Descartes. Kant

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DESCARTES

Nació en 1596 y murió en 1650. Estudio con los jesuitas en el colegio de La Flèche. Se graduó en derecho.

Como todos los grandes filósofos de su época fue fundamentalmente un científico, en concreto, un matemático y físico, que pretendió buscar una fundamentación de la ciencia hasta sus extremos más radicales. Como ejemplo de esta preocupación tenemos el “Discurso del método”, que no es otra cosa que el prólogo de un tratado científico que se llama “Meteoros, dióptrica y geometría”.

Otras obras son: “Reglas para la dirección del espíritu”, “Meditaciones metafísicas” y “Las pasiones del alma”

1. El problema del método y el proyecto cartesiano

En la época de Descartes la conciencia de ruptura con el saber del pasado es total y como consecuencia una de las principales preocupaciones de los científicos era intentar establecer cuál es el mejor método para el conocimiento científico, qué método aporta más seguridad y qué método aporta mayor cantidad de conocimiento. Dentro de esta preocupación destacan científicos como Galileo, Bacon o el propio Descartes.

El método que propone Descartes se caracteriza por basarse en una serie de presupuestos absolutamente nuevos que son fundamentalmente los siguientes:

1. Ruptura consciente con el pasado, es decir, hay un rechazo explícito de toda la metodogía tradicional basada en el órgano aristotélico que los científicos consideran totalmente improductiva.

2. Nueva concepción de la razón, del saber y de la verdad. Descartes parte del supuesto de la unidad de la razón, es decir, para él todas las ciencias son producto de la misma razón, que se dirija al objeto que se dirija es siempre la misma, por eso es posible un método general del saber, un método que será el mismo para todas las ciencias. Evidentemente el saber obtenido a través de ese método será siempre uno y el mismo.

Como ejemplo de esto, en el prólogo de los principios de filosofía expone Destartes su metáfora del árbol de la ciencia, del que dice que las raíces son la metafísica, el tronco la física y sus ramas principales la mecánica, la medicina y la moral.

La característica fundamental del nuevo método va a ser el tipo de verdad que se pretenda obtener. De todo lo que le enseñaron los jesuitas Descartes sólo valoraba las matemáticas, por su rigor, aplicabilidad a las demás ciencias y por el tipo de verdad que proporcionan (las más fiables y seguras).

El concepto general de verdad que propone Descartes es el equivalente a la certeza, es decir, a la seguridad subjetiva que acompaña a la posesión de la verdad. Lo que otorga a algo su estatus de verdad es su grado de certeza.

El saber que se busca es un tipo de saber que tiene que ser verdadero en un sentido absoluto, que se traduce en la idea de certeza. Sólo admitiremos como verdaderas aquellas verdades que aporten certeza absoluta.

Estas verdades no son verdades aisladas, sino que deben constituir un sistema que Descartes llama el ser humano, cuya columna vertebral son las matemáticas aplicables a todo saber. Las matemáticas nos proporcionan la verdad que buscamos y también el vigor y la disciplina en el procedimiento del conocimiento y la estructura básica del método científico.

A partir de aquí, Descartes propone su famoso método que viene recogido en dos de sus obras: “Reglas para la dirección del espíritu” y “El discurso del método”.

Descartes define el método como una serie de reglas ciertas y fáciles mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero. Este método que Descartes propone tiene como finalidad guiar a la razón para usarla bien. Se trata de ganar las operaciones fundamentales que realiza la razón. Para él la actividad propia de la razón es pensar, que no es otra cosa que tener, crear, organizar ideas. El contenido básico de la razón a través del cual conocemos la realidad y somos autoconscientes son las ideas.

