Domingo Faustino Sarmiento y política bibliotecaria

Historia contemporánea de Argentina. Siglo XIX. Escritores y políticos. Presidentes argentinos. Biblioteca Popular. Bibliotecario. Administración bibliotecaria

  • Enviado por: Guillermo Ricardo
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 7 páginas
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SARMIENTO Y LA POLÍTICA DE LA BIBLIOTECA.-

Por Guillermo R. Gagliardi.

Es necesario no distraerse ni un momento en la tarea de la “general difusión de los libros, en la formación paulatina, pero inmediata de bibliotecas. Al alcance de todos, para no “desperdiciar en la incuria y el olvido los caudales públicos gastados en darles la educación preparatoria que gratuitamente han recibido”.

Así instruye y evangeliza el Maestro, el Político DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888).

1.- El Evangelio de la Biblioteca Popular.

Necesitamos instaurarlas como “fuentes perennes y vivas, como modernas promotoras de Cultura, “para todos los vecinos, para todas las edades, para todas las condiciones” (“Obras Completas”, tomo 4: `Ortografía. Instrucción Pública', Bibliotecas locales”, 1853).

Abomina de las “bibliotecas osarios o archivos como cementerios monumentales”:

“Esas bibliotecas, si bien muestran los andamios que ha recorrido el saber humano durante siglos, hasta llegar al estado presente, también acusan lo poco que aun se ha hecho en aquellos países para poner los libros al alcance de la gran mayoría de los pueblos, y la disparidad relativa entre la alta ciencia que avanza los conocimientos por el estudio de los antecedentes y la educación común que exige que el libro vaya a buscar a los habitantes de un país dilatado, al lugar donde se hallan establecidos”

(“Obras completas”, tomo 47: “Educar al Soberano”).

Duro crítico de la Burocracia esterilizante de todo esfuerzo y anuladora de todo entusiasmo. “Todo lo que se intenta en bien entre nosotros cae al fin en la reglamentación, el empleo y la especulación” (Obras, t. 29: “Ambas Américas”).

Necesita concretar una Concepción Administrativa, instaurar una Política, Legislación y Organización Bibliotecarias, democrática, racional y popular.

Postula una Teoría Administrativa de la Inteligencia y la capacidad. Una Administración de estilo y raíz Republicana, que contrapone a la predominante: la que obstaculiza planes y fundaciones, la Burocrática, rutinaria, mediocre, fríamente reglamentarista y asfixiante en la inoperancia de sus profusas normativas...

Cual un Diderot (1713-1784) americano, quiere inaugurar un Nuevo Mundo: “La emancipación del pensamiento humano que se generalizó en el siglo pasado, tuvo por estímulo un trabajo semejante, cual fue la `Enciclopedia'”. . Dar impulso a la masa inculta, excitar su secular apatía y su resistencia.

Esta administración anti-colonial, activadora ha de transformarse en ejemplo de ejercicio popular de la Democracia: la biblioteca “es de un vecindario y no del gobierno; los suscriptores la administran, la fomentan, dándose reglamentos que proveen a su administración, conservación y crecimiento”.

Su “utopía realizable” se erige como base de la Organización Pública y de la práctica de los Deberes y Derechos del Ciudadano.

2.- El Bibliotecario.

El Bibliotecario ha de desempeñar en este proyecto civilizador la función de Administrador. Oficio de Gerenciador es el que le atribuye su criterio Modernizador.

“Sabiendo muy bien que ni la fe ni las obras...o el patriotismo ni el saber salvan, sin llevar cuentas arregladas, tener horas fijas y una eficaz inspección”.

Promotor de Valores y socializaciòn.

Define a la Estadística como la ciencia de los hechos, de su observación y clasificación y principios regentes. ciencia auxiliar de la Administración, de la Política, de la Educación, de la Economía Pública, del Periodismo.

En su discurso “Espíritu y condiciones de la Historia en América” (1858, en tomo 21 de sus Obras) considera providencial a dicha ciencia, como clave para la interpretación de la Historia Universal: “Los datos estadísticos son para la Inteligencia Moderna, lo que la intervención de los Dioses, era para los Antiguos”.

