Cristianismo

Teología. Origen. Cristianos. Dios. Culto. Doctrinas. Ramas. Católicos. Ortodoxos. Práctica religiosa. Enseñanzas. Jesús. Iglesia

  • Enviado por: María Elena Díaz
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 16 páginas

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EL CRISTIANISMO

HISPANOAMERICANO

RELIGIÓN

CURSO:6ª

2001

CONTENIDO

Pág.

  • Generalidades del origen de los cristianos 3

  • Dios o Dioses de esta religión 4

  • El Culto, Doctrina o creencias de esta religión

  • Las Principales ramas de esta religión

  • * Cristianos

    * Cristianos católicos

    * Cristianos octodorsos

    GENERALIDADES DEL ORIGEN DE LOS CRISTIANOS

    DIOS O DIOSES DE ESTA RELIGIÓN

    Dios: Nombre que el ser supremo, creador del universo.

    La idea de DIOS. Para los partidarios del monismo, es decir, aquellos que sólo admiten la existencia de una sustancia, ésta debe contener en sí misma su razón de ser.

    - Filosófica y Teológicamente: La idea de Dios es inseparable del estudio del fenómeno religioso. La sociedad muestra cómo, en el decurso de los tiempos, se ha constituido las diversas religiones y como a evolucionado en su concesión de la divinidad, pasando de las nociones primitivas de fuerzas ocultas, mágicas, al animismo (creencia en “espíritus” dotados de voluntad, poco personalizados), después se da el fetichismo, el cual se prolonga en el politeísmo. El resumen final es el monoteísmo.

    -Según el psicoanálisis: Desde la religión de Egipto hasta la Hebrea el monoteísmo lleva consigo la carga del asesinato del padre, la cual se traduce luego en admiración al padre, las versiones recientes colocan la religión en la fusión registro imaginario con el registro de lo real.

    CULTO, DOCTRINA O CREENCIA DE ESTA RELIGIÓN

    DOCTRINA Y PRACTICA: Una comunidad, un modo de vida, un sistema de creencias, una observancia litúrgica, una tradición; el cristianismo es todo eso y más. Cada uno de estos aspectos del cristianismo tiene afinidades con otras creencias, aunque cada una de éstas también muestra señas particulares, consecuencia de su origen y evolución. Teniendo en cuenta esto, es una ayuda, y de hecho se hace inevitable, estudiar las ideas e instituciones del cristianismo de forma comparativa, relacionándolas con las afinidades que tienen con otras religiones. Sin embargo, resulta asimismo importante el estudio de los rasgos distintivos que son exclusivos del cristianismo.

    PRINCIPALES ENSEÑANZAS: Un fenómeno tan complejo y vital como el cristianismo resulta más fácil describirlo desde una perspectiva histórica que definirlo de una forma lógica, aunque esta descripción histórica incluya concepciones interiorizadas por los creyentes y que son también características esenciales de la religión. Uno de los elementos esenciales lo constituye el protagonismo de la figura de Jesucristo. Ese protagonismo es, de uno u otro modo, el rasgo distintivo de todas las variantes históricas de la creencia y práctica del cristianismo. Los cristianos no han logrado llegar a un acuerdo sobre la comprensión ni sobre la definición de qué es lo que hace que Cristo sea tan característico y único. Desde luego, todos coinciden en que su vida y su ejemplo deberían ser seguidos y que sus enseñanzas referentes al amor y a la fraternidad deberían sentar las bases de todas las relaciones humanas. Gran parte de sus enseñanzas encuentran su equivalencia en la predicación de los rabinos, después de todo Jesús era uno de ellos, o en las enseñanzas de Sócrates y de Confucio. En las enseñanzas del cristianismo, Jesús no puede ser menos que el supremo predicador y ejemplo de vida moral, pero, para la mayoría de los cristianos, eso, por sí mismo, no hace justicia al significado de su vida y obra.

    Todas las referencias históricas que se tienen de Jesús se encuentran en los Evangelios, parte del Nuevo Testamento englobada en la Biblia. Otros libros del Nuevo Testamento resumen las creencias de la Iglesia cristiana primitiva. Tanto san Pablo como otros autores de las Sagradas Escrituras creían que Jesús fue el revelador no sólo de la vida humana en su máxima perfección, sino también de la realidad divina en sí misma. Véase también Cristología.

