Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Fantasía. Locura. Sancho Panza. España Barroca

  • Enviado por: Denise Traverso
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 7 páginas
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Trabajo Practico integrador de Literatura

“Puede parecer una tarea estéril e ingrata discutir una vez más el tema de Don Quijote, ya que se han escrito sobre él tantos libros, bibliotecas enteras, bibliotecas aún más abundantes que la que fue incendiada por el piadoso celo del sacristán y el barbero.”

Contexto histórico de una España barroca y en crisis:

El siglo XVII fue para España una centuria difícil. Atravesó fases muy cruciales y etapas críticas, tanto en lo económico como en lo social y en lo político. La política expansionista de los franceses hacía disminuir el territorio español, la expulsión de los moriscos aumentaba en gran cantidad el número de muertes, y se complementa a estos y otros factores un Estado débil, constituido por gobernantes incapaces. La situación lleva al país a la total decadencia, pero para la literatura fue un disparador de un Siglo de Oro, etapa de auge, en la que surgen distintas corrientes.

Cervantes, en pleno período barroco, lleva a la literatura su gran e inmortal personaje Alonso Quijano y a su vez a Don Quijote de La Mancha. Este hombre, que se clasifica a él mismo como de armas y letras, sueña un personaje (como diría Borges) mediante el cuál expresa su reflexión sobre el presente.Nace como parodia a las novelas de caballería siempre protagonizadas por un héroe de gran fortaleza física y un hábil manejo de las armas, cuyos ideales consisten en la generosa entrega a los demás y especialmente a los desvalidos, sumados a la religiosidad que les inspira desde que velan sus armas y con la inspiración de sus damas, dueñas del corazón de los caballeros y destinatarias de la gloria ganada con sus aventuras y triunfos. Todo caballero hará valer el derecho de los inocentes que tuvieron, tienen y tendrán la suerte de ser salvados por él ante cualquier peligro. Podemos clasificarlos como el ideal de hombre y de individuo en una sociedad. Contraria a esta imagen de la perfección, Don Quijote era un hombre de medio siglo ya vivido, complexión recia, “seco de carnes y enjuto de rostro”, montado en un flaco y desarmado rocín, y con un labrador como escudero. Imita al ideal porque sabe que no lo es y sufre por no serlo, por esta misma razón es que se abstrae de la realidad del libro para sumergirse en una que él imagina.

“...se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos [...] Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido...”

Según Miguel de Cervantes alguna vez anterior incluso a su época existió una sociedad con valores claros y fuertes como los de los caballeros, por eso le adjunta a Don Quijote, aunque loco, todos los valores del héroe. Allí es donde aparece la visión del autor y parte de su mensaje.

La sociedad española del siglo XVII era una sociedad escindida: la nobleza y el clero conservaron tierras y privilegios, mientras que los campesinos sufrieron en todo su rigor la crisis económica. La jerarquización y el conservadurismo social dificultaban el paso de un estamento a otro y sólo algunos burgueses lograron acceder a la nobleza. Esto indudablemente nos remite a la eterna lucha del pobre, como lo imaginó Cervantes a Sancho, por subir en la escala social. Su única posibilidad era engrosar la fila del clero. Fue así que muchos campesinos sumergidos en una terrible miseria decidieron arrastrarse a las ciudades con la ilusión de mejorar su calidad de vida, pero al llegar allí chocaron con una cruda realidad que los llevaría al ejercicio de la mendicidad cuando no a la delincuencia.

Dentro de este marco social Cervantes decide descansar de todo este caos en el que estaba envuelta España y su pueblo entero. Y es así como hace de nuestro amigo Don Quijote, un personaje satirizado pero a su vez con un amargo mensaje que transmitir. Tan honda fue su soledad y tristeza, tan profundo el abandono y sufrimiento que “decide enloquecerse” y comenzar a soñar una realidad suya donde los molinos de vientos eran monstruos y una humilde posada se convertía en un castillo. Puede entonces comparase a un niño cuando juega en el jardín de su casa dentro de “una nave espacial” viviendo su propio mundo de fantasía, viendo solo lo que quiere ver y deparándose su propio destino cuál si fuera dueño de ese universo, el suyo. Pero es sabido que todos los personajes son en realidad el sueño de su autor y que el destino lo dicta el que tiene la pluma en la mano.

