Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura española. Crítica literaria. Narrativa. Novela de caballerías. Teorías

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LA CRÍTICA LITERARIA EN EL QUIJOTE

En el Quijote Cervantes reflexiona y expone sus ideas acerca de la literatura, aunque el tema de la novela no es la crítica literaria sí resulta evidente que es fundamental la relación que se establece en la novela entre la vida y la literatura. Parece ser que este aspecto de la obra no ha sido especialmente estudiado .

En el siglo XVI y a comienzos del XVII no existían teorías de la novela en España en un sentido estricto y no se expusieron de manera sistemática hasta la breve introducción de Francisco de Lugo y Dávila a su Teatro Popular (1622).

En el Quijote el autor “utiliza la crítica literaria como parte de la sustancia” de la obra y por eso podemos inferir de la novela una teoría literaria.

Esta teoría se sustenta y parte de la crítica del género caballeresco por motivos principalmente estilísticos y morales. De ahí se teje un variado tapiz (teórico y práctico a la vez) que contiene una serie de propuestas y críticas respecto a la creación literaria.

El autor muestra preocupación por todos los libros y el saber en general, actitud acorde con su espíritu humanista.

Un pequeño análisis del prólogo a la primera parte de Don Quijote de la Mancha de Cervantes nos sirve para marcar algunas de las líneas de crítica literaria fundamentales que hallaremos luego bordadas en la obra. Las dos primeras frases son significativas:

“Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más directo que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir á la orden de naturaleza (...)”.

El autor nos comunica su meta o ilusión (lograr una obra de arte hija del “entendimiento”) y nos introduce en un mundo de ironía algo melancólica con la modesta o sincera confesión de no ser un genio. Ya aquí nos confirma algo fundamental: su libro es realmente hijo del entendimiento, todo lo que en él haya de malo es por causa “ajena” a su espíritu pues la culpable es la naturaleza. Así se inicia el juego Cervantino.

Utiliza la técnica de presentar una escena en la que el autor reflexiona y discute dialogando con un amigo, mostrándonos de esta forma una actitud modesta que le sirve para contraponerse a los escritores que se sirven de una excesiva ornamentación, afectación y alardes eruditos. Él aboga por la sencillez: “sólo quisiera dártela monda y desnuda”. Esta técnica le permite al mismo tiempo iniciar el juego de planos que se mantendrá en toda la novela: oímos distintos puntos de vista acerca de un mismo tema; el autor logra así múltiples perspectivas.

Los consejos del amigo configuran una serie de preceptos en los cuales suponemos que el autor se basará. Destacan el interés por la verdad artística, la verosimilitud ( fijémonos en lo que el amigo le dice:”sólo tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo; que cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere”), la invención ligada siempre al entendimiento (“procurad (...) que (...) el discreto se admire de la invención”), la sencillez, etc. Estos preceptos son los que no siguen las novelas de caballerías y por eso Cervantes dice que su propósito principal es desacreditarlas : “porque todo él [el libro] es una invectiva contra los libros de caballerías”.

Estos consejos del amigo constituyen al mismo tiempo un elemento para la sátira, así sucede, por ejemplo, al recomendarle una serie de técnicas para que el autor parezca un “hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo”, o facilitándole sentencias y dichos para cada ocasión, consiguiendo una vez más denostar a los escritores que hacen cualquier cosa amparándose en las licencias literarias.

También ironiza Cervantes acerca de la asociación que se hace en la literatura entre lo humano y lo divino, la necedad y la filosofía, etc. Esto puede comprobarse en el párrafo dónde habla de libros que “aunque sean fabulosos y profanos” contienen citas de filósofos o de las Escrituras,

“guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamorado distraído y en otro hacen un sermoncito cristiano, que es un contento y un regalo oílle y leelle”.

Continuando con la parodia el autor inserta seguidamente una serie de poemas de carácter burlesco firmados por distintos personajes de la saga caballeresca. Era típico en aquella época publicar poesías laudatorias y los lectores de entonces entendían enseguida la intención paródica de la novela.

Las censuras a las novelas de caballerías son continuas, ya sea implícita o explícitamente. Este género posee una serie de defectos que el autor irá explicando e ilustrando. En palabras de Martín de Riquer:

"Cervantes parodia los absurdos y las peregrinas fantasías de los libros de caballerías. Nuestro escritor ataca un género literario determinado, en lo que su propósito inicial se acomoda perfectamente con las opiniones de moralistas y autores graves de su tiempo (...) se propone desacreditar (...) la caricatura del heroísmo que aparece en las degeneraciones de la novela caballeresca medieval y evitar la confusión entre el héroe de veras y el héroe fabuloso".

