Cronología de la retórica

Teoría de la literatura. Retórica clásica. Córax. Sofistas. Gorgias. Isócrates. Platón. Aristóteles. Cicerón. Quintiliano. San Agustín

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Introducción.

A grandes rasgos se puede afirmar que la retórica es el arte que estudia y emplea el lenguaje con fines persuasivos. Parte de la idea de que para convencer a alguien de algo no es lo mismo decir las cosas de una forma que de otra; no basta con decir la verdad, tiene que parecer que se dice la verdad. Aquí entra en juego el concepto de verosimilitud, concepto que marca un antes y un después en la retórica griega, un aristotelismo y un platonismo, de los que hablaré más adelante.

El ensayo que presento es una descripción de los movimientos y trabajos retóricos más importantes en la época clásica, a saber, entre el año V a.C. y el V d.C. He intentado hacer un retrato de lo que fue la retórica y la crítica retórica (sobre todo en Cicerón) basándome en la ordenación cronológica de la obra de Murphy (1983), ordenación que, por otra parte, se repite en la de Carmen Bobes y otros (1995). El espacio que he reservado a mi interpretación apenas se reduce a esta introducción, a comentarios aislados y en notas al pie puesto que la investigación histórica queda lejos de lo que yo puedo hacer desde mis conocimientos actuales. No obstante, incluyo un eje cronológico que he ido construyendo a la par que el trabajo y que me ha servido para hacerme una idea de las interacciones entre los diferentes tratados de retórica dentro de su contexto cultural.

Los orígenes.

Según la antigua tradición que recogen Aristóteles, Ciceron y Quintilano, la retórica fue inventada por Córax, un habitante de la ciudad de Siracusa, hacia el año 476 antes de Cristo. Córax ideó un método de debate cuando se hizo necesario establecer las actuaciones judiciales en los procesos relacionados con las propiedades que eran confiscadas por los tiranos. Hay otra versión que dice que Córax empleó este nuevo arte en las asambleas políticas, no en los tribunales. Córax fue conocido por sobre todo por su doctrina de la <<probabilidad general>> que dice que de dos proposiciones una es más probable que sea cierta que la otra. Un ejemplo de cómo funciona esta doctrina de la <<probabilidad general>> es el pequeño extracto (en la contraportada de este trabajo) de un proceso judicial entre Córax y Tisias en el que el primero le exigía al segundo que le pagará sus clases de retórica.

Aunque Córax y Tisias son importantes, no debemos olvidarnos de los principales transmisores de las doctrinas retóricas en sus inicios, los sofistas.

Los sofistas.

Sofista significa literalmente portador de la verdad aunque, por su oposición dentro de la retórica, al punto de vista de Platón y Aristóteles y teniendo en cuenta el papel que jugaron alrededor del siglo V a. C. como transmisores del arte retórico merecen una explicación más amplia y precisa.

Se distinguen tres grados o grupos de sofistas:

1º.- Los sabios que transforman su sabiduría en leyes

2º.- Los estadistas, que aplican el saber a asuntos prácticos.

3º.- Los que tratan de enseñar a transmitir sabiduría o elocuencia.

Algunos sofistas emprendieron la tarea de enseñar la sabiduría (como Sócrates) o la elocuencia misma (como Gorgias) o una práctica combinación de ambas (como Isócrates). Como resultado de algunos excesos cometidos por maestros de la oratoria, como Protágoras y Gorgias, el término sofista adquirió un significado peyorativo. No obstante son precisamente Gorgias, Isócrates y Platón, las tres mayores aportaciones a la retórica clásica previas a Aristóteles.

Gorgias.

Gorgias dijo que la poesía es prosa con metro y ello se hace patente en sus fragmentos de prosa con numerosas figuras retóricas como es el comienzo del Elogio de Elena. En él se identifican figuras como el isocolon (miembros de la frase de igual longitud), el parison (paralelismo sintáctico), el paroemoeon (aliteración), el homoeoteleuton (semejanza entre dos palabras en el discurso), etc. Que forman parte del repertorio de figuras clasificadas por primera vez por Gorgias, y otras figuras ya apuntadas previamente (quiasmo, zeugma, etc.).

