Discurso del método; Descartes

Filosofia racionalista cartesiana siglo XVII. Ignorancia y conocimiento. Conocimiento científico. Pensamiento cartesiano

  • Enviado por: Alejogarces
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DISCURSO DEL MÉTODO

Aporte a la concepción moderna del conocimiento científico

“Es verdaderamente una batalla tratar de vencer todas las dificultades y errores que nos impiden llegar al conocimiento de la verdad”. René Descartes.

Del conocimiento científico

Al igual que Platón en su famoso libro VII de La República: “el mito de la caverna”, Descartes concibe el conocimiento verdadero como una valiosa obtención, fruto de un proceso dificultoso y doloroso, pues implica gran sacrificio salir de las sombras o estado de ignorancia donde cómodamente se hospedan la mayoría de los hombres.

Generalmente cuando se menciona el conocimiento científico, las personas se imaginan el producto intelectual de un grupo de médicos o ingenieros vestidos con bata blanca que han estado encerrados por meses en un laboratorio investigando determinada materia con los más avanzados instrumentos tecnológicos; sin embrago, la realidad dista mucho del mencionado símil, pues casi cualquier persona puede generar conocimiento científico desde las distintas áreas epistemológicas; aunque hay que tener ciertas precauciones con esta afirmación tan general, ya que no todo postulado tiene la característica de ciencia, porque a diferencia del conocimiento ordinario obtenido y aprendido por la experiencia cotidiana, lo científico se caracteriza por metódico, verificable, sistémico, claro, analítico, preciso, comunicable y explicativo.

Según los teóricos del conocimiento, que han abundado en el acontecer de la historia, como: Pitágoras, Platón, Aristóteles, John Locke, Gottfried Leibniz, George Berkeley, David Hume, Immanuel Kant, Johann Fitche, G.W.F Hegel, Karl Popper y Jurgen Habermas, sólo por mencionar los más desatacados, la Ciencia se divide principalmente en dos grandes ramas: Fáctica y Formal. La primera se ocupa de objetos reales en el espacio y el tiempo; subdividiéndose en las Naturales donde encontramos la Biología, Física, Química, y en las Humanas donde está el Derecho, Economía, Historia, Sociología, entre otras. La segunda rama es la llamada Formal, pues estudia formas y objetos ideales o abstractos como la Lógica, Matemática, Filosofía y la Retórica.

El objeto de la Ciencia es salir del estado de ignorancia que llena de prejuicios y falsos conocimientos el saber humano, por lo tanto en materia jurídica como en las demás áreas del conocimiento, cualquier cosa es sujeto de investigación.

Pero este raciocinio moderno no surge de manera espontánea en la conciencia universal, fue objeto de arduos debates académicos en la Europa ilustrada del siglo XVII y XVIII, donde Descartes al igual que otros grandes de su época como Giordano Bruno, Tomás Campanela, Francis Bacón, Galileo Galilei y William Harvey; desafiaron cada uno a su medida el absolutismo intelectual y religioso que la Iglesia impuso, aportando a la humanidad significativos avances en la astronomía, medicina, filosofía y derecho; nutriendo al renacimiento de un aire renovador en la forma de concebir el conocimiento como un sistema unitario, articulado y completo del saber más allá del oscurantismo religioso de la Edad Media plagado de limitaciones dogmáticas, misticismo y fe ciega.

René Descartes, en su Discurso del Método (1637), propone la fundamentación de un nuevo pensamiento, que se diferencie del aristotelismo o platonismo antiguo, en el cual se articule de manera coherente y juiciosa la experiencia y la razón, englobado todo bajo el aura creadora y perfecta de Dios como ser supremo. Gran parte del éxito de su publicación reside en su apología de la fe cristiana. Descartes temía un juicio inquisidor planteó la figura de Dios como causa trascendente, infinita y absoluta, fuente de la verdad, como garantía de la objetividad de las evidencias científicas: “obedecer las leyes y costumbres de mi país, manteniendo constantemente la religión en la Dios me ha concedido la gracia de ser educado desde mi infancia y gobernado en todo lo demás según las opiniones más moderadas y alejadas del exceso (p.29).