Para Descartes lo único que conocemos directamente son las propias ideas y a través de ellas las operaciones fundamentales que realizamos son la intuición y la deducción. Una vez establecidas éstas, pasa a enumerar las reglas del método:

1. Evidencia: No admitir como verdadera ninguna cosa que no conociese con evidencias que lo era.

2. Análisis: Dividir cada una de las dificultades que examinaré en cuantas partes fuese posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

3. Síntesis: Conducir ordenadamente mis pensamientos empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer para ir ascendiendo poco a poco gradualmente hasta el conocimiento de los más opuestos e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

4. Enumeración: Hacer en todos enumeraciones tan detalladas y revisiones tan generales que estuviesen seguro de no omitir nada.

2. La duda metódica y la primera verdad: el cogito.

Una vez establecido el método Descartes lo aplica para construir un sistema del saber. Para esto lo que debemos hallar es unos principios absolutos evidentes y a partir de ellos, por deducción, ir elaborando el resto del saber posible.

Para la aplicación del método primero se ha de buscar una verdad absoluta, evidente, verdadera y cierta que sirva como primer principio a partir del cual deducir. Para encontrar esta verdad llama proceso de la duda metódica.

El cogito es la primera verdad evidente, a partir de ella, por deducción, continuará Descartes sacando otras verdades que derivan de esta, sin acudir a ningún elemento externo más. Descartes no admitirá como verdadero nada que no tenga la misma evidencia que el cogito.

A partir de aquí, las otras verdades que desarrolla Descartes son las siguientes:

Hay algo que piensa. Para Descartes pensar es tener, relacionar ideas. Según Descartes las ideas que tenemos se pueden clasificar en tres tipos:

- Ideas adventicias: parecen provenir del exterior del sujeto pensante.

- Ideas facticias: las construyo yo a partir de otras ideas.

- Ideas innatas: Originadas en la propia mente y que no son compuestas. De estas ideas hay algunas que le llaman la atención y son las ideas de perfección e infinito, a partir de las cuales va a desarrollar la demostración de la existencia de dios.

Descartes no tiene más remedio que desarrollar el tema de la existencia de Dios por lo siguiente: Él distingue a las ideas por su realidad mental y por su contenido objetivo. La realidad mental de una idea no es algo problemático porque lo tenemos en la razón misma, pero su contenido objetivo no es algo tan seguro. Para asegurarse de la realidad del contenido objetivos de las ideas, Descartes tiene que recurrir a Dios. Lo que viene a decir Descartes es que una idea como la de infinito no puede provenir de la experiencia.

Lo importante es que la realidad para Descartes se compone de tres elementos separados a los que el designa con el nombre de sustancia (entendiendo por sustancia aquello que existe por si mismo y sin necesidad de otro) y que son: una sustancia pensante (cogito), una sustancia infinita (Dios) y una sustancia extensa (materia), ya que la materia se puede imaginar sin color, sin peso e incluso sin forma, pero es imposible imaginarla sin ocupar un lugar.

3. Existencia de Dios y la veracidad divina

El punto de partida es el cógito. El descubrimiento del cógito como primera verdad coloca a Descartes en un punto de partida para construir lo que él llama beneficio de las ciencias, que es el de un sujeto pensante pero que precisamente sólo es eso, pensamiento.

Para salir de ese solipsismo hay que demostrar que mis ideas poseen un contenido objetivo. Para ello se tendrá que demostrar que desde mis ideas este contenido objetivo está garantizado y, por lo tato, que tiene que existir Dios como un ser perfecto, de forma que siendo yo un ser imperfecto, él garantice la objetividad de mis ideas.

A partir de ahí lo que desarrolla Descartes es la demostración de la existencia de Dios.

Por tanto, la demostración de la existencia de Dios por parte de Descartes no responde a una razón religiosa.

4. Teoría de las sustancias: sustancia pensante y extensa

Descartes a la hora de construir su sistema metafísico, es decir, un diseño de la estructura básica de la realidad, va a tomar de la tradición filosófica el término de sustancia, pero le va a dar un nuevo significado y va a hacer jugar en torno a él un nuevo sistema de relaciones que no tiene nada que ver con la proyección.

