTINENTE

En el billete de Camila, ésta informa a Anselmo acerca de que Lotario intenta conquistarla, y que ello le incomoda.

Al final, Camila cayó en los brazos de Lotario.

Anselmo al volver es informado por Lotario de que su mujer era la mujer más honesta del mundo. Anselmo le pide a Lotario que continúe el juego escribiéndole poemas a una tal Clori, que en realidad es su esposa.

Anselmo le cuenta a su esposa que Lotario está enamorado de una tal Clori. Al oír esto, Camila se siente presa de los celos.

Un día, Lotario, leyó unos poemas sobre Clori. Anselmo los alababa, pero cuanto más los alababa más se deshonraba, puesto que Camila se dio cuenta que ella era la referida en los poemas.

Camila le pregunta a una criada suya, Leonela, si un amor tan rápido es bueno. La criada le contestó que si estaba enamorada no había ningún problema.

Lotario observó que un hombre entraba en casa de Anselmo y pensó que era un amante de Camila, cuando en realidad era el de Leonela. Despechado, le cuenta a Anselmo que consiguió enamorar a Camila y que si quiere comprobar lo mala que es su mujer se esconda detrás de los tapices de la recámara durante dos o tres días.

Lotario, arrepentido, le contó a Camila lo que le había dicho a Anselmo. Camila, le respondió que entrase en la recámara cuando Leonela se lo indicase y que se expresara como si Anselmo no estuviera presente.

Anselmo, como era de esperar, se escondió en la recámara.

Camila, fingiendo en todo momento, afirma que Lotario es un traidor y que lo va a matar, para salvar la honra de su marido. Camila llamó a Lotario y le hizo confesar que conocía a Anselmo y que la conocía a ella. Camila, creyéndose culpable del amor de Lotario por ella, quiere suicidarse, pero antes ataca a Lotario, éste la evita, Camila es “herida gravemente” con su propio cuchillo. Leonela y su señora piensan la excusa que se van a inventar para justificar la herida de Camila.

Anselmo, sorprendido y entusiasmado, corrió a decirle a Lotario lo gran afortunado que era por tener a Camila por esposa y que no se preocupase por su mujer, pues la herida era pequeña.

Pasados unos meses, Anselmo murió al conocer toda la verdad.

CAPÍTULO XXXV

DONDE SE DA FIN A LA NOVELA DEL CURIOSO IMPERTINENTE

Don Quijote, sonámbulo, pelea y mata al gigante enemigo de la princesa Micomicona. Lo que en realidad ha hecho ha sido agujerear unos cueros de vino, con el consiguiente enfado del Ventero. Lo que Sancho cree sangre del gigante es en realidad el vino de los cueros.

Sancho Panza es el hombre más feliz del mundo, su amo queda libre y ya puede conseguirle la ínsula que tanto ansía.

El cura promete pagar al ventero el vino que ha derramado don Quijote. Se termina de leer la Novela del Curioso impertinente:

Anselmo sintió a alguien en la habitación de Leonela. Se acercó a ver que pasaba y descubrió a un hombre descolgándose por al ventana. Forzó a Leonela para que le contase quién era ese hombre, Leonela le respondió que se lo diría al día siguiente.

Camila al escuchar esta conversación cogió sus mejores joyas y marchó a casa de Lotario. Éste, la llevó a un convento en el que estaba una hermana suya y se ausentó de la ciudad.

Anselmo va a buscar a la mañana siguiente a Leonela para que le diga quién era el hombre que se descolgó, pero no la encontró. Fue a buscar a su esposa y no la encuentra ni ella ni a las joyas. Marchó a casa de Lotario, para contarle lo sucedido y para que le consolase, pero tampoco le encuentra. Regresa a su casa y observa que los criados han desaparecido. Decide marcharse a casa del amigo donde se hospedó en la ausencia de ocho días.

Yendo para allí, se enteró de que Lotario y Camila se fugaron juntos. En casa de su amigo escribe, antes de morir, un breve texto en el que se culpa de todo lo sucedido y exculpa a su mujer.

