Crítica

Arte. Libertad de pensamiento. Sentimientos. Artista. Crítico. Interpretación. Mercado de la crítica. Publicidad. Literatura

  • Enviado por: Edda
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
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LA CRITICA: Obra propia sobre obra ajena, enfrentada a la

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Para unificar conceptos, parto de la tradicional y aceptada definición de Crítica que da el filósofo Immanuel Kant (1724-1804), en cuanto indica que es el proceso mediante el cual la razón inicia el conocimiento de sí misma, dejando entre ver la condena de quienes no tienen fundamento para expresar ese concepto; e igualmente induce a creer que es un acto positivo, siempre y cuando garantice la legitimidad de ese uso dentro de los límites del conocimiento y las condiciones, con el fin de cotejar la validez, por ejemplo, de los criterios expresados alrededor de una obra plástica, literaria o musical, que a su vez, es fruto de otro intelecto, otra sensibilidad, otro momento, otra experiencia vital.

Lo cito, porque obedecemos a la cultura occidental basada -en gran parte- en esos conceptos hoy evolucionados pero determinantes en la filosofía antropológica; los aplico al caso colombiano -escaso pero existente- del crítico que hace uso de la palabra para calificar las artes como expresión de su interiorización sobre una obra ajena.

Enfatizaré mi punto de vista en el lenguaje de las plásticas que genera el discurso de la palabra denominado “Crítica de Arte”, por ser el tema central de la convocatoria.

Es también indispensable recordar que la belleza hace parte del ser y es consecuencia de su propia experiencia; de su conocimiento y del ambiente que viva, lejano -muchas veces- de las reglas o paradigmas que construyen los teóricos para enmarcar, clasificar y valorar una expresión, sencillamente comunicacional del ser humano ante una emoción, como consecuencia de un sentimiento, como protesta ante la injusticia….

El autor de la obra, impactado, a su vez, no solo siente goce ante el objeto o motivación creativa, sino que además, goce le produce el momento en que traduce sus emociones en notas musicales, colores, formas, expresiones literarias, instalaciones, imágenes….que no son los mismos instantes de goce del observador, el oyente o el lector cuando receptan la obra y, menos aún, el goce del tiempo posterior en que el crítico escribe su concepto como resultado de la percepción ya alejada y alterada por sus propias condiciones físicas y síquicas en que apreció y valoró al otro en su obra, desde un interior razonado, impactado positiva o negativamente, aún condicionado por distintos factores, dirigida a un público invisible, casi siempre masivo, mediatizado, indefinible, que busca explicaciones y coacta emociones ajenas por des-educación, ignorancia o prejuicio social.

POR QUÉ CREAMOS ARTE?

Sencillamente porque somos seres vivos! Porque tenemos nuestro lenguaje propio y porque somos libres de pensar y sentir, así la expresión esté cohibida por un sistema, o por cualquier otra circunstancia permanente o casual.

Freud en alguno de sus escritos reconoció la admiración por el poeta que sueña despierto, arguyendo que la escritura reemplaza el diván; que la página en blanco sustituye al psiquiatra.

Es el mismo caso, en cualquier creativo de las artes, incluyendo al instrumentista. Es decir, se necesita reconocer que nada es igual ni se repite idénticamente; que la creación es una transposición de lo que se ve, se oye, se aspira por la piel y todos los sentidos, usando signos y símbolos que integran el acto comunicacional de respuesta; igual en el crítico que vierte su expresión en palabras, en otro acto comunicacional que obedece a su propia estrategia aplicada al momento-objeto en que la pulsión de crear se enarbola -así sea en un recuerdo- para motivar, para exigir que describa lo percibido, lo traspase a otros lenguajes, con símbolos propios del constructor de la critica.

Es entonces, cuando es indispensable saber que “Cuando alguien nos refiere un sueño, no poseemos garantía ninguna de la exactitud de su relato y nada nos prueba que no lo deforma al comunicarlo o añade a él detalles imaginarios procedentes de la impresión de su recuerdo…” , escribía Freud en las “Dificultades y primeras aproximaciones” Los Sueños, aprendizaje que debemos aplicar a dos momentos creativos: el del artista con su obra y el del crítico con su escrito, levantando su obra sobre la del otro.

