Dafnis y Cloe; Longo

Literatura de la Antigua Grecia clásica. Sofistas. Temas pastoriles, bucólicos. Mitología griega

  • Enviado por: Aldair Duván Sánchez Martínez
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 9 páginas
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Cuando se habla de literatura griega antigua se piensa casi la mayoría de las veces que se refiere a la epopeya o épica de Homero con sus poemas famosos “La Ilíada” y “La Odisea” o algunos yendo aún más lejos consideran literatura helénica de la antigüedad también a los Diálogos de Platón de corte meramente filosófico y no del todo literario. Si bien es cierto, la literatura griega fue bastante fructífera en cuanto a verso se refiere. El género lírico tuvo desde un principio más acogida por la fácil memorización que ofrecía a las personas que lo recitaban pues la literatura de aquel tiempo no era tan asequible como hoy día lo es.

La prosa en la literatura de la antigua Grecia fue un género utilizado más que todo en obras filosóficas, verbigracia la tenemos en los ya mencionados Diálogos platónicos. Empero la literatura (haciendo referencia al género narrativo en sí) también tuvo allí su acogida. Tenemos novelas que han sobrevivido hasta hoy como Efesíacas de Jenofonte de Éfeso; Babilónicas de Jámblico; Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio y posiblemente Las Etiópicas o Teágenes y Cariclea de Heliodoro de Emesa. Como obra seleccionada para comentar en el presente ensayo encontramos la novela “Dafnis y Cloe” cuyo verdadero nombre en griego translitera así: Poimenika ta Kata Daphnin Kai Klohen (Los amores pastoriles de Dafnis y Cloe) escrita por el griego Longo. El autor nació en la isla de Lesbos el año 150 d.C., se dedicó principalmente a la sofística y su obra más importante fue Dafnis y Cloe. Murió en 230 d.C.. Su obra ha sido traducida en diversos idiomas, entre ellos el castellano del cual existe una traducción realizada por Juan Valera y Alcalá Galiano (1824-1905).

Es importante después de aclarar algunos pormenores con referente al origen de la obra tocar fondo un poco con su argumento. El autor se encarga de hacernos una pequeña introducción al comienzo. Nos explica la inspiración que lo mueve a escribir la obra, una pintura en una cueva de Ninfas. Indaga el origen de ésta y de allí resultan los cuatro libros que componen la novela. Hace pasar al principio el hecho que va a relatar como verídico, aunque a ciencia cierta no se sabe si lo es o no, algo parecido a lo que hace Cervantes en el Quijote cuando evoca a aquel personaje de Cide Hamete Benengeli como el historiador que compuso su obra. Es un recurso estilístico bastante usual en la literatura griega porque en los Diálogos Platón exhibe sus teorías filosóficas como sucesos verídicos en los cuales intervienen Sócrates y otros personajes la mayoría reales, pero que no se descifra si estas conversaciones realmente se dieron o si son sólo ficción o artificio del autor para hacer una historia más amena.

“Ciudad de Lesbos es Mitilene, grande y hermosa. La parten canales por donde entra y corre la mar y la adornan puentes de lustrosa y blanca piedra. No semeja la vista ciudad sino un grupo de islas (…) montes abundantes de caza, fértiles sembrados, dehesas y colinas cubiertas de viñedos, todo junto a la mar”

En el fragmento citado anteriormente se puede notar como el autor nos hace entrar en el ambiente de su novela relatándonos el espacio en donde suceden la mayoría de los sucesos de este amor de pastores. Podría decirse que la novela ofrece al lector una biografía de los protagonistas desde el momento de su nacimiento hasta el final feliz. El narrador, que en todo caso es omnisciente, está mirando desde luego todas las acciones que realizan los personajes y conoce sus íntimos pensamientos.

Dafnis es encontrado por el pastor o cabrero Lamon. Sus padres lo habían abandonado al nacer, empero le habían dotado de ricas joyas y monedas para que le criase cualquiera que le encontrara. Una cabra del rebaño de Lamon, compadeciéndose del pobre bebé que yacía solo en la cueva de las Ninfas le amamantó cual si fuera su propia madre y así el infante logró sobrevivir hasta que sorpresivamente fue hallado.