Para Descartes la sustancia es aquello que no necesita de otro para existir. Así definida, en sentido estricto, para Descartes sólo hay una sustancia: Dios. Sin embargo, postula la existencia de otras dos: el pensamiento y la materia (la sustancia pensante y la sustancia extensa), que aunque no se adaptan bien a la definición porque dependen de Dios, sí se adaptan en cambio en el sentido de que para Descartes son absolutamente independientes entre si.

Por lo tanto, para Descartes, la estructura básica de la realidad se compone de tres elementos: una sustancia infinita (Dios), una sustancia pensante (el pensamiento) y una sustancia extensa (la materia).

Para él, la sustancia se articula a través de los conceptos de atributo y modo.

Los atributos de una sustancia son sus características esenciales. (En el caso de Dios, el principal atributo es la infinitud; en la sustancia pensante, el pensamiento; y en la sustancia extensa, la extensión).

El modo es la concreción individual de una sustancia cualquiera. Por ejemplo, una idea cualquiera es el modo del pensamiento.

Cada una de las tres sustancias aparece en el pensamiento de Descartes por una razón: la sustancia pensante es el punto de partida de todo su enfoque filosófico; pero como científico lo que le interesa es el conocimiento de la materia, para lo que introduce la sustancia infinita y a partir de ella plantea su concepción de la materia, de la sustancia extensa, que será la predominante en la ciencia europea durante los siguientes 200 años, hasta llegar al romanticismo.

Concepción cartesiana de la materia, el mecanicismo:

Descartes concibe un mundo material que no es más que un espacio geométrico euclidiano, es decir, un espacio en el que no hay vacío y en el que materia y extensión son lo mismo dado que no hay materia sin espacio, pero tampoco hay espacio sin materia...

La materia según Descartes podía ser de tres tipos: materia gruesa (aquello a lo que nosotros llamamos materia), el éter y la luz.

Los espacios entre las partículas de materia gruesa están ocupados por éter y por los espacios que se abren el éter viaja la luz.

En este espacio todo movimiento se transmite por contacto mecánico. La única causa que admite para explicar el movimiento es la causa eficiente. El espacio se matematiza: gracias a la geometría analítica todos los cuerpos materiales se geometrizan y adquieren las características del espacio. En este espacio no habría átomos dad o que en matemáticas el espacio es infinitamente visible y dentro de esta matematización el tiempo se convierte en un elemento secundario que sería acelerable, reversible, etc.

Para conocer este mundo matemático Descartes sienta las bases de una nueva física cuyos principios deduce del principio de inmutabilidad.

Los principios de esta física son el principio de inercia, el principio del movimiento rectilíneo y el principio de conservación de la cantidad de movimiento (que siempre es constante).

Dado que todo universo es como una gigantesca máquina también los seres vivos son concebidos como máquinas, incluyendo el ser humano.

La cuestión del ser humano como máquina llevó a Descartes a uno de sus principales problemas filosóficos. En el ser humano “conviven” dos sustancias distintas: el pensamiento y la extensión (alma y cuerpo). El alma es para Descartes el terreno de pensamiento, de libertad, donde no existe barrera de ningún tipo. El cuerpo es una máquina y el reino de la necesidad, que funciona bajo las leyes de la física y no podemos cambiarlo.

El principal problema para Descartes es explicar el hecho de que el alma influye en el cuerpo a través de las acciones y el cuerpo influye en el alma a través de las pasiones. Para hacerlo postula la existencia de una pequeña glándula en la base del cerebro a la que llama glándula pineal, que nunca nadie había encontrado.

De toda esta concepción de la materia hay fenómenos importantes que quedan excluidos (la dinámica, en concreto la explicación de la caída de los graves, y la astronomía física) porque no son en principio matematizables.

KANT

Inmanuel Kant nace y vive en la ciudad alemana de Königsberg (Prusia), ahora rusa y llamada Kaliningrad, en el año 1724. Murió en 1804.

