Diego Rodríguez de Silva y Velázquez

Vida y obra. Velázquez. Arte. Pintor español. Barroco. Siglo XVII. Las meninas. Las hilanderas

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DIEGO DE SILVA Y VELÁZQUEZ

El punto de partida de la pintura española en el siglo XVII es el tenebrismo de Caravaggio y sus investigaciones sobre la Luz. Se desarrolla el arte Barroco.

Primera etapa: 1599-1623

Es uno de los pintores más importantes de la historia española. Empezó muy pronto sus estudios de pintura en Sevilla, en el taller de Francisco Pacheco. Sevilla era una ciudad vanguardista para los artistas, pues había una clientela exigente, ya que había muchos italianos y genoveses.

Influido por la escuela de Caravaggio realiza la Adoración de los Reyes Magos, donde se refleja el tenebrismo. De composición sencilla utiliza la diagonal barroca y una iluminación irreal y muy italiana. El primer plano está iluminado desde un lateral con figuras reales: La Virgen es su propia esposa, el Niño es su propia hija, Melchor es su suegro Francisco Pacheco, y Gaspar es él mismo.

El segundo plano es tenebroso y oscuro: pinta una apertura luminosa en el horizonte que confiere profundidad al paisaje.

Segunda etapa: 1623-1629

Viajó pronto a Madrid, colocándose como pintor de la Corte a los 24 años, gracias a la protección del Conde-Duque de Olivares. Estuvo al servicio del rey Felipe IV. Como pintor de cámara pintó muchos retratos y cuadros con temas mitológicos. Cabe señalar Los Borrachos, en el que se aprecia las distintas clases sociales, señaladas con la espada, un vaso de vidrio o una taza, por ejemplo.

Hay una clara influencia de Tiziano en la composición y de Caravaggio y Ribera en los personajes, e incluso del propio Rubens. Utiliza modelos reales, auténticos bebedores de taberna, cuyos sonrosados y curtidos rostros contrastan con el Dios Baco y su desnudo acompañante que sostiene una copa de cristal en la mano. Más bien, parece un grupo de borrachos, uno de los cuales es coronado por Baco como vencedor en una hipotética competición de borrachos.

Tercera etapa: 1629-1631

En 1629 realiza su primer viaje a Italia porque había conocido a Rubens cuando venía como embajador. Velázquez le admira profundamente porque supone un ejemplo de cómo un artesano -pintor- ha ascendido socialmente y ha cambiado de estamento.

Fragua de Vulcano

El tema deriva de una historia escrita por Ovidio en la cual Apolo informa a Vulcano que su esposa, Venus, le es infiel con Marte. El rostro de Vulcano se sorprende e indigna igual que sus compañeros, que son los Titanes. Consigue un buen tratamiento del choque psicológico ante la noticia.

Villa Médicis

Son dos lienzos: el mediodía y la tarde, donde se revela como un excelente paisajista. Los realiza con técnica impresionista: vemos el aire libre filtrando los rayos de sol hasta el suelo.

Pincelada suelta más propia de los impresionistas del siglo XIX.

RASGOS

Cuarto: pintura religiosa

Cristo crucificado

Fue un encargo de Felipe IV para un convento de monjas benedictinas. Parece que se inspiró en otro Cristo de su suegro y maestro Fco. Pacheco.

Es un Cristo de 4 clavos según la iconografía sevillana del momento. Hay una idealización del cuerpo de Cristo donde apenas se advierten las huellas de la Pasión, salvo la llaga del pecho y los clavos. Es un Cristo sereno que irradia la luz de su divinidad en el momento del sacrificio para la salvación. El cuerpo está iluminado sobre un fondo oscuro, su anatomía cobra mayor plasticidad.

Transmite un sentimiento religioso profundo sobre todo con la cabeza vencida hacia abajo. Es una obra de tremenda carga emotiva. Nada hay en el cuadro de superfluo que disminuya el impacto de su imagen.

Los Ermitaños, que recuerda a Leonardo da Vinci.

Quinto: Retratos

Busca reflejar la personalidad del retratado y consigue trasmitir su perfil psicológico.

Don Diego del Corral

Juan Martínez Montañés

Conde-Duque de Olivares

Sexto: El Salón de Reinos

De Reyes y cortesanos donde cumple la función de exaltación de la monarquía absoluta. El monarca debe ser bello, su persona ha de mostrar rasgos distintivos de su posición a través de la apariencia exterior. El rey debe dejar patente su superioridad física y moral ante sus súbditos. Velázquez respeta la etiqueta pero introduce innovaciones como sustituir el típico punto de vista elevado por otro que va de abajo arriba, y reflejar la realidad psicológica del retrato.

