Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Caballerías. Argumento. Adaptaciones infantiles

  • Enviado por: Tkmatt
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Un caballero en busca de aventuras

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivió hace mucho tiempo un hidalgo alto, seco que rondaba los cincuenta años que vivía con su sobrina y una criada. El hombre por su condición de noble pues tenia pocas obligaciones y se ponía a leer libros de caballería. El hombre se aficionó tanto a los libros que llegó a descuidar su hacienda y a vender parte de sus tierras por tal de comprarse mas libros. El hidalgo, de tanto leer libros de caballería se le secó el cerebro, y se creía que era un noble. Cogió una vieja armadura que tenía y una espada y se marchó en busca aventuras, con su caballo Rocinante y pensando en su amada Dulcinea del Toboso.

Todo el día sin comer estuvo el Hidalgo. Él y su caballo pasaron la noche en una venta que vieron al anochecer que se creía que era un castillo, y le dijo al ventero que si le nombraba caballero y el ventero que era muy burlón aceptó. Eso es lo que hizo a la mañana siguiente. El hidalgo fue nombrado caballero, monto a lomos de su caballo a buscar un escudero y camisas limpias. Por el camino se encontró a dos hombres que aprovechándose de su locura le pegaron burlas asta que Don Quijote cayó del caballo y se hizo polvo. Cuando llego a su pueblo, el cura juró al ver tal locura que tenía el Hidalgo quemar todos sus libros de caballería. Una vez quemados los libros, tapiaron la puerta.

Gigantes con Aspas

Dos días se llevó don Quijote dormido, al despertarse le dijo a su sobrina que qué había pasado con los libros, y la sobrina contestó que se los había llevado un hechicero con un dragón y Don Quijote se lo creyó.

La criada y la sobrina estaban las dos convencidas de que el Hidalgo ya asentaba los pies, pero no sabían que este ya estaba planeando otra salida. Fue a buscar a un hombre llamado Sancho Panza que le propuso ser su escudero a cambio de una Insula y este acepto, los dos se fueron una noche sin mediar palabra ni despedida con nadie. Don Quijote hablando con Sancho de repente se paró y dijo que iba a luchar contra unos gigantes, mientras Sancho le decía que eran molinos, Don Quijote ya se fue a batallar contra ellos y se llevo un buen porrazo y la lanza rota en dos, ya por la noche y el Hidalgo medio muerto, arreglo su lanza y se echaron a dormir, a la mañana siguiente aprovecharon todo el día para adelantar camino y encontraron una venta, en la que Don Quijote también se creía que era castillo y entraron para pasar la noche por que ya había oscurecido. Ya acostados Don Quijote se creía que allí en ese “castillo” había una princesa enamorada de él y pasó gran parte de la noche en vela asta que entró una mujer que había quedado con su amado y Don Quijote cogió a la muchacha para decirle que no le podía corresponder a su amor, a esto que el novio de esta, lo vio y se fue para el Hidalgo y le pegó tal puñetazo y unas patadas que se enteró toda la venta y se formó allí un buen barullo y quedaron todos malheridos. Ya pasado el incidente, Don Quijote se preparó un bálsamo que compartió con Sancho que al ver el buen resultado que le dio a Don Quijote decidió probarlo, cosa que fue lo que peor pudo hacer en su vida por que se echó a vomitar y vomitar y no paró en unas tres horas que creía que se moría. A la mañana siguiente Don Quijote no quería pagar y Sancho al ver lo que decía dijo que el tampoco pagaba, Don Quijote logró huir, pero al pobre Sancho le pegaron una paliza y cuando logró escapar dijo Don Quijote, -Al final no fue tan malo, ¡qué demonios! Al menos no hemos pagado.