Su obra puede agruparse en: teoría del conocimiento (“Crítica a la razón pura” y “Crítica del juicio”), ética (“Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, “Crítica de la razón práctica”, “Metafísica de las costumbres”, “Religión dentro de los límites de la mera razón”) y política (“La paz perpetua”, “El conflicto de las facultades”, y dos artículos “Qué es ilustración” y “Teoría y praxis”).

1. Kant y la Ilustración

La cuestión de la relación de Kant con la Ilustración se puede ver desde distintos puntos de vista. En primer lugar, la ilustración es el movimiento cultural al que Kant pertenece y por el que está influido de forma general. Pero por otro lado, Kant también es un teórico del pensamiento ilustrado que dedicó algunos escritos a tratar específicamente el tema de la Ilustración.

* Kant influido por la Ilustración

La Ilustración es un movimiento cultural que comienza en Inglaterra a finales del s.XVII, en el XVIII llega a Francia donde se consolida y desde allí pasa al resto de los países Europeos con distinta importancia.

Grandes representantes en la Ilustración fueron Voltaire, Diderot, Rousseau, Montesquieu, Jovellanos, Feijoo y Kant.

La característica fundamente de la Ilustración es la idea de que la razón humana por si misma puede garantizar el progreso de la humanidad. Por lo tanto lo que es básico para los ilustrados es la liberación de todo tipo de influencias extrarrazonables, fundamentalmente los prejuicios, las supersticiones y las formas organizadas de religión.

Para liberar a la razón de estos agentes extraños se parte de dos ideas básicas: primero que la razón ilustrada es una razón crítica e incluso autocrítica y segundo que esta razón crítica y autocrítica es una facultad mejorable, es decir, existen criterios también razonables para mejorar el funcionamiento de los seres humanos a través de la educación pero con criterios científicos razonables.

La Ilustración es la primera cultura laica de la historia de Europa.

Por otro lado, la Ilustración dentro de su proyecto de racionalizar todo lo humano tuvo un importantísimo componente político. La razón ilustrada es una razón que cree que puede determinar desde si misma cuál es la mejor forma de organizar la sociedad y cuál es la mejor forma de gobierno de esas sociedad. A partir de ahí, es una razón antiabsolutista, claramente republicana que en casos opta por el liberalismo y en otros por el pensamiento democrático.

* Kant como teórico de la Ilustración

En primer lugar como pensador ilustrado se puede decir que la Ilustración está presente en todas las obras de Kant. Sin embargo, Kant sólo le dedico algunas pequeñas obras dentro de las que destacan dos: “Qué es Ilustración” y “Qué significa orientarse en el pensamiento”. En ellas desarrolla diversas cuestiones, como la de cómo poder pensar por uno mismo.

Según Kant para poder pensar por uno mismo necesitamos alguna forma de orientación, que puede ser por reglas exteriores, idea que rechaza porque corrompería el principio de autonomía moral del individuo, y por reglas de carácter subjetivo, en concreto la regla del principio de publicidad, que se basa en los principios de sentido común y empatía y que viene a decir que para pensar por uno mismo públicamente hay que ser capaz de ponerse en el lugar de cualquier otro.

2. El criticismo kantiano como síntesis superadora del racionalismo y del empirismo

Según Kant no se aprende filosofía, sino que se aprende a filosofar. Entiende que la filosofía debe abarcar el estudio de cuatro importantes problemas:

a) ¿Qué puedo conocer? Trata de establecer los límites dentro de los que puede existir el conocimiento científico de la naturaleza. Distinguirá entre ciencia y metafísica.

b) ¿Qué debo saber? Reflexiona sobre el problema de la moralidad y el establecimiento de los principios y condiciones que posibilitan que la razón obre libremente.

c) ¿Qué me cabe esperar? Reflexiona sobre el problema de la religión, de la estética y de la historia.

d) ¿Qué es el ser humano? Trata de relacionar las tres interrogantes anteriores. El ser humano es siempre, para Kant, el marco central de reflexión.