Criticó la incredulidad de los escépticos, libertinos, naturalistas y alquimistas lo que sumó para ganarse el favor de las órdenes religiosas imperantes, que se convirtieron en el mejor vehículo de distribución literaria en toda Europa.

Ser lo más firme y resuelto posible en las elecciones, de tal manera que no las cambie por débiles razones, pues de alguna forma llegaran al fin (…) intentar siempre vencerme a mi más bien que a la fortuna y cambiar antes mis deseos que el orden del mundo y acostumbrarme a creer que no tenemos nada en nuestro poder excepto nuestros propios pensamientos. Deseemos sólo aquello que nuestro entendimiento le represente como posible de alguna manera, no careciendo ni lamentando lo que está pro fuera de nuestro alcance. (Descartes, 1984, p.30).

Definió las cosas del alma y de Dios como eternas y ajenas al pleno entendimiento humano, porque sólo podía comprenderse mediante la perfecta revelación divina, por tanto, se enfocó al estudio de la materia inanimada que llena el resto del universo, definiéndola como sustancia, es decir, las cosas que existen de tal manera que no necesitan de otra para determinarse pues se conservan por su propia potencia. Su fuerte académico terminó por hacerlo notable matemático y por muchos considerado como el padre de la geometría analítica.

El Discurso del Método es un llamado general y abierto para que los hombres busquen la razón y el buen juicio que es el camino para distinguir lo verdadero de lo falso. En Derecho, por ejemplo, podemos aplicar dicho llamado, pues dice que todos los estudiosos como seres racionales son entendidos pero sólo algunos, como los grandes doctrinantes, tienen mayor alma y enfocan sus pensamientos para lograr los mayores avances científicos. Sólo grandes hombres revalidan teorías, comparan sistemas o desafían postulados llevando el saber al constante replanteamiento, en el caso jurídico llamado a cumplir cada vez de manera más excelsa y precisa su labor de garantizar la paz y el orden social bajo el principio iluminador de la justicia en todas sus ramas.

Algunos distractores

Los distractores del conocimiento y del hombre virtuoso, al igual que lo afirmaron los clásicos griegos, son las pasiones y los conocimientos heredados que muchas veces se reciben como verdaderos sin serlo. Las viejas doctrinas se vuelven cómodas y costumbristas, por lo tanto es incómodo y tedioso renovarlas, el temor al reproche y el rigor necesario para avanzar en pos de la ciencia, se vuelven obstáculos para el investigador y por tanto, esta serie de factores se plantan como los mayores enemigos de la razón. Descartes, aconseja la disciplina, la costumbre y el ejemplo como los acompañantes de la verdad; igualmente considera el trabajo autónomo e independiente como el mejor método de estudio, sugiriendo el símil de la autoría única del texto científico tal cual sucedería con la música, pues es mejor la obra donde interviene una sola mano que la composición de varios artistas tratando de recomponerla, en sus propias palabras:

No teniendo pasiones ni ciudades que me turbasen, pasé todo el tiempo en una habitación en la que disponía del tiempo para entregarme a mis pensamientos(…) En cuanto a mí, estoy persuadido que si me hubiesen enseñado, desde mi juventud, todas las verdades cuyas demostraciones he buscado después, sin tomarme ningún trabajo para saberlas, acaso nunca hubiera alcanzado otra, y mucho menos hubiera adquirido jamás el hábito y la facilidad, que creo tener, para encontrar siempre otras nuevas, a medida que me aplico a buscarlas. (Descartes, 1984, p.57).

En este sentido, no sólo nos recomienda el esfuerzo individual y disciplinado como la fórmula precisa para llegar a la verdad, es necesario sumarle a éste otros ingredientes como resolución, perseverancia, deseo e incluso tolerancia al fracaso cuando no logremos el ideal.

Pienso, Luego Existo

Alocución latina, que originalmente es “cogito ergo sum”, fundamento de la filosofía cartesiana, piedra angular de su pensamiento y su frase más célebre. La interpretación planteada es que la razón es el producto del conocimiento, el reflejo de la perfección de Dios en el hombre traducido en la verdad, opuesto a la imaginación, especie de conocimiento engañoso reflejo de los sentidos corporales.

