Cultura Clásica

Mitos griegos. Divinidades griegas. Ninfas. Vientos. Musas. Moiras. Juegos Olímpicos. Guerras. Teatro clásico. Representaciones teatrales. Dramaturgos

  • Enviado por: Cristina Díaz y Noemí Colorado
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 23 páginas
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INDICE

Pags

Introducción.......................................................................1


Ninfas.................................................................................1

Los Vientos.........................................................................6

Divinidades Siderales..........................................................7

Parcas o Moiras...................................................................9

Musas................................................................................10

Juegos Olímpicos...............................................................11

Guerras Médicas................................................................14

Guerra del Peloponeso........................................................16

Teatro Clásico.....................................................................18

Bibliografía.........................................................................23

Introducción

Además de las divinidades mayores, que ocupan por completo el universo y lo rigen, hay otras que cuidan de aspectos parciales y mucho más reducidos del mismo. A veces son sólo personificaciones de atributos o caracteres particulares de los dioses mayores, o sus enviados especiales, por lo que forman un cortejo semejante a los miembros más jóvenes de una familia humana, o a los cortesanos de un estado monárquico, pues tal es la constitución del Olimpo.

Ninfas

El mundo romano, heredero culturalmente del griego y especialmente devoto desde sus orígenes de la madre naturaleza, prestó una gran atención a sus ninfas. Por ejemplo: antes de hacer un puente suplicaban el perdón del río, es decir, a la ninfa o ser sobrenatural invisible que lo guardaba; previamente a la tala de un árbol, con mayor motivo si se trataba de un bosque, hacían otro tanto. También al construir una vía pavimentada o erigir una ciudad, consultaban oráculos y realizaban múltiples ceremonias siempre dedicadas a lo sutil, “a esos seres intangibles que todo lo pueblan y gobiernan”.

Con objeto de pedir perdón adecuada y piadosamente a las ninfas arbóreas explica Catón lo siguiente: “Según el ritual romano, así conviene hacer luz en el bosque. Sacrifica un cerdo expiatorio y ora de esta forma: Si eres dios, si eres diosa a quien pertenece este lugar sagrado, para suplicar tu clemencia te sacrifico este cerdo en señal de expiación por perturbarte. Si lo hago yo como si lo hace alguien por orden mía, que sea hecho correctamente, de manera que te sea grato para que por estas súplicas me seas propice mostrándote bondadoso o bondadosa hacia mí, mi casa, mi familia y mis hijos, es gracia que confío alcanzar con este sacrificio expiatorio”.

Relacionado con las deidades protectoras de la vegetación, los romanos celebraban el 15 de marzo y lo dedicaban a Anna Perenna, diosa con santuario propio. También en esta festividad se conmemoraba la iniciación a la primavera, cuya ninfa era Flora-Cloris. En esta festividad se rogaba el perdón por haber molestado a las ninfas, por haber maltratado a sus árboles (dríades y hamadríades) o por enturbiar las aguas y turbar a sus náyades.

A Pales, como a Eutencio -que llegó a tener templo propio-, se le consideró durante un tiempo un genio pero, posteriormente, paso a ser considerada una deidad femenina vinculada con los rebaños y sus pastores. Cada 21 de abril los pastores prendían grandes hogueras con paja y maleza y saltaban por encima del fuego.

Otra divinidad campestre era Dea Día, a quien el colegio sacerdotal Hermanos Arvales ofrendaba, con el marco incomparable de un bosque consagrado, productos de la naturaleza con incienso, en el transcurso de una hermosa ceremonia.

Como decíamos consideraban divinizados ríos y fuentes; Fontana era la divinidad protectora femenina. Precisamente a ella se dedicaban las procesiones efectuadas a las fuentes. De entre todas, la más famosa era Iuturna, la fuente del agua inagotable. En otro importante manantial habitaba la ninfa Egeria, amante de Numa, el famoso sacerdote-rey. Cuenta la tradición que Egeria acudía a diario a conversar con las nueve musas, inspiradoras de la poesía, la música, la danza, la astronomía y otras artes, transmitiendo estos conocimientos, que de ellas aprendía, a Numa, quien, de esta forma, pudo crear y organizar el calendario litúrgico romano, fijando las fechas de las festividades dedicadas a cada dios, la ceremonias y la legislación oportuna. Cuando con el correr de los años falleció Numa, Egeria se sintió tan desconsolada que todas las ninfas y la misma Diana acudieron en su consuelo. La diosa acabó convirtiéndola en un claro y fresco manantial.

A la fuente Carmenae acudían diariamente las vestales en busca de agua para realizar sus ritos. La fiesta de las ninfas acuáticas se celebraba el 13 de octubre. En tal día arrojaban flores al agua, se adornaban los pozos e incluso se sacrificaban ovejas y carneros.

Ligadas con el mismo medio líquido, los romanos veneraban a las linfas, seres sobrenaturales, al igual que sus parientes las ninfas, que compartían con éstas la protección de las fuentes. Pero de signo y reacciones un tanto más perversas, si algún mortal llegaba a verlas, enloquecía, a imitación de cómo las náyades griegas castigaban a los pocos o mal advertidos profanadores.

Cultura Clásica
Ninfas especialmente famosas, ligadas a bosques y aguas, fueron Carna y Flora. Carna vivía entre las “siete colinas” que albergarían, mucho más tarde, la capital de un imperio, entonces simplemente naturaleza virgen. Concretamente habitaba junto al Tíber, en medio de un gran bosque al que los sacerdotes acudían para ofrendarle sacrificios. Tan hermosa como coqueta y escurridiza, gustaba de aparecerse y enamorar mortales, a los que luego burlaba despareciendo entre la floresta, hasta que un buen día tropezó con Jano, el de las dos caras, quien, engañándola gracias a tan extraordinario don, logró poseerla y arrancarle una serie de poderes que le convertirían en el protector de las casas.

Por su parte, Flora, emparentada para muchos con la ninfa primaveral Cloris y famosa después por dar a luz al dios Marte, era la encargada del renacimiento anual arbóreo. Se le tenía consagrado el mes de abril y sus fiestas se denominaban, lógicamente, florales. Céfiro se enamoró tan perdidamente de ellas que la hizo reina de campos y flores y, por extensión, también se le atribuye el origen de la miel. En las florales, los agricultores se vestían de blanco y, provistos de ramas de olivo, daban ritualmente tres vueltas a sus campos de cultivo, que previamente habían dejado dentro de un círculo trazado al efecto. Acto seguido, se oraba y se practicaban los sacrificios destinados a homenajear a la deidad.

Robigo, ninfa protectora del trigo, disfrutaba de honores parecidos en su festividad, que se celebraba el 25 del mismo mes que la de Flora, pero esta vez en un bosque que se le tenía dedicado cerca de Roma.

