Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Caballerías. Argumento. Personajes. Recursos técnicos

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PRIMERA PARTE

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

(Año 1605)

(D. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA)

INTRODUCCIÓN SOBRE EL AUTOR

Nacido en Alcalá de Henares en 1547, a los 22 años se enroló en los tercios de Italia, participó en la batalla de Lepanto (1571), fue apresado por los trucos y cautivó en Argel, liberado volvió a Madrid y comenzó a dedicarse a la literatura con muy poco éxito.

Debido a las dificultades económicas aceptó el cargo de comisario Real en la Armada Invencible, fue acusado de la mala administración de los fondos recaudados y fue encarcelado, en 1605 publicó la primera parte del Quijote iniciándose su etapa fructífera en literatura hasta su muerte en 1616 (en ese año nació William Shakespeare).

Considera la poesía como el género literario por excelencia, una de sus obras mas extensas es “Viaje al Parnaso”.

-Teatro.

1ª etapa (1580- 1587): Sigue las normas del teatro clásico, solo se conservan dos; “Numancia” y “Los Tratados de Argel”.

2ª etapa : Debido al fracaso anterior empezó a fijar en fórmula dramática de Lope de Vega y escribió 8 comedias y 8 entremeses nunca representados. Donde realmente destaca es en la novela.

-La novela, “Novelas Ejemplares”.

Colección de 12 relatos que se publicaron en 1613. Aparece la novela corta copiada de los italianos.

-Títulos.

“La Gitanilla”, “El Coloquio de los Perros”, “El Licenciado Vidriera” y “Rinconcete y Cortadillo”.

-Novela pastoril.

“La Galatea (1585)”, narra los hechos amorosos entre dos pastores hacia Galatea.

-Novela de aventuras.

“Los trabajos de Persiles y Segismunda”, es la última novela de Cervantes en 1617, se publicó después de su muerte. Trata de dos personajes que van a Roma para casarse y cuentan sus aventuras y desventuras.

PERSONAJES

Don Quijote de la Mancha

Su nombre real es D. Alonso Quijano, hidalgo (Noble de baja categoría), rural, aficionado a la lectura, pobre e idealista.

Tras leer numerosas novelas de caballerías, D. Quijote enloquece y cree ser un caballero andante como los protagonistas de sus libros.

Incluso crea una dama de la que enamora “Dña. Dulcinea del Toboso” como en las novelas de caballerías.

Sancho Panza

Hombre rústico, labrador manchego, ignorante, interesado pero dotado de un ingenio natural.

HISTORIA

Considerada la primera obra moderna, Cervantes, nos la sitúa en un mundo novelesco, si no en la realidad de la época de ese choque, deriva parte de la modernidad de la obra.

PRINCIPALES RECURSOS TÉCNICOS

Cervantes finge no ser el autor, si no un copista que transcribe un manuscrito que ha encontrado.

D. Quijote es una novela moderna por sus personajes, por la historia que narra y por los recursos técnicos que utiliza:

  • El diálogo entre los personajes como medio para mostrar la verdadera historia resulta un recurso muy novedoso.

  • El humor resultante del choque entre ambas personalidades es un proceso habitual.

  • El polisíndeton, que consiste en el empleo reiterado e innecesario de conjunciones copulativas y que dota de gravedad y lentitud a los textos.

  • También se utiliza el asíndeton, es decir, la ausencia de conjunciones copulativas.

  • Arcaísmos usados por D. Quijote:

    • Conservación de la f- inicial latina: Fecho, fermosura, fuyan, fazer.

    • Uso del adverbio non: Non fuyan.

    • Uso de vos por os.

    • Conservación de la -d- intervocálica en las antiguas formas verbales de la segunda del plural: Habedes, acuitedes, mostrades.

    • Voces anticuadas: Afincamiento/apremio, congoja; membrarse/recordar, apiadarse; maguer/aunque.

  • Recursos expresivos de la lengua popular:

    • “...¡Para mis barbas! dijo Sancho...!”. (S. XVIII).

    • “...¡Así me vuelvan las pulgas de la cama!...”. (S. X).

    • “...¡Pues voto a tal!... -dijo Don Quijote...”. (S. XII).

  • Neologismos: baciyelmo, semidoncellas, sobrebarbero.

RESUMEN POR CAPÍTULOS

CAPÍTULO I

(Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha).

Según unos estudios recientes, el lugar de la Mancha a que se refiere D. Miguel de Cervantes es Villa Nueva de los Infantes (Ciudad Real), así pues allí comienza nuestra historia.

D. Quijote de la Mancha o Alonso Quijano (como se nos indica posteriormente), es un hidalgo (noble de baja categoría) apasionado por las lecturas de caballerizas, esa pasión va desembocar en una locura que le lleva a la búsqueda de aventuras con el objeto de poder revivir esas novelas que tanto le cautivan durante tan largas noches. Así pues, nuestro hidalgo, coloca las armas en ristre y se dispone a convertirse en caballero andante, convencido de que así podrá revivir esas historias. Orgulloso de su caballo “Rocinante”, un animal del que solo se ve piel y huesos, pero que para D. Quijote es el homologo del caballo del Cid o de Alejandro.

Por último, y como retoque final D. Quijote inventa una doncella “Dña. Dulcinea del Toboso”, elucubrando que no puede existir caballero que se precie sin una dama a la que rendir cuentas y de la que estar enamorado.

En éste capítulo también se nos muestra una descripción del personaje, que nos refleja un hombre desgarbado y huesudo, de nutrición escasa (presumiblemente achacable a su desidia administrativa, carencia pecuniaria y su afán ciego hacía la lectura de novelas de caballerizas que le distrae de otros menesteres). Así como del servicio que a él le pertenece; una doncella y un mozo polivalente que lo mismo le ensilla el caballo que le poda el jardín, junto con una sobrina que hace las veces de auxilio para la doncella.