Entonces nos preguntamos, qué es lo real en el arte?

No es la cosa en sí (volviendo a Kant), no es la realidad copiada. Es la realidad percibida, grabada y traducida en distintos lenguajes del creador de arte o del crítico. Pero, en la crítica, lo real pertenece al orden de la palabra, es instaurado por la palabra, mientras que “la cosa en sí”, como objeto de percepción, existe por fuera de sus dominios, afirma Anibal Lenis B, en el Boletín de estudios psicoanalíticos, publicado en febrero de 1987, en el volumen 1.

Es decir: Un artista crea sobre un objeto motivacional y lo que crea está en su obra plasmada por él, fuera del objeto motivador (sea una cosa, un paisaje, un sentimiento, una emoción, una denuncia..) expresada con sus propios símbolos visuales y/o auditivos. Mientras, el crítico, a su vez, cuando construye el trabajo utilizando la palabra, crea una obra motivada en el objeto (la obra del otro), igualmente con sus propios signos, con la selección de las palabras convenientes, en su momento anímico, que tanto en uno como en el otro, no es repetible.

Por eso, es interesante la observación del psicoanálisis freudiano: no hay garantía en el relato!. que se reduce en reconocer cómo plasma cada uno, lo propio. La narrativa del artista es tan valiosa como la del paciente en el diván, dándole la misma responsabilidad e importancia al crítico, que al psicoanalista en cuanto la interpretación del sueño del otro.

EL CRITICO ES UN INTERPRETE !

Interpretar significa hallar un sentido oculto; que en el caso de las artes es meterse entre la obra, es conocer o indagar en el momento que se produjo, en el objeto que la ocasiona, en la personalidad y las alteraciones físicas o síquicas del creador, sin olvidar el aporte del instrumentista y la configuración de la literatura.

Pongo este ejemplo que en ambos casos (música y pintura), implica investigación como conocimiento del crítico: En veces, el tema para dos creadores es el mismo; en este caso una exposición de arte. Modesto Musorgsky, compositor nacido en Karevo, Rusia, en 1839, escribió una obra musical titulada “Cuadros de una exposición”, sobre 10 títulos de la exhibición de Victor Hartmann, pintor y arquitecto amigo suyo.

Aclararían los “críticos” como historiadores de la música, que “Paseo”, es el titulo del primer movimiento y corresponde al trabajo pictórico, traducido por el compositor a notas musicales, basado en un concepto popular, de ritmo marcado y acentos asimétricos, imitando a quien se pasea libremente. Y que en “El viejo castillo”, cuya escena romántica y convencional, es un trovador italiano que canta a su amada la canción que escenificada pictóricamente es ejecutada por saxofones y fagotes, dándole ambiente misterioso al pasaje musical. Entonces, cuando más, puede añadir el crítico algo sobre el adiestramiento del instrumentista, las cualidades técnicas de los músicos y del director….

El crítico de artes plásticas, tendría que buscar esas obras, ponerse frente a ellas e igualmente, optar por la erudición en el cómo pintó, con qué técnica bien o mal empleada, qué aportó al arte, qué innovo en el momento, etc. y, tratar de meterse en cada cuadro para entender la vida y el momento el pintor que a diferencia del músico deja estática su creación, para que el observador que la mire asimile con más facilidad momento emocional de la creación, frente al diferente momento emocional del observador y por consiguiente la palabra de éste será distinta a la del oyente del concierto.

El crítico de obras literarias, tampoco puede ser instintivo o emocional; no puede hacer parte de la corte amiga de la alabanza “hoy hablo bien de ti y mañana tú hablas bien de mí”, so pena de perder la categoría y alistarse en las filas del mutuo elogio. El crítico de la poética -así esté consagrada narrativamente- es el analista de cómo la personalidad del autor marcó la obra en general y en particular dónde se dibujo él mismo; es quien conociendo la biografía valora el intelecto escrito y mide las emociones transcritas desde el fondo de la vivencia.

Sin embargo, hoy que la Preceptiva literaria salió del esquema cotidiano del poeta, tampoco la debe olvidar para quienes siguen bajo su régimen. Para los demás, el dominio del lenguaje escrito, el vocabulario, el habla de la comarca, el pensamiento y actitud de los personajes, le sirven para zambullirse en el fondo del texto.

