Currículo y la atención a la diversidad de los alumnos

Educación física y especial. Niveles de concreción. Necesidades educativas especiales

  • Enviado por: BLANCOVIC
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El objetivo de esta primera parte es revisar cómo se enfoca desde el currículo la atención a la diversidad, así como el sentido que se da, de acuerdo con esta preocupación, a las dificultades de aprendizaje y la respuesta que ha de darse desde la enseñanza a tales dificultades de aprendizaje Para ello se analiza el continuo de situaciones que se pueden encontrar; las causas que pueden explicarlas y la estrategia de actuación que ha de seguirse.

El currículo y la atención a la diversidad de los alumnos.

Definir el currículo supone establecer las intenciones que un siste­ma educativo tiene para con su alumnado. Es decir, supone seleccio­nar, de entre todo lo que es posible aprender, aquello que se va a aprender en las instituciones educativas. En el currículo se responde, por lo tanto, a las preguntas relativas al qué, cómo y cuándo enseñar y evaluar.

Dar respuesta a estas preguntas exige necesariamente reflexionar acerca de las características de los alumnos que tienen que realizar los aprendizajes. El análisis de los rasgos fundamentales de aquel a quien se enseña es imprescindible para poder ajustar la enseñanza. El proceso de enseñanza y aprendizaje tendrá éxito en la medida en que los dos polos estén correctamente articulados, es decir, en tanto en cuanto el profesor adecue su intervención a la manera peculiar de aprender que tenga el alumno. Desde este punto de vista, la indivi­dualización de la enseñanza es la meta que todo sistema educativo persigue, a la vez que la mayor dificultad con la que se enfrenta.

La historia de la educación puede verse, entre otras posibles perspectivas, como la historia de la extensión de los servicios educa­tivos a una población progresivamente más amplia, con el corres­pondiente aumento de la diversidad del alumnado y la creciente difi­cultad en la individualización de la enseñanza. Es evidente que a los preceptores les resultaba más sencillo adecuarse a las características de su pupilo, de lo que en este momento le resulta al profesorado responder a la diversidad de necesidades que se manifiestan en cual­quier aula. El avance social que esta extensión claramente supone, exige mejorar también los métodos de enseñanza y los recursos con los que cuenta el sistema educativo.

Si difícil le es al docente ajustarse a la diversidad de todos los alumnos, más difícil aún es establecer desde la Administración Edu­cativa un currículo que responda a las necesidades del conjunto de la población escolar. Y sin embargo es necesario hacerlo, si se quiere asegurar la igualdad de oportunidades de todo alumno a recibir una educación que le permita incorporarse a la sociedad como un ciuda­dano con plenos derechos y deberes. La Administración Educativa debe, por lo tanto, establecer aquellas enseñanzas que considera que cualquier alumno o alumna debe aprender y, en consecuencia, todo centro escolar debe impartir.

Esta contradicción puede en parte resolverse si el currículo que la Administración prescribe es lo suficientemente abierto, flexible y general como para responder a las necesidades que son comunes al conjunto de la población escolar y dejar que sean los docentes, que son quienes conocen los rasgos peculiares de su alumnado, los que vayan concretando las intenciones educativas en sucesivos pasos, ajustándose progresivamente a las necesidades especificas de los dis­tintos alumnos y alumnas.

Esta finalidad es la que persigue el modelo que se ha adoptado en la propuesta curricular de la Reforma, como se explica con mayor deteni­miento en el documento Proyecto curricular que también forma parte de estos materiales. Los sucesivos niveles de concreción que se propo­nen son precisamente un instrumento para ir adecuando el currículo a contextos cada vez más concretos y, por ello, más específicos.

