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Desarrollo del capitalismo alemán


Historia de Alemania. Capitalismo alemán. Feudalismo. Revolución industrial. Unificación alemana. Tercer Reich. II Guerra Mundial



Historia
 
Desarrollo del capitalismo alemán

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DESARROLLO DEL CAPITALISMO ALEMÁN

1. Introducción.

2. Antecedentes teóricos del desarrollo capitalista alemán.

2.1. Feudalismo.

2.2. Cameralismo.

2.3. Escuela Histórica Alemana.

2.4. Influencia marxista.

2.5. Nacionalismo.

2.6. Revolución Industrial.

3. Desarrollo del capitalismo alemán.

3.1. El imperio alemán.

3.2. La acumulación originaria de Capital alemana.

3.3. Antecedentes y desarrollo del Cameralismo.

3.4. La época del Absolutismo.

3.5. Prusia.

3.5.1. Otto von Bismarck.

3.6. La revolución industrial alemana.

3.6.1. Las etapas de la industrialización.

3.7. La primera guerra mundial.

3.8. Periodo entre guerras.

3.9. Hitler y el Tercer Reich.

3.10. La segunda guerra mundial.

3.11. Alemania después de la guerra.

4. Alemania en la actualidad.

5. Conclusiones.

5.1. Análisis de la época de los Reich.

5.2. ¿Por qué la raíz del capitalismo alemán es la militarización?

5. Bibliografía.

DESARROLLO DEL CAPITALISMO ALEMÁN

1. Introducción.

El presente trabajo tiene como fin presentar el desarrollo del capitalismo en Alemania, para fundamentar la premisa marxista, proveniente del capítulo XXIV del Capital: “La Acumulación Originaria es el proceso histórico de disociación entre productor y medios de producción. Aparece como originaria porque configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente al mismo”. Tomamos como base esta aseveración, pero siempre sujetándonos a la particularidad de la ciencia económica, es decir, no en todos los países se da de igual manera la acumulación originaria de Capital. Tal es el caso de Alemania, que basó su crecimiento de capital en las conquistas territoriales. Nos basaremos en los antecedentes teóricos, pensamiento económico y el desarrollo histórico para poder así establecer el desarrollo del Capitalismo alemán.

2. Antecedentes teóricos del desarrollo capitalista alemán.

2.1. Feudalismo.

El feudalismo tiene efecto históricamente en la Edad Media, que abarca aproximadamente desde la caída del imperio Romano de Occidente del siglo V de nuestra era hasta el siglo XV en que ocurre la caída del imperio romano de Occidente.

El feudalismo es un modo de producción que tiene lugar sobre todo en Europa, antes de la formación de los Estados nacionales, como se conocen en la actualidad. Es decir, la época de los reinos medievales europeos, como el de los francos y los germanos.

Las principales características del Feudalismo son:

  • La base de la economía era el feudo, considerado como unidad económica cerrada en la cual se producía todo lo necesario para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

  • Se trataba de una agricultura natural y básicamente rural, cuya actividad principal era la agricultura, en la que se siguieron desarrollando diversas técnicas, cultivos y métodos de labranza. Especialmente relacionados con la producción de vinos, aceites y frutas.

  • Se da la propiedad privada sobre los medios de producción, base de la explotación de una clase por otra.

  • Hay dos clases sociales fundamentales y antagónicas: los señores feudales, dueños del principal medio de producción: la tierra; y los siervos, que eran dueños de algunos instrumentos de producción y que mantenían una relación de sujeción personal del señor feudal (servidumbre), al mismo tiempo que eran explotados, entregando su excedente en diversas formas.

  • La forma de explotación de los señores feudales sobre todo los siervos aquirió la forma de renta de la tierra en tres modalidades: Renta en especie, trabajo y dinero (cuando se comienza a desarrollar la economía monetaria).

  • La producción de los artesanos especializados se realizó fuera de los feudos, en los burgos, que son el antecedente de las ciudades. En estos burgos existían talleres artesanales, que era la forma de organización de la producción de este tipo.

2.2. Cameralismo.

Aspectos generales del cameralismo.

Nace en el siglo XVI y se desarrolla hasta la primera mitad del siglo XVIII, unido a las monarquías absolutistas de Alemania y Austria.

  • Se suelen distinguir en el fenómeno cameralista dos facetas:

  • como movimiento unitario, desenvuelto en el campo de la práctica administrativa y financiera.

  • como una ideología, de apoyo al robustecimiento económico del naciente estado moderno.

    • Basado en un ejercito poderoso con crecientes necesidades financieras.

    • Su objetivo principal era fortalecer al Estado y ayudar a las finanzas públicas del príncipe.

    • Las ideas cameralistas se caracterizan por los siguientes rasgos fundamentales:

  • Utilización optima de los recursos de la economía nacional.

  • De la conexión entre la economía privada y publica, considerando al Estado como el eje sobre el que podría montarse el desarrollo y fortalecimiento de la economía nacional.

  • Consideración especial al presupuesto del Estado que pesa notablemente en la sistematización de la ciencia financiera alemana.

  • Desarrollo del Cameralismo.

    • Es un movimiento exclusivo de los países alemanes bajo el sacro Imperio Romano- Germánico, en un régimen de militarismo y centralización, floreció la eficiencia administrativa, la sistematización de las funciones, la reglamentación del procedimiento para seleccionar a los funcionarios y la profesionalización del servicio publico.

    • El cameralismo fue la rutina de las oficinas en las cuales los empleados administrativos del gobierno, sobre todo de los departamentos fiscales, realizaban su trabajo.

    • La contribución y preocupación del cameralismo es elaborar una tecnología del poder que hago coincidir en el discurso dos finalidades -antagónicas en la realidad-, las de fortalecer al estado y procurar la felicidad de los súbditos, es decir, implica una tecnología del ejercicio del poder y además una tecnología administrativa.

    • Para Johann Heinrich Gottlob Von Justi, define a las ciencias cameralisticas como arte de gobierno, la economía, la ciencia de la policía, la ciencia comercial y la dirección, que incrementan los bienes del estado y aceleran los procesos de desarrollo.

    • La enseñanza del cameralismo permite todavía durante la primera mitad del siglo XIX, a pesar del que el cameralismo desaparece a finales del siglo XVIII, cuando el estado absolutista fue eliminado.

  • Escuela Histórica Alemana.

  • Corriente del pensamiento económico surgida poco antes de que la era Bismarck estuviese en su apogeo. El principal referente de la escuela histórica fue Schmoller y Schumpeter. Los históricos alemanes proponían el método por inducción; una de las partes de la escuela alemana representaba una crítica al capitalismo. No se plantearon en serio la supervivencia del sistema capitalista y dudaban del carácter universal de las leyes obtenidas por el razonamiento deductivo.

    Las principales características de la escuela histórica alemana pueden resumirse del modo siguiente:

  • afirmaron que la economía, por su misma naturaleza era incapaz de formular hipótesis generales y abstractas.

  • el procedimiento correcto para el estudio de los problemas económicos era la investigación histórica, además, conduciría con el tiempo a la formulación de leyes generales a través de un proceso de inducción, que

  • esas leyes generales inductivas serían, sin embargo, específicas para ciertas etapas históricas, precisamente a causa de que los datos en que se basaban serían diferentes de una etapa y otra; y

  • en todo lo anterior está implícito el que pueda haber diferencias en las conclusiones sobre política según los distintos marcos socioculturales en los que se estudie el tema, es decir, que la adopción de políticas económicas apropiadas era función, en gran medida, de la etapa específica del desarrollo económico.

  • Otros teóricos de la escuela histórica alemana son:

    Hildebrand, Bruno. Economista alemán (1812-78). Fue uno de los fundadores de la escuela económica histórico-ética. Desechó la idea de la escuela clásica de reconocer leyes naturales en el desarrollo social y concibió la economía como ciencia de cultura, Kulturwissenschajt, basada en la observación histórica y en el registro estadístico, cuyo propósito es llevar aquel desarrollo por los cauces éticos y culturales y señalar los medios de elevar el nivel social a estadios siempre superiores.

    Knies, Karl Gustav Adolf. Es uno de los exponentes de la escuela histórico-ética. Sostenía que la economía no pertenecía a las ciencias naturales ni a las mentales, sino al grupo de disciplinas históricas que tienen por objetivo el estudio del hombre dentro de la sociedad, siempre en términos de crecimiento histórico.

    Wilhelm G.F. Roscher (1817-1894). Fundador de la Escuela Histórica Alemana, propone la teoría de las etapas en la evolución histórica de la organización económica de las sociedades. Consideraba al método histórico una ciencia positiva.

  • Influencia marxista.

  • Desde poco después de la aparición del Manifiesto, Marx ha tenido una enorme influencia en los movimientos sociales que se rebelaban, sobre todo, en contra del aumento de las prácticas capitalistas que los explotaban cada vez más. Un claro ejemplo son las revoluciones acontecidas en 1848. Estas revoluciones, de carácter liberal democrático y nacionalista, fueron iniciadas por miembros de la burguesía, que reclamaban gobiernos constitucionales y representativos, y por trabajadores y campesinos, que se rebelaban contra la ampliación de las industrias capitalistas que les estaban sumiendo en la pobreza. Estas peticiones se unieron a consideraciones nacionalistas en aquellos pueblos sometidos a un gobierno extranjero que consideraban necesario crear un Estado propio, sobre bases liberales, para garantizar su carácter nacional. Tal fue el caso de alemanes, italianos, checos, húngaros y rumanos. Pese a que los logros alcanzados gracias a las revoluciones de 1848 no perduraron, este movimiento ejerció una influencia a largo plazo en los gobiernos europeos al minar el concepto absolutista de la monarquía y promover una corriente en favor del liberalismo y el socialismo.

  • Nacionalismo.

  • El nacionalismo es una doctrina o filosofía política que propugna como valores fundamentales el bienestar, la preservación de los rasgos identitarios, la independencia en todos los órdenes y la gloria y lealtad a la nación propia.

    Existen diversas formas de nacionalismo, entre ellas encontramos: El nacionalismo étnico (o cultural) define la nación en términos de etnicidad, lo cual siempre incluye algunos elementos descendentes de las generaciones previas. También incluye ideas de una conexión cultural entre los miembros de la nación y sus antepasados, y frecuentemente un lenguaje común.

    El fascismo es generalmente clasificado como nacionalismo étnico, habiendo sido el caso más extremo de esto el nacional socialismo de la Alemania Nazi. Las teorías ilustradas del gobierno representativo, combinadas con la insistencia romántica en la libertad y la identidad nacional, inspiraron a los alemanes en un deseo por la unificación nacional y la reforma liberal. Las conquistas de Napoleón Bonaparte, posteriormente, elevaron su sentido de la identidad nacional.

  • Revolución Industrial.

  • Revolución Industrial, proceso de evolución que conduce a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bienes a gran escala. Este proceso se produce en distintas épocas dependiendo de cada país. Para los historiadores, el término Revolución Industrial es utilizado exclusivamente para comentar los cambios producidos en Inglaterra desde finales del siglo XVIII; para referirse a su expansión hacia otros países se refieren a la industrialización o desarrollo industrial de los mismos.

    3. Desarrollo del capitalismo alemán.

    3.1. El imperio alemán.

    'Desarrollo del capitalismo alemán'

    Territorios dominados por Alemania en diferentes Épocas, en Azul oscuro el Territorio de la Alemania Continental bajo el Segundo Reich, en Azul claro las colonias alemanas, y en Amarillo el Territorio bajo gobierno de los Welser

    El término imperio alemán (en alemán Deutsches Kaiserreich) o Segundo Reich se utiliza para referirse a Alemania en la época de su consolidación, comprendida entre la unificación del 18 de enero de 1871, hasta la abdicación del Kaiser (emperador) Guillermo II el día 9 de noviembre de 1918. Los alemanes, para referirse al imperio durante el gobierno del Kaiser, suelen emplear el término Kaiserreich, que también ha sido usado por historiadores no alemanes.

    Sacro Imperio Romano Germánico

    Bandera del imperio

    Sacro Imperio Romano Germánico, fue una entidad política de Europa occidental, cuya duración se prolongó desde el 800 hasta 1806. Fue conocido en sus inicios como Imperio Occidental. En el siglo XI se denominó Imperio romano y en el XII, Sacro Imperio. La denominación de Sacro Imperio Romano Germánico fue adoptada en el siglo XIII. Aunque sus fronteras se ampliaron de forma notable a lo largo de su historia, los estados germanos fueron siempre su núcleo principal. Desde el siglo X, sus gobernantes eran elegidos reyes de Germania y, por lo general, intentaban que los papas les coronaran en Roma como emperadores, aunque no siempre lo conseguían. Nunca fue un estado nación. A pesar del carácter germánico de la mayor parte de sus gobernantes y habitantes, desde sus inicios el Sacro Imperio estuvo constituido por diversos pueblos. En su apogeo, el imperio englobaba la mayor parte de las actuales Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo, República Checa, Eslovenia, así como el este de Francia, norte de Italia y oeste de Polonia.

    El concepto de Reich no sólo implicaba el gobierno de un territorio específico, sino que tenía fuertes connotaciones religiosas (de ahí el prefijo sacro). Hasta 1508, los reyes alemanes no eran considerados como emperadores del Reich hasta que el Papa, vicario de Cristo en la tierra, los hubiese coronado formalmente como tales.

    3.2. La acumulación originaria de Capital alemana.

    El feudalismo en Alemania.

    En el siglo XIII al XVI los comerciantes alemanes penetraron audazmente en los países nórdicos y en España e Italia. El primer momento histórico de éste proceso se da muy temprano, en 1492, con la conquista de América, quienes lograron transformar los metales que saqueó España de América fueron principalmente Alemania, Inglaterra y Holanda, lo que fue realmente significativo en este proceso fueron dos elementos: el saqueo, robo legalizado de las mercancías a través de los piratas, cosa que permitió luego destruir la supremacía marítima española.

