Dinero electrónico

Política monetaria. Medios de pago. Monedas. Bancos centrales. Tarjetas de crédito

  • Enviado por: Nidwar Choquecahua Morales
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 8 páginas
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EL FUTURO DEL DINERO Y DE LA POLÍTICA MONETARIA.

La eventual desaparición de una demanda por dinero físico, debido a la sustitución del circulante y las reservas bancarias por métodos electrónicos de pago, dejaría a los bancos centrales sin influencia real sobre la economía, ya que la moneda nacional no sería demandada en sí misma, y sólo (eventualmente) serviría de unidad de cuenta. Sin embargo, resulta más factible suponer que, en un futuro no inmediato por mucho que sea el cambio tecnológico, y la velocidad con que éste se produzca, la anulación del dinero físico debiese ser un proceso más lento que la sustitución de las monedas nacionales por otra supranacional o de otro país; por lo que aun existiría un espacio en el mediano plazo, para realizar la política monetaria.

I. EL DINERO FIDUCIARIO Y EL DINERO ELECTRÓNICO

El dinero es, indudablemente, un elemento esencial en el mundo moderno. Todas las transacciones diarias las hacemos directa o indirectamente con dinero a través de operaciones que involucran necesariamente a los bancos y otras instituciones financieras dentro de mercado donde se negocian promesas de pago y monedas extranjeras de distintos países, cada vez más complejos e interrelacionados entres si.

Por lo tanto, el dinero no es otra cosa que un objeto digno de confianza que todos los habitantes de una sociedad convienen en aceptar como una forma de riqueza almacenada y que sirve para facilitar las transacciones entre las personas. Todos pueden hacer sus pagos con estos objetos y todos los aceptan como pago por la venta de cualquier bien o servicio.

LAS FUNCIONES DEL DINERO

El dinero, es un objeto que las personas aceptan como medio de pago generalizado y que, para cumplir esta función, necesita tener también otras propiedades como la de representar riqueza y facilitar la medición del valor de los bienes y servicios.

En la economía mercantil desarrollada, el dinero cumple las funciones siguientes:

1. MEDIO DE PAGO. La existencia de un medio de pago socialmente aceptado permite que cualquier persona esté dispuesta a recibirlo al momento en que ella vende un bien o servicio, pues tiene la certeza de que, en el momento que lo desee, podrá cambiarlo por otras mercancías.

El dinero cumple la función de medio de cambio debido a que es el medio o instrumento a través del cual se intercambian bienes y servicios entre los agentes económicos. De hecho, nadie desea dinero para consumirlo directamente. El dinero se usa para cambiarlo por bienes, servicios, trabajo, etcétera.

Gracias al dinero, los intercambios son más fáciles de realizar y se eliminan los inconvenientes del trueque.

En una economía de trueque, no existe un medio de cambio comúnmente aceptado. De esta forma, solamente podrás intercambiar un bien por otro si encuentras a una persona que tenga el que tú quieres y que desee lo que tú ofreces. Es decir, tiene que darse una doble coincidencia de deseos.

Sin embargo, si existe un medio de cambio que todo el mundo acepta (dinero), podrán realizarse más transacciones y los agentes verán incrementada su satisfacción.

Con el dinero, cada persona vende directamente al comprador y compra directamente al vendedor.

La existencia de un medio de pago socialmente aceptado permite que cualquier persona esté dispuesta a recibirlo al momento en que ella vende un bien o servicio, pues tiene la certeza de que, en el momento que lo desee, podrá cambiarlo por otras mercancías.

2. UNIDAD DE CUENTA. La unidad de cuenta es aquella en la que se fijan los precios. El dinero permite expresar en determinadas unidades los valores que ya poseen las cosas. En este caso, de denomina función numeraria.

En otras palabras, es indispensable la existencia de una medida común de valor que permita un intercambio menos complicado. El dinero gracias a su homogeneidad, simplifica las transacciones al permitir que todos los precios puedan ser expresados en una misma unidad.

3. DEPÓSITO DE VALOR. La función esencial del dinero es la de ser un portador de valor. El dinero es un valor semejante a cualquier otra promesa de pagar una determinada cantidad de dinero en el futuro con la única diferencia de que no paga intereses.

