Don Juan Tenorio; José Zorrilla

Literatura española del siglo XIX. Romanticismo. Teatro. Drama romántico. Personaje donjuanesco. Personalidad

  • Enviado por: Jenny
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
publicidad
publicidad

El arquetipo de conquistador:

Don Juan Tenorio

Don Juan es indudablemante uno de los personajes literarios más conocidos en el mundo. Se ha convertido en

el verdadero arquetipo de la figura de burlador. Ha penetrado en la mentalidad humana como un símbolo

ideal, clásico, del conquistador. Y todo esto gracias a la obra de Zorilla, donde don Juan aparece en su

encarnación más famosa. Es la coronación de una larga tradicion, que tiene sus origenes ya en la Edad Media.

Hay muchas discusiones entre los críticos en cuanto a las fuentes de inspiración que utilizó Zorilla. En sus

"Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio" Zorilla reconoce solamente la de El burlador de Sevilla de

Tirso de Molina y No hay deuda que no se pague de Antonio Zamora. Sin embargo se indica también

literatura francesa. Los protagonistas de Les ames du purgatoire de Mérimée y Don Juan de Maraña de

Dumas tienen rasgos comunes con el héroe de Zorilla.

Los antecedentes se hallan en muchos otros personajes literarios españoles del Siglo de Oro, como, por

ejemplo, Cariofilo de Eufrogina de Ferreira de Vasconcelos o Leucino de El inflamador de Juan de la Cueva.

Algunos mencionan incluso en Comendador de Fuenteovejuna de Lope de Vega.

Lo que sí es cierto es que el personaje del burlador había tenido una larga tradición en el momento de la

aparición del drama de Zorilla y por esa multitud de encarnaciones habia ganado ya una condición de mito

literario. No obstante, el héroe creado por él no es una simple reconstrucción del mito del pasado, es fruto del

Romanticismo, es original y más complejo que sus previas encarnaciones. Alison Peers afirma: "El Don Juan

de Zorrilla no es él de Tirso, ni él de Dumas, sino el suyo propio. La audacia y desenfado del Don Juan de

Zorrilla y su extremado cinismo, contrapuestos a su tardío remordimiento y arrepentimiento, lo distingue de

todas sus demás encarnaciones". Valbuena afirma, que "Don Juan de Zorrilla se ha hecho más complejo, más

hondo y ha animado un cuadro de poesía integral". Según Alborg justamente en el "se dan precisamente

dibujadas y con un aliento real insuperable, los «carácteres naturales» del donjuanismo auténtico." Por lo tanto

la obra de Zorrilla nos puede servir de base para analizar las características del personaje de Don Juan y

encontrar los rasgos que le han permitido convertirse en un verdadero arquetipo humano.

La característica del personaje del burlador en la obra es muy detallada y profunda y se realiza de tres

maneras, o sea, conocemos el carácter del burlador através de sus hechos, de las descripciones que le hacen

los demás, y de lo que él habla de sí mismo.

Ya las primeras palabras dichas por don Juan ("¡Cuán gritan esos malditos!(...)") revelan un rasgo importante

de su personalidad. Es impaciente, insumiso y arrogante. Luego, antes de su segunda aparición, oimos a

Gonzalo decir, que Tenorio y Mejía son los mozos"más viles" de España. Centellas añade:

don Juan Tenorio, se sabe,

que es la más mala cabeza del orbe,

y no hubo hombre alguno

que aventajarle pudiera

con sólo su inclinación

(...)

1

Todo esto nos prepara para la escena con Luís Mejía, donde nos enteramos de la boca del mismo protagonista

de la escandalosa y llena de vilezas vida que lleva:

Por dondequiera que fui

la razón atropellé,

la virtud escarnecí,

a la justicia burlé,

y a las mujeres vendí.

Yo a las cabañas bajé,

yo a los palacios subí,

yo los claustros escalé,

y en todas partes dejé

memoria amarga de mí.

