Del amor y otros demonios; Gabriel García Márquez

Literatura hispanoamericana contemporánea. Narrativa y cuentística del Realismo mágico. Cuentos. Argumento

  • Enviado por: Laus
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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..Bernarda Cabrera, madre de la niña y esposa sin títulos del marqués de Casalduero.

Era la madre de Sierva María. Su adicción a la miel fermentada y las tabletas de cacao, la habían transformado. Se había vuelto gorda y vivía enferma. Se casó con el Marqués sólo por interés, su padre, un antiguo capataz, la quería casar con un hombre de título y ascender de categoría. Prácticamente abusó de Ygnacio hasta quedar embarazada, y así consiguió casarse con él.

La descripción física del autor acerca de este personaje, hace que la veamos como el reflejo de la personalidad de Bernarda, que se había ido transformando con los años en una persona egoísta, malhumorada, incapaz de decir algo que no fueses irónico o agresivo, como dice el narrador:“(...) obraba sangre y arrojaba bilis, y el antiguo cuerpo de sirena se le volvió hinchado y cobrizo como el de un muerto de tres días, y despedía unas ventosidades explosivas y pestilentes que asustaban a los mastines. Apenas si salía de la alcoba, y aun entonces andaba a la cordobana, o con un balandrán de sarga sin nada debajo que la hacía parecer más desnuda que sin nada encima.”
Bernarda no se preocupaba en lo más mínimo por Sierva María, y hasta le temía. Había descubierto en ella un aire fantasmal que la aterraba. Le colgaba un cencerro para escucharla entrar, incluso no quería que viviese con ellos, sino en el patio con los esclavos.

Cuando se enteró de que la había mordido un perro, se escandalizó por la muerte que le esperaba a su hija, pero sólo por el hecho de que fuera una enfermedad de perro. Vivía en una época en la que las apariencias eran muy importantes y aún más para Bernarda. Se preocupaba demasiado por el que dirán, hasta “(...) estaba dispuesta a hacer la farsa de las lágrimas y a guardar un luto de madre adolorida por preservar su honra, con la condición de que la muerte de la niña fuera por una causa digna.

<No importa cuál>, precisó, >>siempre que no sea una enfermedad de perro>>”

De joven, Bernarda era muy hábil para los negocios. Manejaba la venta de esclavos, y después comenzó con el tráfico de harina. Pero cuando conoce su único amor, Judas Iscariote, comienza a perder el control de los negocios y de su vida. Lo había comprado en una feria, se lo llevo con ella y fueron amantes durante un tiempo. Él la hizo adicta al cacao, y le hizo probar también otras hierbas como el opio. Una noche, judas se enfrenta a manos limpias contra otros hombres del puerto y lo matan a sillazos.

Por sus adicciones ya nombradas, y la mala vida que llevaba en el trapiche, mientras manejaba los negocios del marqués, Bernarda sufría del hígado y otros males que curaba en baños con jabones que duraban horas. Por eso“ se aplicaba lavativas de consuelo hasta tres veces al día para sofocar el incendio de sus vísceras, o se sumergía en baños calientes con jabones de olor hasta seis veces para templar los nervios.(...)de recién casada concebía aventuras comerciales que sacaba adelante con una certidumbre de adivina, tales eran sus logros, hasta la mala tarde en que conoció a Judas Iscariote y se la llevó la desgracia”

Don Ygnacio de Alfaro y Dueñas, segundo marqués de Casalduero y señor de Darién.

Era el padre de Sierva María. El Marqués pasa su vida resignado, quieto, cobarde. Sabía que su hija no estaba endemoniada, y sin embargo no pudo enfrentarse a la Iglesia, ni al Obispo. E una conversación con Abrenuncio, en la que éste le pedía que sacara a Sierva María de aquel convento, el marqués afirmó: “<Es lo que quiero desde que la vi caminando hacia el pabellón de las enterradas vivas>, dijo el marqués. <Pero no me siento con fuerzas para contrariar la voluntad de Dios>”

De joven conoció el amor, Dulce Olivia, una interna del psiquiátrico La Divina Pastora, y tampoco pudo oponerse a su padre, que lo desterró de inmediato y lo obligó a casarse con una marquesa, que luego muere calcinada por un rayo.