    Surgió en Europa una sociedad formada por muchas y pequeñas unidades autónomas: los señores feudales que disponían de independencia financiera, jurídica y militar y que mostraban poca disposición por la administración y la burocracia centralizadas.

    A pesar de su débil gobierno central, se dio una prosperidad para Alemania; se dio un fuerte incremento en la población y el comercio tuvo también un crecimiento importante, especialmente a escala internacional. Dada su privilegiada ubicación en Europa central, Alemania era una ruta natural para el intercambio de bienes entre el Mediterráneo y Europa septentrional.

    Los ríos y pasos alpinos de Alemania eran elementos que facilitaban ese comercio. Los pueblos y ciudades comenzaron a crecer rápidamente, gracias a la urbanización y las florecientes industrias. Esto a su vez derivó en el surgimiento de una nueva clase, formada por los comerciantes y terratenientes; los pueblos comenzaron a agruparse para protegerse de los ataques de otros poderes, tanto locales como del poder imperial.

    Una de las federaciones de comercio más importares, la Liga Hanseática, fue formada por varias ciudades de Alemania septentrional dedicadas al comercio fluvial, marítimo (por el mar Báltico) y terrestre. Otro fenómeno de la época es la expansión hacia el este: muchos alemanes formaron parte de un largo y pacífico proceso inmigratorio que los llevó tan lejos como Rusia. Otra característica es que en Alemania se da la apertura mental e intelectual lograda a través de los contactos con humanistas e intelectuales de otras partes de Europa, apertura visible también en la creación de muchas universidades.

    A principios del siglo XVI Alemania tenía una población en constante crecimiento, lo que provocaba que aumentara considerablemente el precio de la tierra. Cuando los terratenientes intentaron poner nuevamente en funcionamiento el trabajo de tipo feudal, se inició un proceso de descontento entre el campesinado que los llevó a rebelarse, movimiento que recibió el nombre de las Guerras Campesinas.

    La crisis del siglo XVII es la que hay que contemplar como un momento clave en la evolución del feudalismo al capitalismo. Si esta tuvo como consecuencia un reforzamiento de la pequeña producción local. Tal proceso se verificó en el ámbito agrario en la forma de concentración de tierras en manos de terratenientes, y en el ámbito industrial al consolidarse la manufactura dispersa (putting - out system) a expensas de la artesanía gremial. Ambos fenómenos contribuyeron a acelerar el proceso de acumulación capitalista previo a la revolución industrial.

    Al mismo tiempo que se iniciaba el siglo XVII, las tensiones religiosas entre católicos y protestantes continuaban aumentando. Los príncipes protestantes forman la Unión Protestante en 1608 y los católicos la Liga Católica un año después; estos últimos eran liderados por Maximiliano I, Duque de Bavaria. En esta etapa Europa era un calero de diversos estados luchando por más poder. España era especialmente poderosa, gracias a las nuevas riquezas traídas desde las colonias americanas.

    Mientras en el frente interior los estados alemanes seguían con sus desacuerdos y conflictos, Francia (católica), Inglaterra (protestante) y Holanda se oponían a una dinastía Habsburgo fuerte, y tanto Suecia como Dinamarca le disputaban el control del mar Báltico. No pasó mucho tiempo antes de que todos estos estados convirtieran Alemania en el escenario de una de las guerras europeas más largas, la Guerra de los Treinta Años, que se extendió de 1618 a 1648.

    La guerra de los Treinta Años

    El problema empezó en la Bohemia protestante que rechazó aceptar al católico Fernando como rey y futuro emperador. En 1618, los checos formaron su propio gobierno, apoyado por la Unión Evangélica. Tras la muerte de Matías en 1619, eligieron rey de Bohemia al elector protestante Federico V. Sin embargo, Fernando aplastó a las tropas de Bohemia en la batalla de la Montaña Blanca (1620); Federico tuvo que exiliarse y el catolicismo se restauró por la fuerza. Los nobles bohemios fueron asesinados, privados de sus posesiones o multados.

    Los príncipes protestantes se opusieron a la presencia de las tropas españolas en Alemania. Apoyaron a Cristián IV de Dinamarca, quien, financiado por los holandeses e ingleses, invadió Alemania en 1625. Así comenzó la segunda fase de la guerra de los Treinta Años, que finalizó con la derrota de Cristián IV. El victorioso Fernando promulgó el Edicto de Restitución (1629), que ordenó la devolución de todas las propiedades de la Iglesia católica en poder de los protestantes desde 1552.

    La tercera fase de la guerra empezó cuando Gustavo Adolfo II de Suecia, quien pretendía ampliar el control sueco del mar Báltico, invadió Pomerania como adalid de los príncipes protestantes. El ejército sueco obtuvo una victoria rotunda en Breitenfeld (1631) y tomó Maguncia y Praga; pero su avance se detuvo, la guerra se alargó durante años y los dos ejércitos enfrentados devastaron el país. En 1635, se declaró una tregua y el Edicto de Restitución fue revocado. Sin embargo, los suecos ansiaban terrenos, mientras que los franceses, dirigidos por el cardenal Richelieu, estaban determinados a someter a los Habsburgo. Por consiguiente, en la cuarta fase de la guerra, Francia pagó subsidios al ejército sueco para mantenerlo en combate, y las tropas francesas cruzaron el Rin. Tras otros 13 años de contienda, el emperador Fernando III de Habsburgo y los príncipes se prepararon para la paz.

    La Paz de Westfalia fue el tratado que puso fin a esta terrible y cruenta guerra; en ella se reconocía la soberanía e independencia de cada estado del Sacro Imperio Romano, por lo que el Primer Imperio (Reich) fue despojado de cualquier tipo de poder. El tratado sirvió para confirmar las divisiones políticas y religiosas del país, con la cuenta ascendiendo a 350 estados. La religión de cada uno de estos estados debía ser determinado por cada príncipe regente.

    La Guerra de los Treinta Años devastó Alemania tanto social como económicamente. De acuerdo a las teorías de algunos historiadores entre un cuarto y un tercio de la población del país murió como consecuencia directa de la guerra, y muchos fueron víctimas de la escasez de alimentos, la desnutrición y las plagas. Así, lo que solía ser el centro comercial de Europa gradualmente se fue desvaneciendo y mudándose hacia el oeste, hacia el Atlántico. La economía alemana comenzó un lento proceso de deterioro y estancamiento del que recién saldría mucho después, hacia fines del siglo XIX.

    Los casi soberanos estados territoriales, siguiendo el modelo francés, adoptaron como forma de gobierno el Absolutismo. Se otorgó poder ilimitado a los monarcas pero, al mismo tiempo, se establecieron las condiciones para poder crear una administración pública bien organizada, introducir un sistema económico-financiero ordenado y formar ejércitos permanentes. Muchos príncipes aspiraron a que sus sedes de gobierno se convirtieran en centros de la vida cultural. Algunos de ellos, representantes del 'Despotismo ilustrado' promovieron las ciencias y el pensamiento. La política económica, el mercantilismo, reforzó también el poder económico de los estados sujetos al régimen absolutista. Así, territorios como Baviera, Brandeburgo (que más tarde sería Prusia), Sajonia y Hannover se transformaron en centros autónomos de poder. Austria, que había rechazado el ataque de los turcos, conquistando Hungría y parte de los países balcánicos que habían estado bajo la dominación turca, se convirtió en gran potencia. En el siglo XVIII, le surgiría como rival Prusia, que bajo Federico el Grande (1740-1786) se convirtió en una potencia militar de primer orden. Partes del territorio de estos dos estados no integraban el imperio y ambos pretendían llevar a cabo una política europea de gran potencia.

    3.3. Antecedentes del Cameralismo.

    A pesar de que no hubiera pasado mucho desde la finalización de la Guerra de los Treinta Años, el conflicto volvió a emerger prontamente. Si bien los príncipes menores recibieron con beneplácito la protección del Imperio, los grandes príncipes deseaban una mayor independencia para crecer y desarrollarse por sí mismos. Esto derivó en el resurgimiento de las peleas dinásticas entre los príncipes y el Emperador.

    Según pasaban los años se desarrollaban nuevas alianzas y hostilidades, llegando incluso a choques físicos como la Guerra de los 7 Años, de 1756 a 1763, o el momento en que Bavaria, Sajonia y Francia entran en guerra con Austria y Bohemia, a los que auxilian los Países Bajos, Rusia y Gran Bretaña, dando forma a la Guerra de Sucesión Austríaca, que se extendió de 1780 a 1784; Prusia emergió como una importante potencia militar de esta guerra.

    El golpe que derrumbó el edificio del Imperio vino del Oeste. En 1789 estalló la revolución en Francia. Bajo la presión de la burguesía, se eliminó el orden social feudal que existía desde comienzos de la Edad Media; la división de los poderes y los derechos humanos debían asegurar la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. El intento de Prusia y Austria en el sentido de intervenir con la fuerza de las armas en los asuntos internos del país vecino fracasó lastimosamente y provocó el contraataque de los ejércitos revolucionarios. Bajo el asalto del ejército de Napoleón, que en Francia había recogido la herencia de la Revolución, se derrumbó definitivamente el imperio. Francia ocupó la margen izquierda del Reich. Para compensar a los señores de estos territorios las pérdidas sufridas, se llevó a cabo una enorme 'concentración territorial' a expensas de los principados de menor tamaño y sobre todo de los eclesiásticos: en virtud de la 'Resolución de la Dieta Imperial' de 1803, unos cuatro millones de súbditos cambiaron de señor. Los estados centrales fueron los ganadores. La mayoría de ellos se unieron, bajo protectorado francés, en 1806, en la 'Federación del Rin'. En el mismo año, abdicó la corona el emperador Francisco II; el Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana había concluido.

    La Revolución Francesa no se extendió a Alemania. Por cierto que en este país ya en los años anteriores algunas personalidades habían tratado reiteradamente de superar las barreras entre la nobleza y la burguesía y algunos intelectuales importantes saludaron los cambios producidos en el oeste; pero la chispa difícilmente podía encenderse en Alemania porque, a diferencia de lo que sucedía en Francia con su organización centralizada, la estructura federal del imperio dificultaba la difusión de las nuevas ideas. A esto se agregó el hecho de que precisamente el país del que procedía la revolución, es decir, Francia, se le presentaba a los alemanes como enemigo y como potencia de ocupación. De la lucha contra Napoleón surgió más bien un nuevo movimiento nacional que finalmente culminó en las guerras de liberación. Pero Alemania no dejó de ser afectada por las fuerzas del cambio social. Primeramente en los Estados de la Federación Renana y luego en Prusia (vinculadas aquí con los nombres de Stein, Hardenberg, Scharnhorst, Guillermo de Humboldt y otros), se introdujeron reformas que terminaron por eliminar las barreras feudales y aspiraban a crear una sociedad burguesa de ciudadanos libres y responsables de su destino: supresión de la servidumbre, libertad de agremiación, autonomía municipal, igualdad ante la ley, servicio militar obligatorio. Sin embargo, algunas reformas quedaron a medio camino. La participación en las tareas legislativas permaneció, por lo general, vedada a los ciudadanos; sólo a regañadientes algunos príncipes sobre todo en el sur de Alemania otorgaron constituciones a sus estados.

  • La época del Absolutismo.

  • Los casi soberanos estados territoriales, siguiendo el modelo francés, adoptaron como forma de gobierno el Absolutismo. Se otorgó poder ilimitado a los monarcas pero, al mismo tiempo, se establecieron las condiciones para poder crear una administración pública bien organizada, introducir un sistema económico-financiero ordenado y formar ejércitos permanentes. Muchos príncipes aspiraron a que sus sedes de gobierno se convirtieran en centros de la vida cultural. Algunos de ellos, representantes del 'Despotismo ilustrado' promovieron las ciencias y el pensamiento. La política económica, el mercantilismo, reforzó también el poder económico de los estados sujetos al régimen absolutista. Así, territorios como Baviera, Brandeburgo (que más tarde sería Prusia), Sajonia y Hannover se transformaron en centros autónomos de poder. Austria, que había rechazado el ataque de los turcos, conquistando Hungría y parte de los países balcánicos que habían estado bajo la dominación turca, se convirtió en gran potencia.

    La implosión del imperio

    Tras la muerte de Carlos VI (1711-1740) el sacro - imperio romano germánico se vio sacudido por una serie de crisis que pusieron en evidencia su decadencia final. El surgimiento de Prusia bajo el reinado de Federico II el Grande y las sucesivas guerras: Sucesión Austriaca y de los Siete Años, serían las más importantes.

    Finalmente, el 6 de agosto de 1806 el Imperio desaparecía formalmente cuando su último emperador Francisco II (desde 1804, emperador Francisco I de Austria) renunciaba, tras la derrota militar a manos del ejército francés de Napoleón. Los sucesores de Francisco II continuaron titulándose emperadores de Austria hasta 1918.

    Segundo Reich alemán

    El segundo reich fue fundado el 18 de enero de 1871 tras la victoria de Prusia en la Guerra franco-prusiana y supuso la unificación de los diferentes estados alemanes en torno a Prusia, excluyendo a Austria. Prusia se convirtió en Alemania, bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, quien fuera el verdadero artífice de la unificación, el más prominente hombre de estado del siglo XIX. Se inicia un período de gran desarrollo de la nación alemana en todos los campos: económico, geográfico, político y militar.

    3.5. Prusia

    Bandera

    Escudo

    Prusia (en alemán Preußen, en polaco Prusy) fue el nombre del territorio en las costas del mar Báltico, que acabaría dando nombre a un gran estado de Europa, precursor de Alemania; aunque no existe en la actualidad, ocupa un lugar destacado en la historia europea, especialmente en el periodo comprendido entre el siglo XVIII y la Primera Guerra Mundial.