Ni reconocí sagrado,

ni hubo ocasión, ni lugar

por mi audacia respetado;

ni en distinguir me he parado

al clérigo del seglar.

A quien quise provoqué,

con quien quiso me batí,

y nunca condoleré

que pudo matarme a mí

aquel a quien yo maté.

Probablemente es el fragmento del drama que mejor caracteriza al Tenorio. Su cinismo es desbordante y su

audacia causa temor. Está poseido por una obsesión que le lleva a cometer todas estas barbaridades de las que

luego presume. Resulta difícil decir si su obsesión tiene carácter puramente sexual, si es más bien un deseo de

manifestar la facilidad de conquistar a las mujeres. El segundo juicio me parece incluso más justificado,

porque Tenorio tiene manía por mostrar a los demás su coraje, bravura y cinismo. A lo largo de la obra

muchas veces repite frases provocativas como: "¿No creeis en mi valor?" o "Nadie se burla de mí". Muy

significativas son las palabras que caen en el cementario. Aunque don Juan parece ya cambiado, al ver a

Centellas, que le sorprendió allí, declara intrépido:

2

Si volvieran a salir,

de las tumbas en que están,

a las manos de don Juan

volverían a morir.

Y desde aquí en delante,

sabed, señor capitán,

que yo soy siempre don Juan

y no hay cosa que me espante.

Sus conquistas no las hace secretas, sino al contrario, hace una apuesta, que se dirime en presencia de muchos

testigos. Su soberbia, fanfarronería y seguridad de si mismo están llevados a tal extremo, que a la gente que le

rodean se les ocurre que lo suyo no es ya valor, sino más bien locura, delirio. Su notoriedad se extiende por

toda Sevilla.

Tenorio no respeta ningún valor, ni dictado moral. Es blasfemo y sacrílego. No reconoce ninguna autoridad, ni

paterna, ni estatal, ni siquiera divina. "Zorrilla va escalonando escenas que muestran el perfil irrespetuoso y

réprobo del personaje - homicidios y crímenes, seducciones, jactancia de la vida disoluta, injurias al

Comendador y a su propio padre, rapto de una novicia, muerte de Comendador y de don Luis(...) En la

segunda parte la falta de arrepentimiento le lleva a injurar a los muertos y hacer el convite a la estatua del

Comendador."

La actitud de don Juan hacia la religión y Dios es muy interesante. Tenorio rechaza tods los dogmas religiosos

y los mandamientos, pero no podemos decir definitivamente que rechace la fe en la existencia de un ser

supremo:

Llamé al cielo y no me oyó.

Y pues sus puertas me cierra,

de mis pasos en la tierra

responda el cielo, no yo.

En estas famosas palabras don Juan expresó sólo su desilusión, su falta de confianza en el Dios, pero no en su

existencia. Sin embargo, en la escena en el cementerio dice, dirigiéndose a doña Inés:

(...)

si hay un Dios tras esta anchura

por donde los astros van,

dile que mire a don Juan

(...)

3

Aquí vemos a un hombre triste y dudoso, que ya no está seguro de nada. En un fragmento posterior Tenorio

declara abiertamente que jamás ha creido en que existiera otra vida y otro mundo que los de aquí. Su actitud

hacia la existencia de Dios puede parecer un poco inconsistente. De la incoherencia y falta de consecuencia

también le acusaba su propio progenitor. De todas maneras, a mí me parece más un hombre confuso, que

expresa juicios, en los que luego duda, una personaje trágica y a la vez más humana.

No obstante, no le falta a Don Juan la condición diabólica. Muchos personajes a lo largo de la obra le dan el

calificativo de hijo de Satanás, Lucifer, demonio. Evidentemente, Don Juan tiene algún poder misterioso.

Pérez de Ayala en "La máscaras" comenta: "Don Juan no es Don Juan por haber ganado favores de infinitas

mujeres con mentiras y promesas villanas, sino por haber arrebatado, aún cuando sea a una sola mujer, por

seducción misteriosa, y empleo aquí palabra seducción en su sentido propio como hechizo."Esa atracción fatal

la expresa sugestivamente Doña Inés en su monólogo, cuando dice:

(...)

me has dado de beber

un filtro infernal sin duda,

(...)

