Del infierno; Giorgio Manganelli

Literatura contemporánea. Filosofía. Moral. Argumento. Reflexión

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  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 7 páginas
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Giorgio Manganelli en su obra “Del infierno” es una obra que reta a la perspectiva moderna de la forma en que vemos las cosas. La obra no puede clasificarse concretamente en un género literario debido a la forma como está escrita la obra.

El contenido de dicho libro es más que nada el punto de vista de las cosas por el autor, pero todo está visto de manera filosófica y está escrito en forma narrativa con imágenes llenas de barroco, romanticismo, idealismo, realismo, y entre otros, entra hasta un poco de teología. Clasificar la obra es, como dije antes, sino algo imposible, es un reto. O bien, podríamos llamarlo “de vanguardia” y olvidarnos de un dolor de cabeza: sólo algo de vanguardia puede abarcar tan bien y tan completamente tantos géneros.

Para leer a Manganelli debes sumergirte en su ideología y en sus bases, definidas al principio de su historia. Incluso, cuando inicias a leerlo crees que está leyendo sólo narrativa vanguardista debido a la manera como empieza el libro:

De acuerdo con la razón, tendría que aceptar que estoy muerto; y, sin embargo, no tengo memoria de esa lacerante descomposición, la opaca decadencia corporal, ni de las manías interiores, terrores y esperanzas, que, dicen, acompañan el recorrido hacia la muerte; (…)”1

Crees en un principio que continuará escribiendo su historia con un poco de literatura y un tanto de fantasía y luego vas levantando el velo para encontrarte con… Manganelli. Como mencioné antes, el reto de leerlo, analizándolo, tratando de ver las razones por las cuales dice una u otra cosa es el mismo al que te topas cuando tratas de definir algo ya muy definido, tratando de ver el porqué de porqué fue definido así antes.

Para leer “Del infierno”, primero debes llegar con la mente en blanco, luego, enfrentarte a un mundo de imágenes descriptivas exactas de diferentes situaciones con las que se topa el personaje principal y luego rellenar esos huecos con los axiomas que Manganelli establece para ti, aceptarlos como cierto y seguir, por lo tanto, leyendo.

La descripción del personaje principal es imposible en comparación con otros secundarios casi íntimamente relacionados con el desarrollo de la historia y con el personaje en ella. Intentaré describir al principal:

En inicio parece que es un humano pero no se define a sí mismo como tal, sino que dice que ha muerto y es lo que recuerda. Nos topamos con sus definiciones filosóficas de la memoria, el libre albedrío y de la muerte y descubre desde un principio que él podría ser la imaginación de alguien, controlado no por sus necesidades sino por sus decisiones. Bueno, nunca conoces su nombre, lo cual no es necesario ni importa, pues toda la historia es narrada por lo que los ojos del protagonista ven, si es que él es el protagonista y si es él el que ve. Cito:

(…) He dicho que me percaté de que corría. Sin duda ya llevaba mucho tiempo corriendo en el momento en que me permití saber que tal vez el mismo diálogo con la muñeca se había producido durante la carrera, o por lo menos había comenzado a correr mientras hablaba con mi mujer encarnada (…)”2

Al analizar tanto los orígenes de cada una de las cosas que lo rodean al personaje, Manganelli se ve forzado a “crear” axiomas, mismos que posteriormente usará para explicar cosas que también retará a explicarse, muy dentro de su lógica. Por ejemplo: cuando trata de definir el infierno según nosotros lo conocemos, sigue dando razones por las cuales el cree que está en el infierno, defendiendo nuestro punto de vista, sin embargo, todas esas razones son rechazadas y descartadas de manera filosófica por algún personaje secundario o terciario. Al final de esta situación, el personaje principal acaba enunciando que él es infierno (obsérvese que ya no lleva el artículo “el”, ya que no es un sustantivo que lo requiera, debido a que: ¿qué es un sustantivo?).