La considera un “cartabón”, una medida para juzgar circunstancias, sucesos y protagonistas de la Evolución del Género Humano (“Estadística”, 24-8-1842, en tomo 10 de sus Obras). “...Aplicad esta linterna a todos los pueblos, a todas las doctrinas, a todos los hombres, a todos los hechos”.

Privilegia su valor diagnóstico y la importancia de sus resultados. como gobernante de altas miras y a la vez, de criterios empíricos, utilízalas como base de sus Proyectos y Planificación de sus actividades, que “deben partir de esta base necesaria a toda mejora para que ella sea útil y fundada en el pleno conocimiento de los males que se quieren remediar”.

Ya en 1842, en “El Mercurio” chileno, sostiene que “no hay un ramo de la Administración Pública que no saque de la Estadística ventajas y conocimientos que ningún talento ni capacidad pueden suplir”. Llegó a elaborar un detallado plan sobre el asunto para el Gobierno trasandino..

Con los Censos y recolección de datos, base de toda tarea administrativa ilustrada y lógica, “los errores se desvanecen, las teorías se desmienten y la verdad material, positiva, se presenta a los ojos de todos en caracteres tangibles e inequívocos”. El trabajo bibliotecario posee como base de acción y proyección, a las Estadísticas, que Sarmiento señala y destaca minuciosamente: frecuencia de préstamos, autores leídos, períodos, asistencia en sala, clases de consultas, tipos de lectores, etc.

“Una biblioteca pública circulante y de limitada extensión, como una tienda de menudeo, depende de la prontitud con que provee a la demanda de cada día.

No vale tanto por lo que posee, sino que debe mantener vivo el interés, adquiriendo lo que no tiene. No está aguardando que vengan a visitarla estudiantes y gentes de Letras, sino que debe atraer lectores que buscan divertirse, descansar o instruirse”., “no cierra sus puertas a los pocos instruidos, debe atraer a los muchos, a un a los ignorantes, los frívolos y los sin seso”.

Humanizador, impulsor de las virtudes cívicas, creador e impulsor de Cultura.

3.- Administración Bibliotecaria.

Los tres puntos esenciales de la Administración Bibliotecaria son en su criterio: material, manejo y conservación. El primer requisito es formar la costumbre de leer, no atendiendo al contenido: aquélla “es más indispensable que la materia de la lectura”.

Aconseja las “lecturas ociosas”, “el único medio eficaz es proveerse desde el principio de los libros que se sabe gustan al común de los lectores; que después se irá haciendo lo posible para manejar el gusto de las lecturas”.

Luego vendrá como una derivación natural, la solicitud e interés por lecturas más sustanciales:

“la experiencia de libreros y bibliotecarios es unánime en certificar que los que principiaron por novelas frívolas o historietas semanales, acaban siempre por reclamar historias más sustanciales; después verdaderas narraciones o viajes de aventuras, de biografía o historia y más ensayos sobre ciencias popularizadas, y así en adelante”.

“los tres cuartos de los libros que se solicitan, son de lecturas ligeras o amenas”.

Junto con los libros que satisfacen “esa propensión popular”, debe hacer obras de consulta, según lo permitan los recursos financieros. Y la mayor cantidad posible de publicaciones periódicas tanto de divulgación y entretenimiento e ilustrados, como serias, científicas, arte y filosofía, cuya lectura se facilitará en lo posible en sala especial, o en circulación “pero por períodos más cortos y bajo condiciones más estrictas, por cuanto están más expuestos a perderse y deteriorarse”.

El “criterio del seleccionador” debe guiarse según “las hojas de la buena doctrina, a saber: lectura ligera y libros de consulta” primeramente, y después su juicio ha de ser objetivamente fundado en las características de los usuarios y en las demandas de la Comunidad en la que está instalado y en la consulta de libreros o colegas conocedores y seguros de la actividad.

En la “adquisición” del material, previene sobre la “licitación”, la asistencia remates u ocasiones “que suelen ser ventajosas, cuidándose de no adquirir libros viejos u obras descabaladas” y “poner en competencia a los libreros, pues las tentaciones que suscita el monopolio o el comprar en privado...”.