CAPÍTULO II

(Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso Don Quijote)

Comienza la partida de nuestro personaje hacia sus aventuras una madrugada del mes de Julio, una vez ensillado su caballo y preparadas sus armas dispone su salida, y como es de costumbre en su personalidad, va fantaseando sobre las cosas que le acontecerán, las cosas sobre las que se escribirá sobre su persona y sus logros como caballero que incluso serán esculpidos para el recuerdo. Se encuentra tan inmerso en su fantasía que incluso le pide a la persona que se vaya a encargar de narrar sus hazañas, ¡que por Dios!, no se olvide de su jamelgo. Y como no, hace mención de su bella dama Dulcinea, mientras menta lenguaje salido de sus novelas.

Tras todo el día de andanza con su caballo y no hallar aventura alguna, tropieza con una posada en la que en la puerta se encuentran dos prostitutas y un ventero que se encargan de darle alojamiento y de cenar, pero, Don Quijote que se encuentra inmerso en su locura imagina que es un castillo, donde el ventero es el señor, las prostitutas son bellas damas, y de ésta manera va imaginándose todo tipo de fantasías caballerescas e introduciendo al mundo real que le rodea un toque de imaginación con el objeto de crear su propia realidad basada en una ficción.

CAPÍTULO III

(Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero)

El afán de Don Quijote por armarse caballero no tiene límites, es tal, que aprovechando su estancia en el “castillo”, le solicita al ventero de la posada que lo arme caballero. El ventero que ya se ha percatado de la disfunción de Don Quijote procede a reírse a su costa alimentando sus fantasías, diciéndole que accedería al amanecer a armarlo caballero. Don Quijote por lo tanto, se ve en la obligación de prestar servicio de armas durante una noche en el “castillo” (concretamente en la “capilla”), el ventero, que le sigue el juego, le dice que no hay capilla en el “castillo” por estar derruida, pero que igualmente podrá prestar servicio en cualquier patio del mismo. Así pues, ¡dicho y hecho!, Don Quijote procede a prestar su servicio de armas en un patio de la venta en el que había un pozo de donde se daba de beber a los animales.

En el transcurso de la noche Don Quijote se ve obligado por su locura a atizar a dos arrieros (que se suponían bribones) que se acercan casualmente a dar de beber a sus animales (con el concerniente zipizape). El ventero entonces, se replantea el seguir mofándose de Don Quijote y toma la determinación de nombrarlo caballero cuanto antes con el objeto de perderlo de vista. Así pues, el ventero y las mujeres “de moral distraída”que regentaban el lugar, proceden a ingeniar una ceremonia con el mayor realismo posible para otorgar mayor credibilidad al evento, y así es como Don Quijote de la Mancha es armado caballero.

CAPÍTULO IV

(De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta)

Nuestro querido hidalgo, sale de la venta más contento que unas pascuas con la idea de que ha sido nombrado caballero y prosigue su camino en busca de nuevas aventuras que por gracia o por desgracia no tardará en encontrar.

Durante su trayecto de vuelta a su casa (para aprovisionarse de dinero, camisas y escudero, como los “verdaderos caballeros”) se encuentra con un señor azotando a un mozo, viendo la situación Don Quijote se dispone a desfacerla y les pregunta a ambos que qué ocurre. El señor le recrimina al mozo que le ha despistado varias ovejas por su falta de atención mientras que el mozo le recrimina al señor que no le ha pagado en 9 meses. Así pues, nuestro ingenioso hidalgo, procede a tomar una decisión salomónica y acuerda, que dejará vivir al señor, a cambio de que le pague las deudas al mozo, a lo que el señor accede indicando, que si el mozo le acompaña a casa le pagará lo que le debe con creces (todo ello con objeto de permitir que D. Quijote se marche y que el señor pueda proceder a continuar con sus azotes).

Quedando muy satisfecho D. Quijote con su decisión, prosigue su camino en busca de su hogar cuando, ¡de repente!, se topa con un grupo de mercaderes en caravana a los que detiene exigiéndoles alabanzas hacia su querida, a mercaderes (que como el ventero se coscan de que le falta un riego a D. Quijote) le responden que no conocen a tal querida, y que si pudiesen ver imagen de la misma opinarían lo que a D. Quijote le viniese en gana, incluso siendo ésta poco agraciada o tuerta. A lo que D. Quijote, ante tal agravio, se dispone a arremeter contra los mercaderes con tal mala suerte que su caballo tropieza y aprovechando tal caída es molido a palos por uno de los mozos que se ensaña con él.

CAPÍTULO V

(Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero)

Gracias a Dios, D. Quijote es hallado por su vecino, que lo encuentra desfallecido tras recibir los palos por su inconsciente agravio. Su vecino que se hace responsable de él, lo monta en su mula y procede a devolverlo a casa, no sin antes tener que escuchar de nuestro protagonista divagaciones sobre historias de caballerizas que hacen ver a su querido vecino que no está cuerdo el Señor Quijano (que así es como se llamaba realmente D. Quijote).

Tras la espera oportuna con el objeto de poder entrar de noche en el pueblo para disimular un poco las heridas del hidalgo, es dejado en el hogar donde lo están esperando preocupados sus familiares(su sobrina) y amigos,(la sirvienta, el cura y el barbero y el mozo) y trasladado a sus aposentos con objeto de curar sus heridas (más que nada moretones), en donde aún con aliento continúa con sus divagaciones de caballerizas mientras su sobrina se apena de no habérselas prohibido antes.

CAPÍTULO VI

(Del donoso (gracioso) y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo)

Acostado ya en sus aposentos Don Alonso Quijano, el ama, el cura y el barbero llegan a la determinación de que es necesario destruir la lectura del señor para acabar con su locura, así pues, deciden quemar su literatura en el corral, no si antes hacer una selección que comienza inconscientemente y que acaba por ser imperativa, ya que, una persona con cierta cultura no permitirá la destrucción de tal riqueza literaria.