El dinero tiene que ser considerado depósito de valor para que podamos aceptarlo y realizar compras con él. El dinero no es sino el tipo más perfecto de valor, los otros valores son menos perfectos y tienen que pagar una tasa de interés como medida de su imperfección; además solo el dinero goza de la ventaja de ser liquido, es decir, de ser aceptado como medio de pago en cualquier momento.

4. UNIDAD DIFERIDA DE PAGO. La cuarta función que cumple el dinero está vinculada con los préstamos a futuro. La deuda se expresa en una unidad común que será empleada como referencia en el momento de pago.

El dinero es un patrón de pago diferido porque los pagos a realizar en el futuro han de efectuarse con dinero en la mayoría de las ocasiones. La mayoría de las deudas se saldan con un pago en dinero. Al igual que en el caso anterior, existen bienes que pueden ser considerados patrón de pago diferido.

EL DINERO ELECTRÓNICO

El empleo de billetes y monedas fiduciarias, pese a sus enormes ventajas, sigue siendo una forma de pago relativamente costosa e insegura por las dificultades que implican su transporte y su protección contra el riesgo y el robo.

La aparición de los cheques bancarios facilitó el pago de las transacciones relativamente costosas sin necesidad de movilizar grandes volúmenes de billetes e incurrir en los subsecuentes costos de transacción. Pese a la difusión que alcanzaron los cheques en muchos países del mundo, persistía una doble dificultad: verificar el estado de cuenta del girador y asegurar la transferencia de los recursos hacia el receptor del cheque.

El desarrollo de las comunicaciones y de las computadoras, así como la extraordinaria difusión de las tarjetas de crédito desde inicios de la década de 1980, ha comenzado a revolucionar el concepto del dinero en tato un objeto material con el cual se pagan las transacciones.

El uso extendido de las tarjetas de crédito llevó a pensar a muchas personas que estábamos ante una nueva forma de dinero. El éxito alcanzado por las tarjeta de crédito ha facilitado la introducción de otras innovaciones financieras aun más revolucionarias, como por ejemplo las tarjetas de débito (debit card), que es aceptada por los establecimientos comerciales, esta tarjeta permite que una persona pague por sus compras en un supermercado o cualquier otro establecimiento con cargo a sus depósitos bancarios en cuenta corriente o en ahorros.

Otro medio de pago electrónico, distinto de las tarjetas de débito que retiran dinero de una cuenta bancaria, son las tarjetas inteligentes (smart cards) que almacenan dinero. las más conocidas en el Perú son las tarjetas usadas para el servicio telefónico, cuyo valor en dinero se va consumiendo a medida que su poseedor realiza llamadas telefónicas en cabinas públicas o a través de su teléfono celular, según sea el caso. En otros países, algunos bancos emiten tarjetas inteligentes de uso generalizado, conectados a una red mundial de VISA. En Inglaterra, la empresa Mondex ha desarrollado una tarjeta que permite la transferencia de fondos entre personas individuales, en cinco monedas distintas a través de un depósito denominado billetera electrónica (electronic wallet).

Estos medios de pago electrónicos (MPE) constituyen un paso más allá de las tarjetas de crédito, puesto que tienden a eliminar al intermediario.

Muchos pronósticos se han realizado acerca del uso total de estos medios de pago electrónicos en un futuro muy cercano. Sin embargo, se puede notar que este cambio toma tiempo. Los comerciantes todavía tienen cierto reparo en usar este nuevo tipo de medios de pago, ya que implican un gasto no despreciable en infraestructura y los consumidores aun mantienen resistencia a depender enteramente de los sistemas electrónicos de pago. Sienten que pierden privacidad o desconfían de aquellas operaciones por computadora en las que no tienen un recibo de pago por sus compras.

Otra de las razones por la cual el progreso de los medios de pago electrónicos ha sido lento, es la carencia de tecnologías estándares fijas para el almacenamiento y procesamiento de datos en los establecimientos comerciales. Cuando los negocios utilizan una multitud de sistemas y existe un gran número de gente involucrada, es extremadamente difícil establecer la coordinación necesaria para la interconexión de operaciones.