Contrario a lo que se podría esperar, Lamon y su mujer Mirtale recibieron con no poco regocijo el hallazgo del niño, no porque viniera tan ricamente adornado sino porque no tenían hijos y decidieron adoptarle como hijo suyo escondiendo las alhajas por si en alguna ocasión Dafnis las llegase a necesitar.

Cloe es dos años menor que Dafnis y su destino, que a la larga se uniría y vendría a ser uno solo con el de su amado, tuvo muchas coincidencias con el de él como haber sido igualmente abandonada por sus padres en la cueva de las Ninfas con muchas joyas. Allí el narrador quiere dar a saber de una vez como la vida de estos dos personajes va a estar siempre ligada, no sólo por su nacimiento sino también por su oficio pues Dafnis se hace cabrero y Cloe pastora, oficios que estuvieron muy de boga en la antigua Grecia porque las cabras y las ovejas eran criadas de forma artesanal para la producción de leche y lana respectivamente.

Los protagonistas eran unos jóvenes sin experiencia alguna de lo que es la vida, para ellos su pubertad y adolescencia es muy pero muy diferente de la de muchos jóvenes de la actualidad quienes viven sumidos en la moda y otras atracciones y a veces ni por pienso se percatan de las grandes cosas que están ocurriendo dentro de sí. Dafnis y Cloe juegan, se recrean sanamente, como dos niños que cumpliendo sus deberes hallan satisfacción y gozo. Puede decirse que sienten atracción pero son tan inocentes que no saben cómo demostrársela.

El amor que hay entre Dafnis y Cloe es una cosa admirable, es algo divino. Así mismo lo expresa el autor cuando dice que Amor mismo (a parecer personal debe entenderse como el dios griego Eros, equivalente al romano Cupido, dios del amor) los protege y los une como una de sus parejas predilectas, por tanto se trata de un sentimiento sin mácula que no sólo busca satisfacción carnal o es simple deseo sino que augura paz y cariño entre los dos para dar y recibir lo que se dan: amor.

Las cosas buenas pocas veces hallan un camino libre de tropiezos y adversidades, el amor es probado por Dios “como se prueba el oro en el crisol”. Así la pareja de la novela se encuentra con muchas vicisitudes para realizar el ideal que se han propuesto. Cloe era una mujer muy hermosa, por tanto era casi imposible que sólo Dafnis se fijara en ella. Así hubo hombres como Dorcon quien se prendó de la muchacha e hizo mil recovecos para arrancarla del amor de Dafnis pero que al final padece un triste desenlace. Cierta vez Cloe es atrapada por unos extranjeros de Metimna y llevada forzosamente hacia su ciudad, sin embargo cuando se encontraban en alta mar el dios Pan muestra su solicitud hacia Cloe socorriéndola. “¡Oh los más impíos y malvados de todos los mortales! (…) Os he de anegar y os he de dar por pasto a los peces, si al punto no devolvéis a Cloe a las Ninfas, a Cloe a su rebaño, cabras y corderos”. Así ella puede regresar con bien a brazos de su querido.

Algo que caracteriza indudablemente a los dos jovencitos es su devoción y fe en los dioses. Visitan la gruta de las Ninfas a menudo y precisamente apacientan a sus rebaños en las inmediaciones de ésta, adoran a Pan varias veces en el curso de la obra, le ofrecen sacrificios y libaciones continuamente y quizá por eso el se muestra tan benévolo con ellos, favoreciéndoles en cualquier trance en donde su ayuda podría resultar indispensable. Todo lo que ellos tienen lo deben a las divinidades, hasta su amor es obra de Amor, aquel niño que es “más viejo que Saturno (Cronos)” y que al igual como le aconteció al viejo Filetas al cual le unió a su amada Amarilis les unirá a ellos “in saecula saeculorum”.

El amor verdadero busca siempre estar cerca de la persona que se ama. Quiere verla siempre, abrazarla, besarla, sentir su calor y su cariño. Así les pasaba a Dafnis y a Cloe, si no se veían un solo día se extrañaban como si hubiesen transcurrido años eternos. La voz de Cloe animaba a Dafnis y así juntos se animaban los dos. Es una dependencia mutua, una dependencia que no causa malestar ni rabia sino regocijo y placer porque lo que se hace con amor verdadero jamás esclaviza. Vivían para sus ovejas y cabras, las amaban como parte suya, cómo hijas a las cuales hay que cuidar. Eran ejemplos de lo que deben ser los trabajadores y obreros de hoy día quienes en su mayoría sólo piensan en el salario que van a recibir y no entregan todo de sí.

