Detección de la mentira

Detección del mentiroso. Mentira desde la perspectiva científica. Claves psicofisiológicas asociadas al mentiroso. Polígrafo. Explicaciones teóricas. Comunicación no verbal. Psicología del testimonio. Conclusión

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Detección de la mentira

I. Introducción.

La detección de la mentira ha preocupado, desde muy antiguo, en igual medida a filósofos, jueces y al hombre de la calle (Kleinmuntz y Szucko, 1984; Zagorin, 1996).

Ya los griegos poseían un dios de la mentira llamado Hermes, aunque no existe ninguna palabra en su lengua que signifique exclusivamente mentir o mentira, sino que comparte su significado con equivocarse (pseudesthai) o equivocación (pseudos). Platón (427-347 a.C.) es el primer filósofo antiguo en hacer hincapié en la distinción moral entre mentir y equivocarse, considerando inferior a aquel que mentía (Sommer, 1995).

Posteriormente, San Agustín (354-430 d.C.) desarrolla el tema de la mentira en su escrito De mendacio (Sobre la mentira). La definición de mentira de San Agustín introduce uno de los que hoy se consideran requisitos fundamentales de la mentira, la intencionalidad. Posteriormente se amplía esta definición incluyendo la noción de conciencia; conciencia de qué es lo realmente cierto y del carácter incierto de lo que se dice, de modo que los errores y las malas interpretaciones no constituyan mentiras. Hoy afirmar que un mensaje es mentira supone atribuir al emisor intencionalidad y conciencia en la elaboración del mismo (Barnes, 1994).

El estudio de la mentira desde la psicología aparece a finales del pasado siglo y, en este primer momento, se centra en el análisis del engaño del que ilusionistas y médiums hacen "víctimas" a su público (Hyman, 1989). Uno de los primeros autores en estudiar este campo es Jastrow (1900) quien toma como punto de partida la teoría de Helmholtz. En ella se afirma que la percepción no es un producto directo de los estímulos o inputs que nos llegan, sino que está influida por un proceso inferencial. Es decir, que la percepción implica una participación del receptor, que colabora con sus expectativas, creencias, etc. Según Jastrow, tenemos la necesidad de interpretar los sucesos y lo hacemos a partir de nuestra experiencia previa. Cuando nos encontramos ante una situación poco conocida la interpretamos acudiendo a sucesos familiares. De este modo cometemos muchos errores, y es la adquisición de nuevo conocimiento lo que nos permite reconocerlos y enmendarlos.

Jastrow, Dessoir, Binet y Triplett se adelantan en el estudio de la mentira desde lo que hoy denominamos psicología cognitiva. Pero, esta incipiente psicología de la mentira es olvidada más tarde por la llegada de las corrientes más puras del conductismo. Al igual que ocurre con otros procesos y estructuras que implicancaracterísticas mentalistas del ser humano, la mentira es excluida por suponer hablar de falsas creencias, intenciones, representaciones internas, etc. Este énfasis del conductismo en reducir el campo de investigación a aquellas conductas objetivas y observables, hace que la investigación sobre la mentira se desarrolle de forma paralela en animales y humanos. En el primer caso, la investigación va a estar centrada en el engaño. En humanos, la investigación se va a dirigir al estudio de los correlatos "cuantificables" asociados a la mentira.

Dennett (1978) plantea si los animales son o no sistemas intencionales de segundo orden, entendiéndolo como la capacidad para tener creencias, deseos e intenciones sobre otras creencias. Según él, esta asunción es vital para entender si los animales son capaces de engañar, ya que el engaño intencionado debe ser realizado por organismos intencionales de segundo orden que poseen creencias sobre las creencias de la víctima del engaño.

Siguiendo esta asunción, Mitchell (1986) define el engaño como: un organismo EMISOR da una señal (conducta o comunicación) que es recibida por un organismo RECEPTOR. Éste cree que la señal es adecuada y correcta, cuando realmente no lo es. Mitchell añade a su definición de engaño la condición de que el EMISOR podría beneficiarse de la conducta del RECEPTOR. Por su parte, Whiten y Byrne (1988) definen como comportamiento engañoso aquel “acto del repertorio de conducta normal de un individuo, usado con baja frecuencia y en contextos diferentes a los que se usa de forma habitual. De este modo, es probable que otro individuo familiar mal interprete la conducta de forma que el actor tiene ventaja”.