Sin embargo, el desarrollo espectacular que han alcanzado las comunicaciones en los últimos años, destacando principalmente la expansión de Internet, ha permitido vencer muchos de estos obstáculos psicológicos y reales. Cada vez es mayor el número de establecimientos comerciales en todo el mundo que vende sus productos a través de Internet y que acepta las tarjetas de crédito internacionalmente reconocidas tales como VISA, American Express, Diners o MasterCard. La seguridad con que se viene llevando a cabo estas transacciones ha permitido que el público pierda el temor de ser objeto de operaciones fraudulentas con sus tarjetas de crédito.

Todos estos avance de la tecnología, han significado que el dinero esté dejando de tener una existencia física, en forma de monedas o billetes, para pasar a constituir un saldo contable transferible a través de medios electrónicos.

Muchos expertos han predicho que este es el inicio del fin del dinero. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: lo que estos adelantos tecnológicos están haciendo es fortalecer y acelerar la capacidad de los bancos para que sus clientes puedan pagar sus transacciones con cargo a sus depósitos, que pueden ser cuentas corrientes, de ahorros u otras cuentas más sofisticadas. Estas transacciones pueden realizarse ahora en cuestión de segundos y conectar a las ciudades más lejanas del mundo.

En síntesis, gracias al desarrollo de las comunicaciones, de la electrónica y de las computadoras, el público tiene cada vez menos necesidad de utilizar papel moneda para realizar sus pagos. Actualmente, la mayor parte de las transacciones se realiza con tarjetas de crédito, tarjetas electrónicas y transferencias con cajero automático, que no son otra cosa que operaciones interbancarias.

Esto significa que los bancos desempeñan una función cada vez más importante en la emisión y la circulación del dinero y que el poder de los bancos centrales para controlar la masa monetaria es cada vez menor.

II. EL FUTURO DE LAS MONEDAS NACIONALES

Las última décadas han presentado una gradual reducción de la inflación en el mundo y el uso de la política monetaria se ha centrado en la estabilización, repudiándose su utilización para otros fines. Hoy se acepta la estabilidad de los precios como único objetivo de la política monetaria en el largo plazo, aunque manteniendo la preocupación por evitar costos innecesarios en el esfuerzo estabilizador.

Las autoridades monetarias, es decir los Bancos Centrales, han incrementado de forma significativa su reputación (al ejercer mejor el proceso de accountability) y la conducción de la política monetaria, que en los últimos años, ha intentado ser cada vez más una ciencia. La experiencias comunes de los Bancos Centrales alrededor del mundo y la gran expansión de regímenes con metas de inflación son ejemplos claros: bancos centrales responsables, técnicamente bien preparados, eficientes en controlar la inflación y con un rol importante en atenuar las fluctuaciones reales de corto plazo.

Parece, entonces, una verdadera época dorada para la política monetaria: se tiene claro qué debe y no hacerse, y cada vez existe un conocimiento y precisión mayor respecto a la forma de hacerlo.

¿Qué podría entonces amenazar esta situación de privilegio? ¿Qué podría llevar a decir que los bancos centrales estando en la cúspide de su poder, en el futuro se vería la extinción de muchos, y eventualmente de todos?

La respuesta la hallamos fundamentalmente en, el efecto del cambio tecnológico sobre la demanda por dinero. Como un fenómeno adicional al explosivo aumento de productividad que traería la Nueva Economía, habría una variación fundamental en la forma de realizar transacciones, reflejada en la aparición del dinero electrónico como competidor directo del dinero “físico” o fiduciario tradicional.

Las innovaciones tecnológicas producidas en las últimas décadas han afectado los mercados financieros y monetarios. Determinando un cambio en el entorno natural en que operaban las políticas monetarias.

Los nuevos sistemas de pago, utilizando transacciones electrónicas, tarjetas de crédito y débito, y la liquidación de pagos de forma directa entre las partes, han venido a reemplazar los sistemas tradicionales, y, como consecuencia, la influencia central que en las transacciones tenía el dinero físico.

