Deuda de Argentina

Antecedentes. Reformas Neoliberales. Dictadura de Videla. Gobierno Radical. Gobierno Menemista y Reformas Estructurales. Plan BONEX

  • Enviado por: Iñigo Hernández
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 20 páginas
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EVOLUCIÓN DE LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA

ÍNDICE

(…) el problema de la deuda externa no se limita a una cuestión meramente financiera sino que se relaciona estrechamente con las características que ha asumido el capitalismo argentino a partir de la última dictadura militar y de las pautas que han tendido a consolidarse durante la década pasada [década de los 90]La deuda externa argentina; Kulfas,M. y Schorr,M.; pp. 11

ANTECEDENTES DE LA ECONOMÍA ARGENTINA

Argentina es un país de industrialización tardía, cuyo inicio se puede datar a finales del S. XIX con el tendido de las primeras líneas ferroviarias. Sin embargo, debido a las ventajas comparativas naturales, este proceso irá tomando forma hasta 1930 en base a un modelo agro-exportador (e importador de bienes industrializados) y con alta concentración geográfica. La crisis del 29 planteó la necesidad de desarrollar la industria nacional para abastecer al mercado local, y de ese modo producir lo que antes se importaba (modelo de sustitución de importaciones o modelo ISI).

Superada la crisis y, con un mercado cautivo, se obtuvo un gran volumen de inversión extranjera directa (IED), mayoritariamente de EE.UU. y Alemania, orientadas principalmente a las ramas metalúrgicas, químicas y textil. Este hecho, provocó que los capitales se reorientaran desde el sector agroexportador hacia la industria.

Durante la segunda guerra mundial (1939-1945) se profundizó en el modelo ISI, animado en gran parte por el colapso del mercado mundial y posibilitando la exportación de productos manufactureros. Sin embargo, al acabar la segunda gran guerra, el crecimiento industrial se paralizó y las exportaciones industriales decrecieron. Como respuesta, Perón, aprovechando los créditos que el país había acumulado por la venta de alimentos a Gran Bretaña, nacionalizó empresas de capital extranjero, en los sectores del ferrocarril, de teléfonos, puertos y otras empresas de servicios, gran parte de las cuáles eran deficitarias.

Según Daniel Casaburi con el gobierno de Perón el Estado comenzó a desempeñar un papel más intervencionista en la economía del país, con el fin de proteger la industria que se había empezado a desarrollar en el transcurso de la guerra.

'Deuda de Argentina'
El lado oscuro de este modelo, se generaba en la balanza de pagos. Esa protección que se otorgó a la industria fue en detrimento del sector agrícola, ya que las medidas tributarias y cambiarias adoptadas permitieron un traspaso de recursos desde el sector agropecuario hacia el industrial, hecho que perjudicó las exportaciones tradicionales del país generando un déficit comercial. Esto generaba una escasez de divisas que, agravado por una escasez de crédito internacional, provocaba efectos sobre la oferta industrial, la cual se veía incapaz de acceder a la renovación de equipos y maquinarias modernas, provenientes del exterior.

Como única salida a este círculo vicioso, se optó por atraer IED. Sin embargo sus éxitos fueron modestos, aunque se empezó a vislumbrar un rezago de la industria agro-alimentaria.

Durante el gobierno de Frondizi (1958-1962), se dio una vuelta a esta opción, y se promovieron sectores en los cuales estaban interesados los capitales extranjeros (automotor, tractor y petroquímica), otorgándoles ventajas de repatriación de capitales. Los principios del modelo ISI se seguían manteniendo (aranceles elevados, prohibición de importar ciertos bienes, etc) y con los incentivos otorgados a la IED, se obtuvieron enormes avances en la industrialización en los sectores más dinámicos durante la década de los 60. (Ver cuadro derecho)

Sin embargo, esto creo una fuerte dependencia del capital extranjero en el proceso de industrialización generando e incentivando cada vez una mayor concentración de capitales. Además, estas empresas no eran eficientes, sino que impugnaban a las ventajas especiales prometidas por el estado. Con esto, el crecimiento industrial comenzó a tocar techo a finales de los años 70, cuando las empresas industriales comenzaban a trabajar al borde de su capacidad.

Así pues, Argentina a través de la IED, había hecho frente a su balanza comercial deteriorada. Al entrar en los 70, la entrada de IED se paralizó con lo que el estado argentino, se encontraba en un déficit de divisas continuo, lo que obligaba a continuas devaluaciones del peso. Estas devaluaciones generaban un efecto inflacionista generado por el encarecimiento de los insumos importados y el aumento de la demanda externa de productos agrícolas

EL ORIGEN: COYUNTURA INTERNACIONAL Y REFORMAS NEOLIBERALES (1970-1975)

Hasta la década de los 70, el mundo desarrollado estaba gozando de una época de prosperidad nunca vista. Sin embargo, en ésta década el modelo fordista se colapso. Esta situación se agravó en 1973 con la crisis del Yom Kippur, lo que empeoró las perspectivas de occidente al mismo tiempo que generaba un importante montante de capital ocioso (petrodólares). Este aumento de la oferta de capital, generó una reducción de los tipos de interés hasta niveles nunca vistos. Por otra parte, la lucha contra la inflación en Argentina, generó unos tipos de interés más altos que en el mercado internacional.