Tal vez poseéis, don Juan,

Un misterioso amuleto

que a vos me atrae en secreto

como irresistible imán.

Tal vez Satán puso en vos

su vista fascinadora,

su palabra seductora

y el amor que negó a Dios

(...)

Don Juan utiliza la astucia para enamorar a Doña Inés y traerla a su casa, pero cuando una vez lo consigue, es

ella la que primero expresa su gran deseo sexual y le ruega a Tenorio que la ame.

Lo humano de Don Juan es que, a pesar de todos sus vicios, tiene una alma capaz de amar, lo que se revela en

la segunda parte de la obra. En la primera parte no aparecen monólogos de tipo reflexivo. Cuando Tenorio

regresa después de cinco años, lo notamos algo pensativo, nostálgico. En su soliloquio en el cementerio

parece incluso lamentar por su pasado, renunciar a la aventura, llorar. La confesión que hace ante la estátua de

Doña Inés es sincera. Alborg analizando su "conversión" afirma: "(...)Don Juan no se arrepiente en un

segundo aterrorizado por la muerte, Don Juan viene arrepentido después de su ausencia. Si todavía se

revuelve, es porque esto es lo humano." Aunque es después de su muerte cuando definitivamente se dirige

hacia Dios y su salvación se lleva a cabo gracias al. amor de Doña Inés.

Muy interesante es el comparar el Don Juan de Zorrilla con el de Tirso, el más famoso de sus precedentes. El

4

esquema de los personajes es muy parecido: los dos son fanfarrones, seductores, desprecian la autoridad

paterna, se burlan de los muertos y la religión. Sin embargo, el el protagonista de Zorrilla es mucho más

complejo y su matización psicológica es muy rica. El tipo creado por Tirso es más ágil, todavía más cínico,

poseído por mayor obsesión sexual, incapaz de reflexiones ni de amor, privado de una vida interna, frío y

deshumanizado. De sus palabras se desprende un desprecio hacia las mujeres. Además no cabe duda de que

éste es pagano.

Ricardo Navas Ruiz en su divagación sobre Don Juan Tenorio subraya la importancia del destino en el drama.

Indica que en El Burlador de Sevilla solamente la conducta del protagonista, y no el destino, le lleva a su

condenación. En el caso de Tenorio las dos cosas coinciden.

Hay que acordarse también de las realidades de las época en las cuales fueron creadas las obras. El Burlador

es fruto de un pensamiento barroco, marcado por la Contrarreforma y, por consiguiente, tuvo que ser

castigado para ejemplo de los pecadores. En Zorrilla fue salvado para "satisfacer la sensibilidad de su tiempo".

Y eso precisamente, según José Lasaga Medina contribuye a la decadencia del mito de Don Juan, porque

Tenorio pierde su orgullo satánico, su sensualidad infinita, su rebeldia absurdo y su desprecio de la muerte, o

sea su configuración "eterna", y se aproxima al gusto popular. No puedo ponerme de acuerdo con esta

interpretación, ya que me parece una simplificación del pensamiento de Zorrilla; Tenorio conserva su fuerza

mítica y su transcendencia, porque está salvado por medios sobrenaturales.

Alborg comenta:"Imaginemos por un momento que manteniendo la obra en el plano realista, Don Juan se

enamora de Doña Inés (...), se arrepiente de sus calaveradas y (...) se casa con ella; hubiéramos tenido una

comedieja vulgar, de los más manido y ramplón, y todo el mito de Don Juan se hubiera derrumbado."

Zorrilla no destruye ningún mito, sino, al contrario, crea uno nuevo: "un mito eterno de la salvación por el

amor".Además este Don Juan concentra en sí "la fuerza fascinadora", como declara Navas Ruiz, "la exaltación

de esos oscuros poderes, que atraen irrisistiblemente a las mujeres".

