Diversas formas de penitencia en la vida cristiana

Penitencia interior del cristiano. Combate de la oración. Objeciones a la oración. Humilde vigilancia. Confianza filial. Perseverar en el amor. Hora de Jesús

  • Enviado por: MIGUELMAPZ1998
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 10 páginas
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DIVERSAS FORMAS DE PENITENCIA EN LA VIDA CRISTIANA

1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La

Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la

limosna (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí

mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación

radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el

perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo,

las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo (cf St

5,20), la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud

de pecados" (1 P 4,8).

1435 La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la

atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am

5,24; Is 1,17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la

corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección

espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de

la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la

penitencia (cf Lc 9,23).258

1436 Eucaristía y Penitencia. La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente

y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo

que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y fortificados los que viven

de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y

nos preserva de pecados mortales" (Cc. de Trento: DS 1638).

1437 La lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del

Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad reaviva en nosotros el

espíritu de conversión y de penitencia y contribuye al perdón de nuestros pecados.

1438 Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de

Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos

fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia (cf SC 109-110; CIC can. 1249-

1253; CCEO 880-883). Estos tiempos son particularmente apropiados para los

ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo

de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la

comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras).

IV LA PENITENCIA INTERIOR

1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no

mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las

mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella,

las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la

conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos

visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18)

Artículo 2 EL COMBATE DE LA ORACION

2725 La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte.

Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de

Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con El nos enseñan que la oración

es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del

Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión

con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere

actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar

habitualmente en su Nombre. El "combate espiritual" de la vida nueva del

cristiano es inseparable del combate de la oración.470

I LAS OBJECIONES A LA ORACION

2726 En el combate de la oración, tenemos que hacer frente en nosotros mismos y en

torno a nosotros a conceptos erróneos sobre la oración. Unos ven en ella una

simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para llegar a un

vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras rituales. En el inconsciente

de muchos cristianos, orar es una ocupación incompatible con todo lo que tienen

que hacer: no tienen tiempo. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración,

pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del

Espíritu Santo y no solamente de ellos.

2727 También tenemos que hacer frente a mentalidades de "este mundo" que nos

invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que

se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que

desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente); es valioso aquello que

produce y da rendimiento (luego, la oración es inútil, pues es improductiva); el

sensualismo y el confort adoptados como criterios de verdad, de bien y de belleza

(y he aquí que la oración es "amor de la Belleza absoluta" (philocalia), y sólo se

deja cautivar por la gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra el

activismo, se da otra mentalidad según la cual la oración es vista como posibilidad

de huir de este mundo (pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia

ni divorciarse de la vida).

2728 Por último, en este combate hay que hacer frente a lo que es sentido como

fracasos en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos

totalmente al Señor, porque tenemos "muchos bienes" (cf Mc 10, 22), decepción

por no ser escuchados según nuestra propia voluntad, herida de nuestro orgullo

que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, alergia a la gratuidad de la

oración... La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué orar? Es necesario luchar

con humildad, confianza y perseverancia, si se quieren vencer estos obstáculos.

II NECESIDAD DE UNA HUMILDE VIGILANCIA

Frente a las dificultades de la oración

2729 La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal, la

distracción puede referirse a las palabras y al sentido de éstas. La distracción, de

un modo más profundo, puede referirse a Aquel al que oramos, tanto en la oración

vocal (litúrgica o personal), como en la meditación y en la oración contemplativa.

Salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en

la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está

apegado. Esta toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para

ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (cf Mt

6,21.24).

2730 Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y dominador consiste en

la vigilancia. Cuando Jesús insiste en la vigilancia, es siempre en relación a El, a

su Venida, al último día y al "hoy". El esposo viene en mitad de la noche; la luz471

que no debe apagarse es la de la fe: "Dice de ti mi corazón: busca su rostro" (Sal

27, 8).

2731 Otra dificultad, especialmente para los que quieren sinceramente orar, es la

sequedad. Forma parte de la contemplación en la que el corazón está seco, sin

gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es el

momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su

agonía y en el sepulcro. "El grano de trigo, si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24).

Si la sequedad se debe a falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca, no

hay éxito en el combate sin una mayor conversión (cf Lc 8, 6. 13).

Frente a las tentaciones en la oración

2732 La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra falta de fe. Esta se expresa

menos en una incredulidad declarada que en unas preferencias de hecho. Se

empieza a orar y se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se

consideran más urgentes.