Este panorama junto el hambre con las ganas de comer. Mientras los países ricos observaban en Argentina una posibilidad de invertir su capital a tasas de interés superiores a la obtenida en los países desarrollados, las empresas Argentinas vislumbraron una oferta de capital a precios bajos y plazos largos de los que podían sacar tajada. Por otro lado, la ruptura del pacto de Bretton Woods unilateralmente por parte de EE.UU. aumentó aún más esa sobreoferta de dólares en el mercado internacional, pero también inicio un sistema de tipo de cambios flotante, lo que permitía la especulación con divisas.

De esta forma, el ansia por obtener altas tasas de rendimientos en los capitales, supuso una financiarización de la economía global, desligando completamente la economía real (productiva) de la economía financiera.

En este marco, la sociedad argentina estaba muy agitada. Luchas entre facciones de distintos partidos, ilegalización de movimientos políticos, censura a la libertad de expresión, terrorismo, terrorismo de estado, … incluso se llegó a ver la mano de los EE.UU. en la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), grupo paramilitar encubierto por el estado Argentino para combatir a los Montoneros (Izquierda peronista), y todo ello en un régimen “democrático”.

Este fue el marco bajo el cual las ideas del cambio neoliberal fueron cogiendo fuerza y, así el 3 de junio de 1975, con Celestino Rodrigo como ministro de hacienda, se llevo a cabo lo que se conoce como el “Rodrigazo”. Este plan fue el inicio del abandono del modelo ISI por el modelo capitalista global. El “Rodrigazo”, consistía en un ataque frontal a la inflación en base a tres pilares:

  • Devaluación del 100%

  • Ajuste de las tarifas públicas en un 180%

  • Subidas máximas salariales del 38%

  • Este plan, lejos de frenar el proceso inflacionista, generó una contundente respuesta de los sindicatos a través de huelgas multitudinarias, lo que no hizo sino aumentar el problema de la inflación. Tal fue el desastre provocado, que Celestino Rodrigo sólo duró 48 días en el cargo.

    Por último, ante el anunciado golpe militar, Isabel Perón a través de su ministro de economía Emilio Mondelli, llevó a cabo un plan económico del gusto de los militares, es decir, que cubría los grandes proyectos de los monopolios trasnacionales. Este modelo se basaba en 4 pilares:

  • Mayor apertura a la Inversión extranjera

  • Privatizaciones masivas

  • Reducciones del gasto estatal

  • Modificación de la legislación laboral para abaratar los costes laborales

  • Sin embargo, este proyecto fue rechazado por la masa popular (que veía recortados sus derechos) y por los empresarios (que preferían que el programa fuese llevado a cabo por un gobierno militar que acallara a la masa).

    Así pues, tenemos todos los elementos claves para entender el desarrollo del problema de la deuda:

    • Inestabilidad económica

    • Inestabilidad social

    • Zona de influencia norteamericana

    • Proyectos neoliberales

    • Créditos baratos

    • Oligarquía de los grandes grupos trasnacionales

    • Financiarización de la economía

    En cuanto a la deuda, durante este período no se pronunció en exceso, debido en gran parte a la regularización existente en el mercado financiero y la política económica todavía existente en Argentina. Esto se puede apreciar en el hecho de que la deuda apenas aumento un 7% de media anual, situándose sólo a 3 puntos por encima del crecimiento medio anual del PIB.

    Fuente: Elaboración propia. Datos de Maddidon y Oxford Latin American Economic History Database

    LA DICTADURA MILITAR DE VIDELA Y EL AVANCE NEOLIBERAL (1976-1983)

    El 24 de Marzo de 1976, el general Videla (irónicamente puesto en el cargo por su independencia política) culmina un golpe de estado e instaurando un gobierno militar caracterizado por las prácticas económicas liberales y la represión.

    Su ministro de economía, José Alfredo de la Hoz, fue el principal percusor del modelo neoliberal y de la ruptura total con el modelo ISI (y de su desmantelamiento). Sus principales objetivos eran la derrota de la inflación, el crecimiento económico y una distribución del ingreso “razonable”. Ninguno de estos objetivos se alcanzó.

    Sin embargo, las ambiciones de de la Hoz, pasaban por una apertura de la economía argentina a través de la disminución de la protección arancelaria y de una reforma financiera que dejaba el control del sistema en manos de las entidades financieras. La reducción arancelaria, estaba motivada por un intento de reducir los precios a través de la competencia internacional. Sin embargo, paralelamente se había adoptado un modelo en el que la fijación del tipo de cambio era establecido por el gobierno y cuyas cotizaciones futuras eran avisadas con 30 días de antelación. Además el tipo de cambio fijado, tendía a sobrevaluar cada vez más el tipo de cambio ya que las devaluaciones generadas no conseguían corregir el efecto de la inflación. De esta forma, al reducir los aranceles, la producción extranjera se apoderó de la demanda argentina generando en 1980 un déficit record. Además, estas reducciones de aranceles tenían ciertas excepciones que protegían a los grandes grupos nacionales y trasnacionales, haciendo patente el poder político que estos grupos tenían.

