Cuatro veces heroica Veracruz

Historia de América. México. Guerra de los pasteles. Victoriano Huerta

  • Enviado por: Gregorio Contreras
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 35 páginas
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CATEDRÁTICO: LIC. PATRICIA SEGURA

METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACION

GRUPO: D1

COMERCIO EXTERIOR

TEMA: VERACRUZ CUATRO VECES HEROICA.

BOCA DEL RIO VERACRUZ A 4 DE OCTUBRE DE 2000

INTRODUCCION

Veracruz tiene una enorme variedad en sus riquezas naturales, sociales y no podrían quedar a tras las culturales; A través de los años Veracruz se ha destacado como un puerto que ha tenido una innumerable suma de batallas de las mayorías ha resultado triunfante, gracias a estos actos de heroicidad de su gente, se le ha nombrado como heroica cuatro veces; en esta breve pero significativa investigacion trataremos de resaltar los aspectos más importantes de estos sucesos que dieron pauta a la proclamación de Veracruz como un puerto tetraheroico, esto a impulsado relativamente el progreso en diversos ámbitos en todas las épocas, desde la colonia con aquellos movimientos de los que el puerto resultara triunfante y aun hasta nuestros días como un suceso histórico pero rico en cultura; aunada a su gente que lleva el coraje por dentro y defiende a costa de cualquier cosa, aun de su vida, con tal de defender a la patria; he aquí un ejemplo del patriotismo nacional que desde siempre ha existido en el corazón de cada uno de los mexicanos, demos entonces inicio a la consulta de esta investigacion que contiene las cuatro epopeyas veracruzanas.

CAPITULO

I

INDICE

Centro de Estudios GESTALT……………………………………….. 01

Introducción………………………………………………………….. 02

CAPITULO I………………………………………………………..... 03

Indice…………………………………………………………………. 04

Delimitación del tema.……………………………………………………………. 05

Justificación del tema…………………………………………………………….. 06

Planteamiento del problema……………………………………………………… 07

Hipótesis…...……………………………………………………………………. . 08

Objetivo general…………………………………………………………………… 09

Objetivo especifico……………………………………………………………….. 10

CAPITULO II…………………………………………………………………….. 11

Marco referencial…………………………………………………………………. 12

CAPITULO III……………………………………………………………………. 13

Veracruz cuatro veces heroica……………………………………………………. 15

PRIMERA EPOPEYA……………………………………………………………. 19

SEGUNDA EPOPEYA…………………………………………………………… 21

TERCERA EPOPEYA……………………………………………………………. 29

CUARTA EPOPEYA……………………………………………………………. 33

DELIMITACIÓN DEL TEMA

Veracruz proclamada cuatro veces heroica

JUSTIFICACIÓN DEL TEMA

¿conocer los hechos que originaron proclamación como cuatro veces heroica del puerto de Veracruz?

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.

¿cómo se fueron dando los hechos que acontecieron antes de la proclamacion como cuatro veces heroica del puerto de vercruz?

HIPÓTESIS

Pude ser que los hechos solían partir de las batallas y la valiente defensa de los veracruzanos en su afán por ganar las batallas y defender la tierra mexicana

OBJETIVO GENERAL.

Conocer como se suscitaron los hechos que dieron origen a la proclamación como cuatro veces heroica del puerto de Veracruz

OBJETIVOS ESPECIFICOS.

  • Conocer la primera epopeya

  • Conocer la segunda epopeya

  • Conocer la tercera epopeya

  • Saber los nombres de los dirigentes de las batallas

  • CAPITULO II

    Marco referencial

    Veracruz, crisol de culturas, puerto y puerta de la civilización de México y Amétrica, lugar de todos y de nadie; Su historia, horizonte de acontecimientos domésticos a sido en si misma, esencia natural y pura y del devenir nacional. Al hablar del puerto de Veracruz presenta un panorama general, puesto que entrar en detalle requeriría de tantos volúmenes que su lectura resultaría agobiante, y la experiencia me indica que no es la cantidad de paginas lo que hace a un libro interesante: basta con lo esencial.

    La gran tradición historica, cultural, política y bullanguera del pueblo veracruzano, de a quel que en nombre de su entrañable amor por su tierra acometiera con arrojo, en cuatro ocaciones, la defensa heroica del puerto; el resultado, un nuevo nombre acuñado con honor:

    CUATRO VECES HEROICA VERACRUZ.

    puerta y puerto de la Nueva España, abierto siempre a todas las venturas y a todos los sinsabores, plantado de la mano firme del visionario extremeño Hernán Cortés, que al darle el sonoro nombre de Villa Rica de la Vera Cruz, conmemoró solemnemente aquel Viernes Santo de 1519, en las desiertas y arenosas playas de Chalchiucuecan, esta prócer y señorial ciudad, que se engalana con el desmelenado penacho de sus palmeras y se decora con los variados matices de sus crepúsculos, luce hoy en la larga historia de México, con justificada complacencia y concentrado celo, las cuatro insignes hachas que atestiguan la suprema heroicidad de sus hijos, caídos en el fragor del combate, con la cara al Cielo y el pecho al enemigo. Y como si ésto no fuese suficiente para considerarla como avanzada perenne de la nacionalidad, no olvidemos que también ha escrito en sus páginas unos de los más sonados acontecimientos en pro de la consolidación del liberalismo mexicano. Aquí, en Veracruz, se proclamó la República, el 2 de diciembre de 1822, acto respaldado después el 1 o. de febrero de 1823, por medio del Plan de Casa Mata, que firmaron los generales Santa Anna, Echéverria y Cortázar. El 7 de julio de 1850, el presidente don Benito Juárez, que había instalado su gobierno constitucionalista en Veracruz, expidió su célebre manifiesto precursor de las leyes de Reforma, que al fin fueron promulgadas, sucesivamente, los días 12 y 31 de¡ mismo mes, declarando al matrimonio como un contrato civil, nacionalizando los bienes eclesiásticos y secularizando los cementerios. Finalmente, en 1915, y en distintas fechas, don Venustiano Carranza, que también había asentado su gobierno en la HEROICA CIUDAD, firmó en el Edificio de Faros, constituido en residencia presidencial con el carácter de Primera Jefatura del Ejército constitucionalista, las leyes que decretaban la implantación de¡ municipio libre, la agraria y las de relaciones familiares.

