Dominación del capital y aparición de la democracia; Therborn

Régimen Liberal burgués. Movimiento obrero. Capitalismo. Democracia y representación popular

  • Enviado por: Alfonso Alcolea Martínez
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lectura 3: teoría de la democracia

G. Therborn: “Dominación del capital

y aparición de la democracia”

Alfonso Alcolea Martínez

CC. Políticas y de la Administración

Teoría política

Universidad de Murcia

4 de abril de 2000

Comentario a “Dominación del capital y aparición

de la democracia”, de Göran Therborn

(Publicado en En teoría, nº1, abril-junio de 1979, pp. 5-63)

Alfonso Alcolea Martínez

Teoría política - Universidad de Murcia

En este texto, el autor nos propone un análisis de cómo los países desarrollados han accedido a un régimen democrático durante el s.XX, proponiéndonos la resolución de dos paradojas tradicionalmente planteadas por el marxismo y por los economistas clásicos, a saber, cómo es posible que:

  • Los regímenes liberal-burgueses hayan llegado a la tesis cuasi axiomática de que el capitalismo sólo es comprensible dentro de una democracia plena, cuando las tesis del liberalismo clásicas venía a decir todo lo contrario, esto es, que una democracia de masas era contraria al mantenimiento del sistema capitalista.

  • El movimiento obrero en su movilización haya dado lugar a una democracia de masas que sin embargo está gobernada por una diminuta clase burguesa, cuando la extensión del derecho de sufragio a todos los ciudadanos sin excepción era de esperar que hubiese desembocado en un gobierno de clase obrera. Sin embargo, esta democracia burguesa se considera un avance fundamental por parte de las fuerzas obreras.

  • Para elucidar esta cuestión, Therborn parte de un análisis histórico sobre la implantación de la democracia en los países desarrollados con el fin de examinar las variables comunes a los procesos examinados y determinar cuáles han sido las sinergias que han conducido a este resultado. El autor utiliza terminología de corte marxista (clases, estructura, emancipación, explotación...) y al mismo tiempo realiza una interesante abstracción empírica en forma de determinación de variables que nos permitan llegar a conclusiones científicamente fiables.

    En primer lugar se determinan cuáles son las variables dependientes de varios conceptos:

    • Democracia: 1) Representación popular, 2) Sufragio universal, 3) Sufragio igual y 4) Sufragio libre, además de una serie de libertades formales que se contemplan como requi-sitos previos a la democracia.

    • Democracia burguesa: 1) Aparato del Estado compuesto por personas pertenecientes a la clase burguesa, 2) Poder del Estado como superestructura de un sistema de producción capitalista.

    En segundo lugar, determina cuál es el espacio político a estudiar, esto es, los países desarrollados operativizados a través de los diecisiete Estados entonces miembros de la OCDE con una democracia ya establecida, por lo que excluye casos como el de España o Turquía.

    Seguidamente hay que determinar en qué momento aparece la democracia en cada uno de los Estados analizados, esto es, en qué momento histórico se verifican las cuatro variables arriba mencionadas. La combinación de variables realizada por el autor (sobre la que omitimos detenernos) da lugar a seis casos lógicamente posibles, de los que se excluyen los que no han existido en la práctica, de forma que resulta una tipología de cuatro regímenes políticos: estado democrático, estado dictatorial, estado autoritario exclusivista y estado democrático exclusivista. Hay casos en que el cambio poítico ha desembocado en una dictadura, pero lo más llamativo son aquellos supuestos en que el sistema democrático no se ha llegado aimplanter debido a la exclusión de grupos determinados por razón de a) clase, b) sexo, c) raza y d) opinión. Sobre esta cuestión nos detendremos más adelante.

    Examinada la evolución histórica de cada uno de los Estados como casos individualizados, se pueden abstraer una serie de afirmaciones genéricas sobre los factores que han coadyuvado al proceso de democratización. Las dos primeras son que la democracia no ha venido de la mano de niguna de las revoluciones burguesas y que tampoco ha seguido procesos pacíficos acordes con el progreso económico y social que trajo la sociedad industrial. En ese caso, ¿cuáles son los factores de la democratización?

    • La derrota militar del Estado en cuestión en una de las dos guerras mundiales. Sin embargo la democracia no fue el casus belli en ninguna de las contiendas, sino que a entender del autor estas tuvieron lugar por el choque de imperialismos imperante en las sociedades capitalistas, resultado de una de las contradicciones del capitalismo (tesis marxista donde las haya).

    • La contrapartida a la necesidad de movilización nacional, ya sea como movimiento de libe-ración nacional o ya como preparativo para la guerra.

    • Factores internos burgueses de presión, la fuerza independiente de la burguesía pequeña y mediana, industrial y agrícola, y la división entre los detentadores del capital derivada del propio fraccionamiento de éste, otra de las contradicciones del capitalismo.

    • Factor interno del movimiento obrero, que en todo momento enarboló la reivindicación del sufragio universal, igual y libre.

    • Para el autor, ninguno de estos factores fue suficiente y sólo de uno puede predicarse que fuese necesario por su presencia en todos los procesos, con más o menos fuerza: el movimiento obrero. Éste hubo de aliarse con los factores internos burgueses y, en su caso, con uno de los factores exteriores.