    El misterio fundamental del Universo, llamado de muchas formas en las distintas religiones, en palabras de Jesús se llamaba “Padre”, y por eso los cristianos llaman a Jesús, “Hijo de Dios”. En todo caso, tanto en su lenguaje como en su vida, existía una profunda intimidad con Dios y un anhelo por acceder a Él, así como la promesa de que, a través de todo lo que Jesús fue e hizo, sus seguidores podrían participar en la vida del Padre en el cielo y podrían hacerse hijos de Dios. La crucifixión y resurrección de Jesucristo, a la que los primeros cristianos se refieren cuando hablan de Él como de aquel que reconcilió a la humanidad con Dios, hicieron de la cruz el principal centro de atención de la fe y devoción cristianas, y el símbolo más importante del amor salvador de Dios Padre.

    En el Nuevo Testamento, y por lo tanto en la doctrina cristiana, este amor es el atributo más importante de Dios. Los cristianos enseñan que Dios es omnipotente en su dominio sobre todo lo que está en la tierra y en el cielo, recto a la hora de juzgar lo bueno y lo malo, se encuentra más allá del tiempo, del espacio y del cambio, pero sobre todo enseñan que “Dios es amor”. La creación del mundo a partir de la nada así como de la especie humana fueron expresiones de ese amor, como también lo fue la venida de Jesús a la Tierra. La manifestación clásica de esta confianza en el amor de Dios viene dada por las palabras de Jesús en el llamado Sermón de la Montaña: “Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” (Mat. 6,26. Los primeros cristianos descubrían en estas palabras una demostración de la privilegiada posición que tienen los hombres y las mujeres por ser hijos de un padre celestial como Él, y del lugar aún más especial que ocupa Cristo. Esa posición de excepción llevó a que las primeras generaciones de creyentes le otorgaran la misma categoría que al Padre, y a que más tarde utilizaran la expresión “el Espíritu Santo, a quien el Padre envió en el nombre de Cristo”, como parte de la fórmula que se utiliza en la administración del bautismo y en los diversos credos de los primeros siglos. Después de numerosas controversias y reflexiones, aquella expresión se transformó en la doctrina de Dios como Santísima Trinidad. Véase también Espíritu Santo.

    Desde un principio, el camino para iniciarse en el cristianismo ha sido el bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” o a veces, más simplemente, “en el nombre de Cristo”. En un comienzo, parece ser que el bautismo le era administrado sobre todo a los adultos, después de haber hecho manifiesta su fe y de haber prometido corregir sus vidas. La práctica del bautismo se generalizó más al extenderse también a los niños. Otro rito que es aceptado por todos los cristianos es el de la eucaristía o cena del Señor, en la que se comparten pan y vino, expresando y reconociendo así la realidad de la presencia de Cristo, tal como se conmemora en la comunión de unos con otros en la misa. La forma que fue adquiriendo la eucaristía a medida que evolucionó fue la de una cuidada ceremonia de consagración y de adoración, a partir de textos eucarísticos escritos sobre todo en los primeros siglos del cristianismo. La eucaristía también se ha transformado en uno de los principales motivos de conflicto entre las distintas iglesias cristianas, pues no todas están de acuerdo con la presencia de Cristo en el pan y en el vino consagrados y con el efecto que produce esta presencia en los que lo reciben. Véase también Liturgia; Misa; Partes musicales de la misa.

