Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Literatura española renacentista. Siglo de Oro español. Novela. Narrativa. Caballería. Argumento

  • Enviado por: Andrés Salgado Leal
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
publicidad
cursos destacados
Cómo montar un Ordenador
Cómo montar un Ordenador
En este curso te guiamos de una forma muy práctica y gráfica, para que puedas realizar el montaje de tu...
Ver más información

Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

publicidad

EL QUIJOTE

-Resumen de los capítulos:

Capítulo I

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Se nos habla de Alonso Quijada o Quesada, persona que vive en un lugar de la Mancha. Se lo describe físicamente, se nos dice que tenía poca hacienda y que su mayor afición era leer libros de caballerías. Tanto leía en estos libros que, al final, se volvió loco, creyéndose un gran y fabuloso caballero y buscando una amada y un nuevo nombre para él y su caballo.

Capítulo II

Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote

Don Quijote se dispuso a partir para buscar aventuras y, nada más hacerlo, se dio cuenta de que no había sido nombrado caballero. Después de unos momentos de vacilación, siguió adelante. A lomos de su caballo llegó, al anochecer, junto a una posada que a él le pareció un castillo. En la entrada estaban dos prostitutas a las cuales don Quijote se acercó, llamándolas doncellas. Las dos mujeres se empezaron a reír del caballero y apareció, atraído por las risas, el dueño de la posada, que alojó y dio de cenar a don Quijote.

Capítulo III

Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero

Después de la frugal cena, don Quijote le pidió en la caballeriza al posadero poder velar sus armas esa noche en la capilla y que lo nombrase caballero al día siguiente. El otro, burlista, le siguió la corriente, diciéndole que podía velar las armas en el “castillo” exceptuando la capilla, porque estaban en reformas. También le contó al caballero sus hazañas, y le recomendó que llevase consigo dinero y medicinas para curarse de las heridas. Acto seguido, llevaron las armas a un corral, y allí se quedó don Quijote velándolas.

Durante la noche, un arriero fue a darle agua a su caballo y le tiró las armas a don Quijote, el cual le pegó al arriero un fuerte golpe en la cabeza . Después llegó otro arriero para darles agua a sus mulos, y volvió a suceder lo mismo. Debido a esto, la gente empezó a tirarle piedras al caballero y, antes de que sucediesen más desgracias, el posadero armó a don Quijote como caballero.

Capítulo IV

De lo que sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

Por la mañana, al irse de la posada, don Quijote decidió volver a su casa para coger medicinas y dinero, y para conseguir un escudero. Por el camino, en un bosque estaba un labrador azotando a su criado porque creía que el criado le robaba, al no pagarle lo que le debía. Don Quijote hizo prometer al labrador que le pagaría al criado pero, cuando el caballero se fue, el labrador molió a palos a su criado. Al final, éste se fue a buscar a don Quijote para poder vengarse de su amo, consiguiéndolo al fin.

Don Quijote siguió cabalgando hasta que se encontró con dos mercaderes toledanos, a los que confundió con caballeros andantes, atacándolos. Cuando estaba galopando para embestirlos, Rocinante tropezó, cayendo al suelo los dos. Ya don Quijote en el suelo, un mozo de mulas lo apaleó.

Capítulo V

Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero

Don Quijote estaba intentando levantarse del suelo cuando apareció un labrador amigo suyo que lo ayudó, llevándolo a casa. En ella se hallaban el cura, el barbero y el ama del caballero, que estaban comentando el origen de su locura. Al llegar don Quijote, lo metieron en la cama para que descansara.

Capítulo VI

Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo

Mientras don Quijote dormía, los demás entraron en la habitación donde guardaba sus libros, haciendo una selección entre los que irían al fuego y los que se salvarían. Entre estos últimos, estaban Amadís de Gaula, Tirante el Blanco, La Diana y La Galatea, entre otros.

Capítulo VII

De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha

Mientras estaban haciendo la selección, don Quijote despertó y empezó a dar gritos. Dejaron lo que estaban haciendo y fueron a sosegarlo y a darle de comer, quedándose después don Quijote dormido. Por la noche, el Ama quemó los libros, y entre ellos iban muchos libros buenos.