La obsesión de Gorgias en utilizar los sonidos para conseguir esta o aquella reacción en el oyente, aunque puede ser monótona, supone un paso adelante en la creciente preocupación de los griegos por teorizar acerca del discurso y sobre su capacidad persuasiva.

Isócrates.

Hizo de la retórica una asignatura básica en los planes educativos griegos de la época. Para él un buen orador, debía tener tres características; habilidad natural, práctica o experiencia y educación y añade que la habilidad natural precede a todas las demás. En su esfuerzo por crear un estilo prosístico y esencialmente artístico, Isócrates, popularizó la oración periódica. El fin del estilo periódico es aunar y poner en consonancia las expectativas lógicas de los miembros del auditorio. Proporcionando fragmentos de información esperaba crear una incertidumbre que se hiciera común a todos y que es equivalente a la tensión que Gorgias trataba de crear con los sonidos.

Isócrates rechazó a los sofistas y aunque abogaba por una cultura helénica basada en la racionalidad, creyó que el fin de esa cultura debía estar en la dimensión práctica y no en la dimensión intelectual como tal.

Platón.

Dejando de lado las decisivas aportaciones de Platón al mundo de la filosofía, destaca por el desarrollo que dio al método dialogado del discurso y por sus dos teorías sobre el valor de la retórica.

El dialogo socrático es una exposición en forma de conversación en el que Sócrates hace preguntas a un personaje importante de la época de manera que ambos exponen no sólo sus puntos de vista sino también su mismo estilo oratorio. Por ejemplo, en Protágoras, Sócrates, que es con quien se identifica Platón, bombardea con preguntas al sofista. Dice Murphy, citando a Lane Cooper, que los diálogos tienen cuatro partes;

1.- El argumento o desarrollo del conjunto.

2.- Los agentes en su aspecto moral (éthos).

3.- Los aspectos de razonamiento en los agentes (dianóia).

4.- su estilo o dicción (léxis)

El método dialogado está basado en el uso de la antítesis, o sea, proposiciones contradictorias para mostrar la necesidad de elegir entre una y otra.

Como he dicho antes, Platón defendió dos posturas acerca de la retórica. En la primera ataca furiosamente a la retórica, en sus primeros diálogos; Protágoras y Gorgias. En Gorgias sostiene que

  • La retórica es un simple truco para producir placer y satisfacción en el auditorio; una especie de adulación.

  • Tener el poder de mover las mentes de los hombres, es un mal, ya que a menudo se vale de la ignorancia de los oyentes.

  • La retórica no es un arte, sólo un instrumento como el saber nadar o cocinar.

  • Los maestros que saben de retórica dicen que un hombre que sabe de retórica será por ello virtuoso.

La otra postura que defendió, en el Fedro es contraria a la primera. Elogia a la retórica a la que define como el arte de ganarse o de encantar el alma por medio del discurso.

Se dice que los tres libros de la Retórica de Aristóteles son en la práctica un Fedro desarrollado. Platón anima a que se estudie no sólo el alma humana sino también los detalles de los argumentos, los tipos de lenguaje y los modos de exposición del discurso. Platón no proporcionó demasiados consejos prácticos, fue su discípulo, Aristóteles, el que mejor y más profundamente analizó el tema.

Aristóteles.

Aristóteles tomó como base las ideas de Platón pero difirió de él en muchos aspectos. Por ejemplo, rechazó la concepción de la retórica como un arte meramente empírico y de adulación política. Partiendo de la concepción de que la retórica debía contar también con los contenidos, planteó dos problemas; primero que la retórica carece de contenido propio y después que es capaz de defender al mismo tiempo dos opiniones opuestas sobre cualquier tema. Para evitar esta ambigüedad, la retórica debía basarse en la verdad, como la filosofía, pero no limitarse a ella, pues además debía tener en cuenta de un modo central a la persona a la que iba dirigido el discurso.

La obra de Murphy es muy esquemática en lo que a la Retórica se refiere y aún así, esta ocupa casi la mitad de su obra. A continuación, me dispongo a resaltar los puntos que me parecen cruciales en el estudio de Murphy.