Esta idea de la confusión entre el verdadero héroe y el falso queda patente en boca de Don Diego de Miranda quien dice a Don Quijote que gracias a él y a su historia,

“que vuesa merced dice que está impresa, de sus altas y verdaderas caballerías se habrán puesto en olvido las innumerables de los fingidos caballeros andantes, de que estaba lleno el mundo, tan en daño de las buenas costumbres y tan en perjuicio y descrédito de las buenas historias.”

Se habla por ejemplo de la falta de una intención clara por parte del autor, de la falta de compromiso y responsabilidad del autor respeto a su público. Cervantes considera que la novela debe enseñar deleitando y hace decir al canónigo hablando de las novelas de caballerías:

“este género de escritura y composición cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente á deleitar, y no á enseñar; al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente”.

Las considera inmorales y por lo tanto contrarias al ideal humanista (“hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república” y “en los amores [son] lascivos”) , son repetitivas (pensemos en las largas sagas de Amadises, Palmerines, etc):“todos ellos son una mesma cosa”, estilísticamente deficientes, inverosímiles, etc.

En el capítulo IL el canónigo reitera a don Quijote todos estos defectos que posee el género y le dice que si “todavía, llevado de su natural inclinación, quisiere leer libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el de los Jueces”, pues es verosímil. En este punto queda bien claro el parecer de Cervantes (o el del cura, mejor dicho): si sabiendo alguien todo lo dicho en el libro hasta entonces acerca de las novelas caballerescas, quisiera aún satisfacer su curiosidad u ocio con aventuras, debería recurrir a la historia: a los héroes reales.

Cervantes estaba comprometido con la verdad y por eso da tanta importancia al valor educativo de la obra literaria y lucha contra la artificiosidad.

Ese afán por la verosimilitud hace que Cervantes elija al falso autor árabe diciendo que era historiador. O provoca apreciaciones como la siguiente en boca del bachiller Carrasco:

”el poeta puede contar ó cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar á la verdad cosa alguna."

Cómo veíamos antes la verosimilitud se basa en la imitación pero Cervantes valora también la capacidad de invención. Lo podemos comprobar cuando el canónigo destaca que los libros de caballerías si se componen “ con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuera posible á la verdad” son obras de arte con “el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente”.

O bien en el capítulo XVI de la segunda parte del Quijote donde don Diego de Miranda, hablando de los requisitos que deben reunir los buenos libros le dice a don Quijote:

“Hojeo más los que son profanos que los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que le deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la invención, puesto que déstos hay muy pocos en España.”

En este parlamento de Don Diego se aprecia también el gusto por la moralidad, el sano entretenimiento y todo lo que Cervantes admira y espera de un buen libro. Realmente el personaje de don Diego de Miranda representa el ideal cervantino de hombre: es un lector “desocupado” que posee una biblioteca modélica para todo hombre de su condición:

“Tengo hasta seis docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción otros: los de caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas.”

En el libro La biblioteca de don Quijote su autor, Edward Baker, compara las bibliotecas de tres personajes: don Quijote, Juan Palomeque (el ventero) y don Diego de Miranda y destaca que mientras que la biblioteca del protagonista está constituida por más de trescientos libros, la de don Diego está formada por una cantidad de libros normal; don Diego lee en romance y en latín pero don Quijote sólo en lengua castellana; don Diego tiene libros de devoción e historia a diferencia de las bibliotecas del hidalgo y el ventero (a excepción de la Crónica del Gran Capitán, de tema histórico aunque fantasioso). De ahí se infiere que la biblioteca de don Diego de Miranda es la más equilibrada y acorde con el ideal humanista. Gracias pues a este personaje, Cervantes traza no sólo cómo debería ser un hombre modélico sino también lo que debería ser una buena biblioteca: al servicio de la erudición pero ante todo del entretenimiento honesto.

Frente a una literatura de pura distracción Cervantes propone una literatura entretenida pero al mismo tiempo pedagógica. Este ideal era perseguido por los humanistas en general, así como por los autores ascéticos (recordemos, por ejemplo, Los nombres de Cristo de Fray Luis de León).

