Dictadura alemana (1920-1945)

Historia contemporánea de Europa. Siglo XX. Alemania. Fascismos. Nazismo. Nazis. República. Adolf Hitler. Pueblo alemán. Raza. Economía

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1. Apreciación general de los fascismos

Durante la década de 1920, se fueron imponiendo en algunos países de Europa regímenes de tipo autoritario. Varios factores explican este fenómeno: la humillación nacional tras los tratados de paz, el miedo a la extensión de la revolución bolchevique y el hundimiento económico de la clase media, principal sostén des sistema democrático. Se trataba de dictaduras de carácter conservado que se apoyaban en los grandes propietarios, el Ejército y la iglesia y que se presentaron como un freno al avance de las ideas socialistas y comunistas.

En la parte más oriental de Europa fue instalándose todo un conjunto de regímenes dictatoriales con la voluntad de levantar un “cordón sanitario” frente al bolchevismo.

La solidez del régimen autoritario tan solo se mantuvo en aquellos países donde un mayor arraigo de las fueras democráticas tradicionales y la formación de coaliciones políticas amplias permitieron aislar a los partidos mas radicales y consolidar, de este modo, la democracia parlamentaria

La difícil etapa de los años veinte propició el auge de grupos extremistas entre los que destacan fascismo, movimiento fundado en Italia por Mussolini. Aunque "fascismo" hace referencia al modelo político italiano, con el tiempo has adquirido un sentido más amplio que designa una reacción violenta y autoritaria contra la expansión de la democracia y el socialismo.

A nivel político, el fascismo se caracteriza por su talante autoritario y profundamente antidemocrático, que recurre sistemáticamente a la violencia del Estado para anular cualquier oposición. Rechaza el principio de igualdad entre todos los ciudadanos; niega la soberanía popular y sufragio y por ello, no utiliza las instituciones representativas del estado; no tolera la separación de poderes; rechaza el parlamentarismo y anula cualquier oposición. Inspirado en el nacionalismo económico, defiende la intervención de estado en todos los ámbitos de la vida pública y privada, y propone la autarquía como medio eficaz de la defensa de la producción nacional.

Los fascismos exaltan la figura de un líder (duce, führer, caudillo) que concentra todos los poderes en una persona, encarna el Estado y es jefe del partido único. Alrededor de él se desarrolla una mística del poder personal que se rodea de un aparato de propaganda y se magnifica con una escenografía grandilocuente.

Socialmente, el fascismo presenta un claro contenido de clase y defiende una concepción antiigualitaria de la sociedad en la que domina n las elites y los escogidos. Toda la sociedad debe encuadrarse dentro de las organizaciones fascistas: el partido, el sindicato, las organizaciones juveniles y las mujeres… Así se pretende superar las divisiones sociales y establecer la unidad del pueblo o nación. Además se prohíben los sindicatos de clase y partidos y se impone un sindicalismo corporativo y vinculado al Estado. EL componente racista, que defiende la preservación y exaltación de la raza, aparece como un factor aglutinador básico para garantizar dicha unidad.

A nivel cultural, el fascismo se opone a la tradición racionalista y materialista, y adopta posiciones de desconfianza en la razón y exalta los elementos irracionales de la conducta humana /fanatismo, obediencia ciega…). También elogia los valores de la fuerza y la guerra, al tiempo que rechaza el pacifismo y defiende la legitimidad de la violencia. Eso se concentra, en el terreno de las relaciones Internacionales, en una intensa agresividad nacionalista e imperialista regida por dos objetivos básicos: la beligerancia contra los Estados socialistas y las reivindicaciones territoriales más allá de sus fronteras (irredentismo). De estas características se derivan un fuerte espíritu belicista y una concepción de la guerra como instrumento de progreso histórico y de selección de pueblos, naciones y razas.

2. La Alemania nazi

La abdicación, en 1918, del Káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación de un régimen republicano, la República de Weimar, cuya presidencia quedó en manos del socialista Elbest. La vencida Alemania inició su nadadora democrática en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.

