Derecho sindical

Legislación mexicana. Sindicatos. Movimiento sindical. Huelgas. Organizaciones obreras. Libertad sindical

  • Enviado por: Ismael Espíndola Cruz
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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DERECHO SINDICAL

Constituye la manifestación jurídica más importante en el campo de las relaciones entre los factores de la producción, de las relaciones de trabajo, en el complejo panorama obrero-patronal. Constituye la institución primordial para regular y articular el renovado y cambiante proceso de la llamada cuestión social.

El derecho sindical se propone establecer el equilibrio en las relaciones de producción, entre patrones y trabajadores.

En la legislación mexicana, el capítulo normativo de la actividad sindical queda generalmente absorbido por el sector del trabajo, asignándole a la coalición obrera, a través de la contratación colectiva y del derecho de huelga, una función activa, dinámica, para promover y obtener condiciones ascensionales en el nivel de vida de los trabajadores; en tanto que la coalición patronal no esta determinada por la necesidad de obtener esas condiciones ascendentes a costa de los obreros.

El ejercicio del derecho sindical más importante y típico (el derecho de huelga) aparece consagrado en la legislación mexicana como un derecho de presión del trabajo organizado, presión legalmente permitida y protegida dentro de los requisitos de licitud, tendiente a corregir el nivel entre los factores de la producción, armonizando los derechos del capital con los del capital; mientras que del lado patronal, el paro solo adquiere legitimidad justificando la incosteabilidad de la producción, mediante la autorización previa de la junta de conciliación y arbitraje, es decir, mediante una interferencia anterior por parte del estado, interferencia que no se produce en el caso de la huelga.

Tal divergencia se explica teniendo en cuenta que el interés jurídicamente protegido por el derecho de huelga, consiste en la pretensión de obtener determinadas prestaciones de la empresa. El interés jurídicamente protegido por el derecho de paro patronal, no consiste en la pretensión de obtener prestaciones de los trabajadores, sino que se le exima temporalmente del cumplimiento de las obligaciones contraídas con ellos.

EVOLUCIÓN DE LAS LUCHAS SOCIALES

La evolución de las luchas sociales se manifiesta como una pugna inherente al devenir de la humanidad, independiente de cualquier fundamentación teórica o doctrinaria.

La antigua estructura de clases sociales estaba conformada por la jerarquía de castas; esto va derivando con la evolución social a otra estructura clasista distinta de orden económico. Hay una confrontación entre ricos y pobres, entre quienes dominaban los medios de producción y los que tenían como único patrimonio su fuerza de trabajo.

LOS GREMIOS Y EL MONOPOLIO DEL TRABAJO

En la edad media había un movimiento de subversión instintivo en contra del estado de cosas, alentado por los principios que de la propia doctrina de la iglesia se desprendían y daban una sustentación religiosa a la lucha contra la explotación social.

En aquella época oscurantista, férreamente ordenada en lo político, en lo económico y en lo religioso, surgen movimientos de protesta y de subversión que conducirían más tarde a través de la ilustración a la revolución francesa.

La escala gremial en la corporación era una asociación de propietarios llamados maestros, a cuyo servicio en sus talleres estaban los compañeros y los aprendices. La visión de esta sociedad corporativa, de estos gremios, estaba proyectada hacía un solo objetivo que era la producción.

Decadencia de los gremios

Inicialmente las corporaciones surgieron como instituciones de puertas abiertas a la superación mediante la capacidad.

La decadencia del sistema se puede considerar en dos aspectos: uno de orden interno y otro de orden externo. Las causas internas derivaron de los grandes abusos que se cometían.

En cuanto a la causa externa consistió principalmente en la aparición de nuevos continentes. El advenimiento de la revolución industrial con el maquinismo produjo una gran concentración de capital por un lado y la gran masa de trabajadores que no tenía mas que su fuerza de trabajo, por otro; de ahí surge ya el movimiento del proletariado y del sindicalismo moderno.