    Reino de Prusia

    Brandemburgo-Prusia fue formado en 1618 con la unión del Electorado de Brandeburgo y el Ducado de Prusia bajo la dinastía Hohenzollern-Vivallos. Este estado se estableció como reino de Prusia en 1701

    Sin embargo, no fue hasta la Guerra de Sucesión Española y su fin mediante el tratado de Utrecht que Prusia fue confirmada como un reino. Federico Guillermo I, primer rey de Prusia (1713-1740), transformó a su reino en una potencia militar. Instauró una corte austera y eficaz, centralizando la administración financiera. Su hijo y sucesor, Federico II el Grande, se alió con Francia (1740), aprovechando las dificultades de María Teresa I para afirmarse en el Trono austriaco y se anexionó Silesia a costa de la Casa de Austria, lo que desató la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-48), al final de la cual obligó a María Teresa a reconocer la anexión de Silesia (25.000 km² y 125.000 habitantes) por parte de Prusia.

    Austria, Francia, Rusia y Suecia se aliaron contra Prusia para frenar su desarrollo. Comenzó la Guerra de los Siete Años en la que Prusia sólo contaba con el débil apoyo de Inglaterra, lo que la llevó casi a sufrir la derrota, pero después recibió el apoyo de Rusia, gracias a Catalina la Grande, con la que se repartió Polonia.

    Las cortes principescas

    Los príncipes, resistentes al control imperial y a anular las dietas locales, se hicieron monarcas absolutos según el modelo de Luis XIV. Centralizaron sus gobiernos y establecieron economías mercantiles. Al contratar a los artistas más destacados, hicieron de sus capitales centros artísticos e intelectuales, con palacios, iglesias, museos, teatros, jardines y universidades.

    La vida social y cultural se centró en las cortes, que también fueron la principal fuente de ascenso social y político. Los cortesanos despreciaban a los ciudadanos y campesinos, útiles sólo para el pago de impuestos que servirían para mantener los lujos de la vida cortesana. Los príncipes también mantenían sus cortes al aceptar aportaciones extranjeras y vender jóvenes campesinos como soldados mercenarios. Para escapar de la guerra y la contribución, muchos alemanes emigraron a Norteamérica.

    En 1806 los triunfos de Napoleón Bonaparte contra Prusia en el marco de las guerras Napoleónicas y la instauración de la Confederación del Rin pusieron fin al sistema político multipolar del Sacro Imperio Romano Germánico.

    Lucha por la hegemonía alemana

    Proclamación de Imperio alemán en el Palacio de Versalles

    En 1815, con la derrota del emperador francés, Prusia se anexó Renania según lo establecido en el Congreso de Viena y los príncipes alemanes crearon la Confederación Germánica de 39 estados independientes, salvo en el campo de la política exterior. Dentro de estos estados, Austria y Prusia se erigían como dominantes y se perfilaba nuevamente una confrontación entre ellos.

    En 1834 Prusia instauró la Unión Aduanera del Norte de Alemania (Zollverein) de la cual Austria quedó excluida. En diez años se duplicó el comercio entre sus componentes.

    La disputa entre Austria y Prusia por la hegemonía de la unificación alemana se resolvió en 1866, con la victoria de Prusia en la Guerra de las Siete Semanas. Dicha unificación se dio en torno a la Confederación de Alemania del Norte, concebida por Bismarck, y que también sirvió para contener el liberalismo. El Reichstag fue inaugurado en febrero de 1867.

    Las fronteras de Prusia sufrieron distintas modificaciones durante las edades moderna y contemporánea, y su entidad política se transformó sucesivamente: fue un reino independiente desde 1701 hasta 1871; más adelante, se convirtió en el reino más grande del II Imperio Alemán (1871-1918); pasó a ser un estado (land) perteneciente a la República de Weimar (1919-1933); y finalmente fue una división administrativa que comprendía trece provincias dentro del sistema centralizado del III Reich alemán (1933-1945).El régimen implantado por Federico II se consideró como un modelo del despotismo ilustrado propio del Siglo de las Luces.

    Casi todos los estados alemanes estaban vinculados económicamente a Prusia en 1844. A partir de 1871, la historia de Prusia coincide con la de Alemania.

    Unificación alemana

    Su artífice fue el aristócrata y político prusiano Otto von Bismarck, que en septiembre de 1862 había sido nombrado primer ministro de Prusia por el rey Guillermo I. En ese momento, el gobierno prusiano y la Dieta (Parlamento) prusiana, con sede en la ciudad de Berlín, se hallaban enfrentados a causa del proyecto de reforma del Ejército elaborado por el Ministerio de la Guerra, y que consistía en la ampliación del periodo de servicio militar obligatorio y en la abolición de los Landwehr, una milicia compuesta por ciudadanos. Los liberales prusianos, que contaban con la mayoría parlamentaria, rechazaron esta propuesta por considerarla un conjunto de medidas reaccionarias destinadas a incrementar los poderes de la corona prusiana y se negaron a aprobar el presupuesto de defensa. Bismarck, decidido a vencer, gobernó el país y recaudó los impuestos sin contar con el consentimiento del Parlamento. El primer ministro deseaba ampliar el territorio de Prusia y aumentar el poder de ésta a expensas de los estados vecinos. Su oportunidad llegó en 1863, cuando la Confederación Germánica (la unión de 39 estados alemanes creada en 1815 y presidida por el Imperio Austriaco) protestó ante el interés del nuevo monarca danés, Cristián IX, en incorporar a su reino el ducado de Schleswig, que en esa época se encontraba bajo el control oficial de Dinamarca. En el Protocolo de Londres de 1852, se había dispuesto que Schleswig quedara “indisolublemente” unido al ducado vecino de Holstein, que, además, también era miembro de la Confederación Germánica.

    Bismarck pretendía sacar provecho de esta complicada disputa en favor de los intereses de Prusia y persuadió al emperador austriaco, Francisco José I, para que se uniera a Prusia en su defensa de los términos del Protocolo de Londres, lo que obligaría a Dinamarca a renunciar a su soberanía sobre las dos provincias. Se inició así la llamada guerra de los Ducados, que tuvo lugar en 1864. Las fuerzas austriacas y prusianas invadieron la península de Jutlandia. El rey de Dinamarca se vio forzado a transferir lo que en la actualidad es el estado alemán de Schleswig-Holstein a los dos vencedores tras la derrota de su Ejército en el mes de agosto de ese año, y las fuerzas de Austria y Prusia ocuparon el territorio conquistado.

    Bismarck desarrolló una realpolitik (política real) que combinó astutamente la diplomacia con el militarismo de “sangre y hierro” para eliminar la influencia austriaca y provocar la unificación en torno a Prusia. Como acto preliminar garantizó la neutralidad a Rusia, Italia y Francia mediante tratados amistosos. Su primer paso fue convencer a Austria en 1864 para participar en la invasión de los ducados septentrionales de Schleswig-Holstein, en poder de Dinamarca. Los austriacos y prusianos derrotaron rápidamente a los daneses en la denominada guerra de los Ducados pero pronto entraron en conflicto por el control de éstos.

    Con esa excusa, Bismarck dio un segundo paso al provocar la Guerra Austro-prusiana. Mediante la hábil coordinación de tres ejércitos, el general prusiano Helmuth von Moltke venció a los austriacos en la batalla de Sadowa en 1866. Austria cedió Venecia a Italia. Prusia anexionó Schleswig-Holstein, Hannover y otros estados, y organizó la Confederación de Alemania (1867) sin Austria.

    La guerra austro - prusiana (1866)

    Reino de Prusia 1866

    Era preciso decidir el futuro exacto de los territorios conquistados: Bismarck deseaba anexionar ambos a Prusia, una solución a la que Austria se oponía rotundamente. Se intentó resolver este asunto de distintas formas: en primer lugar, se celebró una conferencia en Londres a la que asistieron las grandes potencias; tras el fracaso de esta reunión, las naciones en conflicto negociaron directamente y obtuvieron en agosto de 1865 la llamada Convención de Gastein, según la cual Prusia debía administrar y ocupar y 1918 temporalmente Schleswig, y Austria debía actuar del mismo modo en Holstein.

    Esta última vía tampoco satisfizo a ninguno de los dos países y, finalmente, el 14 de junio de 1866 estalló la llamada Guerra Austro-prusiana. Austria contaba con el apoyo de gran parte de la Confederación Germánica. Prusia firmó una alianza con Italia —a la que prometió la provincia austriaca de Venecia en el caso de que obtuviera la victoria—, con el fin de presentar dos frentes de batalla. Los estados alemanes proaustriacos no tardaron en ser derrotados por Prusia. El Ejército austriaco fue completamente aniquilado en Sadowa (localidad situada en el oriente de Bohemia), el 3 de julio de 1866. Austria se vio obligada a firmar el 23 de agosto siguiente el Tratado de Praga, en el que se comprometía a renunciar a sus anteriores competencias en Alemania y por medio del cual la Confederación Germánica quedó oficialmente disuelta.

    Guerra franco - prusiana

    La Guerra Franco-prusiana,  tuvo lugar desde julio de 1870 hasta mayo de 1871, en el que Francia fue derrotada por los estados alemanes liderados por Prusia.

    La razón que realmente desencadenó el conflicto fue el afán de Bismarck por conseguir la supremacía de Prusia dentro de Alemania y, como paso previo para la consecución del objetivo principal —la unificación alemana—, eliminar la influencia de Francia sobre el futuro Estado alemán, constituido en medio del fragor de la guerra el 1 de enero de 1871 bajo la denominación de II Imperio Alemán. La fuerza militar de Prusia, que ya se había evidenciado durante la guerra con Austria, constituía una amenaza para el dominio de Francia sobre el continente europeo.

    La causa directa que dio lugar a la Guerra Franco-prusiana fue la presentación en 1869 de la candidatura de Leopoldo, príncipe de Hohenzollern-Sigmaringen, como aspirante al trono de España, vacante debido al destronamiento de la reina Isabel II por la revolución de 1868. Leopoldo había aceptado esta propuesta persuadido por Bismarck. El “telegrama de Ems”, que contenía las demandas de Francia y la negativa de Prusia a cumplirlas. Bismarck modificó este documento de manera que agravara el resentimiento de los franceses y los alemanes; además, contaba con el efecto psicológico que tendría la declaración de guerra por parte de Francia para la adhesión de los estados alemanes del sur a la causa prusiana, con lo que se llevaría a cabo la fase final de la unificación de Alemania.

    Francia declaró la guerra a Prusia el 19 de julio de 1870. Los estados alemanes del sur se unieron inmediatamente al rey Guillermo I para formar un frente común contra Francia, cumpliendo así lo establecido en los tratados firmados con Prusia.

    La batalla decisiva de la guerra comenzó en Sedan la mañana del 1 de septiembre de 1870. Mac-Mahon fue gravemente herido alrededor de las siete de la mañana, y el general Emmanuel Félix de Wimpffen quedó al frente de las tropas una hora y media después. La batalla se prolongó hasta las cuatro de la tarde, cuando Napoleón III, que había llegado a Sedan, asumió el mando. El Emperador francés, al tomar conciencia de la desesperada situación en que se encontraba, ordenó que se enarbolara la bandera blanca. Los términos de la rendición se negociaron durante la noche; al día siguiente, Napoleón III, junto con 83.000 hombres, capituló ante los alemanes. Sus ciudadanos tuvieron que iniciar el 19 de enero de 1871 las negociaciones para la capitulación.

    Un día antes, el 18 de enero, había tenido lugar el acontecimiento con el que culminaban los constantes esfuerzos de Bismarck por llevar a cabo la unificación alemana: Guillermo I, el rey de Prusia, fue coronado emperador de Alemania en la galería de los Espejos del palacio de Versalles: había nacido el II Imperio Alemán (II Reich para la historiografía alemana). La rendición oficial de París tuvo lugar el 28 de enero.

    El Tratado de Frankfurt, firmado el 10 de mayo de 1871, puso fin a la guerra entre Francia y Alemania. En este documento se estipulaba que la provincia francesa de Alsacia (a excepción de Belfort) y parte de Lorena (incluida Metz) habían de pasar a manos del II Imperio Alemán; Francia debía pagar una indemnización de guerra de 5.000 millones de francos-oro, y sería ocupada por tropas alemanas hasta que completara el pago de la cantidad impuesta. Esta onerosa obligación se cumplió en septiembre de 1873. Ese mismo mes, las tropas alemanas abandonaron Francia, después de casi tres años de ocupación, pero el problema surgido respecto al área fronteriza de Alsacia-Lorena trajo consigo el nacimiento de una carrera de armamentos que presagió futuros conflictos.