Camila, que supo de la muerte de Anselmo, se convierte en viuda, pero no se mete a monja hasta que no se entera de que Lotario ha muerto en una batalla (que por los datos que da: el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, un noble francés, y la localización, Nápoles, podemos saber que se trata de la batalla de Ceriñola, por tanto, la Novela del curioso impertinente, está ambientada un siglo antes del tiempo y la acción principal del Quijote).

El cura termina diciendo que la novela es buena, pero irreal, puesto que no existen maridos tan necios como Anselmo.

CAPÍTULO XXXVI

QUE TRATA DE LA BRAVA Y DESCOMUNAL BATALLA QUE DON QUIJOTE TUVO CON UNOS CUEROS DE VINO TINTO, CON OTROS RAROS SUCESOS QUE EN LA VENTA SUCEDIERON

Llegan a la venta cuatro hombres a caballo, dos a pie y una mujer. Todo el mundo se preguntaba que quién era la mujer pero nadir decía nada, hasta que Dorotea se lo preguntó a la mujer. Uno de los hombres respondió que no merecía la pena preguntarla porque iba a responder con una mentira. La mujer, que hasta ese momento había estado callada, respondió que el mentiroso era él.

Este hecho fue la mecha de desmayos y descubrimientos: la mujer era Luscinda y el hombre al que llamaba mentiroso don Fernando.

Dorotea le dijo a éste quién era, que le pertenecía y que se olvidase de Luscinda, puesto que su amor lo poseía Cardenio, no él. Al final, Fernando, rendido ante la evidencia, le da la razón a Dorotea.

Cardenio y Luscinda se abrazan y confiesan su mutuo amor. Fernando intenta atacar a Cardenio, pero las lágrimas de Dorotea junto con la idea de que la muerte de Cardenio no iba a servir para nada le hacen desistir de su propósito.

Como muestra de humor hay que indicar que Sancho lloraba porque al ver que Dorotea no era la Princesa Micomicona, su ínsula se esfumaba.

Dorotea le pregunta a Fernando que cómo había llegado hasta allí. Él le contestó que cuando se casó y descubrió el papel en el que Luscinda afirmaba que amaba a Cardenio intentó matarla; Luscinda a los pocos se escapó; él, junto con otros caballeros, la encontró en un monasterio y la sacó de allí por la fuerza; por último, explica que la causa de encontrarse en la venta no fue otra que parar a descansar.

CAPÍTULO XXXVII

QUE TRATA DONDE SE PROSIGUE LA HISTORIA DE LA FAMOSA INFANTA MICOMICONA, CON OTRAS GRACIOSAS AVENTURAS

Sancho Panza le cuenta a Don Quijote que la aventura del gigante no fue otra cosa que agujerear unos cueros de vino y que la Princesa Micomicona es una tal Dorotea. Don Quijote no se sorprende, dice que es obra de un encantador.

Todos los demás personajes informan a don Fernando de la locura de Don Quijote. Tras escucharlo, quiere que continúe la parodia basada en que Dorotea es una princesa.

Don Quijote fue a decirle a la Princesa Micomicona que el encantamiento que le hacía ser Dorotea era obra de su padre. Le asegura que no tiene nada que temer, que él con su espada solucionará todo. Dorotea, le responde que el que le dijo semejantes afirmaciones estaba mal informado, puesto que ella seguía siendo la Princesa Micomicona.

Don Quijote abronca a Sancho Panza. Éste le responde que se limita a los hechos, los cueros de vino agujereados y el vino por el suelo.

De repente, llegaron a la venta un cristiano ataviado al estilo árabe y una chica árabe. Ésta, era cristiana y se llamaba Zoraida, aunque prefería que la llamasen María.

Don Quijote, en un largo monólogo, afirma que los trabajos intelectuales no tienen nada que envidiar de los físicos y que si los que estudian pueden pasar de la nada al todo es debido a que son gente virtuosa.

En el siguiente capítulo, Don Quijote termina su discurso sobre las artes y las letras.

CAPÍTULO XXXVIII

QUE TRATA DEL CURIOSO DISCURSO QUE HIZO DON QUIJOTE DE LAS ARMAS Y LAS LETRAS

Don Quijote afirma que la vida de soldado es muy penosa y que además está mal pagada. Piensa que las letras son inferiores a las armas. Califica a la artillería y a la pólvora como inventos cobardes que pueden sesgar la vida de alguien valeroso.