El gozo que experimentaban Cloe y Dafnis al estar juntos iba más allá de una simple conversación. A Dafnis le fascinaba ver a Cloe desnuda bañándose, observar su cuerpo, su figura, era para él el mayor deleite. Les gustaba acostarse los dos en la hierba, abrazarse, besarse allí en presencia de sus rebaños, después experimentaron el acostarse juntos desnudos pero sin haber nada de sexo; sólo había intercambio de caricias y roces. Los muchachos querían intentar algo más, una cosa que le hiciese sentir satisfacción y placer inigualables, pero no podían. Los dos eran totalmente puros y virginales, nunca habían experimentado relaciones carnales con nadie más.

El afán por sentirse más juntos, de que algo los hiciera sentirse uno dueño del otro llevan a Dafnis a cometer un grave error. Sólo por complacer sus deseos que de alguna manera podían esperar, -porque si los mismos dioses los habían unido no habría fuerza humana que de alguna manera u otra pudiera separarlos- acude a otra mujer, le es infiel a Cloe, esa niña que hubiera preferido morir antes que traicionarle. Escuda su error detrás de su amor por Cloe. Dafnis acude a una amiga suya quien había estado enamorada de él por un tiempo y que aún lo estaba. Lycenia, que así se llamaba, fue su profesora. Ella le enseñó cómo tener relaciones sexuales con una mujer, le dijo que a Cloe le dolería un poco debido a su doncellez pero que sin embargo lo disfrutaría. Lycenia se había acostado ya con varios hombres, era una mujer con “experiencia” en cosas de este jaez. Dafnis se dejó seducir y aprendió muy bien lo que le inculcó aquella mujer. El autor no condena en ningún momento esta acción de Dafnis, se podría añadir el adagio “el que calla, aprueba”, lo cual podría dar un mal ejemplo a los jóvenes ahora que es tan controvertido el tema de las relaciones prematrimoniales. Empero, se podría poner como contrapeso a esta acción el que Dafnis no se alejó de Cloe después de este desliz sino que no la conoció hasta después de la boda y fueron muy felices.

El origen de Dafnis y de Cloe en el principio de la obra es bastante oscuro. Los pastores los encuentran a los dos en un mismo sitio: la cueva de las Ninfas. Sin embargo el lector desprevenido puede hacerse una sarta de prefiguraciones previas sobre el nacimiento de los protagonistas antes de llegar al meollo de la obra. Se podría suponer - ¿por qué no?- que los muchachos hubieran sido hijos de algún dios o dioses y que éstos los habían predestinado a alguna misión en la tierra, o que eran dioses encarnados (cualquiera podría inquirir sobre Apolo y Dafne), en suma, un sinfín de suposiciones que el autor, quizá prediciéndolas, se encarga de aclarar a su debido tiempo.

Dafnis es hijo del gobernador de la ciudad Dionisofanes; éste lo abandona siendo apenas un bebé recién nacido. Sin embargo le deja como regalo unas prendas que, según él dice, son para reconocerlo posteriormente. Cómo se refleja esta situación actualmente cuando muchos padres abandonan a su suerte a los hijos que Dios les ha regalado en Su Providencia Infinita. El arrepentimiento hace su entrada en la obra cuando Dionisofanes y Clearista (madre de Dafnis) se lamentan amargamente de haber expuesto a su hijito. Dafnis da muestras de un corazón muy noble, cuando sin ningún rencor abraza a sus padres y hermanos y les perdona lo que con él obraron en el pasado. Es una lección de perdón que aquí se nos brinda a todas y cada una de las personas que generalmente somos testarudos y duros de corazón. Dafnis nos ofrece su faceta de amor, perdón y familiaridad, valores que de él deberíamos adoptar, sin olvidarnos del agradecimiento y profundo amor que les siguió profesando a Lamon y Mirtale sus padres putativos.