2733 Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedia. Los Padres

espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos

al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del

corazón. "El espíritu está pronto pero la carne es débil" (Mt 26, 41). El desaliento,

doloroso, es el reverso de la presunción. Quien es humilde no se extraña de su

miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia.

III LA CONFIANZA FILIAL

2734 La confianza filial se prueba en la tribulación (cf. Rm 5, 3-5), particularmente

cuando se ora pidiendo para sí o para los demás. Hay quien deja de orar porque

piensa que su oración no es escuchada. A este respecto se plantean dos cuestiones:

Por qué la oración de petición no ha sido escuchada; y cómo la oración es

escuchada o "eficaz".

Queja por la oración no escuchada

2735 He aquí una observación llamativa: cuando alabamos a Dios o le damos gracias

por sus beneficios en general, no estamos preocupados por saber si esta oración le

es agradable. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el resultado. ¿Cuál

es entonces la imagen de Dios presente en este modo de orar: Dios como medio o

Dios como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo?

2736 ¿Estamos convencidos de que "nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rm 8,

26)? ¿Pedimos a Dios los "bienes convenientes"? Nuestro Padre sabe bien lo que

nos hace falta antes de que nosotros se lo pidamos (cf. Mt 6, 8) pero espera

nuestra petición porque la dignidad de sus hijos está en su libertad. Por tanto es

necesario orar con su Espíritu de libertad, para poder conocer en verdad su deseo

(cf Rm 8, 27).472

2737 "No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención

de malgastarlo en vuestras pasiones" (St 4, 2-3; cf. todo el contexto St 4, 1-10; 1,

5-8; 5, 16). Si pedimos con un corazón dividido, "adúltero" (St 4, 4), Dios no

puede escucharnos porque él quiere nuestro bien, nuestra vida. "¿Pensáis que la

Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que El ha hecho habitar

en nosotros" (St 4,5)? Nuestro Dios está "celoso" de nosotros, lo que es señal de la

verdad de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos escuchados:

No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es él quien quiere

hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con él en

oración (Evagrio, or. 34). El quiere que nuestro deseo sea probado en la oración.

Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos (San Agustín, ep.

130, 8, 17).

La oración es eficaz

2738 La revelación de la oración en la economía de la salvación enseña que la fe se

apoya en la acción de Dios en la historia. La confianza filial es suscitada por

medio de su acción por excelencia: la Pasión y la Resurrección de su Hijo. La

oración cristiana es cooperación con su Providencia y su designio de amor hacia

los hombres.

2739 En San Pablo, esta confianza es audaz (cf Rm 10, 12-13), basada en la oración del

Espíritu en nosotros y en el amor fiel del Padre que nos ha dado a su Hijo único

(cf Rm 8, 26-39). La transformación del corazón que ora es la primera respuesta a

nuestra petición.

2740 La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz. El es su

modelo. El ora en nosotros y con nosotros. Puesto que el corazón del Hijo no

busca más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los hijos de adopción se

apegaría más a los dones que al Dador?.

2741 Jesús ora también por nosotros, en nuestro lugar y favor nuestro. Todas nuestras

peticiones han sido recogidas una vez por todas en sus Palabras en la Cruz; y

escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso no deja de interceder por

nosotros ante el Padre (cf Hb 5, 7; 7, 25; 9, 24). Si nuestra oración está

resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y la audacia filial, obtenemos

todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo que pedimos: recibimos al

Espíritu Santo, que contiene todos los dones.

IV PERSEVERAR EN EL AMOR

2742 "Orad constantemente" (1 Ts 5, 17), "dando gracias continuamente y por todo a

Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (Ef 5, 20), "siempre en

oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con

perseverancia e intercediendo por todos los santos" (Ef 6, 18)."No nos ha sido

prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que473

nos manda orar sin cesar" (Evagrio, cap. pract. 49). Este ardor incansable no

puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate

de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre

nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:

2743 Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado que está

"con nosotros, todos los días" (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las tempestades

(cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está en las manos de Dios:

Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y

fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso

haciendo la cocina (San Juan Crisóstomo, ecl.2).

2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caemos en la

esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser "vida

nuestra", si nuestro corazón está lejos de él?

Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es

difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar (San Juan Crisóstomo,

Anna 4, 5)

Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente (San Alfonso

María de Ligorio, mez.).