La nueva República tuvo que asumir la derrota militar y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de buena parte de los alemanes, que se hicieron más receptivos al nacionalsocialismo.

2.1 Debilidades de la Republica de Weimar

La nueva República, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de crear un sistema político estable y, la final, fue desbordada por el ascenso del nazismo.

En sus primeros años, la República tuvo que hacer frente a los intentos insurrecciónales tanto de la derecha como de la izquierda que deseaban acabar el régimen.

En 1919 se produjo el levantamiento de la liga Espartaquista (comunista), que pretendía proclamar un gobierno de consejos obreros según el modelo soviético, pero fue duramente reprimido.

En 1920, el auge de grupos nacionalistas radicales, que acusaban al Gobierno de traición por haber firmado el armisticio y haber aceptado las condiciones del Tratado de Versalles, se tradujo en un conato de ocupación de Berlín. El golpe de Estado, que contaba con el apoyo de un sector del ejército, fracasó gracias al estallido de una huelga general.

Pocos años después Adolf Hitler protagonizó un fracaso putsch nacionalista y antidemocrática en Munich con le apoyo del general Ludendorff.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil: las deudas de la guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginosos de la inflación, que fue acompañada de una espectacular depreciación del marco alemán.

Las personas que Vivian de capitales fijos se arruinaban y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, provocando con ello una gran subida de los índices de desempleo. La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el rico territorio de Ruhr como garantía de cobro.

Entre 1924 y 1929, Alemania vivió un periodo de relativa estabilidad, gracias a una mejora económica. Sin embargo, la crisis de 1929, agravaron las dificultades y Alemania entró en una profunda etapa de recesión. La producción disminuyó enormemente y el desempleo alcanzó los 6 millones de parados en 1931.

La inestabilidad ministerial (19 gobiernos en 13 años) era una prueba fehaciente de la fragilidad del sistema parlamentario.

2.2 La llegada al poder del nazismo

Adolf Hitler, austríaco de nacimiento, hijo de un funcionario de aduanas y de una criada, mal estudiante (quiso, sin éxito, estudiar Bellas Artes), vivió hasta 1914, en Viena y Munich, una vida anodina y mediocre, con graves dificultades. Mussolini y Hitler lucharon como voluntarios en la I Guerra Mundial. Hitler se incorporó al ejército bávaro (no al austríaco) y ganó dos Cruces de Hierro al valor. Pero sus personalidades no eran idénticas. Hitler era ante todo un desequilibrado, un iluminado de psicología seudodelirante y oratoria ciertamente electrizante, y también hombre de aguda inteligencia política y gran capacidad para la maniobra y la intriga. Sobre todo, la mezcla atropellada de nacionalismo fanático, fantasías racistas pangermánicas, antisemitismo patológico, voluntad de dominio mundial y simplificaciones geopolíticas que definían al nacional-socialismo.

En 1920 hizo público su programa y se denominó Partido nacionalsocialista de los trabajadores Alemanes (NSDAP). En 1921, Hitler se puso al frente de este partido, reorganizándolo. El tipo especial de liderazgo de Hitler, el carácter paramilitar del Partido, el antisemitismo, el uso formidable de la propaganda -que hizo del principio político del Führer la clave del Estado-, la violencia represiva, los componentes míticos y raciales que impregnaban su nacionalismo, hicieron de la dictadura alemana y del nacional-socialismo algo distinto de otros fascismos europeos. Su base social era, sin embargo, parecida a la del fascismo italiano: elementos de todas las clases sociales, pero con presencia mayoritaria de sectores de las pequeñas burguesías urbanas y rurales y muy fuerte representación de jóvenes.