Cloe, por su parte también encuentra a su verdadera familia. Su padre Megacles hubo de abandonarla también al nacer por no tener como mantenerla, ya que había quedado en la completa ruina. La abandonó en la cueva de las ninfas con las pocas alhajas que aún conservaba. Gracias a Dionisofanes ocurre el reencuentro el cual se observa lleno de emotividad y perdón por parte de Cloe a su padre quien ahora es rico. Muchas veces nosotros nos portamos mal con las personas que nos han dado la vida y nos enojamos con ellos por cualquier cosa; lo que en esta obra se presenta es un ejemplo de vida para que, ojalá lo tomemos en serio y lo pongamos en práctica.

El que persevera alcanza. Esta frase es pronunciada constantemente por las personas para animar a otras que se encuentran en situaciones difíciles y que ven truncado su camino por alguna circunstancia. El resultado de la perseverancia es la obtención de lo que se desea. Esto fue lo que disfrutaron Dafnis y Cloe. Después de un camino lleno de tropiezos, de adversidades en donde su amor debió crecer como una rosa entre zarzas, como cualquier flor en el más crudo de los inviernos esta pareja supo salir adelante y sí que lo logró. Después de enfrentarse a la intriga, a la soledad muchas veces, a la pobreza y a situaciones que superficialmente parecían sin remedio logran escalar la cima de la alta montaña que es la vida y conseguir allí el premio de su anhelado y abnegado amor.

Dios a ellos los probó, los apretó por un lado y por otro pero no los aplastó, así la prueba de su amor produjo constancia y esa constancia se convirtió en experiencia. Sería un tanto absurdo imaginarse el noviazgo de Dafnis y Cloe libre de penas, aflicciones y oposiciones; su amor se hubiera conservado seguramente, ¿pero qué hubiera sido después en su matrimonio ya como pareja responsable? Quizás sí, quizás no, pero es probable que ante la primera dificultad hubieran encontrado más peso que a cualquiera que antes les hubiese ocurrido. Sin embargo ellos lograron ser una pareja madura a pesar de su sencillez e ingenuidad con un amor puro que no admite ninguna clase de sentimiento malo para sí mismos y para los que los rodean.

Sería pertinente resaltar el que Cloe haya llegado virgen al matrimonio. Sonaría un tanto obvio si se fijara en las prescripciones que tenían las civilizaciones antiguas en las cuales la virginidad era un precepto inalienable para toda mujer sin casarse. Pero para todo aquel que ha leído y analizado la obra y que de cualquier manera se convirtió en testigo de estos amores, Dafnis tuvo muchos momentos en los cuales pudo hacer suya a Cloe, empero no lo hace. Siguen con sus simples juegos inocentes aún después de que ya Dafnis ha sido amaestrado por Lycenia. Por eso el narrador recalca que después de la boda: “(...) Dafnis hizo a Cloe lo que le había enseñado Lycenia; y Cloe conoció por primera vez que todo lo hecho antes, entre las matas y en la gruta, no era más que simplicidad o niñería” Allí se da, entonces el paso definitivo, por así decirlo, de Cloe a la edad adulta; ya se hace mujer en brazos de su amado, deja su niñez atrás pero sin perder el manto de la inocencia el cual conservará siempre en su alma.

“Dafnis y Cloe” es una novela sencilla, con un argumento bastante claro y conciso y que cualquiera podría considerar un simple cuento de niños en donde los protagonistas: “Vivieron felices y comieron perdices”. No, más allá de eso, es una novela que brinda una enseñanza muy hermosa: que el amor vence todas las dificultades. El amor -como dice San Pablo- no es egoísta, no busca el mal, no se engríe, todo lo espera, todo lo soporta; el amor no pasará nunca. Así es necesario para todos aprender a diferenciar el amor de cualquier otro sentimiento y que sea él y no otra cosa lo que rija nuestra vida. El amor, al igual que esta novela vive y debe gustar en todo tiempo.

Lo que vence toda dificultad: la historia de Amor

Ensayo de la obra

“Dafnis y Cloe”

Autor: Longo

Editorial Norma

Colegio Jorge Isaacs

Décimo grado

Barranquilla

2005

Longo, vida y obra. Un muchacho más viejo que Saturno. William Ospina. Página 28. Editorial Norma. Bogotá. 2003.

Longo. Dafnis y Cloe. Libro Primero. Página 11. Traducción de Juan Valera. Editorial Norma. Bogotá. 2003.

Ibíd. Libro Segundo. Página 41.

Ibíd. Libro Cuarto. Página 89.