Los demás tapiaron la sala de los libros y al despertar don Quijote, le dijeron que un encantador la había hecho desaparecer.

Don Quijote estuvo quince días en casa y, en ese tiempo, nombró escudero a un labrador vecino suyo no muy inteligente llamado Sancho Panza, prometiendo hacerle gobernador de una ínsula.

Malvendiendo algunas cosas, don Quijote consiguió algún dinero y se preparó para partir con Sancho, haciéndolo por el mismo camino de la primera aventura.

Capítulo VIII

Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

Mientras cabalgaban, vieron unos molinos de viento que don Quijote confundió con gigantes, atacándolos y saliendo mal parado de ello. Sancho le explicó que eran molinos y le ayudó a levantarse. Después siguieron cabalgando y Sancho sintió hambre, así que comieron lo que llevaban en las alforjas.

Al día siguiente, siguieron cabalgando hasta que encontraron a dos frailes, la esposa de un hombre rico y sus acompañantes. Don Quijote pensó que los frailes eran encantadores que habían secuestrado a la princesa rica, y les fue a hacer frente, agrediéndolos. Sancho fue a coger la ropa de uno de los frailes vencidos, pero llegaron los mozos de los frailes y le metieron una paliza. Mientras tanto, don Quijote estaba intentando cortejar a la mujer rica, pero un acompañante de ésta, apodado Vizcaíno, le dijo a don Quijote que se fuera, empezando a pelear los dos.

Capítulo IX

Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo Vizcaíno y el valiente manchego tuvieron

Cervantes está enfadado porque no da encontrado ningún papel que narre el final de la batalla. Nos cuenta que consiguió la historia completa de don Quijote en árabe por casualidad al comprársela a un muchacho que vendía papeles viejos, y mandándosela traducir a un hombre árabe.

La batalla continúa con un fuerte espadazo del Vizcaíno sobre don Quijote, llevándose la celada y media oreja por delante. Éste, furioso, le dio otro espadazo al Vizcaíno, dejándolo semiinconsciente y haciéndolo caer del caballo, ganando así la batalla.

Capítulo X

De los graciosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza su escudero

Después de la batalla, don Quijote y Sancho siguieron en busca de aventuras, hasta que pararon para que Sancho le curase la oreja ensangrentada a su amo, aprovechando también para comer. Seguidamente, cabalgaron de nuevo con el fin de poder dormir en un pueblo, pero acabaron llegando junto a unos cabreros y allí pararon, al aire libre.

Capítulo XI

De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros

Los cabreros los recibieron de buena gana, invitándolos a cenar. Durante la cena, don Quijote empezó a quejarse, diciendo que el mundo estaba mucho mejor antes que ahora. Después de la cena, llegó un joven cabrero, que empezó a cantar un romance. Al terminar, don Quijote le dijo a Sancho que le volviese a curar la oreja, y un cabrero, viendo la herida, le aplicó un ungüento en ella y se la vendó.

Capítulo XII

De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote

Después de que le vendasen la herida a don Quijote, llegó un mozo y les comunicó que Grisóstomo había muerto de amor por Marcela. Don Quijote le preguntó quiénes eran esos dos, y le contestaron que Grisóstomo era un hijodalgo rico que sabía astronomía y astrología, y que Marcela era una mujer muy hermosa que se hizo pastora. Después, se fueron todos a dormir con el plan de ir al día siguiente al entierro de Grisóstomo.

Capítulo XIII

Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos

A la mañana siguiente, muy temprano, se levantaron para ir al entierro de Grisóstomo, acompañados por seis pastores y otros dos hombres a caballo. Por el camino, los otros se dieron cuenta de que don Quijote estaba loco. Para entretenerse, uno de los hombres le comentó los aspectos más incoherentes de los caballeros andantes a don Quijote, y éste iba replicando hasta que llegaron al lugar del enterramiento. Mientras unos pastores cavaban la tumba, uno de los hombres que iba con don Quijote dijo que sería una pena que se eliminasen los papeles de Grisóstomo, y cogió uno de encima del cadáver. A continuación, los empezó a leer.

