Cultura juvenil de masas

Historia universal siglo XX. Argentina. Juventud. Tribus urbanas. Hippismo. Hippies. Cultura joven. Movimientos estudiantiles

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Cultura juvenil de masas

I n t r o d u c c i ó n

Desde fines de los años '50, y con mayor claridad a partir de los años '60, se constituyó en occidente lo que se llamó “Cultura Juvenil de Masas”. Esta denominación daba cuenta de un proceso en el marco del cual la juventud era reconocida por el resto de la sociedad, y por ella misma, como un estrato social independiente. Los jóvenes comenzaron a ser destinatarios de bienes de consumo específicos: ropa - los jeans en particular-, discos -el rock-, y libros concebidos y diseñados para jóvenes.

Uno de los rasgos que caracterizaba a muchos jóvenes de esa época era la actitud crítica, no solo hacia la política, sino también hacia los modos en los que se daban, en la vida cotidiana, las relaciones afectivas, sexuales o de autoridad dentro de la familia y fuera de ella. La cultura juvenil se inclinó con facilidad a la crítica social: denuncio los males del capitalismo, la sujeción de los intereses nacionales a los de los imperios, y en los sectores cercanos a la contracultura y al hippismo, hasta llegó a la crítica de la sociedad moderna y de consumo.

Un símbolo de esta actitud fue la rebelión estudiantil que estalló en mayo de 1968 en Paris. Este movimiento iniciado por estudiantes, pronto se les sumó la acción sindical, tuvo tanto impacto en la política francesa como en otras juventudes del mundo.

El crecimiento de las organizaciones guerrilleras de la Argentina estuvo muy vinculado con esta movilización general juvenil. Desde ya, esto se trata de fenómenos diversos: usar el pelo largo no implicaba participar de una organización armada, tal como lo planteaban los militares. Sin embargo, el clima de crítica junto con otros elementos de la situación permitió que las organizaciones guerrilleras contaran con auditorios atentos y movilizados.


                                                                S i t u a c i ó n m u n d I a l


Los años `60 marcaron un hito en la historia mundial: el mayo estudiantil y obrero en París con sus repercusiones en toda Europa Occidental, la guerra de Vietnam y la oposición a esa guerra, la primavera de Praga, el pacifismo inconformista del movimiento hippie, la experiencia de la revolución cubana, las transformaciones de la Iglesia que se manifestaron en el Concilio Vaticano II y en su adaptación al medio americano expresado en la 2ª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Medellín, Colombia (1968) y la experiencia de la “vía chilena al socialismo” de Salvador Allende entre otras experiencias, son puntos culminantes de una oleada mundial que buscaba una transformación radical de la sociedad. La idea de cambio fue parte del ambiente, podía ser pacífico o violento, pero se mostraba como inevitable.
Dentro de la historia de las mujeres, los años '60 fueron un segundo momento crucial si entendemos que las luchas por el sufragio y por reformas en las leyes civiles constituyeron el primero. Al comienzo de esta década de cuestionamientos, las mujeres todavía se veían limitadas por normas y leyes impuestas en la posguerra que implicaron un salto hacia atrás en todo lo que se refiere a los avances logrados durante la guerra.
Sin embargo algo comenzó a agitarse bajo el aparente conformismo de los jóvenes en los años `50. En una sociedad marcada por el consumismo que convivió con el terror al holocausto nuclear, comenzó a germinar un nuevo espíritu de rebeldía. No pasaron muchos años sin que las y los jóvenes comenzaran a recuperar sus espacios perdidos dentro de una sociedad conservadora.
A comienzos de los '60, para ellos y ellas el crecimiento del nivel de vida parecía ilimitado. Efectivamente, desde la década anterior se había producido un aumento espectacular del consumo, convirtiéndose en un objetivo vital para alcanzar la felicidad individual. Dentro de este mundo dominado por el consumismo fue cuando se empezó a hablar de “cultura juvenil”.

A partir de entonces se crea un modelo joven: una moda, una música, una literatura, unos lugares de encuentro, un lenguaje, una forma de viajar que, al final agruparon, relacionaron e identificaron a una generación.
 El nacimiento de una cultura joven y la masificación de las universidades provocaron la explosión juvenil de finales de los `60. Pero esta vez la disconformidad se hizo evidente a partir del cuerpo, el orgasmo, la sexualidad y la utilización de las píldoras anticonceptivas. De esta forma muchas mujeres jóvenes adoptaron consignas específicas, donde lo público y lo privado fue cuestionado como denuncia de una trampa: “Lo personal, también es político. De esta forma, existe consenso en considerar a la década del 60 como el momento del nacimiento de un “Nuevo Feminismo”. Pero también es cierto que en ese momento histórico coinciden varios movimientos radicales o revolucionarios en Occidente: el movimiento estudiantil, el Poder Negro, y las luchas a favor de las minorías étnicas y las naciones del Tercer Mundo.
 