    La Revolución de 1848

    A diferencia de lo que sucediera con la Revolución de 1789, la Revolución de febrero de 1848 encontró eco inmediato en Alemania. En marzo, se produjeron en todos los estados de la confederación alzamientos populares que obligaron a los atemorizados príncipes a hacer concesiones. En mayo, en la iglesia de San Pablo, en Francfort, se reunió la Asamblea Nacional. Eligió al archiduque austriaco Juan como regente del imperio y creó un ministerio del imperio que, desde luego, no tuvo ningún poder y tampoco adquirió autoridad alguna. En la Asamblea Nacional predominaba el centro liberal, que aspiraba a una monarquía constitucional con participación electoral restringida. La sanción de una Constitución se vio dificultada por el fraccionamiento de la Asamblea Nacional: desde los conservadores hasta los demócratas radicales; se anunciaba así ya el espectro futuro de los partidos políticos. Pero tampoco el centro liberal pudo superar las oposiciones que existían en todas las agrupaciones entre los partidarios de la solución de la 'Gran Alemania' es decir, el imperio alemán, y los partidarios de la 'pequeña Alemania', con la exclusión de Austria. Tras arduas discusiones, se elaboró una constitución que procuraba vincular lo viejo y lo nuevo y establecía un gobierno responsable ante el Parlamento. Sin embargo, cuando Austria insistió en incorporar al futuro imperio todo su territorio (que comprendía una docena de diferentes pueblos), triunfó la concepción de la 'pequeña Alemania' y la Asamblea Nacional ofreció la corona hereditaria del imperio al rey Federico Guillermo IV de Prusia. El rey la rechazó; no quería deber la dignidad de emperador a una revolución. En mayo de 1849 fracasaron en Sajonia, en el Palatinado y también en Baden, las revueltas populares que intentaron imponer la constitución 'desde abajo'. Con esto quedaba definitivamente sellada la derrota de la Revolución. La mayoría de las conquistas fueron dejadas sin efecto, las constituciones de los diferentes estados fueron reformadas en un sentido reaccionario.

    La confederación alemana del norte

    Mientras tanto, se había iniciado un moderno desarrollo económico que se oponía a estas tendencias reaccionarias. Con el establecimiento de la Unión Aduanera, se estableció un mercado interno unitario. En 1835 se puso en funcionamiento el primer tramo ferroviario alemán. Así comenzó la industrialización. Junto con las fábricas, apareció la nueva clase del obrero fabril. Estaba integrada por personas que en un principio habían encontrado en la industria mejores posibilidades de ingresos; pero el rápido crecimiento de la población condujo pronto a una superoferta de mano de obra. Como, además, no existía legislación social alguna, la masa de los obreros vivía en la extrema miseria. Las tensiones se descargaron violentamente, como en 1844 con la rebelión de los tejedores de Silesia, sofocada por el ejército prusiano. Solo vacilantemente se fue formando un movimiento obrero.

    Prusia se anexionó distintos territorios (entre ellos, Schleswig-Holstein) y forzó a los demás estados alemanes de la zona a formar en 1867 la Confederación de Alemania del Norte, que habría de estar bajo su directo liderazgo. Tras la victoria prusiana, Italia, que estaba profundizando en su propia y definitiva unificación (tras la creación en 1861 del reino de Italia), se apoderó de Venecia a pesar de que había sido derrotada por Austria tanto en los combates terrestres como navales. Bismarck promulgó una nueva Constitución para la recién creada Confederación, en 1867. Guillermo I fue nombrado presidente hereditario de la Confederación, mientras que el verdadero poder de la misma era otorgado a Bismarck como canciller. Prusia superó en estrategia a Austria al crear el Zollvereina, una unión aduanera que integró a la mayor parte de los Estados alemanes excepto Austria.

    Crecimiento de Prusia

    Máxima extensión

    La familia de los Hohenzollern, que había ocupado Brandeburgo en el siglo XV, había adquirido también un número de territorios adicionales y geográficamente desconectados en el oeste. Fuera del Imperio, al este se encontraba el área más importante, Prusia, que había heredado como un ducado polaco en 1618 y que se convirtió en un reino independiente en 1701. Gradualmente, todas las posesiones de los Hohenzollern se conocieron como el reino de Prusia.

    Federico Guillermo I de Prusia era un militar enérgico y testarudo determinado a unir sus dispersas posesiones en un único estado moderno donde la presencia de lo militar sería constante. Al suprimir los derechos de aduanas y los intereses locales, creó una burocracia honesta y eficiente, la cual recaudaba fondos en todo el país con destino al tesoro público para consolidar un ejército permanente. Intentó convertir a su hijo Federico en una imagen de sí mismo.

    Federico II el Grande estuvo tanto en el campo de batalla como en su palacio de Sans Souci cerca de Berlín, donde disfrutaba con la literatura francesa y la música. Sin embargo, gastó la mayor parte de su vida en extender el territorio de Prusia a costa de Austria y Polonia, y perfeccionar y reorganizar el gobierno prusiano y la economía para servir mejor al Ejército.

    Los estados miembros del Imperio


    • Reinos (Königreiche)

      • Baviera

      • Prusia

      • Sajonia

      • Wurtemberg

    • Grandes Ducados (Grossherzogtümer)

      • Baden

      • Hesse-Darmstadt

      • Mecklemburgo-Schwerin

      • Mecklemburgo-Strelitz

      • Oldenburg

      • Sajonia-Weimar-Eisenach

    • Ducados (Herzogtümer)

      • Anhalt

      • Brunswick

      • Sajonia-Altenburgo

      • Sajonia-Coburgo-Gotha

      • Sajonia-Meiningen

    • Principados (Fürstentümer)

      • Lippe

      • Reuss-Gera or Reuss Younger Line

      • Reuss-Greiz or Reuss Elder Line

      • Schaumburg-Lippe

      • Schwarzburg-Rudolstadt

      • Schwarzburg-Sondershausen

      • Waldeck-Pyrmont

    • Ciudades libres (Freie Hansestädte)

      • Bremen

      • Hamburgo

      • Lübeck

    • Otros:

      • Territorio Imperial de Alsacia-Lorena


    La guerra de Sucesión austríaca

    El emperador Carlos VI, ansioso de mantener unificados los dominios de los Habsburgo, promulgó la Pragmática Sanción en 1713, al declarar que su única hija, María Teresa I de Austria, le sucedería. Cuando murió en 1740, los electores de Baviera y Sajonia rechazaron la Pragmática Sanción argumentando que tenían derechos prioritarios a través de sus esposas. Federico II ofreció su apoyo a María Teresa a cambio de la rica provincia de Silesia. Convencido de la justicia de su causa, ella rechazó tal propuesta. Federico invadió inmediatamente Silesia, precipitando la guerra de Sucesión austriaca (1740-1748). Los bávaros, sajones y franceses invadieron Austria y Bohemia, mientras Gran Bretaña, los Países Bajos y Rusia acudieron en ayuda de Austria.

    Alarmados por las victorias militares de Federico, María Teresa firmó la paz con él en 1742, cediéndole Silesia. Sin embargo, Austria y sus aliados tuvieron éxito al conquistar Baviera para reponer la pérdida de Silesia. Por la Paz de Aquisgrán, el marido de María Teresa, Francisco, duque de Lorena, fue reconocido como emperador, aunque fue ella quien reinó en realidad. A cambio, María Teresa cedió Baviera y permitió a Prusia mantener Silesia.

    El auge de Prusia

    Los años cincuenta fueron un período de gran crecimiento económico. Alemania se convirtió en país industrial. En su volumen de producción estaba aún lejos de alcanzar a Inglaterra, pero, en poco tiempo, superó la distancia que los separaba. Los pilares de este desarrollo fueron la industria pesada y la construcción de maquinaria. Prusia se convirtió también económicamente en la potencia preponderante de Alemania. El poder económico reforzó la conciencia política de la burguesía liberal. El Partido Progresista Alemán, fundado en 1861, se convirtió en el partido más importante del parlamento prusiano y negó al gobierno los fondos requeridos cuando éste intentó introducir una reforma reaccionaria en la estructura del ejército. El nuevo primer ministro, Otto von Bismarck (1862), aceptó el desafío y gobernó durante varios años sin contar con la aprobación parlamentaria del presupuesto, tal como lo exigía la constitución. El Partido Progresista Alemán no se atrevió a llevar su resistencia más allá de la oposición parlamentaria.

    Bismarck pudo consolidar su precaria posición interna gracias a sus éxitos en la política exterior. En la guerra germano-danesa (1864), Prusia y Austria obligaron a Dinamarca a ceder Schleswig-Holstein, que en un primer momento quedó bajo la administración conjunta de aquellos dos países. Sin embargo, desde el comienzo, Bismarck se había propuesto la anexión de los dos ducados y provocó un conflicto abierto con Austria. En la Guerra Alemana (1866), Austria fue derrotada y se vio obligada a abandonar el escenario alemán. La Confederación Germánica fue disuelta; en su lugar apareció la Confederación del Norte de Alemania con Bismarck como canciller, que comprendía a todos los estados alemanes situados al norte del río Meno.

    3.5.1. Otto von Bismarck

    Otto von Bismarck-Schönhausen (1815-1898), político prusiano, artífice y primer canciller del segundo Imperio Alemán (1871-1890).

    Guiado por una fuerte ambición de poder, Bismarck se introdujo en la política en 1847; al estallar la Revolución de 1848 se apresuró a ir a Berlín para recomendar encarecidamente al rey Federico Guillermo IV que reprimiera la sublevación. Su consejo no se tuvo en cuenta, pero su lealtad fue recompensada al ser nombrado representante prusiano en la Confederación Germánica, la liga de los 39 estados alemanes, en 1851.

    En este mismo año, la encarnizada disputa entre el gobierno prusiano y el Parlamento sobre la ampliación del Ejército había llegado a un punto muerto. En 1861, el Parlamento había concedido al gobierno fondos adicionales para realizar estas reformas, pero en 1862 se negó a entregarlos si no se llevaba a cabo una reducción de tres a dos años en el servicio militar obligatorio.

    A fin de salir de este estancamiento, Bismarck fue nombrado primer ministro. Procedió a recaudar impuestos adicionales de acuerdo con el presupuesto de 1861, alegando que, puesto que en la Constitución no se disponía nada en el caso de una paralización de las negociaciones, se veía obligado a aplicar el presupuesto del año anterior. Para justificar la ampliación del Ejército, y refiriéndose a la unificación de Alemania, advirtió lo siguiente: “las grandes cuestiones del momento no se solucionarán con discursos ni con decisiones adoptadas por mayoría, sino con sangre y acero”.

    En 1870, Bismarck consiguió involucrar a Francia en una guerra contra los estados alemanes (Guerra Franco-prusiana). Confió en que, ante el entusiasmo nacionalista que se desataría, lograría atraer a los indecisos estados alemanes del sur al proyecto de una Alemania unificada. Y su plan tuvo éxito: en 1871, el Imperio Alemán (conocido por la historiografía como el II Imperio Alemán), incluidos los estados del sur, reemplazó a la Confederación de Alemania del Norte y el rey de Prusia se convirtió en el emperador de Alemania.

    Bismarck fue designado canciller imperial por Guillermo I, en 1871. Aquél consideró como su principal misión la consolidación del Estado recientemente unificado. En su política exterior buscó el fortalecimiento del Imperio mediante el establecimiento de una red defensiva de aliados; en cuanto a la política interior, luchó contra todo aquel que cuestionaba sus medidas. Los católicos, que se opusieron a la creación de un Estado centralizado, fueron víctimas de su cólera en la llamada Kulturkampf contra la Iglesia; también debilitó enormemente a los socialistas mediante restricciones para el Partido Socialdemócrata de gran repercusión; así mismo venció a los liberales al cuestionar su patriotismo. Bismarck consiguió desacreditar a los liberales, pero tuvo que reconciliarse con los católicos y, aunque no llegó a derrotar a los socialistas, la legislación en materia de asuntos sociales que él implantó (seguro social médico y de accidentes y jubilación) abortó cualquier proyecto revolucionario que hubieran elaborado.

    La era Bismarck

    Una vez unificados los diversos Estados alemanes bajo el Imperio, dirigido por Prusia, Bismarck diseñó una serie de alianzas para que protegieran a Alemania de cualquier agresión exterior. En el Congreso de Berlín (1878) Bismarck sirvió de intermediario para llegar a un arreglo de la situación en los Balcanes, donde los distintos pueblos eslavos mantenían revueltas contra el decadente Imperio otomano y donde Austria y Rusia pretendían ampliar su presencia en la zona. En gran parte, para agradar a la clase comerciante, consintió que Alemania adquiriera colonias en África y el Pacífico, pero la formación del imperio colonial alemán se debió principalmente a cuestiones de prestigio.

    En el interior, Bismarck fomentó la Revolución Industrial que se desarrolló rápidamente después de 1850 cuando los alemanes aplicaron tecnología industrial avanzada en la explotación de sus recursos de hierro y carbón del Ruhr y del Sarre. La población se incrementó en un 30% y se desarrollaron fábricas e industrias, que transformaron a los agricultores en trabajadores urbanos que ofrecían su labor en el sector siderúrgico y en la producción de maquinaria, ferrocarriles y barcos. Este incremento del proletariado urbano demandó una mayor participación en los órganos de gobierno.

    Y es que el Imperio no funcionaba de forma democrática. El Bundesrat era una cámara de príncipes dominados por Prusia mientras que el Reichstag contaba con diputados electos que representaban los 25 Estados soberanos nominalmente (más Alsacia-Lorena); sin embargo, el canciller era responsable sólo ante el emperador. El menosprecio de Bismarck por el sistema democrático y su desconfianza hacia el Partido del Centro Católico y el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores favoreció el escaso desarrollo del gobierno parlamentario.

    Atento a la vieja rivalidad entre el Papado y el Imperio, Bismarck consideró que la Iglesia católica, que había declarado la infalibilidad del Papa en 1870, amenazaba la supremacía del Estado alemán. Inició así la Kulturkampf (lucha cultural) durante la cual suprimió muchas órdenes religiosas y destituyó, encarceló o exilió a numerosos sacerdotes. El conflicto Iglesia-Estado se enfrió en 1879, debido al apoyo que Bismarck necesitaba del Partido del Centro Católico contra los liberales para establecer altos aranceles que protegieran la agricultura e industria alemanas de las importaciones baratas.