    CAPITULO

    III

    VERACRUZ CUATRO VECES HEROICA

    C

    on alguna frecuencia me he dado cuenta de que, por lo que hace a las gloriosas epopeyas que tuvieron como escenario el puerto y la ciudad de Veracruz, no acabamos de ponernos de acuerdo sobre el número de "Haches" que como iniciales de la palabra "Heroica", se le han otorgado oficialmente, tomando en consideración la bizarría, el valor y el patriotismo de sus hijos, al repeler denodadamente las agresiones de que ha sido blanco la que fue plaza amurallada, por fuerzas extrañas invasoras, en el devenir de los años. Unos afirmaban que Veracruz es tres veces heroica; Otros, que cuatro, y no faltó quien subiera el número a cinco. Fue por esto que el H. Ayuntamiento porteño, que preside el Lic. Francisco Ramírez Govea, me encomendó, con mi carácter de Cronista de la Ciudad y Director de¡ Archivo Municipal, una cuidadosa investigación para dejar sentado definitivamente este punto, tan importante dentro de la fecunda y brillante historia de este risueño y acogedor rincón de la Patria. Y esta pesquisa dio por resultado el conocimiento de los dos únicos decretos que existen en el Archivo de la H. Legislatura de¡ Estado, puesto bondadosamente a mi disposición, por una fineza del diputado local por este Distrito, don Manuel A. Caldelas. El primer decreto aparece fechado a 27 de diciembre de 1900, en Xalapa de Enríquez. En él se le concede a Veracruz el título de "Tres Veces Heroica" y el segundo es del 14 de diciembre de 1948, también expedido en la capital del Estado, por medio del cual se agrega una "H" a las tres ya existentes. De modo que, sin discusión, puedo ahora asegurar, a base de datos absolutamente fidedignos, que Veracruz es cuatro veces heroica.

    El primer decreto que se le concede a Veracruz, con el título de Heroica, lo suscribió la Legislatura Constitucional del Estado el 29 de julio de 1826,cuyo texto dice así:

    Gratitud al Gral. Barragán y a la infatigable guarnición y demás cuerpos que concurrieron a la rendición de Ulúa .El Estado Libre y Soberano de Veracruz reunido en Congreso, decreta:

    l. Se manifestará al general Barragán y a la infatigable guarnición que cooperó a la rendición de Ulúa, el aprecio con que se ha visto su constancia y patriotismo.

    2. Al mismo benemérito general se mostrará una espada con el castillo de San Juan de Ulúa en el puño, y en la hoja esta inscripción "El Estado de Veracruz al vencedor de Ulúa, la que será entregada solemnemente por el Presidente del Congreso.

    3.El nombre de este jefe y el de los cuerpos de mar y tierra que han

    concurrido a consumar las glorias de la República, se grabarán con letras de oro en el salón del Congreso.

    4. Se batirá una medalla alusiva a tan fausto suceso, y se señalará un premio de 5100.00 al que presente el mejor diseño.

    5. El Gobierno fijará el termino en que deben presentarse éstos, y nombre sujetos inteligentes para su calificación, dando cuenta al Congreso con la que hagan.

    6. El gobierno dará una nota circunstanciada de las familias pobres que por la emigración de Veracruz, fueron reducidas a este estado, para proporcionarles algún socorro que alivie sus necesidades, en la cantidad y términos que con esta noticia acuerde el Congreso. 70 Se concede a la ciudad de Veracruz el título de Heroica.

    Fue esta la primera declaración de Heroica que obtuvo la Ciudad de Veracruz por su comportamiento durante el bombardeo que hizo el castillo de San Juan de Ulúa.

    El primer decreto en que se concede a Veracruz el título de tres veces heroica aparece fechado a 27 de diciembre de 1900, en Xalapa-Enríquez y el segundo el 14 de diciembre de 1948, también expedido en la capital del estado, por el que se agrega una "H" a las tres ya existentes.

    Para un, mayor conocimiento se reproducen a continuación ambos decretos. El primero esta redactado en los términos siguientes:

    Teodoro Dehesa, Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave, a sus habitantes sabed- que la IL Legislatura del mismo, se ha servido expedir el siguiente decreto: "Número 4 1.- La H. Legislatura del Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave, en nombre del pueblo, decreta:

    ARTICULO ÚNICO.- Se declara que la ciudad de Veracruz se ha hecho acreedora al título de “Tres Veces Heroica” por el patriótico comportamiento de sus hijos, en defensa de la autonomía nacional.

    Dado en Xalapa-Enríquez, a 27 de diciembre de 1900. F. González Mena, Diputado Presidente.- M. Muñoz Moreno, Diputado Secretario. Xalapa-Enríquez, a 27 de diciembre de 1900. Teodoro A. Dehesa. Eliezer Espinoza, Secretario.

    .

    El segundo decreto fue promulgado cuando regía los destinos de esta entidad el Lic. Don Ángel Carvajal, y está concebido en esta forma:

    Ángel Carvajal, Gobernador Constitucional Interino del Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave, a sus habitantes, sabed:

    Que la H. Legislatura del mismo se ha servido expedir el siguiente:

    DECRETO

    Numero 73.- La H. Legislatura del Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave, en nombre del pueblo, decreta:

    ARTICULO ÚNICO.- Se declara "Cuatro Veces Heroica” a la ciudad de Veracruz , por haber sumado sus hijos un acto más de heroicidad, a los tres anteriores que le dieron el título de "Tres Veces Heroica" por decreto número 41 expedido por el H. Congreso Local con fecha 27 de diciembre de 1900, al defender con denuedo la integridad de la patria contra la invasión norteamericana, durante los días 21 y 22 de abril de 1914.

