Discurso del Método; René Descartes

Filosofía moderna. Siglo XVII. Racionalismo. Pensamiento cartesiano. Método cartesiano. Búsqueda del conocimiento y verdad. Individualismo. Duda metódica. Separación de cuerpo y alma. Existencia de Dios

  • Enviado por: Denisse Moreno
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 4 páginas
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En este ensayo quisiera describir el camino que debió seguir Rene Descartes para encontrar un primer principio para su filosofía posterior, según los criterios que ya previó en su Método. Se trata de una crítica sobre los principios en los que se apoyan todos los conocimientos y creencias, la duda es un artificio para esa crítica por eso se llama duda metódica, es un método para liberar a la mente de prejuicios. Por lo tanto, no es una duda ontológica o metafísica, en realidad Descartes no duda. Siendo imposible repasar todas las opiniones y creencias que ha mantenido el hombre de una forma acrítica, Descartes decide someter a la duda metódica las razones por las que irreflexivamente se cree tener certeza.

En primer lugar: El hombre está acostumbrado a aceptar como evidente lo que recibe de sus sentidos y sin embargo a veces se ha dado cuenta de que el conocimiento sensible puede producir engaños. Consecuentemente, si los sentidos me han engañado alguna vez, no es aventurado suponer que engañen siempre.

En segundo lugar: Durante el sueño muchas veces creemos realizar lo que es pura ilusión. Descartes aquí radicaliza la duda mediante un motivo verosímil: la confusión de la vigilia con el sueño. No hay ninguna razón poderosa que permita distinguir sin lugar a dudas entre esos dos estados de conciencia: sueño y vigilia.

En tercer lugar: Descartes usa ahora un motivo metafísico, ni real ni verosímil: El Dios engañador. Al ampliar la duda metódica al campo de las ciencias exactas, tenemos que abandonar el ámbito de la sensibilidad. En resumen: si Dios es libre y omnipotente, podría habernos hecho de tal manera que el conocimiento humano llevara a un constante error. Podríamos aducir la bondad divina pero por el momento no es valido porque si Dios fuese sumamente bueno debería haber evitado que el hombre se equivoque.

En cuarto lugar: Dejando de lado al Dios engañador podemos suponer la existencia de un "genio maligno" cuya única y total actividad consiste en destruir nuestra posibilidad de certeza y verdad. Este último nivel de la duda metódica no añade nada porque en el anterior ya se ha dudado de cualquier posibilidad de conocimiento. Sin embargo, es el que más claramente demuestra el carácter metódico de la duda de Descartes. El genio maligno no es ni un motivo real, ni verosímil, ni metafísico, es hipotético, fruto de la ficción con el fin de acabar con cualquier posible prejuicio.

Descartes describe en el Discurso del Método cómo mientras él está aplicando el procedimiento de la duda y rechazando todo tipo de presuntos conocimientos, se da cuenta de que el hecho de dudar de cualquier cosa implícita, sin embargo, un conocimientos indudable, esto es, que él debe existir. Así argumenta que hay algo que es imposible estar equivocado: que uno mismo existe. Yo le preguntaría a Descartes ¿Qué entendió el por “uno mismo”? Al estar considerando esta proposición, la hace verdadera y por ello la creencia de que uno existe no puede estar equivocada. El mismo argumento se sostiene para “Yo pienso”. Ya que dudar algo es una forma de pensar, entonces es imposible creer que uno está dudando a menos que se esté pensando que es; es imposible creer que uno está pensando que es y estar equivocado.

En esta situación en la que ha perdido validez todo conocimiento, es el momento en el que aparece la Primera verdad totalmente evidente de la que no se puede dudar y que nos permite formular la primera proposición, principio de la nueva metafísica: "pienso, luego existo". Ya sea soñando o despierto, cuando dudo es indudable que pienso y porque pienso existo o cuando pienso existo. Si el "pienso" se descubre al final de la duda, resulta que ésta no puede ser escéptica porque nos ha proporcionado una verdad, la primera certeza: mi existencia. No se trataba de negar la posibilidad de la verdad (escepticismo), sino al contrario, alcanzar la primera verdad, la fundamental.

Por todo ello, Descartes inaugura una nueva etapa en la filosofía, que consiste en afirmar la superioridad del sujeto frente al objeto. ¿En qué consiste el "pienso"?: Este sujeto no es otra cosa que pensamiento, cosa pensante, la Primera sustancia: "Res cogitans". El primer ámbito de la realidad es pues sustancia pensante. Sustancia, en cuanto a que es en sí y por sí, pensante, en cuanto a su atributo (en lo que consiste). La diversidad de sustancias con el mismo atributo está determinado por el modo.

La siguiente verdad que se hace manifiesta es Dios, como causa trascendente infinita y absoluta, fuente de la verdad y origen de las ideas innatas, presentes en la Res Cogitans, esto es de las verdades evidentes que el sujeto pensante descubre en sí cuando procede según el método. Así pues, Dios es la garantía de la objetividad de las evidencias (verdades evidentes) descubiertas por la Res Cogitans: la objetividad de la matemática y la objetividad de un mundo exterior como Res Extensa, es decir, como sustancia (entidad autónoma) cuyo atributo es la extensión tridimensional en los infinitos modos figurados geométricamente y sometidos a las leyes del movimiento. Esta es la única idea evidente (clara, suficiente y distinta) que el sujeto pensante se hace del mundo externo. Ello significa que del mundo externo (y de la teoría física que pretende explicarlo) desaparecen las cualidades secundarias (olor, color, sabor), pues Descartes desarrolla a partir de la idea de extensión un análisis matemático del mundo como geometría, con movimiento local puramente cuantitativo. Del mundo externo desaparece también el alma (la res cogitans), pues hasta los seres vivos (los animales y el cuerpo humano) son concebidos clara y distintamente como materia extensa en movimiento, en suma, como máquinas. La res extensa (el universo) es explicada, por tanto, como un sistema material y mecánico, regulado por las leyes inexorables de la matemática, carente de finalidad. Se renuncia por ello a la explicación teleológica, por eliminación de la presencia activa en el mundo de la inteligencia, pues ésta está fuera del universo físico, como Dios trascendente por un lado y como sujeto pensante (el yo o el hombre-alma) por otro.

Según yo entiendo, el planteamiento cartesiano que nos ocupa el cuerpo ha sido el gran descuidado de la cultura occidental desde Platón y los órficos pitagóricos. Aristóteles criticó la dicotonomía platónica, pero siguió considerando el cuerpo como un instrumento del alma. Descartes terminaría con esa subordinación instrumental. Ambos, cuerpo y alma, son substancias. Pero substancias heterogéneas cuya relación es un enigma, a pesar de todo el intento cartesiano. Materialismo y espiritualismo se han ido alternando a lo largo del tiempo. Quiero dejar planteada la siguiente idea para la reflexión: este dualismo es producto de una tradición y un lenguaje. Tan noble es el cuerpo como el espíritu. Porque son lo mismo. En este sentido, dentro de mi cerebro no existe un yo que lo usa. ¿Qué sentido tiene entonces la res cogitans? Quizás, como he dicho, Descartes se dejó confundir por la gramática. Y sin embargo, tampoco cabe el reduccionismo. Ya anteriormente insistía: ¿Quién es uno? Vuelve a ser asunto de gramática. Llegados a una cierta profundidad filosófica, uno rechaza el dualismo, pero uno tampoco es reduccionista. Lo que llamamos cuerpo y alma, mente o cerebro, son dos fases de un mismo misterioso dinamismo. ¿Hemos superado el lenguaje cartesiano?