    Bismarck dirigió su hostigamiento hacia el Partido Socialista, precursor del Partido Socialdemócrata Alemán. Al culparles de los dos intentos de asesinato contra Guillermo, consiguió la formación de un nuevo Reichstag, que mantuvo los elevados aranceles e ilegalizó a los socialistas. Para anticiparse a las demandas de los trabajadores proporcionó un seguro estatal para enfermedad, accidentes y vejez. Cuando el ilegalizado Partido Socialista obtuvo un gran número de escaños en las elecciones de 1890, Bismarck preparaba suprimir la Constitución. Sin embargo, de forma repentina e inesperada el nuevo emperador Guillermo II de Prusia lo destituyó, al querer gobernar el Imperio de forma personal.

    El desarrollo de Alemania hacia un país industrial moderno reforzó la influencia de la económicamente exitosa burguesía. Sin embargo, el tono siguió siendo dado por la nobleza y, sobre todo, por el cuerpo de oficiales del ejército, compuesto en su mayor parte por miembros de la nobleza.

    Bismarck gobernó durante diecinueve años como canciller del Reich. A través de una coherente política de paz y de alianzas, procuró lograr para el imperio una posición segura en la nueva constelación de fuerzas europeas. En contraste con esta inteligente política exterior se encontraba su política interna. No pudo comprender nunca las tendencias democráticas de la época; calificaba a la oposición política de 'enemiga del imperio'. Con toda dureza, pero sin éxito, combatió contra el ala izquierda de la burguesía liberal, contra el catolicismo político y, sobre todo, contra el movimiento obrero organizado, al que prácticamente mantuvo al margen del derecho, en virtud de la 'ley sobre los socialistas», durante doce años (1878-1890). Así, la poderosa clase obrera, no obstante la legislación social avanzada, fue excluida del manejo del estado. Bismarck cayó victima de su propio sistema cuando, en 1890, fue alejado de sus funciones por el joven emperador Guillermo II.

    Guillermo II quería gobernar personalmente pero carecía de la constancia y conocimientos necesarios. Más a través de sus discursos que de sus acciones, despertó la impresión de ser un gobernante violento, capaz de poner en peligro la paz. Bajo su gobierno, se produjo el paso a la 'política mundial'; Alemania trató de acortar la distancia que la separaba de las grandes potencias imperialistas y cayó con ello en un creciente aislamiento. En la política interna, Guillermo II adoptó una línea reaccionaria después que su intento de lograr la colaboración de la clase obrera para su 'Imperio social' no tuviera el rápido éxito que esperaba. Sus cancilleres se apoyaron en cambiantes coaliciones conservadoras y burguesas; la socialdemocracia, a pesar de ser uno de los partidos más poderosos, con un electorado a su favor de millones de personas, permaneció ajena a toda participación en el gobierno.

  • La revolución industrial alemana.

  • Alemania avanzó cuando la industrialización provocó la creación de organizaciones mayores, estructuras organizativas más impersonales, e investigación colectiva más que artesanos hojalateros. Es complejo establecer un modelo de industrialización global cuando la industrialización que ha durado décadas es tan distinta de unos lugares a otros. Algunos países, como Francia, Alemania, por ejemplo, siguió inmediatamente el modelo británico.

    Alemania fue el último de los primeros países industrializados. Dividida políticamente, su economía se basaba en la agricultura durante la primera mitad del siglo XIX. Existían pequeñas concentraciones industriales en la zona del Rhin, Sajonia, Silesia y Berlín, pero era fundamentalmente industrias artesanales o protoindustriales. La escasez de transportes y de vías de comunicación, así como la diversidad de sistemas monetarios, técnicas comerciales y obstáculos comerciales frenaron el desarrollo económico.

    En vísperas de la Primera Guerra Mundial el imperio alemán era la nación más poderosa de Europa. Poseía las industrias química, siderúrgica, de energía eléctrica, de maquinaria más moderna y mayor del continente. En producción de carbón solo era superada por Gran Bretaña y era un importante fabricante de cristal, instrumentos ópticos, metales no ferrosos, tejidos y otros bienes manufacturados, y poseía una de las redes de ferrocarril más densas y un alto grado de urbanización.

    3.6.1. Las etapas de la industrialización.

    Primera etapa (1815-1833):

    Después de las guerras de liberación contra Napoleón, se produjeron multitud de reformas en la mayor parte de los Estados alemanes que condujeron a determinadas libertades económicas, disolución de los gremios y la promulgación de Constituciones.

    Se pueden distinguir dos regiones perfectamente diferenciadas:

  • El Oeste, cuya estructura de propiedad era parecida a la de Francia, con pequeñas propiedades agrícolas. Muy unida política y económicamente a Francia durante la Revolución, adoptó el sistema legal y las instituciones económicas francesas que pervivieron después de 1815. Tras la abolición de los derechos feudales mantuvo una agricultura atrasada técnicamente, por lo que fueron proteccionistas.

  • El Este, más parecida a la estructura existente en Rusia, en la que la tierra pertenecía a los señores y los campesinos se hallaban sometidos a la servidumbre. En 1807 es abolida la servidumbre en Prusia. El agricultor que como siervo ocupaba una extensión de tierra que podía transmitir a sus descendientes, pasó a ser dueño de la misma con la condición de ceder una tercera parte al señor; los que no tenían derecho a la sucesión también pasaron a ser propietarios, cediendo al señor la mitad de la extensión. Esta reforma liberó a los agricultores de tipo medio que pudieron cercar sus propiedades, por el contrario el pequeño propietario solo deberá trabajar como obrero agrícola. Los grandes propietarios, "junkers", consiguieron grandes extensiones de tierra y tendieron a seguir el modelo británico y establecieron explotaciones modernas, aplicando nuevos sistemas y cultivos. Estas explotaciones consiguieron un gran volumen de producción de cereales que se dirigió a la exportación.

  • Segunda etapa (1833-1870):

    Se ponen los cimientos de la industria, finanzas y los transportes modernos. Existe una gran afluencia de capital, tecnología y empresas extranjeras, especialmente en el década de 1850.

    Una de las reformas económicas más importantes, liderada por los funcionarios prusianos condujo a la formación del ZOLLVEREIN. En 1818 se decretó una tarifa arancelaria común para toda Prusia con el objetivo de aumentar la eficacia de la administración y el rendimiento de los impuestos. Varios Estados pequeños se unieron a este sistema, y en 1833 también se integrarían varios Estados del sur creándose el Zollverein. En 1848 abarcaba a todos los Estados excepto a Austria. El Zollverein abolió todas las fronteras y tarifas aduaneras internas, creando un "mercado común" alemán, y creó un arancel exterior común fijado por Prusia; en general siguió una política comercial "liberal" por el deseo de Prusia de recortar la influencia de Austria, que mantenía una polítcita proteccionista.

    El ferrocarril tuvo una gran importancia en la unificación económica alemana. La rivalidad entre los distintos estados alemanes aceleró su construcción y, como resultado, la red alemana de ferrocarriles se expandió más rápidamente que la francesa. Gracias a sus eslabonamientos hacia delante y hacia atrás influyó enormemente en el crecimiento de la industria, especialmente la producción de carbón y de hierro.

    Los yacimientos de carbón están situados en el Ruhr, que ya se explotaba desde 1870 con rendimientos insignificantes; la explotación de los filones profundos exigió una gran inversión de capital y técnicas más sofisticadas que fueron aportadas por compañías extranjeras. A partir de 1850 la producción de carbón aumentó rápidamente y, con ella, la de las industrias siderúrgica, química y otras basadas en el carbón.

    En 1840 la industria siderúrgica alemana era todavía primitiva, pero se desarrolló en la década de los cincuenta. La producción de acero empezó en 1863 (sistema Bessemer) y poco después se adoptó el proceso Siemens-Martin. Pero no fue hasta la introducción del proceso Gilchrist-Thomas, en 1881, que permitió el uso de mineral de hierro con componentes fosfóricos procedentes de Lorena, cuando la producción alemana de acero experimentó una aceleración impresionante.

    Tercera etapa (1871-1914):

    Alemania se unifica políticamente en 1871 (el Segundo Reich alemán), formando una Confederación de 25 Estados, bajo la hegemonía de Prusia y alcanza la supremacía industrial en Europa. La gran industria alemana se caracteriza por una estrecha unión entre una administración autoritaria y una minoría de industriales. El Estado alemán dictó directrices y órdenes que fueron fielmente seguidas por instituciones y personas, con el objetivo de obtener una rápida industrialización.

    Los sectores más dinámicos de la economía alemana fueron los que producían bienes de capital o productos intermedios para el consumo industrial (carbón, hierro y acero). Las industrias de bienes de consumo (tejidos, ropa, cuero y elaboración de alimentos) tuvieron tasas de crecimiento sustancialmente inferiores a la media, situación que constrasta con Francia.

    Destacan dos industrias nuevas: la química y la eléctrica. La industria química se desarrolló gracias al rápido crecimiento de otras industrias que precisaban productos químicos, especialmente álcalis y ácido sulfúrico, también los agricultores empezaron a demandar fertilizantes artificiales. La industria química alemana utilizando personal y fondos de las universidades alcanzó la supremacía mundial y fue la primera que tuvo sus propios investigadores y creó ayudas a la investigación. El resultado fue la introducción de muchos nuevos productos nuevos y el dominio de la producción de productos farmacéuticos. La industria eléctrica creció con mayor rapidez que la química, favorecida por la demanda de las ciudades en rápido crecimiento. La iluminación y el transporte urbano fueron los primeros usos, posteriormente, también se aplicó a los motores, que rivalizaron con los de vapor. Al igual que la química, también utilizó personas procedentes de las universidades alemanas.

    Una de las características principales de las industrias alemanas es el gran tamaño de sus empresas. El tamaño estaba relacionado, en parte, con la utilización de tecnología avanzada y costosa, ya que resultaba más barato emplear maquinaria con gran volumen de producción para reducir los costes unitarios (economía de escala técnica), y en gran parte por economías de escala monetaria, es decir, acuerdos que proporcionaban beneficios o rentas extras a promotores o contratistas sin reducir el coste real a la sociedad.

    Existe una estrecha relación entre la banca y la industria alemana. Mientras que la tendencia de Francia se centraba en un ahorro pronunciado e inversión escasa, prefiriendo la colocación en el extranjero de gran parte de su ahorro, Alemania invertía más de lo que ahorraba. En su estructura bancaria son fundamentales los bancos industriales (kreditbanken) que se ocupaban de financiar la industria, proporcionando crédito a corto plazo y capital permanente. Este tipo de bancos se desarrollaron a partir de 1870, perseguían, entre otras finalidades, crear grandes y sólidas empresas y favorecer el desarrollo de la industria alemana, así como facilitar las exportaciones de los productos alemanes y las relaciones entre la industria nacional y el mercado financiero, y consideraban que su primer deber consistía en proporcionar capital para fortalecer la actividad industrial. Los banqueros eran miembros de los consejos de administración de todas las compañías industriales importantes y la industria se hallaba subordinada a las finanzas de forma acusada.

    Existe una vinculación muy estrecha entre la investigación científica y la organización de la industria. Las innovaciones no son el resultado de innovaciones individuales, de pequeños progresos, sino de la sistemática aplicación de la ciencia a la industria, a través de oficinas de estudio y de laboratorios de investigación pertenecientes a grandes empresas industriales. Solo progresaron las empresas que eran suficientemente fuertes para destinar una parte importante de sus recursos a la investigación. Aquellas empresas que no podían hacer frente a dichas inversiones desaparecieron porque los bancos no las financiaron.

    La influencia de los bancos también impulsó la formación de los cárteles. El cártel es un convenio o acuerdo entre empresas que conservan su personalidad jurídica para fijar precios, limitar la producción, repartirse los mercados o dedicarse a prácticas monopolísticas y restrictivas de la competencia. Mientras que en Gran Bretaña y Estados Unidos los cárteles estaban prohibidos, en Alemania eran legales y contaban con una opinión pública favorable. La gran concentración industrial facilitó la creación de los cárteles. Esta concentración se ha producido especialmente en las industrias metalúrgicas, mineras y químicas, que es necesario una cierta uniformidad del producto. En la mayoría de los casos, los cárteles alemanes tenían limitados sus objetivos al establecimiento de precios y distribución de la producción.

    En lo que respecta al comercio exterior las exportaciones fueron controladas y fomentadas por el Estado. El objetivo alemán fue conquistar los mercados mundiales, lo que consiguió gracias a la utilización de precios en mercados separados. La adopción de tarifas arancelarias proteccionistas a partir de 1879 permitió a los cárteles mantener artificialmente precios altos en el mercado interior, y dedicarse a exportar de forma ilimitada, incluso a precios inferiores al coste medio de producción si el margen de ganancia bruta en las ventas en el interior compensaba las pérdidas nominales en las exportaciones. La rentabilidad de este tipo de actividades aumentó con la práctica por parte de los ferrocarriles de propiedad estatal o controlada por el Estado, de aplicar precios inferiores por los envíos hasta la frontera que los aplicados en el interior del país. El resultado fue el rápido aumento de las exportaciones alemanas algunos inventores destacados de la revolución industrial alemana fueron:

    Johann Aloys Senefelder: descubridor de la litografía en relieve en 1796.

    Carl Benz: Está considerado como uno de los inventores del automóvil.

    Emile Berliner (1851 - 1929): Inventor germano-estadounidense del transmisor telefónico, del gramófono, de los discos de vinilo y precursor del micrófono.

    Robert Wilhelm Bunsen (31 de marzo de 1811 - 16 de agosto de 1899) fue un químico alemán. Perfeccionó el quemador que lleva su nombre, inventado por el físico y químico Michael Faraday, y trabajó en la espectroscopia de emisión de los cuerpos calientas. Descubrió el cesio y el rubidio con su espectroscopio.

