Crónica de una muerte anunciada; Gabriel García Márquez

Literatura hispanoamericana contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Escritores hispanoamericanos. Realismo mágico. Estructura de la novela

  • Enviado por: Izaskun
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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“Crónica de una muerte anunciada”

2- CRÓNICA LITERARIA Y PERSPECTIVISMO

Crónica literaria: mezcla de realidad y ficción.

Perspectivismo: distintos puntos de vista.

“Crónica de una muerte anunciada”, es una novela con características de crónica, es decir, mezcla la realidad con la ficción.

Por un lado, se presenta como una verdadera crónica periodística que se relata con detalle; en la que se recogen entrevistas y declaraciones y el narrador viaja al lugar de los hechos. La obra presenta un estilo lingüístico propio de la información periodística, un lenguaje directo poco dado a las digresiones morales (ruptura de la narración para valorar).

Por otro lado, hay también una elaboración literaria muy cuidada que se observa en los siguientes rasgos:

1- “Realismo mágico”: aparición de elementos mágicos en un entorno o narración realista. La crónica se convierte así en literatura porque los hechos se mitifican, se hacen maravillosos. Por ejemplo, aparecen en la novela personajes provenientes del mundo mágico de “Cien años de soledad” así como algunas hiperbolizaciones o exageraciones propias de aquel mundo.

2- Aunque el argumento de la obra se construye sobre un hecho real, el autor ha conseguido, mediante la alteración de algunos elementos, darle un espíritu de grandiosidad o desmesura que le acercan al ámbito de la tragedia. Por ejemplo, la forma de matar a Santiago Nasar es tan atroz, que le ha obligado hacer que los asesinos fueran matarifes de cerdos.

3- En el final de la obra, los esposos separados la misma noche de bodas se reconcilian en Manaure tras las dos mil cartas escritas por Ángela Vicario. Esto convierte la historia trágica en una historia de amor con un final propio más del drama que de la tragedia.

4- Las técnicas de estructuración de la novela en distintos planos temporales, con un enfoque multiperspectivo (incompleta memoria del narrador, las cartas de su madre, el informe del juez, informe de la autopsia, testimonio de un largo número de testigos…).

En definitiva, es una novela, pero algunas de sus páginas conservan descripciones periodísticas. En la “Crónica” coinciden el periodista y el novelista; y se funden la narración objetiva y la ficción narrativa.

Desde el punto de vista de la perspectiva, desde el principio aparece un narrador en primera persona que va a dominar el relato. Muy pronto también se da al lector la que podemos llamar “situación básica” del narrador: es un cronista que ha vuelto al pueblo con intención de establecer los hechos sucedidos años atrás, hechos en los que él también participó y de los que fue testigo. Esta doble condición de narrador y personaje, le lleva al empleo de la forma autobiográfica.

Pero lo interesante es que el narrador, en su afán de reconstruir el pasado, además de su memoria personal como testigo, se sirve de varias fuentes, dándole un enfoque polivisional (sumario del juez, informe de la autopsia, las cartas de su madre, sus propios recuerdos y el testimonia de un largo número de testigos presenciales).

Este pluriperspectivismo, por otro lado, va conformando un trenzado de datos e informaciones superpuestas, de testimonios contradictorios que crean al lector una sensación de verosimilitud pero no logran despejar algunas incógnitas y ambigüedades.

Aunque hemos dicho que el punto de vista predominante en la obra es el de la primera persona; cuando el narrador se sirve de lo que sabe o recuerda de la historia, utiliza la tercera persona adoptando un punto de vista propio del narrador omnisciente. En general, en los pasajes narrativos es donde el narrador se manifiesta con cierto grado de objetividad; en cambio, en las descripciones está mucho más impregnada su subjetividad y fantasía.

3- LA FATALIDAD VISTA COMO RESULTADO DE LAS TORPEZAS HUMANAS

El título contiene todos los elementos básicos de la fatalidad. El inicio de la novela, por su parte, arranca con la anunciación de la muerte del personaje, a la que éste está condenado de antemano.

En la novela el fatum (destino), domina la historia hasta convertirla en una tragedia inevitable. Pero a diferencia de la tragedia clásica, el destino es labrado por las persistentes torpezas humanas, que confluyen todas en un mismo resultado trágico. Estas torpezas humanas son bastante variadas:

1- La obra empieza con una gran contradicción: todo el pueblo sabe que van a matar a Santiago Nasar menos él; que se presenta como una realidad de la trama (torpeza humana); por eso resulta convincente y ayuda a crear la situación trágica.

La segunda contradicción aparece cuando en una sociedad cerrada y puritana donde todos se enteran de todo, no se sepa que Ángela Vicario hubiera podido perder la virginidad con un joven del pueblo. También aparece como pura fatalidad del destino.

2- A estas contradicciones se suman ciertas ambigüedades. La obra está organizada en la ambigüedad esencial acerca de quién cometió el crimen de honor. La sensación que queda al lector es la de que Santiago Nasar fue asesinado por algo que probablemente no cometió. Pero cuando Ángela, muchos años después, revela la verdad al narrador, nadie le cree. Es aquí donde está la ambigüedad.