Fernando le pide al nuevo inquilino de la venta, el Cautivo, que les cuente a todos su vida y cómo ha llegado a la situación actual. El Cautivo acepta.

CAPÍTULO XXXIX

DONDE EL CAUTIVO CUENTA SU VIDA Y SUCESOS

El Cautivo era de León y tenía tres hermanos. Su padre era un gran gastador, y dándose cuenta que iba a dejar a sus hijos sin herencia decidió repartir su hacienda a partes iguales y aconsejarles que se dedicarán a la guerra, al comercio y a las letras o la Iglesia. El Cautivo, que era el mayor, se dedicó a la guerra; el segundo se marchó a las Indias a hacer fortuna; el último decidió terminar sus estudios en Salamanca.

El Cautivo fue soldado en el Milanesado, en Flandes y en la batalla de Lepanto. En esta batalla, fue tomado por los turcos como prisionero.

A partir de este instante el Cautivo relata acontecimientos históricos basados en batallas o escaramuzas bélicas, caída de Túnez y La Goleta principalmente. Cuando habla de la pérdida de la fortaleza de La Goleta, enumera a personajes históricos que murieron o que fueron hechos prisioneros.

Cuando el Cautivo nombra a don Pedro de Aguilar, que consiguió escapar de Constantinopla y que después no supo nada de él, don Fernando le cuenta que don Pedro es su hermano y que está perfectamente.

CAPÍTULO XL

DONDE SE PROSIGUE LA AVENTURA DEL CAUTIVO

Al morir el amo del Cautivo, éste marchó a Argel. Estando allí, le encerraron junto con otros cautivos cristianos en una cárcel especial para ellos, el baño.

Cerca del baño estaba la casa de un musulmán muy rico. Un día, los cautivos observaron una caña con dinero colgando de la casa. Todos saltaron, pero el único capaz de alcanzarla, y conseguir el dinero, fue el Cautivo. Poco después vieron la mano de una mujer.

Otro día volvieron a ver la caña, pero esta vez iba acompañado de un mensaje y más dinero. En el mensaje de la mujer de la mano, les cuenta que es cristiana, que quiere ir con el Cautivo a tierra de cristianos y que si al Cautivo no le importa, a ella le gustaría que él fuese su esposo. El Cautivo, utilizando a un cristiano renegado como traductor, le responde que él y sus compañeros intentarán llevar a cabo su deseo.

La musulmana, hija única del musulmán rico que tenía la casa al lado del baño, les da más dinero y les manda un mensaje en el que les aconseja que uno de ellos compre una barca, recoja al resto de los cautivos y la vayan a buscar al jardín donde pasa el verano con su padre y criados.

El Renegado fue el encargado de comprar la barca. Los cautivos se enteraron de que la musulmana se llamaba Zoraida (que es la misma persona que en el capítulo 37 quiere llamarse María). Un día antes de marcharse al jardín de verano, Zoraida les proporcionó más dinero. Con todo el dinero conseguido, los cautivos fueron liberados, el dinero de los rescates fue dado a un mercader valenciano, que se encargó de entregárselo a la persona adecuada.

CAPÍTULO XLI

DONDE TODAVÍA PROSIGUE EL CAUTIVO SU SUCESO

Quince días después de la compra del barco por parte del Renegado, éste informó al Cautivo de que saldrían el viernes siguiente.

El Cautivo fue a casa de Zoraida, con la excusa de que iba a buscar hierbas. Tras una breve conversación con el padre de Zoraida, el Cautivo le cuenta a ésta que salen el viernes.

El viernes, el Renegado, el barco, los remeros y el Cautivo fondearon enfrente de la casa de Zoraida. El Renegado y el Cautivo fueron a buscarla, ésta salió, pero volvió a la casa. Cuando regresó trajo consigo un cofre con una gran cantidad de dinero. Cuando salía de su casa, Zoraida fue avistada por su padre, el cual gritaba que los cristianos venían a robarles. El Renegado, sin saber que hacer, secuestra al padre de Zoraida.

El padre de Zoraida al verla tan a gusto con el Cautivo no sabía que decir. El Renegado le cuenta que su hija marcha a tierra de cristianos porque es cristiana. Al oír esto, es padre de Zoraida se tiró al mar. Una vez rescatado, y para que no diese más problemas, se le dejó en una isla desierta. El padre primero maldice y después perdona a su hija, todo esto dando grandes gritos.