El problema de la autoría

“...Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío...” así comienza el prólogo de la primer parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en la cual su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, dice considerarse padrastro de la obra.

Si analizamos esta denominación podemos decir que el autor se adjudica este titulo porque durante la novela crea a un personaje, Cide Hametebenegeli, historiador Arabe de quien el narrador de Don Quijote encuentra los manuscritos con la historia del famoso Hidalgo. A partir de este hallazgo hace traducir los manuscritos y se dedica, luego, a reconstruir la historia de este personaje (Don Quijote).

Por esta razón es padrastro del Quijote ya que el verdadero hombre que lo conoció se ocupo de dejar su historia plasmada en el papel (para la posteridad fue el autor arábigo).Recordemos que también existe la hipótesis de que se llama padrastro a si mismo porque el padre del Don Quijote es Alonso Quijano y él es solo padre del hidalgo Alonso. A partir de esto puede entenderse que al considerarse el padrastro de la obra, el narrador subestima su labor. Observado únicamente desde el punto de vista del narrador, mas no desde el punto del autor en si.

A partir del lamentable episodio con Nicolás de Avellaneda, quien escribió una segunda parte falsa del Quijote, y la publicó, declarándose autor de la verdadera continuación de la obra. Cervantes responde escribiendo la segunda parte legítima de la historia, en cuyo prologo expresa: “...Y no le digas más, ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quijote que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mismo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados y basta también que un hombre honrado haya dado noticia de estas discretas locuras, sin querer de nuevo entrarse en ellas: que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aún de las malas, se estima en algo. Olvídaseme de decirte que esperes el Persiles, que ya estoy acabando, y la

segunda parte de Galatea...”

De esta forma Cervantes asume por completo la autoría y paternidad del Quijote, que se mostraba menos clara en la primera parte del libro.

La dialéctica entre la edad de Oro y la Edad de Hierro, las armas y las letras.

En el capítulo XI de la Parte I, Cervantes pone en boca de Don Quijote la comparación entre estas Edades. La Edad de Oro es el tiempo donde las virtudes habitaban cada ser humano o la mayoría de ellos y los hacían honrados y caballeros. Era una sociedad digna de llamarse humana, respetable desde su esencia porque era noble y valiente, dulce y respetuosa. Esta época anterior a sus días, es la que le gustaría restituir y lo hace en parte mediante Don Quijote. Pero también deja clara la imposibilidad de su objetivo debido a su contexto y su tinte idealista. Tal era la “dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.” Describe también como la naturaleza en esa edad dorada era limpia y productiva, y como no había propiedades sino que era el placer y la nobleza de saber compartir lo propio con los demás. Sus palabras hacen pensar en la contaminación que ataca y destruye nuestro planeta, pero también en la corrupción moral que entonces no existía. Para hacer una verdadera comparación, la edad de oro representa a las letras, la literatura, lo culto, la fantasía, lo ideal y la edad de hierro representa las armas, la guerra, la muerte, el hambre, la miseria (cosas que nadie quiere ver pero de las que es imposible ignorar su existencia).

