Dioses Griegos

Mitología Griega. Politeísmo Griego. Afrodita. Apolo. Ártemis. Atenea. Dionisio. Hades. Hera. Posidón. Prometeo. Persefone. Zeus

  • Enviado por: Rodrigo Antonio Muñoz Marin
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 10 páginas

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INTRODUCCION

Para comprender correctamente la mitología griega, entendida tanto como representación religiosa compleja, como función y carácter de los diversos dioses, es imprescindible tener en cuenta que la mitología griega es un conjunto ordenado y equilibrado.

La función de cada dios en particular viene dada por la posición que ocupe en ese sistema. El campo de actuación de un dios viene delimitado, o solapado en parte, por la de otro dios. De modo que, si un dios (su función) deja de actuar, se produce un serio desequilibrio del sistema, provocando grandes males para todos y, en especial, para los humanos.

Sólo aplicando esto se entiende que ningún dios puede ser totalmente repudiado. Aunque uno tenga de su parte a un Gran dios (le rinda un culto especial), estará en peligro si desprecia abiertamente a otro, aunque sea mucho menos poderoso que el primero.

Ejemplos claros de lo dicho aparecen en enfrentamientos entre Ártemis y Afrodita y entre Apolo y Dioniso: Si uno lleva una vida "excesivamente" casta (repudiando a Afrodita) o "excesivamente" "civilizada y regulada" siguiendo a Atenea o Apolo pero abandonando a Dioniso (lo salvaje y espontáneo), sin duda tendrá problemas. En caso contrario también, claro.

Sólo una vida equilibrada, representada por un culto equilibrado (sin estridencias ni favoritismos exagerados) asegura, hasta cierto punto, una vida feliz.

Es decir, y para terminar, los dioses no deben entenderse como unidades independientes, sino que deben verse sus peculiaridades dentro de un sistema que los engloba.

POLITEISMO GRIEGO

  • AFRODITA :

Casi con toda seguridad es de origen asiático; ya las fuentes clásicas apuntaban un origen fenicio. Se la relaciona con la Ashtart o Ishtar asiática, diosa del amor y de la guerra que, al ser exportada a Chipre, una colonia fenicia, poco a poco fue perdiendo su papel de diosa guerrera y se concentró su papel como diosa de la fertilidad y del erotismo. La Ashtart chipriota se relaciona, pues, con Afrodita. Incluso habiendo perdido la faceta guerrera, Afrodita tiene, de alguna manera, relación con este ámbito en el Panteón helénico: es amante de Ares (dios de la guerra).

En la Teogonía de Hesiodo, Afrodita nace de los genitales de Urano cuando son cortados y arrojados al mar por su hijo Crono. Se formó a partir de la espuma desprendida de los genitales y salió del mar. Sus epítetos más comunes son: Citerea, porque al nacer se dirigió a Citera; Ciprogénea porque nació en Chipre (surgió del mar); y Filomédea, porque se formó de los genitales de Urano.

En la Ilíada, en cambio, se presenta como hija de Zeus y Díone.

Es la personificación del instinto sexual. Es la divinidad de la belleza y del deseo, del amor y de la fertilidad.

  • APOLO :

Hijo de Zeus y Letó. Tuvo que nacer en Delos porque las otras ciudades y localidades no querían acoger a Letó para que diera a luz a los gemelos (Apolo y Ártemis), bien porque temieran al futuro Apolo, que prometía gran poder, o porque temieran el enfado de la ofendida Hera (esposa de Zeus).

Al poco de nacer, Apolo anuncia sus futuras funciones como dios, de las que ya a los griegos les gustaba destacar su gran riqueza; así, sus principales atribuciones son: arquero, citarista y palabra oracular. Apolo parte de Delos y en su viaje va instalando diversos lugares de culto. Especial importancia tiene el de Delfos, donde el mito explica que antes deberá vencer a la dragona o dragón, que representa las arcaicas fuerzas ctónicas que regían en esa zona. Según el mismo mito, como oficiantes de su culto, Apolo elige a unos marineros cretenses, se sube en su barco en forma de delfín (de donde deriva "Delfos") y los obliga a ir, mediante los vientos, hacia Pitio. Allí les explica su cometido como "sacerdotes" del oráculo (ya con su forma de dios).