El punto de partida es que originalmente es un pensador racionalista y como pensador racional debería aceptar dos cuestiones básicas:

1) Los contenidos básicos del conocimiento los produce la razón por si misma, sin experiencia. (Ideas innatas)

2) Estos conceptos constituyen el contenido de la metafísica.

Frente a esto está el empirismo, que niega que existan las ideas innatas y la posibilidad de la metafísica.

Kant en principio es un pensador racionalista, en su periodo pre-crítico. Pero a partir de finales de 1760 comienza a leer las obras de los empiristas y comienza un periodo de reformulación de todo su pensamiento, es decir, comienza su etapa crítica. El resultado es la “Crítica de la razón pura” y en ella Kant dice que ni uno ni otro, hace una síntesis entre racionalismo y empirismo, a lo que se suele llamar el criticismo kantiano.

La síntesis se construye a base de tomar algo de cada una de las dos posturas y dejar algo de cada una de las dos posturas. El resultado va a ser la respuesta a la pregunta de si es posible la metafísica como ciencia. Para ello deja dos cuestiones previas:

1) Si históricamente la metafísica ha funcionado como las demás ciencias. La conclusión es que no. Las demás ciencias se desarrollan a través de un proceso de saber que es acumulativo. En metafísica se siguen discutiendo las mismas cuestiones siempre. Los científicos son capaces de ponerse de acuerdo sobre qué teorías son aceptables y cuales no. En metafísica existen desde siempre multitud de teorías distintas incompatibles entre si. Kant dice que si la metafísica pretende ser una ciencia tendrá que cumplir lo que cumplen las demás.

2) La cuestión de analizar los tipos de verdades que nuestro conocimiento es capaz de alcanzar. Tradicionalmente, desde Leibniz y Hume, se distinguían dos tipos de verdades totalmente distintos: verdades de razón y verdades de hecho. Las primeras son analíticas, de carácter tautológico. Sin embargo, las segundas son verdades contingentes, cuya verdad depende de la situación del mundo.

Kant también va a distinguir entre juicios analíticos y sintéticos, que se corresponden con las verdades de razón y las verdades de hecho. Los define de la siguiente manera:

Un juicio analítico es aquel en el que el concepto que expresa el predicado está incluido en el concepto que expresa el sujeto.

Sintéticos son aquellos juicios en los que el concepto que expresa el predicado no está incluido en el concepto que expresa el sujeto.

Para explicar la validez de los juicios sintéticos o las verdades de hecho no hay ningún problema ya que dependen de la experiencia.

El problema era explicar de donde vienen las de razón o juicios analíticos, porque son independientes de la experiencia y su validez sólo puede provenir de la estructura lógica de nuestra propia razón. Además Kant añade una distinción nueva.

Los juicios analíticos son a priori y en cambio los sintéticos son a posteriori.

Kant se pregunta cuáles son los mejores, teniendo en cuenta que la ciencia tiene que tener unas características:

1) Tener determinado contenido sobre hechos. (Nos lo aportan los juicios sintéticos)

2) Tienen que ser también universales y necesarios (J. analíticos)

Para hacer posible que casen los dos Kant va a decir que en los juicios analíticos su carácter universal y necesario no viene del hecho de que sean analíticos, sino del hecho de que son a priori. Mientras que en los sintéticos la ventaja de que nos aporte determinado contenido sobre hechos si depende de que sean sintéticos. Por lo tanto, los juicios propios de la ciencia serán de un nuevo tipo: juicios sintéticos pero a priori.

A partir de aquí Kant establece que nuestro conocimiento se construye a través de la fusión en nuestra mente de dos elementos distintos: un elemento que proviene de la propia razón y que es puramente formal y otro que proviene de la experiencia y que aporta a la forma anterior su contenido.