Reconocido como Fürhrer (jefe) del Partido, protagonizó, en 1923, el putsch de Munich contra la República de Weimar. Por ellos fue detenido y condenado a 2 años de prisión, que quedaron reducidos a seis meses. Durante este periodo, Adolf Hitler escribió Mein Kampt (Mi lucha), obra en la que exponía su desprecio por la democracia parlamentaria u su odio al bolchevismo, y apostaba por un liderazgo único y fuerte para dirigir al pueblo alemán. Así mismo tenía la necesidad de forjar un Gran Reich con todos los territorios de población germánica, ala vez que postulaba un programa de expansión territorial, que definía como la conquista del “espacio vital”

Al salir de prisión, su posición en el partido y su liderazgo político estaban más reforzados y en 1925 llegó a crear su propia milicia, las SS (grupo de protección).

Los resultados de las elecciones de 1930 vieron ya un espectacular aumento del voto de nazis y comunistas. Los nazis ganaron unos 6 millones de votos respecto a las elecciones anteriores (1928) y pasaron de 13 a 107 diputados, y de un 2,6 por 100 a un 18,3 por 100 del voto; los comunistas, el KPD, pasaron de 54 a 77 escaños. El trasvase de votos de los partidos de centro y de la derecha moderada a los nazis fue evidente. Desde 1929-30 se agudizaron todas las tensiones de la sociedad alemana.

El desempleo aumentó hasta llegar a la cifra de 6 millones en 1932. Reapareció la inseguridad económica: por temor a quiebras en cadena, los bancos estuvieron cerrados entre el 13 de julio y el 5 de agosto de 1931. La radicalización de las actitudes políticas se acentuó.

La política del gobierno del canciller Brüning -un gobierno de coalición de centro-derecha, sin mayoría en el Reichstag, formado a fines de marzo de 1930- fue una política deflacionista correcta (recortes del gasto público, mayores impuestos, aplazamiento del pago de la deuda, control de precios y salarios), pero resultó muy impopular.

Los nazis capitalizaron en su favor el clima de incertidumbre y malestar social creado por la crisis. En las elecciones presidenciales del 10 de abril de 1932, en las que Hindenburg fue reelegido, Hitler obtuvo 13 millones de votos (Hindenburg, 19 millones; Ernst Thaelmann, candidato comunista, algo más de 3 millones). En las elecciones generales de 31 de julio de 1932, los nazis, con 230 diputados y 13.745.781 votos, el 37,3 por 100 del voto popular, fueron ya el primer partido del país; lo siguieron siendo tras las nuevas elecciones del 6 de noviembre de ese año pese al retroceso de un 4 por 100 de votos que sufrieron. Hitler representaba, evidentemente, un hecho nuevo, y a su manera revolucionario, en la política alemana. Llegó al poder ante todo por el apoyo popular que él y su partido supieron conquistar. Pero lo hizo también con ayuda de la derecha tradicional.

La alianza con Hugenberg de 1929 le dio la respetabilidad política de que hasta entonces carecía. Las intrigas y maniobras del viejo Presidente Hindenburg (85 años en 1932) y de su camarilla jugaron a su favor. Hindenburg cesó a Brüning en mayo de 1932 y encargó el gobierno a Franz von Papen (1879-1969), un diplomático vinculado a altos círculos de la aristocracia, con fuertes apoyos en los medios financieros y militares, que se propuso controlar a los nazis y devolver así la confianza a los grandes grupos económicos e inversores. Hindenburg, luego, en diciembre de 1932, no apoyó en cambio suficientemente a Kurt von Schleicher, otro aristócrata y militar distinguido, que formó gobierno (tras cesar Von Papen, derrotado en el Parlamento) con la idea de lograr una nueva alianza con los católicos y los socialistas para detener el avance de nazis y comunistas.

Hitler, además, recibió apoyos financieros de algunos industriales como Fritz Thyssen , magnate siderúrgico, Emil Kirchdorf y Friedrich Flick, grandes propietarios de minas de carbón, de los banqueros Von Stauss y Von Schröder y de algún otro (si bien el número de grandes capitalistas nazis fue escasísimo, las grandes entidades e instituciones patronales y financieras no apoyaron a Hitler, e industriales, financieros y hombres de negocios influyeron poco o nada en las decisiones que tomó una vez en el gobierno

2.3 La dictadura nazi

La construcción del Estado autoritario se inicio el 30 de enero de 1933, cuando Hindenburg nombró canciller a Hitler, a instancias de von Papen -vicecanciller en ese gobierno-, creyendo que no sería difícil controlar y manejar al líder nazi.). Pero otras circunstancias favorecieron igualmente el ascenso de Hitler al poder.