Apolo asciende al Olimpo, al que no pertenece por nacimiento, ya que nace en Delos, de forma terrorífica incluso para los demás dioses. Los sociólogos han visto en su tardía entrada en el Olimpo, en su vagabundeo, el reflejo de una costumbre que impondría a los jóvenes un tiempo de exilio del espacio cívico antes de pasar a formar parte de él definitivamente.

Apolo es eternamente joven, el muchacho divino. La juventud de Apolo es vista de manera positiva, es decir, no como algo inacabado, sino como una juventud llena de energía y de belleza.

Es protector de los humanos y de la civilización, pero de modo distinto a su hermana Atenea; no los guía de la mano adoptando discretos disfraces como ella, sino que se aparece en toda su grandiosidad, de forma resplandeciente, atemorizando incluso, a los que quiere ayudar.

Del mismo modo que su hermana Ártemis, Apolo es el dios flechador, que hiere de lejos a hombres y animales.

En un principio, Apolo también es el dios de la medicina, función que luego heredará su hijo Asclepio. Relacionada con esta función, está la purificación de Apolo (para los griegos arcaicos cualquier curación es también una purificación). La purificación ritual queda expresada magníficamente en la Orestíada de Esquilo, en la que se explica cómo después de que Orestes mate a su madre, Apolo le purifica (le lava de sus culpas), en contra de las Erínias (vengadoras de los crímenes) que representan lo arcaico y tribal, frente lo moderno y civilizado, representado por Apolo.

Su epíteto más común es Febo, que significa "brillante", epíteto que comparte con Helio, representación del Sol. Quizá por ésto, en épocas tardías (posterior a Esquilo), Apolo asimila las funciones del Sol.

  • ÁRTEMIS :

Al igual que otros dioses del Panteón helénico, Afrodita, Apolo y Zeus, a Ártemis se le supone una procedencia asiática: anatolia. Algunos también han visto en el origen de Ártemis una diosa "señora de las fieras" minoico-micénica.

Es hija de Zeus y Letó y hermana gemela de Apolo. Permaneció virgen y eternamente joven; es el modelo de la doncella arisca que sólo se dedica a la caza (como su hermano, es arquera) y a corretear por zonas selváticas. Está unida a la naturaleza en su estado salvaje.

Dentro de la polaridad de las divinidades griegas, es la contrafigura de Afrodita. Una es la protectora de la virginidad y la otra la patrocinadora del amor entendido como sexo.

Como ya se ha comentado en la introducción, el equilibrio en el culto debe estar siempre presente: no se puede despreciar en su totalidad a una de las diosas: el culto a cada una de ellas tiene su momento en la vida de los hombres. Un ejemplo de ello aparece en Hipólito de Eurípides, donde el casto Hipólito pagará con su vida el desprecio a Afrodita y su adoración exclusiva a Ártemis.

El matrimonio se constituye como una de las fronteras del dominio de Ártemis. Ésta, como hemos dicho, es la diosa virgen por excelencia; toda mujer, antes de casarse, pertenece al círculo de Ártemis y, para abandonarlo (para casarse), debe pagar un tributo: muñecas y juguetes o incluso cortarse el pelo. Esta frontera, en el ciclo de la mujer, es normal que se franquee y Ártemis, como tal, lo permite. Pero, en algunos casos en particular, como los esponsales de una ninfa consagrada a Ártemis, será tenido como una traición a la diosa y, como tal, castigada con la muerte.

ATENEA :

La etimología de su nombre es desconocida pero, evidentemente, es prehelénico: aparece en las tablillas micénicas.

Es, como Ártemis, una diosa virgen. Su función principal fue evolucionando a lo largo del tiempo: de diosa tutelar de la casa, en su origen, pasa, en época micénica, a convertirse en protectora del palacio y, de ahí, extendiendo su función, a protectora de la ciudad.

Nace de la cabeza de Zeus, completamente armada. Su madre fue Metis, representación de la astucia; Zeus se la comió para evitar que naciera de ella un hijo superior a él, que pudiera destronarlo como ya había sucedido con su abuelo (Urano) y con su padre (Crono) asimilando, de esta forma, el poder de la diosa. Atenea, por tanto, será también una diosa de gran astucia; como símbolo tenía la lechuza, animal simpre vigilante.

Como diosa protectora de la ciudad, su función la llevará a convertirse en diosa guerrera pero, mientras que Ares personifica el furor bélico y la matanza (ver Ares), Atenea representa la valentía y la prudencia. Pone al sevicio de la guerra la astucia y la técnica.