El barco del Cautivo es apresado por corsarios franceses. El Renegado para evitar que el cofre cayese en sus manos, lo tiró al mar. Los franceses despojaron a Zoraida de las joyas y perlas que llevaba. Al final el capitán francés se apiadó de ellos, les dejó una barca, algunas provisiones y cuarenta escudos de oro para Zoraida.

Llegan, tras varios días de navegación, a España, concretamente a un lugar cercano a Vélez Málaga. En principio les creen turcos que asolan la costa, pero uno de los cautivos reconoce, entre los jinetes que acuden a ver que pasa, a un tío suyo, Pedro de Bustamante. Cuando llegan al pueblo, la gente se quedaba asombrada de la belleza de Zoraida.

El Cautivo, dirigiéndose de nuevo a los personajes de la venta, les cuenta que lo quiere es averiguar si su padre sigue vivo y si sus hermanos han tenido más suerte que él.

CAPÍTULO XLII

QUE TRATA DE LO QUE SUCEDIÓ EN LA VENTA Y DE OTRAS MUCHAS COSAS DIGNAS DE SABERSE

Don Fernando le ofrece al Caltivo que su hermano sea el padrino de bautizo de Zoraida y una vida cómoda en sus posesiones.

Mientras sucedía esto, llegó un oidor a la venta acompañado por una doncella, su hija. El Cautivo estaba convencido de que el oidor era su hermano y entonces decide preguntarle a un criado del oidor, éste le cuenta que se llama Juan Pérez de Viedma, que es de las montañas de León, que es oidor en la Audiencia de México y que su mujer murió al dar a luz a su hija.

El Cautivo no sabe cómo descubrirse a su hermano. El Cura le tranquiliza y le dice que lo deje de su cuenta.

Estando cenando, el cura cuenta que tuvo un amigo, llamado Ruiz Pérez de Viedma y que era de las montañas de León, cuando estaba cautivo en Constantinopla. El Cura relata las aventuras del Cautivo y Zoraida hasta el momento del apresamiento de los corsarios franceses. El oidor reconoce a su hermano, se pregunta si seguirá vivo y cuenta que su hermano es muy rico en Perú y que con él vive su padre, el cual espera ver a su hijo el soldado antes de morir.

El Cautivo se descubre y los dos hermanos se abrazan y lloran. Ambos acuerdan ir a Sevilla, puesto que ya que su hermano el oidor va a coger un barco para ir a América, su otro hermano le acompañe y una vez en América se reencuentre con su padre.

Al alba, oyen cantar hermosamente a alguien, a un mozo de mulas.

CAPÍTULO XLIII

DONDE SE CUENTA LA AGRADABLE HISTORIA DEL MOZO DE MULAS, CON OTROS ESTRAÑOS ACAECIMIENTOS EN LA VENTA SUCEDIDOS

Clara, la hija del oidor, le cuenta a Dorotea que el mozo de mulas es en realidad el hijo de un caballero de Aragón, que vivía al lado suyo y que se enamoró de ella. Cuando ella se tuvo que marchar, él cayó enfermo. A pesar de esto, le ha vuelto a ver, pero disfrazado de mozo de mulas. Continúa diciendo que nunca ha hablado con él, pero que está muy enamorada. Dorotea le pide que lo deje todo en sus manos.

Don Quijote estaba montando guardia afuera y la hija del ventero y Maritornes, la criada, decidieron gastarle una broma. La primera parte la constituía la colocación en el hueco del pajar, que hacía de única ventana de la venta, de dos semidoncellas.

Don Quijote, en un monólogo, describe a Dulcinea del Toboso como la mujer más perfecta espiritualmente hablando, una mujer que rivaliza en belleza con la Luna y la califica como el elemento inspirador de sus aventuras.

La hija del Ventero le pide a Don Quijote que se acerque. Éste le advierte que le pude pedir cualquier excepto ser suyo, pues es propiedad de Dulcinea del Toboso. Maritornes toma el relevo y le pide a Don Quijote su mano. Éste accede a dejársela, Maritornes le ata la mano de tal manera que queda colgado del brazo y de pie sobre Rocinante, sabiendo que si éste se mueve Don Quijote se queda colgado.