Junto a esta ambigüedad básica aparecen otras muchas: distintas versiones sobre el clima que se da el día de la tragedia, si la cocinera y su hija sabían o no que iban a matar a Santiago, si fueron o no al burdel los hermanos Vicario antes de cometer el crimen, si estaban o no borrachos…

3- El autor no comenta nada sobre las ambigüedades, pero si sobre las numerosas casualidades que se dan en el relato de los hechos. En otra ocasión, su comentario se lo atribuye al juez. Todas estas casualidades no son otra cosa que auténticas torpezas humanas que causarán la fatal tragedia.

4-Los habitantes del pueblo son especialmente torpes a la hora de interpretar los hechos que les rodean. Se equivocan tanto que posibilitan la tragedia.

En conclusión, parece claro que los personajes de esta novela son esclavos indefensos del fatum, que llega a realizarse a través de las múltiples torpezas que cometen los figurantes de la tragedia. Tanta equivocación, tanta casualidad, conducen inexorablemente al mal.

4- EL SENTIDO DE LA HONRA COMO DESENCADENANTE DE LA TRAGEDIA

En este sentido la obra se puede relaciones, entre otras, con muchos dramas del Siglo de Oro español, donde esta temática está vigente: “El castigo sin venganza” de Lope de Vega o “El alcalde de Zalamea” de Calderón de la Barca. El honor gira en torno a tres figuras: el ofensor, el agraviado y la mujer. Los personajes femeninos, exigen a sus padres, maridos o hermanos la reparación a que están obligados y legitimados, al tratarse de un sentimiento arraigado en toda la comunidad, para restablecer el orden de la moral colectiva. Mientras la venganza no se cumpla sobre el ofensor, la víctima es rechazada por la comunidad.

Cuando la misma noche de boda Bayardo San Román devuelve la novia a sus padres por no ser virgen, está sentenciando a alguien a muerte, pues se le va a aplicar el código de honor vigente en el pueblo. La educación recibida prepara el comportamiento posterior ante “un crimen de honor”. De hecho, los hermanos Vicario, señalados por las circunstancias para ejecutar al ofensor y a pesar de no ser hombres sedientos de venganza, mataron a Santiago Nasar por cumplir con la educación que habían recibido. Si lo asesinan es por cumplir un deber que no parece gustarles mucho. Por eso se consideran inocentes “ante Dios y ante los hombres”. Por supuesto, no se arrepintieron nunca, porque sabían que habían obrado con el código de honor reinante en el pueblo. No hay que pasar por alto que este código es también aceptado por las mujeres.

Este código del honor está tan absolutamente aceptado que nadie se pregunta porqué no tiene importancia que María Alejandrina (dueña del burdel) hubiera acabado con la virginidad de todos los jóvenes del pueblo; y por el contrario, el hecho de que Ángela Vicario la hubiese perdido tuviera fatales consecuencias.

García Márquez ha querido expresar con esta novela una crítica irónica al código de honor imperante en el pueblo de los Vicario.

5- LA ALTANERÍA DEL PERSONAJE COMO FACTOR DE APOYO

A pesar de que la honra desencadena directamente la tragedia, algunos críticos han señalado el papel que en la comisión del crimen podrían desempeñar otros factores como el de la altanería de los personajes.

Tres son los personajes en los que se puede apreciar este rasgo: Santiago Nasar, Bayardo San Román y Ángela Vicario.

Respecto del primero se puede destacar su deseo de que su boda no sea menos que la de Bayardo San Román. En cuanto a su personalidad destaca su actitud de “gavilán carnicero”con la que acosa a Divina Flor. Por último, el narrador lo enjuicia como altivo refiriéndose a Ángela Vicario (era demasiado altivo para fijarse en ella).

Al servicio de la cita inicial (“La caza de amor es de altanería”) de Gil Vicente, parece concebida en la obra la personalidad de Bayardo San Román: forastero arrollador, dominante, seguro de sí mismo, bello, culto (ingeniero de trenes y maneja el telégrafo), fuerte (vence a los mejores nadadores del pueblo) y rico.

Tan seguro está de sí mismo que nadie se le resiste. Prueba evidente son dos anécdotas iniciales. En la primera, la madre del narrador cae progresivamente en sus redes. En la segunda, el dominio de Bayardo es tal que obliga al viudo Xius a venderle su casa de gran valor sentimental pagándole un precio desorbitado a los cinco minutos de que el viudo se negara a vendérsela. Esa misma imposición la ejerce respecto a Ángela Vicario: no busca seducirla, sino cometerla. Intenta impresionarla regalándole una ortofónica (instrumento musical) que ella le devuelve, pues interpreta el gesto como de dominio.

Ángela también tiene su altanería y no se deja embaucar fácilmente. De esta forma se ve que cuando no hace caso en seguir ocultándole a su marido el hecho de que no era virgen, no lo hace por miedo, sino por una voluntad de enfrentamiento, de plantarle cara al novio. El cambio se da en ella bastante tiempo después de la boda con las dos mil cartas que le escribe a su marido. Ángela se convierte así en una garza guerrera.