Una cronología resumida sería la siguiente:

  1. El protagonista llega al infierno, y buscando a alguien amigable, sólo encuentra entes borrosos, trata a definir dónde está, y por lo tanto ve todas sus hipótesis rechazadas por algunos de esos seres (si se puede utilizar tal sustantivo con ellos):

- Pero si estamos en algún lugar, tendríamos también que "ser"; pero tal vez "ser" no es lo mismo que "vivir".

- Claro que podrían ser condiciones diferentes; incluso incompatibles.

- ¿El que vive no es?

- Exacto.

- Pero para responder a esta pregunta tendríamos que saber dónde estamos. ¿No estamos en el infierno?

- Es posible, es probable. Pero no sabría decir más.

- Vamos, algún modo habrá de saber si estamos en el infierno. Y si resulta claro que estamos aquí, nos dispondremos a una estancia prolongada, tal vez molesta. (…)”3

  1. Trata de acostumbrarse (en ese momento) a la realidad que vive, explicándola y pidiendo explicaciones:

Repaso los tiempos en los que no habría dudado en llamarme vivo; y enumero los síntomas del existir; la estrechez del cuerpo, el miedo del alma intolerante de sueños nocturnos, por lo que sólo me llegaban fragmentos de color, casi lamentos de sueños que yo abortaba, o diseños inacabados de cuerpos descuidados y fofos, y el asomar culpable del sueño, condenado, horrorizado ante el cómputo de las horas inminentes; y me pregunto si no sería aquella condición de muerto, y no habría ahora subido al infierno, tal vez bien merecido por mi desesperación.”4

  1. Encuentra con quién conversar, pero descubre pronto que se le introduce en el cuerpo, contra su voluntad (si es que ésta existe), una muñeca viva, pensante y parlante con el tiempo. Trata de deshacerse de dicho ente buscando razonar con él para que salga de su cuerpo. Nota que no puede hacer nada para ayudarse. Al no saber qué hacer, debido a que la presencia de la “muñeca” dentro su cuerpo es en extremo dolorosa, decide correr a todos los lados posibles (si no es que ya estaba en movimiento desde antes).

Tras una mareante y aturdidora explicación de la relatividad de la posición y el movimiento y luego de avanzar poco o mucho (¿qué importa?), se topa con alguien que le ofrece sacarle la muñeca si pasa tres pruebas. Además, le explica un poco más al protagonista del funcionamiento del lugar en el que está y se vuelve, de algún modo, su aliado. Cito el desarrollo de una de las pruebas y la más asquerosa, es en ésta que el protagonista saca a la muñeca.

Salió al principio una mierda gris, y entendí que me estaba, me iba liberando de los fantasmas; luego comprendí que de gris la fea podredumbre se convertía en rojiza, y por tanto me liberaba de la suciedad que se demoraba en mi sangre; y después era negra y torva, y pensé que se trataba de mi alba, de la que finalmente me desnudaba, me liberaba, y estaba seguro de que aquella caca negruzca se habría revelado, de revolverla, llena de caras, de manos, y ojos, y adoraciones, y pesadillas, y sueños, y los vanos ideogramas de una inane paciencia; oh desmierdarse de sí mismos, ver morirse en mierda una parte de sí que es angosta y angustia y ansia; desnudar las intrínsecas vísceras de una túnica de posos; ya que aquél era el color de las memorias, de los deseos, de las ansias, de las esperanzas, de las esperas, del rencor, de la concupiscencia y del adiós.”5

  1. Luego de más explicaciones y de haber “pasado” esas tres pruebas, se da cuenta que él es todo y todo es él, después de todo está en un infierno, o lo más parecido a uno según es definido por el personaje con anterioridad. Se realiza cuestionamientos luego de sus descubrimientos (cita), los cuales son respondidos por su nuevo compañero, llamado por él “impostor”, ya que no es más que un impostor del protagonista, sólo diferente en pensamiento y opinión.

- ¿No hay monstruos? ¿No hay demonios? ¿No hay satanases?