Lo que Kant va a estudiar es cuáles son precisamente los elementos a priori que mi razón utiliza para construir juicios. A la hora de elaborar el conocimiento distingue entre dos tipos de condiciones: las empíricas, que son las condiciones objetivas que rodean a un hecho y las trascendentales, que son los elementos a priori que intervienen en la construcción de juicios y cadenas de juicios.

3. El problema de la metafísica de Kant

En la época de Kant se entendía por metafísica la ciencia del ser en tanto que ser de sus principios que de sus determinaciones y se dividía en dos grandes ramas: metafísica general (ontología) y metafísicas especiales (psicología racional, cosmología racional y teología racional).

La metafísica general (ontología) trataba del ser en tanto que ser y después habría las formas generales de existir: existencia del alma (psicología), existencia del mundo (cosmología) y existencia de Dios (teología).

Lo que va a analizar Kant es si es posible hablar científicamente sobre estas tres ideas. Demostrará que es imposible. Por lo tanto, todo el proyecto cartesiano se cae. Desde aquí, con Kant, comienza nuestro mundo actual.

Para Kant, históricamente se han dado una serie de argumentos para demostrar la existencia de la idea alma, mundo y Dios. Él entiende por cada uno de estos lo siguiente:

- El alma es la unificación de todos los fenómenos psicológicos.

- Mundo es la unificación de todos los fenómenos físicos y psíquicos.

- Dios es la unificación total de los fenómenos físicos y psíquicos.

Los seres humanos a lo largo de la historia del pensamiento han ido produciendo estas ideas.

Lo primero que va a averiguar Kant es si la producción de esas ideas es conocimiento lícito o no. Concluye con que no es un conocimiento lícito, sino que son fruto de lo que él llama la ilusión trascendental, que se produce por lo siguiente: cuando nosotros razonamos lo que hacemos es subsumir unos juicios en otros. Cuando razonamos tendemos a pensar que hay determinados conceptos generales que lo abarcarían todo. Serían conocimientos incondicionados.

Nuestros razonamientos siguen tres esquemas básicos: razonamiento categórico, hipotético y disyuntivo.

- Cuando razonamos utilizando el modelo categórico acabamos produciendo la idea de alma.

- Cuando razonamos utilizando el modelo hipotético acabamos produciendo la idea de mundo.

- Cuando razonamos utilizando el modelo disyuntivo acabamos produciendo la idea de Dios.

Las ideas metafísicas según Kant las produce la razón por si misma en un proceso que no puede evitar. El único conocimiento lítico para Kant es el que proviene de aplicar categorías a fenómenos y las ideas metafísicas no se han producido así, por tanto son conocimientos ilícitos. Pero la razón no solo crea estas ideas metafísicas sino que además se engaña a si misma intentando darles a estas ideas metafísicas un contenido objetivo.

La justificación del contenido objetivo de estas ideas viene dado por lo siguiente:

- Paralogismo: son razonamientos en los que hay un error. Si el error es un error es un error lógico es un paralogismo lógico, pero si el error está en la naturaleza de la razón Kant lo llama paralogismo trascendental.

- Antinomias: son razonamientos en los que se sostienen dos tesis opuestas y las dos parecen ser ciertas.

- Argumentos: Kant va a dar un repaso a todas las pruebas que ha habido sobre la existencia de Dios y las reduce a tres: argumento ontológico (San Anselmo, confunde el orden de las ideas con el orden de la realidad), argumento cosmológico (Tomás de Aquino, porque e la experiencia de un ser contingente no se puede concluir la existencia de un ser necesario), y argumento teológico (Tomás de Aquino, porque lo más que se puede probar es la existencia de un ser ordenador del mundo, pero no de un creador).

4. La estética trascendental: las intuiciones puras y la física.

A la hora de analizar los elementos a priori de la construcción de un juicio, Kant comienza por dividir el proceso de conocimiento en las facultades que intervienen en él, que son básicamente tres:

- sensibilidad: capacidad de recibir impresiones sensibles e informaciones físicas y transformarlas en sensaciones.