*Se hace notar la poca importancia que se les daba a las obras literarias en aquella época, que son quemadas sin ningún miramiento (o pocos) pudiendo hallar otras posibles soluciones, todo ello probablemente causado por la carencia de cultura del momento.

Independientemente de éste capítulo, que no trata si no de la selección de los libros que se le van a entregar al fuego y de cómo el criterio de selección para con ellos, llama la atención, la forma que tiene D. Miguel de Cervantes de hacerse propaganda en el siglo XVI sobre sus obras, ya que, aprovechando el nombramiento de los títulos de los libros (como si de una imagen subliminal en un film contemporáneo se tratara) que se queman en el capítulo, aprovecha para nombrar tanto a su persona como a una de sus obras “La Galatea”, la cual por lo que se ve, en su día no tuvo mucha aceptación y nos pide que esperemos a leer su segunda parte (de boca del personaje que interpreta el cura) que remendará la fama de su antecesora. De esta guisa no solo se hace su propio marketing, si no, que redunda con su nombre en la historia para que no pase desapercibido por el lector.

CAPÍTULO VII

(De la segunda salida de nuestro buen caballero Don Quijote de la Mancha)

Tras el sacrilegio de la quema de las obras literarias que se encontraban en la biblioteca de D. Quijote, el cura, el ama, el barbero y la sobrina proceden a tapiar los aposentos donde se encontraban dichas obras y acuerdan inventar una historia con el objeto de poder explicarle a D. Quijote la razón del cómo han desaparecido sus libros.

Que mejor forma se les ocurre para explicar el fenómeno que una historia en la cual, un mago de los que aparecen en sus novelas de caballerizas ha venido volando y con su furia a hecho desaparecer los aposentos y quemado sus novelas. D. Quijote, que se halla inmerso en su sin razón, ve totalmente comprensible que uno de sus enemigos aférrimos haya hecho tal cosa, así pues, el cura, el ama y los demás solventan el asunto de la manera más “razonable”.

*Este capítulo es especialmente importante debido a la aparición del compañero de aventuras de D. Quijote, el humilde Sancho Panza que será su escudero, quien no duda en dejarlo todo por seguir a su señor con el objeto de hacer la riqueza con la que D. Quijote promete obsequiarle a cambio de sus servicios como escudero. Un hombre de campo (labrador manchego), con pocas posesiones, rústico e ignorante y que aparentemente promete poner el toque de humor a la novela.

CAPÍTULO VIII

(Del buen suceso que el valeroso D. Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos de felice recordación).

*El encuentro de D. Quijote y Sancho Panza con unos molinos de viento ocasiona el hecho de su primera aventura juntos. En este capítulo comienzan a mostrarse los rasgos de Sancho Panza, principalmente sus hábitos cotidianos.

D. Quijote con ansias de entrar en batalla, al ver unos molinos de viento, cree estar viendo gigantes de brazos de 2 leguas (unos 10 Km.), a lo que Sancho Panza (en el que se empieza a denotar su función de aplicar un poco de cordura a su señor), le comunica que no son gigantes, si no molinos de viento. D. Quijote encenegado por su afán de caballerismo y obviando todos los consejos de su fiel compañero, arremete contra los mismos con el consiguiente batacazo al colisionar con ellos. Por un momento parece que Sancho alimenta la imaginación de D. Quijote (que al quebrársele la lanza con el impacto de los molinos), le sugiere conseguir otra con un tronco de encina remitiéndose a una novela de caballeriza de la que oyó en su día.

Sancho Panza tras este incidente, procederá a recomponer a nuestro protagonista sin darle más importancia al asunto.

Posteriormente a estos hechos, nuestros amigos ponen dirección a Puerto Lápice (lugar de mucho transito), con el objeto de la búsqueda de muchas y mejores aventuras, con tal mala suerte que por el camino tropiezan con cortejo encabezado por dos frailes de San Benito, un carruaje y sus respectivos mozos, y la imaginación de D. Quijote se pone otra vez en marcha pensando que eran villanos que portaban unas princesas en el carruaje raptadas. Así pues, y como buen caballero andante, procede a liberar a las princesas como bien indica el código de caballero, y sin más dilación arremete en palabras contra los supuestos villanos, a lo que los susodichos frailes, anonadados por las vestiduras y formas de nuestro hidalgo proceden dar una explicación que por supuesto no es escuchada por D. Quijote y se presta inmediatamente a la batalla propinando un mandoble con su espada al primero de ellos (que derriba de su asno) y dándose a la fuga el segundo al observar éste lo que se le avecina.

Sancho Panza ni corto ni perezoso, y siguiendo el estricto código de caballerizas de su señor, procede “como manda la ley”, a cobrar los despojos de la batalla acaecida, y comienza a desnudar al fraile con el propósito de hacerse con sus pertenencias.

Uno de los mozos que se acerca a ver lo que ocurre, interroga a Sancho y le pregunta el porqué de sus actos, y al ofrecerle tan absurda explicación, el mozo cocea a nuestro escudero. En esto, el mozo que se encargaba de la custodia del carruaje (que era vizcaíno), al escuchar tantas sandeces, increpa verbalmente a D. Quijote, el cual ante tal agravio no tarda en confrontar a ambos hasta el punto álgido de la batalla en el que se interrumpe el capítulo por falta de referencias de la historia.

* D. Miguel de Cervantes narra esta historia fingiendo ser un mero transcriptor de un manuscrito encontrado, de ahí que le permita utilizar el recurso de la falta de documentación en un punto de la historia de particular interés (en este caso, el desenlace de la batalla entre “el vizcaíno” y D. Quijote) , que en aquella época tenía precedentes literarios y folclóricos.

SEGUNDA PARTE

DEL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE LA MANCHA

(Año 1615)

CAPÍTULO IX

(Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron).