Aristóteles define la retórica como la facultad de ver en cualquier situación los medios de persuasión disponibles. La retórica, como la medicina, no fracasa si no se consigue convencer al auditorio o si muere el enfermo; fracasa si no se encuentran y utilizan todos los medios disponibles para llegar a un exitoso fin.

Las pruebas son artísticas y no artísticas; las primeras aportadas por los hombres mientras que en las segundas el hombre sale en su búsqueda y las encuentra. Esta diferenciación parece el primer intento por separar lo que hoy llamamos argumentación de las pruebas objetivas. Las segundas pueden ser de tres tipos; éticas (ethos), que garantizan el buen carácter del orador para establecer su credibilidad, psicológicas (pathos), que llevan al oyente a un estado de ánimo dispuesto a aceptar los argumentos del orador y lógicas (logos), que configuran un caso o parecen configurarlo. Según esta división se ve cómo la retórica desde el punto de vista de Aristóteles estudia por un lado las pruebas probables (dialéctica) y por otro el carácter del hombre (ética).

Los instrumentos de la prueba lógica son el entimema y el ejemplo. El entimema es un argumento derivado de las premisas o de los signos. Las premisas son principios probables y los signos pueden ser infalibles (que constituyen formalmente argumentos válidos) o falibles. Por otra parte, los entimemas pueden proceder de premisas específicas de un campo del saber o pueden proceder de premisas comunes a todos los campos. Se supone que sólo las premisas comunes son parte del estudio retórico pero, como la mayoría de los entimemas se basan en premisas específicas, es necesario darles un tratamiento popular.

Aquí llega Aristóteles a las clases de oyentes y de discurso. Me parece muy ilustrativo el cuadro que presenta Murphy (que es el mismo esquema que hemos estudiado este curso, extraído directamente de ideas Aristotélicas):

Clase de discurso

Clase de oyente

Tiempo

Fines

Medios

Forense

Juez

Pasado

Lo justo e injusto

Acusación y defensa

Deliberativo

Juez

Futuro

Lo ventajoso y lo desventajoso

Persuasión y disuasión

Epidíctico

Espectador

Presente

Lo noble y lo vergonzoso

Elogio y censura

Como ya he dicho, un entimema es un término técnico aristotélico que designa el argumento que se deduce de las premisas. Habitualmente, los entimemas se pueden enunciar en forma de un silogismo válido, con dos premisas y una conclusión compuesta por los tres términos correctamente distribuidos. Algunos entimemas empleados en los discursos pueden resultar sin valor cuando se presentan como silogismos; éstos pueden ser rebatidos con facilidad. Aristóteles recomienda determinar si un argumento es silogístico o asilogístico con el fin de encontrar una clave con la que rebatirlo.

A esto le sigue una enumeración de los tres tipos de discursos y las premisas que son útiles en cada tipo de discurso. Primeramente habla de las premisas que son válidas para las tres clases de discurso y después pasa a enumerar las premisas disponibles para cada uno de los tres discursos particulares.

  • Premisas.

En los discursos deliberativos hay premisas para probar aquello que conduce a la felicidad; para probar que una cosa es un bien; que algo es un bien mayor o menor que otro y premisas derivadas de los objetivos de las distintas clases de discurso. En los discursos epidícticos, lógicamente, lo que toma mayor valor es la demostración de la nobleza de una persona o cosa. Por ello, las premisas se centran en encontrar la virtud (por que es noble por ser previamente buena y digna de elogio) que está formada por la justicia, la fortaleza, la templanza, la magnificencia, la generosidad, la liberalidad, el sentido común y la sabiduría. Por último, en el discurso forense (aquel centrado en las responsabilidades de los delitos), son importantes las premisas que demuestran si una acción es o no es un crimen; si un hombre tiene o no un motivo; si la mente del delincuente se encontraba en un estado criminal; si ciertas personas son probables víctimas y las situaciones que se derivan; si un acto es o no contrario a la ley; premisas para mostrar la gravedad o no de los delitos; premisas para interpretar las pruebas no artísticas, para las leyes; premisas para los testigos; para los contratos; para las torturas (testimonio obtenido mediante torturas) y para los juramentos.