El yelmo del barbero y la aventura de los galeotes

Sancho, estaba maldiciendo las aventuras que le proponía Don Quijote, pero pensando en su Ínsula se le quitaron las ganas de mandar a su amo al garete. Ya pasado un rato de esto Don Quijote confundió un rebaño de ovejas con un ejercito de moros con lo que mató a seis ovejas y hirió a una cuantas, los dueños del rebaño dejaron casi muerto a Don Quijote a pedradas. Casi de noche ya, los dos estaban buscando agua y se les hizo de noche, a esto que el Hidalgo quiso beber del bálsamo y para él ya estaba completamente curado, sin dientes, pero curado. El Hidalgo y Sancho, estaban oyendo en ese bosque tan oscuro unos truendos que parecía un gigante dando saltos y Don Quijote quería saber que era y decirle a Sancho que si no volvía en tres días que fuera al Toboso para decirle a Dulcinea que había muerto en su honor, Sancho que era muy cobarde, se las apaño para convencer a Don Quijote de que no fuera, a la mañana siguiente fueron a una cascada y allí estaba su gigante, un molino de agua que hacia mucho ruido, bebieron los dos y se echaron camino arriba. Pasado un rato Don Quijote vio a unos presos que iban de camino todos atados a los barcos del rey a remar, y D. Quijote los liberó pegando un porrazo al guardia que los vigilaba y los presos ya se encargaron de los otros tres guardas, ya liberados D. Quijote les dijo que para agradecerles lo que había echo por ellos que fueran a decírselo a Dulcinea, y al ver que ellos no tenían la intención de ir, los insultó y arremetieron contra él a pedradas asta dejarlo muy mal y todos huyeron, Don Quijote a consejo de Sancho se fueron a esconder para que la Santa Hermandad no los castigasen por lo que el Hidalgo había echo.

Don Azote en Sierra Morena

Llegó Don Quijote a Sierra Morena, dolido por las pedradas y Sancho a como siempre iba a su lado. Don Quijote caminando se encontró una maleta muy vieja en la que había unas camisas y un libro en el que había muchas poesías, se le ocurrió un disparate al decirle a Sancho que fuera para el Toboso a llevarle una carta a Dulcinea, mientras el se quedaba haciendo penitencia a su amor. El hidalgo le dio a Sancho la carta escrita en el diario y se fue camino del Toboso. A los tres días de camino Sancho se quiso parar a comer algo en la venta en la que le pegaron la paliza y pensando si entrar o no, el cura del pueblo de Don Quijote, y el barbero y vieron a Sancho, este se quiso ir, pero al final se quedó quieto, el cura y el barbero le dieron de comer a cambio de que les llevara con Don Quijote y así fue, los llevó ante el pero el cura y el barbero disfrazados con una señorita que se habían encontrado en el camino que se llamaba Dorotea que se ofreció a ayudarles, hicieron tal plan de que el barbero era un subdito de Dorotea que era una princesa llamada Micomicona del reino de Micomicona, que lo que quería era que Don Quijote fuera a su reino a librarle de un gigante que le intentaba quitar su reino y Don Quijote aceptó. Ya en el camino se encontraron a otro hombre, que era el cura disfrazado que se ofreció a ir con ellos, ya los cinco en camino fueron hablando en grupos y Don Quijote hablaba con Sancho que qué le había dicho Dulcinea y le dijo que no se la había entregado por que se dejó el libro con la carta escrita en manos de Don Quijote pero este le preguntó, -¿y se la recitaste a algún maestro para que se la copiara verdad?- Sancho dijo que si y pensando pensando diciendo una mentira tras otra decía en su mente que había sudado mas en ese rato que en toda una vida trabajar en el campo.

Don Quijote y sus demonios

Tras pasar la noche en un raso, Don Quijote y Sancho, además de Dorotea y su séquito, descansaron en la venta donde recibió Sancho la paliza. Don Quijote se durmió enseguida a esto que al tiempo de estar allí el cura y Dorotea, de repente llegó Sancho diciendo que su señor estaba luchando contra el gigante y que le había cortado la cabeza, y que todo estaba lleno de sangre. Cuando llegaron a la habitación se encontraron a Don Quijote pegando espadazos a unos cueros de vino, que se habían rasgados y echados a perder en el suelo. Consiguieron dormir a Don Quijote, y al rato una voz de hombre entraba para pedir habitación en la venta, era el enamorado de Dorotea, que le dijo que se casaría con ella. Entonces Sancho comprendió que Dorotea no era una princesa y lloró por su ínsula. Ya a la mañana siguiente, Don Quijote se iba a levantar y no podía, entonces supuso que estaba encantado, y cuatro fantasmas (el cura y tres cuadrilleros) dijeron que estaba encantado porque lo iban a llevar al reino de Micomicona y Don Quijote iba feliz, Sancho que se lo olió, se lo advirtió a Don Quijote, pero este ciego con su sequera de seso, no le echó cuenta. Ya a la tarde, Sancho se ingenió un plan para poder sacar a Don Quijote de la jaula en la que estaba y poder demostrarle que no estaba encantado y que todo era un plan de sus paisanos. Ya fuera de la jaula Don Quijote, oyó el sonido de una trompeta que era el de una procesión. Eran unos ladrones sacando a una Virgen para pedirle que lloviese en el campo por que ese verano hacía una sequía tremenda, pero como Don Quijote no estaba donde tenía que estar, pues se creyó que la Virgen era una princesa y que ellos la habían raptado. El hidalgo se propuso liberarla con lo que uno de los ladrones le pegó un bastonazo en el hombro que lo dejó ko en el suelo, mientras Don Quijote recuperaba el poco sentido que tenía, sus paisanos lograron llevarlo a su casa y decirle a la sobrina y a la criada que lo dejaran en la cama y que le impidieran próxima huidas.