Creció en soledad, triste, sin el apoyo que necesita toda persona con problemas de retraso mental. Antes de conocer a la interna “ no daba señales de nada. Creció con signos ciertos de retraso mental, fue analfabeto hasta la edad de merecer, y no quería a nadie. El primer síntoma de vida que se le conoció a los veinte años fue que estaba de amores y en disposición de casarse con una de las reclusas de la Divina Pastora(...) Dulce Olivia”

Luego aparece Bernarda. Se veían a la siesta, pero era solo una relación carnal. Ella lo atacó una siesta en su hamaca y le quito la virginidad. Luego quedó embarazada y no tuvo más remedio que resignarse, otra vez, y contraer matrimonio.

La descripción del autor del Marqués, es la de un hombre lánguido, pálido; pero sin embargo, era quien tomaba las decisiones en la casa. Sus órdenes eran respetas por todos, bajo el control de Dominga de Adviento.

Físicamente, se lo veía casi como un muerto, pálido, blanco. El narrador lo describe así: ”Era un hombre fúnebre, de la cáscara amarga, y de una palidez de lirio por la sangría que le hacían los murciélagos durante el sueño. Usaba una chilaba de beduino para andar por casa y un bonete de Toledo que aumentaba su aire de desamparo.”

Cuando se entera de que a Sierva María la había mordido un perro con rabia, intenta recuperarla a ella y el tiempo perdido. Después de la visita de Abrenuncio, la lleva a vivir con ellos y se preocupa más por ella. Quería mostrarle el mundo al que pertenecía, el de los blancos, siguiendo las indicaciones del médico de hacerla feliz el tiempo que le quedaba.

Trató de hacerla una niña blanca, de sacarla algunas costumbres africanas, lo intentó casi todo, menos preguntarse si aquél era el modo de hacerla feliz.

Dominga de Adviento

A Dominga, se la describe con una imagen imponente dentro de la casa, como dice el autor, era el enlace entre los dos mundos: el del patio de esclavos, y dentro de la casa.: ”(...) una negra de ley que gobernó la casa con puño de fierro hasta la víspera de su muerte, era el enlace entre aquellos dos mundos. Alta y ósea, de una inteligencia casi clarividente, era ella quien había criado a Sierva María(...)Solo ella sacaba a escobazos a los esclavos cuando los encontraba en descalabro de sodomía o fornicando con mujeres cambiadas en los aposentos vacíos.”

Caracterizada con gran inteligencia y como una persona muy reflexiva, practicaba dos religiones, para así encontrar un equilibrio espiritual entre las dos, por eso “Se había hecho católica sin renunciar a su fe yoruba, y practicaba ambas a la vez, sin orden ni concierto. Su alma estaba en santa paz, decía, porque lo que le faltaba en una lo encontraba en la otra.”

Crió a Sierva María desde su nacimiento. Fue quien le dio de amamantar y cultivó su fe. Le colgó ni bien había nacido, los 16 dioses yorubas en el cuello.

Era quien llevaba las riendas de la casa, ponía orden entre los esclavos y hacía que se cumpliesen las órdenes del Marqués. Se había ganado su confianza y actuaba de intermediaria entre él y su esposa. Tenía una moral y valores bien formados descolocados del entorno y personas con las que vivía, y lo demuestra, por ejemplo cuando encuentra a Bernarda y su amante en la casa: “Ella -Bernarda - la convocó esa noche y la amenazó con castigos atroces por cualquier comentario que hiciera de lo que había visto. <No se preocupe, blanca>, le dijo la esclava.<Usted puede prohibirme lo que quiera, y yo le cumplo>.Y concluyó: <Lo malo es que no puede prohibirme lo que pienso>”

Sierva María de Todos los Ángeles.