    Estos hechos, a pesar de causar graves problemas en la economía argentina, no fueron los detonantes del problema de la economía argentina. La desregularización y descentralización del sistema financiero desde el gobierno hacia las entidades bancarias, unido a la abundancia de liquidez en el mundo desarrollado, generó una ardua competencia entre las entidades que, sin medir riesgos ni exigir garantías privadas y con el estado como garante del tipo de cambio, llevo a elevar los tipos de interés a un hasta un nivel inaudito. Incluso con las altas tasas de inflación, el interés de paridad descubierto (una vez corregido por la tasa de inflación) resultaba positivo.

    Fuente: Elaboración propia. Datos de Maddidon y Oxford Latin American Economic History Database

    Esto generaba la posibilidad de llevar a cabo un arbitraje financiero aprovechando el diferencial existente de tipos. Esta forma de especulación fue la llamada bicicleta financiera, tuvo dos grandes impactos sobre la economía Argentina. En primer lugar, la existencia de este mecanismo, genera que la deuda no pase a ser productiva en la economía real, al incentivar la especulación. La segunda fue una tremenda fuga de capitales, puesto que los pesos, una vez recogidos los beneficios, eran convertidos en dólares y repatriados a su país de origen.

    Pongamos por caso una empresa Argentina que decide endeudarse por un dólar:

    Descripción del proceso inicial de endeudamiento: El sector privado y la ilegitimidad

    Entre 1976 y 1982, la deuda externa Argentina pasó de 7.875 a 43.674 millones de dólares corrientes. Sin embargo, en un primer momento, la demanda de crédito externo no se incrementó de modo significativo. Ello sólo ocurriría cuando el tipo de cambio disminuyó y, con él, el costo en términos reales de los tomadores de préstamos del exterior.

    El endeudamiento del sector público cumplió la función de garante del tipo de cambio a partir de 1979. La deuda del sector público tuvo su eje en un estado que funcionó como proveedor de divisas para intervenir en el mercado cambiario para hacer cumplir la denominada “tablita de tipo de cambio”. Entre fines de ese año y fines de 1981, mientras la deuda casi se duplica, las reservas se redujeron a una tercera parte, sin que el gobierno lograra establecer controles en el mercado cambiario o redujera el ritmo de su endeudamiento externo. No parece aventurado, por lo tanto, relacionar el endeudamiento del Estado con la fuga de capitales.

    A partir de 1981, con la crisis financiera mundial, se produjo un alza en los tipos de interés internacionales, contrayendo el flujo financiero internacional y reorientándose de sur a norte. Así pues, el gobierno ante el aumento de las salidas netas de divisas, no podía hacer cumplir la “tablita de cambios”. De esta manera, el presidente del Banco central, Domingo Cavallo, desarrollo un mecanismo de seguro de cambio por el cual se volvía a asegurar el tipo de cambio, si bien el mecanismo implicaba, ya no una intermediación en el mercado cambiario, sino un subsidio por el cual era el pueblo argentino el que pagaba la diferencia entre el valor de mercado del dólar y su precio establecido por ley. Se comienza la estatalización de la deuda suponiendo un montante de unos 5.000 millones de dólares absorbiendo el “default” (suspensión de pagos) de la economía argentina.

    Otro punto crucial supone el analizar el uso de este endeudamiento. El hecho de que durante este período se obtenga superávit en la balanza comercial, impide pensar que la deuda se origine como respuesta a una mayor necesidad de financiamiento de las importaciones.

    Por otra parte, la deuda generada tampoco parece compensarse con una mayor formación bruta de capital, puesto que a partir de 1977, la inversión no deja de decrecer a tasas cada vez mayores, hasta el punto de resultar negativa en 1982.

    Por tanto, si la deuda no se utilizó para financiar el consumo de importaciones ni para la acumulación de capital, ¿para qué fue utilizada?. Según una reciente estimación del Banco Mundial, entre 1976 y 1982 Argentina habría pagado alrededor de 14 mil millones de dólares en concepto de intereses. El conflicto fronterizo con Chile (Conflicto de Beagle) que casi llega al enfrentamiento militar a fines de 1978, impulsó la compra acelerada de equipo bélico en el exterior, valorado por el BM en 10 mil millones de dólares. En cuanto a la fuga de capitales, su monto cifrarse en 28.884 millones de dólares.

    De este modo, Alfredo Eric Calcagno estima que el 44 por ciento de los fondos recibidos en préstamo del exterior se destinó a financiar la exportación de capitales, el 33 por ciento al pago de intereses de la misma deuda y el 23 por ciento restante a compra de armamentos y equipos militares.