Ello debiese traducirse en una caída de la base monetaria, la cual es precisamente la variable que permite al banco central afectar a la economía. Y que todo libro básico de economía enseña.

Algunos autores, presentan en sus investigaciones una sistemática caída, como porcentaje del PIB, de los dos componentes de la base monetaria -circulante y reservas bancarias, en muestras de países industrializados. También puede observarse un gran aumento en la velocidad de circulación del dinero de reserva y de los multiplicadores monetarios, y una caída en el “dinero de liquidación” mantenido por los bancos comerciales en el banco central, con niveles objetivos cercanos a cero.

Como ya se dijo, la base monetaria es la variable que los Bancos Centrales buscan afectar, pero teniendo las evidencias anteriores y su tendencia a mantenerse en el futuro, llevan a plantear la interrogante: ¿Cómo es posible que con este elemento, cada vez más insignificante en relación con el volumen global de transacciones de la economía, se pretenda tener un efecto significativo sobre las decisiones de gasto? Dado que el desarrollo tecnológico es virtualmente irreversible, el banco central terminaría siendo un espectador impotente del comportamiento de la economía, capaz de expresar voluntad, pero no de ejercerla.

Una línea teórica cercana a la anterior es la que expresa King (1999), imagina un futuro en que el banco central pierde, en la práctica, el monopolio en la emisión de dinero, existiendo una serie de competidores privados que ofrecen sus propios dineros. Esto no sería muy distinto a lo que ocurría en los inicios del dinero fiduciario, antes de que el Estado se impusiera el derecho monopólico de emisión.

En el extremo de esta postura, ya nadie querría usar el dinero “físico”, con lo que la demanda por base monetaria colapsaría a cero. Los sistemas monetarios de pagos serían reemplazados por sistemas contables de pagos, los cuales operarían con transferencias directas de activos financieros entre las partes involucradas. En principio, estos acuerdos podrían operar en forma directa entre los bancos, pero la existencia de riesgo sistémico y falta de información llevaría a que pueda ser conveniente tener una banca de segundo piso, encargada de mantener los saldos bancarios y el dinero (contable) de liquidación. Esta entidad podría o no ser el banco central, aun así, su “monopolio” en términos de dinero de liquidación sería estéril en cuanto a la conducción de política monetaria y sólo sería útil para hacer más eficiente el sistema de pagos.

Las monedas tradicionales sólo servirían como unidad de cuenta. Dado que no habría ningún beneficio asociado a tener una moneda propia (ni política monetaria, ni señoreaje), no tendría sentido tener más que una unidad de cuenta a nivel mundial, por lo que se integraría toda la economía en un gran “sistema de pagos”. En esta economía no habría inflación, al no haber un medio de pago explícito (dinero físico).

Una última extensión de este enfoque (no hay dinero físico, todas las transacciones son electrónicas y, por ende, la moneda es sólo una unidad de cuenta), sería la eventual desaparición de los bancos como resultado de un escenario de tecnología suficientemente avanzada e información disponible a bajo costo, que haría innecesaria la intermediación financiera. Cada persona transaría de forma directa sus activos financieros (escalados en dólar, e-money, o lo que sea) y no habría necesidad de una entidad que intermediara esos pagos.

Una posición en contra a la anterior, es la sostenida por Goodhart (2000), quien la desvirtúa diciendo que, por mucha información que existiese, va a continuar la necesidad de asesoría sobre las mejores decisiones de inversión; es decir, una relación entre los oferentes de fondos y los demandantes de los mismos. Esa asesoría lleva consigo la necesidad de monitoreo sobre el destino de los fondos y alguna garantía sobre la confiabilidad de los deudores. Se requeriría una institución capaz de garantizar los fondos, asumiendo éstos como pasivos. Ella es la descripción tradicional de un banco central

En resumen, los puntos revisados correspondientes a la literatura especializada, es claro: los bancos centrales alcanzaron durante la última parte del siglo anterior su nivel culmen en términos de relevancia, reputación y poder. A partir de este momento, la innovación tecnológica y el perfeccionamiento de los sistemas de pago necesariamente terminarán por hacer desaparecer la base monetaria, eliminando así las monedas nacionales y, de paso, el poder de los bancos centrales.