La salida de los socialistas del gobierno en 1930 fue un error: no volvió a haber gobiernos parlamentarios. Socialistas y sindicatos hicieron fracasar la oportunidad que pudo haber sido el gobierno Schleicher. El radicalismo ideológico de los comunistas fue aún más grave. El KPD consideraba a los socialistas, denunciados obsesivamente como "social fascistas", como su principal adversario, no a los nazis. Entendían que la llegada de éstos al poder supondría la última carta del capitalismo, un "fenómeno pasajero", preludio evidente de la revolución obrera.

En las elecciones de noviembre de 1932, las últimas antes de la llegada de Hitler al poder, los socialistas lograron 7.248.000 votos y los comunistas, 5.980.200: juntos sumaban más votos que los nazis. Los comunistas hicieron imposible la unión de la izquierda. Quienes creyeron que podían manejar a Hitler se equivocaron. Aunque el gobierno que formó el 30 de enero de 1933 sólo incluía otros dos nazis (Goering y Frick), Hitler procedió con extraordinarias determinación y celeridad a la conquista del poder y a la destrucción fulminante de toda oposición (en contraste con Mussolini que, como se recordará, tardó tres años en instalar un régimen verdaderamente fascista). Hitler forzó a Hindenburg a autorizarle la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones, que se celebraron (5 de marzo de 1933) en un clima de intimidación y violencia extremadas, desencadenadas por las fuerzas paramilitares nazis, las SA, y con las garantías suspendidas como consecuencia del incendio del edificio del Reichstag, que se produjo el 27 de Febrero, que Hitler denunció como una conspiración comunista. El atentado sirvió de excusa para suspender a las libertades individuales, suprimir el control judicial sobre las detenciones y restablecer la pena de muerte.

Tras ganar las elecciones con el 44 por 100 de los votos, Hitler logró que las cámaras aprobaran con la sola oposición de los socialistas una Ley de Plenos Poderes que le convertía virtualmente en dictador de Alemania. El 7 de abril, nombró delegados del gobierno (Statthalter) en los distintos estados y a principios de 1934, disolvió los parlamentos regionales y el Reichsrat, la segunda cámara, cámara de representación regional. El 10 de mayo de 1933, prohibió el partido socialista, el SPD; centenares de dirigentes socialistas y comunistas fueron enviados a campos de concentración.

La concentración de poderes en manos de Hitler se completó, en agosto de 1934, después de la muerte de Hindenburg, acumuló las funciones de canciller y presidente y se proclamó Ferrer y canciller del Reich.

La noche del 29 al 30 de junio, Hitler , usando las SS de Himmler, procedió a la ejecución sumaria de los dirigentes del ala radical del partido (Ernst Roehm, Gregor Strasser) y de personalidades independientes, como el exjefe del gobierno Schleicher (y su esposa) y el líder católico Klausener, por supuesto complot contra el Estado: 77 personas fueron asesinadas en aquella noche de los cuchillos largos, como se la llamó, y varios centenares más en los días siguientes.

El 14 de julio, tras obligar a los restantes partidos a disolverse, Hitler declaró al partido nazi, al NSDAP, partido único del Estado.y luego de un plebiscito clamoroso en que logró un 88 por 100 de votos afirmativos. La dictadura alemana había quedado en menos de un año firmemente establecida. Una vez en el poder, los nazis hicieron un uso excepcionalmente intensivo de los mecanismos totalitarios de control social (policía, propaganda, educación, producción cultural). Más que formas más o menos autoritarias de coerción, impusieron un verdadero régimen de terror policial.