Platón acusaba en el Gorgias a la retórica de enseñar a los hombres a elegir entre las distintas opciones con el único propósito de aumentar el placer y reducir al mínimo el dolor, que el bien no es nunca el fin de la retórica. Aristóteles afronta esta acusación arguyendo que no es simplemente una cuestión de placer o de dolor. El bien no es aquello a lo que tiende un animal irracional sino aquello que busca un ser dotado de inteligencia. La elección racional es un concepto clave en la teoría ética de Aristóteles.

Sigue luego estudiando las premisas para las pasiones humanas, los caracteres de los constituyentes de un proceso retórico:

1.- Fijar el carácter del orador. Un orador parecerá digno de fiar si muestra buen juicio, buena voluntad y buen carácter moral.

2.- Llevar a los oyentes a un cierto estado pasional. El orador debe saber qué pasiones van acompañadas de placer y cuales de dolor, qué hombres las sienten, contra quiénes las sienten y en qué situaciones. Por ejemplo, la ira es un deseo de venganza acompañado de dolor pero también acompañado de placer puesto que la representación de la venganza es agradable. Así mismo, habla de premisas para estado de serenidad, amistad, enemistad, temor, confianza, vergüenza, benevolencia, ingratitud, piedad, indignación, envidia y emulación (que es a los hombres nobles lo que la envidia a los hombres de baja condición).

3.- Para adaptarse a las diversas edades y fortunas de los hombres. En lo que a edades se refiere hay tres divisiones; los hombres jóvenes, que sienten los deseos de un modo más intenso y son más crédulos que los demás grupos, los hombres viejos, que tienen un carácter opuesto a los anteriores, y los hombres en la plenitud de la vida, cuyo carácter está a medio camino entre el de unos y otros. La fortuna de los hombres la ordena en torno a la dicotomía de los bien nacidos (ricos, poderosos, nobles de sangre y afortunados) frente a los, supongo, mal nacidos (humildes, pobres, débiles y de escasa fortuna).

Murphy afirma que la visión de Aristóteles de las pasiones humanas es muy intelectualizada puesto que para llegar a un estado de ánimo determinado, el oyente habrá de formarse una imagen muy específica de sí mismo con respecto a los acontecimientos externos a él. Por este mismo motivo, a mi me parece una visión demasiado sintética, incluso simple, no sólo de las pasiones humanas sino también de los tipos de hombre. No obstante, Murphy ve una gran ventaja en esta visión; que permite una fusión completa de las pruebas psicológicas con las lógicas.

Aristóteles concluye el estudio de las premisas esenciales con aquellas que son comunes a todas las esferas, clases de discursos y caracteres de los oradores. Hasta aquí la parte más extensa de la Retórica, las premisas sobre las que el orador construye sus argumentos. Aristóteles encamina su obra hacia la forma de los argumentos en cualquier obra retórica y su refutación.

  • Los argumentos.

1.- Ejemplo. Puede ser de dos clases; basado en acontecimientos reales o basado en acontecimientos ficticios.

2.- Máxima. Las máximas son afirmaciones de carácter general sobre los asuntos humanos. Sirven como conclusiones o como premisas de entimemas y se convierten en entimemas cuando van acompañadas de una razón o de una conclusión.

3.- Entimema. El entimema es una clase de silogismo. Técnicamente es un silogismo que emplea las probabilidades y los signos. Un orador no debe incluir todos los hechos en su discurso, a menos que éste sea poco convincente para su audiencia. Los entimemas pueden ser constructivos (si prueban que una conclusión es verdadera o falsa) o refutativos (si demuestran que esa conclusión no está de acuerdo con las opiniones del contrario).

Los tópicos de los que se sacan los entimemas demostrativos y los tópicos de los entimemas aparentes son los análogos retóricos de los tratados dialécticos. La enunciación completa de un tópico puede decirse que consta de tres partes; a) el nombre de la relación entre los varios términos que da lugar a los argumentos que derivan del tópico b) un modelo abstracto que se da en muchos casos para argumentar a partir del tópico y c) los ejemplos concretos. Estos tópicos darán lugar a los dos tipos de entimemas; los constructivos y los refutativos.