 Antes de reseñar las actividades de estos grupos es conveniente tener presente sus objetivos y fuentes ideológicas.
Para estos primeros grupos, la influencia de elaboraciones teóricas que llegaban de Europa y EEUU, se amalgamó con necesidades propias que dieron lugar a la generación y desarrollo de grupos de reflexión sobre el tema de la Mujer. Las participantes buscaron los puntos en común de sus experiencias como mujeres, ya fueran amas de casa o profesionales, artistas o militantes políticas. La idea fue crear una “nueva conciencia”, es decir, encontrar factores unificadores, más allá de las diferencias ideológicas, de clase, de edad, entre otras. La dinámica fue la organización de grupos de autoconocimiento y concienciación sobre diversos temas: dependencia económica de la mujer, inseguridad, maternidad, celos, narcisismo, simulación y sexualidad. Para separarse de las agrupaciones de izquierda que hablaban de conscientización, palabra derivada de un verbo que tiene que ver con cambiar las cosas; los grupos de mujeres, prefirieron derivar la palabra del sustantivo, porque su intención era crear una conciencia. Al principio la actividad de los grupos de mujeres fue la de contar las experiencias personales ya que a producción escrita fue un objetivo posterior. Asimismo trabajaban en la traducción y lectura de material elaborado en los países centrales que circuló gracias a la cultura de la fotocopia. Con estas características se formaron varios agrupamientos con relativa inserción en sectores de la clase media.
 

 

M o d a e n A r g e n t i n a e n l a d é c a d a d e l 60

A pesar del crecimiento económico que experimentaron los países capitalistas industrializados durante la década de 1960, en las sociedades se produjeron fuertes tensiones sociales y expresiones de descontento político por diversas causas. Los principales protagonistas de estas manifestaciones de descontento fueron los jóvenes.

Amplios sectores de la juventud denominados “hippies” se revelaron contra la sociedad de consumo y buscaron una forma alternativa. Rechazaron el modo de vida, el sistema político y experimentaron nuevas formas de relaciones interpersonales, con los valores de amor, libertad, anarquía, no violencia, naturaleza y utilizando diversos lemas como oposición a la guerra de Vietnam, viviendo en comunidades y revelándose a todo.

La influencia del rock -principalmente de la mano de Elvis Presley - y de películas protagonizadas por figuras como Marlon Brando, James Deán, Frank Sinatra, dio como resultado la aceptación generalizada de la ropa informal, confeccionada sobre la base del Jean y del cuero. Ambos materiales se extendieron rápidamente, en especial en la juventud, que las adopto como símbolo de rebeldía. Como secuela de la Segunda Guerra Mundial, en los Estados Unidos y Europa quienes se vestían de esa manera fueron nominadas la generación beat (perdida). Esta moda manifestó en la Argentina con la popularización de camisas y pantalones de Jean y camperas de cuero, con o sin tachas y flecos, pero siempre con visibles cierres relámpago.

A esta generación perdida le sucedió, en la década de 1960, la de los hippies:

Los hippies, se revelaron contra la sociedad, es por eso que la forma que adoptaron para vestirse resaltaba totalmente y salía del estilo común y formal de la sociedad. Pero más que una simple manera de vestir, fue todo un movimiento social.

Durante esta época nacieron los clásicos “patas de elefantes”, las camisas hindúes, el pelo largo y desordenado, era común verlos con pantalones vaqueros, faldas floridas, carteles con la efigie del Che Guevara. Nunca se los veía peinados, se bañaban en muy pocas ocasiones, tenían barba hirsuta y estaban mancillados por el calor.

Las mujeres buscaban la comunidad más que la estética y la ropa ya no tenia sexo, eran prendas unisex. El pelo tampoco era ya un signo de distinción; caminando de espalda, muchos hombres parecían mujeres de eternas cabelleras. Mientras tanto las flores, símbolo de la época, se usaban tanto en la ropa como en el pelo y representaban la ideología utópica que los guiaba en la llamada “revolución de las flores”.

R e l i g i ó n:

La juventud de los años 60 dirigió sus ojos y su espíritu a Oriente, a civilizaciones que tenían un concepto diferente de vida y del hombre. El Dios hippie se parece al budista. La impronta religiosa ha impregnado siempre el universo hippie. Las civilizaciones mayas, aztecas, o incas inspiraron a los hippies formas de comunicación no verbal, telepáticas, obtenidas a través de antiguas drogas. Los jóvenes peregrinaron al Tibet, al Machu Pichu, a las arenas de Túnez o Marruecos en busca de alternativas espirituales.