Maia fue otra ninfa que personificaba también el despertar de la naturaleza. El mes de mayo le debe su nombre. Y Pomona era una hamadríade especializada en la protección de los árboles de cultivo, tan importante, que tenía sacerdocio propio. A ella se le consagró el bosque Pomonal, cerca del puerto romano de Ostia. Al parecer muy enamoradiza, se le atribuían varias aventuras con mortales y alguna que otra divinidad. De sus amores humanos sólo se conoce un nombre, Vertumno.

Furrina, Marica, Florentina y Lara eran ninfas de los bosques y fuentes. Lara era ya famosa en sus tiempos por charlatana y cotilla. Enterada por casualidad de los propósitos de Júpiter para con Iuturna corrió a prevenir a la incauta, con lo que, además de desbaratar los planes del dios, encendió su cólera contra ella. Este, en venganza, ordenó a Mercurio que arrastrase a la chismosa a los infiernos; sin embargo, como lo uno no quita lo otro, el mensajero divino, prendado de la belleza de Lara, decidió aprovechar el viaje para hacerla suya. De esta unión nacieron los famosos dioses Lares, protectores familiares que tuvieron capilla propia en un ángulo del salón principal de todos los hogares romanos.

Feronia era la protectora del verde bosque, es decir, de los brotes más jóvenes otorgando por tanto la fuerza vital que hacía retallar los árboles. Llegó con el tiempo a tener santuario en la ciudad de Soracte. Entre los rituales que se le ofrecían, se contaba el de andar sobre las ascuas sin quemarse, gracia que otorgaba la propia ninfa.

Relacionadas con Fauno, ser mitad hombre mitad cabra e incansable perseguidor de ninfas, se han hecho famosas: Dríope y Simetis, cuyo hijo fue Acis.

Casi siempre benignas, o como mucho traviesas en su relación con los mortales, las ninfas podían resultar realmente severas, si alguno lograba enfadarlas en serio. Ese fue el caso de Erisicton, un hombre rudo y descreído, como pocos, que despreciaba soberbiamente todo aquello que no fuese más fuerte que él o que no pudiese tocar con sus manos y ver con sus ojos. Un mal día se le ocurrió superarse a sí mismo en su acostumbrada impiedad arremetiendo, hacha en mano, contra el gran viejo roble consagrado a Ceres. Ni la grandiosidad del árbol ni su hermosura, como tampoco las protestas o el desconsolado clamor de las dríades que lo custodiaban, danzando a su alrededor, impidieron la feroz y desafiante tala. Las ninfas, justamente encolerizadas, solicitaron de los dioses un castigo ejemplar para el sacrílego. Desde entonces, Erisicton jamás pudo saciar el hambre ni mucho menos sentirse satisfecho, comiese lo que comiese. Tuvo que vender cuanto poseía a cambio de más y más alimentos y, al cabo, su desfallecimiento y desesperación alcanzaron tales extremos que terminó por devorarse a sí mismo.

Otras posibles ninfas o, al menos, divinidades menores relacionadas con ellas son: Rusina, protectora de los campos arados; Collatina, de los collados; Vallonia, de los valles; Tutelina, conservadora de las mieses; Messia, vela por la siega; Meditrina, preside el cultivo de la viña; Mellonia, de las cabras, y Epona, de los caballos.

Los Vientos

Los cuatro vientos principales, Norte, Este, Oeste y Sur, en la mitología griega, tienen su origen en la unión del titán Astreo y la aurora Eos, que a su vez son los padres de todos los demás vientos. Su dominio abarca todo el Mediterráneo.

Eolo: era el dios de los vientos, nieto de Hépotas, y vivía en la isla flotante de Eolia con sus seis hijos y sus seis hijas. ZEUS le había dado el poder de aplacar y provocar los vientos y Eolo los tenía encadenados en un antro profundo, donde los gobernaba con absoluto dominio, apresándolos o liberándolos a su antojo con una actitud despótica, que, sin embargo, era muy necesaria porque todos los vientos en libertad podrían provocar graves desastres en el cielo, la tierra y las aguas. Eolo era en gran parte responsable del control de las tempestades, y los dioses, sabedores de ello, le imploraban su ayuda como hizo HERA para impedir que Eneas desembarcase en Troya. También ayudó a Odiseo / Ulises que lo visitó para solicitarle ayuda en sus expediciones. Eolo lo trató muy bien, y le dio un viento favorable, además de un odre que contenía todos los vientos y que debía ser utilizado con cuidado. Sin embargo, la tripulación de Odiseo, creyó que el odre contenía oro y lo abrió, provocando graves tempestades. La nave terminó de nuevo en las costas de Eolia, pero el dios se negó a ayudarles de nuevo. Eolo es representado empuñando un cetro como símbolo de su autoridad, y rodeado de turbulentos remolinos, los Vientos, cada uno de los cuales era un dios.

Los vientos principales tenían las siguientes cualidades:

Bóreas o Aguilón, viento violento del norte, raptor de doncellas.

Céfiro, viento del oeste, es el amable y perfumado; junto con su esposa Cloris, trae la primavera y su hijo es el Arco Iris. Juntos calman a Bóreas.

Notos, viento del sur, es el indeciso.

Euros, viento del este, el cruzado, el que guía los rayos del sol.

Las brisas son hijas de Bóreas y las yeguas celestes.

Divinidades Siderales

HELIOS O HELIO: era el dios del sol en la etapa preolímpica y por lo tanto un titán. Este puesto fue a veces otorgado a APOLO, dios de la luminosidad solar, pero la tradición más habitual defiende que Helios fue siempre el auténticos dios del sol, lo que se encuentra motivado en que a pesar de la victoria de ZEUS sobre los titanes, y Helios era uno de ellos, éste siguió ocupando un puesto importante durante la etapa de los dioses olímpicos. Helios era hijo de los titanes Hiperión y Tía, aunque otra versión afirma que su madre fue Basilea. Helios era hermano de SELENE y de EOS, también divinidades atmosféricas ambas. Después de que ZEUS ganase la batalla contra los titanes, procedió a repartir el mundo entre las divinidades existentes desechando ningún puesto para Helios. Éste, sin embargo, se quejó enérgicamente, y ZEUS estuvo dispuesto a repetir la distribución aunque finalmente no lo hizo porque Helios decidió ocupar, por su propia voluntad, una isla que estaba emergiendo en el mar: Rodas. Allí se asentó y se unió sentimentalmente a la ninfa Rode, teniendo junto a ella a siete sabios hijos, los Helíadas. Posteriormente, también logró bajo su tutela Sicilia y la Acrópolis de Corinto, aumentando su reconocimiento en el mundo helénico. Helios tuvo una gran cantidad de amantes, como solía ser habitual entre los dioses, y un enorme número de hijos, entre los que se puede destacar a Calipso, CIRCE o PASIFAE. Una vez Helios se enamoró de una ninfa llamado Clitia pero pronto la rechazó ante los encantos de otra ninfa de nombre Leucótoe. Clitia se mostró enormemente celosa e hizo saber al padre de Leucótoe los amores de ésta con Helios. Al saberlo, el rígido padre la encerró en una horrible cueva hasta su muerte y Helios, que no podía hacer nada al respecto, odió profundamente a Clitia durante toda la eternidad. Ésta, sin embargo, quería reconquistarlo y no dejó de perseguirlo hasta que finalmente algún dios se compadeció de ello y la convirtió en un heliotropo, la flor que busca siempre el sol. Antes de ocupar ningún puesto entre el mundo de las divinidades olímpicas, fue asesinado por los titanes, que lo ahogaron en el río Eridán. Su madre estuvo buscándolo largo tiempo pero el resultado fue infructuoso, y, enormemente cansada, se tumbó en la espesura y se quedó dormida. En sueños apareció su hijo quien le dijo que no debía preocuparse pues había sido admitido en el cielo para seguir conduciendo el sol. En efecto, Helios montaba un hermoso carro tirado por cuatro briosos caballos que él sólo podía dominar llamados Flegonte (que significa "ardiente"), Aetón ("resplandeciente"), Pirois ("ígneo") y Éoo ("amanecer") y con el que llevaba el sol de un lugar a otro. Este puesto se confunde una vez más con el detentado por APOLO y varió según las diferentes épocas. Es representado de forma juvenil y atlética.