    Por otra parte, es necesario tener en cuenta la política de las empresas públicas y la administración para financiar sus gastos corrientes a través de deuda pública, que ni siquiera el alza de las tasas de interés en el mercado internacional desde fines de 1979 desalentó.

    Cómo se ha podido observar, la deuda externa en esta época, esta incentivada principalmente por los motivos especulativos de los agentes privados. Esto no sólo pasó en la crisis de los 80, sino que en la de los 90, el esquema se repite. El siguiente gráfico representa la proporción de deuda pública sobre el conjunto de deuda externa de la economía argentina en el período 1965-2004. Se puede apreciar cómo la participación del gobierno en las obligaciones totales declina entre 1978 y 1980, para posteriormente, debido a la estatalización parcial de la deuda, incrementarse de forma notoria. Algo similar se puede observar a partir de la segunda crisis del default” a partir de 1991. Por tanto, la pregunta fundamental seria: ¿se puede hacer pagar a todo un pueblo por la codicia de unos pocos aunque el gobierno haya asumido el papel de garante?

    Fuente: La deuda argentina; Historia, default y reestructuración

    Primero, no debemos olvidar que esta época fue comandada por un directorio militar que, a través de un golpe de estado, de la represión y del genocidio, usurpó el gobierno civil. Además, ciertas investigaciones muestran que si bien, el número de deudores supera los 10.000, se estima que sólo 30 grupos económicos de capital nacional han contraído deudas con el exterior por 7.139 millones de dólares, lo que representa el 33.6 por ciento de la deuda privada total. Un grado tan significativo de concentración de la deuda contradice la idea generalizada de una deuda privada está dispersa entre miles de pequeños tomadores de crédito, por lo que se podría pedir responsabilidades privadas. Por otra parte, quedaría la existencia de obligaciones ficticias que ya han sido saldadas con depósitos del deudor en el extranjero o que constituyen "autopréstamos": transferencias de fondos de los propios deudores colocados en bancos del exterior. El monto de esos autopréstamos ascendería al 50 por ciento de la deuda privada que después ha sido tomada a su cargo por el estado.

    Antonio López (Clarín, Suplemento Económico, 6 de abril de 1986), un especialista argentino señala cuatro condiciones esenciales para que pueda considerarse jurídicamente legítima una deuda externa:

  • la causa de la obligación debe estar fehacientemente demostrada mediante la acreditación de la importación, el ingreso y la negociación de divisas en el mercado de cambios o los otros extremos que se invoquen como origen de la misma

  • no basta que la deuda esté expresada en moneda extranjera sino que es necesario que el acreedor esté efectivamente domiciliado en el exterior, sin encubrir fondos pertenecientes a residentes en el país

  • que no se hayan efectuado directa o indirectamente pagos parciales o totales

  • que no existan indicios que hagan presumir convivencia entre el deudor argentino y el acreedor extranjero para violar las tres primeras condiciones. Cualquiera de los cuatro criterios bastaría para determinar la ilegitimidad de los "autopréstamos".

  • Analizando cada uno de estos puntos y en base a lo anteriormente descrito, prácticamente la totalidad de la deuda externa, al menos durante este período, sería ilegítima.

    EL GOBIERNO RADICAL (1983-1989)

    Fuente: Elaboración propia. Datos de Maddidon y Oxford Latin American Economic History Database

    Como se ha dicho anteriormente, el flujo financiero había cambiado. Los países desarrollados a raíz de la crisis financiera de 1981 pasaron a ser demandantes netos de capital, lo que hacía para captar recursos, los países menos desarrollados tuvieran que hacer frente a unas altas tasas de interés y a una prima de riesgo muy elevada. Al problema de la deuda y a los aumentos de los intereses acumulados, se sumaba el déficit fiscal, una economía estancada y en desmantelamiento productivo (fruto de la financiarización de la economía y de la ruptura total con el modelo ISI). Esto llevó a que se optase por refinanciamientos de la deuda, para lo que era necesaria la intervención del FMI, el cual ponía como contrapartida una aún mayor apertura al exterior.

    Bernardo Grinspun fue el primer ministro de economía del gobierno radical e intentó, al comienzo de su gestión, una renegociación de la deuda externa argentina, manteniendo una posición dura hacia los acreedores, y haciendo referencia a la necesidad de sanear la deuda pública. En opinión del ministro, la deuda no representaba una carga difícil de afrontar con el crecimiento del país, aunque si consideraba que lo eran sus intereses.

    La estrategia de Grinspun de negociar directamente con los acreedores (sin pasar antes por el FMI) supeditando el pago de la deuda al crecimiento del país, no pudo llevarse a cabo debido a la negativa de los acreedores a negociar con el país, si este no llegaba a un acuerdo previo con el FMI (que implicaba el acatamiento de las reglas neoliberales).