Un entimema aparente es un argumento que parece válido pero que no lo es. Los tópicos de los entimemas aparentes constan también de tres partes.

  • Lenguaje para la presentación de las pruebas.

Primero habla de los estilos disponibles para cualquier clase de discurso retórico y después da detalles sobre el ritmo, el período, la agudeza de estilo y los estilos para cada clase de discurso.

Dentro de las cualidades del estilo están la claridad, la propiedad, la metáfora y el símil (sus propiedades), la frigidez (es para Aristóteles los vicios de estilo como pueden ser excesos en la composición nominal, uso de vocablos arcaicos o dialectales, empleo de epítetos largos, inoportunos y frecuentes y metáforas inadecuadas), pureza, dignidad y propiedad (será apropiado si expresa los estados de ánimo, pero de una manera moderada). El objeto de este conjunto de cualidades que Aristóteles enumera es el de conseguir claridad y evitar a toda costa la ambigüedad semántica. No obstante, plantea Murphy una reflexión interesante, ni Aristóteles ni ningún otro escritor de la antigüedad se percataron de la utilidad de la ambigüedad para lograr las asociaciones racionales y emocionales tan útiles en todo discurso retórico.

En cuanto al ritmo, dice que debe ser rítmico pero no métrico. Apunta a los dactílicos, espondeicos y trocaicos como excesivamente métricos y al yámbico como excesivamente mediocre. Sin embargo, el peón, un pie de cadencia desigual (que puede consistir en un pie largo y tres cortos o en uno corto y tres largos) parece adecuado para el discurso retórico. Murphy, muy acertado, advierte que la selección que hace Aristóteles del peón sólo es adecuada para lenguas cuya fonética haga distinción entre sílabas breves y sílabas largas.

Por último cabe destacar en este apartado la separación de los discursos deliberativos y forenses, cuyo estilo es teatral, de los epidícticos que son más literarios.

  • Ordenación de las pruebas.

Las partes imprescindibles en cualquier discurso retórico son la exposición y la prueba. Si consideramos la división exordio, exposición, prueba y epílogo hay que destacar que la exposición sólo es útil en los discursos forenses, mientras que en el discurso deliberativo se puede prescindir de la exposición. Así mismo en varios tipos de discursos se puede prescindir del epílogo.

El exordio o proemio del discurso epidíctico puede ser irrelevante y por regla general se deriva de la censura o de la alabanza de los hechos. El exordio de discursos forenses es importante porque debe explicar el objeto del discurso.

En los discursos epidícticos, la exposición narrativa de los hechos debería hacerse junto con la prueba en lugar de presentarse uno detrás de otro. Lo ideal es que sea proporcionada no sólo en cuanto a rapidez sino también en cuanto a extensión.

En los discursos forenses, las pruebas constituirán la demostración si contribuyen a dejar claros cuatro puntos; que el hecho tuvo o no tuvo lugar, que causó daño, que el daño fue importante y que finalmente la acción fue criminal. En el discurso deliberativo deben demostrar si las consecuencias se producirán o no (también, si se producen, que no serán justas o que no serán significativas).

La refutación no es una parte separada de la prueba, por que se realiza con los mismos medios que el resto de las pruebas; la objeción y el silogismo.

El epílogo consta de reforzamiento de la actitud favorable hacia nuestras posiciones y desfavorable hacia nuestro adversario, amplificación de la significación de los hechos que nos son favorables, reforzamiento de los estados de ánimo que favorecen nuestro caso y recapitulación o resumen de los argumentos. La interrogación, que se considera como parte de las pruebas, recibe un valor casi de quinta parte del discurso. Este tratamiento refleja la práctica griega del discurso forense.

De Grecia a Roma.