Artemisa, en el mundo de la antigua Grecia, los poetas vieron a la virgen cazadora Artemisa (Diana para los romanos) como la diosa con tres formas, siendo sus otros dos aspectos Selene, la Luna del cielo y Hécate, una misteriosa diosa del inframundo. La triple diosa puede ser interpretada como tres fases del cielo lunar: el arco de plata que lleva Artemisa representa la Luna nueva, Selene es la Luna llena madura, y Hécate, lo oscuro de la Luna. La propia Hécate presenta el mismo simbolismo triple, siendo descrita a menudo con tres cuerpos o con tres cabezas. Va errando entre las almas de los muertos y su llegada se anuncia con el aullido de los perros. Habita en las tumbas y en los lugares solitarios en los que hay una encrucijada de caminos, y enseña las artes de encantamiento y de brujería. A veces se la representaba como a una vieja arpía, mostrando los últimos instantes del ciclo de la Luna, ofreciéndosele libaciones al final de cada mes.

Eos / La Aurora:Precedía el nacimiento del día pues era la mensajera del Sol. Eos utilizaba sus rosados dedos para abrir las puertas de oriente, esparcir el rocío entre las hojas o hacer florecer las plantas. Morfeo, dios de los sueños y las demás diosas de la noche huían ante su presencia. Eos era hermana de Helios, dios del sol, y de Selene, diosa de la luna y sus padres fueron Titán y Gea.

Eos se enamoró de Titón, hijo de Laomedón y hermano de Príamo, y pidió a Zeus que se le concediese la inmortalidad pero se olvidó de solicitar también que Titón no envejeciera jamás. Así, con el paso del tiempo Titón se convirtió en un anciano decrépito que llegó a necesitar cuidados de bebé durmiendo en una cuna, de tal modo que prefería morir. Terminó siendo convertido en un saltamontes.

Sin embargo, Eos pronto cubrió su pérdida con otros personajes como Ganímedes, Céfalo, descendiente de Deucalión, Clito, Orión, Astreo... todos los cuales le dieron descendencia, y, sobre todo el citado en último lugar, con quien tuvo todas las estrellas del firmamento.Y es que, Eos estaba condenada al enamoramiento eterno. Un día, Afrodita encontró a Eos haciendo el amor con Ares, amante habitual de la primera, y por eso Afrodita se vengó con tan dulce castigo.

A menudo se la representaba de forma similar a Apolo, montada sobre un carro con cuatro caballos blancos y con un traje amarillo. Era una joven muy bella.

Parcas o Moiras

Temis, la diosa de la ley pertenece a la raza de los Títanides. Hija de Urano y Gea, es la segunda esposa divina de Zeus después de Metis. Los mitógrafos y los filósofos han imaginado que Temis, como personificación de la justicia o de la ley eterna, era la consejera de Zeus.

Con Zeus, Temis engendró las tres Parcas (Cloto, Láquesis y Atropo), la virgen Astrea, personificación de la justicia, las ninfas del Erídano y las tres Horas.

Las parcas eran tres diosas que determinaban la vida humana y el destino. Algunas expertos no las consideran diosas sino las ejecutoras de las decisiones del dios Destino, hijo del Caos y de Nix y que lleva en sus manos la urna fatal con la suerte de los mortales. Las Parcas, fueron Cloto, Laquesis y Atropos y vivían en el Hades.

Ellas asignaban a cada persona una parte del bien y del mal que cargaría con ella, aunque el mal podía crecer por la torpe actuación de cada persona. Ninguna de sus decisiones podía ser revocada, ni siquiera por los propios dioses, cuyo destino también quedaba marcado por ellas.

Cultura Clásica
El hilo de la felicidad estaba hecho de lana blanca; el de la desgracia era de lana negra y aquellas personas en cuya existencia habían alternado los buenos momentos con los aciagos, estaba formado por una mezcla de ambas lanas. De manera que, en realidad, se trataba del hilo del sostén de la vida y de él dependíamos todos los mortales. De ahí nació la expresión el hilo de la vida, utilizada hoy con sentido metafórico, para dar a entender lo frágil, débil y quebradizo de nuestra existencia.Son representadas como viejas severas o melancólicas doncellas pero siempre estaban tejiendo con una pobre luz.

Cloto (la Hilandera que hila el hilo de la vida).Era la más joven y llevaba consigo telas e hilos de todas las clases y colores cuya tipología variaba según el destino de cada persona.

Láquesis (la Distribuidora de Suertes), decidía su duración y asignaba a cada persona su destino.

Átropo (la Inexorable), llevaba las temibles tijeras que cortaban el hilo de la vida en el momento apropiado.

Las Musas

Los atenienses, apasionados amadores de la poesía, levantaron a las Musas un suntuoso altar. Roma les consagró tres templos, en uno de los cuales eran invocadas bajo el nombre de Camenes o cantoras porque celebraban en sus himnos las hazañas de los dioses y los héroes.

Los poetas las llaman ya Piérides, por haber nacido en el monte Piero o por su victoria sobre las hijas de Piero, ya las doctas hermanas, las Ninfas de la doble colina, las hijas de la Memoria, las Nueve Hermanas, etc. Las representan jóvenes, bellas, modestas, vestidas con sencillez, sentadas a la sombra de un laurel o de una palmera dándose las manos. Algunas veces se nos muestran presididas por Apolo pulsando la lira, el cual recibe entonces el sobrenombre de Musagetes, o sea guía o jefe de las Musas.