En cuanto a la crítica apuntada ya en el prólogo acerca de la falsa erudición y la pedantería encontramos ejemplos como el siguiente en el cual se critica el uso de préstamos indiscriminado : en el capítulo LXX de la segunda parte nuestro hidalgo señala el poco acierto de los jóvenes poetas al tomar prestados unos versos de Gracilaso y uno de los músicos le da la razón comentándole que los poetas hacen lo que les place atribuyéndolo todo a la licencia poética.

En la misma línea se encuentra la parodia del estilo de las epístolas amatorias de las novelas de caballerías en la carta de don Quijote a Dulcinea llena de arcaísmos o la parodia de los altisonantes epígrafes de las novelas caballerescas.

Cervantes utiliza sobre todo en la primera parte muchos arcaísmos para satirizar el estilo de los libros de caballerías. Encontramos formas como: non fuyades (no huyáis), fermosas señoras, habedes fecho (habéis hecho), maguer (aunque), cautivo (desdichado).

Acerca de la poesía valga la siguiente apreciación de don Quijote:

“La Poesía (...) á mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa, á quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas que son las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere á raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, ó en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran.”

Cervantes considera la poesía como ciencia, digna y alta, cuyo fin es mejorar la humanidad educándola y deleitándola, y por eso no debe utilizarse con fines distintos.

También nos habla don Quijote de que “no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya” , en una clara defensa a las lenguas nacionales, comparándolas con el griego y el latín.

El hijo de don Diego es un poeta al que no le gustan los romances, y don Quijote corrige:

“no debe de estar mal con la poesía romance, sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni otras ciencias que adornen y despierten y ayuden á su natural impulso”.

Y es aquí donde trata de la antigua discusión sobre si el poeta nace o se hace . Don Quijote le comenta a don Diego de Miranda:

“El poeta nace (...) del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dió el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: Est Deus in nobis..., etcétera. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo: la razón es porque el arte no se aventaja á la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza, y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta.”

El capítulo en el cual se encuentran con el canónigo constituye una fuente importante para intentar trazar la teoría literaria cervantina. Riley propone un interesante esquema para sintetizar lo que la novela ideal cervantina ofrece al autor.

En el capítulo XLVIII se habla de las comedias y se critica el arte nuevo de Lope de Vega, disparatado y sustentado sólo por el gusto del vulgo. Según Cervantes hay tragedias que gustan y son para todo el mundo y que guardan los preceptos del arte, como La Isabela, La Filis, La Alejandra, La ingratitud vengada, La Numancia, El mercader amante o La enemiga favorable.

La visión del cura presenta la principal objeción que Cervantes le hace al nuevo arte de hacer comedias:

”porque habiendo de ser la comedia, según le parece á Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres y imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplos de necedades é imágenes de lascivia”.

Cervantes, es más preceptista que Lope de Vega y opina que debe observarse el tiempo en que sucede la acción, que “la imitación es lo principal”. Lo reitera en boca de don Quijote “el arte, imitando a la naturaleza, parece que allí la vence” y “ cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte, procura imitar los originales de los más únicos pintores que sabe; y esta mesma regla corre por todos los más oficios ó ejercicios (...)”.

Pero no desdeña a estos escritores porque es consciente del poder que ejercen circunstancias exteriores como el mercado:

“no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben extremadamente lo que deben hacer; pero como las comedias se han hecho mercadería (...)”.

Frente a este problema extraliterario que afecta a la comedia contemporánea Cervantes propone una política correcta.

En la segunda parte se nota una nueva orientación: la crítica literaria de otros libros pierde fuerza frente a un nuevo tipo de crítica literaria: la que Cervantes se hace a su primera parte.

En el prólogo, por ejemplo, se defiende de las críticas e insultos que Avellaneda le había lanzado desde el prólogo de su Quijote y le responderá en la dedicatoria al conde de Lemos y en el prólogo y capítulos LIX, LXII, LXX, LXXII y LXXIV de su segunda parte.

Por otra parte, anuncia que está acabando El Persiles y la segunda parte de La Galatea.

Parece que se le criticó mucho el haber insertado novelas como El curioso impertinente que no tenían nada que ver con la historia. Estas críticas se reflejan en el libro sobre todo por boca del bachiller Sansón Carrasco quien les cuenta a los protagonistas:

"Una de las tachas que ponen á la tal historia - dijo el Bachiller - es que su autor puso en ella una novela intitulada El curioso impertinente; no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote."