Como vemos, la capacidad de engañar requiere una evolución de la mente, de forma que los individuos puedan "leer la mente de los otros" (Humphrey, 1983; Krebs y Dawkins, 1984).

El estudio de la mentira en animales no queda circunscrito a la investigación de laboratorio, también contamos con investigación de campo. Así, Whiten y Byrne (1988) elaboran una taxonomía de tipos de mentiras que pueden agruparse en cinco grandes categorías que van de la mera ocultación al uso de herramientas sociales para conseguir el engaño

  • Ocultación El emisor oculta algo al receptor.
  • Distracción El emisor desvía la atención del receptor hacia algo sin importancia real.
  • Creación de imagen El emisor simula una situación falsa.
  • Uso de herramientas sociales El emisor utiliza una herramienta social en su propio beneficio.
  • Uso de un cabeza de turco El emisor desvía la atención

Aunque el objetivo de esta línea de investigación del engaño en el mundo animal, comenzó con la intención de buscar indicadores cuantificables del engaño, vemos como desde el momento que se define qué es el engaño, aparecen intenciones, creencias,..., es decir, aparecen características mentalistas. Lo mismo ocurre con la investigación sobre la detección de la mentira en humanos, no obstante, esto es ignorado por el conductismo que centra su atención en una investigación científica de la mentira claramente sesgada hacia la conducta del mentiroso.

II. Detección de la mentira

1.La Detección del mentiroso y la mentira desde la perspectiva científica.

El estudio de la mentira en humanos se ha centrado, fundamentalmente, en los aspectos observables y medibles del comportamiento del mentiroso. Así, en el período de 1966 a 1986 son muchos los artículos sobre la mentira. De estos 39% se refieren a la detección de la mentira, siendo este tema el más investigado a lo largo de esos años (Hyman, 1989).

El interés en la detección del engaño ha estado dirigido a la búsqueda de manifestaciones asociadas al mentiroso en el momento de cometer la mentira. De este modo, la investigación se centra en descubrir indicadores psicofisiológicos, conductuales y/o paraverbales que puedan funcionar como “detectores de mentirosos”.

Yuille (1989) distingue dos líneas de investigación generales sobre la detección de

la mentira: a) la búsqueda de cambios psicofisiológicos, y, b) la búsqueda de cambios en los movimientos corporales, expresión facial, voz, etc.. Veamos cada una de ellas.

  • Claves psicofisiológicas asociadas al mentiroso.

A lo largo de la historia podemos encontrar diferentes situaciones y culturas que han detectado las mentiras basándose en ciertas manifestaciones psicofisiológicas que delatan al mentiroso.

Lógicamente, tanto las técnicas de detección de la mentira desde la psicofisiología como los supuestos teóricos subyacentes han avanzado, dando lugar a sistemas de medición más sofisticados, como es el polígrafo, y a explicaciones teóricas más elaboradas.

  1. El polígrafo.

La historia del polígrafo comienza a principios del siglo XIX con el criminólogo italiano Lombroso, que utiliza el pletismógrafo para medir la velocidad del pulso y el volumen sanguíneo durante los interrogatorios criminales. Sin embargo, se considera que fue William Moulton Marston el padre del polígrafo moderno. En 1917, Marston afirma que existe una alta correlación entre las mentiras y los cambios en la presión sanguínea. La utilización que propuso Marston para el polígrafo es, más tarde, trivializada por la industria y cae en el descrédito.

El trabajo de Marston es recogido por John A. Larson que, en 1921, construye un precursor del polígrafo moderno, que registra la presión sanguínea, la velocidad del pulso y la respiración. En 1932, escribe el libro Lying and Its Detection, donde explica los éxitos y fracasos del “detector de mentiras”. Larson manifiesta siempre una actitud escéptica frente al polígrafo, ya que considera que puede estar plagado de errores. En este sentido, es muy precavido a la hora de utilizar las pruebas poligráficas en juicios criminales (Clifton, 1991; Kleinmuntz y Szucko, 1984).