Don Juan es un tema eterno, conocido en todo el mundo, al. que se vuelve constantemente. Lasaga Medina

dice que: "no habrá giro de sensibilidad artística, que no busque reflejarse en el mito donjuanesco." Es un

arquetipo humano tanto como Fausto o Don Quijote, un símbolo universal, "que precisa dimensiones

excepcionales para compendiar en ellos todos los atributos de la especie".Lo que tiene en común con Don

Quijote es que los dos se oponen a las leyes mundanas, crean sus propias normas de actuar, aunque Don

Quijote respeta el orden divino y la ley de la caballería, y Don Juan no respeta nada. Por lo tanto lo podemos

llamar también un mito de rebelde. Según Maetzu "Don Juan ha sido bendecido en la cuna con un privilegio:

el de poder realizar todos sus deseos, sin que haya circunstancia que lo impida. Y maldito al mismo tiempo:

no podrá poner su fuerza y energía al servicio de ninguna causa más que las de sus propias. Salud, belleza,

invulnerabilidad: metáforas que hacen de Don Juan el mito de la vida en la tierra, de la absoluta inminencia

del deseo que ignora cualquier atisbo de trascendencia de limitación; en suma, el mito de la absoluta libertad."

Don Juan es también considerado un símbolo de crísis de ideales, de la desilusión de la vida. Maetzu incluso

lo llama "jugador", ya que el juego es su forma de vivir la vida que no tiene sentido.

Por fin, este conquistador sevillano es un personaje con "alma española", posee ciertos rasgos, los cuales

muchas veces, justamente o no, se atribuyen a los españoles: es fanfarrón, orgulloso, soberbio, impulsivo.

Desde luego, creo que su figura ha contribuido a formar un estereótipo de español, que sigue funcionando en

la mentalidad europea hasta hoy en día.

BIBLIOGRAFÍA

J.L. Alborg, Historia de la literatura española, vol. IV, Editorial Gredos S.A., Madrid, 1980, pág. ð

5

604-616

A.Valbuena Prat, Historia de la literatura española, vol. III, Editorial Gustavo Gili, S.A., Barcelona, 1968,

pág. 194-197

ð

3. Jorge Campos, Introducción a Don Juan Tenorio, Alianza Editorial, S.A, Madrid, 1985

E. Allison Peers, Historia del movimiento romántico español, vol. II , Editorial Gredos, S.A., ð

Madrid, 1973, pág. 145-148

R. Navas Ruiz, Romanticismo español, Cátedra, Mádrid 1990, pág. 314-319 ð

J.Lasaga Medina, Don Juan, mito finisecular, B.I.L.E. N° 32-33 Diciembre 1998, pág. 61-75 ð

E. Allison Peers, Historia del movimiento romántico español, vol. II , Editorial Gredos, S.A., Madrid, 1973,

pág. 147

A. Valbuena Prat, Historia de la literatura española, vol. III, Editorial Gustavo Gili, S.A., Barcelona, 1968,

pág. 195

J.L. Alborg, Historia de la literatura española, vol. IV, Editorial Gredos S.A., Madrid, 1980, pág. 605

Jorge Campos, Introducción a Don Juan Tenorio, Alianza Editorial, S.A, Madrid, 1985

citado por A. Valbuena Prat en "Historia de la literatura espanola", op. cit., pág. 146

J.L. Alborg, op. cit., pág. 610

R. Navas Ruiz, Romanticismo español, Cátedra, Mádrid 1990, pág. 316

op. cit., pág. 315

J.L. Alborg, op.cit., pág. 614

op. cit., pág. 614

R. Navas Ruiz, op. cit. pág. 316

J.Lasaga Medina, Don Juan, mito finisecular, B.I.L.E. N° 32-33 Diciembre 1998, pág. 61

J.L. Alborg, op.cit., pág 605

citado por J. Lasaga Medina, op. cit., pág 75

4

6