- entendimiento: transforma las sensaciones en ideas.

- razón: capacidad que se encarga de formar cadenas de ideas.

Lo que Kant va a estudiar en la estética trascendental es cuáles son las condiciones trascendentales o, lo que es lo mismo, los elementos a priori, que operan en la sensibilidad y como hay una ciencia (las matemáticas) en la cual son posibles los juicios sintéticos a priori porque su funcionamiento se basa en los elementos a priori de la sensibilidad.

Para Kant recibimos constantemente multitud de sensaciones de forma organizada y ese cierto orden son el espacio y el tiempo, que además de externos son condiciones trascendentales o elementos a priori de la sensibilidad.

Las matemáticas son una ciencia puramente formal constituida por dos disciplinas básicas (geometría y aritmética). La geometría es el análisis cuantitativo del espacio. En la aritmética las operaciones elementales son suma, resta, multiplicación, división y potencias y se opera con números naturales, que son una sucesión temporal, además de ser los que siempre existieron.

La conclusión es que lo a priori de los juicios sintéticos a priori proviene de que las matemáticas se basan de análisis cuantitativo de las condiciones trascendentales o elementos de la sensibilidad. Por lo tanto, las matemáticas son conocimiento legal y bien construido. Son ciencia.

5. La analítica trascendental: las categorías y la física.

Kant estudia como transformamos los datos de la sensibilidad en conceptos, cuáles son las condiciones a priori que funcionan para hacer esta transformación y, por último, como son posibles los juicios sintéticos a priori en física.

Según la teoría de Kant tenemos tres capacidades fundamentales: la sensibilidad, el entendimiento y la razón.

Nosotros pensamos a través de conceptos. Para entender necesitamos transformar las imágenes en conceptos. A Kant le interesa estudiar esta trasformación.

Lo que dice Kant es que nuestro entendimiento establece conceptos formulando juicios. Un juicio es una proposición con sentido completo que consta de sujeto y predicado y que puede ser verdadero o falso.

Lo que va a hacer Kant es averiguar los tipos de juicios para conocer lo que hay a priori. Según la lógica clásica hay cuatro tipos de juicios básicos y en cada uno de estos grupos hay tres posibilidades.

- Juicios según la cantidad: que pueden ser universales (todo A es B), particulares (algún A es B) y singulares (un A es B).

- Juicios según la cualidad: afirmativos (A es B), negativos (A no es B) o infinitos (A es no B).

- Juicios según la relación: categóricos (A es B), hipotéticos (si A, entontes B) o disyuntivos (o A o B).

- Juicios según el modo: la modalidad nos da su grado de necesidad. Pueden ser problemáticos (puede que sí, puede que no), asertóricos (muy probablemente si/no) o apodícticos (necesariamente sí/no).

Según Kant, el entendimiento sin tener ningún tipo de información tiene doce juicios posibles. Estas categorías no son más que conceptos puramente formales que carecen de contenido empírico.

Kant una vez que tiene una lista de las categorías mirando las formas de los juicios lo que tiene que hacer es demostrar la validez de esas categorías en un proceso que se llama la deducción trascendental de las teorías. Las pruebas de la validez se llaman axiomas de la intuición y las anticipaciones de la perfección, las analogías de la experiencia y postulados del pensamiento empírico.

Las dos primeras pruebas demuestran la validez de las categorías matemáticas y las dos últimas de lo que Kant llama las categorías dinámicas, que son las categorías de la física.

Una vez que demuestra la validez de todas estas teorías puede pasar Kant a explicar como son posibles los juicios sintéticos a priori en física, que lo son porque la física se basa en la aplicación de las categorías a la experiencia, sobre todo de determinadas teorías como la de causa, sustancia, acción recíproca...

La conclusión es que la física es una ciencia y sus principios son juicios sintéticos a priori.