III. EL FUTURO DE LOS BANCOS CENTRALES Y DE LA POLÍTICA MONETARIA.

En el análisis anterior se plantearon los principales elementos que han llevado a afirmar que la era de los bancos centrales ha terminado. Los argumentos que sustentan esa visión se reducen a dos puntos: (i) que la demanda por base monetaria se hará cero y (ii) dado ello, el banco central ya no será capaz de hacer política monetaria.

La desaparición de la demanda por base monetaria implica dos aspectos: la no demanda de circulante por parte de las personas y la no demanda de los bancos por reservas (dinero de liquidación en el banco central).

La desaparición del circulante no es viable en ningún horizonte cercano. El dinero físico (billetes y monedas) tiene dos grandes ventajas: el anonimato y la sencillez. El dinero electrónico podría ser equivalente, o superior, en el segundo punto. Pero es muy difícil que lo supere en el primero. El dinero electrónico necesariamente deja algún tipo de registro al producirse una transacción, porque esta involucra una transferencia de riqueza que ineludiblemente se realiza a través de un tercero, que intermedia y garantiza la operación.

Concluimos que en la medida que exista esa demanda residual, por pequeña que sea, el banco central será capaz de afectar las tasas nominales.

El otro componente de la base monetaria son las reservas en el banco central. Muchos países (Reino Unido, Suecia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda) han eliminado la mantención obligatoria de reservas (dinero de liquidación) en el banco central, por lo tanto han hecho cero el encaje sobre los depósitos. Ello no ha llevado a que los depósitos efectivos de estas instituciones en el banco central sean iguales a cero.

¿Por qué los bancos continúan demandando la mantención de saldos en el banco central? Los bancos no tienen certeza sobre su posición neta al final del día, y por ende prefieren mantener un saldo precautorio.

En el extremo, las reservas bancarias tendrían sustitutos perfectos que harían que su demanda colapsara a cero en caso de que aumentara la tasa a la cual se ofrecen. Ello inhibiría la capacidad del banco central para mover el spread entre la tasa de descuento (a la cual ofrece las reservas) y la tasa pagada sobre esas reservas. Pero no inhibiría la capacidad de mover la tasa de descuento, si se mueve junto con ella la tasa de interés pagada sobre las reservas, manteniendo constante el spread. En principio, ese pago de intereses podría hacerse sobre la base monetaria (incentivando así su tenencia), pero en este caso (donde no hay circulante) podría hacerse de forma más sencilla sobre las reservas. Este tipo de políticas se implementa en países como Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Dicho sistema, puede complementarse con operaciones de mercado abierto.

En la medida que los bancos tengan alguna demanda por dinero de liquidación, el mencionado mecanismo será operativo. Los bancos comerciales tendrían incentivos a usar al banco central como liquidador de saldos.

¿Y qué ocurre si los bancos comerciales dejan de usar el banco central como ente central de liquidación de las transacciones? Ello podría ocurrir si se logra eliminar el riesgo dado por la incertidumbre asociado a un sistema contable de pagos netos o si la innovación tecnológica reduce el costo asociado a un sistema contable de pago continuo.

Aun en ese caso, el banco central podría afectar las tasas nominales. Si hubiese muchas entidades que ofreciesen simultáneamente servir de liquidadores de saldos, los bancos comerciales guardarían saldos en el banco central sólo si la tasa del banco central no es inferior a la del mercado. La tasa de mercado será aquélla que el banco ofrezca por las reservas mantenidas en él. ¿Por qué ocurre lo anterior? Una explicación es la de que el banco central puede operar con pérdidas.

Otra explicación sería que si el banco central quisiera controlar el valor de un commodity, por ejemplo, podría hacerlo siempre que tuviese suficientes reservas para validar el precio que quiere imponer, y alejar el mercado del equilibrio natural.

El mercado de dinero fiduciario es distinto. En ausencia de intervención del banco central, el equilibrio del mercado de moneda no está acotado en términos nominales, al no existir un ancla implícita o explícita. Por ende, cualquier tasa nominal sería consistente con ese equilibrio.