Capítulo XIV

Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos

Los papeles contenían un poema en el que Grisóstomo hablaba de su pena amorosa y criticaba a Marcela. De repente, apareció ésta, explicando el por qué no correspondió a nadie de los que la amaban. Después, Marcela se marchó, enterraron a Grisóstomo y quemaron sus papeles. Acabado el entierro, los cabreros invitaron a don Quijote a acompañarlos a Sevilla, pero éste declinó la oferta, prefiriendo ayudar a Marcela en todo cuanto pudiese.

Capítulo XV

Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses

Don Quijote y Sancho entraron en el bosque para buscar a Marcela durante un par de horas con escaso éxito. Buscándola, llegaron a un prado, en donde descansaron y comieron. Hasta aquel lugar llegaron unos arrieros con su recua, acercándose Rocinante a las yeguas. Éstas no lo recibieron muy bien y los arrieros le dieron de palos. Sancho y don Quijote, al ver aquello, atacaron a los arrieros, pero corrieron la misma suerte que el caballo.

Cuando los arrieros ya se habían marchado, se levantaron todos molidos y entraron en una venta cercana que don Quijote confundió con un castillo.

Capítulo XVI

De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba ser castillo

En la venta, acostaron a don Quijote en una incómoda cama y lo curaron la ventera, su hija y una mujer fea llamada Maritornes, haciendo lo propio con Sancho.

Maritornes había quedado por la noche con un arriero que estaba en la habitación de don Quijote y Sancho para amancebarse. Por la noche, Sancho dormía y los otros dos estaban despiertos. Don Quijote empezó a imaginarse que le vendría a ver una mujer muy hermosa. Al entrar Maritornes, don Quijote la agarró y le dijo que lo suyo no podía ser. El arriero, viendo aquello, le empezó a pegar a don Quijote. Con el ruido, entró el ventero gritando y Maritornes se metió en la cama de Sancho. Éste despertó y saltó de la cama. El arriero le empezó a pegar, mientras que Sancho le pegaba a Maritornes. En éstas, llegó a la habitación un cuadrillero de la Santa Hermandad y pensó que don Quijote estaba muerto, cuando en realidad estaba inconsciente, empezando a gritar. Los demás, al oírlo, dejaron de pelear y se retiraron.

Capítulo XVII

Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal, pensó que era castillo

Al recobrar la consciencia don Quijote, le contó a su escudero la visita de la hermosa hija del señor del castillo, y se sorprendió al verlo molido. Llegó el cuadrillero y se asombró al ver hablando al que creía muerto. Le preguntó qué tal estaba, recibiendo una mala contestación por parte de don Quijote. El cuadrillero, ofendido, le dio en la cabeza con un candil y se marchó. Sancho fue a pedir romero, aceite, sal y vino para que su amo elaborase un brebaje milagroso. Don Quijote hizo el brebaje y bebió un poco, empezando a vomitar, quedando después aliviado. Sancho también quiso probarlo, pero quedó peor de lo que estaba antes.

Don Quijote se marchó de la venta sin pagar y Sancho sufrió las consecuencias. Su amo, al oír los gritos de Sancho, volvió a la venta pero no pudo entrar, quedándose fuera soltando juramentos. Cuando los de adentro terminaron con Sancho, lo dejaron ir.

Capítulo XVIII

Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas.

Don Quijote y Sancho iban cabalgando y vieron dos grandes polvaredas acercándose, pensando que eran dos ejércitos. Se subieron a una loma para poder verlos bien. Don Quijote empezó a imaginarse unos capitanes, cuando eran, en realidad, dos rebaños. Don Quijote fue a atacarlos y los pastores que iban junto al rebaño lo recibieron a pedradas. Sancho fue a ayudar a su amo cuando los pastores ya se habían marchado, y se fueron de allí.

Capítulo XIX

De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo, y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos

Sancho decía que la culpa de las desgracias la tenía don Quijote por incumplir un juramento de caballerías, y éste le dio la razón. Se les hizo de noche y continuaron cabalgando para ver si encontraban una venta. En el camino, vieron un grupo de encamisados y enlutados con una litera. A don Quijote se le figuró que en la litera estaba un caballero y les pidió cuentas a los que lo llevaban, atacándolos. Los encamisados se fueron corriendo, quedando sólo algunos. Al final, se enteró de que llevaban el cadáver de un caballero a Segovia para enterrarlo, y se fueron.