    La comunidad cristiana misma, es decir, la Iglesia, es otro componente fundamental dentro de la fe y las prácticas del cristianismo. Algunos estudiosos cuestionan el hecho de que se pretenda asumir que Jesús intentó fundar una iglesia (la palabra iglesia se menciona sólo dos veces en los Evangelios), pero sus seguidores siempre estuvieron convencidos de que su promesa de estar con ellos “siempre, hasta el fin de los días” se hizo realidad mediante su “cuerpo místico en la tierra”, es decir, la santa Iglesia católica (universal. La relación que mantiene esta santa Iglesia universal con las distintas organizaciones eclesiásticas que existen por toda la cristiandad es la causa de las principales divisiones entre ellas. El catolicismo ha tendido a equiparar su propia estructura institucional con la Iglesia universal, mientras que algunos grupos protestantes extremistas han estado prontos a reclamar que ellos, y sólo ellos, representan la verdadera Iglesia visible. Sin embargo, cada vez un mayor número de cristianos de todos los sectores ha comenzado a reconocer que no existe un único grupo que tenga el derecho de apropiarse el concepto de Iglesia, y han empezado más bien a trabajar para lograr la unión de todos los cristianos. Véase Movimiento ecuménico; Protestantismo; Iglesia católica apostólica romana.

    CULTO: Cualquiera que sea su organización institucional, la comunidad de fe dentro de la Iglesia es la primera condición para proceder al culto cristiano. Todos los cristianos de las distintas tradiciones han subrayado el papel trascendente de la devoción y de la oración individual, tal y como lo indicó Jesús. Pero él también instituyó una oración universal, el Padrenuestro, cuyas primeras palabras subrayan la naturaleza y el sentido de comunidad que tiene el culto: “Padre Nuestro que estás en el cielo”. A partir del Nuevo Testamento, se estableció que el día que toda la comunidad cristiana destinaría a la adoración sería “el primer día de la semana”, el domingo, en conmemoración de la resurrección de Cristo. Lo mismo que el shabat judío, el domingo se destina al descanso. También es el día en que los creyentes se reúnen para oír la lectura y la predicación de la palabra de Dios recogida en la Biblia, para participar en los sacramentos y para rezar, alabar al Señor y darle gracias. Las necesidades del culto en comunidad han motivado la creación de miles de himnos, coros y cantos, así como de música instrumental, en especial para órgano. Desde el siglo IV, las comunidades cristianas han edificado construcciones especiales destinadas al culto, un hecho decisivo en la historia de la arquitectura y del arte en general. Véase Basílica; Iglesia (arquitectura); Arte y arquitectura paleocristianas; Himno; Oración.

    LAS PRINCIPALES RAMAS DE ESTA RELIGIÓN

    IGLESIA CRISTIANA CATÓLICA:

    INTRODUCCIÓN: Iglesia católica apostólica romana, denominación de la iglesia cristiana de mayor importancia e implantación en el mundo. En cuestiones de fe, sus componentes reconocen la autoridad suprema del obispo de Roma, el papa. La palabra católico (del griego katholikos, `universal') se utiliza para designar a esta Iglesia desde su periodo más temprano, cuando era la única cristiana. Gracias a una sucesión episcopal ininterrumpida desde san Pedro hasta nuestros días, la Iglesia católica apostólica romana se considera a sí misma la única heredera legítima de la misión que Jesucristo encomendó a los doce apóstoles así como de los poderes que les otorgó. Ha ejercido una profunda influencia en la cultura europea y en la difusión de los valores de ésta en otras culturas. Tiene gran importancia numérica en Europa y América Latina, aunque también es considerable su influencia en otras partes del mundo. Al comenzar la década de 1990, el número de sus seguidores era de 995,8 millones (un 18,8% de la población mundial).

    HISTORIA: Hasta la ruptura con la Iglesia oriental en 1054 y con las Iglesias protestantes en el siglo XVI resulta imposible separar la historia del catolicismo de la historia del cristianismo en general. Sin embargo, la visión de su historia para la Iglesia está basada en lo que considera su continuidad sin interrupciones desde la Iglesia del Nuevo Testamento y, en consecuencia, acepta la legitimidad de la evolución de su doctrina y de su estructura desde entonces. Los grandes cambios culturales, teológicos y disciplinarios de la historia cristiana no se estiman por tanto desviaciones de una norma absoluta de la Iglesia apostólica. Se consideran más bien como la expresión de una forma diferente y más elaborada de impulsos que ya existían desde su principio.

    ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA: De acuerdo con la tradición cristiana primitiva, su unidad fundamental de organización es la diócesis, asignada a un obispo. La Iglesia católica está integrada por aproximadamente 1.800 diócesis y 500 archidiócesis, las cuales, en la actualidad, no son más que sedes más distinguidas sin la jurisdicción especial que mantenían antaño sobre los obispos cercanos. La iglesia más importante de una diócesis es la catedral, donde el obispo preside la misa y otras ceremonias. La catedral contiene la cátedra (del latín cathedra, `silla') episcopal, desde donde el obispo predicaba a la comunidad en los primeros tiempos.

    LA BIBLIA: Como las otras iglesias cristianas, la católica tiene en la Biblia el pilar de sus enseñanzas. Este punto nunca ha sido cuestionado y grandes teólogos como santo Tomás de Aquino sostienen que “sólo las Escrituras” son la fuente de la teología. Pero incluso desde este punto de vista muchos teólogos mantuvieron que algunas verdades o ritos (como el bautismo de los niños), aunque no se describen en las Escrituras, son válidos por su tradición dentro de la Iglesia. Acordaron además que las decisiones de la Iglesia, en especial las que toman los concilios ecuménicos, son interpretaciones auténticas de la doctrina cristiana y por tanto vinculantes para toda la Iglesia de Cristo.

    LA IGLESIA: Dado el énfasis que la doctrina católica pone en la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, la teología católica se ha ocupado más de los estudios eclesiásticos que la teología de otros credos cristianos. Para corregir una concepción demasiado jurídica de la Iglesia, el Concilio Vaticano II denominó misterio a esta presencia y favoreció expresiones como “pueblo de Dios” para describirlo. Una creencia fundamental de la Iglesia católica a lo largo de todos los tiempos es que el amor y la gracia divina sólo pueden ser transmitidos al mundo a través de la Iglesia.

    LOS SANTOS: La Iglesia católica favorece la veneración de los santos y de la Virgen María

    con más entusiasmo que otras iglesias occidentales. En 1854, el papa Pío IX proclamó la doctrina de la Inmaculada Concepción de María y en 1950 el papa Pío XII proclamó su Asunción. Debido a las críticas que recibe la Iglesia católica por dejar que la veneración a los santos oscurezca la adoración debida a Dios, la Iglesia ha intentado limitarla reduciendo el número de santos con días señalados en la liturgia. Los católicos también creen que pueden ayudar a través de sus rezos y sus buenas acciones a quienes han muerto sin haber sido purificados de sus pecados. Esta creencia está muy relacionada con las doctrinas del purgatorio y de la indulgencia.

    CULTO Y COSTUMBRES: El culto católico está sin lugar a dudas centrado en la misa, a la que deben asistir los creyentes todos los domingos y en algunas celebraciones importantes del año. La misa se celebra a diario en la mayoría de las iglesias y es una parte esencial de los matrimonios, los funerales y otros ritos católicos.

    LA MISA: La misa se compone de varias partes. Las más importantes son la liturgia del mundo y la eucaristía, durante la cual se realiza la comunión. Dentro de esta estructura puede haber muchas variantes en la utilización de la música, la pompa u otros métodos para hacer el servicio más apropiado a cada oportunidad.

    Este potencial para la variación está ilustrado de forma gráfica en la historia de la misa y en las diferencias que existen hoy entre el rito romano y el oriental. Los cambios más radicales realizados en el rito romano fueron los que instituyó el Concilio Vaticano II en su Sacrosanctum concilium (4 de diciembre de 1963). La tendencia general de estas modificaciones era la de extirpar las complejidades litúrgicas de la misa que enturbiaban su objetivo y su estructura general. De todas las novedades del Concilio ninguna fue más espectacular que la traducción de la liturgia y de los ritos de la Iglesia del latín original a las lenguas vernáculas modernas.

    SACRAMENTOS: La eucaristía es uno de los siete sacramentos, que son los ritos simbólicos más importantes que la Iglesia dispensa a sus miembros. Los católicos creen en la presencia real de Cristo en la eucaristía a través del pan y el vino convertidos en su cuerpo y su sangre (transubstanciación) y se los anima a recibir la eucaristía en todas las misas a las que asistan. Los otros sacramentos son el bautismo, la confirmación, la penitencia, las órdenes sagradas, el matrimonio y la extremaunción. La teología católica enseña que estos símbolos, instituidos por Cristo, tienen un efecto espiritual beneficioso sobre el que los recibe al margen de la fe o la virtud del que los administra (ex opere operato).