En la introducción de este capítulo D. Miguel de Cervantes nos muestra los antecedentes de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, la ficticia procedencia del mismo. Ficticia, puesto que emula que encuentra el manuscrito escrito por un tal Cide Hamete Benengeli (historiador arábigo) por las calles de Alcalá de Toledo casualmente al oír la risa de un árabe que se encontraba leyendo un manuscrito, y que al interrogarle D. Miguel que es lo que encuentra tan gracioso, la respuesta que halla es que, en un apunte del manuscrito que esta leyendo habla de una tal “Dulcinea del Toboso” y que le hace gracia. Así es como D. Miguel con gran interés por los manuscritos procede a comprarle por medio real los susodichos al mozo que los portaba antes de que otro los adquiriese.

*Esta forma de narrar la historia, le propina a D. Miguel muchas posibilidades que va aplicando a lo largo de la novela.

D. Miguel se toma cierto tiempo en este capítulo para la descripción de los manuscritos adquiridos, de ésta forma aprovecha para refrendar la descripción de D. Quijote y Sancho Panza y de paso revivir la situación de combate en donde nos había dejado el autor en la anterior parte de su novela, de esta manera nos vuelve a meter en la historia y nos prepara para su continuación, la cual finaliza con la victoria de nuestro héroe.

CAPÍTULO X

(De lo que más le adivino a D. Quijote con el vizcaíno y del peligro en que se vio con una caterva de yangüeses).

Después de la guisa ocurrida con el vizcaíno, Sancho Panza, haciéndose ilusiones de que su señor ya ha ganado la ínsula prometida se la reclama, respondiéndole D. Quijote que esa no es lucha de ínsulas si no cruzadas en las que nadie sale ganando, todos pierden. Así pues, prosiguen su viaje con la sugerencia de Sancho Panza de refugiarse en una iglesia con el objeto de que no les aprese la Santa Hermandad (antiguamente no se podía apresar a nadie que se refugiase en una iglesia) y de paso curar sus heridas.

Con objeto de la cura de las heridas de D. Quijote, sale a relucir una especie de poción milagrosa que D. Quijote conoce y que tienta a Sancho hasta tal punto que renuncia a su ínsula con tal de conocer tal receta y comerciarla por el resto de su vida, y así darse por pagado de sus servicios hacia su señor, a lo que su señor responde que : “...cosas más importantes te enseñaré durante nuestras andanzas...”.

A continuación vuelve a salir el tema de la ínsula de Sancho Panza, esta vez, D. Quijote le dice que no se preocupe, que si no gana una ínsula la otorgará el reino de Dinamarca o similar.

*Produce curiosidad la forma en que D. Quijote (teniendo de parte la ignorancia de su escudero), sale airoso de las propias reglas que del código de cabellaros se desprenden, maleándolas en su beneficio a la hora de verse en algún aprieto cotidiano como pueda ser la dieta de los mismos y de esta manera poder satisfacer en alguna manera sus necesidades fisiológicas básicas.

En este capítulo los aventureros terminan contra su voluntad durmiendo en una cabaña de cabreros por la imposibilidad de llegar al pueblo , que no es desaprovechada por Sancho para hacer méritos en su ascenso hacia el título de caballero (al demostrar su endurecimiento al pernoctar al aire libre durante noche tras noche).

CAPÍTULO XI

(De lo que le sucedió a D. Quijote con unos cabreros).

*Aquí es donde tenemos la oportunidad de conocer las costumbres de etiqueta de la época, en los estamentos representados por los cabreros y Sancho como por D. Quijote, y como al invitar D. Quijote a Sancho a comer a su lado como un igual, éste renuncia por encontrarse más a gusto faltando a las cuestiones de etiqueta en la “mesa” y preferir las de su entorno.

Después de la cena con los cabreros a la que habían sido invitados, D. Quijote, en la sobremesa comienza a soltar una arenga de divagaciones, de ensalzamiento hacia la hidalguía y agradecimientos a sus anfitriones que parece ser ignorada por los comensales, que están concentrados en su digestión más que en las historias de nuestro noble.

*Esto una vez más denota la mentalidad de la época en la que el pueblo llano se centra en las cosas en las que hay que centrarse (satisfacer los instintos primarios), sin distracciones ni estupideces de índole nobiliaria o aristocrática.

En todo momento se describen las formas de los distintos componentes de la cena en los que se denota claramente su nivel cultural, tanto en las formas a la hora de comer como al término de la misma, en donde es invitado un juglar a cantar y a su termino D. Quijote se lo agradece con otra petición mientras que Sancho (que solo piensa en lo que el cuerpo le dice), finiquita el asunto por cuestiones de somnolencia sin darle más mérito al arte contemplado.

CAPÍTULO XII

(De lo que contó un cabrero a los que estaban con Don Quijote).

En esto que apareció un mozo que provenía del poblado amigo de los cabreros, contando una historia de un hidalgo rico que se comentaba por el pueblo que había muerto de amor por una dama cabrera de gran belleza del que muchos mozos estaban enamorados, y que para no intimidar a la misma, cambia de hábitos con el fin de conquistarla. Al final, el protagonista del cuento, al no aguantar más muere de amor (se suicida).

*En este apartado una vez más se nos deja claramente visible la diferencia de culturas entre los diferentes estamentos sociales que reinaban en la época ya que, el mozo que nos narra la historia no hace más que cometer errores en el habla, a lo que D. Quijote (en el que se denota un gran nivel cultural) no hace más que corregirlo, y que después de unas cuantas correcciones es recriminado por el mozo que le dice que deje de molestarle corrigiéndole y que le permita continuar la historia sin más interrupciones.

Así mismo D. Miguel de Cervantes aprovecha esta novela para mezclar, o darnos muestras del otro género literario al que se dedica, que no es otro que las novelas pastoriles, dándonos a probar un poco de esta literatura con el objeto de engancharnos.

CAPÍTULO XIII

(Donde se da fin al cuento de la pastora con otros sucesos).

Al levantarse todos por la mañana y unos de los cabreros interroga a D. Quijote que si acudirán al entierro del desdichado mozo enamorado, a lo que D. Quijote, deseoso de conocer más de la historia accede gustosamente.