Es la protagonista. Ésta niña era hija de una familia de blancos, cristiana, pero se crió con los esclavos africanos, de acuerdo a sus creencias, lenguas, costumbres, dioses. Había aprendido tres lenguas africanas al mismo tiempo, a beber sangre de gallo en ayunas y a deslizarse entre cristianos sin ser vista ni sentida. Es por eso que luego la gente la creía endemoniada, porque sus costumbres y lengua no coincidían con las de los blancos. Tenía una mezcla de culturas. De blanca sólo tenía la piel, “bailaba con más gracia y más brío que los africanos de nación, cantaba con voces distintas de la suya en las diversas lenguas de África, o con voces de pájaros y animales, que los desconcertaban a ellos mismos.”

Otra de sus características es que mentía constantemente, como un método de defensa que la niña crea contra los desconocidos, y hasta su propia familia.

Era una niña flaca, de ojos claros. Había aprendido a ser sigilosa, casi invisible, como el narrador mismo lo dice: “Tenía muy poco de la madre. Del padre, en cambio, tenía el cuerpo escuálido, la timidez irredimible, la piel lívida, los ojos de un azul taciturno, y el cobre puro de la cabellera radiante. Su modo de ser era tan sigiloso que parecía una criatura invisible. Asustada con tan extraña condición, la madre le colgaba un cencerro en el puño para no perder su rumbo en la penumbra de la casa”

A Sierva María, en algún lugar, le gustaba asustar a su madre. En cuanto ella la descubría en la misma habitación, la niña se le quedaba mirando fijo a la cara, y decía algo en lengua yoruba.

Sus padres la ignoraban totalmente. Es por eso también que pasaba la mayor parte del tiempo en el patio de esclavos, en dónde incluso se festejaban sus cumpleaños.

El marqués, su padre, y Bernarda, su madre, estaban casados por costumbre, pero no se amaban, y por eso guardaban algo de rencor a Sierva María. Su nacimiento no fue esperado, y era algo que los mantendría unidos para siempre, aunque no lo quisieran. Para el Marqués “ Sierva María era lo único que le quedaba en común con la esposa, y no la tenía como hija suya sino sólo de ella.” 14 .Y Bernarda, por su parte, “ni siquiera lo pensaba. Tan olvidada la tenía, que de regreso de una de sus largas temporadas en el trapiche la confundió con otra por lo grande y distinta que estaba.”

Dominga de Adviento era la esclava que se encargaba realmente de ella. Ante su parto complicado a los siete meses, prometió que si nacía sana, no le cortaría la cabellera hasta el día de su boda, y así lo hizo. Tenia una larga cabellera, que ataba con trenzas.

Este personaje es en realidad una construcción de lo que todos opinaban de ella y lo que el autor dice. Es un personaje enigmático. Se resistía a hablar hasta con su padre, y cuando lo hacía, mentía, como decía Bernarda, no había forma de que dijera una verdad ni por yerro.

No le importaba nada de lo que dijeran de ella, todo le era indiferente. Ella era libre y vivía entre los esclavos en le patio de los negros, ese era su verdadero y único mundo.

Cuando es llevada al convento para exorcizarla, Sierva María nunca niega estar endemoniada, y no porque ella no supiera que no lo estaba. Ella no encajaba en esa cultura. Tenía su fe bien arraigada. Cuando intentaron sacarle sus 16 collares de distintos dioses africanos, se volvió loca, se desesperó, y la creencia de su posesión se hizo más verosímil entre las internas del convento; sumándole sus cantos en lengua yoruba.

Luego conoce a Cayetano Delaura. Es uno de los pocos blancos a quien Sierva María se muestra entera, y hasta rompe a llorar con él. A pesar de su diferencia de edades (ella doce y él treinta y seis) se enamoran uno del otro. Sierva María estaba dispuesta a todo, hasta escaparse con él. Esperaba ansiosa su llegada, y era el único que desde un principio, estuvo seguro de que ella era una niña inocente, que no estaba endemoniada.