    La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II modificó el sacramento de la penitencia, restándole importancia respecto a la confesión de una detallada lista de pecados para subrayar la naturaleza benefactora del perdón divino obtenido a través del sacramento. Para enfatizar este propósito, se optó por el término alternativo `sacramento de reconciliación'. Además de revisar otros sacramentos, el Concilio determinó que la extremaunción debe administrarse a cada enfermedad grave o al llegar a una avanzada edad con el objeto de que no se posponga hasta el momento de la muerte. Por tanto, ya no deberá llamarse extremaunción, sino en puridad, unción de los enfermos.

    Pese a lo que se cree, el oficiante del sacramento del matrimonio no es el sacerdote, sino cada uno de los contrayentes. Según la teología católica, la unión que este sacramento crea entre dos personas bautizadas no puede ser rota. Sin embargo, existen numerosas condiciones para que una unión sea válida, por lo que a veces es posible que la Iglesia declare, tras estimarlo, que un matrimonio ha sido nulo y sin efecto desde el principio. La anulación, a veces considerada el equivalente católico del divorcio, se basa en diferentes principios. La Iglesia enseña que el propósito del matrimonio es el amor mutuo y la procreación.

    IGLESIA CRISTIANA ORTODOXA:

    INTRODUCCIÓN: Iglesia ortodoxa, denominación de una de las tres grandes comunidades o iglesias vinculadas al cristianismo (las otras dos son la Iglesia católica y las iglesias protestantes surgidas tras la Reforma). La Iglesia ortodoxa comparte una continuidad histórica con las comunidades cristianas del Mediterráneo oriental. Su gran expansión se debió a la labor de grupos misioneros que viajaron por toda la zona oriental de Europa. La palabra “ortodoxo” (del griego, 'creencia correcta') implica una seguridad en relación con la fe apostólica. La Iglesia ortodoxa también ha establecido comunidades en Europa occidental, América y, en épocas más recientes, en África y en Asia. Cuenta con más de 250 millones de fieles repartidos por todo el mundo.

    HISTORIA: Debido a que la mayoría de los cristianos orientales que no hablaban griego rechazaron las conclusiones del Concilio de Calcedonia (451) y a que gran parte del área donde había surgido el cristianismo estaba bajo el poder de los musulmanes, los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén mantuvieron sólo parte de la que había sido su antigua gloria y poder. No obstante, Constantinopla siguió siendo durante casi toda la edad media el centro más importante de la cristiandad oriental. En el año 862 los famosos misioneros san Cirilo y san Metodio idearon un nuevo alfabeto, el glagolítico, que permitió la subsiguiente traducción de las Sagradas Escrituras y la liturgia a las lenguas del grupo eslavo, lo que permitió a muchos de sus pueblos convertirse al cristianismo. Los búlgaros, con su kan Boris I al frente, lo hicieron en el 864, adoptando poco a poco la cultura eslava. Los rusos, durante el reinado del anteriormente citado Vladimiro I, se convirtieron en el 988 y permanecieron bajo la autoridad eclesiástica del patriarcado de Constantinopla hasta 1448. Los serbios recibieron su independencia eclesiástica en 1219.

    ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN: La Iglesia ortodoxa constituye una comunidad de iglesias independientes. Cada una es autocéfala, es decir, está gobernada por su propio obispo. Todas ellas comparten la misma fe, los mismos principios de organización y política eclesiástica, y una misma tradición litúrgica. Se diferencian únicamente por la lengua utilizada en el culto. El obispo que desempeña la jefatura de cada iglesia puede ser un patriarca, un metropolitano o un arzobispo (cada uno de los cuales preside los sínodos episcopales, que constituyen la más alta autoridad canónica, doctrinal y administrativa en cada iglesia). Entre las distintas iglesias ortodoxas existe un orden de precedencia, determinado en mayor grado por la historia que por su número de fieles.