Pero nada habremos dicho, si refiriéndonos al “Discurso del Método” no plasmáramos los cuatro pilares del conocimiento propuestos por el pensador en cuestión, aporte histórico invaluable a la gnoseología y la metodología de la investigación, rasgo distintivo del raciocinio moderno que despertaba en Europa e influiría el progreso técnico, humanístico y científico en los siglos postreros; aquellas máximas son:

  • No reconocer como verdadera, cosa alguna que no la reconociese evidentemente como tal.

  • Dividir cada una de las dificultades en tantas celdas como fuese posible para resolverles mejor.

  • Empezar a razonar las cosas más sencillas y luego ir escalando a las más complejas.

  • Enumerar todo juiciosa y sistemáticamente para que nada sea omitido.

  • Su método mezclaba filosofía, matemática y geometría, en un universalismo propio de su época, delineado claramente por el método deductivo de investigación, donde se identificaba un principio general y de ahí se buscaba explicar cada uno en particular. Cuenta en su obra que esta propuesta académica le surgió espontáneamente la noche del 11 de noviembre de 1619, mientras era soldado en Alemania, enrolado en el ejército de Maximiliano I de Baviera que acampaba cerca de Ulm tras un fuerte invierno.

    Su filosofía confesionalista admite la concepción de la eternidad del alma que se separa del cuerpo al momento de la muerte, por eso debemos cultivarla para la perennidad con el inmenso mar que es el conocimiento, si inspiradora exhortación es la siguiente:

    Estoy seguro de que no hay nadie, incluso entre sus profesionales, que no confiese que todo lo que sabe es casi nada en comparación de todo lo que queda por saber, y que podríamos librarnos de una infinidad de enfermedades, tanto del cuerpo como del espíritu e incluso acaso de la debilidad de la vejez, si se tuviese bastante conocimiento de sus causas y de todos los remedios de que nos ha provisto la naturaleza. Así, pues, teniendo el propósito de emplear toda mi vida en la investigación de una ciencia tan necesaria y habiendo encontrado un camino tal y siguiéndolo si no me lo impide la brevedad de la vida, juzgaba que no había mejor remedio contra estos dos impedimentos que el de comunicar fielmente al público todo lo poco que yo habría encontrado y de invitar a los buenos espíritus a tratar de avanzar más allá, contribuyendo, según la inclinación y el poder de cada uno, a las experiencias que sería preciso hacer, y comunicándole también al público todas las cosas que aprendan, a fin que los últimos comiencen donde los precedentes hayan acabado, y así, uniendo las vidas y los trabajos de muchos, vayamos todos juntos mucho más lejos que podría hacerlo cada uno en particular (Descartes, 1984, p.50).

    Un indefectible llamado al colegaje académico por el progreso social y científico, llevando el conocimiento más allá de los intereses personales de los estudiosos de las distintas áreas del saber, en nuestro caso de las ciencias jurídicas y políticas, que están aun mucho más comprometidas con la vocación del servicio público.

    Para concluir podemos decir que los principios encontrados y propuestos por descartes son tan generales, como él mismo lo reconoce en sus últimas páginas, que no alcanzan a explicar los vastos fenómenos de una naturaleza plagada de eventos maravillosos y particulares. Son tantas las verdades por verificar que “ni mis manos, ni mi renta, aunque tuviese mucha más de la que tengo, bastaría para todas” (p. 56). Por lo cual, la trascendencia de este texto, pasa más por el impulso emocional y vocacional para la dedicación científica, haciendo hincapié en el progreso que traerá el conocimiento verdadero.

    Descartes es el fundador de la filosofía moderna, del racionalismo matematizante, del idealismo moderno, de la filosofía de la subjetividad; finalizo con el reconocimiento que el magistral filósofo Georg Wilhem Friedrich Hegel hace de la obra cartesiana:

    “René Descartes es un héroe del pensamiento, que aborda de nuevo la empresa desde el principio y reconstruye la filosofía desde los cimientos puestos ahora de nuevo al descubierto al cabo de mil años”.

    LISTA DE REFERENCIAS

    Descartes, René. 1984. Discurso del método. Barcelona: Planeta.

    Hegel. G.W.F (1955). Lecciones sobre la historia de la filosofía. Traducción de W. Roces. México: Fondo de Cultura Económica.