    Aparece en el texto un apunte interesante que conviene desarrollar, y éste es el papel histórico de la II Internacional: el autor reivindica como legado de ésta la democratización de los sistemas políticos, y este es un efecto que podría decirse colateral o no querido como primera preferencia de este movimiento. En e-fecto, la I Guerra Mundial se consideró como el gran fracaso de la Internacional Socialista, dado que el llamamiento a la unidad de las masas obreras frente al capitalismo nacional no fue escuchado en ninguno de los países contendiente. En la Gran Guerra, los trabajadores apoyaron con su esfuerzo militar el interés de los Estados, entendido como interés del capital de los Estados que se enfrentaban en un marco de choque entre imperialismos. La union sacrée nacional prevaleció sobre la solidaridad universal de clase. Así, Isidro Sepúlveda (“Historia del nacionalismo”, Ed. Santillana, Madrid, 1997) entiende gran parte de los fenómenos nacionalistas como expresión de una dinámica de creación de un sistema capitalista vertebrado dentro de las fronteras nacionales. El papel de la II Internacional es botón de muestra del marxismo interanciona-lista y nacionalista: Marx apoyó la independencia polaca, pero esto fue como paso previo para la democratización del país, así como al nacionalismo irlandés como vía para la emancipación de Irlanda (cfr. op.cit.). Así pues, la democratización fue un objetivo indisimulado del movimiento obrero, y probablemente se erigió en el logro por antonomasia de la históricamente denostada II Internacional.

    Cerrado este paréntesis, continuamos con el desarrollo de la argumentación de Therborn centrándonos en el porqué de que la democracia haya aparecido exclusivamente en regímenes capitalistas. Así pues, el autor analiza lo que llama tendencias intrínsecas del capitalismo merced a las cuales se llega a la demo-cracia. Básicamente esta ha sido la respuesta en forma de concesión burguesa para solucionar un potencial conflicto social con la clase obrera, al tiempo que la instauración del sistema demoliberal conduce a la unificación nacional y al desmantelamiento definitivo de las estructuras del Antiguo Régimen. El autor expone seis notas definitorias:

  • Es necesaria la lucha obrera para conseguir la democratización de un país, luego es necesaria una clase proletaria desarrollada y organizada.

  • La participación democrática ha de proporcionar ventajas a la burguesía, que en los casos históricos estudiados se tradujo en implicación de las clases obreras en la movilización nacional y en la guerra.

  • El Estado nacional proporciona la superestructura adecuada para el desarrollo de un ca-pitalismo nacional, con un mercado y una producción nacionales y una superación de las estructuras medievales.

  • El desarrollo de la producción permite no temer que las tendencias redistributivas de go-biernos de izquierda sean traumáticas para las clases burguesas.

  • El capitalismo vincula intrínsecamente al capital con el Estado, de forma que la burguesía como clase social preserva su independencia.

  • Las relaciones de producción capitalistas segmentan a la clase burguesa de forma que su desunión favorece la realización de las reivindicaciones del movimiento obrero.

  • De esta forma, en paises donde no se dan estas condiciones nunca se llega a implantar una democracia plena, y tal es el caso de los nuevos Estados surgidos de la descolonización donde, por ejemplo, la burguesía no está desunida sino que es homogénea en torno a una sola producción y depende de un centro exterior, o cuya independencia nacional no se ha realizado teniendo en cuenta a las clases populares que, además, se encuentran en estadíos preindustriales.

    Como conclusión, este autor destaca que la democratización que hoy conocemos, que ha rebasado las previsiones liberales de las revoluciones burguesas, es un resultado de la lucha de clases, de las contradicciones existentes entre el capital y el trabajo. Una teoría que podría parecer determinista pero que se desprende como conclusión válidamente emitida de este discurso teórico. La agregación de la lucha obrera con sus imprevistos aliados generó este modelo de participación que mantenía y mantiene las estructuras capi-talistas evitando el conflicto social y el colapso del sitema. El siguiente paso después de la democratización será, aunque Therborn no lo diga en su artículo, el Estado social.

    Por último, el análisis se cierra explicando las sinergias de la exclusión de grupos del Estado democrático: Superado el criterio clasista, curiosamente han sido los criterios sexista y racista los más irredentos y el de opinión el más reciente. Sin embargo, las dinámicas han sido iguales en todos ellos y su inclusión en el sistema ha dependido de su capacidad para organizarse y ejercer presión en tal sentido. En consecuencia han sido las masas obreras masculinas las primeras en acceder al sufragio. En cuanto al voto femenino, parece ser que depende de cuál haya sido la fuerza y la posición de los opositores al mismo. El racial conoce igual suerte, pero más bien parece ser sólo cuando el grupo no es preocupante deja de ser ex-cluido (criterio de la escasez, en ambos supuestos en Nueva Zelanda se da el voto a mujeres y a aborígenes), cuando puede desestabilizar se le excluye y sólo se permite su inclusión cuando entrando en el sistema se evita el colapso del mismo, a modo de válvula liberadora de tensión social, siempre y cuando se tiendan puentes desde el interior del sistema por parte de sectores que otorgan su -interesado- beneplácito.

    En consecuencia, cabría afirmar que se excluye alos grupos antisistema hasta que su presencia fuera de las fronteras del mismo empieza a ser insoportable (debido a factores internos o externos) de suerte que se hace necesario abrirles la puerta a su incorporación. Es el caso de las fuerzas políticas excluidas por razón de opinión, que en unos casos se ven admitidas y en otros acaban desapareciendo o quedando reducidas a lo meramente testimonial.

    Murcia, 3 de abril de 2000.