2745 Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor y de la

misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad filial y amorosa al

designio de amor del Padre. La misma unión transformante en el Espíritu Santo

que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo amor a todos los

hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado. "Todo lo que pidáis al Padre

en mi Nombre os lo concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los

otros" (Jn 15, 16-17).

Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la oración. Sólo

así podemos encontrar realizable el principio de la oración continua (Orígenes, or.

12).

LA ORACION DE LA HORA DE JESUS

2746 Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al Padre (cf Jn 17). Su oración, la más larga

transmitida por el Evangelio, abarca toda la Economía de la creación y de la

salvación, así como su Muerte y su Resurrección. Al igual que la Pascua de Jesús,

sucedida "una vez por todas", permanece siempre actual, de la misma manera la

oración de la "hora de Jesús" sigue presente en la Liturgia de la Iglesia.

2747 La tradición cristiana acertadamente la denomina la oración "sacerdotal" de Jesús.

Es la oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable de su sacrificio, de su

"paso" [pascua] hacia el Padre donde él es "consagrado" enteramente al Padre (cf

Jn 17, 11. 13. 19).474

2748 En esta oración pascual, sacrificial, todo está "recapitulado" en El (cf Ef 1, 10):

Dios y el mundo, el Verbo y la carne, la vida eterna y el tiempo, el amor que se

entrega y el pecado que lo traiciona, los discípulos presentes y los que creerán en

El por su palabra, la humillación y la Gloria. Es la oración de la unidad.

2749 Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio,

se extiende hasta la consumación de los siglos. La oración de la "hora de Jesús"

llena los últimos tiempos y los lleva hacia su consumación. Jesús, el Hijo a quien

el Padre ha dado todo, se entrega enteramente al Padre y, al mismo tiempo, se

expresa con una libertad soberana (cf Jn 17, 11. 13. 19. 24) debido al poder que el

Padre le ha dado sobre toda carne. El Hijo que se ha hecho Siervo, es el Señor, el

Pantocrator. Nuestro Sumo Sacerdote que ruega por nosotros es también el que

ora en nosotros y el Dios que nos escucha.

2750 Si en el Santo Nombre de Jesús, nos ponemos a orar, podemos recibir en toda su

hondura la oración que él nos enseña: "Padre Nuestro". La oración sacerdotal de

Jesús inspira, desde dentro, las grandes peticiones del Padrenuestro: la

preocupación por el Nombre del Padre (cf Jn 17, 6. 11. 12. 26), el deseo de su

Reino (la Gloria; cf Jn 17, 1. 5. 10. 24. 23-26), el cumplimiento de la voluntad del

Padre, de su Designio de salvación (cf Jn 17, 2. 4 .6. 9. 11. 12. 24) y la liberación

del mal (cf Jn 17, 15).

2751 Por último, en esta oración Jesús nos revela y nos da el "conocimiento"

indisociable del Padre y del Hijo (cf Jn 17, 3. 6-10. 25) que es el misterio mismo

de la vida de oración.

RESUMEN

2752 La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las

astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del "combate

espiritual" necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora

como se vive porque se vive como se ora.

2753 En el combate de la oración debemos hacer frente a concepciones erróneas, a

diversas corrientes de menta lidad, a la experiencia de nuestros fracasos. A estas

tentaciones que ponen en duda la utilidad o la posibilidad misma de la oración

conviene responder con humildad, confianza y perseverancia.

2754 Las dificultades principales en el ejercicio de la or ación son la distracción y la

sequedad. El remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del corazón.

2755 Dos tentaciones frecuentes amenazan la oración: la falta de fe y la acedia que es

una forma de depresión debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al

desaliento.

2756 La confianza filial se pone a prueba cuando tenemos el sentimiento de no ser

siempre escuchados. El Evangelio nos invita a conformar nuestra oración al deseo

del Espíritu.475

2757 "Orad continuamente" (1 Ts 5, 17). Orar es siempre posible . Es incluso una

necesidad vital. Oración y vida cristiana son inseparables.

2758 La oración de la "hora de Jesús", llamada rectamente "oración sacerdotal" (cf Jn

17), recapitula toda la Economía de la creación y de la salvación. Inspira las

grandes peticiones del "Padre Nuestro".

540 La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de

Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres (cf Mt 16,

21-23) le quieren atribuir. Es por eso por lo que Cristo venció al Tentador a favor

nuestro: "Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de

nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado"

(Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de

Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.