- No he dicho tanto. Pero tal vez los monstruos pertenecen a otros infiernos; o tal vez son juegos de este donde permanecemos; o mejor aún, te persiguen recortes de noche. No ansían devorarte, pero no se separan de ti, porque la noche, diferente ella sola de ésta que ahora conocemos, nos persigue, o tal vez nos mendiga y suplica;(…)”6

  1. Luego de metamorfosear en una bestia hecha de partes del cuerpo de diferentes animales, pide a su amigo –el cual tiene el poder de mutar al protagonista-, que lo transforme en otra cosa a fin de “seguir” buscando comprender el infierno en el cual está. Ante dicha petición, éste lo transforma en ciudad.

Manganelli describe TODAS las relaciones en la ciudad respecto al sexo, lo cual resulta bastante interesante, pues desde los niños hasta los adultos mayores y desde los sacerdotes hasta el más pobre mendigo pasando por los aristócratas y los comerciantes, tienen una motivación puramente sexual para ejercer sus roles.

Sin embargo, se da cuenta que esa ciudad no tiene rey y se pone a conversar con alguno de los ciudadanos al respecto. Nuestro protagonista se queda como ciudad durante bastante rato, definiendo de manera breve cosas como el sol, las auroras, la noche, las brujas como parte de la ciudad, la epidemia, la enfermedad y el sueño. La siguiente cita es parte de la conversación con un interrogador acerca de lo que ve en dicha ciudad.

Otras albas sólo son cavidad de luz, grandes huecos en los cielos, una epifanía de la nada, una ceremonia frígida de la niebla, a la que no dará vida la sangre de la aurora.

(...) La aurora es la catástrofe cotidiana de la luz, la irreparable limpieza de la morada celeste, la ininterrumpida matanza de los animales que recorren los cielos, la decapitación del sol.”7

  1. Pronto el protagonista se da cuenta que tras la muerte también existe la muerte y que la pertenencia o propiedad, igual que en la primera de las tres pruebas que le fueron aplicadas con anterioridad es meramente relativa, igual que todo.

Debido a una fiebre epidémica se destruye la ciudad (acaece) antes mencionada y todos mueren (si no ocurre que la mayoría de ellos ya están muertos8), nuestro intérprete se pregunta si los habitantes le guardarían rencor por dejarlos morir. Al parecer la ciudad era su cuerpo y ésta se encontraba en una pierna.

Recorro el infierno de mi abdomen, de mi vientre, dentro de mí, llamo, me responde un eco hueco, como si yo fuera una gruta, vacío de una ruina; camino dentro de mí, huelo el hedor de un lugar subterráneo húmedo y desierto, quizá yo soy mi propio sepulcro, y la inscripción sobre la frente es mi ilegible "Aquí yace".”9

  1. Luego de volver a su forma normal, se autoexplora y se plantea, con miedo, la posibilidad de que la muñeca siga dentro de él. Tras un rato de ponerse en movimiento encuentra a un dios falso que le da órdenes y él decide obedecerlas a fin de “llegar a él” (¿cómo puede distinguir cuándo ha “llegado”?). La obediencia es planteada como el resultado de un sentimiento de inferioridad. Entre las múltiples charlas que sostiene en la oscuridad con este dios falso (por el protagonista definido así), cito una:

- ¿Quieres decir que no existe otro infierno que yo mismo?

- No he dicho que haya infierno; pero me parece razonable suponer que tú y sólo tú eres el lugar donde te encuentras.”10

  1. El protagonista se da cuenta que es buscado por los dioses falsos y las criaturas que estudian a ellos debido a la presencia de la muñeca dentro de él. Luego de huir, por recomendación del impostor de un primer dios falso, se encuentra con un ratón sabio que trata de hacerlo volver con su deidad. Sostienen una breve conversación:

- Deseo continuar mi fuga, no me hagas perder el tiempo.