    Rudolf Diesel (París, 18 de marzo de 1858 - † Canal de la Mancha, 29 de septiembre de 1913) fue un ingeniero alemán inventor del motor de combustión de alto rendimiento que lleva su nombre, el motor diésel. Motor aplicable a la locomoción, primeramente llamado "motor de petróleo",

    Johannes Gensfleish zur Laden zum Gutenberg (1398-1468), impresor alemán conocido por sus contribuciones a la tecnología de la impresión en por lo menos tres de sus procesos: Las matrices o planchas de impresión de tipos móviles, la prensa y en las tintas para transferir los tipos al pergamino o al papel.

    Ottmar Mergenthaler Inventó la linotipia en 1886, una máquina que le permitía a un operador colocar automáticamente caracteres, lo que revolucionó la industria de la imprenta.

    Ernst Werner von Siemens Es pionero en otras invenciones como el telégrafo con puntero/teclado para hacer transparente al usuario el código Morse o la primera locomotora eléctrica, presentada por su empresa en 1879.

  • La primera guerra mundial.

  • Ninguna de las potencias europeas quería una guerra mundial, pero todas temían y consideraban a Alemania —nuevamente unificada, superior en población y producción industrial, y muy agresiva— como un rival peligroso. Específicamente, Francia deseaba recuperar Alsalcia y Lorena; Gran Bretaña, que basaba su poder en la hegemonía marítima, se sintió amenazada por la expansión colonial alemana y la insistencia de Guillermo II en formar una gran fuerza naval; Austria y Rusia temían la presión dentro de sus imperios tambaleantes. La misma Alemania temía mantener una guerra en dos frentes. Todas estas potencias buscaron la protección en amplios ejércitos permanentes, incluso en tiempo de paz, y en un intrincado sistema de alianzas internacionales.

    El delicado equilibrio de poder de Bismarck demostró demasiadas dificultades para ser mantenido por Guillermo II. Al rechazar en 1887 la renovación del Tratado de Reaseguro con Rusia, mantuvo la Triple Alianza (1882) de Alemania, Austria e Italia. Para equilibrar la situación, Rusia acordó una alianza en 1894 con Francia. Gran Bretaña, durante mucho tiempo neutral, clarificó sus diferencias coloniales con Francia en la Entente Cordial (1904) y con Rusia en el Próximo Oriente (1907), lo que dio como resultado la formación de la Triple Entente. De esta forma, Europa se dividió en dos bloques armados.

    Los pasos hacia la guerra.

    Las crisis de Marruecos y los Balcanes intensificaron los antagonismos. Guillermo II intervino dos veces en Marruecos (1905, 1911), que Francia pretendía, para proteger los intereses alemanes en África. La anexión por parte de Austria, en 1908, de las provincias turcas de Bosnia y Herzegovina echó a perder las esperanzas de Serbia de conseguirlas. El asesinato, con conocimiento serbio, del liberal archiduque austriaco Francisco Fernando de Habsburgo en Sarajevo en junio de 1914 fue la chispa que inició la guerra.

    Alemania aseguró a Austria su pleno apoyo, tras lo cual envió un ultimátum que Serbia no podía aceptar. A causa de que la ventaja militar dependía de la rápida movilización de los ejércitos, ésta se produjo con gran velocidad. Austria declaró la guerra a Serbia; Rusia, para defender a Serbia, se movilizó contra Austria y Alemania. Alemania dio a Rusia doce horas para desmovilizarse, movilizó sus tropas y, al no recibir respuesta, declaró la guerra a Rusia. Al asumir que Francia ayudaría a Rusia, Alemania también declaró la guerra a Francia.

    Cuando comenzó la I Guerra Mundial, los alemanes esperaban que una rápida conquista de Francia evitara el enfrentamiento en un doble frente, por lo que inició la conquista del territorio galo. Eludiendo la fortificada frontera francesa, las tropas alemanas invadieron y avanzaron por la neutral Bélgica, con la intención de tomar París por sorpresa, pero los alemanes encontraron más resistencia en Bélgica de la que esperaban. La violación de la neutralidad belga, garantizada internacionalmente, provocó que Gran Bretaña ayudara a Francia, a pesar de cierta simpatía hacia los Imperios Centrales.

    Desarrollo de la guerra.

    Las tropas alemanas casi llegaron a París. Sin embargo, los británicos y franceses frenaron milagrosamente el avance alemán en la batalla del Marne y ambos ejércitos cavaron trincheras para una guerra de desgaste que duraría cuatro años. Mientras tanto, los rusos atacaron el este, sumiendo a Alemania en la temida guerra de dos frentes.

    Los alemanes derrotaron varias veces a los rusos, cuyas tropas contaban con menores recursos, aunque no podían avanzar en el oeste. Los aliados bloquearon Alemania para imposibilitar el suministro de alimentos y materias primas. Desesperados por romper el bloqueo, los alemanes declararon la guerra submarina sin restricción. Después de que varios barcos estadounidenses fueran hundidos, Estados Unidos entró en la guerra en 1917 a favor de los aliados. Al año siguiente Rusia, donde había triunfado la revolución que llevó el poder a los bolcheviques, pidió la paz, que se firmó en Brest-Litovsk en 1918. De esta forma, liberados en el este, en 1918 los alemanes lanzaron una ofensiva final en el oeste, pero los aliados resistieron y cambiaron el rumbo de la guerra.

    Ante el reconocimiento de enfrentarse a una situación desesperada, el alto mando alemán instó a Guillermo a pedir la paz. Además, Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos desde 1913, insistió en tratar con un nuevo gobierno civil alemán. Guillermo, a regañadientes, nombró canciller al príncipe Max de Baden; y mientras negociaba con Wilson y la lucha continuaba, los marineros se amotinaron, los socialistas organizaron huelgas, trabajadores y soldados formaron consejos (soviets) comunistas y la revolución estalló en Baviera. El príncipe Max anunció la abdicación de Guillermo II y dimitió. Friedrich Ebert, dirigente del Partido Socialdemócrata proclamó la República.

    En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial que, al provocar la derrota de Alemania en 1918, marca el fin de la dinastía Hohenzollern. Las naciones vencedoras imponen el Tratado de Versalles y con ello se inicia la República de Weimar. El territorio alemán se ve nuevamente dividido.

  • Periodo entre guerras.

  • Tratado de Versalles.

    Por el hecho de la rendición y de constituir un nuevo régimen, Alemania esperaba una paz negociada en vez de los duros términos impuestos por el Tratado de Versalles en 1919. Pero los aliados estaban determinados a recibir compensaciones por sus pérdidas y asegurarse de que su enemigo nunca volvería a constituir una amenaza. Por consiguiente, Alemania perdió Alsacia y Lorena a favor de Francia y Prusia Occidental pasó a Polonia, creándose el corredor de Danzig entre Alemania y Prusia Oriental. También perdió sus colonias y tuvo que ceder sus instalaciones siderúrgicas, líneas ferroviarias y barcos mercantes, así como su fuerza naval. Alemania tuvo que limitar su Ejército y someterse a la ocupación aliada de Renania durante 15 años. Lo peor de todo fue que los alemanes tuvieron que aceptar la plena responsabilidad como causante de la guerra y, consecuentemente, pagar cuantiosas indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra. Estas últimas provisiones, en particular, causaron rencor entre la población; los alemanes no se consideraron más culpables que otros y no podían pagar todo lo que se les demandó.

    El Tratado de Versalles, comprensible desde el punto de vista aliado, no aseguró una paz duradera. Alemania ni fue aplastada por completo ni fue reintegrada en la comunidad internacional. En su lugar, al aceptar el Tratado, el nuevo gobierno quedó desacreditado ante sus ciudadanos, lo que paralizó sus oportunidades de éxito.

    La República de Weimar.

    En Weimar en 1919, una asamblea nacional, con mayoría del Partido Social demócrata, redactó una Constitución democrática para el nuevo Estado alemán. Pero las expectativas de la República de Weimar se apagaron. Para la mayor parte de los alemanes el gobierno ahondó el estigma de la derrota militar y defendieron la revisión de las condiciones impuestas en el Tratado de Versalles. Además, contaba con la abierta oposición de los militaristas conservadores y los socialistas revolucionarios. Ambos grupos intentaron frecuentemente derrocar al gobierno, como en el putsch de Kapp (1920) y el alzamiento espartaquista en 1920 dirigido por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.

    La situación económica hizo empeorar la situación. A causa de que Alemania no podía cumplir con los requerimientos de las reparaciones, Francia invadió el Ruhr en 1923 para explotar de las minas de carbón. El gobierno alemán incitó a los trabajadores a resistirse pasivamente, garantizando sus salarios mediante la emisión desmesurada de papel moneda. La inflación resultante acabó con los ahorros, pensiones, seguros y otras formas de ingresos favoreciendo las condiciones para un estallido social que podía destruir los elementos más estables en Alemania.

    Ayudado por el Plan Dawes (1924), que revisó la cuantía y modalidad de pago de las reparaciones de guerra y proporcionó préstamos del exterior, el ministro alemán Gustav Stresemann reorganizó el sistema monetario e impulsó la producción industrial. Durante cinco años Alemania disfrutó de una estabilidad social y prosperidad relativas; en 1926, se incorporó a la Sociedad de Naciones. Sin embargo, la crisis económica mundial de 1929 sumió al país una vez más en el desastre. Millones de desempleados, desilusionados por la democracia capitalista, dirigieron sus esperanzas hacia el Partido Comunista Alemán (KPD) y al Partido Nacionalsocialista (nazi) dirigido por Adolfo Hitler.

    3.9. Hitler y el Tercer Reich.

    Hitler, un antiguo cabo del Ejército, odiaba a los aristócratas, los capitalistas, los comunistas y los liberales, así como a los judíos y a todos aquellos que no pertenecieran a la raza aria. Ya había intentado derrocar al gobierno en el putsch de Munich en 1923. Después de casi un año en la cárcel, continuó sus actividades en el seno del partido nazi. Consumado orador, rápidamente consiguió seguidores acusando al gobierno de la República de Weimar de débil y traidor. Propuso el despido de judíos, a quienes describía como infames, para repartir sus puestos de trabajos entre dignos alemanes, y prometió recuperar la fuerza y el honor de Alemania. A cambio, demandaba la completa lealtad y obediencia del pueblo a su persona como su Führer (conductor). Para reforzar su mensaje, las SA (Sturm Abteilung) atacaron a comunistas, judíos y miembros de otros partidos.

    En medio de la depresión económica, las elecciones de 1932, hicieron de los nacionalsocialistas el partido con mayor representación en el Reichstag. En 1933, con el apoyo de elementos de extrema derecha, Hitler fue elegido canciller. Para asegurarse el poder supremo, Hitler convocó nuevas elecciones. Al culpar del incendio del edificio del Reichstag a los comunistas, ilegalizó al KPD. En el nuevo Parlamento los nacionalsocialistas, los nacionalistas y el Partido del Centro Católico aprobaron la Ley de Poderes Especiales permitiendo a Hitler controlar todos los aspectos de la vida alemana, lo que hizo durante cuatro años.

    Armado con este poder, Hitler creó el III Reich, como denominó al nuevo Estado alemán. Hitler actuó con gran eficacia. Miembros del partido nazi monopolizaron los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, el Ejército fue controlado y Hitler perpetuó su hegemonía al convertirse en jefe del Estado tras la muerte de Paul Von Benckendorff Hindenburg; se redactó un nuevo sistema judicial y se proclamó comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

    Se ilegalizaron todos los partidos políticos excepto el nacionalsocialista. Las huelgas se prohibieron y las personas desempleadas eran inscritas en campos de trabajo o se alistaban al Ejército; en el terreno económico, el III Reich buscó ser económicamente autosuficiente.

    Se constituyó un ejército profesional y se estableció el reclutamiento obligatorio para todos los ciudadanos alemanes con el fin de llevar a cabo el plan de expansión territorial de Hitler. Se estableció un planificado sistema de propaganda en el que se organizaban gigantescos mítines para galvanizar al público alemán y se controló el sistema educativo. A través de la organización juvenil del partido, las juventudes hitlerianas, también el adoctrinamiento llegó a los niños. El sistema propagandístico contó con el apoyo de la Gestapo, un cuerpo policial secreto creado para reprimir a la oposición y aislar a los judíos, que operaban sin limitaciones civiles; y las Schutzstaffel (SS), originalmente una guardia personal de Hitler, que se incrementó hasta convertirse en un organismo dotado de una compleja burocracia con poderes militares y policiales.

    A comienzos de 1933, el primer campo de concentración nazi se construyó para encarcelar a numerosos grupos de oponentes políticos y otros considerados como elementos antisociales por el régimen nazi: judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, disidentes religiosos, testigos de Jehová y prostitutas. Los prisioneros debían realizar trabajos forzosos: cuando no podían trabajar más eran asesinados en cámaras de gas, fusilados o por medio de inyecciones letales. Los enfermos servían para realizar “experimentos médicos”. Los campos incrementaron en tamaño y número durante la guerra e intensificaron progresivamente su actividad exterminadora, especialmente al final del conflicto, cuando Hitler decidió aplicar a la cuestión judía la llamada “solución final”.

    Algunos alemanes desdeñaron las palabras y actuaciones de Hitler, incluso se opusieron abiertamente al monopolio del poder por los nacionalsocialistas, pero otros muchos aceptaron sus puntos de vista sobre la superioridad de la raza aria y la necesidad de ampliar el territorio alemán. En un principio fueron los judíos quienes sufrieron leyes discriminatorias, fueron privados de la ciudadanía, y excluidos de actividades civiles y profesionales. Se expropiaron y vendieron las empresas judías por debajo de su valor, que pasaron a ser de los no judíos. La noche del 9 de noviembre de 1938, los nacionalsocialistas mataron a más de 90 judíos, destrozaron miles de tiendas e incendiaron sinagogas durante la denominada Noche de los Cristales rotos. Cientos de miles de judíos huyeron del país.