    TRANSIORIO

    El presente decreto surtirá efectos desde el día de su publicación en la “Gaceta Oficial” del Estado.

    Dado en el salón de sesiones de la H. Legislatura, en 1a ciudad de Xalapa Enríquez, a los catorce días del mes de diciembre de mil novecientos cuarenta y ocho. Luis de la Hoz Rivera, Diputado Presidente.

    Prof. Manuel Malpica M., Diputado Secretario.-"

    Desde luego, al consignarse en el primer decreto que Veracruz ganó el glorioso nombre de Tres Veces Heroica por el patriótico comportamiento de sus hijos en defensa de la autonomía nacional, y apareciendo en el segundo que la cuarta “H” se debió "al defender de nuevo la integridad de la patria contra la invasión norteamericana durante los días 21 y 22 de abril de 1914", salta a la vista que por ningún motivo se tomaron en cuenta otros pasajes históricos, porque fueron de índole intestina.

    Descartados, pues, los sucesos que revistieron meros perfiles menores, enseguida se puntualizan las cuatro epopeyas en que Veracruz se vistió con las más vivas galas de su heroísmo, frente a sus enemigos extraños, superiores siempre en número, en numero de armamento y en disciplina. Helas aquí:

    Primera epopeya

    Consumada la independencia de México después de once años de cruenta lucha con la entrada victoriosa del Ejército Trigarante a cuya cabeza, iba el generalísimo don Agustín de Iturbide el memorable 27 de septiembre de 1821 aún permaneció el Castillo de San Juan de Ulúa en poder de los dominadores españoles, que reconocían como jefe al brigadier don García Joseph Dávila. Se independizó la ciudad pero no así la fortaleza, constituyendo desde entonces un serio problema para las autoridades supremas del país que surgía a la vida en forma autónoma.

    A Dávila vino a sustituirlo en el mando de la Guarnición del islote el mariscal Francisco Lemaur, hombre de arrogante empaque, genio enfurecido y seño adusto, que creyó ingenuamente no solo poder amenazar con su presencia al Gobierno del República sino apoderarse con relativa facilidad de la ciudad.

    Cuando llegó a tomar posesión de su cargo, vio que la realidad era muy distinta porque Veracruz se había aprestado para una heroica defensa Entonces sin dejar su actitud fanfarrona, se dedicó al lucrativo negocio del contrabando, en perjuicio de nuestro erario valiéndose de su privilegiada situación en Ulúa, en donde era amo y señor. Pretendió después adueñarse de la isla de Sacrificios sin conseguirlo y al darse cuenta de que el gobernador de Veracruz, Villaurrutia, proseguía activamente las obras de fortificación de la plaza, desató sobre ésta un terrible bombardeo sin la menor compasión para el vecindario pacífico, reduciendo los principales edificios a humeantes escombros El violento cañoneo se inicio a las doce y media del día 25 de septiembre de 1823. Desde la fecha trágica hasta el 13 de octubre, se dispararon contra la injustamente castigada Veracruz unos seis mil tiros de bala rasa, de calibres 36 y 24, y cuatrocientas balas de 4 pulgadas.

    Por eso nos dice Tornel:

    Lemaur, cuando menos se recelaba, arrojó sobre la ciudad una lluvia de balas y bombas, con la' fría crueldad con que el más inmundo de los césares se divertía desde lo alto de una colina con el incendio y destrucción de Roma. Parecíole sin duda que habiéndose inaugurado el dominio español en el territorio de México, con escenas de sangre y de devastación, era consiguiente que al desenlazarse el drama al cabo de tres centurias, el bronce y el alzarse otra vez, se abatió el pendón de Castilla. Tal resolución no pudo venir de otro estímulo que del innoble de la venganza: porque disponiendo el general español de escasas fuerzas, ni aún podía lisonjearle la esperanza de enseñorearse de las ruinas y escombros de la heroica Veracruz. Esa ciudad, por tantos títulos ilustres, vio iniciar entonces la larga serie de infortunios que le alcanzan, antes y más que a ninguna población de la República, en todas nuestras guerras extranjeras. Ancianos y niños, las señoras más respetables, la parte más válida del pueblo, vagaban todos por el campo sin auxilio, sin amparo, sufriendo privaciones. Rotas así las hostilidades, las más duras, las más dolorosas el gobierno mexicano mandó cerrar el puerto de Veracruz y abrir el de Alvarado, a donde pasó el comercio sin que la guarnición de Ulúa pudiera ya cubrir su presupuesto con las rentas de su aduana, porque ésta quedó enteramente anulada, siendo para los españoles no pequeño castigo tener que cubrir cuantiosos gastos de la fortaleza, con el erario de la Isla de Cuba.

    El tremendo ataque a que fue sometido Veracruz, así como la heroicidad de sus hijos jamás desmentida, tuvieron la recompensa merecida Y reconocimiento amplio de todos los mexicanos. Así el 18 de noviembre de 1825 en el Castillo de San Juan de Ulúa se anuncia la capitulación española y el anuncio oficial se da el 23 de diciembre de 1825, posteriormente se concede a la ciudad de Veracruz el título de HEROICA, primero de los cuatro legítimo, que ostenta de] decreto de fecha 29 de junio de 1826.