Después, don Quijote y Sancho siguieron cabalgando hasta un valle. Allí comieron, quedando después con sed y sin vino ni agua.

Capítulo XX

De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha

Al tener sed, empezaron a buscar un río que sabían que estaba cerca, por la hierba del prado del valle. Al poco, oyeron el canto del agua, pero también unos extraños sonidos. Don Quijote se dispuso a investigar pero Sancho, para que no fuese, ató ambas patas a Rocinante con el cabestro de su amo. Sancho empezó a contarle una historia a su amo sobre un pastor de cabras de Extremadura enamorado de una pastora hija de un rico ganadero. Al acabar, a Sancho le entraron ganas de hacer sus necesidades, haciéndolo silenciosamente sin separarse de su amo. A éste le llegó el olor y mandó a Sancho apartarse.

Al amanecer, Sancho desató a Rocinante y don Quijote fue a investigar aquellos ruidos, resultando ser unos mazos de batán. Sancho empezó a burlarse y don Quijote lo golpeó y se quejó de que estaba siendo tratado con muy poco respeto por parte de Sancho.

Capítulo XXI

Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero

Comenzó a llover y don Quijote y Sancho siguieron por el camino hasta que vieron a un hombre a caballo con un yelmo. Este hombre era, en realidad, un barbero que se había puesto un bacía sobre la cabeza para no mojarse. Don Quijote lo atacó y el hombre salió huyendo, dejando atrás el caballo y la bacía. Don Quijote guardó la bacía y sancho hizo lo propio con los aparejos del caballo del barbero, para poner a su asno. Después almorzaron y siguieron cabalgando. Sancho le hizo ver a su amo lo poco que sacaban en limpio de sus andanzas, y éste le contesta que ser caballero andante proporciona fama y gloria, pudiendo casarse con infantas y acabar siendo rey.

Capítulo XXII

De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir

Mientras conversaban, don Quijote alzó la vista y vio doce hombres a pie encadenados y, junto a ellos, cuatro hombres con escopetas. Don Quijote le preguntó a uno con escopeta quiénes eran aquellos condenados, y éste le dijo que eran galeotes. Don Quijote le fue preguntando a todos los presos qué delito habían cometido. A continuación, pidió que liberasen a los presos, negándose los guardianes. Don Quijote, viendo aquello, los atacó y liberó a los presos, diciéndole que fueran a presentarse a Dulcinea. Un preso dijo que si tal hiciesen, que los volverían a coger. Don Quijote se enfureció, pero los presos los apedrearon y les robaron parte de las ropas.

Capítulo XXIII

De lo que le aconteció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan

Don Quijote y Sancho empezaron a lamentarse por las pedradas recibidas, y siguieron cabalgando hasta la noche, cuando llegaron a Sierra Morena, durmiendo entre dos peñas. Resulta que uno de aquellos presos, huyendo, se detuvo a pasar la noche en el mismo sitio y, al marcharse, le robó el asno a Sancho.

Por la mañana, Sancho empezó a lamentarse y don Quijote le prometió una cédula de cambio para poder obtener tres asnos. Después siguieron cabalgando hasta que encontraron una maleta con camisas, cosas de lienzo, un puñado de escudos de oro y un librillo de memoria. Sancho y don Quijote se quedaron con los objetos de la maleta, y vieron a un hombre que a ellos se les figuraba el dueño, así que fueron a su encuentro. Mientras lo buscaban, se encontraron con un cabrero. Éste les contó que la maleta pertenecía a un mancebo que se volvió loco y que empezó a vivir en la sierra. Después de estos detalles, a don Quijote le entraron más ganas de encontrarlo, pero no hizo falta porque el mancebo se acercó a ellos.