EL MODERNO DERECHO SINDICAL

Durante el reinado de Luís XVI se decreta la desaparición de los gremios porque advierte que eran un obstáculo para la libertad del trabajo y proclama el derecho al trabajo como la primera de las propiedades humanas.

En junio de 1975 la Asamblea Nacional surgida de la revolución francesa aprobó una ley en donde se proclamaba la libertad del trabajo; la libertad de dedicarse cada quien al trabajo que quisiera con la única condición de pagar una patente para establecerse. Posteriormente surge una ley que prohibió no solamente los gremios, sino que dio un paso más radical: prohibió el derecho de asociación por considerarlo una cortapisa para la libertad de trabajo. Declaraba que no puede haber ninguna organización intermedia entre el estado y el individuo; esto, para proteger o regular la libertad entre los ciudadanos.

Estos principios de libertad apoyaron sorprendentemente al patrón en perjuicio del trabajador, pues resultó que por reacción en contra de aquella limitación a la libertad del trabajo se consagró la libertad irrestricta en la contratación, y en nombre de esa libertad el más fuerte explotaba al más débil.

Precisamente como reacción en contra de esa ley surgió el moderno derecho social, pues en 1868 se implantó en Francia el derecho de asociación sindical.

La agrupación obrera, a través del derecho de asociación, surgió para contrarrestar la voluntad omnímoda del patrón mediante la fuerza numérica de los trabajadores organizados. Era la fuerza que podían tener los trabajadores para confrontar el poder económico de los capitalistas que detentaban los instrumentos de producción, la maquinaria y el capital financiero. El derecho social consagra el derecho de asociación, el derecho de coalición, el derecho de negociación colectiva y el derecho de huelga para establecer las condiciones de trabajo como resultado de un equilibrio entre los factores de la producción: el capital y el trabajo.

Evolución del movimiento sindical.

La lucha por el derecho se manifiesta fundamentalmente en el derecho del trabajo, al advertir que ninguna institución de protección a los trabajadores ha surgido graciosamente, sino merced al esfuerzo de los propios trabajadores. Surge a consecuencia del desarrollo de las organizaciones obreras pues las instituciones del derecho laboral son el resultado de la quiebra del liberalismo económico inspirado en los principios de la revolución francesa.

En la época precortesiana, no había ningún rudimento de la asociación en el trabajo, pero independientemente de la organización política y social del Imperio Azteca que tenía una base teocrática y una estructura muy compleja y jerarquizada.

El derecho se basaba en las costumbres, todos los contratos eran verbales y el contrato de trabajo era muy común, pues se alquilaba gente para prestar algún servicio. Las mujeres pobres, cuando no ayudaban a los hombres de la familia en las labores del campo, se dedicaban a oficios.

Los gremios en le México virreinal

En el México virreinal, los gremios, a diferencia de lo que sucedía en España donde inicialmente eran unas organizaciones para proteger el trabajo y tenían autonomía frente al Estado, fueron organizaciones del trabajo subordinadas a los intereses de la metrópoli, de manera que el trabajo se reglamentaba a fin de que solamente se produjera aquello que conviniera al Estado español. En aquella época en México la industria era muy rudimentaria porque no se permitía el libre desarrollo. Surgieron las ordenanzas de obrajes; el núcleo industrial en la colonia consistía en la institución del obraje que era una especia de pequeño taller.

En el México virreinal la organización del trabajo se plasmaba en los gremios que eran instrumentos del Estado español al servicio de la economía española, y por otra parte en las ordenanzas de obrajes. En la Nueva España no había asociaciones de trabajadores o algo parecido. En las Leyes de Indias hay un antecedente del Derecho del Trabajo en México, pues en sus ordenanzas se encontraba la institución del salario mínimo, de la jornada, de los descansos, días festivos, vacaciones y la protección contra enfermedades.

A raíz de la lucha contra el porfirismo, con la revolución maderista fue tomando cuerpo el movimiento sindical en México. Esta conciencia ideológica, esta ideología sindical, se manifestaba en cuatro corrientes: el sindicalismo revolucionario que tenía tintes anarquistas, hubo una gran influencia anarquista en la iniciación del movimiento obrero; el socialismo, las ideas socialistas inspiradas en algunos sectores en el socialismo utópico.