Sobre el error de intercalar historias ajenas al suceso de la novela el mismo don Quijote dice:

“los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados (...); y no sé yo qué le movió al autor á valerse de novelas y cuentos ajenos, habiendo tanto que escribir en los míos: sin duda se debió de atener al refrán: "De paja y de heno...", etcétera."

Inmediatamente Cervantes reitera que “para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento.” Y más adelante hallamos:

"había usado en la primera parte del artificio de algunas novelas, como fueron la del Curioso impertinente y la del Capitán cautivo, que están como separadas de la historia, puesto que las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote, que no podían dejar de escribirse (...) y así, en esta segunda parte no quiso ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen".

Se le criticaron también olvidos :"infinitos son los que han gustado de la tal historia; y algunos han puesto falta y dolo en la memoria del autor, pues se le olvida contar (...)".

Las referencias a la parte anterior son pues constantes y Cervantes intenta subsanar o justificar en esta segunda parte los errores cometidos. Así cuando un barbero cuenta un cuento, don Quijote le dice al acabar “que por venir aquí como molde no podía dejar de contarle”. O el siguiente arreglo en este diálogo entre Sansón y Sancho:

"-No está en eso el yerro -replicó Sansón-, sino en que antes de haber parecido el jumento, dice el autor que iba á caballo Sancho en el mesmo rucio.

-Á eso -dijo Sancho- no sé qué responder, sino que el historiador se engañó, ó ya sería descuido del impresor".

En esta segunda parte Cervantes será más cuidadoso y así podremos encontrar cosas como : "y el buen concierto de la historia lo pide"; o :

"aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego (...) pero al traductor desta historia le pareció pasar estas y otras semejantes menudencias en silencio, porque no venían bien con el propósito principal de la historia; la cual más tiene su fuerza en la verdad que en las frías digresiones".

O títulos de capítulo como el LIV: "QUE TRATA DE COSAS TOCANTES Á ESTA HISTORIA Y NO Á OTRA ALGUNA", avisando al lector.

Estos errores que son rebatidos en el Quijote mismo provocan la sensación que:

"el escritor está constantemente a nuestro lado, y nos habla de su propio libro, de sus defectos, de su labor de novelista y de él mismo. Cervantes aplica a la novela pastoril el mismo estilo de parodia que ha aplicado a los libros de caballerías".

Cervantes, al hacer hablar acerca de su primera parte a sus personajes de ficción, provoca que ésta se ficcionalice también y que, por lo tanto, aparezca como elemento literario. Se mantienen continuamente los comentarios sobre su propia ficción y se habla del libro que estamos leyendo, o los personajes hacen observaciones como la de Sansón Carrasco que le dice a Sancho que es más divertido que en la primera parte (esto sucede en el capítulo VII de la segunda parte). Vemos cómo el personaje es consciente de su ficción literaria.

Otro ejemplo de este juego lo tenemos en la apreciación del cura cuando le entregan junto a la novela El curioso impertinente la Novela de Rinconete y Cortadillo y la valora así:“por dónde entendió” que ya que la primera “había sido buena, que también lo sería aquélla”.

El bachiller Sansón Carrasco es quien da noticia a don Quijote y a Sancho Panza de la existencia de un libro titulado El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha escrito por Cide Hamete Berenjena.

Así pues, y en palabras de Martín de Riquer:

"el libro impreso diez años antes será aludido, alabado, criticado y comentado por los mismos seres de ficción, hasta el extremos que uno de ellos, el bachiller Sansón Carrasco, nos dará la primera bibliografía del Quijote".

Así lo comprobamos en el capítulo III donde el bachiller les informa que “el día de hoy están impresos más de doce mil libros de tal historia (...) y á mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga”.

O en el siguiente párrafo donde se valora dicha novela:

"es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen (...); la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico."

Y además de la primera parte del Quijote aparece también la versión de Avellaneda que aparece por vez primera en el capítulo LIX . Don Quijote estando en una posada oye en la habitación de al lado que se disponen a leer un capítulo de la Segunda parte de don Quijote de la Mancha y cómo uno de los hombres pregunta:

"¿Para qué quiere vuesa merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?".

Don Quijote, lógicamente, pide que le dejen ver el libro y a primera vista le reprocha varios fallos: "algunas palabras que he leído en el prólogo", "el lenguaje es aragonés, porque tal vez y a veces escribe sin artículos", "que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia".

En este libro apócrifo se cuenta que don Quijote viaja a Zaragoza y por eso nos anuncia don Quijote:

"no pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré á la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo no soy el don Quijote que él dice".