En el espacio de tiempo que va desde la muerte de Aristóteles y la aparición de los grandes tratados romanos de retórica, esto es, entre el 322 a. C. y 90 a. C., los avances más notables en el campo de la retórica clásica tienen que ver con la codificación y sistematización. Sistematizar los conocimientos creados hasta entonces fue la actividad principal de la biblioteca de Alejandría. Los alejandrinos no produjeron más obra retórica importante que Rhetorica ad Alexandrum que refleja la actitud sistematizadora de la época. Esta obra habla de los tres tipos de discurso (deliberativo, epidíctico y forense), la importancia del interrogatorio, los elementos comunes a todas las ramas de la oratoria y las pruebas. Además hace un compendio de los métodos de anticipación, persuasión, vituperio, acusación-defensa e interrogación.

Existieron otros retóricos griegos durante este periodo pero sus obras no nos han llegado, los sabemos gracias a las referencias que aparecen en las obras de Cicerón y Quintiliano. La retórica griega apareció en la Roma republicana a mediados del s. II a.C. Los profesores de retórica eran griegos hasta que en el año 161 a.C. y de nuevo en el 91 a.C. fueron expulsados de Roma. El más importante retórico griego de esta época es Hermágoras de Temnos. Con su doctrina de la stasis, reconstruida por estudiosos, influyó en las ideas romanas acerca de la invención hasta el punto que representa el eslabón entre la teoría retórica griega y la teoría retórica romana.

Roma.

La primera teoría retórica romana importante es la anónima Rhetorica ad Herennium (90 a.C.). Hace un estudio detallado de las sesenta y cuatro figuras de discurso y pensamiento que sirven para añadir dignitas al lenguaje. Las facultades que se consideran importantes para el orador en este tratado son: invención, ordenación, estilo, memoria y pronunciación.

Cicerón.

Cicerón aprendió que el arte de la oratoria consistía en 5 partes distintas; invención, ordenación, estilo, memoria y pronunciación.

  • Invención: Los retóricos se valían de un modo especial de la doctrina stásica y del método tópico.

  • Ordenación: Había que aprender que cada discurso tenía un número fijo de partes y la función específica de cada parte.

  • Estilo: Consiste en la selección de las palabras y construcción de oraciones atendiendo a las cuatro virtudes; claridad, corrección, propiedad y belleza estilística. Los modelos intuitivos de estilo que los retóricos distinguían eran estilo sublime, templado y sencillo.

  • Memoria: Como su nombre indica consiste en la memorización o bien del texto escrito integralmente o bien del orden de los argumentos y lo esencial de cada prueba.

  • Pronunciación: Aunque las escuelas retóricas daban abundantes reglas para presentar el discurso de la manera más correcta posible, aspectos del lenguaje corporal como facciones, articulación o movimiento eran consideradas básicas.

La retórica romana proporcionaba reglas para todos los géneros de la oratoria, pero la principal preocupación de los libros de texto era la disertación legal. Cicerón se ocupó de este tema en De inventione. No obstante Murphy explica que el tratamiento que Cicerón hace de los tipos de argumentación es confuso, aunque defiende el libro diciendo que la obra nos permite entender el carácter general que tenía la enseñanza en el s. I a.C. al mismo tiempo que podemos apreciar la riqueza de la madurez investigadora de Cicerón contrastando el contenido y la forma de De inventione con la perfección artística y profundidad del De oratore.

Treinta años después de publicar De inventione, Cicerón publica De oratore. Tras este libro se encuentra la experiencia de decenas y decenas de procesos legales. Los métodos de enseñanza descritos en De inventione quedan relegados en esta obra a segundo plano. Parece que Cicerón opta por no dejar todo el peso de la formación retórica de un orador en la teoría retórica. Cicerón dice:

Él necesitará conocer la ley civil y la historia. Debe tener sentido del humor y penetración psicológica que le permitan enojar o conmover al juez. Debe ser capaz de pasar de lo particular a lo general, ver en cada caso individual la aplicación de la ley universal. Debe acomodar sus discursos a las ocasiones y a las personas; sus comienzos deben estar llenos de tacto; los enunciados de los hechos, claros; sus pruebas, convincentes; sus refutaciones, mordaces; y sus peroraciones, vehementes.