- ¿Usted pierde tiempo? Extraño, si usted lo pierde, habrá que encontrarlo. -Parece preocupado, un poco desorientado-. En este lugar todo aquello con lo que nos topamos es "encontrado", ya que todo está perdido. Pero si usted dice que ha perdido el tiempo, parece querer decir que antes lo tenía; así que lo había encontrado; pero entonces aquel tiempo ya estaba perdido. ¿Cómo consigue perderse por segunda vez? Aquí sólo existe la primera vez; la que cuenta, naturalmente.”11

  1. Tras el ratón se encuentra una oreja con hongos enamoradizos como súbditos. En esta sección se sugiera que si alguien tiene súbditos puede ser dios para ellos, pero que aún cuando pueda tener habilidades distintivas y/o poderosas, no por eso es un dios verdadero. Huye de la oreja y se encuentra son una anfisbena sabía, teóloga de la oreja. Este animalita la hace dudar de la existencia de las estrellas como algo visible. Huye de la anfisbena.

Al huir por la calígine, el protagonista se ve forzado a convertirse en cometa –a recomendación de su “amigo” el impostor- ya que sus criaturas internas empiezan a comérselo. Llega a una caverna donde no se le permite el paso. La muñeca que tiene dentro le dice cómo pasar al guardia y consigue entrar, adentro todo se ilumina es aparece la ciudad que había acaecido antes, en esta sección se plantea una serie de imágenes que me parece necesario mencionar:

La ciudad es documento de una catástrofe perfecta, que nunca se ha iniciado y nunca ha terminado (…)

cadáveres que obstinadamente custodian la memoria de una vida que nunca ha vivido. (…) nunca vivieron, nacieron cadáver. (…)

Cada uno de los muertos sueña otros muertos. Los muertos son soñados vivos. Sueñan ciudades indestructibles. Sueñan ciudades de muros intactos como un joven cuerpo, desconocedor de la muerte, que silabea un milenario proyecto del tiempo.

La cualidad de la ciudad en la que me reconozco es la de ser destruida desde siempre. (…) La ciudad es un mapa (…) un inútil intento de inventarse una edad, una historia, incluso la batalla y la derrota en la que ha conocido el final.”12

  1. Se transforma en pies. Habla con el impostor acerca de querer desposar a la metamuñeca en su interior debido a la necesidad intrínseca de estar únicos, ya sea porque ella se alimenta de sus interiores o porque él fue destinado a tenerla dentro (si es que no fue decisión de alguien el introducir la muñeca en su interior). Se transforma por siguiente vez en insecto, que es transportado hacia una laguna en el interior de una bestia:

Ser insecto, ser estrella, no existe diferencia menos relevante. En cualquier caso, tú eres una extensión de la nada.”13

  1. El protagonista le pregunta al impostor por la existencia de un soberano, el no sabe o al parecer lo que sabe es una persuasión de que no está persuadido de saber o no saber eso14 y le dice que no existe uno o el no lo podría conocer. La idea de querer conocer al soberano le nace al principal cuando se plantea la posibilidad de “ser importante”, por el largo camino que ha recorrido y las experiencias que ha tenido hasta este momento.

El impostor le dice que sufrirá más transformaciones y que sea paciente. A partir de aquí se retoma un sentido de narrativa fantástica irónico, lleno de humor negro y ya menos vanguardista.

De pronto se da cuenta que lleva un rato enamorado de lo que la muñeca hace y de la muñeca misma, se topa con un interrogador que lo cuestiona acerca de este enamoramiento.

Es transformado en turista y transformado a una caverna en forma de ampolla donde habita un feto que al parecer nunca nacerá, donde tiene al ratón súbdito de uno de los dioses falsos que se encontró es su guía. El protagonista se da cuenta que este es otro dios falso y aprovecha una oportunidad para lanzarle la cámara que traía y lo mata, huye con un montón de ratones policías y aparece en un aula de una universidad donde se da cuenta que tiene una doble personalidad (él es todos los alumnos en la universidad): una de asesino de fetos y otro de estudiante que admira al profesor. El profesor no es otro que la anfisbena. La anfisbena da una clase acerca de “la existencia del infierno como un lugar aparte bien definido”, una de sus frases es la siguiente:

- (...) Si concebimos el infierno, bien, como un lugar definido, una nación, un estado, nos veremos obligados a suponer que el infierno está aquí o allí, en suma, en un lugar preciso; por lo que sólo es posible estar totalmente dentro o totalmente fuera del infierno. Existirá, además, un punto, sutil pero indudable, en el que se está en parte fuera y en parte dentro del infierno. Si el infierno es un lugar, no sólo tenemos que admitir que tiene fronteras, sino que podemos franquearlas (...)”15

Tras llegar a la conclusión final de su libro, donde el infierno lo es todo y del infierno no es posible escapar pero tampoco es posible llegar, además de ser un lugar indeterminado y totalmente relativo, Manganelli sólo tiene que concluir su persecución de una manera narrativa, pues la tesis principal del libro ya ha sido expuesta por la anfisbena.

La conclusión narrativa del libro, es de manera muy breve la siguiente:

- Su yo asesino se da cuenta que la anfisbena trata de retener a todos los yos hasta que lleguen los ratones policía. Al revelarlo, huye con todas sus personalidades.

- El único lugar al que llega es al barrio del vicio, que resulta ser el infierno del infierno, lo que nosotros sí definiríamos como infierno: El lugar donde el mal es bien visto, las filias más extrañas abundan y todos los entes violan a los otros aun cuando sean de su mismo tipo o especie.

- El presidente del club electoral le ofrece el puesto de alcalde del barrio, le presenta el funcionamiento y la función del distrito. Sin embargo, el protagonista se da pronto cuenta que es una trampa de los electores para violarlo y huye por una puerta a un salón repleto de narices con un ojo en uno de los orificios de la misma.

- En este salón, es casi convencido de que ahí lo aceptarán como miembro por haber matado al feto y tiene que huir rápidamente por la puerta cerrada (transformado en pulgar) cuando todas las narices quieren hacerlo su esclavo sexual.

- En la calle se encuentra montones de pulgares, todos huyendo y cuando se detiene, todos lo hacen, trata de fundar una organización para luchar contra las narices y de pronto se da cuenta que una nariz también se transformó en pulgar para seguirlo, todos los demás pulgares huyen y el protagonista también, transformándose rápidamente en una cosa que alcanza a entrar por la rendija de una alcantarilla: un falo.

- Abajo en las cañerías llega a una habitación llena de penes que hablan y van vestidos, le ofrecen un ropaje y de pronto oye la muñeca en su interior, que le advierte que en barrio del vicio todos quieren violarlo. Le dice qué decir y cómo huir para que los demás miembros no lo alcancen. Antes de salir de ese cuarto, se da cuenta que todos los seres temen a la muñeca, de la cual se menciona a sí mismo recipiente para poder huir.

- Pronto huye por callejones transformado en “el fantasma que imita al hombre”16y va pisando narices, orejas, ombligos, pulgares y vergas. Llega a la calígine u oscuridad de nuevo. Ahí está el impostor esperándolo.

- El lugar se ilumina y la muñeca, que pasó a ser murciélago junto a su corazón y que salió de su cuerpo se muestra como “la niña”, misma que no puede ser tocada por nuestro protagonista. La niña se quita las alas y con un dolor como de agujas se las pone en la espalda a nuestro principal.

- Tras la niña y el impostor despedirse, el se sumerge de nuevo en la niebla y sobrevuela el abismo con sus poderosas alas para dirigirse a una brecha ubicada entre oscuridad y oscuridad en la parte más alta. Ahí ve un trono vacío donde unas diminutas formas agusanadas se atarean encima del mismo formando una corona con sus cuerpos. La corona hecha de pelos es colocada en la cabeza del nuevo rey, la criatura con alas.

Dentro de su obra, Manganelli, más allá de una prosa imaginativao fantasiosa, introduce series de imágenes como parte de una descripción a fin de completarla y perfeccionarla. Dentro de las mismas imágenes, algunas se vuelven explicaciones filosóficas, sociales y psicológicas que de manera precisa y alternativa, explican algunos conceptos muy usados actualmente.