En España, Emilio Mira (1932) recoge el descubrimiento de Larson en su libro

Manual de Psicología Jurídica. Modificando la técnica de Luria con relación a la expresión motora de los sujetos, Mira crea una máquina que le permite obtener datos gráficos sobre la situación emocional y el control motor del sujeto. Según él, los rasgos cortos y lentos que aparecen en el diagrama son un indicador de que el sujeto miente (Carpintero y Rechea, 1995).

Más tarde, John E. Reid elabora una forma nueva para realizar el interrogatorio con el polígrafo, la técnica de la pregunta control. Además, Reid considera necesario incluir diversos tipos de información para valorar las respuestas al polígrafo. Así, él tiene en cuenta los síntomas conductuales del entrevistado, los antecedentes y las medidas poligráficas.

Un último personaje a considerar en la historia del polígrafo es Cleve Backster. Este autor crea una escala numérica para puntuar los registros, de modo que diferentes examinadores llegan a la misma conclusión sobre un mismo protocolo, lo que supone un gran avance para la fiabilidad del polígrafo (Clifton, 1991).

  • Explicaciones teóricas.

Ben-Shakhard y Furedy (1990) exponen dos grandes categorías de teorías explicativas de la aparición de respuestas fisiológicas autónomas asociadas a la mentira: la motivacional-emocional y la cognitiva.

a) La teoría motivacional-emocional se basa en las aportaciones de tres teorías psicológicas clásicas: (Zuckerman, DePaulo y Rosenthal, 1981).

- La teoría de la respuesta condicionada explica la aparición de las respuestas fisiológicas autónomas porque la pregunta a la que el individuo da una respuesta falsa (mentira) está condicionada a una experiencia poco honesta y/o traumática, el momento de comisión del delito. Así, a mayor gravedad del delito mayor será la respuesta condicionada.

- La teoría del castigo atribuye la aparición de las manifestaciones fisiológicas al responder a las preguntas relevantes a la anticipación del castigo que se impondrá al mentiroso si es descubierto.

- La teoría del conflicto entre respuestas asegura que el motivo de que aparezcan alteraciones fisiológicas cuando una persona miente es la competición que se produce entre dos tendencias contradictorias, decir la verdad o mentir.

Aunque se han encontrado resultados que apoyan la explicación motivacionalemocional de la aparición de respuestas fisiológicas asociadas a la mentira, existen otros resultados que no pueden justificarse desde esta perspectiva. No explica la distinción entre sujetos sinceros y mentirosos cuando éstos no están motivados para mentir (Davidson, 1968; Elaad y Ben-Shakhar, 1989; Horneman y O`Gorman, 1985; Horvath, 1978), cuando no tienen la intención de ocultar sus respuestas (Janisse y Bradley, 1980) o cuando no saben que el polígrafo está en funcionamiento (Thackray y Orne, 1968). Con el fin de paliar las deficiencias de las teorías motivacionales-emocionales surge el segundo grupo de hipótesis desde una perspectiva cognitiva.

b ) Esta aproximación cognitiva se basa en factores relacionados con la percepción y el procesamiento de las preguntas realizadas al sujeto. Existen tres planteamientos teóricos dentro de esta línea que tratan de explicar el funcionamiento del polígrafo:

La respuesta de orientación está basada en la idea de respuesta de orientación propuesta por Berlyne (1960). Según él, un cambio en el tipo de estimulación provoca en los sujetos una alteración fisiológica. Así, cuando al sujeto se le presenta un ítem relevante entre un grupo de irrelevantes, se producirá una reacción fisiológica.

Nivel de procesamiento de las preguntas, por su parte, Waid, Orne, Cook y Orne (1978) y Waid y Orne (1981) se basan en el grado de procesamiento que el sujeto realiza sobre las preguntas para elaborar su explicación. Según estos autores, los sujetos prestan más atención a las preguntas relevantes y las procesan en mayor profundidad que las preguntas irrelevantes.