    Las amenazas de Hitler pretendían que las potencias europeas revisaran las fronteras de Alemania. Su objetivo de unir a todos los alemanes mediante la conquista de un Lebensraum (espacio vital) no parecía irracional para algunos estadistas, quienes comprendieron que el Tratado de Versalles era demasiado duro para Alemania. Al mismo tiempo, consideraron que las demandas de Hitler no eran lo suficientemente graves como para provocar el estallido de una nueva guerra, por lo que no intervinieron para frenar su política agresiva. Alemania abandonó la Sociedad de Naciones en 1933 y comenzó a rearmarse en 1935 rompiendo lo pactado; en 1936 volvió a ocupar Renania. Alemania firmó el Pacto Anti-Komintern con Japón y formó una alianza con la Italia fascista, creando el Eje Roma-Berlín-Tokio. En 1938, declaró el Anschluss (unión) con Austria. En Munich, ese mismo año, Gran Bretaña, Francia e Italia accedieron a la demanda de Hitler de ocupar la región de los Sudetes en Checoslovaquia con mayoría de población alemana, bajo la promesa de que Alemania quedaría satisfecha en sus pretensiones territoriales.

    En marzo de 1939, rompiendo su palabra, Hitler ocupó el resto de Checoslovaquia. En agosto, cambiando radicalmente su política anticomunista, hizo un pacto de no agresión con la Unión Soviética que contenía una cláusula secreta sobre la partición de Polonia. Sus reiteradas demandas sobre Danzig condujo a un pacto entre polacos y británicos y a la movilización el ejército polaco.

    En 1939, aprovechando las contradicciones con checos y eslovacos, las tropas alemanas avanzaron sobre Praga, Bohemia, Moravia, y Eslovaquia fueron convertidas en protectorados.

    Inglaterra dio garantías a Polonia, Rumania, Grecia y Turquía de preservar su independencia. A la vez, junto con Francia, intento una alianza con la URRS firmaron un pacto de no agresión, y el 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia, en esa misma fecha los judíos polacos fueron asesinados o aislados en guetos, donde murieron gran número de ellos a causa del hambre o de enfermedad.

    En respuesta Inglaterra y Francia dieron un ultimátum a Hitler. El Tratado de Versalles no solucionó los problemas europeos. Los deseos de Alemania de buscar una revisión del Tratado por la fuerza hicieron inútiles los intentos de otros países que querían evitar el enfrentamiento.

    La política de Hitler de anexionar tierras vecinas para hacerse con Lebensraum llevó al estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 cuando atacó Polonia.

    3.10. La segunda guerra mundial.

    Inicialmente Alemania obtuvo grandes éxitos militares y consiguió el control sobre Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Luxemburgo, Balcanes, Grecia y Noruega en Europa, Túnez y Libia en el norte de África. Su ataque a Rusia en 1941 demostró que su ejército era insuficiente para abarcar un territorio de esas dimensiones.

    En junio de 1941, Hitler decidió el ataque contra la URRS, pero las tropas fueron detenidas a pocos kilómetros de Moscú y derrotadas en el sitio de Stalingrado, en 1943.

    Desde el inicio, la agresión de las tropas alemanas a los países vecinos fue acompañada de una sistemática política de exterminio de la población judía en campos de concentración, ubicados mayormente en Polonia.

    Las conquistas de Francia, Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Yugoslavia y Grecia provocaron que cientos de miles de judíos estuvieran bajo el dominio nazi. Al invadir la Unión Soviética en junio de 1941, el Ejército alemán era seguido por brigadas de la muerte formadas especialmente, las cuales mataron a casi un millón de judíos en el territorio ruso.

    Se construyeron centros de exterminación para matar a poblaciones enteras: millones de judíos y miles de gitanos y prisioneros soviéticos fueron ejecutados. Aunque hubo colaboradores en los territorios ocupados que ayudaban a los nazis, la resistencia a su política fue importante. Antes de la ocupación alemana, Bulgaria, Hungría, Finlandia e Italia rechazaron deportar judíos; existía una actividad guerrillera general en los territorios ocupados, y se produjeron levantamientos armados de judíos en Tarnów, Radom, Bedzin, Biaystok y otros lugares, así como en el campo de Sobibor.

    En 1943, durante tres semanas, los 65.000 judíos que permanecían en el gueto de Varsovia lucharon contra la policía alemana que intentaba llevar a cabo una redada completa. Hacia el final de la guerra, los judíos muertos ascendían a unos seis millones en lo que se conoció como el Holocausto.

    El avance del ejército rojo, que culminó en la toma de Berlín, por un lado, y el desembarco aliado en Normandía en 1944, precedieron la rendición de Alemania, que finalmente se produjo en mayo de 1945.

    Las etapas de la guerra.

    Durante la fulgurante Blitzkrieg (guerra relámpago), las divisiones mecanizadas alemanas arrollaron a las mal equipadas tropas polacas, ocupando el oeste de Polonia. Los soviéticos, según lo acordado, tomaron la parte oriental. Alentados por el éxito, en 1940 Alemania invadió y ocupó Dinamarca, Noruega, los Países Bajos y Francia, cuyas defensas rápidamente se vinieron abajo; las tropas británicas y francesas fueron evacuadas apresuradamente desde Dunkerque hacia Gran Bretaña. Hitler entonces bloqueó este país con submarinos y bombardeó el territorio británico con su nueva fuerza aérea. Mientras firmó un pacto de ayuda militar de diez años con las otras potencias del Eje —Italia y Japón—. En 1941, para ayudar a las titubeantes fuerzas italianas, envió tropas al norte de África, Grecia y Yugoslavia. Para llevar a cabo su idea de Lebensraum, y a pesar del pacto de no agresión germano-soviético, invadió la Unión Soviética por sorpresa. Como los soviéticos se retiraron hacia el este, los ejércitos alemanes ocuparon la rica Ucrania.

    En este momento, Hitler era el dueño del continente europeo. En 1942, sin embargo, Gran Bretaña todavía resistía y Estados Unidos, que había entrado en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor, estaba enviando suministros a británicos y soviéticos. Hitler entonces ordenó la movilización total de hombres y recursos. Por toda Europa (en especial los pueblos considerados inferiores, como eslavos y judíos) fueron exterminados o se vieron obligados a trabajar en las industrias de guerra alemanas, mientras que sus países sufrían la requisa de alimentos y materias primas.

    En 1943, la situación varió. La ofensiva soviética condujo gradualmente a las tropas alemanas hacia el oeste. Las fuerzas del Eje en África del Norte fueron derrotadas e Italia fue invadida. La misma Alemania, desde 1942, comenzó a ser bombardeada de forma intensiva. Aunque la derrota era inevitable, Hitler rehusó rendirse. El resultado de la guerra se aclaró más cuando las fuerzas británicas y estadounidenses desembarcaron en Normandía en 1944 y avanzaron de forma inexorable hacia la frontera alemana, mientras los soviéticos hacían lo mismo en el frente oriental. Hitler se suicidó antes de que los tanques soviéticos entraran en abril de 1945 en Berlín.

    3.11. Alemania después de la guerra.

    Ubicación actual alemana.

    La rendición incondicional de Alemania puso fin al III Reich. Los aliados redujeron Alemania a sus fronteras anteriores al comienzo de la contienda y asignaron una gran porción del territorio del este a Polonia. Se establecieron cuatro zonas de ocupación, los dirigentes nazis fueron juzgados como criminales de guerra y se desmantelaron sus industrias.

    Cuatro millones de alemanes, de las naciones vecinas y de los territorios anexados por Polonia y la URRS, se tuvieron que trasladar a una de las cuatro zonas en que fue dividida Alemania, mientras permaneció ocupada por Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la URRS.

    El desacuerdo entre los ex aliados sobre el futuro gobierno determino la creación, en 1949, de la Republica Federal Alemana (RFA), en el oeste, y de la República Democrática Alemana (RDA), en el este.

    La soberanía de ambas Alemanias fue reconocida en 1955 por sus ocupantes respectivos. En el contexto de la guerra fría, la RFA se integró a la OTAN y la RDA al Pacto de Varsovia. Tropas extranjeras continuaron en el territorio de las dos repúblicas, sujetas todavía a limitaciones en sus fuerzas armadas y con prohibición de poseer armamento nuclear.

    El partido socialista unificado (PSUA), surgido en 1946 de la unión de los comunistas y social demócratas, asumió el gobierno de la RDA e implantó un régimen similar al soviético. La URRS compenso las perdidas de guerra con dinero, equipos y ganado de la zona alemana oriental. En 1953, la situación económica y política de la RDA provocó protestas, que fueron reprimidas por las tropas soviéticas. Al mismo tiempo se incremento la emigración hacia la RFA.

    Entre 1949 y 1961, unos 3 millones de alemanes orientales emigraron hacia la RFA.

    En agosto de 1961 la RDA prohibió la emigración a occidente. Para hacer efectiva la decisión, cerró sus fronteras y construyo un muro en Berlín, entre la parte oriental y la occidental. El muro de Berlín se convirtió en símbolo de la división alemana y europea, y fue a menudo escenario de tenciones políticas. En 1971 Erich Honecker sucedió a Walter Ulbricht en la dirección del partido y más tarde la jefatura del gobierno.

    Entre 1949 y 1963 el canciller Konrrad Adenauer, demócrata cristiano consevador dirigió la reconstrucción de la RFA, bajo el lema de establecer una “economía social de mercado “. Con el apoyo de Estados Unidos (Plan Marshall) y de grandes inversiones extranjeras, la RFA se convirtió en una de las economías capitalistas mas desarrolladas y contribuyó a fundar la Comunidad Económica Europea (CEE).

    Con la victoria del Partido Socialdemócrata (SPD) en las elecciones de 1969, el gobierno del nuevo canciller, Willy Brandt, inauguró una política del deshielo hacia Europa Oriental y la RDA. En 1970 se iniciaron las primeras conversaciones formales entre la RFA y la RDA, en 1971 las potencias ocupantes acordaron el libre acceso de ciudadanos de la RFA a la RDA.

    Un tratado básico de relaciones bilaterales fue firmado por ambas Alemanias en 1963. En septiembre fueron admitidas como miembros de la ONU.

    En los años 70, en la RFA se intensifico el uso de la tecnología nuclear para la generación de energía. En respuesta se formo un fuerte movimiento ecologista basado en cientos de grupos a lo largo del país.

    En 1974 al descubrirse que su secretario particular era espía de RDA, Brandt renuncio a la jefatura del gobierno, y fue reemplazado por Helmut Kohl (CDU).

    Con el acceso al poder de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, a finales de la década de 1980, los regímenes comunistas de Europa del Este empezaron a perder el control sobre su población.

    A mediados de 1989, Hungría libero el transito a través de su frontera con Austria y, en pocas semanas, unos 350,000 alemanes de la RDA emigraron a la RFA, Al mismo tiempo, las manifestaciones en las calles reclamando cambios desencadenaron la crisis en la RDA . En agosto, Honecker renuncio y fue sustituido por Egor Krenz. El 9 de noviembre la RDA abrió la frontera y cayo el Muro de Berlín. De inmediato, Kohl propuso crear una confederación.

    El gobierno de Alemania Oriental cayó en 1989, un hecho que alteró profundamente las relaciones entre las dos alemanias. Con la caída del muro de Berlín y otras barreras emigratorias, más de 200.000 alemanes orientales entraron en Alemania Occidental, cuyo gobierno no sólo ayudó a los nuevos inmigrantes sino que también asignó una gran cantidad de capital para apuntalar la economía de Alemania Oriental. Ambas alemanias realizaron la unión económica y monetaria en julio de 1990, y en octubre se disolvió la República Democrática Alemana y todos sus ciudadanos se convirtieron en súbditos de la República Federal de Alemania, tras haberse notificado en los parlamentos de ambos países el Tratado de Unificación.

    En febrero de 1990, el gobierno de la RDA aprobó la unión alemana y retiro las tropas extranjeras de su territorio. La fusión se consagro en agosto de 1990, con el nombre de Republica Federal Alemana. La unión política fue posible cuando la ex URSS acepto el ingreso de la ex RDA en la OTAN . La única disposición de importancia mantenida en el este, solo por 2 años, fue la ley del aborto mas liberal que en el resto del país.

    Si la reunificación (Die Wende, o 'el cambio') permitió el reencuentro de familias y amigos separados durante mucho tiempo, también supuso numerosos problemas sociales y económicos (escasez de viviendas, huelgas y manifestaciones, desempleo, aumento de la delincuencia y de la violencia de extrema derecha contra la presencia de extranjeros). Los déficit presupuestarios causados por la unificación y el empeoramiento económico debido a una recesión implicaron mayores impuestos, la reducción de las ayudas públicas, la privatización de empresas y los recortes en los servicios sociales.

    Mientras se incrementaba el mercado para los productos de consumo, la reunificación afectó a la pujanza y competitividad de la economía alemana. Se evidenciaba un abismo entre las dos Alemanias en los niveles de vida, rendimiento industrial e infraestructuras; muchos alemanes orientales se sintieron ciudadanos de segunda clase, marginados por los occidentales, pero buena parte de éstos consideraba a su vez que estaba sacrificando sus niveles de vida para mantener a los orientales.

    En las primeras elecciones parlamentarias de la nueva RFA, en diciembre de 1990, la coalición gobernante demócrata cristianos alcanzó 54% de los votos y se mantuvo en el poder. A partir de 1991, la extrema derecha obtuvo avances importantes en todo el país como en Brema, donde supero el 7% de los votos.

    Durante 1992 se produjeron 2280 atentados contra extranjeros y monumentos judíos, que dejaron un saldo de 17 muertos judíos. Tras un ataque que causo la muerte de una mujer y 2 niñas turcas, el gobierno ilegalizó a 3 organizaciones neonazis.

    La cuestión de la inmigración.