Llega gente la venta. Llaman a la puerta, Don Quijote les responde que hasta más tarde no se abre el castillo. Los forasteros le toman por loco. El Ventero se despierta y les abre.

Rocinante al oler a las yeguas que han llegado se mueve, quedando Don Quijote suspendido de tal forma que la punta de los pies toca el suelo pero es imposible posar las plantas de los pies sobre él. El estar suspendido de tal forma produce un gran dolor, es más, esta posición fue usada como método de tortura.

CAPÍTULO XLIV

DONDE SE PROSIGUEN LOS INAUDITOS SUCESOS DE LA VENTA

Llegaron a la venta unos hombres preguntando por el mozo de mulas. Tras mucho buscar le encontraron, el mozo de mulas era en realidad don Luis. Don Luis se niega a marcharse. Dorotea le cuenta a Cardenio la historia de Clara y don Luis. Cardenio le contesta que ya lo arreglará.

El ventero se pelea con dos huéspedes que no quieren pagar. La ventera y su hija le piden a Don Quijote que ayude al ventero, pero Don Quijote les responde que para ello necesita la licencia de la Princesa Micomicona. Don Quijote fue ante al princesa para pedirle la licencia, la cual le fue concedida. El protagonista al ver a los huéspedes se da cuenta de que no puede intervenir, pues no son caballeros, entonces decide que lo mejor es llamar a su escudero Sancho Panza. Al final, los huéspedes acaban pagando.

Don Luis se niega a marcharse hasta que no consiga lo que quiere. El oidor le pregunta que porqué no se quiere marchar. Don Luis le responde que está enamorado de su hija y que quiere casarse con ella. El oidor le contesta que le dé un día para pensárselo.

Cuando todo parecía tranquilo, aparece el barbero al que Don Quijote robó la bacía de barbero y Sancho Panza la alabarda del jumento. El barbero les acusa de ladrones. Don Quijote se defiende diciendo que la bacía es el yelmo de Mambrino y que Sancho Panza le pidió licencia para coger la albarda del jumento, pues el barbero, su propietario, había huido y él accedió, pues eso no contravenía las Leyes de la Caballería.

CAPÍTULO XLV

DONDE SE ACABA DE AVERIGUAR LA DUDA DEL YELMO DE MABRINO Y DE LA ALABARDA Y OTRAS AVENTURAS SUCEDIDAS, CON TODA VERDAD

El barbero “reclamante” pide opinión a los demás inquilinos de la venta para ver si la bacía es bacía o yelmo de Mambrino. Todos, por seguir el juego a Don Quijote, afirman que la bacía es yelmo de Mambrino.

En cuanto al asunto de la albarda, Don Quijote se desentiende y lo deja a juicio de los demás. Don Fernando organiza una votación, de la que sale que la alabarda del jumento es jaez de caballo.

Mientras se decía esto, unos cuadrilleros de la Santa Hermandad entraron y afirmaron que el que defendiese que la alabarda era jaez estaba borracho. Don Quijote, visiblemente enfadado, intenta agredir a un cuadrillero con su lanzón, no lo consigue y éste acaba hecho pedazos.

A raíz de esto, se pelean por un lado los cuadrilleros y la familia del ventero (puesto que éste también era cuadrillero) y Don Quijote y el resto, excepto Sancho Panza y el barbero, que tenían su propia disputa en lo concerniente a la alabarda.

La pelea duró hasta que Don Quijote dijo que como consecuencia del encantamiento del castillo, se había convertido en un campo de Agromante en el que todos se peleaban. Tras la pelea la bacía fue yelmo de Mambrino y la alabarda jaez.

Todo parecía tranquilo hasta que uno de los cuadrilleros cayó en la cuenta de que tenía que detener a Don Quijote por haber liberado a los galeotes. Don Quijote, enfadadísimo, le amonesta diciendo que los caballeros andantes como él están por encima del resto de los mortales y tienen privilegios especiales (no pagan impuestos, la justicia no les afecta, etc).