CUADRO I

LOS NIVELES DE CONCRECIÓN COMO NIVELES DE ADAPTACIÓN

ENSEÑANZAS Población escolar del conjunto

MÍNIMAS del sistema educativo

CURRÍCULO Población escolar del ámbito

de gestión autonómica

PROYECTO Población de un

CURRICULAR centro concreto

PROGRAMACIÓN Alumnos de un grupo-aula

ADAPTACIÓN Alumno concreto

CURRICULAR

Como se ilustra en el cuadro 1, cuando se establecen las Enseñanzas Mínimas se está respondiendo a los rasgos comunes del conjunto de la población escolar. Cuando, en un segundo momento, cada Administración autonómica fija su currículo, tiene como referente los alumnos y alumnas de sus centros escolares, y es a los rasgos que todos ellos comparten -que, sin embargo, pueden no ser los mis­mos en el resto del país- a los que intenta ajustarse. Al elaborar un centro concreto su Proyecto curricular lo que hace es identificar qué necesidades especificas tiene su alumnado y adecuar el currículo básico de la Administración a sus peculiaridades. Cuando ya cada profesor diseña su programación, reflexiona acerca de cómo concre­tar las intenciones que el conjunto del centro se ha marcado, para que se ajusten a las características de su grupo-aula. Por último, este mismo profesor tiene a menudo que reajustar su programación cuando alguno de sus alumnos tiene unas necesidades peculiares que exigen actuaciones más individualizadas. En este momento resulta necesario también llevar a acabo una adaptación del currículo previs­to en la programación del grupo, en función de rasgos individuales de ese alumno.

De este principio básico, que se podría resumir en la idea de que “a mayor nivel de concreción, mayor posibilidad de adaptación”, se deduce otro igualmente fundamental cuanto más se tenga en cuenta la atención a la diversidad en los niveles altos del diseño del currícu­lo, menos necesarias y menos significativas serán las modificaciones que haya que realizar en las adaptaciones curriculares individuali­zadas.

Así, la mejor manera de atender a la diversidad será elaborar un Proyecto curricular que permita individualizar la enseñanza. Es decir, responder a las preguntas sobre la diversidad que, como se explica en el documento Proyecto curricular, articulan las decisiones que el conjunto del equipo docente de un centro debe tomar, teniendo siempre presente que los alumnos y alumnas son diferentes entre sí.

En este sentido, se está respondiendo a la diversidad desde el ini­cio, cuando los objetivos de etapa recogen todo tipo de capacidades, cuando la secuencia de contenidos se adecua a los diferentes ritmos de aprendizaje, cuando se adoptan metodología diversas y cuando se decide evaluar a todos los alumnos en función del progreso que han realizado con respecto a su nivel inicial. Cuando así se actúa no cabe la menor duda de que se está evitando con ello que aparezcan gran parte de los problemas de aprendizaje que ahora presentan muchos alumnos.

No obstante, a pesar de que un equipo docente elabore un Pro­yecto curricular sensible a la diversidad, seguirán apareciendo dificul­tades de aprendizaje en los alumnos, aunque éstas sean menos signi­ficativas y numerosas.

Las dificultades de aprendizaje pueden analizarse, por lo tanto, como un continuo, en uno de cuyos polos estarían los alumnos a los que todo maestro diariamente da respuesta a través de actividades de refuerzo y de una mayor atención en general, y en el polo opues­to los alumnos para los cuales los recursos ordinarios con los que se cuenta en los centros no son suficientes, exigiendo su enseñanza la incorporación de medidas extraordinarias.

En paralelo con el continuo de las dificultades aparece, entonces, el continuo de la significatividad de las adaptaciones que es necesario hacer en cada caso: a mayor dificultad, mayor nivel de adaptación curricular, o, dicho de otro modo, mayor necesidad de medidas extra­ordinarias.

Cuando las dificultades no son muy importantes las medidas habi­tuales de individualización de la enseñanza son suficientes para dar respuesta a las necesidades del alumno, cuando las dificultades son generales y permanentes es preciso llevar a cabo adaptaciones signi­ficativas. En este caso se considera que los alumnos tienen necesida­des educativas especiales en tanto exigen del sistema medidas educa­tivas extraordinarias.

Es importante ser conscientes de que la frontera entre lo que se considera ordinario y extraordinario no es nítida. En este sentido lo que en un centro puede percibirse como una dificultad de aprendiza­je normal, dado que el equipo educativo ya cuenta con unas medidas que responden sensiblemente a la diversidad, puede ser considerado en otro centro como un problema grave que exija medidas excepcio­nales.

Adaptar el proceso de enseñanza exige, en este sentido, actuar en dos ámbitos distintos. En primer lugar es preciso que el alumno cuente con todos aquellos recursos necesarios para poder acceder al currículo ordinario, ya que muchas veces la dificultad del alumno no está propiamente en lo que tiene que aprender, sino en los medios con los que cuenta el sistema educativo para enseñárselo. Así, por ejemplo, la dificultad de un niño con una lengua distinta de la que habitualmente se utiliza como vehículo de enseñanza, o la de un alumno sordo o paralítico cerebral, no se debe a los contenidos edu­cativos, sino a la presencia de otros medios de comunicación o a la ausencia de barreras arquitectónicas.

A todo este conjunto de modificaciones en los elementos mate­riales de la enseñanza, as! como a los recursos personales de profe­sionales especialmente preparados para trabajar en este campo que habitualmente suelen conllevar, se le denomina adaptaciones de acceso al currículo.