Concluyendo, en los tres casos es evidente la interpretación del lector. Y, se puede afirmar que el crítico historiador, colmado de sus vivencias, acude al estereotipo impuesto por años de crítica mediatizada; o, puede, también, ser doctrinal, memorialista, o compilador de datos biográficos respetando en cada caso las normas establecidas para aprobar o desaprobar una obra, cuando más aceptando algún rasgo evolutivo en la expresión; todo esto lo suma a su otra cara, la de crítico técnico en la redacción de la palabra, desarrollándola y aplicándola a la retórica, cuyo conocimiento exige humanismo; seguramente la mezcla es lo que hoy se requiere para ser crítico y escribir Crítica de cualquiera de las artes, lógicamente teniendo la mente abierta a lo nuevo sin descalificarlo, permitiendo que se compruebe, se experimente, se avance en la velocidad, tiempo y espacio de hoy.

Pero la verdad es que cualquiera de las estrategias para fungir de “critica”, ésta es una obra particular escrita sobre la obra del otro, tendiendo siempre en cuenta, la actualidad y el momento de concepción desde la sociología y la psicología.

Más aún, esa otra obra que constituye la crítica con la interpretación -atrevida o Nº- sobre la obra del artista, teniendo en cuenta que la imaginación de quien se expresa sobre la creatividad con palabras (el crítico), sufre la limitación y la diferencia entre los elementos cromáticos, las vibraciones…y la palabra que no es suficiente para traducir las emociones; además, todas no pueden fluir sobre la pagina en blanco que las espera; allí comienza otro proceso, la selección de la palabra precisa o más adecuada, ceñida aun espacio exclusivo por llenar. La emoción real, inmediata, espontánea, pasa por unos filtros que la distorsionan, la condicionan, conformando una obra independiente, real para el crítico, distinta en cada perceptor que, éste sí, no requiere de erudición pues busca ante todo sensaciones.

Y, qué se puede decir cuando el autor, el creador de la obra, paga por ese resultado?. En el mundo consumista la valoración cambia y queda doblemente alterada, quedando la crítica reemplazada por la curaduría que es personal, silenciosa al público, alejada de la función masiva de informar.

Cabe aquí recordar lo que registra el libro “Los espectáculos del arte” edición de Francisco Calvo Serraller, cuando narra la siguiente anécdota de Diderot ante el Salón de Arte de 1865: “He aquí, amigo mío, las ideas que me han asaltado ante los cuadros expuestos en el salón. Las reproduzco al azar, sin preocuparme ni por su orden ni por su forma. Las hay falsas y las hay verdaderas…”

EL MERCADO Y LA CRITICA

Es importante tener en cuanta, que hablamos del fenómeno “crítica” en Colombia donde como consecuencia del subdesarrollo que incluye falencias en la educación, la formación hacia las artes es casi nula; se puede resumir -casi con certeza- que la apreciación en instintiva en la mayoría de espectadores y/o oyentes. Las exposiciones, escasamente las principales, y eso en Bogotá, por ejemplo las del Museo Nacional o las de la Luis Angel Arango, son visitadas por educandos bajo parámetros coyunturales de los medios masivos y no dentro del proceso educativo en arte, ausente tanto en la en educación básica como en la universitaria, de no cruzar las carreras musical o de arte.

El cambio general hacia la apreciación cognoscitiva, sumada a la emocional, solo será posible, en la medida en que las artes se democraticen; en ese momento, el público juzgará a la crítica (si ésta subsiste) y recobrará su función social) siempre y cuando en el aprendizaje escolarizado se incluya la valoración de la obra en palabras, sobre la creación visual o auditiva.

También y en consecuencia, el día en que la critica salga del lenguaje críptico que a algunas las hace valiosas y, se comunique sencillamente, comunicacionalmente con la masa, narrándole lo que el crítico aprecia, siente, frente a una obra, dejándole a todos los demás el mismo derecho de sentir y comunicarlo sin que se coacte el derecho a la expresión, sin crear falsos dioses; todos tendremos semejanza divina, en el proceso creativo.