Como tal, se la ha hecho protectora de los fabricantes de armas y de los artesanos en general, cosa que la relaciona con Héfesto, con el que comparte culto en el Ática. A parte de las armas típicas del hoplita (casco, escudo, lanza y coraza), posee un arma mágica, la Égida, arma a la vez defensiva y ofensiva: es una coraza en cuyo centro se encuentra la cabeza de la Górgona, la cual petrifica para toda la eternidad a aquel que la mire. Además, como diosa y como protectora de los artesanos, tiene la función de proteger las labores femeninas.

Las ciudades de los hombres contraen relaciones especiales con algunas divinidades a quienes, de forma privilegiada, ofrecen culto. Por ese privilegio, los dioses se enfrentan entre sí. Atenas toma el nombre de la diosa Atenea, a quien prefirió frente al dios Posidón, que también pretendía ser el "dios" de la ciudad.

Forma, junto a Zeus y a Apolo, la tríada de dioses fundamentales del Panteón Helénico.

  • DIONISO :

Según Kerényi, el mito de Dioniso descansa sobre una base mítica mucho más abstracta y arcaica: el culto a la vida.

En la Creta minoica aparecen una serie de elementos que configuran el entorno y la simbología de ese culto a la vida, probablemente extendible a otros ámbitos mediterráneos: las "visiones"; la miel (como bebida embriagante: hidromiel); las cuevas, abundantes en Creta, como lugar de culto de una "señora del laberinto", diosa de la naturaleza; las serpientes y el toro, como representaciones de la vida; la vid y la hiedra.

La Señora del Laberinto (Ariadna (?)) es una diosa ctónica como Perséfone: hija de Deméter y nieta de Rea, la gran diosa madre. En los mitos cretenses los dioses no aparecen como en la mitología griega, con unos caracteres totalmente precisos y bien dibujados, sino que son unas divinidades mucho más abstractas e indefinidas. Rea, Perséfone y Ariadna se confunden, lo mismo que Zeus y Dioniso.

Rea, Perséfone y Ariadna serían distintos aspectos de una única divinidad Femenina y, del mismo modo, lo Masculino vendría representado por Zeus y Dioniso. Teniendo en cuenta esta fusión y esta asimilación de caracteres, tenemos a unos dioses que se engendran a sí mismos (lo Femenino, Rea, engendra a lo Masculino, Zeus, a la vez que se casa con él, de los que nace lo Femenino, Perséfone, que será madre junto con Zeus de Dioniso...). Así pues, nos hallamos ante unos representantes de la indestructibilidad de la vida.

Por otro lado, en la tradición griega clásica se le dio a Dioniso, a veces, un origen extranjero, lidio o tracio (Dioniso es el dios extraño que viene de fuera para "irrumpir").

Pero, más tarde, al descubrirse los archivos micénicos, se tuvo la evidencia de un Dioniso de origen griego, tan legítimo como el de los demás dioses del Panteón (cabría preguntarse, pues, sobre el interés en hacerlo parecer extranjero y extraño).

Reconstruyendo su etimología, Dioniso significaría "hijo del dios del cielo" (hijo de Zeus) y, como tal, pasó al Panteón Helénico, enfrentándose a Apolo, otro hijo de Zeus.

Su madre, en la tradición griega más extendida, es Sémele, nombre que coincide con el de la diosa frígia de la tierra, "Zemelo" (de nuevo es hijo de la diosa de la tierra o de la naturaleza). Sémele, que era una mortal (Dioniso es el único dios nacido de una mortal, aunque ésta fuera posteriormente rescatada del Hades), murió debido a que no pudo soportar la visión de Zeus en todo su esplendor, por lo que la gestación del joven dios continuó en el muslo de su padre. Fue criado por las ninfas, las que luego, de mayor, le seguían por el bosque. Una vez alcanza la adolescencia, nunca la abandona, conservando sus encantos.

Dioniso representa a las fuerzas salvajes y a la feminidad incontrolada que necesariamente debe existir en la sociedad para que sea fecunda. Una ciudad perfectamente gobernada no puede sobrevivir, necesita de la frescura que le aporta Dioniso. En este punto, se enfrenta directamente a su hermano Apolo, protector del orden social y político de los hombres. Representa, pues, todo lo salvaje que nos envuelve.