    La inexistencia de acuerdo con los acreedores y la proximidad del vencimiento de las obligaciones internacionales hicieron que la situación del país comenzara a empeorar a los ojos de los analistas internacionales, aumentando su presión a fin de que el país no cayera en incumplimiento de sus obligaciones. Esa presión tuvo sus frutos: el país tuvo que suscribir un acuerdo de ayuda financiera, por intermedio del Tesoro de los Estados Unidos, para evitar la suspensión de pagos con los acreedores (bancos internacionales), el cual se realizó bajo el compromiso del país de iniciar negociaciones con el FMI, a finales de marzo de 1984.

    Las medidas planteadas por Grinspun iban en contra de la corriente neoliberal que se estaba imponiendo en casi toda América Latina, y de las propuestas de los organismos multilaterales de crédito, cómo si Grispun asumiese que el modelo ISI seguía vigente, intentando volver a cambiar el esquema económico alejándose del dogma neoliberal. Sin embargo el contexto había cambiado y el país ya no se hallaba dentro de un modelo de desarrollo basado en la industrialización por sustitución de importaciones, por lo que el mercado interno, ya no era el motor que permitiría dinamizar la economía.

    La agudización de la crisis económica y social precipitó entonces la renuncia de Grinspun

    El nuevo equipo económico asumió en Febrero de 1985, y a causa de la galopante inflación debió apresurarse a preparar un plan económico. Este plan se conoció como “Plan Austral” y contó inicialmente con el apoyo del director ejecutivo del FMI, del presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, de los acreedores externos y de gran parte de la sociedad argentina.

    Las medidas más importantes del Plan Austral, fueron:

    • El congelamiento de todos los precios privados, de los sueldos y de las tarifas del sector público.

    • El incremento de las retenciones a las exportaciones y los aranceles a las importaciones; la creación de impuestos transitorios, y la reducción del plazo de recaudación del impuesto al valor agregado, todo con el propósito de reducir el déficit fiscal.

    • El compromiso del Banco Central a no emitir dinero.

    • La regulación de las tasas de interés, para hacerlas compatibles con la tasa de inflación esperada por el gobierno.

    • El reemplazo del peso argentino por el Austral.

    El Plan Austral tuvo un éxito económico inmediato en el corto plazo, ya que pudo frenar la escalada de precios, permitiendo una recuperación de la actividad económica y también de la producción industrial hacia 1986, lo cual posibilitó al gobierno la obtención de un superávit en las cuentas fiscales. Este nuevo enfoque, supuso una reintroducción del estado en la vida económica.

    Pero al poco tiempo de iniciada su implementación comenzó a evidenciarse de nuevo un incremento generalizado en el nivel de precios al no haber detenido el gobierno la emisión monetaria y con la contracción de ingresos en el sector rural debido a la caída de los precios internacionales, lo que generó una nueva contracción de los ingresos fiscales y con ello un empeoramiento de las cuentas nacionales argentinas. Con esto llegamos a 1988, momento en que la suspensión de pagos pasa a ser de facto. El gobierno argentino no podía hacer frente a los intereses de su deuda. Fue la excusa esgrimida por los acreedores externos, mayoritariamente bancos transnacionales en ese entonces, representados por el FMI, para ganar posición en la puja por la orientación de la política económica y los beneficios que de ella se derivan. Hasta dicho momento el privilegio parecía estar detentado por los grupos económicos locales más que por las corporaciones transnacionales, incluidos los bancos.

    Durante esta época, el crecimiento de la deuda se contiene, pudiendo achacar la mayoría de este crecimiento al pago de los intereses de la deuda acumulada. Desde el inicio del gobierno radical, se dio a entender que la deuda no debía incrementarse más, debido a las importantes cargas financieras que genera en un contexto actual en el que los tipos internacionales sufrieron un alto crecimiento. De esta forma se pasó de una tasa media de crecimiento de la deuda de casi el 30% anual durante la dictadura militar (1976-1982) a una tasa media de crecimiento sensiblemente más baja del 6,3% anual durante el período radical. Así pues, parece existir un férreo interés por estabilizar el nivel de endeudamiento. Sin embargo, el mal comportamiento de la economía real, unido a las fallidas reuniones de renegociación de la deuda, generó un continuo aumento del peso de la deuda sobre el PIB, pasando de un 55% a un 100%.

    EL GOBIERNO MENEMISTA Y LA REFORMAS ESTRUCTURALES (1989-2000)

    Fuente: Elaboración propia. Datos de Maddidon y Oxford Latin American Economic History Database

    Durante este período, encontramos en el problema de la deuda externa una trayectoria circular. Efectivamente en 1990, Argentina se situaba todavía en una suspensión de pagos con un nuevo programa económico, mientras que en el 2001 la situación era idéntica. Entre tanto, muchas soluciones se plantearon pero pocos fueron los resultados apreciados.