El socialismo tendía a la colectivización de la economía, a diferencia del anarquismo, de movimiento ácrata que negaba al Estado. Hubo también el movimiento sindical de la Iglesia católica; el cual tuvo su expresión más significativa en la Encíclica de León XIII en 1891, en la que se aboga por la asociación profesional y se condenaba al capitalismo como un régimen inspirado en el lucro.

Las modernas organizaciones obreras en México

Después del Congreso Constituyente de 1917 que consagró las garantías sociales, va tomando cuerpo la idea de organizar el trabajo. Esta idea tuvo su exponente principal en Luís N. Morones. Morones llenó toda una época en el movimiento obrero mexicano desde 1918 hasta 1928; llegó a ser con Calles, Secretario de Industria y Comercio, fundó el partido laborista, paralelo políticamente a la CROM en el movimiento sindical. Tenía dos gobernadores ese partido, 40 diputados y varios senadores, ejercía un gran poder.

Vicente Lombardo Toledano, el gran ideólogo del sindicalismo obrero en México había participado anteriormente como funcionario sindical dentro de la CROM. El movimiento sindical mexicano tenía contactos internacionales. A México habían llegado representantes del partido socialista español de Pablo Iglesias; se mantuvo contacto con las dos grandes corrientes del sindicalismo norteamericano: la de Gompers, llamado el “Lincoln de los obreros” porque fue el iniciador del sindicalismo en Estados Unidos. Contra esta corriente estuvo el “Congreso Industrial”, que preconizaba la huelga como instrumento de lucha. Aquí en México hubo una mayor inclinación hacia la segunda, con los métodos de la huelga como instrumento de reivindicación obrera.

Las divisiones sindicales dieron pie a las pugnas intergremiales, que no estaban previstas en el Artículo 123 Constitucional.

En 1928 se constituyó la Federación Sindical Obrera del Distritito Federal. Lo curioso es que esta organización, que sería el semillero de la futura CTM, fundada en febrero de 1936, se creó con representaciones de poca significación que formaban un conjunto abigarrado.

A consecuencia de la crisis económica mundial que repercutió gravemente en México, los presidentes anteriores al general Cárdenas procuraron inspirar confianza a los empresarios para mantener la inversión, haciendo concesiones a los mismos que frenaban los avances sociales. El general Cárdenas tuvo una visión distinta: la manera de levantar la economía de México y organizarla era dándole una gran base obrera al Estado mexicano.

Lázaro Cárdenas le dio solidez al Estado mexicano, apoyándose en el movimiento obrero.

No fue solo una política obrerista y de carácter social, sino a la vez una política de integración del Estado Mexicano.

Antecedentes del Artículo 123 constitucional.

El artículo 123 Constitucional, donde se advierte que representa la combinación de una serie de ideas y movimientos que confluyeron en la cristalización de los derechos sociales en la Constitución más avanzada del mundo, pues se anticipó a la Constitución socialista de Weimar de 1919.

Había una clase de trabajadores que se hallaban en una zona intermedia entre el peón y el mayorazgo, que tenían una pequeña parcela de terreno, los cuales obtenían un curioso complemento del salario y laboraban en la casilla. Se llamaban “peones acapillados” porque se alojaban en la casilla donde estaban asignados, durmiendo en el sueño promiscuamente muchos de ellos.

Las huelgas de Cananea y Río Blanco

La huelga de Cananea y la de Río Blanco son dos acontecimientos relevantes en la lucha del movimiento obrero. La huelga de Cananea se originó porque se trataba de una compañía minera norteamericana que pagaba a los trabajadores mexicanos salarios inferiores a los que percibían los norteamericanos.

En Río Blanco el motivo de la huelga fue que se había producido una especie de solidaridad entre grupos de trabajadores textiles de Puebla, de Veracruz y de Orizaba, fundamentalmente pidiendo una mejoría en las condiciones de trabajo.