Sin embargo, no siempre es suficiente con. hacer adaptaciones de este tipo para dar respuesta a las necesidades de los alumnos; en la mayoría de las ocasiones es necesario adaptar también lo que se debe enseñar, es decir, el currículo propiamente. Las adaptaciones en los elementos básicos del currículo suponen modificar los méto­dos de enseñanza, los contenidos o incluso los objetivos que se con­sideran adecuados para la mayoría del alumnado.

En las sucesivas partes del documento se analizan en detalle las dificultades de aprendizaje, sus causas y su mayor o menor significa­tividad, así como la estrategia más adecuada para llevar a cabo las adaptaciones tanto en las condiciones de acceso al currículo como en sus elementos básicos.

Al igual que las adaptaciones significativas, la propuesta, reali­zación y seguimiento de las adaptaciones de acceso estarán coor­dinadas por los Equipos Interdisciplinares de Sector u orientado­res de los centros y deben estar sujetas a los mismos criterios de rigor, control y participación que ya se han señalado.

Hasta aquí se ha intentado reflejar con algún detalle el conti­nuo referido a posibilidades que pueden darse en el proceso de adaptación del currículo, quedando ese rango configurado “grosso modo”, en un extremo por las adaptaciones no significa­tivas y en el otro por las adaptaciones significativas, para los alumnos con mayores dificultades para aprenden Es evidente que cuando, por cualquier razón, estas dificultades son generalizadas y afectan al conjunto de las áreas curriculares, no sólo todo el proceso de adaptación se hace mucho más complejo, sino que los alumnos que experimentan tales dificultades corren mayores riesgos de recibir una oferta curricular desequilibrada y poco ajus­tada a sus necesidades.

Para salvaguardar esta situación, se ha introducido en la LOGSE y en los decretos que la desarrollan el concepto de alumnos con necesidades educativas especiales, cuyo fin último es tratar de garantizar también para estos alumnos que tienen dificultades de aprendizaje más graves una respuesta educativa de calidad. El objetivo del punto siguiente es analizar el alcance y sentido de este término.

Alumnos con necesidades educativas especiales.

E! término alumnos con necesidades educativas especiales se ha introducido en la LOGSE y en los decretos que la desarrollan para salvaguardar y garantizar una respuesta educativa ajustada para aquellos alumnos que por sus particulares circunstancias están en desventaja y tienen mayores dificultades para beneficiarse de la edu­cación escolar.

Es un término que tiene su origen en la educación especial, en el intento de evitar, en parte, el amplio conjunto de efectos negativos que ha tenido y tiene el uso de las categorías diagnósticas en la edu­cación de los alumnos con deficiencias físicas, psíquicas o sensoria­les. Se intenta con él poner el énfasis en la respuesta educativa -en términos de necesidades- que estos alumnos precisan, y no tanto en sus limitaciones personales. Es lógico, sin embargo, que poco a poco se haya utilizado también para referirse a otros alumnos que, sin tener limitaciones o deficiencias personales, están igualmente en situación de desventaja y tienen también “necesidades especiales”, como podrían ser, en algunos casos, los alumnos procedentes de minorías étnicas o grupos sociales desfavorecidos.

Es, por tanto, un término complejo y en cierta medida difuso, pues no se relaciona unívocamente con un grupo de alumnos con­creto o especifico, y que puede tener muchas y variadas "lecturas". Así, por un lado, es una manera de reconocer que todos los alumnos tienen necesidades educativas, y que todos son "especiales" desde el momento que requieren una respuesta ajustada a tales necesidades. Tiene una lectura de "normalización", en su intento de evitar la discriminación y la carga peyorativa asociada a los términos negativos: deficiente, minusválido, discapacitado, sub­normal.

En cuanto a su amplitud, se ha planteado, con razón, que hasta un 20% de la población escolar puede llegar a tener temporalmente en un momento u otro de su escolarización, serias dificultades de aprendizaje, y en consecuencia tendrían necesi­dad de una ayuda educativa especia! en respuesta a la aparición de esas dificultades. Desde otras perspectivas se piensa en un porcentaje entre el 2% y el 5% de la población escolar, y que representaría a los alumnos con necesidades especiales más o menos permanentes, algo que en último término es relativo y dependiente del nivel de recursos y de la calidad general del sis­tema educativo de cada país (obviamente, cuanto peor es éste, más alumnos se encontrarían en el planteamiento de las "necesi­dades especiales").