En el final, el autor dice: “La guardiana que entró a prepararla para la sexta sesión de exorcismos la encontró muerta de amor en la cama con los ojos radiantes y la piel de recién nacida. Los troncos de los cabellos le brotaban como burbujas en el cráneo rapado, y se les veía crecer.”

Esta imagen de la muerte de Sierva María es una de las más impactantes. Aún muerta los ojos seguían radiantes, la piel de recién nacida, a pesar de que ella estaba escuálida, no había comido por semanas, y no tenía un estado bueno de salud. Dice que estaba “muerta de amor”, y la cabellera le brotaba como una forma de venganza a todos aquellos que se la cortaron, que quisieron sacarle un demonio de adentro, siendo que su único demonio, era el del amor.

El sueño de Delaura y Sierva María.

En la novela, Delaura tiene un sueño con Sierva María antes de conocerla. En su sueño, ella estaba sentada frente a una ventana en un campo nevado, arrancando y comiendo una por una las uvas de un racimo. Cada vez que las comía, la uva retoñaba en seguida en el racimo. Además, se notaba que la niña tenía años frente a aquella ventana, y no tenía prisa de terminar el racimo, porque sabía que en la última uva, estaba la muerte.

Luego Sierva María tiene el mismo sueño, y se lo comenta a Delaura.

En el final de la novela, Sierva María vuelve a repetir el sueño, en el que las uvas doradas de su racimo volvían a retoñar, pero esta vez, no las arrancaba de a una, sino que lo hacía de a dos, casi sin respirar por las ansias de ganarle al racimo.

Lo que se puede concluir, es que en el primer sueño de Delaura, Sierva María aun mantenía viva la esperanza de salir viva y sana de todos los tormentos y por fin escapar con Cayetano, amarlo, ser felices.

En el último sueño, por el contrario, Delaura hacía tiempo que no aparecía por su habitación, había perdido las esperanzas de salir del convento con la muerte del padre Aquino, y los continuos maltratos de los exorcismos la atormentaban; es por eso que Sierva María ya no tenía ganas de vivir, buscaba terminar con el racimo, llegar a la última uva y encontrar allí la muerte.

Cayetano Alcino del Espíritu Santo Delaura y Escudero

Era el encargado de exorcizar a Sierva María, pero se termina enamorando de ella. Era un hombre de treinta y seis años. Él, como Abrenuncio, tampoco creía que la niña estuviese poseída, y era el único que ve la realidad, pero su envestidura le impedía hacer lo que realmente pensaba. Como el padre de Sierva María, no se atrevía tampoco a contrariar al obispo y al Santo Oficio:

“<Sin embargo>dijo Delaura, <creo que lo que nos parece demoníaco son las costumbres de los negros, que la niña ha aprendido por el abandono en que la tuvieron sus padres>. (...)El obispo se encrespó. <¿Debo entender que estás en rebeldía?>
<Debe entender que mantengo mis dudas, padre mío>, dijo Delaura.<Pero obedezco con toda humildad>”

Era el hombre de confianza del obispo. Encargado de la biblioteca, era un gran lector, se interesaba mucho en idiomas. Por eso queda sorprendido cuando ve la biblioteca de Abrenuncio.

Dentro de la Iglesia, el ser lector le daba algunos privilegios, era hombre de confianza y “era el único que tenía acceso a la casa del obispo durante las comidas, y no por sus privilegios personales, como se decía, sino por su dignidad de lector. No tenía ningún cargo definido, ni más título que el de bibliotecario, pero se le consideraba como un vicario de hecho por su cercanía del obispo. Y nadie concebía que este tomara sin él alguna determinación de importancia.”

Además, el Obispo había sido testigo de su inteligencia, cuando Cayetano “había sido alumno suyo en su célebre cátedra de teología de Salamanca donde se graduó con los honores más altos de su promoción.”