Puestos ya en camino, se cruzan con otro grupo de personas que se dirigen al mismo lugar y persiguiendo la misma curiosidad que nuestro caballero andante.

El citado grupo, lo forman varios pastores ataviados con el duelo tradicional de la época y dos jinetes (aparentemente de buena familia), con su respectivo servicio. Uno de ellos que entabla conversación con D. Quijote, interroga a nuestro protagonista del porqué de sus vestimentas belicosas en tierras tan pacíficas, a lo que D. Quijote responde que la razón de las mismas es su condición de caballero andante. Dicho esto, no deja duda entre todos los integrantes del grupo de su falta de juicio, pero como al parecer el camino era largo, y por no hacerlo aburrido, el jinete que conversaba con él, decide averiguar hasta que punto D. Quijote está trastornado. Así pues, nuestro jinete le da coba al ingenioso hidalgo durante el camino al entierro con cuestiones de su hacer, no con tono de mofa, sino, con curiosidad.

*Es curioso como Cervantes, hace constantemente propaganda de sus obras en cuanto tiene la mínima oportunidad, que al narrar las diferentes conversaciones entre los distintos personajes que van sucediendo a lo largo de la novela, van hablado sobre los distintos personajes de las obras escritas por D. Miguel de Cervantes con todo detalle (se supone que con un una intencionalidad dirigida al “marketing” de la época).

CAPÍTULO XIV

(Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos).

*Don Miguel de Cervantes poseía unos grandes dotes poéticos de los cuales se hace acreedor en esta mezcla de narración y poesía, aprovechando una situación de tristeza intercalada con poesía melancólica que dota a la novela de mucha más riqueza literaria. Así mismo, Cervantes nos muestra que una de las formas de expresión de duelo y amor utilizados en la época era mediante el sentimiento poético. Se observa que conforme va avanzando la novela D. Miguel, va describiendo poco a poco todos los aspectos propios de su tiempo (en este caso, la expresión de los sentimientos humanos).

Nos encontramos en el entierro del mozo enamorado de Marcela y que por nombre portaba el de Grisóstomo, cuando de pronto aparece la extremadamente bella Marcela en el citado acontecimiento, aparentemente con el objeto de limpiar lo que se hubiera podido ensuciar su buen nombre por aquellos hechos tan desdichados.

Marcela argumenta a los allí presentes, que ella no tiene la culpa del suicidio de Grisóstomo, como tampoco de todos los hombres que de ella enamorados están. Explica que ella no es culpable de los dotes de los que la naturaleza le hubiera podido dotar para producir tal efecto entre los hombres y que en resumidas cuentas ella se apenaba de la situación, pero que no se sentía culpable de algo que no había hecho.

Posteriormente a lo ocurrido con Marcela, D. Quijote (que le falta tiempo para mostrar su gallardía y dotes de caballero andante), previene a los allí presentes que nadie ose seguir la marcha de Marcela o será castigado, tal y como mandan las leyes de caballerizas.

*El autor, hace ver al final del capítulo, que a pesar de la locura de D. Quijote y de sus excentricidades, es una persona que hace querer, y que independientemente de su carácter impulsivo es una persona agradable en trato. La invitación de los jinetes a que D. Quijote les acompañe a Sevilla en busca de aventuras, refrenda este sentimiento hacia el personaje principal.

TERCERA PARTE

DEL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE LA MANCHA

(Año 1615)

CAPÍTULO XV

(Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó Don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses).

Después del entierro, D. Quijote y Sancho Panza, se encuentran con un prado de hierba verde y un riachuelo que invita a reposar, a lo que nuestros amigos no se lo piensan y allí mismo sacian su hambre y se recostan, no sin antes dejar a sus anchas a sendos transportes.

No tardará en crearles problemas el hecho de haber dejado a sus bestias a libre albedrío, ya que al aparecer por allí ciertas yeguas de unos yangüeses que pacían por esos lares. Rocinante, que ni corto ni perezoso, y como buen animal, se encuentra a merced de sus instintos naturales, se acerca a las mismas a saciar sus inquietudes, es entonces cuando se crea el problema. Los yangüeses encargados de la custodia de dichas yeguas, al ver las intenciones de Rocinante, no se lo piensan dos veces y lo muelen a palos. Así mismo, D. Quijote y Sancho, que habían visto lo ocurrido se acercan a todo correr, a lo que D. Quijote le dice a su compañero que esa es gente de mala calaña, y que tienen que darles su escarmiento. D. Quijote permite que Sancho le ayude esta vez (ya que según el código de caballerizas, el hecho de que sea gente de baja relea le permite a Sancho entrar en el desagravio).

Sancho, que al contrario que D. Quijote es un hombre cuerdo, le informa a su señor de que por mucho que se deje llevar por su entusiasmo, los yangüeses son veinte y ellos solo dos, y que por consiguiente, la batalla está perdida de antemano. Aún así, Sancho que ve que su señor no se amedrenta, convidado por su valor, entra en disputa de la que ambos como era evidente salen escaldados.

Posteriormente al molimiento y a la retirada de los yangüeses (que caen en la cuenta de su barbarie), D. Quijote y Sancho que se encuentran tendidos en el suelo, comienzan a divagar sobre sus heridas, su actuación y la ideología de cada uno en relación a los enfrentamientos, una opinión que es claramente opuesta.

*Se llega a la conclusión, con forme se va avanzando en la novela, que entre D. Quijote y Sancho, existen grandes diferencias ideológicas (dos mentalidades totalmente diferentes) que les llevan a roces de poca índole. Es chocante, que aún así D. Miguel de Cervantes consiga entre ambos personajes tal química y compenetración.

Por último llegan a una posada tras partir del prado en donde se encontraban en el cual D. Quijote deja una vez más constancia de su trastorno al decir que es un castillo, y desoyendo una vez a Sancho que le informa de que no es castillo si no posada.