Calíope, patrocinaba la poesía heroica; por esto es representada a veces con una corona de laurel en sus sienes. En una de sus manos ostenta una trompeta, o un estilete y muestra las mejores poesías épicas, la Ilíada, la Odisea y la Eneida.

Clío, presidía la historia. También musa de los héroes, su principal ocupación era mantener siempre vivo el recuerdo de los actos generosos y de los grandes triunfos. La representan, como Calíope, coronada de laurel, con una trompeta en su diestra o un libro abierto en la mano izquierda. En otros casos aparece con un rollo de papiro y la capsa.

Melpómene, inspiraba la tragedia. aparece ricamente vestida, grave el continente y severa la mirada; con una mano empuña un cetro o una máscara, y a veces algunas coronas o un puñal ensangrentado. Lleva en su frente una diadema o una guirnalda, y va calzada con coturnos. Algunas veces se apoya sobre una maza para indicar que la tragedia es un arte difícil que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa.

Talía, musa de la comedia, lleva en la mano una careta. Tiene el aspecto vivaracho y la mirada burlona; una corona de hiedra -emblema de la inmortalidad- circunda su cabeza y lleva los pies calzados con sandalias.

Euterpe, nombre que quiere decir agradable genio, era la musa de la música. Suelen representarla coronada de flores y con la doble flauta.

Terpsícore, dirigía la danza. Su aire jovial, su esbeltez, su actitud ligera, algunas guirnaldas de flores y una lira: he aquí sus características.

Erato, inspiraba la poesía lírica y amorosa. Algunos representan a esta Musa coronada de mirto y rosas, llevando una cítara, instrumento de varias cuerdas, por ella inventado, o una flecha. A sus pies han puesto algunos artistas dos tórtolas picoteando y a su lado un Amor alado provisto de un arco, un carcaj o una antorcha encendida.

Polimnia, patrocinaba el canto y la retórica. Suelen representarla vestida de blanco, en actitud de pensar. En la mano sostiene a veces un cetro o unas cadenas como símbolo del poder que ejerce la elocuencia.

Urania, musa de la astronomía, tiene cerca de sí un globo terráqueo, que mide con un compás. Las estrellas forman su corona y de ellas aparece también cuajado su manto. A sus pies se hallan esparcidos algunos instrumentos de matemáticas.

LOS JUEGOS OLIMPICOS

Los Juegos Olímpicos traen consigo una sincera e imparcial competición de atletas de todos los países, sin discriminación racial, política o religiosa.

Los Juegos Olímpicos consisten en los Juegos de la Olimpíada y los Juegos Olímpicos de Invierno. Ambos tienen lugar cada cuatro años. Se llama "Olimpíada" al período de cuatro años comprendido entre los Juegos Olímpicos. Las Olimpíadas fueron numeradas consecutivamente desde el primero de los Juegos Olímpicos Modernos, celebrado en Atenas en 1896. Desde 1994 los Juegos Olímpicos de Invierno tienen lugar en el segundo año de la Olimpíada. El primero de los Juegos Olímpicos de Invierno fue celebrado en Chamonix en1924.

Los Juegos Olímpicos son propiedad exclusiva del Comité Olímpico Internacional y todos sus derechos están reservados. Todas las ganancias derivadas de la celebración de los Juegos Olímpicos debe ser aplicada al desarrollo del Movimiento Olímpico y al deporte.

Según Karl Diem, Historiador Aleman, son los historiadores griegos los que nos han trasmitido una fecha según la cual los primeros juegos habrían tenido lugar en el año 776 a.c. Mas la fuente de esta información data del siglo v a.c, época en la que se sintió la necesidad de numerar los juegos Olímpicos.

Ya en la antigüedad se tenía el convencimiento de que los juegos debian ser mucho más antiguos. Píndaro cita el Herakles tebano como el fundador de los juegos; el propio poeta era orieundo de Tebas. En cambio, Pausanias reclama el honor para otro Herakles, el ídeo de Creta. Posteriormente se cita a toda una serie de reformadores de los juegos: Klymenos de Creta, Endymenon de Elis, Pélope, amythaon, Neleo (el hijo de Poseidon), Peleo, augias. En este punto de la lista coloca Pausanias al Herakles de tebano, y como último al Herackles de Oxylos, quien fue, según se decía, el que pobló el peloponeso con su familia.

También es cierto que los juegos consagrados a los dioses tienen un origen divino, por lo que las leyendas se remontan a épocas primitivas. Cronos padre de Zeus, el mismo Zeus, Apolo, Pélope y en fin todos los dioses eran aficionados al deporte.

Es en el año 776 a. C., con la victoria de Corebo de Elis en la carrera de estadio, a una longitud de 192,27 metros, ante más de cincuenta mil compatriotas, en Olimpia, cuando se inicia el conteo de los juegos. A esta etapa se le llamo JUEGOS OLIMPICOS ANTIGUOS y va hasta el año 393 d. C año en que el emperador TEODOSIO I, los abolio por considerarlos paganos. Se celebraron en este ciclo de más de 1.200 años, 293 Olimpiadas. Hasta la olimpiada 264ª, del año 277 d.C, se conoce por lo menos un nombre de vencedores y a veces más, pero allí se interrumpen totalmente, coincidiendo con la primera invasión de los hérulos, que paralizó toda la vida Griega. Cualquiera que sea la causa, falta toda anotación durante 84 años desde la Olimpiada 265 hasta la 286 donde ya se encuentran registros. Finalmente, el último vencedor conocido es de origen iranio; Verazdate, de la familia real armenia de los arsácidas, que ganó el pugilato en la 291 Olimpiada en el año 385 d.C.

Se llamaban fiestas deportivas e igualmente se realizaban cada cuatro años, comprendían competencias de atletismo, lucha, pancracio, pentatlón, pugilato y combates con armas pesadas. Así encontramos que en la jornada inaugural desarrollaban un vistoso desfile de participantes e innumerables festejos. En el segundo día comenzaban las pruebas atléticas con las carreras de velocidad, lucha y pugilato para los más jóvenes. El tercero, lo dedicaban a las carreras en el hipódromo y en horas de la tarde discutían el pentatlón, donde el atleta ganador era considerado un verdadero Rey. La cuarta fecha era denominada el plenilunio y se consagraba a los dioses, con un carácter de solemnidad para toda Grecia. En el quinto, comenzaban sus actividades los adultos con las pruebas de atletismo, lucha, pancracio y pugilato. Finalmente, la clausura tenía lugar en la siguiente mañana con la reunión de los triunfadores en el Altis, frente al templo del dio Zeus. En su interior los jueces exhortaban a los atletas a marchar a pie hasta el trono de lo que fue una de las siete maravillas del mundo antiguo. Allí, frente a un mesón de oro, la corona de ramas de olivo salvaje cobraba nueva vitalidad al ceñirse en las sienes de los campeones, también llamados olimpionikes. Por la noche, los jueces y ganadores volvían a reunirse en para un banquete.