En el capítulo LXII los protagonistas visitan una imprenta de Barcelona. Allí don Quijote habla con el autor de una traducción y cita al doctor Cristóbal de Figueroa y su Pastor Fido y a don Juan de Jáuregui en su Aminta "donde felizmente ponen en duda cuál es la traducción, ó cuál el original", cosa que no sucede, según Cervantes, con la mayoría de traducciones.

Nuestro protagonista ve un libro que se está corrigiendo: Luz del alma y luego se encuentra con la Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha compuesta por un tal vecino de Tordesillas. Este es el libro falso que don Quijote tanto odia y por eso exclama:

"pensé que ya estaba quemado y hecho polvos por impertinente", "que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan á la verdad ó la semejanza della, y las verdades tanto son mejores cuanto son más verdaderas".

Siguiendo con el libro de Avellaneda en el capítulo LXXII nuestros protagonistas se encuentran con un personaje (don Álvaro Tarfe) que sale en el libro falso y dará fe de la diferencia que hay entre el don Quijote falso y el real. Más adelante sale el nombre del vecino de Tordesillas que firmaba dicho libro: Avellaneda.

Cuando don Quijote está por fin en casa y a punto de morir lo increpa también en su “testamento”:

"tal testimonio pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas".

Así, en la última página del libro Cervantes reivindica que la escritura es expresión personal, seguramente influido por la existencia del libro de Avellaneda:

“Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar, y yo escribir; solos los dos somos para en uno, á despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, ó se ha de atrever, á escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros, ni asunto de su resfriado ingenio”.

Y es al final de la novela donde Cervantes vuelve a repetir su propósito inicial:

"pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna".

Cervantes es consciente del poder del libro, recordemos sino estas palabras que aparecen en el prólogo de la segunda parte:

”bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle á un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro”.

Escribir exige responsabilidad, los libros llegan a mucha gente, son un medio para la educación, además de ser fuentes de ocio. También en boca de Sansón Carrasco, Cervantes avisa de tal responsabilidad : “es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente á todos los que le leyeren.”

Este poder de los libros se manifiesta en el Quijote en tres niveles según Morón:

1º.- El poder tradicionalmente atribuido a los moralistas que consideraban nocivos libros como La Celestina, las Dianas o los de caballerías, por inclinar al pecado o distraer de mejores lecturas.

2º.- El poder que ejercen los libros de caballerías sobre don Quijote o el ventero.

3º.- El poder del libro como uno de los temas que vertebran la novela.

A modo de conclusión podemos inferir que la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes traza una teoría literaria al mismo tiempo que constituye un ejercicio de composición acorde con las ideas literarias del autor. No sólo se critican las novelas de caballerías, sino que también se habla de poesía, de teatro, del arte de la traducción, etc. En definitiva El Quijote muestra todos los aspectos del universo literario cervantino.

Sirva de colofón la alabanza de Martín de Riquer:

"Lo que pudo ser un libro de mera crítica literaria de circunstancias (moda literaria española de su época) adquirió, gracias al genio y al arte perfectamente conscientes de Cervantes, una categoría superior, un sentido permanente y una trascendencia universal".

ANEXO

En el capítulo VI Cervantes muestra sus apetencias literarias mediante la crítica de libros que efectúa el cura. Salva al Amadís de Gaula, el Palmerín de Inglaterra y el Tirante el Blanco; también algunas novelas pastoriles como su Galatea. A causa del interés de dicho pasaje he elaborado una lista de los libros y de las opiniones que estos le merecen al autor.

De la masiva quema de libros se habla de las siguientes novelas de caballerías:

- Los cuatro de Amadís de Gaula. El cura cree que como “dogmatizador de una secta tan mala debería ir al fuego”.

- Sergas de Esplandián, Amadís de Grecia y otras del mismo linaje. Irán a la hoguera.

- Don Olivante de Laura. “El autor de este libro (...) fue el mesmo que compuso a Jardín de flores, y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos es (...) menos verdadero”. Se le critica pues la verosimilitud.

- Florismarte de Hircania. “A pesar de su extraño nacimiento y soñadas aventuras, que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo” acaba en la hoguera. El motivo es por lo tanto el estilo.

- El caballero Platir, El caballero de la Cruz. Al fuego por reunir todos los defectos de los libros del género.