A partir de estas consideraciones se puede señalar que un alumno tiene necesidades educativas especiales si, por cualquier causa, tiene dificultades de aprendizaje, mayores que el resto de los alumnos, para acceder a los aprendizajes que se determinan en el currículo que le corresponde por su edad, de forma que requiere, para compensar dichas dificultades, adaptaciones de acceso y/o adaptaciones significativas en varias áreas de ese currículo.

Así definido, el concepto pone el énfasis, en primer lugar, en los procesos de aprendizaje, y en segundo lugar, en la respuesta o provisión educativa que requiere ese alumno.

No es, por tanto, la existencia de deficiencias la que determina la consideración de que un alumno tiene necesidades educativas especiales, sino la existencia de dificultades para aprender los con­tenidos y objetivos que establece el currículo que por su edad le corresponde, lo que nos pone sobre la posibilidad de considerar a un alumno con necesidades especiales. Se habla de "posibilidad" porque no son tampoco por si solas las dificultades de aprendizaje las que determinan tal consideración, sino el grado de las mismas.

En efecto, como se viene señalando desde el inicio de este docu­mento, existen dificultades para aprender que son consustanciales con el propio proceso de aprendizaje de cualquier alumno, y que normalmente pueden ser resueltas y superadas por los medios ordi­narios de los que dispone el profesorado.

La consideración de que un alumno tiene necesidades educativas especiales empieza cuando se estima que tales dificultades no son solamente "mayores que las del resto de sus compañeros" Sino que también el profesorado, individual y colectivamente, ha agotado razonablemente todos los recursos ordinarios a su alcance para responder a ellas, y lo que se precisa entonces es una respuesta edu­cativa especial, que se aparta y se diferencia significativamente de la que se oferta a la mayoría de los compañeros.

Varias son las consideraciones que han de hacerse para entender el alcance de esta definición. En primer lugar, es una decisión delica­da que necesita la intervención de los Equipos Interdisciplinares de Sector u orientadores de los centros, una de cuyas funciones especí­ficas es, precisamente, la de realizar esta determinación en colabora­ción con el profesorado (véase el documento sobre Orientación y tutoría). A efecto entonces de ordenación y provisión de recursos y medidas curriculares especiales, sólo se considerarán alumnos con necesidades educativas especiales aquellos que hayan sido evaluados de esta forma en el Dictamen de Escolarización que a tal efecto deberán realizar los Equipos Interdisciplinares de Sector o los orien­tadores de los centros.

Los recursos humanos y materiales adicionales que estos alumnos precisan se encuentran mayoritariamente en los centros del Progra­ma de Integración Escolar, y es por esa razón por la que su escolari­zación es orientada principalmente hacia ellos.

Uno de los objetivos básicos del análisis compartido al que se hace mención es precisamente el de revisar hasta qué punto se han agotado razonablemente, de forma tanto individual como colectiva, las medidas ordinarias que todo profesor tiene a su alcance. En efec­to, desde el análisis interactivo que se ha realizado de los procesos de enseñanza y aprendizaje resulta evidente que ciertas dificultades de aprendizaje son más bien el resultado de una respuesta educativa desajustada (un ritmo de trabajo muy rápido, una organización de aula poco funcional, una metodología poco apropiada a la vista del estilo de aprendizaje del alumno, contenidos previos no traba­jados suficientemente, etc...), que de limitaciones del alumno. Sería injusto, por tanto, hacer recaer sobre éste las medidas de adapta­ción curricular significativas (cambios y/o eliminaciones de conte­nidos u objetivos educativos) sin haber realizado, en primera ins­tancia, otras adaptaciones del contexto de enseñanza.

Ciertamente ese contexto de enseñanza no depende exclusi­vamente de la voluntad individual de cada profesor, sino también de las medidas colectivas que desde el Proyecto curricular de Etapa se hayan tomado, y en especial las referidas al tratamiento de la diversidad (véase el documento Proyecto curricular). Por eso se insiste también en analizar., conjuntamente con los profe­sionales de los Equipos Interdisciplinares u orientadores de los centros, tales medidas colectivas, antes de considerar la pro­puesta de adaptaciones curriculares significativas para un alumno o grupo de alumnos. Una organización racional de los apoyos, de los espacios escolares o del tiempo puede facilitar enormemente la atención a las necesidades especiales. La continuidad metodo­lógica, secuencias coherentes de contenidos y el desarrollo conti­nuado de una evaluación formativa, cuestiones todas ellas depen­dientes del Proyecto curricular, posibilitan reducir sensiblemente el número y grado de adaptaciones significativas.