Después de los fenómenos revolucionarios en el maderismo, los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón fueron precursores también de las ideas que cristalizaron el Artículo 123 Constitucional. A virtud del movimiento de Venustiano Carranza en marzo de 1913 surge la llamada “Revolución Constitucionalista”, donde un gran jurista mexicano al que se criticaba por su moderantismo, llamándole monseñor, Natividad Macías, que ya había sido diputado en el Congreso en la XXVI Legislatura, pasó a ser el que le dio forma jurídica al Artículo 123 Constitucional. Los ideólogos del Artículo 123 eran profesores de escuela, artesanos, obreros autodidactas, que estaban impregnados de las ideas sociales de la época; algunos de ellos fueron enviados por el propio Venustiano Carranza a conocer las disposiciones legales en esta materia a Australia, Bélgica y Estados Unidos.

La asociación profesional y el sindicato

Etimológicamente “sindicato” es designado por los romanos al procurador elegido para defender los derechos de una corporación.

Uno de los primeros sindicatos, se formó en 1866: una asociación de zapateros que ya tomó el nombre de sindicato.

La utilización en Francia del término sindicato reside en que la Trade Union inglesa de mediados del siglo XIX era una asociación restringida, que solamente agrupaba a los trabajadores de profesiones similares o conexas. Por ello propone una distinción entre el derecho de asociación profesional, que comprenderá en un sentido amplio y genérico la facultad de los trabajadores y de los empresarios de asociarse en defensa de sus respectivos intereses, en tanto que la palabra sindicato, se empleaba para aludir específicamente a las diversas formas de la sindicación.

El obrero del siglo XIX vivía aislado, pues dentro de la concentración industrial se produjo la aglomeración de trabajadores en torno de las grandes empresas, y tuvo la necesidad de agruparse para contrarrestar la fuerza del capital.

La Constitución mexicana de 1917 considera al hombre no en forma aislada sino dentro del grupo social. De ahí surgen los sindicatos como medio de contrarrestar el poder económico de los capitalistas y establecer condiciones de trabajo más humanas.

La libertad sindical frente al Estado.

La libertad sindical está consagrada en el Convenio 87 de 1948, de la OIT ratificado por México, que conforme al artículo 6° de la Ley Federal del Trabajo forma parte del derecho positivo, al disponer que los tratados internacionales celebrados y aprobados en los términos del artículo 133 de la Constitución son aplicables a las relaciones de trabajo en todo lo que beneficien al trabajador, a partir de la fecha de vigencia.

Tal parece que la Comisión redactora de la Ley Federal del Trabajo de 1970 quiso suprimir deliberadamente algunas partes de dicho convenio, suponiendo que va implícito en las formación del sindicato, porque si este es una creación de los trabajadores, y ellos adoptan las normas reguladoras de su funcionamiento contenidas en los estatutos, están obligados consecuentemente a cumplir y respetar los mismos.

En el supuesto mencionado, como los estatutos requieren la autorización de la asamblea para el ejercicio del derecho de huelga, la inobservancia de ese requisito implica la falta de representación y de legitimación para emplazar a huelga a nombre del sindicato.

Sindicato amarillo y sindicato blanco

Dentro de los problemas concernientes a la libertad sindical, aparecen los sindicatos que no corresponden a su finalidad característica, que es la lucha de clases, y se habla del sindicato amarillo y del sindicato blanco.

No hay ningún obstáculo legal para que exista un sindicato amarillo, porque éste es el que no cree en la lucha de clases ni en la huelga, preconiza la colaboración entre las clases y dentro de ella trata de obtener una participación en las utilidades, razonable y equitativa, sin necesidad de acudir a la huelga. Una expresión del sindicato amarillo se encuentra en los sindicatos católicos.

En la fracción XVI del Artículo 123 no se habla de la ideología del sindicato, ni tampoco el artículo 356 de la Ley Federal del Trabajo, que lo defino como la “asociación de trabajadores o patrones, constituida para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses”. Se trata de que el sindicato defienda los intereses de los trabajadores, pero no explica la Ley ni condiciona la forma de defensa de esos intereses, y por tanto puede ser por la vía de la lucha de clases o de la colaboración. Por ello admite la posibilidad de que haya sindicatos amarillos, esto es, que no preconicen la lucha de clases ni reclamen el derecho de huelga.