- Espejo de caballerías. “Que este libro y todos los que se hallaren que tratan destas cosas de Francia, se echen y depositen en un pozo seco”. Se trata de el problema de la traducción, Cervantes creía que se perdía mucho al trasladar a otra lengua una obra. Pero salva “a un Bernardo del Carpio (...) y a otro llamado Roncesvalles seguramente por ser monumentos épicos.

- Palmerín de Oliva. Acaba en la hoguera. Palmerín de Inglaterra: “se guarde y se conserve como a cosa única” (la compara con Homero). “Tiene autoridad por dos cosas, por el libro en sí y por el autor.” “Todas las aventuras del castillo de Miraguarda son bonísimos y de grande artificio; las razones, cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla, con mucha propiedad y entendimiento.” “Que éste y Amadís de Gaula queden libres del fuego, y todos los demás, sin hacer más cala y cata, perezcan”

- Don Belianís. Se lo guarda el barbero pero el cura cree que no debe dejárselo leer a nadie.

- Historia del famoso caballero Tirante el Blanco. “He hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos (...) por su estilo es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros deste género carecen.” Este es el juicio que le merece al autor el Tirant lo Blanch (1460) Joanot Martorell, en su versión castellana de 1511. Cervantes la cita con entusiasmo y señala los méritos que en ella ve: verosimilitud y humorismo ante todo (méritos insólitos en las novelas de caballerías), afición por los refranes, diálogo coloquial y familiar, pintura de tipos humanos llenos de debilidades y de despreocupación; aventuras de un héroe de medida humana que transcurren en históricas y conocidas tierras mediterráneas y con geografía auténtica.

En cuanto a libros de poesía (tanto pastoril como lírica y épica o heroica) se citan los que siguen:

- La Diana de Jorge de Montemayor. “(Creyendo que todos los demás eran del mesmo género) estos no merecen ser quemados como los demás porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho; que son libros de entendimiento, sin perjuicio de tercero” Aquí la sobrina de don Quijote opina que por culpa de estos libros su tío querría hacerse pastor (cosa que sucederá en el final de la segunda parte de la novela) o hacerse poeta, peor porque “según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza” . El cura cree que es verdad y que deberían quitarse varias cosas de la Diana.

- La Diana segunda del Salamantino se hecha al fuego y la Diana enamorada escrita por Gil Polo se salva.

- Los diez libros de Fortuna de amor de Antonio de Lofraso. El cura cree que es el mejor.

- El pastor de Fílida. Es calificado como “joya preciosa”.

- Tesoro de varias poesías y el Cancionero de López Maldonado. Se salvan por su autor.

- La Galatea de Miguel de Cervantes. El autor es un “gran amigo” del cura que comenta de él: “es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete.”

- La Araucana de don Alonso de Ercilla, La Austríaca de Juan Rulfo, El Monserrate de Cristóbal de Virués. “Son los mejores que en verso heroico en lengua castellana están escritos y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España.”

- Las lágrimas de Angélica. “Su autor fue uno de los famosos poetas del mundo (...) y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio”.

- La Carola y León de España. Fueron quemados pero “si el cura los viera, no pasaran por tan rigurosa sentencia.”

Las opiniones del autor son a veces ambiguas, eso se aprecia en el juicio acerca de Tirante el Blanco y de Diez Libros de fortuna de amor.

Según Riley, el juicio paradójico que hace Cervantes de Tirante el Blanco se debe a la idea de la intencionalidad del autor, Cervantes creía que el autor debía tener un propósito claro, que el autor debe ser consciente de lo que escribe. Esta paradoja se observa cuando después de valorar positivamente dicho libro el cura dice “merecía el que le compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida”.

Personalmente creo que quizá Cervantes juzga así este libro por sus connotaciones religiosas (Tirante es un personaje poco ortodoxo) o bien por ser fiel a la opinión que ese tipo de libros le merecen.

Aunque la novela pastoril se incluya en el apartado de poesía, según la preceptiva, la poesía podía escribirse tanto en prosa como en verso.

Otros libros que aparecen en la novela son los que posee el ventero Juan Palomeque, compuesta por libros que los viajeros han ido extraviando. Son cinco libros los que se encuentran en la venta: dos de caballerías y una crónica y dos manuscritos que son curiosamente El curioso impertinente y Rinconete y Cortadillo. Estos dos últimos manuscritos figuran como anónimos pero sabemos que Cervantes es su autor que modestamente pone en boca del cura que si El curioso impertinente fue una buena novela (recordemos que la leímos ente los capítulos XXXIII y XXXV) la otra también lo será.