Enumera y analiza todos los pasos previos a la “circulación del libro”: diario y libro mayor, libros de facturas, catálogo, inventario de entrada de los libros, registro de préstamos, carpetas de correspondencia, lista de encuadernaciones.

Imprime en los libros un mensaje popular de cuidado de los mismos, sus “Mandamientos de Moisés de las Bibliotecas”:

“Nota Bene.

1º) todo libro merece leerse.

2º) principiad por el principio y leedlo de punta a punta.

3º) leed con atención, de modo que cuando os lo pidan, podáis decir de qué se trata, y si algún buen consejo contiene, ponedlo en práctica. 4º) un solo libro bien leído os hará más bien que el recorrer a la ligera las páginas y mirar láminas de quinientos libros.

¿Cómo se puede hacer uso de un libro sin desmejorarlo? Poniendo en práctica estas siete indicaciones:

1º) nunca tomes libros con manos sucias.

2º) nunca mojes el dedo para volver una hoja.

3º) nunca pongas el libro en la boca.

4º) nunca ajes las esquinas.

5º) nunca dobles una página para señal.

6º) nunca dejes el libro abierto.

7º) nunca lo dejes sino en lugar seguro”.

El servicio de Préstamo lo evalúa como el definitorio de las Bibliotecas “parroquiales”, barriales o de zona.

“En lugar de exigir que el artesano, el propietario, abandono sus quehaceres para venir a sentarse horas enteras en un banco incómodo, el libro va a su casa mediante un recibo dejado al bibliotecario y la obligación de reponerlo si lo deteriorare.

Éste es todo el secreto”

(en “El Nacional”, 14-5-1856).

En el dorso de la boleta de préstamo deben estamparse consejos básicos sobre el manejo y cuidado de los libros como objetos materiales; de todos los aspectos bibliológicos se ocupa...

“Nosotros vinimos en 1852 a decirle a este Lázaro: `Levántate y camina!'”, dando vida y movimiento útiles a “la quietud sepulcral en la biblioteca”.

4.- Política de la Biblioteca.

Define con claridad a una “Biblioteca Nacional”:

“es un archivo del pensamiento humano, para que tomen notas los que piensan y continúan la obra. están en efecto reunidas allí por la acción del tiempo y el cuidado de los gobiernos, todas las producciones anteriores, de los infinitos ramos del saber.

Bibliotecas tales, son laboratorios indispensables para el fabricante de nuevos libros”.

Las apela como “fantasmones insustanciales”, “osarios de librazos inútiles”, “instituciones paralíticas”, “tesoros quietos”, “para sabios imaginarios o ausentes”, “hacinamientos de mamotretos inconsultos”...

Debemos encarar una obra útil y aplicable a nuestras necesidades, “un receptáculo de conocimientos al alcance de cada habitante”.

No obstante la definición negativa de Sarmiento, consideramos importante el concepto expuesto , por ejemplo por E. W. Humphrey, quien les confiere función relevante como fondo centralizado de la producción Cultural Nacional y sede de la Publicación de la Bibliografía de un país, de la Investigación y Enseñanza bibliotecarias, y del Canje Internacional (“Funciónes de una Biblioteca Nacional”, en Boletín de la UNESCO para las Bibliotecas, 20-4-1966, p. 170-182).

Sostiene el sanjuanino”cómo la Iglesia, la Escuela, la Imprenta, es obra de Civismo, de Civilización y de propaganda de las Buenas Ideas”.

Propagación de “bibliotecas abasto de ideas al alcance de todos, sería la obra que debiera acometerse.

En el caso de las Bibliotecas Escolares, acentúa el valor del Seleccionador de libros, pues las impresiones recibidas por la lectura son muchas veces en los niños el punto de partida o el despertar de una tendencia o vocación” considerando el peligro que puede acarrearse a la Infancia, es, pues, esencial el punto de la elección de los libros”.

Ha de nutrirse de obras que hablen al corazón de sus lectores, que atraigan en sencillo estilo, “su atención inconstante” y satisfagan su necesidad de drama, de acción, risa y movimiento físico. Se les mostrará en personajes y hechos los sentimientos “a favor de las creencias, de la caridad y del buen estilo”.