En cambio, lo que si está prohibido es el sindicato blanco, porque éste no tiene un objeto lícito, ya que no atiende a la defensa de los intereses de los trabajadores, sino al contrario, su finalidad es impedirla; lo que contraviene la naturaleza de la asociación sindical.

Hay tres manifestaciones principales de las relaciones de los sindicatos con los patrones. Uno es el llamado sindicalismo libre, como en Francia e Inglaterra donde los sindicatos se encuentran obligados a reconocer a determinados sindicatos; también están en libertad de pactar con ellos o de no hacerlo. Ahí la fuerza de los sindicatos descansa en el poder obrero, en la consistencia de la asociación, o sea en los elementos pragmáticos; no les importa contar con un dispositivo legal que les proteja para obtener del patrón la firma de convenios, no lo necesitan para exigir esos convenios e ir a la huelga, aún cuando la Ley no le imponga al patrón la obligación de reconocerles personalidad.

Otro, el sistema corporativo, actualmente en desuso, pero que tuvo mucha vigencia antes de la Segunda Guerra Mundial. Este sistema consistía en un sindicato único que agrupaba a los trabajadores y a los patrones en cada rama industrial, y tenían que considerarse regidos por el mismo, dentro de la demarcación correspondiente.

Una tercera solución es la mexicana. El sindicato refleja la libertad de asociación en sus creadores, es un sindicato libre con ciertas regulaciones dentro del marco legal, pero la empresa no está en libertad de rehusar con ese sindicato, sino que está obligada a ello, a diferencia de lo que ocurre en Francia y Alemania.

Derecho de sindicación y libertad sindical

En torno de la libertad sindical y el derecho de sindicación hay dos tendencias opuestas. Aquellas que consideran que debe prevalecer el interés individual sobre el interés del grupo y considera que si son los trabajadores los que pueden crear el sindicato, a ellos les corresponde el derecho de asociación y no a la agrupación sindical que es posterior a la iniciativa de los trabajadores.

Por otro lado, está la tesis colectivista, quienes estiman que el grupo debe prevalecer sobre el individuo, que el derecho sindical es un derecho colectivo y no un derecho individual.

La solución mexicana es equidistante entre las dos mencionadas.

Su finalidad es la defensa de los derechos de los trabajadores, y apunto a en apoyo de ese criterio el contenido de la fracción XVI del Artículo 123 constitucional, que consagra el derecho de los trabajadores y de los patrones para coligarse en defensa de sus respectivos intereses, formando sindicatos, asociaciones profesionales, etcétera.

Desde una perspectiva distinta, se estima que la libertad sindical solamente atañe a los trabajadores; si bien la auto tutela de los intereses de los mismo sólo puede manifestarse en forma coaligada. Esto no significa que el titular de la libertad sindical sea el grupo sino los trabajadores, como sucede en el derecho de huelga que corresponde a los trabajadores, aun cuando se exprese colectivamente a través de los sindicatos.

La independencia de los sindicatos y la libertad sindical

La independencia de los sindicatos frente al empresario tiene una doble dimensión. En primer lugar la asociación profesional obrera en la legislación mexicana debe constituirse por trabajadores, no siendo admisibles los sindicatos mixtos, esto es, de patrones y obreros.

Por otro lado, la organización de trabajadores y su actividad no pueden depender del empresario, no está subordinada a él, tal como se define en el Artículo 123 Constitucional fracción XVI.

Otra razón es de naturaleza económica. El problema de las clases no obedece a una especulación teórica sino a una realidad social. Los trabajadores en la empresa no deben ser los súbditos sino los iguales del empresario. En la relación de los factores de la producción reside la motivación económica de la formación de los sindicatos, que induce a que haya una distribución equitativa en las ganancias y provoca una oposición de intereses entre las empresas y los sindicatos de trabajadores; de ahí que estos deben ser independientes.