    Empezando por el principio, el recién nombrado ministro de economía, Antonio Erman González, llevó a cabo el trabajo sucio a través del plan BONEX. Este plan consistía en transformar de manera unilateral los depósitos superiores a un millón de australes en títulos de la deuda externa. Se estima que este plan llevó a cabo un canje por valor de 4.500 millones de dólares. Sin embargo esto tuvo dos grandes efectos: Una reducción de la base monetaria en alrededor del 60% y un traspaso de capital de los pequeños ahorristas hacia el capital concentrado. Esta última parte se deriva de que los pequeños ahorristas, al verse despojados de su liquidez y para hacer frente a sus gastos corrientes, debieron vender sus BONos EXternos (BONEX) bajo la par, situación aprovechada por los grandes capitales. La contracción de la base monetaria, genero una intensa reducción del consumo lo que generó un éxito en la lucha inflacionista.

    Esto, obviamente, le costó el cargo al ministro, pero el trabajo más sucio ya estaba hecho. Como sucesor, fue nombrado Domingo Cavallo (precursor de la primera gran estatalización de la deuda en 1981). Cavallo volvió a poner el acento en las soluciones neoliberales (privatizaciones, desregularización, apertura económica y liberalización de los flujos financieros). Estas ideas liberales, no eran sino el reflejo del ideario del Consenso de Washington, ideario que debían aplicar los países deudores para poder sumarse al Plan Brady (formalizado en 1992) y que no disgustaban para nada ni al presidente del gobierno, ni al ministro de economía, ni a la oligarquía financiera argentina. Este plan, que afecto a más de la mitad de la deuda pública, no consistía sino en titularizar en bonos la deuda externa, alargando su plazo y (en algunas ocasiones) realizando una “quita” del 35%. Estos bonos a su vez, podían ser intercambiados en el mercado financiero secundario y contaban con un aval de garantía por parte de la Reserva Federal. Así pues, la normalización y el reconocimiento de la deuda a través del Plan Brady, fue la herramienta mediante la cual los bancos comerciales se deshicieron de la incobrable deuda vieja ya amortizada, y a cambio recibieron títulos públicos, bonos y obligaciones garantizados.

    Estas operaciones, permitieron a Argentina (y a todo el continente latinoamericano en general) volver a integrarse de nuevo en el mercado financiero mundial, debido a la reestructuración de la deuda que mejoraba la imagen internacional. Sin embargo, no deja de resultar curioso que dicha reestructuración facilitada por las grandes potencias económicas y por los bancos comerciales, se produjese en un momento en que, al igual que ocurrió en la década de los 70, el mercado financiero estaba inundado de liquidez.

    Paralelamente a esta renegociación de la deuda, se llevó a cabo operaciones de privatización de empresas estatales bajo el paraguas de sanear las cuentas nacionales. Las privatizaciones funcionaron como punto de conexión entre los acreedores externos y los grupos económicos internos, ya que para los primeros era no sólo una forma de capitalizar parte de la deuda vieja, sino también de participar junto a los segundos en la obtención de empresas a bajos precios y con enormes posibilidades de obtener rentas monopolísticas. En estas operaciones, se habilitó el canje de títulos de deuda por paquetes accionariales de las empresas públicas. Con estas medidas se rescataron 15 mil millones de dólares. Sin embargo, es preciso el apuntar, que estas privatizaciones se realizaron a valores muy subvaluados. Así pues, durante el período 1990 a 1993, el importe de la deuda oscila cercano a 65 mil millones de dólares, pudiendo achacar los aumentos de la deuda a costo financiero del acuerdo Brady. Sin embargo, aún teniendo en cuenta este costo, el PIB creció a tasas superiores en todo momento, con lo que la carga de la deuda no dejo de decrecer. Ahora bien, las buenas señales se acaban aquí.

    El plan Brady generó una menor carga de los intereses (alrededor del 50% se renegocio a un tipo semifijo que oscilaba entre el 4% y el 6%), lo que alentó a un endeudamiento público sin precedentes aumentando la colocación de títulos y con ello la carga que representaban los intereses. La evolución de la carga de los intereses, se puede apreciar en el siguiente gráfico:

    'Deuda de Argentina'

    Fuente: La deuda externa argentina; Diagnóstico y lineamientos propositivos para su reestructuración

    Pero no sólo el sector público vio aumentar considerablemente su endeudamiento a raíz del acuerdo Brady. Tal y como se ha expresado en el apartado sobre la crisis de la deuda en la década de los 80, en los 90, se vuelve a repetir el mismo patrón en el que el aumento de la deuda está íntimamente ligado al sector privado. Así se puede observar en el siguiente cuadro, la participación de la deuda de los distintos sectores. Un hecho muy destacable es que el sector privado no financiero, en un lapso de tiempo de 10 años, multiplica su deuda por 10, exactamente la deuda contraída por este sector sufre una variación a lo largo de todo el período de un 1029%. Sin embargo, esto no implica que el sector público se halla endeudado de forma responsable, cuando su deuda se ha más que duplicado, materializándose en los años 1994 y 1995 con las tasas de crecimiento de la deuda más altas del período (14,67% y 23,47% respectivamente).