Dioniso posee una particularidad especial: es el único dios cuyo carácter está globalmente enfrentado al de la familia de los Olímpicos. En su oposición a los Olímpicos, con residencia fija, con connotaciones político-religiosas, Dioniso no tiene, en muchas ocasiones, un emplazamiento fijo (exceptuando, entre otras fiestas, las Grandes Dionisíacas de Atenas): se lo honra ahí donde el grupo de sus fieles se detiene. Tampoco tiene un séquito de sacerdotes permanentes. Su nomadismo se explica por la incesante persecución de la que es objeto por parte de Hera. En algunos mitos, se lo presenta en un continuo intento de establecer su culto.

Le acompañan una serie de dioses o semidioses de la naturaleza como son los sátiros, los silenos y las ninfas.

El culto dionisíaco se caracteriza por un intenso esfuerzo físico, desarrollado en danzas violentas y carreras agotadoras, al son de la música, acompañados por el vino (Se le atribuye el ser el responsable de que los hombres posean el vino: le ofreció una viña y el vino como regalo a Icario, que lo compartió con unos pastores), provocando un estado anormal de exaltación física que los lleva a la comunión final con el dios. La comunión con el dios también se busca al devorar carne cruda de un animal despedazado vivo, generalmente un toro o un cabrito, un animal símbolo de la fecundidad que se identifica y confunde con el dios (se sacrifica a Dioniso para Dioniso). Al devorarlo, se asimila de algún modo su fuerza sobrenatural.

Los ritos dionisíacos son básicamente femeninos (sobre todo en los aspectos mistéricos) aunque, en la época clásica también los hombres y los niños participaron en ellos.

Como hijo de la tierra, su ámbito de actuación es ctónico y con cierto carácter cíclico, como los dioses de la vegetación, que mueren y resucitan. La ambigüedad es manifiesta, Dioniso es un dios de la vida y un dios de la muerte. Un ciclo bianual representaba perfectamente, en algunos lugares, esta ambigüedad: el culto representaba y propiciaba que, al poco de nacer Dioniso, fuera despedazado y descendiera al Hades donde residía todo un año hasta que, llamado por sus fieles, regresaba al mundo de los vivos con toda su fuerza.

El tiempo que Dioniso estaba muerto (residía en el Hades) era, al contrario, un tiempo de vida, un tiempo en que todas las acciones de los fieles estaban encaminadas a "llamar" a la vida; en cambio el año que pasaba entre los vivos era una época en que la vida expresaba toda la fuerza salvaje y destructiva que aboca a la muerte.

En los mitos órficos (que recogen elementos arcaicos para reinterpretarlos filosóficamente) se cuenta cómo los Titanes atraen con engaños al joven Dioniso y lo descuartizan, lo dividen en partes y lo asan después de haberlo hervido. Los Titanes empiezan a comerse los trozos pero, antes de que puedan comerse el último (el corazón: quizá un eufemismo del falo que se utilizaba en los misterios Dionisíacos) Zeus los fulmina con un rayo: de sus cenizas (de las que forma parte el Dioniso devorado), mezcladas con la tierra, surgirá la especie humana. Dioniso no ha sido del todo destruido: podrá revivir (o pervivir) y ocupar su lugar como soberano del universo y suceder a su padre Zeus.

Dioniso ejerce su influencia en las zonas más marginales de la sociedad: las mujeres, los esclavos y los extranjeros. Una de las virtudes de Dioniso es la de cuestionar los valores políticos y masculinos de la sociedad.

  • HADES :

Hijo de Crono y Rea y hermano, entre otros, de Zeus. El nombre "Hades" designa tanto al dios como al mundo subterráneo. También se le conoce con el nombre de Aidoneo. Está casado con Perséfone, a la que raptó y, engañándola, la obligó a vivir con él un tercio del año en el Hades (ver Perséfone).

Tiene como arma peculiar un casco que hace invisible al que lo lleva: regalo de los Cíclopes.

Con sus hermanos Zeus y Posidón se repartió la soberanía del mundo: a Hades le pertenece el control del mundo subterráneo. Hades habita, pues, un mundo de oscuridad: representa la muerte, el fin de todos los mortales; es un dios al que todos odian, hombres y dioses. Su decisión es irrevocable, es inflexible, es el destino ineludible. Reina en este mundo de tinieblas de puertas cerradas del que Hades apenas se mueve; sólo lo hizo para raptar a su esposa, Perséfone.