Poco a poco los juegos o festivales iban cobrando interés y se iban incluyendo más pruebas tales como el diaulo o doble estadio, consistente en un recorrido de ida y vuelta de la distancia de la instalación deportiva, o sea, los citados 192,27 metros año, en el 720 aumentaron el programa con el dólico, o 24 estadios, y posteriormente en el año 708 se compite en el lanzamiento del disco, el salto y la jabalina.

EL primer participante que venció dos veces seguidas fue Pantacle de Atenas, en al carrera de estadio de las Olimpiadas celebras en los años 696 y 692 a. C. Milon de crotón fue uno de los grandes campeones. Como luchador triunfó seis veces. Ippostene de Esparta resultó ganador en lucha juvenil, y más tarde, venció e cinco ocasiones consecutivas a los adultos. El atleta Leónides de Rodas, gano en cuatro oportunidades consecutivas, desde el 164 hasta el 152 a., se impuso en la carrera de estadio.

Con la aparición del Cristianismo, se produce en el mundo un profundo conflicto entre aquellos que eran politeístas, como los Griegos y los Romanos y los monoteístas, como los Judíos y Cristianos.

Cultura Clásica
En el caos previo al derrumbamiento del Imperio Romano, la protección imperial perdió todo su valor. En toda la vida griega de los siglos III y IV, e igualmente en los Juegos Olímpicos, comenzó el declive inevitable. Además, los Juegos se degradan por el exceso de profesionalismo y las manifestaciones sangrientas al estilo del Circo Romano.

En el año 394, un año después de la 293ª Olimpiada, Teodosio el Grande, un fanático Español, prohibió todos los juegos paganos y con ellos también los Olímpicos. En el año 395 fue destruida Esparta, e incluso Olympia.

LAS GUERRAS MÉDICAS

Las guerras greco-persas, persas o Guerras Médicas (nombre tradicional heleno, pues los griegos llamaron "medos" a persas y medos) tuvieron lugar, principalmente, entre 492 y 449 a. C. Sus fases más agudas duraron once años y fueron las dos invasiones persas de territorio griego europeo, entre 490 y 479. El resultado final fue que la coalición de algunos (no todos) los estados griegos logró que el Imperio Persa de los Aqueménides perdiese su dominio sobre las ciudades-estado griegas de la costa occidental de Anatolia. La victoria militar impidió que el conjunto de la Hélade oriental se convirtiese en una satrapía del Gran Rey y continuase su propia evolución histórica.

Los primeros grandes monarcas persas, que hegemonizaron a los medos, Ciro el Grande y Cambises, extendieron sus dominios, antes del 522, desde el Indo hasta el Nilo y las costas asiáticas del Egeo. Tras la derrota de Creso de Lidia (546?), su reino y su vasta área de influencia anatólica, incluidas las costas pobladas por griegos, cayeron en manos persas y fueron adscritas al sátrapa de Sardes, antigua capital de Lidia. Darío, el primer soberano de la Casa Aqueménide, fortaleció el dominio persa sobre la zona y quiso desembarazarla, por el N. y el O., de la permanente amenaza de los pueblos esteparios (escitas), con los cuales tenía frontera prácticamente todo el dilatadísimo septentrión imperial.

Por causas varias que no se conocen con toda precisión, las ciudades grecoasiáticas se alzaron ("revuelta jonia", 500-494), pero fueron derrotadas y castigadas: Mileto, la principal, fue incendiada. Los rebeldes fueron ayudados, aunque en escasa medida, por algunos griegos europeos, como atenienses y eretrios. Darío quiso castigar la intromisión y preparó una gran expedición contra la Grecia europea. Fuerzas de tierra y mar, muy numerosas, cruzaron los estrechos. Pero la flota, imprescindible en la expedición, fue destruida por una tormenta (492). En el 490, un nuevo ejército, de unos 25.000 hombres, pudo desembarcar al N. del Ática, en la planicie de Maratón. Atenas había solicitado la ayuda de los hoplitas lacedemonios, que demoraron su partida por causas rituales. Diez mil hoplitas atenienses, mandados por otros tantos estrategos, con el solo refuerzo de 1.000 aliados de Platea lograron vencer, dirigidos por Milcíades, a la infantería persa, cuyo descalabro fue tan sensible que desbarató la operación combinada por Darío. La tradición señala que las bajas griegas sumaron 192 hombres frente a 6.400 del contingente imperial. Los hoplitas regresaron a la capital y las fuerzas del Gran Rey volvieron a sus países.

Diez años más tarde, regresó Jerjes, sucesor de Darío, con un enorme ejército (de varios millones de hombres, según Heródoto, cifra desestimable) que forzosamente avanzó con lentitud y permitió preparar la defensa griega. En el 481, la magnitud de la amenaza produjo como efecto una liga defensiva de varios Estados helenos, cuyas tropas fueron encomendadas al mando espartano y su flota al ateniense (unos 350 barcos, frente al triple de la flota imperial). Los griegos discutieron si la defensa inicial por tierra debía situarse en el estrecho istmo de Corinto (fácil de defender, pero que abandonaba el Ática y la Grecia central al enemigo) o en el desfiladero de las Termópilas, como deseaban los Estados más norteños. Finalmente, bajo mando de uno de los diarcas espartanos, Leónidas, 7.000 infantes se apostaron en las Termópilas y 271 naves mandadas por Temístocles lo hicieron en el cabo Artemisio. Los ejércitos persas de tierra y mar atacaron a la vez, en agosto del 480. Por mar, intentaron sorprender a la armada helena, que logró informarse de sus intenciones: sus maniobras y una fuerte tormenta que la sorprendió en puerto, mientras las naves del Gran Rey estaban en mar abierta, causaron daños al invasor. En las Termópilas, Leónidas y sus hombres resistieron durante dos días, con grave daño del enemigo, pero fueron rodeados y exterminados, aunque ganaron un tiempo precioso. El ataque naval persa, que supuso muchas bajas por ambos bandos, no fue resolutorio. El ejército de Jejes, con contingentes de griegos septentrionales que se sumaron a sus tropas, tomó Atenas, desguarnecida y evacuada, en septiembre y la entregó al fuego. La flota, única esperanza, se alineó en el estrecho de Salamina. Temístocles decidió fingir una retirada y atraer a las naves de Jerjes (fenicias y griegas) hacia el estrecho: allí la pericia ateniense y la maniobrabilidad de sus 180 naves infligió una fuerte derrota a la armada aqueménide (À400 barcos?), cuyos restos hubieron de retirarse a Asia, ante la proximidad del invierno, como hizo el propio Gran Rey. En su retirada, la flota persa fue sorprendida (479) en Mícale, de noche, varada y desguarnecida, y fue quemada: sus marinos fueron vencidos en tierra por un contingente espartano mandado por Leotiquidas. El ejército imperial quedó en Grecia, mandado por Mardonio (cuñado de Jerjes) hasta que fue derrotado en Platea, en el 479, por un contingente de tropas de Esparta, Atenas y Tegea que venció a los quizá 10.000 orientales y 70.000 griegos y tracios de Mardonio.