Por otra parte la diferencia entre las armas y las letras se muestra explícitamente en el capítulo XXXVIII. Miguel de Cervantes, al igual que su “hijastro”, Don Quijote, era tanto un hombre de armas, como un hombre de letras. Escribió su novela, en la cárcel, y al crear su personaje, creo también a un hombre de letras, que en su fantasía pretende (y dentro aún de ella logra) serlo de armas. En este capitulo podría decirse que es el único momento de la historia en que nuestro hidalgo muestra cordura, al comparar la vida de el hombre de armas con la del de letras, sosteniendo que Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago, y otras cosas a éstas adherentes, que, en parte, ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que a el estudiante, en tanto mayor grado que no tiene comparación, porque a cada paso está a pique de perder la vida. Y ¿qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado, que, hallándose cercado en alguna fuerza, y estando de posta, o guarda, en algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza?...” a lo cual, por primera vez, un personaje le concede ciertamente la razón: “...El cura le dijo que tenía mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer...”

Sancho Panza y Don Quijote de La Mancha como contraste entre realismo e idealismo:

Durante el período barroco hubo varias corrientes literarias. Las que tomaré para explayar parte de mi objeto de estudio serán la de idealismo y realismo. La primera es una corriente filosófica que pretende reducir al mundo a una actividad del espíritu, pretende identificar lo real con lo racional, el objeto con el sujeto o conciencia. Reduce lo que podemos percibir por medio de los sentidos y que es accesible al mero pensamiento, ya que para esta corriente lo que aún no puede verse, puede ser comprendido. La segunda en cambio, se basa en observar la realidad, la describe, se interesa por la vida cotidiana y sitúa sus personajes en un contexto contemporáneo. El hombre es el producto de su medio descrito minuciosamente, pero no habla de sus sentimientos.

Basándome en dichas definiciones afirmo que Sancho y Don Quijote son representantes simbólicos de estas dos corrientes contrapuestas en el libro. Don Quijote con toda su imaginación y fantasía hace de él un personaje idealista, también porque se basa en lo que en realidad atormentaba al espíritu de Alonso Quijano y porque identifica a los hechos “reales” de la obra con lo racional y lo perceptible a través de los sentidos, en este caso la vista. Por otra parte se encuentra Sancho, un pobre campesino que se arrastra detrás de un hidalgo que ha perdido el juicio como última instancia de poca esperanza que le quedaba. Es el exponente máximo del realismo durante la primera parte del segundo libro ya que trata de devolverle el juicio o la realidad a todos común, es decir el presente, a Don Quijote. Siempre con malos resultados, Sancho Panza será el fiel escudero y amigo de nuestro héroe que justamente por amor buscará justificar la locura de su compañero de falsas aventuras por más que no se convenciera de las absurdas explicaciones que el otro se gastaba en transmitirle. Es su última esperanza de rescate o quizás de condena de Don Quijote a la verdad común de todos. Alternativa de esto era creerle y vivir la realidad del no cuerdo.

De esta forma durante todas las aventuras y hazañas estas dos simpáticas figuras complementarias pero nunca opuestas, representantes de valores tales como la amistad y la fidelidad mezclan dos grandes corrientes literarias del barroco, anticipando también en el cuerpo de Don Quijote parte del romanticismo (afirmación válida por el estilo de las novelas de caballeros, y la expresión de los sentimientos más profundos como es el amor por Dulcinea del Tobozo y sus sueños).

Relación Cervantes-Borges-Don Quijote en base a “Ni siquiera soy polvo”