    Patriarcado de Constantinopla  Al patriarca de Constantinopla (actual Estambul, Turquía) le corresponde el honor de tener una cierta primacía sobre los restantes. Tal hecho se debe a la condición de capital del Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino que la ciudad tuvo desde el 330 hasta 1453 y a haber sido el centro del cristianismo oriental durante dicho periodo. Sus derechos canónicos fueron definidos en el I Concilio de Constantinopla (381) y en el Concilio de Calcedonia (451). Durante el siglo VI también asumió el título de patriarca ecuménico. Sin embargo, ni en el pasado ni en la actualidad, su autoridad se ha podido comparar con la que ejercía el papa en Occidente. El patriarca no posee poderes administrativos sobre su propio territorio (o patriarcado), no se contempla su infalibilidad y su posición sólo supone una primacía entre sus iguales (las demás iglesias ortodoxas reconocen su figura en la preparación de consultas y concilios panortodoxos). La autoridad del patriarca de Constantinopla se extiende sobre las pequeñas, y cada vez más escasas, comunidades griegas de Turquía; sobre las diócesis que existen en las islas griegas y en el norte del país; sobre las numerosas comunidades griegas de Estados Unidos, Australia y Europa occidental; y, por último, sobre la Iglesia autónoma de Finlandia.

    PATRIARCADOS MELQUITAS: Existen tres antiguos patriarcados de la Iglesia ortodoxa que deben su alto rango a su distinguido pasado. Son los denominados patriarcados melquitas: el de Alejandría (en Egipto), el de Damasco (en Siria, que aún ostenta el antiguo título de patriarcado de Antioquía) y el de Jerusalén. Los patriarcas de Alejandría y de Jerusalén hablan griego; el patriarca de Antioquía está a la cabeza de la importante comunidad de cristianos de Siria, Líbano e Irak.

    Patriarcado de Moscú  El patriarca de Moscú se encuentra al frente de la Iglesia ortodoxa rusa, que es, sin duda alguna, la que cuenta con un mayor número de fieles. Pese a que después de la Revolución Rusa (1917) tuvo que soportar un periodo muy difícil debido a la implantación de un régimen comunista, ocupa el quinto lugar en la jerarquía de iglesias ortodoxas, por detrás del patriarcado de Constantinopla y de los tres patriarcados melquitas.

    OTROS PATRIARCADOS E IGLESIAS ORTODOXAS: Otras comunidades ortodoxas son la Iglesia autocéfala de Grecia, la Iglesia autocéfala de Chipre, el patriarcado de Serbia, el patriarcado de Bulgaria, la Iglesia autónoma de Polonia, las iglesias autónomas de la República Checa y Eslovaquia, el patriarcado de Rumania, el patriarcado de Georgia, la Iglesia autónoma de Finlandia, la Iglesia autocéfala de Albania, la Iglesia autocéfala de América, la Iglesia autónoma de China y la Iglesia autónoma de Japón.

    TRADICIÓN: Una de las características de la Iglesia ortodoxa es su preocupación por mantener una continuidad y una tradición. Pero esto no implica un culto al pasado, sino más bien un sentido de identidad y continuidad con los testimonios apostólicos originales, tal y como se realizaban a través de la comunidad sacramental de cada iglesia local. El Espíritu Santo, cuya gracia se recibe en Pentecostés, es considerado el guía de la Iglesia hacia “la verdad completa” (Jn. 16,13). Se concede la gracia para enseñar y para orientar a la comunidad a ciertos ministros (en especial a los obispos de cada diócesis) o se expresa a través de ciertas instituciones (como los concilios). Sin embargo, puesto que la Iglesia no está formada sólo por obispos o por clérigos, sino también por toda la comunidad laica, la Iglesia ortodoxa defiende la creencia de que “el pueblo de Dios” es el guardián de la fe.

    Esta creencia de que la verdad es inseparable de la vida de la comunidad, ofrece las bases para el entendimiento estricto de la sucesión apostólica de los obispos. Consagrados por sus iguales y ocupando el lugar de Cristo en la Última Cena, momento en el que se reúne la Iglesia, los obispos son los guardianes y testigos de una tradición que se remonta de forma ininterrumpida hasta los apóstoles y que unifica a las iglesias locales en la comunidad de la fe.