    Uno de los más significativos problemas de la sociedad alemana era la existencia en su seno de determinados sectores con actitudes xenófobas, lo que, en su límite extremo, se traducía en ocasiones en ataques contra residentes extranjeros. Desde el final de la II Guerra Mundial, Alemania Occidental solventó su escasez de mano de obra permitiendo la entrada de emigrantes (oficialmente denominados “trabajadores invitados”) para residir y trabajar en el país. Estos trabajadores, muchos procedentes de Turquía y de otros países mediterráneos como Grecia o España, trajeron o formaron familias en Alemania Occidental, pero no pudieron adquirir la ciudadanía alemana. En la década de 1990, Alemania contaba con casi dos millones de trabajadores extranjeros; además, 440.000 exiliados solicitaron entrar en el país en 1992, un incremento del 71% respecto a 1991 (de éstos, 122.666 procedían de la antigua Yugoslavia). En 1992 se registraron unos 2.300 ataques contra extranjeros; en 1993, la cifra fue de unos 1.300 y ese mismo año murieron ocho personas por la violencia de la extrema derecha, descendiendo respecto a los 17 que se produjeron en 1992. Los ataques a los judíos descendieron, pero los ataques sobre las personas sin hogar y las discapacitadas se duplicaron, desde 145 hasta 324 en el mismo periodo. Hubo manifestaciones masivas que protestaron contra esta violencia de la extrema derecha, por lo que el gobierno incrementó sus actividades contra el neonazismo. En mayo de 1993, el Parlamento alemán aprobó limitaciones de asilo para los extranjeros en Alemania, que fueron efectivas a partir del 1 de julio de 1993. Desde junio hasta julio de ese año decrecieron un 34% las solicitudes de asilo a Alemania.

    Normalización política

    En septiembre de 1993, Alemania renovó su petición para ser miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Como miembro del Consejo, Alemania debería contribuir con tropas en las operaciones internacionales de mantenimiento de la paz, lo que fue motivo de agrios debates parlamentarios. También en 1993, los votantes alemanes ratificaron la permanencia de su país en la Unión Europea (UE; anteriormente Comunidad Europea).

    En mayo de 1994, el cristianodemócrata Roman Herzog fue elegido presidente de la República por el Parlamento, cargo en el que sucedió a Richard von Weizsäcker. Dos meses después, el Tribunal Constitucional Federal dictaminó que las Fuerzas Armadas alemanas podrían servir en el marco de misiones de la ONU u otras de carácter internacional, en espacios fuera del área de la OTAN, previa aprobación parlamentaria.

    En agosto, las últimas tropas rusas abandonaron Berlín, seguidas, en septiembre, por las británicas, francesas y estadounidenses. En las elecciones celebradas en octubre de ese mismo año, la coalición gubernamental de centro-derecha (CDU, CSU y FDP) mantuvo su mayoría en el Bundestag, pero vio reducida su diferencia con los socialdemócratas. Kohl fue reelegido canciller para un cuarto mandato consecutivo, por lo que en 1996 se convirtió en el dirigente político de la Alemania de posguerra que más años se había mantenido al frente del gobierno de forma ininterrumpida.

    Problemas económicos y sociales

    A comienzos de 1997, la tasa de desempleo alcanzaba el 12,2%, el nivel más alto desde el final de II Guerra Mundial. Entre las razones para que se produjera ese incremento estaban la recesión económica, las bajas temperaturas (que dificultaron la actividad habitual en el importante sector de la construcción) y unos salarios elevados. Con el fin de hacer frente a un creciente déficit presupuestario, Kohl anunció planes para recortar en varios miles de millones el sistema de ayudas y prestaciones sociales. Su propuesta, que pasaba por reducir las prestaciones por desempleo y baja laboral, fue rechazada de inmediato por los sindicatos y la oposición parlamentaria.

    Junto a las medidas de austeridad y los recortes en los gastos, el desempleo se mantuvo elevado a lo largo de 1997, lo que motivó las llamadas a posponer, e incluso abandonar, el proceso de incorporación al euro por parte de Alemania. Por contra, Kohl mantuvo su firme apoyo a la nueva unidad monetaria, a pesar de que su popularidad descendió ante lo que los ciudadanos percibían como incapacidad para poner fin a la espiral de desempleo e inflación creciente. En el mes de septiembre, a tan sólo un año de las elecciones, Kohl se encontró con un nivel de desempleo que ascendía al 18,3% en la antigua Alemania Oriental. Pese a ser un feudo tradicional de la coalición gobernante desde que se produjera el proceso de reunificación, los elevados índices de paro en esta zona del país fueron considerados como un mal presagio y un elemento que jugaría en su contra en los comicios que se iban a celebrar.

    A la vez que los problemas económicos se generalizaban, la tensión social iba en aumento. En noviembre se conocían las actividades pronazis por parte de miembros de las Fuerzas Armadas alemanas; en las mismas fechas, se produjo un incremento de los ataques racistas contra los inmigrantes.

    En febrero de 1998 la tasa de desempleo en Alemania alcanzó el 12,6% a escala nacional (en tanto que era del 21,1% en la antigua Alemania Oriental). Esto dio lugar a manifestaciones generalizadas en todo el país, protagonizadas por trabajadores en paro, solicitando la dimisión de Kohl. Pese al citado nivel de desempleo y a las protestas de los ciudadanos afectados por la crisis, en mayo de ese mismo año Alemania firmó el acuerdo por el que, junto con otros 10 miembros de la Unión Europa, adoptaría el euro como nueva unidad monetaria a partir del 1 de enero de 1999.

    Cancillería de Gerhard Schröder

    En los comicios regionales celebrados en abril de 1998 en el estado de Sajonia-Anhalt los socialdemócratas derrotaron a los cristianodemócratas por un amplio margen. Esto no fue sino el preludio de lo que sucedería en las elecciones legislativas del siguiente mes de septiembre, cuando el triunfo socialdemócrata puso fin a 16 años de permanencia en el poder de los conservadores dirigidos por Helmut Kohl. Éste, tras conocer el veredicto de las urnas, renunció a su cargo como presidente de los cristianodemócratas. El SPD obtuvo el 40,9% de los votos emitidos (obtuvo 298 diputados), seguido por la CDU (35,2%, 245 escaños), Los Verdes (6,7%, 47), el FDP (6,2%, 43) y el PDS (5,1%, 36). Estos resultados obligaron al SPD a buscar un socio de gobierno, por lo que el nuevo canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, formó un gabinete de coalición con Los Verdes, pese a que ambas formaciones mantenían puntos de vista discrepantes con respecto a algunos asuntos fundamentales de la política interior y exterior alemana. De hecho, las disensiones surgieron pronto, con motivo del proyecto de ley para permitir que los hijos de inmigrantes accedieran a la doble nacionalidad desde el momento mismo de su nacimiento. Esta ley (conocida como “ley de ciudadanía”) fue criticada tanto por la oposición de centro-derecha (que la consideraba demasiado permisiva) como por parte de los ecologistas (quienes la tachaban de restrictiva). En mayo de 1999 se aprobó finalmente una versión menos ambiciosa que la original: los hijos de los extranjeros residentes en Alemania gozarían de doble nacionalidad hasta que cumplieran los 23 años, edad en la que deberían optar entre ambas; además, todos aquellos que llevaran residiendo en Alemania un mínimo de ocho años podrían solicitar la ciudadanía alemana, aunque para ello deberían acreditar su conocimiento y uso del idioma alemán y la ausencia de antecedentes penales. El texto fue aprobado por el Bundestag y refrendado por el Bundesrat, para entrar en vigor el 1 de enero de 2000.

    Aparte de lo anteriormente citado, en marzo de 1999, el nuevo canciller hubo de hacer frente a la dimisión de su ministro de Finanzas, Oskar Lafontaine, representante del ala izquierda del SPD y opuesto a la línea centrista adoptada por Schröder, así como a la actitud mantenida por Alemania durante la crisis de Kosovo. El conflicto de los Balcanes, en el que Alemania desempeñó un destacado papel como miembro de la OTAN, provocó asimismo serias divergencias en el seno de Los Verdes, pues su más señalado dirigente, Joschka Fischer, era el titular de la cartera de Asuntos Exteriores en el gobierno de coalición.

    En julio de 1999 tuvo lugar la última sesión del Bundestag en la ciudad de Bonn, y desde el mes siguiente pasó a reunirse en Berlín. Durante ese mismo año, Johannes Rau, histórico miembro del SPD, sustituyó a Roman Herzog en la presidencia de la República. A finales de ese año, el ex canciller Kohl admitió haber recibido donaciones anónimas para financiar su partido, razón por la cual se le abrió de inmediato un sumario por malversación de fondos. El 16 de febrero de 2000, su sucesor al frente de la CDU, Wolfgang Schäuble, afectado por el escándalo, renunció a sus cargos en el partido.

    Finalizada la legislatura, el 22 de septiembre de 2002 tuvieron lugar nuevos comicios generales. El 1 de enero de aquel año había entrado en circulación el euro y desaparecido el marco, en tanto que el desempleo seguía siendo uno de los principales problemas de la sociedad alemana, y la reforma de una economía en recesión, la asignatura pendiente del gobierno de izquierdas. Este contexto tuvo un inevitable reflejo en los resultados electorales: el SPD recibió el 38,5% de los sufragios emitidos, exactamente igual que la coalición conservadora formada por CDU y CSU, aunque el sistema electoral determinó que los socialdemócratas obtuvieran 251 diputados, por 248 de los cristianodemócratas, cuyo nuevo líder era Edmund Stoiber. Esta situación de empate técnico se resolvió a favor del SPD gracias a los extraordinarios resultados logrados por Los Verdes, su socio de gobierno durante los cuatro años anteriores, que tuvo el respaldo del 8,6% de los votantes e incrementó hasta 55 sus escaños. Así las cosas, socialdemócratas y ecologistas renovaron su alianza y garantizaron la formación de un nuevo gobierno de coalición, en el que Schröder seguiría al frente de la Cancillería Federal. Por su parte, Los Verdes conservaron tres carteras: Agricultura, Medio Ambiente y Asuntos Exteriores, de la que Fischer continuaría como titular. También mantuvieron sus cargos Peter Struck (Defensa), Otto Schily (Interior) y Hans Eichel (Finanzas). La gran novedad fue la aparición de Wolfgang Clement, puesto al frente de dos ramos claves, Trabajo y Economía, en los que sustituyó, respectivamente, a Walter Riester y en marzo de 2003, el Canciller presentó en el Bundestag la llamada Agenda 2010, programa que pretendía reactivar la economía y que implicaba una importante reducción del gasto público. Schröder, hasta ese momento avalado por su promesa de disminuir los impuestos y por su postura antibelicista durante la crisis de Irak, tuvo que hacer frente a las críticas de distintos sectores de la sociedad alemana que protestaron por los recortes sociales que implicaba la Agenda 2010.

    En mayo de 2004, la Asamblea Federal eligió presidente del país al economista Horst Köhler (hasta poco antes director del Fondo Monetario Internacional), el cual sucedió en el cargo a Rau el 1 de julio siguiente. La candidatura de Köhler, apoyada por democristianos y liberales, se impuso a la de Gesine Schwan, respaldada por ecologistas y socialdemócratas. En junio, el SPD sufrió una importante derrota en las elecciones al Parlamento Europeo, que se sumaba a las que había cosechado en los meses anteriores en diversos comicios regionales. En lo que supuso la culminación de esta dinámica, en mayo de 2005, los socialdemócratas perdieron el poder en uno de sus más firmes bastiones, Renania del Norte-Westfalia, donde habían gobernado durante los últimos 39 años. Tras el notable varapalo que este hecho significó para el SPD, Schröder decidió someterse a una moción de confianza parlamentaria el siguiente 1 de julio (que, en el caso de perder, abriría la posibilidad, por él mismo sugerida y deseada, de celebrar elecciones anticipadas antes de que concluyera el año). El canciller, aferrado con firmeza al propósito de seguir aplicando su impopular programa de reformas, entendía que, dadas las constantes muestras de oposición al mismo, debía recibir el apoyo explícito de la ciudadanía para proseguir al frente del gobierno.

    Schröder consiguió su propósito: luego de su esperada (y forzada) derrota en el Bundestag, que le negó su confianza, Köhler disolvió el legislativo y convocó elecciones para el 18 de septiembre de 2005. Ese día, la alianza CDU-CSU consiguió 226 escaños, por 222 del SPD, 61 del FDP, 54 del Partido de la Izquierda (nacido de la fusión del poscomunista Partido del Socialismo Democrático, liderado por Gregor Gysi, y Alternativa Electoral Trabajo y Justicia Social, en la que había ingresado Lafontaine tras su ruptura con el SPD) y 51 de Los Verdes. Ante tan estrechos resultados, se hizo necesario el establecimiento de algún pacto de gobernabilidad; finalmente, se alcanzó entre democristianos y socialdemócratas, que formaron un gobierno de gran coalición en el que la cancillería federal pasó a ser ejercida, desde el 22 de noviembre, por la líder de la CDU, Angela Merkel.

    En marzo de 2006, el nuevo ejecutivo dio los primeros pasos para afrontar una reforma constitucional destinada a modificar el sistema federal alemán; contemplaba una notable disminución de las leyes que precisarían la aprobación del Bundesrat (lo que agilizaría la acción legislativa del gobierno federal, en ocasiones bloqueada por la pertinente doble aprobación parlamentaria) y, a cambio, un incremento de las competencias de los estados federados en distintos ámbitos. Esta importante reforma fue aprobada en el Bundestag el 30 de junio de ese año.

    4. Alemania en la actualidad.

    Bandera. Alemania es la tercera mayor economía del mundo (después de la de Estados Unidos y Japón) y la primera de Europa, s