La dicotomización (Ben-Shakhar, 1977; Lieblich, Kugelmass y Ben-Shakhar, 1970). Estos autores consideran la existencia de dos factores relevantes para explicar los resultados encontrados con el polígrafo: la respuesta de orientación y la habituación. La idea de partida es que los estímulos se agrupan en relevantes e irrelevantes, de modo que se produce habituación para las preguntas dentro de una misma categoría y disminuye la respuesta fisiológica a las mismas. Por tanto, los sujetos sólo prestan atención a si la pregunta es relevante o no ignorando el resto de sus características. Las investigaciones realizadas por estos autores parecen confirmar su hipótesis.

El caso de Aldrich Ames, espía de la CIA que durante años trabajó en Rusia y superó numerosos tests poligráficos, muestra la posibilidad real de falsear los resultados del polígrafo (Beardsley, 1999).

  1. Métodos de registro psicofisiológico alternativos al polígrafo.

En los últimos años, algunos estudios muestran que medidas directas del procesamiento cognitivo (v.g.: ondas cerebrales) pueden convertirse en un instrumento poderoso para inferir la culpabilidad de un sospechoso. La onda P300 parece ser la más adecuada para realizar esta función, ya que puede ser elicitada bajo condiciones experimentales concretas, y existe un marco teórico que explique su aparición. El paradigma de investigación de esta onda cerebral es el conocido como “oddball”. Diversos estudios sobre la efectividad de la onda P300 para la detección del conocimiento culpable muestran niveles altos de exactitud en la clasificación de los sujetos como culpables o inocentes. Así, Rosenfeld, Angell, Johnson y Qian (1991)

2. Claves conductuales y paraverbales asociadas al mentiroso.

La segunda línea de investigación sobre la detección de la mentira que distingue Yuille (1989) es la búsqueda de cambios en los movimientos corporales, expresión facial, voz, etc.

En este apartado incluiremos, la conducta no verbal (manifestaciones conductuales) y la conducta extralingüística (manifestaciones paraverbales).

  1. Características de la conducta no verbal y explicaciones teóricas de su funcionamiento.

Según una de las más fervientes defensoras de este línea de investigación,

Bella M. DePaulo (1992; 1994), la conducta no verbal tiene unas características especiales, respecto a la verbal, que la convierten en un buen indicador del engaño.

Estas características son las siguientes:

a.- La conducta no verbal es irreprimible: desde la perspectiva de la psicología social se defiende que las manifestaciones comportamentales y paraverbales acompañan a cualquier interacción humana. De modo que, aún si el emisor de unmensaje intenta eliminar estas manifestaciones, su ausencia tiene algún significado para el receptor.

b.- La conducta no verbal está relacionada con las emociones: existe gran cantidad de investigación que asocia determinadas expresiones faciales al sentimiento de emociones concretas. Así, la conducta no verbal se presenta, en determinadas circunstancias, como información más intensa y fiel de lo que piensa o siente el individuo, que la conducta verbal.

c.- La conducta no verbal es menos accesible al emisor del mensaje que al receptor: la percepción que las personas tienen sobre su propia cara, cuerpo o voz difiere, en gran medida, de la percepción que tienen los demás de estos aspectos. Sin embargo, el contenido verbal de una frase tiene, en principio, es percibido de igual modo por dos interlocutores que hablen el mismo idioma.

d.- La conducta no verbal es más difícil de registrar: la inaccesibilidad de la conducta no verbal para el emisor de la misma hace prácticamente imposible que se tenga un “registro” o “constancia” de la emisión de dicho comportamiento. Así, es más fácil repetir o describir una serie de palabras que una expresión facial, un movimiento de manos o un tono de voz.

e.- La conducta no verbal representa contenidos que no pueden expresarse verbalmente: así como existen significados imposibles de explicar sin palabras, existen otros que sólo pueden ser expresados con manifestaciones no verbales.

f.- La conducta no verbal ocurre muy rápidamente: los comportamientos no verbales son instantáneos y producen en los interlocutores reacciones del mismo tipo.