Por último, la razón ideológica; hay una distancia abismal entre la ideología patronal y la ideología sindical. La ideología sindical tiende a la transformación de las relaciones de producción, al cambio social, y eso implica un contraste de posiciones.

Organización sindical

Consiste en las varias estructuras sociales y jurídicas que revisten o pueden revestir las organizaciones de trabajadores y patrones. El artículo 123 en su fracción XVI le dio una gran elasticidad al decir que tanto los obreros como los empresarios tendrán derecho para coaligarse en defensa de sus respectivos intereses, formando sindicatos, asociaciones profesionales; o sea que propicia distintas formas de la sindicación.

Se ha oscilado entre dos corrientes, la sindicación única y la sindicación plural. La sindicación única es el sistema que consiste en la formación de un sindicato único, el cual debe contar con la mayoría de los trabajadores de una empresa, o de una rama de la industria, ya sea en empresas instaladas en un Estado, o en dos o más entidades federativas.

El sindicalismo plural contempla la posibilidad de formar varios sindicatos independientes entre sí, en una empresa.

En México existió polémica por esas dos corrientes, entre los partidarios de la sindicación única y la sindicación plural, y se llegó al criterio de que no debía tratarse de una imposición del estado, sino que las formas de sindicación deberían quedar a elección de los trabajadores. Este criterio se estableció en la Exposición de Motivos de la Ley Federal del Trabajo de 1931, el cual fue adoptado en la Ley de 1970, puesto que había sido convalidado durante el largo periodo de su vigencia.

Sin embargo, la ley de 1970 estableció ya nuevos rumbos APRA el sindicalismo, con nuevas modalidades. Así el artículo 388 contiene normas para dirimir los conflictos de titularidad del contrato colectivo a favor del sindicato que la demanda cuando acredita contar con la mayoría de los trabajadores que prestan servicios en la empresa del caso, mediante resolución de la Junta de Conciliación y Arbitraje, conforme a los dispuesto en los artículos 388 y 3898; disposiciones que no existían en la ley de 1931, las cuales evitan el procedimiento de huelga para resolver estos conflictos, lo que no estaba previsto en la ley anterior.

Significa que el criterio de la Ley del 70 en definitiva es procurar la formación de sindicatos fuertes y propiciar la desaparición de los sindicatos gremiales cuando hay sindicatos industriales o de empresa.

La sindicación libre atañe a países como Italia en donde su Constitución establece que las organizaciones sindicales pueden constituirse en cualquier forma sin ninguna intervención del Estado.

El sistema de la ley mexicana de 1970 que permanece vigente no obstante las Reformas Procesales de 1980, es limitativo. La comisión elaboradora del proyecto de ley, pensó en implantar una libertad ilimitada de formas de sindicación, teniendo en cuenta el Convenio 87 de la OIT que así lo indica; pero si no tuvieron interés en que hubiese esa libertad irrestricta de formas de sindicación, más bien consideraron que eso podía dar margen a que hubiera sindicatos de paja.

Constitución, registro, cancelación y disolución del sindicato.

Se debe entender como requisitos a los elementos humanos, sociales y jurídicos que le dan existencia como personas jurídicas. Se pueden dividir en requisitos de fondo y formales. Los de fondo atañen a los elementos sustanciales, como la calidad de las personas que concurren a su organización, su funcionamiento y las finalidades que se propongan realizar los trabajadores. Y los segundos comprenden las formalidades que la ley señala para el reconocimiento de su personalidad jurídica.

En cuanto a las personas, aunque los sindicatos pueden ser patronales, la característica sindical en México reside en la agrupación de los trabajadores, que además corresponde al origen histórico de la necesidad de contrarrestar con la agrupación numérica de los obreros, el poder económico del patrón.

La finalidad del sindicato en el derecho mexicano consiste en servir de instrumento para la defensa de los intereses de los trabajadores, en las relaciones de trabajo obrero-patronales, lo que significa una actuación de carácter económico social para obtener reivindicaciones obreras y elevar la condición de vida de los trabajadores en un sentido amplio, que abarque las mejoras salariales, capacitación técnica, formación cultural, etcétera.