La geografía del Hades obtiene muy distintas representaciones dependiendo del mito en el que se describa. Por ejemplo, mientras que para unos es perpetua oscuridad (dominio de Érebo), para otros, el infierno también participa de la luz; hay una separación entre los bienaventurados y los desdichados: mientras que el Hades propiamente dicho permanece oscuro, el país de los bienaventurados disfruta de la luz.

Entonces, en este segundo mito, lo lóbrego y húmedo pasaría a convertirse en fértil, presentando ciertas afinidades con la "llanura del Elíseo".

Otra característica del Hades la constituyen las aguas subterráneas: dos de las más importantes, a parte del Océano, son la laguna Estigia y el río Arqueronte. La laguna Estigia adquiere una gran importancia en la mitología griega en cuanto se convierte en objeto de juramento de los dioses, el incumplimiento del cual implica que al dios perjuro dejará de permitírsele consumir la "ambrosía", permaneciendo inerte, durante nueve años. El río Arqueronte representa el obstáculo que deben atravesar los muertos para llegar al Hades; la idea del obstáculo es una constante en la escatología de los pueblos indoeuropeos: el alma, separada del cuerpo, avanza hasta que encuentra un obstáculo (un lago, un barranco...) que, si se quiere cruzar, deberá ser ganándose los favores de su guardián o del que facilita el paso (en el caso de la mitología griega, Caronte, un barquero).

HERA :

Es hija de Crono y Rea y, como tal, hermana de Zeus, con el que está, a su vez, casada.

Su papel es fundamentalmente el de esposa de Zeus. En su origen prehelénico es una diosa ctónica y de fecundidad que, en el Panteón Griego, adquiere la función de tutelar al sexo femenino en general.

Es una de las divinidades del matrimonio, junto a Ártemis y Afrodita, cada una representando un aspecto de éste. Hera será la perfecta esposa, que necesita para su función a Afrodita. En la tradición griega, la mujer está destinada a convertirse en esposa legítima y, cuando la madurez del cuerpo lo designa, no se debe forzar la "naturaleza". También preside la viudez y, en general, los estados básicos en la vida de la mujer de la época.

Esa función de esposa de Zeus le confiere un carácter particularmente violento con los "hijos ilegítimos" de éste, a los que persigue cruelmente. Ejemplo de ésto lo constituyen las penurias sufridas por Heracles debido a la furia de Hera.

Es una diosa muy localizada geográficamente. Su culto se centra en la Argóride.

  • POSIDON :

Es hija de Zeus y Deméter (con la que forma una pareja indisoluble: las "dos diosas"). Se la conoce como Kóre (muchacha), quizá por no pronunciar su nombre propio, que tenía claras connotaciones con el infierno (por su relación con Hades).

Mientras estaba recogiendo flores con otras diosas, Hades, abriendo la tierra, la secuestró y se la llevó con él a su reino, para convertirla en su esposa. Este rapto se produjo con el consentimiento tácito de la mayoría de los dioses, cosa que, unida al simple hecho del rapto, enfureció a Deméter, provocando que la naturaleza dejase de dar sus frutos. Ante esta presión, Zeus cede y permite el encuentro entre madre e hija.

Antes de dejar marchar a Perséfone, Hades le ofrece un grano de granada, que ésta acepta (o le obliga a comérselo). Según una leyenda, quien coma algo en el infierno, no puede regresar al mundo de los vivos. Al final se llega a un entendimiento y Perséfone vivirá un tercio del año bajo tierra con Hades, como esposo, y el resto del año lo pasará junto a su madre en el Olimpo.

El tercio del año pasado en el infierno representa el invierno, cuando muere la agricultura; luego revivirá en primavera (saldrá del Hades), y dará comienzo un nuevo ciclo.

Madre e hija, relacionadas con el mundo de los infiernos y los cultos escatológicos, fueron el centro de uno de los rituales más importantes de Grecia: los misterios de Eleusis.

  • PROMETEO :

Es hijo de Jápeto y Clímene, hermano de Atlas, Menetio y Epimeteo. Es hijo de un titán y, como tal, es primo de Zeus.

El mito de Prometeo es de capital importancia para entender el lugar del hombre dentro de la mitología griega.

Los actos de Prometeo están ligados con el hombre (un mito antiguo le atribuye la creación de los hombres) y, para bien o para mal, sus acciones repercuten en el mundo humano.