Capítulo XXIV

Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena

El mancebo les pidió algo de comer. Después les llevó a un prado y les contó sus desventuras. Les dijo que se llamaba Cardenio y que era de origen noble, que se había enamorado de una doncella y que ésta le correspondía. Un día, tuvo que marcharse para ejercer de compañero del hijo mayor del duque Ricardo. Don Fernando, un hijo segundo del duque Ricardo, se había enamorado de una labradora y quería casarse con ella. Para olvidarse de ella, se marcharon a casa del padre de Cardenio. Éste le contó a don Fernando lo que sentía por aquella doncella y se la mostró, quedando Don Fernando perdidamente enamorado de ella. En este punto, don Quijote interrumpió el relato. A Cardenio le dio un ataque y le lanzó una piedra a don Quijote. Santo le pegó un puñetazo a Cardenio y empezaron a pelearse todos. Después se apaciguaron y don Quijote se quedó con las ganas de hallar de nuevo a Cardenio para oír el final de su historia.

Capítulo XXV

Que trata de las extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de La Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.

Don Quijote y Sancho se despidieron del cabrero y siguieron por las montañas hasta que llegaron al pie de una en la que había un arroyo y un prado. Allí, don Quijote empezó a lamentarse por el dolor que le causaba el amor que le tenía a Dulcinea. Después intentó liberar a Rocinante y darse cabezazos contra las peñas, pero Sancho lo evitó. Éste se enteró de que Dulcinea del Toboso no era otra que Aldonza Lorenzo, una labradora muy fuerte y trabajadora. Don Quijote le escribió una carta de amor a Dulcinea y una cédula para darle tres pollinos a Sancho, marchándose éste para entregar la carta y cobrar los tres pollinos.

Capítulo XXVI

Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo don Quijote en Sierra Morena.

Don Quijote, al verse solo, se subió a una alta peña y empezó a imitar a Roldán y a Amadís, entreteniéndose en componer muchos versos.

Mientras Sancho se dirigía al Toboso, se encontró con el cura y el barbero en la venta donde fuera manteado y les contó lo sucedido con don Quijote. El cura se ofreció a llevarle la carta a Dulcinea y Sancho aceptó. Cuando la fue a coger, se dio cuenta de que había perdido la carta y la cédula. El cura se ofreció a escribirla de nuevo y Sancho le fue diciendo lo que recordaba. El barbero y el cura entraron a comer en la venta y como Sancho no quería entrar, le llevaron fuera algo de comida. Mientras comían dentro, los otros dos planearon disfrazarse como una doncella agraviada e ir hasta don Quijote para que accediera a vengarla, con el fin de llevarle a casa y hacerle sanar de su locura.

Capítulo XXVII

De como salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia.

El ventero y la ventera ayudaron al cura a disfrazarse. Después, éste, el barbero y Sancho partieron. Por el camino acordaron que la doncella sería el barbero. Al llegar cerca de donde estaba don Quijote, el cura y el barbero esperaron a que Sancho hablase con su amo. Mientras esperaban se encontraron con Cardenio y le preguntaron su historia, contándosela éste de principio a fin.

Cardenio se quería casar con aquella doncella, llamada Luscinda y quería hablarlo con su padre para que éste se lo comentase al padre de ella; pero don Fernando le traicionó. Le dijo al padre que el que quería casarse con Luscinda era él y no Cardenio, y organizaron la boda. Cardenio fue a casa de Luscinda en el momento de la boda de ésta con don Fernando. Al oír el “si, quiero” de ella, se fue de allí y huyó hasta las montañas, donde vive.

Capítulo XXVIII

Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y barbero sucedió en la mesma sierra.

Cuando el cura iba a consolar a Cardenio, sintieron los lamentos de una mujer que se estaba lavando los pies en un arroyo. Esta mujer era hija de los vasallos de don Fernando y se llamaba Dorotea. Don Fernando se había enamorado de ella e hizo todo lo posible para casarse, aunque ésta lo rechazaba. Después de un tiempo molestándola, don Fernando se fue. Un mes más tarde, Dorotea se enteró de que don Fernando se había casado con una doncella llamada Luscinda. Dorotea se vistió de labradora y, por la noche, se marchó con un criado de su padre a ver a don Fernando. Dos días después llegó al lugar y allí se enteró de que Luscinda solo se había casado con don Fernando por obediencia, no por amor. Dorotea oyó un pregón prometiendo recompensa a quien hallase a ella y a su criado, marchándose ambos y llegando a las montañas. En ellas, el criado la quiso violar pero ella lo tiró por un barranco. Después se puso al servicio de un ganadero que, más tarde también la quiso violar, huyendo Dorotea de allí.