P. MacKendrick, <<Cicero´s Ideal Orator>>, Classical Journal, 43

El orador debe experimentar y sentir de hecho las emociones que intenta suscitar. El ingenio y el humor se consideran armas imprescindibles en el abogado.

Cicerón formaba parte de los llamados áticos, cuyas principales características era la escasa atención al lenguaje adornado o rítmico. El estilo de los asiáticos, en el extremo contrario, se centraba en asegurarse la atención del público mediante bellas y abundantes imágenes o mediante composición epigramática. La acusación de excesiva pomposidad (estilo asiático) dirigida hacia Cicerón le obligó a contestar con el Brutus. La obra Brutus es un sumario crítico de doscientos oradores que son evaluados de acuerdo a los cinco criterios oratorios ciceronianos.

El último ensayo de Cicerón relacionado con la retórica es Tópica, los tópicos, escrito en el año 44 a.C. Cicerón, tomando como base gran parte del catálogo que Aristóteles hizo de los tópicos entimemáticos trata de fusionar los conceptos de invención filosófica e invención retórica.

En conclusión, para Cicerón el ideal de orador era el de un hombre instruido, filósofo y estadista, al mismo tiempo que empleaba la retórica para moldear la opinión de las gentes.

Cicerón murió asesinado en el año 43 a.C. por orden de Marco Antonio.

Quintiliano.

Quintiliano nació a mediados del s. I d.C., siglo en el que la oratoria comenzaba su declive pero en el que, a la vez, se consideraba la asignatura más importante del programa educativo romano. Institutio Oratoria es la única obra que nos ha llegado de Quintiliano y estudia en un doble plano los aspectos teóricos y educativos de la retórica. Para él lo más importante en un orador es que sea un hombre bueno, esto es, que no sólo posea actitudes excepcionales para el discurso, sino también todas las cualidades del alma. La característica más importante de la Institutio Oratoria es la importancia que se le da a la moral. Es posible que ese hincapié que hacía en la importancia de la moralidad fuera su reacción a la inmoralidad imperante en la política y sociedad de su tiempo.

Como ya he dicho la contribución más original de Quintiliano a la teoría de la educación retórica es su doctrina acerca del hombre bueno. Quintiliano pretende inculcar en sus alumnos una finalidad moral renovadora, recuperar la elocuencia que había jugado un papel tan importante en la retórica previa.

Quintiliano afirma que ningún hombre que no sea bueno puede hablar bien. Cada vez que utiliza la expresión hombre bueno alude siempre a la excelencia fundamentalmente humana y romana en el arte de gobernar:

No obstante deseo que ese, cuyo carácter estoy buscando moldear, debería ser un hombre sabio en el sentido romano, es decir, alguien que se revele como un verdadero hombre de estado, no en las discusiones propias del estudio, sino en la práctica real y en la experiencia de la vida.

Quintiliano, XII, 2, 7.

La segunda sofística.

Ya desde la Institutio Oratoria de Quintiliano y hasta la caída del imperio romano en el año 410 d.C. el declive de las dictaduras de los distintos emperadores que se sucedían uno tras otro mostraba una incipiente supresión de libertades. A este periodo se le suele llamar Segunda Sofística. Como en el clima político y social, en la oratoria dejaba de importar el tema a tratar y se centraba la atención en la forma; la elocuencia, la capacidad de hablar agradando, constituía en si misma una meta a la que aspirar.

Aunque esta Segunda Sofística, dentro de la que se puede incluir a Quintiliano, no diera grandes obras sobre retórica se debe destacar una pequeña obra anónima cuya autoría se le atribuyó durante un largo periodo de tiempo a un tal Dionisio Longino. A él nos referimos como pseudo-Longino y la obra es De lo sublime. La obra de pseudo-Longino insiste en que la capacidad de formar grandes ideas debe ir unida al estilo artístico para lograr excelencia o elevación (lo sublime, que es elevarse sobre el nivel normal del discurso o la escritura). Por tanto, las figuras retóricas no deben emplearse como mecanismos de embellecimiento de lo que se dice, sino que deben formar una estructura sólida dentro de la composición, de tal forma que el arte oculte al arte.