    Segunda epopeya

    Fué la llamada Guerra de los Pasteles, en 1838. Este dramático episodio de nuestra historia se inició con la misteriosa aparición de un bergantín de banderas francesas, que traía a bordo al Barón Deffaudis, portador de un ultimátum de gobierno de su país para el nuestro ,la nave fondeó en Antón Lizardo y pasé después a situarse frente a la isla de Sacrificios. Por medio de un intérprete, Deffaudis se puso al habla con el comandante militar de Veracruz, general Ciriaco Vázquez quien, ante las exigencias de aquel enviado extraordinario, se limitó a prometer que enviaría el documento para que fuese el supremo gobierno el que diera la contestación correspondiente. Francia exigía a México en términos apremiantes y hasta un poco fuera de tono, con la altivez de sentirse nación más fuerte, una crecida suma de dinero como indemnización de las pérdidas sufridas por comerciantes e industriales franceses durante nuestras guerras intestinas. Y como entre las reclamaciones figuraba la ridícula y fabulosa de un pastelero avecindado en Tacubaya, que afirmaba haber perdido en un motín callejero la suma de doscientos mil pesos en pasteles!, de ahí el nombre que dio el pueblo a esa guerra que no pasó de Veracruz

    El 26 de octubre fue avistada, desde la plaza donde ya circulaban alarmantes rumores, la escuadra gala al mando del almirante Charles Baudín que estaba compuesta por:

    La Nereida, fragata, (la capitana) armada con 28 cañones de a 30, 18 carronadas de a 30 y 4 obuses de a 30. En total, durante las acciones que se libraron hizo 1700 disparos.

    La Efigenia, fragata, con 60 cañones, 30 de ellos de a 30; 28 carronadas de a 30 y dos cañones de a 18. Disparé 3300 cañonazos en total.

    La Criolla, corbeta con 20 carronadas de a 30 y 2 obuses de a 30. hizo 360 disparos. En esta nave venía como comandante el príncipe de Joinville, hijo mayor del rey Luis Felipe de Francia, que prefirió las arriesgadas aventuras del océano a la vanidad empalagoso de una corte corrompida. En la historia de su país se le conoce con el nombre de "El Príncipe del Mar".

    Vulcano bombardera con 2 morteros de hierro de 12 pulgadas, y Cíclope, otra bombardero de la misma fuerza. Disparó 302bombas.

    Además, los bergantines Coracero y Alcibiades, con artille-ría menor, que en el furioso ataque a San Juan de Ulúa se limitaron a esperar órdenes de la nave capitana, anclados frente a la Isla Verde.

    El 28 de octubre despachó el almirante Baudin al oficial de; la Mr. Le Ray, con pliegos especiales para el supremo gobierno de México, presidido entonces por el general Anastasio Bustamante. Regresé el emisario en la tarde del 4 de noviembre entablándose con tal motivo, y atendiendo a la respuesta dada por el presidente de la República, una serie de conferencias en la vecina ciudad de, Xalapa, donde cambiaron impresiones el propio almirante y don Luis González Cuevas. La primera entrevista tuvo lugar en la mañana del día 17 y como el día 21 no hubiesen podido llegar a ningún arreglo, regresó Baudin a Veracruz visiblemente contrariado, echando rayos y centellas. Todavía esperó hasta el 27 de noviembre, en que se le entregó contestación, que fue en todo negativa. Esto acabó de enardecer su ánimo, y entonces dispuso actuar cegado por su propia indignación. Mientras tanto, comenzaban a embarcarse los franceses avecindados en Veracruz y puntos inmediatos, en los bergantines Emma de matrícula hamburguesa y Wind Hand de nacionalidad belga, para ponerse a salvo, ya que consideraban un ataque inminente. Fueron los jóvenes oficiales mexicanos Valle y Díaz Mirón quienes pusieron en manos de Baudin la respuesta de nuestro gobierno, y cuando subieron a bordo ya La Nereida, nave almiranta, navegaba remolcada por un vapor para situarse en la línea de ataque a la fortaleza de San Juan de Ulúa, siguiéndole en la maniobra la otra fragata, la corbeta La Criolla y las dos bombarderos.

    Era jefe de la guarnición de Ulúa el general Antonio Gaona, y tanto éste como el comandante del baluarte de Santiago, al percatarse de todos los movimientos sospechosos, se dirigieron violentamente al comandante militar de la plaza, general Manuel Rincón, quien no quiso que se le hiciese fuego todavía contra los invasores.

    El combate no se hizo esperar y para que se tenga una idea de los tremendos estragos que causó al castillo, y del comportamiento valiente y bizarro de sus defensores, a continuación se lee el parte que el mismo general Gaona rindió al general Rincón, después de que la fortaleza tuvo que capitular con honra:

    Vuestra excelencia conoce muy bien que la defensa de la Fortaleza de Ulúa consiste exclusivamente en artillería tanto más cuanto que el ataque se esperaba por la misma arma, y de un calibre superior como lo es el de la escuadra francesa. Convencido de ésta he manifestado varias veces a V. E el mal estado en que se hallaban nuestras piezas, especialmente en sus montajes; la escasez de municiones para mantener un fuego sostenido de piezas de grueso calibre, que consume mucha pólvora; la falta de espeques y demás útiles de bateria del que era necesario un repuesto para reemplazar los muchos que se utilizaban en el combate. V. E. Con el empeño que era consiguiente, mandó facilitarme lo que pudo reunir en esta ciudad, pero no era bastante pues no contaba ni aún con lo más indispensable para las piezas montadas. En tal situación no me quedaba otro arbitrio que reducirme a lo que había, y esperar el resultado fatal de una defensa, que sin los elementos necesarios, aunque fuera honrosa, no podía dar gloria a las armas de la República.

    Antes de las doce del día comenzaron los vapores franceses a conducir sus buques mayores, dándoles la posición que debían guardar para el ataque. Los colocaron, como era de esperarse, frente a los ángulos salientes de las obras, donde utilizaban al castillo en su mayor extensión. A las dos y media de la tarde, luego que el bote mexicano que había ido a Veracruz a bordo se destacó de, la fragata capitana, hizo ésta sus señales y rompieron el fuego cuatro fragatas, una corbeta y un bergantín que se había apoderado por el Este y Nordeste, y además otra fragata, dos de corbeta y dos vapores que variaban su posición según les acomodaba.