El banco central puede determinar el equilibrio, porque la unidad de cuenta está en términos de sus pasivos. Cualquier contrato financiero, expresado en esa unidad de cuenta, promete un pago que está en términos del dinero de liquidación del banco central.

El banco central, al ofrecer como dinero de liquidación la unidad de cuenta de la economía, ofrece contratos financieros en los que define simultáneamente la cantidad y la tasa de interés; una entidad privada sólo podrá determinar uno de los dos.

En la medida que esa moneda siga existiendo, aun existiendo otras monedas, éstas implícitamente se siguen expresando en términos de ella. En la medida que la moneda ofrecida por el banco central siga siendo una unidad de cuenta estable, no hay ninguna razón para suponer que debiese ser desplazada por otras monedas.

Es decir, aun en el caso de una economía sin circulante, en la medida que el banco central siga entregando la unidad de cuenta a la economía será capaz de influir las tasas de interés nominales.

IV. CONCLUSIONES

Si bien es cierto que muchas de las tendencias descritas efectivamente debiesen ir reduciendo la importancia del dinero físico en la economía, el punto central es que la capacidad del banco central no descansa en su control sobre la masa monetaria, sino en su influencia sobre las tasas de interés. Ello, porque el principal mecanismo de transmisión en una economía no es vía cantidad de dinero, sino vía tasas de interés.

El punto es que existen dos procesos paralelos, similares, pero no idénticos. Uno es la supresión de la base monetaria por dinero electrónico. Otro es la competencia entre monedas a nivel mundial, lo que debiese dejar sólo algunas monedas nacionales. Ese proceso parece más cercano en el tiempo que el del final de la base monetaria, con lo que la política monetaria sería, en ese sentido, abandonada por la mayoría de los países no por una desaparición del dinero, sino por la muerte de la moneda nacional.

En el caso del Perú, resulta más factible suponer que, en un futuro no inmediato, se elija sustituir, por decir, el nuevo sol por el dólar, antes que la demanda por base monetaria vaya a colapsar. Por mucho que sea el cambio tecnológico, y la velocidad con que éste se produzca, la anulación del dinero físico debiese ser un proceso más lento que la sustitución de las monedas nacionales. Es decir, la sustitución del nuevo sol por el dólar debiese anteceder a la del dinero físico.

Al producirse tal sustitución, termina obviamente la política monetaria de tal país, salvo para el o los países que sean capaces de mantener su moneda. En ese sentido, la economía se asemejaría más a una con el dólar como unidad de cuenta y sin política monetaria.

Es claro que mucho de lo que se ha expuesto es hablar de un futuro desconocido, y que tales procesos debiesen verificarse muy avanzado el siglo. Mientras ello no ocurra, sigue existiendo un espacio para la política monetaria.

Para un país como el Perú, el punto importante es que, aunque probablemente en el futuro el nuevo sol pueda terminar siendo sustituido por otra moneda, existen en el mediano plazo muchos beneficios asociados a un manejo eficiente de la política monetaria. Aun si en el tiempo se observa una disminución drástica o muy significativa en la base monetaria en la economía, y una creciente importancia de métodos de transacción electrónica, el banco central será capaz de realizar política monetaria, al no perder su influencia sobre la tasa de interés. Ello, en la medida que se utilice un método de corredor sobre las tasas como el usado por el Banco Central de Reserva del Perú, y que se siga confiando en éste como liquidador de pagos del sistema. Tal situación debiese mantenerse un largo período.

En definitiva, la Nueva Economía, aunque puede cambiar de forma radical el sistema de pagos de la economía y reducir de manera muy significativa la base monetaria, no debiese eliminar en un horizonte predecible la capacidad de realizar política monetaria.

Más aún, en el caso de un país como el Perú, resulta razonable que el eventual término de la política monetaria autónoma no va a ser el resultado obligado de la innovación tecnológica, sino un cambio razonable y ventajoso a favor de otra moneda (supranacional o de otro país).

REFERENCIAS

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FERNANDEZ BACA, Jorge. Política Monetaria. Lima 2005.