Antes de conocer a Sierva María, Delaura estaba convencido de que ese era su camino, el de ortodoxo. No se llevaba bien con el sexo femenino, se ponía muy nervioso, hasta él mismo “ era conciente de su torpeza para entenderse con mujeres. Les parecían dotadas de un uso de razón intransferible para navegar sin tropiezos por entre los azares de la realidad ”

Delaura siempre quiso hacer las cosas como se debe. Una vez asumido su amor por Sierva María, no pretendía escaparse como la niña, sino esperar a que su padre la sacara del convento convencido de que no estaba endemoniada, y esperar que el obispo le permitiese casarse con ella.

En los últimos momentos es cuando comienza a desesperarse. Como no podía ver a su amada, y sabía de los maltratos que recibía al ser exorcizada, intenta por todos los medios de encontrar al marqués y convencerlo de que su hija no estaba poseída. Hasta solicita ayuda a Abrenuncio. Delaura no era bien visto ante los ojos de Abrenuncio, decía que era un verdugo; y Delaura tampoco tenía una buena imagen del doctor, por sus prácticas en

medicina que no coincidían con los dogmas cristianos.

Abrenuncio de Sa Pereira Cao

Era un polémico médico del pueblo. Tenía extrañas técnicas propias de curación. Es descritos como un hombre muy pensante y un gran lector. Tenía una biblioteca inmensa en su casa, hasta con libros prohibidos. Hablaba latín, y nadie dudaba de su sabiduría. Como lo dice el narrador, era “el médico más notable y controvertido de la ciudad. Era idéntico al rey de bastos. Llevaba un sombrero de alas grandes para el sol, botas de montar, y la capa negra de los libertos letrados.” , una vestimenta un poco extraña y que llamaba mucho la atención como con sus ideas o pensamientos no comunes para la época.

Abrenuncio también era uno de los que creía que Sierva María no estaba endemoniada. Trató de convencer al Marques de que el Convento no era un buen lugar para su hija, y no estaba muy de acuerdo con la Iglesia y el Santo Oficio. Decía que exorcizarla era como “enterrarla viva”.

No era bien visto por los médicos del pueblo..ya que “había sido alumno esclarecido del licenciado Juan Méndez Nieto, otro judío portugués emigrado del Caribe por la persecución en España, y había heredado su mala fama de nigromante y deslenguado, pero nadie ponía en duda su sabiduría. Sus pleitos con los otros médicos, que no perdonaban sus aciertos inverosímiles ni sus métodos insólitos, eran constantes y sangrientos.(...)No practicaba la cirugía, que siempre consideró un arte inferior de dómines y barberos, y su especialidad terrorífica era predecir a los enfermos el día y la hora de la muerte. Sin embargo, tanto su buena fama como la mala se sustentaban en lo mismo: se decía, y nadie lo desmintió nunca, que había resucitado a un muerto.”

Sus técnicas apuntaban más a lo espiritual; por ejemplo, sedaba a los enfermos tocando el arpa. Cuando revisó a Sierva María, no estaba seguro de su diagnóstico, y lo que recomendó al Marqués era que tratara de hacer feliz a Sierva María el resto de vida que podría quedarle.

También confiaba mucho en los caballos, decía que cuando lograran una buena comunicación con ellos, podrían formar el centauro.

Gabriel García Márquez,“Del amor y otros Demonios”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires1994. Pág. 15

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 25-26

Gabriel García Márquez, “Del amor y otros Demonios”, Editorial Sudamericana, 1994. Pág. 32

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 101

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 49

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 16-17

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 66

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 18 - 19

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 19

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 35

Gabriel García Márquez,“Del amor y otros Demonios”, Editorial Sudamericana, 1994. Pág. 60

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 19-20

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 20

Gabriel García Márquez,. op cit. Pág. 35

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 201

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 104

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 199-200

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 127

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 102-103

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 107

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 106

Gabriel García Márquez, op cit. Pág. 27

Gabriel García Márquez, op Cit. Pág. 28 - 29