Aunque el poseedor de la biblioteca y su familia sean analfabetos se interesan por esos libros que les han caído en las manos (aunque regalen Rinconete y Cortadillo al cura). Encontramos una interesante apreciación por parte del ventero (a parte de la del cura respecto a la novela de Cervantes) sobre la crónica: cree que en esta crónica hay menos verdades que en los libros de caballerías. Cervantes, por lo tanto, nos da a entender que quien así piensa es un analfabeto o una persona con poca o nula educación, el único tipo de persona a quien puede gustar y al mismo tiempo servir de modelo a seguir ese género maldito que según nuestro autor es el de la novela caballeresca.

BIBLIOGRAFÍA

Fuentes primarias:

  • CERVANTES: Don Quijote de la Mancha, 2 tomos, Barcelona, Editorial Petronio (Clásicos Petronio), 1973, 943pp.

  • CERVANTES: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha “Edición, prólogo y notas de Francisco Rodríguez Marín”, 8 tomos, Madrid, Espasa-Calpe (Clásicos Castellanos), 197510.

Fuentes secundarias:

  • BAKER, Edward: La biblioteca de don Quijote, Madrid, Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, 1997, 198pp.

  • CALDERÓN, Héctor: Conciencia y lenguaje en el Quijote y El Obsceno pájaro de la noche. Madrid, Editorial Pliegos (Colección Pliegos de Ensayo), 1988, 231pp.

  • JONES, R.O.: Historia de la Literatura Española. Siglo de Oro: Prosa y Poesía (Siglos XVI y XVII)” Edición revisada por Pedro M. Cátedra”, Barcelona, Editorial Ariel, Letras e Ideas, 199211, 347pp.

  • MORÓN ARROYO, Ciriaco: Nuevas meditaciones del <<Quijote>>. Madrid, Editorial Gredos (Biblioteca Románica Hispánica, Estudios y Ensayos, 240), 1976, 365pp.

  • RILEY, E. C. : Teoría de la novela en Cervantes. “Versión castellana de Carlos Sahún” , Madrid, Taurus (Persiles, 31), 19813, 359pp.

  • RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote. “Prólogo de Dámaso Alonso”, Barcelona, Salvat Editores (Biblioteca Básica Salvat, 49), 1970, 167pp.

Fuentes de internet:

  • CERVANTES, Miguel de: Don Quijote de la Mancha. En: http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/indice.htm

  • http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Cervantes/estudios/catalogo.shtml (Catálogo de estudios de Cervantes)

Utilizaré otro formato tipográfico en las citas extraídas del Quijote.

Según Edward O. Riley en su Teoría de la novela en Cervantes. En las páginas 12-14 el autor selecciona varios trabajos acerca de la teoría literaria cervantina: el de Menéndez y Pelayo en el volumen II de su Historia de las ideas estéticas en España, el de A. Bonilla en Cervantes y su obra, el de Américo Castro en El Pensamiento de Cervantes, etc.

En RILEY, E. C. : Teoría de la novela en Cervantes

Téorico porque muchos de los elementos que forman el tapiz de la obra permitirían sistematizar una teoría literaria, y práctica porque el tapiz/obra constituye un ejercicio práctico sustentado por esos presupuestos preceptos.

En la obra de Edward Baker La biblioteca de don Quijote se dice que el calificativo desocupado “perfila un tipo de lector de una zona de ocio y de casualidad” (tomando literalmente esta definición de Mario Socrate).

En la página 7 del primer tomo de CERVANTES: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 8 tomos, Edición, prólogo y notas de Francisco Rodríguez Marín, Espasa-Calpe (Clásicos Castellanos), Madrid, 197510. Todas las citas están copiadas de esta edición por eso a partir de ahora sólo señalaré el número de la página.

En la página 9 del tomo I.

Concepto de RILEY, E. C. : Teoría de la novela en Cervantes.

En la página 24 del tomo I.

En la página 24 del tomo I.

En la página 22 del tomo I.

En la página 19 del tomo I.

En la página 11 del tomo I.

En la página 11-12 del tomo I.

En RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

En la página 286 del tomo V.(Capítulo XVI de la segunda parte).

En el capítulo XLVII de la primera parte del Quijote (Página 229 del tomo IV).

Ver nota 16.

En la página 233 del tomo IV.

Ver nota 16.

En la página 263 del tomo IV.

