Desamortización Mendizábal

Historia de España siglo XIX. Transformación propiedad privada. Ley Madoz

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3.4.1.- TRANSFORMACIONES DE LA PROPIEDAD DE LA TIERRA Y ESTABILIDAD DEL MUNDO RURAL (1834-1874).

La desamortización de Mendizábal y Madoz.

La desamortización supone la incautación estatal de bienes raíces de propiedad colectiva, bien eclesiástica o bien civil, que , tras la correspondiente nacionalización y posterior venta en subasta, pasan a formar una propiedad nueva, privada, con plena libertad de uso y disposición.

Antecedentes

En el reinado de Carlos III apareció la critica a la amortización de bienes raíces.

A partir de 1795, bajo el valimiento de Godoy, cuando la política belicista del gobierno y el consiguiente crecimiento brutal de la deuda pública obligaron al ministro a iniciar la desamortización de bienes de institutos eclesiásticos.

Durante la Guerra de la Independencia tanto el gobierno bonapartista como las Cortes de Cádiz realizaron una legislación paralela de supresión de conventos y órdenes religiosas y de puesta en venta de sus propiedades, destinando el producto a amortizar la deuda del Estado.

En el Trienio volvieron a entrar en vigor las decisiones de las Cortes de Cádiz. Se emprendió la desamortización de bienes de propios y baldíos, vendidos, principalmente, a inversores burgueses.

DESAMORTIZACIÓN A PARTIR DEL REINADO DE ISABEL II.

Con estos precedentes, a partir de 1833 el proceso desamortizador se precipitó por varias causas:

1.- La guerra obligaba al Estado a obtener recursos.

2.- Se difundió en el país un clima anticlerical.

3.- Los antiguos compradores de bienes desamortizados en el Trienio, expropiados en 1823, presionaban al gobierno para que les devolviera sus bienes.

Por eso no es extraño que los gobiernos liberales fueran poco a poco avanzando hacia la desamortización.

El resultado es que sólo subsistieron 300 de los 2.000 conventos existentes.

En esta situación se publicó la primera de las dos grandes leyes de desamortización de la revolución liberal, la de Mendizábal.

En 1836 se declaraban en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular, y se destinaban los fondos obtenidos a la amortización de la deuda pública.

Mendizábal se convirtió en ministro de Hacienda bajo el gobierno progresista de Calatrava, y a partir de ahí las subastas se reanudaron.

Bajo la regencia de Espartero, se incluyeron los bienes del clero secular, igualmente desamortizados. Fue finalmente con la vuelta de los moderados, en 1844, cuando se suspendieron las subastas, aunque el gobierno del general Narváez garantizó las ventas ya realizadas.

Se había amortizado el 62% de las propiedades de la iglesia.

Las fincas fueron tasadas por peritos de Hacienda y subastadas después, alcanzando una puja media del 220% sobre el precio de salida. Dado el distinto tamaño de los lotes, eran en teoría asequibles para grupos sociales de bajos ingresos, pero en la práctica los propietarios y los inversores burgueses acapararon las compras, puesto que eran los únicos que tenían liquidez, sabían pujar y podían controlar fácilmente las subastas. Comprar era un excelente negocio: sólo se abonaba el 20% al contado.

Lo que ocurre es que el ministro no buscaba ni un reparto de las tierras ni una reforma agraria, sino beneficiar a quienes, como él mismo, pertenecían a la elite financiera y comercial, y buscan consolidar su prosperidad económica con la compra de bienes inmuebles.

La deuda ascendía.

Las consecuencias de la desamortización fueron muy variadas:

1.- Desmantelamiento casi completo de la propiedad de la Iglesia y de sus fuentes de riqueza, toda vez que el diezmo fue igualmente suprimido en 1837.

2.- La desamortización no resolvió el problema de la deuda, pero si contribuyó a atenuarlo.

3.- La desamortización no produjo un aumento de la producción agraria, contra lo que pretendían sus promotores. Los nuevos propietarios, en general, no emprendieron mejoras, sino que se limitaron a seguir cobrando las rentas y las incrementaron, al sustituir el pago de los derechos señoriales y diezmos por nuevos contratos de arrendamiento.

Muchos de los nuevos propietarios vivían en las ciudades, completamente ajenos a las actividades agrícolas. La desamortización trajo consigo un proceso de deforestación, pese a las prohibiciones del gobierno en ese sentido.

4.- La desamortización provocó un reforzamiento de la estructura de la propiedad de la tierra: acentuó el latifundismo en Andalucía y Extremadura y el minifundismo en el Norte.

Los que desde luego no compraron fueron los campesinos: o no recibían información de las subastas, o no sabían pujar, o no tenían dinero para hacerlo.

En las ciudades ocurrió lo mismo. La mayoría de los inmuebles estaba en el centro urbano, la desamortización contribuyó a un urbanismo discriminador. La alta burguesía acaparó los mejores edificios del centro, excluyendo a las clases medias, confinadas en las viejas viviendas, y dejando para los obreros los arrabales de la periferia.

La segunda gran desamortización iniciada con la Ley Madoz de 1855, que formó parte del programa del gobierno progresista del bienio. Establecía la venta en subasta pública de toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes al Estado, a la Iglesia, los propios y baldíos de los Municipios y, en general, todos los bienes que permanecieran amortizados. Se trataba, por tanto, de completar y terminar el proceso de desamortización iniciado por Mendizábal en 1836. La Ley de Madoz se desarrolló a gran velocidad.

Las consecuencias de esta segunda desamortización fueron la eliminación de la propiedad comunal y de lo que quedaba de la eclesiástica, lo que provoco en primer lugar, un agravamiento considerable de la situación económica del campesinado, y en segundo lugar, una ruptura de las relaciones con la Iglesia, ante la flagrante violación del concordato.

La desamortización de Madoz estuvo en vigor hasta 1895, año en que fue derogada, pero desde 1856 apenas hubo subastas, ya que poco quedaba por vender. Sí continuó habiendo importantes partidas de ingresos de la Hacienda durante esos 40 años, al irse abonando los pagos aplazados.

El proceso desamortizador contribuyó claramente al cambio hacia una sociedad burguesa. Significó el traspaso de una enorme masa de tierras a los nuevos propietarios y la fusión de la antigua aristocracia feudal con la burguesía urbana para crear la nueva elite terrateniente.

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