La guerra, aunque ya no en tierra griega, continuó durante treinta años más, bajo dirección de Atenas, dado el carácter decisivo del dominio del mar. La Liga de Delos, creada en el 478-477 y reglamentada por Arístides, logró consolidar su dominio en la costa anatolia. En el 468, en las bocas del Eurimedonte (Panfilia), la flota de la Liga y sus fuerzas de tierra obtuvieron una doble victoria sobre los persas. En el 449, tras la conquista de la mayor parte de Chipre por las fuerzas atenienses mandadas por Cimón, una paz negociada por Calias (cuñado de Cimón), puso formalmente fin a la guerra abierta entre el Gran Rey y Atenas y sus aliados.

Guerras del Peloponeso

Esparta y Atenas habían quedado, como se ha visto, al frente de todas las poleis griegas después del duro trance de las Guerras Médicas, que fueron unas guerras nacionales contra el imperialismo persa. Pero terminadas éstas, había de surgir fatalmente la rivalidad entre las dos ciudades que habían llevado el peso de la contienda y que se atribuían el mérito de la victoria. Atenas se había convertido en una gran potencia marítima y bajo el mando de Pericles aspiraba a la hegemonía sobre todos los pueblos griegos; Esparta, gran poder continental, no podía tolerar esta pretensión que ella misma tenía. A esto hay que unir la diferencia de sistema político existente en ambas ciudades: democrático el de Atenas, oligárquico el de Esparta; y también la rivalidad ya secular entre dorios y jonios.

Tucídides, el imparcial historiador de esta guerra, aseguró que Esparta se había visto arrastrada a una guerra que no deseaba por temor al creciente poderío de Atenas, pero Tucídides, aunque intervino en la guerra, por cierto con escasa fortuna, en favor de Atenas, no podía olvidar sus prejuicios aristocráticos y su destierro provocado por Pericles el 442 a. J.C., y aunque describió de modo objetivo los episodios de la guerra, incluso su propia derrota, pretendió echar sobre Pericles la acusación de autocracia y la de ser causante directo del trágico conflicto que desangró a todos los pueblos griegos.

La guerra civil griega duró veintisiete años (431-404 a. J.C.) y estalló cuando en aquel estado de recelo mutuo- lo que llamaríamos ahora “guerra fría”- existente entre ambas ciudades surgió el pretexto para lanzarse a la acción. Fue, inicialmente, la rivalidad comercial ya antigua entre Atenas y Corinto la que provocó el comienzo del conflicto. Atenas ofreció su apoyo a la ciudad de Corcyra (Corfú), que era colonia de Corinto; y ésta hizo lo propio con Potydea, ciudad afiliada a la Confederación de Delos y, por lo tanto, bajo la influencia de Atenas. Como Corinto por sí sola no podía resistir el ataque de los atenienses, llamó en su ayuda a la Liga del Peloponeso, dirigida por Esparta, y la oligarquía de esta ciudad, que veía con temor el crecimiento de Atenas, decidió prestarla. Sin embargo, con objeto de no cargar con la acusación de haber provocado el conflicto, propuso a Atenas la continuación de la tregua con ciertas condiciones, entre ellas el destierro de Pericles. Atenas no aceptó la humillante propuesta y la guerra comenzó.

La guerra civil griega fue pues una guerra en la que todas las poleis helénicas lucharon agrupadas en cada uno de los dos bandos; pero se dieron muchos casos de traición o, por lo menos, de cambios de bando, porque las cuestiones políticas pesaron mucho en la guerra, y ambos directores de la contienda trataban de animar a los partidos políticos afines en las ciudades enemigas. Por otra parte, la llamada Guerra del Peloponeso ha sido siempre el ejemplo clásico de la lucha entre una potencia marítima y una potencia continental, tan repetido a lo largo de toda la Historia. Dejando aparte la posible influencia de la aviación en los tiempos modernos, y de las nuevas y formidables armas, la Historia ha demostrado que siempre resulta victoriosa la potencia que domina el mar, mientras el país continental no alcance por su lado esta supremacía marítima, como ocurrió en este caso y se ha repetido varias veces en la Historia; pero siempre ha sido la hegemonía marítima la vencedora.

El primer episodio militar se produjo cuando Tebas, aliada de Esparta, atacó a Platea, amiga de Atenas, que se mantuvo a la defensiva apoyada por débiles contingentes atenienses. La proximidad del frente hizo que se amontonaran en la polis ateniense más de 2000 000 ciudadanos en el verano del 430 a. J. C., lo que provocó una terrible epidemia de la que fue acusado Pericles, a quien se le negó el cargo de “estratega” y se le obligó a pagar una multa. El propio Pericles murió a consecuencia de la peste en el año 429 antes de Jesucristo, a los 70 años de edad.

Le sucedió en la influencia en la Asamblea un demagogo, llamado Cleón, hombre de la clase popular que había sido curtidor y había llegado a político gracias, precisamente a las reformas democráticas de Pericles. Cleón se distinguió por su brutalidad, proponiendo una política de exterminio que, por lo demás, era practicada ya en toda Grecia como suele acontecer en todas las guerras civiles.

Con objeto de impresionar a los espartanos y a las facciones oligárquicas de todas las poleis, obligó a la Asamblea a decidir la muerte de toda la población masculina de la isla de Lesbos, que se había sublevado apoyada por los espartanos, y la venta como esclavos de sus mujeres y niños.

Aunque no se llegó a realizar la terrible decisión en su totalidad, más de 1000 ciudadanos de Lesbos perdieron la vida, a lo que los espartanos contestaron exterminando a los partidarios de Atenas residentes en Platea tras la toma de esta ciudad.

Se enteró después Cleón de que en la isla Sphacteria se habían refugiado trescientos nobles espartanos y consiguió apoderarse de ellos manteniéndolos como rehenes. A esto respondió Esparta, dirigida entonces por Brásidas, con una expedición a las costas de la Tracia, de donde Atenas obtenía trigo, maderas y cáñamo. Al mismo tiempo, los tebanos vencían a los atenienses en Delion (424), batalla en la que figuraron dos personajes cuyos nombres volverán a aparecer: Alcibíades y Sócrates. Los espartanos llegaron a la Tracia y se apoderaron, entre otras ciudades, de Anfípolis, porque la escuadra ateniense, mandada por Tucídides, no llegó a tiempo para defenderla, lo cual costó el destierro al gran historiador; pero Cleón pudo acudir a Anfípolis donde se trabó un combate (422) en el que murieron los dos jefes: Brásidas y Cleón. Al primero le sucedió, en Esparta, Pleitonax, y al segundo, en Atenas, Nicias. Agotados ambos países, decidieron firmar una tregua en la que se devolvían sus mutuas conquistas, y que recibió el nombre de tregua de Nicias (421), que debía durar cincuenta años.