Cancelación del registro del sindicato

La cancelación del registro se produce solamente por los casos previstos en el artículo 369 de la Ley Federal del Trabajo.

Estos preceptos tienden a darla la seguridad jurídica a los sindicatos; de manera que para cancelar el registro es menester promover un juicio ante la Junta de Conciliación y Arbitraje competen, donde después de ser oído y vencido, la junta dictará resolución.

Sin embargo en algunas ocasiones los propios dirigentes del sindicato disuelto, han demandado erróneamente al tribunal laboral la disolución y cancelación del registro del sindicato, exhibiendo el acta de disolución, por estimar que debería ser aprobada por la autoridad jurisdiccional del Trabajo.

La finalidad del artículo 370 es proteger la autonomía sindical contra la injerencia de particulares o de terceros, que pretendan la disolución, suspensión o cancelación de su registro, por la vía administrativa, la cual implica decisiones de la autoridad sin mediar un procedimiento jurisdiccional para respetar la garantía de audiencia del sindicato afectado.

Finalidad del sindicato.

El concepto de defensa de los intereses obreros tiene distintas perspectivas: puede tratarse del mejoramiento de la clase trabajadora en el marco de las relaciones obrero-patronales que atañen a la empresa o establecimiento comprendidas en el contrato colectivo o en el contrato-ley, en cuyo caso mantiene un objetivo de reivindicación obrera en el campo de la contratación colectiva; o bien una perspectiva más amplia que contemple el interés de la clase obrera en general, con miras a una transformación del régimen social.

El concepto de actividades de lucro se ha flexibilizado en el sentido de que debe entenderse que no podrán ejercer la profesión de comerciantes habitualmente con ánimo de lucro, pero si esas actividades tienen fines de carácter social enmarcadas dentro de los objetivos del propio sindicato, son permisibles. Estamos viendo cotidianamente que los sindicatos tienen teatros, realizan actos culturales, disponen de tiendas sindicales. La habitualidad en realizar actos de comercio con ánimo de lucro, es lo que distingue la calidad de comerciantes, pero si esos actos tienen una finalidad de carácter social, estimamos que no les atañe la prohibición del artículo 378.

Por otra parte, dicho artículo quizás esté en contradicción con las modernas perspectivas de la actividad sindical, que llegan a la creación de empresas sociales con participación de los sindicatos, las cuales responden a la evolución de los mismos.

Se refiere al artículo 25 constitucional, el cual establece en lo conducente que bajo criterios de equidad social y productividad se apoyará e impulsará a las empresas de los sectores social y privado de la economía. Y en cuanto a la actividad económica del sector social, incluye empresas que pertenezcan mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores y, en general, de todas las formas de organización social para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.

Disolución de los sindicatos.

Los sindicatos podrán disolverse por: transcurrir el término fijado en el acta constitutiva o en los estatutos y por el voto de las dos terceras partes de los miembros que los integren.

En cuanto a los efectos de la disolución de los sindicatos, el principal es la liquidación del patrimonio. El activo se aplicará en la forma que determinen los estatutos. A falta de disposición expresa, pasará a la federación o confederación a que pertenezca y si no existen, al Instituto Mexicano del Seguro Social.

Dicho precepto contempla la liquidación del patrimonio sindical, pero hay otro aspecto importantísimo, en cuanto a los efectos en la continuidad de las condiciones de trabajo. Se trata de la situación en que quedan los trabajadores cuyas relaciones de trabajo se rigen por un contrato colectivo, y se extingue el sindicato titular del mismo. Esta circunstancia no está prevista en el Capítulo II del Título Séptimo de la Ley Laboral, que atañe a los sindicatos, sino en el capítulo siguiente que concierne a contrato colectivo de trabajo, en el artículo 403.

En los casos de disolución del sindicato titular del contrato colectivo de trabajo, las condiciones de trabajo continuarán vigentes en la empresa o establecimiento.