    A las seis cruenta y cinco de la tarde subio don Manuel Rodríguez de Cela a bordo de la Nereida a solicitar la suspensión del fuego, a la que se negó el almirante condicionándolo a la capitulación de la guarnición. Cela volvió a Ulúa encontrándose con el general Santa Anna, que al oír en su hacienda de Manga de Clavo los disparos, se trasladó a Veracruz a ofrecer a su comandante sus servicios, y por Rincón fue enviado a inspeccionar el estado de la fortaleza total, que al ver los desperfectos capitularon y firmaron los circunstantes a las dos de la mañana del 28 de noviembre, siendo ocupada la fortaleza por los franceses ese mismo día a las doce.

    A las dos de la tarde del 28 de noviembre de 1838 las salvas de todos los buques franceses saludaron al pabellón de su nación enarbolado en ese momento en Ulúa. A las cinco de la tarde salió para Francia una de las corbetas con pliegos de Baudin participando en su victoria.

    Empero, habiendo declarado México la guerra a Francia, y asumido el mando de la plaza de Veracruz el inquieto general don Antonio López de Santa Anna, que suplio al general Rincón, procesado en unión de Gaona con motivo del desastre de la fortaleza, intentó Baudin un desembarco por sorpresa en la ciudad, el 5 de diciembre de aquel año, a las cuatro de la mañana; protegió la niebla esta audaz maniobra, pudiendo desplazarse cinco grandes botes sin ser vistos. Una columna mandada por el capitán Laine, de La Gloire, seguida del capitán Lardy, de La Medea, tomó fácil-mente el baluarte de La Concepción, destruyendo los trece cañones de a 24 y morteros que allí había. Sucesivamente, hizo lo mismo en los fortines de San Juan, San Mateo y San Javier, al lado de la Puerta de México, por la cual escapó una parte de la guarnición mexicana. Una segunda columna se dividió en dos fracciones, una mandada por el capitán Parceval, de La Efigenia, entró a la ciudad derribando la poterna de rastrillo, y la otra, con los capitanes Ollivier, del Cíclope, y S. Georges, del Vulcano, se apodero rápidamente del baluarte de Santiago. La columna del centro, formada por dos y media compañías de artilleros de la marina, a las órdenes del jefe de batallón Collombel: dos compañías de marina y una escuadra de veinte zapadores, todos mandados por el principe Jonbillle,de la ciolla, volo con petardo la puerta del muelle y cayo contestó en el acto por nuestras baterías que podían ofenderlos, y aunque observaban acallar nuestros fuegos por la actividad de los suyos, los multiplicaban para todos los puntos, las dos corbetas bombarderas rompieron el fuego y nos causaron bastante estrago desde el principio. En las primeras tres horas de fuego todos los artilleros que se inutilizaban en las baterías eran inmediatamente reemplazados; pero al fin llegaron a disminuirse de tal suerte que el que salía de combate no tenía sustituto, y nuestro fuego disminuía cada vez más, sin que fuere dable reanimarle. La infantería que se hallaba en las cortinas y demás puntos por temerse un desembarco, sufrió tanto de las balas enemigas como de los escombros que éstas despedían al destruir nuestras obras. El repuesto de las municiones de la batería baja de San Miguel, fue volada por una bomba y su dotación y guarnición casi en su totalidad fueron inutilizadas, pues los que no murieron quedaron heridos o contusos, entre ellos de bastante gravedad, el valiente Capitán de Fragata don Blas Godínez. La batería del caballero alto había sufrido bastante pero a pesar de ello sus dignos defensores, que lo eran cuarenta y un zapadores que manejaban as piezas, continuaban sus fuegos con acierto, hasta que otra bomba, que, entró en el repuesto de municiones que tenía, lo hizo volar y con él todo el mirador y la mayor parte de la batería, sepultando en sus ruinas a cuantos se hallaban sirviéndola y muchos otros de la de San Crispín que se hallaba debajo. Esta desgracia fue más fatal por haber sido envuelta en ella el bizarro coronel graduado de zapadores don Ignacio Labastida. La pérdida de este jefe es en extremo sensible, pues reunía cualidades sobresalientes. A las cuatro horas y media de fuego sostenido, la mitad de nuestra artillería estaba desmontada, siéndolo casi en su totalidad la de los baluartes de la línea exterior, que fueron abandonados por esta causa. Los merlones de estas obras habían sufrido mucho; las habitaciones estaban destituidas, muchos de los nuestros heridos y contusos, entre ellos el valiente capitán de fragata ya citado, sin poderlos atender por el fuego activo que lo impedía. Las municiones se hablan disminuido casi totalmente y como se había perdido mucha fuerza, conocí que la pérdida de la fortaleza era inevitable, porque no podía nuestra artillería competir con la enemiga, y que las víctimas que hubiese serían ya infructuosas, mediante a que con ellas no se cambiaría la situación. Me decidí, pues, con anuencia de los jefes principales de la guarnición, a pedir al vicealmirante francés una corta suspensión de fuegos, para recoger los heridos y sepultar los muertos y con el objeto esencial de consultar a V.E. sobre la situación de la fortaleza.

    A las seis cuarenta y cinco de la tarde subió don Manuel Rodríguez de Cela a bordo de La Nereida a solicitar la suspensión ala que se negó el almirante condicionándolo a la lación de la guarnición. Cela volvió a Ulúa encontrándose general Santa Anna, que al oír en su hacienda de Manga de Clavo los disparós, se trasladó a Veracruz a ofrecer a su comandante sus servicios, y por Rincón fue enviado a inspeccionar el estado de la fortaleza total, que al ver los desperfectos capitularon y firmaron los circunstantes a las dos de la mañana del 28 de noviembre, siendo ocupada la fortaleza por los franceses ese mismo día a las doce.

    A las dos de la tarde del 28 de noviembre de 1838 las salvas de todos los buques franceses saludaron al pabellón de su nación enarbolado en ese momento en Ulúa. A las cinco de la tarde salió para Francia una de las corbetas con pliegos de Baudin participan-do en su victoria.