Prometeo representa la rebeldía dentro de los dioses. No es enemigo de Zeus (no aspira a ocupar el trono divino), pero se pone del lado de todos aquellos a quienes la "justicia" de Zeus a sido "injusta", al lado de aquellos a quienes el orden de Zeus ha colocado en un lugar inferior al que en un principio deberían ocupar. Es poseedor, como Zeus, de la metis (la inteligencia astuta).

Prometeo es el encargado de dividir los ámbitos humanos y divinos (hasta ese momento vivían juntos, hombres y dioses). En la Teogonía se explica cómo Prometeo, después de matar a un gran buey, prepara dos lotes en apariencia iguales, para darlos a elegir a dioses y hombres. Los dos lotes son un engaño: uno, bajo una apariencia repugnante esconde toda la carne del animal y el otro, bajo el mejor aspecto, sólo tiene grasa y huesos. Zeus es el que debe escoger primero. Aquí es donde se demuestra la superioridad de la metis de Zeus. Elige el de apariencia más apetecible, es decir, el que escondía los huesos desnudos e incomestibles. Aquí, donde parece que ha vencido Prometeo, vence Zeus, porque la línea divisoria que se pretendía trazar con la división de los lotes entre dioses y hombres, queda claramente marcada: los hombres se han quedado toda la carne, convirtiéndose en mortales, deberán comer para vivir y trabajar para comer, deberán fatigarse y morir. En cambio, los dioses se contentan con el perfume de los huesos calcinados; son de otra naturaleza, no tienen contacto con lo corruptible, les bastan los perfumes, son inmortales.

Así quedan claramente divididos los ámbitos humanos y divinos, y esta división se representará mediante los sacrificios que se deben a los dioses; en ellos, los hombres sacrificarán a los dioses los huesos y la grasa del animal, mientras ellos se quedarán con la carne. La institución de los sacrificios es, pues, debida a Prometeo y a su intento de favorecer a los hombres.

Como represalia por haber intentado engañarle, Zeus decide castigar a Prometeo y, curiosamente, lo hace castigando al hombre. Esconde el fuego para que no pueda cocinar la carne que ha obtenido; aparte del fuego que Zeus esconde, al que los hombres no tienen acceso, esconde también los cereales que, hasta ahora crecían de forma natural y sin ningún esfuerzo para el hombre. A partir de este momento el hombre deberá trabajar si quiere tener los frutos de la tierra.

En el Protágoras de Platón, el fuego es visto como el conocimiento técnico, que Prometeo roba a Atenea y Hefesto para dárselo a los hombres,que representa una frontera entre hombres y animales.

Prometeo roba el fuego que Zeus ha negado a los hombres y se lo devuelve a éstos. Lo oculta (una semilla de este fuego) dentro de una rama hueca de hinojo y lo lleva a la tierra, entre los hombres. Los hombres, junto con los dioses, son los únicos seres que dominan el fuego; este fuego se convierte, pues, en un enlace entre dioses y hombres; hecho que se potencia al ser el fuego el que transporta las ofrendas de los hombres, en los sacrifícios, a los dioses.

La ira de Zeus se dirije esta vez tanto a los hombres como al propio Prometeo. Para los hombres fabricará, con la ayuda de otros dioses, a Pandora, la primera mujer. Zeus la regala a Epimeteo, hermano de Prometeo al que le falta la astucia de su hermano y no sabe ver que el regalo es para el mal de los hombres, ya que Pandora destapará el recipiente en donde están encerrados todos los males, permitiendo que se extiendan por toda la tierra y que a todos los hombres afecte. Sólo la esperanza se queda en el cuello de la jarra y no sale afuera. La mujer, pues, en el mito prometaico, es vista como un castigo de Zeus a los hombres, siendo, la mujer misma, un mal para el hombre, un mal que se esconde bajo el aspecto de la hermosura y la seducción.

Para Prometeo, Zeus prepara un castigo ejemplar: será encadenado, en una zona remota, a una roca, donde cada día un águila le devorará el hígado que, luego, por la noche, se le regenerará. Este cruel castigo (por enfrentarse a Zeus a favor de los hombres) es magníficamente narrado en "Prometeo encadenado" de Esquilo, donde se potencia la visión filantrópica de Prometeo frente a la crueldad despótica de un Zeus no tan justo. Esquilo deja entrever que Zeus no ha encadenado a Prometeo porque le haya robado el fuego, sino que eso no es más que una excusa para presionarlo para que le diga quién habrá de destronarlo, secreto que posee el "astuto" Prometeo. De todas maneras, el titán se muestra en todo momento arrogante, orgulloso y desafiante. En Hesiodo, por otro lado se lo representa como al rebelde sin causa, que desafía el poder legítimo de Zeus.