CAPÍTULO XVI

(De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él se imaginaba ser castillo)

Una vez en la venta, el servicio de la misma, socorre a nuestros magullados personajes y los alojan en una aposento común en donde además de los mismos se encontraba un arriero alojado. Dicho arriero tenia comprometida la noche con una de las que allí trabajaban de nombre Maritornes, mujer de moral distraída y de toscas formas.

Una vez acaecida la noche y nuestros amigos encamados, se tercia el cumplimiento del acuerdo entre el arriero y la “dama”, con tal mala suerte que nuestro hidalgo, que no podía pernoctar a causa de las magulladuras producidas por el enfrentamiento con los yangüeses, y que había estado imaginando las historias que les ocurren a los caballeros andantes (de los cuales siempre se enamora la hija del señor del castillo, que en este caso era Maritornes), le había entrado en ocurrencia, que aquella dama que aparecía en medio de la noche, iba en pos de las virtudes de nuestro caballero debido a su natural y evidente atractivo, y un caballero comprometido como era D. Quijote no iba a caer en la tentación faltando a su honestidad para con Dulcinea de Toboso, así pues, D. Quijote, que nota acercarse a Maritornes, la coge entre sus brazos y le dice que le es imposible satisfacer sus necesidades porque ya se encuentra comprometido.

Maritornes, que al ver el error intenta salir de entre los brazos de D. Quijote sin mediar palabra, forcejea con nuestro caballero con discreción para no alertar a los que se encuentran allí durmiendo, en esto que el arriero que estaba presenciando todos los acontecimientos, viendo que la dama con la que se había comprometido a pasar la noche estaba siendo forzada, ni corto ni perezoso, se acerca a su lecho y le propina un puñetazo tal que le hace sangrar las encías y rompe el lecho en el que se encontraba D. Quijote originando un gran estruendo.

En todo esto y con el alboroto, el ventero es despertado por el estruendo de la disputa y se acerca a ver que ocurre. Maritornes que escucha como se acerca su señor, se ve obligada a esconderse en el lecho de Sancho Panza, con tal mala suerte, que con todo aquel bullicio, nuestro escudero se levanta de un sobresalto con una opresión en el pecho (el cuerpo de Maritornes), creyendo que está tenido una pesadilla (antiguamente una pesadilla muy común era una vieja que oprimía el pecho), Sancho comienza a dar golpes a diestro y siniestro, Maritornes que se ve golpeada comienza ella también a propinar golpes a Sancho. Entre la confusión reinante, cae al suelo la lámpara que proporcionaba luz en el aposento, dejando en penumbra a todos los implicados en el zipi-zape, que comienzan a darse golpes entre todos sin siquiera ver a donde golpean.

En el transcurso de toda esta contienda, un miembro de la Santa Hermandad (que ejercían la potestad ejecutiva de la ley en aquella época) y que pasaba por allí, al escuchar tal bullicio, procede a entrar en la posada y llevar a cabo las averiguaciones pertinentes. Al irrumpir a gritos anunciando su autoridad y palpar las barbas de D. Quijote (que se encontraba inconsciente en el suelo a causa de los golpes), creyendo que estaba el cuerpo sin vida, grita a los allí asistentes: “... que nadie se mueva puesto que aquí ha habido un homicidio...”, a lo cual, todos los allí presentes ponen “pies en polvorosa” excepto D. Quijote y Sancho Panza que no tienen donde escabullirse.

CAPÍTULO XVII

(Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo D. Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que por su mal pensó que era castillo).

Una vez recobrado el conocimiento D. Quijote de su percance nocturno, le propone a Sancho hacer aquel brebaje mágico que le prometió en su día, y que curaría las heridas provocadas por los golpes recibidos. Así pues, D. Quijote le dice a Sancho que recoja los condimentos base para su elaboración (condimentos comunes de cocina tales como vino. aceite, sal, etc...). Sancho por consiguiente hace lo que su señor le pide, y le trae los condimentos solicitados. D. Quijote, mezclándolos todos y rezando oraciones a modo de conjuro, los pone a hervir a fuego lento hasta encontrarlos en su punto y procede a beberse tan mágico brebaje.

La primera reacción del mismo, en el cuerpo de nuestro caballero es la de producirle vómitos y sudores, pero posteriormente (pasadas unas horas), el cuerpo de D. Quijote recobra su vigorosidad, y al ver esto su escudero no hace otra cosa que solicitarle a su señor que le deje acabar con el caldero del brebaje para sanar el también. Lástima, que la reacción corporal al brebaje en Sancho es bien distinta, pues, a Sancho no solamente le provoca vómitos y sudores, sino que posteriormente no solo no nota mejoría, sino que empeora.

D. Quijote, tras ver estos acontecimientos, no se le ocurre otra cosa que decir que el brebaje en cuestión es solo para caballeros, y de ahí que no funcione con otros linajes como el de Sancho, y Sancho, aplicando esa ignorancia y credibilidad a los que nos tiene acostumbrados, da por sentado que bien cierto es.

A la hora de partir de la venta, el ventero, sale a despedir a D. Quijote y reclamar el pago por la estancia, a lo que D. Quijote le responde que se sorprende de las prerrogativas del ventero, pues el creía que estaba en un castillo, pero que de ser una venta y según las leyes de caballerizas, los caballeros andantes están exentos de pago por considerarse que su empleo ya es lo suficientemente duro y sacrificado.

Así pues el ventero que ve que con D. Quijote no hay nada que hacer, va hacia Sancho a solicitarle lo mismo, respondiéndole éste, que si su señor no paga por las leyes de caballerizas el tampoco, con tanta mala suerte que es apresado por los que allí se alojaban y que habían sido testigos del suceso.

Suerte tiene nuestro escudero, pues consigue salir de la venta solamente después de haber sido manteado (era costumbre que en carnavales se mantease a los perros).

CAPÍTULO XVIII

(Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor D. Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas).

Es tiempo de reflexión para nuestros protagonistas, principalmente para Sancho.