Por consiguiente y con mayor razón puesto que las artes plásticas hacen parte del mercado elitista que -peor aún -general y actualmente, no es un grupo privilegiado en educación y formación- sino una minoría con dinero para comprar obras pictóricas y escultóricas, como inversión casi perversa en la que el crítico queda sustituido por el comercializador, ya no existe la crítica; o también buscan un asesor en inversiones quien a su vez no se basa en la información erudita, orientadora, calificadora, biográfica y/o historiadora; se basa en la información publicitaria de los medios masivos y/o especializados de las galerías que protegen su propia venta.

Un ejemplo palpable en Colombia, que refiero como anécdota sin hacer valoración de la obra, es el fenómeno Botero a quien la publicidad mediática y la coyuntural le abrieron puertas antes imposibles. Los narcotraficantes lo “consumieron” como inversión, al igual que los capitalistas emergentes. Cuántos de los visitantes a sus exposiciones conocen qué obra es, qué momento la ocasionó, qué lo caracteriza como crítico social?. Mas bien, es la temática, como “la tortura”, la que espanta a la humanidad llamada “civilizada”, con la que se comunica de inmediato con el observador y seguramente logra en él el mismo instante de repudio que el propio, pues para ambos hay empatía en el dolor y en la injusticia, en el abuso, la indignidad.

LAS LIBERTADES RECLAMAN LAS OBRAS

Como lo expresé antes, son los principios de la libertad de expresión y de pensamiento, los que garantizan tanto la expresión de una obra artística como la de la crítica o retórica, construida con palabras que expresan una percepción ajena a la del creador, seguramente no fruto de un sueño si no de una profesión mal competida, casi inexistente en Colombia.

La reflexión principal no está en qué es y cómo se hace la crítica. Está en priorizar por encima de toda otra consideración, la libertad de crear así sea en el dolor, con el color, el sonido o la palabra con la que se siente el sentimiento en todos los rincones; un sueño sobre el rojo del deseo, un azul de esperanza, una sinfonía en la fe, reclama que los artistas se comprometan y que los críticos - sobre ese compromiso- también se proyecten en la sociedad con la palabra asignada con justicia al objeto de su propia obra.

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EL CASO DE LA LITERATURA.

Como ya se dijo, las situaciones de apreciación e interpretación son similares, no obstante ser menos frecuentes que las de artes plásticas. Casi siempre hay reseñadores y seguramente en secciones pagadas por las editoriales respectivas para publicitar a su autor.

Si hubiera crítica capacitada, reconocida por los medios masivos y se impulsaran los especializados, seguramente que encontrarían lectores-consumidores de esas secciones o revistas alternativas; los llevarían de la mano para aprender a leer a autores complejos en su contenido y filosofía oculta en la obra; los motivarían en el consumo de distintos géneros literarios y la valoración de la palabra. Les harían comprender el peso de la persona-autor en cuanto a leer “por debajo de la palabra”, es decir buscar la razón íntima que lleva al escritor a sentir y emocionarse con el estímulo que lo impulsa a crear como solución interior, como catarsis de la cotidianidad y la problemática social.

Si hubiera crítica literaria e investigadores a quienes les compraran su trabajo en esos medios de comentario literario, descubriríamos nuevos o callados valores, incluyendo la valoración de la oralidad auténtica de las comunidades especialmente negra e indígena. Esa literatura está perdida en el complejo racial colombiano y la opaca la prepotencia del blanco seudo-educado que se auto-crece ficticiamente de pertenecer a determinados círculos de figuración, que a estudiar antropológica y sociológicamente esas expresiones de la palabra. No hay críticos historiadores, para obras que recrean la historia. Lo complejo en el tema o la escritura lo aceptan por ser tal o por la misma razón lo descalifican; no argumentan técnicamente; inclusive ensayistas vacío de la mutua sociedad del elogio, rechazan la tarea académica y seria; a alguno le escuche decir antes de comenzar a leer: “para nosotros no vale la academia”.


Pero, regresando a la Crítica, lo que hay más en Colombia es la nueva profesión de “tallerista” algunos de los cuales desde las aulas cercenan la libre expresión sin tener claro (porque es indefinible) lo que es o nó poesía. La confunden con su gusto erudito o de lector consumado; al fin, “sabedores” se esconden en las reglas gramaticales y de preceptiva que han vencido noveles como Gabo y máximos escritores-pensadores como Zaramago. Esos profesores de lo imposible hubieran impedido la evolución idiomática, sin la presión internacional no los hubiera obligado a salir de la ignorancia.