Quizás este haya sido el movimiento más victorioso en cuanto a desestructuracion de costumbres e incumplimiento de normas.

O b j e t i v o:

Su objetivo fue romperlo todo, revelarse totalmente a la sociedad que tan afuera los tenia. Pero no llegaron porque no tenían posibilidad a romper el modelo de consumo .Lo que si dejaron, en cambio, es una impronta cultural muy fuerte, que todavía pervive, una suerte de contestación que todos nosotros llevamos dentro, ya no quizás en términos colectivos.

Indudablemente tuvieron a veces actos exagerados, violentos, equivocados. Hubo muchas variables que forman parte de esta revolución cultural.

Durante los años 60 y 70, la aceptación masiva que obtuvo el in formalismo dio como resultado el auge de la fabricación industrial. Los modelos dejaron de ser creaciones individuales para convertirse en producciones seriadas, prestigiadas con la marca de fábrica o el apellido de los diseñadores. Como consecuencia, en las calles se veían las mismas combinaciones de colores, el mismo largo de polleras, el mismo corte de pantalones, las mismas tachas, los mismos botones metálicos en las camperas y las mismas flores en las camisas. Esa uniformidad informal condujo a la creación de la moda unisex, que, si brindaban igualdad democrática, termino con la libertad creadora. Esta moda predomino durante la década de 1960 y 1970. Hombres y mujeres por igual se vistieron con pantalón, camisa, pulóver, manifestando la igualdad de sexos que se perseguía.

Más allá del predominio de la uniformalidad y del in formalismo, unos y otras no dejaron de buscar variantes distintivas que se adecuaron a las idiosincrasias personales, como el largo de los sweaters o el uso de zuecos en las mujeres. Se mantuvo, sin embargo, el Jean como prenda útil, práctica y accesible. En los sectores de mayor poder adquisitivo, al Jean se lo reemplazo con géneros de lana, y el calzado se sofistico con las botas altas, cerradas con cremalleras para facilitar la quita y pon. También en las variaciones se introdujeron las ropas de gamuza, relegando el cuero, que perdió importancia y en muchos casos, agregándole adornos o implementos como carteras.

M o v i m i e n t o s E s T u t i a n t i l e s

La década de los sesenta es también el tiempo de los movimientos estudiantiles. Si algo la identifica y la fija como recuerdo en la memoria colectiva de las generaciones futuras colocándola como la puerta de entrada a la segunda mitad del siglo XX es la ruptura de los jóvenes con el orden establecido. Los estudiantes resquebrajaron los valores de los grupos dirigentes del status quo, conductores de las instituciones del Estado y hacedores de la cultura que reitera los valores producidos en el imaginario colectivo por las victorias sobre los fascismos y el gran crack, eventos que cimbraron al mundo entre 1929 y 1934. Los estudiantes se vuelven el actor social que emerge de lo privado a lo público, de la casa a la calle, de la universidad a la universalidad, del campus y la universidad a la sociedad y a la defensa de ésta frente al Estado. Los movimientos sociales protagonizados por los jóvenes cuestionaron la legitimidad del Estado nacional, basada en la retórica de la posguerra y en el uso creciente de la fuerza policiaca y militar, en la defensa de las instituciones políticas legalmente existentes. Ante los jóvenes del baby boom, niños nacidos en el proceso de resarcimiento colectivo frente al trauma mundial de la muerte que recorrió al mundo en la Segunda Guerra Mundial, la defensa del régimen establecido no era más la de la democracia o el socialismo, ni los ejércitos nacionales luchaban por la justicia en contra de la intervención del otro bloque, sino que las armas eran empleadas para asesinar a los grupos de jóvenes que protagonizaban las luchas sociales por la libertad y la justicia enfrentándose a la censura y la persecución, la represión o el terror de Estado impuesto a los grupos opositores.
El icono de la justicia rejuvenecida fue el Che Guevara, guerrillero muerto en Bolivia por las tropas golpistas vinculadas al "imperialismo yanqui", quien tuvo que salir de una Cuba cada vez más fidelista por diferencias con el comandante Castro. El Che encarna el sentido de la libertad que recorría y unía el lado joven a ambos lados del planeta, nulificando su diferenciación y construyendo su identidad comprometida en torno a la utopía de un futuro libre y justo. Guevara, joven y guapo guerrero, confronta el orden establecido y reinstaura frente al confort y el consumo desatado por el crecimiento de la sociedad post-industrial, el espíritu romántico libertario y, como tal, la nueva moral pública que sustenta los juicios de los jóvenes en sus acciones colectivas: "Defiendo a la revolución como moral", diría Guevara frente a una Cuba incorporada a la estrategia pragmática del mundo en bloques, que en 1962 había vivido ya la subordinación de la isla al mandato de la geo-política soviética, en la llamada crisis de los misiles. El Che significó el retorno de la utopía frente al pragmatismo político-burocrático en el que habían caído las direcciones políticas nacionales y que internacionalmente se expresaba en el nuevo equilibrio externo de la coexistencia pacífica. No hay movimiento estudiantil que no ondee su imagen, volante o pancarta que no repita sus consignas revolucionarias de guerrillero latinoamericano. Ser joven en los sesenta era estar en "el ardiente amanecer del mundo", era ser radical y saber la raíz del mal, era verse a sí mismo con la boina inclinada y el brazo izquierdo en alto, con la V de la victoria o el puño cerrado. La representación colectiva del cambio se condensó en la identidad con el guerrillero, que impregnaba de un nuevo sentido la palabra revolución. Los sesenta y ocho son uno de esos periodos en la historia, en donde la biografía cobra sentido en el impulso de la historia y en donde la individualidad es impensable sin el compromiso con la sociedad.