    'Deuda de Argentina'

    Fuente: Vulnerabilidad externa y dependencia de la economía argentina

    El plan de Convertibilidad y el segundo default

    Sin embargo, si se había corregido el problema heredado de la dictadura militar, y se estaba incluso saneando las cuentas públicas a través de privatizaciones, ¿Cómo fue que el sector público continuase en la senda de la autodestrucción?. La respuesta pasa por marzo de 1991, cuando se sancionó la Ley de Convertibilidad. Esta ley implicaba una paridad fija de un peso, un dólar. Esto generaba una masiva necesidad de reservas para poder mantener la base monetaria, sin embargo el proceso de apertura generó un incremento de las importaciones, lo que causaba un déficit crónico de la balanza por cuenta corriente, que sólo se controlaban en momentos de recesión al frenarse las importaciones (crisis del Tequila de 1994, crisis del 2000-2001). De esta manera, para garantizar la paridad, el estado argentino debía completar las entradas de capital privadas con endeudamiento público, de forma que la cuenta de capital compensase el saldo negativo de la balanza por cuenta corriente. Así pues, en el cuadro anexo, se puede ver que a partir de 1993 cuando el proceso de privatización declinó, la brecha entre el déficit comercial y el superávit de capital se incrementó, por lo que el estado tuvo que recurrir de forma considerable al endeudamiento externo.

    Tras esto, podemos observar cierta lógica y legitimidad de la deuda pública argentina, sin embargo, cómo se ha expuesto anteriormente, el sector más dinámico en este nuevo proceso de endeudamiento fue el sector privado al igual que pasó durante los 80. Nuevamente encontramos un endeudamiento altamente concentrado en el que, según ciertas investigaciones [Basualdo, Lozano y Schorr; 2002], prácticamente el 100% de la deuda privada adquirida durante el decenio de los 90 puede ser atribuido a 80 grandes firmas. Según estos estudios, este endeudamiento fue utilizado para:

    • Financiar inversiones asociadas a las empresas privatizadas

    • Compra de terceras empresas para establecer regímenes monopolísticos

    • Regreso de la bicicleta financiera

    En diciembre de 1999, el Dr. De la Rúa asumió la titularidad del poder ejecutivo. Su ministro de economía, José Luís Machinea, le resumió la situación económica de Argentina con dos datos: El déficit fiscal se situaba en 10.000 millones de dólares y la carga de intereses a la que se debía hacer frente era de 12.000 millones. Tras varios intentos de solventar la situación y tras dos ministros de economía, el ministerio volvió a caer en manos de Domingo Cavallo, el cual consiguió llevar a cabo un ajuste fiscal extremo, como a fin de mes utilizar la recaudación fiscal para pagar intereses de la deuda y, posteriormente, llevar a cabo las obligaciones sociales, lo que no hacía sino repercutir negativamente sobre la demanda agregada y profundizar en la situación de recesión. El FMI y otros tantos organismos intervinieron otorgando una ayuda financiera de 39.700 millones de dólares, pero ni aún así se impidió que, ante el fantasma del “default” el 2 de noviembre del 2001 se anunciara un canje obligatorio de la deuda pública al igual que hizo Antonio Erman González en 1990, por un importe de 51.000 millones durante el tramo nacional. En este tramo, los bancos habían colocado en el Sector Público Argentino grandes proporciones de los fondos obtenidos del Sector Privado (entre Títulos y Préstamos al Sector). Al surgir las crecientes posibilidades del default argentino, se alimentaron los temores de los ahorristas de no poder recuperar su dinero si así lo deseasen. Se comenzó a desconfiar de la capacidad de los Bancos de devolver todos los depósitos (con los rendimientos pactados y en la moneda original). Al generalizarse ese "rumor" se dieron todas las circunstancias para que se presentara una retirad masiva de efectivo, que a su vez, agravaba más el problema del sector financiero. De esta forma, Cavallo implementó el denominado corralito, que suponía la eliminación de la retirada libre de los depósitos bancarios, lo que suponía el fin de la convertibilidad.

    La oleada de fuga de capitales (que se refleja en el saldo del sector privado de la cuenta financiera con un importe de -5.000 millones), unido a la paralización de la economía llevaron inevitablemente al default. La devaluación necesaria que continuó este proceso, no creo sino un duro proceso de ajuste que acabó por machacar la economía argentina. En síntesis, la caótica salida de la convertibilidad ha generado un panorama incierto que permite concluir que el peso de la deuda externa sobre la economía se ha incrementado sustancialmente, revelando a día de hoy, una absoluta inviavilidad de hacer frente al pago de la deuda bajo las condiciones actuales.

    EL PAPEL DE LOS ORGANISMOS MULTILATERALES EN GENERAL Y DEL FMI EN CONCRETO

    Los organismos multilaterales y el Fondo Monetario Internacional de forma destacada, tienen en su haber el monopolio de la gestión de la deuda externa y de los recursos que pueden calmar las convulsiones económicas de los países menos desarrollados. Sin embargo, sus objetivos parecen ser otros distintos a la cooperación y ayuda, para ser portavoces y defensores del orden neoliberal mundial.