CAPÍTULO XLVI

DE LA NOTABLE AVENTURA DE LOS CUADRILLEROS, Y LA GRAN FEROCIDAD DE NUESTRO BUEN CABALLERO DON QUIJOTE

Don Quijote se libra de ser apresado porque el Cura convenció al cuadrillero de que Don Quijote estaba loco. El asunto de la alabarda se saldó de forma que una parte fue para Sancho y otra parte para el barbero que la reclamaba. El problema de la bacía fue solucionado por el Cura, que pagó ocho reales al barbero. Don Luis acepta el ofrecimiento de don Fernando y se marcha a sus tierras con Clara y un criado.

Don Quijote le pregunta a la Princesa Micomicona que cuándo parten hacia su reino, no vaya a ser que el gigante enemigo se haya fortificado. La princesa le responde que cuando él quiera. Don Quijote le responde que cuanto antes mejor.

Sancho Panza le comenta a su amo que la Princesa Micomicona no es princesa, puesto que don Fernando le lanza ardientes miradas, y no vaya a ser que éste se aproveche de su trabajo. Don Quijote se enfada mucho y le manda que se aparte de su vista. La princesa interviene y consigue que Don Quijote perdone a Sancho Panza, diciéndole que lo que afirma es consecuencia del encantamiento que hay en la venta.

Todos, excepto Sancho Panza, tejen un plan para devolver a Don Quijote a su casa. Por la noche le encierran y maniatan en un carro con rejas. El barbero Nicolás, en un lenguaje muy retórico, le dice que no se preocupe, que el encarcelamiento le servirá para casarse con Dulcinea y tener hijos que serán el orgullo de la Mancha.

Don Quijote responde al barbero que le pida al encantador que le ha encerrado que le permita ver las cosas que le han prometido y que se le dé a Sancho Panza la ínsula prometida, y que en el caso de que no se le pueda dar se le pague su salario, pues había consignado una parte de su testamento para este menester.

CAPÍTULO XLVII

DEL ESTRAÑO MODO EN EL QUE FUE ENCANTADO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, CON OTROS FAMOSOS SUCESOS

Don Quijote y Sancho Panza conversan acerca de las personas que les rodean. Sancho piensa que son reales, pues huelen, pero Don Quijote le corrige y le dice que son espíritus malignos que le intentan engañar. El Cura y el Babero, para evitar que Sancho les reconozca, deciden emprender la marcha.

Maritornes, la Ventera y su hija, simulan lamentar la marcha de Don Quijote. Éste responde que no llorarían si no fuese un famoso caballero y que le perdonen si les ha producido algún daño.

En este punto de la historia, los inquilinos de la venta se separan. Don Fernando insiste al Cura para que le escriba contándole las aventuras de Don Quijote. Los cuadrilleros, a cambio de dinero, escoltan el carro donde está enjaulado Don Quijote.

Mientras el carro se acercaba a un lugar donde dar descanso a los bueyes, se les aproximó un grupo de seis o siete jinetes, cuyo jefe era un canónigo de Toledo. El Canónigo le pregunta a Don Quijote porqué está encerrado. Él responde que es un caballero andante que ha sido enjaulado por unos encantadores. Al oírlo, el Canónigo se queda impresionado.

Sancho Panza interviene diciendo que Don Quijote está cuerdo y que reconoce al Cura, a pesar de estar disfrazado. El barbero le responde que está tan loco como su amo y que debería acompañarle en la jaula. Sancho le contesta que él no está loco y que no se deja camelar por nadie.

El Cura describe al Canónigo la locura y las aventuras de Don Quijote, así como la quema de los libros de caballerías de éste, pues fueron la fuente de su locura. El Canónigo habla positivamente y negativamente de los libros de caballerías: por un lado sirven para narrar sin trabas de ningún tipo, para mostrar la cultura del escritor y para caracterizar a los personajes. Por otro lado son mentirosos, fantasiosos, llenos de disparates y sin esquema completo.

CAPÍTULO XLVIII

DONDE PROSIGUE EL CANÓNIGO LA MATERIA DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS, CON OTRAS COSAS DIGNAS DE SU INGENIO

El Canónigo le cuenta al cura que estaba pensando en hacer una novela de caballerías, pero que desistió, puesto que prefería el reconocimiento de unos pocos que el de la mayoría inculta, tal y como ocurría con algunas comedias (aquí se trasluce una crítica a Lope de Vega).