Todo comienza al disculparse D. Quijote por no haber podido ayudarle cuando Sancho se encontraba en el corral y fue manteado por aquellas personas, con la excusa por parte de nuestro caballero de que en aquel castillo debía estar encantado ya que, al momento de ver lo que acontecía no había sido capaz de rescatar a su amigo. (sinceramente empiezo a pensar que a este D. Quijote le viene muy bien su locura cuando las cosas no van como el quiere, cuando no tiene respuesta para algo o necesita “escurrir el bulto”).

Sancho, que nuevamente intenta aplicar un poco de cordura a esta historia, le dice a D. Quijote que allí no existía encantamiento tal, si no personas de carne y hueso, y que está empezando a pensar que aquellas aventuras que viven juntos lo único que les traen son desventuras, a lo que D. Quijote nuevamente responde con otra de sus locuras diciendo : “¿acaso no hay mayor satisfacción que la batalla ganada?”, a lo que Sancho responde que está en lo cierto.

Aprovechando la coyuntura, D. Quijote pone en marcha su disfuncional maquinaria cerebral con la que le cuenta a su escudero, que si consiguiera hacerse con una espada encantada (como las de sus novelas de caballerizas), no tardaría en dar cuenta de la promesa que le hizo a Sancho (la de proporcionarle una ínsula para gobernar).

Nada más surgir esta conversación a lo lejos D. Quijote ve una polvareda, y emocionado por el evento le dice a su escudero que por fin a llegado el día en que entren en gran batalla, pues aquella polvareda no es otra cosa que un ejército -dice D. Quijote-, Sancho corrigiéndole, le índica que de ser ejército no hay uno, hay dos (puesto que a lo lejos existían dos polvaredas de las cuales una de ellas D. Quijote no había visto). D. Quijote extremadamente regocijado por la oportunidad que se le brinda de demostrar su condición de caballero, sugiere a Sancho el subir a un altiplano para poder ojear a ambos contendientes y de ésta manera tener mayor conocimiento de sus enemigos. Que mejor oportunidad para los desvaríos de nuestro caballero que comienza a describir a todos y cada uno de los componentes de aquellos “ejércitos” (que no son sino sendos rebaños de ovejas), incluso con los colores de sus escudos (todos ellos por supuesto provenientes de sus novelas de caballerizas).

En esto que Sancho llega a observar que aquellos que su señor llama ejércitos no son más que ovejas y previene de advertirle, con tal mala suerte, que su señor obcecado ya se había dispuesto a la batalla. Golpes a diestro y siniestro con su lanza da a los animales, hasta que los pastores que las custodiaban caen en la cuenta que sin encomendarse “ni a Dios, ni a Cristo”, comienzan a lanzar piedras con sus hondas a nuestro caballero y siendo alcanzado por dos que le destrozan las costillas y varias muelas.

Posteriormente a la “batalla”, Sancho (que está empezando a cansarse de aquella situación), acude a socorrer como buen escudero a su señor y después de los diagnósticos pertinentes y ver que solo estaba muy magullado, Sancho le dice a D. Quijote que se dirijan a buscar lugar para pernoctar, pero, que si en el lugar elegido existen encantamientos, puñadas o similares, a fe de Dios que terminará por acabadas sus aventuras con él.

El toque de humor en este capítulo lo pone sin duda la situación que se nos narra al llevar a cabo el diagnóstico de los magullamientos de D. Quijote por parte de Sancho. D. Quijote al haber ingerido momentos antes su “brebaje mágico para caballeros”, justo en el instante en que Sancho le examina la boca a su caballero para ver si le faltan dientes, éste, le vomita encima, y Sancho al removérsele las tripas hace lo mismo para con su señor. Así pues, ambos quedan embadurnados por sus propias penurias.

CAPÍTULO XIX

(De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos).

D. Quijote y Sancho Panza continúan reflexionando el porqué les salen las cosas de tan mala manera, y mientras se dirigen a algún lugar donde pasar la noche, van comentando que su mala suerte pudiera ser debida a la falta del juramento de D. Quijote de no probar bocado en sus andanzas así como de otras desvariadas razones mas.

En esto que ambos protagonistas se encuentran con un cortejo fúnebre portando antorchas que a priori y a lo lejos parecían fantasmas, en un principio D. Quijote y Sancho comienzan a tener miedo de lo que les pudieran hacer tales fantasmas, pero, al acercarse lo suficiente se podía vislumbrar que lo no eran y cesa el miedo de ambos, no sin que el caballero andante imaginase que aquel féretro portaba el cuerpo de un caballero agraviado, y plantándose delante del camino para evitar el paso de tal cortejo les pide explicaciones a los allí asistentes para saber si tendrá que vengar al caballero caído contra ellos o en favor de ellos, a lo que le responden que no tienen tiempo para dar explicaciones ya que tienen prisa. D. Quijote, sintiéndose increpado por aquel agravio, pone su lanza en ristre y arremete contra ellos venciéndolos a todos. Sancho mientras, vanagloria a su señor al ver el brío con el que lucha contra aquellos maleantes que no son otra cosa que religiosos que se dirigen a dar sepultura al cuerpo sin vida que portan.

Al darse cuenta del error D. Quijote, tras las explicaciones de un bachiller que había caído en el enfrentamiento y que viajaba con el cortejo, socorren al mismo y piden disculpas no sin que Sancho desvalije a la mula que portaba las provisiones de los religiosos.

*En este capítulo lo que más llama la atención (independientemente de la tosquedad y vulgaridad de Sancho Panza, que mientras su señor socorre al bachiller el solo piensa en comer), es el apartado donde se nos muestra un apunte espontáneo que hace el bachiller incongruentemente después de haberse marchado :”...olvidábaseme de decir que advierta vuestra merced que queda excomulgado por haber puesto las manos violentamente en cosa sagrada...”.