El primer campo de concentración para prisioneros políticos se abrió el 20 de marzo de 1933, antes de transcurridos dos meses de la llegada de Hitler al poder. En 1929, Hitler había nombrado a Heinrich Himmler (1900-1945), un hombre minucioso y ordenado, jefe de su guardia personal, de las SS (Schutzstaffel o escalón protector) que hacían, además, las veces de servicio de seguridad. En 1934 le dio el control de la Gestapo (Geheime Staatspolizei), la policía secreta, que reorganizó como una subdivisión de las SS.

En 1936, con la integración de todas las fuerzas policiales y parapoliciales (SS, Gestapo, Policía de Seguridad, Policía Criminal, Policía Política) bajo el mando de Himmler, la Alemania hitleriana se convirtió en un estado policíaco. El poder de las SS y de la Gestapo -unos 238.000 hombres en 1938-, que controlaban también los campos de concentración y los servicios de espionaje, fue inmenso, un Estado dentro del Estado.

El número de presos políticos era en 1939 de 37.000.

2.4 Autarquía económica y rearme

En el ámbito económico, la principal preocupación del régimen era asegurar un relanzamiento económico que convirtiese nuevamente a Alemania en una gran potencia mundial. La política nacionalsocialista se baso en un fuerte dirigismo estatal, y tenia como objetivo conseguir la autarquía económica necesaria para convertir Alemania en un Estado autosuficiente. Se dio prioridad a la industria pesada, sobre todo a la de armamento, que alcanzó un gran desarrollo a causa de la remilitarización. Con esta finalidad, en 1936 se elaboró un plan Cuadrienal de autoabastecimiento, capaz de producir todas las materias que el Reich no poseía en cantidad suficiente. Además, es estado pasó a ejercer un fuerte control sobre los precios y los salario con el fin de frenar la inflación, realizando fuertes inversiones e iniciando numerosos planes de obras públicas para acabar con el paro.

Los resultados económicos del nazismo fueron muy desiguales. En 1939 Alemania se había convertido en la segunda potencia industrial del mundo. El índice de producción industrial creció enormemente, aunque con una gran diferencia entre el sector de equipamientos (156%) y el de bienes de consumo (19%). Se consiguió la plena ocupación, pero la capacidad adquisitiva de los obreros se estancó, su jornada laboral se alargo (10 horas) y los derechos sindicales fueron suprimidos. La inflación fue controlada, peor el comercio exterior se paralizo y el déficit exterior alemán se mantuvo, a pesar de la autarquía.

La política económica nazi reafirmo algunos de los rasgos característicos del capitalismo alemán .Durante este periodo se aceleró el proceso de concentración de capital y los beneficios de las empresas monopolistas aumentaron enormemente. La banca, la segunda gran aliada del nazismo, también obtuvo elevados beneficios. La clase media, que había puesto tantas esperanzas en el nuevo régimen, experimentó una tenue mejora de su situación, ya que los privilegios otorgados a la Banca le dejaron poco margen de maniobra.

La clase obrera aunque vio cómo desaparecía e grave problema de l paro, inició un grave empeoramiento de sus condiciones y de trabajo.

2.5 La cohesión social e ideológica

Para el estado nazi, la sociedad alemana debía tener una cohesión racial y también presentar una absoluta unidad ideológica. Para garantizar la normalización de la cultura en un sentido racista y nacionalista, y fomentar su difusión, se creó el Ministerio de Cultura y Propaganda.

Los nazis hicieron un uso excepcional de la propaganda y la cultura como formas de manipulación de las masas, de movilización social y de indoctrinación colectiva. Antes incluso de llegar al poder, Hitler y Goebbels (1897-1945), un intelectual mediocre y novelista fracasado, militante primero de la izquierda nazi pero unido a Hitler desde 1926, habían usado con extraordinario éxito los mítines de masas, los desfiles ritualizados y las coreografías colosalistas.