Teatro Clásico

ORÍGENES DEL GÉNERO TEATRAL

Los griegos no conservaron un conocimiento exacto de cómo y cuándo surgió el género teatral. Autores posteriores, como Aristóteles, decían que de los coros ditirámbicos en honor de Dionisio, al desprenderse del coro un personaje que dialogaba con el jefe del coro. Los ditirambos eran cantos con un tema mitológico que entonaban un grupo de cerca de 50 coreutas (personas que integraban el coro), acompañados por un instrumento de aliento, llamado aulós, el cual tenía un sonido semejante al del oboe.

LOS CONCURSOS DRAMÁTICOS

El primer actor del que se tiene noticia se llama Tespis, y se dice que viajaba en una carreta dando representaciones en diversos sitios. Cuando el Estado decide financiar las representaciones teatrales las incluye en dos festivales ya existentes en honor a Dionisio, que se celebraban una vez al año. Las Leneas -que en un principio le daban mayor importancia a la Comedia- se celebraban en enero y, las principales, llamadas Grandes Dionisíacas, se celebraban en marzo. Éstas duraban siete días.

EL DIOS DEL TEATRO: DIONISO

Dioniso es un dios de probable origen tracio. Homero no lo menciona entre las divinidades olímpicas. Era una deidad de la vegetación, especialmente relacionada con el vino; es uno de los dioses que mueren y renacen según el ciclo de las estaciones. Su culto, de carácter orgiástico, introduce en Grecia el éxtasis y el misticismo. La mitología griega lo acepta y lo convierte en hijo de Zeus y de Semele (hija de Cadmo, el fundador de Tebas). Semele, por instigación de la siempre celosa Hera, pide a su amante que aparezca ante ella en todo su esplendor; Zeus accede, pero Semele, quien esperaba un hijo muere fulminada. Es por ello que Zeus inserta en su muslo a Dioniso, hasta que llega la hora de su nacimiento.

A Dioniso en ocasiones se le representa como un hombre maduro y con barbas, pero las más de las veces es un joven lampiño con aspecto afeminado. Recorre los campos acompañado siempre por bulliciosos y alegres grupos de hombres (sátiros y silenos) o mujeres (ménades y bacantes), quienes, intoxicados por el vino despedazan animales y danzan durante celebraciones nocturnas en las montañas.

LAS HISTORIAS QUE CUENTA LA TRAGEDIA

La mayor parte de las tragedias griegas se basan en los conflictos y desventuras de las casas reales miscénicas, en especial las de Tebas y Micenas. La llamada "edad heroica" se desarrolla a lo largo del siglo XIII a.C. en el continente griego. Algún tiempo después de la Guerra de Troya (c. 1200), una serie de cataclismos e invasiones pone fin a la época micénica, obligando a buena parte de los habitantes a trasladarse a las costas del Asia Menor. Lentamente la cultura renace y ahí vemos surgir las escuelas de poetas, cantores o aedos que narran las hazañas de los héroes micénicos. Es decir, nace la poesía épica, cuyo mayor exponente es Homero, supuesto autor de la Ilíada y la Odisea, así como otras obras "del ciclo épico", todas las cuales llegaron a su maduración en el siglo VIII a.C.

Más tarde, y de nuevo en el continente, surge el arte teatral (siglos VI y V) y los dramaturgos derivan sus temas de la poesía épica, adptándolos a su conveniencia. Es necesario tener presente que entre los hechos semi-históricos de la época micénica y las obras trágicas, transcurren cerca de ocho siglos y, por lo tanto éstas no pueden tomarse como documentos verdaderos, sino como una manaer poética de recobrar "la memoria de la tribu".

LA ESTRUCTURA DE LA TRAGEDIA

Ya en la época de Esquilo las obras trágicas tenían una forma muy estructurada. En ocasiones, sobre todo en los dramas de Eurípides, había un prólogo, cuyo fin era aclarar al público ciertos aspectos que era necesario conocer para el mejor entendimiento de la obra. Debido a que el origen de la Tragedia era el coro, los nombres de la estructura se deriban de su intervención:

-El inicio se llama párodo, por ser la entrada del coro en la escena.

-Cada canto-baile del coro es un estásimo.

-Los parlamentos de los protagonistas se denominan episodios, es decir la acción "entre los cantos".

-Por último, está el éxodo donde ocurre el desenlace de la acción y la salida del coro.

LAS REPRESENTACIONES TEATRALES

El director de la obra era el autor mismo (o a veces una persona designada por él); contaba también con un ayudante (el corodidáscalo), cuya misión era ensayar con el coro los cantos y la coreografía. Los actores eran profesionales y los pagaba el estado, en tanto que los miembros del coro era aficionados: se trataba de jovencitos escogidos entre los ciudadanos atenienses que tuvieran dotes escénicas. El coro, el vestuario y todos los elementos de la escenografía eran pagados por ciudadanos ricos.

El teatro griego no era un espectáculo "realista", por el contrario, era un teatro de convenciones: la más obvia de estás son los personajes femeninos, pues como no estaba permitido que las mujeres se presentaran en ningún tipo de acto público, todos los papeles eran representados por hombres. No había efectos de luces (pues las representaciones eran al aire libre), ni telón.

El género teatral, por ser derivación de ritos religiosos, conservó el empleo de máscaras, en un principio eran blancas y después coloreadas; además, tenían un papel utilitario: como sólo había tres actores, era común que cada uno de ellos tuviera que representar varios papeles, y supuestamente el público no advertía quién estaba detrás de la máscara.

En cuanto a la vestimenta, ésta no era la cotidiana, sino la característica de los sacerdotes: una túnica con mangas largas. En el caso de los protagonistas llegó a ser muy rica y policromada. En las épocas helenística y romana, la vestimenta de los actores se fue haciendo cada vez más espectacular, sobre todo en lo que respecta a unas muy abultadas pelucas y unos calzados con plataforma llamados coturnos.

EL EDIFICIO TEATRAL

En los inicios del género teatral las representaciones se realizaban en cualquier plaza pública, y tan sólo se instalaba provisionalmente una pequeña tienda (llamada skené) que los actores y miembros del coro usaban como vestidor.