El Cura critica las comedias del momento por varias razones: eran inverosímiles; carecían de unidad espacial o temporal; daban una mala imagen de los españoles; no cumplían la función de las comedias, divertir y enseñar, porque sólo divertían; y las califica de insustanciales porque sólo se representaban para sacar dinero. Para el Cura la solución es el establecimiento de alguien que actúe de filtro para estas comedias. Todo este parlamento es una crítica de Cervantes al teatro de Lope de Vega.

Sancho Panza le dice a Don Quijote que está enjaulado porque le han embaucado, que dos de las personas que les acompaña son el cura y el barbero de su pueblo disfrazados y que si le permite preguntarle algo. Don Quijote le responde que le pude preguntar lo que quiera, que está enjaulado por obra de un encantamiento y que el Cura y el Barbero no son reales sino apariencias. Tras muchos rodeos, Sancho Panza le pregunta a su amo que si quiere mear. Don Quijote le responde que sí.

CAPÍTULO XLIX

DONDE SE TRATA DEL DISCRETO COLOQUIO QUE SANCHO PANZA TUVO CON SU SEÑOR DON QUIJOTE

Sancho Panza habla con Don Quijote y le informa de que los encantados no tienen necesidades fisiológicas y dado que él las tiene no está encantado. Don Quijote le responde que eso no tiene porque ser así, puesto que los encantamientos pueden haber cambiado.

Cuando los bueyes paran a descansar, Don Quijote pide que le permitan dar una vuelta. El cura y el Canónigo se lo conceden con la condición de que no se escape. Don Quijote responde que dado que está encantado el mago que le ha encantado puede hacerle volver a este lugar en cualquier instante, esté donde esté.

El Canónigo, al igual que otros personajes, se da cuenta que Don Quijote está cuerdo hasta el momento en que se menciona algo relacionado con las novelas de caballerías, pues en ese momento enloquece y se cree un caballero andante.

El Canónigo conversa con Don Quijote, le pregunta que cómo ha sido capaz de creerse las aventuras y los personajes que aparecen en las novelas de caballerías y cómo es posible que siendo tan inteligente no lea otro tipo de literatura. El Canónigo le aconseja que si le gustan las aventuras lea las que llevaron a cabo personajes históricos. Don Quijote le responde que el loco es él, porque lo cuentan los libros de caballerías es cierto; Don Quijote comienza la enumeración de personajes históricos que fueron caballeros, mezclada con otra enumeración de personajes o hechos ficticios que aparecen en las novelas de caballerías que tienen alguna base real o histórica.

El Canónigo le responde que esos personajes pudieron existir, pero que los hechos que se les atribuyen tienen muy poco de verosímiles.

CAPÍTULO L

DE LAS DISCRETAS ALTERACIONES QUE DON QUIJOTE Y EL CANÓNIGO TUVIERON, CON OTROS SUCESOS

Don Quijote le advierte al Canónigo que cómo puede criticar algo que a tantas personas divierte. Para Don Quijote los libros de caballerías eliminan la melancolía y otros males. Por último, Don Quijote habla sobre al necesidad de hacerse emperador para dar la ínsula prometida a Sancho.

Sancho, al oír esto, afirma que va a ser el mejor gobernante. El Canónigo le da consejos de tipo elevado a la hora de impartir justicia. Sancho le responde que será el mejor gobernante que ha habido, pero que hará lo que él quiera.

Tras esta conversación llegó un cabrero, que estaba buscando a una cabra perdida. El Cabrero habla con la cabra, pero para que los otros personajes no le tomen por loco y se convenzan de que entre los pastores hay gente inteligente, les va a contar una historia (que comienza en el capítulo siguiente).

Sancho prefiere irse a comer hasta reventar a un lugar apartado (no vaya a ser que tarde mucho en volver a probar bocado) que escuchar la historia del cabrero.

CAPÍTULO LI

QUE TRATA DE LO QUE CONTÓ EL CABRERO A TODOS LOS QUE LLEVABAN A DON QUIJOTE

El Cabrero cuenta que en una aldea no muy lejana de allí, vivía una chica muy hermosa. En el pueblo la pretendían dos jóvenes: Anselmo y Eugenio, el Cabrero. El padre de Leandra, que así se llamaba la chica, le dio a escoger a ésta.