6. La ética formal kantiana y los postulados de la razón práctica: libertad, inmortalidad del alma, existencia de Dios.

En “La crítica de la razón pura” Kant investiga cuáles son las condiciones a priori de nuestro conocimiento acerca del mundo. Sin embargo, para él esa no es nuestra única manera de conocer sino que tenemos otra forma de conocimiento, que es el conocimiento moral, o como lo llama Kant el uso práctico de la razón. Éste funciona bajo reglas distintas que el uso teórico. Kant va a intentar averiguar también cuáles son las reglas del funcionamiento de la razón en su uso práctico, es decir cuáles son las condiciones a priori de la moral y en este sentido Kant rechaza que sea el contenido material el que determina la moralidad de las acciones. El principio que determina esta modalidad tiene que ser a priori, no empírico material.

Kant desarrolla una crítica de las éticas materiales, que son aquellas en las que la bondad o a maldad de la conducta depende de algo que se considera un bien supremo para o ser humano.

Desde el punto de vista kantiano de lo que se trata es de hallar cuáles son los principios objetivos que regulan los juicios morales. Estos principios objetivos que va a buscar aparecen prefigurados en una concepción del bien a la que llama el ideal moral, que se trata de un mundo humano fraternal que sea un reino de los fines basado en la dignidad. Un reino de los fines es un mundo moral donde las personas son tratadas siempre como fines y nunca como medios porque lo que nos caracteriza, lo que nos hace merecedores de este respecto, es nuestra dignidad, el hecho de ser voluntades racionales.

Los principios objetivos que se buscan son aquellos que imponen a la voluntad un mandato imperativo o inmoral que la misma voluntad si es buena acepta por deber.

Para Kant lo único absolutamente bueno que hay en el mundo es una voluntad buena, aquella que actúa únicamente por deber, y define el deber como la necesidad de una acción por respecto a la ley moral.

Según el deber hay tres tipos de acciones posibles: acciones contrarias al deber, conformes al deber o por deber. Moralmente sólo son válidas las acciones que se realizan por deber.

Con respecto a las normas morales podemos distinguir tres tipos básicos de normas morales:

- Máximas: normas de carácter subjetivo que usamos para decidir es unos casos concretos.

- Imperativos hipotéticos: mandatos propios de las éticas materiales. Tienen una estructura condicional.

- Imperativo categórico o ley moral: se diferencian de los anteriores porque no establecen una relación medios-fines, sino que expresan sólo la necesidad formal de una acción.

Evidentemente el imperativo categórico es puramente formal, a priori, no nos dice que debemos hacer, sólo nos da la forma de una acción cualquiera para ser puramente válida. No es más que una fórmula que establece un criterio de moralidad al que nosotros debemos adaptar nuestras máximas a través de juicios sintético-prácticos a priori.

Kant da hasta cinco formulaciones de este imperativo categórico. Tres de ellas son:

- Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de una legislación universal.

- Considera a la humanidad siempre como un fin, nunca como un medio.

- Obra de modo que tu voluntad pueda considerada como universalmente legisladora respecto a si misma.

Toda esta concepción moral se basa en una serie de presupuestos absolutamente indemostrables a los que Kant llama postulados de la razón práctica. Estos postulados son tres:

1- La libertad de la voluntad: Para Kant la voluntad no es lo mismo que la razón, es una volunta distinta que es imperfecta excepto en Dios y los sentidos.

2- La inmortalidad del alma: La moral solo tiene sentido si tiene como fin último lo que Kant llama el supremo bien que viene a ser lo mismo que la felicidad. Ahora bien, para Kant el actuar según la ley moral no nos garantiza la felicidad, muchas veces incluso nos lleva a la infelicidad, pero aunque la corrección moral no nos garantice la felicidad, por lo menos nos hace merecedores de ella, siempre y cuando se den otros dos elementos más. Tiene sentido siempre que mi alma sea inmoral y Dios exista, porque esa es la única forma de que yo alcance la felicidad a través de la acción moral.

3- La existencia de Dios.