  • PERSEFONE :

Es hija de Zeus y Deméter (con la que forma una pareja indisoluble: las "dos diosas"). Se la conoce como Kóre (muchacha), quizá por no pronunciar su nombre propio, que tenía claras connotaciones con el infierno (por su relación con Hades).

Mientras estaba recogiendo flores con otras diosas, Hades, abriendo la tierra, la secuestró y se la llevó con él a su reino, para convertirla en su esposa. Este rapto se produjo con el consentimiento tácito de la mayoría de los dioses, cosa que, unida al simple hecho del rapto, enfureció a Deméter, provocando que la naturaleza dejase de dar sus frutos. Ante esta presión, Zeus cede y permite el encuentro entre madre e hija.

Antes de dejar marchar a Perséfone, Hades le ofrece un grano de granada, que ésta acepta (o le obliga a comérselo). Según una leyenda, quien coma algo en el infierno, no puede regresar al mundo de los vivos. Al final se llega a un entendimiento y Perséfone vivirá un tercio del año bajo tierra con Hades, como esposo, y el resto del año lo pasará junto a su madre en el Olimpo.

El tercio del año pasado en el infierno representa el invierno, cuando muere la agricultura; luego revivirá en primavera (saldrá del Hades), y dará comienzo un nuevo ciclo.

Madre e hija, relacionadas con el mundo de los infiernos y los cultos escatológicos, fueron el centro de uno de los rituales más importantes de Grecia: los misterios de Eleusis.

  • ZEUS :

Descendiente de un dios indoeuropeo del cielo y los fenómenos celestes. El dios indoeuropeo adquiere características mucho más complejas cuando se combina con mitos hurritas, hititas, babilónicos y cretenses. Según los hititas, la montaña constituye la sede de un dios de la tormenta, dios de las alturas, señor del trueno y del rayo, características que coninciden con las del Zeus griego.

Es hijo de Crono y Rea, y hermano, entre otros, de Hades y Posidón. Según Hesiodo, sus esposas son Metis, Deméter, Letó, Hera, Temis, Eurínome, Maya, Alcmena y Mnemósine, con las que tendrá toda una generación de dioses jóvenes, representantes del nuevo orden definitivo.

Zeus es el más joven de sus hermanos, al único que su padre Crono no devoró. Zeus es salvado de tal destino gracias a la intervención de Gea y Rea; es, además, el que tiene la iniciativa a la hora de sublevarse contra su padre, apoyado por sus hermanos (a los que había vomitado Crono) y por una serie de Titanes que apoyan su causa (la causa de Crono la defienden la mayoría de los Titanes). Esta lucha representa el enfrentamiento entre las fuerzas pre-sociales y tribales, contra el orden social que representa Zeus. Al vencer, al fin, contra sus enemigos, se establece el orden que Zeus representa (ver Teogonía).

Un hecho que contribuye a la perennidad del orden conseguido por Zeus es el de devorar a Metis, para evitar que un posible hijo con esta diosa, pudiera usurparles su poder. Como resultado, por una parte, asume la astucia que Metis representa (así, nada podrá sorprenderlo desprevenido) y, por otra, tendrá que dar a luz a la hija de la que estaba embarazada Metis: parirá a Atenea de su cabeza con la ayuda de Hefesto.

Según narran los mitos de soberanía, al repartirse la herencia de Crono, Zeus se hace con el máximo poder, correpondiéndole el cielo. Este reparto no es equitativo ya que, aquel que sea el soberano del cielo, posee, además, una soberanía y autoridad superior y sobre los demás dioses. Incluso Hades y Posidón, que en sus ámbitos respectivos son los señores absolutos, le deben obediencia. Sí bien la tierra y el Olimpo son comunes a todos los dioses, es Zeus quien rige el Olimpo.

Sus armas son el trueno, el rayo y el relámpago.

Representa la victoria de un orden nuevo sobre el antiguo de los poderes ctónicos arcaicos y, al mismo tiempo, el triunfo de las divinidades masculinas sobre las femeninas.