    Las críticas sobre el FMI se centran en que sus medidas (ajuste fiscal, devaluación de las monedas domésticas, incremento en las tasas de interés, liberalización comercial y de la cuenta capital, desregulación financiera, etc.), cuya aplicación es condición necesaria para la otorgación de ayudas, en vez de contribuir a la resolución de las crisis, agravan su situación, puesto que suponen grandes reformas estructurales en breves lapsos de tiempo e incluso estas reformas pueden ser innecesarias o extremadamente costosas.

    Sus defensores abogan, que la necesidad de aplicación de estas medidas está sostenida por el círculo virtuoso de la integración económica mundial. Sin embargo, Argentina representa el caso diametralmente opuesto. La intervención del FMI, especialmente intensa durante el gobierno Menemista (1989-1999) y el de la Alianza (2000-2002), generó el recortes fiscales acompañados de aumentos impositivos y de congelamientos y reducciones de los salarios del sector público (el cual repercutía negativamente sobre los salarios del sector privado a través del efecto demostración”), redujo drásticamente la demanda de los hogares impactando directamente sobre la actividad económica en general y la productiva en particular. Estas medidas, observadas fríamente, únicamente parecen efectivas para generar un superávit fiscal con el que pueda hacerse frente al pago de la deuda, por lo que no es de extrañar que muchos autores entiendan al FMI como defensor de los intereses del mundo desarrollado. Por su parte la CEPAL en consonancia con la historia reciente Argentina, afirma que las ayudas del FMI llegan únicamente cuando los desajustes de la balanza de pagos son ya ostensibles y de difícil resolución. Una crítica más completa llega de manos de la UNCTAD, que esgrime que, puesto que las líneas de financiamiento son limitadas, las ayudas a los países en crisis se encuentran muy influidas por la aprobación de los países miembros en los que, debido a la organización de este organismo en base a las aportaciones, están muy sobrerrepresentados los países centrales. También pone el acento en que la concesión de ayudas están supeditadas a la pérdida de la soberanía nacional en cuestión de política económica y que todo esto está más enfocado a que los países acreedores puedan recuperar sus inversiones frente a lo que sería la ayuda para solventar la crisis.

    La pérdida de soberanía no es algo ajeno al propio FMI, desde el Consenso de Washington quedó más que claro que sólo apoyarían a aquellos países que siguiesen su dogma, sin importar que fuesen las medidas más adecuadas o no. De esta forma en Setiembre del 2003 Jeremy Clift redactor de Finanzas & Desarrollo del FMI, escribe “El Consenso de Washington contribuyó a cubrir la necesidad de un marco de política económica que sustituyera a las desacreditadas estrategias de planificación centralizada y sustitución de importaciones”.

    Por otra parte, dejando de lado los apartados financieros, Stiglitz (2002a, 2002b, 2002c) apunta que los países que más rápido lograron sobreponerse a la crisis fueron los países que, como Malasia, aplicaron medidas opuestas a las recomendadas por el FMI.

    UN RESUMEN DE LA ECONOMÍA ARGENTINA EN 3 GRÁFICOS

    Fuente: La deuda argentina; Historia, default y reestructuración

    Fuente: La deuda argentina; Historia, default y reestructuración

    Fuente: La deuda argentina; Historia, default y reestructuración

    BIBLIOGRAFÍA

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    Ramos, L., 2004, ¿Cómo es posible que uno de los países más ricos del mundo esté al borde de la quiebra?, Working Paper, Observatorio de la deuda en la globalización, Cátedra UNESCO a la Univeristat Politècnica de Catalunya.

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    Historia argentina: colección de videos educativos. N°13: “El Final del los Principios”, Director: Felipe Pigna , Diana Producciones.

    Julio Gambina et al., Vulnerabilidad externa y dependencia de la economía argentina, pp. 97-123

    Mario Damill et al., La deuda argentina: Historia, default y reestructuración, Desarrollo económico, vol 45, Nº 178, Julio Septiembre de 2005, pp. 187-233

    Pablo Rieznik: La deuda eterna: el "Plan Brady" o la pequeña historia de una gran entrega, Historia, en Razón y Revolución, Nº. 2, primavera de 1996.

    Las dos empresas telefónicas fueron adquiridas por 297 millones de dólares, mientras que poco tiempo después fueron enajenadas por un valor de 1.370 millones de dólares generando una plusvalía cercana al 400% en un breve lapso de tiempo. [Abeles, Forcinto y Schorr; 2001]

    Deuda Externa: El peso de la deuda externa en la economía argentina

    Fuente: Casaburi, Daniel, Políticas Comerciales e Industriales de la Argentina desde la década de 1960, CEPAL Naciones Unidas, Julio de 1998, Pág. 7.

    Fuente: Vulnerabilidad externa y dependencia de la economía argentina

    Fuente: Vulnerabilidad externa y dependencia de la economía argentina

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