Cuando el teatro se hizo más estable, lo primero que se construyó fue el sitio donde actuaba el coro: una pista circular llamada orquesta -"lugar donde se baila"- con un pequeño altar en el centro. Alrededor de la orquesta se ponían gradas de madera para el público. Más adelante se escogía la ladera de una montaña para excavar en ella el graderío recubierto de piedra; tenía forma de abanico a fin de que todos los espectadores tuviesen una buena visión. La palabra teatro significa, precisamente, "lugar desde el cual se ve".

La skené se convirtió en un cuarto rectangular frente a la orquesta y, frente a esta, se construyó una plataforma también rectangular: el proscenio o "lugar frente a la skené", desde donde hablaban los actores. En un principio esa construcción era de madera y más tarde fue un sólido edificio de piedra, por último se construyeron tres o cuatro escalones que separaban la orquesta del escenario. De esta manera, los tres grupos que participaban en las obras quedaban separados en tres niveles diferentes:

-En el más bajo el coro;

-En el intermedio, los actores;

-Y en el más alto (el techo de la skené), los dioses.

El coro entraba por uno de los dos pasillos situados entre el graderío y el proscenio; por su parte los actores salían de la skené hacia el proscenio, por una puerta central de la skené (posteriormente se añadieron dos puertas laterales).

ALGUNOS DE LOS DIOSES QUE INTERVIENEN EN LAS TRAGEDIAS

Zeus. El dios indoeuropeo por excelencia. Se convierte en el dios supremo al derrocar a su padre Cronos ("el tiempo"). Al morir Cronos sus tres hijos se dividen el universo: Zeus reina en el cielo, Poseidón en el Mar y Hades en el mundo subterráneo. Zeus tiene como esposa a Hera, una antigua deidad de tiempos pregriegos, pero tiene relaciones con una amplia gama de mujeres, las cuales engendrarán muchos hijos, algunos tan famosos como Héracles. Procrea también hijos divinos como Atenea, Perséfone, Apolo, Ártemis y Hermes; de Hera tiene dos hijas que en realidad sólo son dos ideas abstractas: Hebe (juventud) y Eileityia (el buen nacimiento). Zeus es el padre, el salvador y dador de leyes. Su arma es el rayo, pues en sus orígenes era el dios del cielo y las tormentas.

Apolo. Es una divinidad de origen asiático, pero fue totalmente asimilado al panteón griego y se convirtió en uno de los principales dioses olímpicos. Se le considera hijo de Zeus y de Leto, una hija de los Titanes. Cando Leto estaba a punto de dar a luz, ninguna localidad se atrevía a darle acogida por temor a la celosa Hera (esposa de Zeus); finalmente llegó a la isla de Delos, donde nacieron Apolo y Ártemis. Apolo es el dios de la música, de instrumentos de cuerda (la lira y la cítara) y, como tal, preside el coro de las musas. Es también el dios de la medicina, la arquería y la profecía. Por su relación con Febe, "la brillante", una diosa lunar y madre de Leto, a Apolo se le conoce con el nombre de Febo, dios de la luz.

Atenea. Es una diosa prehélenica que presidía las artes y las artesanías. En la mitología griega es hija de Zeus y Metis ("Consejo"), la primera esposa de Zeus, a quien éste devoró por miedo a que le diera un hijo que fuese más poderoso que él y lo derrocara. Atenea nace de la cabeza de Zeus, gracias a la participación de Hefesto, quien le abre la cabeza con un hacha.

Atenea surge como una mujer guerrera -con casco, lanza y escudo- y se convierte en la diosa protectora de la ciudad de Atenas, donde en la acrópolis se le erige en un templo: el Partenón, es decir, el templo de la virgen o doncella. Construido durante la administración de Pericles, entre los años 447 y 438, albergaba una estatua gigantesca de la diosa, en oro y marfil, hecha por Fidias. En el templo se guardaba no sólo el tesoro de Atenea, sino también el tesoro público de la ciudad.

Ártemis. Hija de Zeus y de Leto, la hermana de Apolo. Es una deidad pregriega de la fertilidad. Para los griegos fue una doncella cazadora que cuidaba de todos los animales silvestres. Habita en los bosques acompañada por las ninfas (personificación de ríos, árboles y montañas). Su templo principal se encontraba en Éfeso, Asia Menor. Cerca de Atenas estaba su templo en Braurón, donde en su calidad de diosa lunar se rendía culto a una estatua que supuestamente Ifigenia había llevado desde el país de los Tauros.

LOS TRES DRAMATURGOS GRIEGOS

Esquilo (525-456 a.c.). Nació en Eleusis, cerca de Atenas. Participó en la batalla de Maratón contra los persas. Es el primero de los tres grandes trágicos, aunque antes de él hubo otros autores destacados. Escribió cerca de 90 obras de las cuales sólo se han conservado siete: Las suplicantes, Los persas, Siete contra Tebas, Prometeo encadenado y la trilogía formada por Agamenón, Las coéforas y Las Euménides. Ganó su primer premio en 458. Introdujo el segundo actor y la vestimenta especial de los actores. Es un legítimo heredero de la dicción épica y los extensos cantos del coro muestran su gran maestría lírica.

Sófocles (496-406 a.C.). Nació en Colono, cerca de Atenas. Vivió en la época de Pericles, tuvo varios cargos civiles y religiosos. Escribió cerca de 120 obras, fue el dramatugo más premiado, pues obtuvo 18 victorias. Se conservan siete de sus tragedias: Antígona, Edipo rey, Electra, Ayax, Las Traquinias, Filoctetes y Edipo en Colono. Introdujo el tercer acto y la escenografía. Incrementó el coro de 12 a 15 coreutas. En comparación con Esquilo da más relevencia a los actores que al coro y a los dioses, gracias a lo cual los componentes de sus obras resultan muy equilibrados.

Eurípides (480-406 a.C.). Nació en Salimis. No tuvo una vida pública activa. Escribió entre 80 y 90 obras y obtuvo cinco victorias. Se conservan 17 tragedias: Alcestes, Medea, Hipólito, Las troyanas, Helena, Orestes, Ifigenia en Áulide, Andrómaca, Los hijos de Héracles, Hécuba, Las suplicantes, Electra, Héracles furioso, Ifigenia entre los tauros, Ión, Las fenicias, Las Bacantes y el drama satírico El cíclope. En el año 408 se trasladó a la Macedonia, a la corte del rey Arquelao, donde murió.

Fue un poeta amante de las innovaciones: desarrolló en gran medida la complejidad de los personajes, sobre todo los femininos (los novelistas de la época helenística siguen su escuela); además, para escándalo de los conservadores, se desentiende de ciertas formas en las partes líricas e introduce la llamada "música nueva", trata con gran liberalidad las historias y mitos tradicionales. Si bien parte del público de su época rechazó su dramaturgia revolucionaria, posteriormente fue el autor más aclamado.

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Cultura Clásica

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