Pero se metió por medio un soldado rico y arrogante llamado Vicente de la Rosa. Su riqueza y arrogancia consiguieron que Leandra se enamorase de él.

Un día Leandra abandonó su casa junto con el tal Vicente. Tras tres días de búsqueda la encontraron en una cueva semidesnuda y sin las joyas con las que había salido de casa. Leandra contó que se fue con el soldado engañada.

El padre decidió encerrarla en un monasterio. Esta decisión llevó a Anselmo y a Eugenio a irse al valle, donde actualmente se encuentra el cabrero, a cuidar ovejas y cabras. En esta huida a los bosques, fueron acompañados por otros pretendientes de Leandra. Anselmo se dedicó a tocar el rabel para desahogarse y Eugenio a criticar a las mujeres.

CAPÍTULO LII

DE LA PENDENCIA QUE DON QUIJOTE TUVO CON EL CABRERO, CON LA RARA AVENTURA DE LOS DECEPLINANTES, A QUIEN DIO FELICE FIN A COSTA DE SU SUDOR

Don Quijote le ofrece al Cabrero sacar a Leandra del monasterio en el que está sino se lo impidiesen las Leyes de la Caballería. El Cabrero le compara con los caballeros andantes y le califica de loco.

Don Quijote, lleno de ira, lanza al Cabrero un trozo de pan. Éste se revuelve y se entabla una pelea entre Don Quijote, Sancho y el cabrero. La pelea termina en el momento en el que Don Quijote vio una rogativa para que lloviese.

Don Quijote, al ver a tanta gente rodeando a la Virgen y a ésta llorando, se imagina una nueva aventura. Don Quijote se acercó a uno de lso cuatro clérigos y le espetó que dejase en libertad a la señora que lloraba (la Virgen). Le tomaron por loco y entonces él se decidió a atacarles con su espada. Uno de los que sostenía la imagen se enfrentó con Don Quijote. Éste fue golpeado por el trozo del bastón del miembro de la rogativa que él mismo había roto. Como consecuencia del golpe Don Quijote queda inmóvil en el suelo.

Los miembros de la rogativa al ver que se acercaban los cuadrilleros se preparaban para luchar. Todo se soluciona cuando el Cura reconoce a uno de los clérigos y le cuenta que Don Quijote está loco.

Sancho, llorando, ensalza a su amo en el suelo, aunque sólo lleva a su servicio diecisiete días. Don Quijote se recupera y Sancho le recomienda volver a su pueblo, nuestro protagonista acepta la idea de su escudero. Don Quijote vuelve al carro. En este punto se dispersan y sólo quedan el Cura, el Barbero, Don Quijote y Sancho Panza.

A los seis días llegaron al pueblo, donde fue un acontecimiento la llegada de uno de sus vecinos (Don Quijote) en un carro y enjaulado. Sancho estuvo hablando con su mujer, Teresa Panza, la cual le preguntó que si se le traía algo, él le responde que no, pero que después de la siguiente salida volverá como gobernador de una ínsula. Teresa, a pesar de las explicaciones de su marido, no entiende de ínsulas.

Don Quijote llega a casa. El Cura y el Barbero le advierten al Ama de llaves y a la Sobrina que le vigilen no vaya a ser que se escape de nuevo. El Ama dellaves y la Sobrina maldicen las novelas de caballerías por lo que le han hecho a Don Quijote.

Cervantes anticipa, pero utilizando la excusa de que las historias de Don Quijote están recogidas en un libro de Historia sobre la Mancha, que Don Quijote va ir a Zaragoza a unas justas en su tercera salida (aunque en esta salida marcha realmente a Barcelona).

Cervantes escribe unos poemas en los que se ensalza a Don Quijote, Sancho Panza, Rocinante y Dulcinea del Toboso y espera una tercera salida de Don Quijote. Cervantes enmascara estos hechos diceindo que fue algo que se encontró en una caja de plomo en una ermita y que como los poemas eran ilegibles un escribano los pasaría a limpio e intentaría escribir una tercera salida de Don Quijote.

Queipo Gutiérrez, Francisco Javier

1º Bachillerato B