    Empero, habiendo declarado México la guerra a Francia, y asumido el mando de la plaza de Veracruz el inquieto general don Antonio López de Santa Anna, que suplió al general Rincón, procesado en unión de Gaona con motivo del desastre de la fortaleza, intentó Baudin un desembarco por sorpresa en la ciudad, el 5 de diciembre de aquel año, a las cuatro de la mañana; protegió la niebla esta audaz maniobra, pudiendo desplazarse cinco grandes boteá sin ser vistos. Una columna mandada por el capitán Laine, de La Gloire, seguida del capitán Lardy, de La Medea, tomó fácilmente el baluarte de La Concepción, destruyendo los trece cañones de a 24 y morteros que allí había. Sucesivamente, hizo lo mismo en los fortines de San Juan, Mateo, y San Javier, al lado de la parte de la guarnición mexicana. Una segunda columna se dividió en dos fracciones, una mandada por el capitán Parceval, de La Efigenia, entró a la ciudad derribando la potema de rastrillo, y la otra, con los capitanes Ollivier, del Cíclope, y S. Georges, del Vulcano, se apoderó rápidamente del baluarte de Santiago. La columna del centro, formada por dos y media compañías de artilleros de la marina, a las órdenes del jefe de batallón Collombel: dos compañías de marina y una escuadra de veinte zapadores, todos mandados por el príncipe Joinville, de La Críolla, voló con petardo la puerta del le y cayó impetuosamente sobre la ciudad.

    Su objetivo era la casa donde se alojaban los generales Santa Anna y Mariano Arista para capturarlos, de acuerdo con las por Baudin. Y la atacaron con valentía, que nada supero a la de los mexicanos trabándose un reñido combate en el patio, en la escalera y hasta en las En una de éstas el segundo comandante de La Criolla logró asir por ambos brazos Arista quien no tuvo más remedio que entregar su espada al príncipe en tanto que Santa Anna se ponía a salvo saltando por las azoteas.

    En esos momentos, Joinville recibió noticias de que la columna de Parseval había sido detenida por un violento fuego de los nuestros, parapetando en los macizos cuarteles próximos a la Puerta de la Merced, y hacia allá se dirigió con el propósito de i reforzarla. Pero al desembocar por la calle que tenía el mismo nombre de la puerta mencionada se le recibió con una granizada de balas, que lo hizo contenerse. El almirante Baudin, en vista de tan difícil situación, ordenó que violentamente se trajese una pieza de a 6 del baluarte de Santa Bárbara, la cual quedó emplazada en la terminación de la calle de las Damas (hoy avenida 5 de Mayo). Nada pudo hacer ese cañón (que era también nuestro) porque la sólida puerta resistió los impactos, a la vez que las alturas de los cuarteles se coronaban con más y más soldados mexicanos, dispuestos a vencer cara la posición que defendían.

    Esto lo comprendió muy bien Baudin, ordenando al fin la retirada para reembarcarse en los cinco botes, y en eso estaba precisamente, cuando apareció una columna de. Compatriotas mandada por Santa Anna, en persona, la. cual abrió un fuego graneado sobre los que ya sólo pensaban en llegar a sus barcos. Sin embargo, Baudin todavía se dio tiempo para disponer que las carronadas de los cinco botes protegiesen la maniobra, respondiendo vivamente los disparos enemigos. La lancha del almirante quedó completamente acribillada, cayendo su patrón atravesado por seis proyectiles; lo mismo que el aspirante de servicio M. Halna de Fretay, con dos heridas, y su compañero M. Chaptal. Los tres expiraron antes de abordar La Nereida.

    Baudin informó por su parte, que también perecieron en la acción, Mr. Olliviere, capitán del Cíclope; Mengin, jefe del batallón de ingenieros; Marechal, teniente de artillería; Miniac de La Nereida; Maquier y Geivais, aspirantes de La Cñolla; Jauge, de La Gloire, y un gran número de marineros heridos, algunos de gravedad. En este ataque perdió una pierna Santa Anna, quien fue prontamente atendido por los competentes facultativos don Pedro Escobedo y don José -María Andrade, haciendo la amputación del miembro que había sido seriamente lesionado por un caso de granada. Al fin, zanjadas las dificultades los invasores levaron anclas, llevándose de Ulúa los cañones que a ellos les habían quitado los españoles en la célebre de Pavia.

    Tercera epopeya

    Fue la invasión ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, desde Washington. Del 5 al 8 de marzo de 1847, las tropas norteamericanas que tenían como jefe máximo al general Winfleld Scott practicaron algunos reconocimientos a lo largo de la costa, y a las siete de la mañana del día 9 comenzó a moverse el enemigo de la rada de Anton Lizardo a la isla de Sacrificios, donde a las dos y media de la tarde fondeó toda la escuadra al mando del comodoro Conner, a quien relevó pocos días después el de igual grado de Perri .Alas cinco de la tarde se inició el desembarco atracando los buques muy cerca de la playa de Collado, protegida esta maniobra por tres vapores y cinco goletas que dispararon algunos cañonazos a la guardia nacional de la orilla, a las órdenes del coronel don Mariano Cenobio quien no pudo hacer nada por carecer de fuerzas volantes. Scott llamó pomposamente, "Campo de Washington" al sitio en que estableció su cuartel general, a la vista de Veracruz, efectuando el desembarco sin mayor novedad.

    Los atacantes quedaron acantonados en cuatro divisiones: la primera en Mocambo con el general Worth; la segunda en Malibrán con el general Wielanan, la tercera en Pocitos con el general Patterson, y la cuarta en Veracruz con el general Twiggs. Cada una estaba compuesta de 3,000 soldados. Los dragones, en número de 325, eran mandados por el coronel Haney. La artillería tenía como jefe al coronel Bankhead.