En el capítulo III de la segunda parte del Quijote.(página 71 del tomo V.)

En la página 235 del tomo IV. (Capítulo XLVII de la primera parte).

En la página 288 del tomo V.

La descripción de la hipotética biblioteca de don Diego (el Caballero del Verde Gabán) está detallada en BAKER, Edward: La biblioteca de don Quijote.

En el capítulo XVI de la segunda parte del Quijote. (Página 288 del tomo V).

Ejemplos extraídos de RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

En las páginas 292-293 del tomo V.

En la página 294 del tomo V.

Ídem.

En el capítulo XVI de la segunda parte del Quijote. (Página 294-295 del tomo V)

“1.- Un amplio campo para describir: una variedad de sucesos excepcionales, un héroe ejemplar, acontecimientos trágicos y alegres (cambios de fortuna), una variedad de caracteres, una variedad temática que represente distintas ramas del saber, una variedad de cualidades y situaciones humanas ejemplares. 2.- Con: un estilo agradable, una invención ingeniosa, verosimilitud. 3.- Y con el fin de: alcanzar la perfección estética en una obra en que los distintos matices se presenten unificados. Deleitar y enseñar. 4.- Ofrece también la posibilidad de incurrir: rasgos de los cuatro géneros literarios mayores, las mejores cualidades de la poesía y de la oratoria. 5.- Pues la épica puede escribirse tanto en prosa como en verso.” (En RILEY, E. C. : Teoría de la novela en Cervantes).

En el capítulo XLVIII de la primera parte del Quijote.(Página 241 del tomo IV)

En el capítulo XXV de la primera parte del Quijote. (Páginas 288-289 del tomo II)

En el capítulo XLVIII de la primera parte del Quijote.(Páginas 245-246 del tomo IV).

En el capítulo III de la segunda parte del Quijote. (Página 75 del tomo V).

En la página 78 del tomo V.

En la página 79 del tomo V.

En el capítulo XLIV de la segunda parte del Quijote.(Página 124 del tomo VII).

En el capítulo III de la segunda parte del Quijote. (Página 81 del tomo V)

En el capítulo IV de la segunda parte del Quijote. (Página 87 del tomo V)

En el capítulo XLVIII de la segunda parte del Quijote.(Página 224 del tomo VII).

En el capítulo XVIII de la segunda parte del Quijote. (Página 325 del tomo V)

Página 321 del tomo VII.

Palabras textuales extraídas de RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

En la página 218 del tomo IV.

En RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

En la página 68 del tomo V.

En el capítulo III de la segunda parte del Quijote.(Páginas 77-78 del tomo V).

En la página 84 del tomo VIII.

En la página 86 del tomo VIII.

En el capítulo LIX de la segunda parte del Quijote. (Página 93 del tomo VIII).

En la página 157 del tomo VIII.

En las páginas 159-160 del tomo VIII.

En las páginas 331-332 del tomo VIII.

En la página 334 del tomo VIII.

En la página 335 del tomo VIII.

En la página 17 del tomo VIII.

En las páginas 80-81 del tomo V.

En MORÓN ARROYO, Ciriaco: Nuevas meditaciones del <<Quijote>>.

RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

Según la edición virtual del Institutos Cervantes esta obra de Joanot Martorell, terminada quizá por Martí Joan de Galba, se publicó por primera vez en 1490. Cervantes hubo de conocer la traducción castellana anónima (Valladolid, 1511), en la que tampoco figuran los nombres de los autores; el libro debía de ser muy raro: de ahí la reacción del cura.

Según RIQUER, Martín de: Aproximación al Quijote.

Apreciación de RILEY, E. C. : Teoría de la novela en Cervantes.

También en la edición virtual del Quijote del Instituto Cervantes se señala el problema de la ambigüedad: “El párrafo juega con la ambigüedad en tal grado, que ha merecido ser definido por Clemencín como el pasaje más oscuro del Q. Así, el que le compuso puede ser tanto el autor como el impresor; las necedades, interpretadas como `ficciones', `tonterías', `desatinos' u `obscenidades', pueden referirse tanto a Tirante como al autor o incluso al impresor; de industria: `a propósito'; echar a galeras: `condenar a remar en las galeras' o `imprimir un libro'. Con estas ambivalencias, el pasaje ha padecido una tormentosa serie de interpretaciones contradictorias.”

En BAKER, Edward: La biblioteca de don Quijote se demuestra esta afirmación respaldándola en Piciano y Cháscales.