Nada se puede ejercer bien, sin la vocación. Todo se puede mejorar con el conocimiento. Poco llegará a la gloria, si carece de honestidad y sabiduría.

Como dice la Tertulia Tienes la Palabra en la motivación de la “Orden del Lápiz” que en su décimo aniversario impuso a un grupo de escritoras y escritores:

“La poesía es la vida. Lo poético vive en ella. Los poemas los crea la naturaleza humana”.

Por consiguiente, el respeto a la expresión incluye la consideración de la espontaneidad, la oralidad, la cultura y la educación. Las formas culturales son el cumplimiento del Derecho Humano a la Cultura. Lo subjetivo es el derecho individual de aceptar, compartir o rechazar, sin el abuso de la descalificación y menos de la anulación de la persona humana.

La deseducación o la ignorancia, llevan al olvido de cruzar las artes. Hay Poemas sinfónicos, como género musical; pero alguien como León de Greiff escribió con su palabra poemas sinfónicos. Igualmente un pintor lo puede crear; un artista conceptual mediante una “instalación”, lo puede interpretar y comunicar.

No es necesario vivir en criterios pasados, cuando el mundo es cambiante; sin embargo, quien produzca dentro del academicismo, que se conserve y se valore allí. Pero quien quiera transmitir sus sentimientos y experiencias, jamás debe acomplejarse ante los ensayistas improvisados o personalistas o integrantes de una sociedad de elogios, dedicados exclusivamente a ejercer más la apreciación personal, la contemplación de lo ajeno en su derecho subjetivo de interpretarla, olvidando la responsabilidad de estudiar al ser humano para comprenderlo y valorarlo.

Más bien, quienes se adentran en el ser, citan, ven y valoran la expresión poética de la naturaleza y dentro de ella al ser humano.

Por ejemplo, entre los estudios más serios sobre Alvaro Mutis está el de Belén del Rocío Moreno titulado “Las cifras del azar” donde analiza la frecuencia del azar o la construcción que hace el autor de su propio azar en la obra literaria.- También está un estudio serio y profundo de Hernando Murillo titulado “Dialéctica trágica en Vargas Vila”, donde desmenuza la historia, la sociología, la personalidad y la cultura del autor.- Otro que vale la pena tener en cuenta es el de Adolfo de Francisco Zea titulado “El mundo psicológico de Kafka”, donde analiza y explica la angustia y deja entender hasta dónde la creación literaria era el vuelco de su dolor real familiar.- Y sin lugar a dudas, vale pena tener en cuanta el trabajo de ensayistas académicas como Luz Mery Giraldo, Sonia Hernández, Beatriz Osorio, a la vez que reconocer la seriedad ensayística de Enrique Santos Molano.

El aporte de la disciplina académica demuestra la necesidad interdisciplinaria de apreciar una obra de a arte, entre ellas la literatura. Si nadie rompe los cánones, no hay evolución en un mundo cambiante. Me pregunto, para qué la rigidez y el personalismo como imposiciones?

El purismo de la Academia Colombiana de la Lengua, también cambia!.- Entonces, qué hacen los solamente subjetivistas reconociendo entre ellos….?

No olvidemos que:

Son las editoriales las promotoras y cosificadoras del producto literario, haciendo del autor un objeto de exhibición bajo compromiso aceptado desde el momento en que se envía el trabajo a la convocatoria.

Pocos autores saben distinguir entre el compromiso adquirido y la farándula de la bailarina de televisión. Muchos se aferran y se convierten en sumisos del ego alterado. Inclusive editores de revistas temático-literarias. Y lo que es peor, dirigentes de eventos, por pequeños que sean.

Será siempre, el valor real del autor, el momento de la creación, el compromiso que adquiera con su vida y su época. De lo contrario, muerto el autor, desaparecida la obra puesto que la firma de libros y el marketing fueron la distinción literaria que vendió en una feria así los compradores jamás lean el libro que pasa a ser parte del menaje de la casa como un objeto decorativo.

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