Esta rapidez en la aparición de la conducta no verbal implica, probablemente, sinceridad, o al menos, percepción de sinceridad. Por su parte, el contenido verbal es susceptible de ser manipulado.

De Paulo (1992) reconoce que no todas estas características son exclusivas de la conducta no verbal, sino que algunas pueden ser aplicadas a la conducta verbal.

Asimismo, afirma que las conductas no verbales no siempre cumplen estas seis características, ya que existe gran variedad de comportamientos de este tipo que se sitúan a lo largo de un continuo de controlabilidad.

Las características de la conducta no verbal propuestas por DePaulo (1992), y que determinan su capacidad como detectores de engaño, están incluidas en las explicaciones teóricas clásicas sobre el papel de las manifestaciones comportamentales y paraverbales en la detección de mentirosos. Estas explicaciones parten de la idea de que cuando una persona miente realiza una serie de conductas que pueden descubrir sus intenciones. Estas conductas delatoras se producen por la intervención de varios procesos en el acto de mentir, como son: elintento de control, el arousal o activación, los estados afectivos y la complejidad cognitiva (Köhnken, 1989; Zuckerman, DePaulo y Rosenthal, 1981). Veamos cada uno de ellos.

1.- El intento de control: cuando una persona miente trata de controlar su conducta de modo que no se le descubra este intento de control se convierte en un indicador de engaño por sí mismo, ya que la conducta pierde la espontaneidad y parece planeada. Además, es poco probable que una persona pueda controlar todas las manifestaciones conductuales y paraverbales de modo que resulten coherentes entre sí y con el resto de la información que emite el sujeto.

Algunas manifestaciones del engaño pueden controlarse mejor que otras. Así, el contenido verbal puede controlarse mejor que la conducta no verbal.

2.- El arousal o nivel de activación: la idea de que la situación de engaño supone un incremento en el nivel de arousal del mentiroso parte de los estudios sobre la detección psicofisiológica de la mentira.

Al igual que ocurre con las respuestas fisiológicas el arousal producirá un incremento en la frecuencia e intensidad de las manifestaciones conductuales del mentiroso que permite su descubrimiento. Así, se espera que en el mentiroso aparezcan cambios en su tono de voz, la cantidad de errores que tiene en su discurso, la cantidad de adaptadores que utiliza (ehh, umm, etc.), el número de pausas, la frecuencia de parpadeo, los gestos, la sonrisa, etc.

3.- Los estados afectivos: desde esta perspectiva se entiende que las conductas no verbales son un reflejo directo de los afectos que se relacionan con el acto de mentir. Las emociones suelen aparecer en el engaño aunque éste no se refiera a sentimientos.

Así, cualquier emoción presente mientras se miente puede ser un problema para el mentiroso, sin embargo, existen tres que están especialmente relacionadas con el engaño: la culpabilidad por mentir, el miedo a ser descubierto y el placer de engañar

4.- La complejidad cognitiva: la idea que subyace a esta explicación es que la elaboración de una mentira es una tarea más difícil que la narración de un hecho real

Además, generalmente la mentira debe repetirse en diferentes ocasiones para que no sea descubierto el engaño inicial. Esto supone mayor esfuerzo cognitivo, ya que para evitar inconsistencias deben realizarse procesos de comparación de las diferentes versiones saturando así la memoria de trabajo

Como la elaboración de una mentira implica un costo cognitivo mayor que relatar un hecho real, se espera que el mentiroso preste menos atención a sus conductas que al contenido de la mentira. De este modo, cuando una persona miente presenta una serie de comportamientos diferentes a cuando está siendo sincera.