Una vez en el poder, Goebbels, nombrado ministro de Ilustración y Propaganda en marzo de 1933, con control sobre prensa, radio y todo tipo de manifestación cultural, hizo de la propaganda el instrumento complementario del terror en la afirmación del poder absoluto de Hitler y su régimen. Las bibliotecas fueron depuradas de libros "subversivos". El arte expresionista y de vanguardia fue considerado como un "arte degenerado"; en su lugar, el arte nacional-socialista exaltó el clasicismo greco-romano, la grandeza y los mitos alemanes, el heroísmo y el trabajo. Conocidos escritores y artistas no nazis (Thomas y Heinrich Mann, Lang, Gropius, Brecht, Dix, Grosz, Beckmann y muchos otros) y centenares de intelectuales, científicos, profesores, artistas y músicos judíos tuvieron que exiliarse.

Goebbels cuidó especialmente la radio, el cine y los grandes espectáculos. La producción de documentales y de films de ficción que por lo general glorificaban el pasado alemán y el régimen hitleriano (explícitamente antisemitas y xenofóbicos) aumentó considerablemente y su proyección se hizo obligatoria.

Los espectáculos de masas en grandes estadios, en explanadas al aire libre, con uso abundante de recursos técnicos novedosos (luz, sonido, rayos luminosos), alcanzaron una perfección efectista sin precedentes. En concreto, la fiesta anual del Partido, organizada en el Luitpoldhain de Nurenberg, preparado debidamente por el arquitecto Albert Speer, era un espectáculo grandioso al que asistían unos 100.000 espectadores y en el que se alineaban ante Hitler, con disciplina y marcialidad extremas, miles de hombres de las SA y de las SS entre mares de svásticas y de estandartes nacionales, en una formidable liturgia nacional que sancionaba la arrebatada vinculación orgánica del Führer con su partido y su pueblo. En el mismo espíritu, Goebbels hizo de los juegos Olímpicos de 1936, celebrados en Berlín, una verdadera exaltación de la raza aria, de Alemania y de Hitler. Los cuerpos de profesores de los distintos niveles de enseñanza fueron inmediatamente depurados. La educación quedó en manos de profesorado nazi. En 1936, se hizo obligatoria la afiliación de los jóvenes a las Juventudes Hitlerianas.

La educación se orientó en un sentido ``machista´´ y el papel de las mujeres en la sociedad se redujo a las llamadas tres ``K´´: Zinder, Kirche, Kücke (hijos, iglesia, cocina)

El sistema judicial, también depurado, quedó subordinado al poder arbitrario de la policía. M. Los nazis, cuya ideología era paganizante y atea, sometieron a las Iglesias protestantes al control del Estado y del Partido. Quienes se negaron, como los pastores y teólogos de la Iglesia Confesional -como Dietrich Bonhoeffer o Martin Niemóller- fueron duramente represaliados.

El Concordato que la Alemania nazi firmó con la Santa Sede el 20 de julio de 1933 les hizo ser más tolerantes con los católicos. Pero la animadversión de los nazis al catolicismo -una religión no nacional- era manifiesta. Las violaciones del Concordato hicieron que el papa Pío XI condenara el nacional-socialismo como doctrina fundamentalmente anticristiana en su encíclica Mit brennender Sorge (Con pena ardiente) de 1937.

Hitler controló igualmente el Ejército. Tras su elección como Presidente (19 de agosto de 1934), exigió a los militares un juramento de lealtad a su persona. El 4 de febrero de 1938 destituyó al ministro de la Guerra, mariscal Von Blomberg, y al jefe del Ejército, general Beck, y asumió el mando de las fuerzas armadas. Desde 1933, el 1 de mayo quedó proclamado como fiesta del "trabajo nacional". Los sindicatos de clase fueron prohibidos y se crearon en su lugar sindicatos oficiales, el Frente de los Trabajadores Alemanes: las huelgas y la negociación colectiva fueron prohibidos.

2.6 La expansión territorial

El régimen nazi no puede entenderse sin su vocación expansionista. Hitler vinculó estrechamente la oposición al Tratado de Versalles de 1919 con la formulación de la superioridad racial es su voluntad de implantar un nuevo orden en Europa, asentado en el dominio germánico. Por ello, la política exterior del régimen fue condicionante fundamental del Ferrer, hasta el punto de determinar su acción de gobierno.