Antiguamente todo aquel que atentase contra algo sagrado o proveniente de la iglesia católica era excomulgado, así pues, parece ser que D. Miguel de Cervantes tuvo que apresurarse a añadir este párrafo describiendo la transgresión cometida por D. Quijote, posiblemente debido al apunte hecho por un censor de la época o lector original.

CAPÍTULO XX

(De la jamás vista y oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso Don Quijote de la Mancha).

D. Quijote y Sancho Panza se encuentran a la búsqueda de agua debido a la gran sed que portan y se adentran en un bosque donde parece ser que se escucha el estruendo de una cascada.

En un principio los dos amigos se alegran, pero pronto cambiará este sentimiento, conforme se vayan adentrando mas y mas en el citado bosque, pues, entre el ruido de las hojas, el crujir de los árboles, un sonido acompasado que no saben de donde proviene, al estruendo del agua y la cerrada noche se le provoca un miedo atroz a Sancho y una excitación a D. Quijote que “huele” a aventuras.

Como es costumbre en nuestro caballero, al presentir una aventura comienza a divagar con sus historias de caballerías y le comienza a decir a Sancho que no se asuste, que ate a Rocinante mientras el se dirige hacia el peligro y que si no vuelve en 3 días, que Sancho se vuelva a casa, con la única voluntad de que antes de llegar se dirija al Toboso y cuente sus heroicidades a su señora Dña. Dulcinea del Toboso.

*Aquí se nos muestra por primera vez lo sentimental del personaje de Sancho (que se pone a llorar después de las palabras sobre la muerte de su caballero), así mismo D. Miguel de Cervantes nos da una muestra inequívoca del cariño que Sancho le ha cogido a D. Quijote y viceversa (como más adelante se observa en el capítulo).

Sancho que independiente del cariño que le ha cogido a su señor, tiene mucho miedo, y le pide a D. Quijote que al no haber nadie por las cercanías den un rodeo, que nadie se enterará de su cobardía. Pero nuestro caballero no accede debido a su profundo desequilibrio que le hace pensar y estar profundamente convencido de su condición de caballero. Por consiguiente, y debido a que no toma en cuenta a su escudero, Sancho urde una triquiñuela para que D. Quijote no pueda mover a su jamelgo, y así es como evita Sancho la situación aventurera de su amigo y lo fuerza quedarse allí en reposo (por lo menos hasta el alba).

Para hacer más ameno el momento (y porque nuestro Sancho se moría del miedo), D. Quijote le dice que cuente un cuento para distraerlo de su temor, y así hace.

*Se observa que en aquella época las obras, cuentos y novelas de amor eran la gran mayoría pastoriles, se entiende que para llegar a un mayor número de personas por tratar de un entorno en el que vivían una gran mayoría de la población, que aunque no disponían de cultura suficiente para leer, se las transmitían a viva voz de unos a otros.

Por supuesto, no nos falta en este capítulo el toque de humor característico ya entre D. Quijote y Sancho (que si se me permite decirlo es el pasaje más gracioso del libro para mí gusto).

En esto que a Sancho Panza le entra un “apretón”, y debido a que su miedo le impide separarse de su señor “ni corto ni perezoso” comienza ha hacer “... lo que nadie puede hacer por él...”, cuando de pronto D. Quijote que tiene bien desarrollado el sentido del olfato, cae en la cuenta de lo que su escudero se lleva entre manos y le indica que se vaya lejos, que una cosa es confianza y otra...

Es una situación muy divertida puesto que al expulsar en un primer momento los gases Sancho y oír D. Quijote el sonido tan peculiar, Sancho le dice a su amo que ese sonido es nuevo en la aventura y que es normal ya que las aventuras nunca vienen solas (dando a entender que ese extraño sonido había que sumarlo al extraño sonido que les provocaba el temor, el sonido acompasado citado anteriormente, que también era de origen desconocido).

Al darse el alba se dirigen a desentramar ese ruido constante que les provocaba aquel temor, D. Quijote se lleva un “chasco” (grave desengaño) al descubrir que no era otra cosa si no una máquina de lavar, a lo que Sancho no lo puede aguantar y se hecha a reír por aquella situación, y se burla de las anteriores divagaciones de su amo antes de entrar en la supuesta “batalla”.

Es la primera vez en la novela que D. Quijote se enoja con Sancho y esto provoca que se cree una situación de tensión en la cual D. Quijote se avecina a resolverla propinando dos golpes a su escudero como castigo y una reprimenda recordando que entre ellos existe una diferencia estamental que debe ser respetada (aquí el autor juega constantemente con las fórmulas de cortesía entre ambos, sobre todo entre el tuteo y la formalidad a la hora de trato mutuo), y que Sancho (como es normal en aquella época) asume con toda la naturalidad del momento.

OPINIÓN PERSONAL

Creo que en esta obra lo que D. Miguel de Cervantes Saavedra nos transmite, es una denuncia del entramado socio-histórico de la época ligado a luchas entre Estados por intereses dinásticos y en todo caso económicos, ajenos por completo al sentir del pueblo llano. Así mismo, posee un toque personal con respecto a esa denuncia, a raíz de los sucesos que le acaecieron a D. Miguel de Cervantes durante el transcurso de su vida y utiliza esta novela con el objeto de poner de manifiesto los mismos.

Para su época es un libro innovador porque denuncia el idealismo absurdo que imperaba en las mentes de la nobleza, deseosa de ascender hacia la cúspide de la aristocracia, a costa del esfuerzo económico (impuestos) y personal de un pueblo llano, ajeno a las aventuras de aquélla. Sancho Panza y demás personajes que aparecen caracterizados en la misma, no reflejan, si no, una representación de los diferentes grupos sociales en los que estaba estructurada la sociedad del siglo XVI.

D. Quijote y Sancho Panza, representan la dicotomía nobleza / pueblo llano, que se refleja en una fidelidad no comprensible a la causa aristocrática por parte del pueblo, y a la vez una referencia constante hacia un” entrar en razón” por parte de este pueblo llano hacia su aristocracia representada en la novela por D. Quijote.