Dulcinea en su borrica

Cuando Teresa Panza vio los cien escudos que su marido traía de Sierra Morena, empezó a dar saltos de alegría, pero Sancho le advirtió que aquello no era más que el comienzo, ya que muy pronto volvería a los caminos y sería gobernador de una ínsula. Un buen día, Sancho acudió a visitar a Don Quijote en compañía de un joven bachiller del pueblo que se llamaba Sansón Carrasco. Cuando Sancho oyó aquello, toda su alegría se volvió en tristeza. Sancho ya no sabía que decir para disimular sus mentiras, pero Don Quijote vio un bulto grande y se fueron.

Loco de alegría, Don Quijote extendió la vista hacia el Toboso, pero cuando vio a las tres mujeres que se acercaban, se quedó más pálido que un muerto, Don Quijote acudió a toda prisa a levantar a Dulcinea, pero la dama no necesitaba ayuda de nadie, mientras su amo conversaba, Sancho se apartó del camino para comprarle unos requesones a unos pastores que ordeñaban ovejas. Eso es verdad, así que ven a cerrar la puerta y a partir de ahora la aventura de los leones. Cuatro días pasaron Don Quijote y Sancho en el hogar de caballero, a quien muy pronto tuvieron por un santo, en realidad, tan sólo le inquietaba una cosa, descubrir si Don Quijote era un cuerdo a que tiraba, a un loco que hablaba como un sabio.

El desafío, la cueva y el retablo

El día en que dejaron la casa del caballero del verde Gabán, Don Quijote y Sancho se cruzaron en su camino con unos cómicos que viajaban disfrazados de un pueblo a otro. Aquella noche, los dos andantes se refugiaron en un bosque de altos árboles, donde toparon con otros dos hombres de su mismo oficio, pues uno era caballero como Don Quijote y el otro era escudero como Sancho. Así que fueron a buscar a sus escuderos para decirles que tuvieran las armas y el caballo a punto en cuanto amaneciera, porque iban a luchar. Miró Don Quijote al escudero y, al ver en sus narices eran en verdad horrorosas, no dudó en ayudar a Sancho a trepar al alcornoque; Entonces, Don Quijote se aupó de Rocinante y acudió junto al caballero de los espejos para comprobar si lo había matado, Don Quijote envainó su espada y ayudó al caballero a levantarse, tras lo cual le dijo a Sancho que ya era hora de irse, porque aquella aventura había tocado a su fin, viendo que no había modo de hacerle caminar de opinión, Sancho y el estudiante le ataron una cuerda larguísima alrededor de la Cintura y la fueron soltando poco a poco mientras Don Quijote se hundía en las tinieblas de la cueva.

Pero ninguno de los dos llegó a sospechar a un en todo aquello hubiera gato encerrado. En realidad, el mono no adivinaba nada, pero estaba amaestrado para subirse al hombro de su dueño y mover la boca como si hablase, el descándalo era tan grande que hasta el mono adivino echó a correr y huyó por los tejados de la ventana. Y así lo hizo, pagando real por real todas las heridas de las que habían perdido la cabeza, los ojos, la nariz, e incluso desembolsó dos reales por el trabajo de agarrar el mono. Claro que otro gallo le habría cantado al tal maese Pero si Don Quijote hubiera sabido quién era en verdad aquel titiritero.