Las vigencias nazis de revisión del Tratado de Versalles no pretendían un retorno a las fronteras anteriores a 1919. Apuntaban más lejos: a la construcción política del Gran Reich alemán (que debía comprender todos los territorios de habla alemán) y a la conquista del “espacio vital” (lebensraum), identificado con los países habitados por los pueblos eslavos, considerados racialmente inferiores y débiles. Eso iba a conllevar la ocupación directa de nuevos territorios (Polonia, Ucrania…), que había n de quedar al servicio de la raza superior, y la destrucción total de sus enemigos máximos: el bolcheviquismo y el judaísmo. Todo ello había de culminar con la desaparición de la URSS.

Finalmente, se consideraba que otros pueblos, como Italia y, sobre todo, Gran Bretaña, tenían derecho a construir su propio “espacio vital” debido a su componente racial. Además la atención de estos países se dirigía a zonas no competitivas con la germánica: el Mediterráneo en el caso italiano, y las colonias ultramarinas; para los británicos .Así pues, era posible llegar a un acuerdo con ellos, lo cual tenia una especial relevancia en el caso británico, ya que permitiría relegar a un papel secundario al máximo enemigo occidental de Alemania, Francia y acometer sin interferencias la conquista del Este y el dominio de Europa. A largo plazo, el nazismo aspiraba al dominio mundial ante un único competidor de envergadura: Los Estados Unidos.

2.7 La pureza racial

El nazismo aspiraba a la identificación de toda la sociedad con el Estado y por ello impulsó la nazificación de todos los aspectos de la vida institucional y cotidiana. En primer lugar, pretendía asegurar la pureza racial del pueblo alemán y en concepto de “arianización” se convirtió en símbolo de la sociedad nazi. Se afirmaba que la raza aria debía ser protegida mediante al exclusión de quienes presentaban cualquier discapacidad física, de la minorías étnicas, de los disidentes, etc. ya que estos representaban un peligro para el nuevo orden social.

Sin embargo, la cuestión racial que alcanzó mayor magnitud fue la persecución de los judíos. Las causas del antisemitismo alemán hay que buscarlas en el deseo de ofrecer a la nación alemana una explicación fácil de sus infortunios, una cabeza de turco a la que atribuir todas las responsabilidades .Además , algunos judíos poseían grandes fortunas , hecho que provocaba el resentimiento de una parte de la población. La política antijudía pasó por diferentes fases:

en 1933 se decretó el boicot a los comercios judíos. Seis meses después, una ley excluyó a los judíos de toda función pública. El 15 de septiembre de 1935, el Partido proclamó las leyes de Nurenberg, leyes racistas que privaban a los judíos de la nacionalidad alemana y les prohibían el matrimonio y aun las relaciones sexuales con los alemanes: 600.000 personas quedaron de inmediato privadas de la nacionalidad. En la noche del 7 al 8 de noviembre de 1938, "la noche de los cristales rotos", sinagogas, comercios y propiedades judías fueron asaltadas e incendiadas en toda Alemania: 91 personas fueron, además, asesinadas. De momento se trataba de provocar la emigración masiva de los judíos. Luego, en 1941, comenzó el horror, una nueva fase de represión que culminaría en la ejecución de unos seis millones de judíos, en el Holocausto, como "solución final" al problema.

En julio de 1944 Hitler sobrevivió a un atentado en su cuartel general de Prusia oriental. El coronel Claus von Stauffenberg y otros militares fueron inmediatamente ajusticiados. El propio Rommel se vio forzado al suicidio.

Aquejado de problemas de salud, Hitler se encerró en enero de 1945 en su bunker en la cancillería del Reich en Berlín. Con las tropas soviéticas en Berlín, Hitler finalmente asumió la inevitabilidad de su derrota. El 29 de Abril se casó con su amante Eva Braun, dictó su testamento político nombrando al almirant Dönitz jefe del estado y Goebbels canciller y, finalmente, se suicidó tomando un veneno el 30 de abril de 1945. Pocos días más tarde el Reich alemán aceptó su rendición incondicional.

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