III. Psicología del testimonio

Por Psicología del testimonio entendemos el conjunto de conocimientos que basados en los resultados de las investigaciones de los campos de la Psicología Experimental y la Psicología Social, intentan determinar la calidad (exactitud y credibilidad) de los testimonios que sobre los delitos, accidentes o sucesos cotidianos, prestan los testigos presenciales. Como fácilmente puede comprenderse, el testimonio de los testigos se basa, principalmente, en la capacidad de su memoria (efectivamente, no todos recordamos con la misma facilidad las cosas, a las personas o los acontecimientos). La memoria humana, no obstante, hemos de tener presente que no funciona como un vídeo doméstico que graba (es decir, codifica) y muestra imágenes y sonidos (decodifica) con exactitud y tantas veces como se desee. La memoria humana es activa y codifica y decodifica información en función de su relevancia, del material que ya contiene, de experiencias pasadas, se vale de estereotipos, es maleable, y, en definitiva, se ve afectada por el paso del tiempo. Más aún, si bien se atribuye una exactitud del 100 por 100 para reproducir lo sucedido a una grabación en vídeo, sólo erróneamente podemos afirmar que esto ocurre así en el caso del testimonio de testigos. Efectivamente, aún cuando hay personas que piensan que si un testigo presencial no declara sobre lo sucedido es porque no tiene voluntad de hacerlo, o si declara erróneamente es por su intención de engañar; es muy cierto que los testigo habitualmente -y actuando de buena fe- cometen errores de omisión y de comisión. Todo esto conduce a que, cuando hablamos de la calidad de los testimonios de los testigos, debamos referirnos a dos aspectos íntimamente relacionados: la exactitud de testigos y testimonios, y la credibilidad de testigos y testimonios.

  • Areas de investigación

La investigación realizada en el campo del testimonio ha tenido, desde sus orígenes, una orientación claramente aplicada (Diges y Mira, 1983). No obstante, la investigación básica desarrollado se ha ocupado de discernir como adquiere, organiza, guarda y recupera información un testigo, aunque normalmente ha sido desarrollada en condiciones de laboratorio con problemas de validez ecológica (Patterson, 1978; Mira y Diges, 1984).Cuando se ha valorado la credibilidad de testigos y de sus testimonios, la investigación se ha ocupado sobre todo de cómo tomar declaración a los testigos de manera tal que se afectará, durante el interrogatorio, lo menos posible a su recuerdo de los hechos. De este modo, los autores se han ocupado, primero, por describir hasta qué punto los testimonios pueden ser inexactos en función de las condiciones de iluminación (Kuehn, 1974; Wells, 1978), sexo, edad o profesión del testigo (Clifford y Bull, 1978) y violencia del suceso (Clifford y Scott, 1978; Clifford y Hollin, 1981); y, en segundo lugar, por desarrollar procedimientos de toma de declaración que garanticen el máximo de exactitud de los testimonios (e.g. la entrevista cognitiva (Fisher y Geiselman, 1988); desarrollar sistemas de recuerdo de caras para apoyar la labor policial (Davies, 1982; Ellis, 1982); sugerir medidas que garanticen las medidas de imparcialidad en los reconocimientos mediante ruedas (Malpass, 1981; Malpass y Devine, 1981; Shepherd, Ellis y Davies, 1982, Muldin y Laughery, 1981); y estudiar cómo obtener testimonios útiles en los casos de testigos invidentes (Clifford, 1983; Bull y Clifford, 1984), toda vez que E. Loftus había demostrado la influencia negativa que sobre el testigo puede ejercer quien lo interroga (Loftus y Palmer, 1974; Loftus y Zanni, 1975; Loftus 1979).Cuando se ha estudiado el testimonio desde la óptica de su credibilidad ante observadores (policías y jueces habitualmente), tres son las áreas estudiadas: las creencias comunes sobre la capacidad de memoria de los testigos (Loftus, 1979); Yarmey y Jones, 1983; Mira y Diges, en prensa), cómo se estima la credibilidad de un testigo y su testimonio (Wells y Lindsay, 1983), y cómo diferenciar testimonios ciertos de autogenerados (p.e. en base al concepto de «observación de la realidad» (Johnson y Raye, 1981; Undeutsch, 1982; Schooler, Gerhard y Loftus, 1986).