Teniendo en cuenta la importancia de la forma por encima incluso de la del contenido durante la Segunda Sofística no es de extrañar que las gramáticas adquirieran una gran importancia. En este punto son destacables el texto de gramática latina de Donato publicado a mediados del s. IV. A partir de esta gramática de Donato los gramáticos se hacen cargo de todas las figuras retóricas y tropos (hasta entonces de las más complicadas se ocupaban los retóricos).

También es importante en este campo Prisciano y sus Institutiones grammaticae

San Agustín.

Y finalmente, Murphy apunta a San Agustín como el puente entre el mundo de la retórica clásica y la medieval. De doctrina christiana es su tratado y fue publicado en 426. San Agustín defiende la idea de que la Iglesia debería hacer uso de la retórica de Cicerón para transmitir su mensaje por medio de la predicación y de la educación. La retórica que San Agustín defiende es ciceroniana pero su concepto, por ejemplo, del signo comunicativo se basa en la teología cristiana más que en el estudio de los autores antiguos.

Bibliografía.

MURPHY, James J., Sinopsis histórica de la retórica clásica, Madrid, Gredos, 1989.

BOBES, Carmen, BAAMONDE, Gloria, CUETO, Magdalena, FRECHILLA, Emilio y MARFUL, Inés, Historia de la Teoría literaria I. La antigüedad grecolatina, Madrid, Gredos, 1995.

ASENSI, Manuel, Historia de la Teoría de la Literatura (Desde los inicios hasta el siglo XX), Valencia, Tirant lo Blanch, 1998.

Nueva Enciclopedia Larousse, Planeta, 1984.

Diccionario de la R.A.E., www.rae.es

Versión que sostiene Asensi Pérez (1998).

En una oración periódica el suspense se mantiene mediante el uso de varias figuras oracionales hasta que el significado de la oración en su conjunto queda completado con el clímax. Hay otro tipo de oración periódica en la que el verbo es lo único importante que se retiene hasta el final.

Platón reconoció que el método dialéctico podía con facilidad ser utilizado y comenta varias veces que los hombres razonables debían ser advertidos del peligro que corren de convertirse en individuos abiertamente polémicos (erísticos) por abusar de él.

Introduce aquí el concepto de que el alma tiende a encontrar su equilibrio haciendo cosas placenteras, agradables. El motivo del delito suele ser más placentero (entiéndase el significado aristotélico) que conveniente.

Por ejemplo, en los juramentos, el último tipo de premisas al que apunta Murphy, si juramos que decimos la verdad afirmaremos que ello prueba la seguridad que tenemos en nuestro caso; si nos negamos a jurar, diremos que cualquier hombre deshonesto juraría enseguida, etc.

Signo es cualquier característica cuya presencia implica alguna otra característica. Por ejemplo, obrar secretamente es signo de falta de honestidad.

Tópico; lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmula o cliché fijo y que es admitido en esquemas formales o conceptuales de los que se sirvieron los escritores con frecuencia.

En los tribunales de la Grecia antigua los testigos intervenían mediante una declaración; era el adversario u oponente al que se interrogaba una vez concluido el argumento en un esfuerzo por llevarle a admitir la prueba por su propia boca. Por el contrario, en los tribunales modernos los testigos son interrogados para sentar las bases del argumento en el resumen final.

Procedimiento para determinar las cuestiones más relevantes, era un concepto corriente para los retóricos romanos.

Había dos clases de procedimientos tópicos; el método tópico material, que eran cuestiones que el orador podía preguntar para asegurar la investigación completa del caso, y el método tópico formal, que ponía de relieve las relaciones existentes entre los acontecimientos y las afirmaciones acerca de esos acontecimientos

Pensamiento de cualquier género, expresado con brevedad y agudeza. Definición del diccionario de la R.A.E.

Quintiliano escribió su tratado durante el reinado de Domiciano. El emperador mantuvo a Roma en un estado de tensión insostenible, con una policía secreta muy activa. Este estado de tensión desembocó en su asesinato.

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