    Fungía como comandante de San Juan de Ulúa el general José Durán, y de la plaza el general don Juan Morales, secundado por el general José Juan Landero y el teniente coronel de ingenieros Manuel Robles Pezueña. Y encabezaban a la guardia nacional don José Luelmo y don Manuel Gutiérrez Zamora, coronel y mayor respectivamente. En tanto que los invasores sumaban 12,325 hombres, Veracruz estaba solamente defendido por 4. 930 con armamento muy inferior. Sin embargo, lucharon denodadamente y con gran valor los nuestros en medio del más horrible de los bombardeos, que había iniciado el 22 de marzo de 1847. Ya el general Durán, comandante de Ulúa, había pedido un jefe científico para que la fortaleza se hiciese cargo del mando, como colaborador suyo. Pero nada obtuvo. Es más todavía: al gobierno provisional de don Mariano Salas poco le preocuparon estos clamores, llegando al grado de concentrar en la capital a los competentes artilleros Mariano Aguado y Juan Zamora, únicos militares técnicos con que contaba el castillo. Queriendo exaltar el ánimo de sus soldados, el general Durán les hizo ver, por medio de una vibrante proclama, que podían luchar ventajosamente, y hasta hizo la promesa de morir en defensa de aquella posición, lo que después no supo o no pudo cumplir, más bien esto último, porque en honor a la verdad carecía de los elementos necesarios para enfrentarse a un enemigo considerablemente superior a todo armamento, número y disciplina.

    Durante el ataque, que revistió los sublimes perfiles de una epopeya, hubo gestas heroicas como las del joven teniente de marina Sebastián Holtzinger, que habiendo sido arrancada la bandera del baluarte de Santa Bárbara por una metralla la izó de nuevo una lluvia de balas y aventado con un pedazo de merlón se levantó para volver a colocar la enseña patria, actitud valerosa en que lo ayudó un jovencito de 17 años, subteniente Francisco A. Vélez, que con el tiempo llegó a ser general de división; otra fue la realizada por el capitán Jirnénez, el regidor José M. Portilla, el empleado postal Vidaña y el celador del resguardo marítimo Cordera quienes, desafiando el tiroteo, salieron a lanzar barias reses que bajaron de los médanos cercanos para poder alimentar a los defensores. Importante misión fue la de San Juan de Ulúa, que con los repetidos disparos de sus baterías altas y bajas logró desalojar, el día 25 a las siete de la mañana, a dos nuevos vapores y siete cañoneras que se encontraban detrás de la Playa de Hornos, disparaban también sobre el baluarte de Santiago y la Puerta de la Merced sin perder de vista a los conventos de Belén y San Agustín, sabiendo por los espías que éste último se había destinado a depósito de pólvora. Uno de esos vapores quedó maltratado con un palo roto y una gran vía de agua que lo puso en serio peligro de irse a pique. Guarnecían a la fortaleza 1,030 soldados de infantería, pertenecientes a los batallones activos de Puebla y Jamiltepec; una compañía del batallón de Tampico; otra del de Tuxpan y una tercera de Alvarado.

    La plaza de Veracruz sembrada de cadáveres y heridos, humeante y derruida, capituló con honor y gloria el 27 de marzo de 1847 cuando ya no había ni un solo proyectil que disparar y ni un solo bocado que llevarse a la boca. Pero Ulúa se mantuvo firme un día más, hasta que ya no fue posible resistir su rendición se realizó ante el general Scott el 28 de marzo de 1847 en los siguientes terminos:

    Los neutrales abajo firmados, vecinos de la plaza de Veracruz, a los heroicos defensores de ella y a sus autoridades políticas. 'Nos cabe el mayor sentimiento al verlos marchar de esta ciudad: pero al mismo tiempo nos mueve la más dulce satisfacción en expresarles toda nuestra admiración por el comportamiento tan heroico que han tenido en todo el tiempo del bombardeo, veteranos y miliciados; habiéndoles visto constantemente serenos y entusiastas en sus filas, sus baluartes, sus patrullas y cuarteles, sin que ninguno de ustedes se haya desanimado a pesar de la horrible lluvia de proyectiles de toda clase, que derramaba la muerte y el incendio en toda la ciudad.

    Los hemos visto serenos y decididos en sus baluartes, sin que se por la falta de víveres, de sueldos y de pertrechos; los hemos visto cuidando la seguridad de las casas con pausas que andaban constantemente en las calles, en momentos en que los proyectiles, los mas destructores, se cruzaban en todas direcciones; los hemos visto, en fin, apagando incendios y protegiendo las propiedades de los particulares.

    Pueden marchar con la dulce satisfacción de haber hecho los mayores es que muy pocas guarniciones hubieran hecho; los hemos visto, en fin, impávidos durante setenta y dos horas de bombardeo, sin que alguno hubiese abandonado su punto.

    A las autoridades políticas debemos también el buen orden y los auxilios que se han dado oportunamente a los heridos y enfermos y a los necesitados, a pesar de los peligros tan grandes que corrían en todas partes. La policía ha redoblado su vigilancia y evitado toda clase de desordenes, inevitables, sin embargo, en semejantes circunstancias. A los médicos y practicantes de los hospitales los hemos visto constanteniente ocupados de sus heridos, sin abandonar el puesto, a pesar de que muchas bombas les arrebataron a menudo los enfermos.

    Todos, desde el comandante general hasta el último soldado, nos han llenado de admiración por su heroico componente, y todos pueden marchar con la dulce satisfacción de dejar aquí muchos testigos de su ilustración, de su heroicidad y de su humanidad.

    Deseamos que este testimonio les sirva de consuelo, para que les acompañe un recuerdo de tantos amigos que los aprecian y los estiman no sólo por sus antiguas relaciones, pero por su noble y brillante conducta.