En “Ni siquiera soy polvo” Borges habla desde Alonso Quijano y de esta manera expone su teoría sobre este personaje, Don quijote y Cervantes. Dijo Borges siempre que los personajes no son más que el triste sueño del autor, obligados a seguir el destino que se les impone. Pero Quijano parece no conformarse con el destino al que se lo ha deparado: dice en ni siquiera soy polvo “No quiero ser quien soy.” Y es entonces que decide evadir ese camino ya armado, soñando a su vez y convirtiéndose en el autor y padre de Don Quijote. La gran pregunta es ¿por qué Alonso no querrá ser quién es? Parece ser un alma abandonada y sumergida en la total soledad, tristeza y rutina de una ficticia Castilla (porque no hay que olvidar que esa realidad que era la realidad de Quijano no es la verdadera realidad de España ni tampoco es la de Don Quijote, que ve cosas que no existen a partir de esa realidad de la que hablamos). Decide Borges hacer hablar al frustrado hijo de Cervantes, Alonso, y que diga que le pasa realmente, que se exprese y que hable porque no se le ha dado casi lugar en la obra de Cervantes. Dice más de lo que quizás el propio Cervantes sepa, Quijano, frustrado y abandonado que ha vivido la mitad de su vida en una inmensa tristeza y la otra mitad soñando. Lo trágico y terrible se basa en que se despierta y deja de ver a Don quijote como su reflejo y ve el real reflejo: el derrotado e infeliz Alonso en el espejo. Así entonces muere Don quijote y en consecuencia muere Quijano porque su única razón para vivir era seguir soñando a Don Quijote y cuando despierta de ese maravilloso sueño se da cuenta que ya no puede vivir. Por eso le ruega a Cervantes que lo deje dormirse de nuevo, pero a su vez para ello Cervantes debe seguir soñando y para este padre ha llegado la hora de despedirse de su hijo. Con dolor y tristeza el padre lo mata, lo hace desaparecer aunque nunca de la memoria de los lectores de todas las épocas. No olvidemos que para cada autor el personaje es un hijo, es una creación que lleva gran parte de nuestros pensamientos y sentimientos, tiene en su esencia la nuestra y por eso le duele al autor matar a su creación, porque lo parió, lo hizo crecer y lo sostuvo y mantuvo en esa posición todo el tiempo que le pareció justo. Ahora su pluma lo obliga a cumplir un destino que quizás al principio no estaba decidido pero que ya se ha desarrollado en su totalidad. De esta manera se cumple también en “el ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha” la teoría cíclica que expone Borges en varios cuantos, por ejemplo en Ruinas Circulares, dónde el soñado sueña a otro y al final nos hace pensar, tal como en la obra de Cervantes, que nosotros mismos podemos ser un mero sueño de Dios o de alguien más y que así como se nos ha dado la existencia se nos la puede quitar muy fácilmente. Nos estremece y nos agobia pero es una teoría válida y sumamente justificada.

Siéntese Bórges identificado con la obra de Cervantes y con el autor, ya que a él con sus personajes le pasa lo mismo: los sueña y sufre cuando los mata, aunque tenga muy en claro que la ficción en realidad no siente. Además guarda estrecha relación con Cervantes tanto como con Don Quijote porque a los tres se los puede clasificar como sujetos incompletos y por ende infelices: a Borges que le falta la vista y se ve privado de muchas maravillas, a Cervantes que le falta la mano y a Don Quijote que le falta la realidad, porque no puede pertenecer a ninguna en definitiva ni a la de España en el siglo XVII ni tampoco a la de Quijano, y la suya en definitiva no existe. Así es como él no es ni siquiera polvo, no es ni siquiera nada, no es ni siquiera real y así es como sufre por esto. Sumado a éstos factores Borges admira profundamente a Cervantes porque su libro es totalmente traducible a todos los idiomas. Así interpreta él que Cervantes no solo hablaba de una particular situación territorial, sino de una mundial, social y sobre todo humana.

Aquí justifico con mayor precisión mis afirmaciones y conclusiones provisorias:

NI SIQUIERA SOY POLVO

No quiero ser quien soy (A Quijano no le gusta el destino que le impuso Cervantes). La avara suerte
Me ha deparado el siglo diecisiete,
El polvo y la rutina de Castilla,
Las cosas repetidas, la mañana
Que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
La plática del cura y del barbero,
La soledad que va dejando el tiempo
Y una vaga sobrina analfabeta
Soy hombre entrado en años. Una página
Casual me reveló no usadas voces
Que me buscaban, Amadís y Urganda. (La sobrina, el barbero, el cura, “soy un hombre entrado en años”,Amadis y Urganda nos dan la pauta de que estamos hablando con el personaje de Cervantes).
Vendí mis tierras y compré los libros
Que historian cabalmente las empresas:
El Grial, que recogió la sangre humana
Que el Hijo derramó para salvarnos, (tuvo que “morir” el hijo de Cervantes, ósea quién esta hablando, para darle paso a Don Quijote y así salvarlo de la muerte a Alonso)
El ídolo de oro de Mahoma,
Los hierros, las almenas, las banderas
Y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
Los reinos de la tierra, vindicando
El honor ultrajado o imponiendo (aquí Borges afirma la teoría de Cervantes de los valores como lo de los caballeros, perdidos a través del tiempo)
Justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
A nuestro tiempo ese ejercicio noble. (Don Quijote será el enviado para restituir todos esos valores de los caballeros, aunque sea una sátira de ellos)
Mis sueños lo divisan (empieza a imaginarlo a soñarlo el triste Quijano). Lo he sentido
A veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
Seré ese paladín. Seré mi sueño. (Me sueño en algo más perfecto así me olvido de la triste realidad - eso es lo que dice, según Borges, Alonso Quijano-)
En esta vieja casa hay una adarga
Antigua y una hoja de Toledo
Y una lanza y los libros verdaderos
Que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
No proyecta una cara en el espejo. (Acá aparece el juego entre Borges, Cervantes y Don Quijote: a los tres les falta algo y por ende se identifican uno con otro)
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
Que entreteje en el sueño y la vigilia (ni siquiera soy real, solo soy un sueño de Cervantes -mi padre- y padre de otro sueño- Don Quijote-)
Mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
Que militó en los mares de Lepanto
Y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
Cuya verde memoria será parte
De los días del hombre, te suplico:
Mi Dios, mi soñador, sigue soñándome. (Le ruega a Cervantes que lo siga soñando para que su vida pueda continuar a su vez en el sueño de Don Quijote que es su ideal)

Conclusión:

Cervantes trae al Quijote a nuestras vidas y nos muestra que los personajes son seres tan reales como podríamos serlo nosotros. Cada uno se sentirá identificado por distintos motivos pero el que seguramente nos una a todos es el del miedo a lo real, a lo ineludible. Cuando no queremos ver recurrimos a cerrar los ojos y meternos en un espacio no determinado, fuera del tiempo común a lo social sabemos que estamos soñando, que estamos creando en nuestro espejo el reflejo de algo que no somos pero es la única opción que nuestro dios creador nos deja para sobrevivir a los pesares, penas, tristezas y demás sentimientos que nos abaten y nos derrotan. En el fondo el humano no guarda su fortaleza en afrontar todos los problemas sino en que cuando despierte del sueño pueda sostenerse allí y ser honesto y humilde, tener claro y mostrar que nos quisimos escapar nosotros también pero al mismo tiempo tener valor y coraje para afrontar como podamos cada uno con nuestros distintos recursos, la realidad, nuestra realidad, que no es dicho que sea la de todos. Es el presente lo que es común a todos porque lo compartimos en el mismo espacio, tiempo y dimensión pero la realidad es propia de cada uno y no tiene un lugar ni una fecha determinada. Cada uno de nosotros la inventa a gusto, de ser común a todos ella también sería aburrida. Quién solo vive el presente y no su realidad es un pobre diablo que carece de imaginación y de recursos, y que no puede ni sabe quedarse solo con su alma y escucharla para contestarle mediante sus actos. Esa es una persona opuesta a los caballeros, no quién como Don Quijote se hunde en su historia y enloquece para luego volver a “la cordura” o mejor dicho volver a lo que nos es común a todos.

Comienzo del discurso de Jorge Luis Borges en 1968 en la Universidad de Texas.

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1999, pág. 104

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1999, pág. 84

Primer libro publicado de Cervantes. Novela pastoril publicada en 1585 con el nombre de primer parte de La Galatea

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1979, pág. 33

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1999, pág. 471

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1999, pág. 473