Rendición de Breda (las Lanzas)

Cuadro realizado para decorar el Salón de Reinos del Buen Retiro.

Velázquez captó el sentido del honor que presidió la ceremonia de rendición de las tropas holandesas de Justino de Nassau al genovés Ambrosio de Spínola, general de los tercios españoles. Destaca el ademán caballeroso de éste último evitando la humillación en la derrota de Nassau.

La composición es de gran equilibrio: en el Centro está la entrega de la llave de la ciudad. A la izquierda, los soldados holandeses donde no se distinguen retratos. A la derecha, tropas hispanas con algunos retratos y un autorretrato en el personaje de la derecha con sombrero blanco.

Hay un buen trabajo de perspectiva aérea con fondo paisajístico de aire nórdico, nuboso: los dos caballos del cuadro contribuyen a crear mayor sentido espacial. Uno se dirige al espectador y otro se dirige hacia el fondo.

Séptimo: La Torre de la Parada

Era un lugar desde el que los monarcas salían a cazar. Lo toma de referencia para pintar los paisajes de los retratos ecuestres.

Retrato de Baltasar Carlos

Octavo: bufones

Pinta el ser humano tal como es, tal como lo ve. Demuestra con estos que no concebía el retrato como un medio de ostentación sino como un medio de experimentación pictórica.

Bufón Pablos de Valladolid: recortado sobre fondo vacío. Espacio sin elementos arquitectónicos y figura que aparece sólidamente apoyada.

D. Sebastián de Morra: sobre fondo oscuro destaca la figura del enano sentado por Velázquez. Retrata su recia personalidad en gesto que clava su mirada en el espectador revelando un callado sufrimiento.

Primo: funcionario que ni siquiera puede sostener el libro que ojea con manos enanas. El sombrero es un añadido posterior.

Noveno: Reyes

Felipe IV, lo ha retratado cuando han muerto su hijo y su mujer, y además, ha perdido todas las guerras, con lo cual se le ve entristecido y avejentado.

Doña Mariana de Austria

Décimo: últimas obras

Ha conseguido alcanzar el cargo de aposentador y ha pedido ayuda al Papa para llegar a ser noble.

El Barbero del Papa, última obra de Velázquez comprada por el Museo del Prado.

Las Hilanderas

Cuadro controvertido por el tema y composición:

En primer término sitúa un taller con 5 hilanderas dispuesta en un círculo. Al fondo, en una estancia más elevada, 3 damas contemplan una escena mitológica. Crea una ambientación teatral al colocar la escena de taller real en primer término y la escena mitológica al fondo. Incluso una hilandera parece que abre un cortinaje como si de un telón se tratara.

Significado: hay dos formas de ver el cuadro. La primera, el cuadro representa un cuarto de la Fábrica de Tapices de Santa Isabel. A esa fábrica haría una visita alguna mujer dela familia real, que correspondería a una de las damas del fondo. La interpretación mitológica más sugerente: la joven Aracne presume de ser la mejor tejedora del mundo y reta a Minerva. Pero Aracne teje un tema que representa a Zeus y el rapto de Europa y por ello Minerva la castiga, convirtiéndola en araña. El primer plano del cuadro mostraría la disputa entre las dos mujeres, mientras que en el tapiz del fondo se materializa el castigo de Aracne señalado por el brazo de la diosa Minerva.

Las Meninas

Velázquez pinta a los Reyes Felipe IV y esposa que aparecen reflejados en el espejo, pero en realidad lo que pretende es ejecutar un retrato colectivo de la familia real aunque de un modo original.

Es una síntesis total de los conocimientos del pintor:

El realismo de las figuras junto a la profundidad espacial, y el movimiento detenido, le otorgan la calidad de una instantánea fotográfica.

La atmósfera se basa en juegos de luz y penumbras matizados a través de una gama de colores austera y bien equilibrada junto con pincelada suelta y vigorosa.

Por primera vez un pintor se retrata junto a un rey vivo, aunque la presencia real, por cortesía, se manifiesta de una forma indirecta. Se autorretrata con el pincel en la mano pero en actitud pensativa, y afirma su propia nobleza en que el rey debió aprobar su presencia y ordenó pintar la Cruz de Santiago en reconocimiento al arte del maestro.

La estancia en la que se desenvuelve la escena es un homenaje en recuerdo del príncipe Baltasar Carlos. Algunos personajes se dan cuenta de la llegada inesperada de los reyes, por lo que adoptan posturas de respeto ante su presencia.

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