Los movimientos estudiantiles detonan en América, Asia, Europa y Medio Oriente. En África los estudiantes formados en las universidades metropolitanas eran parte importante de las élites dirigentes que promueven los procesos de lucha armada por la descolonización. Aunque tienen elementos que pueden ser considerados como comunes, las diferencias de los países en los que éstos tuvieron lugar marca un punto de diferenciación entre ellos, no sólo en sus demandas particulares, sino también en sus tipos de lucha y finalmente en la manera en que dichos procesos sociales son enfrentados y "resueltos" por los gobiernos de los Estados nacionales. Es precisamente la sincronía por encima de las diferencias de desarrollo económico, tradiciones políticas y sociales lo que marca su identidad, y da sentido a una década troquelando el tiempo en la historia con los signos que la identifican y constituyen su significado. Este es el tiempo en la historia del siglo XX en el cual se construye a la juventud como categoría social de identidad y diferenciación.
En las sociedades post-industriales ­para utilizar la nomenclatura de la época­ en el año de 1968, tuvieron lugar movimientos estudiantiles en Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania e Italia; en la otra Europa, la mediterránea, en España; en los países latinoamericanos, en Argentina, Bolivia, Brasil, México, Perú y Uruguay, y en Medio Oriente, en Turquía. Un elemento constante de los movimientos estudiantiles en esta parte del mundo fue el antibelicismo que se expresaba fundamentalmente en contra de la guerra de Vietnam. En América Latina en particular, una de las causas ideológicas de la movilización fue el repudio del bloqueo estadounidense a Cuba y la denuncia del respaldo a los gobiernos golpistas de la región. Europa Oriental vio también movimientos estudiantiles en Polonia, Yugoslavia y Checoslovaquia; este último formó parte de la llamada Primavera de Praga. En esta parte del mundo la lucha estudiantil fue también por la libertad y en contra de los valores establecidos del status quo que aparecían, como una simulación ideológica, detrás de la promesa liberadora de los estados socialistas agazapados detrás de las prácticas totalitarias de Estado. Pero no todas las movilizaciones estudiantiles fueron movimientos sociales, ni tuvieron el corte juvenil contestatario y transformador que buscaba la construcción de una nueva moral pública y una nueva estética, fundada en el cambio de una escala de valores que influía en la percepción del mundo frente a las versiones agotadas. La contraparte estudiantil de mayo del 68 en París y de la primavera de Praga fue la Revolución Cultural china, en donde el movimiento estudiantil formado por los llamados Guardias Rojas tuvo un objetivo restaurador del totalitarismo y un sentido profundamente conservador de las tradiciones autoritarias del poder político. En la Revolución Cultural, los sectores gobernantes más conservadores movilizaron a los jóvenes fanatizados por la preservación de la ortodoxia totalitaria. Parte de la presencia de los jóvenes en el espacio público fueron las pintas en las bardas de las ciudades. Los muros tienen la palabra rompía con la concepción de la ciudad limpia y ordenada del mundo urbano.La importancia de estos movimientos se expresa en la capacidad transformadora y en la reinterpretación de la historia a partir de estos eventos. La democracia y la lucha contra el autoritarismo y el totalitarismo encontraron en las luchas estudiantiles del 68 a los creadores y escritores de las nuevas verdades políticas e ideológicas que animarán las batallas durante las tres décadas siguientes.

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