Anticipa el completo enfoque que hace, p. ej., L. M. Zharkova: “lo principal: despertar en el niño el interés por la vida y el amor hacia las personas y ayudarle a formar su personalidad”, pues la finalidad es mejorar la calidad de lectura y socializar al niño (“La biblioteca y los niños”, en “Revista de la UNESCO de Ciencias de la Información, Bibliotecología y Archivología”, I-1, 1979).

Libros como el “Robinson Crusoe” palpitantes de moral activa, sin presuntuosidades ni moralejas y abstracciones. Es imprescindible un alto y serio sentido “bibliopsicológico” para seleccionar el material de estas bibliotecas, por su incidencia marcada en la configuración emotiva de los usuarios, su labilidad, la evolución intelectual:

“tiempo tienen de dudar, de burlarse y de odiar. Entre tanto desarrollemos en ellos la fe que consuela, no demos aliento y vigor al espíritu de crítica que en los niños no analiza ni raciocina..., inspirémosle la benevolencia que allana el camino propio y el de los demás”.

Estima sobremanera el cuidado en la impresión encuadernación e ilustraciones de este tipo de libros.

Esta gigantesca labor, promotora y hacedora de Sarmiento tiene precedentes históricos ilustres en nuestro país. Según datos de Félix Weinberg data de 1832 la Biblioteca y Gabinete de Lectura de la Union Library and Reading Room de Buenos Aires y de unos años antes (Rivadavia), la Buenos Aires British Subscription Library, sociedad de lectura para consulta pública de libros y especialmente de periódicos europeos y americanos, y la Buenos Aires Commercial Romos, con material bibliográfico de índole mercantil, también de carácter público (“EL Salón Literario de 1837”, Hachette, 1958, p. 17 y 18).

Por su parte Domingo Buonocore cita el Casino Bibliográfico como la primera Biblioteca Popular argentina (1855). Centro de Lectura creado por el editor español Benito Hortelano. Y debe destacarse la labor del educador rioplatense Marcos Sastre (1809-1887), quien funda en 1835 el Gabinete de Lectura, primera Biblioteca Circulante argentina (“Libreros, editores e impresores de Buenos Aires”, Bowker, 1974, p. 23, 24 y 39)..

En su “Conflictos y Armonía de las razas en América” (Obras Completas, tomo 37, cap. 4: `La raza blanca') su autor entiende certeramente que la “Administración Americana es hija de la Hispana, basada en las rigurosas Leyes de Indias, y a su vez, heredera de la Administración Romana.

La Administración Colonial Hispanoamericana se caracterizó, según el juicio sarmientino, por la honradez y el espíritu de Justicia, con abundante “idea de rectitud, orden e inteligencia”.

Se desvirtuó a veces el alma de la misma, siendo ejercida por funcionarios ineficaces y corruptos.. Esta ineptitud tiene como antecedentes a la Roma Imperial y la España Inquisitorial: “los empleos son el botín y la recompensa que aguardan los colaboradores de los elegidos magistrados superiores”, “la oscuridad es un título y no pocas veces la mala reputación moral es de suyo recomendación para optar a los puestos lucrativos”.

En carta a Secundino Navarro (12-8-1883) destaca el autor de “Educación Popular”. El valor del “Diccionario de Administración General” de “Mr. Blanche, Profesor de Derecho Administrativo de Francia”. Desea que ese libro sea especialmente leído por Navarro, quien en el próximo año asumiría como Ministro de Gobierno de la Provincia.

Relevante repertorio de asuntos administrativos, que recomiendan su adherencia a una política cartesiana, igualitaria y democrática y su “liberalismo gubernista” (léase su artículo “Capacidades locales”, 1845, en el tomo 9 de sus Obras; y “Epistolario íntimo” de S., ed. de B. González Arrili, 1963, p. 152).

Recordemos finalmente estas reflexiones de Ezequiel Martínez Estrada:

“Lo que en sus años de lucha era malo, sigue siéndolo; allí donde él encontró la veta, yace aún el oro; lo que era peso inerte, gravita todavía y vuela aquello a que le puso alas”.

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