Capítulo XXIX

Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia en que se había puesto.

Al acabar Dorotea la historia, Cardenio se presentó, diciéndole quien era. El cura les ofreció volver con él más tarde a su aldea, para que se pudiesen proveer de lo que les faltaba. De repente, oyeron voces de Sancho Panza. Éste les contó el lamentable estado en que se hallaba don Quijote. El cura les contó a Cardenio y Dorotea el plan para sacar a don Quijote de allí. Dorotea se arregló de tal manera que parecía una gran señora, y fueron todos al encuentro de don Quijote, advirtiéndole a Sancho que hiciese como que no conocía al cura ni al barbero, ambos disfrazados. A llegar junto a don Quijote, Dorotea se hincó de rodillas ante él. Le dijo que era la princesa Micomicona, del reino de Micomicón, y que le rogaba que acabase con un gigante. Don Quijote cogió sus armas y montó sobre Rocinante, partiendo a continuación. El cura y Cardenio, que estaban escondidos les salieron a los otros al paso. El barbero tuvo un pequeño accidente con su montura, cayéndose, y despegándosele su barba. El cura se acercó a él y se la pegó, quedando don Quijote todo maravillado. Después continuaron avanzando. Por el camino, el cura le dijo a don Quijote que alguien le había robado las pertenencias al barbero, a Cardenio y a él.

Capítulo XXX

Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo.

Micomicona le dijo a don Quijote que continuase sin entretenerse en cumplir otras misiones por el camino, alabando a don Quijote y prometiéndole a Sancho hacerlo un gran señor en el reino de Micomicón. Éste le dijo a su amo que debería casarse con Micomicona y no con Dulcinea. Don Quijote, oyendo aquello, lo aporreó con su lanza y le increpó. Sancho se disculpó, besándole la mano. Así estaban cuando pasó por allí el preso que le había robado el asno a Sancho. Éste fue junto al preso y le gritó. El preso se bajó del asno y se marchó huyendo. Después Sancho le dijo a su amo que había perdido la carta destinada a Dulcinea, pero que se la había repetido de memoria a un sacristán, el cual la había vuelto a escribir.

Capítulo XXXI

De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza su escudero, con otros sucesos.

Don Quijote le preguntó a Sancho por Dulcinea y éste le contestó que estaba ahechando trigo en su casa, que se había enterado del amor de don Quijote por ella y que hasta allí había llegado el Vizcaíno a presentarse. Todo esto lo estaba inventado Sancho, ya que él no había llegado al Toboso. Don Quijote empezó a dudar entre ir al Toboso a ver a su amada o ir a matar al gigante, decidiéndose al final por lo último. Después se pararon todos a comer. Mientras comían apareció un mozo que era aquel que estaba atado a una encina mientras su amo le golpeaba y se abrazó a don Quijote. Le contó como al marcharse el caballero don Quijote, su amo le apaleó. Don Quijote decidió pagarle a aquel labrador con la misma moneda, pero después de haber matado al gigante. El mozo le dijo que no lo creía y le pidió algo de comer. Mientras se marchaba, le dijo a don Quijote que la próxima vez no le defendiese, porque era peor el remedio que la enfermedad.

Capítulo XXXII

Que trata de lo que sucedió en la venta a la cuadrilla de don Quijote.

Después de comer continuaron su camino y llegaron a la venta donde Sancho había sido manteado. Entraron y le dispusieron un lecho a don Quijote, acostándose éste temprano. Le devolvieron a la ventera la falsa barba y los ropajes y pidieron la cena. Hablaron de las razones de la locura de don Quijote. El ventero trajo una maletilla en donde tenía tres libros de caballerías. El cura quería quemar dos de ellos, dejando otro que era una historia real. El ventero no creyó que el tercero narrase una historia real, prefiriendo los otros dos. También había una obra escrita por el dueño de la maleta olvidada, que el cura cogió y empezó a leer.

'Don Quijote de La Mancha; Miguel de Cervantes'