El barco encantado y el caballo volador

A los tres días de salir de la venta, Don Quijote y Sancho, se cruzaron al pie de una loma con un escuadrón de más de doscientos aldeanos que iban armados hasta los dientes con lanzas, ballestas y arcabuces. Dicho esto, Sancho se llevó las manos a las narices y comenzó a rebuznar con tanta fuerza que retumbaron todos los valles cercanos. Mira, Sancho, ese es el castillo que buscamos. La duquesa presintió que la charla sería entretenida, y no se equivocó, porque aquella tarde Sancho se mostró como el escudero más charlatán y divertido del mundo. Y así lo hicieron. Uno de aquellos días invitaron a Don Quijote y Sancho a una cacería en el monte, donde el pobre escudero pasó mucho miedo al cruzarse con un jabalí de grandes colmillos.

Y al día siguiente volvieron a las andadas, pues le hicieron creer a Don Quijote que una condesa lo andaba buscando para pedirle a Don Quijote que viajaría a Candaya y lucharía con Malumbrono, pero Sancho no quería acompañarle, pues temía que en su ausencia le quitasen la ínsula que le habían prometido. Don Quijote y Sancho subieron al caballo y se dejaron tapar los ojos, el amo con muchas ganas de tantas veces, y , con esa satisfacción, se fue hacia los duques, que fingieron despertar de su desmayo y alegrarse mucho con la noticia de que la aventura había terminado sin daño para nadie.

La ínsula barataria

Al día siguiente del vuelo de Clavileño, el duque le dijo a Sancho que se preparase para salir de viaje, porque le había llegado el momento de ser gobernador. En resolución, Don Quijote le dio a Sancho más de treinta o cuarenta consejos, todos atinadísimos y muy juiciosos, pues ya se sabe que el hidalgo sólo disparataba en las cosas de la caballería. Cómo Sancho no sabía lo que quería, quería un queso, no le extrañó que la suya estuviera en tierra firme.

Muy temeroso quedó Sancho con aquellas noticias, pues no sabía que eran simples embustes del duque para meterle miedo. El paje se guardó las cartas, atravesó el saco en las ancas de un caballo y volvió a toda prisa al palacio de sus señoras, y es que la pobre Teresa no sospechaba que el poder de su marido se iba a deshacer en dos días como el humo en el viento. Sin embargo, tanto le insististe, que al final dejó que lo armasen. De modo que lo pusieron en pie, le quitaron los escudos y le dijeron un buen trago de vino, y entonces Sancho volvió a su cuarto sin decir nada y comenzó a vestirse en silencio. Aquella noche, Snacho se deshizo en lagrímas cuando le leyeron las cartas de su Teresa, porque le dio mucha pena pensar en que poco había quedado el deseo de su mujer.

El retorno del caballero

Cuando Don Quijote se vio de nuevo a cielo abierto, libre para ir a donde quiera, bien veo que sois el famoso Don Quijote, y este es sin duda vuestro leal escudero. Don Jerónimo le dijo que en Barcelona había otras justas donde podría demostrar su valor, así que a la mañana iguiente Don Quijotey Sancho se pusieron en camino hacia tierras Catalanas. Pero Sancho ya no le escuchaba, pues se había alejado un buen trozo buscando otro árbol bajo en el que dormir. Al fin, por atajos y sendas esconcdidas, llegaron a Barcelona, donde Don Quijote y Sancho vieron por vez primera el mar, del que admiraron su abundancia belleza, de modo que los dos caballeros se alejaron el uno del otro y luego comenzaron a correr para embestirse con las lanzas.

Pidió el escudero un cuartillo por cada azote y luego calculó a duras penas que la azotana completa le iba a salir a Don Quijote por ochocientos veinticinco reales, con los que Sancho pensaba entrar en su casa rico y contento aunque bien azotado. Comprendió que Don Quijote se estaba muriendo. Pero recibió la noticia con ánimo sosegado, pero Don Quijote insistió en que ya no estaba loco si no cuerdo, que ya no sería caballero ni pastor, o sino Alonso Quijano el bueno, que había nacido Hidalgo en una aldea de la Mancha.

Y con eso se acabaron las hazañas de y desdichas de aquel hidalgo que se dejó engañar por uss libros y murió cuerdo después de vivir loco.

Que en paz descanse allí donde esté