    Veracruz, marzo 28 de 1847; Roberto H. Farrant.- H. V. Galice.- J. B. Sisos.- R. H. Dillon.- J. Glalce.- H. Courade.- Pedro Liar.- J. Gaudi.-vicentePlande.-EugenioChateauneutf -P.Palhoussie.-A.Perisse.-H. Cappy.- Abrahani Perret.- I. Guillaurnon.- P. Conte.- Urbano Lasepas.-Carlos Binchers.- H. J-lopestendt.- Pedro A. del Valle.- Juan Domingo ayn.- Eduardo Strybos.- F. Lubbren.- C. J. Celis.- H. Paklam.- Carlos M Helm.- C. Hauschild.- A. Blesterfeld.- G. Macculloc.- F. Bromer.- J. Garruste.- Juan Bell.- Guillermo Busin.- Carlos Bestterfield.- M. Glgnous.-I. LoubetG.-H.Haas.-P.Fonchard.-Bonifacio Pérez Valdés.- Vemurguia. Campos y Mendivil.- C. F .Rudolph.- Domingo Peirano.- R. Richardy Louis.-P. St. Martin.-J. A. Mendizábal.-J. N. desevilla.- J.J. Sirnbrelo.- A. Johanet.- G. Ellenghause.- José Antonio' Thomas Femando Formento.- Liús Weitheimber.- JuanLahitte.-Pedro Vignoller.- Juan Peinmo Capaing.- Leon Mirviello.- Toussaint Fils.-

    Cuarta epopeya

    El último drama que arrostró heroicamente Veracruz fue el 21 y el 22 de abril de 1914, cuando aún ocupaba la presidencia de la República el usurpador Victoriano Huerta, de triste memoria, A las once y media de la mañana de 1921, despegaron varios botes del crucero Praire, y simultáneamente las tropas 'invasoras, que vestían de kaki amarillo y sombrero texano, se apoderaron por sorpresa del castillo, que apenas si contaba con un destacamento de unos setenta hombres para vigilar a los presos allí confinados, entre los que había destacados políticos maderistas, y en seguida hicieron lo mismo con el muelle Porfirio Díaz. La escuadra yanqui estaba mandada por el almirante Fletcher y a la cabeza de los asaltantes se puso el general Roberto Funston. El comandante militar de la plaza, general Gustavo A. Mass, escapó una hora antes en su automóvil Fiat, rumbo a Tejería, dejando la ciudad abandonada a sus propias fuerzas. En tan angustiosas condiciones se organizó rápidamente la defensa, que estuvo a cargo de cuerpos como elementos dispersos del 19 batallón de línea; numerosos voluntarios que había instruido militarmente el patriota coronel don Manuel Contreras; los artilleros de la batería fija ubicada frente a nuestro glorioso Colegio preparatorio, que ha recobrado su primitivo nombre de Instituto Veracruzano; y súbditos españoles que espontáneamente ofrecieron sus valiosos servicios. Entre los artilleros estaba el héroe José Azueta quien manejó valientemente su ametralladora hasta caer acribillado por las balas enemigas.

    Avanzaron los norteamericanos hasta la estación terminal, para ocupar inmediatamente el edificio de correos y telégrafos. Y desde ese mismo instante comenzó un nutrido tiroteo, en que podía escucharse el horrible estrépito de las ametralladoras. A la vez, dispararon sus poderosos cañones de largo alcance gigantescos acorazados a los que vino a reforzar por la tarde el crucero Chester, que fue el que mayores daños causó al edificio de la heroica Escuela Naval Militar, cuyos cadetes defendieron bizarramente su plantel, muriendo uno de ellos, Virgilio Uribe, cuyo nombre fue puesto después a uno de los guardacostas de la armada nacional. También estuvieron el comodoro Manuel Azueta, quien era el encargado de la defensa heroica del fuerte, y su hijo el teniente José Azueta, quien se situó en la esquina de su cuartel, cerca de una fábrica de hielo. Fue llevado al consultorio del eminente cirujano doctor don Rafael Cuervo para ser atendido de urgencia, y allí se le trasladó a la casa de su familia, situada en la calle de Emparan.

    Falleció a los dos días y todo Veracruz, pasado ya el horror del combate, marchó silenciosamente detrás del féretro sobre el cual se había colocado la enseña tricolor.

    En el portal de San Javier sucumbió gloriosamente el cadete Jorge Alacio Pérez, y a una cuadra de distancia también perdió la vida el humilde patriota carpintero Andrés Montes. Sedientos, atenaceados por el hambre, acosados por el enemigo y ayudados por sus propias mujeres que dieron un alto ejemplo de abnegación, pues ellas mismas les cargaban los fusiles o restañaban con sus rebosos la sangre que brotaba de sus heridas, pelearon encarnizadamente como buenos mexicanos, los oscuros e ignorados soldados del 19' batallón. con el bravo teniente coronel Albino Cerrillo a la cabeza. Digna de mención es igualmente la patriota actitud de don Alejandro Sánchez y de varios comerciantes hispanos, que se enfrentaron al enemigo con la misma valentía.

    Nueve largos meses sufrió Veracruz la ocupación de las fuerzas norte americanas , repartidas en todos los edificios públicos, en los cuarteles, en planteles de enseñanza y hasta en centros recreativos, como el Casino Veracruzano. Por fin el 22 de noviembre de aquel trágico año de 1914, se reembarcaron los invasores en los poderosos buques de su escuadra, a la vez, que hacían su entrada a la sufrida y noble ciudad, por el rumbo de los cocos y en medio del delirante regocijo de los jarochos, los generales revolucionarios Heriberto Jara y Cándido Aguilar, como una avanzada de las fuerzas constitucionalistas que reconocían como primer jefe a don Venustiano Carranza, el preclaro Barón de Cuatro Ciénegas.

    Los héroes civiles, que estuvieron en la defensa de 1914 son: pedagogo Delfino Valenzuela, María Malard, Carmen Huerta, Constantino Cruz, Héctor Ortiz, Humberto Scheleske, Ernestina Tiburcio, María Esperanza Toff, Pablo Lwnothe y Abraham Morteo, profesores de primaria que en 1914 rechazaron toda participación administrativa y económica por los invasores norte-americanos y estimularon a los niños y jóvenes con cátedra al servicio educativo del pueblo de Veracruz.

    Veracruz Cuatro Veces Heroica Pág 35

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