  • Relación con otras profesiones

Tradicionalmente la Psicología del Testimonio mantiene relación con diferentes ramas del Derecho y con los estudiosos profesionales del trabajo policial. No obstante, pese a las aportaciones que desde el campo de la Psicología puedan realizarse, lo cierto es que como ha quedado dicho, no son muchas las peticiones de ayuda. Que sepamos, sólo en ciertos casos muy puntuales ha sido solicitada colaboración de un psicólogo experto en testimonio y, en todas las ocasiones con respecto a las medidas de imparcialidad a considerar durante las ruedas de identificación

IV. Conclusión

Hay miles de teorías sobre cómo descubrir si te dicen la verdad, pero ¿hay alguna que sea infalible? Las máquinas de detecciónse usan en el mundo real, para interrogar a los sospechosos de algunos crímenes. Pero…¿podemos fiarnos completamente del resultado de una máquina?No podemos confiar en que el resultado que obtengamos del detector sea 100% correcto. Hay factores, la mayoría de ellos dependen de las diferencias de personalidad individuales, que influyen de manera decisiva en el comportamiento de la persona que está siendo analizada, y, por lo tanto, en el grado de veracidad que la máquina otorgue al individuo.

Elpolígrafo, el “detector de mentiras” más famoso, clasifica mentiras y verdades dependiendo de la respuesta fisiológica de la persona (es decir, midiendo sus pulsaciones cardíacas, sus movimientos de ojos y otras variables). Esta máquina se usa en algunos casos, como en las comisarias, pero siempre acompañada de muchísimos más testy de la opinión de psicólogos y profesionales del tema.

Según Clifton (1991), las contramedidas son técnicas que se emplean deliberadamente para modificar los patrones de respuestas psicofisiológicas durante la aplicación del polígrafo. Lo primero que debe aprender una persona que quiere ser declarado inocente con la prueba del polígrafo es a detectar cuáles son las preguntas irrelevantes, relevantes y de control en el caso de ser evaluado con el Test de la Pregunta Control. Clifton (1991) hace una revisión de las contramedidas físicas, psicológicas o cognitivas y farmacológicas que pueden utilizarse para alterar el resultado del polígrafo.

La onda P300 para la detección del conocimiento culpable según sus defensores, se presenta como unaalternativa prometedora al polígrafo pero no aporta más ventajas a ladetección psicofisiológica del engaño de las que supone la utilización del Test deConocimiento Culpable. Sin embargo, sí se añaden numerosas dificultades, como puede ser el elevado coste de los aparatos requeridos para medir estas ondas cerebrales. Por otra parte, algunos de los defensores de este procedimiento advierten que es necesario desarrollar más investigación sobre este método y su funcionamiento en ambientes reales, ya que hasta el momento sólo se ha trabajado en situaciones de laboratorio bajo unas condiciones muy concretas (Farwell y Donchin, 1991; Rosenfeld, 1995). Evidentemente, este nuevo procedimiento de detección del engaño, por ahora, no se adapta al principio deseable.

Así pues, existen algunos signos externos que frecuentemente acompañan a las mentiras. Hay muchos estudios al respecto de cómo las conductas no verbales pueden ser útiles para detectar la mentira.

La utilización de una metodología tradicional para la obtención de las teorías implícitas sobre la detección de la mentira no permite distinguir diferentes teorías o creencias sobre las claves eficaces en la detección. Los diferentes autores presentan sus resultados como listados de indicios de engaño. En líneas generales, consideran que estas claves no funcionan de forma aislada, sino que forman parte de un cúmulo de información que aparece de manera simultánea o superpuesta (Ekman, 1991). Sin embargo, la idea que genera esta serie de trabajos es que la detección de la mentira consiste en la percepción y valoración de indicadores aislados por parte del receptor del mensaje.

La utilización de procedimientos de detección de mentiras permite diferenciar una creencia sobre las claves eficaces para detectar las mentiras: la presencia o ausencia de las claves asociadas al comportamiento del emisor (fisiológicas, conductuales y/o paraverbales) condiciona los juicios de falsedad o veracidad.

Bibliografía

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