Estas consideraciones fundamentan también la decisión de que tales profesionales de los Equipos Interdisciplinares progresi­vamente formen parte de la Comisión de Coordinación Pedagó­gica que en cada centro sea responsable de la coordinación de los Proyectos curriculares de etapa.

Por último, conviene adelantar también que el proceso o los pasos para desarrollar tales medidas excepcionales de adaptación curricular no son sustancialmente distintos de los pasos que con carácter general se han comentado en la primera parte de este documento. La diferencia, como ya se adelantó, estriba en plani­ficar y desarrollar la estrategia con mayor rigor en lo que respec­ta, por un lado, a la evaluación del alumno y del contexto de aprendizaje; por otro, en lo que se refiere al control y seguimien­to de las medidas adoptadas y, por último, en cuanto a la participación del profesorado, especialistas y familia en todo el proceso.

No obstante, conviene recordar especialmente lo que ya se avanzó al hablar del "orden" en el proceso de adaptación, unos criterios muy relevantes en estos casos. A modo de resumen, podría decirse que las adaptaciones o ajustes para los alumnos con necesi­dades educativas especiales han de realizarse siempre de lo más general (Proyecto educativo, Proyectos curriculares de etapa) a lo más individual (alumno). Pero cuando se llega a este último nivel hay que proceder al contrario: no habría que modificar los contenidos hasta que se tuviera la certeza de que no es suficiente con adaptacio­nes de nivel inferior (adaptaciones en la metodología, organización, evaluación...). No se deberían cambiar o eliminar para un alumno con necesidades educativas especiales los objetivos generales de una etapa en tanto no se tuviera la certeza razonable de que la respuesta a sus dificultades de aprendizaje no pudiera ser abordada con cam­bios de metodología didáctica, adecuación o eliminación de bloques de contenido y adecuación o eliminación de objetivos de área o de las áreas mismas.

En este contexto, las decisiones relacionadas con la promoción de los alumnos, o permanencia en el mismo curso, tienen una gran importancia. La aplicación del principio de normalización a esta situación aconseja que los alumnos con necesidades educativas especiales promocionen con su grupo de edad o de referencia, aun­que no hayan aprendido los contenidos o adquirido los objetivos que se tuvieran previstos para ellos, como garantía de una integración social necesaria y del mantenimiento de unas relaciones afectivas con el grupo y sus iguales, que son de gran trascendencia para todos los alumnos.

Visto así, las posibilidades de permanencia que establece la Ley (una vez durante la etapa de Educación Primaria) han de reservarse para cuando se estime que con ella pueden llegar a conseguirse real­mente los objetivos previstos de un ciclo o de la etapa, o para refor­zar de manera significativa aquellos aprendizajes instrumentales bá­sicos (comunicación y expresión, cálculo, hábitos de autonomía...), que posteriormente son la puerta de acceso a aprendizajes más com­plejos, y sin los cuales también resulta complicado pensar en una aceptación e integración social posterior en un grupo de iguales, que está inmerso en tareas escolares en las que estos alumnos difícilmen­te pueden participar.

Si aun haciendo uso de tales medidas de permanencia, y a tenor de sus características y de las del contexto educativo, se considera que el alumno no podrá seguir el currículo ordinario, lo que se espe­ra es que las adaptaciones realizadas posibiliten en último término que el alumno tenga acceso a un currículo que, con relación al ordinario, sea lo más amplio y equilibrado posible, de forma que resulte relevante y funciona! para el desempeño futuro de una vida social y laboral autónoma y satisfactoria

El Ministerio de Educación y Ciencia propondrá con carácter orientativo un modelo de Documento Individual de Adaptacio­nes Curriculares en el que habrá de recogerse la programación individualizada que sea coherente con las necesidades educativas especiales de los alumnos o alumnas en cuestión, documento que, en ése u otro formato, será prescriptivo para todos ellos. La tarea de elaboración, registro y seguimiento de esa programación individualizada será responsabilidad del profesorado tutor y de apoyo que intervenga en la educación de los alumnos con necesi­dades especiales, para lo cual contará, no obstante, con la cola­boración de tos profesionales de los Equipos Interdisciplinares de Sector, o del orientador del centro, en todos los aspectos que hayan de considerarse.

Con todas las medidas y posibilidades de adaptación curricular hasta aquí consideradas se aspira a que todos los alumnos con dificultades para aprender, sea cual sea el rango y la gravedad de éstas, alcancen de la manera más satisfactoria posible los benefi­cios que reporta la educación escolar y se aproxime el objetivo de una Educación Primaria favorecedora del desarrollo individual y que sea al tiempo respetuosa con la diversidad.