Por último, en el instante que se recorren las páginas, el lector empieza a preguntarse si está muerto o vivo, porque aunque se encuentra en posesión de todos sus sentidos, no sabe lo que es estar muerto, por lo tanto no conoce lo qué se siente ni cómo. La razón le dice que debe estar muerto, pero… ¿cómo saberlo en aquel lugar oscuro, cubierto, además, de una densa niebla, donde se mueven seres –formas- y nacen voces aquí y allá? Acaso, quizá, sólo es un engaño de esa razón, o acaso es sólo un engaño del cuerpo, del sueño, del miedo, de la nada o acaso es una huida… puesto que nadie ha estado en el infierno y ha vuelto, ¿cómo reconocerlo? , así que bien pudiera serlo –o no-.Nada es único, todo es dual –todo es relativo-, la muerte y la vida, lo humano y lo inmortal, el sufrimiento y el placer, lo sabio y lo estúpido, la destrucción y la reconstrucción…

Aquellas voces, aquellos seres, someten al protagonista a pruebas, que le permiten seguir recorriendo ese laberinto sin fin, lleno de seres imaginarios e inimaginables. A través de ellas busca una explicación de su estancia ahí, conociendo lo que está y lo que no; y en el mismo recorrido, se conoce a sí mismo –por medio de un ciclo de metamorfosis o mutaciones. Las experiencias por las que tiene que pasar suceden una tras otra, con una lógica aplastante en sí mismas y en la propia ficción del libro; así desde la visión de los sueños, donde es poseído por una muñeca “intrínseca” que le come las entrañas en medio de un dolor desgarrante, pasa por las pruebas de iniciación: una sanguinaria partida de dados, una persecución de sombras y la mierda. Luego se convertirá en luna y en animal, será ciudad –que se convertirá, de nuevo, en él mismo otra vez-, será poseído y comido de nuevo por un murciélago semejante a la muñeca; encontrará dioses falsos y huirá de ellos siendo perseguido por los respectivos teólogos durante toda la eternidad; viajará por el espacio (si es que existe) y entrará a una caverna en donde empieza a pensar que él es importante por haber superado las pruebas hasta ahí; le pide al impostor que le permita desposar a la muñeca y luego descubre que tiene una importante misión, la de destruir a los teólogos de los dioses falsos, para después huir.

Manganelli crea un libro desbordante de imágenes y de ideas, donde bajo la sensación de estar leyendo una especie de “teología del infierno”, se esconde un macabro humor negro, entre pícaro e irónico, que despunta en cada una de las páginas del libro. Como un cuento de niños siniestro y malicioso, donde las comparaciones, casi acertijos, oscurecen y aclaran a la vez. Pero donde, sobre todo, el ritmo y la sensación de la poesía lo impregna todo: podría decir que “del infierno” es un poema en prosa y no mentiría, pero si dijera que no lo es, tampoco lo haría; nada es como parece en este libro, cada lector leerá lo que necesita, lo que le incumbe.

Así que “Del infierno”, limpiade polvo y de paja –de posibles imágenes y de anotaciones al margen-, es una obra entre malvada y buscadora, entre cruel e inocente, entre poética y prosaica, donde Manganelli expone su mundo interior, lleno de fantasmas e inquisidora del alma humana, de sus defectos y contradicciones, de sus miedos y sus alegrías.

1 Giorgio Manganelli. “Del infierno”. Editorial Anagrama. Barcelona 1991, p. 7.

2 Ibídem, p. 32.

3 Ibídem, p. 11.

4 Ibídem, p. 14.

5 Ibídem, p. 47.

6 Ibídem, p. 62.

7 Ibídem, p. 67.

8 Ibídem, p. 69.

9 Ibídem, p. 73.

10 Ibídem, p. 82.

11 Ibídem, p. 91.

12 Ibídem, págs. 108, 109 y 110.

13 Ibídem, p. 114.

14 Ibídem, p. 116.

15 Ibídem, p. 132.

16 Ibídem, p. 154.

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